Page 1


Libro Traducido con la colaboración del Foro Luz de Luna

Grupo Leyendas Oscuras &

Foro Luz de Luna Traductores y Correctores Leyendas Oscuras: Roux Maro - Lobrizever - Mausi - Crisur - Analo – Erikagjasso Luz de Luna: esmeralda38 - Lilith Cromwell – angel – BlackRose – hormiguita – anelisse – Sil – Eduardop maria.rj1 – masi – whitesadow – lorenitah - alice d Cami.Pineda – georgyy

Diseño Madri


1 Traducido por Roux Maro Corregido por Mausi

Una semana después ya estaba en problemas. Estaba en una escuela llena de chicos a los que se les enseñaba a matar vampiros, una pelea era una actividad grupal. Es como una pelea en una escuela regular, sólo que aquí los profesores no intervienen, o al menos, no lo había visto en ninguna de las otras cuatro peleas que había visto desde que llegué. Había una multitud de curiosos gritando y eso podía convertirse en una lucha cuerpo a cuerpo con bastante facilidad. Las cosas no se detenían hasta que alguien sangraba. O peor. Ser capaz de curarse sólo hacía que los chicos fueran más propensos a lastimarse. Yo no podía sanar así todavía, porque no había madurado. Era así por ser tan especial. Aquí era tan frágil como un civil. Pero cuando has pasado la mayor parte de tu tiempo libre aprendiendo a sacar lo mejor que tienes, contra cosas que se mueven en la noche, no te das por vencido fácilmente. Eso se me ocurrió en el suelo cuando sentí un golpe, conseguí ponerme de pie e Irving me agarró la muñeca. Él utilizó mi impulso para lanzarme por delante suyo, pero ya estaba preparada y conseguí darle un puñetazo en la cara.


Eso es lo que papá habría llamado golpe sucio; algo que él aprobaba en una chica. Oye, no hay reglas en una pelea. Pensar que hay "reglas" puede hacer que te maten. Recordé a mi padre en mi cabeza una y otra vez hay que luchar para ganar, para sobrevivir. No es bueno darle una oportunidad a tu contrincante. Dejé de pensar en papá. Yo tenía otros problemas. Irving había apostado a que podía vencerme en menos de dos minutos. Llevábamos noventa segundos y seguíamos contando, yo estaba ganando. Un desafío no puede quedar sin respuesta. No cuando tu padre estuvo en la Marina y te ha estado enseñando durante años a patear traseros. No cuando hay una burbuja caliente en plena ebullición detrás de tu esternón todo el tiempo. No cuando estás prácticamente sola en una escuela llena de chicos adolescentes. No cualquier tipo de adolescentes. Son chicos que pueden convertir tu piel en un felpudo con malas artes, sin pretextos. Chicos djamphir que nacen con una velocidad espeluznante que hace que el estúpido mundo diurno se vuelva lento como en los efectos especiales. Son más fuertes y más rápidos desde el principio y mejorarán una vez que lleguen a la pubertad. Algunos se desarrollan después, sobre los veinte años. Pero incluso antes de que alcancen su desarrollo pleno son más que un reto para cualquier ser humano.


Arrastré mi zapatilla deportiva en la alfombra desgastada y pateé hacia atrás. Le di en la rodilla. Le oí gruñir y sus huesos crujieron. Caí al suelo, raspé mi codo contra la alfombra porque sólo llevaba una camiseta sin mangas y vaqueros. No soy estúpida, eso era lo razonable para hacer cuando escuchas el ruido característico del cambio de un lobo a su forma animal, lo que les hace casi imposible de matar. Salvo que Irving no era lobo. Era djamphir y él no estaba listo. Entonces, ¿de dónde provenía el sonido?. Me di la vuelta justo a tiempo para ver venir a Irving por el aire hacia mí, veía su cara pálida a través de sus dorados rizos. El mundo se ralentizó, y me dio tiempo para enfrentarme con su cuerpo pesado que chocó contra todos los músculos de mi cuerpo. El chasquido sonó como una goma que golpeó mi cabeza, él se apresuró de nuevo y embistió en dirección a las alfombras a unos tres pies de distancia de donde yo estaba, pero exactamente donde yo había estado. Su rodilla golpeó muy fuerte, donde había estado mi cabeza, y dejó escapar un grito breve y agudo. Con su cara marcada por mis uñas se puso de pie, retorciéndose. Ahora ya no era sólo un adolescente que necesita salvar la cara delante de la multitud. Ahora atacaba en serio. Y estábamos a veinte segundos del final. Bueno.


Corrí y salté de nuevo dos veces. El grupo de espectadores nos hicieron lugar. Eso nos dio suficiente espacio para movernos. Irving saltó como si estuviera lleno de helio, sus rizos se movían al igual que los de un anuncio de champú y se lanzó a través del espacio libre con una extraña velocidad a la que no estaba acostumbrada. Una velocidad que yo no podía utilizar, todavía. Así que el instinto se hizo cargo. No era precisamente un instinto de prepárate y dale al hombre en la cara. Mi padre me habría gritado que no fuera estúpida, ya que Irving era muy rápido y con gran fuerza, al igual que en el karate, yo no tenía demasiada ventaja. Soy demasiado delgada y espigada. Ni siquiera tenía unos pechos moderadamente grandes. No eran lo que parecían. Por lo menos se mantenían sujetos en un sujetador deportivo. No era que detestara ser una chica, pero a veces estaba cerca de eso. Debería haber agarrado a Irving del brazo, retorcérselo y tirar de él utilizando su propio impulso, para lanzarlo a través de la sala, justo contra la pared de piedra. En lugar de eso, le pegué. Hubo una crujido cuando mi puño chocó contra su nariz y él me embistió como un tren de carga. Nos dirigíamos hacia la pared, y la idea que esto iba a doler pasó a través de mí como la electricidad en el filamento de la bombilla.


Y eso habría sucedido también, si algo no nos hubiera golpeado de lado, rugiendo. Le di un codazo en el rostro y caí golpeando contra el suelo, las alfombras manchadas desgarraron bastante mi espalda. Por un segundo, unas campanas sonaron dentro de mi cráneo y el mundo entero parecía lejano. Me llevó mucho tiempo parpadear, mientras miraba la bóveda arqueada y los pilares del techo. Esta parte del complejo había sido una capilla, pero ahora era la sala de armas y un espacio de combate, con esteras desplegadas que habían visto mejores días y el olor de los jóvenes sanos. Debajo estaba el fantasma del incienso y si fuera de día, los rayos del sol se deslizarían débilmente entre los barrotes y traspasarían la penumbra polvorienta. Durante el día, sin embargo, la escuela duerme. En este momento sólo era medianoche y yo estaba echa una mierda. -¿Dru?.- Alguien se inclinó y me sacudió. Traté de empujarlo, pero mis manos no respondían muy bien. Entonces una especie de ensueño se deslizó a través de mí y sentí de nuevo un chasquido en mi cuerpo. Me estaba pasando mucho últimamente. El aire estaba lleno de ruidos y murmullos y había un montón de gritos. Oh, Dios. Esto podría haber sido una mala idea. Un par de manos me agarraron y tiraron de mí. Mi cabeza estaba dolorida y también me dolía la espalda.


-¿Qué diablos está pasando aquí?.- Las palabras cortaron el bullicio, a excepción de un gruñido profundo. Sacudí la cabeza y sentí que algo húmedo goteaba de mi nariz. Estaba entre dos chicos djamphir. Clarence, con su pelo cortado en forma de tazón, húmedo por el sudor y Tor, con su pelo con reflejos de color amarillo como la mantequilla. Ambos eran más altos que yo, les llegaba por los hombros, pero los esquivé y llegué a la primera fila. Graves tenía a Irving en el suelo, sus largos dedos sujetaban el cuello del djamphir. Sus ojos eran unos puntos de llamaradas verdes y el gruñido era tan denso que el aire estaba borroso a su alrededor, era el sonido de un cambia formas muy cabreado. Es probable que no pudiera hablar, ya que su mandíbula se había modificado sutilmente y mostraba los dientes. El crujido del hueso lo había producido él. No había cambiado a su forma animal, él era un loup-garou, no era un lobo, había cambiado a medias, pero estaba muy capacitado para infligir un daño grave y lo suficientemente enojado para no tener cuidado de lastimar a alguien. Había pasado unas tres o cuatro veces hasta ahora. Dos veces allá en Dakotas, cada vez que estábamos en peligro, o cuando él pensaba que estábamos en peligro, desde que Christophe, después de todo, había vuelto a estar de nuestro lado. Y la primera noche que yo había despertado en la escuela, y que caminaba por el lado derecho del pasillo hacia la cafetería evitando los empujones de los djamphir. Por lo que había escuchado, un djamphir le había


preguntado algo sobre mí y Graves se volvió contra él. El resultado fue empujar, gruñir, empujar un poco más y gritar. No pensé que me había enterado de la historia completa, pero Graves no habló de ello. Y ahora, estaba esta situación. -¿Qué?,- dijo Dylan de nuevo, abriéndose paso entre la multitud. Lo eludí y di un paso adelante. Mi pierna derecha se resintió y algo goteó sobre mi labio superior. Tres pasos, cuatro, mis botas se arrastraban sobre la alfombra. Cuando puse mi mano sobre el hombro de Graves, el zumbido que sentí fue como si estuviera poniendo la mano en un transformador de electricidad en marcha. De hecho, él gruñó, su pelo rizado teñido de negro, estaba erizado. La fuerte estructura ósea de su cara estaba sutilmente desfigurada, la nariz era menos pronunciada y la parte superior de los arcos de los pómulos tenían la forma del lobo en lugar de la amplitud de los humanos. Un rico color inundó su piel, profundizando su bronceado perpetuo.

-Cálmate.- Logré decir. Sólo logré sonar como Elmer Gruñón, porque tenía la nariz tapada. Mis ojos me escocían,


también. -Jesús.- Salió como Jebús, era para echarse a reír pero no era gracioso. -Que todo el mundo se calle.- Dylan se cruzó de brazos, su chaqueta de cuero crujió. El ruido cesó. Aquí en la escuela, cuando un maestro habla, se escucha. Retrocedan. Atrás.Graves volvió a gruñir y siguió asfixiando a Irving. Su cara se estaba poniendo de un tono carmesí muy profundo. Sus dedos sujetaban débilmente la mano de Graves, pero con el brazo torcido por debajo de su cuerpo y un cambia formas enojado sobre él, no podía hacer mucho. Tiré de los hombros de Graves. Un rayo de dolor bajó por ambos lados de mi columna. -Vamos, imbécil. Cálmate. Esto es bastante ridículo.-¿Por qué no me esperaste?, - dijo Dylan sobre mi cabeza. Estoy un poco cansado de...Ay Dios, chica, estás sangrando.Graves dejó a Irving a sus pies, y se soltó de mi agarre. Tenía los labios retraídos y mostraba unos dientes relucientes, sus ojos estaban inundados de una fosforescencia salvaje. Me di cuenta de que un lobo se había ubicado en silencio detrás de él y la tensión a través de ellos era palpable. Algunos de ellos estaban un poco más peludos, también. La tensión era palpable en los demás chicos lobo, los hombros estaban a punto de reventar las


costuras de la camisa. No se trasformarían en lobo a menos que fuera realmente necesario, pero no se podía decir lo mismo de los djamphir. Es por la forma en que se mueven, como si levitaran de manera fluida a través de la hierba iluminada por el sol, con la gracia aguda de su mitad de Nosferatu. Los djamphir no se transforman, pero su aspecto cambia y eso era evidente por el cambio en sus cabellos, que se movían y cambiaban de color, el brillo de sus ojos , y uno o dos de ellos tenían pequeños colmillos sobre el labio inferior. ¡Chicos!. ¡Por Dios!. Papá siempre me había enseñado que los lobos y los vampiros no se llevaban bien. Estaba empezando a pensar que era algo genético. Por lo que yo pude entender, los djamphir y los lobos estábamos del mismo lado en contra de los vampiros. Eso era lo que la Orden intentaba. Pero no parecía que se gustaran mucho. Empujé a Graves pero no logré mucho, me paré por delante y él trató de alejarse más. Lo agarré por los hombros y lo sacudí. Mis dedos se hundieron en el músculo, no me preocupó hacerle daño. Dejó caer su cabeza, cerró los ojos y el gruñido cesó. Me sostuvo la mirada durante lo que pareció un tiempo muy largo. Él parpadeó, y sus hombros se relajaron un poco. Fue entonces cuando me di vuelta y me encontré con


Dylan, con los brazos cruzados, de pie junto a Irving, y con una ceja negra levantada. El resto de los djamphir estaban inmóviles detrás de ellos dos. Los ojos de los djamphir brillaban y sus colmillos estaban fuera. Ah, la testosterona. Se podía cortar el ambiente con una cuchara de café. -Estábamos combatiendo. Fue una estupidez.Di otros dos pasos, mis talones se resintieron y sentí el dolor de los huesos descolocados de mi columna. -¿Estás bien?.- Esto fue dirigido a Irving, que estaba tosiendo, con un sonido profundo y áspero. Pero él ya no estaba púrpura. Él me miró y me dio pena. Había sido sólo un entrenamiento poco amistoso, nada grave. Debería haber puesto los ojos en blanco y pasarlo por alto. Pero en vez de eso, decidí tomar la delantera. Se suponía que yo debía ser mucho más madura que los chicos a esa edad. -Lo siento, Irving.Mi espalda se paralizó de nuevo y yo respiraba a través de mi boca. El gruñido detrás de mí descendió un poco y le ofrecí mi mano para que se levantara. -Tendría que haberte agarrado y lanzado contra la pared en lugar de tratar de darte un puñetazo en la nariz.-


Fue muy difícil parecer conciliadora con algo goteando de mi labio superior. Tenía la esperanza de que no fuera moco. Eso sería grave. Carraspeé y la hemorragia nasal fue más fuerte. Irving se quedó inmóvil, mirándome. Sus pupilas se contrajeron. Una salpicadura de sangre de color rojo vivo salpicó en su ropa y también en la alfombra junto a él. -Mierda, - dijo Dylan, y saltó sobre él. -¡Fuera de aquí!.Las manos me agarraron de la piel desnuda de mis brazos. Me arrastraron hacia atrás y el mundo amenazó con girar sin que yo lo quisiera. El sonido dentro de mi cabeza se tornó peor, oía sonidos en el interior de mi cráneo con explosiones frenéticas. Un lobo me sacó y oí los gritos de Irving cuando Dylan lo agarró, el hambre de sangre en su voz hizo que gritara como una arpía. Sí. Sólo otra noche en la escuela. La lucha no se detenía hasta que hubiera sangre en el suelo. Pero cuando la sangre era la mía, puede poner a un chico djamphir un poco loco. Es algo acerca de ser una svetocha. Era una de las características de mi sangre, antes de madurar, algo que hace que se sienta y despierte la locura de alguien con un poco de nosferatu. Después de que madure, tendré mi propia fuerza sobrehumana y velocidad. Y esas cosas que hacen que mi


sangre sea tóxica para los vampiros, como el Raid es tóxico para los insectos. Pero ahora sólo me hacía vulnerable. Yo olía como un aperitivo muy agradable. Dylan había estado insistiendo una y otra vez durante toda la semana, que yo no podía entrenar con los estudiantes djamphir. No podían controlar muy bien el hambre de sangre, podrían llegar a hacerme daño de verdad y bla, bla. Christopher nunca me había dicho eso. Había un montón de cosas que no me había dicho. El lobo me arrastró por el pasillo y el ruido dentro de mi cabeza se hizo más fuerte. Creo que probablemente me desmayé. Por lo menos, sentí que el sitio se volvía lejano y oscuro y lo único que importaba era escuchar a Graves. Él podía hablar ahora que la rabia había pasado y estaba diciendo las mismas cosas una y otra vez, sentí algo en su voz justo antes de que pronunciara mi nombre. -Estás bien, Dru. Prométeme que estás bien.. No sonaba tampoco como si él lo creyera.


2 Traducido por Roux Maro Corregido por Mausi La bolsa de hielo picado, mantenerla sobre la nariz significaba menos hinchazón y un posible cardenal. Suspiré, me moví incómoda, y parpadeé para no dejar caer las lágrimas. Graves había pensado en ponerme mi chaqueta, también, porque sentía la piel de gallina en mis brazos. -Fue por mi culpa, -repetí obstinadamente. -Debería haber tirado a Irving junto a mí en lugar de tratar de pegarle en la nariz. -Ese no es el tema. -Suspiró Dylan. Algunos días suspiraba más que otros, y algunos días parece que no hacía nada, pero. Tenía una cara que podría haber estado en una moneda romana y yo había oído que su nombre real era algo impronunciable y gótico. No como el lápiz de labios negro y su angustia, pero realmente bárbaro. Por aquí, nunca se sabía. Incluso los profesores parecían adolescentes. Los más mayores no pasaban de los veinte años. Uno de los que llamó su padre para confirmar la historia de Christophe debía haber sido uno de ellos. Me preguntaba sobre ello, pero no parecía de buena educación preguntar.


Dylan pasó una mano por el pelo oscuro y se movió más en la silla. Su escritorio estaba lleno de papeles y un bloque grande de plata que me quedé mirando la primera vez que estuve aquí hasta que vi que se trataba de un cráneo sumergido en el metal brillante. El cráneo tenía colmillos largos e incisivos afilados y decidí no preguntar si se trataba de un cráneo real por milésima vez. Detrás de Dylan, había polvorientas estanterías de libros encuadernados en cuero, también había telarañas cerca de la parte de arriba. El lugar olía a cuero, a polvo y al olor almizclado de las hormonas adolescentes, pero todavía se sentía como en la oficina del director. He estado en las oficinas de los directores de toda América. La mejor manera de salir adelante era mantener baja la cabeza. Graves estaba detrás de mí. Dylan no le ofreció una silla. No me gustó que, especialmente desde que Dylan se había negado a hablar hasta que se sentó. En su oficina había ventanas, con barrotes. Yo había hecho una especie de broma cuando llegué por primera vez aquí acerca de si los barrotes eran para mantener a la gente fuera o era para que nadie saliera y el silencio y la mirada de dolor en la cara de todo el mundo me habían dicho que me callara. Fuera de las ventanas enrejadas, los jardines estaban iluminados con luz de la luna. Los árboles hacían guardia,


rodeados por la niebla, sobre la fachada blanca se reflejaban las sombras espectrales negras. El hielo crujió cuando yo lo moví en el puente de la nariz, luego miré a Dylan. -Mira.- Él tenía ese tono de paciencia de nuevo. -Tu entrenamiento de combate va a llevar un tiempo, y realmente no empezarás hasta después de la floración. Debes practicar con los profesores, pero no con los estudiantes. Y Graves. . . no puede estar interfiriendo cada vez que piensa que alguien te ha insultado, o lo que sea. No es seguro. Para ninguno de vosotros. Dylan fue magnánimo dejando de lado la parte donde dejé a Irving sangrando. Agradable. Esperé a que Graves dijera algo, pero permaneció en silencio incluso cuando miré hacia él. Sus ojos brillaban de debajo de una mata de pelo teñido de negro, su color volvería a la normalidad. Tenía un moretón en el pómulo, se convertiría en un moretón púrpura cuando se hinchara. Sería pasado mañana. Los Loup-Garou curan incluso más rápido que los Lobos. Obtienen todos los beneficios del cambio, como la velocidad y la fuerza, sin la alergia a la plata o el riesgo de perder el control. Había aprendido más acerca de los lobos en una semana aquí, que en todo el tiempo de arduo trabajo con papá, con


los libros encuadernados en cuero y los años de la caza de cosas raras. La boca de Graves tenía una mueca desafiante. Sólo su pendiente brillaba un poco, miraba a través de su pelo. Se puso de pie detrás de mí silla y miró a Dylan. No había ayuda por ese lado. Todo lo tenía que hacer yo. -Fue por mi culpa. Ninguno de los instructores tiene tiempo para entrenar conmigo. Ellos me tratan como si yo fuera de cristal y las clases que me imparten son una mierda correctiva que podría conseguir en cualquier escuela secundaria normal. Yo no voy a ser mejor si me siguen poniendo trabajos de jardín de infancia. -Eres una svetocha, Dru. Estás preciosa. No tienes idea de lo que vale el Nosferat, vivo o para nosotros. -Dylan apoyó los codos en su escritorio. La mesa crujió. -¿Tengo que explicarlo de nuevo? No has florecido aún. Una vez que lo hagas, serás capaz llevar a cabo un combate más duro, pero hasta entonces... -Hasta entonces se supone que yo sólo debo estar aquí y mirar lo que hacen los otros. No, gracias. -Podía sentir mi barbilla que sobresalía hacia delante, una señal segura de que estaba enfadada. -Quiero ayudar. Yo ya iba de caza con mi padre cuando la mayoría de estos chicos todavía eran unos niños de leche. Mantenerme en una burbuja no va a funcionar. -¿Por qué no podría él metérselo en la cabeza? Yo no era una chupatintas o alguien que se iba de compras al Kmart.


Yo era una cazadora también. He sido ayudante de mi padre. -Oh Señor. No es un argumento nuevo. -Suspiró Dylan. Tenía los ojos inyectados en sangre y ojeras por el cansancio. Siempre se veía cansado y estresado. No lo afeaba. -Hay malos hábitos de tu tiempo como aficionada, Dru . Es hora de que mejores y eso significa que debes empezar desde abajo como todos los demás. Eso es lo que la directiva, dijo. Mis manos están atadas. -Él me dirigió una extraña mirada, sus ojos oscuros eran ilegibles, y luego continuó. -Irving se curará completamente en menos de doce horas, tu amigo Loup-Garou tiene menos de dieciocho años. Tendrá una curación más larga y con menos velocidad, fuerza y resistencia. Ni siquiera estará listo para una carrera, por no hablar de algunas de las expediciones junior de limpieza. Por no mencionar el hecho de que cualquier Nosferat que se entere de su existencia tratara de drenarlo para alimentar su propia hambre, o que le lleve a… -Él se detuvo, tragó saliva. -Sergej.- Dije el nombre. Me quemó la lengua, me faltaba el aire. Aquí no se hablaba de ello. Nombrar a un vampiro da mala suerte, y quién sabe si podía enterarse. Incluso los cazadores como papá no decían el nombre de ese ser en voz alta. Ellos usarán las iniciales o palabras claves. Dylan no se inmutó. Él, sin embargo, suspiró. Una vez más. -Dru No has madurado. No puedes mantener una lucha


con los estudiantes o con los instructores y no hay nadie con suficiente control por si algo, Dios no lo quiera, sucediera y empezarás a sangrar. Si... -Se contuvo justo a tiempo. - Christophe estuviera aquí, las cosas serían diferentes. Dije con un gemido.-Vamos, Dylan. No soy estúpida. Christophe no está aquí, y nadie más va a permitirle venir, a pesar de que ha desaparecido y nadie va a hablar de él. A pesar de que me salvó la vida. ¿Cuál es el problema? -Es muy complejo.- Miró a la calavera de plata de su escritorio y su juego de esposas. Cada chico en la escuela tenía una buena piel, ojos brillantes y dientes brillantes. Era como estar atrapada en una comedia maldita. Sólo podía ver a los maestros enseñando a los estudiantes. O bajar la cabeza ante los más mayores y permanecer absolutamente inmóvil. Ni siquiera parecían que respiraban cuando lo hacían y era por lo general un signo de restricción. Lo que significaba ser enviada a mi habitación mientras todos los demás se entrenaban en combate. Dos veces la semana pasada, oí que había simulacros de restricción, también. Al igual que los simulacros de incendio. Sí. Muy divertido yo en mi habitación mientras los demás participan en peleas. El hielo crujió de nuevo cuando moví la bolsa. De alguna manera me sentía como si me hubieran dado una patada en el culo. -Bueno, soy una chica inteligente. Trátame como tal.


-No es una cuestión de cerebro, Dru. Es una cuestión de lo que es más seguro, ya que Christopher siente que hay un topo en la Orden. Eres una svetocha sólo hemos sido capaces de encontrar a una en treinta años, es raro y cualquier otra svetocha que logramos ubicar fue asesinada antes de que pudiéramos llegar hasta ella y parte de eso es asegurarse de que está debidamente capacitada desde el principio. Aunque ¿por qué te han enviado aquí y nos ha dado unas confusas instrucciones. . .? -Desesperante, se detuvo de nuevo. Una conversación con Dylan era así. Se detiene en medio de oraciones, se niega a ir más lejos, sólo mira hacia abajo a su escritorio con una mirada triste. Casi se podía sentir lástima por él. Se me cayó la bolsa de hielo en mi regazo. Un delgado hilo de la humedad empapó mis vaqueros. -¿Por qué los maestros no tienen tiempo para entrenar si soy tan malditamente importante? ¿Por qué estamos esperando a Christophe cuando este Consejo, tiene un problema con él? ¿Y por qué...? -El Consejo no tiene ningún problema con él. Solo una minoría significativa del Consejo. No es lo mismo y no es una cosa de la que debas preocuparte. Tienes ya bastante. Él me miró. -Eso va a ir a más. Tomate algún calmante y date un baño.


En otras palabras, lo que yo pensara no era importante. -No has contestado a mis preguntas. -Me puse de pie poniendo el paquete de hielo en la cara otra vez. -Gracias por nada. -No hay de qué. Por lo menos yo no he sido el que he puesto a un amigo en problemas por interferir y hacer que las cosas empeoraran. -Él probablemente lo lamentó tan pronto como lo dijo, porque se dio la vuelta y cerró la boca con un chasquido. Pero Graves finalmente hizo algo, él me agarró de los hombros y tiró de mí hacia la puerta de la oficina de Dylan, más allá de las armaduras oxidadas, del polvo, de las telarañas, de la puerta, hacia el pasillo silencioso. -Déjalo estar, Dru. -Graves finalmente habló cuando llegamos al final del pasillo, a la escalera de caracol. -No es más que mortal. -¡Oh, al final abres la boca! Un millón de gracias. Ya lo sé. -No hay de qué. Vamos hasta el baño. -Dejé que él me llevara , él me soltó y metió las manos en su abrigo largo y oscuro. Sacó un paquete de Winston arrugado. Él tenía que salir de la escuela para poder fumar casi todos los días. Tenía que relacionarse con los lobos para que una marea de rumores no lo siguiera por todas partes. Llegó a entrenar y asistir a las clases con ellos y él estaba empezando a coger sus chistes y hacer algunos amigos.


¿Yo? Yo era la única chica en una escuela de varones y tenía que mantenerme en un rincón como un maldito ratón mientras todos salían y se divertían. No es que yo quería ir a ningún lado por un tiempo, después de haber sido arrancada de la nieve y la locura y depositada aquí. La comida estaba bien, me habían dado vaqueros y camisetas, y no había escasez de papel de dibujo o cualquier otra cosa que quisiera. Todo lo que tenía que hacer era dejar que el 'asesor' Dylan u otro golpearan mi puerta por la mañana y me echaran el rollo. O por la noche. Era espeluznante. Sobre todo porque cada vez que quería dar un paseo, aunque fuera en el patio interior, un "asesor" se presentaba allí. Por lo general, Dylan, que ni siquiera pretendía disimular que estaba buscando algo o simplemente caminando. No, él miró hacia mí con una mezcla de preocupación y rareza en su rostro. Y que invitaba a la reflexión también. Yo no sabía lo que pensaba que iba a provocar. -¿Cuánto tiempo llevas aquí? -Me miró a la bolsa de hielo. Alrededor de una semana, ¿verdad? Él tiene esa mirada de precisión cursi en su cara otra vez, como cada vez que me corregía. -Nueve días, más o menos. Sí. -Él encogió los delgados hombros. Entre eso y la nariz aguileña me miró. Pero había algo más en el conjunto de su rostro. Graves parecía más preocupado y adulto que nunca. -En serio, debes darte un baño, te ves bastante mal.


El hielo se escapó. El agua fría se deslizó por mi muñeca, empapando la manga de mi chaqueta, era de mi padre, ya que era su único recambio de excedentes del ejército. Su cartera estaba en mi cama. No era el lugar más seguro del mundo, pero... Ese pensamiento hizo que mi pecho se estremeciera. Contuve mi temperamento. Dejé escapar un suspiro racheado. -Muy bien, voy a darme un baño. Jesús. Por cierto, ¿por qué saltaste sobre él?Como si yo no lo supiera. Pero quizás esta vez me lo diría. Pero no lo hizo. Él sólo miró hacia otro lado por el pasillo, encorvado hacia abajo aún más, sus largos dedos jugaban con el paquete de cigarrillos. -Estabas sangrando. Abrí la boca para decirle que no. Pero luego me dolió de nuevo, mi piel tenía costras de sangre seca y pensé que si la nariz de un lobo no era lo suficientemente sensible como para darse cuenta, la nariz empezó a sangrar de nuevo. Para un loup-garou sería demasiado. -Bueno, gracias-. Traté de que no se diera cuenta y el hielo crujió de nuevo. Agua más fría de la bolsa se deslizó por la manga. -No hay problema, Dru. Vamos a salir esta noche a por hamburguesas. ¿Quieres que te traiga algo?-. Él parecía esperanzador. -No. Va estar frío cuando vuelvas. Voy a tomar café.


Y todo el camino hasta la escalera, luché para no decir que sí. Al lado del salón de entrenamiento de los chicos, había un cuarto largo con una tonelada de bañeras individuales. El lado de las chicas, era también una larga habitación grande. Había cuatro tinas lo suficientemente grande como para ahogar a un par de chicas. Seis baños, pisos de granito, todos mantenidos con absoluta limpieza. A excepción de algunas esquinas con manchas de cal. Aun así, estaba caliente y la bañera de hidromasaje estaba encendida. Pero no había nadie aquí más que yo. Me senté en la bañera más alejada de la puerta. Mi ropa estaba enredada a pocos pasos. Arrojé la bolsa de hielo al cubo de basura brillante con sumidero. Quedó colgado en un borde y calló en el suelo. No podía siquiera prestarle atención. Las nubes del agua burbujeante. Olía como a minerales y no sentía el agua correr. Era un chorro más gelatinoso. Durante unos segundos, sentí el calor en mi piel. Luego las burbujas cubrieron mi piel. El tiempo en las bañeras aceleraban el proceso de curación. Esto era bueno si eres una chica y has estado en un entrenamiento de full-contact. Me sentía rara al caminar por la estancia. Era como tener una habitación entera para mí misma mientras los chicos dormían en los dormitorios. Y en ninguna de ellas había


estanterías vacías, o un reproductor de CD o un asesor personal vigilando cada uno de tus estornudos. O un ordenador en cuya pantalla estaba abierta la página de los sitios de compras por Internet y una tarjeta de crédito registrada en "Aurora SA", con un papel en blando encima de una mesa de madera, además de una hoja informativa que dice dónde mandar el material y dejar el correo. Papá nunca utilizó tarjetas de crédito. No era su costumbre. El efectivo para la cacería eran los mejores. Pero estos chicos estaban en la orden. Sin embargo, no parecía tan grande como Christophe me había dicho. ¿Era otra cosa que pensar? Y nunca vi ningún sitio web útil, como un GPS para saber exactamente dónde estaba o los registros del condado para averiguar quién era el dueño de este pedazo de tierra, por no hablar de la cacería y averiguar si había alguna noticia sobre mi desaparición o la de Graves. Ese tipo de información habría sido útil, pero no tenía sentido dejar huellas en una máquina que sabía que no era privada. Por lo tanto, no veía nada útil en el equipo. Era un trozo de plástico inútil. Un horario de clases de Historia, Álgebra, Educación Cívica se había pegado en mi puerta dos días después de que había llegado aquí, pero después del primer día de la estúpida mierda aburrida lo había arrugado en una bola y fui a hablar con Dylan para que me diera algo desafiante.


Incluso la clase de Conocimiento del Cambio no era nada especial, tan sólo una hora social para un grupo de djamphir de cinco años que pasaban el tiempo contando chistes desagradables y que me miraban de reojo. La clase de historia la impartía una profesora rubia que me miraba cuando hablaba, esperando que yo desapareciera. No había durado mucho en las clases. parecía una oferta mejor.

Ir a la armería

Graves estaba siempre en mí sobre esto. No debes saltar, Dru. Es importante. Sí. Al igual que necesitaba una clase de educación cívica, por el amor de Dios. Al igual que si importaba lo que hacía. Ahora que todo mi mundo estaba al revés. Ahora papá se había ido. No pienses en eso. El suelo estaba resbaladizo. Encontré un banco y tosí. Sentí lágrimas en mi par de ojos oscuros. Dejé escapar un sonido que era mitad suspiro, mitad sollozo. Los ecos cayeron planos contra cualquier superficie limpia y dura. Los espejos estaban empañados, como de costumbre, el sonido rebotó en ellos, sin embargo. Me pregunté, como lo hice hasta que me senté aquí, si mi madre había elegido esta bañera. Si ella se habría sentado alguna vez aquí y escuchó su propia voz rebotando en la piedra, en el vidrio y en el metal. Si ella se había sentido sola.


Ella había sido parte de la Orden, más o menos Christophe y Dylan me lo habían dicho. Pero nadie hablaba de ella, como si fuera una vergüenza. Y yo no sabía si ella había estado aquí alguna vez, incluso, este complejo era bastante grande, pero aún pequeño en el esquema de las cosas. Escuela pequeña, alrededor de cuatrocientos estudiantes. Pero podría haberme confundido, ya que Christophe no me había dado mucha información. Estaba evitando pensar en ello durante todo el tiempo que pude. No estaba trabajando. Mis ojos se abrieron de golpe, el agua caía sobre el suelo blanco. El pelo mojado colgaba a mi espalda. Toqué la curva suave de metal en la garganta e hice una mueca como si hubiera tocado una contusión. El relicario estaba justo debajo de la hendidura de mis clavículas. Era de plata pesada, tenía un corazón y una cruz gravada en la frente con patas de arañas, símbolos de aspecto extranjero en la parte trasera, los bordes descansaban contra mi piel. Había llegado a estar tan acostumbrada a verlo en el cuello de mi padre. Él nunca iba a ninguna parte sin él. Ahora sentí la fuerza del sueño. Sentí un escalofrió. El pensamiento doloroso siguiente llegó justo a tiempo. Yo no podía postergarlo más.


Papá. Caminó por el pasillo, y el zumbido fue peor, el sueño corría como la tinta de colores sobre papel mojado y mientras me esforzaba por decir algo, cualquier cosa, para advertirle. Ni siquiera levanté la vista. Siguió caminando hacia la puerta, y el sueño se cerró como un lente de cámara. Todavía estaba tratando de gritar cuando papá extendió su mano libre, como un hombre en un sueño y giró el picaporte. Y la oscuridad detrás de ella se rió y rió y rió. . . . Cerré los ojos otra vez. Aflojé las piernas y me deslicé en la cama. Se cerró sobre mí como un sueño, como un bálsamo y el calor inundó mis huesos. Sólo había frialdad dentro de mí, demasiado profundo para alcanzarla. El congelamiento no era físico. Dru era por los muertos. Sabía quién lo hizo. ¿Sabía? O ¿no? Yo sabía que papá había estado esperando para volver. Tenía que haber sido así no había manera de que me dejara en una casa sola para siempre. Siempre había vuelto por mí, más pronto o más tarde. Bueno, él había vuelto. Pero no vivo. Vi un zombi, en la sala, que había sido mi padre. Dios. Yo sabía qué lo había matado y lo convirtió en un zombi. De la misma manera que Christophe y Dylan y todos los demás, sabían qué había matado a mi madre.


Sergej. El Nosferat se parecía a otro adolescente, con rizos negros y con los ojos profundos que te podían tragar entera. El mismo que había tratado de matarme. Era la razón por la cual me quedaba en el interior del complejo de la escuela, apenas salía a pasear por los jardines de invierno sin hojas estériles. Yo podría salir a la calle, pero no sin que alguien me vigilara. Con guardia. Debido a Sergej u otro Nosferat como él, podría volver. Era lo más parecido a un rey que tenían los vampiros y él sabía que yo estaba viva. Me estremecí. Mis pulmones ardieron. No tenía agua bendita cerca, sentía calor a través de mis músculos, era calmante y curativo. Mi cara hizo una mueca debido al dolor. El estremecimiento empeoró y por un momento pensé en abrir la boca y gritar. Sentí como mi pelo se erizaba mi piel se puso pálida como la cera blanca sobre cada pulgada de mi cuerpo. Parpadeé e inhalé con la boca abierta vi el vapor que salía de ella. La luz blanca golpeó mis ojos y entró en mi cabeza. Mi respiración se volvió profunda y calmada. La aparición era como una capa de pintura blanca de los baños, mis lágrimas calientes. El roce de mis mejillas, pero no había nadie alrededor. No se escuchaba nada. Me senté agarrando mis rodillas contra mi pecho y sollocé. Luego me tumbé y lloré un poco más, hasta el amanecer


que llegó a través de un manto de nubes y por fin caí en un sueño ligero, con preocupación.


3 Traducido por Lobrizever Corregido por Mausi La cafetería era un espacio largo y estrecho, todos los pasamanos y molduras eran de madera oscura. Las paredes eran de piedra y la otra mitad con paneles de roble con un pesado barniz antiguo, pero el suelo era de linóleo de color azul chillón. Ambos estaban agrietados y desgastados por el uso intensivo. El chirrido de las mesas y las sillas de plástico, podría haber sido el de una escuela secundaria en Estados Unidos. Me senté sola cerca de la salida hacia las salas del ala oeste donde están las aulas de clases en lugar de la otra rama que iba hacia la enfermería y librería. Las bandejas eran de plástico rojo, con tapas y combadas. Los platos eran de porcelana industrial blanca, con un grabado en metal plateado. Extrañaba mi cocina. Extrañaba mis platos, incluso los que no combinaban, y el frasco negro y blanco de galletas de mamá en forma de vaca. Echaba de menos mi colchón, mi ropa y mis discos, y todas las armas de mi padre. Me había pasado toda la mañana…tarde…lo que sea, deambulando frente a la armería, inventando excusas para estar delante del mostrador y respirar el olor del aceite del metal y de las


armas. Echaba de menos las cajas y mi camioneta y todo lo demás. Incluso extrañaba cocinar, y maldición, nunca pensé que eso iba a suceder. La comida no estaba mal, pero era muy industrializada, y nunca pude ver a nadie en la cocina. Sólo unas formas borrosas a través de un banco de nubes, como la niebla que surgía del bosque todas las noches. Eso decía algo sobre mi vida últimamente, que una pantalla de vapor cambiante que repartiera comida fuera sólo moderadamente raro para mí. La comida era puesta en mesas humeantes justo frente a la extraña pared de vapor. Pastas y ensaladas y postres. Las hamburguesas, las pizzas y las papas fritas para los más jóvenes, o a los que le gustaba comer como adolescentes reales. Carne cruda y rara para los lobos, incluso hígado y otra sustancia que no miré muy de cerca. También había cajas y mini botellas de vino, pero yo me mantuve apartada de ellas. El menú de hoy era fideos en forma de moño con una salsa de crema con jamón y guisantes. Ensalada de tomates frescos y aderezo a elección. El pan de ajo no estaba del todo mal. Sólo estaba todo allí en el plato, enfriándose. Había un cartón de leche con chocolate y una bebida energética en una lata azul. Si yo hubiera tenido mis lápices de colores, me hubiera gustado dibujar todo el conjunto, el azul de la lata contra el rojo de la bandeja, el blanco del


plato, las manchas verdes de guisantes y llamarlo Naturaleza Muerta con MSG. Me moría por dibujar algo, cualquier cosa, pero tan pronto como me sentaba con un bloc de papel el impulso me abandonaba. Era la primera vez en mi vida que no había estado esbozando con furia. Mis sueños eran en un extraño Technicolor, pero no me impulsaban a hacer garabatos. Sentía una picazón, como si estuviera esperando que algo suceda. Se escuchaban las voces muy altas. Las paredes reflejaban un centenar de conversaciones en marcha y las payasadas ocasionales. Un grupo de adolescentes en una cafetería es una receta para problemas la mayor parte del tiempo. Los lobos tenían sus mesas, los djamphir por lo general estaban en los puntos principales, inmediatamente después del final de la fila o cerca de la salida a la enfermería. Incluso aquí había camarillas. Nadie se sentó a mi mesa. Algunos de ellos lo intentaron, pero yo no estaba realmente interesada en hablar y se alejaron. Era como ser la chica nueva otra vez cada maldito día. Irving había tratado de decirme algo antes, pero yo bajé mi cabeza y continué caminando. Todavía me sentía mal por haberle hecho perder su temperamento delante de todos. Fue vergonzoso. ¿Qué diablos podía decirle?. No estaba acostumbrada a ser un fracaso en todo. Y Jesús, no estaba buscando hacer nuevos amigos inseparables. ¿Por


qué molestarse?. Quiero decir, algo estaba destinado a suceder. Siempre lo hacía. Yo nunca había estado en una escuela más de tres meses desde que la abuela murió. Dylan decía que era importante, pero ninguno de los maestros se tomaba el tiempo para enseñarme algo útil, como el entrenamiento de combate. La única vez que hice mis katas en la sala de combate hubo una audiencia susurrando y fue horrible. Yo estaba acostumbrada a que sólo papá me mirara en silencio, ofreciendo tal vez una sugerencia cuando terminaba. Ahora, una ola de rumores me seguía a todas partes. Así que practiqué mi tai chi en mi habitación una o dos veces, pero incluso eso no ayudaba. La calma y la gracia que siempre solía encontrar si hacía los movimientos el tiempo suficiente, habían desaparecido. Todo lo que utilizaba para enfrentar la lucha lo suficientemente bien, no estaba funcionando. Me quedé sentada allí, sintiendo los ojos sobre mí. No me gustaba esa sensación. Irving estaba sentado dos mesas más allá. Continuaba mirándome y finalmente puso sus manos sobre la mesa e hizo como si fuera a ponerse de pie. Pero luego se dejó caer de nuevo y miró su bandeja. Graves sacó la silla a mi lado. -Oye chica-.


-Hola-. Dejé caer el medallón de mamá contra mi pecho como si esto me había picado, alcé la vista y sonreí abiertamente. Se sintió extraño en mi cara, pero entonces la felicidad me alcanzó y resultó más natural. Hubo un estallido de alivio detrás de mí esternón como una granada de mortero. -¿Cómo fue tu día?. O por la noche, lo que sea.Dejó la bandeja y se dejó caer en la silla. -Repleto de nueva información. ¿Sabes que algunos vampiros con daños cerebrales no pueden cruzar un curso de agua corriendo o los principales cursos interestatales?. Y el tipo más común de poltergeist se alimenta casi exclusivamente de la bioelectricidad de las jovencitas-. Él me hizo una seña con su uni-ceja, nadie le había presionado todavía para que se desplumara la oruga que cruzaba su frente. Pensé en decirle algo al respecto y decidí que no por centésima vez. Sus ojos verdes ardían, y no era sólo mi imaginación. Su rostro estaba diferente. Menos infantil y más anguloso. Era más parecido a un hombre lobo ahora. -Sí, yo sabía de eso. Lo de los poltergeist, quiero decir. Una vez, en un lugar remoto de Luisiana…- La oración murió. No quería pensar en eso. Papá había dominado a la muchacha mientras yo hacía la maniobra de apartar al poltergeist con agua salada y la vara de serbal de la abuela. La cosa había lanzado toda clase de pequeños utensilios de la casa sobre nosotros, y le asestó un buen golpe a papá en la cabeza con una taza de té antes de que yo me hubiera acordado de rodear la cama a la que la muchacha fue atada,


cortando el acceso del poltergeist a la muchacha, lo que lo debilitó lo suficiente para que yo pudiera eliminarlo. Papá no había dicho ni una sola cosa al respecto… él no necesitaba hacerlo. Me di una patada por todas partes por eso. Y aquí estaban ellos, que querían ponerme en clases aburridas, normales, reparadoras. Jesús. Graves chasqueó los dedos. Tenía dos cafés con leche en vasos de papel, y me dio uno. -Tierra a Dru. ¿Quieres contarme algo al respecto?.-No realmente.- Me encogí de hombros. -Yo no sabía sobre los Nosferatu. ¿Daño cerebral?.-Hicimos este experimento con agua bendita hoy y muestras de tejido… fue muy divertido. Si consigo una nota buena en los conocimientos básicos, puedo empezar a hacer modelos de migraciones de vampiros en la computadora. Le voy a dar un buen uso a mi mojo de matemáticas-. Sus ojos se encendieron, y él le dio un sorbo a su latte antes de echar un vistazo perspicaz sobre mi bandeja. - ¿Quieres una hamburguesa?.Él tenía que hacer verdaderas tareas de clase mientras que yo estaba atrapada en la educación cívica. Me encogí de hombros. -No es que tenga hambre. Me gustaría poder ver quién está cocinando todo esto.Él asintió con la cabeza, eso me indicó que lo entendía completamente. -Sí, ni siquiera puedo oler nada a través de


esa nube. Es por eso que trato de comer frituras en vez de comida al horno o hervida. No puedo manejar bien la carne cruda todavía. Pero me enteré de algo interesante.- La esquina de su boca se torció en una de sus sonrisas un poco sarcásticas. -Vamos. Pregúntame.La sonrisa en mi cara simplemente no desaparecería. Bueno, estoy preguntando. ¿De qué te has enterado?.- Los niños de aquí son hijos problemáticos de familias lobo. La mamá y el papá lobo envían a los muchachos a la Schola. Las muchachas se quedan en casa y son enseñadas a luchar por sus padres. ¿No es interesante?.Las muchachas lobo consiguen quedarse en casa. Así que hay más de una Schola. Esto contestaba aquellas preguntas, al menos. -¿Por qué envían a los alborotadores aquí?. ¿Esto es como un reformatorio?.Su rostro se iluminó de nuevo, porque le había entregado exactamente la pregunta correcta. -Sí, más o menos. Una disciplina estricta, amor rudo, todo eso. Pero hay algo más. No es sólo a los alborotadores, todos los niños son enviados a las Scholas. Es por el tratado. Un acuerdo entre los gobernantes de las manadas de los lobos y los djamphir dentro de la Orden. Los de la Orden no son los únicos luchando por ahí, pero ellos son los combatientes oficiales, y tienen montada una infraestructura grande para mantener a los niños a salvo mientras están siendo entrenados, y ellos prometen a cambio apoyar a las familias


lobo mientras éstas envíen una cuota de sus muchachos cada año. Ellos lo llaman el Diezmo.Bueno esto responde aquello. – ¿Hay familias djamphirs?.- Algunos djamphir se casan o viven con chicas normales. La mayor parte de ellos viven de incógnito debido a los equipos que cazan vampiros, y muchos de ellos sólo se quedan el suficiente tiempo para averiguar si la muchacha procrea más djamphir. A veces ellos no lo hacen. Realmente deberías venir a clases, Dru.Eww. Hay una palabra para tipos así. -Uh-huh. Cuando ellos me pongan en clases que sean tan interesantes como las tuyas, voy a ir.- Tomé un sorbo cauteloso del latte. Estaba un poco caliente, pero estaba bien. No se parecía al café de Papá. Casi me estremecí. Allí estaban los recuerdos otra vez. -Así que… ¿cómo estás?.- Grave recogió una hamburguesa, le dio un gran mordisco y comenzó a masticar. Esta era la misma cosa que él me preguntaba en cada comida. Es decir, en cada comida que él estaba aquí en vez de correr con sus nuevos amigos. Un partido de empujones estalló a través de la sala entre un djamphir de cabello oscuro y un lobo alto y delgado. El ruido cambió por un minuto, se escucharon gruñidos y ladridos agudos bajo la superficie del clamor de la


multitud, e intervino un profesor lobo en pantalones de cuero y la camiseta de Kiss, con unas patillas recortadas que parecían extrañas en su rostro sin arrugas…, enviando al lobo en una dirección y al djamphir en otra. El muchacho djamphir esperó hasta que el profesor lobo se diera vuelta, y luego hizo un gesto repugnante a todos sin excepción. Tenía cierta esperanza de que los chicos que conocían sobre el Mundo Real no se comportaran como idiotas. Supongo que me equivoqué. Dejé escapar un suspiro fuerte en forma inconsciente. –Bien -. Dejé la taza de papel. -¿Quieres dar un paseo?.Graves tragó rápidamente. –Después de esto tengo combate. Es un infierno. No sabía que podía quedar tan dolorido.-Práctica de combate ¿eh?.- Ellos le enseñarían a luchar. No hay problema. Pero nadie tenía tiempo para mí. -¿Qué es lo que están enseñándote?.Se encogió de hombros. -Shanks1 me está enseñando algunas cosas básicas. Él dice que tengo que superar eso del miedo a golpear algo. También dice que será mejor que entrene duro, porque cuando yo arremeta como una locomotora. Va a ser la formación la que me salve.-¿Shanks?-

1

Piernas


Su pelo se dejó caer sobre su cara cuando él asintió con la cabeza. -Bobby. El otro es su apodo. Es alto, sobre todo cuando cambia, tiene piernas de saltamontes.-Oh.- No dejas de hacer amigos por todas partes. -¿Vas a salir después de clases?.-Sí, vamos a correr. La luna llena llegará en un par de semanas, algunos de los muchachos van a hacer su primer cambio. Si hago correctamente mi práctica de Parkour…– -Parkour. Esa es una palabra divertida.- Lo dije por enésima vez, y lo vi sonreír por enésima vez. Sus ojos se iluminaron. En realidad se veía feliz. -Realmente me gusta. Correr libremente es impresionante. Y una vez que te enseñan a caer y saltar y esas cosas, es muy fácil.-¿Pero es sólo para hombres lobo?.Otro encogimiento de hombros. -Tú puedes venir. Algunos de los djamphir también lo hacen. Me refiero a la práctica, no a las carreras reales.-¡Graves!. Hey, Graves-, gritó alguien, y él miró hacia arriba. Un lobo de pelo rizado gritó algo en el comedor, y Graves lo azotó con algo casi más rápido que lo que el ojo podía seguirlo. Una marea de gruñidos se arremolinó a través de la habitación, pero se calmó mientras Graves miraba fijamente al lobo en cuestión, entrecerrando los ojos verdes.


Allá en Dakotas, el muchacho gótico nunca habría hecho eso. Había estado en la parte inferior de la cadena alimentaria, lo mismo que yo. Pero ahora, en realidad era más o menos, algo así como… popular. O por lo menos estaba cerca de eso. Ayudaba el hecho de que era un LoupGarou, tenía todos los beneficios del hombre lobo sin la parte loca. No se convertía en alguien peludo de siete pies de alto y con un peluquín sobredimensionado. Christophe había dicho que aquí, eso lo convertía en un "príncipe". Y Graves andaba en eso por todas partes a lo grande. Bajé la mirada hacia mi bandeja. Nada en ella me parecía ni remotamente comestible, así que tomé otro sorbo de mi latte. Ésta se esparció en mi estómago, gorjeó un poco, y se hundió. -¿Qué fue eso?.Él se encogió de hombros. -Nada. Les gusta hacer bromas.-¿Sobre qué …?.- Sobre que tú estás sentándote al lado de la hembra con fiebre tifoidea. -Nada, Dru. Aquí.- Él alejó mi bandeja y deslizó un pequeño plato, poniéndolo delante de mí. Una hamburguesa, con un montículo de frituras. -Está caliente. Come.Cogí una fritura. Él también tenía paquetes de salsa de tomate y retorció uno en su plato. Caímos en el silencio, una burbuja de calma casi sociable suficientemente


profunda como para tragarse las sillas vacías de los puestos a lo largo de los lados de la mesa. Tal vez tenía yo algún tipo de plaga social. Además, yo no quería hablar con nadie, excepto con Graves, y realmente no había nada que decir. Descubrí que después de todo, tenía hambre. Él había vertido hasta pepinillos en la hamburguesa y había dejado las cebollas. Debió de estar seguro que yo la comería. – Gracias.-Oye, no hay problema. La primera es gratis.Me esforcé por sonreír. -Esta no es la primera hamburguesa que me has conseguido.-No será la última tampoco. Es la primera que he conseguido hoy, así que come, ¿de acuerdo?. Tengo una media hora antes de tener que bajar para conseguir que me den una paliza en el culo. Así que habla conmigo. ¿Conseguiste por fin todo lo pediste a tu habitación?.-Nop.- La ropa que yo llevaba puesta ahora había aparecido en paquetes con un número de apartado de correos diferente al que estaba en la hoja de información en mi cuarto. Yo lo había anotado y lo había escondido en mi bolso… de información, podría serme útil más tarde. Alguien había adivinado mis medidas y había hecho un buen trabajo práctico con ello. Y el hombre lobo que había atacado a Graves en la ciudad… había algo cerca, a pesar de


que este lugar estuviera en unas pocas hectáreas de Sticksville… para poder conseguir equipar. Pero no en mi caso. Ellos no podían dejar que alguien supiera que una muchacha estaba aquí en esta escuela. Me pregunté de dónde provenía todo el dinero, luego decidí que tal vez no quería saberlo. Yo tenía un fajo de billetes en el bolso de lona negro maltratado, y por lo general no se necesita un gran truco para conseguir más. Pero aún así, nunca había tenido que conseguir más por mi cuenta anteriormente. Yo sabía cómo hacerlo, por supuesto. Pero papá siempre había estado allí, y… -¿Hola?. ¿Tierra a Dru?.- Grave agitó su mano amplia de dedos largos frente a mi cara. -¿Qué estás pensado?. Debe ser algo profundo.Me encogí de hombros. Tomé otra fritura. -Me preguntaba de dónde proviene todo el dinero. No es una operación barata la que ellos tienen en marcha. Me pregunto si las otras escuelas son más grandes. Lo que sigue dejándonos con la cuestión de cómo pagan por esto.Graves me estudió por un momento. Esa mirada adulta había regresado, como si estuviera escuchando una canción que yo no podía oír. -Eso es verdad. Pensé en eso también. ¿Quieres que vea si puedo encontrar algo?.-


-Claro que sí.- Tomé otra fritura, otro bocado de hamburguesa y un sorbo de latte. -¿Puedo ir contigo?. ¿Para entrenar?.Su pausa fue demasiado larga, yo sabía lo que él diría. Probablemente no es una buena idea Dru. Quise oírlo decir eso, de todos modos. La burbujeante pelota de ácido dentro de mi pecho aumentó un poco más. -¿Por qué?Él se encogió de hombros. Ya no tenía ese aspecto de pajarito delgado como hasta hace un par de semanas, antes de que fuera mordido. Él ya no podía lucir como alguien pequeño. –No te ofendas. Pero a ti te gustan mucho las peleas. Y no me gusta tener a una chica bonita viéndome cuando me dan en el culo. Es una cosa de hombres.Sentí que una sonrisa asomaba en mi cara y entonces dejé caer mi pelo para cubrir mi expresión. El pelo largo está bien para algunas cosas. Y ya que no estábamos más en Midwest Podunk, mi pelo realmente había estado comportándose. Imagínense. -Esta chica bonita podría darte en el culo, tú lo sabes.- Uno de los profesores brincaría sobre mí o me echaría de aquí si hacemos eso, Dru. No lo hagas.- Ellos no te echarían. Yo también me marcharía.- Yo me iría a cualquier parte con tal de salir de aquí. Pero no podía hacerlo, ¿o si podía ?. No con el rey de los vampiros buscándome, ¿verdad?.


- Ambos terminaríamos muertos.- Parecía extrañamente serio, y su mano libre se tocó la parte delantera del hombro. Justo donde había sido mordido. Él se frotó un poco, como si aún le doliera. -Por favor, Dru. No vamos a hacer esto, ¿de acuerdo?.Dejé caer la hamburguesa. Hizo paff en el plato y empujé la silla hacia atrás. Tenía los labios grasosos. La comida masticada se asentó en mi estómago como una bola de boliche. –Bien. No lo haremos. Diviértete en el combate.-Dru…Pero reaccioné, empujé mi respaldo bajo la mesa, y escapé. Cuando él vino a mi habitación más tarde, permanecí dentro con la puerta cerrada y bloqueada. Llamó a la puerta durante un tiempo, pero luego se fue. Y me senté en la cama, acariciando el medallón de mi madre y preguntándome cuánto tiempo más iba a estar atrapada aquí.


4 Traducido por Lobrizever Corregido por Mausi Tap. Tap Tap. Tap. Daba vueltas sin descanso. El sueño se retiró suavemente como un gato con sus pequeñas patas. Yo no quería que se fuera, me aferré a él con dedos somnolientos. Había estado soñando con algo importante, una advertencia, las alas del búho rozaban el aire a mí alrededor. La cama era grande, mullida y confortable, una cama imperial con cuatro postes de arce con cortinas azules transparentes y polvorientas que estaban corridas. El cuarto entero era azul, desde el edredón aterciopelado de color añil, al empapelado pálido del color de cielo con dibujos de cruces doradas, el barniz de los siete estantes de la biblioteca y las pesadas cortinas de terciopelo de azul cobalto. La alfombra era del color del zafiro, y lo suficientemente gruesa como para perder monedas de diez centavos a pesar de que era más vieja que yo. La ventana no tenía barrotes de hierro, ya que daba a un pequeño jardín privado, totalmente cercado por paredes altas y blancas, tres pisos más abajo, tenía una puerta con barrotes a la que sólo podría llegar, saliendo por mi puerta, dando tres vueltas, y bajando dos tramos de escaleras. Requeriría una gran cantidad de esfuerzo si quisiera caminar al aire libre, por terrenos desnudos, ventosos, con caminos de grava


y plantas sin hojas, cosas espinosas y sin hojas que parecían haber sido rosales en primavera. Si realmente quisiera vagar alrededor de vides espinosas bajo un cielo gris. En vez de barrotes, había persianas de hierro pesadas, con pequeños corazones y cruces incrustadas, incluso en hileras longitudinales. Las dejé abiertas. Cuando se cerraban, toda la habitación permanecía en penumbras, como muerta. Mis ojos se abrieron lentamente. La advertencia se retiró. ¿ Y si había sido mi abuela, que estaba tratando de decirme algo muy importante?. Taptaptap. Tap. TapTap. Un baño frío de terror comenzó en mi cuero cabelludo y se deslizó por el resto de mi cuerpo. El sonido era familiar, unos dedos tamborileando impacientes en el vidrio. La memoria mezclada con los sueños, conspiraron para arrastrarme hacia abajo, mientras la almohada se tornaba dura y caliente contra mi mejilla. Había un zombi en mi puerta trasera. Sus ojos se elevaron y eran azules, lo blanco ya se estaba nublando por la podredumbre de la muerte. Su mandíbula era un amasijo de carne y sangre congelada, algo le había comido la mitad de su cara. La punta de sus dedos, ya desgastados hasta las protuberancias óseas, raspaban contra la ventana. La carne colgaba de su mano en tiras, y mi estómago se revolvió. Una niebla negra se levantó en los extremos de mi visión, y un sonido gracioso atravesó mi cabeza, sonaba como un avión despegando.


Yo hubiera reconocido a ese zombi en cualquier lugar. Incluso si él estaba muerto y mutilado, tenía los mismos ojos. Azules como el hielo en invierno, rodeados de pestañas pálidas. La mirada del zombi se cruzó con la mía. Ladeó la cabeza como estuviera oyendo un ruido lejano. Dejé escapar un sonido que parecía un ladrido seco y mi espalda golpeó contra la pared al lado del pasillo, golpeando mi cadera contra una pila de cajas. Papá cerró su puño putrefacto, la carne de los dedos había sido masticadas hasta los huesos por algo que no quería imaginarme o siquiera pensar, y pegó un puñetazo atravesando de la ventana. Me senté en la cama respirando con dificultad, luchando para liberarme de las mantas pesadas. Las sábanas de satén desgastadas deslizaron capas de sudor contra mi piel, convirtiéndose en dedos mojados que me agarraban por la cadera y los tobillos. Mis puños cerrados golpearon nada más que el aire, y un grito se extinguió en mi garganta. El roce suave de las plumas de unas alas inundó el cuarto durante un momento, pero el búho de la abuela… el pájaro que se había sentado en su ventana mientras ella moría, el pájaro que me había advertido del peligro y me guió hasta la camioneta de mi padre hace una semana y media… no se presentó. Algo está muy mal aquí, Dru. Debes tener cuidado. Pero la voz se desvaneció tan pronto como entré en la vigilia, y me di


cuenta de que estaba agarrando el medallón de mi madre con mi mano húmeda. Volví a parpadear, tratando de separar el realidad.

sueño de la

Tap. TapTap. El sonido era real. Y venía de la ventana de mi dormitorio. Me di la vuelta en la cama y caí golpeando contra el suelo duro. Mis dientes se cerraron de golpe, fue una suerte que no tuviera mi lengua entre ellos. Mis manos estaban demasiado torpes y lentas, tanteé la parte superior de la mesilla de noche buscando un arma. En casa yo tenía un arma. Pero aquí no había más que un estilete cargado con plata… todas las armas fueron asignadas en la sala de combate o la sala de armas, incluyendo la pistola que tenía cuando me rescataron. A excepción de la navaja que habían olvidado en mi bolsillo, y de la que no dije nada. Me pareció que era una buena idea, eso es todo. Apreté el botón del seguro de la navaja y liberé la hoja. Parpadeé, y me limpié bruscamente las lagañas de mis ojos con mi mano libre. Los rayos delgados de la claridad del día invernal cambiaban de posición cuando quien sea que estaba afuera se movía. Era de día. Por supuesto, es cuando la Schola duerme, porque es cuando es seguro. O por lo menos, a salvo de los


Nosferatus. Algunos de los estudiantes lobo mayores rondaban por los terrenos durante el día, realizando el patrullaje en forma humana y no tan humana. Pensé que tal vez alguno de los maestros djamphir también lo hacían, pero no me había molestado en preguntar. Me había parecido suficiente con dormir durante el día y estar despierta toda la noche, incluso cuando el reloj de mi cuerpo tenía un pequeño problema de ajuste. Mi respiración se tornó rancia en la garganta. Me agaché junto a mi cama, sopesando mis opciones. Click. El retén de la ventana subió. El estilete giró en mi mano, la hoja estaba apoyada contra mi muñeca y mi antebrazo. La plata a lo largo de la hoja haría daño a cualquier cosa maligna, y podría asestarle al menos un buen tajo o dos en la lucha. Tomé una profunda bocanada de aire inmóvil y polvoriento, mi corazón se arrastraba hacia mi garganta, pero una extraña sensación de calma descendió sobre mí. Todo lo demás en esta habitación estaba quieto, pero algo extraño intentaba trepar lentamente por la ventana de mi dormitorio. Yo sabía lidiar con esto. Me resultaba familiar. Una vez en Luisiana nos habíamos enredado con un rey del vudú, y habíamos tenido un maleficio subiendo por la ventana llevando espíritus de cucarachas. Pero yo había visto al búho de la abuela antes y se lo había dicho a Papá, cuando


la ventana se había roto con un sonido metálico y las primeras cucarachas enormes se introdujeron, estábamos preparados. Cuando lo que sea que estaba afuera entrara a través de la ventana, yo iba a estar lista. Este era lo que yo había estado esperando, sin siquiera haberme dado cuenta de ello. Todo lo demás sólo fue pedalear en el agua. Esto, mi corazón en mi garganta y todo mi cuerpo despierto de repente y zumbando por el miedo, era verdadero. Y no tenía que pensar si estaba sola o me sentía en soledad cuando tenía miedo. Yo todavía estaba agazapada allí, con mi camiseta torcida y los pantaloncillos de dormir, cuando me di cuenta de que las delgadas líneas azules de energía que corrían a través de las paredes no echaban chispas ni chisporroteaban. Había sido difícil montar esas salvaguardas sin la varita de serbal de la abuela, pero me las arreglé para hacerlo. La varita, después de todo, era sólo un símbolo, tal como la abuela me lo recordaba incesantemente. No es tan buena como la voluntad detrás de ella, Dru. Tú sólo recuerda esto. Ese era el problema. Yo comenzaba a recordar cosas que prefería olvidar y que estaban adheridas en mi cabeza y se repetían. Cosas como un zombi en la puerta de mi cocina, o


un pequeño espacio oscuro lleno de criaturas y el olor del miedo de una pequeña niña somnolienta. ¿A qué no reaccionarían los guardas?. Había una lista corta de cosas. Comencé a repasarlas frenéticamente. La ventana se abrió. Una racha de aire frío entró, el aire cargado por la lluvia resopló por delante de las cortinas, y éstas se separaron lo suficiente para que él se balanceara y entrara. Sus botas aterrizaron en la alfombra, la ventana se cerró con un leve chirrido y él se dio la vuelta. La débil luz del día gris tocó su pelo oscuro y lacio, los reflejos rubios se deslizaron y se retiraron como si fueran dedos pasando por los mechones sedosos. Sus ojos recorrieron la habitación una vez y luego se asentaron en mí. Sus ardientes ojos del color azul del invierno brillaban en la penumbra. Él tenía una chaqueta de cuero de estrella de rock, larga hasta la cadera, se pasó una mano a lo largo del pelo para sacudirse el agua. Esa fría mirada azul se posó sobre mí, y de repente olió a pasteles de manzanas horneados. -Hola, Dru.- Su boca dobló en una sonrisa. Yo había olvidado como los planos y los ángulos de su cara trabajaban todos juntos, haciéndolo no hermoso, pero sólo… correcto. Como sus cejas se inclinaban un poco, y como su corte de pelo desmechado parecía costoso y relajado al mismo tiempo. -¿Has sido una muchacha buena?. Tu ángel de la guarda quiere saberlo.-


Contemplé a Christophe, mi boca estaba ligeramente abierta, y me di cuenta que probablemente me veía muy ridícula, mientras él corría las cortinas y el cuarto se oscurecía. -Jesús,- susurré. -¿Dónde has estado?.- Era la pregunta más inútil del mundo, y provino directamente de mi boca. -Por afuera y los alrededores, por aquí y por allá.- Se paseaba por la habitación a grandes zancadas, se detuvo en la puerta y tocó la cadena, el candado y el cerrojo que yo había echado antes de acostarme para dormir. -Muy bien, aseguraste tu puerta y pusiste salvaguardas en tus paredes. No eres una pequeña ave tan descuidada ahora.¡Nunca fui descuidada!. Pero había cosas más importantes para abrir la boca. Cada una de las preguntas de las que no había conseguido respuesta en la última semana y media pugnaban por salir, pero perdieron ante dos insignificantes. -¿Dónde está mi camioneta?.¿Y toda mi ropa?.Bueno, tal vez no insignificantes, pero podría haber preguntado algo más. Como: ¿Por qué no me dijiste acerca del hambre de sangre?. O, ¿Esta fue la habitación de mi madre?. O incluso, ¿Por qué parece que ellos me estaban esperando?. ¿Qué les dijiste tú?. ¿Por qué no me enseñan algo verdadero?. Christophe giró sobre sus talones, inspeccionó el resto de la habitación, y finalmente bajó de nuevo su mirada hacia mí. Yo todavía estaba en cuclillas junto a mi cama, con el cuchillo listo en mi puño. -He cuidado bien de todo lo tuyo,


pajarito. La camioneta se encuentra en un almacén al sur del estado bajo otro nombre, sana y salva.- Levantó un poco una elegante ceja. -¿Ellos no te dieron alguna ropa?. ¿O una cuenta de gastos?.Mis mejillas se pusieron tan calientes que me sorprendió que no brillaran. Me incorporé, suprimiendo las ganas de levantar mis pantaloncillos. Acomodarse la ropa interior no era el modo de parecer alguien competente. -Por supuesto que lo hicieron. Pero yo estaba durmiendo.-Completamente a salvo en un nido azul. Me pregunto, ¿por qué te pusieron aquí?.- Se sacudió de nuevo salpicando agua. Él estaba empapado. -¿Me extrañaste?.¡Oh, por Dios!. Puse el cuchillo en la elegante mesita de noche y bajé el dobladillo de mi camiseta. -Voy a buscar una toalla, y me voy a poner algo de ropa. Entonces podremos…Me dio una mirada muy azul, antes de que se apartara el pelo hacia atrás con los dedos rígidos y diera un vistazo el resto de la habitación una vez más. -Una toalla estaría bien, pero no es necesario que te molestes en vestirte. No vamos a ninguna parte.El silencio llenó la sala. Me miró fijamente, miré hacia atrás, y el rubor murió en mis mejillas. El olor a pasteles de manzana llenó el espacio entre nosotros, y de repente estuve muy contenta de no estar sangrado por algún lado, o incluso de tener costras. Yo sabía cuan fuerte y rápido era


Christophe. Si él venía hacia mí hambriento por la sangre, ¿qué posibilidades tenía yo?. Lo que de repente me hizo pensar en otra cosa. ¿Y qué importaba si Irving me podría haber atacado fácilmente ?. O si no lo hubiera hecho y Christophe era más fuerte, ¿por qué demonios era de esa manera?. ¿Qué edad tenía este djamphir que me había rescatado?. Él obviamente era ―un consejero‖, y ellos tienden a ser viejos. Algo así como, muy viejo. -Hay muchas cosas que no me dijiste.- Traté de no sonar acusatoria. Yo era de repente muy consciente de la camiseta que se ajustaba a mi cuerpo y del aire frío que tocaba mi piel expuesta. Mis piernas se sentían muy largas, muy flacas, y estaban casi sin afeitar. Oigan, llevo puestos vaqueros todo el tiempo. ¿Ustedes podrían pagarme una depilación?, ¿y quién tiene el tiempo para arrastrar una navaja de afeitar sobre todo el cuerpo cada día?. Cuando habíamos vivido allá en Masson-Dixon, me había mantenido al día con eso, pero la subida con los osos polares y descubrir que yo estaba mucho más profundamente en el Mundo Real de lo que había imaginado alguna vez, no me dejó con mucho tiempo para eliminar mis vellos. Sin embargo, pensé que podría hacerme algo de tiempo para ello a partir de ahora. Mis mejillas estaban tan


calientes que me sorprendió que el vapor no se levantara de la piel. -Dru.- Caminó dos pasos hacia mí, sus botas trituraban la alfombra. -No tenía tiempo para un montón de sutilezas. Te das cuenta, ¿verdad?.Crucé los brazos sobre el pecho. Vaya, hacía frío aquí de repente. Y ¿siempre olía tan bien?. ¿Era una colonia?. ¿Colonia de pastel de Navidad?. –Supongo-, dije finalmente. No había habido exactamente el suficiente tiempo para tomar una gran cantidad de notas, pero aún así pudo haberme dicho un par de cosas. ¿Le hubiese creído?. Todo lo que tuve que hacer ahora era mirar alrededor de este muy pequeño cuarto y pensar en las barras en las otras ventanas. O en la primera Restricción, cuando la campana tintineó y cada uno saltó a sus puestos, y Dylan me arrastró hasta este cuarto y me dijo que cerrara con llave la puerta. Pero, ¿por qué?. Yo quería saberlo, y Dylan me mostró los dientes, los colmillos se curvaron hacia abajo mientras su aspecto se deslizaba sobre él. Debido a que éste no es un simulacro, había dicho. Y es por ti que vamos a morir si ellos se abren paso a través de las defensas externas. Ahora cierra con llave tu puerta. Christophe sacudió la cabeza de nuevo. El agua voló como si fueran joyas. -Una toalla sería bueno, Dru.-


-Sí, claro, bien-, golpeé el suelo con los pies descalzos hacia la puerta que estaba entre dos estantes de libros. Tenía mi propio cuarto de baño, mientras que los chicos en los dormitorios se tenían que conformar con los comunales. Y yo todavía no podía entender quién lo limpiaba, aunque no estaba tan mugriento como las cuevas de abajo. Y yo tampoco dejaba muchas cosas desordenadas, tampoco. Por lo menos, vivir con papá me enseñó mucho. Las toallas también eran azules y estaban un poco raídas. De color azul brillante como un cielo de verano. El color de nuestra camioneta, el color de los ojos de papá, más cálidos que los de Christophe, incluso cuando estaban inyectados en sangre después de una noche bebiendo en Beam, o cuando estaba en lo que él llamaba un ―estado de ánimo malditamente malo.‖ Tuve que parar y tomar una respiración profunda. La sensación cercana al pánico se fue escurriendo y fui bañada por un sentimiento cálido de alivio, tan real como si fuera un baño de aceite. Era una sensación familiar, el alivio que sentía cada vez que papá regresaba a buscarme. ¿Sobre qué tenía que estar aliviada?. Por nada, excepto el hecho de que alguien había vuelto por mí. Cuando has pasado la vida esperando a ser recogido como un libro de la biblioteca o una pieza de equipaje, la intensidad del alivio se hace un poco ridícula. Pero por lo menos Christophe no se había olvidado de mí.


