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Clase espectáculo:

100 años de Frevo Mariangela Valença Ilustración: Ítalo Cajueiro


Clase espectáculo:

100 años de Frevo Mariangela Valença Ilustración: Ítalo Cajueiro.


TEXTO Mariangela Valença ILUSTRACIÓN Ítalo Cajueiro TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL Walmir Sabino REVISIÓN EN PORTUGUÉS Haidée Camelo Fonseca ASESORÍA PEDAGÓGICA Rossana Rameh ASESORÍA DE PRENSA Christianne Galdino PRODUCCIÓN Mariangela Valença Jorgeany Baracho PROYECTO GRÁFICO DG Design Gráfico Germana Freire IMPRESIÓN FacForm Gráfica V152c

Valença, Mariangela, 1972Clase espectáculo : 100 años de frevo / Mariangela Valença ; ilustración: Ítalo Cajueiro. – Recife : El Autor, 2011. 40p. : il. 1. CUENTOS INFANTILES – PERNAMBUCO. 2. FREVO – PERNAMBUCO – COMMEMORACIONES.3. FREVO – LITERATURA INFANTIL. 4. BAILES POPULARES – RECIFE (PE) – LITERATURA INFANTIL. I. Cajueiro, Ítalo. II. Titulo. CDU 869.0(81)-93 CDD 808.899 282 PeR – BPE 13-151


Dedico este libro a TODOS los niños, en especial, a mi ahijado, a mis sobrinos de sangre y del alma, y a mis primitos. A André Madureira, que me enseñó a caminar por el universo de la cultura pernambucana. A Anna Miranda, con quien aprendí los primeros pasos del frevo. Al Maestro Spok, al “Frevo” (Giba) y a toda la orquesta, de la cual soy fan. A Zeneide Silva, por haberme enseñado que yo era capaz de escribir un libro.

Les agradezco a TODAS las personas que siempre han estado a mi lado, ayudándome, creyéndome, animándome y pacientemente dándome sugerencias, cariño y mucho amor. Especialmente a Enaldo, Zany y Leopoldo França, Rossana Rameh, Jorgeany Baracho y Zeny Valença.


─ Hola, me llamo MariFrevo. Soy una passista. ¿Sabes que es ser una passista? ¿Sabes que es el frevo? ¿No? Bueno, es muy fácil. Para saberlo basta con voltear la página...

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– ¡D

e nuevo! – exclamó Estefanía, muy indignada.

– Sí... y de esta vez robaron la bomba de agua de la escuela – lamentó Andrés, con la misma indignación. – ¡Ay, mi Santa Gota de Agua! ¡ Me siento en la caatinga! – ¡Para de refunfuñar, Estefanía! Y vamos ahorita mismo para la cuadra de la escuela. Pronto empieza la clase espectáculo sobre los cien años del Frevo, con la profesora MariFrevo. Dicen que ella es muy buena y que la clase es muy divertida. Vámonos, que pronto nos olvidaremos de la sed.

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– ¡Eureca!– gritó Estefanía, con una sonrisa en los labios. – ¡Vaya! ¿Qué palabra es esta? – Calma... estoy teniendo una idea... Mira... con tantas dificultades aquí en la escuela, con esa biblioteca en la que sólo hay un ejemplar de cada libro para todos los alumnos... ¿Sabes lo que podríamos hacer? Un trabajo sobre los cien años del Frevo, entrevistándole a la profesora. – ¡Perfecto! ¿Y qué tiene que ver esa tal de eureca con todo eso? – preguntó Andrés, mientras ceñía la frente. – ¡Ja, ja, ja! ¡Trata de buscarla en el diccionario! ¡Vámonos, vámonos para la cuadra! Apuesto que todos ya están ahí. Se volteó, salió corriendo y Andrés trató de seguirla.

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stefanía Capibaribe da Silva y Andrés José Arrecifes son alumnos de una escuela pública de la ciudad de Recife que está el estado de Pernambuco en Brasil. Una escuela donde hay una cuadra cubierta y ventilada... ideal para una gran fiesta.

