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aumenta la cantidad de impurezas que deben asimilarse, pero el Yoga Kundalini (tanto en las Tantras del Vajrayana como en el Arte Hermético de la Alquimia) saca más impurezas que ningún otro proceso conocido. Eso es exactamente lo que significa "evolución acelerada". Es lo que significa la Templanza (la Clave XIV): la purificación de los metales internos en el fuego del Espíritu. Por consiguiente, si permitimos que la Energía del Fuego entre a nuestra personalidad, será necesario, ante todo, estudiar los canales a través de los que fluirá ese poder y asegurarnos de que no existan bloqueos ni desviaciones. De lo contrario, el poder podría desviarse y las consecuencias serían terribles. Ya que kundalini otorga la iluminación a los prudentes, pero la esclavitud a quienes profanan su santidad unificadora. Este es el propósito de la práctica que se presentó en el capítulo 11, limpiar tantas impurezas de la psique como nos sea posible en cualquier momento dado. La parte más importante de este proceso no es reconocer las impurezas (aunque es de vital importancia, muchas personas que quedan fijas en esta etapa de reconocimiento), sino su transformación, su redención (que en la Cábala recibe el nombre de Tikkun), al restaurar la energía que estaba aprisionada en la dinámica general de la psique. Y con ese fin, en la Cábala usamos el Árbol de la Vida de Yetzirah como un mapa de la psique. El descubrir el impulso esencial, del que la manifestación (en pensamientos o acciones), una distorsión, nos ayuda a volver a dirigir la energía de modo que regrese al Sephirah apropiado del Árbol, y luego construir un canal más apropiado que nos de buen servicio. Para ayudarnos a reconocer esto, a menudo resulta muy valioso el consejo de los Grandes Compañeros de la Mesa del Grial. En casos de gran dificultad, el asunto puede presentarse ante Menes en la isla santa (siempre y cuando el practicante pueda

conservar una actitud transpersonal en lo mental y lo emocional). El aspecto más importante es "la naturaleza del deseo". Para aclarar las cosas, declaremos ante todo, como lo han hecho los Sabios, que el deseo en sí no es un impedimento espiritual. El deseo despierta al Kether, como el impulso divino para manifestar. Kether es la voluntad o la conciencia en acción (en hebreo, "voluntad" y "delicia" tienen el mismo significado). La conciencia en sí es inefable, indefinible y está oculta dentro de Ain, el Absoluto. Tener la voluntad de hacer algo, sin embargo, implica que la conciencia se centra en un rayo concentrado de intención pura. Este es un significado del título de Nequidah que se da a Kether; este título significa Voluntad Prístina, de la que emanan todas las demás voluntades. En el Árbol de la Vida, Malkuth, el décimo Sephirah, es el resultado de este deseo Divino, de ahí la relación entre Kether y Malkuth. Sin Malkuth, los otros nueve Sephiroth carecen de significado y en cierta forma son impotentes. Ya que, aunque Malkuth es el botón frágil y transitorio del Árbol de la Vida, es la manifestación plena de los propósitos de la Voluntad Prístina hacia el Bien, en Kether. Utilizando la analogía del árbol físico, sin importar lo fuertes que puedan ser las raíces, el tronco y las ramas de un árbol, si no florece, sigue siendo infértil y no producirá frutos ni semillas ni reproducirá a su especie. En Aquí, el deseo no es el impedimento espiritual, sino el "apego". No son lo mismo en absoluto. El apego ata y encadena, pero la naturaleza inherente del deseo es buscar expresiones siempre nuevas y más perfectas. En cierto sentido, la búsqueda mística es el resultado de que un alma se canse de las manifestaciones transitorias que hay en la creación y esto le produce un profundo sentido de insatisfacción respecto a los fenómenos (en ocasiones se le ha nombrado "descontento divino") y una búsqueda de Aquello que es lo único que perdura, que satisface

Goddard David La Torre de La Alquimia  
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