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El atril de la luciテゥrnaga Marco テ]gel


Dante creó una lengua para escribir su poema. Ello refiere la pretensión esencial de alcanzar altura: en el arte verdadero todo es Babel. * Cruzar un puente. Estar junto a alguien. Y darse cuenta de que lo único que nos había unido era el puente. * Uno de los refinamientos más delicados del infierno es hacer que el alma piense en el paraíso. Proverbio persa

* La ingenuidad es un cierto toque de Midas del espíritu. * En esta tarde me he puesto a buscar el sentido de la existencia, luego he buscado el sentido de la reflexión. Y descubrí por fin que eché a perder el sentido de la tarde.

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De las hechiceras Que las hechiceras existen es verdad incontrovertible, lo prueba el hecho de que el primer conjuro que se recuerda tenía labios de mujer. Y puesto que ellas son sus mejores amigas y servidoras, constituyen, por sí mismas, la irrefutable demostración de las existencia del Mal y de sus demonios. Todo mundo sabe que sin la leche de sus pezones de serpiente, no es posible dominar el Universo, y que la acicalante cadencia de su escoba sólo procura la extinción de nuestros senderos. Saben provocar el rayo y la tormenta, por lo que de nada sirve acorazarse; mas no salgas sin amuleto, o estarás condenado a atrapar mariposas en el temporal del ojo. Ellas dispensan conjuros y maleficios mil: en la oscuridad cabalgan las hojas secas y, hasta hoy día, son lo único que explica, satisfactoriamente, la existencia de la noche. Si padecen enlunamiento, en el epicentro de sus muslos despertará un molusco centrífago y en el pubis de medusa, la espesura de sus reptiles. Por tanto, no te acerques si están en brama o naufragarás lo abisal de su apetencia. Por diversión las hechiceras quebrantan musas en el caldero de su ombligo y en plena euforia levantan la falda para orinar la frágil flor de los suicidas. Ahora, ante la ventana comienzan su danza, y ya nada podrá detener la noche, por ello arrodíllate; mas no esperes gran cosa, ellas no enturbiarán jamás la oscuridad de sus ojos: un corazón nunca es para tanto.

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El atril de la luciérnaga

El atril de la luciérnaga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 El romance de las moscas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27 La Babel de las hormigas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45 Apéndice . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71

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