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DE SARROLLO COG NITIVO

Polifacético, flexible e ingenioso Miriam Noël Haidle

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De entre todas las especies que han aparecido a lo largo de la evolución del género Homo, solo Homo sapiens ha conseguido perdurar hasta nuestros días. ¿A qué se debe nuestro éxito?


WIKIMEDIA COMMONS/RAMESSOS, DOMINIO PÚBLICO XXXXXXXX

Al final de la glaciación europea, hace entre 16.000 y 11.000 años, los hombres decoraron las paredes y los techos de la cueva de Altamira con representaciones de caballos, ciervos y búfalos.

Febrero 2012, InvestigacionyCiencia.es 79


Miriam Noël Naidle es coordinadora del proyecto de investigación «El papel

fr›DZæ›ÜæÍDr§›Dҵ͔¡rÍDÒrêµD§Ò”«§rҐæ¡D§Dҍfr›D ZDfr¡”D ”r§ÜûZDfr Heidelberg (Alemania). Enseña e investiga en el campo de la arqueología cognitiva.

L

ąĉþċă÷ĄąĉĄąĉ÷ú÷ĆĊ÷ăąĉ÷ĂûĄĊąĈĄąúûă÷ĄûĈ÷ûĎĊĈ÷ąĈúÿĄ÷ria. Poblamos todos los continentes de la Tierra, somos capaces de sobrevivir en cualquier zona climática y hemos explorado incluso el espacio. Nuestras construcciones abarcan desde simples chozas hasta gigantescos rascacielos. Igualmente diversa es nuestra dieta, que, gracias a la cocción, la fermentación o la molienda, incluye alic[djeigk[Z[ejheceZeZ_][h_h‡WceiYedZ_ÐYkbjWZ$ con un pulgar que permitía un mecanismo de agarre fuerte y preciso. Poco a poco, el cerebro aumentó de tamaño (de poco más de 500 centímetros cúbicos en los primeros representantes del género Homo, alcanzaría una media de 1350 centímetros cúbicos en el hombre moderno). Esa transformación requirió incrementar de manera notable el consumo de energía. Al mismo tiempo, sin embargo, se redujo la longitud del aparato digestivo, por lo que nuestros antepasados se hicieron cada vez más dependientes de una dieta que debía ser tan energética como de digestión fácil. Con este telón de fondo, podríamos pensar que los primeros representantes del género Homo no gozaban de las condiciones más prometedoras para garantizar el éxito en la árida sabana africana. No obstante, fueron ellos los primeros que, hace dos millones de años, abandonaron África. Aunque, a primera vista, algunos de los cambios físicos que ocurrieron durante la evolución no impresionen demasiado, muchos de ellos fueron los responsables del fascinante aumento que experimentaron nuestras capacidades cognitivas. Esas transformaciones abrieron todo un abanico de posibilidades en la f[hY[fY_Œdi[dieh_Wb"Wi‡YecekdWZ_l[hi_ÐYWY_Œd[d[bYecportamiento social desconocida hasta entonces. Con ello, ciertas zonas de un cerebro cada vez más voluminoso se especializaron en la concatenación de procesos mentales, en la evaluación emocional del entorno o en la elaboración y desarrollo del lenguaje. Sin embargo, los cráneos fósiles no permiten reconstruir sino de forma vaga la evolución de la estructura cerebral [véase «La evolución del cerebro de los homínidos», por Emiliano Bruner, en este mismo número], por lo que, hoy por hoy, aún desconocemos si la remodelación del cerebro trajo consigo de inmediato un cambio de su función. Los primates suelen tener menos descendencia que otros mamíferos de tamaño similar. Sus períodos de gestación y lactancia son también más largos. A lo largo de la evolución humana, la infancia (el período en que las crías dependen de la protección de los padres) y la adolescencia (una época de gran independencia) fueron alargándose de manera progresiva. Estas etapas se caracterizan por la facilidad con la que los jóvenes adquieren experiencia y aprenden formas de comporta-

Hace 25.000 años, los antiguos talladores debieron de confeccionar puntas en forma de hoja de un modo muy parecido al empleado por este arqueólogo, que trabaja un trozo de pedernal con un mazo de cornamenta. Estos martillos permitían controlar mejor la fuerza del golpe gracias al material blando.