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Como Estefanía había imaginado, mucha gente ya estaba en la cuadra. Todos los profesores, listos, finalizaban la decoración. Había un gigantesco panel con frases y dibujos sobre el frevo, adornos brillantes y coloridos por todo el techo, disfraces y globos por todos los lados. Muñecos gigantes de Olinda y banderas de varias agremiaciones de carnaval lucían el lugar. Algunos alumnos y profesores estaban disfrazados. Confites y serpentinas eran sus armas para la folía. Algunos músicos de la comunidad vinieron para demostrar, en vivo, el frevo. Se sentía en el aire que la fiesta sería bellísima. Exactamente con debe ser y como el frevo merece. – Vamos, quiero sentarme en una de las primeras filas, pues no quiero perderme ningún detalle. – dijo Estefanía.


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ran las tres de la tarde cuando empezó la fiesta. Unos trescientos niños, entre siete y trece años, llenaban toda la cuadra, completamente eufóricas. Aunque con el problema de la falta de agua, ellas no paraban de saltar al sonido de la pequeña, pero animada, orquesta de frevo de la comunidad. Los niños obedecían todos los


comandos atentamente y, aunque el sol tocara sólo una pequeña área de la cuadra, no se notaba y no impedía cualquier actividad. Después de una pequeña demostración de cómo se baila el frevo, hecha por la profesora y por algunos passistas...

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– ¡Buenas tardes! – les saludó muy alto y contenta la profesora. – ¡Buenas tardes! – le contestaron todos muy animados.


–M

i nombre es MariFrevo y he venido aquí para que

celebremos juntos los cien años del frevo, ese ritmo brasileño que nació en Pernambuco. Su aniversario es el 09 de febrero. ¿Lo sabían? Es que fue en ese día en el año de 1907, que, por primera vez, fue publicada, en el extinto JORNAL PEQUENO de Recife, la palabra FREVO. Algunos dicen que ésta tiene origen en los antiguos peroles, en los cuales se hervía la miel, en los ingenios. La gente con su manera bonita de hablar fue cambiando la “r” de lugar, decía “frever” (en español se dice “hervir” y con el cambio se diría algo como “herbrir”). Así la lengua ganó esta palabra tan bella: “frevo”, que nombra esa música efervescente que hace con que la

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gente baile como si estuviera en ebullición. Y hoy, 09 de febrero de 2007, el frevo, además de cumplir cien años, fue reconocido, oficialmente, como Patrimonio Cultural Inmaterial de Brasil. – Andrés, ¿viste los dos pies de la profesora doblados hacia dentro? – le preguntó Estefanía, con los ojos agrandados, refiriéndose al paso “Bailarina”. – ¡Parecía que iban a romperse! – ¿Cómo no verlos? ¿Y el otro paso en el que ella salió corriendo casi de cuclillas, arrastrándose las piernas en el suelo? – dijo Andrés pasmado al referirse al paso conocido como Patinho (en español: patito). – Estás loco si piensas que voy a conseguir bailar el frevo – dijo Estefanía, aún impactada con lo que había visto.


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hoy, ese ritmo ya hace parte de nuestra identidad cultural, y preservarlo es un deber de todo ciudadano pernambucano – señaló la profesora, durante la clase. – ¿Sabían que el frevo é un “elixir” de la vida? Yo, por ejemplo, bailo el frevo desde niña y hoy tengo setenta y dos años de pura alegría. – ¡Guau! – exclamaron todos, a la vez, como si fuera un coral. Todos los alumnos se sorprendieron, porque la profesora parecía tener, como mucho, veinticinco años y saltaba más que un pulgón de circo.... – ¿Setenta y dos años? ¡Lo dudo! – dijo Estefanía, desconfiada. – ¡Chiss!... ¡Presta atención! ¡Ciérrate el pico! – cuchicheó Andrés.


