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Una publicación del Archivo Histórico Municipal Año XII - Nº 27 - Junio 2012 DISTRIBUCIÓN GRATUITA www.archivodepunta.com.ar


B. de Irigoyen 362 - Punta Alta - Tel. 02932 - 423043

Instituto Cultural


editorial

Municipalidad de Cnel. de Marina Leonardo Rosales Punta Alta Dirección de Cultura

autoridades

Ing. Néstor Hugo Starc Intendente Municipal

Fernando Quiroga DIRECTOR DE CULTURA

equipo de trabajo coordinación general Prof. Luciano Izarra

investigación y texto Prof. Fernanda Martel colaboradores Prof. Guillermo Bertinat Lic. Gustavo Chalier Arq. Graciela Britos Prof. Romina Amarfil Lic. Sergio Soler Lorenzo Ramos Roberto Hernandez Sebastián Lobos diagramación y diseño D.G. Mauricio Rossello impresión Multigráfica

El Archivo está con un nuevo número en la calle, el primero de 2012, dedicado íntegramente a un tema que siempre despertó el interés y la curiosidad de todos los rosaleños. Desde siempre, el Archivo Histórico Municipal ha recibido y recibe consultas frecuentes de alumnos, docentes y público en general acerca del cementerio ubicado a la vera de la ruta 229, en el cruce de Villa del Mar. Y alrededor de él, se han venido tejiendo un número grande de leyendas urbanas, de historias más o menos fantásticas, de versiones, que buscan explicar o legitimar su existencia y su particular aspecto. ¿Qué hace un cementerio en la Base Naval? ¿Quiénes están enterrados allí? ¿Por qué las tumbas son todas iguales? Estos interrogantes han surgido naturalmente en la sociedad rosaleña por años, y obedecen a la escasa y muchas veces contradictoria información que circula por la ciudad. Para responder a estos interrogantes, el equipo del Archivo Histórico Municipal inició un trabajo de investigación profundo de varios meses de duración, que incluyó estudios de las actas de defunción que obran en poder del Registro Civil de la Base Naval, consultas de planos y un trabajo de relevamiento in situ; además, fue necesario recurrir a bibliografía de apoyo. Todo esto para despejar el interrogante del cementerio de la ruta. Este lugar, que se llama oficialmente Cementerio de Colina Doble, fue el primero de la Base Naval y Punta Alta. En la nota se aclara sus orígenes y se responden y rebaten a algunos mitos que circulan por la comunidad. Pero más allá de esto, el Cementerio de Colina Doble conforma un conjunto patrimonial de alto valor histórico, urbanístico y artístico que se debe conocer para valorar y proteger. Como siempre, El Archivo quiere agradecer a todos cuantos hicieron posible que este número esté nuevamente a consideración del público lector.

sumario Nota de Tapa | COLINA DOBLE Primer cementerio de Punta Alta Patrimonio | Cementerio de Colina Doble Novedades Foto de Tapa: Pórtico de entrada al Cementerio de Colina Doble sobre el camino de acceso a Villa del Mar (foto: Roberto Hernández)

www.archivodepunta.com.ar email: revista_elarchivo@yahoo.com.ar

Esta revista ha sido declarada de «Interés Legislativo» por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires - Resolución N° D/2030/04-05, por el Honorable Concejo Deliberante de Cnel. Rosales - Decreto Nº 45/04 y de «Interés Provincial Cultural» por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, resolución Nº 191/05.

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por Fernanda Martel

COLINA DOBLE pRIMER CEMENTERIO DE PUNTA ALTA Muchas son las historiaS que giran alrededor del cementerio de colina doble, ubicado a la vera de la ruta 229. lo cierto es que fue el primer cementerio de la Base naval y punta alta. A la vera de la ruta 229 en su cruce con el acceso a Villa del Mar pueden verse, detrás de los viejos eucaliptos y pinos y un precario alambrado perimetral, las cruces blancas de un antiguo cementerio. La gente le da diversos nombres: “El cementerio de las cruces blancas”, “El cementerio de la ruta” o “de Villa del Mar”. En realidad, su verdadera denominación es “Cementerio de Colina Doble”, pues así se llama el lugar donde está emplazado. El mismo nombre tiene una historia. El lugar es mencionado ya en las cartas náuticas del estuario trazadas por la expedición del Beagle al mando de Robert Fitz Roy (1832 y 1833), con su nombre en inglés (“Double Hill”); por ello hay que pensar que el topónimo fue puesto en esa exploración, por referencia a dos elevaciones de terreno muy próximas una a otra y visibles desde el mar. El cementerio entonces, es el de Colina Doble y no es otra cosa que la necrópolis de la Base Naval de Puerto Belgrano, el primer lugar de descanso eterno que tuvo Punta Alta. Pero aunque su existencia es conocida por casi todos los rosaleños, poco es lo que se sabe acerca de su verdadera historia, la cual está envuelta en muchas leyendas y relatos, que la memoria popular ha alimentado y mantenido a través del tiempo.

Un cementerio para el Puerto Militar

Para comenzar, es necesario aclarar que la existencia misma del cementerio no encierra ningún misterio. Fue concebido por el ingeniero Luigi Luiggi dentro del proyecto general de construcción del Puerto Militar. Este proyecto incluía, vale la pena recordar, no solamente la proyección de zonas específicamente navales, sino también una inteligente planificación urbana que atendería a la población civil y militar que se preveía poblaría densamente la zona. Es así como se dotó al incipiente núcleo urbano de una serie de edificios y espacios públicos

