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Arquitrave Nº

46, Diciembre de 2009

En fin, se puede decir que desde el surgimiento de la poesía al estilo occidental con la publicación de la antología de 1882, la versificación japonesa se ha sostenido por tres pilares: poesía, tanka y haiku. Precisamente aquí está la particularidad de nuestra cultura japonesa. Al repasar la historia mundial de la poesía, nos damos cuenta de que existe una regla: cuando surge una nueva forma de versificación, la antigua desaparece parcialmente. En términos generales hay una tendencia histórica a que la poesía de forma fija sea reemplazada por la poesía de forma libre. Pero en el caso de la poesía japonesa no se aplica esta regla, y esa peculiaridad no es propia del género poético japonés sino también se observa en otros géneros. Por ejemplo en el teatro. El teatro noh nació en el siglo XIV para los samuráis, y contraponiéndose a este entretenimiento destinado a la clase dominante, surgió el teatro popular kabuki, que tuvo gran éxito entre las clases urbanas. Luego, en el siglo XX, bajo la influencia del teatro occidental, apareció un novedoso teatro llamado shingueki (teatro nuevo), escrito con base en las teorías occidentales del teatro. En la actualidad coexisten estos tres géneros teatrales sin que ninguno haya decaído, y el público goza tanto los dramas japoneses tradicionales como los occidentales. Este fenómeno de la simbiosis también se observa en los ritos religiosos, es decir, la coexistencia del sintoísmo, autóctono de nuestro país; el budismo, de origen indio e introducido a través de China, y el cristianismo. Aunque parezca insólito a los ojos occidentales, en muchas de nuestras casas tenemos un altar budista junto con un altar sintoísta, y tampoco es raro que en una familia se celebren las bodas siguiendo las formalidades sintoístas y en los funerales las budistas. Además puede que la hija de esa familia estudie en un colegio cristiano. Con todo, 7

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