–T

ambién es importante saber que frevo es el nombre de la música y que se dice “hacer el paso” a lo que hace alguien cuando está bailando el frevo (es un passista) – señaló la profesora. – Todo paso de frevo se hace con la punta del pie y con el talón. El único que difiere es el paso “Abre-alas”, porque los pies tocan completamente el suelo. – ¡Te lo había dicho! – refunfuñó Andrés. – Pero, decirle frevo a esta danza no está totalmente equivocado; también se dice así. – Estefanía retrucó de inmediato. 18

– ¡Cómo eres terca! La profesora acaba de decirnos como se dice de manera “totalmente correcta” y tú me vienes con “no está totalmente equivocado”. ¿Quieres aprender o no?


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la sombrilla? – preguntó MariFrevo, mientras hacía malabarismos con una. – Siempre debe estar junto al passista, dándole equilibrio y belleza a los movimientos, pero eso no significa que no se pueda bailar si no se tiene una. Lo importante es que todos bailen el frevo siempre que tengan ganas, sin preocuparse con los adornos o el traje porque, así, el corazón binario del frevo nunca dejará de latir. Hasta hoy no se sabe quien nació primero... si fue el frevo (música) o el paso (danza). Creo que nacieron juntitos. Algunos niños estaban vestidos de passistas, con una vestimenta totalmente reciclable: faldas de papel, sombrillas de botellas pet, y adornos de papel colorido metálico en la cabeza. Subieron al escenario y probaron lo que la profesora decía en todas las clases: “Todo el mundo sabe bailar el frevo, pero, a veces, no sabe que lo sabe”. – ¡Qué maravilla! El clima aquí está “hirviendo” como el FREVO!! – dijo MariFrevo, alegremente.


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olviendo a nuestra clase... – dijo la profesora, mirándoles a los ojos brillantes de los alumnos –, los capoeiras daban sus golpes, con una coreografía totalmente espontánea, delante de las bandas militares. Eso hizo con que nacieran los primeros pasos de frevo. Hoy día, es imposible contar cuantos ya han sido criados, porque casi todos los días nace un paso nuevo, pero no nos llega al conocimiento. Seguramente ya son más de doscientos.

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– ¡Dios mío, más de doscientos! – exclamó Andrés. – Me pondré muy feliz si consigo aprender a hacer tres. – Ja, ja, ja, ja... – Estefanía dio una enorme carcajada, burlándose del amigo. – ¡Eres un flojo! Lo que quiero es aprender los doscientos y crear unos otros cien. – ¡No digas tontadas! – dijo Andrés, irritado. – ¿Lo dudas?– le desafió Estefanía.

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–L

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a más gran cualidad del passista es su individualidad. Cada uno baila a su manera – seguía la profesora. – Por eso, podemos afirmar que no existe correcto e incorrecto. Sólo se requiere tener ganas y bailar. También es importante saber que es común que un mismo paso sea nombrado de distintas maneras. Por ejemplo: el paso “Cosaco”, también es conocido por el nombre de “Tren bala”; el “Barquito”, se dice “Se asoma, pero no entra”; el “Martillo abierto o cerrado” también se dice “Tijeras abiertas o cerradas”, y pueden existir otros nombres para esos pasos, que ni siquiera los conozco yo. Sin embargo, con la música es distinto. Es fácil saber si se está ejecutando de forma correcta o no. El frevo, como música, viene de la unión de cinco ritmos muy difundidos en Brasil: Modinha, Quadrilha, Dobrado, Maxixe y Polca. – ¡Qué lío! Darles tantos nombres a los pasos debe confundir a la gente ¿no? – le preguntó Estefanía con curiosidad. – ¡De ninguna manera! – afirmó MariFrevo. – Lo esencial no es darles nombres a los pasos sino hacerlos. El frevo no invita, ¡ARRASTRA! El aire y el clima fueron contaminados por el microbio del frevo, y los niños se maravillan con la variedad de pasos: Saci Perere, Tijeras, Punta del pie talón,


Trocadillo, Bisagra, Cerrojo, Engañador, etc. La magia era tan grande que los alumnos sordos hicieron, con perfección, los pasos que la profesora enseñaba. Quien observaba tal escena no creía que ellas no podían oír. En verdad, ellas lo oían pues el frevo es un ritmo binario, como los latidos del corazón, y aquellos niños podían escuchar la esencia más pura del frevo en sus corazones.