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(hospital, iglesia, plazas) que incluía, lógicamente, un cementerio. Debe recordarse que inicialmente Luiggi no previó el surgimiento de la actual ciudad de Punta Alta, fuera del sector destinado a la Base Naval; su nacimiento y consolidación como pueblo fue registrada posteriormente en los planos oficiales, pero como un hecho consumado. Se trató de una población creciente que pasó de unos pocos habitantes dispersos antes de 1896 a más de 700 en 1901, según el censo municipal de ese año, que censó a la población efectivamente radicada en Punta Alta, Arroyo Pareja y Ciudad Atlántida. No obstante cabe aclarar que, sumando también a técnicos y obreros que trabajaban en los obrajes del Puerto Militar y era población fluctuante, se alcanza la cifra de aproximadamente 1800 personas para esa época1. En veloz crecimiento se llega a 7500 en 19062. Es digno de puntualizarse que, en tal sentido, la planificación de Luiggi fue perfecta. Como corresponde, el cementerio se hallaba alejado del núcleo poblacional, en el extremo del territorio militar, en una zona contigua a los polvorines en el que no se construirían viviendas. Recién hoy, a más de un siglo de su construcción, Colina Doble, ve aparecer al otro lado de la ruta una serie de casas. El primer enterramiento efectuado en Colina Doble ocurrió el 19 de agosto de 1900 y correspondió al Carbonero de Escuadra Augusto Sala, de 20 años de edad, de nacionalidad argentina, cuyo deceso se produjo a las 01:45 hs. a bordo del acorazado Garibaldi, a consecuencia de “una herida penetrante en el corazón”, según el certificado del Cirujano de Guardia Dr. Ferrand. Es de hacer notar que a pesar que las primeras inhumaciones datan de 1900, la oficina


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vista general del Cementerio de Colina Doble del Registro Civil fue creada casi cuatro años después, el 15 de abril de 1904, a través de un decreto firmado por el entonces presidente Julio A. Roca. Por ello, en las actas de defunciones anteriores a esa fecha puede leerse que éstas se labraban en la Jefatura del Puerto Militar, en aquellos años, a cargo del capitán de navío Luis Maurette. A partir de esto, y teniendo en cuenta que todos los fallecimientos deben ser informados al Registro Nacional de las Personas, la oficina del Registro Civil de Puerto Belgrano asumió desde sus comienzos el cementerio de Colina Doble como parte integrante de su responsabilidad. En un principio fue concebido para inhumar al personal de la Armada, tanto militar como civil, y a sus familiares. Pero también fueron sepultados allí aquellas personas que no tenían parientes en la zona, del mismo modo que los deudos de vecinos de escasos recursos, que no podían afrontar los gastos del traslado de los cuerpos a la necrópolis de Bahía Blanca. Dicha situación recién pudo subsanarse en 1907, cuando se inauguró el actual camposanto de Punta Alta. “En este último día de mi actuación en las obras, pienso con sentimiento y envío un saludo respetuoso a los cooperadores modestos, pero activos y meritorios que duermen el sueño eterno a la sombra de Colina Doble…”3. De esa manera el ingeniero Luiggi se despedía en 1905 y dejaba su cargo como Director General de las obras del Puerto Militar, haciendo una explícita referencia a aquellas personas que habían dejado esta vida en tiempos de la construcción de las obras y yacían en el cementerio.

El cementerio por dentro

De este modo, casi todos los fallecidos en Punta Alta antes de 1907 descansan en Colina Doble. En los comienzos del cementerio, las fosas eran correlativas a las actas de defunciones que se iban labrando; recién a partir de marzo de 1909 se sectorizó el predio en diferentes secciones, otorgando un parcelamiento diferente para niños y adultos. La organización y disposición de las fosas es la siguiente:

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(*) Como “comunes” se designan a las tumbas con restos inhumados identificados

En fecha posterior también se reglamentó todo lo referente al cementerio, definiendo con claridad, entre otros puntos, qué cadáveres pueden ser inhumados: 1- “El Cementerio de la Base Naval estará destinado a dar sepultura a los restos del personal militar fallecido en servicio activo, cuyo cadáver no sea reclamado por su familia […]. Se autorizará u ordenará según el caso la inhumación de: 2- Cadáveres de personas de las familias de militares que hayan fallecido en jurisdicción de la Base Naval, o en los buques que entren a esta Base, siempre que el deceso se haya producido dentro de las 24 horas precedentes a dicha entrada. 3- Civiles, cuyo deceso se haya producido en jurisdicción de la Base Naval o que habiten en ella y cuyos deudos no resuelvan otra cosa; cadáveres que el mar arroje a las playas jurisdiccionales y que se hallaren en la vía pública.”4 En la actualidad el cementerio está organizado en cinco secciones y cuenta, de acuerdo al relevamiento efectuado en junio de 2000, con 1270 tumbas. En los últimos veinte años las inhumaciones han disminuido notablemente, y se procedió exclusivamente al entierro de personal militar retirado, sin familiares en la zona, y religiosas de la Congregación de Hermanas Terciarias Misioneras que se desempeñaban en el Hospital Naval, como también se efectuaron

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traslados del Panteón Naval del cementerio de Punta Alta. Según los datos proporcionados por el Registro Civil de Puerto Belgrano la última inhumación se realizó el 17 de junio de 2000 y correspondió al Vicealmirante (RE) Leandro Mateo Maloberti, ocupando la fosa Nº 283 de la cuarta sección. Todavía se cuenta con lugar para futuras inhumaciones.

Un lugar, muchas leyendas

Alrededor de este camposanto y de sus cruces blancas se urdió un entramado de leyendas urbanas que, como tales, tienen un lejano eco de diferentes acontecimientos ocurridos en diferentes épocas. En este sentido la mitología popular asegura que el cementerio tuvo su origen a consecuencia de situaciones dramáticas vividas en los tiempos de la construcción del Puerto Militar. Algunos sostienen que allí yacen las víctimas de una epidemia ocurrida a principios del siglo XX, o los tripulantes de un barco o submarino alemán que naufragó frente a nuestras costas, o un sinnúmero de conscriptos fallecidos a causa de una vacuna que se experimentó en ellos con resultado fatal. ¿Qué hay de cierto en todos estos relatos? Nada. Acudir a los archivos y documentos históricos nos permite aproximarnos a la respuesta.


