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FIEBRES GALANTES Un poemario de Jose テ]gel Conde

Distribuidora de literatura libre Shiboleth.

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Fiebres galantes

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SIN MEDICINAS

Siguen mis metamorfosis continuas para volver a convertirme en lo mismo. Cada árbol y cada adorno navideño me recuerdan la muerte y la mentira perpetua. Así que necesito cambiarlos por llamas, más vivas y más cambiantes que esos iconos de cementerio. Necesito pasarme, todos lo necesitan cuando se visten con lo que creen sus “heces”; no son más que árboles con las vísceras hacia fuera como bolas de Navidad.

Escupo y vomito allá donde paso: azufre y rebelión, fuego y saturación, no dudo en mostrar mis pústulas. Los trajes y las corbatas, los empleos fijos y las formas dejan paso a las tribus y los tatuajes,

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poblando las calles de totems que buscan llamar algo. Pero la ilusión se acaba cuando encuentran novio o vomitan su libertad... una vez más. Luego a esperar una nueva ocasión y a volver a negar esa fugaz plenitud, porque está bien ver el abismo pero no tanto tirarse a él.

Yo necesito pasarme y vestirme de negro para invocar la oscuridad, como mis antepasados invocaban la caza en las paredes de sus cavernas. Por eso necesito saltar, gritar, odiar, luchar, follar, drogarme y agarrar todas las posibilidades para hacerlas sangrar. Pero también me apago y luego resucito después del esfuerzo

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para vagar como un zombie entre los restos del cementerio, donde los orcos carroñeros y los trolls con navaja hacen presa de los muertos.

Oigo voces de ultratumba, oigo desiertos de jadeos, y el pensamiento es un chocolate de piedra que no consigo comerme entero. Así que me alimento del humo de la civilización devastada y del infierno, que está en todas partes.

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EL SEÑOR DE LA NOCHE

Las paredes, la habitación, la luz, todo lo que abarca la vista, todas las radiaciones que llegan al ojo se vuelven amarillas. Mi cabeza es un mar de antibióticos encrespados chocando contra mi frente, sin parar, creando maelströms hacia mi subconsciente. De cada lado de mi cama al otro hay por lo menos un kilómetro y, en medio, todo está lleno de piedras, ramas y zarzas. Como estoy lleno de gusanos me muevo de un lado al otro.

Salgo de mi ataúd y no sé dónde me encuentro, aunque parece mi casa.

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Creo que mi piel es gris, o esa es la imagen que la enfermedad forma en mi cabeza. Todos quieren sacarme pero yo soy el que más lo desea. Así que salgo. Es de noche, así que me cubro de negro y el viento hace mis ropas largas. La niebla, por su parte, incuba mi melancolía.

Ahí vamos, somos una estirpe de leyenda, somos el mejor tema para cualquier historia. Eterno cadáver, sacando jugo a todo para seguir estando muerto.

En torno a la mesa preparo rituales con los otros que nos abren puertas y sensaciones. No importa el color o el sabor del líquido ingerido porque cada uno lleva

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a un mismo fin. Ese embotamiento, esas risas electro-shocks pidiendo a nuestro cuerpo que vengue al alma en la noche. Y luego el correr de bosques enteros a travĂŠs de la garganta, y el fluir blanco hacia el cerebro, y la ingesta de botones de uniformes de soldados demonios para soltar una eterna carcajada y sentir amor por todo lo vivo: lo que nos alimenta.

Tanta carne esperando, y el brujo del ojo partido bailando entre las sacerdotisas. Pero no cesa el movimiento, tanto que si coges algo real te caes.

Todos los vampiros somos poetas porque somos vampiros.

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UN SACO DE HUESOS

Un saco de huesos en la entrada del portal. Lo intento, lo sigo intentando, siempre, y es que no puedo hacer otra cosa. Una y otra vez lo absorbo todo, lo echo y lo vuelvo a tomar, con un mínimo de placer, con un máximo de costumbre y un fondo de adicción. Las personas, las situaciones son mis cigarrillos y, por eso, mi vida se reduce a la inercia.