Agarré una toalla de baño y volví sobre mis pasos. Christophe no se había movido. Él estaba mirando las estanterías vacías con una mirada peculiar en su rostro. He tratado de hacer que se vean un poco menos vacíos poniendo algunas chucherías en diferentes estantes, incluyendo un elefante de cristal azul con la trompa levantada. Mis libros, mis discos, mis colchones, todo estaba en la camioneta. Nada de aquí era mío. Ni siquiera huele bien, puedes darte cuenta cuando en el lugar no se ha vivido durante mucho tiempo. El aire mismo se añeja. Mudarse a un lugar donde nadie ha estado respirando durante un tiempo se parece a los zapatos que te pruebas y que no caben correctamente y tienes la esperanza de que encajen bien. Los zapatos nunca lo hacen. Yo nunca he pasado suficiente tiempo en una casa que se sentía antipática, no sabía si alguna vez me podría relajar. Sin embargo, yo estaba empezando a llamar a una tregua con algunas de las chucherías. Ellas habían dejado de parecerme pequeñas cosas desaprobadoras y mojigatas y había comenzado a acostumbrarme a ellas. Y cuando volvía después de bajar a la cafetería, por lo menos olía un poco más como un hotel en lugar de una cripta. -Aquí.- Le tiré la toalla a Christophe, quien la atrapó con un movimiento limpio y simple. -Empieza a hablar.-


-¿Y qué pasa si sólo vine a verte?.- Él restregó bien su pelo, limpió su cara y sus manos. La chaqueta chilló un poco. Sus manos estaban mojadas, y vi líneas profundamente rojas que goteaban y entrecruzaban sus palmas y marcaban sus nudillos antes de que él sacudiera sus dedos. Cuando él levantó uno de ellos y lo examinó con una mirada crítica, estaban pálidos y perfectos otra vez, y exhaló un suspiro. Mi corazón dio un gracioso tirón. -Ah, por favor. No habrías esperado si realmente hubieses querido verme tanto.- Y no te hubieras escabullido a través de mi ventana, si todo estuviera bien. Encontré una camisa de franela de tela escocesa grande que Graves había obtenido en una de sus correrías de compras y que se había encogido de hombros, mis dedos tocaron los botones. Olía vagamente a humo de cigarrillo, a muchacho, y a jabón y desodorante. Otra extraña oleada de alivio se derramó a través de mí. -¿Dónde has estado realmente?. ¿Condujiste hasta aquí?. ¿Estás bien?.-Estoy bien. Me conmueve que realmente estés preocupada por mi.- Se frotó detrás de su oreja y sonrió abiertamente como un gato. Los reflejos rubios se deslizaron a través de su cabello que se oscureció por estar mojado, pero todavía eran visibles. Él sacudió la chaqueta también, y buscó un lugar para colocarla. Señalé hacia la silla ajustable de oficina delante de la computadora y la colgó allí, sus músculos se movían bajo su fino suéter negro con cuello en V.


Miré hacia las cortinas que estaban cerradas sobre la ventana. Estaba bastante oscuro aquí, y yo estaba casi feliz por eso. Pero había muchas razones para no estar feliz en la oscuridad, también. Prendí la lámpara de noche, una de cobre antiguo con vidrio biselado de color azul y al darme la vuelta encontré la mirada de Christophe. Sus ojos eran aún más azules que el cuarto, pero extrañamente blanqueados. Ojos de invierno. -¿Cuántos años tienes de todos modos?.- No crucé mis brazos, pero recogí la navaja otra vez. No intenté retraer la hoja, sólo la sostuve floja. Me hacía sentir mejor. Mi pelo estaba todo desordenado y mis pantaloncillos eran estrafalarios, pero al menos me sentía preparada para manejar esto si yo tenía control sobre el cuchillo. ¿Por qué?. Él no va a hacerme daño. El alivio estalló dentro de mi pecho otra vez, pero por debajo asomaba un borde de miedo. Ahora que yo había visto lo que podía hacer un djamphir. Era una estupidez no tener miedo de ellos. Christophe se quedó muy quieto. Él contemplaba mi esternón, donde relucía el relicario de mi madre. Cuando


me moví un poco, tirando del cuello de la camisa de franela para cerrarla, el cambió y finalmente examinó mi cara. Mis mejillas estaban calientes como quemadores de estufa. -Sólo un poco mayor que tú, Dru.- Él echó un vistazo rápido en el resto del cuarto otra vez, como si esperase que alguien se estuviese escondiendo en las sombras. -Esto me recuerda al cuarto de tu madre. Ella fue la última svetocha que logramos salvar.- Allí su tono dijo ¿Contesta esto lo que realmente preguntabas?. Sacudió la toalla y miró a su alrededor otra vez. Un soplo de aroma a pastel me tocó la mejilla. -Tenía libros, muchos de ellos. Probablemente están guardados en una sala. Esperando por ti.Mi mano hizo un movimiento diminuto, queriendo tocar el medallón de mamá. Me obligué a bajarla. -Ellos no me entrenarán.- Eso me hizo estallar en una cascada y traté de no hacer gemidos. -Tú dijiste que ellos lo harían. Ningún entrenamiento de combate, ni ninguna otra cosa, ellos me tratan como si fuera…-¿De cristal?.- Él inclinó la cabeza. Su piel mojada por la lluvia era perfecta, como la seda húmeda. -¿Cómo si fueras frágil.? ¿Preciosa.?. Hay cosas peores, mi pajarito.No desde donde estoy sentada. -Mira, yo no voy a mejorar si me siguen tratando como…Ni siquiera lo vi moverse. Un momento él andaba a través del cuarto con la toalla en sus manos y su cabeza erguida. Al siguiente, estábamos nariz con nariz, un aroma caliente a


manzanas y especias empujaba mi pelo, besando mis mejillas. Medio retrocedí, y di una cuchillada. Unas bandas de acero calientes se cerraron alrededor de mi muñeca y las retorcieron. Mi brazo gritó por el dolor, el cuchillo fue arrancado de mis dedos que de repente estaban débiles, y mis rodillas se doblaron. Su otra mano me sujetaba por detrás del cuello, bajo mi pelo. Mi hombro me dio un tirón, gritando cuando se enroscó en un modo para el que no fue construido. ¡Muévete Dru!. La voz de papá llenó mi cabeza. Había sólo una salida, y la tomé… inclinándome hacia adelante, me preparé para embestirlo, tuve un estallido de dolor en mi hombro cuando los dedos de Christophe se aflojaron. Mi pie desnudo golpeó su rodilla, machacándola con el talón. Fue una buena patada, y él dejó escapar un sonido corto y agudo, como una risa. Caí al suelo y rodé, y me incorporé poniéndome en cuclillas. El cuchillo no estaba a la vista, y Christophe inclinaba un poco la pierna, moviéndola hacia fuera. Él debería haber parecido ridículo en una pierna, pero en cambio parecía un gato que agitaba una pata, el resto de él estaba perfectamente equilibrado. No te levantes. Si él viene a ti, tú tienes una mejor posibilidad de escabullirte de él. Eché un vistazo a la puerta. No habría


ayuda por ese lado, perdería unos segundos preciosos para desbloquearla, quitar la barra y la cadena. -Bien,- dijo él. -Buscando escapar, ya que soy demasiado rápido. Muy bien. Pero ya estoy aquí y no tienes armas, mi pajarito. ¿Qué harás?.No hay armas mi culo. Siempre hay un arma. Revisé todo, pero no encontré nada más que adornos para lanzarle y escuché el batir sordo de alas emplumadas de nuevo, que rozaron el aire de la habitación. Mi pelo se levantó con una brisa débil que pareció no venir de en ninguna parte, y me quedé muy quieta. Medio esperé ver al búho de la abuela. Pero nada pasó. Miré a Christophe con cuidado. -Ahí está.- Él asintió con la cabeza. Su pelo se había puesto lacio y oscuro cuando su aspecto salió a la superficie. Tú podías tener un aspecto débil o uno fuerte, y los que se manifestaban al exterior en otra forma, por lo general un animal que normalmente nadie podría ver…, eran los más fuerte de todos. También era la parte de donde procedía el apetito por la sangre. Un lugar profundo y oscuro que enloquecía cuando olías las cosas rojas. Christophe se agachó despacio, hasta que se puso en cuclillas. Una mano estaba tendida en la alfombra para


mantener el equilibrio, y su mirada fija nunca se apartó de la mía. -Estás muy cerca del florecimiento, Dru. Tienes una cierta facilidad natural, sobre todo cuando estás en un estado emocional alto. Pero no se puede contar con eso. Podría ser por eso que no se te ha permitido estar en las clases de combate, porque están diseñando un programa para ti, o van a traer maestros de afuera. O podría haber otras razones.Algo me dijo que él estaba más en lo de "otras razones". Todavía no me decía lo que sabía, o lo que él suponía. Dylan dijo que era porque tú no habías regresado todavía.Yo no me relajé. Ni tampoco él lo hizo. La tensión era una cuerda entre nosotros, un calor sin nombre, a través de mis huesos. -Ah, Dylan. ¿Cómo está?,- La sonrisa que se extendió sobre el rostro de Christophe no fue nada agradable. Era la sonrisa de un gato frente al agujero del ratón. - ¿Te dijo que él estaba enamorado de ella?.- ¿Eh?. ¿Qué?.-Todos lo estábamos. Tu madre fue un momento de luz. Sergej la robó y se la llevó lejos, aunque no fue antes de que ella nos abandonara por su propia voluntad. Todos estábamos… - Él se enderezó despacio. El estilete giró alrededor de sus dedos, la hoja cargada con plata ejecutaba una serie compleja de medios arcos al pasarla entre sus dedos . -Es suficiente por hoy, Dru. Puedes ponerte de pie.-


Me quedé donde estaba. Esto era más de lo que me había enterado por alguien, y además, yo no confiaba en que él no saltara de nuevo sobre mí sólo para demostrar un punto. Debí haber estado más asustada. Pero no lo estaba, a pesar de que mi corazón latía con fuerza lo suficientemente fuerte para forzar su salida a través del latido de mi garganta. Respiraba en bocanadas cortas, poco fuertes, y me estremecía toda por la adrenalina. Era la primera vez desde que había llegado hasta aquí que me sentía realmente despierta y razonablemente viva , en lugar de adormecida y aterrorizada. -Terca como de costumbre.- Suspiró, arrojó ruidosamente el cuchillo en la mesita de noche contra la base de la lámpara. -Tengo una media hora hasta que pueda irme. No voy a perderla arrastrándote por la habitación.-Vaya, gracias.- No podía sonar más sarcástica, pero yo estaba dispuesta a darle una oportunidad. Mi respiración se igualó. -¿Qué haces aquí, entonces?. ¿Té y galletas?.- Mi boca quiso hacerse agua. Él olía como a galletas de canela, con un toque ligero de pastel de manzanas. Pero mi estómago se había reducido al tamaño de una moneda de diez centavos. La escalada por la ventana y ese "media hora hasta que pueda irme" , no fueron nada buenos. Tenía mucho más para resolver, por lo menos.


Cada rastro de diversión se había ido. De repente parecía mucho más viejo, a pesar de que su rostro no había cambiado. -Vine a buscarte para asegurarme de que estás a salvo.Bueno, eso es tan amable de tu parte. Mi corazón dio otro salto. Me levanté apoyando mis rodillas en el suelo e impulsándome lentamente hasta ponerme de pie. El hombro me dolía fuertemente. -Ni siquiera me dejan salir sola.-No es lo de afuera lo que me preocupa. No mucho.Christophe dejó escapar un suspiro. El suéter se aferró a él, y sus pantalones estaban empapados, especialmente en las rodillas. Lo que hizo surgir otra pregunta. -¿Cómo diablos te metes por la ventana, de todos modos?. ¿Y qué es lo te preocupa de aquí?.-Un traidor.- Él miró la cama, visiblemente decidió que no debería sentarse en ella, y estiró sus manos en un curioso ademán de indefensión. - Alguien entregó a Sergej la ubicación de una casa de seguridad aprobada por la Orden, una que ni siquiera yo debía conocer. Lo cual, dicho sea de paso, hizo posible que él se quedara allí a esperarnos.Traté de no temblar por la idea. Christophe volando por los restos de la cabina de la camioneta, justo como Superman. Graves detrás del volante, aterrorizado y colgado. Y yo, casi ahogándome en los ojos oscuros y aceitosos de Sergej. -


Pero le dimos una patada en el culo, ¿verdad? Incluso aunque alguien le diera el dato. Y…Christophe negó con la cabeza, y por un momento pareció triste. Él se movió y di un respingo, pero sólo para caminó hacia la silla de la computadora, la cogió y chilló un poco. Fue un empate, Dru. Apenas eso. Si no hubiera sido de día, si Juan y los demás no me hubiesen creído en vez de a las directivas de control, si tu amigo no hubiese confiado en mí, si tú no hubieses luchado con Sergej con más habilidad y poder de lo que alguien esperaba, si, si, si... Hubieses muerto.- El gruñido que cruzó su cara estaba allí y desapareció en un instante, tan rápido que yo podría haberlo imaginado. -Yo te habría perdido.Lo dijo como si acabara de ocurrirle. Otro incómodo silencio llenó la sala de arriba a abajo, empujó las cortinas y e hizo que la luz que se filtraba pareciera más oscura. Lo miré. - Y no se supone que tú estarías aquí.- Él respiró hondo. Asumí que te enviarían a la Schola principal. No sé cómo terminaste en este satélite, entre... bien, los de este tipo.Bien, habíamos contestado esa pregunta… este no era la única Schola. ¿Pero a qué se estaba refiriendo? . -¿Qué tipo?. ¿Lobos?. Aquí también hay djamphir, lo sabes.-


-No importa. Tal vez... ellos... decidieron que estarías más segura en una escuela más pequeña. Y eso realmente facilita las cosas para mí.-¿Qué tipo de cosas?.- Eso sonaba sospechoso, incluso para mí. Mis mejillas ardían de nuevo, y mis rodillas no se sentían demasiado estables. -Cosas como vigilar a mi pequeña ave descuidada hasta que ella florezca. Conozco bastante esta Schola. No, tu madre nunca estuvo aquí.Gracias, Christophe. No pregunté. Pero me sentí tranquila, era bueno saberlo. Caímos en otro de aquellos espacios de silencio incómodo entre nosotros. Traté de no encorvar mis hombros. -¿Qué más no me has dicho?.-Nada importante. Nada crítico. ¿Pero tú quieres que yo hable?.- Bajó su barbilla y me contempló. –Entonces, mi belleza, ven siéntate a mis pies y escucha. No tenemos mucho tiempo. Y tengo algo para darte.-


5 Traducido por Mausi Corregido por Madri Me senté en la cama y puse mis brazos alrededor de mis rodillas. A veces me movía para que mis piernas no se durmieran. La mayoría de las veces, sin embargo, me sentaba y miraba la delgada capa gris de la luz del día en la ventana, y el aguanieve que ahora golpeaba contra ella en oleadas. Él había salido por la ventana y sólo... desapareció, a pesar de que corrí por la habitación y saqué la cabeza como una idiota buscándolo. Christophe dejó tras de sí el aroma a pasteles de manzana horneados, las huellas mojadas en la alfombra, una toalla mojada con manchas de óxido, una silla de computadora empapada. . . y las dos cosas de madera. ¿Espadas para practicar?. Toqué un mango. Estaba caliente, la madera estaba desgastada y engrasada, oscurecida por el uso. De vetas muy finas y muy dura. No. Christophe había tocado una de ellas, tal y como yo la estaba tocando ahora, pasando sus dedos suavemente por sobre las curvas. Estas son las Malaika, y están hechas de madera de espino. No fueron hechas para la práctica. Estos son para matar las cosas que caminan por la noche, y se hicieron para las manos de una svetocha. Muy pocos


djamphir todavía son expertos en el uso de las tradicionales hojas Kouroi. ¿Pero, qué tan buenas son las espadas de madera?. Largas, ligeramente curvadas, con hojas de forma extraña. Parecían pertenecer a una película de alto presupuesto chop-saki, del tipo de las que había visto cientos de veces en el cable, a última hora de la noche, mientras esperaba el regreso de papá. Hice una mueca ante la idea. Era mucho más fácil y más agradable pensar en la voz cadenciosa de Christophe. El espino es mortal para los Nosferatu, y aún más mortífero si se trata de una kouroi. ¿Cuánto más mortal será entonces si eres tú quien las maneja?. Sé buena, y aprende a utilizarlas. Cuando sea más seguro, volveré. Y él había dejado las armas aquí. Puede que fueran de madera, pero sus bordes eran bastante filosos. Para demostrarlo, Christophe se había cortado un poco de cabello. El pequeño mechón rubio con rayas marrones yacía en la mesita de noche junto a la hoja. Un recuerdo, había dicho él. Así sabrás que voy a regresar. Y yo me ruboricé de nuevo como una idiota. Era absurdamente reconfortante saber que alguien iba a volver por mí. Ahora que lo había perdido todo y a todos. Miré fijamente las espadas, el rubor desapareció de mis mejillas, retrocedió y se deslizó por mi garganta, y se instaló


en el pecho al lado de la burbuja de ácido. El relicario era un punto cálido en mi esternón. La pálida luz gris pasaba por encima de cada una de sus curvas. Ellas parecían prolongarse aquí en la cama, contra el terciopelo arrugado de la cubierta del edredón. Era más de lo que yo había hecho, por lo menos. Tenía una costra fresca en mi rodilla, y una raspadura roja por la quemadura contra la alfombra, en la otra pierna. Cuando cayó la tarde y se aproximaba la noche, me levanté. Mis piernas estaban un poco inseguras por haber estado sentada y acurrucada en la cama durante tanto tiempo. Me llevé una de las espadas de madera al cuarto de baño. Había un espejo sobre el lavabo, uno grande y bonito. La luz que provenía de las bombillas polvorientas era muy buena. Se derramaba como el oro cálido por encima de mi pelo enredado y los huecos debajo de mis ojos. Sólo era una adolescente promedio, larguirucha y torpe. Los pómulos eran demasiado grandes para mi cara, los ojos azules eran de un tono diferente a los de Christophe. Mis ojos eran como los de papá, hasta las tenues líneas de color lavanda en los iris. Tenía el pelo de mamá, pero sin sus elegantes y brillantes rizos. Mis rizos estaban enredados en todas direcciones, pero no estaban tan erizados como solían estarlo. Yo no tenía más el sarpullido, y supuse que era debido al baño. Ni siquiera podía sentirme bien por eso. Yo estaba


pálida como una muerta. Entre los círculos alrededor de los ojos y los dos puntos enrojecidos en las mejillas, parecía un fantasma. Y yo lo sabía porque había visto algunos. Levanté la espada con la punta curvada hacia abajo por seguridad. -Malaika-, le susurré. Parecía que pertenecía aquí. Con el terciopelo, el satén y las piedras descascaradas. Pero yo no. Los círculos en mis ojos eran los restos de hematomas. Mi labio superior era demasiado delgado, el labio inferior era muy gordo, mi nariz demasiado larga, y mi pelo no tenía remedio. La camisa a cuadros era una mezcla deslumbrante de colores rojo, amarillo y verde, y mis pantaloncillos boxer de dormir tenían pingüinos e incluso estaban metidos en la raja de mi culo. Sí. Nunca iba a ganar ningún premio. Sin embargo, yo era fuerte. ¿ O no lo era?. Yo podía descubrir a papá, no importa dónde estuviera. Yo había conseguido apartar a Graves de un lobo enloquecido y sacarlo de un centro comercial abandonado a través de una tormenta de nieve, y me enfrenté a Sergej por mi cuenta. ¿Y qué si yo había tenido que ser rescatada?. Aún así yo había tenido un par de rondas con él, le disparé en la cabeza, y me las arreglé para salir de eso respirando.


Papá. La abuela. Y mamá. Todos se fueron. Algo muy caliente y más fuerte que las lágrimas se elevó por mi garganta. Yo era la única que quedaba. Si eres una buena chica, vas a clases, no importa lo aburridas que sean, y mantienes los oídos abiertos, yo te voy a enseñar a utilizarlas. Tu madre era una maestra de la Malaika. No sé por qué se fue y las dejó. Él había tocado gentilmente de nuevo con sus dedos la empuñadura, y su boca hizo una mueca amarga. Tengo el par de espadas que ella utilizaba en un lugar seguro. Cuando estés lista, serán tuyas. Mi respiración se enganchó en mi garganta. Me permití recordar a mi madre. Era lo más doloroso de todo, porque. . . bueno, sólo lo era. Su cabello siempre olía a perfume cálido y fresco. Su rostro en forma de corazón y la hermosura de sus pequeños gestos. Sus ojos oscuros en la imagen de ella que papá guardaba en su billetera, en un lugar brillante que él frotaba sobre el plástico encima de su rostro. Ese lugar brillante todavía estaba allí, aunque la imagen había desaparecido. Si sacaba la billetera de papá, iba a encontrar la foto que faltaba y el lugar donde siempre frotaba mi pulgar mientras sacaba un billete de veinte o cincuenta. Si me quedaba mirando el tiempo suficiente,


probablemente habría podido ver las curvas y las líneas de su rostro. Oh Dios. Me aparté del recuerdo que quería subir a la superficie, pero no lo suficientemente rápido. Nunca puedes dejar de pensar en algo lo suficientemente rápido. Algo así que duele siempre, mete el cuchillo demasiado rápido, antes de puedas ponerle la tapa encima y deshacerte de ello. Vamos a jugar un juego, Dru. Ella me había escondido en un armario y salió para pelear con Sergej. Papá me había dejado en casa y se había ido para enfrentar a Sergej solo. La abuela trató de quedarse conmigo, pero la vejez se la había llevado. Su cuerpo ya no resistía más y fallaba, y me di cuenta de que ella había odiado dejarme. Había resistido todo el verano, pero el primer viento frío que vino por el valle fue demasiado para ella, y el hospital. . . Ahí estaba de nuevo, un recuerdo que me hacía daño. Dejé escapar un suspiro largo y lento, como si estuviera tratando de calmar un calambre. No sirvió de nada. Este era un calambre en mi interior, en algún lugar tan profundo que la respiración no podía tocarlo. Yo no era tan bonita como mamá, o tan inteligente como papá. No era buena en nada de lo que hacía, a diferencia de ellos. Yo sólo era una adolescente flaca, punk y fastidiosa. Encontré mi propia mirada en el espejo. No me veía como alguien que debiera sostener una espada de madera. La


estreché fuertemente y con torpeza en una mano, y la alejé de mi cuerpo como un bate de béisbol, tenía miedo de que pudiera morderme. Sólo soy yo. Sólo Dru. La chica en el espejo sonrió un poco, lo que supongo que era lo que yo estaba haciendo, a pesar de que mi cara se sentía congelada. Puse la mano hacia abajo con cuidado, y dejé colgar la espada. Estampé mis pies en la cama y deslicé las espadas por debajo de las polvorientos volantes de tela junto con la billetera de papá. Yo no iba a permitir que nadie supiera que las tenía. No iba a decirle a nadie que había visto a Christophe, pero había una persona a la que tenía que decírselo. Si es que Graves no estaba demasiado ocupado dando vueltas con sus nuevos amigos, y si yo podía estar a solas con él, podría. . . ¿qué es lo que él podía hacer?. ¿Era acaso justo que también le arrojara eso y le pidiera que me ayude a entenderlo y a lidiar con ello?. Por encima de todo, no se suponía que alguien supiera que ahora yo tenía una tarea, una que me había dado Christophe. Y que estaba tratando de averiguar quién en la Schola me quería muerta, lo bastante como para traicionar también a Christophe. Así que, yo no soy bonita o inteligente o cualesquiera otros cientos de cosas. Pero soy testaruda. Y resistente.


Era el momento de empezar a usar lo que tenĂ­a.


6 Traducido por Mausi Corregido por Madri El ruido de la cafetería se apoderó de mí en oleadas. Silbidos, conversaciones, risas, todo el mundo estaba en el desayuno. Apuñalé a mis huevos revueltos con un tenedor. Los panqueques estaban bien calientes y frescos, así que ellos estaban sentados allí. Como yo, que estaba sentada aquí. Era justo después del anochecer, la clase comenzaba en cuarenta y cinco minutos, y yo realmente estaba sintiendo el impulso de ir a la cama. Quiero decir, nunca me ha gustado la escuela, y estaba decidida a empezar a hacer algo, aunque fuera asistiendo a las estúpidas clases de recuperación Pero levantarme y vestirme, trenzar mi pelo hacia atrás, y hacer frente a la cafetería, realmente puso a prueba esa determinación. Mi hombro todavía me dolía por el pequeño tango con Christophe, pero no era tan malo como podría haber sido. Los baños habían hecho maravillas. Una sombra cayó sobre mí. Me fue difícil no ponerme a temblar. Pero sólo era un joven lobo rubio de ojos oscuros y una cara amable. Estaba pálido y aferraba la bandeja con tanta fuerza que los nudillos estaban blancos. Parecía a punto de romper algo de puro nerviosismo.


Yo también me sentía así. Su boca se movía, pero yo no podía oír lo que él decía por el ruido. La pantalla de vapor que emanaba de la comida siseaba por debajo de todo el sonido del ambiente. -¿Qué?-. Mi tenedor resonó en mi bandeja. Él se estremeció, encorvando los hombros bajo un suéter azul de punto. Su contextura era delgada y era estrecho de caderas para ser un lobo, pero unos músculos largos se destacaban en los antebrazos que asomaban por debajo de los puños del suéter que estaban subidos. -Dibs-, graznó. –Mi nombre es Dibs-. Cerré la boca con un chasquido. Yo había visto tímidos por todos los Estados Unidos, y este chico era un caso grave de ello. Mi conciencia me remordió con fuerza. Empujé la silla a mi lado. -Hola. Yo soy Dru-. Por la forma en que su rostro se iluminó, se habría pensado que acababa de darle un billete de lotería ganador. Se dejó caer en la silla, y su bandeja tenía un enorme montón de carne cruda que se derramó por el borde de un plato. Miré los dos chuletones y el plato de hamburguesas, y mi estómago se revolvió. Tragué saliva y tomé mi café. -Hola-. Él se rascó la pierna a través de sus pantalones y sonrió. Sus dientes blancos brillaban, y tenía el pelo engominado con brillo. Las niñas probablemente lo


amaban, con esos ojos grandes, su mirada era como la de un ciervo nervioso. -Yo, um. Hola-. -Hey-. Tomé una bocanada de huevos revueltos y traté de no mirar su plato. -Entonces, ¿qué es lo que pasa?-. -¿Qué?-. Él parecía estar realmente confundido. -Nadie quiere hablar conmigo. ¿Por qué estás aquí?-. Estaba contenta por la compañía, especialmente ya que Graves no estaba a la vista. Pero yo había sido la chica nueva en las escuelas de todo el país. Nunca debes confiar en el primer niño que se te acerca. O por lo menos, debes aprender a buscar lo que quizás ellos piensen que pueden obtener del chico nuevo en la ciudad. Por supuesto, Graves había sido el primero en acercarse a mí, allá en Dakotas. Yo no estaba segura de qué pensar sobre eso. Supongo que tal vez había tenido suerte. No fue tanta suerte para él, ya que había sido mordido y había terminado aquí. -Te veías solitaria-. Se inclinó sobre su plato, sus largos dedos se aproximaron pero no tocaron la carne. -Y ellos apostaron a que yo no lo haría, ya que soy un sub (subordinado). A veces tienes que demostrarles que están equivocados, incluso a los doms (dominante)-.


-¿Sub?. ¿Dom?. Oh, muchacho. -Yo, um, nací de esa manera. Yo nací así, no fui mordido, y también nací siendo un sub-. Él parpadeó. –Tú no sabes nada de eso, ¿eh?.- Graves dijo que sabías mucho, pero no sobre algunas cosas-. -Él te lo dijo, ¿eh?-. Me metí otro trozo de huevo en la boca. Dibs se relajó un poco. -¿Qué más dijo Graves ?-. -Que si alguien se metía contigo, se las verían con él. Él se metió con ellos el primer día que llegó aquí, y demostró que era un dom. Él duerme en una litera de arriba-. A pesar de que estaba mostrando sus dientes, la expresión de Dibs era gentil. Cogió uno de los filetes y lo mordió, atravesándolo sin esfuerzo con sus dientes afilados. ¿No era eso interesante?. -¿Y tú no lo haces?. Yo jugaba con una línea de jarabe en mi plato, arrastrando los dientes del tenedor a través del jarabe y formando remolinos. -Hay un montón de camas, pero no todos los lobos duermen en una. Es complicado-. Cogió otro enorme bocado. La carne chorreó un poco de sangre, y me sentí claramente mareada. Debes sobreponerte a eso, Dru. Pero me acordé de los dientes del werelobo atravesando y triturando el hombro de Graves, y la idea me hizo sentir


verde por todas partes. Y tampoco era un verde primavera agradable. -¡Hey, chico perro!-. Gritó un djamphir que pasaba, uno de los amigos de Irving, un chico delgado de pelo oscuro con una camisa roja y jeans que pasaba encorvado con una gracia misteriosa. -¡Pon tu plato en el suelo!-. Se burló mientras caminaba con elegancia. Dibs se encorvó aún más, y la bola de ácido dentro de mi pecho hirvió, como si algo se hubiera caído allí. Deslicé mi silla hacia atrás y mis piernas se tensaron, pero la mano de Dibs cayó sobre mi muñeca con una fuerza sorprendente. -Déjalo ir-, me susurró en el ruido de la multitud. –Eso no significa nada-. - Sí que lo hace-. Traté de tirar de mi mano. -Eso significa algo-. Un murmullo recorrió la cafetería. Volví la cabeza, manteniendo al djamphir a la vista. Él se dejó caer a la mesa de Irving, uno de los puntos principales de la cafetería y se echó a reír. Sus amigos también se reían. Mi trenza golpeó la espalda mientras trataba de alejarme de nuevo de Dibs. Mark. Evoqué el nombre del djamphir en mi memoria mientras mi mano libre se cerraba en un puño. Estoy bastante segura de que su nombre es Mark. Incluso se ve como un Mark. Vaya cosa.


-Wow. Realmente te importa-. Él se rió con un sonido un poco inseguro. -Déjalo pasar. No estoy molesto, ¿ves?. Terminarás metiéndote en problemas si dices algo. Mantén tu cabeza hacia abajo-. La tensión se escurrió a fuego lento por una ranura, pero no me abandonó. Mis hombros eran una barra rígida debajo de mi sudadera con capucha, y había perdido hasta la última gota de apetito que había tenido. -No discutas con ellos-. Él me soltó lentamente los dedos de a uno. -No por un lobo. Te la van a poner difícil, ¿entiendes?. Y van a hacerla difícil para mí. Pero no te preocupes, los doms se harán cargo de ello. Tarde o temprano. Siempre lo hacen-Jesús-. Dejé escapar un largo y tembloroso suspiro. Eso ya me había molestado antes, esa forma despectiva en la que Christophe había tratado a Graves, como si éste estuviera contaminado de alguna manera, como si fuera inferior. También me molestaba que los djamphir fueran la parte superior de la cadena alimentaria. Yo había pensado que de algún modo las cosas serían diferentes. Había pensado que en el Mundo Real no se jugaban esos pequeños juegos de mierda de la escuela secundaria. Pero aquí, era lo mismo de siempre. Era deprimente. ¿Podría alguna vez alejarme de ello?.


Pero una pelea, justo el día en que había decidido comenzar una nueva página no era una buena idea. Debía comenzar esto apropiadamente. Dibs me miraba con ansiedad, tenía una línea vertical entre las cejas doradas, ya que había arrugado el ceño. Parecía un retriever que había visto una vez, un perro dulce que vivía en un parque de caravanas en las afuera de Pensacola. La forma en que inclinaba su cabeza y meditaba sobre eso al mismo tiempo, reforzaba esa impresión. Ráscale detrás de las orejas, ¿no es un buen chico?. Tragué saliva, disgustada conmigo misma por ese pensamiento. Yo no era como ellos, esos desdeñosos niños djamphir. Yo siempre había sido una extraña. Apuñalé mis panqueques como si estuviera apuñalando el rostro de la estupidez. -¿Todos actúan de esa manera?. ¿Los djamphir?-. -Sí. Quiero decir, excepto tú. Graves dijo que eras diferente. Él dijo que tú... -Hey, Dru-. Graves cogió la silla que estaba a mi otro lado y se dejó caer en ella. Olía como el aire frío y a humo de cigarrillo, su largo abrigo negro todavía cargaba el frío del exterior. Sus mejillas coloradas le sentaban bien y sus pendientes brillaban. Sus ojos también estaban chispeantes. -Dibs. Encantado de verte, hombre-.


Dibs se encogió tan rápido que me sorprendió que no perdiera un trozo de su lengua. Él se mantuvo ocupado desgarrando la carne y masticando, con una mirada abatida y culpable. -Así que tú eres un dom, ¿eh?. Muy lindo-. Apuñalé mis panqueques de nuevo. –Pervertido-. -Tú eres la que amarras a la gente, nena-. La mirada de Graves se desvió por delante de mí hasta Dibs y regresó. ¿Qué pasó?-. Dibs se encogió de hombros y dio otro bocado. Mi tono fue duro y despectivo. –Sólo algunos djamphir idiotas silbando, eso es todo-. Continué apuñalando el plato con el tenedor. -Estoy a punto de irme a clases-. -Voy a caminar contigo, tenemos la primera clase juntos. Me alegro de que hayas decidido aparecer-. Parecía satisfecho e insoportablemente presumido. Su sonrisa era una amplia V, tan grande que un hoyuelo apareció en su mejilla izquierda. Él ya no tenía tanta cara de niño, y ¿ese rastrojo oscuro que se extendía desde barbilla?. Tenía pequeñas gotas en su cabello húmedo, por lo que afuera debía estar lloviendo. Sí. Él debió de haber ido afuera a fumar, luego regresó y...


Jesús. Me agarré del borde de la mesa con ambas manos. El tenedor se estampó contra la madera falsa. Mis dientes apretaron con tanta fuerza que me dolía la mandíbula. Yo había enloquecido antes, un montón de veces, como una Niña-loca. Pero ésta era una sensación nueva, y me engulló por completo. De hecho, vi pequeños destellos rojos en los extremos de mi campo de visión, y mi brazo me dolía por la necesidad de dar puñetazos a esa sonrisa de mierda en su cara. ¿El brazo? No, todo mi cuerpo vibraba con las ganas. -Uh-oh-. La silla de Dibs raspó contra el suelo mientras la arrastraba hacia atrás. -¿Graves?. Ella huele a rojo-. Me sacudí. La ola de temblores pasó a través de mí. ¿Qué demonios estaba pensando?. Era Graves. Era casi mi único amigo aquí. ¿Realmente iba a ponerme furiosa con él?. ¿Por qué razón?. -Ella está bien-. Graves sólo me miró. Su rostro no parecía tan petulante ahora. Sólo parecía reflexivo y amigable. – Ella se pone un poco ansiosa a veces, pero ella está bien. ¿No es cierto, Dru?-. Y entonces la rabia se evaporó, dejando sólo una amarga y pequeña burbuja al rojo vivo en mi pecho. Encontré mi voz. -Así es. Ansiosa-. ¿De dónde viene?. ¿Qué fue eso?. –Jesús-. Mi voz llegó a sonar entrecortada y agotada. La cafetería estaba extrañamente silenciosa. La tensión corría bajo la superficie tranquila, mis oídos resonaron en forma desagradable y me relajé un poco más.


-Estás bastante tensa-, fue todo lo que dijo Graves. -Hey, ¿has comido algo más que eso?. ¿Quieres un poco de tocino?-. Christophe me visitó. Tengo que hablar contigo. Las palabras murieron en mis labios. Dibs masticaba y hacía crujir algo a mi lado. Sonaba como un hueso, y mi estómago hizo un gracioso movimiento dando tumbos de lado. -Yo, um, sólo me quedo con el pan tostado-. Para probarlo, cogí una media rebanada de pan tostado cubierta de mantequilla. Estaba fría, pero la puse en mi boca y la mordí. Mis dientes hormiguearon. Era una sensación extraña, como si estuvieran despertando de la novocaína. Quiero decir, nunca había tenido una caries, pero me imagino que es así. Graves asintió con la cabeza. Una sombra de alivio se deslizó a través de sus ojos verdes. -Bueno. Oye, vamos a salir por hamburguesas de nuevo después de clases. ¿Quieres que traiga un poco?-. No. Van a estar frías cuando lleguen aquí. No quiero nada grasoso, gracias. -Tal vez un batido, otro día. No he tomado un batido desde hace tiempo-. No desde que él me había me dado uno en un patio de comidas del centro comercial y me había preguntado qué pasaba. Los recuerdos irrumpieron a través de mi cabeza, teñidos por el pánico, y exhalé otro suspiro tembloroso. -Te lo traeré. Si todavía estás despierta cuando regrese-. Su cabello cayó sobre su rostro mientras asentía con la cabeza,


los mechones negros se veían normales en él. Su piel se había aclarado e incluso tenía un bonito y uniforme color caramelo. -¿Seguro que no deseas algo de tocino?-. Sí, si es que estoy despierta cuando te dignes a volver. -No, gracias-. Tomé otro bocado de pan tostado mientras Dibs masticaba enérgicamente otro hueso y producía un sonido parecido a un alegre zumbido. Supongo que yo debería haber estado preparada para eso. Una cosa era sentirse sola, porque nadie se sentaba contigo. Pero otra muy distinta era tener un lobo masticando justo a tu lado. -No, estoy bien. En serio-. Pronuncié las palabras con la boca llena de pan tostado frío embadurnado de mantequilla congelada, y me dije que sería mejor empezar a comer mi comida mientras estuviera caliente. Tal vez no debería hablarle de Christophe en absoluto. Reflexioné sobre eso hasta que la campana sonó para el primer período de clases, y todavía estaba reflexionando sobre eso horas más tarde cuando me quedé dormida a la luz gris del amanecer. Graves no se presentó con el batido. Pero tampoco era como si yo hubiera estado esperándolo. Sí, claro.


7 Traducido por Crisur Corregido por Mausi Mi segunda semana en la Schola terminó con una helada. Las temperaturas habían descendido, especialmente durante la noche cuando las estrellas se convertían en puntos claros en el cielo negro como la tinta. El hielo se escurría por las ventanas y ni siquiera conseguía sentirme aliviada de que la constante niebla hubiese retrocedido. Todos los hombres lobo se quejaban porque este tipo de clima les impedía salir. Y créeme, si nunca has estado atrapado en una habitación con veinte inquietos jóvenes lobos además adolescentes djamphir con aspecto de vampiros, bien, te has perdido una verdadera fiesta. Las aulas de la Schola no se parecen a las aulas de las escuelas normales. La mayoría son cóncavas. El profesor se pone en la parte más baja y los estudiantes se sientan en bancos o sofás que forman círculos concéntricos. En la clase de historia de la primera hora me encontraba sentada en un sofá, lo que significaba que Graves estaba sentado a mi lado, inclinándose hacia delante con los codos apoyados en las rodillas. Parecía que estaba prestando atención bajo el pelo teñido de negro que caía sobre su cara, con su nariz sobresaliendo, y su barbilla apoyada en sus manos. Su habitual abrigo negro estaba tenso sobre sus hombros.


La intensidad de sus ojos verdes sin embargo era nueva. Yo nunca lo había visto con esa concentración feroz. Todavía me sentía mal por haberlo arrastrado a esto. A mi otro lado, el único otro estudiante djamphir en la clase, se inclinaba alejado de mí, tomando notas en su bloc amarillo. Se trataba de Irving, su pelo rizado estaba un poco aplastado hacia abajo. Aparentemente me había perdonado por lo del combate. No parecía de los que guardaba rencor. Su amigo de la camisa roja no se encontraba aquí, gracias a Dios. Todo el mundo estaba recién duchado y con los característicos ojos brillantes de la primera clase de la tarde, hacía tanto frío que yo llevaba varias capas de ropa, una camiseta, una camisa de franela de Graves y un jersey de lana azul. Hubiera preferido estar fuera frente a la armería, pero al menos la conferencia era sobre algo que no había escuchado antes. El maestro había dejado el libro de texto y estaba enseñando algo nuevo. -En el ataque de los lobos, el objetivo principal es generalmente el vientre sin protección. - El instructor, un djamphir rubio pálido, había dejado de mirarme. Aún se detenía de vez en cuando, mirándome y permaneciendo inmóvil durante unos segundos. Era espeluznante. -Esto provoca el sangrado en un vampiro, y tiene la ventaja de dejar un rastro de sangre si la cosa intenta escapar.-


Irving levantó la mano. -¿Por qué no la garganta? -. Parecía un estudiante brillante dando al profesor una apertura. Sus ojos se iluminaron y se inclinó hacia delante. -Los desgarros por las garras de los lobos son más dañinos que los de cualquier arma.-Buena pregunta.- Asintió el profesor. Todavía no había descubierto su nombre.-¿Alguien puede responder?Un greñudo de pelo negro sentado en una de las filas de más atrás contestó. -La garganta es un blanco demasiado pequeño.- Su labio superior se levantó durante un momento dejando ver el brillo de los dientes. -Además te acercas demasiado a la cosa. Dejar la distancia de un brazo es más seguro.-¿Y? -. Las cejas del profesor se elevaron. Nadie dijo nada. Tentativamente levanté la mano. Inmediatamente cada par de ojos se clavó en mí. -¿Si? .- No había burla en la voz del rubio ahora. En cambio estaba mirando con toda su atención puesta en mí, arqueando las cejas. Oh Señor, me voy a sentir estúpida. Mi corazón palpitaba a mil por hora. -¿No luchan los hombres lobo en grupo? .- Me aventuré. -Quiero decir, no he visto mucho, pero parecen bastante buenos en la lucha como una unidad. Supongo que los djam-djamphir…- Tropecé nerviosa con la palabra e inmediatamente me sentí como una tonta del culo. -Bueno,


no los veo trabajando bien en conjunto, no en casos como éste.-¡Muy bien! .- El profesor sonrió como si le hubiese hecho un regalo de Navidad. -Atacar el vientre es una estrategia con grandes resultados si la criatura es distraída por otros miembros del equipo. ¿Qué otras estrategias hay para distraer a un vampiro?.Me sentí como si acabara de ganar un premio. Y esto era real. No como una clase de historia estúpida en la que de todas formas no te están contando la verdad, sólo el collage de mentiras habitual que la corporación aprobaba para mantener las partes interesantes fuera. No, esto trataba del Mundo Real. ¿Cuántas veces le había dicho a mi padre que la escuela secundaria no me preparaba para nada?. Habíamos estado mucho tiempo dando vueltas y vueltas sobre lo mismo. Pensar en mi padre dolía, así que traté de pensar en otra cosa. Ahora me sentía un poco mal por escaparme tantas veces y por pelear continuamente con él. Quizás si yo… No quería pensar en eso tampoco. Me senté un poco más recta. Graves me dirigió una mirada indescifrable. No se molestó en levantar la mano.


-Sangre,- dijo. La palabra se sintió caer en la habitación como una roca en un estanque. -Derrama la suficiente y los animales se volverán locos.Un murmullo recorrió la sala. Irving se removió inquieto a mi lado. El sillón crujió. La boca del profesor se torció un poco. No le dirigió una mirada venenosa a Graves, pero faltó poco. -El hambre.-Más bien la sed, en realidad. - Irving se movió de nuevo. Me pareció que estaba tratando de llamar la atención del profesor. -¿Por qué lo llamamos hambre de todas formas?.-¿Para darle una cara más amable?.- Sugirió Graves dulcemente. - Comprendí un poco tarde lo que estaba haciendo y el profesor se puso realmente rígido. Oh, señor. Aquí vamos. Suspiré internamente y lancé una pregunta que no habría hecho de no haber estado intentando distraerlos. -Lo que yo quiero saber es: ¿Por qué yo no la tengo? ¿Y realmente eso hace que los vampiros se vuelvan locos?-. Me moví y le di un fuerte codazo a Graves en el costado. Tenía la esperanza de que pareciera involuntario. La habitación se quedó en silencio de nuevo. Casi me estaba acostumbrando la manera en que todo el mundo se callaba cuando hacía alguna pregunta estúpida. Por lo menos había aprendido algo durante los días pasados, incluso si


Educación Cívica y Dominio del Cambio todavía eran una total pérdida de tiempo. Tal vez eso no era tan malo. El rubio pareció aliviado, pero miró hacia Graves. Luego hacia mí, y juro que durante un instante pude ver su ira. Algunas svetocha tienen el hambre de sangre, pero no hasta que maduran. Y sí, incluso una pequeña cantidad de líquido vital puede conducir a un nuevo nosferatu, o a uno antiguo, a un estado de racionalidad gravemente disminuida. Depende de cuánto tiempo haya pasado desde su última comida, y…Comida. Como las personas. Me estremecí, pero no tuve la oportunidad de terminar el pensamiento. Los tonos bajos de la campana se superpusieron a cualquier cosa que Rubito quisiera decir, todos en la clase se pusieron de pié. Mierda. Restricción. Tal vez fuese un simulacro. Sujeté el brazo de Graves, la decisión estaba tomada casi antes de que fuese consciente de haberle tocado. -Ven conmigo.-Tengo que…- Trató de alejarse, se detuvo y me miró. Los lobos se apresuraban a ir hacia la puerta, algunos de ellos ya medio cambiados, con el pelaje recorriendo sus cuerpos. Irving se detuvo justo en la puerta para mirar hacia atrás, su cambio se deslizaba a través de sus rizos con reflejos dorados a la vez que sus ojos se iluminaban. Su labio inferior comenzaba a deformarse y la punta de los


colmillos casi tocaba la carne. El profesor ya se había ido, desapareciendo en un viento que olía a una llamativa y elegante colonia. Pero no olía como a una vela de Navidad. Sólo Christophe lo hacía. ¿Pero quién iba a preguntarle sobre eso?. Seguí sujetando a Graves. —Por favor. Voy a volverme loca si me quedo encerrada en mi cuarto otra vez sin nadie con quien hablar.- Y no he sido capaz de estar contigo a solas, siempre estas con los chicos peludos. Quiero hablarte acerca de Christophe. Imagínate. -Por favor. Graves.Se encogió de hombros, levantándolos y dejándolos caer. Me tengo que ir a la armería. Seré castigado si no me presento.Entonces, ¿No te involucras a no ser que esté recibiendo una paliza?. Y por Dios, ¿desde cuándo te preocupa un castigo?. Un sabor amargo me llenó la boca. -Bien.Pero no solté su manga. Dylan llegaría probablemente en cualquier momento. -Vete entonces.-No lo entiendes… - cerró la boca exasperado y me miró, como si yo fuese el problema. La campana empezó a sonar de nuevo, con urgencia, y él se liberó y salió por la puerta, con el abrigo ondeando alrededor de sus pantorrillas.


Me dejó sola en el aula vacía. Mis dedos picaban, como si me hubiese quemado con una alfombra. El medallón de mi madre se sentía como un peso frío bajo mis capas de ropa. El sonido de la campana había terminado y un extraño silencio estático en la Schola sitiada se clavó en mi cabeza. Todos los chicos tenían una obligación cuando la campana sonaba. Estrategias de batalla, algunos de ellos repartiendo armas en la armería, otros se reunían en puntos predeterminados y esperaban. Los estudiantes mayores y los profesores salían a recorrer el terreno. La última vez, algunos de ellos habían vuelto bastante golpeados, incluso sangrando. Por culpa de los vampiros. Me quedé allí durante unos segundos, la mano raspada por el áspero algodón del abrigo de Graves, latía libre del agarre. Esta era la cuarta Restricción. Alguien siempre se presentaba a llevarme de regreso a mi habitación. No esta vez. Los segundos pasaban, uno tras otro. Los fluorescentes zumbaban y las telarañas de las esquinas superiores se mecían suavemente como algas. Algunas tejas del tejado se habían derrumbado. Este lugar se cae a pedazos. Por Dios. Se me ocurrió que esta era la primera vez que había estado completamente sola fuera de mi habitación desde que llegué aquí. Encorvé mis hombros y tiré de las mangas de mi jersey hacia abajo. Me di cuenta de que estaba esperando


a que alguien apareciese y me dijese qué hacer. Mi navaja pesaba en el bolsillo trasero, cubierto por el jersey y el borde de la camisa de franela de Graves. Vamos, Dru. Probablemente hay algo más que puedas hacer. Cualquier cosa. Había sido la ayudante de mi padre desde que la abuela murió, moviéndonos de ciudad en ciudad, deshaciéndonos de las cosas desagradables que aparecían de pronto en la noche. Quedándome aquí no iba a ayudar a nadie. Esperar a que alguien apareciese y me llevase a mi habitación tampoco iba a ayudar. El silencio tomó una nueva cualidad, la estática desapareció para ser remplazada por la falta de aire. Parpadeé con fuerza dos veces y me di la vuelta bruscamente. Mi cabello se desplegó formando un arco por el rápido movimiento. Situado en la parte de atrás del sillón en el que había estado sentada, el búho de la abuela agitaba sus plumas blancas con la punta grisácea. Su pico oscuro parecía de un impío negro. Sus ojos amarillos se clavaban en los míos, dejé salir un suspiro de alivio mezclado con dolor. Oh, gracias a Dios. ¿Dónde has estado?. Era la primera vez que había visto el búho de la abuela desde que llegué aquí, fuera de mis sueños. La llamada habitual comenzó a sonar en mis oídos, un tono alto y claro como el de una campana me acarició una y otra vez, sentía mi cabeza como llena de lana de algodón.


El búho ladeó la cabeza, como si dijera ¿Qué pasa, jefa?. Parpadeé. Las motas de polvo quedaron suspendidas en el aire, y el reloj sobre la puerta estaba en silencio. Ni siquiera se movía. Ese fue el momento entre la precognición y la sensación de que pasaba algo raro. Algo raro o realmente malo. Era demasiado pronto para decirlo. Zas. El búho alzó el vuelo en un remolino de plumas. Era un ave grande, casi demasiado grande para el cuarto, giró en pequeños círculos en dirección a la puerta. Sus alas casi llegaban al suelo, del mismo modo que estuvieron a punto de golpear las jambas de la puerta. Giró, moviéndose como una nave espacial en una película y salió al pasillo. Sentí una repentina certeza. Se suponía que tenía que seguirlo. La abuela siempre me había dicho que confiase en esa sensación y papá siempre me decía que no dejase que la locura Backwoods tomase el lugar de la lógica. Pero tampoco me detuvo nunca cuando veía esa mirada en mi cara, la mirada que decía que yo estaba viendo algo que él no podía. La abuela era famosa por ―el toque‖ en varios kilómetros a la redonda, y yo siempre había supuesto que lo había recibido de ella. Después de todo, ella me había entrenado, ¿No?.


Pero ahora me preguntaba de dónde realmente lo había recibido. El búho se había presentado en mi ventana la última mañana que había visto a mi padre vivo. La última vez, el búho me había llevado hasta el camión de papá… y a Christophe. El hombre lobo que había mordido a Graves también había estado allí, pero había sido un accidente, ¿Verdad?. No tenía tiempo para darle más vueltas. Corrí detrás del búho de la abuela, mis piernas llenas de una fuerte falta de voluntad. El mundo se redujo a un duro plástico pegajoso, un claro fluido a través del cual tuve que abrirme camino para conseguir moverme. Eso formaba parte también del espacio intermedio, esa dificultad. No tuve tiempo para preguntarme si me estaba moviendo demasiado rápido para que el mundo me alcanzara, o si sólo tenía que moverme a través de un poco más de espacio para alcanzar el cuerpo en el que me movía diariamente, según los principios básicos. Mi hombro herido golpeó contra la puerta de salida y una ráfaga de dolor recorrió todo el trayecto hasta las costillas. Mis zapatillas de deporte golpearon el suelo de piedra, y conseguí una buena velocidad a pesar del pegajoso torrente que ralentizaba el mundo cuando intentaba seguir al búho de mi abuela muerta.


La sala se desvaneció como en los espejos de la casa de la risa, ese lugar en que todo se multiplica hasta el infinito. El resplandor amarillo pálido de la luz de los fluorescentes se metió en cada grieta y desconchón de las paredes. El suelo de piedra con ocasionales trozos de alfombra industrial raída o de linóleo viejo se borronearon bajo las chirriantes suelas de mis zapatillas. La Escuela menguó a mí alrededor, sus salas se deformaron. Una manga del jersey azul demasiado grande se desenrolló y se agitó alrededor de mi mano izquierda, pero no tuve tiempo de tirar de ella hacia arriba. Mantener al búho a la vista fue un trabajo duro, ya que me resbalaba y deslizaba chocando con las paredes además de estar a punto de tropezar en innumerables ocasiones. Hasta que giró de nuevo, volando a toda velocidad por otro corto pasillo, y un par de puertas dobles quedaron frente a mí. Espero que no estén bloqueadas. Pero la puerta derecha comenzó a abrirse tan pronto como la golpeé, el cierre automático instalado en la parte superior de la puerta hizo que se cerrase con fuerza, provocando que pequeños trozos de pared cayesen. La puerta golpeó el muro de piedra y sus bisagras protestaron. El cortante aire de la noche me alcanzó, empujando mi pelo hacia atrás, me aparté rápidamente del umbral y sentí el frío como un golpe de martillo contra cada centímetro de mi piel expuesta. Cortó a través de mí, y mi lengua se pegó al paladar de mi boca. El espeso sabor a cera y a cítricos se deslizó sobre mi paladar. El búho giró en un cerrado círculo de nuevo para luego alejarse rápidamente.


El sabor de las naranjas era un mal asunto; la abuela lo habría llamado arrah. Con eso se refería a un ―aura‖, como cuando las personas con migrañas sienten extraños olores o sabores justo antes de que sus cabezas se decidan a empezar a doler. Yo acababa de obtener un falso bocado de fruta, del tipo que indica que algo malo estaba a punto de suceder. Como, por ejemplo, cuando un vampiro está a punto de aparecer y darte una buena. Quiero decir, también sabía… cuando obtenía un sabor diferente… cuando estaba a punto de ver a un viejo amigo, o las cosas se iban a poner raras pero no peligrosas. No iba a reducir la velocidad para saber que significaba este sabor raro. No con la repentina seguridad en mitad de mi pecho empujándome y urgiéndome a que siguiese. El bosque se encontraba dentro del espacio perteneciente al edificio y unos jirones de algo blanco y grasiento se enredaban en las negras ramas desnudas. Olía mal… era demasiado polvoriento para ser niebla, tenía un matiz del olor feo y seco de una piel de serpiente. El frío era por algo más que el clima… un peso que presionaba contra la piel, el corazón y los huesos. Bajé las tres escaleras de un salto y caí sobre mis pies sobre el suelo duro de grava. Casi me caí, pero me incorporé firme y recta como una bailarina para salir detrás del búho. Había jardines… que imaginé que debían de ser hermosos


cuando llegara la primavera. Ahora, sin embargo, el hielo bordeaba las tablas de madera que formaban largas parcelas rectangulares para jardines muertos en invierno, mientras que los carámbanos de hielo goteaban desde los árboles rodeados de niebla. Estaba en el lado este del complejo de edificios que formaban la Schola y me pregunté en una especie de ensueño cómo demonios había llegado hasta aquí. Justo entonces el pánico comenzó a palpitar como un segundo corazón dentro de mí y el terror se extendió a través de mi cuerpo. Algo malo iba a suceder, ahora estaba segura de ello. Sólo podía esperar haber recibido la advertencia a tiempo, y ser capaz de escapar con la suficiente rapidez. Pasé los jardines corriendo hacia abajo por una suave pendiente hacia el río. Un desvío en el camino pavimentado se curvaba hacia un cobertizo de botes inclinado contra el agua donde una luna plateada brillaba, la luna estaba medio llena, derramando su luz sobre un paisaje gris y blanco que era exactamente igual que una escultura de hielo con vetas de algodón empapado en aceite colgando de cada arista. La niebla se estaba cerrando alrededor de la Schola, como unos dedos venosos y codiciosos . Una vez que bajé la mitad de la colina, los árboles y arbustos comenzaban a aparecer, eran los límites del


bosque. Poco después los árboles empezaban a volverse, densos y oscuros a pesar de estar desnudos y adornados con trozos de hielo. El búho ascendió, luego regresó, rodeándome mientras yo corría, antes de salir disparado colina abajo dejando el camino de grava atrás y cruzando el pavimento en dirección a la mancha oscura de árboles. Mi respiración se convirtió en un jadeo por el esfuerzo. Corrí y el búho regresó, como si me estuviese presionando para que fuese más rápido. Voló en círculos sobre mi cabeza de nuevo y me pareció escuchar la voz de la abuela. Es un animal sabio el que amortigua el sonido de las alas para que el ratón no pueda escucharlo, Dru. Y es un animal sabio el que se esconde incluso cuando todo está tranquilo. Nunca se sabe cuándo algo está pasando sobre ti mirando hacia abajo. La primera vez que había visto el búho, estaba en el alféizar de la ventana del hospital de la abuela, la noche en que esta murió. Yo había guardado silencio al respecto desde entonces. Sólo mi padre lo sabía, y él era más de… deja de pensar y corre. Esta vez fue la voz de mi padre, llena de calma urgente. El único lugar donde sus voces podían existir era en mi cabeza. Eso era mejor que estar sola pero aún así, así era como estaba, sola. Traté de acelerar, pero el grueso y claro pegote que cubría el mundo se espesó. Mi corazón se estrelló contra las paredes de mi pecho, palpitando en mi garganta, muñecas y ojos con tanta fuerza que parecía querer escapar.


Él mundo de pronto retrocedió a la velocidad normal como una cinta de goma y fui lanzada hacia delante como si una cálida mano me empujara y me hubiera golpeado como a una bola de billar. A punto de caer, logré estabilizarme y salté sobre el último rectángulo del jardín, cayendo firme sobre mis pies. El sonido regresó rápidamente. El hielo crujía, la grava volaba, mis propios pasos dejaban una marca contra el helado suelo, el ritmo duro de mi respiración… … y detrás de mí, pasos suaves y un agudo y frío aullido, extrañamente diluido a través de la rara y brillante niebla. El sabor de las naranjas pasó sobre mi lengua otra vez, no podía escupir para limpiarme la boca y no lo habría hecho de todos modos, ya que no eran realmente naranjas. Ahora estaba segura de que algo realmente malo estaba bajando. Corrí por los árboles como si mi vida dependiese de ello. Porque yo sabía, en el fondo, que lo hacía.


8 Traducido por Crisur Corregido por Mausi Las ramas golpeaban mi cara y mis manos. Salté sobre un tronco caído, aplastando un montón de hojas y me caí. Un desagradable fango formado por hojas descompuestas cubrió mis dedos. La oscuridad se hacía más patente gracias a los pequeños puntos por los que se filtraba un poco de luz de la luna, agudizando los reflejos del hielo. Me puse de pie y continué corriendo, sorteando los hilos serpenteantes de niebla. El relicario se sentía como un trozo de hielo en mi pecho. Detrás de mí, otro aullido se elevó hacia el cielo frío. Sentí que unos filosos cristales rotos y navajas de afeitar, se clavaron en mi cabeza, raspando contra el interior de mi cráneo. Han encontrado mi rastro. No sabía quiénes eran, ni siquiera por qué corrían tras mi esencia. Yo sólo… lo sabía, de la misma forma en que sabes cómo respirar o apartas tu mano de una estufa caliente. De la misma forma en que sabía que tenía que evitar los hilos de vapor que se elevaban desde el suelo. De la misma manera en que sabía que debía seguir corriendo. No importaba cuántas veces me cayera.


