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Los años cincuenta fueron cruciales en la historia de Colombia. Los cambios en la política y el aparente auge económico hacían prever que las condiciones para el cambio estaban dadas. El paso del gobierno conservador de Laureano Gómez a la dictadura populista de Rojas Pinilla,

más el crecimiento industrial y la bonanza cafetera de la

mitad de la década hacían posible pensar en la modernización del país. La violencia política desatada por esos años en el país ponía en entre dicho aquellas expectativas. El fenómeno de la violencia bipartidista aceleró la crisis en las regiones y provincias, produciéndose la gran migración del campo a las ciudades. Siendo el urbano el espacio deseado de convivencia, se incrementó el crecimiento de las ciudades, con las consecuencias que de ello surgieron en cuanto a la potencialidad de nuevos mercados y la formación de nuevos grupos sociales y sus usos culturales. Como era de esperarse, el clima político, social y cultural del país en esos años era confuso y contradictorio. Junto a la concepción conservadora del estado y la sociedad, sucedía el crecimiento demográfico, la urbanización, el desarrollo de los medios de comunicación y el incremento de la escolaridad.

La inmigración del campo a las ciudades trae consigo una gran

demanda de vivienda, que los principales centros urbanos no estaban en capacidad de abastecer.

Los primeros proyectos de vivienda popular buscaban afanosamente albergar

a una nueva clase suburbana de origen campesino que rápidamente se convirtió en una clase obrera incipiente y marginal.

Esta crisis se siente con especial urgencia en Bogotá, donde se requieren nuevos territorios para la construcción de vivienda masiva y albergar así una población emergente. El proceso de expansión de la ciudad estaba así garantizado.

La sabana

de Bogotá ofrecía un espacio ideal para dicho fin. Ciudad Techo se ubicó en unos terrenos estratégicos localizados entre el antiguo aeropuerto y el hipódromo del mismo nombre, la avenida de las Américas, el monumento Banderas y el centro de la ciudad. La cervecería Bavaria se Instaló en el mismo sector. La conexión del aeropuerto con el centro de la ciudad por la Avenida de las Américas aseguraba su accesibilidad. Estos puntos demarcaban un área de valorización de territorios cuya propiedad había sido usurpada a los grupos indígenas desde los tiempos de la colonia. Dicha área se convierte en un polo de desarrollo donde era posible integrar la fuerza laboral de los nuevos inmigrantes. Así, desde 1959 el gobierno a través del Instituto de Crédito territorial dio inicio a un basto programa de vivienda popular.

De esta manera nace "Ciudad Techo" (esta denominación se deriva del nombre del cacique muisca Techotiba) como respuesta a la crisis de vivienda urbana aludida. El presidente de Colombia de entonces Alberto Lleras Camargo creó las condiciones para que el proyecto inicial hiciera parte de los programas de la administración Kennedy

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para Latinoamérica relacionadas con la " Alianza para el Progreso ", "El arma secreta contra el comunismo" como se conocía esta estrategia, consistía en crear en varios países latinoamericanos planes de vivienda y desarrollo social. El mismo presidente Kennedy los definió así: "Un programa revolucionario y un vigoroso esfuerzo para desarrollar e industrializar las economías de América Latina, reduciendo progresivamente las diferencias relativas que separan los países ricos e industrializados de las repúblicas latinoamericanas". El proyecto "Ciudad Techo" se comienza en 1961 con el respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo y la dirección del Instituto de Crédito territorial. En noviembre de 1963 cuando el presidente Kennedy fue asesinado, los habitantes del barrio, encabezados por los primeros adjudicatarios, propusieron cambiar el nombre de Ciudad Techo por el de Ciudad Kennedy. En 1967 el Consejo de Bogotá ratificó dicho nombre.

Seguramente, si el presidente norteamericano y su esposa no hubieran asistido a la ceremonia de inauguración, la historia del barrio hubiera sido diferente. La colocación de la primera piedra por Kennedy se convirtió en un hito histórico que cautivó, en una primera instancia, la imaginación popular. Aquella ceremonia tuvo ingredientes de corte populista. Aquel día 17 de diciembre de 1961 Kennedy expresó: "La Alianza para el Progreso ha llegado ya a las gentes de Techo. La promesa de una vida mejor es ya una realidad para estos trabajadores y sus familias. Vivirán en sus casas nuevas como hombres libres, no sujetos a la coacción de gobiernos despóticos,,," Lleras Camargo a su vez expresa: "En este sitio vamos a hacer, con la ayuda de Estados Unidos que otorgará en forma de crédito, un vasto proyecto de vivienda. Se van a favorecer principalmente familias de bajos recursos, que viven hoy en condiciones deplorables en la capital colombiana".

Plaza de Banderas Monumento construido para el encuentro Panamericano de Naciones Realizado en 1948 Fotografía: Fernando Cruz


A pesar del peso oficial y el despliegue publicitario causado por la visita de los Kennedy (al recibimiento asistieron más de medio millón de personas) y la difusión de los programas de la Alianza para el Progreso, muchos sectores de la opinión publica optaron actitudes críticas. Según el periódico El Tiempo, si bien no hubo disturbios, en los días previos al evento hubo redadas y detenciones de líderes sindicales y de izquierda. El día de la inauguración periodistas nacionales y extranjeros fueron agredidos. Un grupo de personas que quisieron sabotear el evento fue dispersado.