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l frevo es así mismo: entra por la cabeza, después toma el cuerpo y RECOMIENZA en el pie. – sonriente, MariFrevo se divertía con los niños. – Bueno, ya estamos llegando al final de la clase.... – ¡Aaaaaa! – exclamaron todos con tristeza. – Pero, ¿ya? – se lamentó Estefanía. – Antes me gustaría hacer un repaso de todos los pasos que fueron enseñados. ¿Quieren subir al escenario? – les preguntó MariFrevo. – ¡Sííííííííí! – dijeron muy alto todos los niños a la vez. – No busco a quien baila mejor sino a quien baila con más ganas, con una sonrisa en el rostro y el frevo en el corazón – exigió la profesora. – Hay algo más: necesito avisarles que mi sombrilla es mágica y quien la tenga sólo parará de bailar después de una semana, se despertará y se acostará bailando el frevo... – rió MariFrevo. – ¿Están listos para eso? Bueno, desgraciadamente, solo diez niños podrán subirse... ¡Míralo! ¿No son Andrés y Estefanía aquellos que están bailando en el escenario? ¡Qué maravilla! Ese microbio del frevo es contagioso de verdad... Al fin, todos ganaron una videoclase de frevo.

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– ¡M

i padre no lo va a creer! – dijo Andrés, jadeante, con los ojos llenos, casi llorando de tanta felicidad. – ¿Por qué tu padre no te va a creer? – le preguntó Estefanía, muy curiosa. – Porque soy muy tímido y me subí al escenario para bailar el frevo. Escuché aquella música y no sé lo que me pasó. Cuando me di cuenta ya estaba bailándola. – ¡Ja, ja, ja...! – sonrió Estefanía, contenta por el amigo. – Se acabó el estrés del lunes. – ¡Dios mío! ¡Míralo! Es un DVD en el que se enseña a bailar el frevo! – dijo Andrés, brincando de alegría. – ­¡Verdad! – lo confirmó Estefanía. – Ahora nadie me detendrá en el próximo carnaval. ¡Voy a entrenar en casa y bailaré muchísimo! – Hay un sitio muy bueno: www.aprendafrevo.com.br – observó Andrés. – Hoy mismo voy a echar un vistazo en él en la casa de mi vecina... Es que ella tiene computadora... y yo, no... – ¡Corre, Andrés, la profesora está saliendo!

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a participación de todos fue intensa. Al final de la clase, cantaron “Cumpleaños Felices”, soplaron las velas de los cien años y un pastel de doce kilos fue distribuido entre los alumnos, junto con deliciosos vasos con agua y jugo de maracuyá. Con respecto a la falta de agua en la escuela, sólo nos queda esperar que el alcalde compre otra bomba de agua. Y de esta vez, la proteja con cadenas y candados. – ¡Profesora, profesora! – era Estefanía gritando y corriendo, casi sin aliento, con Andrés que también iba corriendo a su lado. – ¡Hola! ¿Qué tal?

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– ¿Tiene tiempo para hablar con nosotros? – le preguntó, tímidamente. – Por supuesto. Pero sólo si me dejan de decir “señora”.... Los dos, ruborizados, con sonrisas tímidas, no sabían dónde ponerse las manos. – Bueno, lo que pasa es que… – dijo Estefanía –…nosotros queríamos entrevistarla para un trabajo de la escuela, sobre los cien años del Frevo. – ¡Qué maravilla! Les daré la entrevista con mucho gusto.


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–P

ero, antes nos gustaría sacar una duda..... – dijo, graciosamente, Estefanía. – Dos.... – dijo Andrés, tan bajito que casi no se pudo oírlo. – Bueno, aquí estoy. No tenga vergüenza, Andrés. Le garantizo que no le sacaré ningún pedazo – dijo la profesora, sonriendo. – ¡Primero yo, primero yo! – dijo Estefanía brincando alegremente. – Quisiera saber si la sombrilla de frevo siempre ha sido de ese tamaño, bien pequeña y colorida.