80 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, febrero 2012

CORTESÍA DE WULF HEIN

El hombre es también un ser social. Nuestras comunidades abarcan desde estructuras de convivencia duraderas, como la familia, hasta redes laxas que incluyen millones de miembros. En estos grupos intercambiamos sin cesar información de todo tipo y grado de complejidad; ya sea de forma directa, a través de palabras o gestos, o indirecta, con textos y dibujos. El ser humano se caracteriza, ante todo, por usar herramientas. Con una piedra clavamos postes en el suelo. Mediante otras máquinas fabricamos piezas de metal y plástico con las que ensamblamos después automóviles y ordenadores. Al preguntarnos por las características que otorgan a Homo sapiens su particular puesto en el reino animal, destaca la enorc[Ñ[n_X_b_ZWZZ[bWgk[^WY[]WbWdk[ijhW[if[Y_[$;ijWi[Z[X[" sobre todo, a tres factores: una constitución física que nos capacita para llevar a cabo actividades de toda clase, un elevado grado de desarrollo de las capacidades cognitivas y, por último, una notoria necesidad de crear cultura. El género Homo existe desde hace unos dos millones de años. En comparación con todo lo anterior, sus primeros representantes no nos causarían demasiada impresión. Al igual que sus antepasados, los australopitecinos, caminaban erectos. Las poderosas mandíbulas de sus ancestros se habían reducido, lo que les confería un aspecto menos amenazador. Su constitución corporal se adecuaba más a la resistencia que a la fuerza física. Y sus manos, en unos brazos cada vez más cortos, contaban


miento que no se encuentran controladas por los genes. Un rasgo particular del ser humano consiste en su facultad para adquirir habilidades y conocimientos sin necesidad de experimentarlos por sí mismo: puede aprender por medio de la instrucción y la imitación de la conducta ajena, aunque en un principio no entienda su utilidad. Además, la capacidad de formación se prolonga durante toda la vida. Otros simios antropomorfos continúan siendo curiosos y prestos a aprender aún en la etapa adulta, pero los humanos lo somos hasta un punto extraordinario. Nuestra disposición para establecer relaciones sociales y culturales se debe, por tanto, a varios motivos: no dependemos de una única dieta, gozamos de una gran versatilidad manual, y nuestra capacidad de comunicarnos con palabras y gestos nos permite adecuarnos a las circunstancias más diversas. Estas características, junto a la singular evolución de nuestro cereXhe"Yedjh_Xko[dWkdW_d_]kWbWXb[Ñ[n_X_b_ZWZ[d[bYecfehjWc_[djeZ_Wh_e"bWYkWbi[^WbbW[dbWXWi[Z[bWZ_l[hi_ÐYWY_Œd cultural. Por «cultura» entendemos aquí la competencia para transmitir conocimientos de una generación a otra, con independencia del parentesco biológico. AFRONTAR PROBLEMAS

SCHÖNINGEN SPEAR VII, 1997 © PETER PFARR NLD.JPG

BWiYWhWYj[h‡ij_YWijWd[if[Y_Wb[iZ[bZ[iWhhebbeYkbjkhWbobWÑ[xibilidad del género Homo se hacen patentes en su manera de manipular herramientas. El empleo de utensilios no solo brindó nuevas posibilidades, sino que planteó también todo un desafío intelectual. El empleo de herramientas no es, sin embargo, exclusivo del hombre. Si un chimpancé desea comer una nuez, se apartará durante un tiempo de su objetivo para buscar una piedra con la que cascar el fruto. La capacidad para resolver problemas de manera indirecta rara vez forma parte del comportamiento _dij_dj_leYeZ_ÐYWZe[dbei][d[i1YeceeYkhh[YedWb]kdWi avispas de arena, que emplean pequeñas piedras para cubrir los nidos de sus crías. Por lo general, los animales toman decii_ed[iYe]d_j_lWi0Wb]kdeiZ[bÐd[i"YkWdZeXkiYWdWb_c[dje cerca del fondo marino, se cubren el morro con esponjas para proteger esa zona del cuerpo, muy sensible. Son también numerosos los animales que emplean herramientas para buscar comida. Y los simios antropomorfos van más allá: utilizan pieZhWiehWcWiYedejheiÐd[i"Yece_dj_c_ZWh"Z[\[dZ[hi["Z[iplazarse, limpiarse o jugar. En el año 2007 se documentó un comportamiento asombroso en nuestros parientes más cercanos, los chimpancés: durante la persecución de otros primates, se observó cómo empleaban palos a modo de lanzas; en otras ocasiones, se les vio usar ramas para buscar tubérculos y raíces. Hasta entonces, se consideraba que tales comportamientos eran exclusivos de los humanos. Sin embargo, hay una facultad mental fundamental que, hasta ahora, no ha sido documentada en ningún otro animal: el Continúa en la página 85 EN SÍNTESIS

El género HomomyåDà๨¨ºù´Dy´¹à®yŒyāŸUŸ¨ŸmDmmy`¹®È¹àïD®Ÿy´ï¹ Ă ù´Då †D`ù¨ïDmyå `¹‘´ŸïŸÿDå ú´Ÿ`DåÎ Un salto clave åy Èà¹mù¦¹ `ùD´m¹ y¨ ›¹®Uày DmÕùŸàŸº ¨D ´¹ïDU¨y ›DUŸ¨ŸmDm my ùŸĆDà ù´D ›yààD®Ÿy´ïD ÈDàD †DUàŸ`Dà ¹ïàDÎ La ornamentaèDåȟ´ïùàDåàùÈyåïàyåDïyåùD´¨DyāŸåïy´`ŸDmyù´D `¹´`yÈ`Ÿº´ `¹®È¨y¦D my¨ ®ù´m¹Î

Cerca de Schöningen, los arqueólogos recuperaron en 1995 ocho lanzas de madera de hasta 2,5 metros de longitud entre huesos de animales. Unos 400.000 años antes, un grupo de cazadores había abatido allí una manada de caballos salvajes.