Gateé y resbalé avanzando a trompicones. El búho lanzaba suaves y desapasionados ¿Who? ¿Who? y se deslizaba por el bosque, volando entre los fustes fuertes como el acero de cada árbol congelado. Me encontré con una especie de sendero que atravesaba el manto de hojas, rompí la superficie congelada de un charco profundo y jadeé cuando el agua helada mojó mis tobillos. Salté y caí mal, causando que mi tobillo casi se torciera. El búho volvió a llamar; date prisa, Dru. Otro grito inhumano atravesó la noche, clavándose en la carne detrás de mis ojos con sus afiladas garras. Dejé escapar un lastimero y bajo jadeo y tropecé hacia delante, con las manos dirigiéndose a mi cabeza hasta que el quejido se interrumpió justo a mitad del aullido, como apagado por un interruptor. ¿Qué demonios fue eso?. No tenía tiempo de averiguarlo. Bloqueé mi cabeza, como la abuela me había enseñado. Cuando otro aullido atravesó la noche, desde algún lugar a mi izquierda y todavía a cierta distancia, no raspó el interior de mi cabeza. Sólo recorrió con fuerza mi piel como un cepillo de alambre goteando ácido y si no hubiera estado intentando correr con tanta fuerza probablemente habría gritado lastimeramente por la sorpresa y el dolor. Ese era el problema con involucrarse en el Mundo Real. Una vez que lo encuentras, no lo puedes cerrar y volver de nuevo a la vida de nueve a cinco. Estás atrapado corriendo


por el bosque de noche, con riesgo de fracturarte una pierna y lo que es peor, mientras algo horrible te persigue. El rastro débil se acabó, los senderos falsos que atraviesan los bosques suelen hacerlo. Un momento piensas que estás siguiendo un camino hacia algún lugar, lo siguiente que sabes después de saltar para esquivar la niebla que no se debería mover así, es que estás inclinándote contra un montón de simpáticos arbustos espinosos, y preguntándote qué demonios pasa. Excepto cuando estás corriendo por tu vida, entonces los arbustos no son simpáticos. Atraviesan tu ropa y rasgan tu piel, y para cuando consigues liberarte, los pasos que te siguen están mucho más cerca. Tan cerca que puedes escuchar cada paso y el crujido de las ramas, cada salpicadura en el barro del suelo del bosque mientras él salta más alto y más rápido de lo que ningún ser humano podría. El búho de la abuela estaba ahora a la vista. Me quedé inmóvil, enredada en un montón de ramas espinosas y traté de controlar mis jadeos. Mis pulmones ardían, mi corazón estaba a punto de explotar atravesando mis costillas. Pero traté de permanecer quieta y en silencio. Los arbustos crujían, las espinas raspaban. Uno de ellas me tocó la mejilla, fue un pinchazo frío. Quería cerrar los ojos, encogiéndome sobre mí misma, pero la idea de estar en la oscuridad del bosque con los ojos cerrados no era buena.


Incluso la niebla estaba haciendo ruido ahora. Un pequeño rascado, como escamas raspando contra un cristal. Mi cadera presionada contra el suelo frío se volvió casi insensible. La humedad se filtraba en mi jersey y pantalones vaqueros. Una nube se formaba frente a mi cara provocada por mi propio aliento, diáfana y transparente. Los pasos se acercaron hacia mí. Parecía haber dos pares, dando vueltas entre sí. Apreté los ojos cerrados, pero perdiendo la batalla contra mí misma otra vez, los abrí. Una fila de espinas presionaban mi jersey en mi espalda. Mis zapatillas estaban empapadas y mis píes estaban tan fríos, que el entumecimiento ya no me permitía sentirlos. Crujidos, movimiento de ramas. La luz de la luna se filtraba provocando que falsas sombras aparecieran ante mis ojos por la escasez de luz. El aceitoso vapor blanco se acercaba, buscando entre las ramas de los árboles, arrastrándose contra las hojas congeladas con ese leve y horrible sonido. Un movimiento suave y sigiloso provocó leves crujidos. No podía decir de donde venía, cerré mis dientes para contener un gemido. Tragué saliva. La niebla se arrastró más y más cerca, casi tocando bajo las hojas. Parecía como si la punta de una garra tantease el suelo del bosque. Algo se movió en mi campo de visión. Una vez que lo vi, todo se enfocó. El movimiento es más fácil de ver en la oscuridad de la noche. El problema es cuando lo que sea se detiene y cesa el movimiento, la figura tenía un parche


blanco cerca de la parte superior. Se movía como un hombre lobo, con una gracia inconsciente, el pelaje se desdibujaba en sus contornos como enmarcado en una larga y blanca soga de niebla. Sólo había otro hombre lobo con una mancha en la cabeza, y con el que hubiese tenido problemas. Le había disparado en la mandíbula, pero no antes de que mordiera a Graves. Christophe le había disparado también, justo enfrente de la camioneta de mi padre. La mascota de Sergej, un hombre lobo controlado por él. No creía que estuviese aquí para ofrecerme unas galletas. Oh mierda. Es Ash. Solté una suave respiración. Mis pulmones estaban estrangulados, pidiendo aire a gritos. Me quedé quieta, con la tos cosquilleándome en la parte posterior de la garganta. Siempre ocurre cuando estás intentando ocultarte, tos, un estornudo… Es estúpido. El cuerpo decide jugártela a pesar de saber que estar callado es la única manera de seguir viviendo. Ash se detuvo, elevó la cabeza y olfateó. Las cosquillas empeoraron. Su cabeza se agachó un poco, inclinando el hocico, probando el aire. Se movió hacia un lado, completamente en silencio y se detuvo de nuevo. La niebla se alejó servilmente de él. Mantente en movimiento. Oh Dios, haz que se mantenga en movimiento.


Una suave llamada del búho de la abuela interrumpió el repentino silencio, pero yo no podía verlo. Los crujidos y salpicaduras se habían detenido. Todo estaba en silencio, incluso los leves rayos de la luz de la luna parecían estar conteniendo la respiración, atrapados en velos reflejantes de vapor blanco. Demasiado tarde recordé la navaja en mi bolsillo trasero. Si hubiese pensado en sacarla, podría estar armada ahora, en vez de escondida e indefensa en una maraña de espinas. El hombre lobo con la cabeza manchada dio otros tres pasos rápidos y elegantes hacia un costado. Giró la cabeza y el brillo de sus ojos enloquecidos pareció penetrar la oscuridad y clavarse en mi piel. ¿Me está viendo?. Dios, oh Dios. ¿Me está viendo? Mi mano tembló, con ganas de acercarse a la navaja. Pero si lo hiciera, tendría que girarme y hacer ruido. Y tener suerte de sacarla de mis pantalones a tiempo para poder hacer algo contra el hombre lobo. Dios, ojalá tuviera una pistola. Cualquier arma, incluso una 22. Una nueve milímetros sería mejor. Una 45 o un rifle de asalto mejor todavía. Y alguien que me ayudase con esa cosa también sería agradable. Y ya que estoy soñando, también me gustaría un pony. Mi corazón palpitante dio un vuelco, y casi se me escapa un gemido de nuevo. Ni siquiera podía mover mi mano hacia el bolsillo, si yo podía ver el movimiento en la noche, un


hombre lobo desde luego que también podría hacerlo. Si realmente no podía olerme. ¿Por qué estaba dudando?. La tensión aumentó, insoportable segundo tras insoportable segundo, y el sabor de la cera y las naranjas podridas explotó en mi lengua, con tanta fuerza que casi me ahoga. No me gustó eso. Mis ojos se pusieron en blanco mientras trataba de no tragar, tenía la boca llena de saliva… Cristo, no iba a empezar a babear ahora. Sabía que el sabor no era real, sabía que no había nada en mi boca, pero joder, no quería tragarlo. El hombre lobo con la mancha bajó la cabeza como un muñeco, en un movimiento lento y fluido. Su forma se movía como en ondas, pareciéndose más a su forma animal que a la humana. La mancha blanca se veía más intensa, o quizá se tratara de un rayo de luna cayendo directo sobre su pelaje. Un ligero jadeo seguido de un resoplido provino de él. Estaba de espaldas a mí, y deseé que alguno de los profesores de la Escuela estuvieran en el bosque en estos momentos. Oh por favor, Dios. Ayúdame un poco, vamos. Por favor. Otra forma se dibujó bajo los claroscuros formados por los árboles y la luna, la niebla se fusionaba a su alrededor como una capa de algodón grasienta. Vagamente humanoide, alto y ancho de hombros. La luz de la luna me permitió ver una mancha blanca en la cara y dos manchas más en las manos, el resto era sólo una sombra.


-¿No es agradable?,- susurró el recién llegado, una afrenta al silencio que reinaba en el bosque. El sonido áspero en el fondo de sus palabras pasó de nuevo por encima de mi piel como un cepillo de alambre. Traté de no flaquear. -¿Dónde está la perra?. La puedo oler.Ash gruñó, un sonido que ni siquiera se acercó a formar una palabra, pero lleno de advertencia. La piel onduló, haciendo brillar la raya blanca de la cabeza. -¡Cállate y búscala! .- Las palabras salieron con un ligero ceceo y yo sabía por qué. Porque la lengua no funcionaba bien por culpa de los colmillos. Era un vampiro, un nosferatu. Me di cuenta por la forma en que su voz aspiraba todo lo que le rodeaba, empalagosa y fría. Y sonaba como si estuviese detrás de mí. Bueno, Dru. Estupendo. Quédate quieta. El cosquilleo irritante empeoró. Era como si un palo afilado excavase en la parte posterior de mi garganta. Como reflejo las lágrimas se acumularon en mis ojos, calientes y dolorosas. Un dedo delgado de niebla se arrastraba más y más cerca de mis pies, y supe que iba a tocarme y cuando lo hiciera el vampiro sabría que estaba aquí, y… El gruñido del hombre lobo cambió de tono. —No te atrevas a ladrarme, bestia. El Maestro quiere…-


No llegué a saber lo que el Maestro quería, porque el hombre lobo saltó… lejos de mí. Chocó contra el vampiro como un tren de carga fuera de control, un choque que resonó entre los árboles rodeados de niebla. El vampiro soltó un aullido impresionante que me heló la sangre. Rodaron uno sobre el otro, golpeando y quebrando árboles, con huesos y dientes crujiendo. ¡Muévete, muévete, muévete!. La voz de mi padre sonó en mi cabeza como si estuviese con la bolsa pesada dando puñetazos y sudando, esperando hacerle sentir orgulloso. O como si estuviéramos lidiando con aquellos espíritus de cucarachas de nuevo, y yo pasándole la munición a través de la ventana con las manos temblorosas y… Me puse de pie, las espinas me arañaron cada lugar expuesto y tiraban de mi jersey hacia abajo como si estuviesen tratando de decirme que permaneciera abajo, y huí. Salté sobre los dedos de niebla que se deslizaban por el suelo como si estuviese en una prueba de fútbol o algo así, saltando demasiado rápido como para mantener un buen equilibrio. No importaba adónde me dirigiera, siempre que me alejara. El bosque se hizo más y más denso, corrí a través de él. Algunos árboles me golpearon haciendo que me enganchara como si estuviesen de parte de los vampiros, intentando reducir mi velocidad. Las ramas espinosas se atravesaban en mi camino, pero la niebla se había retirado.


Corrí atravesándolas, haciendo muchísimo ruido y pude escuchar un enorme y escalofriante aullido detrás de mí. Pensaba que los aullidos de hombre lobo eran malos cuando los había oído en mi garaje. Pero escuchar ese agudo y perturbador grito en medio del bosque por la noche sonaba infinitamente peor, porque el aullido sonaba como si pudiesen ser palabras, si las escuchabas lo suficiente. La cosa más horrible oculta en la parte más profunda de cada persona, la parte animal. La parte que te hace saber que tú eres la presa. ¿Pero lo peor de todo?. Es cuando suena justo detrás de ti, y algo te golpea por detrás, haciéndote caer sobre otro arbusto espinoso de enredaderas y ramas, con el moho y las hojas sucias llenándote la nariz, y una enorme, cálida y peluda mano empujando tu pelo.


9 Traducido por Analo Corregido por Mausi Traté de gritar, pero la otra pata-mano me había tapado la boca justo antes de que pudiera obtener el suficiente aire. Un aliento caliente tocó la parte superior de mi cabeza por un segundo, a medida que nosotros caíamos, yo estaba casi paralizada, aturdida y raspada por todas partes. ¡Maldita sea, chica, es que no vas a reaccionar!, gritó la voz de papá en mi cabeza. ¡Vamos a ver algo de acción aquí!. Es lo que él solía gritarme cuando yo estaba entrenándome con el saco de boxeo, y mis brazos cansados estaban a punto de caerse. Eso significaba que iba a tener que hacer más, ser más, con el fin de ayudarlo. Él necesitaba a su ayudante, y esa era yo, y la muerte no espera a que estés descansado y listo. Te acecha cuando estás agotado, hambriento, con frío y tienes tanto miedo que ni siquiera puedes ver bien. Lo golpeé, lanzando mi cabeza hacia atrás, mi cráneo impactó contra su nariz húmeda. Me dolió y el lobo hizo un pequeño aullido de dolor, como el de un cachorro cunado corre y embiste contra algo. Mi codo se hundió en su diafragma, y él resopló exhalando otro sonido con un gemido al final. Su mano se soltó de mi cabello, pero eso


fue sólo para poder agarrarme por la cintura mientras yo forcejeaba y el intensificaba su abrazo. Sus brazos se trabaron como si fueran bandas de acero y gruñó. El terror provocó un corto-circuito dentro de mi cabeza, y yo aún no sabía cómo liberarme, rodando a lo largo de un resbaladizo y asqueroso montón de hojas podridas. Él gruñó de nuevo y de una manera fluida se puso de pie. Me deslizó hacia atrás, mis manos sucias se arrastraban en el lodo y la suciedad, y tenía un grito atrapado en mi aliento, y entonces el lobo se encorvó, la raya blanca brillaba intensamente en su sien, como un letrero de neón, y saltó…directo por encima de mí, chocando con una forma en el aire y ambos cayeron a menos de tres metros de mí con un desagradable ruido sordo, mientras chorros y bocanadas de niebla se evaporaban en el aire. Sonidos de silbidos, lagrimeos y huesos rasgándose inundaron mi cabeza mientras me lanzaba lejos de esta nueva locura. Rodaron, el de la raya blanca se balanceaba, y al final, un crujido indefinible fue seguido por un chorro caliente y negro que salpicó los árboles en todas direcciones. Salía humo del suelo en los lugares donde caía la sangre del vampiro, y algunas gotas pasaron zumbando por delante de mi cara, manchando mi suéter y arrojando una franja viscosa y caliente encima de mis jeans, en la pierna izquierda. Grité, un pequeño sonido de disgusto perdido en el ruido más grande, mientras el lobo de la raya en la


cabeza, echó atrás la cabeza y gruñó, prorrumpiendo en un ruido atronador. Todavía estaba tratando de huir, corriendo rápidamente hacia atrás en mis jeans mojados, la sangre humeante del vampiro resoplaba en esa misma niebla aceitosa y había terminado por carcomer la tela del vaquero. Yo iba tan rápido que choqué contra un árbol por primera vez en esa noche. Lo cual era un milagro, ya saben, que fuera la primera vez en lugar de la cuarta o quinta. Un barril de dinamita estalló en mi cabeza y mis costillas gritaron de dolor. Yo me sentía en completa agonía por todas partes, y malditamente segura de que también algo me había dado un tirón en mi espalda, de nuevo. Dios, si vivía para llegar a vieja, probablemente tendría muchos problemas de espalda… pero parecía que no iba a estar por aquí tanto tiempo. El hombre lobo con la raya se levantó y cubrió de un salto el espacio entre nosotros. Zurcos de hojas muertas y mojadas estallaron hacia arriba, y él clavó sus garras en el suelo y se detuvo con su hocico en mi cara y su respiración tocando mi piel mojada. La niebla se retiró detrás de él, retorciéndose como dedos chamuscados. Solté otro sonido pequeño que se interrumpió por mi respiración entrecortada, y cada uno de mis músculos doloridos se tensaron en preparación. Él resoplaba


ruidosamente, hacia adentro y hacia fuera, y olía extrañamente, como a hierbabuena y a cobre. Sus ojos estaban a centímetros de mí, su más larga y elegante nariz casi tocaba la punta de la mía, que sólo era humana. Respiré larga y profundamente, y me recosté en el tronco todo lo que pude. El brillo en sus ojos oscuros era horriblemente humano, y al igual que terriblemente dolorido e insano. La raya blanca se reflejaba en mí, era tan brillante que pensé que otro rayo de luna había quedado atrapado en su pelaje. Me olfateó otra vez e hizo un sonido bajo y doloroso. Su boca no podía formar una palabra humana, por lo que no tenía idea de lo que decía, si me estaba amenazando o. . . ¿O qué?. ¿Por qué sólo estaba en cuclillas mirándome a los ojos?. El árbol detrás de mí era una pared de hielo de acero en bruto, y mis piernas aún tenían contracciones, tratando de empujarme a través de eso. El hombre lobo se inclinó otra vez hacia delante, haciendo ese raro y horrible ruido, y yo olí el cobre caliente. Sangre. Alguien estaba sangrando. ¿Era yo?. ¿Quizás no había sentido nada cuando él me rasgó?. Un ruido precipitado inundó mi cabeza, y oí el batir amortiguado de unas alas justo antes de que el hombre lobo empujara su hocico contra mí, y presionara mi mejilla por un momento con la punta de su nariz fría. Luego él se desvaneció. Corrió con dificultad a través del pequeño


claro, favoreciendo su pata delantera izquierda, y desapareció entre los árboles justo cuando oí que alguien gritaba mi nombre. -¡Dru!. Dru!. Maldita seas Dru, ¿dónde estás?.- Era Graves gritando roncamente, y me sorprendió ligeramente. Me sorprendió aún más no estar muerta. No había niebla ahora. Los árboles estaban plateados por la luna y festoneados por el hielo. Me apoyé en el árbol, la sangre humeante del vampiro estaba por toda mi ropa arruinada y sucia, y yo hice lo más inadecuado que podía. Me eché a reír. Una risa aguda, sibilante y tan loca como la locura que asomaba a través de la mirada quebrantada de Ash.


10 Traducido por Analo Corregido por Mausi -Déjame ver si lo entiendo.- El cabello de Dylan estaba salvajemente despeinado, su aspecto brillaba a través suyo mientras luchaba por mantener la compostura. La forma en que mantenía sus colmillos saliendo y retrayéndose no era algo feliz ni tampoco ayudaba mucho. -Tres Nosferatu muertos en tu camino, tú estás golpeada y cubierta de su sangre, y ¿no puedes recordar lo que pasó?.No podía dejar de temblar. Me limité a asentir. Mi cabello goteaba agua turbia, y olía como si hubiera estado sumergida en la muerte. Graves tenía su brazo alrededor de la manta en la que me había envuelto, y se removió inquieto. -Vamos. Vamos a algún lugar cálido.- Él le dio a Dylan una mirada con sus ojos verdes y empezó a subir la colina, medio sosteniéndome. -Espera un segundo maldita sea.- Dylan no pensaba mucho en esto. -La Escuela fue forzada. Ellos se fueron directo a tu aula de clases. De alguna manera te escapaste de un trío de cazadores…ninguno de los cuales podemos identificar aún, los tres fueron eviscerados aquí en el bosque maldito. Ella tiene que decirnos lo que pasó para que podamos…-


-¿Dejarla morir de hipotermia?. Buen plan. Jesucristo, ustedes son unos burros.- El dobladillo de la capa de Graves se agitaba mientras él aceleraba. -Mírala, maldita sea. Sus labios están de color azul y está cubierta de mierda. ¿Está ella sangrando?. ¿Es que siquiera te importa?. No es de extrañar que no haya chicas por aquí.Me preguntaba qué tenía que ver eso con algo, no podía entender nada, y el hipo trajo otra larga serie de risas ahogadas medio histéricas. Yo no dejaba de mirar alrededor y de estremecerme cada vez que veía la luna blanca. Los ojos de Dylan brillaban en la penumbra. -Cállate, chicoperro. Sólo porque eres un príncipe en medio de los de tu clase no significa que puedes….Ese bolsón caliente de rabia burbujeó dentro de mí. Esto se estaba poniendo ridículo, pero le di la bienvenida el calor, porque cualquier cosa era mejor que estar aturdida, presa del pánico y entumecida. -Dylan,- me oí decir, entre dos carcajadas ahogadas y un resoplido de tos, ya que tenía barro en la nariz. -Lo llamas otra vez con un nombre desagradable y te voy a sacar tus dientes de un golpe.Descubrí que mis pies mojados podían agarrarse todavía al suelo, y mejor aún, mis piernas débiles y temblorosas todavía me podían transportar. -Graves. . . - La palabra se murió en un acceso profundo de catarro, que casi fue un vómito.


-Relájate, muchacha,- murmuró Graves. Su brazo estaba tenso por encima del hombro, tiró de mí y me acercó más a su calor. La comida de aquí lo estaba abultando en grande, o tal vez sólo era que me sentía tan pequeña, en una forma en que difícilmente me había sentido. -Cristo-. Sí, me sentía pequeña. Y vulnerable. Y muy, muy aterrorizada. Dylan negó con la cabeza como si yo no hubiera dicho nada . -¿Por qué te fuiste de la Escuela, Dru?.Debido a que algo iba a venir a matarme, duh. Cuando el búho de la abuela aparece, yo lo sigo. Es así de simple. Yo estaba demasiado cansada para comenzar incluso a explicárselo. Una masa de sombras que corrían se agruparon en la cima de la colina. Algunos habían pensado en llevar linternas, y los haces dorados recorrían la oscuridad. Era inútil…los djamphir y los lobos podía ver mucho mejor que el ser humano medio después del atardecer. Pero esas espadas de luz eran una visión agradable, porque no había una niebla aceitosa o la luz de la luna sobre la piel peluda de un lobo loco, y dejé salir a medias un sollozo. El brazo de Graves apretó de nuevo mis hombros. -Está bien,- dijo él. -¡La hemos encontrado!.Dylan maldijo. Ellos comenzaron a bajar, una masa de formas de chicos. Los lobos saltaron a la cabeza, algunos de ellos en formas difusas, entre piel y pelo, la forma en la que se transformaban, como arcilla moldeándose en el agua, y me tragué otro sonido áspero. Siempre es raro verlos


cambiar y oír el crujido de los huesos durante el cambio, la carne transformándose, y la piel germinando. . . Sí. Eso hace que tu almuerzo quiera escapar, incluso si no has tenido ninguno. E incluso si estás acostumbrada a las ―cosas extrañas con letras mayúsculas―. -Maldita sea.- Dylan hizo un movimiento corto y agudo, y su voz dejó caer un susurro entre dolido y enojado. -No puedo ayudarte si no me hablas, Dru.Sí, no creo que pudieras ayudarme, incluso si hablara contigo. No hay palabras suficientes en el mundo. Mi cerebro estaba herido, y el resto de mí se sentía torpe y fría. No podía dejar de toser. O reír, pequeños ruidos entrecortados que se derramaban de mi garganta entre carraspeos chillones. Graves sólo continuó llevándome, y los lobos se acercaron hasta nosotros en una marea de pieles y ojos brillantes. Ellos fluían a mi alrededor, algunos de ellos palmeaban a Graves en el hombro, la mayoría de ellos se deslizaban entre la forma humana y la peluda, andando a paso sostenido como alguna clase de cuadrúpedos. El balbuceo repentino, después del silencio y el terror de los bosques, se derramó sobre nosotros. -¿Está bien?-¿Ella está bien?.-


-¿Dru?.- Dibs, que caminaba cerca, fue apartado, pero no antes de que sus dedos rozaran mi muñeca, un toque fugaz y caliente. Solté otro sonido ahogado. -¿Está bien?.Detrás de ellos, los djamphir llegaban en grupo. Irving estaba pálido, sus rizos se formaban mientras su aspecto se deslizaba sobre él y se retiraba. También empezaron a preguntar si yo estaba bien, pero Graves sólo me arrastró a través de ellos, los lobos se movían con él y de alguna manera todo el mundo se apartaba de su camino, hasta que llegamos a las puertas del lado este de la Escuela. Las puertas habían explotado hacia el exterior, los fragmentos de madera yacían en los pasillos, parpadeé. Yo no hice eso. Pero tal vez algo detrás de mí lo había hecho. Una vez más, el búho de la abuela me había llevado fuera del peligro. O dentro, depende. Y, oh Dios, otro recuerdo asomaba, el búho en la ventana de mi repisa la mañana de la última vez que vi a papá vivo. Empecé a toser en serio. No quería pensar en eso. Tosí hasta casi escupir mis pulmones. El pasillo por el que yo había corrido era un desastre, estaba salpicado con la sangre negra y humeante de los vampiros,


la alfombra había sido arrancada, los desgastados paneles del revestimiento de madera estaban rasgados. La madera más clara en los profundos surcos, me dejó atónita. J…J…J…J…Yo estaba tratando de expresar mi consternación, pero Graves continuaba caminando a buen ritmo, su brazo era como una barra de acero sobre mis hombros. Mis pies se arrastraban inútilmente la mayor parte del tiempo. Él verdaderamente empujó con los hombros a unos cuantos muchachos apartándolos del camino, un gruñido corría justo por debajo de la superficie de la algarabía de voces. Deduje que habían sido dos equipos de vampiros, uno que irrumpió cerca de la sala de lucha e hizo mucho alboroto, y un trío de cazadores que se había infiltrado subrepticiamente en el ala oeste de la Escuela…en la que yo tenía mi primera clase de la tarde. Logré escapar de ellos por muy poco. Ese era un pensamiento perturbador. Mis pies se arrastraban por el suelo. Había montones de restos de material destrozado por dondequiera que intentábamos caminar, pero Graves los apartaba y conseguíamos pasar. Mientras él hiciera esa tarea, a mí no me importaba. La sala de combate estaba muy lejos, y parecía estar tremendamente frío. Mis dientes estaban castañeteando, y todo parecía estar muy lejos, incluso cuando comenzaron a escucharse gritos y una especie de forcejeo.


Llegamos a la sala desierta, cada pisada producía ecos. Graves abrió de un golpe la puerta del lado de las chicas, y una corriente de aire se sintió detrás nuestro. Él simplemente continuó su camino arrastrándome y la puerta hizo ruido al cerrarse. Un vapor espeso y sedoso se elevaba, y volví a toser. -Maldita sea,- dijo en voz baja, y tiró de mí a través del piso de baldosas. La palabra rebotaban a través del vapor en el aire. -¿Qué mierda está pasando?.-Yo d…d…d…- Yo estaba a punto de decir que no lo sabía, pero desistí. Él me miró, su cara estaba pálida a la luz del vapor, y su mandíbula apretada. Cuando lucía así, serio y decidido, se podía ver que iba a ser guapo. Las chicas irían tras él todo el tiempo, sobre todo en cualquier lugar urbano donde no valoren tanto los estereotipos. Un rayo de calor bochornoso y sin nombre, me atravesó con ese pensamiento. -¿Quieres que te ayude con tu ropa?.- La manta empapada cayó con un plop, y él sacudió su abrigo, casi rasgó la manga porque no podía sacársela y sostenerme en posición vertical, al mismo tiempo. -O, um, puedo sólo permanecer en la puerta. Por si acaso.-A-a-a-ayúda…m…me.- Los temblores hacían que fuera difícil pensar o respirar. Agarré el dobladillo de mi suéter con los dedos torpes hinchados y fríos. Graves tiró de la prenda mientras me abrazaba, quedé atascada por un


segundo y, finalmente, la lana pesada y húmeda salió con esfuerzo. Aterrizó con un fuerte golpe, y me pregunté en qué cantidad de agua había estado tendida en el bosque, y por qué no había más agua congelada si el hielo estaba por todas partes. Las volutas de vapor en el aire eran blancas y espesas. No quería pensar en ello. El mundo entero estuvo deslumbrantemente blanco durante un minuto, y lo siguiente que supe es que Graves me estaba levantando los brazos y me levantaba torpemente las mangas de la camisa de franela. Luché para sacarme la camiseta, mientras él me sostenía. Mis dientes castañeteaban, y él fue por mis pantalones vaqueros mientras miraba apenado por encima de mi hombro. Mi sujetador también estaba mojado, pero por suerte no estaba sucio. Mis dedos estaban como salchichas húmedas, demasiado torpes para hacer mucho. Los pantalones vaqueros estaban sueltos, y él dejó escapar un silbido al ver los moretones de mis hombros y mis costillas, y los nuevos que estaban formándose en mis brazos y al costado de mi pierna derecha. Mis calcetines estaban sucios, y había perdido una zapatilla en alguna parte. Sinceramente, no recordaba en dónde, ni siquiera había notado que faltaba. Sus manos estaban muy calientes, me arrastró hasta el borde de la bañera y se detuvo cerca de la mitad durante un


segundo, mirando hacia el techo como si intentara reunir fuerzas. Su destartalada billetera negra de nylon aterrizó en el suelo a unos centímetros de distancia, y se lanzó por los escalones de la bañera grande junto conmigo, completamente vestido y calzado, proferí un chillido desesperado cuando me metía en el agua antes de perder pie y gritar estrepitosamente. Se sentía como estar sumergida en lava caliente, pero él me sostuvo y me guió hacia abajo. Yo nunca me había bañado en mi ropa interior. La sensación era extraña, como sentarse en una tina de agua caliente llena de jalea, mientras llevaba un traje de baño que definitivamente no había sido hecho para este tipo de cosas. -¿Dru?.- Por primera vez en esa noche, parecía asustado. Vamos. Dí algo.El castañeteo de mis dientes se había detenido, pero todavía estaba temblando. De algún modo, mi brazo había terminado alrededor de su cintura, y él se instaló en el asiento junto a mí. La superficie de la bañera crepitaba contra su suéter. Lancé de nuevo un grito ahogado, la piel me dolía como después de una quemadura de sol, y eché mi cabeza hacia atrás. Las burbujas se tornaron grises, se formó un remolino de suciedad antes de que fuera llevado por la corriente. Una hoja cayó de mi pelo, golpeó la superficie turbulenta, y fue succionado hacia abajo. Yo estaba sumergida hasta el cuello en ese líquido que no era agua, y él, sólo hasta la altura de su pecho.


-¿Dru?.- Ahora parecía estar a punto de entrar pánico, y me di cuenta de que yo estaba profiriendo un gemido en voz baja. Mi garganta estaba llena de algo muy caliente y desagradable para ser lágrimas. -Di algo, maldita sea.Me tragué el extraño gemido que estaba haciendo. Mi boca se abrió. -A…a…a…algo.- Hice una pausa. M…m…maldita sea.Él soltó un bufido. Esa risa tenía ese costado habitual suyo con un borde amargo y un poco sarcástica, y yo estaba muy agradecida de estar aún con vida para pensar realmente en el hecho de que estaba semi-desnuda en una bañera con un chico. Además, era Graves. Y su brazo estaba a mi alrededor. Puse mi cabeza sobre su hombro y me olvidé de todo lo otro ante el calor punzante que empujaba alfileres y agujas en mi carne. Yo no había estado tan cerca suyo desde que nos habían sacado en un helicóptero de una tormenta de nieve en el Medio Oeste. También había estado llorando en ese entonces. Ahora me preguntaba acerca de todo tipo de cosas. Sobre todo acerca de lo que él había tenido que enfrentar la


primera noche que llegó aquí. Me había parecido una buena idea dejarlo solo con Dibs para que le explicara algunas cosas. Me pregunté por qué no había pensado en ello antes. Mi cabeza estaba tan pesada, y el hombro de Graves era huesudo pero cómodo. -Háblame,- me presionaba. -No pases de mí, Dru. Hey, tengo una pregunta.-Huh.-Ese ruido afirmativo fue todo lo pude decir en vez de: Yo también ¿Por qué no me mató Ash?. ¿Y cómo en nombre de Dios puedo empezar a contarte todo cuando incluso no tiene ningún sentido para mí?. -¿Dru es la abreviatura de qué nombre?.Jesús. Era mi turno de dar un medio resoplido de risa. -N-no preguntes.-Demasiado tarde. He estado pensando en eso todo este tiempo.Los temblores comenzaron a moderarse. Mi mandíbula dolorida finalmente se aflojó. –Te lo diré más tarde.-Mmm. Así que, ¿quieres contarme lo que pasó?.- Lo dijo suave y cuidadosamente, como si estuviera levantando una bandita adhesiva y revisando lo que había por debajo. -Yo…- El agua burbujeó. La puerta golpeó un poco, como si alguien se hubiera apoyado en ella. El sonido resonó en el


vestuario. Parpadeé, despertando dentro de mi propia cabeza. -¡Oh Por Dios. Tú estás aquí!.-Uh, sí.- Él no parecía sorprendido. -Pensé que podías caerte y lastimarte o algo así. Ahogarte. Si estás bien, …Mantuve mi cabeza en su hombro. Me apreté contra él un poco y eso hizo que mi brazo se tensara. -No lo hagas. No te vayas.- Mis dientes me dolían. Incluso el pelo me dolía. Había. . . Ví. . . bien, estaba el búho de mi abuela.- Tuve un breve destello de pánico en mi interior…yo realmente nunca había querido decirle a nadie sobre esto, y el hábito del secreto era difícil de romper. Pero se trataba de Graves. Y él no me defraudó. Sólo lo aceptó. -Búho.- Asintió con la cabeza bajando su barbilla afilada. -Está bien.-Y me guió hasta el exterior, y corrí. Creo que estaba tratando de que yo escapara de los vampiros. Terminé en unos arbustos y vi. . . - Derramé el resto en una mezcla incoherente, pero él asentía con la cabeza de vez en cuando. Me gustaba eso de él. Era tan inteligente que no tenía que sostener su mano y llevarlo a través de todo. Podía llenar los espacios en blanco por su cuenta. -¿Estás segura de que era el mismo?.- Sus ojos estaban entreabiertos. La no-agua comenzó a calmarme, con sus burbujas y efervescencia. Sentía una picazón en los arañazos de mis manos que se diseminaba hasta los


hombros como un pegamento un poco untuoso, haciendo que el calor penetrara. De repente quería lavarme el pelo. Mi cuero cabelludo estaba tirante. Mi corazón había terminado de latir alocadamente y finalmente se había calmado. -Supongo que sí. ¿Cuántos hombres lobos con rayas blancas en la cabeza hemos visto?.-Tienes un punto.- Bajó la cabeza en otro movimiento de cabeza. Su cabello, que estaba húmedo por el vapor, cayó sobre sus ojos. Él lo apartó con ademán repentino y tembloroso. Dejé escapar un suspiro. Ya no lo podía mantener por más tiempo. Salió en un susurro. -Vi a Christophe. Durante el día.- Fue más bien como hace tres o cuatro días, pero no quería decirle eso. Graves se puso rígido. Pasaron unos treinta segundos en total, él miraba el espejo de la pared a través de los velos de vapor. -Jesús, Dru.Como si fuera mi culpa. -No podía lograr que estuviéramos a solas para decírtelo.-¿Así que eso era lo que intentabas?.- Pero él estaba bromeando. Se movió inquieto, moviéndose como si su brazo tuviera calambres, pero lo dejó donde estaba, sus dedos ya no quemaban mi otro hombro. -¿Dónde lo viste?.-


-Él entró a través de mi ventana. No puedes decírselo a nadie.Rodó sus ojos. No pude verlo, pero podía sentir el movimiento. Y el balanceo de los ojos de los adolescentes tiene un ruido silencioso propio. -Ya. Pero ¿qué estaba haciendo al venir a través de tu ventana?.-Maldita sea si lo sé, chico. Me dio algunas cosas. Cosas como las que pertenecían a mi madre. Y me dijo algunas cosas. -¿Cómo diablos es que él tenía cosas que pertenecieron a tu madre?.Confíen en Graves para reducir todo a lo esencial. -No son de ella; son semejantes a las que ella tenía. Y, bueno, supongo que él la conocía.-Yo no había pensado de esa manera antes. Él había sonado sin duda como que la conocía. Y ahora que lo pensaba, había dicho específicamente que las espadas de madera no eran de ella. Abrí mi boca para seguir con las explicaciones. Sin embargo, él hizo la otra pregunta de los sesenta y cuatro mil dólares antes de que yo pudiera hablar. -¿Qué tan viejo es él, de todos modos?. ¿Y quién es él?.-No lo sé.- Me deslicé un poco más en el abrazo de esa noagua, y otra nube de suciedad salió de mi cabello mojado y se fue a través de la burbujeante jalea. Por Dios. ¿Cuánta jodida porquería junté rodando sobre eso?.- Estoy más


preocupada de la razón por la que Ash no me mató. Tuvo la oportunidad. Él se deshizo de los otros vampiros, y…-¿Lo viste?.-Vi a uno. Es lógico que él haya hecho lo mismo con los otros dos.- Un temblor pasó por el centro de mis huesos. -Jesús.- Pude haber muerto. No había manera de salir del aula, y tres vampiros. -Él estuvo nariz con nariz conmigo, Graves. Cara a cara.Mi cerebro permaneció haciendo una parada graciosa cuando llegó el recuerdo, rebobinando, vomitando el horror, y atascándose como un motor. -Y la niebla... Pero yo no quería pensar en la niebla nunca más. Gracias a Dios no me había tocado. Si lo hubiera hecho... Yo no sabía muy bien qué habría pasado, pero hubiera sido malo. Yo sabía eso, con todos mis temblorosos y doloridos huesos. Es difícil argumentar con una certeza como esa. Graves estaba más preocupado por lo esencial. -¿Un lobo trabajando solo hizo eso?. ¿Y él sólo... qué, se escapó?.-Supongo que escuchó que ustedes venían.- El temblor se intensificó. No estaba temblando. Era mi cuerpo rebelándose contra todo. Yo quería una hamburguesa con queso, y yo quería acurrucarme y dormir, y quería cosas a las que ni siquiera podía ponerles nombres. Por encima de


todo, yo sólo quería cerrar los ojos y hacer que toda esta locura desapareciera. Mi cabeza todavía estaba en su hombro. Él todavía estaba sosteniéndome. Todavía estaba completamente vestido y no había dicho una palabra al respecto. Un largo silencio pasó entre nosotros, lleno de vapor y de los graciosos sonidos de las burbujas de la no-agua al romperse. Se escuchó un sonido un poco sibilante mientras yo me deslizaba hacia abajo un poco más, y más suciedad salía de mi pelo. -No sé qué hacer,- le susurré al fin. Eso me asustó más de lo que quería admitir. Yo estaba acostumbrada a saber cuál era el procedimiento en todas las situaciones; Yo estaba acostumbrada a que papá me dijera qué hacer, cuándo y darme órdenes cuando yo estaba desbordada. Quiero decir, mi padre nunca me dejó con las dificultades. No como algunos padres, que se sentaban allí y te miraban cuando sacudías las cosas por alrededor. He visto mucho esto, y esto siempre me pareció como que los adultos querían que el niño fracasara. Tal vez los hace sentir mejor cuando lo hacemos, o algo así. Graves suspiró. -Está bien.- Levantó su hombro, en el que yo había apoyado la cabeza, clavándolo en mi pómulo. Deberíamos conseguir limpiarte. Y Dylan va a tener una rabieta.-


-¿Por qué no estaba él allí?.- Tan pronto como lo dije en voz alta, lo lamenté. - Alguien venía siempre a buscarme antes cuando la campana sonaba. Esta vez, no vino nadie-Sí.- Él salpicaba no-agua mientras se movía. -Yo estaba pensando en eso también. Vamos a limpiarte.- Él me soltó y logró apartarse, y tuve que levantar la cabeza. La quemazón se había asentado hasta ser un calor más suave y penetrante. Me dolía la espalda, pero no tanto como habría podido hacerlo. -¿Graves?.-¿Huh?.- Él se dio vuelta y por segunda vez en esa noche me encontré cara a cara con un cambia formas. Pero éste tenía unos ojos verdes brillantes y su pelo teñido de negro colgaba en mechones húmedos, y era el mismo niño medio feo que había sido la única persona de la que podía depender desde que un zombi irrumpió a través de la puerta de mi cocina. Menos de un mes, y mi vida entera estaba en el tipo de desastre que sólo el Mundo Real podría causar. No tenía idea de cómo empezar a arreglarlo, pero él estaba aquí, y no me había decepcionado. Nos miramos el uno al otro durante un buen rato. Mi garganta estaba seca. Yo estaba bastante segura de que la suciedad estaba untaba por toda mi cara y mi pelo estaba pegado y parado como el de Medusa. Pero me incliné un


poco hacia adelante, y si él no hubiera corrido un poco la cabeza, mis labios no hubieran aterrizado en la mejilla. Su piel debajo de la incipiente barba que asomaba, era más suave de lo que había esperado y tuve que sorber mi nariz porque estaba llena. Pero presioné de nuevo mis labios contra su mejilla y me sentí como una idiota. ¿Qué había estado a punto de hacer?. Bueno, Dru. Es tiempo de que juegues esto bien. -Gracias. Quiero decir, por traerme aquí, y todo eso.- Me aparté, de pronto estaba muy consciente de que estaba sólo en bragas y un sujetador que probablemente ahora estaban en ruinas, y era por eso que él se había metido en la bañera sin siquiera quitarse su camisa. Y yo probablemente tenía tierra por todas partes de mi cara de tonta. –Tú estás siempre, ya sabes, cerca. Cuando te necesito. Gracias.De todas las cosas que había para decir. Oh jodido Dios, Dru, ¿cuán estúpida puedes ser?. Me volví hacia el otro lado de la bañera y esperé a que el calor escondiera el rojo que ascendía desde mi cuello hasta plantarse mis mejillas. Graves en realidad tosió. Fue algo bastante digno de su parte. -No hay problema.- Él se dirigió a las escaleras de la bañera, apartando con torpeza la gran cantidad de cera que crujía a su alrededor. Avanzó con dificultad, casi resbaló y asió la orilla de la bañera. –Primero una. Yeah. Libre.-


Probablemente estaba tan avergonzado como yo. Me hundí de nuevo en la bañera, extendí la mano y me aferré al borde. Me sentía un poco como si los brazos y las piernas pudieran fallarme en cualquier momento. Yo me quedé encorvada en el baño por un largo tiempo, con escalofríos y temblores, y lo único que me sacó de allí fue la idea de que uno de los profesores podría pensar que me estaba ahogando y vendría a rescatarme. O bien, como saben, a matarme. Porque parecía bastante obvio que la Escuela donde Christophe me había prometido que estaría a salvo, era un lugar muy muy peligroso.


11 Traducido por Erikagjasso Corregido por Mausi Cuando estás despierta toda la noche, la medianoche es la mitad del día. No es lo suficientemente tarde como para ser el almuerzo todavía, pero ya es demasiado tarde para el desayuno, y cuando has sido perseguida y arrastrada en el lodo, ¿tienes hambre de todos modos?. Yo tenía hambre. Me estaba muriendo de hambre. Pero en lugar de estar en la cafetería, estaba sentada en la oficina de Dylan de nuevo, viendo los estantes de libros encuadernados en cuero y esperando. Era como la oficina del director, y Graves había desaparecido después de entregarme a través de la puerta del vestuario de las chicas, un puñado de ropa seca que había traído de mi habitación. No me gustó eso. Eran sólo los números uno y dos en una lista de cosas que no me gustaban. Alguien, tal vez incluso el propio Graves, había tenido que pasar por el vestidor de palo de rosa en mi habitación, e incluso me trajo mi ropa interior, por el amor de Dios. Era espeluznante. Gracias a Dios que no había nada escondido allí. Quiero decir, el cajón de la ropa interior tiene que ser el primer lugar donde alguien revisaría, ¿no?.


¿Y dónde estaba Graves?. Tenía una sensación de opresión en mi pecho cuando pensaba en que él no estaba aquí. Yo quería verlo. Yo quería ver alguna cara amiga. Nadie más aquí calificaba para eso, excepto tal vez Christophe, y él no se veía por ninguna parte. Yo no tenía ni idea de dónde estaba. Dylan estaba fuera haciendo lo que sea que hacía cuando no estaba lanzándome suspiros, o se estaba preparando para entrar y luego suspirar. ¿Por qué me había dejado sola?. Mi cabello lavado y limpio goteaba y mis dientes estaban apretados. Por no hablar que mi cabeza estaba llena de preguntas, y los brazos y las piernas no se sentían demasiado firmes. Me dejé caer contra el respaldo alto de la silla tallada, mirando los libros. Era un tesoro de libros sobre el Mundo Real, desde estudios demográficos de los lobos, hasta una sección entera sobre brujería y novelas de Hex, con sus espigadas letras en papel carmesí. Me mordí la uña de mi dedo índice derecho, mascándola a lo largo hasta que me quede sin uña, y empecé con el siguiente dedo. Lo que hubiera dado por poner la mano en alguno de estos libros mientras papá aún vivía. Puede que también a él le hubieran gustado. No me habría importado echarle un vistazo a los libros de Hex. Papá prefería la información humana, haciendo preguntas en las tiendas de ocultismo y los bares donde se congregaba el Mundo Real. Yo había estado dentro y fuera de esos lugares desde que la abuela murió y papá vino a recogerme, y estaba


empezando a pensar que había sido mucho más peligroso de lo que incluso él había pensado. Cada vez que me llevaba a otro de esos lugares para estudiar el terreno, él se ponía muy tenso. Ahora me preguntaba si era porque yo estaba con él, o porque un paso en falso podía significar que podíamos terminar muertos. Y me pregunté por qué nunca me dijo que mi madre era una svetocha. ¿Por qué no dijo algo? ¿Cualquier cosa? ¿Estaba pensando en decírmelo cuando tuviera la edad suficiente?. ¿Qué edad seria -la edad suficiente-?. ¿Qué diablos había estado esperando?. ¿O si no había pensado en decírmelo?. ¿ Y si hubiera sido un secreto de mi madre?. ¿Cómo pudo haberlo sido?.Empecé a mascar mi uña del dedo anular derecho. Por otra parte, papá nunca había sido un tipo sentimental. Podíamos pasar días enteros sin hablar, sólo haciendo cosas. Siempre estuve orgullosa de saber exactamente qué hacer sin que él me estuviera fastidiando todo el tiempo. La abuela tampoco era muy dada a hablar, prefería predicar con el ejemplo, pero al lado de papá podía ser considerada positivamente como una parlanchina. ¿Y qué me había dicho papá, de todos modos?. Dru, dulzura, tu madre era en parte vampiro, lo que significa que tú también lo eres. Lo siento. Mi corazón me dolió. Cerré fuertemente los ojos y traté de no pensar en ello.


La puerta se abrió. Permanecí hundida en la silla, aunque mi corazón saltó groseramente y tuve que tragarme un jadeo. Me agarré de los brazos de la silla, y mis pies se deslizaron un poco por si tenía que defenderme a toda prisa. Casi haber muerto te pone un poco nerviosa. -Aquí está-. Dylan sonaba cansado. -Entrez-vous, mi espacio es suyo.- Oí unos pasos ligeros y un chasquido de algo. Un olor bastante picante llenó el aire, y estiré el cuello, abriendo la boca para preguntarle a Dylan dónde diablos estaba Graves. Las palabras murieron en mi garganta cuando el consejero se hizo a un lado, cerró la puerta y se paró firme frente a ella. Una sombra se deslizó por delante suyo y se deslizó hacia mí. Era alta para ser una chica, y su pelo era una gloria de rizos rojizos. Hombros estrechos, grandes ojos azules, una barbilla en punta, y un vestido largo y antiguo de seda roja. El pelo era tan perfecto que tardé unos segundos en ver su cara en forma de corazón con dos arcos de terciopelo negro. Ella se dio media vuelta, se lanzó hacia atrás, y saltó hasta posarse en la mesa de Dylan, empujando los papeles hacia atrás con la falda. Me quedé mirando. Sus botas de tacones que terminaban en punta y una filas de pequeños botones se extendían hasta la espinilla. Ella cruzó los tobillos y me miró. Sus ojos se


volvieron un poco más brillosos mientras unas rayas oscuras se deslizaban por el cabello, los rizos se soltaban y se alargaban más mientras su aspecto fluía a través de ella. Las dos puntas de unos pequeños colmillos tocaban el labio inferior pintado con brillo rosado. Mierda. Me moví un poco más. -Dru-, dijo Dylan, con calma suficiente. -Esta es Lady Anna María. Milady, esta es Dru Anderson.-Hola, Dru.- Ella tenía una voz dulce y cantarina. Me quedé donde estaba, clavada en mi lugar con la boca entreabierta. -¿Ese es un apodo? ¿Es la abreviatura de qué?Yo no iba a responder a eso. Pero mi boca se abrió un poco. -Usted es una svetocha.- Las palabras sólo salieron. Jesucristo. Pensé que yo era...- Soné acusadora, y Dylan se enderezó conscientemente, su chaqueta crujió. -Mierda-. Su sonrisa vaciló un momento. -Yo soy un secreto bien guardado. Si los Nosferatus lo sospecharan atacarían todos los lugares que tenemos, incluso este pequeño satélite de la Orden, con mucha más frecuencia. Hasta ahora, desde que has estado aquí por un corto período de tiempo, hemos tenido varios estudiantes heridos y un marcado incremento en el número de. . . incidentes.¿Así que eso es culpa mía? Jesús. Una sensación horrible de calor se apoderó de mí. Cerré la boca con un chasquido. Nos miramos mutuamente durante unos minutos, sus


colmillos se retrajeron y los rizos se achicaron, hasta que ella se vio como una impresión de un libro de cuentos de una princesa. -Esperemos que el ataque dentro de estas paredes sea uno de rutina, sólo para sondear las defensas. Aunque parece poco probable, ¿no?.- Ella inclinó la cabeza perfecta. -Tengo la esperanza de que ninguno haya escapado para dar las noticias.Finalmente logré decir algo que no fuera una palabrota. ¿Dónde está Graves?.- Esto no estuvo muy bien, pero era la única persona con la quería hablar. Yo lo necesitaba aquí para esto. Dylan me miró con inquietud. -Está en los dormitorios.- Sus colmillos estaban expuestos y él parecía infeliz. Era sólo una sutil inclinación en las comisuras de sus labios, pero era un cambio en su expresión generalmente irritada, lo que era bastante impactante. -Milady quería conocerte, Dru. Es un gran honor para un estudiante de primer año-. Estaba muy impresionada y mierda. -¿Por qué?. Quiero decir, ¿por qué quieren que esté aquí?. Si yo soy un problema.-Tú no eres un problema,- Dylan comenzó a decir, pero la chica lo miró con suavidad, y él cerró la boca tan rápido que me sorprendió que no perdiera un trozo de su lengua. -¿Puedo?.- Ella ladeó la cabeza, y Dylan extendió las manos en un gesto inútil. Ella sonrió un poco. Los pequeños


colmillos eran espeluznantes como el infierno, sobre todo cuando ella inclinó la cabeza y parecía satisfecha como un gato. -Es una rebelde, señorita Anderson. Ha estado aquí apenas dos semanas y ya has presionado a un kouroi para que se bata en combate con usted , con resultados desagradables. Parece que no tiene orgullo por su herencia, pero eso no es su culpa, teniendo en cuenta su crianza, pero es preocupante. Tiene mucho potencial, pero parece estar satisfecha desperdiciándolo con su intransigencia sin sentido.Ella estaba solemne ahora, con la boca hacia abajo como si degustara algo un poco desagradable, pero era demasiado educada para escupirlo. -Eso es culpa nuestra. No le hemos explicado las razones por las que hacemos las cosas de esta manera, y confieso que he estado muy ocupada haciendo arreglos. Por motivos de seguridad, así como otros. . . arreglos para la seguridad de los demás en la Orden. El trabajo me ha demandado gran parte de mi tiempo y no he podido reunirme con usted hasta ahora. Y. . . así que supongo que la mejor manera de decirlo es sólo decirlo-. No me gustó el sonido de eso. Mis campanas ―equivocadas‖ sonaban como locas. Me removí incómoda. De repente la situación se había puesto difícil. Dylan tosió suavemente aclarándose la garganta. Sus ojos negros brillaban, pero si se trataba de una advertencia o un ataque de alergia, no podía saberlo.


Anna levantó una mano estrecha y sus uñas también estaban pintadas con esmalte de color rosa. Mi Dios. Todo lo que necesitaba era un manguito y un lindo y pequeño teléfono celular de color rosa cubierto de diamantes de imitación. Ugh. El olor de su perfume especiado y cálido me recordaba algo, pero no sabía exactamente qué. Yo estaba demasiado ocupada mirándole la cara sin defectos, el rubor en sus mejillas de color mate y el arco de sus pestañas. Mi siguiente pensamiento fue repentino y escalofriante. Nunca podría parecerme a ella, ni en un millón de años. No estoy segura de que tampoco me gustaría. -No sé por qué Reynard te salvó de Sergej.- Bajó a un tono de información confidencial en lugar de preocupado y pomposo. -¿Te dijo algo?.¿Reynard?. Oh, sí. Se refería a Christophe. -Dijo que él era parte de la Orden, y...-¿Él dijo eso?.- Su mirada se volvió aguda sobre mi hombro, y yo sabía que ella y Dylan habían intercambiado esa mirada que bien podría ser de esas que se lanzan los pares entre sí. O por lo menos como las de los profesores. ¿Qué edad tenía esta chica?. Ella parecía tener alrededor de dieciocho años, lo que aquí podría significar cualquier cosa. -¿Te sorprendería saber que Christophe Reynard no ha sido parte oficial de la Orden desde hace casi 17 años?. Las


negociaciones para traerlo de vuelta con nosotros han sido. . . difíciles.-Nadie confía en él.- Mi voz resultó áspera al lado de su tono firme, amable y bien modulado. Tenía la garganta en carne viva por toser. -Dylan me dijo que cuando él regrese me entrenará porque...-Dylan es del campamento de Christophe. Ha sido su seguidor desde hace mucho tiempo, y de hecho fue el patrocinador de Reynard. Argumentó, presionó y engatusó para que se conceda a Reynard el honor de pertenecer a nuestras filas, a su pesar de su. . . infortunada ascendencia.-¿Su qué?. Reduzca la velocidad y hable en español por favor. -Me senté erguida en la silla. Yo estaba cansada y hambrienta, y quería ver a Graves. Y, oh sí, quería acurrucarme en la cama y agitarme. Yo quería cerrar mi puerta y las persianas en mi ventana y sólo pasar un rato temblando a solas. Eso sonaba endiabladamente bien. Hubo un silencio lento, incómodo. -Debemos decirle-, dijo Dylan. -Si usted va a...-. -Supongo que sí.- Me miró fijamente con su mirada límpida, y yo sentía cada grano que había tenido que luchar para salir hacia la superficie otra vez. -¿Christophe le comentó algo de su familia?.-Sólo que su madre también había muerto, creo.- Fue duro recordar cuando yo estaba pensando a través de una


neblina. Ahora que lo pensaba, él no me había dicho mucho. -Aparte de eso nada. ¿De qué se trata todo esto?. Él no me dijo absolutamente nada, y nadie me dijo realmente nada desde que llegué aquí. -No me sorprende, ¿entonces sabes que el nombre de Christophe era Krystof Gogol?.- Hizo una pausa significativa, mientras yo movía la cabeza, muda, preguntándome qué demonios estaba pasando. -¿Y que el Nosferatu del que escapaste hace dos meses, el rey reconocido de los que cazan por la noche, nació siendo Sergej Gogol?-¿Huh?.- Yo estaba agotada. Esa es la única razón por la que tardé diez segundos completos para que lo que ella estaba diciendo llegara a través de la niebla en mi cabeza. -¿Qué?.Los hombros de Anna se desplomaron. Por primera vez, ella se veía un poco cansada también. Pero fue sólo un poco de barniz sobre su belleza. -No lo sabías. Christophe es el hijo de Sergej. El mayor y, por un tiempo, el más orgulloso y malvado de su progenie. Te salvó de su padre y desapareció por un tiempo. Pero incluso antes de eso, Reynard estaba interfiriendo en tu familia.Mi corazón latía muy fuerte. Me quedé sin aliento. -¿Qué dijo?.- el sonido salió un poco estrangulado de mi garganta. Anna saltó de la mesa y me miró de frente, con las manos cruzadas delante de ella. Ella dijo lo que yo tenía miedo de escuchar. -Tenemos razones para creer, señorita Anderson,


que fue Reynard el que entregó la ubicación de su madre a Sergej. Y necesitamos su ayuda para saber si esto es cierto.*** Puso la carpeta de manila en el escritorio desordenado. Sus uñas de color rosado rasparon ligeramente la superficie. Esto es lo que pensamos que ocurrió. Su madre estaba en un lugar seguro.Abrió la cubierta de la carpeta y el mundo patinó hasta detenerse debajo de mí. Apreté mis dientes detrás del lago congelado que era mi cara. Sentí que hormigueaban de nuevo, y los destellos de color rojo en los extremos de mi visión regresaron. Tragué con esfuerzo y sentí el sabor del peligro y la rabia. Se trataba de una fotografía brillante de ocho por diez a todo color, y mostraba una casa amarilla con un árbol de roble que crecía por la gran escalinata. Me quedé mirando la foto y mi piel se puso fría, luego caliente, luego fría otra vez. Cada dolor muscular estaba nuevamente aquí, hasta sentir náuseas. ¿Alguna vez se han sentido tan enfermos que todo el cuerpo siente ganas de vomitar?. Era algo así. La última vez que había visto esa casa estaba en un sueño. ¿O había sido un sueño?. Algo de lo que me había despertado cuando Christophe y Graves estaban en la


habitación luchando contra un ladrón de sueños...una serpiente alada que succionaba mi aliento, una cosa que se escabulló para poner sus huevos en lo de mis vecinos. Los huevos habían eclosionado a la mañana siguiente, y un montón de jóvenes ladrones de sueños salieron contoneándose para escapar del ataque de los lobos en mi casa, había sido una pesadilla. Yo había pensado que tal vez era una alucinación, una visión increíblemente clara y detallada de mi madre escondiéndome en medio de la noche. No era un sueño. Una voz dura y fría tomó la palabra en mi cabeza. Era un recuerdo. Eso fue lo que ocurrió cuando murió mamá. Esta es la casa en la que ella murió. Me escondió en el armario y salió a pelear. Y la mataron. La svetocha a mi lado puso la foto a un lado. La siguiente fue otra brillante de ocho por diez. Esta vez, el roble tenía muchas hojas, a excepción de la mitad que estaba quemada retorcida y ennegrecida por algo horrible que seguía vibrando en las ramas. La puerta había sido arrancada y estaba fuera de sus goznes, y los escalones estaban hechos añicos. Algo terrible estaba atrapado en las ramas del árbol. Algo con forma humana, pero angustiosamente distorsionado. La imagen quemaba mis ojos y escarbaba mi cerebro. -Creemos que murió en las escaleras-, dijo Ana en voz baja, -pero Sergei la colgó en el árbol y... bueno. No llegamos a


tiempo. Tu padre se había ido hacía rato y te había llevado. Ni siquiera supimos de ustedes hasta unos años después.La colgó en el árbol. Oh Dios. -¿Ustedes no sabían nada de mí?.- Mi voz sonó ahogada, incluso para mí misma. Cuando ella respondió, hubo un ligero matiz de algo, ¿amargura?, ¿ira?. Yo no lo podía decidir y no me importaba. -No. Tu madre... salió de la Orden por sus propias razones. Nadie sabe cuáles fueron.Y yo tampoco. Parpadeé fuertemente y aclaré mi garganta. Pensé que las svetocha eran tóxicas para los vampiros. Eso es lo que.... .- Eso era lo que me había dicho Christophe. -Sí. Los envenenamos sólo con el aliento, sólo con existir en las cercanías. Sin embargo, algunos nosferatus, muy pocos, son lo suficientemente potentes como para soportar la toxicidad durante un corto periodo de tiempo. Y un corto período de tiempo era todo lo que Sergej necesitaba.- Sus cejas perfectas se elevaron juntas. -Esa es la razón por la que él es su líder.Era extraño. Nadie más podía decir su nombre. Ellos decían ya sabes quién. Pero Christophe, y esta chica, lo decían con voz calmada. Como si estuvieran hablando de alguien a quien conocían. No quería pensar en ello. Mi cuerpo entero, y cada cosa dentro de mi cabeza sentían ganas de vomitar, de desmayarse, o simplemente de hundirse en el suelo y


temblar por un momento. -¿Qué tiene esto que ver con Christophe?.Ella pasó también esa foto. En la parte de atrás había un garabato en tinta azul, una frase que alguien había dejado cortada. Había más papeles en la carpeta. -Esta es una transcripción de una llamada entre un miembro no identificado de la Orden y un Nosferatu de la línea de Sergej. En ella, el kouroi no identificado da la ubicación de tu madre. Christophe era la única persona que podría haberlo sabido...él entrenó a tu madre personalmente, y eran muy cercanos.¿Él la había entrenado?. -¿Cercanos?. ¿Qué edad tiene?.-La edad suficiente para recordar la última mitad de la Primera Guerra Mundial, señorita Anderson. No tenemos ninguna prueba más, la grabación desapareció y la persona que la transcribió murió en la batalla. Más bien sospechosamente, debo añadir.- Me di cuente de que ella me miraba atentamente. Hay un cierto modo en el que mira la gente cuando no está realmente enfocando hacia adelante, cuando están arrastrándote al perímetro de su visión -Es muy probable que Christophe intente contactarse con usted. Y cuando lo haga, es imprescindible que le avise a un consejero, y espere por el interrogatorio. ¿Está claro?.El tono de mando era algo nuevo. Tuve la impresión de que cuando esta señora decía salten, todos a su alrededor saltaban como jugadores de basket. Las palabras se


cernían justo en la punta de mi lengua. Él ya vino a verme. Unas pocas y simples palabras, y pude dejar de sentir como si hubiera un peso presionando contra mi corazón. Yo podía poner el problema en algún otro y dejar de preocuparme por eso. Podía entregárselo a un adulto y quedarme en paz. Pero oí el sonido de unas alas suaves, y las plumas me rozaron la cara. Casi di un respingo porque la sensación fue tan real. Mira lo que pasó la última vez que trataste de volcar el problema en el regazo de otra persona, Dru. Llamaste a Augustine y parecía que las cosas iban a mejorar,... y ahora mira dónde estás. Fue una advertencia, entregada de igual modo que todas las lecciones de la abuela. Simple y sin muchas vueltas. Claro como el cristal-, me oí decir. Era la primera vez que sonaba tan cansada y adulta como sucedía siempre con Graves. ¿Alguna vez también había sentido él esa presión sobre sí?. Probablemente sí. Yo quería verlo tanto que mis manos casi temblaban. -Entonces voy a continuar mi camino.- Ella recogió el archivo y me miró. Dylan, como de costumbre, parecía preocupado, y me miraba fijamente. Era como si tratara de decirme algo con los labios apretados y en sus ojos oscuros había un mensaje que no podía descifrar.


-La transcripción. ¿Puedo verla?.- Yo no quería parecer obstinada, pero creo que lo hice. Dylan realmente se estremeció, y Anna se irguió. Finalmente entendí lo que me molestaba de su cara. Ella era popular. Nunca había sido una paria, todos nosotros sólo existíamos para reflejar su imagen y que ella se viera a sí misma a través nuestro. Era el mismo tipo de belleza codiciosa e inacabada que había visto en las porristas y en las mujeres del estilo de las boas constrictoras en toda América. Si ella no fuera una djamphir, probablemente habría terminado siendo una obesa y pintarrajeada mujer de mediana edad con un rictus amargo en la boca. El tipo de mujer que hace un escándalo enorme en una tienda de comestibles por un cupón vencido, o por una lata de maíz que cuesta quince centavos más de lo que había pensado. El tipo de las que siempre se salen con la suya, porque no tiene vergüenza de pasarte por encima. De ese tipo. -Es clasificado, señorita Anderson. Cuando Christophe la contacte, escuche lo que él tenga para decirle, recuérdelo y esté preparada para repetirlo.- Ella asintió con la cabeza bruscamente y se metió la carpeta de manila bajo el brazo. La seda de su vestido susurraba mientras ella se dirigía hacia la puerta. -Mi guardaespaldas me espera afuera Dylan. Gracias -


-Milady-. ¿Cómo se las arregló para decir la palabra sin ahogarse?, no lo sé. Ella se marchó y sus tacos hacían un ruido un poco agudo. La puerta se cerró. Las telas de araña en la parte superior de las estanterías altas se movieron un poco. Las tejas del techo también se estaban pudriendo aquí. Este lugar se estaba cayendo a pedazos en más de un sentido. Dylan inclinó la cabeza, arqueando una ceja. Me quedé allí, sin moverme y empapada en sudor. No me di cuenta de que estaba temblando hasta que me recosté en la silla. Cada parte de mí estaba temblando como gelatina electrificada. Su aroma dejó a regañadientes una pesadez que recubría la parte posterior de mi garganta, sobre todo ese lugar en el paladar que la gente normal no tiene, el lugar donde yo sentía el peligro. Es como el adobo de jengibre que se usa con el sushi. Que siempre sabe a perfume para mí. Este también era un perfume pesado y aceitoso. ¿A qué me recordaba?. Juro por Dios que me recordaba a algo. Pero el pequeño manantial que hacía girar las ruedas de los recuerdos estaba fuera de su cauce y los había arrojado dentro de la sopa, en el cerebro estropeado de mi cabeza. Yo no podía obtener algo coherente. Subir por las escaleras a mi habitación me parecía una tarea enorme y desagradable. Pero la idea de esconderme debajo


de la cama con las bolas de polvo, las Malaika y la billetera de papá me compensaba por todo ello. Por ninguna razón que pudiera definir, estaba alegre porque el relicario de mamá se encontrara protegido debajo de mi camiseta. La idea de que Anna lo viera hizo que mi corazón se sintiera frío. Los hombros de Dylan se desplomaron. -Se han ido,- dijo en voz baja. -¿Estás bien?-. ¡Qué pregunta!. -Sí.- Aclaré Perfecta. ¿no?.-

mi garganta. -Espectacular.

