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Arte, literatura y ciencia; ¿Nacen o desembocan en un mismo océano? Alba Bállega Fernández Nadie niega la necesidad de desarrollo, progreso y evolución. Aun así, echando la vista atrás, podemos encontrar ciertas ideas y pensamientos típicos de otras épocas que ya sea por infravaloración, torpeza u omisión, han sido olvidados, estancados y reducidos a simples características de estas etapas. Pero, ¿por qué en vez de empeñarnos en crear nuevos conceptos e impresiones no desarrollamos lo mejor de cada era? Este es el caso de la percepción del arte, la literatura y la ciencia como partes de un todo supremo íntimamente relacionadas entre sí. Este acontecimiento, situado temporalmente en el Renacimiento, floreció gracias al Humanismo, una corriente intelectual, cultural y filosófica de la época, inspirada en la antigua Grecia, en la que la sabiduría y formación de las personas cobraban su máxima importancia en toda la historia. El principal exponente de esta percepción es sin duda alguna Leonardo da Vinci, pintor, anatomista, escritor, escultor, inventor, filósofo, ingeniero, botánico, arquitecto, urbanista, músico y poeta. Todos sus trabajos, ya sean artísticos o literarios están relacionados con sus conocimientos científicos, logrando otorgar a sus proyectos, elaborados y perfeccionistas, una visión realista. En sus obras pictóricas y escultóricas, el artista presta mucha atención a las proporciones, atendiendo a la anatomía tanto de las personas como de los animales que refleja. Mientras, en sus obras literarias, da Vinci procura que sus escritos estén prendados en todo momento de una rigurosa lógica científica, tanto en los acontecimientos propios de la naturaleza, como en el desarrollo de los sentimientos y de la psicología. Leonardo da Vinci es quien mejor lleva a cabo el interés por todos los campos de la cultura, pero a pesar de ello, no es el único, pues los hombres del Renacimiento se caracterizan por un profundo deseo de explorar la naturaleza y de expresar sus sentimientos artística y literariamente. Lamentablemente, esta época de esplendor intelectual no duraría mucho y el avance del tiempo trajo consigo un separatismo entre los distintos campos, cobrando cada uno un carácter independiente. El anhelo de los seres humanos en profundizar en las materias y en segregarlas y clasificarlas hizo que se dejasen de plantear como parte de un gran conjunto. Esta segregación y clasificación originó que los conceptos se formulasen como distintos, incluso contrapuestos, lo que causó que las propias personas, hoy en día, también se segreguen y clasifiquen.


No es difícil, en un instituto por ejemplo, oír frases tales que: “perdón por mi ortografía, es que soy de ciencias”, “no entiendo por qué en un bachillerato de letras hay que dar matemáticas”, etc. Estas oraciones no son más que un fiel reflejo de la realidad. Desde muy jóvenes nos enseñan que nuestra formación se basará en optar qué nos gusta, “si mates o lengua”, y a partir de esta primera elección, nuestro sistema académico nos va instruyendo en campos cada vez más específicos y aquí es donde aparece el conflicto: el sistema educativo actual nos niega de alguna manera o hace que terminemos negándonos a poseer más conocimientos de los que se espera de nuestra elección, aunque hayamos sido nosotros mismos quienes hayamos decidido escoger un camino u otro renunciado a abarcar todos los sectores que nos sean posibles, cerrándonos a otras disciplinas en vez de buscar la parte de ellas que más nos atrae. Pero lo cierto es que no seas un virtuoso en el mundo de la tecnología no quiere decir que no puedas emocionarte los avances en robótica. Pero, ¿en verdad son tan distintos estos campos? ¿No son los análisis sintácticos un cierto orden lógico y matemático como lo son las ecuaciones? ¿Y la métrica de los poemas? ¿No son los sentimientos descritos mediante obras pictóricas o literarias reseñas de las reacciones químicas biológicas? Es imposible negar que arte, literatura y ciencia no comparten características similares. Por un lado, los tres tratan de hallar la verdad, comprender el mundo y contribuir en su desarrollo y avance. En un primer momento, se puede pensar que buscan comprender conceptos distintos, pero cuando nos detenemos a observar cómo los tres campos tratan de desarrollar elementos del mundo y del ser humano tan complejos como el Universo, la vida (o no vida) después de la muerte, los sueños, las percepciones y sensaciones y los sentimientos. Por el otro lado, el arte, la literatura y la ciencia tienen una fuente de origen común: la inspiración. No se puede pretender avanzar ni contribuir en ninguno de estos campos (o al menos hacerlo de la manera correcta) sin antes haberse “encendido una bombilla en la cabeza”, la cual necesita pasión y deseo de descubrir o crear algo único. Por ello, las disputas por intentar hallar cuál de los tres campos posee mayor importancia son inútiles. Es cierto que los avances científicos hacen crecer el arte y la literatura, pero no obstante, el arte y la literatura han servido como musa para muchos de estos avances, por no mencionar la gran cantidad de obras encontradas que, o bien por ignorancia de este, o bien por la imaginación de su creador, se adelantaban a su época y predecían esbozos de avances tecnológicos o ideas científicas que se desarrollarían más adelante, como es la concepción del interior de la tierra por Julio Verne en su novela “Viaje al centro de la Tierra”. Arte, literatura y ciencia están más ligados de lo que nosotros creemos y por este motivo, no hay mejor manera de comprenderlos que verlos como partes de un conjunto. Una de las metas más próximas para el ser humano en esta nueva etapa que es la Edad Moderna, debería ser sin duda conseguir aunar en


una estas tres ideas, siendo capaz de manejarlas simultĂĄneamente en una perfecta armonĂ­a. De esta forma, alcanzaremos un desarrollo intelectual que marcarĂĄ con gran huella la historia de la humanidad.


Ciencia y Literatura: ¿Nacen o desembocan en un mismo Océano? (Alba B.)