Febrero 2012, InvestigacionyCiencia.es 81


82 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, febrero 2012

Orrorin tugenensis

Mioceno

Ardipithecus kadabba

"¹åDùåïàD¨¹ÈŸïy`Ÿ´¹åÈà¹`ymy´ïyåmy¨DD`ïùD¨ïŸ¹È D Èà¹UDU¨y®y´ïyùåDUD´`D´ï¹åmyà ¹åD®¹m¹my®Dà¨¹åĂ myå®y®UàDUD´`DmEÿyàyåmy¹ïà¹åD´Ÿ®D¨yå`¹´yåÕùŸà¨Dåmy ȟymàDDŠ¨DmDåÎ"DïD¨¨DŸ´ïy´`Ÿ¹´D¨DÈDày`y®ù`›¹myåÈùzåèåy DïàŸUùĂyD¨¹åàyÈàyåy´ïD´ïyåmy¨‘z´yà¹Homo.

África

Años

Estadios culturales:

Asia

6 Ma

Europa

5 Ma

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3 ¡Hágase la luz!

Homo ergaster`¹´`ŸUŸºy´†àŸ`Dù´D´ùyÿDïz`´Ÿ`DmyïD¨¨Dm¹Î "DåȟyĆDåy´ïyàDå¹åùå†àD‘®y´ï¹ååyïàDUD¦DUD´ÈDàD DȨD´Dà¨DåĂ`¹´†yàŸà¨y冹à®Dmy`ù·DΨàyåù¨ïDm¹†ùyù´zāŸï¹i ®DĆDå†E`Ÿ¨yåmyåù¦yïDàĂm¹ïDmDåmyù´U¹àmyDŠ¨Dm¹ĂyåïDU¨yÎ ùy๴`¹´†y``Ÿ¹´DmDå›D`yù´®Ÿ¨¨º´myD·¹åÊ$DËÎ

2 Bifaces

NEÓGENO

Australia

Ardipithecus ramidus

América

4 Ma

A. afarensis

A. bahr-el-ghazali

Australopitecinos gráciles

AUSTRALOPI OPI PITECIN PIT CINO INO N S

Plioceno

Australopithecus anamensis

PRIMEROS HOMÍNIDOS

1 Primer uso de instrumentos de piedra

Sahelanthropus tchadensis

Eras geológicas

Una historia de varios millones de años

Migración

A. africanus

H. habilis

3 Ma

~ 2,6 Ma

1

Homo rudolfensis

A. garhi

Paranthropus aethiopicus

P. boisei

2

Parentesco

2 Ma

Holoceno

0Dày´ïyå`¹´¹`¹´Šà®Dm¹

0

>$Óeh[i_[di_i

H. heidelbergensis

1 Ma

H. neanderthalensis

Hombre de Denisova

H. sapiens

PRIMEROS HUMANOS Género Homo

80 ~ 800.000 años

3

H. antecessor

~ 1,5 Ma

P. robustus

Paleolítico inferior

H. erectus

H. ergaster

Australopitecinos robustos («hombres cascanueces»)

Pleistoceno

CUATERNARIO


Febrero 2012, InvestigacionyCiencia.es 83

7 Bisutería

0¹àÈàŸ®yàDÿyĆjåyDm¹à´DUD´ùïy´åŸ¨Ÿ¹å myùå¹mŸDàŸ¹`¹´®¹ïŸÿ¹å¨Ÿ´yD¨yå ¹`àùĆDm¹åδ3ùmE†àŸ`Dj$Dààùy`¹å yåàDy¨åy›D´›D¨¨Dm¹`DàD`¹¨Då®DàŸ´Då D‘ù¦yàyDmDåÕùyåyy®È¨yDUD´D®¹m¹ myDUD¨¹àŸ¹åÈDàD`¹¨¨DàyåÎ

5 El método Levallois

Hombre de Denisova

~ 300.000

åïy®zï¹m¹my¨Då`Dm¹åùÈùå¹ù´D Ÿ´´¹ÿD`Ÿº´®Eåy´¨Dïz`´Ÿ`D¨ ïŸ`DÎ 7´ȟymàDàym¹´myDmDåyïD¨¨DUDmyåž myï¹m¹å¨¹å¨Dm¹å›DåïDÕùyjD¨Š´D¨j `¹´ù´‘¹¨Èy`¹´ï๨Dm¹ȹm D åyÈDàDàåyù´Ÿ´åïàù®y´ï¹DŠ¨Dm¹ `¹®¹ù´`ù`›Ÿ¨¨¹Î