-Lo siento.- Realmente sonaba apenado. Pero claro que él siempre sonaba así. -Ella insistía en verte, y... -. ¿Y qué?. ¿Qué demonios fue eso?. Me quedé mirando el espacio en su escritorio desordenado donde había estado el archivo. Ahora sabía que existía. Yo había visto donde había muerto mi madre. Él la colgó del árbol. Su voz dulce y pequeña diciéndolo como si no fuera nada. Pero era mi madre y ella... -¿Has visto a Christophe, Dru?.- Su chaqueta crujió cuando se inclinó alejándose de la pared. -No creo que tengo que decirte que él está en la mierda. Y es cada vez más profunda.-


Estaba tratando de pensar, pero él me lo estaba haciendo más difícil al hablarme. -Quiero ir a mi cuarto.- Soné como alguien de cinco años de edad. -Por favor-. -Está bien.- Pero él no podía dejarlo pasar. -Dru...-¿Quién se supone que me estaba cuidando?.- El espacio donde había estado la carpeta era un agujero en el mundo, y no estaba segura de que me gustaba la forma en la que el viento silbaba sobre eso. No me gustaba ese sonido vacío, como una tormenta áspera soplando contra los bordes de una casa vacía mientras estás esperando a que tu padre regrese a casa y te recoja. Ese gemido bajo e impaciente. ¿Quién iba a llevarme a mi habitación cuando sonara la campana?. Esa fue la única vez que nadie vino a buscarme.-No lo sé, no he tenido la oportunidad de revisar el calendario. Y ahora la lista de turnos ha desaparecido.- Él se movió inquieto otra vez, el cuero crujió. Tosí una vez más con un sonido profundo y áspero. -Me llamaron para que recibiera a Anna y su transporte. No habíamos recibido ninguna advertencia de su visita, por lo que...-¿Ella no vive aquí?.- Pero no me importaba. Mis piernas se sentían como si ahora fueran a funcionar, o algo así. Otra cosa que él había dicho parecía importante, pero no pude hacer que mi cerebro funcionara.


-No, no vive aquí.- Él se detuvo de nuevo, y yo estaba realmente cansada de la sensación de que él no me estaba diciendo todo. O incluso nada. Me preparé para levantarme de la silla y tomé empujón pero fallé la primera vez. Dylan dio un paso hacia adelante como si quisiera ayudarme. Me levanté de un salto como si me quemara, puse la silla entre nosotros y lo miré fijamente. -Dru...-. Se detuvo en seco. Nos miramos el uno al otro sobre un par de metros de aire traicionero. No parecía haber suficiente aire como para respirar, pero había lo suficiente como para presionarme hacia abajo por todos lados. ¿Alguna vez alguien se había ahogado en el aire?. Me acerqué a la puerta. Él se mantuvo muy quieto, como si no estuviera seguro hacía dónde iba yo a saltar. Su aspecto retrocedió, se retiró, y sus colmillos se retrajeron debajo de sus labios. -Yo estoy de tu lado,- dijo cuando yo estaba casi en la puerta. -Desearía....-Yo no tengo un lado,- le informé, encontré la perilla de la puerta con una mano entumecida y huí. Todos los salones estaban vacíos y me las arreglé para llegar a mi cuarto sin que sucediera nada más.


Fue un regalo completamente inesperado. Yo medio esperaba que hubiera un incendio, un ataque o alguna otra maldita cosa. Cerré la puerta, apoyé mi espalda contra ella y levanté mi mano. Estaba temblando como una hoja al viento. La habitación estaba mortalmente silenciosa, las cortinas estaban un poco corridas, se filtraba un cuadrado blanco de luz sobre la colcha azul. El calor y el frío me invadieron, alternándose en ondas. Caminé por los metros de alfombra azul. Mis calcetines susurraban, y ¿podía alguien más ver las leves marcas donde los pies mojados de Christophe habían descansado?. A pesar de que estaba sacudida por la sobrecarga de adrenalina que estaba desvaneciéndose y estaba bastante jodida, yo no era tonta. Había sido demasiado malo. Dos fotos de la casa donde había vivido antes de que mamá muriera y mi mundo cambiara, no iban a armar un caso contra Christophe. Si la información era tan secreta y confidencial, Anna no debería haber llevado consigo el archivo en absoluto. Además ir por allí dándome órdenes es exactamente el camino equivocado para hacer que yo haga lo que quieres. Sí, quiero decir, yo entiendo acerca de obedecer las órdenes cuando se está bajo fuego. Eso es totalmente diferente. Pero papá no había educado a una idiota que obedecía ciegamente. No creo que él hiciera eso.


El papel era texturizado, grueso y caro. La caligrafía era cuidadosa. Svetocha, Ten cuidado. Nada aquí es lo que parece ser. Nos vemos en el embarcadero. Tu amigo Me desplomé en la cama. Si se trataba de un código, no entendía el mensaje. ¿Qué carajo?. ¿Y qué es lo que alguien, tal vez Christophe, pretendía hacer dejándome mensajes en mi almohada cuando los vampiros estaban tratando de matarme?. ¿Mientras que Ash, el menos pensado de todas las personas, no sabía si palabra persona era adecuada para un hombre lobo, me había rescatado?. ¿Había tratado Ash de rescatarme?. Mi cerebro finalmente me dio una patada, demasiado tarde. Y ahora la lista de los turnos desapareció. Lo que significaba que la había tomado quien se suponía que tenía que vigilarme, porque sabía que iban a atacarme. Asesinarme. No sólo atacarte, sino matarte. Llámalo por lo que es, Dru.


Dejé escapar un largo suspiro temblando. Christophe. El hijo de Sergej. Él tenía razón, alguien estaba tratando de matarlo. Pero él tampoco estaba diciendo toda la verdad. Todas estas mentiras desplazándose a mi alrededor, cercándome. Mentiras peligrosas. Mentiras mortales. Lo que había sucedido esa noche podría fácilmente haber acabado conmigo asesinada en el bosque. Yo podría acabar muerta mañana, incluso mientras dormía. Me estremecí, abrazándome para darme calor. La habitación estaba fría y no era yo. La única persona con la que podría haber hablado, la única persona que podría haberme ayudado a encontrarle sentido a esta locura, estaba abajo en los dormitorios. Yo no tenía ganas de ir hasta allí. No en este momento. Me acurruqué en la cama. Afuera era de noche, y la Schola estaba despierta y viva. El no-ruido de las personas que viven en un espacio, llenándolo con su respiración y los latidos de sus corazones, estremecían el aire. Todavía me sentía completa y totalmente sola. Más sola de lo que me había sentido nunca en una casa esperando a que volviera papá, y eso era decir mucho.


12 Traducido por Roux Maro Corregido por Mausi El frente frío procedente de Canadá, finalmente llegó dos días después. El hielo se derritió, el río se convirtió en una flexible serpiente de plata en lugar de una cinta gris plana. Cada cosa se tornó húmeda y mojada en vez de helada y escarchada. Había tormentas con truenos que arrojaban mucha lluvia todas las noches y soplaba el viento. La luz del día llegaba a través de nubes y de niebla. Era como estar en una bola de cristal, porque yo sólo veía el exterior a través de las ventanas enrejadas. Yo no podía permanecer encerrada en la habitación. Era como estar sentada en una celda de la prisión. Así que debía ir a clases. Las clases eran una especie de infierno. Me sentaba allí y pensaba, Él me mintió. O mejor aún, alguien quiere matarme. Eso apartaba de un golpe cualquier otro pensamiento de mi cabeza, estampándose allí un par de veces, por lo que me perdía de casi todo lo que decía el profesor. Dibs estaba conmigo en el desayuno y en el almuerzo, pero no decía mucho. Él hacía todo lo que podía al permanecer


sentado allí y forzándose a veces a decir un hola. La timidez de este chico era fatal. Nadie hablaba conmigo, excepto Graves. Y él casi no hablaba . Al menos, no de algo importante. Todo era: Fuimos a correr a través del parque. O esto. Piernas nos llevó de compras. O esta otra: Escuché hablar de este chico mientras entrenaba, ¿adivina qué es lo que hizo?. Emitía sonidos, asentía con la cabeza y trataba de parecer interesada. Entonces el gong sonaba dentro de mi cabeza. Él me mintió. O hay alguien aquí que quiere matarme. Tal vez en esta misma sala. Y me quedaba mirando a lo lejos, porque tenía miedo de empezar a examinar a todos a mi alrededor en busca de signos de intenciones de asesinato. No era como que yo pudiera decir la edad de cualquiera de ellos. Podían ser mayores que yo, y no lo sabría ¿o sí podría?. En verdad, yo no sabía por qué me sentía tan traicionada. Después de todo, Christophe era en parte vampiro, al igual que cualquiera de los de aquí que querían verme muerta. Al igual que yo. Los antepasados tenían que ver con ello. Me enteré en la clase de historia, que duraba dos horas, no importaba lo lejos que estuviera el vampiro en el árbol genealógico, habría descendientes djamphir. Obtienen el aspecto, la velocidad, la fuerza y el hambre. Y suelen ser varones, a excepción de las chicas, que son una cada mil y rara vez alcanzaban la


edad adulta, porque suelen encontrarlas antes de que maduren y las drenan hasta matarlas, obteniendo así una sacudida grande y antigua de poder. Anna y yo. ¿Habría alguna otra más?. Podría ser. Puede que no fuera tan especial. También se me ocurrió que los lobos probablemente fueran mi mejor opción para sobrevivir. No podrían desear mi muerte, de verdad. ¿No?. Lo sabía porque yo no era de importancia para ellos, a no ser que trabajaran también para Sergej. No había manera de saberlo a ciencia cierta. Lo que significaba que los lobos no eran la gran apuesta, después de todo. Yo no tenía manera de irme de aquí. No por un tiempo. Graves no quería socializar mucho y ¿qué podía hacer?. ¿Sólo andar alrededor de los hombres lobo hasta que se apiadaran de mí?. ¿Y qué pasaría si algunos de ellos tenían una razón, sólo Dios sabía cuál, para odiarme?. ¿Y si me atreviera a imaginarme cómo ir a hurtadillas hasta la caseta de los botes?. Yo estaba de nuevo en la clase de historia, sentada en un extremo de la sala. Las puertas habían sido reemplazadas y los pasillos reparados, pero todavía podían verse las estrías blancas en el revestimiento de madera y era evidente que las alfombras no coincidían con los únicos remiendos del


parquet en toda la escuela. Debido a las renovaciones había un olor a formaldehído. Levanté las rodillas para apoyar la libreta sobre ellas. El dibujo se desarrollaba bajo mi lápiz, los largos arcos estrechos y las paredes de piedra. Sombreé cada bloque de roca, la hierba irrumpiendo a través de la losa y trabajé todo alrededor del centro blanco de la hoja. Graves estaba sentado junto a mí. El chico que él llamaba Shanks, un chico emo con el pelo oscuro peinado de lado sobre la frente y suspendido sobre sus ojos chocolate, con muñecas huesudas como varas que salían debajo de sus mangas, llevaba botas de maquinista, y se asomaba inclinado desde su otro lado, con una sonrisa de lado y los codos apoyados en sus rodillas. Irving se había sentado en el suelo, con las rodillas y los brazos cruzados. Aparte de eso, todo el mundo me esquivaba. Incluso Dibs actuaba como si no me conociera. Vi a Graves y al chico Shanks intercambiarse miradas, por lo general cada vez que Irving abría la boca. En este momento el profesor rubio estaba hablando sobre las normas básicas de la interacción entre los djamphir y los lobos. Seguí sombreando el dibujo. -Los Djamphir están capacitados para la táctica y los lobos están capacitados para la logística. En esto radica la fortaleza especial de ambos. Al lobo le falta la sensibilidad de un djamphir infectado por el Nosferatu y a un djamphir


le faltan las cualidades peculiares del consenso y la cooperación que se manifiestan en un lobo. Cada uno es la mitad de una ecuación equilibrada, y fue sólo cuando comenzamos a cooperar que empezamos a ser capaces de limpiar los territorios y mantenerlos.-¿Qué pasaba antes?,- preguntó Graves. Los dientes de Rubio asomaron desde detrás de sus labios. Muy blancos, pero su aspecto era el mismo. -¿Antes?. Moríamos. Estuvimos muy cerca de ser erradicados por completo y peleábamos con los lobos cada vez que a los Nosferatu les daba la gana. Los que no fueron apresados fueron asesinados, o sólo vivían con el permiso de los Príncipes de Sangre. Como los doblegados.Eso me llamó la atención. Doblegar su voluntad, Christophe apareció dentro de mi cabeza. Levanté la vista del papel. -¿Doblegar?. ¿Qué significa eso?.Inmediatamente me sentí una estúpida. No era probablemente lo mejor para preguntar en una sala llena de lobos. Ellos podrían ofenderse. Oh, Por Dios. Un ligero murmullo se produjo en la sala. Shanks encogió los hombros y se recostó en la silla. -¿Alguien quiere responder a eso.- Rubio miró alrededor buscando una respuesta.- ¿No?. Bueno, voy a seguir


adelante entonces. Doblegar o quebrantar a un ser humano, incluso a un djamphir, es fácil. Mediante la privación del sueño, la falta temporal de proteínas, un flujo constante de propaganda que se llama lavado de cerebro y que es muy fácil de hacer. Hacérselo a un hombre lobo, o un cambiante como el señor Graves de aquí, es más difícil, debido a su resistencia a los daños físicos y a la persuasión. -Son obstinados,- dijo Irving y un murmullo recorrió la sala. Podría haber sonado gracioso si no estuviera estado escuchando atenta. -Son resistentes, - corrigió Blondie. -Sin embargo, se puede hacer. La forma más popular es encadenarlos a un Tatra. Se trata de un hueco de piedra lo suficientemente grande para permitir a la víctima mantenerse de pie, pero no lo suficiente para darse la vuelta, agacharse o sentarse. La cadena está sujeta a un collar de púas, las púas apuntan hacia adentro, de este modo.- Sus manos cuidadas hicieron gestos en el aire. -La víctima debe moverse con cuidado, incluso en ese espacio cerrado. Luego, la carne cruda se lanza al suelo o se coloca fuera. El aroma de los alimentos es un tormento hasta que la carne se pudre y cada día el agua se arroja a través de una abertura por encima de la cabeza. Cae en cascada y el peligro de inhalarla y el desarrollo de la neumonía es muy real. Luego están los Revelle, los ladrones de sueños, criaturas criadas por el Maharaja .-


Eso me llamó la atención de nuevo. Graves se tensó a mi lado. -El ladrón de sueños se pone muy cerca del lobo, alimentándose de su carroña y cantando. ¿Alguien de aquí sabe lo que una canción de un ladrón de sueños puede hacer?.-Yo sé lo que ocurre cuando pegan la lengua en la boca de alguien y empiezan a beber,- murmuró Graves. -Ese canto. Lo recuerdo mucho.No me acordaba de eso. Todavía no había decidido si había estado fuera de mi cuerpo o simplemente había tenido un sueño tan vívido que mi inconsciente había puesto todas las cosas juntas y lo había presentado como un recuerdo. Pero sí recordaba lo que pasó después de que Graves desgarrara al ladrón de sueños y lo sacara de mí. Christophe me sostuvo mientras yo sentía arcadas. Christophe. Él mintió. Él no me lo dijo. Hijo de puta. Y alguien más. Tal vez esa chica Anna. Pero ella era una svetocha también. No tenía sentido. Los vampiros son el enemigo, ¿no?. ¿Por qué iba alguien a trabajar con ellos?. Su hijo. El hijo de Sergej. Rubio se detuvo, visiblemente decidido a no responder. Una canción del ladrón de sueños quita la esperanza y pone a las victimas al borde de la locura. La exposición durante más de un par de horas rompe las barreras entre la mente y


el subconsciente de un hombre lobo y el otro que encierra en su interior y que permite el cambio. Se convierte en un hombre lobo un tanto psicótico y no puede recuperar su forma humana.-¿Ellos también le hacen eso a las chicas?.Alguien detrás de mí parecía horrorizado. Supongo que la caballerosidad no está completamente muerta. Pero yo estaba pensando en los ojos enloquecidos y demenciales de Ash. Era un hombre lobo como los demás chicos del aula , todos ellos se movieron inquietos en sus asientos. Y Sergej lo había encadenado en una caja de piedra y lo convirtió en algo que no podría cambiar de nuevo a humano. Rubio ahora parecía afectado. Me gustaba más y más en los últimos dos días, hasta que recordé que había desaparecido por la puerta y me dejó sola para ser atacada. Pero en este momento, él era el profesor al que podía sacarle el máximo partido . -Algunas veces-, dijo en voz baja, -una mujer lobo afectada así es casi imparable. Sin embargo, es más difícil romper la resistencia de una hembra y tornarla en una doblegada. Se emplean otros métodos para doblegar a las hembras lobo. De todos modos, una vez que el lobo ya no puede volver a cambiar incluso en un simulacro de humanidad, se convierte en un autómata sin voluntad propia. Se guiará únicamente por el apetito y la obediencia.-


Esperen un segundo. Me senté con la espalda recta, el bloc de papel resbaló de mis vaqueros. -¿Puede detenerlo?. Quiero decir, ¿puede hacer que alguien así vuelva volver a ser humano de nuevo?.-¿Recuperar a un doblegado?. Es posible, si usted tiene una cadena lo suficientemente fuerte, el tiempo suficiente y una razón de peso para hacerlo. Pero el dueño de una criatura tan poderosa rara vez la dejará ir y volverá a llamarla con tanta intensidad que el lobo a menudo se mata tratando de escapar. Hay lobos que se han roto el cuello y se han mordido sus propios brazos o piernas. -Sin embargo había proyectos de recuperación. -Shanks se cruzó de brazos. -Mi padre hablaba acerca de ellos. Había equipos enteros de ellos en la década de 1920.Todo su cuerpo gritaba que no le gustaba esto, desde los hombros encorvados, hasta la manera incómoda en que chasqueaba los dedos y la posición de sus rodillas. Probablemente era incómodo escuchar esto de un hombre que podía convertirse en peludo. -Los había - Rubio estuvo de acuerdo. -La mayoría de los proyectos fracasaron o terminaron con la muerte de aquéllos que trataron de recuperarse. Sin embargo, cuando los lobos y los fundadores de la Orden hicieron su pacto, se hizo mucho más difícil para los Nosferatu que secuestraran a los lobos para sus fines.-


Sonrió de manera extraña. -En este continente, pusimos a los vampiros en fuga. En la mayoría de las casos.-¿Pero hay una forma de revertir el daño, de enmendarlo?.Insistí -¿Exactamente cómo lo haría usted?.Él me dirigió una mirada penetrante. -Esa es una pregunta para otra ocasión. Se ha terminado la clase.Todo el mundo comenzó a moverse y a arrastrar los pies y Rubio me miró a través de la clase. Cerré mi libreta y la metí en mi mochila y me levanté de mi asiento con un crujido y un suspiro. Graves me miró, su uni-ceja estaba levantada sobre cada ojo. Su cara entera gritaba: ¿En qué demonios estabas pensando?. Me sentí como si hubiera sido sumergida en un baño frío, cada nervio de mi piel gritaba. Mi siguiente clase era de Dominio del Aspecto. Ni siquiera estaba segura de quien la impartía por lo que podía saltármela sin problema. Apuesto a que había algo en la biblioteca de la escuela o incluso en la oficina de Dylan sobre el quebrantamiento y yo era buena para desenterrar una mierda como esa. Denme un poco para investigar y estaré sobre ello por todas partes. Era un gran alivio encontrar una acción concreta para realizar. Un toque frío de terror me acarició la nuca. La nota sobre mi cama. Mi "amigo." ¿Era el mismo amigo que se suponía debía haberme llevado a mi cuarto cuando los vampiros


atacaron?. ¿Era Christophe? Pero, ¿qué estaría haciendo en mi habitación mientras los vampiros estaban atacando?. ¿No tendría él que haber escuchado el ruido y…. Oh Dios, si tan sólo pudiera dejar de pensar en eso, podría ser capaz de dormir un poco, o dejar de saltar nerviosamente ante cada pequeño sonido. Sí. Como si eso fuera a pasar. -¿No vas a clase?, - dijo Graves a mi derecha. -Um. -Parpadeé. ¿Qué es exactamente en lo que estás pensando, Dru?-. Pero tenía que haber una explicación. Algo no cuadraba y. . . bueno, era una locura. Era de chiflados. Pero yo estaba empezando a tener una idea. Incluso podía ser una buena, pero estaba tan cansada que no podía desarrollarla. Graves aparentemente tomó mi um por un sí, eso supongo, porque él se levantó y metió las manos en los bolsillos del largo abrigo negro. Llevaba la maldita cosa a todas partes. Muy bien. Vamos, no querrás llegar tarde.-Los estudiantes que llegan tarde pasan por el fuego.Shanks saltó sobre sus pies, recogiendo su cuaderno de notas y un par de libros de texto forrados con papel kraft marrón. Me dirigió una mirada extraña y sonrió, haciendo una mueca mostrando los dientes blancos . -Pero no a las especiales.-


-Vete,- dijo Graves por encima del hombro. -Jesús.-De hecho, estoy interesado, ¿Quieres oír cómo lavan el cerebro de un lobo, Dru?, - gruñó.- ¿Vas a iniciar un establo de crianza?. Se utiliza para hacer eso también. Puedes sacar imágenes de Internet.Los chicos se dicen cosas horribles entre sí todos los días, en cada escuela secundaria en los Estados Unidos. Pero esto era otra cosa. -Lo pregunté porque quería saber cómo solucionarlo.-Me fulminó con la mirada. -¿Cuál es tu problema?.Él hizo una mueca de asombro. -Oooh. Tú vas a arreglarlo, como una buena y pequeña djamphir, bien.-Bobby. - Graves se volvió, su abrigo tocó mis rodillas. Déjalo ya.-¿Puedes realmente hablar cuando no estás preguntándole a los profesores?.Se inclinó hacia delante sobre sus talones y gruño haciendo una mueca. -¿O jugar a poner morritos contigo?. Se consiguió su propio pequeño guardaespaldas loup-garou. ¿Por qué incluso está ella aquí?.Jesús. Yo nunca había hablado con este chico. Y estaba empezando a ver por qué. -Vamos. - Cogí la manga de Graves.-Vamos .


Él se soltó y dio dos pasos hacia adelante. Era alto, pero Shanks le sacaba media cabeza. Sin embargo, Graves no parecía estar impresionado o tener miedo en lo más mínimo. -Vete al carajo. O esterilízate. Cualquier cosa será una mejora en tu caso.¡Oh, Cristo!. ¿Esto tenía que suceder en el instante en que tenía una idea y debía hacer algo, en lugar de estar masticándolo todo aquí dentro de mí misma?. -Mira… La piel se estaba retrayendo de las delgadas mejillas de Bobby. -Retenlo, perra- Me espetó, encorvando los hombros y pareciendo descomunal a la vez. Siempre era desconcertante ver los músculos abultándose en un lobo cuando aparece el pelo por todos lados y la mandíbula comienza a mutar. Él sólo había cambiado a medias, pero eso era suficiente. -Santa mier...- Yo no llegué a terminar, porque Graves se movió y lo tumbó. Ellos se lanzaron hacia atrás de las butacas convertidos en una maraña de pelos y chaquetas negras crujiendo. Otros lobos se juntaron a su alrededor, haciendo ese sonido extraño como un ladrido, para estimularse unos a otros. ¡Oh, por Dios!. Dejé mi mochila y salté a la parte trasera de los asientos y luego comencé a empujarlos. Los lobos estaban apretujados hombro con hombro, gritando… y de hecho yo pateé a algunos detrás de las rodillas y empujé


algunos hacia delante con una fuerza que no sabía que tenía. Estaban rodando, Shanks casi había cambiado y hacía mucho ruido, Graves gruñía mientras sus ojos brillaban, y luego Bobby se puso de rodillas, y le dio un puñetazo en la cara. Oí el golpe del puño y el crujido de los huesos y casi lo sentí en mi propia cara. ¡Graves!. Algo dentro de mí se quebró. La furia se hinchó, recubrió mi piel y me empujó a un lado. El mundo se desaceleró de nuevo, sentí la furia a través de mi sangre y cargué hacia adelante. Esta vez, el peso no se cerró sobre mis brazos y piernas y tuve una vaga impresión de que iba demasiado rápido antes de que diera una patada. Hubo un crujido, extrañamente distorsionado y amplificado, cuando la zapatilla de mi pie se estrelló contra la cara del otro chico. Él se fue hacia atrás inclinándose hacia un costado, aún en un movimiento lento y el oleaje fresco de rabia que me inundó era limpio y claro en su intensidad. Fue una ola de ira incandescente pura, que me convirtió en un vaso lleno de líquido de color rojo efervescente. Yo lo golpeé dos veces, dos puñetazos buenos y sólidos. Se estrelló contra un enmarañado grupo de lobos, sus bocas estaban abiertas como si estuvieran gritando. Toda la


escena estaba extrañamente silenciosa comenzaron a dispersarse en cámara lenta.

y

los

lobos

Yo estaba de nuevo encima de Shanks, tenía mi mano alrededor de su cuello y lo empujaba hacia abajo a través de la ira que sentía. Su brazo se acercó, como el de un sonámbulo. Evité las garras que me hubieran cortado la cara y desvié el golpe con una muñeca, apartándolo con un golpe ligero. El movimiento continuó, mi brazo retrocedió y oí la voz de papá de nuevo. Pon tu dedo pulgar hacia fuera, Dru. Mete el dedo pulgar dentro y lo vas a romper cuando perfores a ese triste y lamentable bastardo. Eso es bueno. ¡Ahora dale duro y dale fuerte. ¡Buena chica!. Los ruidos extraños de mi alrededor se detuvieron. El tiempo se ralentizó aún más y yo sabía que iba a romperse y acelerar de pronto. Tenía tiempo suficiente para golpearlo con mi puño que estaba preparado. Probablemente podría romperle la nariz o si le daba un poco más abajo podía aplastarle la laringe y eso haría que dejara de respirar. Dru, ¿qué estás haciendo?. La rabia todavía ardía dentro de mí. Él había golpeado a Graves y me dolía. Pero yo estaba pensando seriamente en darle un golpe que podría realmente destrozarlo o incluso matarlo. Y esto sólo era una pelea de colegio. Como en cualquier otra pelea de


aula, yo me habría quedado al margen, normal o aquí.

en el mundo

Bueno, tal vez no tanto aquí. ¿Realmente que estaba pasando aquí?. ¿Por qué los maestros no intervenían más?. La respuesta se me ocurrió en una fracción de segundo más tarde. Ellos están enseñándoles a luchar. Enseñándoles a odiarse entre sí, también. La furia estaba hirviendo dentro de mí. Estaba a punto de perder mi control de los delgados hilos que me sostenían sobre el abismo. Se avecinaba el golpe que iba a hacer que todo se acelerara. Yo lo sentía flotando en el borde de mi conciencia y sentí un hormigueo que me causó un cosquilleo en la nariz. Una mano se cerró sobre mi hombro y si iba a golpear al chico tenía que hacerlo ahora. Mi puño saltó hacia adelante lentamente, esquivándolo hacia atrás mientras el lobo se retorcía lentamente, con la boca entreabierta y chorreando sangre desde su nariz. Me desprendí de él y sentí calambres en mis dedos. Alguien me arrastró hacia atrás, me hundió sus dedos tan fuertemente que sentí surgir el hematoma. Parecía un saco viejo de boxeo. Por Dios. El tiempo me golpeó como una banda de goma gruesa y esta vez me sentí sacudida hasta mis huesos. Yo acababa de caer de nuevo en el mundo, fue una sacudida como la de un


coche que golpea contra una pared de ladrillos. Había gritos y mi cabello colgaba sobre mi cara. Yo miraba hipnotizada cómo los reflejos rubios se deslizaban a través de mis rizos. Se extendían y se hacían más largos y más flexibles, en ondas lisas en vez de encresparse. Las vetas de oro se retiraron y mi pelo volvió a ser el mismo. Mierda. ¿Qué fue...? -¡Atrás!,- gritó Graves, arrastrándome fuera del alcance de los lobos que se acercaban al cuerpo de Shanks que estaba tirado en el suelo contra un sofá y sangraba sorprendentemente. Varios de ellos se habían vuelto hacia mí y avanzaban transformándose, su pelaje reptaba sobre sus pieles, hombros y piernas que se abultaban. -Se los advierto.De hecho fue un rugido, todo su cuerpo vibraba. Nunca había oído su voz de esa manera. Esa voz era como un latigazo. Como una mordida. Casi pude ver retroceder de un empujón al grupo de lobos. Dominante, me di cuenta. Esa es la voz de un loup-garou dando órdenes. Se detuvieron todos los gruñidos. Incluso el pálido y gentil Dibs, quien raramente hablaba en otra forma que en susurros asustados. Sus caras estaban rugosas, sus bocas


mostraban dientes cada vez más grandes y con el pelaje avanzando y ondulando sobre sus formas de muchachos. Graves me tiró hacia atrás unos pocos pasos. -Quédate donde estás.- Me espetó, todavía con esa voz que hacía temblar al mundo. Todos estaban muy aturdidos, inclusive el interior de mi cabeza. Entonces me di cuenta de que yo estaba haciendo un sonido raro también, un ruido agudo con interrupciones extrañas cuando mi tráquea se cerraba y tenía que respirar. El olor a cobre me golpeó, era caliente y sabroso. Se estrelló contra un lugar en el fondo mismo de mi garganta que no sabía que existía, justo al lado del lugar que las personas normales no tienen. El que me dice cuando algo raro va a pasar. Ese olor llegó hasta el fondo y rasgó el mundo. Me lancé de nuevo hacia delante, luchando contra Graves, pero él de alguna manera había logrado poner su brazo alrededor de mi cintura y me alejó más. Me lancé de nuevo, casi lo arrastré conmigo y me di cuenta de lo que yo quería hacer. Yo quería a todos ellos fuera de mi camino y poner mi boca en la garganta del hombre lobo herido. Quería beber. La sed rugía a través de mi garganta y se extendía por todo mi cuerpo. Yo estaba sedienta y sentía el ardor y lo único que podía apagar el fuego era el líquido rojo y dulce que podía oler en todas partes. Golpeaba dentro de mi cabeza, murmurando y engatusándome, y mis dientes se volvieron dolorosamente sensibles. Podía sentir como se alargaban.


Mi pelo se puso de punta y cada pulgada de mí estaba despierta otra vez. El persistente agotamiento de los últimos días sin dormir había desaparecido y fue reemplazado por una energía poderosa, crepitante. El otro brazo de Graves rodeó mi garganta y me ahogaba a medida que retrocedía, sacudiéndome de un lado a otro. Mis dientes se juntaron en un chasquido . Los lobos gruñeron de nuevo, pero Graves hizo de nuevo ese extraño sonido que sacudía el mundo y ellos se mantuvieron apartados. Me gustaría poder decir que me sentí aliviada cuando Shanks se levantó con su rostro como una máscara de sangre y sus ojos ardientes. Tenía ganas de lamerle la cara y poder morderle la garganta, yo quería beber. Él gruñó, Graves rugió de nuevo. Y yo no sé qué hubiera pasado si un grupo de djamphir no hubieran entrado por la puerta y me hubieran rodeado. Me sujetaron cuando comencé a gritar y empujando a Graves con sus hombros. Pero él se mantuvo sujetando mi mano, incluso cuando mi mano le apretó los dedos haciendo que crujieran. Era la primera vez que la sed de sangre había aparecido. Y ahora, oh Dios, entendía mucho más. Graves no me dejó, a pesar de que todo el mundo estaba gritando. Se quedó ahí, haciendo un ruido una y otra vez y finalmente me di cuenta que estaba diciendo mi nombre. El hambre creció y cuando finalmente se retiró, me puse a


llorar. Graves fue el que se acercó y me abrazó. Yo estaba llorando y temblando como una niña pequeña, algunos de ellos empezaron a decirle que se alejara, pero él simplemente se negó y me mantuvo entre sus brazos. Me aferré a él también. Ellos no podían llevarme.


13 Traducido por Roux Maro Corregido por Mausi Graves soltó de golpe el montón de libros sobre la mesa de madera. Mis dientes aún me dolían. Así como todo mi cuerpo. Pero en general, al parecer eso no era gran cosa en la escuela. Shanks estaba en los baños y Graves estuvo ocupándose de lo que se suponía que debía hacer y me dijo: - Sólo vete a otra parte y cálmate.Sí. Cálmate. Dos de las palabras más inútiles en el idioma inglés. Pero Dylan me dijo que el peligro había pasado y que yo no iba a morder a nadie. Él dijo que era normal porque yo estaba tan cerca de la floración. Y tenía que acostumbrarme a ello. Yo no estaba tan segura. También dijo que no había habido una muerte por peleas entre estudiantes en esta escuela desde hacía sesenta y dos años. Lo cual no fue tan reconfortante como debería haberlo sido. La biblioteca estaba llena de olor a polvo y a papel viejo. Las barras de las ventanas formaban espadas filosas en la luz dorada de la tarde que caía sobre los grandes estantes antiguos de madera, el sol por fin había salido, demasiado


tarde para hacer ningún bien. No había nadie detrás de la mesa de la recepción. Eso era bueno. Todavía podía oler la sangre. Mis dientes estaban sensibles, como si hubiera ido al dentista. Cada uno de mis nervios estaba expuesto, me senté y envolví mis brazos alrededor de mis codos, abrazándome. -Esto es jodidamente loco. Tú estás loca, -dijo Graves rotundamente. -¿Qué vas a hacer, amarrarlo en tu habitación?. Ellos lo van a matar.Por lo menos él estaba hablando de algo que no hacía que me crecieran los colmillos y que sacara mi lado Nosferatu lanzándome sobre alguien. Él simplemente se negaba a hablar de eso, y por eso yo estaba agradecida. Bueno, tan agradecida como podía estarlo con mi cerebro negándose a funcionar correctamente y mi pelo cambiando de color y Dios, ¿qué diablos me estaba pasando?. ¿Quién era yo?. ¿Cuándo me mirara en el espejo, me reconocería?. Era como desaparecer en una casa de la risa para hacerte esa pregunta, quiero decir, para interrogarte seriamente a ti misma, en una casa de la risa cuando el horror es real y no hay nada divertido y ver lo que sucede. Hacerte ese tipo de preguntas hace que todo no esté clavado en su sitio dentro de ti, ande bailando a los saltos.


Yo tenía unas pocas cosas invaluables que ya no estaban más clavadas en su lugar. Si me centrara en otra cosa, probablemente podría superarlo . -Es algo que simplemente no tiene sentido.- Por lo menos yo no estaba ceceando por los colmillos. Mis dientes eran normales, pero continuaba comprobándolo a cada rato. Los sentía normales. Excepto porque me dolían y por la sed en la parte posterior de la garganta. -Estaba tan cerca de mí, Graves. Y no hizo otra cosa que olerme.-Cállate.- Él se sentó en una silla y me miró. -¿Qué demonios te pasa, Dru?.¿Quieres decir aparte del asesinato de mi padre, ser perseguida y golpeada y convertirme en un demonio con deseos de sangre y estar dispuesta a herir a alguien?. Por Dios, no todo es color rosa. Yo no soy perfecta y no soy la imagen de la buena salud. Abrí la boca para decir algo inteligente o al menos, menos estúpido de lo normal, pero la cerré de nuevo porque, bueno, ¿qué podía decir?. La situación no era nada prometedora. Miré la luz suave que se reflejaba en las estanterías de madera. Sentí el calor de la rabia enjaulada en las costillas y tragué saliva. Contuve mi temperamento con mi fuerza de voluntad .


Ahora que sabía lo que era la sed de sangre. ¿Iba a ser capaz de mirarme en el espejo?. ¿O a cualquiera de los djamphir sin pestañear?. -Vamos.- Él todavía me estaba mirando, yo podía sentirlo. Di algo, Dru. No te limites a sentarte ahí como si te hubiera apuñalado. Cristo.El sol se desvaneció cuando el atardecer apareció. Me dejé caer en la silla, abrazándome. El torbellino dentro de mí no paraba. Inspiré y exhalé, tratando de hacer las cosas con un poco de calma. Ahora sí que estaba asustada, ¿qué diablos más podría suceder?. ¿Saltaría sobre Graves?. ¿Pondría mis dientes largos y afilados sobre su garganta y bebería?. Me dolía el pecho. Me abracé más fuerte. -Vamos.- Él suavizó su tono. -¿Qué estás haciendo?. Olvídate de todo o vas a padecer una úlcera o algo así. Estoy aquí, ¿de acuerdo?. Le hice frente a todo lo que este lugar podía arrojarme. No me iré a ningún lugar.Eso me hizo sentir peor. Él estaba aquí por mi culpa. -¿Alguna vez has querido ir a casa?.- Tuve que luchar para mantener la voz serena. Me dolía el pecho. Era el mismo antiguo dolor, la sensación de la falta de aliento en el pasillo del hospital cuando me enteré que mi abuela había muerto y sólo me repetía a mí misma una y otra vez, mi padre está


viniendo, cuidará de mí, está en camino. Con la esperanza de que fuera verdad. Orando porque fuera verdad. Pero esta vez todo quedó atrás para siempre. No había nadie que viniera a buscarme. Al menos no para algo bueno. Cuanto más pronto lo asimilara sería mejor. Pero, oh Dios, la idea me asustaba mucho. Él se quedó callado durante un largo momento. -Mierda, no , -dijo finalmente. -Mira, yo no sé si has captado esto Dru, pero no tengo una casa con una cerca de vallas blancas y una chimenea adonde volver. Yo vivía en la calle, ¿de acuerdo?.Yo lo había sospechado, pero era una cosa totalmente diferente escuchar que lo decía en voz alta. -Tú tenías…-¿Esa habitación en el centro comercial?. Joder, ¿qué tipo de vida puede llevar un chico en un centro comercial?. Aquí al menos hay suficiente comida, una buena cama y me estoy manteniendo. Nadie está tratando de vender mi culo o de golpearme cuando está borracho.- Inhaló bruscamente y exhaló. -Por lo menos aquí hay reglas. lobos y vampiros, puedo lidiar con ellos. Son los adultos de allá, en el otro mundo, con los que no puedo hacerlo. Ellos. . . Al menos aquí el mal tiene sus razones. No es sólo. . .- él buscaba la palabra, su rostro se retorció por un segundo mientras luchaba por decirlo -No es sólo algo sin sentido.-


¿Lo que pasó con mi padre no tenía sentido?. Yo no lo dije. ¿Cómo puedes decir algo así de alguien?. -Tú querías ser un profesor de física.- Mi garganta se había cerrado. -Sí, bueno, las cosas cambian. Ahora quiero estar aquí.Hubo otra larga pausa de varios segundos. El polvo bailaba en la luz dorada que se desvanecía a través de una ventana baja, y continuaron descendiendo hasta el suelo en remolinos perezosos. -Contigo.Me quedé mirando las motas suspendidas en el aire, todas bailando sin música. Una vez, leí en alguna parte, que el polvo podría ser incluso pedacitos de estrellas que explotaban, cayendo a la tierra. ¿Hasta dónde llegaría un poco de polvo de estrellas y materia flotante antes de darse por vencidos y ser atraídos a la órbita de algún planeta?. ¿Qué importaba?. El sol se deslizó por debajo del borde del horizonte. - Ya no sé quién soy.Las palabras salieron medio estranguladas y se extinguieron en el silencio de la biblioteca. Yo esperaba que la tierra me tragara y el cielo se cayera una vez que lo dije. No pasó nada. La biblioteca todavía seguía en silencio y Graves todavía estaba allí mirándome. -Nadie lo sabe, Dru.- Era el mismo calmado y extraño tono de adulto que él había usado esa primera noche, sentado en


el centro comercial, cuando me preguntó cuán malo era lo que me había sucedido y si necesitaba un lugar para dormir. -Se llama madurez.El torbellino que había dentro de mí se calmó un poco. Por fin relajé mis brazos . Eché mi pelo hacia atrás. Los rizos estaban raros, no muy rizados pero sedosos, los agarré entre mis dedos. -Lo siento.-Sí, bueno. -¿Estaba ruborizado? -Yo nunca había visto que una chica le diera una patada en el culo a Bobby para defenderme. Por Dios.Algo fuerte que manaba dentro de mí se relajó un poco. La rabia retrocedió. Había suficiente espacio para respirar y respiré profundamente . -Bueno, la próxima vez voy a dejar que se meta contigo. ¿Feliz?.-Sí, bueno. Pero aún así, yo habría podido con él. De todos modos, ¿puedes coger la mitad de estos libros?.- El mundo parecía más manejable. ¿Cómo es que él lo hacía ?. -¿Para qué?.-Bueno, si estás tan interesada en la rehabilitación de un lobo quebrantado, estos parecen ser buenos para empezar. ¿No has estado aquí antes?.-Una o dos veces.- Pero él tenía razón, esta era una buena idea. Papá siempre decía que la investigación ayudaba mucho.


Sí, justo a tiempo, el pensamiento más incómodo en la sala se movía en mi cabeza. Yo debería comenzar a cobrar alquiler por los pensamientos incómodos. ¿Pero en qué me pagarían ellos?. Probablemente en algo aún peor. -Has estado yendo a clases.- Él separó el montón en dos grupos iguales. Era oficial. Él estaba bastante ruborizado. Grandes franjas de color se extendían por su cara, eran de un color tan profundo que casi eran rojo granate. Un feo moretón se extendía hasta su mandíbula, también. Y yo que antes pensaba que él era un poco feo. Sin futuro. Era algo difícil de creer. -Sí, bueno, no tenía nada más que hacer.- Tiré de uno de los montones hacia mí. -¿No te molesta? .¿Que yo. . . bueno, que yo quería. . . chupar su sangre?.Su nuez de Adán se movió cuando tragó. El pendiente de plata de su ceja lanzó un destello cuando atrapó el brillo del sol. -No. Te hubieras detenido.Yo no estaba tan segura y abrí la boca para decírselo. -Además, -dijo él abriendo de golpe el primer libro encuadernado en cuero,- es algo caliente.-


Una sonrisa flotó alrededor de su boca y luchó por mantenerla oculta. ¿Qué?. Lo miré fijamente durante unos segundos. Mi mandíbula oficialmente se había caído. -Estás loco.-Le dijo el cazo a la olla. Comienza a leer.Yo no estaba segura de sí sería capaz de concentrarme, pero lo hice. La sensibilidad de mi boca desapareció y después de un rato ya no olía la sangre . Después de otro rato pude leer sin lágrimas en mis ojos y sin palabras borrosas. Hice como si quitara el polvo de mis mejillas, lo único que estaba haciendo era esparcir las lágrimas sobre ellas. Graves no dijo nada acerca de ello. Pero tampoco pasó de página durante un tiempo. Cuando llegó el momento de que él se fuera a su última clase de la noche me acompañó de nuevo a mi habitación con un montón de libros que apilamos en mi cama. Finalmente me quedé dormida con uno de ellos apoyada en la cabecera y dormí toda la noche hasta que sentí el sol de la mañana. Podría haber dormido más tiempo, pero tenía algo que hacer.


14 Traducido por Mausi Corregido por Madri Me di una ducha y trencé mi cabello hacia atrás. La sala se sentía extraña. Me quedé de mi lado de la puerta, extendí mi mano contra ella y se propagó una fría pesadez, y sentí que alguien afuera escuchaba con atención. Era la misma sensación que solía percibir antes cuando le decía a papá que un motel o determinada casa no eran seguros y él nunca había discutido eso. Así que eso me dejaba una sola opción. No me gustaba, pero era mejor que estar sentada y completamente abatida. Un débil rayo de sol se deslizó a través de los orificios sellados en las persianas de hierro. Las empujé y las abrí tanto como se podía y luché con la ventana. Tenía que caminar en una línea muy fina entre abrirlas violentamente y tratar de ser silenciosa. Me empapé con el aire frío cargado con la promesa de lluvia que me atravesó, y miré los jardines de rosas muertos. Los caminos pavimentados de piedra, se veían muy duros desde aquí. Era una larga caída. Tragué fuertemente la saliva. Ojalá tuviera una cuerda. ¡Por Dios!.


Pero si Christophe había hecho esto, yo también podría. Lo peor que podía pasarme sería una pierna rota y un montón de preguntas, ¿verdad?. Yo nunca me había roto un hueso antes. Y esas preguntas tendrían dientes. Aquí todo tenía dientes. Esta es una idea estúpida, Dru. Pero de todos modos yo iba a hacerlo. Con alguien vigilando mi puerta, tenía que hacerlo. No podía correr el riesgo de que cualquier persona, amigable o no, viniera tras de mí. Y yo tenía que saber si era posible escapar de la escuela durante el día. Agarré el marco de la ventana y puse mi pie por encima, me aseguré de que fuera seguro, y me impulsé con cuidado hasta pararme en el umbral. Me dije a mí misma, no mires hacia abajo, en vez de eso estudia el muro de piedra y el voladizo del techo. Parecía ser de tejas de pizarra y el ángulo lo tornaría difícil. Tampoco había canaletas. Eso era lo bueno, las canaletas pueden desprenderse del techo, y lo malo era que no tendría nada de donde asirme con los dedos, excepto el borde del techo. Le di la espalda a los jardines muertos y me encaramé en el alféizar. Fui hacia arriba y hacia atrás con una mano. Esta es una mala idea. Busca otra manera de hacerlo.


El problema era que no había nada más. Y Christophe había hecho esto. Que me aspen si por lo menos no lo intentaba. Por no hablar de que si lograba esto, tendría una vía de escape lista. Y sería la última ruta que alguien esperaría que yo tome. Yo tenía menos velocidad, menos fuerza y menos resistencia ya que no había "florecido." Pero apostaría a que prevalecería sobre todos a mi alrededor en la categoría de cerebro. Era todo lo que tenía. ¿Entonces por qué vas a hacer algo tan estúpido?. Le dije a la voz de la razón que se fuera a dar un paseo y envolví mis dedos alrededor del borde del voladizo. El ángulo no era tan malo, sólo un poco malo. Cerré los ojos, inspiré y solté el aire, la pizarra se sentía arenosa y fría en mis manos. De repente, las marcas rojas que surcaban las manos de Christophe ahora tenían sentido, y yo debería haberlo sabido. Mi otra mano también se encontraba en el borde del techo. Practiqué la acción una y otra vez en mi cabeza, de la manera en que papá me había enseñado a practicar los disparos con el fusil. La mitad de ello es lograr tenerlo claro dentro de tu cabeza, joven Dru, y el cuerpo sabrá qué hacer cuando llegue el momento. Mira detrás de tus ojos, siéntete a ti misma haciéndolo. Yo sólo tendría una oportunidad. Mis brazos se tensaban y relajaban mientras practicaba. Me calmó el movimiento


dentro de mi piel, me centré en mi interior y permanecí escuchando. Los latidos de mi corazón resonaban a un ritmo confortable. Mi respiración los igualó, lenta y profunda. La trenza mojada me tocaba la espalda, moviéndose mientras mi propio cuerpo hacía equilibrio en el alfeizar y apoyaba mi peso hacia adelante sobre la punta de mi pie derecho. Los talones estaban en el aire, la brisa fresca de la mañana me empujaba hacia el interior de la habitación. Inhala, exhala. Sentía el cosquilleo a lo largo de mi piel, los movimientos de los diminutos músculos que conforman el equilibrio, nunca debes estar completamente quieta. Si lo haces, entonces podrías caerte. La quietud es un ajuste constante, una serie de pequeñas correcciones, como la dirección de un coche. Papá me enseñó eso. El pensamiento me aguijoneó y me azotó, cada una de mis fibras musculares se tensaron. Oí aleteos y unas plumas rozaron contra mi rostro y susurraban en el aire. Yo no tenía que inclinarme demasiado hacia atrás, era casi como si me arrojara a una piscina. Los bordes de la pizarra penetraban un poco la carne de mis manos. Dejé escapar un suspiro fuerte y levanté una rodilla. Menos mal que llevaba pantalones vaqueros. Escarbé con mis dedos la cubierta inclinada y me encorvé, dando gracias a Dios porque me había puesto las zapatillas


de deporte en lugar de las botas. Las palmas se agarraron y mis uñas se astillaron contra la pizarra cuando me aferré fuertemente. Oh, mierda. La pendiente era muy pronunciada, llegué a la cresta y me senté a horcajadas sobre ella. Los músculos más grandes de mis piernas temblaban. Mis brazos, incluyendo los golpes profundos en mi hombro latían fuertemente. Yo estaba en una sinfonía de dolor, y la capacidad de curación de los baños no ayudaba tanto como yo deseaba que lo hiciera. Mis manos gritaban, las palmas de mis manos estaban húmedas y calientes y las puntas de los dedos estaban raspadas y en carne viva. Pero estaba decidida a no caerme y levanté la cabeza. El viento golpeó mi cara, estaba lleno del peculiar aroma de las alturas y miré. Hoy no había niebla. El campo se extendía hacia todos lados, la arboleda tupida cubría todo, excepto un camino asfaltado de dos carriles por lo que supe que mi viaje hasta aquí fue por una carretera del condado. Este era el punto más alto de los alrededores. Había una mancha azul a lo lejos, muy al sur, que pensé que podrían ser las montañas Alleghenies, pero podría haber sido sólo niebla o una nube. Debajo de la colina una corriente serpenteante de agua pasaba brillando como la plata en la niebla. Las nubes se disolvían a los lejos, y tendríamos un poco de sol antes de que se quemara por completo. Vi la caseta de los botes, una


choza destartalada que no parecía lo suficientemente resistente como para soportar una brisa fuerte. La Escuela le daba la espalda, con las alas plegadas hacia atrás como un ave de presa. Una de color gris con un pico afilado y que estaba dormitando en su nido. Yo no podía ver el gran camino de la entrada, pero vi los pedestales cubiertos de vides al final de la misma y parpadeé frotándome los ojos. Yo podría haber jurado que allí había leones de piedra… No, me dijo la voz del instinto en voz baja. Ellos estaban allí, pero por la razón que sea, ahora no lo están. Súbitamente tuve una imagen mental muy vívida dando vueltas dentro de mi cabeza, como cuando una canción se queda atascada entre el oído y el cerebro. Leones de hormigón de color gris se deslizaban suavemente a través de los bosques moteados por la luz del sol, los músculos se veían duros bajo la piel suave y desgastada. El león giró su cuello grueso y levantó la cabeza, los ojos ciegos de piedra escudriñaban buscando algo y abrió su boca. Tenía los dientes afilados como agujas y al exhalar agitaba las hojas en el suelo del bosque. Detectó unos ojos sobre él, y eso desató una confusión dentro de su fría y enorme cabeza. Los ojos son los de un gobernante, pero muy lejano, y los rizos de la melena de piedra sobre sus hombros sonaban como la arcilla húmeda deslizándose sobre sí misma...


La imagen se desvaneció. Sacudí la cabeza para despejarla. Tenía que mantenerme atenta, porque el techo descendía en forma abrupta a mi alrededor, y la pizarra estaba húmeda en algunos lugares. Podría resbalar y caer un largo trayecto antes de caer por el borde, y eso no sería nada divertido para nadie. Llevé mis manos ensangrentadas hasta mi pecho y deseé haber pensado en ponerme guantes. Pero eso me haría perder la tracción. A veces sólo tienes que aguantarte el daño. Estaba haciendo mucho de eso últimamente. El viento silbaba a través de los picos y las depresiones de la superficie de las tejas de pizarra. Faltaban algunas tejas y tenía algunas partes hundidas, pero dentro de todo, el techo parecía estar bastante sólido. Mi mano tembló, y aparté mis dedos del relicario con esfuerzo. Dejé salir el aire, esta vez con asombro. Mi corazón latió una, dos veces, y permaneció a un ritmo elevado y veloz, como el de una carrera al galope. Me tomó un momento el darme cuenta de que no tenía miedo. No, la sensación era realmente de felicidad. Se hinchó detrás de mis latidos y abrí los brazos con los dedos extendidos mientras una enorme e increíble sonrisa arrugaba mi rostro. Estoy segura de que parecía una idiota, haciendo equilibrio sobre una viga y sosteniendo mis brazos como un artista de circo. Pero aquí, con el viento


gimiendo junto a mí y los árboles apretujados asfixiando la mole gris de la Escuela, me sentí... bien, me sentí libre. Por primera vez en mucho tiempo. Hasta aquí no estábamos nada más que el viento y yo. Y una sensación de hormigueo en los dientes, mientras era atravesaba por una sensación cuyo sentido estaba borroso. Esta vez era como un cálido y reconfortante resplandor que desterraba el dolor. Mis manos dejaron de sangrar, y cuando miré hacia abajo, se habían formado costras por encima de los cortes. El olor a cobre de mi propia sangre fue lavado por una lluvia de aire fresco, pero creo todavía captaba un hilo de su cálido perfume. Cuando cerré el puño suavemente, no me dolió mucho y las costras no sangraron. Wow. Me pregunté por qué eso no funcionaba con los moretones y los dolores internos. Pero ahora también estaban en calma. El sentido de eso me hizo estremecer mientras se batía en retirada con el sonido de las alas de una lechuza. ¿Es esto lo que se siente al florecer?. Me hubiera gustado preguntarle a alguien. La abuela me había contado sobre Los Hechos de la Vida bastante pronto, y papá me había dicho a su manera brusca lo que él pensaba que yo debía saber… lo que se reducía a No seas tonta y No compres tampones baratos; tenemos dinero . Esta cosa de "florecer" era como tener de nuevo las preguntas sobre la pubertad y no tener adónde ir a


consultar, ya saben. Tal vez la biblioteca tenía algo para las jóvenes Djamphir curiosas. Me reí, un sonido breve e increíble que no había sentido desde hacía varias semanas. Después de un rato de estar allí de pie como una idiota, se me ocurrió que sería mejor empezar a buscar un camino para bajar. Yo tenía un plan, después de todo, y no incluía el estar suspendida aquí todo el día. Así que dejé de mirar el bosque y el cielo y de estar respirando esa extraña felicidad en el aire frío empapado por la lluvia. Todavía se quedó conmigo mientras estudiaba la disposición de los tejados, tratando de ver si las vigas y los bordes eran tan pronunciados como los que había alrededor de la casa de la abuela. Si puedes obtener un punto de referencia, podrás encontrar el camino en cualquier lugar, con una brújula y cierto sentido común. Todo lo que iba a necesitar aquí era el sentido. ¿Qué sentido tenía el haber subido hasta el techo?, no lo sabía. Pero di una buena mirada y el puño dentro de mi cabeza se abrió un poco, enviando pequeños atisbos de conciencia inquisitiva. Esperé hasta que apareciera el cosquilleo que me decía que era seguro ir, y que también me indicaba qué camino tomar. Jamás puedes apresurarte con algo así. Es la misma razón por la cual no se puede preguntar a un péndulo nada que realmente quieras saber. El querer forma una pantalla frente a la verdadera respuesta, que podría ser algo que preferirías no escuchar. Así que tienes que andar quieto y


en silencio, lo más desapegado de la respuesta como sea posible. Es diferente de cuando realmente se necesita la intuición en un apuro, cuando tienes que cerrarte a los gritos a tu alrededor y aún así escuchar la pequeña voz de la certidumbre. La abuela siempre insistía en eso, en cómo el péndulo a veces te diría exactamente lo que querías escuchar, y eludiría el resto. Sentido común, decía ella una y otra vez. ¡Ja!. Tal vez es tan común como los dientes de una gallina. Métete esto entre los oídos, querida. Una ola de nostalgia estalló en mí, tan aguda y caliente que casi me arrojó hacia atrás sobre los talones. Tenía ganas de estar de vuelta en la pequeña casita de la abuela en los Apalaches, escuchando el zumbido y el ruido sordo de su rueda girando en una tarde fría, oliendo lo que ella había cocinado para la cena y lo que siempre usaba para lavar el suelo y las ventanas, que fregaba constantemente con milenrama, lavanda y rosa silvestre. Pero también estaba ese momento por la noche, cuando ya estaba demasiado oscuro para trabajar afuera, cuando la abuela regresaba y yo me recostaba en el viejo sillón para mirar la estufa de hierro. Era cálido y seguro y nunca tuve que esperar para que la abuela viniera a buscarme. Ella siempre estuvo ahí. El cosquilleo llegó y me dio un tirón en el plexo solar. Estudié el techo un poco más y vi el camino hacia abajo. No parecía gran cosa, yo tendría que zigzaguear por un par de pendientes pronunciadas, y luego dejarme caer sobre un


techo alargado de una galería. Desde allí podría saltar hacia abajo, hasta una esquina protegida, utilizando esos…¿contenedores de basura?. Tenía que ser así, sí, estaría justo detrás de la cocina. Tal vez incluso podría mirar y ver quién estaba cocinando detrás de la nube de vapor. ¿Y qué hay acerca de cómo volver?. Eres tan inteligente, ¿cómo volverás a ingresar a la Escuela?. Entrar no sería un problema. Sólo golpearía la puerta de entrada por un tiempo. Ellos tendrían que dejarme entrar, ¿no? Pensé en los leones de piedra que faltaban y no estuve muy segura. Pero ya era demasiado tarde para echarse atrás. Ya se me ocurriría algo. Revisé las costras de mis manos por última vez y me puse en marcha. *** No fue difícil entrar en la caseta de los botes. La puerta de madera, que tenía una traba que probablemente una vez tuvo un candado oxidado, estaba abierta de par en par. Busqué alguna señal de que alguien viviera allí pero no la encontré. Empujé cautelosamente la puerta con el pie, haciendo una mueca ante el chirrido de los goznes oxidados y di un paso hacia el interior. Saqué el cuchillo de mi


bolsillo, y deseé haber tenido un arma en vez de eso, para revisar el lugar. Toda la estructura estaba completamente en ruinas. Un barco podrido que se había hundido, estaba debajo del agua cristalina que lamía la plataforma central. Otro colgaba de unas cadenas oxidadas y parecía como si no hubiera sido tocado por lo menos desde hacía unos veinte años. Tenía agujeros en ambos lados y las cadenas no parecían ser demasiado sólidas. Había rollos de cuerdas polvorientas desparramados en las esquinas. El lugar olía a podredumbre y moho, y al sabor metálico del aroma del agua proveniente de los ríos de deshielo. El suelo se hundía bajo mis pies con cada paso cuidadoso que daba. Y en el otro lado de la caseta, donde el bote de remos estaba debajo del agua y se mecía sobre el fondo de arena, él apareció. Christophe salió de las sombras, sus ojos azules estaban encendidos. No tenía los reflejos rubios, el costoso corte de pelo estaba desarreglado. Sus manos cayeron a los costados, como si él las hubiera estado sosteniendo hacia arriba. ¿Qué había estado planeando hacer? ¿Pensaba que yo era una enemiga?. Todo hirvió dentro de mí y solté un agudo y femenino sonido. La navaja se abrió haciendo clic al mismo tiempo.


Grandioso. Simplemente genial. Todo lo que había practicado hasta ese momento había fallado completamente, y permanecí parada allí, junto a un montón de madera húmeda, desechada y carcomida mientras lo miraba fijamente. -¡Tú me mentiste!- Soné como si me hubieran golpeado con fuerza. -Hola se considera generalmente más apropiado para dar la bienvenida-. Él levantó un hombro y lo dejó caer. Un soplo a manzanas y canela llegó hasta mí, golpeó la parte trasera de mi garganta, y me hizo cosquillas. -¿Y en qué se supone que te mentí, Dru?-. Cada vez que lo veía, era como si me hubiera olvidado cómo estaba formado su rostro, cada una de sus líneas y planos proporcionados. -¡Un dieciseisavo, dijiste. Me dijiste que eras un mestizo, pero eres técnicamente un dieciseisavo!-. -¿Qué?. ¿Una lección sobre genética?-. Pero su rostro se ensombreció. Él obviamente adivinó hacia dónde iba esto. Por un largo segundo pensé en lo satisfactorio que sería golpearlo, dar rienda suelta a la pelota de ira detrás de mis costillas y ver si todavía él podía golpearme con tanta facilidad. -Sergej-. El nombre envió una punzada de odio a través de mi cabeza. -Tu padre-. Christophe estaba completamente inmóvil, sus ojos ardían. Sus pulgares se engancharon en los bolsillos del jean, pero sus manos estaban tensas y los hombros estaban rígidos


bajo el habitual suéter negro. Me miró fijamente durante un rato con la cabeza inclinada como si acabara de tener una buena idea y estuviera pensando en ello antes de que ponerse en movimiento. Finalmente, él habló. -¿Quién te lo dijo?-. Tragué saliva y bajé el cuchillo. La hoja parpadeó con un rayo de luz fuerte. Oh Dios. ¿Tú ayudaste a matar a mi madre? Dímelo. Tengo que saberlo. Tengo que saber algo, cualquier cosa, para estar segura. -¿Quién? ¡Oh, nadie!. Sólo Anna. Otra svetocha como yo. ¿Fue algo que también te olvidaste de decirme? Ella dijo…-Ah. Anna. Esparciendo su veneno-. Una mueca silenciosa atravesó su rostro. -Yo no pedí nacer con mi línea de sangre, Dru. Al igual que tú no pediste nacer svetocha-. Él mostró sus dientes, los reflejos rubios se deslizaron hacia atrás a través de su cabello mientras su aspecto se retraía. Sin embargo deberías estar agradecida porque la fuerza de mi padre pasó a mí, y es la razón por la que todavía tienes el aliento suficiente para lanzar acusaciones-. Se enderezó. ¿Qué estás haciendo aquí?. Alguien debe de estar vigilándote durante el día-. Sí, claro. Al igual que supuestamente alguien debe vigilarme durante la Restricción. Eso realmente ha estado funcionando bien. -Salí de mi habitación. ¿No dejaste esto?-. Saqué la


nota de mi bolsillo y de repente deseé abrir el cuchillo de nuevo. -¿La noche en que la que fui…atacada?-. -¿Atacada? .Y. . . Anna. -. El mantuvo el aspecto de su cabello oscuro, y sus dientes no se retrajeron. -Dime-. -Quiero saberlo…-. Mi corazón estaba en mi garganta. Ni siquiera lo vi moverse. En un momento estaba del otro lado de la caseta de los botes. Al siguiente, la pantalla de agua plateada sobre el bote de remos hundido onduló, y él estaba justo frente a mí. Me arrojó hacia atrás, mis hombros golpearon la puerta, y su nariz quedó a escasos centímetros de la mía. Sus manos se clavaron en la madera detrás de mí, y las muñecas presionaron mis hombros lastimados. El aroma a manzanas flotó a mi alrededor. Jesús. Él fue tan rápido. Y sus ojos estaban ardiendo. Su apariencia se retiró, y el rubio se deslizó por su pelo como una si franja extraviada de luz solar lo acariciara. - ¿Qué es lo que crees que quieres saber?. Si yo hubiera querido traicionarte, kochana, yo podría haberlo hecho. Fácilmente. Si yo hubiera querido hacerte daño, podría haberlo hecho. Podría...-. El hizo una pausa. Sus dedos descendieron y se envolvieron alrededor de mi muñeca. Levantó el cuchillo y lo apoyó justo en el lado izquierdo de su pecho. -Ahí. Ahí está el punto. Entre esas dos costillas y gíralo si es posible. No lo dudes, Dru. Si piensas honestamente que soy un peligro para ti, empuja el cuchillo. Yo te ayudaré-. Sus labios se retrajeron detrás de


los dientes y sus dedos apretaron los míos. El tiró del cuchillo hacia adelante y me sorprendí de mí misma cuando lo tiré hacia atrás. No podía soltarlo, él lo sostenía con demasiada fuerza. Sentí una llamarada roja de dolor en mis dedos raspados y luego disminuyó. Él lo intentó de nuevo y tiró hasta al punto de tocar su suéter. El mismo suéter delgado de color negro con cuello en V que llevaba siempre, ya fuera que estuviera enterrado profundamente en la nieve en Dakota, o que estuviera helando aquí. -Adelante-. Su aliento tocó mi rostro. -Cada djamphir es técnicamente un dieciseisavo. Algo más que eso y seremos Nosferatu, menos que eso y seremos unas cosas mal formadas, ni siquiera humanos. Es algo acerca de los pares de genes, yo no pretendo ser un científico. Era una broma. Pero no dudes en utilizar tu pequeño cuchillo, kochana-. Traté de desenroscar mis dedos. Él no me lo permitió. Nos quedamos así, él tirando hacia delante y yo tirando hacia atrás, hasta que soltó mi mano. Él extendió sus manos contra la madera detrás de mis hombros y se inclinó. ¿Satisfecha?Mi boca se abrió. El cuchillo cayó y colgaba de mi mano laxa. No pude encontrar absolutamente nada que decir. Él esperó, y el sonido del agua que susurraba a lo lejos corriendo por el medio del suelo de la caseta de los botes tocando sus postes podridos, fue como un susurro frío de seda.


Bajé mi mirada y vi su garganta. Su nuez de Adán se movió mientras tragaba. Cuando él habló, tenía el mismo tono de burla que había usado la primera vez que lo conocí. -Ahora, vamos a atacada?.¿Cuándo?.

hablar

de

algo

útil.

¿Fuiste

-Háblame primero de esto y luego de Anna-. Él arrancó la nota de mis dedos exangües, la acercó a su nariz, e inhaló. Pero no dio un paso atrás, y la nota despareció en su bolsillo trasero. Al igual que si se hubiera ido. -Ah. Dylan, viejo tramposo. Este fue nuestro lugar de encuentro una vez -. -¿Yo…qué?. Jesús-. ¿Qué era lo que había estado haciendo Dylan al dejar notas en mi almohada?. Pero eso resolvió un enigma. Christophe se inclinó hacia mí, con las manos nuevamente a ambos lados de mis hombros. -Él está reasegurándome su lealtad. Conmovedor. Al mismo tiempo que también te está dando una razón para escabullirte durante el día, lo que no estoy tan seguro que me guste. Ahora empieza a hablar. ¿Cuándo?-. Le conté todo el asunto mientras miraba a hurtadillas su semblante. Sentí una especie de alivio al derramar todo hacia fuera, como cuando se punza en una infección o se hace estallar una espinilla. También era un poco difícil hablar con un djamphir que te mira a la cara. Especialmente


cuando su apariencia fluctúa a través de él, y sus caninos están tocando el labio inferior formando unos pequeños hoyuelos. Todo su cuerpo se tensó cuando llegué a la parte de Ash y los vampiros. Yo estaba ocupada pensando en lo que haría si él se enojaba…, ¿podría empujarlo al agua y correr?. Mi voz se quebró cuando llegué a la parte de Ash olfateándome. Sólo…olfateándome. Después de que él había desgarrado a un par de vampiros, que habían dicho que el Maestro quería algo. No hacía falta ser un genio para entender que el Maestro era Sergej. O, para averiguar lo que quería con ―la zorra‖. -Maj boae-, susurró Christophe. -¿Estás segura?. ¿Segura de que era él?-. Asentí con la cabeza. Él estaba tan cerca que era difícil respirar. Era como estar exactamente al lado de un horno donde se cocina un pastel de manzana muy picante. -Él mordió a Graves, yo lo reconocería en cualquier lugar-. - Maj boae-, repetía, y entonces me agarró de los hombros. Fue confuso, pero luego me encontré atrapada en un abrazo de oso, sus brazos estaban a mi alrededor y su barbilla encima de mi cabeza. Él no era tan alto como Graves, pero era nervudo, fuerte y muy caliente, estaba ardiendo a través de su ropa.