Odio que sea tan frío, tan duro y desesperanzado, pero con el tiempo me he vuelto así. Creo que tenía que ser así. Fue cuando la esperanza

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se burló de mí y siguió a lo suyo como si yo no existiera. A veces me lo pregunto.

Pero sigo tocando, tocando dentro de ellos para encontrar algo caliente, un verdadero fuego que me abrase de una vez por todas. Pero sigue habiendo algo que falla, siempre algo que falla, mientras siguen hablando, mientras siguen bebiendo, mientras siguen y siguen sin parar, y yo me pongo a vomitar desde lo alto de un balcón. Siento ácido y dolor y un mareo cuando trato de volver para hacer pie.

El resto del tiempo, casi toda la vida, siento que todavía no he nacido, o que he nacido a medias y una parte de mí

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se ha quedado en otra parte, por supuesto no sé dónde.

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AMOR VERDADERO

Mi querida amante fiebre no para de darme besos en la frente. Los helicópteros vienen a levantarme y mi transparente chica se sube encima de mí y no me suelta, me agarra y retozamos, y veo todo amarillo a través de su cara. La quiero, la amo. Moriría por ella. Y ella no para de posar sus labios en mi frente, no se despega nunca, en besos inseparables que retumban, y me besa tanto que me duele.

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SINCERIDAD

Cuando bailo frenético y las pastillas ponen mis ojos en blanco la dulce niña se asusta. No sé si debería tenerme miedo o no temerme en absoluo. No sé de lo que soy capaz. No soy tan feo, así que sigo sin entender por qué se asusta de mí cuando avanzo sonriendo hacia ella con las tripas y el corazón fuera.

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DONCELLA

La reina virgen de las arañas yace por debajo de todo. Sus esclavas de ocho patas besan una y otra vez su pálida piel y no se sabe si sus cabellos negros son la tela o son arañas. Nunca ha visto el sol: es una niña.

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RENDEZ-VOUS BINGO

1 Venus del metro explota el globo de chicle pero el vagón ruidoso tapa el Boticelli. Ahora adentro todos juntos y a coger cada uno un sitio. Encerrados en silencio en metal bajo túneles de hormigón. Una vez arriba, fuera, a la luz. Ocupa el tiempo estudiando doctrinas, llena los espacios de tus neuronas con todo lo que pase por la vídeo-pantalla. Luego sal, busca una manera de hacer algo.

Ya está. Ya lo tengo.

2 Probamos los cartones del subconsciente en busca de un gran bingo y empezamos a teorizar con hechos sobre la superrealidad; todo, absolutamente todo, tiene una gracia tremenda y me parece que si paramos de reír nos moriremos al instante;

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los vasos caen una y otra vez, la gente ve cristales punzantes saliendo de nuestras bocas, pero lo cierto es que nuestras manos pasan a través de las cosas como agua; y te ríes, y esquivamos tus golpes una y otra vez; con el columpio de Rudyard Kipling reventamos nuestras ingles y nuestros cuerpos se acaban anulando; la cabeza sale, explorando, explorando, y llegamos a la Corte y al Palacio, lo examinamos de cerca con catalejos que creamos al salir de nuestra retina, mirando como con microscopios interdimensionales; la única iglesia que hay es un decorado; nos crecen levitones y echamos a andar y cuanto más andamos las personas desaparecen, no existen los seres de ningún tipo y calles, callejas, puentes, iglesias se convierten en nuestras extremidades; el ghetto de nuestra imaginación, de los dandys de las realidades, obeliscos, pirámides, barracones de marines y bancos animales, y un puente encrucijada entre el día y la noche,

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en medio del cielo que es un helado de corte con una noche a la derecha de chocolate y luna de nata y un día a la izquierda sucio de contaminación. Es un combate cósmico pero no queremos ver el resultado, así que nos separamos.

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CRIATURA CELESTIAL

Los días pasan como aberraciones químicas y me muevo entre borrachos como otro borracho. En mis sueños nado por profundidades abisales y arriba, muy arriba, alcanzo a ver el velero a contraluz del sol. Sin este oxígeno no me asfixio y me muevo por esta muerte de suerte que soy pálido y delgado vampiro, más ligero que un rayo de luna. Entre el bosque La chica de pelo rizado sonríe con simpatía y posando su mano en mi hombro, me pide apremiante que espere: “Ahora te enseñaré a ser una criatura celestial”.

