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CAP. I Desde el infierno No recuerdo que edad tendrá, la verdad esos seres son como mágicos. Solo despertó un día, en una sala quirúrgicamente desinfectada y ordenada. La verdad es que todos aquellos nacidos en la Tierra, eran producto de la infernal rebelión del Caído. No para servirlo a él, sino más bien para protegerlos de él. Cuando el universo era joven, un día, las cuadrillas de exploración encontraron un pequeño planeta, inmerso en la oscuridad de una galaxia pequeña y muy lejana. El Creador al mirar aquel planeta ínfimo sumido en el caos, girando alrededor de una estrella joven, tuvo una visión hermosa: construiría en el un mundo a su imagen y semejanza. Llámenlo capricho o enamoramiento, no lo sé, pero en el calendario de restitución, la Tierra era el primero en la lista. Envió a sus mejores y más eximios constructores. Los terrícolas les llamaban “ángeles” o “dioses” al ser una extensión del propio Creador, estos eran seres de luz que se hicieron cargo del caos y ordenaron cada elemento del planeta tierra, con el fin de poder generar las condiciones ambientales y atmosféricas indicadas por el creador. Fue difícil. Costo varios ensayos y renovaciones, pero un día, luego de siglos intentando dominar aquella roca estéril, rupestre y caliente, la Tierra estaba lista. Fue tan esmerado el trabajo de los constructores, que a la llegada del creador, este quedo maravillado, pues vio reflejada su ilusión fantástica y caprichosa en el nuevo planeta. Decidió pues, que las criaturas que habitan su más perfecta obra fueran bizarras y únicas a las que llamo animales. Pero algo faltaba, algo como un ser que pudiera cuidar su creación, amarla. Un ser al que decidió darle parte del conocimiento del universo, a quien los constructores podrían entrenar. Un ser a su imagen y semejanza, que perpetuara su línea genética y que pudiera cuidar aquel planeta que como un diamante brillaba en la oscuridad del universo. Fue entonces que creo al hombre. Sus constructores había sustentado la vida de los animales y hombres creando plantas y vegetales, especies que les darían los elementos suficientes para la supervivencia. Ese día fue perfecto. Cuando el Creador mostro su obra finalizada los Constructores se

arrodillaron ante ella, pues nunca, en ninguno de los mundos que ellos mismos construyeron a nombre de su Creador, nunca habían contemplado belleza tal. Sin duda alguna esa obra era algo especial, tenía un sentido diferente. El séptimo día, aquel donde el Creador develo su obra terminada a sus fieles ayudantes, era tanta la alegría que fue él personalmente quien se acercó a su más fiel y capaz súbdito y le dijo, con su típico tono calmado: -Luzbel, como eres el muy capaz y sin duda en quien confió mas, quisiera que te quedaras para mostrar al hombre parte de los conocimientos que yo mismo les he enseñado a Uds., quisiera que sea el hombre mi más perfecta creación. Pero recuerda que ellos no están preparados para todo este conocimiento. Tendrás que definir hasta donde pueden llegar a saber y lo más importante, este conocimiento debe ser utilizado para que ellos sustenten y cuiden este bello planeta mío.-Pero mi señor, estas criaturas no están preparadas para tanto... Son seres inferiores que no entenderán su gracia.-No subestimes a mi creación más perfecta. Estoy confiando en Uds. – con mirándolo a los ojos insistió en un tono firme- Por lo demás no es una sugerencia. Luzbel miro con temor a su Señor y asintió con la cabeza. Algo muy extraño cruzo su espíritu. Un sentimiento que no había sentido antes. Ya no miro con los mismos ojos a la creación de su maestro. ¿Ya no sería el favorito? Si no lo era así… ¿serian estas criaturas inferiores a sus ojos y su casta, los nuevos consentidos de su Señor? Pero él estaba a cargo ahora… El Creador dejo la Tierra para partir a otros confines del universo, siguiendo el itinerario indicado por los constructores, sin embargo algunos de ellos quedaron tan maravillados con la obra de su Señor que decidieron quedarse en la tierra para apoyar a los Ilustrados y aquellos constructores que acompañaban a Luzbel en la difícil tarea de enseñar a aquellas criaturas que a simple vista parecía tan básicas. Les dio una habilidad cognoscitiva muy parecida a la vuestra señor- comento uno de los ilustrados a Luzbel