~ 400.000

4

5

Paleolítico medio

8 Tradiciones funerarias

200.000

Homo sapiens¨¨y‘ºDùà¹ÈDy´y¨

ùàŸ·D`Ÿy´åyjm¹´myåyy®È¨yº`¹®¹yå`ù¨ï¹à Ăȟ´ï¹àÎ ÈDày`Ÿy๴¨DåÈàŸ®yàDåȟ´ïùàDå àùÈyåïàyåè¹åŠ‘ùàŸ´yåmy®DàŠ¨ÎyåÈùzåj y´y¨àDÿyïŸy´åyjåyȹÈù¨DàŸĆD๴¨DåyāùUyž àD´ïyåÿy´ùåÎåïDåàyÈàyåy´ïD`Ÿ¹´yåÈyடïy´ DïŸåUDàù´®ù´m¹Ÿ®D‘Ÿ´DàŸ¹Ă`¹®È¨y¦¹Î

H. erectus

H. heidelbergensis

6

10 Primeras melodías

100.000

7

ùàD´ïyy¨àDÿyïŸy´åyj¨¹åïD¨¨Dm¹àyå ®D´ù†D`ïùàDUD´ÈyÕùy·D囹¦DåmyÈymyà´D¨ DŠ¨DmDåȹàù´幨¹¨Dm¹ĂÕùyjù´ŸmDå`¹´ UàyDDù´®D´‘¹jȹm D´ùŸĆDàåyÈDàDŠ´yå mŸÿyàå¹åÎ ¨®Ÿå®¹ïŸy®È¹Dù®y´ïºy¨ùå¹ my¹ïà¹å®DïyàŸD¨yåj`¹®¹¨D`¹à´D®y´ïDmy ày´¹j®ùĂŒyāŸU¨yÎ

11 Nuevas técnicas de talla

~ 100.000

8

12 Arte

Paleolítico superior

0

13 Armas

1 13

~ 18.000

12

10

~ 18.000 1 .000 18

~ 30.000

"¹å›¹®Uàyå`¹´åŸ‘ùŸy๴m¹U¨Dày¨D¨`D´`ymyåùå Dà®DåDà๦DmŸĆDå`¹´y¨Eï¨Dï¨Î¨®D´‘¹my¨D¨D´ĆD åy`¹¨¹`DUDy´ù´‘D´`›¹my`¹à´D®y´ïDy®È¨DĆDž m¹D¨Š´D¨myù´ÈD¨¹my®DmyàDÎ"D`¹®UŸ´D`Ÿº´ Dù®y´ïDUDy¨¨D´ĆD®Ÿy´ï¹y†y`ïùDm¹ȹày¨`DĆDm¹à ‘àD`ŸDåD¨y†y`ï¹myÈD¨D´`DÎ

11

~ 40.000

9

~ 40.000

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H. neanderthalensis

H. sapiens

~ 200.000

¨›¹®Uày®¹myà´¹jĂÕùŸĆEïD®UŸz´y¨my ´yD´myàïD¨jy´ïyààDUDDåùå®ùyàï¹åy´ ‘àùïDåÎ"D幆ày´mDåDmĂD`y´ïyåmy¹`àyj¨¹å Ÿ´åïàù®y´ï¹åmy®DmyàDèD`Dà´yD´Ÿ®D¨ my®ùyåïàD´åù`àyy´`ŸDy´ù´DyāŸåïy´`ŸD ®EåD¨¨Emy¨D®ùyàïyÎ

9 Arte pictórico

6 Pegamento

"¹å´yD´myàïD¨yåyāïàD D´ù´DUàyDmy¨D `¹àïyĆDmy¨DUymù¨`¹´¨DÕùyù´ D´Èù´ïDå myȟymàDĂ®D´‘¹åmy®DmyàDÎ

4 Lanzas de madera

0D¨y¹¨ ïŸ`¹Ÿ´†yàŸ¹à

300.000

´yåïDzȹ`DjD¨¹®EåïDàmDàj´ùyåïà¹å D´`yåïà¹åyàD´ĂD®Dyåïà¹åy´y¨ïàDUD¦¹my ¨D®DmyàDÎ"¹å`DĆDm¹àyåÕùyy®È¨yD๴¨Då ¨D´ĆDåmy3`›¼´Ÿ´‘y´›DU D´DUDïŸm¹`¹´ y¨¨Dåù´D®D´DmDmy`DUD¨¨¹ååD¨ÿD¦yåÎ

Estadios culturales:

Años

0' ë$'% "7 


A R Q U E O L O G Í A D E L A E VO L U C I Ó N

Talla lítica y desarrollo cognitivo Aunque no existen pruebas concluyentes sobre el papel que desempeñó la industria lítica en el desarrollo cerebral, una nueva línea de investigación podría zanjar la polémica NÚRIA GERIBÀS ARMENGOL ¿Qué nos hace humanos? Cuando nos planteamos esta pregunta, surge una respuesta casi inmediata: la inteligencia. Si bien este atributo no explica por sí solo la enorme complejidad de nuestra especie, nos diferencia por completo del resto de los miembros del reino animal. Sin embargo, cuando intentamos entender cómo y por qué se produjo un salto cognitivo de semejante calibre en nuestro linaje, nos enfrentamos a un obstáculo de primer orden: el cerebro no fosiliza. ¿Cómo podemos descifrar entonces nuestra evolución cognitiva? Por fortuna, existen otros indicios que nos informan de manera indirecta sobre el grado de desarrollo cerebral de nuestros ancestros. En

ACHELENSE ¹´Š‘ùàD`Ÿº´my grandes lascas para la obtención de útiles bifaciales, como el hacha de mano.