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EL ENTRENAMIENTO DE LAS ORUGAS

La filosofía del arácnido nunca se empaña y por eso palpamos y palpamos con nuestras patas distantes todos los obstáculos de esta incomprensible telaraña.

El rigor tira de la frente y se podría desencajar el cráneo: la función ya no hace al órgano y disfuncionalmente el cuerpo se mueve, sintiendo la pereza placentera de saberse un muñeco esclavo del sopor.

El hilo es lo importante, el hilo conecta las vainas que somos mientras giramos y giramos de risa a través de la superficie del microcosmos del sofá, orugas esperando algo más grande que ya viene, cuando sublimamos las carcajadas iguales a Budas maníacos, batidos entre pólipos y gramíneas,

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un entorno almidonoso, lleno de pulgones, en el que lubricamos en busca de la metamorfosis.

Aunque estas larvas se queden en las puertas babosas a medio camino habrĂĄ merecido la pena.

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INSECTOFILIA

Esqueletos pigmentando en rosa como nubes de plástico exprimidas ocupan la niebla entre oreja y oreja. Entre las rejas de oscuridad de las paredes se mueven los monstruos intentando entrar.

Desnudo en el centro del paladar de hormigón mientras la polilla revolotea por el techo y cada choque fibroso contra algo lanza descargas eléctricas a mi vello. No comprenden la sensualidad del insecto suicida, ni sus caricias en cabriolas buscando desgarrar carne con amor, navegando entre la sangre en busca del centro. Nadie lo comprende.

Tras la pausa del sexo octópodo visto como todos mi cuerpo gris y arenoso con mis ropajes de cemento y cal, pero ahora todos me miran y a mí no me importa. Algo me dice que su asesinato no importa, que podría servir para mostrarle sus órganos entre mis manos callosas y áridas,

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comparar mi cara surcada por llagas con la magia de las piezas que los forman. Es eso y no sus actos lo que verdaderamente importa.

Yo ahora soy un mutante cerúleo que sobrevive en la ciudad atravesando las oleadas de polillas desorientadas. Son sus pensamientos, podridos, decadentes, ocres, nunca brillantes o bellos... corrompidos. Lo veo claro como Ojo de Halcón, lo veo más allá de las constelaciones. La única polilla que llegó a encontrar su sitio deshuevó antes de ser descuartizada. Lo sé porque sentí cientos de cuchillos en medio del sudor polínico que unía nuestro pegajoso abrazo.

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LA EMBOSCADA MENTAL

El bienestar y la seguridad son las cúpulas irrompibles que cubren la ciudad y no dejan pasar hacia adentro los restos del polvo de desiertos imposibles e impensables.

Vuestro sudor me amasa y vuestra fetidez me derrota con esos movimientos podridos y esa sangre de café, caliente y dormida. Tendéis hilos de metal cortantes con vuestras miradas y tengo que pasar a través del damero irregular que forman.

Hay un estertor de audio y odio y sufro y veo el suicidio como vida somnolienta porque este es el planeta donde la expresión no existe y tengo que renderizarme a otras esferas.

Escondido en agujeros uso la poesía como masturbación

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pero el autosadismo me va enseñando que la más poderosa lírica no necesita ser dicha y que viaja interpretando el éter. Un superconocimiento que me hace ver los edificios como el asentimiento de Kali, fagocitando toneladas de carne ciudadana, y veo al Manipulador coleccionando pasiones, inhibidas en celdas probéticas en un laboratorio intangible, detrás de la frecuencia ondulatoria de engaño mantenida por sus cerebros unidos.

Me ven y corro como un ángel barbitúrico, disparando un arma demasiado grande, mientras aplasto a mi paso el plasma que los forma y que son, lanzándome de piso en piso con los saltos de un cuerpo negro más abajo de lo que pueda llegar esta ciudad iluminada con neones de color cadáver.

