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Palabra del Obispo

Experiencia tejida con hilos de oro y púrpura” Domingo 14 de Julio de 2013 † Alberto Suárez Inda, Arzobispo de Morelia Este encuentro anual del Presbiterio de Morelia en el Santuario de María Inmaculada de la Salud es una antigua tradición, un encuentro de la familia sacerdotal en la Casa de la Madre. Pero en esta ocasión lo vivimos en un ambiente especialmente festivo. Venimos a acompañar al Sr. Obispo Don Carlos Suárez Cázares en la acción de gracias por sus Bodas de Plata Episcopales. Nos honran con su participación el Sr. Nuncio Apostólico, representante del Papa Francisco en México, y varios Sres. Obispos. Veinticinco años de ministerio episcopal han sido para Don Carlos una experiencia muy intensa que, como en alguna ocasión le expresé, se ha ido entretejiendo con hilos de oro y púrpura. El oro de la Gracia de Dios y la púrpura del sufrimiento, propia de toda vocación cristiana, pero especialmente del pastor que carga sobre sí las alegrías y las penas del rebaño. En este Año de la Fe quisiera mencionar brevemente dos pasos de la preciosa encíclica Lumen fidei, publicada por el Papa Francisco apenas el pasado viernes. En el numeral 56 se refiere a la expresión de San Pablo: “Creí, por eso hablé”, tomada a su vez de un Salmo en el que el salmista exclama: Tenía fe, aun cuando dije: “qué desdichado soy”. “Hablar de fe comporta a menudo hablar también de pruebas dolorosas, pero precisamente en ellas el Apóstol ve el anuncio más convincente del Evangelio, porque en la debilidad y el sufrimiento se hace manifiesto y palpable el poder de Dios… En la hora de la prueba, la fe nos ilumina y precisamente, en medio del sufrimiento y la debilidad, aparece claro que no nos predicamos a nosotros mismos sino a Jesucristo como Señor”. Y en la oración final dirigida a la Virgen María, hay una serie de peticiones que vale la pena que hagamos nuestras el día de hoy: ¡Madre, ayuda nuestra fe! Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y de su llamada. Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa. Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe. Ayúdanos a fiarnos plenamente de Él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar. Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado. Recuérdanos que quien cree no está nunca solo. Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que Él sea luz en nuestro camino. Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, Nuestro Señor (n. 60).


* Saludo inicial en la Eucaristía de Bodas de Plata Episcopales de Mons. Carlos Suárez, en el marco de la Peregrinación anual del Presbiterio Diocesano a Pátzcuaro, lunes 8 de julio de 2013.


Palabra[1]