OLDUVAYENSE Primeras herramientas de piedra. Lascas `¹´Š¨¹å cortantes.

2,5 Ma

1,4 Ma

Çߞ­xߧøDßj`¸³îD­¸ä`¸³§¸ä…¹äž§xälxäøä`ßE³x¸äÍ3øþ¸§ø­x³ßx‹x ja la capacidad cerebral, al tiempo que sus paredes internas nos dan algunas pistas sobre la evolución de ciertas áreas del cerebro [véase «La evolución cerebral de los homínidos», por Emiliano Bruner, en este mismo número]. Por otro lado, la primatología comparada se encarga de estudiar las capacidades cognitivas de los primates no humanos, lo que nos permite establecer un punto de partida teórico sobre el desarrollo de nuestro cerebro. Por último, disponemos de una tercera prueba: el registro arqueológico, el cual nos informa sobre el comportamiento de nuestros ancestros.

INDUSTRIA LAMINAR Producción estandarizada de lascas laminares. Mejor aprovechamiento de la materia prima. Con la misma cantidad de material se obtiene más Š¨¹`¹àïD´ïyÎ

MUSTERIENSE Preparación de los núcleos para la obtención de lascas de tamaño y formato predeterminados. Producción de lascas estandarizadas.

300 ka

40 ka

2,4 Ma?

1,8 Ma

450 ka

250 ka

100 ka

Homo habilis ~ 680 cm3

Homo ergaster ~ 850 cm3

Homo heidelbergensis ~ 1250 cm3

Homo neanderthalensis ~ 1450 cm3

Homo sapiens ~ 1350 cm3

El esquema muestra la evolución paralela de la tecnología lítica y las capacidades cognitivas de nuestros ancestros según el registro arqueológico. Las fechas indican el momento de aparición de cada tipo de industria, así como de cada especie de homínido (Ma denota millones de años; ka, miles de años). La aparición de una nueva industria lítica no implica la desaparición de la anterior. Por ejemplo, se han hallado útiles oldu-

84 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, febrero 2012

vayenses que datan de la misma época que algunas industrias laminares. En cuanto a los homínidos, el esquema solo muestra la especie contemporánea de cada tipo de tecnología lítica, sin connotaciones genealógicas de ningún tipo. La cifra bajo el nombre de cada especie indica la capacidad craneana media de cada una, en centímetros cúbicos. Homo neanderthalensis presentaba una capacidad mayor que los

humanos modernos debido a su mayor tamaño corporal. Homo habilis fue el primer fabricante conocido de útiles de piedra y el primer representante de nuestro género. El interrogante en su cronología se debe a que los restos fósiles atribuibles al género Homo se documentan a partir de los 2,4 millones de años, pero estos no pueden asignarse de manera inequívoca a Homo habilis sino hasta hace unos 2 millones de años.