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EL GUSANO

El gusano seguía sin entender nada, moviéndose, arrastrándose, palpando lo conocido con su cuerpo. No podía comprender por qué esa sonrisa desentonaba entre cualquier otro gesto, por qué esa sonrisa parecía rara entre las caras normales; los gusanos no entienden de sonrisas. Como no podía entenderlos el gusano siguió moviéndose y miraba de vez en cuando, de reojo, a la extraña cara de donde procedía. El mundo seguía siendo para él, a pesar de todo, un monótono agujero negro en el que escarbar cada día.

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EL FRANCOTIRADOR ESPACIAL

Indiscriminadamente respira el francotirador espacial sus balas a través de las esferas, impactando caprichosas en nuestras almas.

Así, unos levantan cementerios y bailan en un aquelarre de desesperada autojustificación;

así, me detienen y me sumen, narcóticas, en una hibernación alcohólica, la hora del gusano inmóvil que vegeta en una eternidad absolutamente incontable;

así, me hacen retozar con obesas dánaes en piruetas inverosímiles, formadas por globos celulíticos llenos de aire jovial;

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así, nado contra todas las mareas, volteado por resacas constantes que ni me alejan ni me acercan a esos monolitos grises y esas luciérnagas que llaman civilización, bañándome en esta caprichos piel de ballena con olas;

así, el olor a tierra mojada proviene de una amante desprendida que me cobija y me acaricia cubriéndome entero con su cuerpo;

así, me despierta....

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DONCELLA

Seductoramente inmóvil su gesto congela el tiempo. Sus voladores rizos rojos forman una pira ardiente que tira de ella hacia el cielo. Puede que no esté aquí, ahí, dentro de esos párpados cerrados que la asemejan a una difunta reina tuberculosa, orgullosa de la belleza de su profunda expiración, pero yo la veo delante de mí, como si quisiera volar fuera del cuadro de su foto, lejos de la vitrina de la peluquería.

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AMOR COMPRIMIDO

El viento de las afueras, tan lejos, el puerto, es cortado por el chirriar de los murciélagos en el centro urbano del robot. Puede que allí, lejos de los elixires de piedra que nos mantienen, de la amistad interesada con el eterno retorno, de la insensibilidad ante el desfile de semáforos, del aplastamiento constante del pulpo gris llenando las piedras de neuronas perdidas, de la patética inocencia de los que nunca nacieron, de la patética seguridad de los que ya están muertos, del mundo cercado por las vallas de la comodidad, de la obscena creencia en lo banal, se entienda el grito de la antimateria. Hace falta la nave, la reacción.

Todo está lleno de barro y no sé para qué sirven las fichas que me han dado. Quiero gritar y destruir los cristales de los edificios. Mi armadura pesa y está sucia, una cárcel.

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Si cierro los ojos, no hay luz, sale el pez de mi boca y nada en busca de la realidad. Ella sale azul de la esquina, pensarla lo hace real, y me atrapa la esteteopijia de sus pechos. Me aprieto y me anulo y pellizco sus pezones sintiendo que son plástico eslabón que une el lenguaje de la piel que envuelve el concepto de la carne. Entre sus piernas su flor es la amapola y abrazados lo que no existe habla con lo que existe, y ya no hay sexo: todo es contacto.

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ALIEN PARIA

En ciertos días blancos te llega la inspiración. Pero detrás está siempre el dolor, el miedo de ser real que atenaza tus pasos.

Ellos te miran, te juzgan sin descanso. Para ellos, para su feliz consideración, para sus operaciones y ocupaciones autocomplacientes eres siempre un culpable. No les gusta esa forma de moverte, no les gusta esa inusual mirada en tus ojos, y siempre tienen la palabra loco en la lengua.

Tienes que mirar como ellos porque si no, son rapaces, acechan y esperan para pulverizar tu estado de excepción. Son despliegues, un sentimiento de vida militar, ordenado, uniforme y gregario. Quieres escapar de esos falsos civiles que te obligan a automutilarte a solas, desnudo en cuanto se apaga la luz, al principio huyendo en flashes,

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en nubes de imágenes cambiantes que salen de la pared de tus párpados; después con planes que son puentes rotos bombardeados por los aviones de la frustración, la paranoia de creer cada ocupación como un pretexto para eliminar la angustia, que es igual a tu percepción de la realidad.

