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gran bosque aparece a estribor cuando la embarcación da vuelta en el recodo de la última colina. ¡Y ahí, frente a ti, está Camelot y el Castillo de la Mesa Redonda! En el rompeolas que está cerca del puente de piedra te esperan los Grandes Compañeros. Y detrás de ellos, una multitud de tus súbditos, todos con traje de fiesta, y en las manos guirnaldas de flores y ramas de verde follaje. El barco atraca, se baja la escalerilla. Vas a la linterna de la proa, tomas el Grial que está en la lámpara y lo cubres con la tela carmesí que tiene un bordado de rosas. El Grial envuelto brilla en tus manos como un gran rubí. Desembarcas y recibes saludos, primero del Regente y luego de los demás Compañeros. Te vuelves para invitar a las tres Reinas Hermanas a hospedarse ya celebrar contigo. Pero ya se ha retirado la escalerilla del barco. Con la velocidad de un caballo a todo galope, una niebla cobre el río y envuelve al Barco de Salomón. Se oye el sonido de cantos y risas. Una brisa cálida baja de las colinas, dispersa la niebla y revela un río vacío que resplandece en la luz matinal. Uno de tus compañeros te manda un mensaje con "voz silenciosa": "Han regresado con la Dama del Lago y a la mística Isla de Avalon". Tú mandas este mensaje: “¿Las volveré a ver?" No hay respuesta, pero crees que sí las volverás a ver. Se forma una procesión: los pajes se adelantan para llevar el palio sostenido por altos polos que te cubrirá. Precedido por el espíritu guardián de la capilla, con el Regente a tu derecha y los Compañeros como escolta, miras hacia el castillo. Pero la procesión no asciende la colina del castillo. Vira hacia la izquierda, al camino que entra a la ciudad de Camelot. La procesión llega a ella entre las ovaciones de la gente y se dirige a la iglesia; entra a su tranquilo santuario, donde una sola voz

canta: "Vivat Regis (Regina) in atemum". 76 Ante el gran altar está un trono y junto a él espera Menes, vestido con una túnica gris con capucha. Subes la escalinata del altar, te sientas en el trono, Menes y el Regente están uno a cada lado, y la persona que lleva tu estandarte está a tu izquierda, a cierta distancia. Una silenciosa multitud llena la pequeña iglesia. Termina el himno y te pones de pie; Menes retira el velo del Grial y tú lo levantas en alto. De los que se han reunido ahí brota un suspiro de respeto, asombro y deseo, cuando ven la gloria dorada del Cáliz por primera vez. A modo de respuesta, la aureola del Grial se expande, lanzando rayos de luz que llevan gracia a todos los presentes. Te sientas de nuevo. La asamblea forma una fila y uno por uno se acercan a arrodillarse para que tú coloques momentáneamente el Santo Grial sobre su cabeza como una bendición. Hombres, mujeres, niños, animales, aves, criaturas míticas, hasta las ninfas de los bosques, las hadas y las de vas del paisaje interior. Cada uno se acerca a inclinarse ante el Cáliz y recibir su bendición. Cuando la fila casi ha terminado, se escuchan murmullos en la parte de atrás de la iglesia y se oye el sonido de metal arrastrándose sobre las piedras. ¡Entran a la iglesia, custodiados, los prisioneros encadenados que estaban en las mazmorras más profundas del castillo! Dudosos, casi recelosos, los prisioneros se acercan para unirse a la fila que está frente a ti. Te sientes confuso y de pronto enojado... ¿sientes miedo, quizá? Miras al Regente pidiendo ayuda; él levanta una ceja. Luego te vuelves a Menes, quien sonríe gentilmente. Miras de nuevo la fila de prisioneros que se acerca. Tus ojos se quedan fijos en un prisionero en particular. A nivel consciente ni siquiera lo conoces, pero en este momento de verdad, lees en 76

"Que el Rey (Reina) viva por siempre".

Goddard David La Torre de La Alquimia  
Goddard David La Torre de La Alquimia  
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