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Oficiales del Acorazado San Martín en la inauguración del mausoleo del camarada Raúl Carrizo (Caras y Caretas, Nº 968, 21 de abril de 1917)

Mito I: la epidemia

Con respecto a la versión de la epidemia se sabe, a partir de antiguas publicaciones y testimonios de viejos pobladores, que en Punta Alta hubo dos epidemias de viruela. Dicha enfermedad era considerada una verdadera peste, dada su alta capacidad de contagio, y era muy temida por cierto, pues a lo largo de la historia fue la causante del mayor número de muertes humanas y no existía un tratamiento efectivo de curación. De ello se podría inferir que no es del todo errado pensar en la idea de una epidemia. En Punta Alta la primera aparición de la viruela se produjo a fines de 1905, y la contrajeron dos familias procedentes de Brasil. Aisladas en una precaria vivienda de Ciudad Atlántida, pudieron recuperarse satisfactoriamente, sin lamentar muertes (por lo tanto, ninguno de ellos está en el cementerio). Años después, en febrero de 1936, la viruela volvió a presentarse en el pueblo y lo mantuvo en vilo durante varios meses. Los enfermos ascendieron a un total de veinticinco, de los cuales fallecieron cuatro. El resto se fue recuperando en el lazareto dispuesto para el aislamiento de los enfermos, y luego fueron dados de alta. Como se ve, la cantidad de muertes provocadas en tales ocasiones fue mínima en comparación con el número de inhumaciones que a simple vista presenta el cementerio. Además, cronológicamente los hechos tampoco coinciden, ya que el origen del cementerio es casi un cuarto de siglo anterior.

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PARA ELLAS Y PARA EL

Mito II: Naufragio de nave alemana

En relación al naufragio del barco o submarino alemán, en el acervo del Archivo ninguna documentación ni testimonio oral hace referencia a que haya sucedido. Creemos que posiblemente el mito se originó a partir de la llamativa presencia de dos tumbas similares con inscripciones en alemán. En una, que ostenta la lápida la cruz imperial alemana, se lee “Hier ruht Joh Koldewey”, traducido al español: “Aquí se encuentra Joh(annes) Koldewey”. Debajo se lee “Kapt.d.H.A.L.”, abreviaturas de “Ka-

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Primera Guerra Mundial, y, a su finalización fue cedido a Gran Bretaña como reparación de guerra. Posteriormente rebautizado Valdivia, terminó sus días en las costas chilenas, donde encalló en 1933. Como vemos, en el Puerto Militar no hubo naufragio alguno y la documentación nos permite desestimar por completo esta versión como causa y origen del cementerio de Colina Doble.

Mito III: la vacuna

Con relación a la vacuna fallada, que es otra de las explicaciones que la memoria colectiva ofreció para justificar la existencia del cementerio, se pudo hallar documentación relacionada al tema.

Lápidas del capitán Koldewey y del Dr. Walter, que dan origen al mito del barco alemán. pitän“ (capitán en español), de la Hamburg America Line. Cerca de esta tumba se encuentra otra, con una lápida de forma similar, en la cual se lee “Hier ruht Dr. Th. Walter aus Karlsruhe” que traducido al español es “Aquí se encuentra el Dr. TH(eodore). Walter de Karlsruhe” ¿Quiénes eran estos alemanes, fallecidos en 1916? La consulta de las actas de defunciones nos dio la respuesta. En el acta Nº 9 del día 8 de mayo de 1916 el capitán del vapor de pasajeros Patagonia Johannes Wilhelm Koldewey, de nacionalidad alemana, declaró el fallecimiento de Teodoro Rodolfo Walter, médico del citado vapor, a consecuencia de traumatismos graves por accidente ferroviario. Unos meses después, se labró el acta Nº 32, con fecha 24 de noviembre del mismo año, en la cual el administrador del Hospital Naval declaró el fallecimiento de Hans Koldewey, de nacionalidad alemana, capitán del vapor alemán Patagonia. En el documento se consigna que su muerte se produjo a consecuencia de tétano, según el certificado del Dr. Antonio Silvetti. Ahondando un poco más sobre el vapor Patagonia hemos podido saber que este barco, de bandera alemana, fue internado5 en Puerto Belgrano en 1914, debido al comienzo de la

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A fines de febrero de 1923 en el periódico local Nueva Época comenzó a circular como un rumor y luego fue ganando trascendencia, a pesar del silencio de las autoridades militares. En la edición del día 3 de marzo se publicaba lo siguiente: “[…] En las Baterías, Artillería de Costas, Puerto Militar, a 294 conscriptos de la clase 1902 les ha sido aplicada una inyección preventiva contra el sarampión. El doctor Riberolle (sic), médico militar de la zona, a base de sangre extraida a otros conscriptos afectados de sarampión y otros componentes preparó dicho suero, que le fue aplicado a dichos conscriptos en los días 19, 20 y 21 de febrero, comprobándose sus efectos de lamentables consecuencias 48 horas después, aportando los enfermos temperaturas de 39 y 40 grados. Todos estos enfermos se alojaban en los pabellones del cuartel. Cuando se comprobó los efectos perniciosos de la vacuna, se ordenó el traslado de los enfermos a una enfermería, que es más que esto, un foco de residuos. En la enfermería eran atendidos por el doctor que preparó el suero, quien en una sola noche alcanzó a operar a 84 hombres, dando cada operado 1500 gramos de materias purulentas. Estos trabajos, como dijimos, eran efectuados por la noche. De estos operados, fallecieron varios a causa de una infección que les invadió todo el cuerpo. Los conscriptos, después de ser operados eran nuevamente atendidos, después de 4 o 5


días, por un cabo enfermero, quien por única misión tenía que cambiar la mecha, extraer el pus de la cavidad y poner una nueva mecha. Para realizar esta tarea se carecía del material más indispensable. Se dice que hasta el día 27 de febrero, los fallecidos eran 5. […] Finalmente agregamos que contribuye a evidenciar la gravedad de lo que ocurre, el hecho de que se niega el permiso para visitar a sus respectivos hijos, a algunos padres venidos de ex profeso a esta desde lejanos puntos”.6 El asunto tomó tal relevancia que se hizo presente el director del Servicio de Sanidad de la Armada, Dr. Olaza, con la misión de realizar una investigación acerca de lo sucedido en las Baterías con las inyecciones aplicadas. En la última nota publicada en Nueva Época sobre el asunto se informaba que 5 conscriptos aún se hallaban enfermos de gravedad y 11 habían fallecido, aunque los informes del Dr. Olaza negaban que dichas muertes se hubieran producido por la vacuna, sino a complicaciones del sarampión. No obstante, las dudas acerca de lo que verdaderamente ocurrió con aquella vacuna siempre se mantuvieron. La consulta de los Libros de Actas de Defunciones archivadas en el Registro Civil de la Base Naval nos permite confirmar algo de lo relatado hasta ahora.

