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Unidos en lo importante

Pero, ¿y los padres? ¿Realmente ven en la música una disciplina en la que sus hijos pueden sacar provecho? ¿Los animan para que continúen con su esfuerzo de llevar adelante el doble currículo? No debe olvidarse que aquellos alumnos que optan por los estudios musicales a nivel profesional, no tienen ningún tipo de ventaja académica en lo que a número de asignaturas o tiempo lectivo se refiere. Por tanto, están obligados a estudiar por un lado las asignaturas de las enseñanzas generales (que con la nueva ley de educación, en algunos casos se antoja quizás algo densas), y por otro las asignaturas (teóricas y prácticas) que componen el currículo musical. Los padres, en su afán de querer lo mejor para sus hijos, se ven entonces ante la duda de si animar a sus hijos a continuar con sus estudios musicales o sugerirles que abandonen (por un tiempo o indefinidamente) el conservatorio; ya que, hoy en día, son pocos los padres que se plantean la opción de motivar a sus hijos hacia la exclusividad musical (una vez, eso sí superados los estudios obligatorios). Ciertamente, no les falta razón en el hecho de que una buena formación general es fundamental para el posterior desarrollo en la vida de sus hijos. Pero no es menos cierto que hay que saber ver y detectar aquellas capacidades que nos hacen únicos. Padres y profesores, deben estar coordinados para “rescatar” a aquellos alumnos que verdaderamente sobresalen en el campo musical por sus habilidades innatas, y por su capacidad de rentabilizar al máximo su trabajo con el instrumento. 50

Es evidente que no todos los alumnos que comienzan los estudios musicales son aptos para llegar a ser grandes profesionales de la música. Pero también es cierto que un grupo de ellos sí lo son. Y es precisamente sobre este grupo donde debe incidirse y debe hacerse una labor temprana por parte de los padres y profesores, en aras a dar todo el apoyo y facilidad posible (traslados al centro de estudios, material, asistencia a conciertos…) de manera que el alumno perciban que en casa le apoyan y están con él. Por ello los padres, como responsables en una primera etapa de la educación de sus hijos, deben potenciar este tipo de entorno, que sin duda redundará en una mejora tanto en el potencial intelectual como afectivo del alumno. El saber detectar esta situación, es tarea de todos: padres, profesores, equipo docente en general… A veces simplemente basta con acudir a recoger a su hijo al centro de estudios para encontrarse con el profesor y poder intercambiar con él algunas palabras que le den un norte de cómo trabaja su hijo en las clases. Otras veces, simplemente es necesario darle la oportunidad de que experimente por sí mismo aquella actividad que le atrae. Nunca por obligación (cuántos padres matriculan a sus hijos en centros de música porque es a ELLOS a quienes les hubiera gustado estudiar música…). Nos sorprenderíamos de lo poco que hace falta, a veces, para ser felices.

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Revista Área Educativa Número 8  

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