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Unidos en lo importante

verdulera, jefa o sargenta, que aportan el significado de mujer ordinaria en el primer caso y autoritaria en los dos restantes. Tampoco hay simetría en algunos tratamientos para dirigirnos a varones o mujeres. Así, es frecuente anteponer el artículo al apellido de mujeres famosas en el mundo de las letras, las artes o la política mientras que no se hace lo mismo para nombres de varones famosos en estos campos. Habría que procurar hacer una designación semejante independientemente del sexo de la persona nombrada. De igual forma con el término “señora”/”señorita” hacemos referencia al estado civil de la mujer (casada/soltera) mientras que el término “señor” se refiere a todos los varones independientemente de su estado civil. También acudimos al uso de expresiones que indican relación de dependencia o subordinación de las mujeres hacia sus maridos, tales como “Señora de López”, “Viuda de García”, etc. Independientemente de la decisión de la mujer de adoptar el apellido de su marido, la preposición “de” convendría suprimirla para evitar ese significado de sumisión al varón. Quizás donde podemos encontrar más casos de uso sexista del lenguaje es en aquellos términos referentes a las profesiones u oficios. Hemos de tener en cuenta que hasta hace relativamente poco tiempo había profesiones que solamente eran ejercidas por varones, tales como vigilantes de seguridad, mecánicos, cargos del ejército, de la justicia, la política, etc. Por tanto, cuando progresivamente comienzan 62

a incorporarse mujeres a estos ámbitos laborales, no se sabía muy bien como designarlas. Aún más complicado era esta labor, si tenemos en cuenta que muchos femeninos de profesiones tradicionalmente masculinas eran utilizados para referirse a la mujer del sujeto que ejercía dicha profesión. La R.A.E tardó en aprobar el uso de voces como “médica” o “abogada” con el sentido de mujeres que realizan dichas profesiones. De hecho, aún se muestra cierta resistencia a aceptar términos como “magistrada”, “notaria”, “jueza”, “fiscala”, etc. Podemos destacar los recientes esfuerzos desde diversas administraciones para desterrar los usos sexistas del lenguaje. Son numerosas las guías elaboradas para este fin por ayuntamientos, instituciones y diversos organismos estatales. Estos esfuerzos no son siempre bien admitidos por todos los usuarios, que tienden mayoritariamente al inmovilismo conservador en cuestiones lingüísticas. Hemos de pensar que la función principal de una lengua es la de servir de vehículo de comunicación para darle forma a la realidad que nos rodea. La realidad no es estanca, los cambios se producen continuamente. Si no somos capaces de actualizar nuestro lenguaje según va cambiando nuestro entorno y modos de pensar, la comunicación se empobrece y la lengua pierde su utilidad para explicar lo que acontece. El lenguaje debe evolucionar al mismo nivel que la sociedad que la utiliza. Debe emplearse correctamente, observando sus normas y costumbres, pero sin llegar a momi-

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Revista Área Educativa Número 8  

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