INVESTIGACIÓN Y CIENCIAj38%%Î2 3

Evolución paralela


Viene de la pĂĄgina 81 Cualquier tipo de conducta es producto de unas facultades cognitivas determinadas. AsĂ­, los restos arqueolĂłgicos nos indican quĂŠ capacidades cognitivas mĂ­nimas hubieron de poseer nuestros antepasados para poder llevar a cabo un tipo u otro de actividad. En este contexto, las herramientas de piedra constituyen una fuente de informaciĂłn fundamental por varias razones. Por un lado, nos proporcionan la prueba mĂĄs antigua de la que disponemos sobre cualquier clase de comportamiento humano. Ello nos permite remontarnos en el estudio del desarrollo de la mente hasta hace 2,5 millones de aĂąos, fecha de la que datan los primeros Ăştiles de piedra documentados. Gracias a su carĂĄcter imperecedero, dichas herramientas constituyen la prueba mĂĄs abundante sobre cualquier clase de conducta. AdemĂĄs, la industria lĂ­tica se considera completamente vinculada a nuestras habilidades cognitivas. Ninguna otra especie animal fabrica herramientas (con la ayuda de otra herramienta), por lo que la apariciĂłn de Ăştiles se atribuye a una transiciĂłn cognitiva de primer orden. Los Ăştiles de piedra aparecen como producto de una acciĂłn consciente: la talla. De hecho, se ha documentado un desarrollo paralelo entre las capacidades cognitivas de nuestros ancestros y su tecnologĂ­a lĂ­tica. ÂżCausa o consecuencia? A lo largo de los aĂąos, se han propuesto hipĂłtesis muy diversas. Desde los tiemǸälxDĂ&#x;ÿž³j§DžlxD­EäxĀÎxÂłlžlDD‰Ă&#x;­DÔøx§DäšxĂ&#x;Ă&#x;D­žx³ÎDälxǞxlĂ&#x;D contribuyen al desarrollo cerebral por medio de un proceso constante de retroalimentaciĂłn: la producciĂłn de Ăştiles estimula el desarrollo del cerebro y, a su vez, un cerebro mĂĄs desarrollado puede elaborar herramientas mĂĄs complejas. AdemĂĄs, la apariciĂłn de Ăştiles lĂ­ticos permitiĂł el acceso a nutrientes de alto valor proteico, como la carne, imprescindibles para mantener un cerebro cada vez mayor y mĂĄs complejo. Sin embargo, hay quienes piensan que, mĂĄs allĂĄ del acceso a la carne, las herramientas de piedra no desempeĂąaron ningĂşn papel destacado en el deäDĂ&#x;Ă&#x;¸§§¸`xĂ&#x;xUĂ&#x;D§Ă?äθäDøθĂ&#x;xälx‰xÂłlxÂłÔøx³øxäÎĂ&#x;Dž³Îx§žÂ?xÂł`žDäxlxUxD otras esferas de la vida —mĂĄs complejas, a su entender, que la tecnologĂ­a lĂ­tica—, como las relaciones sociales. Sea como fuere, lo cierto es que el estado actual de las investigaciones no nos permite deducir el papel que desempeùó la tecnologĂ­a lĂ­tica en nuestro desarrollo cognitivo sin entrar en el terreno de la especulaciĂłn. El registro arqueolĂłgico no basta, puesto que se limita a apuntar quĂŠ capacidades cognitivas mĂ­nimas debĂ­a poseer un homĂ­nido para poderlas fabricar. Sin embargo, la ڧΞ­Dly`DlDšDޞäθÂłD`xĂ&#x;ø³D§Â&#x;ÂłxDlxxäÎølž¸ÔøxÔøžąEǸ³Â?D‰³D§Dä cĂĄbalas y ofrezca, por vez primera, datos empĂ­ricos sobre la presiĂłn evolutiva de la tecnologĂ­a lĂ­tica. Dicha lĂ­nea de investigaciĂłn, liderada por el profesor Dietrich Stout, de la Universidad Emory, intenta determinar quĂŠ ĂĄreas del cerebro participan en los procesos de talla. Para ello, recurre a la tomografĂ­a de emisiĂłn de positrones, una tĂŠcnica muy empleada en neurologĂ­a y en el diagnĂłstico de enfermedades cerebrales. Se trata, por supuesto, de un enfoque actualista, ya que parte de la premisa de que la talla lĂ­tica exige los mismos requisitos mentales a un humano moderno que a un homĂ­nido de hace 2,5 millones de aĂąos. No obstante, si §¸Â?Ă&#x;D­¸äžlx³Îž‰`DĂ&#x;ÔøyEĂ&#x;xDälx§`xĂ&#x;xUĂ&#x;¸lxø³šø­D³¸­¸lxĂ&#x;³¸äxD`ΞÞDÂł durante la talla, quizĂĄ podremos saber cuĂĄl era el grado mĂ­nimo de desarrollo cerebral de los homĂ­nidos que fabricaron cada tipo de herramienta. Asimismo, deberĂ­a ser posible averiguar quĂŠ zonas cerebrales se seleccionaron a lo largo de la evoluciĂłn como consecuencia de la presiĂłn ejercida por la talla. En cualquier caso, nos encontraremos mĂĄs cerca de entender quĂŠ funciĂłn ejerciĂł la tecnologĂ­a lĂ­tica en el desarrollo de nuestro cerebro. Sin duda, una lĂ­nea de investigaciĂłn prometedora. NĂşria GeribĂ s Armengol trabaja en el Instituto de PaleoecologĂ­a Humana y EvoluciĂłn Social (Universidad Rovira i Virgili, Tarragona)

uso secundario de herramientas. Podemos decir que la historia cultural del hombre empezĂł con un modo revolucionario de solucionar problemas: con simples guijarros, nuestros ancestros eran capaces de obtener, a fWhj_hZ[kdWcWjh_pZ[f_[ZhW"YWdjeiWĂ?bWZeiYedbei que desmembrar presas. Los ejemplos mĂĄs antiguos de utensilios lĂ­ticos de este estilo, hallados en el este de Ă frica, se remontan a hace 2,6 millones de aĂąos. Constituyen la primera prueba del uso de una herramienta para manufacturar otra. Con toda probabilidad, las primeras herramientas asĂ­ fabricadas fueron elaboradas con algĂşn material perecedero, por lo que no habrĂ­an llegado hasta nuestros dĂ­as. Una indicaciĂłn en este sentido nos la proporcionan los chimpancĂŠs, quienes emplean ramas para extraer termitas del suelo. Los objetos de piedra no aportarĂ­an, por tanto, mĂĄs que una pequeĂąa muestra de un repertorio de prĂĄcticas mucho mĂĄs rico. Con todo, estos pequeĂąos fragmentos nos informan sobre algunos aspectos clave de la fascinante diversidad del comportamiento humano. Hace unos dos millones de aĂąos, nuestros antepasados comenzaron a invertir mĂĄs tiempo en la fabricaciĂłn de herramientas. No solo recolectaban el material en el lugar en el que pretendĂ­an utilizarlo, sino tambiĂŠn en zonas situadas a kilĂłmetros de distancia. Con independencia de si transportaban el material consigo o si lo trabajaban en la zona de recogida, la producciĂłn de kj[di_b_eieX[Z[Y‡WWkdWfbWd_Ă?YWY_ÂŒdfh[l_W$O"Wkdque huir de los depredadores o buscar agua se convirtiesen, en ocasiones, en objetivos de mayor importancia, nunca dejaron de fabricar herramientas. Hace 1,9 millones de aĂąos, nuestros antepasados abandonaron Ă frica y se adentraron en zonas mĂĄs frĂ­as, hasta llegar al este de Asia. Por aquel entonces aĂşn no utilizaban el fuego, pero probablemente observaban con tranquilidad los pequeĂąos incendios (un comportamiento que algunos etĂłlogos han observado hace poco entre los chimpancĂŠs). QuizĂĄ fue en estas circunstancias cuanZei[WĂ?Y_edWhedWbWYWhd[WbWXhWiW"jhWiWb_c[djWhi[ de animales muertos a causa del fuego. JUGANDO CON FUEGO

