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desempeñar sus actividades de manera cómoda, rápida y segura, esta es la tendencia mundial, darle al peatón los privilegios que fueron tomados por los vehículos durante el siglo pasado y retomar el privilegio del peatón como el principal protagonista de la dinámica en la ciudad. En cuanto a la movilidad no motorizada, además de falta de opciones para los desplazamientos, existen gran cantidad de riesgos físicos, tanto para peatones como para los usuarios de bicicletas debido a la ausencia de infraestructura diseñada para estos fines. El concepto de movilidad no motorizada busca favorecer y proteger los viajes que

Paisaje urbano

Una ciudad que pueda ser recorrida por el peatón, es una ciudad viva. Hoy, el automóvil ha tomado más importancia y se han concentrado en la búsqueda de soluciones para la cantidad de vehículos que existen en las carreteras, dejando de lado la verdadera solución: tenerlos lejos de la ciudad. Stephanie Villegas Aguilar

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se efectúan utilizando energía corporal, este concepto, mejor conocido como “movilidad activa” debería ser la calve para impulsar todas las políticas de movilidad existentes y futuras en el país. Durante el congreso, la tendencia fue una: la movilidad. Es un tema de actualidad que requiere un solución específica para cada ciudad y sector y además de esto, debe relacionarse fuertemente con los conceptos de ecología y economía, solo de esta manera no será afectada de manera negativa la población y la dinámica de la ciudad, reflejada en sus peatones y sus medios de transporte público, el cual moviliza a la mayor cantidad de personas. Teniendo clara la información anterior la movilidad se vuelve el más importante medio para generar relación entre los ciudadanos, esto a su vez, permite crear

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n cuanto se propicie generar espacios urbanos que mejoren el paisaje de la ciudad los peatones se sentirán más cómodos para transitarla, esto ha sido parte de las conclusiones que me surgieron después de la vivencia obtenida en el pasado Congreso de Arquitectura. El ser humano establece relaciones con su entorno y en lo que en él se encuentra, es usual encontrarnos rodeados de grande paredes de concreto y gigantes fachadas de vidrio en los que nos sentimos ahogados, en medio del smog y el poco espacio para caminar sin obtener un descanso para la vista. La arquitectura y el paisaje van de la mano, una ciudad planificada no puede carecer de espacios verdes, estas zonas atraen y son accesibles para todos, eliminando barreras y propiciando los espacios comunes de interacción. Pero este no es el caso de los espacios públicos que existen, algunos improvisados o que por su disposición son de difícil acceso o simplemente no invitan a recorrerlos o más allá han sido

cohesión social, donde las clases sociales se ven relegadas a un segundo plano y la dinámica dentro del espacio urbano como de los medios de transporte se vuelve igualitaria y justa para todos. El resolver los problemas de movilidad urbana, pensando en la creación de espacios saludables trabajando los centros de ciudad como “lugares”, sitios llenos de vida y atractivas actividades y comercio, parece ser la única solución real, viable y saludable para las tan enfermas y abandonadas ciudades latinoamericanas, incluyendo San José de Costa Rica, una ciudad repleta de matices y potencial que requiere con prontitud convertirse en “un lugar”.

eliminados para dar paso a parqueos o edificaciones. El paisaje urbano es tan importante como los grandes proyectos que son concebidos, ya que ayuda a la mejora del espacio, favorece la protección climática, a absorber olores, la posibilidad de caminar tranquilamente y sin obstáculos, espacio para sentarse, entre otros, y sin duda alguna, el paisaje le da un valor agregado a la arquitectura dándole diferentes escenarios y variedad a las zonas urbanas. Se debe aprovechar la diversidad de vegetación con la que se cuenta, al igual que la gran cantidad de elementos arquitectónicos que pueden jugar en un espacio relativamente pequeño, en comparación con los espacios monumentales; pero, sin estos pequeños espacios la arquitectura no tiene belleza, no se debe pedir cuidar el paisaje, se debe vivir y cuidar de nosotros y el paisaje. Todavía queda mucho camino por recorrer pero se puede empezar dándole ese valor agregado a los proyectos en pos de mejorar el paisaje que nos envuelve.

Edición 87 Revista Habitar