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editorial

En esta edición, El Archivo propone a los lectores el recuerdo de un hecho que tuvo proyección nacional y contó entre sus protagonistas a vecinos de la ciudad. El 7 de febrero de 1952 se efectuó el primer vuelo con descenso desde América del Sur a la Antártida, hito de la aviación mundial. Gracias a él, se estableció el servicio aeropostal naval entre la Argentina y las bases antárticas. En las listas de tripulantes, cuatro nombres oriundos de Punta Alta: el radioperador del avión insignia, Basilio Pablo Dignani, el ayudante mecánico, Felipe Benenatti y los mecánicos Wilfredo H. Ciarallo y José Eugenio Parisi.

Municipalidad de Cnel. de Marina Leonardo Rosales Punta Alta Dirección de Cultura

autoridades

Ing. Néstor Hugo Starc Intendente Municipal

Fernando Quiroga

DIRECTOR DE CULTURA

equipo de trabajo coordinación general Prof. Luciano Izarra

investigación y texto Lic. Gustavo Chalier entrevistas Prof. Guillermo Bertinat colaboradores Prof. Fernanda Martel Arq. Graciela Britos Prof. Romina Amarfil Lic. Sergio Soler Lorenzo Ramos Roberto Hernández diagramación y diseño D.G. Mauricio Rossello impresión Multigráfica

Además, como en otros números, contamos con el aporte de los lectores. La historia está en permanente construcción y en casi constante revisión conforme aparece nueva documentación que avale o eche por tierra lo anteriormente estudiado. Entonces, el aporte de los residentes de la ciudad cobra fundamental importancia. Tal el ejemplo que ilustra la sección “Nuestro pasado en imágenes” y que fue acercado al Archivo por una convecina. Lo verdaderamente valioso de esta foto estriba en ser un testimonio directo y preciso de la operatividad con que alguna vez contó el hoy llamado Puerto Rosales. Y subraya, asimismo, la importancia que tiene para el conocimiento de la historia local que los puntaltenses acerquen al Archivo toda documentación que pueda acrecentar el acervo de la institución. De ese modo no solamente puede darse a conocer al resto de la comunidad sino que fundamentalmente, sirve como materia prima de la labor permanente de investigación y análisis histórico.

sumario

Nota de Tapa | Puntaltenses en la primera estafeta aeronaval de la Antártida

Patrimonio Arquitectónico | Bar Central Entrevista | Pablo Dignani Nuestro Pasado en Imágenes Novedades

www.archivodepunta.com.ar email: revista_elarchivo@yahoo.com.ar

Esta revista ha sido declarada de «Interés Legislativo» por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires - Resolución N° D/2030/04-05, por el Honorable Concejo Deliberante de Cnel. Rosales - Decreto Nº 45/04 y de «Interés Provincial Cultural» por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, resolución Nº 191/05.

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por Gustavo Chalier

Puntaltenses en la primera estafeta aeronaval de la Antártida Dijo Jorge Luis Borges que la historia es siempre pudorosa: enemiga de los fastos y las conmemoraciones a los que somos tan afectos los hombres, ella se desliza silenciosa por los intersticios del tiempo y solamente mucho después, su huella se deja ver en todo su esplendor. Y es cuando nos damos cuenta que un episodio que en ese tiempo se percibe como rutinario o menor, deviene con los años en digno de figurar en las páginas de los libros. Lógicamente, ese pudor se traslada a los protagonistas de los hechos, quienes rara vez tienen conciencia de la importancia de los momentos. Algo así ocurrió con el vuelo de la primera estafeta postal establecida en el mundo hacia la Antártida, protagonizado por dos aviones anfibios Catalina de la Armada Argentina, en febrero de 1952: “Bueno, en primer momento, no… era un vuelo rutinario, […] como lo que era ir a Ushuaia, como ir a cualquier otro lado, ir y volver sin ningún problema, contento, de que las cosas anduvieran bien, […]Para nosotros era un viaje de rutina. Y era si se quiere un desafío ahí a hacer una misión un poquito distinta a todos los días. […] después nos dimos cuenta a través de los años, que se recordaba como… ahí hablan los diarios, como un hecho, un ‘hito histórico’” El que habla es Pablo Dignani, un vecino puntaltense que fue uno de los tripulantes en este vuelo. Él es uno de los tres sobrevivientes de aquel grupo que integraban otros vecinos de Punta Alta: José Eugenio Parisi (hoy radicado en Santiago del Estero), Felipe Benenatti y Wilfredo Ciarallo, ya fallecido.