Pero habrĂ­a de transcurrir largo tiempo antes de que el hombre lograse manejar el fuego. Algunos investigadores sitĂşan este hito hace unos 800.000 aĂąos. Como prueba, contamos con semillas, trozos de madera y pedernal quemados hallados en las inmediaciones del puente de las Hijas de Jacob, un yacimiento paleolĂ­tico israelĂ­. Seguramente pasaron algunos cientos de miles de aĂąos mĂĄs hasta que los hombres aprendieron a encender el fuego y obtener chispas, llamas y ascuas de manera intencionada, algo que se cree que consiguieron hace unos 200.000 aĂąos. Puede que hoy nos parezca natural la capacidad para transmitir a la generaciĂłn siguiente nuestros logros tĂŠcnicos e intelectuales, asĂ­ como la facultad para desarrollarlos y combinar las ideas pasadas con las propias. Pero, para llegar hasta aquĂ­, nuestros antepasados tuvieron que aprender a percibir al prĂłjimo como individuos capaces de actuar de manera consciente,

Febrero 2012, InvestigacionyCiencia.es 85


U N A T É C N I C A R E VO L U C I O N A R I A

La invenciĂłn del pegamento Los representantes europeos del gĂŠnero Homo fueron grandes innovadores. Hace o 200.000 aĂąos ya fabricaban pegamento a partir de la corteza del abedul: al calentar en un hoyo (en una atmĂłsfera pobre en oxĂ­geno) fragmentos de corteza, se producĂ­a un tipo de brea. Esta se endurecĂ­a al enfriarse, pero podĂ­a volver a calentarse y ablandarse de nuevo. Se han descubierto restos de brea de abedul en varios yacimientos paleolĂ­ticos de Italia, Francia y Alemania. Otros pegamentos de la misma ĂŠpoca han sido hallados en Siria y, sobre todo, en SudĂĄfrica. En estos casos, se trata de brea natural (betĂşn) o de pegamentos compuestos a partir de una mezcla de grasa animal, resina vegetal y almagre. En Hornstaad, cerca del lago de Constanza, se ha recuperado goma de mascar elaborada a partir de brea de abedul y datada en fecha mucho mĂĄs reciente, entre los aĂąos 4400 a.C y 3500 a.C. (NeolĂ­tico tardĂ­o). Se desconoce si esta goma fue x§DU¸Ă&#x;DlDÇDĂ&#x;D丧DÄ…¸äžäx­DäΞ`DUDD‰³lxDU§DÂłlDĂ&#x;§DĂ?5D­biĂŠn Ă–tzi, el individuo cuya momia fue hallada en los Alpes en 1991, utilizĂł este pegamento hacia el aĂąo 3100 a.C.: las puntas lxl¸älxäøä‹x`šDääxxÂł`¸³ÎĂ&#x;DUDÂłÇxÂ?DlDä`¸³UĂ&#x;xDlxDUxdul (imagen).

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Nuestros antepasados comenzaron a portar adornos hace unos 120.000 aĂąos. Agujereaban caracolas y dientes de lobos u osos, y los llevaban pegados al cuerpo o cosidos a la ropa. La ornamenta debĂ­a procurar protecciĂłn y denotar el estatus social del individuo.

