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Del amor y lo equitativo “La arquitectura es del ser para el ser, es humanista por encima de todo”, esta fue una de las primeras frases que el arquitecto Felo García compartió con nosotros una noche en la que se celebraba el diseño y la arquitectura. En nuestra conversación nos recordó el carácter humanista de la arquitectura y que ella misma es amor, en la que la pasión es lo único que puede hacer que el romance entre el ser humano y la arquitectura persistan. Marianela Soto Samudio y Óscar Soto Rojas

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a oportunidad de conversar con personas como el arquitecto García, que lograron construir sueños, hacer realidad las ideas y materializar los conceptos; logró inspirarnos, cautivarnos y (re)enamorarnos de ésta carrera en la que todos los días de nuestra vida seremos aprendices. Con el gran peso de sus palabras, caímos en la cuenta de que la arquitectura es hecha por personas, al servicio de las personas y que su esencia es el amor. ¿Porqué es amor y a quién? Es el amor del que dibuja, proyecta y diseña hacia quien va a habitar y vivenciar lo que juntos materializan. Sus palabras parecían ser más un poema que una conversación y revelaban cómo la arquitectura integra los aspectos emocionales, físicos, y espirituales de una persona. La importancia de esto radica en recordar para quienes se construye y transformar ésta acción, tan técnica, en un acto de amor. Curiosamente, al hablar con el arquitecto Russell Davidson, presidente de la Asociación de Arquitectura de Estados Unidos (AIA), él insistió en que se ha perdido el gusto por los pequeños proyectos, de bajo presupuesto, o los proyectos gubernamentales como las escuelas, los cuales deberían ser abarcados con la misma pasión y amor que se le brindaría a cualquier otro. La finalidad, tanto de un gran proyecto como de uno pequeño, es que ambos estén al servicio de un ser humano o de muchos de ellos. Entre las ideas que compartió con nosotros enfatizó sobre la riqueza que encierran los proyectos arquitectónicos con un enfoque social y cultural, pues además de ofrecer soluciones espaciales y de uso, le brindan a sus habitantes o usuarios la posibilidad de identificarse. Es por medio de las dinámicas que surgirán entre la arquitectura, sus usuarios y su entorno, que se desarrollará el sentido de pertenencia y arraigo de aquellos que la vivan. El arquitecto Davidson ejemplificó su idea al hablarnos de las escuelas,

“… por medio de las dinámicas que surgirán entre la arquitectura, sus usuarios y su entorno, se desarrollará el sentido de pertenencia y arraigo de aquellos que la vivan”.

Edición 87 Revista Habitar