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Humedales y ramblas de la Región de Murcia

De acuerdo con los datos incluidos en el IRH2000, en el Mar Menor se desarrollan fundamentalmente actividades recreativas (náutico-deportivas, baño, etc.), medicinales (baños terapéuticos), de extracción de arena (para regeneración de playas), militares, de transporte (líneas de transporte de turistas), pesca, marisqueo y acuicultura. No todos estos usos tienen la misma intensidad ni afectan a la misma extensión del humedal. Los más extendidos e intensivos son los usos recreativo-turísticos. La pesca se encuentra en declive por la disminución de las capturas, pero tiene una gran extensión superficial (probablemente en un intento por compensar su escaso rendimiento). Al mismo tiempo, este humedal experimenta probablemente la más amplia variedad de impactos que puede encontrarse en la Región: vertido de residuos sólidos, alteración del régimen hídrico (por apertura de canales), presión recreativa, cultivos y urbanizaciones en el entorno, dragados, drenaje y residuos agrícolas, residuos líquidos urbanos, vuelo de aeronaves, tráfico de embarcaciones a motor, rellenos y eutrofización. Como en el caso de las actividades, estos impactos varían en intensidad, extensión y localización. Los primeros impactos se remontan a los siglos XVI y XVII y se intensifican a finales del siglo XIX, cuando la deforestación y la minería en la cuenca circundante indujeron un incremento de diez veces las tasas de sedimentación en la laguna desde los 30 mm/siglo a los 30 cm/siglo. La minería es una de las actividades más antiguas de las desarrolladas en el área del Mar Menor, remontándose a 2000 a. C. Su incremento

Canal del Estacio. Principal vía de intercambio de agua entre el mar Mediterráneo y el Mar Menor

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en intensidad hasta la pasada década condujo a un fuerte aumento del contenido en metales pesados del sedimento. Desde la década de los 50, los vertidos fueron desviados hacia la bahía de Portmán y, desde entonces, los niveles de metales se mantienen altos, pero constantes. Estas actividades, junto con el desarrollo de salinas en las lagunas marginales (San Pedro, Los Narejos, Lo Poyo, Cabo de Palos o Marchamalo) y el desarrollo de planes de drenaje para usos agrícolas, junto a los procesos naturales de sedimentación y colmatación, han jugado un papel decisivo en la pérdida de superficie y profundidad del Mar Menor. Desde el inicio de los primeros asentamientos turísticos, en la primera mitad del siglo XIX, hasta el presente, la reducción del tamaño de la laguna se ha visto acelerada. Entre 1937 y 1976, la superficie de ribera ocupada por edificaciones se incrementó desde el 12% al 54%. En la actualidad, las actividades que conducen al relleno de terrenos ganados al mar incluyen la creación de nuevas playas, la construcción de paseos marítimos, la construcción de puertos e incluso carreteras. La incompatibilidad de algunos usos, como el desarrollo urbano y los usos militares o las salinas, junto con las iniciativas de protección de estos lugares, ha impedido que el porcentaje de superficie construida haya seguido creciendo al mismo ritmo. Ahora el crecimiento se produce más en profundidad que a lo largo de la línea de costa. El incremento de las áreas turísticas lleva consigo la construcción de puertos. Actualmente, su densidad es casi de 2 puertos/10 km y algunos de ellos están separados por menos de 800 m. La elevada evapotranspiración potencial de la zona, próxima a 900 mm, conduce a un déficit del balance hídrico que excede los 60.000 m3/km2. Las condiciones hídricas que esto implica condicionan el funcionamiento del Mar Menor (LÓPEZ BERMÚDEZ et al., 1981) y que se comporte como una cuenca de concentración. Los vientos dominantes, levantes y lebeches, son los que ejercen una mayor influencia en el oleaje y en la dinámica de las corrientes. Con excepción de la rambla del Albujón, y a pesar de que hay una veintena de ramblas que desembocan en el Mar Menor, no hay cauces con un flujo de agua permanente hacia la laguna

Humedales y Ramblas de la Región de Murcia  
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