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30 // OPINION

Perdón por mi ignorancia ENRIQUE PINTI

Desde mi ignorancia -confesada muchas veces públicamente- acerca de una materia tan complicada como la economía de un Estado y, por extensión, de la economía mundial, no deja de asombrarme la catástrofe financiera que con un letal efecto dominó viene aquejando a nuestro atribulado planeta Tierra desde hace ya demasiado tiempo. Seguramente no es la primera hecatombe ni desgraciadamente será la última, pero el remolino de quiebras, bancarrotas, burbujas explosivas y deudas multibillonarias que como un vendaval sacude a países pobres, ricos, riquísimos, poderosos, débiles, grandes y pequeños gobernados por muy diversas políticas y con historias muy diferentes, no deja de llamar mi atención, usualmente más contemplativa con aspectos culturales, costumbres y conductas individuales o masivas de pueblos propios y ajenos. Ya se sabe que nada es para siempre. Desde nuestra propia existencia, que tiene fecha de nacimiento y vencimiento (gracias a Dios ésta última no la sabemos hasta que llega) hasta los procesos históricos que han visto nacer, desarrollarse y extinguirse a grandes imperios, todo es perecedero.

Cayó Grecia, cayó Roma, cayó la monarquía absoluta de Francia y cayeron los poderes colonialistas de España, Inglaterra y Holanda; cayeron los zares y sus siglos de poderío, Hitler y Mussolini con su nazi-fascismo, Stalin y luego la perestroika, y el muro de Berlín; emergió China como gigante económico, desaparecieron las dictaduras de la Europa del Este y las militares de América latina, cayó el apartheid y Mandela pasó de la celda a la Casa de Gobierno. Esto ya lo sabemos, nada es eterno, por lo tanto no es cuestión de encogerse de hombros y decir: ¡Bah! ¡Esto es pasajero, coyuntural, Europa seguirá siendo Europa y Estados Unidos será Estados Unidos! Sí, todo bien, pero, ¿cómo quedaría Europa? ¿Cómo seguirá Estados Unidos? Porque una cosa son crisis como la de los años 30 o las de posguerra, tanto en América como en el Viejo Continente, y otra muy distinta es esta situación actual que lleva a peligros de default, palabra sólo aplicada diez años atrás a países subdesarrollados que figuraban diariamente en la picota mediática como ejemplos bochornosos para

no seguir, por errores atribuidos a la corrupción y el desorden administrativo propios de territorios poco confiables y sin seguridad financiera. Por eso se los calificaba como de riesgo y aquel famoso riesgo país nos avergonzaba con cifras escandalosamente altas. Curiosamente este ignorante económico no ve hoy en día publicado ninguno de esos horribles índices asociado a los estados que naufragan en su macro y micro economía con altos niveles de desocupación, desalojos diarios de ciudadanos que quedan en la puta calle por no poder cumplir con los bancos, inseguridad y aumento del delito debido a las crisis económicas y morales de sociedades otrora prósperas, cesación de pagos, gastos públicos que pasan

del despilfarro al ajuste salvaje, pasando por burocracia, corrupción y un descontento general por la lenta marcha de una justicia fuera de tiempo y lugar, con el agregado en alguna de esas potencias de variadas formas de terrorismo, generando paranoias y mal clima social, parecería que el riesgo es sólo para los subdesarrollados. Gobernantes del tronco socialista (Zapatero) y conservador (Berlusconi o Sarkozy) llegan más o menos al mismo horror agitando distintas banderas y discursos opuestos. Obama, liberal demócrata Premio Nobel de la Paz, se encuentra en un brete impensado cuando hace poco subió al poder con una aclamación mundial. Perdón por ser simplista, ingenuo, elemental o como quieran llamarme, pero si gente tan diferente desde posiciones tan diversas llegan al mismo tipo de catástrofe gobernando países ricos, poderosos y con historia democrática prolongada, ¿no será que algo fundamental del sistema falló y sigue fallando? El comunismo cayó y asumió su fracaso, el capitalismo no tiene por qué caer si los que gobiernan asumen que algo ¡vaya a saber qué! ha fallado. ¡Ojalá este ignorante lo supiera! Para eso están ellos, los que se erigen en países guías y forman clubes poderosos que, cual maestros ciruelas, quieren enseñar sin ir a la escuela.n

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