Page 1


NOCHE DE TERROR Sofía estaba medio sentada con su espalda recostada en el respaldo de su cama. Como aún no tenía sueño encendió la televisión.

Empezó a cambiar de una canal a otro hasta que encontró uno donde estaban dando una película de terror. Dejó el mando a un lado y se puso cómoda, pues la película parecía buena.

Se metió tanto en la película que empezó a asustarse. Buscó el mando para cambiar de canal; lo había dejado a su lado, sobre la cama, pero no lo encontraba.

Levantó la sábana, buscó la almohada, miró en el suelo. De repente le tele saltó a otro canal y a otro, y

siguió cambiando. Sofía, horrorizada, se preguntaba qué estaba pasando, de pronto escuchó una risita entrecortada, como si alguien se tapara la boca para

que no la oyeran reír; el sonido venía debajo de su cama. Alicia Gracia Laplaza (2ºA) Ganadora (1º-2º E.S.O.)


LA SOMBRA Él sólo aparece cuando la habitación está oscura, al encender la luz no es más que una silla o una sudadera, todas las noches lo mismo, me observa y no me deja dormir.

De repente, una noche se levanta y se acerca, sólo es una pesadilla -pienso- es sólo un sueño.

Cada vez se acerca más, está llegando, cierro los ojos, intento encender la luz, pero ya es tarde. Está ahí mirándome, ¿es real? ¿es un sueño? Aprieto fuerte los ojos, pero no se va... Ya no es un sueño, esta vez es real. Álvaro Rodríguez Moliner (2ºB) Finalista (1º-2º E.S.O.)


Una noche más, aquel sueño me había despertado sudando por todos mis poros. Cuando abrí los ojos, me sorprendí

a mí mismo

agarrando

con

fuerza las

sábanas. Respiré hondo, tratando de relajarme. Me

levanté, quizá para despejarme un poco y fui a la cocina en la penumbra de la noche, descalzo, a por un vaso de agua. Localicé una de las diminutas luces del

frigorífico y alcancé su puerta para abrirla. La luz del interior iluminó la estancia. Quedé horrorizado al

instante. Estaba empapado de sangre, y no de sudor

como había pensado. Miré a mis pies, de pronto húmedos.

Bajo

ellos,

un

charco

color

bermellón

parecía crecer segundo a segundo. Cundió el pánico,

pero antes de precipitarme al suelo mientras perdía la

consciencia pude escuchar esa siniestra risa con la que llevaba soñando más de dos meses a mis espaldas, disfrutando de cómo se me escapaba la vida en un agónico y eterno suspiro. Calíope.


LA MUERTE QUERÍA MÁS “Aunque vivas en el pasado, tendrás que vivir en el presente en un futuro”.

Qué razón tenía, no le quise hacer caso, me negué a escucharle, a aceptar que todo había acabado.

Me negaba a despertarme y ver que no había sido una pesadilla, sino la realidad, la había perdido, había dejado que la muerte la abrazara y se la llevara.

Todo sucedió una noche de verano, estábamos en la terraza

hablando

cuando

llegó

aquel

extraño,

encapuchado, con su túnica negra, se confundía con la

noche, sólo sus huesudas manos se apreciaban en la oscuridad.

Cuando llegó a nuestra altura sacó una bola de cristal del interior de su túnica y dijo: “Tu futuro, si vives”.

En la bola aparecieron unas imágenes de tiempos oscuros y yo, era el rey. Un escalofrío recorrió mi

cuerpo, tenía miedo, sabía quiñen era el encapuchado, la muerte.

“Dame la mano y esto no sucederá” dijo tendiéndome su esquelética mano, lo miré, tenía miedo pero debía hacerlo, no quería que hubiera un futuro negro.

Cuando iba a darle la mano mi madre se adelantó y la muerte se la llevó.

Todo siguió igual, no fracasé.

La muerte, ansiosa de almas, cavila sus tretas. Laura Driesen Martín (3ºC) Finalista (3º-4º)


BULIMIA Todas las noches se despertaba y, como siempre, sentía un “aleteo”

constante

en

su

cabeza

que

la

turbaba,

acompañada de un “agudo graznido” que no cesaba.

Sin saber cómo se dirigía al baño como un autómata presuroso y levantaba la tapa del inodoro.

Tenía la imperiosa necesidad de atisbar aquel oscuro

“nido” infestado de gérmenes y de llenarlo con sus brotadas nauseas.

Y allí, de rodillas, entre pútridas arcadas de agonía se desahogaba y entonces, sólo entonces, se calmaba. Después, volvía a la cama y dejaba descansar su escuálido cuerpo. Pero esa noche no fue como las demás... Próxima

al

duro

mármol,

sus

piernas

lánguidas

y

pesarosas se desplomaban en el frío suelo mientras un devenir tambaleante le turbaba la vista.

Su mirada cautiva contemplaba la dantesca escena. La

tapa del inodoro comenzó a elevarse sola, emergiendo de la nada el enorme cuervo negro que ella misma había creado.

De pico córvido y ojos penetrantes, alzó sus alas y voló hasta su presa para picotear los restos mortales del alma que tanto se había quejado.

Entonces por fin lo entendió, aunque ya no sirviera de nada. En su lecho de muerte tomó conciencia que “si alimentas la bestia que anida en tu mente acabará devorándote muy lentamente”.

Cristina Gavilán (1º CF SUPER.) Ganadora Bachillerato y Ciclos


Odio los días de lluvia... Hace horas que se puso el sol y no me puedo dormir...

“Si cierro los ojos, dejará de llover...” El viento golpea la fachada y tras ella está mi cama... “Se

siente cómo

miedo...” Es

el

susurro

el viento

de

un

rasga la pared...

claustro

en

silencio...

tengo esas

melodiosas voces inquietan a las nubes y empujan la lluvia contra la ventana... reptan por la chimenea... se acercan hasta la rendija de la puerta... “Tengo miedo...”

Tumbado, mirando a la pared... si me giro me perderé en la oscuridad de mi habitación...

“Me da miedo la sombra que me mira desde atrás...”

La ventana dibuja distorsiones que a mis ojos intentan destaparme... aferro más la capa que me separa de la locura, el fino hilo de araña que si quiebra, me obligará a gritar...

“Si cierro los ojos... dejará de llover...” El Ángel Negro

I CONCURSO DE MICRORRELATOS DE TERROR  

MICRORRELATOS DE TERROR PREMIADOS EN EL CONCURSO ORGANIZADO EN EL I.E.S. HERMANOS ARGENSOLA (BARBASTRO) HUESCA