-Él debe de haberlos matado a todos, o Sergej habría enviado más. Es sólo cuestión de tiempo-. Sonaba como si estuviera hablando consigo mismo, y yo estaba congelada en el mismo sitio. Yo no había estado tan cerca de nadie, excepto últimamente de Graves, y había una sensación extraña en eso. Una sensación extraña y cálida. Caliente por todas partes, como estar sumergida en aceite. Era algo así como los abrazos frecuentes de papá cuando yo había hecho algo muy bien. Pero había algo más en ello. Papá no tenía olor a pastel de manzana y no me había abrazado tan fuerte que mis huesos crujían, ni respiraba en mi pelo. El aliento de Christophe era un sitio cálido en mi cabeza y ahora había metido su barbilla hacia un costado y sus manos se extendían por mi espalda. El relicario atrapado entre nosotros, en mi esternón, era un fuerte bulto de advertencia. -Dios mío-. Sus brazos no me apretaban, pero seguían estando tensos. Yo estaba tratando de averiguar cuál era exactamente la sensación. Entonces me di cuenta. Era seguridad. Christophe no estaba dispuesto a dejar que nadie me hiciera daño. No sé cuando empecé a creer en eso en lugar de tener miedo de él, pero allí estaba. Era como me sentía cuando escuchaba el camión de papá haciendo ruido en la entrada de una casa nueva y extraña, cuando regresaba a buscarme. Al igual que cuando alguien iba a lidiar con las cosas, y yo podía descansar un poco y sólo dejarme ir con él.


Como encontrar mi lugar en el mundo otra vez. Nos quedamos así durante un rato, Christophe y yo. Aspiré el olor de los pasteles de manzana y todo lo demás se fue. El embarcadero crujió un poco bajo la delgada luz del sol y yo no podía ver nada porque mi cara estaba enterrada en su cuello y recostada en su hombro, mi nariz estaba en un hueco leve justo por encima de su clavícula. No me importaba tanto como pensé que lo haría. -Escúchame-, dijo él finalmente, como si hubiera estado discutiendo consigo mismo. -¿Me estás escuchando, pajarito?-. Mi voz no quería salir. En lugar de eso hice un gesto diminuto asintiendo con la cabeza, porque… qué extraño era esto… yo no quería dejarlo ir. Él se había apartado un poco, sólo su mitad inferior, y yo me temía que el ardor en mis mejillas fuera a prender fuego al resto de mi cuerpo, porque tenía una idea de la razón. Wow. Oh, wow. -Te llevaré hasta una entrada segura. Vuelve a subir a tu habitación, no te preocupes si alguien te ve. En este punto, ya no importa. Tengo que pedirte que esperes, Dru. Yo me iré por un día, tal vez hasta tres o cuatro, hay arreglos que debo hacer para tu escape. ¿Confías en mí?-.


Ya saben, si él me lo hubiera preguntado de esta manera la primera vez, seriamente en lugar de burlarse, con su voz casi a punto de quebrarse, le habría entregado las llaves de mi coche. O tal vez ahora yo estaba pensando así porque él estaba tan cerca y porque estaba temblando. Los dos lo estábamos. El temblor se derramaba a través de mí como el viento entre las hojas del álamo. -Anna dijo que traicionaste a mi madre. Que le dijiste a SSergej dónde encontrarla…-. La frase murió porque él me apretó con fuerza. Casi temí que mis huesos se rompieran. Exhalé el aire contra su cuello. -Yo nunca- espetó -haría algo así. Nunca. ¿Me entiendes?. Malditos sean el cielo y el infierno, Dru. No podía salvarla, pero yo voy a salvarte. Te lo juro.Y saben, yo le creí. ¿Qué chica no lo haría?


15 Traducido por Analo Corregido por Mausi Dos horas más tarde, me alivié bajando por el pasillo. No vi a nadie fuera de mi habitación, pero los sentí allí. Lo hice y lo bloqueé, bloqueado, y cerré la puerta. Y eso, aparentemente, era eso. Christophe me dijo que no me preocupara que alguien me viera regresar—estaba saliendo sin ser agarrada ese era el problema. Me recordó a papá. Sacudir una cola o la persecución era su segunda naturaleza, y que era mejor para alguien perderse a la salida a una reunión así no comprometes a nadie más. Me hubiera gustado ser una mosca en la pared cuando alguien le dijo a Dylan que me habían visto volver a mi habitación. Era divertido, en una forma sombría, de manera irónica. Espera, Christophe había dicho. Volveré por ti, tan pronto como sepa. . . cuando tengo un lugar seguro para ti. ¿Confías en mí? Era justo como papá me dejó unas cincuenta veces y diciéndome que hiciera mis katas. Pero limpia quemaduras siguió su camino a través de mí cada vez que pensaba en Christophe abrazándome. Yo me tornaba caliente, luego fría, al igual que alterna el agua del grifo. Duró todo el


camino por el resto del día soleado y en la noche, y casi no oigo la alarma del despertador. Estaba demasiado ocupada tratando de precisar de dónde el calor y el frío venían. Mi termostato interno estaba en un estúpido camino. El comedor era un caos de ruido de oleaje. Graves puso su bandeja hacia abajo. -Tengo una idea.-Oh Dios.- Yo miraba a mi plato. Nada en él parecía ni remotamente apetecible. -¿Y ahora qué?La cafetería se hizo eco a nuestro alrededor, y él tomó una buena mirada a mi cara. -Jesús. Estás pálida.No le digas a nadie. Ni siquiera a Dylan. Pero si hay otro ataque, trata de encontrarlo. No te quedes en su habitación. Aquí Christophe había sonreído tristemente, sólo una ligera curva de los labios. O si lo haces, pajarito, asegúrate de poner la barra en tu puerta. -Simplemente. . . No lo sé.- Ahora era el momento para un flash de frío. Me estremecí. Todo el lugar era demasiado ruidoso y brillante. Los niños no dejaban de mirar hacia mí, aunque una vez Graves se sentó volvieron a lo que estaban haciendo. Y sólo miradas de soslayo se fijaban en mí en vez de mirar fijamente. A excepción de Shanks, que me miró por debajo de sus emociones de chico hasta que cerré los ojos con él, y él apresuradamente miró hacia otro lado. Estaba al otro lado de la cafetería, también.


Dibs no había aparecido todavía. En realidad. . . así, era como si lo echara de menos. Me había acostumbrado a esa timidez terminal. -¿Estás bien?Vi a Christophe de nuevo. Las palabras hervían detrás de mis labios. -Bien.- Todavía sentía frío. Incluso el hecho de que mi pelo se estaba comportando no podría hacerme feliz. Me trenzaba con todo el lío de nuevo y me olvidaba de lo primero. Sería la figura, el instante en que conseguir el pelo bien que también comienza a recibir oleadas de calor. Y mantenimiento de más secretos de lo que pensé posible. Por Dios. -¿Estás segura? Te ves— -Es mi cuarto.- La medio-mentira se sintió sucia y dejó un mal sabor en mi boca. -He estado pensando en ello. Alguien tiene que tener las llaves. Muchos podrían tener las llaves. No puedo bloquear el cerrojo a menos que yo estoy allí, pero alguien podría tener la llave para esto también. Hay un perno y una cadena, pero los dos son viejos y la puerta no puede enfrentar una paliza. Y no parará a un djamphir u hombres lobo. Nunca detuvo a Christophe. Decir su nombre era como un pinchazo en un lugar ya de dolor. Lo vi. Él me abrazó, y. . . Jesús, Graves. Ni siquiera me


gusta que sea así, pero yo no te puedo decir acerca de Christophe, tampoco. -Punto.- Graves quedó en el papel, mordiéndose el labio inferior suavemente con los dientes sorprendentemente blancos. No habían sido así de blancos antes. Fue el plan dental del hombre lobo—consigue un mordisco y nunca tienes que preocuparse acerca de tus nuevo caninos. – Acabas dándote miedo a ti mismo, sabes.¿Es eso todo lo que es? Bueno, está funcionando. Espectacular. Me encogí de hombros. Esperando a que Christophe vuelva a recogerme iba a poner mis nervios al desnudo. -La verdad- insistió Graves. -Estás muy segura aquí. Si los vampiros estaban planeando matarte, lo podían hacer más fácil si estuvieras sola y en la carrera sin nadie mirando hacia fuera para ti.-No sé qué alguien esté mirando hacia fuera para mí aquí,murmuré a mi plato. -Mira lo que ha pasado ya.-Algunos de ellos, los profesores pueden ser. Y Jesús, Dru, yo estoy mirando hacia fuera para ti también.- Tomó su hamburguesa, dio un mordisco. Masticando, mientras me examinaba, con el aire de un hombre que considera el asunto cerrado. Eso sólo logró hacerme sentir peor. Él había sido mordido por mi culpa, y él estaba aquí por mí—no importa que él pensó que era un lugar mejor que donde había estado. El


mundo real no era nada para jugar, y él podría morir mañana o incluso esta noche, si un grupo de vampiros atacaban de nuevo. Y Christophe. El secreto detrás de mis labios temblaba de nuevo, me lo tragué hasta que se sentó en mi estómago como una piedra. Que tenía que decir algo sobre él. Tal vez podría Graves suponer y yo no tendría que decirlo en voz alta. -¿Por qué Christophe nos envió aquí?- Cogí el tenedor y lo metí en el montón de ensalada en el plato. Había descargado algún aliño de queso de pasta verde sobre ello, pero aún así no parecía ni remotamente apetecible. Lo que yo habría dado por los pancakes especiales de papá, o el chili que solía hacer. O una gran ración de pollo y albóndigas de la abuela. O el pollo frito y ensalada, con galletas con la forma en que me enseñó a hacerlas. -He estado pensando en eso.Bueno, eso era bueno, porque yo estaba recién salida de las ideas. Los secretos me doblaban luchando por la liberación, se reunían con la burbuja de calor detrás de mí esternón, y se retiraba. Aún en dos horas yo no había preguntado a Christophe la mitad de lo que quise. Había estado en un apuro de hacerme volver a las paredes de la Escuela y desaparecer para hacer arreglos. -¿Y?-


-Tal vez él no quería enviarnos aquí en específico. Se trata de una pequeña escuela. Tiene que haber otras. ¿Qué si nos pusieron en un lugar que no planeó? Le di la vuelta dentro de mi cabeza. Tendría sentido, especialmente si Anna quería que lo acusaran de matar a mi madre. Pero ¿por qué? ¿Por qué la capa y espada? ¿Por qué toda la mierda? Yo no tenía una respuesta para ello, y tiró de mí hacia el presente con un tic. -Pero él me encontró a mí. Llegó derecho por la ventana.-¿Y si él no puede conseguirlo de nuevo a causa de la guardia de los maestros establecidos sobre la base? Este lugar está cerrado hasta más apretado que Fort Knox. Y, bueno, Dru, el quizás no tenga los mejores intereses en el corazón.Está en la casa de los botes, o que era y dijo que no sería nunca. . . y si había estado allí. . . Pero la idea de Graves allí de pie observando mientras que Christophe me abrazó me hizo una inundación de extraña culpa inestable a través de mí. Sentí que mi barbilla se fijó obstinadamente. -Él me salvó de Sergej.-Pero lo podría haber hecho por miles de diferentes razones que no conocemos. Llamó a la Orden y dijo que era una parte de ellos, pero hay como mucha gente aquí que cree que es una especie de traidor. Y. . . - Pero él se calló y tomó


otro bocado monstruoso. El parecía hambriento, y sus hombros se abultaban hacia arriba. Ahora era delgaducho en vez de delgado. Al igual que los otros chicos hombres lobo, de hombros anchos y caderas estrechas. -Mira, tengo una idea.Me encogí de hombros aún más. -No entiendes. Ni siquiera puedo dormir en cualquier lugar seguro.-Podemos robar una silla sólida y ponerla debajo de la perilla de la puerta. Incluso si tienen las llaves, no podrán pasar eso. Y reforzará la puerta, la hace más difícil de derribar. ¿No?Fue una solución tan simple, una solución tan obvia que me sentía como una idiota. -Oh. Sí.- A menos que tiren la puerta abajo, pero estoy segura de que me despertaría con eso. Y podría salir por la ventana otra vez. Bien. -Supongo.-Muy bien. Así esto resuelve ese problema.- Él me dio una rápida mirada de soslayo. -¿Estás bien?No, yo no lo estoy. Todo el mundo me está mintiendo, estoy nerviosa, todo está jodido por todas partes, y ahora me siento estúpida. Y para colmo, me siento como que estoy mintiendo, incluso. Me estremecí lejos de ese pensamiento. Empujé mi plato. -Muy bien. Entonces, ¿cuál es tu gran idea?Él me dijo, y yo estaba aún más feliz de que yo no había comido. Estuvimos argumentando al respecto hasta que sonó la campana, y él se fue a su próxima clase.


Fui a robar una silla. Yo estaba saltando en la asistenciaclases-cada día-, pero la silla era más importante. Y si rompía a alguien tratando de matarme, una silla haría mejor que una clase. Por lo menos yo sería capaz de dormir. Mientras estaba en ello, traté de pensar en cómo entrar y robar la pistola de vuelta, también. Una vez que tuviera un arma de fuego, me sentiría mejor con un montón de cosas. Si más vampiros me atacaban o alguien más venía detrás de mí, mientras que Christophe se había ido, un arma de fuego me haría mucho mejor que una silla o una navaja. Me llevé la silla hasta los largos vuelo de la escalera, entrando en mi habitación, y me detuve a dos pasos en el interior. Alguien había estado aquí. Yo lo sabía, aunque nada había sido movido. Incluso el polvo no fue molestado, pero la habitación no olía bien. Frío y calor se peleaban por mí. Ninguno ganando. Se me cayó la silla sobre la alfombra descolorida y tomé la navaja. Mi mano se detuvo a mitad de camino. Nadie estaba en el aquí y ahora; el puño desatado dentro de mi cabeza acarició el aire con los dedos sensibles y me lo dijo. Barría la puerta cerrada y observé bajo la cama, dejando a un lado el volante polvo. El Malaika todavía estaba allí, aceite de madera con su suave brillo propio. Así era la billetera de papá. Pero el


mechón de pelo de Christophe en mi mesita de noche se había ido. Mi corazón saltó en mi garganta. Me quedé en el borde de la masa pintada de azul, el frío volviendo hasta que tuve que apretar los dientes para evitar que castañetearan. Allí, con delicadeza atrapado en la veta de la madera, había un simple, rizado, pelo de oro. Había un montón de rubios cabellos rizados en esta escuela—Dibs, Rubio el profesor, Irving. . . ¿Cuál de ellos pudo estar en mi habitación? Me agaché allí por mucho tiempo, abrazándome a mí misma. El frío había finalmente ganado, y no se fue.


16 Traducido por esmeralda38 y Lilith Cromwell Corregido por lorenitah Me las arreglé para tomar un par de horas de sueño con una silla de madera apoyada en el pomo de la puerta. Tan pronto como me establecí allí, la sensación de alivio fue intensa, pero de corta duración. Me tropecé con mi cama, caí en ella y sólo desperté cuando una barra de débil luz de la fría mañana luchaba contra la niebla y el cristal de la ventana tocó los pies de la cama. Mi reloj interno estaba totalmente confundido por ahora, pero no parecía importar. Además, moverse alrededor durante el día significaba que no habría imbéciles, y muchos de los profesores estarían dormidos. Me paré frente al espejo del baño y utilicé todas las palabras sinónimas de maldición que sabía. Tú puedes hacer esto, me dije por centésima vez. Vamos... No es gran cosa. La luz del sol empapada por la lluvia entraba por la ventana de la habitación azul. Revisé mis zapatillas de nuevo y froté mis manos contra mi suéter. Medí con mis pasos la longitud de la habitación, me dejé caer de rodillas para mirar bajo la cama, y vi las curvas de la leña brillantes de polvo.


¿Cuándo volvería Christophe? Tan pronto como me pregunté a mi misma, empujé lejos la pregunta. No había ninguna razón para no trabajar intentando averiguar quién estaba detrás de mí, y para hacer eso, necesitaría aliados. Los chicos djamphir no iban a ser ningún tipo de ayuda. Por lo que fue el lobo. Justo en ese momento, había dos grifos en la puerta. Corrí, corrí a través de la alfombra, y tiré de ella para ver a Graves fuera, derecho. La sala estaba llena de sombras, por lo que sus ojos verdes brillaron bajo su pelo desordenado. Lo sacudió y me dio una sonrisa vidente, luego puso su dedo sobre sus labios. Asentí. Me dio mi equipo (tejanos, camiseta térmica bajo un suéter de lana gris grande, zapatillas y el medallón de mi madre guardado con seguridad), una crítica de nuevo y se encogió de hombros. Supongo que él pensó que iba a tener frío o algo, pero yo lo sabía mejor. Si íbamos a hacer esto, iba a sudar.

No es gran cosa. Vamos, Dru. Anímate. Además, tenía frío, en el fondo no había suficiente cantidad de lana para calentarme. ¿Quién iba a entrar en mi habitación, coger pelo de Christophe y dejar uno de los suyos detrás? No tenía sentido.


A menos que fuera Rubio el profesor, y tenía una razón para decirle a alguien (tal vez Anna) que Christophe había estado en mi habitación. Yo no sabía lo que pasaría entonces, pero probablemente iba a ser desagradable. Pero lo más probable habría sido que me hubieran arrancado de la cama y me pregunto ahora, ¿no lo haría? Intenté decirme a mi misma relájate, que iba a averiguar algo. Ni siquiera compré mis propias charlas por ahora. ¿Y qué diablos iba a hacer yo? Pero no podía echarme atrás. Y Graves… Él hizo una seña. Salí y le seguí por el pasillo. Se veía la luz del sol, Schola todavía estaba durmiendo. Él, de vez en cuando, se paraba, levantando la mano, y esperábamos por un rato o cogíamos una ruta alternativa. Parecía como que él había estado explorando mucho en las últimas tres semanas. Pero eso no me sorprendió. Conocer tu terreno es una buena costumbre estratégica, y yo tuve una buena idea de la distribución también. Yo debería haber tenido una mejor, haber ido explorando en vez de estar de pie en frente del arsenal o abatida en mi habitación. Lo haré, podré y voy a hacerlo, Dru. Además, no vas a estar aquí por mucho más tiempo. Di un paso suave, respirando por la boca y finalmente terminamos en un pasillo en algún lugar de las profundidades del edificio. Graves eligió izquierdas y derechas aparentemente al azar, y tomamos a la derecha en un callejón sin salida. Había una puerta blanca situada


en la pared. Llegó, se puso de puntillas e hizo algo a la pequeña caja de plástico que se aferraba a la pared. Había cables enroscados, chasqueó los dedos y abrió la puerta con una sonrisa. Irrumpió la luz del sol de media mañana, y salimos de la Schola. Respiré profundamente. Hojas podridas, tierra mojada, lluvia en el viento que tocaba los rizos volando libres en mi coleta. La luz me sentaba bien, vertiendo sobre mí. La niebla, probablemente volvería al atardecer, pero para entonces teníamos un claro cielo azul y un sol que parecía una moneda entre amarilla y blanca. Altas y blancas nubes con forma de colas de caballo peinaron el pequeño horizonte, lo pude ver con los árboles tan de cerca. En primavera probablemente sería bonito estar aquí. Lástima que no estaría allí para averiguarlo. Graves cerró la puerta con un click. —Vamos, que es tarde. —Nunca seré capaz de coger este camino de nuevo. — murmuré —Sí, bueno, la próxima vez será diferente. Te están mirando muy de cerca, ya lo sabes. No es tan malo salir cuando soy solo yo. —Yo siendo tan valiosa y todo —Y aquí hay otro svetocha. Pero todavía no le había hablado de eso. Parecía una mala


idea. Estaba luchando con lo que decirle sobre alguien robando el pelo de Christophe, también. Dos cosas me pararon. ¿Qué podía hacer al respecto, y si él me preguntó qué estaba haciendo Christophe dejando unos pocos pelos en mi habitación, qué iba a decir? ¿Qué podía decir? Secretos en todas partes, que presionan por mí. Soy buena manteniéndolos. Quiero decir, Jesús, toda mi vida era nada pero los secretos del tiempo murieron con mi abuela. Pero es mucho más fácil evitarlos cuando tienes a alguien que sabe respirar en la misma habitación. Llevarlos solo es como tener un peso enorme en los hombros y en el pecho, un peso que no te puedes quitar ni siquiera cuando estás durmiendo. Graves dejó escapar un suspiro de cansancio. Estaba casi sonando como Dylan, ahora. —Sí, bien, estoy empezando a pensar que está pasando algo más. Mira, se supone que tú estás entrenado para sobrevivir, ¿cierto? Todo el mundo aquí está programado para trabajar duro, infantería. Las tropas de choque. Pero en el instante en el que apareces en una clase (excepto Kruger, eso es) te callas y los niños tienen día libre. Es extraño. Es como que están esperando algo. ¿Kruger? ¿Quiere decir Rubio en la clase de historia? Me hizo sentir un poco mejor, si honestamente estaba tratando de


enseñarme, tal vez no había entrado en mi habitación. Me encontré con el problema mental de qué podría tener y levanté mis manos mentales desesperada. Christophe dijo que yo estaba supuestamente aprendiendo y que él volvería. Pero él estaba haciendo arreglos para sacarme de este sitio. Algo que no había considerado antes me golpeó: ¿Y dónde es que va a dejar Graves? Me lo imaginaría cuando el momento llegara. O al menos, eso me dije a mi misma. Pero me sentí todavía peor. —Sí, bien. Christophe no es muy popular por aquí. La mitad de los profesores le odian y el lobo dice que tiene una larga historia como idiota arrogante. Acerca de la única persona que es neutral es Dylan, pero tiene sus cosas extrañas. Siempre te está mirando. Es espeluznante. —Sí. Arrástrate alrededor de aquí. Pero estamos en una escuela llena de werelobos y vampiros imbéciles. — No sabía qué pensar sobre Dylan tampoco. Todo el mundo estaba actuando raro. Que era probablemente lo esperado en un sitio donde el Mundo Real se daba por sentado, pero… Me alegraba tener a Graves. Y cuando Christophe volviera, yo discutiría con él para que Graves se viniera con nosotros. Él aceptaría, tenía que aceptar. Y una vez estuviéramos fuera de aquí le podría contar todo a Graves


Tan pronto como decidí eso, me sentí algo aliviada. Graves soltó escapar una risita amarga —Punto. Algunos de los profesores tienen algo en contra de Dylan también. O con él. Es como ver —Reino Salvaje— aquí. Mucho más interesante que en el instituto. Confiar en él para dar ese giro. —El instituto también es una jungla. —Le seguí por un camino cubierto, casi trotando para mantenerme al nivel de sus enormes zancadas. Él todavía llevaba sus botas y una chaqueta. Hubo un bote en su caminar. Incluso estaba sonriendo. —Es verdad. —¿Estás seguro de que esto va a funcionar? —Cristo, incluso me parecía cierto. Casi melancólico. —¿Quieres amigos, cierto? No te odian, Dru. Esta es una buena idea. Créeme. Creo que era la primera vez que había visto al chico gótico feliz. La mayoría de veces no era más que el tipo de trato que tenía con él. Pero ahora se veía muy brillante y resplandeciente, con la cabeza alta y su pelo peinado hacia atrás. La diferencia esencial de un cambia formas es que brillaba, sutilmente diferente que un lobo pero estaba lejos de la hermosura de un djamphir. La felicidad se veía bien en él, con fuerza en vez de la rareza en la arquitectura de su cara. Pómulos altos, nariz grande,


la barbilla demasiado fuerte también, pero él se veía mejor estos días. O al menos, no tan extraño. Le estaba mirando tan intensamente que casi tropiezo, tuve que mirar por donde iba. Corrí a su lado, a través de los arbustos cubiertos de maleza y leña. Tomó el camino hacia la izquierda cuando la pista se dividió y terminamos en un pequeño claro en el boscoso lado oeste de Schola. Aquí el bosque tenía curvas y abrazaba los edificios. Había como quince werwlobo reunidos. Todos ellos se quedaron inmóviles cuando me vieron. Dibs soltó un chillido y se encorvó hacia abajo. Intenté no mirar su pelo. Tenía el corazón en la garganta. —¿Qué coño estás haciendo? —gruñó Shanks. —Ella viene con nosotros. —Graves no se inmutó ni lo más mínimo —El Bloodkin la mira. —Otro chico se encorvó del tronco caído en el que estaba encaramado, subiendo y saltando en el suelo lleno de hojas—. Y ella es lenta y torpe. No estamos esperando a nadie. —La saqué sin que nadie lo supiera —Graves se cruzó de brazos—. Ella estará al nivel. —Por favor. Es una de ellos. —dijo Shanks como si tuviera algún tipo de enfermedad.


El labio superior de Graves se levantó en una fracción — Ella está conmigo. ¿Tienes algún problema? ¿Quieres una chica que te patee el culo de nuevo? Traté de parecer peligrosa. Probablemente sólo tuvo éxito mi mirada reflexiva. O estreñida. Pero Dibs me llamó la atención y de hecho me guiñó el ojo. La luz del sol corrió por su pelo grasiento y vi un poco de una sonrisa alentadora antes de que él mirara al suelo. Nadie lo notó. Y yo no podía ver a Dibs entrando a escondidas en mi habitación para robar cualquier cosa. Los labios de Shanks se alzaron en un gruñido silencioso. — Si la atrapan con nosotros, ella no es a quien van a castigar. ¿A ti te gusta tanto la detención? ¿Qué está mal contigo? —Es hora de que ella conozca más acerca de este lugar. — Graves no se veía perturbado en absoluto—. Si la atrapan, me van a castigar a mí. Fue mi idea de todos modos, y quejándose sobre la detención es para mujercitas. Ahora, ¿vamos a hacer esto, o vas a estar allí frunciendo los labios durante todo el día? —No me gusta. —Dijo una werelobo de cabello rubio junto a Dibs, una con una cara redonda, una mata de pelo dorado. Con ondas, no rizos—. Ella no va a ser capaz de mantener el ritmo. —Ella mantendrá el ritmo. —Graves bufó y rodó los ojos—. ¿Vas a correr o no?


—Déjala intentarlo. —Un bajo y compacto lobo con rastrojos oscuro en todas sus pálidas mejillas habló—. Si algo sucede, ella no va a delatarnos. No es una soplona. —Eso es verdad. —Dibs asintió vigorosamente, sin dejar de mirar al suelo—. Dru no va a delatarnos. Ella es buena. Ella no es como ellos. Ellos ni siquiera se limpiarían las botas en nosotros. Silencio. Todos ellos estaban de pie, dándole vueltas al asunto. Eso es lo que pasa con los lobos, toma un tiempo antes de que ellos pudieran hacer cualquier cosa. Todos tienen que estar de acuerdo antes de que algo suceda. Una vez que piensas en el hecho de que tienen los dientes y garras, tiene más sentido. Si no encuentra la manera de cooperar, discutirían unos con otros derechos a la extinción. Por último, un murmullo se formó a través de ellos. Pensé en tratar de lucir confiada. Teniendo en cuenta que llevaba un par de secretos culpables, supongo que estaba funcionando. Alguna tensión esencial se filtró de Graves. Me dio una mirada de reojo, los ojos verdes brillaban. Me incorporé un poco. Era evidente que ellos habían tomado su decisión —Huh. Bueno… —Shanks empezó—. Bien. Es tu trasero, de cualquier forma. Piensas que puedes mantener el paso ¿niñita?


Sabes, odio que la gente me llame así. —Haré lo mejor que pueda. —Intenté no sonar sarcástica, fallé miserablemente. Graves no hizo una mueca, pero estaba probablemente bastante cerca de hacerlo. Tan pronto como las palabras salieron de mi boca, una corriente eléctrica pasó por la asamblea werelobo. Miré a Graves cuando todo el mundo empezó a ponerse de pie, quitando el polvo de su ropa, uno o dos de ellos se balancearon en el lugar. Había mucha energía nerviosa en ellos, crepitando bajo sus pieles. No estoy preparada para esto, en absoluto. Graves me envió una única mirada. Ya sabes, cuando conoces muy bien a alguien, todo lo que necesitas es una mirada, un pequeño movimiento en la ceja, el fruncir de unos labios, era como eso. Sus verdes ojos decían ¿estás segura? Mi rostro cambió. No, no lo estoy, estaba diciendo, pero voy a hacerlo. Me dirigió una sonrisa torcida, y Shanks giró sus hombros, dejó caer su cabeza hacia atrás, inhalando por un largo momento, llenando sus pulmones de aire. El sonido de un crack pasó por el claro, y noté mi propia respiración acelerándose. Solo escucha el aullido, Graves había dicho. Va a decirte todo lo que necesitas saber. Deja que te guie. Yo estaré justo a tu lado.


Ellos empezaron a gruñir, todos ellos, el sonido subió como el vapor. Graves estaba tenso, dolorosamente silencioso a mi lado. Realmente esperaba que eso funcionara. Entonces lo pensé, Si soporté a Christophe abrazándome tan fuerte que mis huesos sonaron, si pude resistir subir por el techo del Schola, y si pude manejar estar nariz a nariz con Ash, probablemente podría manejar esto también. Probablemente. La cabeza de Shanks volvió a su posición normal, pelaje arremolinándose sobre sus mejillas, sus ojos brillaban dolorosamente. Verlos cambiar a plena luz del día era algo muy diferente. Perdí prácticamente todo mi aire cuando sus familiares formas masculinas se desasieron como arcilla bajo el agua, algunos se acuclillaban ahora, sus rodillas separadas y sus manos enterradas en las hojas en la tierra. Entonces, como si de una señal pre-ensayada se tratara, todos levantaron el mentón y aullaron. Escuchar el aullido de un lobo es… bueno, es horrible. El sonido es vidrioso, llegando a un rango de audición superior, y el montón de patas en la nieve y corriendo con el congelado viento golpeando el fondo de tu garganta como estrellas. Debajo de ese borde vidrioso está la canción de la carne destrozándose, el sudor de la caliente sangre, y el salvaje crujido de los huesos con afilados dientes blancos.


La peor parte es como sube hasta tu cerebro, presionándose como afilados trozos de cristal contra la suave carne del cerebro, y te arrastra, la puerta se cierra de golpe la socialización de mantener lo más profundo el aullido dentro y controlado. La cosa con 4 piernas y garras que vive dentro de todos nosotros. Una persona civilizada se alejaría de esa cosa. En la Schola, ellos lo llamaban el otro. Werelobo solía violar las leyes de la termodinámica y la física, para dejar libre a la bestia interior. Y Graves, un loup-garou, las usa de una forma diferente para la dominación mental, en lugar de para cambiar físicamente. Me pregunto cómo, y por qué, y desearía que ellos de hecho me entrenaran en lugar de echarme de la clase de kínder. No importaba. Me iría pronto de cualquier forma. Los dedos de Graves se deslizaron entre los míos, calientes y duros. Él presionó mi mano, y yo me sobresalté. Mi reacción inicial fue de pánico, se metió más profundamente dentro de mi cabeza, dejando las patas los pequeños dedos luchadores suavemente atrapados en la puerta de mi cerebro. Pero la parte trasera de mi garganta, donde el hambre había pasado, aún estaba completamente sensible, y el grito del lobo me raspaba como la lengua de un gato.


El grito modulado, que termina en un sonido solitario bajo, y el lobo se movió. Graves saltó hacia adelante, y yo tenía que seguirle el paso o perdería mi brazo. Mis pies se deslizaron en las hojas y la suciedad, y el miedo llegó, rompiendo a través de mí y yaciendo contra de mi lengua. Graves me arrastró. Tenía suficiente trabajo con mantener los pies en el suelo. Los otros lobos saltaban en formas fluidas, y empecé a tener un muy, muy mal sentimiento por todo esto. Llegamos a la parte alta de una colina boscosa, inclinada hacia abajo un montón de piedras y raíces de árboles, robles y arces en pie sin hojas mojadas y secretos, aferrándose a la tierra para que no se deslizara. Graves me tiró hacia delante, y como empezamos a caminar sus dedos se apartaron, alejándose libres de los míos. Estaba cayendo. Mi pie golpeó una zona, la zapatilla se salió de mi pie, y sabía que iba a terminar en un montón en el fondo. Mi corazón dio un vuelco; di un fuerte, desesperado grito y el mundo giró de nuevo, fuerte. Mi otro pie, lleno en la parte superior de una roca que ni siquiera sabía que estaba allí, y mi cuerpo se despertó, la sensación de hormigueo me recorrió por completo. El aspecto que me inundó como el calor del alcohol en un estómago vacío, el Rayo y Coca-Cola que solía beber mientras esperaba a que mi papá viniese a casa y me recogiera. El estallido de calor pasó a través de mí, mis


dientes se volvieron sensibles, y hasta mi pelo se estremeció como el aspecto se deslizó a través de él. El medallón de mamá se dilataba ardiente, como si se fuese a fusionar contra mi pecho. ¿Alguna vez has corrido tan rápido, que pensaste que tu corazón iba a estallar? Solo estás tú y tus piernas y el sonido del viento en tus oídos mezclándose con el latir de tu corazón. La endorfina aparece si es que puedes correr por el tiempo suficiente, y de pronto ya no estás pensando. Tu cuerpo está haciendo todo el trabajo. Salta como una gacela, baila como una estrella, y el único pensamiento en tu mente es Dios, sigue avanzando, no dejes que esto se detenga, no dejes que se detenga jamás. Corriendo. Con un werelobo. Sus figuras borrosas pasaban a mí alrededor, los aullidos distorsionados a causa de la velocidad, manchones de la luz del sol sobre los pelajes y los ojos brillantes mientras nos movíamos en masa. Ellos se esparcieron a mí alrededor, y si hubiese tenido tiempo, me hubiese preguntado quien dirigía los movimientos. Pero era suficiente solo para correr. Si yo solo corría nada más importaba, y yo no tenía que pensar en mamá y papá o en mi abuela o en Christophe o en cualquier otro millón de cosas que se movían en mi enredada cabeza. Yo podría solo ser. Era como ese lugar


justo en medio del Taichí, donde el mundo se desvanecía y solo quedaba el movimiento, la fuerza y reacción esparciéndose por los brazos y piernas, manos como aves y pies como herraduras de caballo. Llegamos a la cima de otro monte. El mundo estaba girando bajo mis pies, ni siquiera tenía que moverme hacia adelante, solo bajar mi pie de cuando en cuando para tocar la tierra. Escuché el sonido del batir de las alas del búho de la abuela, y ondas de alegría pasaron por mi cuerpo, una sensación de limpieza antes de la rabia del hambre de sangre. Estaba clara. Estaba viendo a través, era una chica hecha de cristal, y esta era la mejor cosa en el mundo. No sé durante cuánto tiempo duro pero la fuerza se desvaneció. Intenté con más y más fuerza por mantenerme en el mundo, estaba dando lo mejor de mí cuando alguien tomó mi brazo y todo empezó a temblar y girar. Aterricé fuerte sobre mis rodillas, me sacudí y vomité. Alguien cayó a mi lado y dio golpecitos en mi espalda. Otro par de chicos también tosían. —Jesu Christo, —murmuró alguien, una voz de tono infantil. Alguien más se rió, un sonido más alto, y la risa se pasó a el resto de ellos. Burbujeó en mi propia boca, mi estómago informándome, diciendo oh dios santo, no debiste hacer eso.


Mis piernas estaban en llamas. Todo mi cuerpo estaba en llamas y mi espalda era una barra solida de dolor, pero no importaba. Lo único que importaba era Graves junto a mí, frotando mi espalda y riendo como si el acabase de encontrar la navidad en sus pantalones. Dibs estaba a mi otro costado, en sus rodillas y cargándose contra mí, tosiendo. Sus ojos eran brillantes con lágrimas cayendo por sus mejillas, pero él no estaba triste en absoluto. Entonces Shanks se puso en cuclillas fácilmente delante de mí, lavado y barrido por el viento, las hojas atrapadas en su pelo grueso y oscuro. —Bueno. Mantuviste el paso. —Por una vez, no sonaba arrogante—. Nunca ha pasado eso antes. —Te lo dije. —Graves no tenía aliento. Una risa-hipo interrumpió las palabras—. Está en los libros. Svetocha puede mantener el ritmo. —Huh. —El chico alto me miró. Intenté no vomitar sobre él. Con razón Graves me dijo que no comiera nada antes. Pero dios. Logré conseguir algo de ¿Cuando…podemos…hacer eso…de nuevo?

aire

Con eso, todo el mundo empezó a reír. Algunos de nosotros seguían recuperándose, pero el buen humor se esfumó. No importaba cuanto dolía o cuando mi corazón quería salir por mi boca. No importaba que todo estuviese jodido más


allá de cualquier reparo y que estuviera parada a ciegas, en medio de un juego que era demasiado grande para mí. Todo lo que importaba era el sol en mis hombros, los lobos reuniéndose a mí alrededor, y todos y cada uno de ellos repentinamente mirándome como… si… Como una amiga. Y Graves justo a mi lado, su mano haciendo pequeños círculos en mi espalda, su rostro brillando. Era como si estuviera de pie en el techo del Schola y ver el mundo apareciendo bajo mis pies, pero no era para nada tan solitario como eso. Era lo mejor que había sentido desde que mi mundo se cayó a pedazos cuando un zombi entro por la puerta de mi cocina. Hey, coges lo que puedes conseguir.


17 Traducido por angel Corregido por BlackRose El aula en desuso estaba en las entrañas de la Schola, y tenía una pizarra vacía en la pared curvada. Estando llena con lobos, la habitación entera tenía una sensación nerviosa, inquietante en este. —Así es que no te están enseñan nada. —Shanks asintió—. Sí, nos preguntamos acerca de eso. ¿Qué más se estaría preguntado acerca de mí? —Yo, uh, sólo no voy. Es toda una remediadora mierda que podría meterme en la escuela secundaria normal. Graves negó con la cabeza. —Escaparse no está permitido para cualquier otro. Es un viaje para la detención, y ¿quién quiere eso?, ¿entonces por qué dejarte a ti hacerlo?, digo, tú eres especial y todo, —él ignoró la risa disimulada de Shanks— pero no tiene sentido, y meterte en clases correctivas no tiene sentido tampoco. Especialmente con la posibilidad de que tú sabes quién va a enterarse que estás aquí… ellos deberían quererte entrenada y entrenada duro, así tú tienes una mejor oportunidad de sobrevivir. —Y entonces allí está Christophe. —Shanks estaba sentado en un polvoriento sofá marrón, ocupando la mayor parte de


esté con sus largas piernas. Una onda de escalofrió corrió rápidamente a través de los lobos por el nombre—. Él no ha estado por aquí por años, pero están asustados de él. —¿No lo estarías tú? —comenzó a hablar Dibs—. Él es peligroso. Simplemente miren su registro de matanza. Él nunca ha querido hacerse gustar, tampoco. —Pues bien, las personas lo han estado llamando un traidor desde hace tiempo, pero nunca en su cara. —Shanks se encogió de hombros—. Él cogió la mayor parte de las hojas de su pelo. —Y la trajo—. Conozco al primo de Juan hablé con él la semana pasada por teléfono. Cuando Christophe estaba tratando de salvar nuestros traseros, alguien estaba tratando de matarlo. El grupo de batalla recibió una directiva para matar a un nosferat, y él no se percató que no era un vampiro pero Christophe hasta que el chico había mantenido alejado cada uno de ellos y tuvo un montón de oportunidades para matarlo pero no lo hizo, y él era djamphir para rematar. Y él judío tú sabe quién pero bien, para rescatarla. Una sensación de calor me traspasó. ¿Ellos sabían de Christophe y Sergej? Y ahora que había conseguido dormir un poco y correr hasta que estaba próxima a un paro cardíaco, tuve la impresión de que pensaba claramente. Si Dylan pensó que Anna estaba en lo correcto, ¿Por qué él me estaría diciendo que Christophe iba a entrenarme? Si él no lo hizo, ¿Por qué él permaneció quieto cuando ella lo acusó?


¿Por qué dijo que estaba de mi lado? ¿Y cuál era el juego de Anna con el archivo y las imágenes de la casa en que mi madre había muerto enfrente? No recordé mucho acerca de la noche en que mamá murió. No quise recordar acerca de esa noche. Tenía cinco años de edad, por dios. Probé resolverlo otra vez dentro de mi cabeza. Christophe dijo que Dylan era leal. Había llevado esa nota entre ellos como un mensaje, y Dylan se suponía que me encontraría si había otro ataque del vampiro. Pero no se suponía que debía decirle a alguien, incluso a Dylan, que había visto a Christophe. Eso no tenía sentido tampoco. Pero había estado tan confundida por el calor del cuerpo de Christophe en contra del mío. . . No pienses acerca de eso, Dru. Jesús. ¿Pero que más había que pensar? ¿El cabello rubio enganchado en mi mesa de noche? Otros secretos, otras mentiras, ¿todo está presionándome? —Algo está mal. —Dijo otro lobo—. Ellos sólo la observan. Y luego está la otra noche. —Sí. —Graves se inclinó hacia adelante junto a mí. Él todavía no se había quitado su abrigo, y supe por qué. Estaba frío en el aula, especialmente con el sudor secándose en mi piel—. Nadie vino a recogerla del aula para llevarla a


su cuarto… ¿No es un poco sospechoso, dado cómo la observan? Clavé los ojos en la pizarra agrietada. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que había visto una pizarra real? La mayoría de las escuelas tenían pizarras blancas hoy día. —Dylan dijo que no sabía quién estaba vigilándome. La lista de deberes desapareció, y —me detuve repentinamente. Pude haber seguido, pero tomaba la palabra de Dylan por un montón, y no podría decir más sin explicar todo el asunto de Anna. Estaba bastante segura que hablar de otra svetocha no era una buena idea, si ello era supuestamente un gran secreto. Pero no parecía que fuera un gran secreto, tal vez. ¿Había matado Ash a cada vampiro allí? Si ellos estuvieron con Sergej y ninguno de ellos regresó, él no podría saber con seguridad que estaba aquí… a menos que el traidor, quienquiera que fuera, pudiera lograr decirle. O un vampiro pudo sobrevivir el siguiente ataque y podría ir a decirle. Las piezas encajaron dentro de mi cabeza. Christophe ha debido haberse dado cuenta de esto… era por qué él regresaba para sacarme. Era la suposición de cualquiera si él regresaría a tiempo. Mi boca estaba seca y mi corazón todavía latía con fuerza hacia delante.


—Mierda. —Shanks se frotó su barbilla—. No sabía eso. — Sus ojos oscuros descansaron sobre mí por un largo momento—. ¿Eso es verdad? Asentí con la cabeza. —Alguien tenía que venir a buscarme, o se suponía que el profesor me llevara a mi habitación. Eso es lo que pasa cada vez. Pero esa vez Rubio desapareció tan pronto como la clase estaba terminara. Y nadie más vino. —¿Rubio? —Alguien se rió ahogadamente—. Oh wow. —Kruger. —Shanks no se veía divertido—. Y su discurso útil. ¿Entonces cómo saliste de allí? —Vi… —El hábito usual de mantener el woo-woo en secreto me hizo hacer una pausa. Me zambullí delante. Éste, al menos, era un secreto del que podía desahogarme—. Vi a un búho. El búho de mi abuela. Cada vez que hay un problema, aparece y me dice que me vaya. —Aspiré profundamente—. Y así que corrí. Pero cuando estaba afuera… Vi un lobo. —¿Quién? —Shanks realmente podría perforar un hueco en alguien con esos ojos. Él se inclinó hacia adelante, tenso y expectante, como si fuera a producir algo que él podría perseguir hasta encontrar y morder. —Su nombre es Ash. Él tiene una veta en su cabeza. —Él es un Broken. —Dijo alguien—. El último Cabeza de Plata. El lobo de ustedes saben quién.


Shanks agitó una mano. —Sí, sé sobre Cabeza de Plata. ¿Tú lo viste? —No solo lo vi. Él mató a los vampiros que me perseguían. Él estaba bastante golpeado luego. Me olfateó, pero él no me lastimó. —No me estaba saliendo bien—. Quiero decir. —¿Él te olfateó? —Ellos me acribillaban con preguntas ahora, una tras otro. —¿Cómo él te olfateó? —¿Qué tan cerca estaba? —¿Estaba él sangrando? Shanks sostuvo en alto una mano. —Bajad la velocidad, todo el mundo. Jesús. Primero lo primero, ¿de acuerdo? — Él me miró especulativamente por un largo tiempo, veinte marcados segundos—. Dru. —Fue la primera vez que él había dicho mi nombre sin burlarse. —¿Tienes alguna idea de por qué estás aquí y no en la escuela principal? ¿O incluso en la escuela grande? —La principal… —Soné tan en blanco como yo debía de lucir—. ¿No es esta, una Escuela principal? ¿Una grande? —Mierda, no. —Él se rió, y algunos de los otros niños mayores lo hicieron también. No fue una risa agradable, pero no estaba dirigida en mí, tampoco—. Esto es como un reformatorio. Somos los buscapleitos, los retrasados. La Escuela real para este distrito, la primera Escuela alguna


vez hecha, está en la Gran Manzana (New York). Abajo en la línea estatal. Me preguntaba por qué diablos tú estabas aquí. Oh. —Nadie… —Ahora tenía sentido. Y por supuesto que Anna habría venido de una ciudad más grande, ¿Correcto? Estaba todo en ella. —¿Nadie te dijo en la cara que estabas en el autobús pequeño? —Él se encogió de hombros—. Eso es interesante. Pero tú no deberías confiar en lo que te dicen aun si abren sus bocas. Los Nosferatu mienten, y los medio vampiros están detrás de ellos algunas veces. Somos simplemente músculo tonto y dicen que ellos suministran las tácticas. Así es como ellos consiguen ordenarnos. —Pero sobrevivimos ahora. —Empezó a hablar Dibs—. No como fue antes, mi abuelo me dijo acerca de los Tiempos Oscuros. No están tan atrás. —Un murmullo de asentimiento le dio la bienvenida a las palabras. —Tiempos Oscuros, hombre. —Otro oscuro lobo se estremeció—. Al menos no somos esclavos ahora. —Bravo, bien. —Shanks se encogió de hombros—. Todavía nos tratan como mierda aun si no nos asesinan y esclavizan. No es un enorme paso adelante, pero lo tomaré. La mayor parte del tiempo. —Eso siempre me molestó. —Tuve que decirle a Graves—. La manera en que Christophe te trató. —El otro, más


tremendo secreto inflándose detrás de mis costillas. Lo empujé hacia abajo. No le digas a nadie, él había dicho. Y no necesitaban saber que me iría pronto de cualquier manera, ¿lo necesitaban? Graves sacudió su cabeza, el negro pelo cayendo sobre sus ojos encendidos. La inquietud en él era evidente—. Esto realmente no nos lleva a algún lado. —Paciencia. —Un lobo larguirucho delgado con hombros anchos y cabello rubio dijo. Su pelo no era lo suficiente largo para que yo clavara los ojos en él—. Así es como el consenso trabaja. —¿Qué exactamente estamos discutiendo aquí? —Quise saber. Estaba cansada de andar dando traspiés y hacer que las personas dejen caer información en mí. Quise hacer algo. Shanks levantó un dedo. —Tú estás en un pequeño satélite lleno de delincuentes en lugar de la Escuela principal. Podría ser para desviar el rastro a las personas, pero —otro dedo— Ash sabe que tú estás aquí. Lo que quiere decir que quien-tú-sabes podría saberlo. Él mató el nosferatu que atacó la última vez pero no sabemos si él mató a todos ellos. —Un dedo más, con la uña masticada hasta abajo—. Te están mintiendo sobre un montón de cosas, y rehusándose a entrenarte. —Christophe dijo que había un traidor en la Orden. —Dije, lentamente.


Shanks asintió con la cabeza. —Quienquiera que señaló la directiva para enviar a Juan y su jauría después de él, ¿correcto? Bueno. Huh. Todo el mundo reconsideró esto. Al menos, pensaba furiosamente, y todo el mundo a mi alrededor tenía una frente arrugada. Graves se movía inquietamente un poco, luego un poco más. Él abrió su boca, la cerró, y clavó los ojos en mí. —¿Qué? —Soné más irritada de lo que en realidad estaba— . ¿Sobre qué estás pensando? —Eres cebo. —Las palabras salieron planas y afiladas—. Christophe quiere saber quién es el traidor, así es que él te deja colgada delante de alguien. Tú eres su cebo para Sergej, también. Tal vez él específicamente te envió aquí. El cuarto se volvió frío cuando él dijo Sergej, y varios de los lobos temblaron. No fue como Christophe diciéndolo, con el tinte de odio en lugar del miedo categórico. Todavía enviaba una puntada de dolor por mi cabeza. Graves no pareció darse cuenta. —Él estaba por todos lados sacándote de la ciudad una vez que él se dio cuenta de que el tipo malo supo dónde estabas, ¿pero antes de eso? Él sólo se quedaba por ahí, esperando por algo antes de que él hiciera su maniobra. Tu papá tenía su número de teléfono. Hablaron al menos una vez. Y los profesores aquí, algunos de ellos podrían estar esperando para entrenarte, pero han recibido órdenes para no hacerlo, probablemente de… —Él


se fue apagando completamente—. No tengo esa parte aún. No sé por qué no te entrenarían aun si tú estás supuestamente colgada delante de los vampiros. Pero yo había apostado mi último cigarro que tú eres cebo, Dru. Quédate aquí, Dru. Confía en mí. Todo calzó en su lugar. Cuan duro como intenté, no podía encontrar un desperfecto en esa lógica. —Explica bastante. ¿Pero qué pasa con Ash? —¿Qué pasa con él?. Simplemente agradece que él no te abrió las entrañas—. Shanks rió, un sonido frío. —¿Qué ocurre si él necesita ayuda? —Continué—. He estado pensando acerca de eso, y yo… —¿Tú quieres ayudar a un Broken? ¿Tú quieres ayudar a Ash? Él estaba probablemente confundido, o él no quiso matarte aun porque tú sabes quién quiere el placer. —¡Pero entonces estaba detrás de mí antes de que él quisiera matarme!— Gritaba antes de que me diera cuenta de eso. Mi pecho dolía con la enormidad de la confusión—. ¡Él salvó mi vida la otra noche! ¡tiene que haber una razón! Graves agarró mi hombro—. Cálmate. ¿Calmarme? ¿Él quería que yo me calmara? Oh, diablos no. Estaba a punto de estallar —. ¡Toda esta conversación no logra terminar en nada! ¿Qué ocurre si podríamos encontrar a Ash? Podríamos intentar ayudarle, y entonces


tendríamos una oportunidad de averiguar algo, cualquier otra cosa. —¿Por qué estás tan obsesionada con esto?— Shanks quiso saber —. Tú pinchabas bastante duro acerca de salvar a un Broken en clases el otro día, también. Justo antes de que nos metiéramos en eso y yo pateara tu trasero. Me volví completamente fría, carne de gallina saltando en mi piel. Justo antes de que quisiera beber sangre. Justo como un vampiro—. Tú no viste sus ojos—. Casi derrotada, caí bruscamente de vuelta al sofá —. Tú simplemente no lo hiciste. Quiero ayudarlo. —Él ha sido el lobo de quien tú sabes por largo tiempo. Desde los Tiempos Oscuros, cuándo tú sabes quién lo usaba para cazar su propia clase. No hay otros Cabeza de Plata, solo Ash—. Dibs temblaba. Su tono fue suave, asustado, y terriblemente triste. Mis manos eran puños. Aspiré profundamente —. Pero él no me lastimó. ¿Y él mató cuántos vampiros? Esto no era una mala cosa a nuestro favor. Una onda los atravesó, como tinta trenzándose en agua, y supe que había dicho lo equivocado. —Lados. Ustedes los djamphir son todos iguales. Tarde o temprano empiezan a hablar acerca de lados—. El labio de Shanks se arrolló hacia arriba. —Entonces es hora para que


los lobos hagan el trabajo sucio mientras ustedes se recuestan y… La pelota de furia dentro de mi pecho se hinchó. Mis dientes hormigueaban, y sentí algo filoso tocando mi labio inferior en cada lado. Me levanté de un salto —. Al diablo contigo. —Calmémonos— Comenzó Graves. —¡Calma mi trasero! ¡Casi morí, y este pendejo actúa como si todo fuera mi culpa! La frustración hervía agudamente debajo de mi piel, punzando y pinchando. Cada secreto que yo mantenía daba empujones para liberarse —. Si vamos a comenzar con la mierda de que tú eres igual al resto de ellos, ¿entonces qué tal si encuentras a alguien más para fastidiar? ¡No pedí nacer siendo parte vampiro! ¡Mierda no lo supe hasta que todo el mundo estuviera tratando de matarme y mi papá nunca regresó!— Tuve que detenerme a aspirar profundamente. Todo el mundo clavaba los ojos en mí —. ¡Ahora nadie me dice qué diablos está sucediendo, y estoy cansada de eso! ¡Estoy cansada de sentir que estoy haciendo algo incorrectamente simplemente por respirar! ¡No pedí esto! —Nadie está diciendo— Graves comenzó. Para darle algún crédito, él estaba tratando de calmar las aguas revueltas, o algo por el estilo. Pero yo terminé de ser serena.


—¡Si lo están!— apunté con un dedo acusador a Shanks —. ¡Eso es exactamente lo que él dice! ¡Que merezco todo esta mierda de cierta forma debido a como nací! El aire cambiaba mientras me quedé sin aliento, y una onda atravesó el cuarto otra vez. Esta era fría, un aliento de advertencia. Graves agarró mi hombro, pero me aparté de él. Si alguien me toca ahora mismo iba a enloquecer absolutamente. El hambre de sangre era una pelota de furia dentro de mi pecho, y fue difícil de empujarla abajo y guardarla bajo llave. ¿Se sentían todos los otros djamphir de esta manera? Todo el tiempo, ¿o solamente cuando el exterior lo permitía? ¿Cómo lo aguantaban? ¿Cómo podría aguantarlo alguien? —Oh Jesús—. Un lobo agachado por la puerta alzó su cabeza y olfateó —. Djamphir en camino. Debe ser un maestro. —Mierda—. Shanks saltó sus pies —. Tendremos que separarnos. Si nos atrapan aquí afuera con ella…. —No te preocupes por eso—. Ya había dado vueltas en mis talones y me encaminaba a la puerta. Él dejó salir una risa de burla —. ¿Qué es lo que harás, nos delatarás?


—Debería—. Eché una mirada sobre mi hombro, recogiendo mis pasos cansados. -Pero no soy como ustedes pendejos. Mi papá me crió bien, maldición. Voy a distraer a quienquiera que sea para que ustedes vuelvan a los dormitorios y se cojan entre ustedes. Entré al vestíbulo a la carrera y me zambullí en el corredor. Aquí en esta ala hacía frío, y mis zapatos estaban mojados y cubiertos en tierra. Hice una buena cantidad de ruido, pies golpeando, gritando cualquier cosa que entraba en mi cabeza usualmente palabras de cuatro letras, rebotando de regreso a mí de la piedra y revestimiento de las paredes. Eso, al menos, distraería cualquier profesor viniendo por aquí. Los lobos podrían volver a los dormitorios y jugar a las cartas o podría dar vueltas a la botella o lo que sea, por lo que me importaba. Salí precipitadamente en el comedor. El cuál estaba extrañamente desierto, luz del sol cayendo de las ventanas altas. Las sillas estaban todas apiladas en las mesas, y tomé una pila y la eché abajo con un rebotante estrepito. Eso debe sacar a alguien. Mi corazón golpeaba, y la pura injusticia de todo ello se levantó para estrangularme. La pelota de furia detrás de mis costillas echó humo e hirvió tan duro que mis ojos gateaban calor y agua. —¡MALDITO ESTE LUGAR!— ALGÚNAS RESPUESTAS!

Grité—.

¡QUIERO


—No necesitas gritar —. Alguien dijo detrás de mí, y yo me di vuelta rápidamente. Dylan salió de las sombras con un chirrido de cuero, parando justamente cerca de la pesada luz del sol amarilla —. Tú deberías ser más precavida. Si yo puedo pillarte durante el día, también puede alguien más. Tomó un par de segundos para que mi corazón bajara de mi garganta. —¡Jesucristo!— —Nope. Simplemente yo —. Una sonrisa torcida alzó las esquinas de sus labios. Pero sus ojos oscuros eran serios, y había anillos amoratados que se veían debajo de ellos —. No tenemos mucho tiempo, Dru. Vamos. Tú sabes, algún otro día probablemente me habría ido con él. Pero no hoy. Estaba cansada de seguir a las personas, cansada de dejarme llevar de la nariz. —¿Dónde? ¿Quiere él verme otra vez?— Dylan suspiró, un sonido familiar. Los anillos insomnes debajo de sus ojos correspondieron a la tensión alrededor de su boca, y su pelo estaba desordenado también —. Tú no deberías esperar. Vamos, Dru. Por favor. Tengo algo para mostrarte. Plegué mis brazos y me rehusé a moverme —. ¿Por qué debería esperar que no? —Porque no estoy tan seguro que Milady puede ser de confianza—. Él dio un paso atrás, alejándose de la luz del


sol —. ¿Vienes, o tengo que esperar por otra oportunidad cuando yo esté de servicio para vigilarte? —¿Tú estabas de servicio? Él se encogió de hombros —. ¿Por qué piensas que te dejo salir con tus pequeños amigos? Por lo menos yo estoy seguro de que él y sus lobos no te matarán, aun si son delincuentes y ladrones —. Otros dos pasos hacia atrás. Los ojos de Dylan brillaron intensamente, el aspecto pasándole por alto y retirándose en olas, enviando dedos de ébano resaltando por su pelo —. Dru. Créame. Tú quieres ver esto, y no es seguro hablar aquí arriba. ¿Aquí arriba? Suspiré. Era lo que todo el mundo decía: Confía en mí, Dru. Créeme, Dru. Déjame hacer lo que quiero, Dru. Estaba desvalida, la manera en que había estado todo el tiempo. Y la idea de que Christophe tal vez no regresaría por mí, que él estaba usándome como cebo, que podría estar atrapada aquí por un tiempo, era suficiente para quitar la pelea de cualquiera. Mis hombros cayeron bruscamente. La humedad en mis mejillas se aferró a mis dedos cuando las toqué. Lo seguí.


18 Traducido por hormiguita Corregido por anelisse Pasaba mucho tiempo siguiendo a los chicos a través de los muros de piedra. Dylan no habló por mucho rato, simplemente me llevó al ala norte. Él se movió silenciosamente con sus pesadas botas de ingeniero, con la peculiar gracia de un Kouroi. Creo que su chaqueta sólo crujió para crear un efecto. Al final tuve que abrir la boca —los lobos. ¿No te meterán en problemas, verdad? —Por supuesto que no. No soy uno de esos orgullosos — abrió una puerta de madera y se paró un momento, respirando profundamente—. Hay bastante más de lo que te han dicho. Me preguntaba por qué te enviarían aquí, y sobre todo, cuando la directiva decidió que necesitabas un tiempo para recuperarte y no estar en un horario de enseñanza, y que no tengas ninguna asignación de tutores o guardaespaldas este trimestre. —Su tono se volvió amargo—. Entonces Milady comenzó a meterse aún más. Y cuando Milady se entromete, hay que tener cuidado. ¿Milady? —Te refieres a la chica que estuvo aquí el otro día —La que piensa que es importante odiar a Christoper. Él también la llama así.


—Esa ‗chica‘ es la reina de la Orden, Dru, y la cabeza del Consejo. Los Svetocha son preciosos. Milady se salvó de los nosferatu 15 años antes que tu madre, y creo que esos años le dieron una muestra de ambición. Desearía… —de repente se detuvo, así que no llegué a oír lo que él esperaba—. En la Schola principal, estarías dando todo lo que tu corazón desease. Aquí lo hemos tenido que hacer debido a las restricciones de financiación. Creo que serías enviada al sur del estado tan pronto como las disposiciones estuvieran hechas. Creo que al menos tendrás una serie de tutores, por no mencionar un guardaespaldas o cinco como la misma Milady. Pero eso llamaría demasiada atención, diría la directiva. Estarías mejor protegida cuando estuvieses menos protegida porque no llamaría la atención de que estás viva, y Sergej estaría buscando pistas. Cuando lo dijo, el nombre no hizo que un aire frío y poco acogedor llegase. Sin embargo, envió un rayo de dolor a mi cabeza. Eso no tiene mucho sentido. —Eso no tiene ningún sentido. Él enseñó sus blancos dientes djamphir en una amplia sonrisa, sin ninguna alegría. —Eso es lo que yo pensaba. Pero ya he sido degradado a ejecutar una serie de reformas de una escuela pequeña para hacer de carne de cañón aquí en los palos. No tengo que cuestionar el por qué, Dru. Oh, reconfortante. No. —Espera un segundo.


Un pequeño encogimiento de hombros y un movimiento rápido, barriendo el pasado. Su chaqueta de cuero crujió. — Cuando trajiste el hecho de que Christophe te encontró también estaba la cuestión de su lealtad. Y por esto tú eres… quien tú eres. —Él empujó la puerta y me indicó que pasará a través de ella—. He estado atrapado aquí por mucho tiempo. Mi lealtad, a tu madre y a Christophe, era profesionalmente cara, por no decir demasiado. —Por lo tanto… —quería tener algo que decir. Desafortunadamente, no tenía la palabra para hacerlo. Lo intenté de nuevo—. De acuerdo. ¿Podrías hacerme el favor de empezar por el principio? ¿Qué demonios estoy haciendo aquí? —¿soy el cebo? Pero sentí el calor del cuerpo de Christophe contra el mío otra vez, no podía creerlo. No tenía sentido que pasase. La habitación era larga y baja, sin ventanas, y llena de bastidores de metal con cajas apiladas. Debió de estar así por un buen tiempo, y la única luz procedía de las bombillas de los escudos de vidrio grueso cruzados con telas de araña. Se veía como un refugio antiaéreo abandonado, con las filas de estantes retrocediendo al infinito. —Creo que estás aquí porque alguien está esperando el momento. Es la cosa más rara, pero no puedo contactar con ninguno de mis contactos regulares a lo largo de todo el estado. Este lugar es como una zona de apagón. Ahora, que


podía estar protegiéndote. Pero cada vez más esto se ve como que nadie sabe que estás aquí. Nadie en la Schola principal, en la Orden excepto Augustine y Milady, y nadie ha oído recientemente hablar de August. Ha perdido sus dos últimos llamamientos con su entrenador… quien es, accidentalmente, uno de mis amigos. —Dylan dejó que la puerta oscilara hasta cerrarse. Girándose para mirar como nerviosamente ponía algo de distancia—. Y Christophe es demasiado inaccesible también. —Sus ojos hicieron una pregunta; ¿sospechaba que había llevado su carta a Christophe? Él debía de sospecharlo. Lo que significaba que también estaba jugando a algo. Justo la clase de juego que no podía adivinar aún. —¿August está perdido? —Mi garganta se cerró demasiado, tenía problemas para pronunciar las palabras. Augie era un amigo lejano de Papá y la persona que había llamado para verificar la historia de Christophe. Justo antes de que todo se fuera al infierno con el ladrón de sueños, cuando el cielo se volvió oscuro en la mitad del día, y Sergej. Me estremecí. El sudor seco en mi piel picaba y apestaba. Era un olor agrio que tenía que llevar por ahora. Daba miedo. Ni siquiera recuerdo cómo era no tener miedo. Dylan me escudriñó por unos largos 10 segundos o así, y yo de repente, me di cuenta abrasadoramente de que estaba sola.


Nadie sabía dónde estaba. Y él me decía un montón de cosas sobre cómo sería perderse con alguien que tiene poder sobre hacer que se acabe y hacer desaparecerme. Pero Christophe me dijo que tenía que encontrar a Dylan si había otro ataque. Que Dylan era leal. Me dijo que también regresaría a por mí, y si yo dudaba de que había toda clase de cosas, que debería dudar. Oh, mierda. No confío en nadie. Ni siquiera en mi misma. —He robado esto de la armería. —Dylan hizo un pequeño movimiento con la mano y miré la pistola. Estaba al revés, la culata hacia mi lado. Era la nueve milímetros que había entregado cuando el helicóptero aterrizó en la nieve, para llevarme a la Schola y que creía que era segura. Mi corazón latía con fuerza y alto en mi garganta—. Si lo que sospecho es cierto, aquí no estás segura. No estás segura en ningún sitio, sobretodo no aquí. Extendí la mano. El pesado y frío metal contra mis dedos. Mi mano se cerró alrededor de la pistola. Abrí la presilla y la estudié, como habitualmente. Aún estaba cargada con las balas revestidas de plata de papá. — Entonces… ¿qué se supone que tengo que hacer ahora? —Vamos a echar un vistazo a esto. ¿No tienes una funda para esa cosa? Me encogí de hombros. Um, no, no puedo acceder a armas en la armería; todas mis cosas están en el camión que


Christophe está ocultando. Y no tengo manera de contactar con él. —¿Qué te parece si la escondo en el sujetador? No intenté sonar sarcástica. Pero Jesús. Me sentía mucho mejor con la pistola en mi mano. Ridículamente mucho mejor. Suspiró, un habitual y clásico suspiro de Dylan. — Resolveremos eso en un rato. De esta manera. Le seguí entre dos filas de estanterías, con la pistola apuntando con cuidado al suelo. —¿Qué se supone que tengo que estar mirando? Sus hombros se encogieron un poco. —Algo que he estado esperando por un tiempo. La copia de la que Milady habló existe, pero la que me enseñó estaba rigurosamente redactada. Yo tengo el original. Jadeé. —Whoa. ¿Lo tienes? —¿Ves? Te dije que te gustaría ver esto. El agente que transcribió el tratado era un amigo mío y un buen Kouroi. —Se inclinó aún más, como si el peso del mundo cayese directamente sobre sus hombros—. Murió solo, de un terrible sufrimiento. Fue traicionado. No creí en él cuando me dio el sobre y me dijo que no lo compartiese con nadie salvo en caso de emergencia. —Entonces, ¿es esto una emergencia?


