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Noel Strecker Inalcanzable


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Inalcanzable…

Noel Strecker

Dedico esta historia con muchísimo cariño: Al Club Rubio-Cenizo-Caoba. A mis queridas amigas de Novelass Forum, & a Saneral Ciel

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ÍNDICE Prólogo: Dos meses atrás ........................................................................ - 4 Capítulo 1- Formal .................................................................................. - 5 Capítulo 2- Baby Boy ............................................................................. - 13 Capítulo 3- Puakenikeni ........................................................................ - 21 Capítulo 4- 1, 2, 3… Dance..................................................................... - 28 Capítulo 5- Luna .................................................................................... - 36 Capítulo 6- 15 Años ............................................................................... - 42 Capítulo 7- Fin de la Historia ................................................................. - 51 Capítulo 8- Amanecer ........................................................................... - 57 Capítulo 9- Increíblemente… Increíble .................................................. - 62 Capítulo 10- Hoja en blanco .................................................................. - 66 Capítulo 11- Procesando Información ................................................... - 71 Capítulo 12- Día Siguiente ..................................................................... - 78 Capítulo 13- Extraña Circunstancia ........................................................ - 81 Capítulo 14- Autocontrol ...................................................................... - 85 Epílogo: Todo en Uno............................................................................ - 89 Notas: ................................................................................................... - 91 -

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Prólogo: Dos meses atrás — ¿Seguro que no me dolerá? Ya son siete veces que le repito lo mismo a Manuel, pero él sigue insistiendo en que nada malo puede ocurrir. — En la primera vez nunca pasa nada —me ve como si fuera algo comestible, tal acto me prende al instante. Me dejo llevar por el momento; Manuel desliza sigilosamente sus manos por mi espalda, la sensación de éxtasis me llena completamente. Empiezo a buscar su miembro mientras él sigue masajeando la parte más sensible de mi ser, cuando me da la última mirada antes de enterrarse profundamente veo mil luces estroboscópicas girar de manera interminable alrededor de mí; el clímax llegó, la sensación de ser saciada por el placer carnal al fin lo experimenté en carne y hueso. — Manuel… —susurré al lado de su hombro derecho, él siguió con sus embestidas sin tomar en cuenta lo que había dicho—; Manuel —repetí para que me oyera, ahora mi voz tomó más fuerza, él siguió y no paró en lo absoluto—, ¡Manuel! —mi voz se quebró al darme cuenta de lo que ocurría. Manuel no es ni será el amor de mi vida, discierno cuán estúpida que he sido al entregarme a él—. ¡BASTA! —si antes sentí placer ahora todo eso se convirtió en asco, pero él siguió meneando sus caderas al compás de sus embistes, empiezo a gritar para que me suelte. — Cállate, maldita zorra —me dio una bofetada que sonó en todo el cuarto; intenté tocarme la mejilla pero sus manos apoyadas sobre la cama hicieron que las mías propias se quedaran inmovilizadas. De la manera más veloz que encontré le pegué un rodillazo en sus genitales, el dolor fue tan fuerte que me dejó al instante para ponerse en posición fetal tocándose sus partes inferiores. — Puta barata… —antes de que me tome de nuevo le aviento un cenicero que está en el buró al lado de la cama, él cae desfallecido en el piso del hotel. — Bastardo… —fue lo único que murmuré antes de que mis ojos se llenaran de lágrimas. Nadie, pero nadie nunca más me volvería a lastimar de esa manera, antes lo veo retorcerse del dolor.