EL CONSOLIDATED PBY-5 CATALINA EN LA ARMADA ARGENTINA Fue el avión de patrulla marítima bimotor más fabricado de todos los de su tipo de la II Guerra Mundial, lo que da cuenta de su eficacia y operatividad. El primer PBY-5A Catalina de la Aviación Naval argentina fue adquirido a un particular, quien arribó con este avión al país en 1946. Se crearon durante 1949 dos Escuadrillas de Patrulleros con asiento en las bases aeronavales de Punta Indio y Comandante Espora. La disponibilidad de una aeronave relativamente moderna y de gran radio de acción, permitió encarar tareas de exploración, salvamento y patrullaje costero, permitiendo el adiestramiento de gran cantidad de tripulaciones de vuelo. Con los PBY Cata-

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Catalina en la playa de bahía Decepción


Vuelo de regreso de la Antártida del 2-P-3 en compañía de una nave de apoyo (10 de febrero de 1952), Foto, Museo de la Aviación Naval Argentina (MUAN)

lina se instauró la política de los aviones de “estación” en Ushuaia y Río Grande así como efectuar de manera casi rutinaria las operaciones de aeronaves en territorio antártico.

LA ESTAFETA AERONAVAL ARGENTINA En el marco de esa política, el 22 de enero de 1952 se creó la primera Estafeta Aeronaval argentina, a instancias del Ministerio de Marina. Su finalidad era la de transportar correspondencia entre las bases antárticas argentinas y el continente de manera regular. Rápidamente, el 29 de enero, se designó como encargado ad honorem al Capitán de Fragata de la Aviación Naval Pedro Iralagoitía. Inmediatamente la escuadrilla conformada por los aviones Catalina 3-P-5 y 2-P-3 (más un tercero de reserva y apoyo) decoló de la Base Espora rumbo a Río Grande. Allí se estableció la base de operaciones. Integraban el grupo, además de los aviones citados, las fragatas Hércules y Sarandí, ubicadas en el Pasaje de Drake, y encargadas de proveer informes meteorológicos y emitir señales de radio para los radiocompases de los Catalina.

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Dignani era el radioperador de la nave insignia. A sus diecinueve años ingresó en la Armada, previo paso por la Escuela Técnica en Punta Alta. Se especializó en radiotelegrafía en la Escuela de Mecánica de la Armada. “…nos dimos cuenta después que había un cierto riesgo de ir con esa máquina, dado que eran máquinas muy lentas, muy antiguas, eran para hacer un cruce de quinientos kilómetros más o menos, que nos llevó cinco horas de vuelo, o sea que hoy se hace en una hora. Entonces cinco horas de vuelo había que cruzar todas las eventualidades del tiempo, del cruce del Drake. […]Los aviones preparados, que le habían agregado dos tanques más de nafta para tener mayor este… raid de vuelo. Se le habían agregado, la vez que iba yo tenía radar, por primera vez se usó el radar en la aviación naval, en el año cincuenta y dos. Y también se le agregaron dos jatos que se llaman, vienen a ser como dos tipo cohetes que se ponen a ambos costados de la estructura del avión y en un momento dado esos dos jatos se disparan de la cabina del piloto y aumentan la potencia de los motores, le aumentan en quinientos HP”. Así pertrechados, ambos Catalinas partieron el 5 de febrero para cumplir su misión, pero por el mal tiempo imperante, tuvieron que volver a la base. Por eso aguardaron hasta 7 de febrero, a las 10 de la mañana, cuando decolaron al fin. Dignani recuerda que fue “…un vuelo muy bueno, íbamos los dos muy cerquita, a la vista iba. […] Pero, me llamó la atención, fuimos un buen tramo que estuvo muy nublado, fuimos entre nubes, volando prácticamente a instrumentos, que se llama vuelo de instrumentos. Y volamos más o menos… un par de horas así, todo entre nubes. […] Estos no son aviones que podían ir a un techo de altura como vuelan ahora y volar por arriba de las nubes. Bueno, cuando desapareció ese estado nuboso, más o menos a las dos horas de vuelo, que sorpresa, los dos aviones volando, no a la misma altura, pero ahí nomás a la vista, con la misma distancia de formación que llevamos cuando estaba a la vista, aparecimos cuando desaparecieron las nubes, quiere decir que ninguno… no, no, por más que se desviara íbamos a distinta altura […], uno estaba a cincuenta metros, cien metros menos. Y entonces eso da de pensar la pericia que tiene el piloto. De ahí nosotros, se usó por primera vez en la Aviación Naval, se utilizó el radar…” Eran las 3 y media de la tarde cuando acuatizaron en el Puerto Foster de la isla Decepción, y Dignani aún recuerda la algarabía de la dotación de la base antártica. “Ah… es una alegría, pero levantaban… banderas, manteles, abrazos, todo, esperándonos toda la gente, nosotros ya habíamos detectado por el radar, unos doscientos kilómetros antes de llegar ahí, las islas Shetland