—Ciertamente creo que esto se puede calificar así, Dru. — Dylan cogió una carpeta justo al final de la fila de estanterías y siguió su camino hasta toparse con una puerta de madera en la pared de piedra—. Pensé que podría dárselo a Christophe. Pero probablemente lo veas antes que yo. Si sigue vivo. —Me dirigió una extraña mirada, mientras se le oscurecían los ojos. La urgencia de contarle que ya había visto a Christophe peleaba con la razonable prudencia de mantener la boca cerrada. Todo el mundo mentía, por el amor de Dios. Lo próximo sería encontrar que Graves estaba jodiendo a mi alrededor. No. Él no. Lo sabes bien. Pero a Graves le parecía bien salir con sus amigos lobos. No se les veía malos tipos, simplemente estúpidos y agresivos. Hey, son de tu estilo. Y si nadie sabía que estaba aquí, ¿dónde los dejaba? Dylan abrió la cerradura con una pesada llave de hierro. — Tenemos unas dos horas antes de que Kruger vuelva para hacer guardia. Quiero que estés en tu habitación antes de eso. —Suena como un plan. —La extraña sensación volvió a apodarse de mi cuerpo. Dios, desearía que papá estuviese aquí. Incluso Christophe. Sólo alguien más para afrontar algo. Aparté ese pensamiento por enésima vez y seguí a Dylan a través de la puerta.


*** Vi pasar la naranja y dorada puesta de sol desde la ventana de mi habitación. La pistola estaba guardada en la mesita de noche, apuntando cuidadosamente a un punto en la esquina detrás de la puerta. Una copia de la transcripción, tres páginas y media, con un espacio de separación, posada obedientemente cerca de mis pies desnudos. La fecha y hora eran militares. Lo podía decir con solo echarle un vistazo. Secuencias de números desfilaban en la parte superior e inferior de cada página. El texto en el medio era constante y detallado, pequeñas hormiguitas negras andando en el blanco papel. SFR-1: la información está bien guardada. SFR-2: Eso no es algo que te concierna. ¿Dónde está ella? Estamos preparados para pagar por la información. SFR-1: Guarda tu dinero. Sólo quiero que esa bruja muera. SFR-2: Puedo encargarme de ello. Era de mi madre de quien estaban hablando. Tranquilamente comentando matarla, como si su muerte fuese algo más de su lista de la compra. También mencionaban a papá, el 'marido'. Nada sobre mí. Por supuesto, según la fecha, debía de tener unos cinco años. ¿Era el secreto de mi madre?


Apreté los ojos con tanta fuerza que aparecieron fuegos artificiales detrás de mis párpados. Era el recuerdo más doloroso de todos, incluso peor que los ojos de papá, los blancos en descomposición y el azul de sus iris nublados como si su cuerpo muerto masticara el aire y se arrastrara hacia mí. Este recuerdo estaba en el fondo de un profundo pozo en mi cabeza, y sacarlo fuera hizo que mi cuerpo entero temblase un poco. —Dru, —dijo, calmadamente pero con urgencia—. Levántate. Me froté los ojos y bostecé. —¿Mami? —Mi voz suena amortiguada. A veces es la voz de un niño de dos años, a veces de uno mayor. Pero siempre, milagrosa y tranquilamente, soñolienta. —Vamos, Dru. —Baja sus brazos y me coge con un ligero ¡Oof! Como si no pudiese creer cuánto he crecido. Ya soy una persona mayor, y no necesito que me cojan, pero estoy muy cansada y no protesto. Me sumerjo en la calidad de sus brazos y escucho el latido de colibrí de su corazón—. Te quiero, pequeña —susurra en mi pelo. Huele a galletas recién hechas y a un perfume fresco, y aquí es donde el sueño empieza a fragmentarse. Porque oigo algo parecido a pisadas, o un pulso. Al principio es calmado pero se vuelve más y más rápido con cada latido—. Te quiero mucho. —Mami... —pongo mi cabeza en su hombro. Sé que peso, pero ella me está cogiendo, y cuando me baja al suelo y abre una puerta protesto solo un poco.


Es la parte de abajo del armario. Apenas estoy segura de cómo sé que es abajo. Hay algo en el suelo que levanta y algunos de mis peluches han sido encajados en el agujero, junto con mantas y una almohada de su cama. Me coge de nuevo y me asienta en el agujero, y empiezo a sentirme alarmada. —Mami —Vamos a jugar un juego, Dru. Te escondes aquí y esperas a que papá vuelva del trabajo. Esto era un error. A veces me escondía en el armario para asustar a papá, pero nunca en medio de la noche. Y nunca en un agujero del suelo, un agujero que no había visto hasta ahora. —No quiero, —digo e intento levantarme. —Dru —agarra mi brazo, y duele por un segundo hasta que se vuelve suave—. Es importante, cariño. Es un juego especial. Escóndete en el armario, y cuando papá vuelve, te encontrará. Acuéstate ahora. Sé una buena chica. Protesto, me quejo un rato. —No quiero. —Pero soy una buena chica. Me recuesto en el agujero, porque está oscuro y caliente y estoy cansada, y la sombra en la cara de mamá se vuelve más oscura. Sólo sus ojos brillan, sus ojos azules veraniegos. Me tapa con una manta y sonríe hasta que cierro los ojos. El sueño no tarda en llegar, pero tan pronto me duermo, oigo algo y comprendo que está tapando la cubierta del agujero, y estoy a oscuras. Pero huele a ella, y estoy demasiado cansada. Oigo, muy lejos y débil, cerrarse la puerta del armario y arañazos. Y antes de que el sueño termine oigo una larga y baja risa escalofriante, como si alguien intentara hablar con la boca llena de cuchillas de afeitar, y sé que mi madre está en algún lugar


cercano, y está desesperada, y que algo malo está a punto de suceder. Mis ojos se abrieron de golpe. La luz del sol se derrama a través de la ventana, atravesando las cortinas. Las cosas no van mal sólo una vez. Van mal lo suficientemente hasta que explotan y es imposible volver a poner todo de nuevo junto. Si yo estuviese con papá en el sur en este momento, nos gustaría estar a punto de salir y hacer frente a algo, una infección de poltergeist, problemas de brujas, espíritus de cucarachas o cocodrilos, lo que sea. O estaría a punto de salir y yo estaría cocinando la cena, moviéndome por la cocina mientras encuentra el broche o ampollas llenas de agua bendita y a veces jugaba a las 200 preguntas conmigo. Él soltaba la pregunta y yo la respondía, generalmente correctamente. Esa respuesta correcta me hacía ganar una sonrisa y un: Buena chica, Dru. Aquí tienes otra más. Todo desde ¿cómo desarmas a un poltergeist? Hasta ¿Cuáles son las reglas en un bar lleno de los Otros? Y si me llevaba más de treinta segundos pensarlo, no me dejaba contestar. Saltaba derecho a explicarlo. No como tantos otros a los que les gusta llamarse maestros. Dilo, Dru. Dilo en voz alta. —No —Mi voz me sobresaltaba. Aquí estaba, sentada en esta habitación que era algo bonita, sí, pero también fría y sin alma y no había seguridad en ella. Dylan sólo acaba de


traerme de vuelta y me dejó aquí con la pistola y la transcripción, y una advertencia. No confíes en nadie. Si volvemos a ser atacados, escóndete. No dejes saber a nadie dónde te estas escondiendo hasta que todo suene claro. Lleva la pistola contigo, y por el amor de dios, mantenla oculta. Y el punto de todo esto, acaba de aparecer detrás de mi puerta. Voy a intentar de encontrar a Christophe. Necesita saber que esto es una zona de bloqueo, y que los ataques de vampiros han aumentado. Necesita salir de aquí. Allí estaba yo. Lanzando una distracción a través de mi cerebro. Dilo, Dru. Es posible que también lo necesites. —Se ha ido, —susurré. La abuela me había recluido bastante, hasta que me dejó ir y estuve en una caída libre durante esa odiosa noche antes de que papá se presentase a firmar los papeles y me recogiese. Nunca supe como lo sabía, pero entonces otra vez, ella también le reclutaba. Él no puso mucho credencial en —esa locura de Backwoods,— pero tiraba sal sobre sus hombros cuando se vertía. Serías un idiota sino, cuando estás cazando las cosas que salen en la noche.


Y a veces él sabía cosas. Él no se reía cuando la gente hablaba sobre la intuición. Nunca dudó también del mío. —Realmente se ha ido. —Sonaba incluso peor al repetirlo. Era como si acabará de darme cuenta de que no estaba soñando, que no me despertaría de este y encontrarlo en la cocina buscando balas dentro de presillas, o en su sillón en frente de la tele, o... No más viajes con la ventana bajada y un atlas en mi regazo, navegando con él a donde necesitáramos ir. No más munición de entrega a través de la ventana rota mientras cosas se deslizaban y saltaban a él. No más juegos de adivinanzas, averiguar a qué parte del mundo real nos enfrentaríamos en este momento. No volver a escuchar a alguien más respirando en la casa en medio de la noche. No volverlo a ver tumbado en su silla en frente de la televisión, no más tortitas especiales en los domingos por la mañana o la llamada cuando golpeaba la puerta. ¿Dru? ¿Dru, cariño, estás ahí? No más noches de chili o cálidos brazos alrededor de mis hombros, no más tranquilidad en medio de la noche cuando me levantaba gritando, eso no pasaba a menudo desde que tenía catorce, pero era bonito saber que estaba ahí, ¿sabes? Él realmente, se fue. Estaba sola aquí, y lo que pensaba que sería un lugar seguro se había vuelto un nido de serpientes. Como esas pequeñas tiendas en las que estuvimos antes de la partida de Dakotas. La serpiente cobriza en un acuario de


cristal, maloliente y haciendo un horrible sonido de trinquetes. Las serpientes también son malvadas. Saltarán a por ti sin advertirte. Golpeaban los lados del acuario con golpes secos todo el tiempo que estuve allí, cuando papá se encerraba con el propietario. ¿Estaba consiguiendo el número de Christophe? ¿Qué más había estado haciendo? Me froté las mejillas mojadas. Odio llorar. Se llena la cabeza con cosas estúpidas y hace que te duela toda la cara. Doblé la transcripción, dejando húmedas marcas en los bordes. El malaika aún estaba debajo de mi cama. Justo al lado, estaba la billetera de papá y una mancha de oscuridad me agarró y se fue. Era mi mochila de lona negra, aún sucia por el desastre con la nieve de Dakotas. Lo había embalado cuidadosamente mientras Graves y yo limpiábamos la casa y Christophe estaba al teléfono, discutiendo con alguien sobre venir a buscarme. Parecía años atrás. Antes, cuando yo aún pensaba que las cosas podrían estabilizarse, quizá, si yo solo le hacía frente lo suficiente. Dinero, golpeó mi cartera y en el pequeño espacio debajo de la solapa de la mochila, una especie de compartimento secreto que papá me había enseñado a coser y usar. Identificación en ambas partes. Un pequeño broche de


nueve milímetros debajo de la solapa. ChapSticks2, mi cuaderno personal, un peine, dos bolígrafos, un pañuelo, un par de mudas limpias y un sujetador, y una pequeña barra de jabón de hotel. Hey, nunca sabes. El cuaderno negro con los contactos de papá, porque pensaba que sería buena idea llevarlo conmigo. Pero si August había desaparecido, ¿a quién más podía llamar? Y tampoco es que hubiese un teléfono aquí. No había visto ninguno desde la oficina de Dylan. Shanks había hablado de tiempo al teléfono, pero no tenía ni idea de dónde encontrar siquiera un línea con el exterior. Estaba tan aislada como una prisionera. Una brújula, mapas de carreteras de Florida y del Norte y Sur de Dakota. Tampoco un mapa me haría ningún bien, pero la brújula podría ser útil. Encendí la linterna y la volví a apagar, buscando por las pilas. Aún funcionaba. Esas eran buenas cosas que tener. Un envase de viaje de ibuprofeno, una pequeña botella de agua bendita, una botella de sal. Deslicé la navaja en uno de los bolsillos más pequeños cosidos a lo largo de la parte posterior de la mochila. Sonó contra dos dólares de plata o cinco clavos de hierro. Bueno son de acero, pero el hierro es una buena defensa contra todo tipo de cosas. Resucitados, apariciones, hadas, lo que quieras. 2

Hidratador de labios


Me estremecí pensando en hadas. La gente que piensa que son todo dulzura y alas debería rezar para no correr contra un sidhe con un mal temperamento y la habilidad de robar años de tu vida. Y rezar para no oír nunca los cuernos de plata en la oscuridad de la noche, haciéndose eco a través de las montañas como cascos en un tramo solitario de un camino y la cacería salvaje en busca de una víctima. Mi abuela me enseño a no jugar nunca con las hadas. Me asustaba incluso a mí misma en ese punto, pero se sentía bien estar haciendo algo. Estar planeando, en vez de sólo ser golpeada con lo que los demás quieren que haga. Ésta preparación era algo que podía haber hecho en mi sueño. La billetera de papá volvió al compartimento secreto debajo de la solapa. Doblé la transcripción una vez más y lo metí en la agenda negra de papá, después cogí la nueve milímetros y busqué la presilla una vez más. Era un hábito. Rompí la funda de la almohada de la cama azul y envolví la pistola, así nada podría presionar contra el gatillo. Puse el arma envuelta en la mochila y deseé tener la funda. Desearlo no me haría tener una. Vamos, Dru. Piensa. Piensa bien y rápido. ¿Cómo lo puso papá? Piensa con lógica. Mi lógica no estaba funcionando muy bien últimamente. Pero le daría un intento de la vieja escuela.


Anna quería que pensara que Christophe había traicionado a mi madre. Pero él me había salvado, así que no tenía mucho sentido. Ella también pensaba que era tonta. Sólo enseñándome dos fotos de la casa en la que habíamos vivido antes no iba a hacer que no confiara en Christophe. A menos que... Las cosas explotaron detrás de mis ojos, mi cerebro haciendo al fin conexiones. Oh mierda. Mis manos estaban templando. Levanté una de ellas. Incluso mis dedos estaban inquietos. Agarré el medallón y lo froté con el pulgar, fuertemente, como si pudiera echar el miedo fuera. Enseñándome dos fotos era inútil. Salvo que quisiese saber qué recordaba de esa casa. La había escrutado cuidadosamente mientras intentaba no mirarla directamente. ¿O por qué diablos vendría todo el camino ella misma, especialmente desde que era peligroso para svetocha? Guardaespaldas y tutores, y aquí estaba encerrada en mi habitación mientras decidían que hacer conmigo. ¿Por Anna o por Serget? ¿Acaso importaba? Bueno, Dru, hay palabras que se aplican. Jodeos. Sobre intentar ocultarlo.


Pero, ¿qué pasaba con Ash? Y ¿Qué pasaba con Christophe, pidiéndome que esperase? ¿Podía depender de él para regresar a por mí? No importa. No puedes ayudar a cualquiera de ellos si estás muerta. Rubio tiene el deber de vigilarte en todo momento, pero tan pronto como se haga oscuro, será la hora de la primera clase de la tarde y él se habrá ido. Tendrás una oportunidad. Una oportunidad de hacer qué. ¿Qué podía hacer? No estaba por arrastrarme por los tejados por la noche. Por lo menos sabía que Christophe estaba vivo. Podía ser la única persona que lo sabía seguro y aún así, nada podía pasarle en los próximos días. Y ahí estaba el hecho de que podía estar usándome como cebo. Todo dentro de mí se levantó en rebelión contra ese punto, porque todo el tiempo que pensaba en él, sentía su calor contra mí y olía una pizca de pastel de manzana suya. Quizá debería simplemente esperar a... Dru, estás contando en otras personas para salvarte. Eso no va a pasar. Dejé escapar un tembloroso suspiro. Esto es todo sobre ti. ¿Y qué pasa con Graves? Mierda. Es la única esperanza en el plan. Pero si no estuviese alrededor, ¿estaría en mucho peligro?


Y él era feliz aquí, incluso si se trataba una escuela reformatoria. Graves simplemente estaba de color rosa saliendo con sus peludos amigos. Sus peludos amigos, a los que les gustaba culparme incluso por haber nacido. Jesús. Una banda de sombras se movía por la ventana mientras el sol se hundía, la luz tomando ese color de dorado meloso en la mejor hora para la caza, si pudiese. Nunca había estado mucho en la fotografía, pero recordaba dibujar con esta luz mientras mi abuela giraba el hilo o terminaba la cena, a veces cantando en su manera atonal, otras veces murmurando imprecaciones en caldo de pollo o verduras. Extrañaba ambas cosas, ella cantando y el silbido constante de los golpes de la rueca. Estaba probablemente bajo un paño de polvo en una esquina cerca de la chimenea justo donde la dejaba. La casa, mía bajo los términos de fidelidad, estaba cerrada fuertemente y yo tenía las llaves en mi llavero, eso estaba seguramente con las cosas que Christophe me había escondido. Pero había otro llavero, y sabía exactamente donde estaba. En una caja metálica enterrada bajo el lado norte de una gran roca de granito, en la que la abuela vertía leche todas las noches de luna nueva. Ella también cerraba la puerta con cada luna nueva. Les dejaba solos fuera de su casa. Esa era otra de las razones por las que siempre temblaba al pensar en hadas.


No hay nada como estar esperando en la noche para hacerte estar realmente nerviosa. El plan se juntó en mi cabeza, y estaba deseando tener acceso a un coche, cualquier coche. ¿Cómo entraba la comida a la escuela? ¿Quién hacía la lavandería? Era buen momento para desear haber estado mirando alrededor en vez de abatirse en la habitación o saltarme clases. Por otro lado, no me habrían enseñado nada que valiese la pena si acudiese. Estaban activamente intentando prevenirme de aprender algo. Así que. Ningún coche, simplemente yo. Había una solitaria carretera fuera de la escuela, que daba a una carretera comarcal a una buena larga distancia. Lo suficientemente lejos para no ver el tejado de la Schola. Dos carriles de asfalto sin pintar, con una zanja profunda a cada lado, ciñéndose a través de bosques y campos. Se unía justo al norte del pueblo al que siempre acudían lobos. Podría comprar un mapa allí y… Entonces, ¿qué? No conoces a nadie por allí, y cualquiera con el que hables va a ser un signo de interrogación. Si August fuese parte de la Orden, quizá algún otro de los amigos de papá también lo fuera. Y si está desaparecido, ¿quiere decir que los otros tan pronto como los llames, te ayudarán? Mi cabeza dolía intentado pensar sobre todo eso. Pero era absolutamente esencial el primer paso que iba a tomar fuera


de aquí. Una vez que estuviese en movimiento, podría entender todo lo demás. Graves y Christophe habían señalado que era fácil para los vampiros matarme cuando estuviese fuera de aquí, incluso el más pequeño. Pero ellos tienes que encontrarme primero. Me levanté, dejando la mochila en la cama. ¿Qué llevas cuando estas corriendo por tu vida? Capas, botas porque tus pies son tu línea de vida y las playeras son demasiado endebles, y la lana. La camiseta de Graves había desaparecido en la lavandería. Me dio una extraña sensación pensarlo. Me sentí como si hubiera despertado justo después de una larga siesta, pero no podía parar de temblar.


19 Traducido por Sil Corregido por Eduardop

Oscureció temprano, con fuertes nubes avanzando desde el noroeste. El cielo se había vuelto de un índigo oscuro, y los truenos retumbaban en la distancia. La niebla no se había formado, y eso era extraño. Ya estaba acostumbrada a que todo el lugar estuviera envuelto por una especie de algodón. Se veía raramente despejado, y eso no me gustaba. Tampoco me gustaban esas nubes. Sencillamente no parecían normales, delgados y oscuros mantos bajando hacia la tierra hacia abajo y más abajo hasta que parecían presionar las copas de los árboles de una manera extraña. Me recordaba a la chapa gris del cielo allá en Dakota, el día en que había estado cara a cara con Sergej. Clima inusual. Clima de vampiros. Me quedé frente a la ventana, frotando su cerradura y observando cómo las sombras se alargaban sobre el arruinado jardín debajo de mí. La Schola se despertó, un subliminal zumbido rompiendo la superficie palpable del silencio. Era lo mismo que todas las demás noches. Salvo que esta noche tenía frío aunque llevaba tres capas de suéteres, un jean y un par de unas casi nuevas botas. Me


puse mi bolsa en la espalda, pasando la correa diagonalmente por mi cuerpo de forma cómoda. Luego de pensármelo, deslicé la navaja a mi bolsillo izquierdo posterior. Ahora, si tan sólo pudiera recordar sacarla —o la pistola — cuando alguien tratara de matarme, estaría lista. Repaso todo de nuevo en mi cabeza. Cruzar las escaleras, una vez que sonara la campana para dar inicio a las primeras clases, atravesar los salones e internarme en la noche. Esta era mi oportunidad. Le eché a la habitación una última mirada, desde la pila de ropa que había tirado junto al ropero hasta la cama toda arrugada. Me estaba poniendo sentimental, sin cuidar de mi espacio. Eso me habría ganado otro Discurso más de Papá. Cristo. Hasta me estaba salteando la conferencia sobre Limpia Todo Así Encuentras Lo Que Necesitas Cuando Hay Un Incendio, Dru, Y Eso Te Salvará La Vida. La soledad me invadió como una ola con gusto a ácido. Me detuve en la puerta, cerré los ojos y escuché, desatando lo primero que me había enseñado mi abuela a hacer dentro de mi cabeza. Ese sentimiento de fuertemente-apretado es necesario si no deseas terminar diciendo algo equivocado o repitiendo los pensamientos de ciertas personas de vuelta hacia ellas. Además, es difícil concentrarte en tus propios problemas si estás demasiado ocupado escuchando los del resto; eso me relató mi abuela hasta que su rostro se ponía azul.


Abuela era muy buena en cavilar solo en sus propios asuntos. Me pregunto qué opinaría ella sobre todo esto, y extrañarla fue como una piedra en la garganta. Había definitivamente un sentido de presencia en el salón frente a mi pieza. Repentinamente quise subir y salir por la ventana nuevamente, pero el solo pensar de estar afuera tan cerca de la oscuridad hizo que mis rodillas cedieran. Una vez era más que suficiente. Además, el objetivo de esto era salir antes de que surgiera una emergencia. Yo esperé, casi sin respirar. La presencia lentamente se desvaneció, justo a tiempo para la primera campanada. Un tintineo dulce que recorrió todos los cuartos y que fue apagado por la puerta. Es la hora del desayuno. O la cena, cualquiera sea el modo en que uno lo mire. Los chicos estarían levantándose, vistiéndose y yendo a la cafetería. Tomé una larga inspiración, giré la manija y salí hacia la sala. Estaba vacía. El lugar completo hervía silenciosamente. ¿Era yo o había una nota extraña en el borboteo? ¿Algo febril? Eres solo tú, Dru. Concéntrate en lo que tienes delante de ti. Sin embargo, vacilé. ¿Y qué pasa con Graves? Cuanto más te alejes de él, más seguro estará probablemente. Los lobos cuidarán de él. Pero ellos no harán una maldita cosa para ayudarte a ti, así que mueve tu trasero.


La puerta se cerró detrás de mí. Di dos pasos más y me congelé nuevamente, porque otro sonido rebotó en el aire. Era la campana de Restricción, sus duros tonos cortando el silencio al igual que un cuchillo caliente a la mantequilla. Podía afirmar que eso no era un ejercicio tampoco. El conocimiento del peligro me picó por todo el cuerpo como pequeñas garras hechas de diamante. La Schola tomó un largo aliento, se abrazó a sí misma y mientras el sonido de la campana se iba apagando, yo recorrí el pasillo, con mi mandíbula firme y mis manos cerradas en puños. Nunca tendría una mejor oportunidad para escaparme. *** Hasta los mejores planes hechos tienen huecos. Mi hermoso plan era atravesar la escalera y llegar hasta el punto donde se comunicaban los corredores, y a partir de allí iría hacia la derecha, teniendo una clara imagen de la galería con puertas a ambos lados. La mitad de esas puertas llevaban a un jardín, la otra mitad a un patio destrozado con columpios y la forma de un cuadrado. Desde ahí tendría chance de alcanzar una zona de arbustos y una vez allí… Bueno, de todos modos nunca llegué tan lejos. Giré hacia la derecha, y tan pronto como lo hice mi cabeza martilleó con unos pasos acercándose. Estaban corriendo, y cada paso sonaba demasiado fuerte para ser humano. Retrocedí,


acorralada en un rincón, y fui de nuevo al corredor del que había venido, y me lancé buscando un escondite. Nada. Piso alfombrado, luces artificiales y muros desnudos. Estaba encerrada, con solo unas aulas vacías a cada lado, otros pasillos abriéndose que llevaban a la cafetería y los dos armarios del portero. Dos armarios de limpieza. Estupendo. Uno estaba cerrado con llave. El otro no, y me arrojé dentro, cerré la puerta y me puse en cuclillas en la oscuridad. Mi cadera golpeó contra algo metálico; lo atrapé y no dejé que caiga al suelo. Era un cubo de metal. Solté una suave espiración, hice una mueca y esperé que no estuviera haciendo demasiado ruido como para que alguien me oyera. Las pisadas eran sólidos ruidos metálicos similares a unas barras hechas de hierro golpeando la tierra metálica. El sabor a sangre seca y naranjas echadas a perder me quemó la lengua como una inundación con un gusto a podrido, y los raros lugares en la parte posterior de mi paladar se abrieron como flores. Mis dientes me dolían, hasta la presión de mi lengua y labios era agonizante. Pequeñas y frías picazones se extendieron por mis brazos y piernas. Las pisadas iban bastante rápido y me estremecí cuando hicieron eco en la sinuosa escalera yendo hacia arriba, hacia la habitación de la torre.


El secreto se acababa de descubrir. Ya sabían que me había largado. Un vampiro herido de la última vez habrá escapado para contárselo a Sergej o el traidor se las habrá ingeniado para contarle que yo estaba allí, agazapada en la bonita recámara azul como una televisión sobre una hoja de metal. Santa mierda. Yo… santa mierda. El escalofrío me atrapó por el cogote como a un cachorrito, haciéndome cabecear hacia adelante y detrás. Algo se desplomó en mi mano izquierda, lo metálico que casi había tirado antes mientras me agachaba cayó haciendo un suave y extraño sonido. Ellos están subiendo a tu pieza, la voz de Papá dijo dentro de mi mente. ¡Mueve tu trasero, nena! Me deslicé fuera del armario con piernas de plomo, lo cerré tan silenciosamente como pude y me puse en camino hacia el corredor tan rápido como mis cansados músculos me lo permitían. Todo dentro de mí deseaba regresar y ocultarse en la oscuridad, a esperar que alguien me encontrase. Ese es un dicho de cobardes, Dru. Lárgate. Fui contra la pared del pasillo, y hacia la derecha. Tenía una oportunidad en la siguiente parte del plan, y la aproveché más rápidamente de lo que debería haber sido capaz. Mis botas provocaron extraños sonidos de arrastre sobre la corta alfombra mientras me lanzaba hacia la galería. En ese momento la oscuridad estaba presionando contra las ventanas y las zonas de vidrio de las puertas; y me había


olvidado que yo sería claramente visible para alguien mirando desde afuera. Mierda. ¡Mierda, mierda, mierda! No tenía arreglo, nada que hacer salvo ir derecho hacia la puerta que había elegido y rogar que nadie estuviera observando. Tal vez todos estaban ocupados con… Un enorme ruido de algo chocando hizo que todo temblara alrededor mío. La tela de la Schola se sacudió como una sábana, y el vidrio se rompió con tintineantes y bonitos sonidos, una precipitación de nieve cristalina. Eso, en realidad, me levantó del suelo, empujándome a la otra punta del corredor, directamente hacia la pared opuesta de piedra. Mi hombro ardió con un dolor rojo, me deslicé hacia abajo quedando hecha un ovillo, lo cual fue algo bueno. Porque justo entonces comenzaron los gritos, y me acurruqué contra el muro con la cabeza entre las manos, tratando de apagarlos. Siguió y continuó, arañando el sensitivo interior de mi cráneo sin dejarme recuperar el aliento. Presioné mis palmas contra mis oídos en vano, y grité yo también. Odio explotó detrás de mis retinas, miedo y dolor haciendo estallar brillantes fuegos artificiales a través del mapa de mi sistema nervioso. Fue una lucha para meterme a mí misma dentro de mí misma. Un delgado hilo de algo cálido resbaló desde mi nariz hacia abajo, acariciando mi labio superior como un pequeño dedo mojado. Me relamí sin pensar, y un tibio sabor a cobre invadió el interior de mi boca, se deslizó hacia abajo y despertó el hambre.


Mis dientes me dolieron, un sufrimiento agudo y penetrante. Sentí dos pinchazos en mi labio inferior, y me caí hacia adelante apoyándome sobre mis manos y piernas, arrastrándome. Afuera. Sal afuera. El hambre de sangre me prendió fuego por la sed, pero también calló los chillidos del interior de mi mente y me dio un chance de recomponerme nuevamente. La total repugnancia hacia ese ruido hirió mi piel, arañándome al igual que un cepillo de cerdas de alambre. Cristal quebrado cubría el piso. Luché hasta ponerme de pie al mismo tiempo que un viento fresco invadía el pasillo, silbando. Golpeé la puerta en una mala coordinación de miembros y bucee en un baño rígido de aire. Era una noche clara, las estrellas apareciendo con la forma de pequeños y fuertes puntos hechos de diamante emanando luz inútil, y me arrojé al patio tan rápido como podía tropezándome. Los columpios que no estaban destruidos se balanceaban gentilmente, hacia adelante y atrás, y las suelas de mis botas daban contra el desmenuzado concreto. Los chillidos detrás de mí terminaron, pero otro grito vidrioso desgarró el aire desde el otro rincón de la Schola. Y recién ahí me di cuenta que el lugar entero estaba demasiado iluminado para ser de noche, y al mirar bruscamente detrás de mi hombro descubrí lo por qué. La escuela estaba ardiendo. Uno no creería que habría mucho que quemar en un edificio hecho de piedra, sin embargo, vítreas llamas anaranjadas con núcleos azules en


sus centros brotaban y se elevaban de entre las torres, resplandecían a través de las ventanas despedazadas y transformaban la noche en vacilantes sombras. Esas flamas no estaban bien, y el crepitante odio en ellas me contaba lo que necesitaba saber, que esto no era un simple accidente. No había nada natural en esas llamas al igual que no había nada en vampiros. El fuego cambió a un naranja normal sin líneas azules en los bordes, sin embargo eso no lo convertía en algo menos extraño. Wow. Me quedé observando. Si eso alcanza la biblioteca, olvídense de estudiar hasta tarde. Malditos sean. Otro crujido estrépito salió desde el edificio, y escuché más gritos. Esta vez las voces eran jóvenes, y humanas. Bueno, la mayoría. Humanas en el fondo, aunque fueran gruñidos. Oh, no. Me detuve completamente. Oh, mierda, no. Demonios. No, no, no. Había niños allí. Yo los conocía. Cody, Shanks, Dibs y… Y, oh, santo dios, Graves estaba ahí, y se estaba quemando. Mantente en el plan, Dru. Es un buen plan, y te dejará vivir. Me quedé así por un par de momentos más, enferma de indecisión, las puntadas en mi labio inferior volviéndose


más definitivas al mismo tiempo que la mitad de mí se moría por escaparse hacia el área de arbustos en el escondrijo del patio. La otra mitad de mí me ordenaba en términos inciertos que me diera media vuelta y destrozara todo el lugar a pedazos hasta encontrar a Graves. Tenía una pistola, una ayuda adicional, y un cuchillo. Eso debía de ser suficiente. Pero… ¡Pero nada! esta vez era la voz de mi abuela, y hablaba alto y claro ¡Tú mueve tu trasero ahí y encuentra a ese chico! ¡Él nunca te dejaría atrás! Él nunca lo haría. Y yo sabía que nunca lo haría. ¿Aunque acaso no había planeado hacer justamente eso? ¡Él ya te ha dejado detrás! ¡Siempre está jugando con sus felices y holgazanes amigos! ¡En marcha, Dru! Estaban peleándose entre sí, las dos voces, y no tenía ni idea de cuál ganaría. Sin embargo mi estúpido cuerpo se dio media vuelta y comenzó a correr derecho hacia el edificio incendiándose a la certera muerte. Y, la verdad, no sé por qué.


20 Traducido por Lilith Cromwell Corregido por maria.rj1

Corrí por la galería. El estaría en la cafetería o en los dormitorios; aun no era hora de clases. Así que si… Otro fuerte sonido. Jesús. ¿Ellos trajeron dinamita sobrenatural para destruir este lugar? Las cosas cayeron, golpeando el suelo a menos de 3 pies de distancia siseando como serpientes. Di un salto hacia atrás y noté que había dejado de temblar. Estaba demasiado ocupada para temblar, y hacia demasiado calor. El sudor bajó hasta la curva inferior en mi espalda y el bajo mis brazos. Era como estar de pie frente a un horno, el calor irradiaba desde todas las direcciones. El collar de mamá era un trozo de hielo frío contra mi piel. Logré pasar la esquina del edificio, esquivando los desechos en llamas, y decidí que quizá no debía correr justo junto a la pared. Las sombras se movían como tinta sobre el pasto frente a la escuela, el camino circular de la entrada pintado con grandes sombras y luces naranjas. Los leones de concreto que observaban la entrada parecían cambiar, levantando sus cabezas y dejando al descubierto sus


dientes, resbalé deteniéndome. Mis tacones se enterraron en el suelo y mi mandíbula calló producto de mi impresión. Era una zona de guerra. La amplia extensión pavimentada circularmente se extendía con magras formas cabelludas. El lobo saltó y voló en círculos, sus equipos pelaban lejos de la raya, agrupándose de formas oscuras con los ojos brillantes y con velocidad inhumana. También estaba un djamphir allí, una línea de defensa frente a las medidas masivas que había luchado hasta el día en que llegamos. Uno de ellos tenía unas hojas largas y delgadas que no brillaban a la luz. Uno de ellos tenía la espada de Madera. Malaika. Era rubio, sus risos brillaban ante la luz parpadeante cuando levando su barbilla y gritó algo. Los djamphir cambiaron su peso en conjunto. Mis rodillas se volvieron esponjosas. No podía ver a Graves, y yo me balancee ebria por un momento. Otra explosión rompió por el aire, y el aire viró. Un humo grueso recorrió el espacio abierto, pasando por las formas móviles e inmóviles como dedos. El lobo cedió terreno, cayendo hacia atrás, y el djamphir en la línea de defensa se amontonó un poco. Era confuso, todo se movía tan rápido, y yo dudaba, insegura de que hacer. Papá nunca dijo nada sobre cargar en el campo de batalla.


Aún seguía allí de pie como una idiota, contemplando el caos, cuando otro aullido sobrenatural rompió la noche detrás de mí. El aliento toco la parte trasera de mi cuello bajo mi trenza, y yo me lancé al suelo a un lado. El mundo se volvió lento de nuevo, y esta vez de hecho sentí los músculos en mi cabeza se flexionaron para aclarar todo. Dolió un poco, como cuando sacas algo y no has ralentizado lo suficiente para dejarlo sanar. Un lobo se cierne sobre mí, la luz del fuego se reflejaba en la franja blanca a un lado de su cabeza. Todo el aire abandonó mis pulmones y yo rodé, la gravilla rasgó la parte trasera de mi suéter. La luz del fuego se retorcía en extrañas formas, reflejándose alrededor de él, y aterrizó en un montón justo cuando me di cuenta de que no estaba apuntándome a mí en absoluto. Oh mierda. Me revolví en mis pies, los dedos de mi mano derecha buscaban a tientas en la solapa de mi mochila. Era el momento de sacar la pistola, porque todos quienes luchaban frente a la escuela ya nos habían visto. Ash se inclinó delante de mí, gruñendo. Pequeñas gotas de saliva caían chasqueando, en dos ocasiones, rechinando sus blancos dientes. Dejé salir un sonido ahogado, mis pies amenazaron con enredarse cuando me giré mientras volvía de prisa del infierno. Él chasqueó otra vez, y la locura brillo sus ojos era como la luz del fuego sobrenatural. Otra explosión sacudió la


escuela, y la pared más cercana a mí empezó a desmoronarse. El ruido era inmenso, y Ash continúo hacia delante un par de pasos. Medio grité otra vez y me moví hacia atrás, entendiendo que él no estaba atacando. El solo me empujaba, como un perro ovejero. Pastoreándome. Y cuando levanté la vista, ya podía entender el por qué. Debido a que cada vampiro que había estado tratando de entrar por la puerta principal de la escuela me estaba mirando a mí. El fuego que los iluminó a todos los dejó en un extraño éxtasis, las formas de lobos daban volteretas en el aire, el djamphir sobre los pasos —vi a Kruger, con la mandíbula caída— todos mirando hacia mí con diversas expresiones de horror. —¡Svetossssssssssha! —El clamor levantado en el viento de la noche, y sus rostros borrosos en caricaturas de odio y dientes afilados—. ¡Svetosssssssssssha! Oh, mierda. El nosferat quebró y rodo al mismo tiempo, borrosamente en mi dirección, Ash se lanzó de nuevo, desesperadamente, la franja blanca en la cabeza realmente dejó atrás una estela borrosa, como una bengala agitada en la oscuridad. Me sacó de golpe del shock y me dio la vuelta, mi trenza voló en un arco, y se fue por el lado de la escuela en llamas de nuevo.


Yo no iba a lograrlo, lo sabía. Era bastante claro ahora porque ellos atacaban la escuela. Y ahora, de nuevo, estaba corriendo por mi vida. Justo antes de que alcanzara la esquina, escuché los gritos detrás de mí —el frío y vidrioso aumento de los lobos, los djamphir un estridente aullido penetrante, y los vampiros— un extraño grito mortal se alojó en mi cerebro como astillas de cristal. Hicieron una armonía extraña de tres partes, y si alguna vez grabarás ese sonido, podrías detener el corazón de alguien sólo por reproducirlo lo suficientemente fuerte. El medallón rebotó contra mi esternón, atrapado en un pliegue de tela y tan frío que picó. Mis dientes picaban, y si hubiese tenido suficiente aliento hubiese gritado también. No había tiempo para eso, porque las pisadas detrás de mí se enterraban en el suelo, así que hice lo único que podía hacer. No era una gran idea, pero era todo lo que tenía. Corrí por el borde de la escuela, puños golpeando contra mi cadera, y tan pronto como la galería se alzó frente a mí me deslicé hasta el agujero más grande que pude encontrar, me preparé lo mejor que pude, y me lancé hacia adelante en las llamas no naturales. ***


Ardiente. El humo asfixia el aire. Llegué al final del pasillo y caí sobre mis manos y rodillas, arrastrándome hacia delante en un manchón. Vidrio brillaba, crujiendo bajo mi jean y yo esperaba que fuese a desollar las manos. Mi boca se corrió con cera y naranjas podridas. Escupí y oí chisporrotear. El calor era como el aceite, la piel firme y brillante. El fuego se volvió extraño… cables azules en medio de llamas de color naranja, arrastrándose por las paredes de piedra como venas y difundiendo el calor como un horno. Aún así, un círculo de color naranja se mudó conmigo, el azul a cabo la decoloración de las llamas, a medida que se acercaba. Gritando detrás de mí. Si nunca has escuchado a un vampiro morir en una batalla, puedes considerarte afortunado. Ellos no solo gritan con sus bocas… el sonido se adentras más y más profundo en tu cabeza, rebotando dentro de tu cráneo, hundiéndose bajo tu cordura asiéndote desear gritar, hasta que el final del mundo aparece y puedes sentir las desagradables cosas que se encuentran debajo de la conciencia normal. Me arrastré por la galería en llamas, la alfombra se derretía pegándose a mis dedos, hasta que alcance otra puerta rota que llevaba hasta el jardín. Era solo instinto, un golpe de aire frío me llevó afuera. Tos y náuseas, trepé hacia el centro del jardín. El humo eructaba. Quemando cosas que cayeron como meteoritos, cayendo contra el suelo.


Bueno, Dru, esta no fue tu mejor idea. Casi me lanzo de cabeza en el camino de grava, lancé una mirada aterrorizada por encima de mi hombro. Había un muro de llamas de color naranja y humo negro, pero aún ningún vampiro. Su lamento empapado de aire, alimentando las llamas. Era puro odio, envuelto en agonía, al igual que la propia escuela. Traté de dejar silenciar el ruido otra vez, pero fallé, abrí la boca y la ahogaron, y lo intenté de nuevo mientras me arrastraba. Los arbustos ardían aquí afuera también. Logré llegar hasta el centro del patio… había bancas de piedra y madera, la pintura en la madera humeaba. Me hice tan pequeña como pude, levanté las rodillas y pegué la espalda contra una de las patas del banco. Busqué en mi mochila, saqué el arma, y las lágrimas cayendo por mis mejillas no eran por dolor o miedo. Era el humo que se arremolinaba a mí alrededor, dedos grasientos presionaban mis ojos. Tosiendo el humo en grandes bocanadas Había pensado que quizá podía pasar por la galería y quizá encontrar un sector de la escuela donde no hubiese fuego para poder esconderme. Ahora estaba atrapada, los vampiros no podían llegar aquí y atraparme, pero el fuego podría hacer el trabajo por ellos. Aun prefería ser rostizada viva a que me desgarraran a pedazos por esos vampiros cualquier día. ¿Lo haría? Se estaba haciendo terriblemente difícil respirar. Me encogí aún más, tratando de encontrar aire utilizable


cerca de la tierra. El relicario estaba extrañamente frío y zumbando contra mí pecho. El vapor se elevó de mi suéter, y la pintura ahumada del banco no estaba muy buena tampoco, añadiendo una rara nota picante el vapor espeso. Un rosal marchito en una esquina del patio floreció en llamas. Oh wow. Observé las delgadas ramas crujir, ahora vivas con las envolventes llamas naranjas como flores que zumbaba y crepitaban. El arma calló. Todo era un muro de fuego, y yo empezaba a sentirme mareada. —¡DRUUUUUUUUUU! —Escuché un largo y dilatado aullido. No reconocí la voz, y sacudió las ardientes llamas. Tosí ahogándome con el humo. Todo era borroso, los cables azules enhebrado a través de la piedra del patio presionando contra el círculo de color naranja a mi alrededor. El banco se estaba poniendo terriblemente caliente, y yo tuve una súbita y horrible visión del arma saliendo disparada de mi mano. La munición podía hacer eso, si se calentaba demasiado. Papá me había dicho. Realmente no fue tu mejor idea, Dru, pensé, justo antes de deslizarme a un lado, mis dedos acalambrados sobre la pistola. Una mancha negra apareció en el centro de las llamas. —¡DRUUUUU! Volví a toser, limpiando mis pulmones. No había nada que respirar, todo era humo. Nublando mis ojos.


Alguien estaba maldiciendo a un ritmo constante. Al menos sonaba como maldiciones, pero las palabras se juntaban de forma extraña. Sonaban extranjeras. Unos dedos tomaron mi hombro y me arrastraron hacia arriba. Luché débilmente, la pistola cayó de mis dedos. Algo se apretó contra mi mejilla, un poco duro y algo más suave. Entonces, el movimiento. El mundo cayó por debajo de mí. Cayendo. Una sacudida a través de mi cuerpo. Astillas de vidrio y un rugido, y yo estaba en llamas, ardiendo, la carne crujiente y antes de que el aire frío llegara y rodé el vapor subiendo en olas, un silbido y un grito de dolor. Entonces, más caos. —¡Trae el maldito oxígeno!, —alguien gritó. Las manos me agarraron y me defendí violentamente, tos y arcadas. Golpeé con los puños y los pies. —¡Cálmate! —Otro grito, este si lo reconocí—. ¡Maldita sea, Dru, estamos tratando de ayudar! ¿Graves? Trate de decir su nombre, me atraganté, intente de nuevo. Mis ojos no funcionaban correctamente. Mi piel seguía en llamas, y estaba famélica otra vez. Moví mis brazos y piernas mientras trataba de respirar. Ese fue mi última hurra. Toda la lucha escapó de mí. Algo húmedo y frio pasó sobre mi rostro. Se sintió bien.


Más tos. Ellos me pusieron de lado, me atraganté con una masa de moco caliente. Alguien sostuvo mi cabeza, algo fue puesto en mi nariz, y mis pulmones ardientes fueron golpeados con algo frío. Colapsé nuevamente en el frío, duro suelo, el pasto mojado pinchando mis manos. Mis brazos y piernas se negaron a funcionar correctamente. Alguien tenía sus brazos alrededor de mi cuerpo, y pestañeé, arena cubrió mis ojos y las lágrimas los inundaron —Jesúcristo, —susurró Graves entrecortadamente. Otra persona estaba tosiendo y maldiciendo. Hubo un choque y un gruñido—. ¡Déjalo en paz, él la arrastró a fuera! ¡Déjalo en paz! Las tres últimas palabras que dijo tuvieron ese efecto de golpe-de-trueno-bajo-la-superficie de nuevo, y el ruido disminuyó a excepción del ruido del fuego. —Me ocuparé del oxígeno, —escuché decir a Dibs—. Ponlo tan alto como puedas. Ella está casi cianótica. —Nunca había visto un quemador antiguo. Pensé que habían desaparecido hace años. —Alguien tosió, fue un profundo sonido. —Bueno, se encontraron con uno. —Era Shanks. Apenas reconocí su voz sin tener todas las burlas—. Supongo que tenía que hacerlo, con un svetocha aquí. Jesús.


—Estás en mi camino. —Dibs había perdido el chirrido, el tono de terror, y su voz era fría y profesional—. Dame eso, tú no eres un médico. —¿Puedes llevarla? —Shanks parecía mortalmente cansado—. Ellos van a volver tan pronto como se reagrupen. —Yo la cargaré, —respondió Graves—. ¿Estás bien? —He tenido días mejores —respondió Graves débilmente— . Es suficiente. Vamos —¿Qué hay sobre él? —preguntó alguien más— él es uno de ellos —Tráiganlo, —dijo Graves inmediatamente. Sonaba como si se estuviese acostumbrando a esta cosa de responder preguntas—. Lo matarán si lo dejamos aquí. Vámonos. Entonces, fui arrastrada. Estaba demasiado ocupada respirando para preocuparme. Gracias a Dios el aire fresco me tocó las mejillas manchadas de hollín, y mis pies se arrastraban en el suelo inútilmente. Seguía parpadeando, esperando que mi visión volviera. El mundo entero era negro con manchas de gris. Mi cabeza colgaba como si estuviese borracha. —¿Ella está bien? —la escofina ronca de una voz, una que debería haber reconocido—. ¿Es ella?


Me atraganté, escupí otras gotas de cosas. Salpicó débilmente. Ewwww. Asco. La canción de dolor que era todo mi cuerpo aumentó a otro nivel, un coro de tirones musculares y la piel aún en llamas. No podía sentir el medallón de mamá, y me molestó hasta que vomité y había otras cosas de que preocuparse hasta la náusea se iba a tratar un poco. —Ella está bien. Probablemente un poco aturdida —Graves sonaba preocupado. Ahora estaba empujándome y arrastrándome, uno de mis brazos sobre alguien y otro sobre otra persona. Colgué entre ellos como un espantapájaros—. Aún respira, por lo menos. —Déjame ver. Déjame verla. —Unos pasos rayados. El movimiento se detuvo y alguien dejó escapar un sonido agudo, dolor. Un toque tenue como una pluma de luz a lo largo de mi frente, arena raspando suavemente la piel. Un suspiro borrascoso—. Dios en el Cielo, dzi 'kuj‘. Gracias. —¿Podemos pasar? —Shanks sonaba irritado—. Realmente odiaría luchar en otra batalla campal con tropas de choque vampiro y un quemador. —Ellos probablemente han establecido un cordón de seguridad. —La voz ronca era tan familiar… pero no pude recordarlo bien—. ¿Tenemos agua? Shanks suspiró, un sonido agraviado. —Dylan fue hacia el oeste. Ellos van rápido y son fuertes para llamar la atención


lejos de nosotros. Vamos. —Un sonido de chapoteo—. Bebe mientras corremos. ¿Puedes seguirnos el paso? —El día que no pueda es el día en que deje mis cuchillas. Finalmente puede colocar la voz ronca, amarga. Mi corazón saltó dentro de mi pecho. Tuve que toser y escupir de nuevo antes de que pudiera hablar, —¿Chris… Christophe? —La palabra era una cáscara de sí misma, rompiendo mi garganta. Has vuelto. Un intenso alivio luchó contra el hecho de que yo realmente, realmente no me sentía muy bien. La persona que sostenía mi lado derecho se volvió un poco rígida. —Aquí, malutka. —Volvió a toser, un profundo tormento que terminó con una estrangulación—. Continúa respirando. Nosotros nos encargamos del resto. Suena realmente seguro. —Yo ggg… —Mis labios se negaban a trabajar bien. Mi cerebro entero se había paralizado. Había tantas cosas que decirle. Y tantas preguntas que hacer. Pero él había vuelto. Por mí. —Más tarde, ptaszku ma‘ Más tarde. Concéntrate en respirar por ahora. —Hubo un crujido de maleza. Empezamos de nuevo a movernos—. Tu ángel guardián está aquí, Dru. No tengas miedo.


21 Traducido por masi Corregido por anelisse

Mi visión regresó esporádicamente, y poco tiempo después pude caminar. El material que obstruía mi nariz era un tubo transparente conectado a una bombona de oxígeno que colgaba sobre el hombro de Dibs mientras él me sostenía por mi lado izquierdo. Graves estaba a mi derecha, su pelo salvajemente revuelto y su abrigo chamuscado. Sangre cubría el lado derecho de su cara y su mandíbula estaba tensa. Mi corazón casi estalló. Mi brazo se tensó, y él me echó una mirada de reojo. —Hey —dijo, en voz baja—. ¿Cómo estás, muchachita? Tenía la boca llena de veneno. Escupí otra vez para eliminarlo y, Dibs se rió, un sonido alto y nervioso. — Fabulosa —logré decir—. ¿Qué pasa? —Se desató todo el infierno. —Graves apenas miraba hacia donde se dirigía. Los árboles se estrecharon, la noche era como una toallita húmeda sobre los ojos. Yo no estaba ciega, simplemente era oscuridad. Campo-oscuro. Había una sensación de movimiento sigiloso, y las luces y las antorchas a mí alrededor me decían que estaba en medio de


un grupo de lobos—. Entraron en la escuela. Había una vampiresa con el pelo rojo, que simplemente con mirar las cosas, empezaban a explotar. Shanks y Dylan… —No gastes saliva —dijo la voz áspera de Christophe—. No somos libres todavía. —¿Christophe? —Tenía que saberlo—. ¿Dónde estabas? Pensé… —En los alrededores. Cállate ahora. —Él no se molestó en endulzar la orden, pero luego suavizó su tono—. Parece que disfrutas haciendo lo peor, lo más peligroso posible. Traté de refrenarte durante un día o dos, ¿eh? Sólo estoy intentando de mantenerme viva Christophe. Gracias. Deseaba poner mi cabeza en el hombro de Graves, conformándome con poner un pie delante del otro. Estaba tambaleándome paso a paso. El oxígeno se sentía bien y fresco en mi ardiente garganta. Mis dientes ya no estaban doliendo más. Sino mucho. Mi cabeza cayó hacia adelante. Suspiré. Volví a toser, tratando de hacerlo en silencio. Hubo una pausa, todos los lobos se detuvieron una vez más. Un aullido se elevó en la distancia. Vampiro. El odio hacia ello raspaba el interior de mi cráneo, el sabor encerado de las naranjas sobre mi lengua sobrepasaba la asquerosidad, y me di cuenta de que estaba temblando de nuevo. No tenía la energía para sacarlo de dentro de mi cabeza y bloquearlo.


—Dios y el Infierno malditos sean ambos —dijo Christophe en silencio, pero con una frialdad en las palabras que volvía la oscuridad peligrosa. —Mierda —Shanks sonaba como emoción—. Démonos prisa, gente.

si

secundara esa

—¿Qué ocurrió? —susurré. Graves se limitó a sacudir su cabeza. Su brazo se apretó a mi alrededor, como si quisiera alejarme de Dibs. El pequeño y rubio lobo estaba temblando también. Yo no podía saber si era yo la que lo estaba sacudiendo o estaba asustado como yo lo estaba. —Alguien acaba de morir. Podemos tener la esperanza de que fuera la quemadora, ya que ella sería un objetivo de alta prioridad. Sin ella, los nosferatu son simplemente peligrosos, no contundentes —dijo Christophe suavemente—. Simplemente respira, Dru. ¿No tenemos otro tanque de oxígeno? —Sólo ese. —Shanks se alejó. Se deslizaron sin hacer ruido a través del bosque. Mis ojos estaban haciendo cosas divertidas, perforando la oscuridad un momento y mostrándome formas en movimiento, palos, y la textura de la corteza. Mis dientes sentirían un repentino estallido de dolor, y después la oscuridad regresaría. Todas las preguntas que no podía responder se arremolinaban en el interior de mi cabeza. Mi brazo derecho se apretó sobre los hombros de Graves. —Pensé


que estabas dentro. —Mi voz era un graznido áspero—. Dios. —¿Es por eso que corriste hacia un edificio en llamas? — Parecía sorprendido. ¿Te lo puedes creer? Pensé que podría alejar a los vampiros de mi camino. Era demasiado difícil de explicar y no tenía aliento. De todos modos lo intenté. —Bueno, sí. Eso, y… —Silencio. —Christophe era una sombra muy profunda, sus ojos brillando extrañamente azules. La mayoría de los ojos de los lobos simplemente brillaban. Los de Shanks eran en realidad amarillos, y podría decir que cada vez que Graves parpadeaba era debido a los destellos verdes dirigidos hacia mí que se desvanecerían al momento y mi corazón se pararía de nuevo. El movimiento de repente se detuvo. Todo el mundo se congeló. Me apoyé en Graves. Su mano, se extendió en contra de mis doloridas costillas de mi lado izquierdo, tensando sólo un poco sus dedos fuertes. Traté de no respirar demasiado fuerte. La botella de oxígeno hizo un pequeño sonido, e hice una mueca. Dibs y yo sacudimos la cabeza a la vez, apreté mis dientes para detener el traqueteo. Pequeños ruidos llenaron el bosque que nos rodeaba. No podría decir si eran la cacofonía regular de los bosques en la noche, porque es casi raro el silencio en la ciudad, o si era


otra cosa. Me sentí muy pequeña, y muy suave y rosada en el medio de los lobos. —Tenemos que ocultarnos —articuló Shanks. Se inclinó hacia la forma que era Christophe, sus ojos brillantes mirándose el uno al otro—.¿Cómo vas a materializarte? Christophe parpadeó, lentamente, deliberadamente. El brillo azul de sus ojos regresó, instalándose sobre mí. —Y pensé que te convencería. Un movimiento que podría haber sido un encogimiento de hombros. —No quiero morir. Y yo soy responsable de ellos. —Por supuesto. —La singular palabra tenía un borde afilado. —Yo tendré que beber. Las cuatro palabras cayeron como una piedra en una piscina de vidrio y desapareció sin dejar rastro. Hubo una fuerte inhalación colectiva entre los lobos. —Espera un segundo. —Graves sonaba como si estuviera teniendo problemas con esto. Traté de mantener mi cabeza en alto. Pero se inclinaba hacia adelante. Los rizos se habían salido fuera de mi trenza y caían en frente de mi cara. —¿De qué estamos hablando aquí? Shanks ni siquiera se molestó en escuchar. —No puedes tomar de uno de los míos. Así es a mí, o...


Un movimiento se deslizó. Graves inhaló una fuerte respiración, y Christophe de repente estuvo justo delante de mí. —Dru —dijo en voz baja. El filo hiriente había desaparecido de su voz—. Necesito tu ayuda. Tragué fuertemente. Mi garganta estaba llena de humeante ácido. —Sí. Claro. ¿Qué? Christophe se acercó más, pero no tan cerca como lo había estado antes. Sin embargo, yo podía sentir su calor. —Dame tu mano. —Oh, demonios no. —Graves cambió su peso, como si fuera a tirar de mí hacia atrás y alejarme. Me quedé donde estaba, empujando los pies en el suelo. — ¿Qué vas a hacer? —Necesito que me prestes algo tuyo. Te lo devolveré, te lo prometo. Servirá para salvarnos a todos. —Esos ojos azules sostuvieron los míos, brillando en la oscuridad. ¿Era sólo mi impresión, o eran más fríos de los que solían ser? Él olía a humo también, y bajo ello había un borde de tarta de manzana, especias y buena calidad. Jesús. Incluso después de todo olía como a una panadería. —Vas a tener que darme las llaves esta vez, Dru. No tendría sentido para alguien más que no fuera Graves ni yo. Una vez antes me había negado a confiar en él, y había


terminado con Sergej a punto de tenerme para el almuerzo. Ahora estábamos en medio del bosque con vampiros buscándonos, y había un montón de niños aterrorizados aquí en la oscuridad. Los niños que habían hecho todo lo posible por salvarme. Los niños que estarían en la cafetería o dirigiéndose a sus primeras clases en este momento si no fuera por mí. Así se hace, Dru. Acabas de meter a todos en problemas, ¿no? Pasé mi lengua por mis labios secos, manchados de humo. ¿Los sacaría de aquí? —Todos nosotros. —Christophe sonaba seguro—.Sólo necesito pedirte prestado algo.

totalmente

¿El qué, las espadas de madera? Las dejé detrás, no podía transpórtalas. —Muy bien. ¿Qué? —Mi garganta estaba llena de algo. Graves se movió de nuevo, pero yo me quedé donde estaba. —No tienes por qué hacerlo —susurró Dibs. Parecía mortalmente asustado—. Dru... —Dame tu mano —repitió Christophe—. Cualquiera de las dos. Deslicé mi pesado brazo izquierdo dejando libre los hombros de Dibs. Ciegamente extendí mi mano izquierda en su dirección. —No sé lo que vas a hacer, pero hazlo. — Me incliné hacia Graves, que ahora estaba agitándose


también. Yo no podía decir si era la tensión de sostenerme o era algo más—. Están cada vez más cerca. —No sabía cómo lo sabía. Los sonidos en el bosque eran cercanos, desagradable risitas y el resonar de las botas. Unos dedos tibios estrecharon mi muñeca. Christophe descendió las yemas de sus dedos hasta el centro de la palma de mi mano, y una sensación extraña se extendió por mi brazo. Tenía que saberlo. ¿Christophe? Él continúo el camino. —¿Qué, skowroneczo3 moja? —¿Dónde estuviste? ¿Era un señuelo? ¿Qué estabas haciendo? Dijiste que desaparecerías, pero estás aquí. —Estaba haciendo los arreglos para venir a recoger a mi pajarito. —Sus dedos, y levantó la mano, la palma hacia arriba—. No crees que te dejaría, ¿verdad? —Hubo un destello de dientes bajo las luces de sus ojos, y de repente supe lo que iba a hacer. El conocimiento surgió hecho y derecho en mi cabeza, y si no hubiera estado tan asustada, cansada, sola, dolorida, lo que sea, podría haber tratado de dar marcha atrás. Graves, dejó escapar otro sonido estrangulado, su brazo se tensó mientras perdía toda la fuerza que me quedaba en las piernas. Y Christophe dirigió sus colmillos hacia la muñeca, justo donde el pulso radial latía. Era como si puntas oxidadas me 3

Caballo árabe


arañaran el brazo, el dolor se esparció hacia los nervios para detonar en mi cabeza, y una sensación horrible de drenaje se derramó a través de mí. Dolía. ¿Alguna vez has estado tan enfermo que morir parece una cosa buena, porque hará que la sensación pare? ¿Alguna vez sentiste algo dentro de ti, algo que nunca antes notaste, algo profundamente arraigado en tu pecho, que fuera robado poco a poco? Obstinadamente resistente, algo que se retorcía alrededor de tus costillas y tus órganos internos siendo desgarrados libremente. Me desplomé. Una ola de frío se dilató alrededor del medallón de mi madre, manteniéndolo sujeto contra mi piel. Graves hizo un ligero, suave sosteniéndome. —Dru —susurró.

y

herido

sonido

El tirón vino de nuevo. Esta vez se extendió hacia mi cerebro, una mano huesuda clavó sus dedos en mi garganta y se dirigió hacia mi cráneo de la manera difícil, apretando la carne tierna con la que pensaba. Los recuerdos se esparcieron y giraron rápidamente, drenándose. Graves me sostenía ahora. Estaba intentando gritar, pero no podía. Mi caja de la voz se había congelado. Todo acerca de mí había congelado. Un pensamiento logró escapar de la despiadada y profunda agonía.


Por favor, no por favor, otra vez no por favor, no, no, no… Pero llegó una vez más, y esta vez fue peor porque la excavación, los horribles y profundizadores dedos no se precipitaban hacia nada físico. En su lugar, estaban arañando y excavando y retorciéndose dentro de mí. La parte de mí que no era nada más que yo, el núcleo invisible de lo que era. Yo lo llamaría el alma, pero no creo que la palabra se adapte a eso. Es lo más cerca que pueda explicar. Excavando, raspando, haciendo sufrir, algo invisible dentro de mí se apartó, y algo me dejó en un enorme vacío. Mi cabeza se inclinó hacia atrás, mi respiración se bloqueó en mi garganta. Graves hizo otro pequeño sonido horrorizado y trató de alejarme. Christophe sacudió su cabeza hacia atrás, los colmillos se deslizaron libres sobre mi carne, y algo se envolvió fuertemente alrededor de mi muñeca, por debajo de su fuerte agarre, que dejaría moretones, de mi antebrazo. Exhaló, estremeciéndose, y Graves intentó alejarme de nuevo. Mi brazo se extendió como boligoma entre ellos, mi hombro se llenó de dolor, y yo no podía hacer ningún sonido. Los iris de color azul invernal de Christophe se nublaron, con estrías oscuras como cuando el colorante de alimentos caía en el agua enhebrándose a través de la luz. Ellos todavía brillaban aún más intensamente, de una manera


que no debería haber tenido sentido. —Dulce —siseó, e hizo un movimiento extraño de enganche. Su mentón se inclinó, y sus dedos se apretaron fuertemente en mi muñeca, como si fuera a hacer eso otra vez. Quería gritar, pero no podía. Nada funcionaba. Mi cuerpo simplemente estaba suspendido allí, congelado y sin respuesta. —Christophe ¿Christophe?

—Shanks

sonaba

nervioso—.

Um,

El mundo tembló en el filo. La oscuridad llenó los alrededores de las esquinas. Mi cabeza se inclinó aún más hacia atrás. Graves me sujetó, ahora rodeándome con ambos brazos. Estaba tan cansada que me costaba trabajo respirar. Dentro, fuera, dentro, fuera, mis costillas casi se negaban a subir. Había aire fuera de mi cara, pero era simplemente muy difícil hacerlo entrar. En cambio, el ambiente de la atmósfera lo empujaba hacia abajo sobre mí, abrumándome. —Jesús —susurró Graves—. ¿Qué hiciste con ella? Otro destello de dientes apareció debajo de los ojos oscuros de Christophe. —Acabo de apropiarme de ella durante un rato, chico perro. —El filo informal e hiriente de las palabras erosionó el interior de mi cabeza como una rasqueta contra un parabrisas. Me estremecí—. No te


preocupes. Yo no voy a dejar que uno de ellos pongas sus feos colmillos en moja ksi aniczko. El dolor y el cansancio acumulado tiró de cada nervio y músculo de mi cuerpo. Detrás de nosotros, otro grito escalofriante se elevó en la noche. —Necesitamos ocultarnos —dijo Shanks con urgencia—. Y… —Sé lo que necesitas. Cierra la boca. —Christophe tocó mi cara, dando un paso para acercarse y deslizando sus yemas de los dedos contra mi sucia mejilla. Me estremecí. Graves me arrastró hacia atrás, y lo extraño fue que ¿él diera el paso silenciosamente? A nuestro alrededor, el bosque crujió y susurró en la oscuridad. El gruñido se dispersó bajo la superficie de la piel de Graves rebotando, haciéndose eco, dentro de mi cráneo. Ellos se encararon entre sí, los dos muchachos, y de repente estuve muy segura de que algo malo iba a ocurrir. El momento se congeló, suspendido en el aire frío de la noche. —Están cada vez más cerca —susurró alguien. Christophe se echó a reír. Era un sonido poco desagradable, no muy diferente del sarcástico y dolorido rugido de Graves. —Yo no te estoy salvando —dijo, en voz muy baja—. La estoy salvando a ella. Recuerda eso.


Se giró y literalmente desapareció. El aire hizo un ruido extraño de explosión, colapsando donde él había estado de pie, y uno de los lobos olfateó profundamente. Shanks maldijo, pero en voz baja. Una espesa y blanca humedad se agitó en el aire, elevándose desde el suelo desde donde Christophe había estado de pie. Se elevó como dedos venosos y viscosos, curvándose en mis piernas. El toque hizo que se me pusiera la piel de gallina. Era exactamente el tipo de niebla resbaladiza que los vampiros habían mostrado. Espera un minuto. ¿Qué es lo que acaba de hacer? —Bloodfog —dijo uno de ellos—. Nos cubrirá, y él los perseguirá. Vamos. En ese punto, todo acababa de volverse de un raro y espeso gris. Dibs ayudó a Graves a levantarme sobre su espalda como si fuera una niña pequeña consiguiendo su viaje a cuestas de otra persona. Traté de decir que lo sentía, pero las palabras no saldrían. Ellos comenzaron a atravesar el bosque, todo se veía borrosamente junto. Mi cabeza se movía dando tumbos y se traqueteaba contra el hombro de Graves, y le oía maldecir constantemente en voz baja. Los lugares de mi interior en donde todo había sido desgarrado punzaban y se calmaban, palpitando como un dolor de muelas. Era como un dolor de cabeza, simplemente que no en mi cabeza. En los lugares


invisibles donde residí que no estaban conectados con ningún músculo o hueso. —Graves… —susurré contra su hombro. A continuación, la oscuridad me tragó, y todo en mi interior todavía me dolía. Me caí en el agujero donde las cosas que habían sido arrancadas estaban libres, y las pequeñas voces gélidas se reían mientras caía.