-Si- contesto el en un tono algo desanimadopero no vayas a pensar tu que unos seres tan inferiores podrán igualarse a nuestra casta querido amigo. Lo se señor, pero me parece tan particular que nuestro creador haya dado facultad tal a estos seres -No puedes juzgar a un hombre enamorado de su propia creación- contestó Luzbel en un tono sarcástico- vamos hay que definir qué haremos, por donde empezaremos. Los Ilustrados eran seres que contenían todo el conocimiento del universo, los habían creado simplemente para para recopilar lo que el creador consideraba importante. Cada hecho, cada día era codificado por ellos. Podríamos decir que son una suerte arcas del conocimiento. Llegaban luego de que los Constructores terminaban las obras encargadas, pues eran débiles y no solían resolver ciertos eventos que podrían eventualmente sucederse. Comprenderán que la muerte de estos seres se convierte en una verdadera catástrofe para el ordenamiento y agenda del Creador, pues los Ilustrados eran seres que siendo muy sabios no sabían defenderse, sus cuerpos eran etéreos, frágiles. Eran tan pocos en número que al morir uno siquiera parte del saber universal también moría con él. Los constructores, en cambio, eran creaciones perfectas. Se nutrían del conocimiento de los ilustrados y tenían no solo la fuerza, sino la capacidad plena de mover y manipular los elementos del cosmos. Ellos fueron ungidos por el creados mismo para crear vida y también destruirla. Eran fuertes y sabios. Bellas criaturas, las más cercanas a la figura de su Maestro Javaha...el creador en persona. Brillaban con la luz del conocimiento y eran tan fuertes como para soportar tempestades de fuego y hielo. Tenían la capacidad de canalizar el poder de Javaha a través de ellos y con eso llevar a cabo las más hermosas creaciones. Eran los únicos que al ver pasar a su creador,

solo inclinaban la cabeza, respetando la perfección y la antigüedad del espíritu de Javaha, pues eran ellos parte de él, los únicos que alcanzaron la iluminación del entendimiento para canalizar su poder. Confiaba en ellos y ellos confiaban en él. Eran en parte sus hijos, en parte sus hermanos. También estaban los Guerreros. Parte del ejército del creador, quienes poseían fuerza y destreza táctica para proteger a Javaha. De hecho, este los admiraba tanto que las aves de la tierra fueron inspiradas en sus cuerpos. Gráciles, fuertes, Leales y alados con alas indestructibles que servían de escudos frente a los Disidentes. Son parte del ejercito del señor, estos a diferencia de los constructores conocían bien cada movimiento, uso de armas y tácticas de guerra. No eran precisamente sabios, aunque los quienes llegaron a ser generales de este ejercito eran de por si mentes inquietas que lograron cierta luz de conocimiento, en parte instrucción del creador, quien preocupado por proteger su mundo y a sus súbditos eligió a las mentes más brillantes, con almas puras entre sus filas para entrenarlos como oficiales y que juntos a sus ejércitos pudieran hacer frente a estas adversidades. Los guerreros no pasaban mucho tiempo en cada planeta. Dependería de la gravedad de los hechos, pues su verdadera misión era resguardar los cuadrantes limítrofes del universo. Reguardar a Javaha y su legado. Él tenía a su favorito, Michelle, quien no solo era eximio estratega, sino que cada nueva creación para él era un nuevo universo en sí. El creador disfrutaba viéndolo asombrarse con cada nuevo planeta y reír con cada criatura. Era extraño definir a este Guerrero, pues siendo tan eficiente cumpliendo su rol militar que a veces incluía dar muerte a muchos seres, poseía un alma tan pura que no perdía su carácter primario. Poseían espadas de luz, que destruían seres de todo tipo. Era el único tipo de arma que podía destruir la obra ligada a la esencia de Javaha.



Caudillo