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Los dos Catalinas en bah铆a Decepci贸n. Al fondo, la Fragata H茅cules. (MUAN).

Operaciones de amarre del 3-P-5 en la playa de Decepci贸n (7 de febrero de 1952), (MUAN).

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ya se veían. […]Bueno, después ya permanecimos con la gente, cuando llegamos, una gente que hacía un año que estaba, con júbilo de ver gente nueva y gente de Marina, que llevamos revistas, llevamos diarios, llevamos todo. Claro, ellos, contacto con gente no habían tenido y nos encontraron a nosotros, era como si hubiésemos descubierto la Antártida.” Allí se hizo la ceremonia de inauguración de la estafeta, cuando con el matasellos correspondiente se empezó a sellar la correspondencia.

EL REGRESO El día 10 de febrero se emprendió el viaje hacia el continente. Los aviones, cargados como estaban de combustible, necesitaban potencia extra para trasponer rápidamente las montañas que rodeaban la bahía sin chocar contra ellas. A su auxilio vinieron los jatos. En vuelo tranquilo, las aeronaves se dirigieron directamente a Buenos Aires, previa escala en Río Grande para reabastecerse de combustible. La capital argentina recibió a la tripulación con el calor húmedo del verano porteño. “Bueno, llegamos ahí a Aeroparque, veníamos todos abrigados, con temperatura, no bajo cero, pero cuatro grados, cinco grados. Y llegamos a Aeroparque en una noche plácida […]nada de viento, temperatura, veinticinco, veintiséis grados, de noche …” En el sector militar de Aeroparque los recibió el contralmirante Aníbal Olivieri, ministro de Marina y comitiva. Según recuerda Dignani, el funcionario les dijo: “ ‘Bueno, mire, el presidente está muy interesado y los quiere recibir, pasado mañana, los quiere recibir para hablar con ustedes’, en aquel entonces el presidente era Perón. Entonces, no teníamos ropa, ni nada para recibirlo, entonces vinimos el día siguiente, en un avión a buscar toda la ropa, para la presentación a nivel presidencial y fuimos a tomar un cafecito ahí, en la Casa de Gobierno y el presidente se puso en la [entrada] nos saludó uno a uno, a todos. Nos convidó con un cafecito, hizo hablar, solamente… no hablaba solamente el comandante sino inclusive a (los) tripulantes ¡los interrogó! (se ríe) Los hizo hablar a la mayoría de los tripulantes, bueno y después cuando estuvimos ahí, una hora, una hora y pico conversando tomando un café y… después nos saludó uno por uno en la puerta…”

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Arriba: Los Catalina en la bahía Decepción (7 de febrero de 1952), (MUAN). Abajo: Recepción en Casa de Gobierno ofrecida por el presidente J.D. Perón a la tripulación de los aviones anfibios, (MUAN).


Arriba: Uno de los aviones Catalina de la Armada, (MUAN).

EL RECUERDO El correr de los años hizo que todos tuvieran conciencia de la importancia de ese 7 de febrero de 1952. La historia entonces se avino a correr el velo de su pudor y se sucedieron los homenajes, las notas periodísticas y el recuerdo de ese puñado de hombres a bordo de dos máquinas que hoy se nos presentan como antigüedades.