sonales a la creaciĂłn de mundos abstractos por medio de pinturas y sĂ­mbolos. Aunque el arte del PaleolĂ­tico no pareciese desempeĂąar ninguna funciĂłn, constituĂ­a un nuevo medio para la transmisiĂłn de tradiciones y mitos, asĂ­ como indicaciones de estatus social que complementaban al lenguaje hablado. Los expertos no coinciden por completo a la hora de determinar la manera y momento en que emergiĂł el lenguaje. La forma de los crĂĄneos fĂłsiles, asĂ­ como la de los huesos de la zona farĂ­ngea y del oĂ­do, lleva a suponer que los hombres de hace entre 600.000 y 400.000 aĂąos ya podĂ­an emitir sonidos similares a palabras y, posiblemente, tambiĂŠn escucharlas. Pero el desarrollo del lenguaje requiere, ademĂĄs, la capacidad de articular dichos sonidos en sĂ­labas o palabras completas, todo ello en combinaciones siempre nuevas. Si atendiĂŠsemos al principio de la ÂŤcaja de herramientasÂť mencionado mĂĄs arriba, podrĂ­amos concluir que el ser humano habrĂ­a adquirido la capacidad del lenguaje hace, como mucho, 400.000 aĂąos. Sin embargo, si aquellas habilidades se transmitieron por medio del habla constituye una cuestiĂłn abierta al debate. En todo caso, la sobresaliente capacidad de intercambiar informaciĂłn, ya fuese por medio de palabras o de imĂĄgenes, permitiĂł continuar acumulando conocimiento. =hWY_WiWikYedij_jkY_ÂŒdWdWjÂŒc_YWoWbWĂ‘[n_X_b_ZWZgk[ esta proporcionaba, Homo sapiens ampliĂł las posibilidades de sus manifestaciones culturales hasta una dimensiĂłn inesperada. Hoy, algunos humanos todavĂ­a viven en condiciones similares a las que imperaban en la Edad de Piedra; otros dirigen multinacionales y vuelan alrededor del mundo. Los hombres pueden Wb_c[djWhi[Z[\ehcWWkjeikĂ?Y_[dj[e^WY[hbeYedbWWokZWZ[ miles de empleados de la industria alimentaria, del embalaje y de la logĂ­stica. La variedad de comportamientos que el hombre ceZ[hde[iYWfWpZ[jeb[hWhoikĂ‘[n_X_b_ZWZfWhWWZWfjWhi[Wb entorno no dependen de su capacidad para crear cultura. Esta es idĂŠntica en todos nosotros. Como especie, los humanos haY[cei]WbWZ[kdWĂ‘[n_X_b_ZWZ[njhWehZ_dWh_W"fehc|igk[Yece individuos podamos, a veces, anclarnos en las tradiciones y desechar toda novedad... algo que, sin duda, tambiĂŠn forma parte de la adaptabilidad que caracteriza a nuestra especie.

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Handbook of paleoanthropology. W. Henke y I. Tattersall (eds.). Springer-Verlag. Heidelberg, 2007. Working-memory capacity and the evolution of modern cognitive potential: Implications from animal and early human tool use. M. N. Haidle en Current Anthropology, vol. 51, n.o S1, junio de 2010.

'253 $ 2 %< % 2%?2 % 3 'Ă?22 'Ă&#x160;caracolasĂ&#x2039;è '253 "$73' 217'") '52'""372Ă&#x160;flechaĂ&#x2039;

asĂ­ como a saber ver en las tĂŠcnicas de trabajo un principio independiente, mĂĄs allĂĄ de sus aplicaciones concretas. Una piedra no solo servĂ­a para cascar nueces u obtener utensilios cortantes, tambiĂŠn podĂ­a usarse a modo de martillo. Por ello, resultaba tan Ăştil que siempre habĂ­a que disponer de una. Una ÂŤcaja de herramientasÂť repleta de estos objetos permitĂ­a hacer frente a tareas laboriosas y complejas. La adquisiciĂłn de estas nuevas capacidades cognitivas queda demostrada con el ejemplo de las lanzas de madera de SchĂśningen, de una antigĂźedad estimada entre 400.000 y 300.000 aĂąos. ConstituĂ­an armas de caza versĂĄtiles, cuya confecciĂłn debiĂł requerir varios dĂ­as. Una herramienta sin ninguna aplicaciĂłn evidente animaba a probarla en otros contextos. AsĂ­, se construyeron aparatos compuestos, como Ăştiles o armas que se montaban a partir de piezas diferentes. Los primeros en emplear esta tĂŠcnica fueron los neandertales. Hace unos 200.000 aĂąos, con brea de abedul, Wfh[dZ_[hedWWĂ?WdpWhfkdjWiZ[f_[ZhW[dbWdpWiZ[cWZ[hW$ La genialidad del invento residĂ­a en que la utilidad de la punta y la de la lanza aumentaban de manera espectacular con la nueva combinaciĂłn. A medida que nuestros antepasados iban descubriendo nuevas aplicaciones para sus herramientas, naciĂł en ellos la sensibilidad estĂŠtica. Puede que todavĂ­a no se tratase de arte, pero en esta fase del desarrollo aumentĂł con rapidez la preferencia por los utensilios de piedra simĂŠtricos y de gran tamaĂąo, por los objetos insĂłlitos, como los fĂłsiles, o por los colores llamativos. Ello condujo a nuevas formas de expresiĂłn artĂ­stica, desde la decoraciĂłn de herramientas y la confecciĂłn de adornos per-

Polifacético, flexible e ingenioso  

De entre todas las especies que han aparecido a lo largo de la evolución del género Homo, solo Homo sapiens ha conseguido perdurar hasta nue...

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