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“No quiero un mañana sin ti” Como relatar en tan pocas palabras lo que sentí aquel día. Nada podría comparársele, todo era completamente mágico y subreal. Jamas en la vida hubiera podido imaginar algo así, magnifico y a la vez desastroso. Me levante aquella mañana como lo hacia todos los días, la calma rodeaba cada centímetro del lugar, todo parecía paralizado, pero nada me hacía pensar en lo que pronto se vendría. Me fregué los ojos con mis manos que aun estaban cuasi pegados, lave mi cara y me dirigí a la cocina. Llene la pava con agua y la coloque sobre el fuego, me dispuse entonces a prepararme el primer café del día. Siempre había disfrutado enormemente del olor a café por las mañanas, llenaba mi cabeza de hermosos recuerdos, pero hoy era diferente, una especie de melancolía recorría mi cuerpo hasta parecía quitarme el aliento, como si supiera que algo se avecinaba. Pero por lo pronto nada parecía fuera de lo normal, a pesar de que probablemente me había levantado de buen humor, quizás eso era lo que me sonaba un poco extraño, pero no tanto como para preocuparme. Prepare las tostadas, un poco de mermelada de frutilla, mi favorita, y me senté en frente de la televisión, no es que fuera tele adicta pero debo confesar que el silencio me molestaba bastante, salvo cuando tenía que estudiar. Comencé con el zapping diario, nunca había nada bueno para ver mucho menos a las 8 de la mañana. Dejé un noticiero que parecía interesante, lo bueno era que hasta el momento no había informado acerca de ninguna muerte, cosa que era moneda corriente últimamente, solía pensar que nos estaban cazando como ratas, a su antojo, pero también sabía que las noticias exageraban bastante el panorama real. De repente el estudio parecía alborotado, la conductora no podía salir de su asombro, nadie hablaba, el pánico se había apoderado de ellos. Finalmente el Graf aclaro algunas de mis dudas “El fin del mundo, la profecía, parece estar cumpliéndose”. ¿Qué? Me pregunté a mi misma sabiendo que no había nadie conmigo que pudiera responderme. El conductor tomo la palabra, su voz sonaba entrecortada tratando de explicar a regañadientes lo que estaba sucediendo. No debemos entrar en pánico –dijo, para todos aquellos que nos están escuchando y no entienden nuestro desconcierto por favor asómense a la ventana o salgan al patio de sus casas para que de ese modo nos comprendan. Nosotros intentaremos mantenerlos informados en cuanto nos sea posible. Me asome a la ventana rápidamente intrigada por lo que podría llegar a ver, fue tan rápido que deje caer la tostada en el piso, en otro momento me hubiera


enfurecido por eso pero hoy no tenía importancia en lo mas mínimo. Mire al cielo, y solo pude abrir los ojos como si quisieran salirse intentando explicarme lo que veían, era insólito, increíble y destructivo. Una enorme bola de fuego se aproximaba a la tierra, sus dimensiones eran increíbles, tanto que parecían cubrir todo el espacio. ¿Era un meteorito? ¿Un planeta que se había desprendido? Todo resonaba en mi cabeza, la teoría del Bing bang, el fin del mundo, el apocalipsis, la profecía, ¿todo era cierto? Yo nunca le había dado importancia a esas cosas tal vez por incrédula o desinteresada, quien sabe. ¿Que íbamos a hacer ahora? Esto no era como en las películas, era la vida real. Estábamos fritos literalmente. Volví al noticiero para saber si estaban haciendo algo o si esto era un final irremediable. Fue cuando lo escuche, no quería creerlo, le tenía mucho miedo a la muerte, y de esta forma aun más. Solo tenía 21 años, no había vivido nada, había desperdiciado tantos años en tonterías para enterarme, que ya no nos quedaban más que quizás con suerte, solo 3 días. Siempre me había preguntado qué haría si se terminara todo, esa pregunta era fácil de contestar, hacer eso que deseaba pero que por orgullo y prejuicio jamás me había atrevido. Decirle que lo amaba, con toda mi alma, soñaba cada noche con su cara, había imaginado miles de historias juntos, eso era, lo único que quería. Intente armar una mochila con algunas pocas cosas pero desistí, no tenía mucho tiempo y no quería gastarlo en cosas inútiles, anote su dirección, me dirigí a la terminal de ómnibus pero era demasiado obvio que no circularía ningún micro, busque un taxi, pero tampoco, la desesperación me destruía al ver mi sueño totalmente truncado. Me senté en el cordón de la vereda frustrada por mi idiotez, comencé a llorar y maldecirme por haber esperado tanto pudiendo habérselo dicho antes, pero es así las personas tenemos que estar al borde del abismo para expresar lo que sentimos, por ese tonto terror al rechazo. Las lágrimas caían a baldazos desde mis ojos. Sentí una mano que se había posado sobre mi hombro, gire la cabeza deseando que fuera él, pero no fue así, era un hombre de mediana edad, un tanto calvo, su mirada era tan triste que llego a deprimirme. ¿Tú también esperaste hasta el último momento para ser feliz, verdad? –dijo. Me quede atónica, no sé como lo sabía, tal vez entre iguales nos percibíamos, pero tenía razón, toda la razón. Asentí con la cabeza, sin parar de llorar. Me pare y lo abrace, ni siquiera lo conocía pero necesitaba un abrazo, y este no era un buen momento para negarlo. Cerré los ojos intentando imaginar a mi amor. Cuando los abrí vi millones de personas buscando desesperadas, al igual que nosotros, allí comprendí que si hubiera sido menos orgullosa y desprejuiciada hoy no sería el fin del mundo sino el comienzo de una larga eternidad juntos. Por eso amemos a cada instante y no tengamos miedo a hacerlo, pues quizás no haya un mañana. --- Lissi


Sandra Ponce - No quiero un mañana sin ti