Abajo: Estampilla conmemorativa del Correo Argentino

“Nos alegra que siempre se acuerde la gente,-concluye Dignani - porque por lo menos los que tenemos la suerte de poder estar este… en vida, nos halaga muchísimo, nos da mucho ánimo por vivir, como también hacia el resto de la familia, porque ya, ya vienen los nietos ya, por ejemplo dice: ‘Mirá, mirá abuelo lo que encontré en Internet lo que habla del vuelo ése’ […]”

RÉCORDS DEL VUELO - Primer vuelo mundial directo entre el continente americano y el continente antártico con descenso - Primera estafeta aeronaval argentina a la Antártida - Primera utilización del radar en vuelo en la Argentina - Primer vuelo que unió en el día a la Antártida con Buenos Aires.

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TRIPULACIÓN DEL VUELO HISTÓRICO Comandante del Grupo de Reconocimiento Aéreo Cap. de Frag. Av. Nav. Pedro E. Iralagoitía (embarcado en el avión 3-P-5) Avión 3-P-5 Comandante: Copiloto: Navegante: Navegante: Mecánico: Radiopoerador: Ayudante Mec.:

Cap. de Corb. Av. Nav. Edgardo Samuel Andrew Tte. de Frag. Pil. Av. Halfdan Hansen Tte. de Corb. Av. Nav. Alfredo Martínez Magaña Tte. de Corb. Av. Nav. Néstor Díaz Quijano Sub. Aux. Aer.Mec. José Eugenio Parisi Sub. Aux. Aer. Rop. Basilio Pablo Dignani Cabo May. Aer.Mec. Felipe Benenatti

Avión 2-P-3 Comandante: Copiloto: Navegante: Navegante: Mecánico: Radiopoerador: Ayudante Mec.:

Tte. de Navío Av. Nav. Guillermo Jorge Campbell Tte. de Frag. Av. Nav. Guillermo Heraclio Ferreira Tte. de Corb. Pil. Av. Roque Esteban Bertea Tte. de Corb. Pil. Av. Edmundo Aridio Grimaux Subof. Aux. Aer. Mec. Wilfredo H. Ciarallo Cabo May. Aer. Rop. Guillermo Careglio Cabo May. Aer. Mec. Héctor S. Pugliese

Fuentes: Entrevista a Pablo Dignani: N° de entrevista 101 (Casette 1: 11 de julio de 2003; Casette 2: 30 de marzo de 2007) Instituto Aeronaval: Primeros vuelos a la Antártida con acuatizaje y primera estafeta aeronaval. 50° aniversario, Buenos Aires, Instituto Aeronaval, 2002 Núñez Padín, Jorge: Consolidated PBY-5A Catalina, serie aeronaval N° 13, Bahía Blanca, Museo de Aviación Naval, 2001 Prémoli, Eduardo: “Primera estafeta aeronaval a la Antártida Argentina”, en Revista del Mar, N° 136, Buenos Aires, octubre de 1992, pp. 48-50

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Bar Central

Pocas esquinas tan emblemáticas en Punta Alta como la de Humberto I y Bernardo de Irigoyen. Ella fue, a principios de siglo, el lugar obligado de reuniones políticas y sociales para expresar ideas o discutir propuestas a problemas de la ciudad. Hacia 1900 en ese lugar funcionó la primera panadería puntaltense. En 1916 la propiedad fue comprada por José Ighina y alquilada a Antonio Prieto y Delfino González, quienes abrieron el bar Puerto Rico (en alusión al Puerto Comercial de Arroyo Pareja, que en esos momentos estaba en construcción y que se vislumbraba como la pieza clave para el desarrollo de la ciudad). En 1922 González abandonó la sociedad y fue reemplazado por Pedro Badiola. En 1925, el bar cambiaría de dueños y de nombre. Adquirido por los señores Ichijo y Onuma, ciudadanos nipones, pasó a denominarse Bar Japonés. En aquel tiempo, además de los reconocidos billares, el establecimiento ofrecía salones reservados para familias, minutas y números musicales. A fines de 1928 el local fue prácticamente destruido por un incendio y entonces Ichijo y Onuma decidieron trasladar su negocio. Ercolano Melani refaccionó el edificio y lo reinauguró con el nombre que hoy en día perdura: Bar Central. En 1934 fue adquirido por Emilio Chiaradía y, en el período 1935 a 1945 pasó a manos de Juan Negri. En ese último año fueron sus dueños Ángel Moison y Suárez ; este último se desvinculó de la sociedad en los ’60 y quedó Moison como único propietario hasta 1973, en

