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consecuencia de estar en un cuerpo y de nuestros instintos gregarios y de supervivencia. En esencia, no son malos en absoluto, pero tampoco se debe permitir que dominen nuestro nivel consciente o que influyan en nuestras acciones. Otra manifestación interna es el "guía", que los medievales también consideraban un demonio (ya que tentaba al místico para alejarlo de la ortodoxia establecida) y los griegos llamaban daemon, que significa "mensajero". Carl Jung tenía su daemon; era Filemón, el maestro greco-egipcio, como lo comprueban su autobiografía, Recuerdos, Sueños y Reflexiones, y sus pinturas. Jung, que en esa época tenía la biblioteca más extensa sobre Alquimia en toda Europa, también escribió, mediante Dictado en el Plano Interno, Los Siete Sermones a los Muertos, con el significativo subtítulo de "escrito por Basílides en Alejandría, la Ciudad donde el Este toca al Oeste". Exploraremos a este guía interno en más detalle adelante.

La Ciudadela Su fundamento es el Árbol de la Vida Cabalístico; forma su columna vertebral de la que brota todo lo demás. Uso el término "columna vertebral" porque también estamos hablando del árbol subjetivo dentro de cada uno de nosotros. El Pilar Medio de este Árbol subjetivo se alinea con la columna vertebral del cuerpo humano y con las posiciones de las estrellas interiores o chakras en el cuerpo eléctrico. El dragón (Kundalini) se despierta y se guía por sus canales apropiados. Cualquier practicante que use estos métodos sólo debe temer al temor en sí. Pero los lectores que decidan salirse de los parámetros de este libro y experimentar sin conocimiento, serán los únicos culpables si llegan a tener dificultades.

La clave de todo el método es el uso del castillo que se proyecta. Esto asegura que la concentración de las energías mentales se centre en el cuerpo etéreo, construido por la visualización en que se involucra la persona. Cuando este vehículo etéreo proyectado se regresa al mundo físico al final de la práctica de meditación, sigue funcionando de una manera perfectamente segura y autogobernada. El castillo mental es lo que en el Oriente recibe el nombre de yantra, "símbolo con forma”. Cuando un yantra se pone dentro de un marco, por lo general circular o cuadrado, se llama mandala. Nuestro castillo es un símbolo con forma, construido por la imaginación creativa que es capaz de visualizar. Como su forma se construye sobre los cimientos de la Sabiduría Eterna, es lo que podríamos considerar una forma viable, capaz de ser un receptáculo del poder y la energía que pueden llenarla de luz mental y gracia espiritual. La imagen del castillo recibe poder. Además está lleno de todas las presencias e inteligencias que incluyen a los Maestros y a los Profesores Interiores. Recuerda, sin embargo que, como en La Tempestad de Shakespeare, todas las maravillosas visiones y escenarios de la isla eran proyecciones de Próspero, el mago, y de los espíritus que eran sus sirvientes, de modo que este castillo también se evoca mediante tu actividad creativa y es una proyección similar de ti mismo y de los espíritus elementales que son tus sirvientes y que viven en las células mismas de tu cuerpo físico. Exteriorizar tus condiciones interiores utilizando el castillo es una magia muy potente, y se debe realizar en forma correcta para obtener los mejores resultados. No sólo debes emplear tus poderes mentales, sino que también recurrir a todo el complejo de energías espirituales, mentales emocionales y etéreas. En cierto sentido, la proyección del vehículo sutil interno en la forma de un edificio, de una deidad o de un "cuerpo" es la clave

Goddard David La Torre de La Alquimia  
Goddard David La Torre de La Alquimia  
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