¿Cuál es el camino? Los pensamientos se colocan sin parar como cajas en un inabarcable y doloroso almacén cerebral. Todo te cabe y tanto te cabe que te duele. Los posos de realidad penetran claros y contundentes como tiros de morfina y novia, familia y trabajo aparecen definitivamente como vampiros de lucidez.

Quiérete, quiérete y no dejes que te atrapen porque estás en un purgatorio y en una guerra por el despertar, un conflicto militar metafísico,

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y deberás ser un guerrero implacable, frío y afilado serás un cuchillo, un asesino quebrantahuesos de la carne que mata todo tipo de monstruos bajo la ciénaga y el limo cotidianos, iniciando el camino de no retorno.

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PLANETA BENICASSIM

Si ellos quisieran les resultaría tan fácil, pero ¿por qué quieren aplastar mi alegría? El mundo está cerrado y tan sólo nos quedan las estrellas. Control de vida donde cada acto es un código de barras.

Polígonos de ocio, diversión alternativa para gente pudiente, libertad controlada para rebeldes adaptados, y, en el centro, un camino con despojos y carne, la vida muerta de tus hermanos cerdos. El Nómada y yo caminamos a través de esto, durmiendo y viviendo entre hormigas obreras de ropa cara y variada.

Dentro de la colmena consumista alguna que otra celda deja respirar:

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mares del este filtrados, pero con un pequeño eco de canto angélico, bañan nuestro cansancio; consejos de un druida marroquí llenan de humo erudito nuestra mente, alimentando nuestro hastío; un duende marginal y contracultural nos lleva botando a lomos de cascabeles barbitúricos, potenciando nuestra libertad; y un grito primario hace estallar la rabia entre los naranjos.

Nos aprisiona este planeta lleno de clones independientes pero nuestra nave nos permite, de vez en cuando, derrapar hacia alguna dimensión alternativa donde el Nómada y yo podemos hibernar y ser de una vez.

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EL RONIN EXISTENCIAL

El tiempo no es consciente de lo que es, el tiempo no sabe ni que existe, pero aún así deja caer los ladrillos para formar un muro de contención que rodea todo, lleno de graffitis obscenos y heréticos, sepultando a los que pasan por debajo, carcomido por el olor a carne muerta, basura besando sus bordes. El bebé vendado habla con el perro Pero su pelota de goma no derriba la pared.

Vosotros no prestáis atención, no paráis de mirarme, pero siempre hacia fuera; lo hacéis todo hacia fuera, seríais capaces de cortarnos los miembros para acabar con la monotonía; vuestra ignorancia es vuestra única sabiduría y así facilitáis el empaderamiento universal.

Sólo queda algo corto como una aguja, lo comprendo; infinitesimales orgías deslumbrantes, muescas en una cadena

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que nos sirve de médula espinal. Sé todo esto y muchas cosas más gracias a tener el cuerpo lleno de tatuajes, escarificaciones que me aplican los instantes y que me endurecen la piel. Camino hacia el ronin existencial, que lucha solo contra toda tribu, respirando sangre en cada batalla.

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STUKA SCHERZO SUICIDA

Puercos crueles llenan el aire de un olor nauseabundo totalmente inodoro. Manifestantes sin brazos son los dígitos inexpresivos y fríos de un inmenso programa vital. Sus risas son controladas, dirigidas por la voz de profetas invisibles dictando su doctrina en RDSI, un idioma en forma de lágrimas de couché, multiplicando las verdades y las libertades para crear la absoluta mentira y la absoluta opresión, bajo telas de gelatinas y diapositivas en una inmensa película que arrastra a todos colgados de sus perforaciones.

¿Dónde está mi hachís?

Payasos sucios y gusanos de cera tirotean a los ciudadanos y se les persigue por ello.

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Intentan dar color con la sangre a unas paredes de la realidad demasiado estrechas, demasiado metálicas, demasiado frías. El consumismo crea escepticismo y se apartan de ti si no sigues la religión de los monitores. Se espera tu respuesta, tu reacción laboral, expresar tu libertad llenando una cuenta corriente. El provecho es un ejecutivo japonés lleno de cables, tomando el té, con gesto de espera. Pero mis botas de marca no me dan ninguna seguridad ni responden a mis preguntas.

¿Dónde está mi hachís? ¿Dónde está mi hachís?

