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Desde la sala acristalada se observan las esferas suspendidas en una pauta geométrica que crean un cisma entre dos ámbitos diferenciados que surgen de pronto de la obra: el espacio reclamado por la deidad y el conformado por las fugas lineales de múltiples colgantes que nos lleva a mirar inexorablemente al cielo. Muchos se ven tentados por descubrir la forma de resolución de los elementos suspendidos, que en los días soleados se convierten en tramas lineales al proyectar sus sombras en las paredes blancas. El lenguaje formal en el que fue concebida y sustentada la obra es una estructura geométrica portadora. Los elementos compositivos son la línea y el punto, en una estética del purismo y la simplificación. Podemos adivinar la musicalidad matemática inherente en ella, una musicalidad no sonora que juega “en consonancia” con uno de los elementos invisibles más característicos de la ciudad litoral portuguesa de Aveiro: el viento. Las esferas que componen la instalación son de un peso mínimo y están sostenidas individualmente por cuerdas livianas que no ofrecen resistencia al viento aveirense, generando una dinámica que puede ser interpretada como una “danza de las esferas en el vacío”. La dialéctica conseguida entre la obra y la arquitectura no deja indiferente a los espectadores, quienes se mantienen por varios minutos observando el movimiento de las esferas en esta instalación.

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A manera de conclusión podemos decir que la obra expone metafóricamente una confrontación de fuerzas que al final parecen anularse: la de la dirección ascendente del espacio fugado al cielo abierto y la descendente de los motivos suspendidos de la propia obra.

Estas fuerzas provienen de dos fuentes: la permanencia y rigidez de los muros y la transitoriedad de la obra, en las que ambas están regidas por el eje vertical dominante y sus planos perpendiculares. El punto de máxima tensión de este encuentro sucede cuando la escultura del dios griego reclama su ámbito, allí la obra detiene su descenso en una actitud de respeto hacia la deidad representada. La obra aportó un interés transitorio y oscilante que antes no tenía el espacio y logró modificar su esencia. El viento aveirense, que participó de la coreografía, reveló una poética que posibilita percepciones y emociones renovadas en el espectador.

Ficha técnica Proyecto de instalación: Arq. Ricardo Chaves Hernández. Localización: Museo de Aveiro, Avenida Santa Joana, 3810 329 Aveiro, Portugal. Tamaño: 760x600x 550cm. Fecha: 4-14 Junio, 2015. Montaje: Ricardo Chaves, Sergio Tavares, Paulo Matos. Memoria descriptiva: Ricardo Chaves, colaboración de Guillermo Chaves. Fotografías: Ricardo Chaves.

Edición 87 Revista Habitar  
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