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que fue vendido a su actual propietario, Antonio Di Giacomo. Por sus mesas pasaron personalidades como Carlos Gardel, en 1933; Luis Sandrini, cuando filmó La muchachada de a bordo; Carlitos Balá y Carlos Monzón, además de incontables vecinos puntaltenses.


por Arq. Graciela Britos

Neoclásico Es un movimiento inspirado en los sistemas constructivos originados en la Antigüedad grecorromana. En Europa, a raíz del descubrimiento de las ruinas de Pompeya a fines del siglo XVIII comenzó el resurgir de la incorporación de estos elementos clásicos en la arquitectura de época.

Bar Central Nuestro ejemplo es el fiel reflejo de la aplicación de todos estos factores a edificios creados para la actividad comercial a principios del siglo XX: ornamentación austera; carpintería metálica; grandes aventanamientos; persianas metálicas a modo de cerramiento son los elementos de este estilo. La buena aplicación de este movimiento, su mantenimiento y su carga histórico-cultural hacen de éste uno de los ejemplos más importantes del Patrimonio Arquitectónico de nuestra ciudad.

Adaptación tipológica En nuestra ciudad, todos los movimientos arquitectónicos debieron adaptarse a diferentes problemáticas: la falta de mano de obra calificada, falta de materiales, terrenos blandos y anegadizos fueron algunas de las dificultades con la que se encontraron los constructores de entonces. Debido a esto, se debieron modificar formas, dimensiones, aplicar materiales de la zona y sistemas constructivos propios. Los resultados fueron óptimos y se logró una muy buena adaptación tipológica.

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Puerto Comercial de Arroyo Pareja En junio de este año la señora María Cruz acercó al Archivo Histórico una serie de fotos que constituyen un invalorable testimonio de nuestro pasado. En una de ellas, datada el 15 de octubre de 1926, se ve a su padre, Enrique Cruz (el primero a la izquierda) a bordo de una locomotora del Ferrocarril Rosario Puerto Belgrano en el muelle de Arroyo Pareja. Don Enrique, nacido en Córdoba (España), era maquinista de la empresa francesa. Es digno de mención que siempre aparece en nuestro Archivo un nuevo testimonio del gran movimiento que tuvo en su tiempo el puerto co-

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mercial de Arroyo Pareja (hoy Puerto Rosales). Es así que cuando se habla hoy de la potencialidad de esta estación marítima y de su importancia para el desarrollo regional, no se está refiriendo a un simple deseo ni a una visión voluntarista. La imagen, claramente, muestra el vértigo de un muelle con grúas, galpones, vagones y barcos operando en una clara muestra de vital actividad. Las ventajas operativas de nuestro puerto (ya vislumbrada por hombres que, como el ingeniero Abel Pagnard y los capitales franceses que lo acompañaron) siguen estando como hace ochenta años atrás. Y los rosaleños, conociendo ese pasado, debemos pensar que si antaño se pudo concretar el sueño del puerto activo, en la actualidad no debería haber impedimento para que el muelle recupere el antiguo esplendor. - Fotografía perteneciente a la señora María Cruz.


El señor Pablo Dignani tiene 87 años en la actualidad y reside en Punta Alta. La entrevista consta de dos partes de 60 minutos cada una y fue realizada por Gustavo Chalier y Guillermo Bertinat.