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Efectivamente, en el mes de febrero y marzo de 1923 se produjo la muerte de 14 conscriptos. Casi todos fallecieron en la “enfermería de la Séptima Batería (aislamiento)” a causa de “bronco-neumonía post sarampionosa”, según los certificados del Dr. Ribeyrolles. José Ruiz Díaz, Silvano Damasio Díaz, Serafín Ontivero, Bernardo Uriarte, Gregorio Pavón, Eugenio Miramont, Juan Francisco Lamaita, Eustaquio Correa, Martín Dupraz, José Lavere, Domingo Ingaramo, Santos Britos, Cecilio Gallo y Encarnación Ponce son los nombres de aquellos infortunados jóvenes.7 Un antiguo vecino, el señor Guillermo Miguel Morilla, dejó testimonio acerca de otra parte de la historia. Según su relato, al poco tiempo de lo sucedido con el asunto de la vacuna el doctor Ribeyrolles tuvo un grave accidente. Mientras circulaba en su automóvil, en proximidades de la estación Barilari, dentro de la Base Naval, un tren lo arrolló. Si bien él salvó su vida, su pequeña hija murió. El hecho generó gran conmoción en el pueblo y fue considerado por muchos como un castigo divino por las muertes ocurridas años atrás en las Baterías. Dicho testimonio también pudo ser respaldado con la documentación existente, ya que en el acta Nº 24 del 17 de julio de 1927 “don Antonio B. Ribeyrolles […] Cirujano Principal de la Armada Nacional” declaró el fallecimiento de su hija María Angélica del Valle Ribeyrolles, de cuatro años y medio, a consecuencia de “Fractura de la Base del Cráneo”.8 Al igual que con la versión de la epidemia, la memoria popular tomó el hecho histórico -la muerte de los conscriptos en Baterías- y lo adecuó, incluso modificando el contexto temporal, de

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modo que sirva para dar respuesta a la pregunta del origen del cementerio.

Mito IV: todas las tumbas son NN

Las iniciales “N.N.” provienen de la expresión latina nomen nescio y literalmente significan “desconozco el nombre”. Entre los relatos que circulan sobre el cementerio de Colina Doble está el que afirma que todas las tumbas están sin identificar y por lo tanto, se desconoce el nombre de las personas sepultadas. Incluso más. También se afirma que el cementerio es simbólico y por lo tanto, no hay cuerpos enterrados allí. Seguramente, el hecho de que el lugar esté en la zona militar, cerrado al público, con la consiguiente dificultad para ingresar, ha sido caldo de cultivo para alimentar ambas versiones. Sin embargo, la documentación que obra en el Registro Civil de Puerto Belgrano echa por tierra todo esto. Allí están archivados todos los libros de Actas de Defunciones, cuya consulta nos permite conocer al detalle quiénes y desde cuándo están sepultados en dicho cementerio, información que puede ser además contrastada con un relevamiento de las sepulturas que se efectuó en 1990 por personal de la Base Naval. Es cierto que hay un porcentaje considerable de tumbas sin identificar (sobre todo en la sección primera) pero de acuerdo al referido relevamiento, su número asciende a 120 del total de 1270 fosas existentes. Si bien volveremos al punto más adelante, podemos adelantar que en su mayoría se trata de criaturas fallecidas a poco de nacer y no bautizadas por sus padres. ¿Por qué razón surgieron y circulan hasta la actualidad estas leyendas? Creemos que, en gran medida, se debe a la escasez de documentación, sumado a su difícil acceso y a la información errónea que contiene. En el caso del citado relevamiento del cementerio9 se observan, en contraste con las actas de defunciones, numerosos errores en las fechas de inhumación y la grafía de los apellidos. Tal vez el mejor ejemplo es el de Cornelio Von Rees, fallecido el 12 de julio de 1904 y asentado en el acta de defunción Nº 6 de ese año. En el referido relevamiento figura como Coronel Von Rees y con fecha de inhumación 12 de marzo

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de 1900, error que causa una confusión mayor teniendo en cuenta que el mismo documento afirma en su parte introductoria que la primera inhumación correspondió a Augusto Sala, recordemos, ocurrida en agosto de 1900.

A la luz de los documentos

Para conocer un poco más acerca de los orígenes del cementerio de Colina Doble, ha resultado de gran utilidad la consulta y análisis de las actas de defunciones, en especial las que corresponden a los años 1900-1909, es decir, la sección más antigua. Dichas actas nos permiten dar respuesta al por qué de tantas tumbas NN, por ejemplo, y nos aproximan a la idea de cómo se moría (y vivía) en el Puerto Militar en los tiempos de su construcción. Para un observador desprevenido, llama la atención la cantidad de niños enterrados. Es que en esos años iniciales del siglo XX la medicina preventiva se hallaba en sus inicios y no había en lugares alejados como éste las más elementales condiciones sanitarias, pese a la preocupación de las autoridades y de la población en general. Aguas sin tratar, alimentación deficiente, mala calefacción en general y la casi total inexistencia de obras sanitarias y de vacunas contra las enfermedades. A esto le debemos sumar que la medicina, si bien había avanzado considerablemente a lo largo del siglo XIX, aún no daba respuesta eficaz a problemas de salud que hoy son triviales pero que, en esos años, eran graves. Recién a partir de 1870, por ejemplo, los trabajos de Louis Pasteur y Robert Koch permitieron identificar a los microbios como agentes de las enfermedades infecciosas y en esa época, Joseph Lister desarrolla los medios de asepsia y esterilización; los rayos X fueron descubiertos en 1895 y se tuvo que esperar a 1929 para que Alexander Fleming desarrollara la penicilina, el primer antibiótico con lo que se combatieron eficazmente las infecciones. Contra el dolor, la aspirina fue sintetizada en 1897 y en 1914 el médico Luis Agote desarrolló un método para la conservación de la sangre que hizo posible la difusión de las transfusiones a partir de ese año. Todo esto conspiraba contra la vida de la población en general y de los niños en particular. Según las estadísticas, para 1900 la tasa de mortalidad infantil en la Argentina era de 122 por mil nacidos vivos, diez veces mayor que la actual y similar a la de varios de los países