22 Traducido por whitesadow Corregido por BlackRose

Volví A mí lentamente, a trancas y barrancas. En primer lugar se hizo una luz gris, viniendo a través de dos grietas horizontales. Sentí Un solo punto de calor contra mi pecho, como si alguien estuviera respirando sobre mí. Las voces —Shanks y Graves, en su mayoría. —¿Todavía no despierta? — gruñidos de preocupación—. El alto lobo no parecía feliz. -Como una luz. No puedo creer que hayas sugerido eso— .Graves, cansado y muy triste también. El movimiento debajo de mí no se había detenido. El viento me tocó el pelo. Por primera vez olí algo más que humo. El lodo de las hojas, el aire fresco, el olor de hierro de muy temprano o sumamente tarde. —Tuvimos que hacerlo. Jesúcristo—. Se escuchó los pies golpeando el suelo —. Muy bien, todo el mundo. Vamos a empezar a movernos. Los cortes horizontales de la luz se redujeron y desaparecieron. Me ahogó la oscuridad de nuevo. Algo


dentro de mí se sentía diferente, pero yo no podía descifrar por qué. Un sonido como plumas me rodeaba. Esperé por el búho, pero no se presentó. Sus alas golpean frenéticamente, como un apagado latido de corazón. Las barras horizontales de la luz aparecieron otra vez, y me di cuenta de que eran mis párpados abriéndose dejando entrar un poco de luz de la mañana. Voces, discutiendo. Me sentí como si me hubieran desgarrado y vuelto a unir pero lo habían hecho mal. Mis brazos estaban alrededor de algo, el tronco de un árbol fue apoyado contra mi espalda. Mis pies colgaban. Quede atrapada en un suspiro. Fue un gran alivio encontrar que la respiración no era una difícil lucha. Mis pulmones y las costillas habían decidido trabajar juntos, y el aire ya no era pesado como el plomo. –El vampiro ha ido a la tierra, si Reynard ha dejado algo vivo. Tenemos que actuar ahora, y llegar a un lugar seguro. —¿Cómo y dónde? — Shanks está ya medio muerto —. No podemos dejarlo. —Tú no estás a cargo —. Ya estamos cargándola a ella —. ¿Vas a llevarlo a él también? —Vete a la mierda yo no estoy a cargo. Pero No vamos a dejar a nadie atrás —. Era Graves, como nunca lo había oído. Enojado, determinado y con ese gruñido bajo en el


borde de las palabras. Parecía como si supiera de lo que estaba hablando, y él no estaba dispuesto a tolerar cualquier idiotez. Me di cuenta que mi boca estaba abierta y seca, y sabía que algo había muerto en ella. La cerré y trate de hacer un movimiento experimental. La bruma de la luz entraba por mis párpados afilados. —Por favor. ¿Con quién crees que estás bromeando? El djamphir puede pensar que vas a controlarnos, pero no lo harás. Movimiento. Me desplace hacia un lado. Un pequeño sonido se me escapó, como si estuviera atrapada en una pesadilla. Imagínate. —Lo vamos a conseguir está resuelto ahora—, dijo Graves, en voz baja. El gruñido se convirtió en un fuerte crujido, como si los huesos bajo el abrigo fueran a convertirse en polvo. Oh, muchacho. La idea era clara y nítida, y fue otro alivio. Un poco del calor robado regreso a mí, el medallón extrañamente pesado debajo de mi camisa. Los lugares rasgados dentro de mí se estremecieron. Con el pensamiento que llegó de nuevo. Era yo. Dru. Soy Dru. Y ese es Graves.


La vida, color y sonido todos corriendo de nuevo en mí. Abrí los ojos y descubrí que estaba apoyada contra Dibs, que se había puesto pálido, los ojos muy abiertos. Se quedó mirando el claro, que fue rodeado por lobos en varias poses. Algunos de ellos incluso estaban tendidos en el piso del bosque. Blanco aceitosa, la niebla casi brillante derivada de algodón entre los árboles y las aves llamaban a la incertidumbre. Incluso olía a amanecer-si alguna vez has estado fuera cuando sale el sol, ya sabes lo que quiero decir. Es el olor metálico de la luz del sol chocando contra la atmósfera y todo el mundo necesita una buena dosis de cafeína. Graves y otro chico de cabello negro fueron los únicos de pie en medio del claro. Gotas de agua tocaban el pelo desordenado de Graves. La niebla era tan espesa que era como estar atrapado en una burbuja, tragando al resto del mundo. La forma a mis pies era Shanks, tendido en toda su longitud, se secó la sangre de un derrame impactante por el lado de su cara. Su ropa estaba hecha jirones, y más sangre, negra, y aún tibia así como roja y humana, haciéndosele costra. Parecía que estaba en mal estado, pálido y lanzando al respirar jadeos poco profundos. Graves se inclinó hacia delante. El otro muchacho delgado, pelo negro y corto, grandes y oscuros ojos casi brillantes de cólera-se balanceó sobre sus talones como si le hubieran dado un puñetazo. La tensión entre ellos hervía como el


calor, como la neblina sobre el pavimento en un día en el cual el alquitrán se fundiría. —No te metas conmigo en este momento, hombre —. Dijo Graves cada palabra muy despacio y muy claramente, moviendo los labios como enunciando. Tenía que hacerlo, porque su mandíbula estaba cambiando. Sin embargo, el comando de voz salió limpio y claro. El otro muchacho se echó hacia atrás aún más sobre los talones, dejando caer los hombros y hundiendo la barbilla. —Todos vamos a morir—, se quejó el otro chico, pero todo el almidón se había salido de él —. No estás listo. —No estoy listo, idiota—Graves le espetó —. Yo nací listo, imbécil. Quieres ponerme a prueba ahora, adelante, pero vas a perder tiempo valioso. Si nos pillan, te vas a morir igual que el resto de nosotros. Así que deja de ser un imbécil y cállate la boca. Silencio, como un tenso tic-tac, como el momento entre bajar un trampolín y el instante en que tocas el agua. Me apoyé en Dibs y mire a Shanks. Tenía los ojos medio cerrados, se veía un pequeño brillo que se asoma desde debajo de los párpados. No había señales del iris o la pupila, sólo blanco ciego. Algo estaba mal. El mundo parecía plano, curiosamente en dos dimensiones. Incliné la cabeza hacia atrás, tratando de oír algo, cualquier cosa, con el tacto. Tratando de aflojar el puño y enviar con los dedos una señal a todo el mundo.


Mi pulso se levantó de un salto, fuerte y duro en mi garganta. No había nada allí. Basta ya. Solo estas cansada. Dios sabía que yo estaba agotada. Pero era como estar ciega. Nunca me había dado cuenta antes de cómo el toque yacía debajo de todo pensamiento, burbujeante e hirviendo y mostrándome lo más profundo de las cosas. Se había ido, y yo estaba ciega. Odiaba la sensación. Me di cuenta de que podía estar parada por mis propios medios. Dibs todavía se aferraba a mí, sin embargo. Su piel estaba caliente contra la mía, y olía como un niño normal, sin el matiz de la piel fría y el peligro. ¿Es esto lo que significa ser normal? Temblé por su causa. Los árboles parecían muertos. La niebla era plana. Y Graves y el resto… No, espera. Graves parecía normal. Mire al otro muchacho, ojos verdes penetrantes y rubor en los pómulos, la leve sugerencia de los pliegues epicánticos en su rostro se desvanecían a medida que su rostro cambiaba más a halcón medio asiático. Aparte de eso, se veía como siempre, excepto un poco más sin lavar. Su escudo estaba chamuscado y cubierto con barro hasta el lado, tenía el pelo salvajemente revuelto, y una descarga de algo caliente y duro atravesó mi pecho cuando el otro chico de cabello negro bajó los ojos. Graves se quedó mirando hasta que el


niño realmente se agachó, como si su verde mirada fuera un peso pesado. Parecía una película que había visto en el cable en la noche en un motel un poco raro, afuera de un pueblo llamado Teensy Zavalla en Texas. Era un especial de naturaleza, en el cable por satélite, sobre las manadas de lobos, y todo acerca de cómo los lobos ceden y renuncian ante el lobo más dominante manteniendo su posición y el menos dominante intenta no ser asesinado. Había un montón de chasquidos y gruñidos, pero matar a todos los que querían subir un poco más alto en la escala era una mala lógica evolutiva. Parpadeé. Mis ojos estaban llenos de cosas crujientes. Graves realmente parecía el único real en 3-D de pie humano allí. Incluso con el pelo desordenado y su abrigo chamuscado, lo que parecía. . . Yo no tengo una palabra para el aspecto que tenía. Sólido. Reconfortante. Como si él fuera la única pieza en el mundo que sostenía toda esta maldita cosa en pie. Dejé escapar un suspiro pequeño, bebiendo, tratando de no saborear el olor a humo que se levanta a mí alrededor o el olor del peligro en el aire. Y eso era otra cosa -todo olía lavado. Soso. No tan real y verdadero como debería haber sido. Allí estaba ese punto de calor contra mi pecho, sin embargo. Eso fue reconfortante.


—Ahora —, Graves finalmente dijo—, ¿Nadie más me quiere fastidiar? ¿Alguien más cree que esto es una maldita democracia? Tragué saliva, con fuerza. Mi garganta hizo clic, pero nadie le hizo caso. Se había erguido en toda su estatura, y giró lentamente en un círculo, mirando a todo el mundo. —Somos una manada.— Se detuvo una vez que había hecho un círculo completo, y miró al niño frente a él. Tal vez se vería raro en otro sitio, pero aquí en el bosque rodeada por la niebla parecía perfectamente normal. Bueno, no es normal. Pero natural. Parecía que pertenecía aquí, salpicado de barro y quemaduras, su ojo ardiendo y la chaqueta sobre los hombros, había crecido. Fue la loupgarou que que ardía en él, convirtiéndolo en algo más que el chico raro que se ocultaba en las esquinas de su escuela promedio. Sus manos eran puños con los nudillos blancos —. No dejaremos a nadie detrás. Todos hemos quedado detrás de una u otra manera, no se lo haremos a nadie más. ¿Alguien tiene un problema con eso? Los segundos pasaron. La tensión estaba en el aire, pero Graves inclinó la cabeza. Algunos de los chicos se sentaron, y el muchacho de pelo negro hizo un movimiento rápido de pedir información.


—¿Has oído eso?— Dibs susurró. O bien su piel estaba muy caliente o la mía estaba helada. Yo no estaba segura de qué—. Vampiros. Una vez más. — ¿Y si es la Orden?— Alguien quería saber—. Quiero decir, que vienen a sacarnos. —Demasiada tarde—, murmuró el muchacho de pelo negro —. Peter, mi cerebro cansado por fin murmuro. Ese es su nombre. Graves se frotó la barbilla con sus dedos largos —. Vamos a avanzar lo más lejos que podamos en la niebla. No podemos confiar en que podría ser el tipo adecuado de personas que está allí en busca de nosotros. —¿Estamos solos, ahora? ¿No más Orden? — Dibs le siguió la corriente. Estaba sucio y desaliñado como el resto de nosotros, su cara redonda y rubia arrugada por la preocupación. Pero él no parecía tan asustado como él había parecido siempre en la cafetería. —No lo sé todavía —. Suspiró Graves —.Vamos a movernos siempre y cuando dispongamos de una cobertura, luego nos ocultaremos hasta el anochecer. Para entonces, Christophe estará por los alrededores de nuevo. —Así como estarán los Nosferatu —. Este muchacho, de largo cabello castaño, yacía sobre su espalda con un brazo sobre su cara. Llevaba una camisa de franela que había visto mejores días y un vendaje sucio atado alrededor de su


cabeza, una mancha oscura con sangre sobre su sien izquierda—.Tengo una idea. —Dispara—, dijo Graves inmediatamente. —Tengo familia por aquí, una clase de primos, mis tías están casadas con ellos. Tal vez deberíamos ir. Está a una distancia corta de la última ciudad que pasamos. Estamos todos agotados, la niña no huele como ella, y si nos lanzamos ahora, tendremos una mejor oportunidad de correr con todas nuestras fuerzas esta noche, o incluso mejor, mañana, cuando salga el sol. Graves dio media vuelta y miró al otro lado del claro, directo hacia mí. Le devolví la mirada, como cada vez que pude mientras estaba colgada sobre Dibs e intercalaba contra el tronco de un árbol. Él estaba buscándome a mí para direcciones, me di cuenta. De vuelta en su ciudad natal de nieve acumulada, había sido la única que sabía qué hacer cuando todo se fue de lado. Al menos, yo hubiera sabido qué hacer cuando el perro del demonio y el lobo cabecilla trataron de matarnos. Yo había llevado a Graves a mi casa. Había sido la que tenía los libros y las armas y el conocimiento, sin embargo, desigual. Nos miramos el uno al otro. ¿Qué coño hacemos ahora? me estaba pidiendo.


Traté de pensar. —¿Qué tenemos?— Mi garganta estaba adolorida, y las palabras no tenían el peso que estaba acostumbrada a oír detrás de ellas. Estaban hechas de papel. —En la manera de los suministros.— Porque supe cómo hacer esto. No dependían del tacto o del aspecto o cualquier otra cosa. Sólo estaba haciendo justo lo que me habían enseñado. Estábamos en territorio hostil, y teníamos un objetivo-el objetivo era no morir. En primer lugar, saber lo que tienes, papá diría. A continuación, encontrar la manera de hacer que funcione para lo que lo necesita, porque no consigues lo que quieres. Recibes exactamente lo que tienes y no más. Resultó ser una carga de dinero en efectivo, el bolso, la ropa en la espalda, algunas navajas, el tanque de oxígeno, Dibs llevaba un kit médico, y dos paquetes de cigarrillos. Shanks yacía en el suelo, respirando entrecortadamente. No se veía bien. Fue un alivio tener a mi cerebro trabajar otra vez. Todos los músculos me dolían como el infierno, y la rara bidimensionalidad del mundo era nueva y terrible. Me dolía la cabeza, pero había hecho este tipo de cosas con papá-me tiraba escenarios, enseñándome cómo planificar. —No tuvimos suficiente tiempo para llegar a la armería—. Peter con mucho cuidado deslizó la navaja en el bolsillo. — Ellos nos golpearon tan rápido. Y el quemador. Jesús—.


Por lo menos tenemos dinero. Me apoyé en el árbol en lugar de Dibs. Mi muñeca izquierda estaba envuelta en capaz de vendaje. Cerré los ojos, apretando la luz, y respiré hondo. Vamos, Dru. Sabes cómo hacer esto —. Así que nuestras elecciones es correr con el dinero que tenemos y tratar de llegar a la ciudad esta noche con los heridos, u ocultarnos en la casa de la familia de Andy, hasta mañana —. Hice una pausa —. ¿Sabemos a dónde ir una vez que lleguemos a los límites de la ciudad? —Shanks sabe—. Andy se había sentado, y él me miraba como si me hubiera crecido una nueva cabeza —. Mis tías son leales. Sabrán escondernos, incluso si son tiempos difíciles. —No estoy segura de que no les traerá problemas—. Parpadeé otra vez, traté de concentrarse. El mundo todavía no se veía bien, y una sensación temblorosa fue abriéndose paso a través de mi pecho. Yo no tenía necesidad de un diccionario para saber que se llamaba miedo. Una nueva forma de tener miedo, un calor inestable como indigestión por debajo del punto caliente del medallón de mamá. Estaba empezando a darme cuenta de que había matices del miedo al igual que en una rueda de color, todos ellos un poco diferente pero seguía siendo horrible. Miré de nuevo a Graves —. No te va a gustar esto. —¿Qué? — Él se inclinó hacia el otro lado del árbol me encontraba colgando sobre él, con el pelo desordenado lo


sacudió sobre sus ojos otra vez. Dios, muchacho estaba de vuelta visible. Su pendiente dio un destello, plata brillante. —Mi papá me entrenó para este tipo de cosas. Puedo golpear la ciudad más cercana y encontrar transporte. Puedo desaparecer, y eso significa que no tendrán una razón para perseguirme. —No— Graves negó con la cabeza—.Por supuesto que no. —Déjala que termine —. Peter se agachó junto a Shanks. Su rostro torcido amargamente mientras miraba hacia abajo al otro niño. Graves se puso rígido —.Cállate. Ellos nos persiguen si estás con nosotros o no, Dru, qué parte de esto ¿no comprendes? Yo no voy a dejarte. —Si los vampiros atacan a una escuela llena de personas capacitadas para combatirlos solo para matarme, ¿qué te hace pensar que no va a atacar la casa de un lobo? Y. . . Sergej. . . podría estar en su camino también. Vamos. —Me apuntalé contra el árbol. Ningún indicio de dolor pasó por mi cabeza, pero varios de los lobos se estremecieron con el nombre. —Es una combinación—, dijo Andy—. Los familiares, que creen en la vieja forma. Mis tías y tíos, abuelos, mis primos.


¡Genial!. Más gente para morir—. Es una mejor idea sólo voy yo. Puedo hacerlo en la siguiente ciudad, conseguir algo de comida y unas ruedas, y … Graves hizo un sonido como de escupir de disgusto —. ¿Añadir robo de auto a tu lista de cosas para hacer hoy? No hay dudas, Dru. Mírate, ni siquiera puedes ponerte de pie. Estaba en lo cierto. Estaba sosteniéndome del árbol. —Yo podría patearte el culo.— Pero fue valentía. Los dos lo sabían, y sacudió el pelo hacia atrás y me dio una sonrisa con dientes incluidos. En un par de años esa sonrisa podría detener corazones. ¿Estaba yo bromeando? Era ya un rompe corazones. ¿Por qué no lo había visto antes? ¿O tal vez se hubiera escondido en él, a la espera de salir?. —Cada vez que piensas que eres lo suficientemente hombre, cariño —. Se le sacudió todo el cuerpo, dejó de lado el árbol, y yo me preguntaba dónde se había ido el niño asustado. El que me había abrazado en las escaleras frías, mientras que algo horrible llamó a mi puerta-algo viejo y sucio, y el olor de la sangre oxidada. -Muy bien, Andy. Él camina. Tony, Beau, lleven entre los dos a Shanks. ¿Crees que Necesitará otra dosis, Dibs? —No se puede—. El muchacho rubio negó con la cabeza —. Si le doy más sedante podría estar demasiado cansado para respirar o curarse.


La niebla se apretó, como si estuviera escuchando. Se reflejó la luz del sol curiosamente, las formas en movimiento en sus profundidades. El lobo comenzó a moverse. Graves rodeó el árbol y me miró. Parecía más alto, o tal vez era porque estaba tan malditamente cansada sin embargo yo estaba despierta y en posición vertical en su mayoría. La luz se había vuelto más fuerte, y el sonido de -helicópteros se desvaneció en la distancia. Yo ni siquiera sabía en qué dirección íbamos, o dónde estábamos. Dos de los lobos cargaban a Shanks. Se veía muy mal. Graves se acercó a mí, tomó mi brazo izquierdo, y se agachó para que apoyara mi brazo a través de sus hombros —. Yo no voy a dejar a nadie atrás—dijo, feroz y bajo —. A nadie. Nunca más. —Lo siento—. Traté de decirlo bajo, también —. Si yo no hubiera… —Cállate—. Tomó unos pocos pasos experimentales. Una vez que solté el árbol, el suelo bajo mis pies se balanceaba como si estuviera borracha —.Vamos. —Sí, sí, mi capitán —, dijo alguien, y me sorprendí riendo. El sonido era muy pequeño y solitario, pero Graves me miró, y la esquina de su boca se inclinó un poco hacia arriba. Sólo un poco. Los lugares vacíos dentro de mí no se sentían tan grandes después de eso.


Necesito que me prestes algo. . . . Te lo devolveré, lo prometo. Yo no le pregunté dónde estaba Christophe. Yo estaba muy ocupada tratando de mantenerme en posición vertical. Y además, si tuviera que admitir realmente la verdad, yo no quería saber. No mientras mi muñeca pulsaba, caliente y dolorida. No mientras el mundo parecía un recorte de papel y el espacio dentro de mi cabeza, donde el toque se mostraba manifiestamente vacío. No mientras yo estaba asustada todavía, y con hambre, y con olor a humo. Era mejor apoyarse cerca de Graves y oler el champú que había usado antes de que todo saliera mal. Un soplo que se aferró a él con el olor del aire libre, el humo, joven fuerte y sano que necesitaba de su ducha diaria. Nos mudamos a la niebla extraña, continuando juntos. Y desvaneciéndonos como fantasmas.


23 Traducido por alice d Corregido por Cami.Pineda

El bosque estaba goteando, país de maravillas traicionero. Se puso un poco más cálido, y en los árboles corrían grandes gotas de sudor por toda la humedad que había en el aire. Me preguntaba sobre eso, pero eso significa que los helicópteros pasando por encima no eran más que sonidos. Se acercó horrible y voló en círculos durante un tiempo, pero se desvaneció a medida que bajábamos avanzado hacia las boscosas laderas, sobre pequeños arroyos Él agua goteaba bajo el hielo negro, golpeando el barro resbaladizo. —Por lo menos no está lloviendo— alguien dijo. Otro más resopló. — Djamphir— alguien dijo, como si se lo explicara todo. Tal vez lo hizo. ¿Cómo fue que Christophe hizo esto? Me colgué en Graves, y lentamente me di cuenta de la niebla o quien estuviera debajo de ella, nos estaba observando bajo el vapor- nos estaba observando. Si yo no hubiera estado tan cansada y agotada podría haberlo visto antes. El vacío dentro de mí comenzó a


sentirse un poco más normal, la tridimensionalidad de volver al mundo, y empecé a ver caras que aparecían del vapor blanco y espeso. Eran delgado, asexuales que se enfrentaban con el ardor en sus profundos ojos y la boca entreabierta que colgaba lo suficiente para que se les pudieran ver los colmillos. Sólo después de la media mañana eso empeoró. No importaba cuántas veces parpadeé, los rostros no se iban. Yo podía caminar por mi cuenta ahora, con una especie de balanceos. Hubo una conferencia de susurros sobre qué hacer con el tanque de oxígeno. Yo sólo lo colgué en mi propio hombro y lo mantuve llevando. No dejar huellas, fue la primera regla de estar en la carrera en territorio hostil. Uno de los muchachos Beau, el rápido y delgado pelirrojo tenía un paquete viejo de carne seca, y la compartimos en condición de igualdad en una parada. Todo el mundo tomó un pedazo y caminamos masticándola. La sal me picó mi llena-de-humo garganta, pero un par de muchachos tenían botellas de agua y cada uno de nosotros le dio un trago o dos mientras caminábamos. Me hice la desigual por el bocado desagradable de la sal, y lo seguí masticando, estaba demasiado hambrienta para no hacerlo. Graves me levantó cuando no pude caminar por mi cuenta. Pero como estaba tambaleándose, él se agachó y tomó mi mano, sus dedos calientes se resbalaron por mis fríos y húmedos dedos. Estaba preocupado por mi sudor, por


cerca de medio segundo, hasta que mis piernas me hicieron girar de nuevo. No pude orientarme con todo el mundo en busca de tierra plana como lo hacían. Y yo estaba tan cansada. Sentía la cabeza como una calabaza en equilibrio sobre un tronco. Pero era mejor con él tomando mi mano. Las caras nos rodearon. Cuanto mejor me sentía, mejor se veía el mundo de nuevo, y más se agrupaba alrededor de nosotros. Sus bocas se abrieron cuando me contemplaron. Algunos movían sus labios; y otros se desvanecieron en el humo mientras el sol subía hacia el mediodía. Sí. Algunos eran normales. ¿Pero por qué era que los sentía como si se parecieran a mí, que me estaba pasando con esos raros de mierda? — La niebla se desvanece—, comentó Peter Esto llamó la atención de Shanks. Él respiró profundo, haciendo un sonido agudo, levantando un poco su cabeza peluda. Parecía un muerto recalentado, pero al menos la sangre pegada a él se secó por el aire fresco. Increíbles contusiones se aglomeraban por su cara, un ojo hinchado casi cerrado. Y sus ojos estaban allí, no sólo los blancos evidentes entre sus párpados amoratados. —Mediodía. El sol está en su nivel más alto. — —Lo que significa que Christophe podría no ser capaz de cubrirse de donde sea que se esconda durante el día — Graves dijo tranquilamente, como si me estuviera hablando.


Oh. Eso tiene sentido. Un poco. Mi muñeca latía. No quería despegar el vendaje. No quería ni siquiera mirar, porque la idea de eso tirando contra todo lo que estaba dentro de mí era demasiado horrible. Me hizo sudar bajo mis cuatro capas de suciedad y hollín. Me picaba todo el cuerpo, miserablemente, pero era una sensación mejor que el dolor de arrastrarme tambaleando o la sensación de que el mundo había sido vaciado de la tercera dimensión entera. — Yo no sabía que un Djamphir podría hacer esto. — Dibs se frotó las mejillas con ambas manos. Tenía un poco de pelusa de durazno. Una mancha de suciedad vaga por la frente. — Por lo general, no puede, y ahora el atardecer está casi paralizado. — Peter saltó de un árbol caído, el musgo brillaba como grandes perlas de la humedad, y miró por encima del hombro hacia mí. — ¿Cuánto fue? Él lo me quería decir. ¿Cuánto de mí tomó Christophe? Una ola de mareo pasó a través de mío, me golpeó los talones, y me recuperé lo suficiente para traer la bilis hasta mi garganta. Los restos de carne de vacuno desigual se aferró a mi lengua. Por debajo de esa frase estaba el pensamiento real. Lo que quiere decir es cuánto de mi sangre. — No lo sé. — Tuve que empacar mis mejillas con carne seca masticado como los agricultores del Cinturón de la


Biblia chupándolo como un rollo de tabaco. — Fue... fue horrible. —Bueno, ni mierda. No es algo placentero conseguir un trozo de un vampiro de cualquier banda — Peter saltó hacia abajo. El resto de ellos se acercaron mientras la niebla adelgazaba. Para ser un grupo de adolescentes deambulando por el bosque, eran muy tranquilos. No se movía una hoja ni crujía ningún un palo, hasta que yo tropecé y Graves logró darme un tirón rápido de la mano para traerme de vuelta a mi sitio. —Pero en serio. ¿Cuántos tragos se tomó? Jesucristo. —Tres. Creo. — La extraña sensación de inestabilidad en mi corazón era mejor que el vacío, también. Fue un alivio sentir otra cosa que el adormecimiento que destruía el alma. —Eso es bueno, ¿verdad? — Dibs miró con ansiedad. — Más de eso y estarías en riesgo de vincularla a la sangre — ¡Shh! — Peter paró. Todo el mundo se congeló. Graves se acercó a mí antes de quedar totalmente inmóvil, la mayoría de los chicos estaban con un oído atento. Lobos nunca pareció particularmente canina a menos que haya cambiado, pero al ver a todos agarrando sus cabezas de esa manera me hizo pensar en el perro de RCA y en algunos de los viejos discos de la abuela. Sentía una risa rancia por dentro. Escuché al igual que ellos, la sangre golpeando en mis oídos, y el sonido de otro helicóptero dividiendo el


sobrecogedor silencio. Un pequeño pensamiento repugnante vino rellenando mi cabeza como pequeños pies de gato. ¿Un vampiro de cualquier bando, eh? No sabía que Djamphir bebía sangre. Supongo que de eso se trata el hambre. ¿Si yo bebía la sangre de alguien, iría a ser capaz de hacer… algo? ¿Sea lo que sea que Christophe hizo? ¿O lo que creímos que hizo, ya que la niebla no es nada normal? Sergej también había hecho el cambio del clima. Había hecho el día tan oscuro como la noche, llamaando una enorme tormenta de nieve. Y Christophe era su hijo. Todos esos pensamientos me hicieron sentir náuseas. Una cosa era tener algo dentro de ti y arráncalo de raíz. Otra cosa completamente diferente era pensar en hacerle esto a alguien más. Quiero decir, eso me hizo una de las cosas del Mundo Real. Si me hicieran una de esas cosas que mi padre hubiera cargado sus armas y se hubiera ido de caza después. Oh Dios. Me estremecí. Graves me apretó mis fríos y sudados dedos. El extraño zumbido del helicóptero pareció diferente que todos los otros que habían pasado desde la mañana. ¿Qué tanto? No podría decir, pero… Olí la suciedad, un hilo de perfume cálido, y el humo incoloro de la proximidad de la violencia. Un hormigueo me tocó el pecho, como si el medallón estuviera vibrando


de nuevo. — Ellos nos buscan— susurré sin saber que iba a decir, hasta que las palabras se deslizaron en mis labios. — Y ellos no son amistosos. — Graves me miró, abrió la boca como si quisiera preguntarme cómo lo sabía. Dibs se deslizó hacia abajo en cuclillas, antes de darme cuenta que el resto de ellos se habían puesto en cuclillas también, a excepción de Graves y yo. Nos pusimos de pie, y si mis rodillas no hubieran estado tan desesperadamente cerradas tratando de mantenerme en posición vertical, habría caído en un montículo. Algo se deslizó por mi cabeza, vidrios rotos y cenizas de cigarrillos rasparon por sitios sensibles en los que no sabía dónde era mayor el dolor, me estremecí, conduciendo mi hombro al suyo. Él no se movió, sólido como una roca, y su cabeza inclinada hacia arriba. La niebla estaba adelgazándose como círculos de vapor, y de repente me olio un poco a manzanas y especias mezcladas con tierra podrida. El olor llegaba en oleadas, llameando y descolorándose, tratando de dibujar una cubierta sobre nosotros. — ¿La sangre se mantenía en la niebla?-. Dibs susurró. Me miró como si yo supiera algo, y mi garganta se cerró. Yo no sabía qué decirle, y el toque me hizo estremecer dentro de mi cabeza. El sonido se fue acercando. Era difícil de decir debido a la niebla, pero fue dando vueltas. Yo lo sentía como un dolor de muelas, quejándose dentro de mí.


Fue un alivio sentir el toque palpitante dentro de mí otra vez. Nunca pensé que estaría feliz de tener aquel lugar en mi paladar abierto otra vez. Nunca pensé que estaría tan feliz de tenerlo de vuelta. Mis dientes se volvieron sensibles al dolor dentro de mi boca seca por la sal. Mi cabello se estremeció, y el calor se derramó bajo mi piel. La niebla se aclaró aún más. La luz del sol se intensificó, mirando a través como una bombilla que brillaba a través del papel de cera. Oh, mierda. — Dru — La vos de Graves se quebró. Él me miraba como si me hubiera crecido otra cabeza. El aspecto me inundó. Tomé una respiración profunda, el medallón se calentó como si se mantuviera cerca de la llama de una vela. ¿Esto se había hecho para papá? ¿O sólo para mí? ¿Qué significaba esto? No había tiempo para preguntar, incluso si había alguien por ahí que me lo dijera. El sonido del helicóptero se sentía más cerca. Una sombra se cernía a través de la membrana de vapor de agua que nos mantenía a salvo. Vamos, Dru. ¡Haz algo, cualquier cosa! Un lugar dentro de mí tembló y se retorció. Tiré de ellos, algo que debería haber sido fácil como respirar repentinamente, pero fue como levantar un Buick con mis propias manos. El cielo azul se asomaba a través de la triturada niebla, y la forma del helicóptero se convirtió en


una más oscura. Una corriente de aire paso por debajo dela neblina rodeándonos con rastros de vapor. Se construyó en torno a mis manos mis colmillos se deslizaron libres y tocando mi labio inferior. El taco de carne seca en la boca se convirtió en una irritación de la sal, pero no podía preocuparme por eso. Mi barriga zumbaba, y el olor de manzanas condimentadas floreció alrededor de mí. Sólo que era más profundo, con una ventaja de perfume familiar, cálido. Los bosques a mi alrededor de repente olían como mi madre, y mi memoria se estrelló dentro de mi cabeza. La memoria y la nueva certeza. Vamos a jugar un juego, Dru. — ¿Qué carajos? — Peter se levantó en la mitad del camino donde estaba agachado. Me señaló con la mano, dejando escapar un grito corto perdido con el sonido del helicóptero. El maleficio… justo como el que le había arrojado a un maestro en Dakotas, un rayo de intención voló, chispeando y convulsionado, fui en flecha hacia la sombra mecánica. Graves me sorprendió cuando mis piernas se doblaron y mi corazón sonaba en mis oídos. Mis costillas vacilaron, respire en plazos rápidos, y por un momento mis afilados dientes caninos se enterraron en mi labio inferior. Un chorrito caliente se deslizó por mi barbilla, y Graves cayó de rodillas tratando de soportarme. Se oyó un ruido extraño, y el helicóptero se alejó, es la sombra del tiburón que recorría las ramas de los árboles y


el claro vapor. Un chirrido de metal se retorcía y cortaba, Graves se acercó de prisa y me arrastre con él. Los helicópteros son máquinas muy complejas. Y si tiras un poco de la parte más compleja, cosas malas pueden suceder. Fue un hechizo pequeño, que apenas si vale la pena nombrar, pero mi padre hubiera estado orgulloso. Fácil como derrumbar un helicóptero, me dijo un par de veces. Solo recuerda esto, Dru. Una pequeña cosa se descontrola y de repente, ¡whammo! ¿Lo hubiera sabido el de alguna manera? Mi corazón se hirió por el pensamiento. He dado casi cualquier cosa para tenerlo de vuelta y hacerle frente a esto. Él lo hubiera solucionado en la forma correcta. — Whammo—, susurré, y me apoyé en Graves. Esto era sólo el segundo maleficio que yo realmente había lanzado en mi vida. El primero había sido hace unas semanas, y casi mato a Bletchley, mi profesora de Historia Americana. Ella se lo merecía, pero aún así. ¿En qué me estaba convirtiendo? —Jesús. — El suave susurro atemorizado de Peter. Un profundo estruendo sonó en la distancia parecido a un trueno, soportando el sonido chirriante que el helicóptero estaba haciendo. Esto no puede ser bueno para nadie. El olor de la lluvia de repente se levantó del suelo, espeso y húmedo, y se oyó un enorme chillido a través del espacio abierto. Una explosión profunda de tos.


—Ouch—dije, e hice presión en cada músculo para evitar vomitar. La carne atascada parecía un infierno por todo el tiempo que permaneció en mi boca. Sentí mis huesos débiles. El mundo retrocedió de un tiro en una marea a través de un gris con lentejuelas poco de cielo azul y la voz de Graves que decía algo. Un ruido desgarrador, rompiendo en una tonalidad grisácea. Todo se confundió, mis manos y brazos se dejaron caer como la de una muñeca de trapo. Me dolía el estómago y alguien me llevo en su hombro, todo el mundo se sacudía de arriba y hacia abajo. —Whammo— susurré de nuevo, la tonalidad gris me tragó toda. Creo que no debí haber hecho eso, pensé vagamente, y luego no pensé más.


24 Traducido por georgyy Corregido por anelisse

Volví en mí en pedacitos. Y me sentía como una mierda. Mi cuerpo entero estaba herido, mi cabeza la peor de todo. Gemí un poquito y pasé las hojas. El sonido de la fuerte lluvia que caía sobre el techo me llenó la cabeza y una grieta de trueno me hizo estremecer. Por un extraño segundo vertiginoso pensé que estaba de vuelta a la habitación azul durante el día mientras que la lluvia salpicaba las ventanas y la Schola dormía. Entonces una mano fría me tocó la frente. —Shhh, milna. Todo está bien. Mi muñeca izquierda dio con una pequeña llamarada de calor y abrí los ojos. Por un momento, no pude ver nada y pensé que estaba ciega, pero luego algo hizo clic. Una luz nocturna cerca de la puerta continuó. Se marchitó a través de mis pupilas y se llenó de lágrimas. Me estremecí. La luz se apagó. Mi muñeca se calentó de nuevo, dos aguijones de fuego. El trueno se quebró y retumbó otra vez.


—Tu cabeza estará sensible por un tiempo. Sólo descansa. —Amables palabras, como si yo estuviese muy enferma y él estuviera intentando no molestarme. Mi boca estaba seca. Había perdido la carne de vacuno en alguna parte. Cuando tensé mis brazos y mis piernas pude sentir la cama debajo de mí y el dolor como un río sobre mi piel. —¿Los otros? Sanos y salvos. Incluso tu Loup-garou. —Un brillo de unos ojos azules se mostró en la oscuridad. Los iris de Christophe estaban brillando débilmente. —Bien... —El alivio me llenó, guerreando con el dolor y se retrató. Exhalé. Su mano tocó mi frente otra vez, la punta de los dedos patinando sobre la curva del cráneo de debajo de la piel. Entonces recordé qué había hecho él, y me tensé incluso más. Él se rió. Fue un pequeño sonido, tan amargo como el desprecio de Graves en la pequeña barca. —Es más de lo que esperabas, ¿no? Lo siento, sé que duele. Pero yo solo lo tomé prestado; no robé. Acuérdate de eso. Sí, no pienso que voy a poder olvidarlo, Christophe. Suspiré y moví mi cabeza lejos de su toque. Se inclinó un poco hacia atrás y oí un crujido. Una silla por el lado de la cama… la sentí allí, sin verlo, difícil de describir. Tenía la garganta dolorida, y cerrada, él no estaba haciendo nada raro. Gracias a Dios.


Por lo menos el toque seguía funcionando. Me sentí como yo misma de nuevo. Golpeada y apartada, pero todavía yo. —¿Dónde? —como, ¿Dónde estoy? Sí, una pregunta totalmente común, pero razonable. Él pareció entenderme. —Uno de los lobos, Andrew, tiene familiares aquí. Estás en la parte más segura del recinto. Ahora es de noche; hasta mañana por la mañana que deberías estar bien para viajar. Especialmente conmigo a tu lado. Oh, bien. Pero me siento como muy dormida. —¿Viajar? —Tu Loup-garou presentó un argumento convincente para buscarte el lugar más seguro de la ciudad. Seré capaz de soportar el sol después de esta noche, cuando el aura oscura se desvanezca. —Él dejó escapar un fuerte suspiro. El brillo de sus ojos desapareció y la forma de él se desplomó—. Pensé que Dylan, por lo menos, te lo explicaría un poquito. Pienso que él, probablemente, tuvo otras cosas en su mente, Christophe. Y pienso que la profesora de historia también lo intentó. —Intentó. Él lo intentó. Mira… —Allí había tanto que decirle.


—Duerme. —Él se movió de nuevo y oí una tela deslizante y el crujido de la silla de nuevo. Un soplo de especias con aroma a manzana sopló sobre mi cara. —Es lo mejor para ti ahora. —Sonó como una buena idea, pero quise algo más. —Graves. —Tragué. Mi garganta seca hizo un clic. Por lo menos, mi boca no se estremeció y mis dientes eran regulares y contundentes cuando me pasé la lengua seca y áspera a través de ellos. —Te lo dije, él está bien. El príncipe de la casa, aquí. —Los ojos de Christophe se abrieron de nuevo. —Pudiste preguntarme como me sentía. También tuve unos días duros. Ya sabes, cuando te lo pones como que no me podría importar menos. —Vete. Lejos. —Encantadora como siempre. Lo siento, Dru. Entonces me sentí como una puta. Él me salvó la vida, ¿no? Corrió directo hacia un edificio en llamas para sacarme fuera. Y la niebla, que había sido demasiado. Y el calor de él contra mí, un recuerdo vergonzoso que me hubiera hecho retorcerme de no haber estado tan agotada. —No te preocupes por ello.


Tosí un poco. Las palabras raspaban mucho cuando salían fuera. —Piensas que quieres agua, pero eso solo lo haría peor. — Su tono era muy suave—. Nada te lo quitará, ni siquiera el vino. Sólo se desvanecerá un poco. —La quemazón de mi garganta se está volviendo un poquito peor. ¿Crees tú….? —¿Yo? Siempre, pequeño pájaro. —Otra risa pequeña. Sonó como si le doliese—. Cuanto más fuerte sea la cepa Nosferat en la sangre, mayor será el hambre de sangre. Y si un Kouroi nunca se rinde a ella... Esperé. Mi corazón latía fuerte en mis muñecas y mi garganta. Era muy oscuro aquí y me pregunté en la cama de quién estaba acostada. Nos habíamos hecho a la seguridad. La casa de un lobo. —Si alguna vez te das por vencida, esto se convertirá mucho más difícil de controlar. Y si estas decidida en dejarle rienda suelta, kochana… La silla crujió un poco cuando él se levantó y la empujó de vuelta. Vi las sombras de los pósters colgados en la pared, sin ventanas y la sugerencia de un armario entreabierto dibujado a carboncillo. Había un silencio mortal. —Mi padre me crió para ser una plaga en vez de un Kouroi. —Guiñó un ojo y casi sentí un roce en su cara—. Dylan me


trajo de vuelta a la luz, pero fue tu madre quien aseguró que me quedaría. Si no tienes una razón para luchar, el hambre te hará un animal peor que a los que hemos exterminado. Porque nosotros nacimos para ser mucho más que eso. —El vago contorno de la puerta estaba tachado por su oscura sombra—. Voy a enviarte tu Loup-garou. Sonó tan…triste. —Christophe —Ni siquiera podía apoyarme en mis codos— Espera. El sentido del movimiento se desvaneció. Él se quedó en la puerta por un larguísimo segundo y luego se dio la vuelta. La brisa con olor a manzana me dio en la cara. Se agachó y el repentino miedo de que pudiera morderme de nuevo paró mi respiración. Sus dedos se pararon alrededor de la curva del medallón calentado. Los sentí extraños. Algo suave y cálido se presionó contra mi boca. Estuvo así durante unos segundos, mi nariz llenándose del olor de pastel. Antes de que incluso lo registrara, se enderezó y dio un paso atrás. Sus ojos brillaban ahora, un terrible azul. —Si necesito una razón ahora, Dru, esa razón tendrá que ser tú. La puerta se llenó con su sombra, drenada. Me moví impacientemente. No pude ni siquiera empezar a entenderlo. Dormir sonaba tan bien.


Cerré mis pesados párpados de nuevo y estaba ida. *** Cuando volví en mí misma de nuevo todo estaba incluso más silencioso y alguien estaba a mi lado. Él estaba caliente y ocupó la mayor parte de la cama, y supe quién era incluso antes de que, accidentalmente, le diera un codazo y él se lanzase y se desvelara. Se sacudió como un pez, medio sentado y solo relajado una vez que se dio cuenta de dónde estaba. —Jesús. —La palabra se desvaneció— ¿Dru? ¿Estás bien? Tosí. Mi piel se arrastró. —Terciopelo. El almidón había vuelto a mis huesos y me sentí millones de veces mejor. Lo mejor de todo era que los lugares vacíos de mi cabeza ya no eran como algo que había sido tirado fuera. Tuve un ligero dolor de cabeza y seguía estando sedienta, pero el mundo había vuelto de nuevo. —Hey. Allí está el suelo. —Él se acurrucó para sentarse y las mantas se movieron. Dormir con la ropa puesta siempre te hace sentir como agrupados cuando llega la mañana. —Si tú, ya sabes…


—¿Por qué? —Me empujé en los codos. Era un alivio poder moverme—. Quiero decir, estamos bien, ¿no? Salvo que te sintieras raro por haber dormido en la misma cama con… Oh, mierda. Fui de sentirme hermosa a sentirme totalmente estúpida. —Pensé que eras tú la que se sentía rara por eso. —Pero él se acomodó hacia abajo. Había solo una almohada y estaba arrugada entre nosotros—. Pero tú ya sabes. —Sí. —No lo sabía, pero estaba bien con eso—. ¿Cómo está Shanks? ¿Y los demás? —Ellos acomodaron a Shanks arriba. Ahora sólo necesita dormir. Es… raro aquí. De todos modos… ¿Cómo estás tú realmente? Me aclaré la garganta. Él seguía estando completamente vestido e intenté empujar la almohada hacia él porque él no tenía nada de eso. Nos sentamos abajo, finalmente, y le respiré. Humo de cigarro, un joven hombre sano, el olor que era únicamente suyo. Necesitaba una ducha y mis dientes realmente querían un buen fregado y súbitamente tuve miedo de tener el aliento de dragón. Por tanto me quedé donde estaba, en mi lugar, con mis brazos debajo de la cabeza, intentando no respirar cerca de él. Estuvimos quietos por un poco de tiempo. Los truenos se estaban retirando. —¡Qué tormenta! —susurré finalmente.


—Sí. Christophe dijo que fue por jugar con el sistema del tiempo. —Graves se movió un poco, entrelazando sus dedos debajo de su cabeza. Él era lo bastante alto para que yo tuviera mi cara casi en su axila. No era óptima, pero por lo menos olía a limpio y yo no podría respirar en ninguna parte donde a él le podría llegar una brisa de mi respiración. —Deberías dormir un poquito más. Nos vamos a ir por la mañana. —¿Nosotros? —significando, ¿Quiénes son nosotros? —Voy a ir contigo. —Casi hosco. Él suspiró—. Mira, Dru… —Tenía la esperanza de que ibas a venir. ¿Dónde vamos a ir? —Me acerqué un poquito más hacia él. Él no se movió. Era un alivio. —La ciudad. Christophe piensa que si te llevamos a la Schola central, aunque él intente engañarnos y matarte no va poder hacerlo. Dru, quiero preguntarte algo. La tensión volvió. —Vale. Me esperé a algo como, ¿Cómo fue cuando bebió de tu sangre? o ¿Por qué hiciste ese helicóptero? o incluso… No lo sé. Algo sobre vampiros o lobos. Algo complejo.


—¿Te gusta Christophe? —Llegó como un susurro—. Quiero decir, ¿de verdad te gusta? Me llevó un segundo darme cuenta de lo que realmente me estaba preguntando. Oh, Dios. Torpe. —No como de esa forma. Jesús, no. —Tan pronto como lo había dicho, sentí que estaba mintiendo. Las manos de Christophe a mi alrededor, su cuerpo caliente a través de su ropa, el olor de manzana rodeándome. La rota aspereza de su voz mientras me daba un abrazo, y mis labios quemándose porque él había presionado su boca contra la mía. Si necesito una razón, Dru, tendrá que ser tú. Pero también eran sus dientes en mi muñeca y su velocidad espantosa y la burla debajo de cada palabra. Estuve contenta que era oscuro. Mis mejillas estaban encendidas otra vez, el calor volviendo a mi cuerpo entero en una lámpara en medio de la oscuridad. No me podía gustar Christophe de esa forma, ¿verdad? Quiero decir, había conocido a mi madre. Y… —Oh. —¿Realmente sonó Graves como aliviado? El trueno retumbó, insatisfecho, en la distancia. —Quiero decir, él conoció a mi madre. —quise decir algo diferente. Como, Él me asusta.


Pero eso hubiese sido un golpe a mi imagen de chica dura, ¿no? Y esa imagen estaba tomando un infierno de una paliza últimamente. Y si lo hubiera dicho en voz alta, a lo mejor también se me hubiesen escapado otras cosas. Como, No se siente lo mismo cuando tú me abrazas que cuando él lo hace. Eso solo hubiese abierto la caja de Pandora, ¿o no? No, Christophe no me gustaba. No de la manera de la que él había preguntado. Por lo menos, no quería que así fuese. Y Graves nunca tendría que saber del cobertizo o sobre otras cosas. Yo me había organizado la mente. Seguía estando ruborizada. Muy caliente. —Sí. —acordó con calma—. ¿Te puedo preguntar otra cosa más? Mi corazón dio un brinco. Sonaba muy serio. —Acabas de hacerlo. Pero sigue adelante. —Un ligero jadeo de respiración me dijo que estaba sonriendo y medio sonreí yo también, en la oscuridad. Esperé. El silencio se prolongó. Finalmente me moví, inquieta—. ¿Te has dormido? —No. —Él también se movió, empujando sus rodillas hacia arriba y dándose la vuelta para mostrarme a mí su espalda—. Déjalo. No es nada.


Oh, maldita sea. Mi corazón se estrelló. Chico estúpido. ¿Quería él preguntarme si había alguien más que me gustaba? Me quedé allí en la oscuridad, trabajando en eso. Mi ropa era irritable, pero si me hubiera quitado alguna de mis prendas nada hubiese ido bien. Cuando me situé un poquito más cerca y deslicé un brazo sobre él, se puso rígido de nuevo. Me acurruqué más cerca y puse mis rodillas detrás de él. Él llevaba puesta una camiseta, así que cuando expiré era una bolsa de calor entre sus hombros huesudos. Se sintió bien. Su pelo tocó el mío e inhalé. Metí mi brazo debajo de mi cabeza. No era confortable, con mi ropa toda arrugada y el sudor seco en mi piel y todo lo demás pasando. Aún así, con la lluvia en el techo y la manera en que sentí calor adentro en lugar de frío y dolor, me imaginé que podría negociar. No era el miedo, el ardiente calor del rubor alrededor de Christophe. Esto era un sentimiento más suave. Era como sentarse justo a la distancia correcta de una hoguera, así te daba calor pero no demasiado. Menos doloroso. Menos intenso. Busqué las palabras. —No, no me gusta Christophe. Estoy esperando a alguien más.


Toda la tensión se fue de los dos. Él se relajó como un gato y sentí incluso más calor por dentro. Casi pegajoso. —¿Alguien más? —su susurro se partió por la mitad y tuve que ahogar una sonrisa. Alguien que no me asustara como Christophe lo hace. Alguien con el que pueda contar. —Sí. Es un tipo de lo más desagradable, pero me gusta. —No tan desagradable si te gusta tanto. —él murmuró, pero podía decir que estaba sonriendo. Bostezó enorme. Expiró, haciendo un poco de calor en su espalda. La quemazón en mis mejillas y garganta, me dije a mí misma, se desvanecía. Era oscuro. Él no debía saber que estaba ruborizada. —Ningún problema, Chico Gótico. Primero uno es libre. Resopló una pequeña risa, y yo sonreí de nuevo. Eso se sentía bien. Mi corazón fue de guisantes arrugados a algo más, bueno, el tamaño del corazón, golpeando contra mis costillas. Y me quedé allí escuchando la lluvia y a él respirando por un pequeño tiempo antes de sentirme de nuevo en el oscuro pozo del sueño. El calor no se fue. Me siguió abajo en la oscuridad. Pero cuando me desperté por la mañana, él se había ido.


25 Traducido por whitesadow Corregido por eduardop

El recinto eran tres cabinas de almacenaje de dos pisos, construido alrededor de una amplia calzada pavimentada, un enorme garaje ubicado detrás de uno de ellos, y un montón de lobos corriendo. Me enteré de que había estado en uno de los —dormitorios para cachorros —, en la cabaña central. Hacer arreglos para dormir en un recinto de lobos era una especie de lotería, la mayoría dormía cuando se encontrara con el momento que le diera sueño, cuando se cansan, y las habitaciones son para cuando se necesita un poco de intimidad. Cuando me desperté en la mañana, Graves no estaba allí, pero se presentó tan pronto como me encontré con el pasillo que conduce a un cuarto de baño y cuatro dormitorios. — Te tengo algo de ropa limpia. — Su pelo estaba revuelto salvajemente, y olía como la lluvia, el aire fresco, y el humo del cigarrillo. Su arete brilló alegremente en mí. — Probablemente quieres asearte. — Me froté los ojos, hice una mueca. — Yo probablemente apesto. —


— No. Hueles como tú. — Él sonrió, sus ojos verdes casi centellantes. —El cuarto de baño está ahí. Utiliza cualquier cepillo de dientes-, dijo. -El desayuno te espera cuando estés lista.— — ¿Qué hora es? — No había ventanas, pero el sonido de la lluvia no había desaparecido. Golpeaba y se deslizaba contra el techo. Empujó una pila de ropa en mis brazos. — Alrededor de las siete. Te levantaste temprano. — — Mi horario de sueño es un lío. ¿Nos vamos pronto? — Me tragué un bostezo con las tres últimas palabras, y su sonrisa se amplió. Dios parecía bastante animado, considerando todas las cosas. — ¿Y hay café? — -Sí, y sí. Christophe me ha enviado para que te despierte y te ponga en movimiento. Nos vamos en media hora, o tan pronto estés lista, y el sol esté realmente arriba. — Yo suprimí la necesidad de hacer más preguntas. —Está bien. — Me empujé el pelo de mi cara. Los rizos se aferraron a los dedos. Yo Probablemente me parecía a la novia de Frankenstein. —Pues entonces voy a apresurarme— Dejó caer sus manos hacia los costados. Me miró, lo miré, y en respuesta una amplia y estúpida sonrisa se dibujó en mi cara. — ¿Qué? — sonaba más agraviada de lo que realmente estaba.


El agravio sólo hizo más amplia su sonrisa. Los niños son así. —Nada. — Se volvió sobre sus talones, el abrigo largo y oscuro que lo hacía ver tan atractivo, pero todo se fue lejos. El baño estaba limpio, y me sentí esquiva sobre el uso de otro cepillo de dientes, pero cuando la boca se siente como algo muerto en ti y que probablemente podrías matar a un cactus con tu aliento a veinte pasos, se pone un brillo diferente en la santidad de los productos de higiene personal. El agua caliente se sentía tan bien en mi espalda, casi grito, al notar la interesante cantidad de nuevas contusiones y rasguños que ardían un poco. Ellos estaban sanando con mayor rapidez, de lo que pensaba. Pero había muchos de ellos. Me parecía a un caballo pinto. La ropa nueva me quedaba, sorprendentemente. Jeans, ropa interior, dos camisetas, una azul, una gris y un suéter azul que se veía hecho a mano. Sin calcetines, sin sostén, y mis botas estaban sucias. Pero se sentía tan bien estar con ropa limpia de nuevo que apenas me importaba; aunque la ropa tenía la extraña sensación de ser de otra persona. Una de las cosas de vestirse en capas es que casi siempre tienen algo de tu propia ropa para ponerse después de una mala noche. Por desgracia, la mía olía a humo y sangre y terror, por no hablar de la suciedad y el sudor. Casi podía ver las líneas de sudor saliendo fuera de ellas. Mi bolso había desaparecido y yo me preguntaba dónde estaba.


La pregunta fue respondida cuando abrí la puerta del baño, un montón de mi pestilente pero cuidadosamente doblada ropa, la aferré junto a mi pecho, encontré a Christophe apoyado en la pared del pasillo. Él colgaba mi bolso libremente de un lado y me sonrió, sus ojos azules brillando. — Puedes dejar esas ropas. Probablemente están en ruinas. — Dejó caer su mirada, pero yo había escondido el relicario debajo de mi camisa. Me hizo sentir mejor tenerlo contra mi piel, incluso si terminaba haciendo algunas cosas que implicaran sudar más tarde. — Van a estar bien con un poco de detergente. — Además, no tengo mucha ropa que dejar. Traté de no mirar mi bolsa. Mi pelo era un peso pesado. Me escurrí toda el agua que podía salir de mi cabellera. — ¿Puedo tener esto, por favor? — — Por supuesto. — Él me lo entregó y quito el montón de ropa de mis manos. —Voy a poner esto en el coche, entonces. Necesitas comer. Sígueme. — Se encaminó hacia una puerta y una escalera bañadas con la luz nacarada de lluvia de la mañana. Por lo menos no se ruborizaba. Traté de no pensar en ello. Ayudó que se encontraba en plan de negocio. — ¿Por qué no hay ninguna ventana por aquí? — Le pregunté de espalda, inclinándome para agarrar mis botas. Él ni siquiera perdió la calma. — El Nosferatu encuentra más dificultades para entrar y esto significa que los padres


y tíos y tías pueden defender a los más pequeños. Vamos, Dru. — La cocina era amplia, espaciosa, llena de luz y lobos. Era una multitud, y vi a mi primera lobo mujer. Se movían alrededor de la cocina en oleadas perfectamente coreografiadas, y algunos de los niños y las niñas llevaban placas y platos de comida a un comedor enorme con tres tablas que parecía fácil de quince pies de largo cada uno. — ¡Buenos días! — Una mujer alta, morena y delgada que lleva un delantal sobre sus pantalones vaqueros y un suéter salió del bullicio. Christophe había desaparecido en el caos. — Debes de ser Dru. Es un placer conocerte. — Ella tomó mi mano libre y la sacudió, miró mis pies descalzos y las botas sucias de tierra con una mirada rápida. — Yo soy Amelia. Bienvenida a nuestra casa. — — Um. — El ruido y la actividad fueron suficientes para hacerme parpadear. — Hola. Hola. — Café. Huevos salteados en una sartén. Tocino. El buen sonido de panqueques golpear una plancha caliente. Y es jugo de naranja lo que olía, ¿Y jalapeños? ¿Queso cheddar? — Debe ser abrumador. De esta manera. — Ella recogió hacia atrás su pelo brillante de color marrón oscuro y tiró de mí hacia el comedor, con gracia evitando a los niños revoltosos, ida y vuelta.


— ¡Oh, bueno, te quedaron! Creí que eras del mismo tamaño de Danica. Vamos a tener unos calcetines por aquí en alguna parte, también, no te preocupes. — Se detuvo y miró por encima del hombro. — Estamos contentos de que estés aquí. Y nos alegra que trajeras a Andy y los jóvenes. — — Yo no hice mucho para traerlos, —logré decir torpemente. Tenía el pelo goteando en el suéter, los rizos comenzaban a caerse de la coleta. — Yo estaba mayormente fuera de mí. Graves fue…— — Él Dijo que fuiste tú. — Su risa era como campanas. — Gracias por traer a Andy a nosotros, y por confiar en nosotros. Somos leales. — La forma en que lo dijo; tal vez con ansiedad, sonó como una mala campana en mi cabeza. Ayer fue un collage de fotos raras y voces incorpóreas, era confuso si pensaba en ello demasiado. — Eso es lo que… Andy… dijo. Yo, eh, gracias por dejarnos dormir aquí. Yo…— ¿Cómo le dices a alguien, gracias por dejarnos parar aquí, probablemente estamos siendo perseguidos por vampiros locos y un traidor en la Orden y que están arriesgando sus vidas? Yo no podía escoger las palabras correctas y algo arremetió en contra de mis rodillas. Cuando miré hacia abajo, un niño sonriente en pijama sobre un pañal caído sonrió hacia mí, sus alegres ojos oscuros y su mata de pelo marrón arrugada. Ella me agarró la rodilla y chilló.


— ¡Bella! — Amelia le recogió. — ¡Dios mío!, ¿Quién se supone que debería estar cuidando de ella? — —Yo no. — Una niña lobo pasó con una falda amplia y un jersey amarillo hábilmente tomó al bebé. — Pero se me ocurrirá algo. — —Bendita, Imogen. Vamos, svetocha, vamos a conseguir algo para comer. Tú no eres vegetariana, ¿verdad? — ¿Qué? —No — Yo veía como la adolescente apoyaba al bebé en la cadera y se sumergía en el caos de la cocina. El ruido era increíble. — Yo crecí en los Apalaches. — No sé por qué dije eso. — ¿En serio? A eso se debe tu acento. — Ella me llevó al comedor adecuada e inteligentemente llamó a un niño de más edad. Dejó escapar un grito. — ¡Quita los dedos de esa taza de azúcar y termina tus huevos! Tú, deja de torturar a tu sobrina. Y tú, ¡Regresa y limpia eso! — Fue como ver a un general de campo de batalla poner orden en el caos a través de la pura fuerza del bramido. Me recordó a papá, de una extraña manera, y me picó en los ojos. Yo no le dije que cualquier acento que tuviera era probablemente de los años pasados bajo la línea de Mason Dixon, de caza con papa. Y no creo que tenga un acento, para el registro. Todo el mundo en el Norte sólo habla divertido.


Ella me dejó caer en una larga mesa entre Graves y Shanks, que estaba comiendo en una pila de panqueques tan alto como mi mano. Shanks asintió con la cabeza, la sangre había sido quitada de él y las contusiones en la cara eran sólo sombras tenues. — Jesús, te ves mejor— espeté. — Maldición que es verdad. — Él dio un mordisco a los panqueques empapados de jarabe y Graves deslizó un plato frente a mí. Huevos. Tocino crujiente. Tres panqueques. Dos trozos de pan tostado con mantequilla casera. Un vaso de jugo de naranja y una taza grande de café, parecía demasiado. — Come. — El hombro de Graves golpeo el mío. — Es de mala educación si no lo hacen. — Todo el mundo estaba duchado, con ropa limpia, y hablando por los codos. Era como un almuerzo en la Schola, sólo con todo el mundo actuando bien en lugar de los gruñidos y Djamphir y lobos el uno con el otro. El lobo mayor comía rápido, y hablando de ida y vuelta, a continuación, recogieron sus platos y limpió un pedazo de tabla, llevando todo a la cocina a tiempo para que una nueva persona entrara, se sentara y empezara a atragantarse con los alimentos. Todo funcionó como reloj de trabajo, incluso la limpieza cuando una jarra entera de jarabe de alguna manera se volcó. Era increíble de ver, y Graves dándome codazos y diciéndome que coma.


Yo lo hice. Me estaba muriendo de hambre, y la vista de la comida me hizo de pronto consciente de ello. Empecé a comer, y no me di cuenta de que estaba tragando la comida hasta que tome un largo trago de jugo de naranja y casi me ahogo. Mis mejillas estaban mojadas. Graves me entregó una servilleta y deliberadamente no miró. Vi a Dibs, la cabeza gacha y los hombros encorvados, y algunos de los otros chicos que yo conocía. Peter estaba al otro lado de la habitación, con el ceño fruncido mientras él guardó una pequeña montaña de sémola de maíz. Tenía un ojo negro fresco. Me pregunté cómo lo había conseguido. Había dos bebes más, tenían la edad suficiente para sentarse en sillas altas. Vi a la que me había agarrado las rodillas como estaba masticando con rapidez y en vez de comer en pedacitos picados los panqueques. Ella sonrió y cantó, y hundió su cuchara de bebé en el plato. Los otros dos balbuceaban, y el que se encontrara más cerca mantenía un ojo sobre ellos, rescatando a sus cubiertos y vasitos para sorber de ser arrojados. ¿Así era como las familias debían ser? ¿O eran sólo los lobos que comían de esta manera? Me gustaba más que la Schola, pero era tan ruidoso. Moví los dedos del pie en mis botas… Amelia me había dado un par de calcetines blancos. Era casi patético, ¿Cuánto más humana un par de calcetines me hizo sentir?. Me encontré frotando el medallón debajo de mi suéter, y me hice a mí misma colocar mi mano en mi regazo como una niña con modales apropiados.


Comí hasta que no pude más, luego me senté con mi taza de café y sequé mis mejillas. Las lágrimas no eran malas, sólo calientes y vergonzosas. Ni siquiera sé por qué estaba llorando. Pero era fuerte y reconfortante y nadie le prestó mucha atención. Shanks aún comía a un ritmo constante, un gran cuenco de avena, una montaña de huevos, un puñado generoso de tocino, y unas rebanadas más de pan tostado. Él me vio mirándolo y tragó a toda prisa, sonrió. — Tengo que cicatrizar, — dijo él, cuando tenía la boca libre. —Iré contigo. — — Oh. — Asentí con la cabeza, tome un sorbo de café hirviendo. — Estúpido, idiota cree que me debe algo, — dijo Graves en mi oído. — Peter se me ha quedado atrás, el hijo de puta, — Shanks gritó alegremente de nuevo. — Es por eso que estuvo todo el camino así. Le golpeé esta mañana. — Yo lo creía. Una mesa se desocupó y se limpió con una velocidad increíble, justo a tiempo para que un grupo de lobos, muchachos de cara dura, algunos de ellos con el pelo mojado y la ropa húmeda, entrara en tropel. Todos ellos parecían jóvenes, desde la adolescencia a mediados de los veinte años, pero se notaba cuáles eran los mayores. Era algo sutil… Cómo se movían, o cómo sus ojos se


mantuvieron en calma en lugar de bailar con entusiasmo. Yo no podía entenderlo, pero no quería mirar. Tal vez si yo tuviera un bloc de papel y un lápiz podía hacer unos bocetos y averiguar que era. Por primera vez en dos semanas mis manos necesitaban dibujar, una feroz necesidad repentina. Me froté los dedos de la mano derecha contra la taza de café, tratando de ganarle a la sensación. — Ellos estaban de servicio, corriendo por el bosque—, dijo Graves en mi oído. — Están de vacaciones en la Schola. Nadie sabe aún acerca de ti. — Mi estómago se cerró como un puño, y Christophe apareció en la puerta de la cocina. Una extensión de la mesa, casi en silencio, terminaba cerca de él, y Amelia apareció, apoyándose y hablándole con atención. Fue muy divertido. Incluso los adultos lobos obviamente parecían sólo un poco más viejos que el Djamphir. Aquí nadie parecía tener más de veinte y cinco años, a excepción de algunos con algunas líneas alrededor de los ojos, un poco. No me había dado cuenta de lo rápido que me había acostumbrado a estar rodeada de adolescentes. Me he preguntado cómo los adultos manejan este tipo de cosas, pero estaban aquí. Sólo que con aspecto juvenil. Christophe asintió con la cabeza, su rubio pelo caía por descuido a los ojos. Joyas de agua se aferraban a los


filamentos de su cabello y el agua rociaba su cara. Busqué en mi bolsa y encontré la transcripción, empujando mi plato. El papel arrugado. No pude sacarlo aquí. Por Dios. — ¿No vas a comer más? — Graves casi me dio un codazo, levantó la vista para ver lo que estaba viendo. —Llena, — dije, pero mi voz no funcionaba del todo bien. Tuve que limpiar mi garganta y volver a intentarlo. — Estoy llena. — — Come mientras puedas. — Shanks tomó otro tenedor colmado. — No podrías tener la oportunidad más adelante. — Fue un buen consejo, yo había oído decir eso antes a papá. Pero mi estómago se había cerrado, y yo estaba llena. Christophe echó un vistazo por la habitación, me vio y asintió con la cabeza ligeramente. Su expresión no cambió. Él dijo algo más a Amelia, quien se apartó el pelo de su cara y se desató el delantal. Christophe desapareció de nuevo, y Amelia comenzó a cruzar la sala hacia nosotros, con la frente arrugada. Empujé la silla hacia atrás y me puse de pie, recogiendo las botas y el acaparamiento de mi bolsa. Después de unos pocos segundo de sobresalto, Shanks y Graves también lo hicieron.


