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cuelga la túnica en el perchero. Siéntate en la silla que está en el centro de la cámara. Proyecta tu nivel consciente a través de la ventana y de regreso a tu cuerpo físico, entrando por la frente. Ve toda la imagen del castillo frente a ti, luego "atrae" la mesa de nuevo hacia el centro de tu corazón. Cuando la torre se esté moviendo hacia ti, irá disminuyendo en tamaño, luego entrará a tu cuerpo físico y se unirá a él de tal manera que la Mesa Redonda coincida con el centro de tu corazón. Ponte de pie y "Cierra el Velo”, luego haz la Cruz Cabalística. Da gracias a los arcángeles y pídeles que regresen a "su propio reino", desciende del Árbol de Assiah, pisa fuerte con los pies para afirmar tu regreso a la realidad física y escribe tus observaciones en tu diario.

aparecieron en su superficie afloramientos dotados de aroma, color y sabor. Debido a las prácticas malsanas y a una realidad cada vez más burda... incluso esos nutritivos afloramientos desaparecieron, y otras plantas que se habían originado por sí mismas se deterioraron tanto que al final nada que pudiera comerse crecía por sí mismo y los alimentos tenían que producirse a base de mucho trabajo. Así la Tierra se dividió en campos y se formaron fronteras, con las que se creó la idea de "yo" y de mío, propio y "otro", y con ella las posesiones, la envidia, la codicia y la esclavitud a las cosas materiales. El Aggañña-Sutta 41

LA CONTEMPLACIÓN En el pasado, fuimos seres espirituales creados por la mente, nutridos por la alegría. Nos desplazábamos en el espacio, éramos luminosos y de una belleza imperecedera. Así permanecimos mucho tiempo. Después del paso de tiempos infinitos, la tierra de dulce sabor surgió de las aguas. Tenía color, aroma y sabor. Empezamos a formarla transformándola en terrones y a comerla. Pero al comerla, nuestra luminosidad desapareció. Y cuando desapareció, aparecieron el sol y la luna las estrellas y las constelaciones, el día y la noche: las semanas y los meses, las estaciones y los años. Disfrutamos la tierra de dulce sabor, la aderezamos, nos nutrimos con ella; y así vivimos mucho tiempo... Pero cuando surgieron entre nosotros costumbres malas e inmorales, desapareció la tierra dulce y cando había perdido su agradable sabor,

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“El Aggañña-Sutta del Digha- Nikaya” en la obra de Lama Aggañña Govinda, Foundations of Tibetan Mysticism [El fundamento del misticismo tibetano] (York Beach ME: Samuel Weiser, 1969), p. 76.

Goddard David La Torre de La Alquimia