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– ¡Excelente pregunta, Estefanía! – dijo la profesora, admirada. – En el inicio de todo, cuando empezaron a nacer los passistas y el frevo, la gente salía a la calle delante de las bandas militares. Todavía no existían las orquestas de frevo que conocemos hoy. Había mucha rivalidad entre algunos grupos de capoeira y buscapleitos. Por eso, sucedían varias peleas mientras jugaban. Para proteger a quien no quería luchar, la policía prohibió que las personas llevaran consigo, navajas y cuchillos. Entonces, algunas personas usaban un palo y también un paraguas, que, además de proteger del sol y de la lluvia, se podía usar como arma.


– ¡C

aramba! Era muy peligroso, en aquella época, jugar delante de las bandas militares – reflexionó Estefanía. – Sí. Era muy distinto de hoy. – ¿Y qué tiene que ver la sombrilla pequeña en medio a todo eso? – preguntó Andrés, arrugándose la frente. – Bueno, los años fueron pasando, los juguetes fueron aumentando y las peleas disminuyéndose. En ese momento, surgieron los concursos de frevo y de paso. Y para mejorar las acrobacias, los passistas de la época empezaron a disminuir las sombrillas. Desde entonces, cada uno inventa una moda: la cubren con colores diferentes y ponen cintas y otras cositas. – ¡Qué interesante! Eso significa que puedo hacer una sombrilla de frevo como a mí me guste – observó Estefanía, sin quitarse los ojos y las manos de la sombrilla de la profesora. – ¡Exactamente! Ustedes son alumnos muy listos y aprenden rápido – dijo MariFrevo, con una larga sonrisa en el rostro y continuando a hablar. – Existía también la “Sombrilla  Mariposa”. Era sólo el armazón de la sombrilla adornada con cintas y otras cosas que pendían de ella. Se parecía mismo a una mariposa con las alas abiertas.

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a estoy pensando cómo voy a adornar mi sombrilla para ese carnaval. Nadie va a tener otra igual. – Mientras sigues pensando cómo hacer su sombrilla, trataré de hacer mi pregunta – dijo, muy animado, Andrés. – ¿Es verdad que tiene usted 72 años? – Ja, ja, ja, ja.... Sí. ¡Tengo setenta y dos años de alegría! – contestó la profesora, con una gigantesca carcajada. – ¿En serio? – dudó Estefanía. – Cuando estamos haciendo algo que nos gusta mucho parece que el tiempo vuela ¿verdad? – preguntó la profesora.

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– Sí, es verdad... – dijo Andrés – Siempre que estoy jugando un videojuego, el día pasa rápidamente y mi madre riñe conmigo todo el tiempo: “¡Andrés, sal de delante de esa televisión!”.


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so porque la alegría hace con que el tiempo pase más rápido. Vamos a acordar una cosa: de aquí a cien años de alegría, nos encontraremos en este mismo lugar. Tú – lo dijo mirándole a Estefanía –, por favor, venga con una camiseta roja y un lazo colorido en la cabeza; y tú – mirándole a Andrés – con un sombrero elegante y una camisa azul. ¡Así podré reconocerlos inmediatamente! – ¡De aquí a cien años, voy a tener ciento y diez años! – habló Andrés, espantado. – ¡Y yo voy a tener ciento once años! – habló Estefanía, con el mismo espanto. – ¡Excelente! – dijo feliz la profesora. – Así formaremos el Bloco del Eterno Frevo. – ¿Cómo conseguiremos eso, profesora? – preguntó Estefanía, sin entender nada. – De la misma manera como hablé durante la clase.... Haciendo el paso con gana, con una bella sonrisa en el rostro y el frevo en el corazón. Eternidad no es tiempo infinito; es ningún tiempo.

Ahora les toca, APRENDAN EL PASO... ¡Y VIVA EL FREVO!