Conozco esa expresi贸n en la cara de un adulto. Eso significa que es hora de irse.


26 Traducido por anelisse Corregido por lorenitah

El coche era largo, delgado y de color azul oscuro, más viejo que yo, pero en excelente forma. A papá le hubiera gustado, y suprimí el deseo de hacer estallar la campana, ya que un ligero y oscuro lobo acababa de cerrarlo de golpe y giró sobre sus talones, deteniendo una mirada rápida en todos nosotros. Su boca se volvió hacia abajo cuando vio a Christophe, pero lo cubrió bien. —Este es Corey. Él es nuestro mecánico. —Miró Amelia orgullosa—. Cualquier cosa que toca corre como un sueño. El chico lobo rodó los ojos. —Mamá. Por Dios. —Es verdad, —insistió, y ella miraba siete gustos diferentes de orgullo. Ella enganchó un brazo sobre los hombros y le dio un apretón. Él se retorció lejos después de unos segundos y se sonrojó. Se podía ver que estaba secretamente satisfecho. Mi corazón dolió. Tomé una respiración profunda y empujé la sensación lejos. Él se limpió los dedos callosos con un trapo manchado de aceite e indicó el coche con un gesto breve y elegante. —


Dodge Dart 74. Es un buen coche. Antiguo y pesado metal americano, correrá hasta que las puertas se caigan. Sólo había una puesta a punto y un cambio de aceite, comprobé las luces, y toda esta mañana. Las etiquetas frescas, también. Así que todo está bien. —Muy bien. Apenas puedo creer que sea el mismo vehículo. —Asintió Christophe con la cabeza, examinando el trabajo de la pintura como si quisiera encontrar escamas de herrumbre la misma—. Debemos seguir adelante. Cuanto más tiempo nos quedemos aquí, más peligroso para ti. Amelia se encogió de hombros. —Los bosques están llenos de trampas y nosotros estamos alerta. Aparte del Roto— …su boca se afirmó y sus ojos se volvieron fríos— nada se ha movido en toda la noche, y estamos bien preparados en caso de que encuentren tu rastro. ¿El Roto? —¿Ash? ¿Él está aquí? —Mi corazón dio un salto en mi garganta y lo empujé hacia abajo la urgencia de encontrar un lugar seguro para esconderlo—. ¿Dónde? —Él nos ha estado siguiendo. —Shanks se cruzó de brazos—. Cagey pequeño bastardo. Se desliza directamente a través de cada red. —Me salvó la vida. —Enganché el bolso más arriba en mi hombro—. Dos veces, incluso.


—Nadie niega eso, —intervino Christophe, oscuramente—. Pero es mejor no seguir vagando por aquí. Vamos, niños. ¿Llaves? Corey se las tiró encima. —Ella acelera bien, y agarrara los frenos. Ir es fácil para ellos. Christophe asintió con la cabeza, agarrando las llaves en el aire y mirándome. —Buen trabajo. Dru, estarás en el asiento delantero. Vosotros dos… —¡Espera un segundo! —Una raya rubia se estrelló en la lluvia del lado de la puerta del garaje abierta y casi se estrelló contra Shanks, quien dio un paso a un lado ágilmente. Era Dibs, con su mochila rebote, sacudiendo el suministro de agua con las salpicaduras—. ¡Esperadme! ¡Yo también voy! —No hay lugar. —Christophe dijo desde el frente del coche. —Yo voy. —Le miró Dibs, a continuación, lanzó una pequeña mirada rápida hacia mí—. Dile, Dru. Yo voy contigo. Nos necesitáis. —Jesús, Dibs —Shanks no sonaba como si pensara la mayor parte de la idea. Graves sólo me miró. Levanté una ceja, se encogió de hombros y arrancó un paquete de cigarrillos de su bolsillo. Su abrigo estaba recién lavado, y parecía como si alguien lo


hubiera planchado, terminaban.

también.

Las

maravillas

nunca

—Nos vamos. —Christophe abrió la puerta del conductor— . Todo el mundo dentro —Por favor, Dru. —Dibs saltaba de un pie a otro. Parecía lo más parecido a un pájaro, ya que era posible que un lobo mirara—. Por favor. ¿Por qué diablos me está preguntando? Pero simplemente era él, iba a hacer la llamada. Yo no tenía demasiados amigos, y él se había sentado a mi lado en el comedor. —Sube, —le dije—. Vosotros también. —Tres lobos en el asiento trasero, —murmuró Christophe— . ¿Qué estás pensando? —Él tiene entrenamiento médico. —Enganché de nuevo mi bolsa. Y él me cargó medio camino a través del estado. Al menos, creo que lo hice—. Él es mi amigo. Graves me dio una mirada indescifrable, y Shanks se rió. Yo estaba un poco cansada de que los chicos me trataran como si hubiera perdido la cabeza. Dibs se amontonó en el coche y se deslizó en medio del asiento trasero, donde se sentó y agarró su mochila protectoramente. —Vámonos. —El filo de la irritación en cada palabra. Christophe se dejó caer en el asiento del conductor y un


momento después el motor despertó, ronroneando en voz alta. —Muchas gracias. —Sonaba muy remilgada—. Por cada cosa. —Espero que los vampiros no te encuentren. La sonrisa de Amelia estalló en su rostro como el sol, sus ojos marrones aterciopelados se encendían. Corey dio un paso atrás, su mirada recorriendo por encima del coche como si quisiera un par de horas más para jugar con él. —Es un honor, —dijo Amelia, y fue la cosa más extraña… sonaba como si fuera realmente en serio. Las personas no suelen decir exactamente lo que realmente quieren decir—. Ve rápido, y estarás segura. Me dejé caer en el asiento delantero del pasajero. El coche era un barco, y la nariz de Christophe suavemente hacia adelante en la cortina plateada de la lluvia. Saludé con la mano a Amelia, que enganchó su brazo sobre los hombros de Corey lo abrazó a pesar de su —¡Awwww, mamá!— Retorciéndose lejos. Algo caliente y sin nombre me hervía en la garganta. Tragué saliva dos veces, carraspeé duramente un par de veces, probando panqueques cuando eructé, revolví en la bolsa por una pieza de goma de mascar. Yo no tenía ninguna, y cuando miré de nuevo nos habíamos deslizado suavemente entre dos de los edificios y estábamos en la unidad pavimentada. El lugar parecía desierto, todas las ventanas oscuras. Me pregunté si era intencional.


Christophe murmuró algo, el auto pasó a través de la lluvia, y se activó el limpiaparabrisas. —Espero que vayan a estar bien. —Tuve que buscar a tientas el cinturón de seguridad. Los cinturones de seguridad antiguos son a veces irritantes. El desempañador estaba encendido, y todo el coche olía a aceite de motor y el olor seco y saludable de lobos. Y un delgado hilo de tartas de manzana, que sopló en mi cara cuando Christophe se inclinó hacia delante para girar la perilla de la radio. —He hecho lo que puede para confundir nuestro camino. Y para no hacer certeza alguna de que tus seguidores hayan sobrevivido para informar —Su rostro se estableció contra sí mismo a medida que enroscaba por una larga tira de un solo carril de pavimento con baches desiguales y fijos. —¿Crees que los vampiros los encontrarán? —Me giré para mirar en el asiento trasero. Dibs se sentaba con las piernas en posición vertical, parpadeando como una lechuza. Shanks se acomodó y cerró los ojos. Graves miró por la ventana, con la mandíbula apretada. —No son los vampiros los que me preocupa, —dijo Christophe oscuramente. La radio crepitó—. Encuéntrame algo de música, Dru. Tenemos un largo camino por delante.


27 Traducido por masi Corregido por eduardop

Después de tanto tiempo caminando, fue extraño ver el camino deslizándose suavemente debajo del coche. El limpiaparabrisas se movía fuera de tiempo, de ida y vuelta, y Christophe tarareaba con la emisora de rock clásico que había encontrado. Condujo al límite de velocidad, también ni un pelo más o menos. Shanks estaba respirando suavemente con los ojos cerrados, la boca entreabierta; Graves miraba por la ventana. Dibs rebotaba hacia arriba y abajo de vez en cuando, pero por lo demás se mantenían en silencio. Era, en otras palabras, completamente extraño. Christophe también iba por los caminos menos transitados, ni siquiera mirando un mapa. Si hubiera estado conduciendo papá, yo le hubiera indicado el camino. En su lugar, estaba sentada allí inútilmente, agarrando mi bolsa y mirando el húmedo mundo fuera de la ventana. Los árboles desnudos se presionaba contra el asfalto, sus brazos desnudos se extendían hacia arriba agarrando el vacío aire. El agua brillaba en la carretera, los neumáticos hacían silenciosos sonidos húmedos, y Christophe seguía girando


la radio subiendo cuando había música, y después la bajaba cuando estaba la publicidad. El almuerzo fue en un pequeño pueblo en el extremo de la provincia, un lugar de pizza que parecía que había visto días mejores. Los tres chicos del asiento trasero se dirigieron hacia el cuarto de baño tan pronto como conseguimos una mesa, lo que significaba que podía coger el papel de mi bolsa, cuando Christophe me hizo un gesto a hacia la cabina de vinilo rojo. —A menos que necesites ir al servicio también, kochana. — Se pasó una mano por el pelo, sacudiendo las gotas de lluvia. —Tengo que hablar contigo. —Me dejé caer, y luego entregué las hojas de papel por encima. Todo pasó muy rápido, mientras él me miraba, entrecerrando los ojos azules. —Dylan me dio esto, justo antes de todo... bueno, es importante. Cuando Anna me mostró la transcripción de la llamada, ella quería que yo creyera que la hiciste tú. Y era una versión editada. —Me sentí como si no tuviera ningún sentido—. Quería saber lo que sabías, también. Dylan dijo que era la versión original de la llamada. Cuando alguien le dio el lugar de la localización de mi madre. Christophe se sentó a mi lado en la cabina y escaneó el documento. Se frunció las esquinas de su boca, tirando de su mandíbula. —¿Él te dio esto? —Por un momento creí ver


algo parecido a su verdadera edad, misterioso en su rostro sin arrugas. —Cuando me dijo que me ocultara la próxima vez que la campana de Restricción sonara. —Fue un alivio contárselo a alguien, conseguir por lo menos sacar uno de los secretos de mi pecho. —Es algo bueno lo que hizo, también, o me hubieran atrapado en mi habitación.

—¿Ellos? —Su aspecto cambió, su pelo alisado hacia abajo y más oscuro. Sus colmillos se asomaban. Él respiró hondo y los retiró. Me quedé mirando su perfil, fascinada. —Bueno, la campana sonó para las primeras clases. Entonces, un poco más tarde, la campana de Restricción. Me escondí en un armario y les oí correr. Tenían que haber sido nosferat. —La palabra sonó extraña en mi boca. Incluso ahora que estaba medio mintiendo, manteniendo en secreto. —¿Estás yendo a clase como una buena chica? No, me dirigía a las colinas. ¿Por qué eso importa? —Yo estaba fuera de mi habitación. Era como una tumba, estuve allí. Las dos hojas de papel crujieron un poco. Su mano estaba temblando—. Anna—. Poco a poco, pensativamente. Como si la palabra tuviera un mal sabor. Dobló los papeles de nuevo y me los entregó—. Hmm…


—Ella dijo que... —Tragué fuertemente. Mi garganta estaba seca—. Ella dijo que fuiste quien hizo esa llamada. Creo que ella quería que no confiara en ti. Christophe se puso rígido. Sus colmillos se asomaron de nuevo, los retiró. —Yo nunca haría… —empezó a decir. Me apresuré a interrumpirle. El rubor amenazó con erizar mi cuello de nuevo, y yo no quería eso. —Ya te dije que no la creí. Ella me quería, y quería saber lo que sabía. Si yo sospechaba algo, si te había visto. La emoción emergió. Era extraño ver su rostro suavizando y el rubio veteado de nuevo en su cabello. —Sí. Milady es entrometida. Dylan dice eso también. —Quiero saber lo que está pasando. Abrió la boca, pero Dibs apareció en el stand, alisándose el cabello húmedo hacia abajo. —¿Podemos pedir pepperoni? Christophe buscó en su bolsillo, sacó tres billetes de veinte dólares. —Pide una pizza de carne y una vegetariana, sin cebolla ni aceitunas. Y cinco bebidas. Vete. Dibs tomó el dinero y se fue rápidamente. La mano de Christophe se convirtió en un puño, descansando sobre la mesa, luego se relajó con esfuerzo. La diferencia entre su cara serena y la forma en que tuvo que forzar sus dedos hacia fuera y soltarlos fue estremecedora. —Mantén esto en secreto. Hablaremos después.


Era difícil parecer resistente cuando mi corazón estaba tronando y yo estaba sudando. Había cruzado los brazos y lo miraba fijamente, incómodamente encajado en la cabina y de repente fui consciente de que él estaba entre yo y cualquier posible fuga. —Quiero saberlo ahora. —No sé lo suficiente de mí mismo para decir algo útil. Hay un traidor en la Orden. Sabemos eso. Ahora sabemos que el traidor es de alto rango, y que yo no era el objetivo. No he sido el blanco hasta el momento, sólo daños accidental. — Se pasó la lengua por los dientes, y el aspecto se retrajo aún más. Sus ojos estaban todavía fríos. Me pregunté por qué había pensado alguna vez que ellos podrían ser cálidos. —¿Cómo lo sabes? —El borde de calor que sentí de él fue el calor incómodo y estéril de las llamas azules. Me estremecí. —Esto es una venganza. Los pecados de los padres que visitaron a los niños, cuando tu madre estaba libre de culpa. Tienes mi palabra de eso, al menos. — En un movimiento rápido y barato, se deslizó fuera de la cabina. No estaba mirando a mi cara, estaba buscando en mi pecho. En el bulto pequeño bajo mi suéter—. Guarda eso. No hables de ella, donde otros puedan escuchar. Y por amor de Dios, Dru... Esperé, pero no terminó. En su lugar, se alejó hacia el mostrador, donde Dibs estaba casi saltando de impaciencia y la aburrida mujer trabajando tras la caja registradora perforando los botones con demasiada lentitud.


El aroma de la corteza y la salsa de tomate, queso para hornear, y el olor pegajoso que siempre llena una pizzería se instaló a mí alrededor. Deslicé la transcripción de vuelta en mi bolsa y encontré que mis manos temblaban demasiado. Ir a la Schola, había dicho él. Estarás segura allí. Pero yo no estaba segura en ninguna parte, ¿no? Y yo ni siquiera sabía por qué. ¿Porque alguien en la Orden había odiado a mi madre lo suficiente como para querer matarla? Y, ¿años más tarde, matarme a mí? Jesús. ¿Cómo podría odiar a alguien mucho y que todavía era humano? O incluso mejor ¿Qué sea un vampiro? Graves se dejó caer en la cabina a mi lado. —Oye. —Se había peinado su cabello detrás de las orejas y su rostro estaba mojado aún con la lluvia del exterior—. ¿Estás bien? Te ves un poco pálida. Oh, estoy muy bien. No. Bajé la mano debajo de la mesa y cogí su mano, deslizando mis dedos entre los suyos. Su piel estaba caliente, y mi corazón palpitó de una forma totalmente nueva. —Todo está mal. —Yo le apreté sus dedos fuerte—. Es jodidamente horrible. Irguió la espalda. Un rubor se extendió hacia sus mejillas oscuras. Bajo el colorido de Asia que en realidad podría


cambiar. —No todo. Estamos aquí, ¿verdad? Y estamos seguros durante el día. —Sí. —Un millón de preguntas bullían dentro de mí. Todo del estilo de ¿Te importa que yo arruinara tu vida? ¿Puedes imaginar odiar tanto a alguien que los venderías a los vampiros? —Oye. Whoa. —Su agarre se intensificó, se detuvo justo antes del dolor—. Todo va a estar bien, Dru. Va a funcionar. —No lo sé. —Me quedé mirando la imitación de madera de la mesa, su plástico desconchado de la parte de arriba—. No hemos visto ninguno de las djamphir de la escuela. —Sí, he estado pensando en eso. —Su tono se redujo de forma confidencial. Un conjunto de los clientes habían comenzado atravesar la puerta de cristal oscilante—. Dru, si algo ocurre… —¿Qué clase de cosas? —Ya sabes lo que estoy hablando. Si se pone mal, Dru, me voy contigo. Tuve un poco de calambres en la mano. Ninguno de nosotros se iría. Él respiró hondo y sus ojos miraron los míos con honestidad, los círculos verdes alrededor de sus pupilas brillaban incluso con la luz eléctrica de aquí. La lluvia cubría la ventana del frente de la pizzería, las sombras se movían como la mala hierba bajo el agua.


—Yo... —Las palabras me fallaron. —Porque he estado pensando. Tienes tu bolsa y llevas puestos tres suéteres. Ibas a salir. Oh Cristo. Abrí la boca. Cállalo. —Mira, normalmente eso me molestaría. Pero creo que pensaste que me ibas a ayudar al dejarme en un lugar que tú pensabas que era más seguro para mí que tú. ¿No? Mi cabeza cayó hacia abajo asintiendo. Me recobré. Sentía como mi boca se estaba abriendo. —No hagas eso. —Se inclinó un poco más cerca, y el resto del mundo desapareció—. ¿Vale? No me dejarás atrás. —Me están buscando para matarme —susurré—. No entiendes eso. Es real. Es… —¿Qué crees que estaba haciendo en la escuela, a jugar a hacer piececitos debajo de la mesa? —La irritación armonizó con el susurro fuerte—. Tienes una mejor oportunidad conmigo, Dru. No hagas algo estúpido otra vez. Si algo sucede, es tú y yo contra el mundo. ¿Lo entiendes? Fui salvada por Dibs mostrándose de nuevo en la mesa. — Se supone que tienes que conseguir tus propias bebidas. — Colocó un montón de vasos de plástico de color rojo sobre la mesa—. Creo que este es el único lugar en tres estados que sirve Mr. Pibb . Impresionante ¿no?


—Completamente—. Graves le dio a mi mano otro apretón significativo debajo de la mesa, y luego liberó la mano y agarró dos tazas—. ¿Whaddaya quieres, Dru? —Um. Coca. Cola. Pepsi. Lo que sea. —¿Nada de light? —Dibs quiso saberlo. —¿Estás bromeando? —Graves le golpeó con el hombro, pero con cuidado—. Esa mierda te matará. Cuando menos te lo esperes. La cena era comida rápida en otra extraña pequeña ciudad, y la luz estaba fallando cuando Christophe finalmente encontró un camino libre que le gustó. —Nada de fumar en el coche —dijo por decimoquinta vez. Yo llevaba la cuenta. —¿Estás seguro de que quieres verme con la abstinencia de la nicotina? —Graves encendió el mechero, inhaló y exhaló. Su ventana estaba abajo y el sonido de los neumáticos mojados sobre la carretera se fundió con el zumbido del motor y el movimiento de los parabrisas, y los Rolling Stones cantando sobre una bestia de carga en la radio. — Díselo, Dru. Puse los ojos en blanco. Ninguno de ellos lo vería, pero me hizo sentirme mejor. —¿Desde cuándo fui designada árbitro? Odio preguntar, Christophe, ¿pero cuánto tiempo?


—Estamos casi en un lugar seguro. O lo que se considere como tal —.Bajó su ventana un poco y arrugó la nariz, y abrí el batido de vainilla—. Movernos por la noche no es una buena idea. —Porque es cuando los vampiros están fuera—. Shanks interrumpió, con un tonillo que logró ser espeluznante y sarcástico a la vez—. Y a ellos les gusta comer un poco de svetocha. —Vamos. —Apoyé una bota en el salpicadero. No era como un viaje con Papá. Él y yo podríamos ir casi siempre sin hablar, sólo con mis breves comentarios para conducirle a través de marañas de pasos a desnivel y calles. —No me hagáis detener este auto. —Christophe encendió la radio un poco. Los Stones se desvanecieron y los Beach Boys comenzaron a cantar acerca de las niñas de California. Shanks hizo un ruido de arcadas. —Dios, ¿cuándo vas a poner algo de música decente? —¿Qué hay de malo con los Beach Boys? Brian Wilson era un genio. —Golpeé ligeramente el pie siguiendo el ritmo. —Amén—, murmuró Christophe, y giró el dial de la radio un aumento—. Ahora todo el mundo cierra la boca, tengo que encontrar este lugar. —Si tuvieras un mapa, podría ayudar. —No me estaba gustando esto de no-saber-adónde-íbamos, pero Christophe


se había negado a comprar un mapa, cuando paramos en una gasolinera, y tenía que guardar mi dinero en efectivo. Yo no sabía cuándo lo necesitaría. —No es necesario—. Aumentando la velocidad, puso el intermitente, pasó a la izquierda a través de dos carriles de tráfico, y nos dirigió hacia una calle lateral. Los cláxones sonaron detrás de nosotros, y casi se me cae mi batido—. Estamos aquí. —Maldita sea —agarré mi resbaladizo vaso de papel—. ¿Qué diablos te pasa? Los muchachos de la parte de atrás estaban riéndose, troll —con risas disimuladas y contenidas. Giramos a la derecha, luego a la izquierda, y nos sumergimos bajo un dosel de ramas desnudas. Parecía como si esta calle ha sido pavimentada en algún momento en los años 50, y los árboles que recorrían ambos lados estaban mojados y negros y desnudos bajo el cielo gris acero. Poniéndose cada vez más oscuro. —¿Eso era realmente necesario? —Volví a abrir la tapa de mi batido de leche, había apretado la copa, maldita sea—. ¿Quiero decir, realmente? —Cambio de calles—. Christophe movió el volante fuertemente otra vez y nos subió por un camino con mucha vegetación—. En realidad no estaba seguro hasta que vi la


torre de agua. Muy bien, chicos. Todos fuera, y tú encontrarás el garaje abierto. Bobby, lo abres, por favor. Los chicos en la parte trasera se movieron en un santiamén, y yo extendí la mano hacia la manija de la puerta. La casa era estrecha y oscura, de revestimiento blanco y un techo en punta. Tenía un porche acristalado, y las hojas caídas cubrían el buzón de correos en el patio delantero. La calle estaba tranquila y tenía un aire de desaliño elegante realmente antiguo, como un barrio caro. Yo apostaría que la asociación de vecinos realmente se reunían para la Navidad y, probablemente, se reunían en comitiva cuando alguien no restrillaba sus hojas. Deben encajar justo en este lugar. —Dru—. Christophe se acercó y me agarró de la muñeca. Sus dedos eran cálidos y muy duros, justo por debajo de la contusión. El batido se tambaleó—. Quédate aquí. Un destello de oscuridad apareció, Shanks sostenía la puerta del garaje como si no pesara nada. El coche avanzaba de cara mientras él hacía pequeños movimientos con su mano libre. Él sonrió, enseñando dientes blancos. Cuando el motor se apagó, el silencio fue ensordecedor. Se hizo un silencio familiar, sin embargo, que yo escuchaba cada vez que papá apaga el coche en algún lugar que se suponía iba a ser nuestro nuevo hogar temporal.


—Creo que es mejor que estés en tu habitación esta noche. Ya que puedes—. Christophe quitó las llaves de la ignición—. Y duerme con tu ropa. Es lo que planeaba de todos modos. —Sí. —Dormiré en tu puerta—. Me dio una mirada de reojo, disparándome esos azules ojos en la oscuridad, mientras Shanks bajaba la puerta del garaje. Apenas había suficiente espacio para que las puertas del coche abrieran y todo el cubo de cemento —cuyo suelo estaba vacío y desnudo—. ¿Lo entiendes? Yo no apostaría un centavo porque yo entendiera nada justo ahora. Estaba cansada, me dolía todo el cuerpo de toda la emoción y de estar sentada en un coche durante horas y horas, y mi estómago no estaba contento con la comida rápida. Nunca pensé que echaría de menos los alimentos de la escuela o tener que cocinar mi propia maldita comida, pero allí estaba. —Supongo que sí—. Tiré contra su mano—. Vamos. —No hasta que esté seguro de que lo entiendes. Yo no traicioné a tu madre, Dru. Es... simplemente, no es posible. Oh. ¿Era eso de lo que estaba hablando? —Sí, Christophe. En este punto, estoy bastante segura de que no fuiste tú. Graves llamó a la ventanilla del conductor entreabierta. — Oye, Christophe. Abro el tronco, ¿verdad?


Christophe me soltó de mala gana, y yo tiré de la manija de la puerta. Dibs ya tenía la puerta abierta hacia algo que parecía un cuarto de servicio, y la luz eléctrica caliente lo inundó cuando él encendió el interruptor. —Huele bien. —El rubio lobo medio giró—. Como si nadie hubiera estado aquí desde hace tiempo, pero las luces están encendidas. —Revisa todas las habitaciones. —Christophe salió del coche con elegancia, y yo agarré mi bolsa y cerré la puerta—. ¿Robert? —Dentro. —Shanks me acompañó subiendo por las escaleras y empujó a Dibs al pasar—. ¡Atrás, Dibby! Deja que trabajen los profesionales. Dibs resopló. —Sólo dime cuando puedo hacer pis. Yo secundé esa emoción, y me dirigí a la apertura brillante. —¿Cuándo vamos a llegar a la Schola? Quiero decir, la otra Schola. —Mañana, un poco después del mediodía. Quiero hacerlo en plena luz del día, y quiero que todos sean capaces de verte. De esta forma, estás más segura. —Christophe dio un paso adelante, y la tensión que invadió el aire caliente me hizo parar y mirar hacia atrás sobre mi hombro. Graves estaba cerca de la parte trasera del coche, con las manos en los bolsillos de su abrigo largo y oscuro. Él no


estaba mirando a Christophe, sin embargo. Tenía el mentón inclinado hacia arriba, y él estaba mirando directamente hacia mí. Sus iris eran anillos de fuego verde, las pupilas reflectaban en un tono extraño en oro verde. Al igual que los ojos de un gato en la noche. Los hombros de Christophe estaban rígidos cuando dio un paso adelante, justo encima de la barrera entre –espacio- y espacio personal de alguien. Graves no se movió. Christophe dio otro medio paso. —Vas a tener que salir del camino. —Su tono fue aparentemente leve, pero he visto tantos empujones compartidos en los pasillos de la escuela. Todas las señales estaban allí. Graves bajó la cabeza un poco. Se quedó mirando directamente al djamphir sólo durante dos segundos más de lo que debería si estuviera siendo amable, pero sólo un segundo menos que un desafío real. —Cuartos cercanos. Hey, Dru. Espérame. Me colgué la correa del bolso, colocándola a través de mi cuerpo. —Date prisa, ¿verdad? —Mi voz sonó rasposa. Por alguna razón, yo no quería ver a los dos entrar en la misma estúpida y pequeña grandilocuencia que había visto un millón de veces. Graves era Loup—Garou, y Christophe era djamphir. Lobo y djamphir y empujándose unos a otros, la violencia y el desprecio hirviendo justo debajo de la superficie. Al igual que deportistas y nerds, no, eso no estaba bien. Al igual que dos grupos de deportistas, cada


uno con una razón para odiar a los otros. Y no culpaba tanto a los lobos. La manera en que los djamphir los pisoteaban no era un delito, pero estuvo cerca. Había algo más entre estos dos chicos, sin embargo. Algo vicioso y bullendo justo debajo de la superficie. Probablemente tenía que ver con el calor que se elevaba en mí, manchando mis mejillas con fuego. Tomé una respiración profunda y aguda. Graves giró sobre sus talones. Su espalda fue presentada como un insulto, y rodeó el resto del coche. Me quedé quieta, mirando. Cuando llegó a mí, él se agachó y me agarró la mano. Sus dedos estaban demasiado calientes, pero no me dolía. El sonido de la abertura del maletero fue muy fuerte, pero cuando miré hacia atrás, la cabeza de Christophe estaba abajo. —Samuel. ¡Ven a ayudarme! ¿Samuel? Parpadeé. Dibs se movió nerviosamente. —Sí. Claro que sí. —Él saltó delante de nosotros. El coche sonaba, temblando mientras el motor comenzaba a enfriarse, y decidí que realmente necesitaba estar en otro lugar. La lluvia caía sin descanso contra el techo. Di con Graves unos dos pasos hacia el cuarto de servicio. Había una lavadora fea de color verde y una secadora, un


fregadero grande, y no mucho más. La cocina al pasar estaba igualmente sin muebles, y sentí más que oí a Shanks merodeando la casa. —¿Por qué hiciste eso? —susurré, pero Graves sólo sonrió. No su habitual media sonrisa dolida, y no la ancha sonrisa que más me gustaba de él. No, se trataba de una variedad, una mueca lobuna, mostrando cada centímetro de diente que pudiera sacar a relucir. —Sólo para que lo sepa, Dru. Voy a ir a ayudar a Bobby. Quédate aquí, ¿vale? —Y me soltó la mano y se fue. ¡Oh, por el amor de…!, ni siquiera pude terminar la frase mentalmente, era tan ridículo. Papá solía darme tiempo mientras barría todas las casas nuevas a las que nos mudábamos, él y yo también practicábamos haciéndolo como un equipo. Graves estaba actuando todo él como hombre, cuando un par de meses atrás ni siquiera sabía que existía el Mundo Real. Sí, las cosas estaban cambiando por completo. Me paré en medio de una cocina que parecía que había visto por última vez una comida cocinada en los años 70, respirando y escuchando como crujía la casa. Las ventanas estaban llenas de agujeros, dejando pasar la luz mortecina del anochecer. Podía oír a todos, lobos y djamphir por igual.


Y todavía me sentía completamente sola. ***** La Schola se fundía a mí alrededor mientras corría, mis brazos y mis piernas demasiado pesadas. Era como correr a través de la maleza, y no el claro Lucite en que el mundo se convirtió cuando el músculo dentro de mi cabeza se flexionó, pero una marea marrón con tintes de terror se arrastró por cada centímetro de carne. Ellos estaban detrás de mí. Podía oír los aullidos, algo entre el grito de odio acristalado de un vampiro y los gritos de un lobo enfurecido. Corrieron al unísono, las botas golpeando el suelo en el ritmo del desfile, y los muros se encogieron y consumieron por el sonido. Había puertas a cada lado del pasillo. Las probé, tirando de las manijas, pero todas estaban bloqueadas. Mis dedos se quemaron, y mientras probaba cada puerta podía oír a los muchachos detrás de ellos gritando. El humo picaba en mis ojos y me llenaba la nariz. Y fue mi culpa el que estuvieran allí, porque las cosas que estaban detrás de mí no les importaba que ellos sufrieran. Todo fue culpa mía, al igual que con papá. Él estaba muerto porque no le había hablado sobre el búho der la abuela, y Abue estaba muerta porque yo era una niña y no podía salvarla, y mamá estaba muerta también porque… —¡Dru! —sonó un susurro feroz.


Fue por mi culpa, todo por mi culpa, y los gruñidos y gritos se levantaron mientras el pasillo se extendía hasta el infinito y los pasos que calzaban botas se acercaban. No había ninguna salida en el pasillo, y en cualquier momento me verían. Las llamas silbaban y susurraban, cacareando sucias y pequeñas voces que se extendían dentro de mi cabeza y raspaban las curvas de mi cráneo seco. —¡Dru! Despierta —Alguien me sacudía. Me senté de golpe en posición vertical, arañando el aire vacío, y tragándome un grito. Graves sujetaba mi hombro, los dedos apretándose mientras evitaba mi chillido. El colchón de aquí era delgado y frío, situado en el suelo vacío, pero era mejor que la planta baja, al menos los dormitorios estaban alfombrados. —Hey. —Los ojos de Graves brillaban. Las persianas de la ventana no estaban arremetiendo hacia arriba o hacia abajo, y la luz de la luna se filtraba a través de ellas, luchando con la luz de farol. La lluvia había cesado—. Estabas soñando. Me agarré a él. Puso sus brazos a mí alrededor y apretó. Mi corazón latía con tanta fuerza que amenazaba con salir por mi garganta. Él había abierto dos sacos de dormir y nos había tapado con su abrigo, y había sido sorprendentemente cómodo hasta que, supongo, empecé a golpear y dar patadas. Enterré mi cara en el hueco entre su hombro y su cuello e inhalé. El humo del cigarrillo, el desodorante que utilizaba, el aroma loup-garou.


Me abrazó, y no parecía incómodo para nada, hasta que me dio unas palmaditas en la espalda con torpeza. —Dru. —¿Qué? —Mi susurro se agrietó hacia la mitad, cuando cayó su camisa. Inhalé y exhalé. No te muevas. Sólo por un segundo, no te muevas. Déjame creer que puedo contar con alguien. La idea se había ido tan pronto como se presentó, la alejé a toda prisa. Estaba haciendo mucho de eso últimamente. Como un mecanismo de supervivencia, lo succioné. Sus brazos se apretaron a mí alrededor. —Hay algo fuera. Incliné un poco la cabeza, tratando de escuchar. Mi corazón estaba haciendo demasiado ruido para poder escuchar realmente. Tragué saliva con otra respiración profunda y traté de calmarme. —¿Lo que suena? Hubo un fuerte crujido de la puerta. Como si alguien inclinado contra ella hubiera cambiado su peso. Christophe no había dicho una sola palabra cuando Graves me siguió escaleras arriba. Lo que fue probablemente una buena cosa. —Como que está tratando de estar en silencio. Pero puedo oírlo. La respiración, una especie de… —Graves se movió de nuevo, un poco incómodo. Traté de alejarme, pero él me siguió sosteniendo. Los latidos de mi corazón empezaron a


disminuir. Yo estaba sudando. Las delgadas líneas azules de la protección en las paredes brillaban suaves y tranquilizadoras, no produciendo chispas o corriendo juntas en símbolo de que estábamos en problemas. La Abuela estaría orgullosa de mí. Sólo son un par de veces las que he hecho las protecciones sin su varita rowan. Me tragué el nudo de dolor en mi garganta. El sueño estaba dentro de mi cabeza, los gritos y el fuego de alguna manera tan real como los brazos de Graves a mí alrededor y el sonido de mi respiración, rápida y ronca. —Zapatos. —¿Qué?— Él ladeó la cabeza. —Coge tus zapatos. Y dame los míos. —Me retorcía para alejarme de él y encontrar mis botas justo donde las había puesto, a la derecha contra el colchón. Un rápido doble movimiento y tenía mis pies dentro de ellos, y agarré mi bolsa, deslizando la correa por encima de mi cabeza. La pistola estaba en el interior. Los clics eran muy fuertes mientras los comprobaba, abriéndolo de nuevo, y deslizándolo en la seguridad. Graves se puso su chaqueta. Dejé escapar un suspiro suave y me arrodillé acercándome a la ventana. Mi espalda dolía, pero no era tan malo como podría haber sido. Tal vez me estaba sanando. La sensación de cálido aceite de aspecto suave me rodeó, y el medallón pulsó tranquilizador.


La habitación se puso más brillante. Casi levantó la mirada para ver si la luz se había encendido. Sabía que no había sido así, sin embargo. Yo estaba viendo mejor. Lo hice en la pared junto a las persianas, con cautela me subí, y decidí que podía mirar por allí. La habitación estaba a oscuras, y nadie me ve mirando hacia fuera, o yo esperaba que no lo hicieran. Miré hacia fuera y me di cuenta de lo que estaba mal. No había sabor a cera de naranjas y peligro en mi lengua. Lo que estaba allí no era vampiro. Por lo tanto, podría ser otra cosa. O podría ser, ya sabes, todos nosotros en una casa extraña y nerviosa. Estate callada, Dru. El imperativo de silencio me clavó en el lugar, mis ojos se centraron en el segmento estrecho de las ramas del techo y el árbol podía ver, entonces, algo se movió, deslizándose a lo largo del borde del tejado con la gracia de silencio aterrador. Dejé escapar un suspiro suave e interrogante. La forma era larga y delgada, fluida con pelo. Un trazo blanco se movía sin problemas en su cabeza estrecha. Era Ash. Se paró sobre el techo, tres patas abajo y una en una imitación de la extraña manera en que un gato se detiene en


mitad de un paso cuando algo llama su atención. Los destellos de color naranja de sus ojos se cerraron por un momento, y todo su cuerpo se desplomó sobre tres patas. —¿Qué es? —dijo Graves en voz baja. Yo no lo miraba, pero me di cuenta que sabía que yo había visto algo. Tal vez fue mi cara. Sin duda, era divertido, huesos bajo las contracciones de piel mientras me congelé, asomada entre las rendijas de las persianas. Afuera del pasillo de la puerta del dormitorio estaba mortalmente silencioso. Si Christophe se estaba moviendo, no podía oírle. —¿Dru? —Graves dio un paso hacia delante. El entarimado crujía bajo sus pies. La cabeza canina y estrecha de Ash se alzó bruscamente y se dio la vuelta. Miró justo en mi dirección por lo que pareció un momento interminable, y la voz del instinto habló en mi cabeza. Di dos pasos hacia un lado y agarré la cuerda, tirando de las persianas con un sonido que destrozó el tranquilo sueño. —¡Dru! —Esta vez fue Christophe abriendo la puerta de golpe, pero yo ya tenía la ventana destapada. Tiré de ella, y la maravilla de maravillas, no estaba pintada. Se viró con un chirrido mientras Graves gritaba y Christophe maldecía.


Ash cayó a través de la ventana. Dejó huellas oscuras en el techo y el marco de la ventana. La sangre parece negra por la noche, y estaba cubierta de ella. La longitud de líquido caía al suelo con un golpe húmedo. La certeza sin nombre mismo me hizo arrodillarme a su lado. El aire frío de la noche entraba por la ventana. Ash hizo un sonido suave canino cuando toqué su cabeza peluda. Un sonido medio gruñendo que no llegó a terminar, como si estuviera demasiado cansado para terminarlo. —Dru. —Christophe, con el tono cuidado de un adulto diciéndole a un niño que no acariciara al perro agradable que podía ser rabioso—. Dru, malutka, pequeña, aléjate. — Hubo un clic, y yo no tenía que mirarlo para saber que había una pistola. Tal vez fue incluso la escopeta que había disparado contra Ash en una ocasión antes. ¿Qué diablos estoy haciendo? Pero Ash me había salvado la vida dos veces. No parecía correcto que Christophe le disparara. Al igual que no había sido correcto dejar detrás a Graves, una vez que había sido mordido. —Él está herido. El lobo hizo otro sonido cansado, y volvió la cabeza ligeramente hacia mí. Suspiró. Y un pensamiento incómodo se alzó dentro de mí, ¿qué pasaría si hubiera dejado detrás a Graves? ¿Cuántas veces me había salvado, también?


Christophe tragó fuertemente, audiblemente. —Dru, moja ksi aniczko, por favor. Aléjate de él. El pelo era increíblemente sedoso donde no estaba enmarañado por el agua y la sangre y la suciedad. Toqué la veta blanca y Ash hizo un ruido fuerte y tembloroso. —Está herido. Me salvó la vida el otro… —Es peligroso, al igual que cualquier Broken. Y es probablemente quien los llevó directamente hacia ti. Aléjate, y pondré fin a su sufrimiento. Me incliné hacia adelante sobre la cabeza de Ash. —Maldita sea, Christophe, escúchame. Tenemos que ayudarle. Me salvó la vida, y… —Podría haber hecho eso por numerosas razones. —Así como tú. —Miré hacia arriba. Sus ojos estaban casi brillando, de color cielo de invierno. Graves tenía sus manos arriba y estaba de pie a un lado, mirando fijamente el perfil de Christophe y la escopeta. Era la escopeta, la misma que había tenido antes. Y estaba apuntando justo hacia mí. Un estrecho río de punzante miedo recorrió mi espina dorsal. El final de un arma de fuego se ve muy grande y muy negro cuando te mira fijamente a la cara.


—Christophe —dijo Graves, en voz muy baja. Un gruñido se sacudía debajo de las palabras—. Baja esa maldita escopeta. —¿Qué vas a hacer? ¿Saltar sobre mí? —Resopló Christophe—. Cierra el pico, chico perro, y deja hablar a adultos. Dru, kochana, por favor. Te lo ruego, aléjate del animal y deja que me ocupe de ello. —Los espacios entre sus palabras eran cada vez más extraños, y me pregunté otra vez, inconsecuentemente, ¿cuántos malditos años tenía? —Yo no voy a hacerlo. Vamos a ayudarlo. —Miraba al cañón con aceite de la escopeta, su hocico mortal. Mis dientes sintieron un hormigueo, volviéndose agudamente sensibles—. Y creo que mejor que lo hagamos rápido. El gruñido que sonó en la habitación no venía de Ash. Un crujido de huesos cambiando su forma y densidad se arrastraba por el aire como el suave sonido de las alas de un pájaro. Y el sabor de las naranjas enceradas floreció en la parte posterior de la lengua. Christophe levantó la mirada, con el movimiento rápido de un pájaro, y dejó caer la boca del cañón de la pistola hacia el suelo. —Es hora de irnos. Los ha conducido hasta aquí. Dios y el infierno, sean ambos malditos. —Se volvió bruscamente sobre un talón—. ¡Robert! ¡Samuel! ¡Arriba!


Fue increíble escucharlo gritar. Aún más sorprendente era Graves encorvado sobre sus hombros, con sus ojos brillando de color verde. —¿Dru? —Mi nombre salió medio distorsionado, porque su mandíbula estaba cambiando. —Ven aquí-. Traté de no sonar medio muerta de miedo, en cuclillas sobre un lobo herido y sangrando—. Ayúdame. Está bastante apaleado. Ash hizo un movimiento convulsivo. La sangre se esparció en el suelo, y un ligero sonido herido escapó de su boca. Sus dientes se veían muy afilados, y muy blancos. Suspiró, y se desplomó sin fuerza en el suelo. —¿Graves? —Oh, por favor no pierdas la calma ahora. Por favor. —Es hora de irnos —gruñó Christophe en la puerta—. Baja a la planta baja, Dru. Ahora. —Lo llevamos con nosotros. —Miré a Graves, instándole a que me ayudara. El crujido se alejó. Él avanzó dos pasos, para terminar a mi lado y se inclinó hacia la cabeza del lobo. Se arrodilló con cuidado, y pude ver lo pálido que era bajo su coloración étnica. Le temblaban las manos cuando se agachó, tomando un puñado de piel con sangre.


Se me ocurrió entonces que Ash fue el que había mordido Graves. —Ayúdame a ponerle en posición vertical. — Quería disculparme, pero no había tiempo. Debido a que las delgadas líneas azules de los conjuros en la pared habían comenzado a brillar y moviéndose en conjunto con inquietud, sintiendo la proximidad de algo hostil. —Jesucristo —dijo Graves, sin aliento, y tiró del brazo de Ash hacia arriba—. Bien, Dru. Está bien. Todo está bien. Oh, gracias a Dios. Porque no sabía lo que habría hecho si él no me hubiera defendido. Entre nosotros dos, cogimos al lobo hacia arriba. Colgaba como ropa mojada, y era pesado y estaba lleno de sangre. El pelo de Christophe se veía sucio y oscuro mientras su forma se inclinaba sobre él, sus colmillos tocando su labio inferior y sus ojos incandescentes. —Si crees que voy a… —comenzó. Graves en ese momento gruñó en respuesta, un profundo ruido zumbante. —Cállate la puta boca si no vas a ayudar— . Él dio una etapa experimentalmente, y el peso de Ash fue más fácil de manejar—. Vamos, Dru. Dejé escapar un suspiro sollozante de alivio. Nos movimos hacia adelante, Christophe nos bloqueó, y oí un fuerte grito de odio elevarse en la distancia. Arañó el interior de mi


cabeza, y eso significa que los vampiros nos habĂ­an encontrado. Y se estaban acercando.


28 Traducido por Mausi Corregido por Madri

-¡Qué diablos...- la mandíbula de Shanks realmente se cayó, y Dibs soltó un chillido agudo que habría sido divertido si yo no hubiera estado seriamente sin aliento por cargar a un lobo inconsciente por las escaleras. -¡Muévanse!,- ladró Christophe, y ambos se pusieron en movimiento. Ellos ya tenían sus bolsas de dormir enrolladas junto al resto de sus cosas. Dibs empujó todo en los brazos de Shanks y metió la mano en su bolsa. -¿Cómo vamos a acomodar esto en el coche?,- quiso saber Shanks mientras se movía. Christophe le arrojó las llaves. ¿Mierda, voy a conducir yo?.-Date prisa.- Christophe giró sobre sus talones. - Lleven esto al auto, pónganla a ella en la parte de atrás y recójanme en el patio delantero. -Y luego se fue, un brillo quedó suspendido en el aire, en el lugar donde había estado. La puerta principal se abrió y el olor de la mañana temprana se desbordó por la sala. Sin embargo el amanecer estaba muy lejos todavía.


-Vamos carboneros.- Shanks se dirigió al garaje, con los brazos llenos de cosas. -Vamos a salir.La cabeza de Ash colgaba. Casi me caí al recibirlo cuando lo llevábamos hacia abajo por la escalera en dirección al garaje, pero Dibs dio un paso adelante dando un pequeño resoplido y soportó el peso por mí. Yo medio me caí hacia un costado y me sostuve contra la pared, y se escuchó un crujido en el piso de arriba que sacudió toda la casa. Shanks cerró de golpe el baúl del auto. Más sonidos de crujidos llenaron el piso de arriba. - ¡Métanse adentro, Dru, al asiento trasero. Sube con ellos!.Entre Dibs y Graves, metieron a Ash en el asiento trasero. Yo subí del otro lado, Shanks cerró la puerta del lado del conductor, y el motor despertó mientras yo me estiraba y cerraba la puerta de mi lado. Gracias a Dios el asiento trasero era grande, si hubiéramos estado utilizando un auto importado, alguien habría tenido que quedarse detrás, y eso no habría sido bueno. Esperen un segundo, ¿cómo vamos a...? Shanks puso el coche en marcha atrás, hizo volar el tope del freno, salió del estacionamiento y aceleró a fondo. La puerta del garaje era de una madera endeble, y estalló en astillas. Los neumáticos mordieron la grava, Shanks giró el volante, y nos detuvimos en medio de la calle, a medio


centímetro de un automóvil estacionado. Encendió las luces del frente y dejó escapar un pequeño whooo. -¡Jesús!,- gritó Dibs, buscando en su botiquín de primeros auxilios. -!Sosténganlo abajo!.Ash se agitaba. Su cabeza iba hacia adelante y atrás en mi regazo, sus dientes blancos castañeteaban, me agaché y lo agarré. Graves se agachó sobre él agarrándolo en el medio y la puerta delantera del lado del pasajero se abrió. -¡Vamos!.- Christophe cerró la puerta e inmediatamente giró, apoyando las rodillas sobre el asiento. Sus ojos se deslizaron sobre mí mientras sus hombros se movían, y el aire frío se vertía en el coche. Él estaba bajando la ventanilla. Shanks puso de nuevo el auto en marcha y pisó el acelerador. El coche saltó hacia adelante. Eché una mirada por la ventanilla y vi que la casa estaba llena de formas oscuras moviéndose demasiado rápido y en forma extrañamente elegante como para ser humanos. Un destello de una llamarada teñida de azul chisporroteó en lo alto de la azotea y se expandió como una flor. Una de las formas oscuras saltó al césped y fue hacia el coche. Todo iba demasiado lento. Los diente de Ash golpeaban entre sí, y Christophe tenía el arma poyada contra su hombro mientras estaba arrodillado en un ángulo imposible en el asiento delantero.


La pistola habló una vez, un rugido que provocó que Ash tuviera convulsiones más frenéticas. Mi bolsa, que estaba aplastada contra mi costado, se clavaba en mis costillas. Si hubiera podido dejar al werelobo en mi regazo, podría haber bajado la ventanilla y disparado a esas cosas que nos perseguían. -Cálmate.- Mi voz se perdió debajo del rugido del motor. Me incliné sobre la cabeza de Ash, repitiéndole a él y a mí misma, tratando de no gritar. -Cálmate, cálmate, que estamos tratando de ayudarte…ulp.- El coche se sacudió cuando aceleró violentamente, el motor rugió, y las llantas giraron largando humo. -¡Más rápido!.- El arma habló de nuevo. Christophe se movió y soltó los casquillos que cayeron abajo, cerca del asiento, y se veía muy diestro con la 45 semiautomática. Era un verdadero cañón, y él revisaba el cargador como un experto, también. -¡Maldita sea, Bobby, rompe el límite de velocidad!.-¡Lo hago!,. replicó Shanks, pero el coche tomó aliento y saltó hacia adelante de nuevo, con el motor diciendo: Sí, señor, yo soy de un pesado metal estadounidense y podemos mover esta cosa, sí podemos, sólo denme un segundo. -¡Cálmate!,- grité, y Ash se apaciguó. Su cabeza estaba pesada y húmeda por la sangre, y olía fatal. El sabor de las naranjas podridas se agolpó dentro de mi boca , y yo deseaba vomitar o escupir.


Christophe se movió. La ventana estaba totalmente baja y sacó su cabeza y los hombros fuera. -¿Qué demonios estás haciendo?.- El grito Graves se perdió bajo el rugido del viento. -Mierda,- gritó Shanks, y levanté la mirada. Habían una luces perforando la oscuridad, y estuve confundida por un momento antes de que el coche comenzara a girar y me di cuenta de que estábamos en una calle de un solo sentido. En la oscuridad. Yendo por el camino equivocado. Y Christophe enganchó con calma una pierna sobre la cabecera del asiento del acompañante, se sentó en la ventana como si hubiera visto demasiadas repeticiones de los episodios de ―Los Dukes de Hazzard―, y comenzó a disparar hacia atrás.


29 Traducido por Mausi Corregido por Madri

-¡La autopista!. ¡Toma la autopista!.- Mi codo se clavó en el rostro de Ash. Me incliné hacia adelante y grité. -A la derecha, a la derecha, en la rampa de acceso, la rampa de acceso!.-¡Cállate!,- Shank dobló de golpe. Nos zambullimos en la rampa a más de cien kilómetros de velocidad y él lanzó una maldición de una creatividad asombrosa. Las luces de las farolas pasaban silbando a nuestro lado. Algo golpeó el baúl y la cola del auto se movió hasta enderezarse. Me atraganté, con el sabor de las naranjas podridas que llenó mi boca de nuevo, y deseé poder escupir. Un punto de frío feroz floreció en mi pecho y me estremecí. Algo enormemente pesado cayó sobre la parte de atrás del coche. Graves, Dibs, y yo gritamos, formando un coro de tres miembros sorprendidos y aterrorizados. El cristal no se rompió por completo, y la pistola de Christophe habló de nuevo mientras su pierna se soltaba de la cabecera del asiento. Su bota se acercó a mi cara y lancé mi cabeza hacia atrás y tuve una imagen confusa en sombras, unos ojos rojos mirando hacia abajo, un destello de cabello broncíneo


y un punto de luz de color naranja con un centro de color azul. Era la Quemadora. Su mano estaba llena de fuego, y miraba hacia abajo a través del cristal roto, con los ojos llenos de un perverso fuego carmesí. Ella gritó en un crescendo cada vez mayor de odio, y Christophe volvió a disparar. El coche zigzagueó y el peso del vampiro fue arrojado lejos. La ventana trasera se estrelló y se resquebrajó por completo. Espirales de llamas azules susurraron entre las grietas y finalmente se apagaron mientras yo dejé escapar un resoplido breve y sentí un hormigueo en la piel con el calor del exterior. La pierna de Christophe volvió a moverse. Él se deslizó hacia abajo en el coche, y lo primero que hizo fue dejar caer su arma, inclinarse sobre el asiento y apoderarse de mis hombros. -¿Estás bien?.¿Dru?. ¿Estás herida?.¿Qué diablos…?-¡Yo estoy bien!- Tuve que lanzar un grito chirriante sobre el rugido del viento que venía desde la ventana. Shanks entraba y salía de la hilera del tránsito. Afortunadamente, íbamos en la dirección correcta, la única cosa que se veía delante nuestro eran luces traseras. -¿Estás bien?.Él asintió con la cabeza. El aspecto retrocedió, las mechas rubias se deslizaron hacia atrás por su pelo como si el viento las besara. No soltó mis hombros. -Reduce la


velocidad, Bobby. Esa era la quemadora, y ella no va a quemar más. No cuando la mitad de su cabeza ha desaparecido.-Sí. De acuerdo.- La sensación de salvajismo que había inundado el auto disminuyó un poco. -Jesús. ¿Estás seguro de que todo se ha despejado?.-Bastante seguro. Pero no te detengas por un rato.Christophe me dio una mirada penetrante una vez más, y su mirada descendió a la cabeza del lobo que estaba en mi regazo. Las salpicaduras de las luces del alumbrado público y el reflejo del brillo de los faros rebotaban en su rostro. Deberías haberlo dejado atrás.- Sus labios formaron las palabras que se perdieron en la corriente resbaladiza. Mis dedos aún estaban enredados en el cabello de Ash. Mi barbilla se levantó un poco, y mi rostro se asentó. Me quedé mirando a Christophe, mi mirada recorrió su rostro de proporciones perfectas. Lo habría dibujado, si es que hubiera tenido el tiempo y el papel. Pero ¿cómo podía captar la forma en que me estaba mirando fijamente, los pensamientos que se movían detrás del azul frío de sus ojos?. Mi corazón no había dejado de golpear todavía. Pero, gracias a Dios no me sonrojé. Yo estaba demasiado asustada. Un delgado de vidrio del auto era lo que había entre un vampiro lanza llamas y yo. Jesús.


-Está sedado,- dijo Dibs. -No puedo darle más, pero eso debería mantenerlo calmado. ¿Por qué no está cambiando?.-Él no puede cambiar, eso es lo que significa ser un doblegado.- Los ojos oscuros de Shanks brillaban en el espejo retrovisor. Había llegado a golpear el coche de costado en algún momento en los últimos quince minutos revueltos, y acomodó el coche desacelerando un poco más, logrando una respetable velocidad de casi 90 kilómetros en lugar de ir a más de 110 kilómetros por hora. -Mierda, ¿en serio?-. De hecho Dibs dio un respingo, como si esperara que Ash se despertara y empezara a causar problemas. -¿Por qué…quiero decir, bueno, éste es él?.¿Del que estábamos hablando?¿ El último cabeza plateada ?.-Sí.- Asentí con la cabeza, pero mis ojos no se apartaban de Christophe. -Este es Ash. Vamos a ayudarle. Tanto como nos sea posible. ¿A qué distancia estamos de la Schola?.El djamphir me soltó. Me estudió durante otro momento, y luego se deslizó en su asiento y levantó la ventanilla. El repentino silencio era ensordecedor. -No falta mucho. Debemos mantenernos en dirección al sur. Tendremos que dejar la autopista más o menos en una hora.-Supongo que no nos detendremos a tomar un café.- Shanks bostezó, pero él seguía mirando por el espejo retrovisor de vez en cuando. ¿Me miraba a mí?. ¿O hacia Ash, que caía sobre el regazo de todo el mundo en el asiento trasero?. ¿A Graves, que se había enderezado, y ahora miraba fijamente


hacia adelante mientras le latía el músculo de la mandíbula?.¿O a Dibs, que estaba sorprendentemente pálido mientras revolvía el contenido de su maletín?. O tal vez simplemente estaba mirando la ventana trasera, donde la marca del puño de la vampiro seguía retumbando en el cristal roto encima de mi cabeza, los trozos se habían derretido juntos como si los hubiera besado un soplete. ¿Qué hubiera pasado si esa mano se hubiera abierto paso?. No quería pensar en ello. -No sé si podemos hacerlo, con él en el coche.- Christophe soltó una carcajada un poco espeluznante. -Sólo sigamos moviéndonos hasta que salga el sol. Un problema a la vez.Era un buen consejo. Miré hacia abajo. Ash había dejado de sangrar. Los desgarros y agujeros en su cuerpo estaban empezando a cerrarse. Es extraño ver a un lobo sanar, tienes la sensación de que si miras más allá, la piel se retuerce y la herida se desenrolla como en una película de terror. El silencio y una penumbra incómoda llenaron el coche. Dejé escapar el aire por largo tiempo. Me dolían los hombros. Me quedé mirando fijamente la nuca de Christophe. Él se pasó los dedos por el pelo rubio y los reflejos permanecieron en su lugar. ¿Cómo se veía tan perfecto todo el tiempo?. Eso no era algo natural. Pero entonces, al igual que yo, ¿verdad?.


Saqué mi mano izquierda de entre el pelaje con sangre coagulada de Ash y la dejé encima . Graves me agarró los dedos, y cuando apretó, una descarga de alivio cálido fue directo a mi brazo y explotó en mi corazón. -Ya casi estamos allí,- le dije a la cara delgada y peluda en mi regazo, al silencio, a Graves, y a mi propio corazón, que palpitaba dentro de mi caja torácica como una ardilla en una rueda. -Todo va a estar bien.Nadie más dijo nada. Supongo que debería haber estado agradecida, pero me sentía débil e insegura, como si estuviera a punto de llorar. Mi cara de chica ruda había desaparecido totalmente.

*** La ciudad que estaba pintada de naranja del cielo que estaba por encima, se convirtió rápidamente en gris mientras el sol salía. Christophe trajo dos vasos de cafés y uno con una bolsa de té de hierbas. Graves le pasó a Dibs su té. Tomé un sorbo del vaso de plástico de café y traté de no mirar a Christophe. Mi pelo estaba salvajemente desordenado, y me sentía grasienta por todas partes. Estar atascada contra la puerta con la cabeza pesada de un werelobo en mi regazo también hizo que mi espalda se sintiera muy infeliz. Estaba magullada y dolorida por todas partes.


-Falta menos de un kilómetro y medio,- dijo Christophe, y rebuscó en la bolsa. -¿McMuffin de huevo, Dru?.-Ugh.- Pero mi estómago protestó. Yo tenía que comer algo. -Supongo que sí. ¿Qué vamos a hacer cuando lleguemos allí?.-Tendrás que responder algunas preguntas. Así como lo harán otras personas...- comenzó a repartir paquetes de comida grasosa envuelta, -… ya que ellos no sabrán de tu existencia hasta que aparezcas en su puerta principal. Con un Doblegado, dos lobos, y un loup-garou.- Incluso casi sonaba alegre. -Va a ser interesante, eso es seguro.Graves me entregó el McMuffin y dos aros de cebollas muy calientes. Sus cejas se unieron. -Espera un segundo. ¿Qué vas a hacer tú mientras….?-No quiero darles otra oportunidad de matarme.Christophe le dio otro montón de comida rápida. -Y tengo otro asunto.-Así que nos envías de nuevo a algún lugar donde sabes que hay un traidor.- Graves continuó pasándole los alimentos a Dibs. -Muy lindo.-Aquí es donde pensé que iban a estar en primer lugar.- El tono de Christophe fue aparentemente leve. - Los llevaron a un schola satélite reformatorio en un lugar remoto del país, en lugar del único lugar donde podía estar razonablemente seguro de que estaban a salvo. Esta vez voy a asegurarme


de que entren por la puerta principal, y voy a armar tanto revuelo que no podrán esconder la presencia de Dru y su supervivencia a los Otros en el Consejo y en la Schola comenzarán a hacer preguntas, especialmente una vez que seas interrogada.- Hizo una pausa. -Aunque yo no sé muy bien lo que van a hacer con el Doblegado.El doblegado. Ni siquiera decía Ash. Y la forma en que lo dijo era fría y desdeñosa. -Apuesto que una vez que pase el ciclo de la sedación, va a empezar a arrojarse contra cualquier pared en su camino para volver a Sergej.- Christophe suspiró. -Va a ser una bendición si muere.Mordí un bocado enorme del sobreprocesado bocadillo inglés, las salchichas no combinaban con la carne, y el huevo es grasoso. No dije nada. -¿Tú no vas a quedarte como su padrino?.- Shanks aceptó un McMuffin y rasgó la envoltura con sus dientes, lo escupió a un costado y mantuvo una mano en el volante. Había más tráfico, ya era de mañana. -Quiero decir, que es un billete de ida a…-Probablemente ella va a insistir en que ustedes permanezcan como sus guardias. Es posible que haya algunos otros ansiosos por ese honor.- Christophe se encogió de hombros, y los aros de cebolla pasaron de mano en mano. -Si Dylan sobrevivió, probablemente recibirá el informe de alguna manera.-


Tragué a toda prisa. -Él dijo que sus contactos no estaban respondiendo. Al igual que Augustíne. Él dijo: Augie ha desaparecido.-No temas por Augie. Él es astuto.- Christophe hizo un bollo con la bolsa de papel crujiente y la arrojó un lado. El coche olía a sal, sangre, comida rápida, y a cuerpos sucios de adolescentes. Por no hablar del werelobo enfermo. Ash se retorció cuando Shanks clavó los frenos y golpeó la bocina. -Estúpido,- gritó. -¡Permanece en tu propio maldito carril!.-Conductores urbanos.- Christophe ni siquiera se inmutó por el sonido. -En cualquier caso, Dru, mi preocupación es meterte por las puertas de la Schola. No preocuparme por Augustínine. Seis cuadras más y a la derecha, Robert.-Ya lo tengo.- La luz cambió a verde por delante. Shanks condujo el coche hacia adelante. Seguí comiendo, apenas sentía el sabor de la comida. Mis manos temblaban y no creo que fuera por el hambre. El tráfico se separaba como en ondas. Las nubes grises y ahumadas se deshacían, y vi destellos de cielo azul. El sol significaba que estaba a salvo. Por lo menos de los vampiros. El medallón de mi madre estaba escondido debajo de mi suéter. Era reconfortante y cálido, en la piel caliente. Como el metal normal.


-¿Sabes quién era?.- Mi voz me sorprendió. -En la transcripción. Christophe, ya sabes.Él negó con la cabeza. Le dio un bocado crujiente a un aro de cebolla. Sus dientes eran tan blancos como los de Ash. Blancos como la amplia sonrisa que ahora también tenía Graves. - Lo sospecho Dru, pero no lo sé.- Transcurrió una larga pausa mientras transitábamos por otra cuadra. -Pero lo voy a averiguar. Y entonces, que Dios ayude al que está jugando este juego.No es un juego. Es mi vida de la que estamos hablando. Tomé un trago de café hirviendo. No sirvió de nada. El mismo instinto sin nombre que había hecho que me negara a dejar a Ash me dijo que Christophe sabía más de lo que estaba diciendo. A pesar de que no tenía que ser un genio para darme cuenta de eso. Él siempre sabía más de lo que decía. - ¿Qué vas a hacer?.-Te lo dije. ¿Te acuerdas?. Ahora tengo una razón. Dobla aquí, Bobby.-Lo sé.- El coche dobló a la derecha. El motor sonaba un poco triste, y yo no lo culpé. Christophe.- Tenía las mejillas ardiendo de nuevo. ¿Por qué me sonrojaba como una. . . como una niña, por Dios?. -Silencio, Dru. Dos cuadras a la izquierda. ¿La ves?.-


-La veo.- Shanks aminoró al velocidad. -¿Supongo que no quieres un chofer?El djamphir se echó a reír. -¿Por qué empezar ahora?. Cuiden de ella chicos.Graves me miró. -Espera un segundo.- Yo tenía mis manos llenas con mi desayuno y Ash se movía en mi regazo, y unos pequeños destellos se movían bajo sus párpados. -No me digas que te vas a…Demasiado tarde. El coche casi se detuvo, la puerta de Christophe se abrió y para el momento en que comencé a protestar, se cerró de golpe. Él se lanzó entre dos coches aparcados y se desvaneció en un callejón entre dos casas de concreto. -No puedo creer esto.- Pero podía hacerlo. Era más o menos la forma en que todo transcurría ahora. -No te preocupes.- Shanks realmente metió el resto de su bollo en la boca y masticó dos o tres veces, luego tragó saliva. -Mierda, él se tomó mi café. De todos modos Dru, estamos a salvo.-Sí.- Graves me dio una mirada de reojo elocuente, mientras que Shanks aceleraba un poco. Las dos cuadras se deslizaron por debajo de los neumáticos cansados del coche, y justo cuando giró a la izquierda a través de un


portón de hierro forjado medio abierto, la luz del sol irrumpió por la calle, sumergiendo cada cosa en oro. -A salvo. Hasta que alguien quiera matarnos.-Grandioso-. Casi se me cae el McMuffin en el rostro de Ash. Entonces comencé a masticar. Probablemente necesitaría un estómago lleno para manejar la situación que sobrevendría después. Un camino negro y húmedo se extendía debajo del arco de la hilera de árboles a cada lado. Las puntas de las ramas tenían unos delicados brotes verdes. Cuando salimos de la doble línea de vegetación, el sol salpicaba su luz a través de un enorme edificio de piedra blanca. Los jardines estaban impecables. Había un par de leones de concreto haciendo guardia en el final de la entrada, también, y me pareció ver que uno de ellos se movía. Pero podría haber sido sólo la luz cegadora y fresca de la mañana. Me resultaba familiar, y me di cuenta que la otra Schola había sido una copia pequeña y gris de este lugar. Aquélla me había parecido muy grande e imponente, pero esta era el sitio verdadero. Tragué saliva ante mi repentina sequedad, y tomé un último sorbo del café recalentado. Se me cayó la taza cerca de mis pies y esperé que mis piernas entumecidas me sostuvieran cuando finalmente saliera del coche. -Gracias a Dios,- dijo Shanks en voz baja. -Estamos a salvo.-


Miré a mi regazo. Los ojos de Ash se habían cerrado de nuevo, el brillo en sus párpados ya no existía. -Espero que sí.- Terminé la última porción de mi panecillo. Dibs suspiró, era un sonido de alivio puro. Shanks llevó el auto frente a los escalones que conducían a la puerta principal. Paró el motor, y me di cuenta de que la gente dentro de la gran pila de piedra blanca, estaban al tanto de nuestra llegada. En cualquier momento se abriría la puerta, y tendríamos que responder preguntas y hacer cosas y. . . La enorme puerta de hierro doble en la parte superior de la escalera blanca y reluciente ya se estaba abriendo, dejando al descubierto por un momento un trozo de oscuridad en el interior, justo antes de que emergieran las formas delgadas de unos adolescentes. Todos ellos eran varones, y todos eran djamphir. ¿Cuáles eran los enemigos? -Les aseguro que eso espero,- repetí, y cogí la manija de la puerta.


02 betrayals  
Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you