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Así, el juego virtual, mediatizado por la tecnología, ha asumido el lugar del tradicional, y aunque es un simulacro que disminuye la espontaneidad y privilegia el encierro, puede potenciar las habilidades mentales del niño. Algo que es cierto, según Julián David Ruiz. Él tiene catorce años y juega “play” desde los diez, y considera que gracias a esta actividad es más ágil mentalmente y sus dedos son más rápidos. El licenciado Alejandro Escobar explica que el juego tradicional tiende a desaparecer, la calle deja de ser ese espacio de ocio para convertirse en un lugar de paso; con las nuevas tecnologías el juego virtual se hace más llamativo porque prepara en y para las ciencias del futuro. Finalmente, sin importar el tipo de juego que el niño practique, la clave está en educarlo para que comprenda y asuma que es una simulación que tiene un límite y un fin.

El acompañamiento de los padres es vital en la práctica de uno u otro juego. Ellos deben procurar una conversación con los niños donde prime la reflexión sobre lo que buscan con el juego, las emociones que sienten, las amistades que tienen, y el tipo de sensaciones que experimentan al ser ganadores o perdedores.

Saluda No. 28  

Diseño y diagramación del número 28 de Saluda, que en esta ocasión cambia su formato a Revista.