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¡Quién quiere saber más sobre el Frevo levántese la mano! – Más o menos en la década de treinta, el frevo fue dividido en tres ritmos: frevo-de-calle – que no tiene letra sólo música; frevo-debloco – que tiene una orquesta de Palo y Cuerda y es acompañado por un coral femenino (ese sí tiene letra); y el frevo-canción – que es la unión del frevo-de-calle con el frevo-de-bloco, porque tiene una introducción de origen enteramente orquestal y también hay la dulzura de los versos del frevo-de-bloco. – ¡Vaya! Entonces, quiere decir que “Paso de Ángel”, del Maestro Spok y João Lira, es un frevo-de-calle! – exclamó Andrés. – “¡Oh! Bella”, de Capiba, es un frevo-canción – comentó Estefanía. – Y “Evocación nº 1”, de Nelson Ferreira, es un frevo-de-bloco – concluyó Andrés. – Muy bien, niños. – dijo la profesora, satisfecha con la participación atenta e interesada de los alumnos. – Y hay más. ¡El 05 de diciembre de 2012, el Frevo fue elegido Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (http://www.fundarpe.pe.gov.br/frevo-e-eleitopatrimonio-cultural-imaterial-da-humanidade)! Como tarea de casa, quiero que ustedes investiguen otros frevos-de-calle, de bloco y canción. Voy a darles una pista: en el sitio www.frevo.pe.gov.br, van a encontrar muchas cosas interesantes. ¿De acuerdo?

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AUTORA Y OBRA Desde pequeña, yo les decía a mis padres que quería ser cantante y “atrista”. La cantante soltó la voz sólo en el baño, pero el otro sueño se realizó ya que todos nosotros somos artistas. Artistas de la vida. Nací en Pernambuco, pero jamás había imaginado como me identificaría con nuestra cultura. Puedo decir que soy privilegiada, porque Dios siempre me condujo a la persona y lugar correctos para enseñarme a elegir los caminos que pudieran, mejor, hacer con que yo creciera dignamente. Soy coreógrafa, bailarina, actriz, profesional de la radio, productora cultural y psicóloga. Soy, sobretodo, una apasionada por ese ritmo brasileño que nació en Pernambuco y se convirtió, oficialmente, Bien Inmaterial Cultural de Brasil. Él tiene un papel importantísimo en mi vida. En 2002, lancé la primera videoclase de Frevo (www.aprendafrevo.com.br). Y ahora, aun sabiendo que existen libros infantiles que abordan el tema “frevo”, resolví producir este libro. Creo que él es importante y tiene su lugar. Él se diferencia de los otros por una peculiaridad: es un libro de rescate histórico y pionero en su primera versión en Braille, dirigido hacia el público infantil. Él ya ha sido traducido al francés, inglés, italiano, español y alemán. El libro trae un poco de mis experiencias en los últimos veinte años trabajando con la cultura pernambucana. Lo escribí con mucho amor y cariño. Estoy segura de que los lectores, adultos o niños, van a divertirse, sonreír y descubrir cosas increíbles con la ayuda de la profesora MariFrevo, de Estefanía y de Andrés. Como bien dice la profesora: “Todo mundo sabe bailar el frevo, pero, a veces, no sabe que lo sabe. Porque para bailar ese ritmo, no hay secreto. Es sólo hacer el paso con ganas, con una bella sonrisa en el rostro y el frevo en el corazón”.

Mariangela Valença


Clase espectáculo: 100 años de Frevo ¿Sabes que es el frevo? ¿Sabes que es un passista? passista? ¿No? Entonces, puedes empezar a leer este libro ahora. Estoy segura de que, con la ayuda de la profesora MariFrevo, de Estefanía y de Andrés, vas a divertirte, sonreír y descubrir cosas increíbles. Como siempre dice la profesora: “Todo el mundo sabe bailar el frevo, pero, a veces, no sabe que lo sabe. Bueno, para bailar ese ritmo, no hay secreto. Es sólo hacerlo con ganas, con una linda sonrisa en el rostro y el frevo en el corazón”. Mariangela Valença Es coreógrafa, bailarina, actriz, productora cultural y psicóloga. Es, sobretodo, apasionada por la cultura pernambucana. En su estreno como escritora, dedica su obra al público infantil y el tema no podría ser otro sino el frevo, su gran pasión.

Ítalo Cajueiro Ítalo Cajueiro es publicista, cineasta, ilustrador, animador, guionista y programador visual. Sus animaciones ya han recurrido diversos países y han conquistado 47 premios en festivales de cine en Brasil y en el mundo. Este es el segundo libro infantil que él ilustra.


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