Consagración del Cementerio de Colina Doble (Caras y Caretas, Nº 114, 8 de diciembre de 1900) africanos que hoy en día ostentan los peores indicadores sanitarios. Es muy difícil con los documentos disponibles, realizar estadísticas sanitarias fiables en Punta Alta para esa época, pero la evidencia de tumbas infantiles en gran número denota que la cifra de 122 por mil es indicativa también para esta región. Del total de las fosas NN de la sección primera, solamente dos corresponden a personas adultas. La primera data de noviembre de 1901 y corresponde a un hombre de aproximadamente 45 años cuyo cadáver fue encontrado luego de permanecer 7 u 8 días en el mar. La otra sepultura NN es del año 1906 y corresponde a otro hombre, presumiblemente de apellido Domínguez, que fue hallado muerto en el paraje denominado Triángulo de Maniobra de la zona militar. El resto de las tumbas sin identificar pertenecen a criaturas. Las causas de muerte más frecuentes que figuran en las actas son: “nació muerto/a”, “asfixia” y “falta de desarrollo”, término que hace referencia al nacimiento de bebés prematuros fallecidos pocas horas después. Otro aspecto que se destaca del análisis de las actas de defunción de ese período es el alto porcentaje de niños fallecidos antes del año de vida (muerte perinatal). Constituye el 28% del total de las muertes registradas, sin contar los NN. Una de las causas más comunes de muerte en estos casos era la gastroenteritis (25%). Esta enfermedad es, básicamente, la infección del tubo digestivo, a causa de un virus o

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una bacteria. Los vómitos y la diarrea son los primeros síntomas que conllevan a una intensa y rápida deshidratación por pérdida de sodio, potasio y otros electrolitos, la cual, de no revertirse, puede provocar la muerte. Sin dudas, a principios del siglo XX, la mala calidad del agua y la deficiente conservación de los alimentos, especialmente en época estival, sumado a la falta de hábitos básicos como el aseo de las manos, podían causar en los más pequeños este tipo de afección. El consumo de leche sin pasteurizar también conspiraba en contra de la salud de estos niños. Otras causas de mortalidad infantil que se observan con frecuencia en las actas son bronconeumonía (18%), atrepsia10 (12,5%), tuberculosis (7,8%), tétanos infantil y falta de desarrollo (6,25%). Un porcentaje importante de inhumaciones de la sección primera del cementerio también corresponde a conscriptos. Estamos hablando del 18,5% del total. Una amplia mayoría de estos jóvenes falleció a consecuencia de enfermedades respiratorias (68%), en especial neumonía, bronconeumonía y tuberculosis. En este sentido, sumado a las limitaciones de la ciencia médica de la época, las características de alojamiento y habitabilidad de los cuarteles servían como medio propicio para la propagación de estas enfermedades, a partir del uso compartido de baños, utensilios, ropa de cama, etc. En el caso de la tuberculosis, por ejemplo, no se contaba con ningún agente quimioterápico o antibiótico

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Apostillas

Del análisis de las actas de defunciones se desprenden datos interesantes y curiosidades para dar a conocer: El primer maestro En el acta Nº 109 del primer Libro de Actas de Defunciones consta el fallecimiento de Giácomo Gígola, el primer maestro que se desempeñó como tal en la Escuela Humberto I, la primera institución escolar de nuestro medio. Allí figura que falleció el día 9 de junio de 1903, “a consecuencia de erisipela de la cara (forma gangrenosa)”, según el certificado del Dr. Mario Cornero. Era de nacionalidad italiana y tenía 44 años. Fue sepultado en la fosa Nº 109. “Para inhumar el cadáver se necesita cubrirlo con una capa de cal”, se agrega en el acta. Cabe aclarar que era una práctica habitual en este tipo de afección y se efectuaba con el objetivo de aislar y evitar la expansión de la bacteria causante de la gangrena, a través de su neutralización por la modificación del pH.

Vista del Cementerio de Colina Doble en la actualidad. capaz de combatirla, por lo que era considerada mortal. Recién en 1944 comenzó a usarse la estreptomicina para los tratamientos de la enfermedad y años después, se generalizó la aplicación de la vacuna preventiva (BCG).

Conclusión

Más allá de las fantasías populares y de los mitos urbanos, la realidad histórica en el caso del cementerio de Colina Doble es más simple y natural: fue el primer cementerio local, lugar de descanso de todos cuantos murieron antes de la construcción de la actual necrópolis puntaltense en 1907 y posteriormente, de algunos civiles o militares que cumplieron servicios en la Armada. Pero el conocimiento del origen y función de este lugar debe conllevar a su valoración como lugar de importancia histórica y urbanística. Parte de nuestro patrimonio, marca identitaria en el paisaje, además posee valores arquitectónicos únicos y destacados. La calidad de las construcciones, de las tumbas, la forestación y el mismo diseño de la planta le otorgan una remarcable riqueza estética. Por otra parte, es el primer y único cementerio ubicado dentro de una base naval argentina. Todo esto debe obligar a la comunidad rosaleña a mirar a Colina Doble con otros ojos y a luchar para preservar un lugar que en definitiva es de todos los que habitamos el partido de Coronel Rosales.