[…] Yo ingresé a la Marina porque siempre tenía vocación especialmente, en la parte comunicaciones, desde chico, que estaba en un pueblo muy chiquitito del Partido de Puán, el pueblo se llama Azopardo. […] En un principio estuve acá como aprendiz, de la Aviación Naval, en la parte de aviación, en los talleres de aviación, en Puerto Belgrano. Por siete, ocho meses, concurrí a la escuela […] industrial, la que está… todavía está en Humberto. […] Eran épocas bastante duras, yo todavía, no gané nada como aprendiz ahí. Entonces vi todo el movimiento militar y por la gente que trabajaba ahí en los talleres de la Aviación Naval especialmente en la parte de electricidad, me dijeron: “Pibe, no, a vos te conviene irte a… entrar en la Marina. Bueno, y así entré en la Marina, en el año 1939, entré como aprendiz, después hicimos el curso de reclutamiento, en marzo terminó el curso de reclutamiento y fuimos a la Escuela de Mecánica de la Armada, fuimos a hacer el curso como Radiotelegrafista. Bueno, ahí un curso de nueve meses, muy intensivo, siete, ocho horas de estudio, por día de morse, todos los conocimientos y fines del cuarenta ya nos recibimos de… radiotelegrafista (La misión a la Antártida) Bueno, llegó un momento… en Marina se presentó una misión, de ir con aviones, más que yo estaba en la parte, en una cuadrilla de aviones anfibios que se llaman, los famosos “Catalina”, eran aviones patrulleros. Bueno, a la ida nos tocó […] una tormenta de nubes, anduvimos los dos aviones navegando como una hora y media, dos horas entre nubes. […] Lo más común en esos aviones, es tomar mate ¿no? Tomamos mate en todo el viaje y también se almorzó, también cuando eran las doce y media, la una, se almorzó, comida, bife, huevo frito, papa frita… […] el ayudante, el radio no, porque el radio, yo iba como radio, ahí… iba tan ocupado que no podía oficiar de cocinero, pero como llevaba el ayudante mecánico, o si no cualquier copiloto, navegante, no tendría problema, ninguna jerarquía, tenía que poner huevo frito y el aceite y cocinar y hacer las papafritas.[…] Camaradería, sí sí, porque ahí prácticamente no hay diferenciación de grado, somos todos tripulantes y todos estábamos cuidando de que todo saliera bien, porque, si al comandante le va bien, […] nos va bien a todos. […] Y ahí, un… un tal… Martínez Magaña había hecho una canción, “ya estamos, viva la escuadrilla de patrulleros, a la vista las islas… ya vamos a llegar, que contentos que estamos…” (la recita) bueno, toda esa alegría. Pasamos eso, pasamos las islas y llegamos allá y bueno, pedimos la autorización para hacer el, acuatizaje, de ahí nos empezamos a comunicar con la estación de radio que tiene la isla Decepción y nos dio autorización. Una gran algarabía toda la población de toda la, en isla Decepción, el 7 de febrero de 1952.

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Novedades

Cursos de capacitación docente gratuitos y con puntaje Dentro de los proyectos a largo plazo orientados a la educación, el Archivo Histórico Municipal dicta por primera vez dos cursos de capacitación docente gratuitos de historia local. Éstos otorgan 0,40 puntos cada uno y están destinados a todos los niveles educativos. Así se cumple una de las ideas más caras de la institución: llegar con información histórica a los maestros y profesores rosaleños para que puedan extender, como multiplicadores, estos saberes a sus alumnos, e ir conformando una comunidad conciente de sus orígenes. Como la mayoría de los proyectos llevados a cabo por el Archivo se realizan con la labor conjunta con otras instituciones de la comunidad, en esta oportunidad se trabajó con la Jefatura Distrital de Coronel Rosales y el CIE de nuestra ciudad. Los cursos son: Historia de Punta Alta: Puerto Militar, Puerto Comercial y Ferrocarril, con una duración total de 50 horas cátedra, se dicta los días sábados a partir de las 9 en dependencias de la EPB 22, Villanueva 176. Inicio: 8 de septiembre Arquitectura e Identidad en Punta Alta con una duración total de 45 horas cátedra, se dicta los días lunes a partir de las 18 en dependencias de la EPB 23 (Paso 702). Inicio: 10 de septiembre.

Informes e inscripción: CIE. Villanueva 155, tel. 439141 Archivo Histórico Municipal Mitre 101 - (02932)432214 archivohm@yahoo.com.ar de lunes a viernes de 7:00 a 19:00.

Museo Histórico de lunes a viernes de 8:00 a 12:00 ; sábados de 15:00 a 18:00; Humberto I 285.

Museo Naval de lunes a viernes de 8:30 a 13:00; sábados, domingos y feriados de 15:00 a 18:00. Para consultas, llame al (02932)487526.

Museo Baterías Museo de Ciencias Naturales

Urquiza 123 (02932)432063 lunes de 8.30 a 13.30 de martes a viernes; de 8:30 a 17:30.

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de lunes a jueves de 8:00 a 13:00 y de 14:30 a 16:00; viernes, de 8 a 11 hs. Para consultas, llame al (02932)-488325.


Revista El Archivo Nº18 - Septiembre 2007