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A los cuatro vientos

XX Domingo ordinario 18 de agosto de 2013 Suplemento del Full Dominical

EL MILAGRO DE LOS TRES CANÓNIGOS

¿Ogona sin la catedral? ¿Os ima-

s imagináis la silueta de Tarra-

gináis la parte alta de Tarragona sin la impresionante mole catedralicia? ¿Os imagináis también la catedral sin su órgano monumental o su espléndido retablo mayor?... Seáis creyentes o no, ¿cómo sería Tarragona sin su principal y más característico monumento? ¿A qué viene esa batería de preguntas?... Ahora hace 200 años, Tarragona estuvo a punto de perder su principal atractivo. Tal catástrofe estaba programada para la noche del 18 al 19 de agosto de 1813. Cabe imaginar la escena: la ciudad aún no se ha recuperado del sitio y asalto final del 28 de junio de 1811. Muchos edificios están en ruinas o seriamente dañados. Los poco más de 300 supervivientes de aquel aciago día, en que perecieron millares de personas, deben evacuar la ciudad por mandato de las autoridades napoleónicas de ocupación, porque ante el avance del ejército hispano-británico la plaza no puede ser defendida. Hagamos volar un poco más la imaginación: de la fantasmagórica ciudad asesinada, junto a tropas en formación o que escoltan los bagajes y piezas de artillería, van saliendo pequeños grupos de tarraconenses con sus míseros enseres, mientras los

zapadores se afanan en instalar minas y hornillos, porque se ha decretado la voladura de las fortificaciones y de los edificios susceptibles de uso militar. Es un nervioso ir y venir de oficiales dando órdenes y organizando la retirada. En las calles aguardan los batallones que formarán la retaguardia. Ante la catedral se halla un grupo de ancianos y enfermos que no pueden valerse por sí mismos y que esperan, ansiosos, el regreso de los canónigos P. Pere Huyà, P. Josep Rocamora y el P. Ignasi Ribes que han ido a presentar una súplica al general Bertoletti, gobernador de la plaza. Al rato, en compañía de unos cuantos militares alta graduación, llegan los tres canónigos. Su semblante muestra una leve traza de alegría. Los ancianos y los enfermos les interrogan con la mirada. Sí, ha habido suerte. La prueba es que los oficiales ordenan a unas secciones de soldados que ayuden a los canónigos a entrar en la catedral a los componentes del doliente grupo. Una vez en el interior del templo los canónigos —tres supervivientes del menguado número de eclesiásticos que no quiso abandonar a sus fieles ni antes ni después del asedio— explican que, tras mucho rogar, el general, en un rasgo de humanidad, había accedido a

no destruir la catedral para que fuera refugio de los más desvalidos mientras se procedía a las voladuras ordenadas. ¡Cómo sonarían en el templo las oraciones y los cantos de los acogidos en la hermosa Seo mientras el estruendo de las explosiones, que iban reduciendo la ciudad a escombros, ponía un trágico contrapunto! Hoy, 200 años después, rendimos un sentido tributo de admiración hacia aquellos pastores que, coherentes con su vocación sacerdotal, no abandonaron a su grey en tan terribles circunstancias y que, con su valor y su piedad lograron ablandar a un duro militar, lo que —además de salvar la vida a algunos de nuestros antepasados— permitió seguir alabando a Dios en nuestra antiquísima basílica, cantar a los sones del espléndido órgano y admirar la maravilla gótica del retablo mayor. Sin el milagro de los tres canónigos Tarragona sería otra cosa. Tenemos una deuda de gratitud con ellos.

† Jaume Pujol Balcells Arzobispo metropolitano de Tarragona y Primado


XX Domingo del tiempo ordinario (18 de Agosto de 2013) (Ciclo C)

Fidelidad en la prueba

El profeta Jeremías es perseguido e incomprendido por su pueblo. Él debe ser fiel a la misión encomendada por Dios (1 Lect.). Jesús ha venido al mundo para renovarlo y purificarlo. Su misión es salvadora y, a la vez, dramática (Ev.). El autor de la carta a los Hebreos exhorta a perseverar en la fe sobrellevando la cruz y luchando contra el pecado (2 Lect.). Lectura del Profeta Jeremías (Jer 38, 4-6.8-10)

Lectura de la carta a los Hebreos (Heb 12, 1-4)

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: “Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.” Respondió el rey Sedecías: “Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros”. Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo. Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: “Mi rey y señor, esos hombre han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad”. Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita: “Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.”

Hermanos: Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Salmo responsorial [Sal 39, 2. 3:4.18 (R.:14b)] Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. R. Señor, date prisa en socorrerme. Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa; afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos. R. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor. R. Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí; tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes. R.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas (Lc 12, 49-53) En aquel tiempo, dijo a Jesús a sus discípulos: “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”. La oración de los cinco dedos Cuando el Santo Padre Francisco era arzobispo de Buenos Aires (Argentina), popularizó esta oración sencilla y llena de amor. 1. El dedo pulgar es el que está más cerca de ti. Así que comienza orando por aquéllos que están más unidos a ti. Son los más fáciles de recordar. Orar por los que amamos es «una dulce tarea.» 2. El próximo dedo es el índice: Ora por los que enseñan, instruyen y curan. Ellos necesitan apoyo y sabiduría al conducir a otros por la dirección correcta. Manténlos en tus oraciones.

Liturgia de la semana Domingo, 18: XX Domingo del tiempo ordinario [Jer 38, 4-6.8-10; Salmo 39; Heb 12, 1-4; Lc 12, 49-53 (LE/LH propias)] Lunes, 19: Tarragona ciudad: San Magín, mártir (MO) [Jue 2, 11-19; Salmo 105; Mt 19, 16-22] Martes, 20: Sant Bernardo, abad y doctor (MO) [Jue 6, 11-24a; Salmo 84; Mt 19, 23-30] Miércoles, 21: San Pío X, papa, (MO) [Jue 9, 6-15; Salmo 20; Mt 20, 1-16] Jueves, 22: Santa María Reina, (MO) [Jue 11, 29-39a; Salmo 39; Mt 22, 1-14] Viernes, 23: Santa Rosa de Lima, virgen (ML) [Rut 1, 1.3-6.14b-16.22; Salmo 145; Mt 22, 34-40] Sábado, 24: San Bartolomé, apóstol (F) [Ap 21, 9b-14; Salmo 144; Jn 1, 4551 (LE/LH propias)] Domingo, 25: XXI Domingo del tiempo ordinario [Is 66, 18-21; Salmo 116; Heb 12, 5-7.11-13; Lc 13, 22-30 (LE/LH propias)] Las lecturas pertenecen al ciclo C. Liturgia de las Horas: Salmodia de la semana IV. 3. El siguiente dedo es el más alto. Nos recuerda a nuestros líderes, a los gobernantes, a quienes tienen autoridad. Ellos necesitan la dirección divina. 4. El próximo dedo es el del anillo. Sorprendentemente, éste es nuestro dedo más débil. El nos recuerda orar por los débiles, enfermos o atormentados por problemas. Ellos necesitan tus oraciones. 5. Y finalmente tenemos nuestro dedo pequeño, el más pequeño de todos. El meñique debería recordarte orar por ti mismo. Cuando hayas terminado de orar por los primeros cuatro grupos, tus propias necesidades aparecerán en una perspectiva correcta y estarás preparado para orar por ti mismo de una manera más efectiva.

Un servicio del Departamento diocesano de Medios de Comunicación Social del Arzobispado de Tarragona


Hoja dominical (18-08-13)