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El primer suicidio Le correspondió a un ciudadano alemán, Gustavo Ossemberg, el raro privilegio de ser la primera persona en tomar la determinación de quitarse la vida. Tenía 50 años y era mayordomo de los ingenieros de la empresa Dirks, Dates y Van Hattem. Murió a consecuencia de una “herida perforante en la cabeza por arma de fuego (revolver) penetrando por la sien derecha quedando, el proyectil, incrustado en el parietal izquierdo”(Acta Nº 91bis, 15 de diciembre de 1902). Había dejado una carta donde decía: “He quitado mi vida por estar cansado de ella”. Lo más llamativo de este caso es que no fue sepultado en el Cementerio de Colina doble, sino que expresamente el entierro fue autorizado “en el cementerio de los disidentes”, vale decir, aquellos que no eran católicos. Es de suponer que esto se resolvió así debido a que para la Iglesia Católica el suicidio constituye un pecado mortal y por lo tanto, los suicidas no podían descansar en lugares “consagrados”. Desconocemos hasta el momento dónde se halla el referido cementerio de disidentes. Los Linares Un dato llamativo es que en la sección primera del cementerio de Colina Doble se hallan inhumados los restos de varios miembros de una de las dos parcialidades indígenas de nuestra zona: los Linares. Allí descansan Inocencio (fallecido en 1904 a los 4 meses de edad) y Juana (fallecida en 1908 a los 7 años de edad), ambos hijos de Inocencio y nietos de Fernando Linares, el jefe del grupo. Otros tres nietos fueron sepultados allí: Candelaria y Gabriel (fallecidos en 1904 y 1905 a los 2 y 3 meses de edad respectivamente), hijos de Gabriel y Gerardo (fallecido en 1906 a los 7 años), hijo de Mariano Linares.


Notas

1- Anexo del “Informe sanitario elevado por el Dr. Mario Cornero al Ministro Martín Rivadavia”, mayo 1900 (avalado por el Ing. Luiggi) 2- Censos municipales, en Álbum revista, Punta Alta Ayer y Hoy 1898-1931, Punta Alta, 1931 3- Ingeniero Luis Luiggi, Orden General Nº 141, 31 de marzo de 1905. 4- Reglamento de los Servicios Internos de la BNPB. 5- Durante ambas Guerras Mundiales los buques alemanes quedaban “internados” ya que si salían a alta mar podían ser tomados por los buques de guerra británicos. Quedaban en el puerto ya sea retenidos por las autoridades o por decisión de los propios alemanes. (Ver www.histamar.com.ar) 6- Nueva Época, sábado 3 de marzo de 1923, p. 1. 7- Libro de Actas de Defunciones año 19221923 del Registro Civil de Puerto Belgrano 8- Libro de Actas de Defunciones año 1927 del Registro Civil de Puerto Belgrano. 9- El relevamiento, realizado por personal de la Base Naval, fue publicado en el Boletín Histórico Nº 26 de la Comisión de Reafirmación Histórica de Bahía Blanca. 10- Atrofia general de los recién nacidos.

Fuentes

Registro Civil Base Naval Puerto Belgrano: Libro de Actas de Defunciones, 1900-1938. Registro Civil Base Naval Puerto Belgrano: “Reglamento de los Servicios Internos de la Base Naval Puerto Belgrano”. Cornero, Mario: “Informe sanitario elevado por el Dr. Mario Cornero al Ministro Martín Rivadavia”, mayo 1900 (Archivo General de la Armada, copia en AHMPA nº2140).

Entrevistas

Guillermo Miguel Morilla, entrevista realizada por Guillermo Pradella, cassette 71, lado A, 13 de febrero 1982, Archivo Oral del AHMPA. Dr. Mario Zweedyk, entrevista realizada por Fernanda Martel, 1º de junio de 2012, Archivo Oral del AHMPA.

Bibliografía Álbum revista, Punta Alta Ayer y Hoy 18981931, Punta Alta, 1931.

ruela negra. 1936”, en El Archivo, Año IX, Nº 22, octubre 2009. Archivo Histórico Municipal: “El cementerio de Colina doble”, en El Rosaleño, Punta Alta 24 de septiembre 2002, Año 1 Nº 1 p. 7.

Caras y Caretas, Año II, Nº 114, Buenos Aires, 8 de diciembre de 1900. Crespi Valls Antonio: Gran Álbum de Punta Alta, 1898-1941, Bahía Blanca, Editorial Sureña, 1941. Martos de Rodríguez, Susana; Germani, Carlos Alberto; De Carvalán, Marta: Boletín Histórico Nº 26, Bahía Blanca, Comisión de Reafirmación Histórica de Bahía Blanca, 1998.

Nueva Época, 3 de marzo 1923. Sánchez Norma Isabel: La higiene y los higienistas en la Argentina (1880-1943), Buenos Aires, Sociedad Científica Argentina, 2007. Sánchez, Norma Isabel: “Higienismo y Sanitarismo 1880-1946. Historia de la Salud Pública en la Argentina”, en Todo es Historia Nº 501, abril 2009. Scarsi, José Luis. “En la actual Plaza 1º de Mayo El antiguo cementerio de disidentes”, en Todo es Historia, Nº 498, enero 2009. p. 48-54. Tapia, Ricardo: “Análisis histórico del cementerio puntaltense de Colina Doble, desde un enfoque socio-cultural”, Cátedra de Historia del arte y de la cultura, UNS, Bahía Blanca, 2010. Tapia, Ricardo: “Problemas y causas de las tumbas sin identificar en el cementerio de Colina Doble”, Informe de la cátedra Problemas del conocimiento histórico, UNS, Bahía Blanca 2004. (inédito). www.histamar.com.ar Agradecimientos: Al Jefe de la Base Naval Puerto Belgrano, Capitán de Navío VGM Juan Carlos Temperoni. Al señor Saúl Pinto, encargado del Registro Civil de la BNPB. Al Sr. Carlos Mey Al Dr. Mario Zweedyk.

Amarfil, Romina: “Epidemia en Punta Alta. Vi-

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Patrimonio

Por Arq.Graciela Britos

CEMENTERIO DE “COLINA DOBLE” Un ejemplo de planificación urbana

Fachada del Pabellón Necroscópico (según plano de 1924) Uno de los desafíos más importantes al momento de diagramar un proyecto urbano, como la Base Naval de Puerto Belgrano, es la incorporación en su equipamiento, de un cementerio. Sin embargo, deben tenerse en cuenta una serie de factores, ya que un cementerio genera problemas no sólo sanitarios, sino también ambientales y estéticos. Esto no ocurre así en el caso de los asentamientos urbanos espontáneos, como es Punta Alta, debido a que la determinación para los diferentes equipamientos urbanos, se realiza sin un estudio ni plan previo, estos inconvenientes se agravan. Este tipo de ciudades sigue con su crecimiento y los cementerios, suelen quedar incorporados al espacio urbano residencial. Tal es el caso del Cementerio Municipal de nuestra ciudad creado en 1907, cuando Punta Alta era una delegación del Municipio de Bahía Blanca. En este caso no hubo una planificación previa y, mucho menos, un estudio de las posibilidades de crecimiento, de esta incipiente ciudad. Colina Doble, en cambio, es un ejemplo que denota un acabado estudio y análisis para su ubicación, ya que se lo visualizó de manera global y se determinó una proyección de crecimiento en el tiempo, tanto de la base, como de las localidades que se ubican