Bajo estas circunstancias se comenzó a construir el proyecto. En su primera fase se llevó a cabo en forma de autoconstrucción y ayuda mutua entre las familias beneficiadas. El instituto de Crédito Territorial se encargó de la financiación y de procurar aspectos operativos de la construcción. Instala en el lugar almacenes para vender materiales a bajo costo y da asesoría de construcción. A propósito de las jornadas de autoconstrucción, el señor Guillermo Niño, testigo de aquellas jornadas, relata esta experiencia: "Fue un programa muy entusiasta, era gente que valoraba lo que el proyecto significaba.

Se

trabajaba sábados y domingos, venían las familias a ayudar, los mayores a echar pico y pala, las señoras a cocinar, los muchachos a cargar agua, a mover piedras, a alcanzar ladrillos. Era un trabajo interesante."

Finalizada esta primera etapa se entregan las casas en obra negra y sin servicios. Estos demoraron mas de seis meses en ser instalados y las calles duraron años sin pavimentar. Las casas fueron asignadas por sorteo. Luego de la posesión, cada familia, según su iniciativa y recursos económicos, fue con el tiempo transformando sus viviendas sobre la base del precario diseño inicial. Muchas de las casas de esta etapa no han sufrido mayores transformaciones y conservan su configuración inicial.

La imagen publicitaria que el proyecto difundió suscitó falsas expectativas en todo el país, sobretodo por el manejo dado por la prensa. Se creía que las casas habían sido regaladas por los Estados Unidos. Esto atrajo la atención de miles de familias sin techo en todo el país. Lo cierto fue que cada familia pagó su lote y los materiales de construcción, mas su propia mano se obra. Nada fue regalado. William Fortich en su investigación Procesos Socioculturales en Ciudad Kennedy da cuenta de las dificultades creadas por la desinformación cuando afirma: " Esto hizo más difícil el proceso y más por la necesidad que por el convencimiento, las gentes aceptaron lo que realmente no era una vivienda. La infraestructura de los barrios no existía, faltaba el agua y la energía, el pavimento y vías de acceso y a su vez las casas eran más fachada que construcción Foto: Archivo SINDU. Universidad Nacional

interna..." ( William Fortich: Procesos Socioculturales en Ciudad Kennedy IDCT, 1998, pag 120. Citado en el folleto Ciudad Kennedy 40 años. Alcaldía Local, Ciudad Kennedy).

El proyecto fue continuado por el Instituto de Crédito Territorial conformando diferentes etapas y tipos de construcción. En los años siguientes el barrio entra en el proceso normal de crecimiento propio de las grandes urbes latinoamericanas. Allí, en medio


del crecimiento desmedido, han tenido lugar las naturales tensiones entre el crecimiento planificado y el caótico entre la improvisación institucional y la popular; entre la ineficiencia oficial y los urbanizadores piratas. El crecimiento de la localidad fue tal que la administración central decidió fundar la Alcaldía Menor de Kennedy, la primera en la ciudad. A finales de los años sesenta el barrio ya era concebido como una "ciudad dentro de una c i u d a d " . Esta ha tenido desde entonces todas las áreas y servicios propios: Una área fundacional, centros habitacionales multifamiliares, zonas cívicas y de administración, lugares de recreación y servicios de salud, dos avenidas de floreciente desarrollo comercial, y zonas marginales que fueron creciendo alrededor del barrio en dirección sur y sur occidental. Todo esto conforma hoy una inmensa localidad constituida por muchos barrios, constituyéndose en un polo de desarrollo urbano importante en la ciudad, con sus propios antecedentes históricos y sus propios procesos Socioculturales.

La historia de Ciudad Kennedy contiene aspectos paradójicos. Un sentido particular de su historia surge de una interrelación entre política, memoria e identidad. En perspectiva, es claro que la inclusión de un proyecto de vivienda en el programa de la Alianza para el Progreso tenía intenciones políticas muy claras. Esto puede verse como un episodio más en la larga lista de la intervención de estados Unidos en Colombia. Que este proyecto mostrara un carácter de beneficio social era un hecho inusual; si bien destacable, no estaba excepto de las v i s i b l e s connotaciones de populismo y propaganda. Hoy, la idea de hacer frente al comunismo con un programa social de dicha dimensión nos parece harto ingenuo. Una utopía que se disolvió con la propia dinámica sociocultural del barrio. Es bien sabido que en las décadas siguientes a su fundación, Ciudad Kennedy se convierte en un barrio donde tenían amplia representación popular diversos grupos de izquierda y se d e s a r r o l l ó una clase social con un gran sentido de beligerancia política. La imagen de Kennedy se mitificó en todo el país. El presidente norteamericano se convierte en la imagen del bien frente a la amenaza comunista. En sectores populares se le confiere un sentido cercano al fetiche religioso. Muchos niños y niñas fueron bautizados con su nombre y el de su esposa e hijos. Su adopción dentro del imaginario popular demuestra nuestra necesidad sicológica de adoptar una figura paternal benefactora que nos ayudara a no caer en el comunismo y a salir de la pobreza.

No obstante el carácter exógeno de la figura de Kennedy asociada con el barrio, esta le confiere una imagen distinta inscrita sobre los residuos de un mito fundacional inédito en Colombia. A pesar de que hoy las nuevas generaciones y muchos sectores de la población no reconocen la memoria kenediana, quiérase o no ésta ha conferido a la localidad una identidad particular, que con el tiempo se ha ido deshaciendo de sus connotaciones iniciales, hasta el punto de que en la actualidad el término Kennedy se asocia menos con el presidente norteamericano y más con la localidad bogotana en sí misma.

Foto: Archivo personal Argenil Plazas


História Ciudad Kennedy