El llamado universal de Dios a la santidad consiste en hacernos eco de ese amor que habita en nosotros y nos susurra al oído para decirnos por dónde, cómo y de qué manera esparcirlo en el mundo para hacerlo concreto y real.
Jesús nos ha dado una pista para aprender a escuchar a Dios y responder a su llamado; «Cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre en secreto» (Mt 6, 6). El diálogo con el Señor, en el silencio del corazón, y la disponibilidad atenta a su Palabra, nos hace personas asertivas y resolutivas. Jesús, no es una idea, un concepto, una bella teoría, o una definición, es el mejor Amigo del ser humano: la voz de Dios que nos habla al corazón.