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fuera de ella. Van a ser estas premisas, las que lo van a convertir, en un ejemplo de planificación urbana. Nuestro caso El nombre de Colina Doble, responde a la nominación catastral diagramada por el mismo Luiggi, que consta en el plano N° 1 realizado entre 1900 y 1904. Basándose en los estudios realizados para el emplazamiento del cementerio, concluye que esta zona presenta las mejores condiciones, ya que se encuentra alejado de los centros urbanos, pero mantiene una accesibilidad directa. Se ubica sobre la Ruta Nacional N° 229, teniendo como límite Oeste, la ruta de acceso a la localidad de Villa del Mar, donde se definen los dos accesos y, hacia el Sur y el Este, la zona de los Polvorines en la base. Sus límites se visualizan a través de un alambrado con postes de cemento, acompañado de una larga serie de tamariscos, pinos, cipreses y eucaliptos, implantados en el predio de acuerdo al proyecto, que definen el espacio y al mismo tiempo generan el saneamiento ambiental, necesario para estas obras. Tipologías empleadas Desde la antigüedad el tema de la muerte, era una de las grandes preocupaciones. De


allí que cada cultura tuviera su costumbre de enterratorios. Así se van a desarrollar, dos tipologías universales, que definirán las trazas y las formas de sepultura en los cementerios: La Anglosajona, que se desarrolla en Escocia e Inglaterra, adapta el proyecto a la traza del terreno, generando caminos y senderos entre las tumbas subterráneas, que se identifican con cruces, lápidas o mausoleos y donde la vegetación está totalmente integrada al espacio que ocupan las sepulturas. La Latina, se desarrolla en la Península Ibérica, Francia e Italia y define su traza, en un sistema de damero, más planificado, con dos avenidas principales, que dividen el espacio en cuatro cuadrantes donde se ubican las tumbas subterráneas o en pisos superpuestos. Una tercer tipología a tener en cuenta, es la que se aplica a los cementerios militares, donde se prioriza el orden, en su desarrollo, la simpleza, en el sistema para identificar las tumbas, y la igualdad, para determinar la ubicación de las sepulturas, ya que no existen las jerarquías militares. Adaptación tipológica En el desarrollo proyectual de nuestro ejemplo, se conjugan estas tres tipologías, tomando de cada una de ellas, aquellos elementos que completan y definen, la idea que generó el proyecto. De la latina tomará la traza en forma de damero con dos accesos, uno principal, enmarcado por un portal clásico y otro secundario, que lleva a la única construcción existente en el lugar. Con esta traza se define

una avenida principal y otra que la corta perpendicularmente, dando origen a cuatro cuadrantes donde se distribuyen las tumbas. De la anglosajona, va a tomar el sistema de enterratorio, la inhumación, que define tumbas subterráneas ya que son las más adecuadas. También incorporan la masa arbórea que fue proyectada para este espacio, ya que no existía, originalmente en el lugar. Mientras que, de la tipología militar, se toman sus tres principios fundamentales para la diagramación de sus camposantos: orden, igualdad y simplicidad. El resultado de estas adaptaciones, se refleja en la concreción de un espacio, que cumple con las funciones para lo cual fue creado y de manera óptima. Mientras que, al mismo tiempo, se desarrollan todas las premisas ambientales, urbanas y estilísticas, que se habían determinado por proyecto. Desarrollo de la obra La distribución de las sepulturas se resuelve a través de un esquema en damero, donde las dos avenidas principales, dividen al predio en ocho sectores, subdivididos en manzanas, destinados a tumbas. En la intersección de estas dos avenidas se yergue una cruz celta elevada sobre un pedestal escalonado. Si bien se desconocen los motivos por los cuales se determinó la colocación de este símbolo en el transepto de las avenidas, se sabe que esta cruz simboliza la unión de diferentes creencias y culturas, por lo que bien podría ser su causa. Cada uno de estos sectores se destina a militares, civiles, niños y religiosas que pertenecen a la Congregación de Hermanas Terciarias Misioneras, aunque en un principio, no existía esta diferenciación.

Plantas de distribución de los distintos sectores para la ubicación de las tumbas (original y modificación de 1935) 13


Para la identificación de las tumbas, se establece un “Reglamento de los Servicios Internos” en la base, que establece las especificaciones técnicas para los tipos de tumbas. Según consta en el punto 1-“g”, de dicho reglamento, los elementos para identificar las tumbas, “… será de un tipo uniforme realizado por la Base Naval, quedando prohibido la construcción de monumentos, barandillas, crucifijos, etc…”. Asimismo, en el punto 2, explica que, “… se autoriza la colocación de lápidas de mármol natural o reconstruido, candelabros y otros agregados, que cubran las tumbas, previa aprobación del plano correspondiente y siempre que no altere la estructura general…”, lo mismo corre para las “… placas de bronce que se coloquen al pie de de la cruz cabecera o sobre las lápidas…”. De esta manera, se determinan cruces de hormigón armado, elevadas sobre un pedestal escalonado, del mismo material. La forma de enterratorio será por medio de “inhumaciones”, delimitadas por un cordón de ladrillos, con un corte diagonal en uno de sus vértices, que le da un aspecto redondeado. En las cuatro esquinas, presenta un cubo, también de hormigón armado, destacando el

límite espacial de cada tumba. Sobre la losa que cubre la sepultura, se coloca una placa de mármol o bien, se le esparce tierra para que la vegetación crezca de manera natural. Las cruces más antiguas tienen una placa de metal enlozado donde figuran los datos del difunto y el número de tumba, mientras que en las más modernas, las placas son metálicas. Es de resaltar que algunas tumbas se diferencian del resto. Están las que tienen placas de bronce al pie de la cruz, lápidas en lugar de cruces y otros elementos de ornamentación, tales como, cadenas, esculturas, etc., que se destacan del resto. Dos tumbas, que pertenecen a marinos jóvenes, se identifican con cruces celtas y una de ellas, le adosa una cruz ancla. La cruz celta, tiene su origen en el siglo V, aproximadamente y se atribuye su invención a San Patricio (385461), patrono de Irlanda. Cuenta una leyenda que mientras se encontraba predicando la nueva fe cristiana por los distintos pueblos y aldeas, alguien le acerca un círculo de piedra, símbolo del sol y la luna, principales deidades de los celtas. Lejos de rechazarlo, lo toma y

