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Humedales y ramblas de la Región de Murcia

pretativos. En ellos se podría interpretar el valor biológico de las charcas, como el producto de la interacción de la actividad ganadera con el medio a lo largo de la historia. Finalmente, sin duda existe un condicionante litológico para la creación de charcas ganaderas típicas, como es la disponibilidad de sustratos impermeables (margas y arcillas), que favorecen la escorrentía superficial y resultan de fácil modelado. Donde éstas no están presentes, las charcas son sustituidas por otro tipo de cubetas, normalmente de fábrica (balsas), con sistemas diferentes de alimentación. Aun así, incluso en zonas con otra litología, a veces se crean charcas análogas a las ganaderas, interceptando líneas de escorrentía natural e impermeabilizando la cubeta con un sustrato artificial (un ejemplo es la charca de Carrascoy (C1). Otras charcas o pozas, como el sistema del charco del Zorro de Jumilla, son el resultado del represamiento de arroyos o surgencias, o por la extracción de gravas o arcillas (gravera de la rambla de las Moreras, C7; charcas de la Fuente del Pinar, C35 y C36). Existen, finalmente, charcas naturales como la situada en la desembocadura de la rambla de Las Moreras (C8), pero éstas son las más escasas. Según los datos del inventario, en las charcas predomina el uso ganadero (68,5%) y, en menor medida, recreativo (14,2%). En menor proporción sirven para abastecimiento de agua o para riego. En cuanto a los impactos, se ven afectadas sobre todo por la carga ganadera (22,85% de las inventariadas), con efectos como la compactación del sustrato, eliminación de la vegetación palustre, aumento de la turbidez y eutrofización, si bien se trata de consecuencias colaterales del uso que garantiza su mantenimiento. También destaca por su frecuencia (17,14%) el vertido de residuos sólidos. Un 14% de las charcas se ven afectadas también por el abandono de su uso (equivalente a falta de mantenimiento, que dificulta o impide la captación de agua) y un porcentaje similar por incendios que destruyen la vegetación palustre. La falta de uso y mantenimiento provoca normalmente la marginación del humedal dentro del sistema de explotación de la finca y aumenta la probabilidad de relleno, roturación... En conjunto, la situación de este tipo de humedal dista de ser satisfactoria. Pese a su valor como refugio de biodiversidad y a las diversas

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funciones que pueden desempeñar (abrevadero de ganado, bebedero para la fauna cinegética, aprovisionamiento localizado de agua...), estas charcas son en algunos casos destruidas directamente por roturación, infraestructuras..., o alteradas indirectamente por acciones sobre sus zonas de alimentación o recogida de agua, desecándolas. La falta de mantenimiento de sus cubetas puede ser también un factor de alteración de las charcas ganaderas, dado que sufren una intensa colmatación y la colonización por vegetación durante la fase seca, que facilita su aterramiento e incrementa su temporalidad. Obviamente, no puede realizarse un análisis comparativo con el inventario de 1990, ya que en 2000 se han incorporado muchas nuevas charcas que ya debían existir entonces. Las variaciones de superficie tampoco son un indicador fiable de tendencia, ya que en 1990 este atributo no fue establecido con gran precisión. Sí se ha podido constatar la desaparición completa de 7 charcas, por dos causas fundamentales: la roturación directa (charca de la Casa de Bulleros, C13; charca en el camino a la Casa de Bulleros, C14), y la construcción de infraestructuras (charco del Buey, C16, afectado por el trazado del gasoducto Cartagena-Puertollano; charca de la Venta Puñales, C29, destruida durante la construcción de la Autovía Murcia-Madrid). La variación de superficie en este tipo de humedal arroja un balance positivo, con un aumento de 11,2 ha (123%) que resulta sobre todo del aumento de superficie de la gravera de la rambla de las Moreras (C7). Este humedal ha recibido un aporte creciente de las aguas residuales de Mazarrón (MÉNDEZ et al., 1996), por lo que el aumento global del tipo “charcas y pozas” obedecería en realidad a un impacto, el vertido de residuos líquidos urbanos. La charca litoral situada aguas abajo, en la desembocadura de la rambla (C8), ha disminuido aparentemente de superficie, pese a que actualmente recibe un aporte continuo de agua procedente de una cercana desaladora. La proximidad de algunas charcas a carreteras las hace muy sensibles a la destrucción por obras de ampliación o rectificación de trazado. Alguna charca se ha visto también alterada por estas actuaciones, de forma indirecta, cuando el drenaje que la alimenta se ve interrumpido por la infraestructura (charca “El Barbo”, C11).

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