Las arañas me hablan en los momento oscuros y llega el síndrome Travis

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con instrucciones en la pistolera. Algunos tampoco entienden las instrucciones, como el buscón de pies blancos o la chica que reparte cigarros y escribe sin esperar recompensas. Esquivamos a los androides motorizados, pasamos los detectores de calor y tomamos perritos calientes sin ser descubiertos. Él es un indio explorador de las oportunidades de la civilización. No tengo hambre pero no consigo moverme cuando me despido del pícaro hobgoblin y sus agujas de remordimiento hacia todo acaban por pincharme más ansiedad.

¿Dónde está mi hachís? ¿Dónde está mi hachís?

Tú, dulce mediocre, que jamás llegarás a nada, probablemente como yo, tanto te quiero por tu absurda y necesaria nulidad. Ni tu culo ni tus tetas

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emocionan ni emocionarán, y tu ropa y tu piel serán grises por siempre. Todo tan gris, incluido tu cuerpo, tus ojos y toda tu cara, hasta el punto de que cualquier día te volverás transparente. No esperas nada, no vas a por nada. Sólo quieres que te lo hagan por ti. Cuentas porque hay otros. Ni me apetece acercarme a ti, me da pereza mirarte, pero me acerco, te miro y te pregunto

¿Dónde está mi hachís? ¿Dónde está mi hachís?

El fluido del amanecer se convierte en mayonesa sobre los edificios. “A todos los viajeros:

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chica del Metro, nunca volveremos a vernos”. Detrás de los tornos no hay nadie. Todos los de este barrio son extraños,

¿Dónde está mi hachís?

¡Ey!, entre otras cosas sólo escribes lo que dicta tu pensamiento y tu pensamiento es una ameba pegada a unos genitales, y el caso es que se llevan muy bien, demasiado bien, con la baba del deseo fluyendo sin cesar para intentar tragarlas a todas, todos los días. Siento tus quejas en los párpados, el andar pesado, las vacas con flores y, entre todo esto, la acertada rosa.

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CINERAMA

Casi no consigo volver a la realidad y me pone terriblemente nervioso ver a la gente moverse. Pero todo sigue pareciĂŠndose a estar despierto. El ruido del proyector, el crujir de mi calavera y su macabra quijada batiente, sus caras de asombro y ojos abiertos, el tiempo y las acciones divididas en cuadros, en secciones de momentos, todos al mismo tiempo.

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PRÓXIMA GLACIACIÓN

Un rien ne va plus de intenciones. A veces soy un dios inerte y hago de la inmovilidad mi plan de operaciones, más bien mi acto, estando puramente ahora.

Aspirante a ameba, adorador del orgasmo de la clorofila, nadando en una savia verde profética que me enseña lo que hago antes de hacerlo y me adelanto a mí mismo, haciendo sin más, sabiendo que se hace, se hace porque siempre lo veo refulgir, un futuro que quiere liberarse y susurrar su existencia, demostrar que no es contingencia sino humo carnal. ¿Cómo explicarlo?

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Soy el eco de un fluido porque me cuesta hasta desarrollarme, hasta moverme, porque así lo quiero y así estoy bien.

El mismo viento rebota en todas las caras, incluso en la tuya, incluso en la mía. Los discursos del cuerpo surgen del origen de las sustancias que no son suyas pero hablan a través de ellos. Tienden muros, crean lonas de ruido obviando los corpúsculos que son mis guías en túneles de luz, mis autopistas paralelas, invisibles al ojo de los títeres, y sus puñetazos me traspasan, vomito su alcohol adoctrinador y su enseñanza no deja de caer a cataratas en el water, volviendo por donde vino,

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una lección que provoca rechazo físico porque mi cuerpo no la reconoce, no está hecho de ella.

Los hematomas me convierten en un monstruo, más bien un druida visionario que no necesita empujones para sacar la palabra, ni espasmos, ni órdenes. Soy un viajero entre cuatro paredes, un Adán solitario oyendo poemas, conversaciones con el hielo que piso, errando en este iceberg sin fin, que flota arrastrado en un mar improbable, mecido sin tiempo ni meta, sólo consciente del hielo.

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Fiebres galantes jose ángel conde  
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