ESTUDIO INTEGRAL TEL. 02932-427968 · BROWN 67

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Juliana Tomassini CONTADORA PÚBLICA


le coloca encima la cruz latina, símbolo de la nueva religión y la bendice. Este hecho, se toma no sólo como un acto de humildad, sino que representa la unión de dos creencias, el cristianismo y la celta pagana. En cuanto a la Cruz Ancla,también llamada cruz de San Clemente (por la forma en que fuera martirizado este santo cristiano) su simbolismo es doble. Representa no sólo a la institución a la que pertenece (vale decir la Armada) sino que para los cristianos simboliza a Cristo como anclaje a la vida eterna y la salvación del pecado ante la muerte, para obtener la resurrección del alma. Una mención especial merece el importante papel que juega la masa arbórea y arbustiva en este espacio. Como toda la obra de Luiggi en la región, la forestación cumplía un papel primordial, no solamente por razones estéticas sino urbanísticas. Mientras que una larga serie de tamariscos y enormes eucaliptos, rodean y definen los límites del cementerio, las líneas de pinos y cipreses columna, acentúan la direccionalidad de las dos avenidas principales y acompañan los senderos secundarios que llevan a los distintos sectores. Todo esto en su conjunto, genera un espacio que no perturba al entorno mediato e inmediato y mantiene las características, sanitarias, ambientales y estéticas. Una construcción clásica para una obra clásica Dentro de este espacio, y conectado directamente con el acceso secundario, ubicado sobre la Ruta a Villa del Mar, se ubica la única construcción con que cuenta este cementerio. Esta sigue los lineamientos estilísticos, definidos para los camposantos y recrea la imagen del templo griego, el Pabellón Necroscópico, denominación que recibe debido a que en él se realizaban autopsias. El 30 de abril de 1925 se firma el contrato con la empresa de R. Chinnici y Hermanos, para la construcción del pabellón, por haber ganado la licitación correspondiente. Los planos del proyecto y la dirección de la obra, estuvieron a cargo de la Dirección General del Material del Ministerio de Marina. Esta obra debía cumplirse en un lapso de 200 días. El atrio se abre hacia el frente delimitado por una línea de columnas dóricas estriadas,

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Tumba con cruz celta combinada con cruz ancla sobre el cual se apoya un frontón triangular. El edificio se sobre eleva, como ocurría en la antigüedad y aquí, permite además, sortear el desnivel del terreno. Éste se abre a tres puertas que permiten el acceso a las distintas dependencias, sala necroscópica, con su equipamiento de piletas y piletones y capilla y vestidor con sus dependencias de servicios. En la actualidad, la falta de mantenimiento y el vandalismo han ocasionado, un profundo deterioro en esta construcción. A pesar de ello, sigue despertando la admiración de todos los que por allí pasamos a diario. Conclusión Mucho es lo que se puede decir de esta magnífica obra como hecho urbano, pero lo cierto es que se destaca por ser un ejemplo de cómo deben pensarse y planificarse las obras y de qué manera éstas van a influir en el desarrollo de una ciudad. Como así también, la aplicación de las distintas tipologías arquitectónicas que van a definir, no sólo la obra, sino que de su adaptación tipológica depende, en este caso, el saneamiento ambiental de su entorno. Por todo lo expuesto, este cementerio, se ha transformado en un hito de nuestro pasado, no sólo de una Institución, sino también para preservar las historias, de todos aquellos que allí descansan.

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El Archivo Histórico Municipal en Todo es Historia El Archivo Histórico Municipal tiene el agrado de informar a la comunidad que la prestigiosa revista de la ciudad de Buenos Aires Todo es Historia, en su último número 537, de abril de 2012, acaba de publicar un extenso artículo sobre el aniversario 61ª de la afirmación del pabellón argentino en el Crucero General Belgrano. Esta nota lleva la firma de dos investigadores del Archivo Histórico, Luciano Izarra y Gustavo Chalier y está basada en la nota que apareció en el número de la revista El Archivo el mes de mayo del año pasado. El mérito de este artículo es dar a conocer datos muy poco conocidos sobre la estancia en Filadelfia del barco cuando fue adquirido por el gobierno argentino y asimismo divulgar a nivel nacional por primera vez imágenes de la afirmación del pabellón en el barco que en ese entonces llevaba el nombre de 17 de Octubre. Es ésta la cuarta oportunidad que la revista porteña, de amplio alcance nacional y latinoamericano, da a conocer trabajos generados por el equipo del Archivo Histórico Municipal. Ejemplares de la revista pueden consultarse en la sede del Archivo Histórico Municipal, Mitre 101, de lunes a viernes de 7.00 a 19.00 horas.

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de lunes a jueves de 8:00 a 13:00 y viernes de 8:00 a 11:00. Tel.: (02932) 488325.

Museo de Ciencias Naturales Urquiza 123 (02932) 432063 lunes de 8.30 a 13.30 de martes a viernes; de 8:30 a 17:30. sábados y domingos de 15:00 a 18:00.

Museo Histórico del Centro de Veteranos de Guerra y Familiares de Caídos en Malvinas “VGM Sequeiros Jerez” Villanueva 375. Por visitas, llamar al Tel: 2932 - 428270 / 423713 / 431432 Celular: 02932 - 15525126

Museo Histórico Crucero ARA Gral. Belgrano Juan Vucetich 3276. Celular: 02932 - 15639193 / 15575052 Email: ultimatripulacioncrube@gmail.com

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Revista El Archivo Nº27  

Colina Doble, primer cementerio de Punta Alta