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Capítulo 1 Formal Éstas son las ma-ña-ni-tas, sí para ti, sí claro para ti, es que hoy cumples años, ¿cuántos? 1 o 2, a lo mejor son 3 o 4, a lo mejor son 5, 6 o 7 machete, 8 pinocho, ¿9? ¿10? ¿20? o ¿30?; 40 50 60 70 80 90 o 100. No importa, ¡no importa los años que cumplas! ¡FELICIDADES! Como odio esa cancioncita, la maldita melodía me trae dando vueltas todo el día y ahora también parte de la noche. Dios, que pensaron al crear a Cepillin. — Fátima, baja a la fiesta—es mi hermana hablando fuera de la habitación, Melanie está loca si cree que voy a bajar a esa fiesta tan patética, ni muerta voy; mañana seré la comidilla de la preparatoria, es realmente vergonzoso lo que me han preparado en mi décimo séptimo cumpleaños. Me tumbo sobre la cama y cierro los ojos. — No Melanie, y lárgate de una vez por todas. Era mi respuesta final a la insistencia de mi hermana. — Pero Fátima, mi mamá quiere… — ¡No me importa! ¡Entiende que no voy a bajar! Oí como los pasos de mi hermana se iban alejando hacia la parte inferior. Al fin pude exhalar todo el aire contenido, odiaba que mis papás fueran tan infantiles; por suerte, yo no me convertí en la mojigata por la educación tan chapeada a la antigua que nos dieron, ese título se lo podemos dar a mi hermana, Melanie la perfecta, Melanie la estudiosa, Melanie la educada, Melanie, Melanie… ¡MELANIE! Ajá, si claro, “Doña Melanie Señorita Perfecta”, vieja reprimida, para mí que es lesbiana. — Fátima… — ¡Dios mío! Las personas no llegan a entender que no es ¡no! — Papá, no voy a bajar, ya lo he dicho, por favor déjenme dormir. Imaginé como mi papá meneaba la cabeza de manera negativa, lamento mucho que no podamos estar en familia, pero yo no escogí en donde vivir; de ser por mí ya me hubiera largado de allí hace mucho.

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Cerré los ojos para que en pocos minutos el sueño me invadiera por completo, al principio sentí placentero; después de un lapso breve de tiempo no pude decir lo mismo, la maldita pesadilla que tanto me atormentaba llegó y se implantó en mi subconsciente… Quería terminarla pero no podía, mi mente no lograba despertar de ese estado. Empecé a gemir y a sollozar mientras intentaba soltarme de sus manos, lo detestaba, lo despreciaba, más que eso, lo odiaba. Desperté con un gran sudor impregnado en mi frente. Pero algo debía hacer al respecto, no podía verme envuelta en un manto de auto-compasión, no sería de esas, una vez está bien, dos es exceso, y tres ya es ser imbécil. Eludiendo con fuerza todos esos pensamientos me concentré en dormir. “Ohmmm, ohmmm… dormir, dormir… ohmmm, ohmmm, dormir”. “¡Duérmete caramba!” — ¡Fátima, baja a desayunar, por favor! Personalmente opino que no necesito un despertador, mi mamá es más que suficiente. Me paré de la cama con los ojos cerrados, adivinando dónde se encontraban mis pantuflas las logré localizar, todo en mi habitación estaba en perfecto orden, y no porque yo sea muy ordenada, para nada, mi mamá con su obsesión por la limpieza se la pasa acomodando todo cada que algo se desnivela en el equilibrio de su hogar; aunque sólo sean las cosas en superficie. El agua de la regadera caía en mi cara a grandes cantidades, el estrés últimamente me estaba matando. Al acabar de bañarme me observé detenidamente sobre el espejo, mi cuerpo era atractivo, mi sonrisa era cautivadora, mi cabello era sedoso, todo en mi era perfecto; sólo físicamente. En la escuela no iba del todo bien, no mandaban traer a mis papás porque yo nunca entregaba los citatorios; en la preparatoria a la que asisto es fácil perderse entre la multitud, más de 3500 alumnos en total somos un número considerable para que los profesores no presten demasiada atención en un alumno más, odiaba eso; prefería por mucho que me tomaran en cuenta. Suspiré indignada, el uniforme de la escuela era entre azul y morado, un color híbrido que nos daba un bonito tono, al menos era bonito para la mayoría, para mí no. Si a todos les gustaba algo, a mí no, yo trataba de ser lo más original posible, no imitando a nada ni a nadie.

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Hoy iría formal; me levanté el cabello por detrás de la nuca para ajustármelo lo mejor posible; el color de mi cabello ahora estaba teñido de rubio con mechas blancas, me llegaba a la altura de los hombros y en las puntas se veían ligeros destellos castaños; ¡maldita Juliette! Odiaba que me copiara todo; era mi mejor amiga, ¿pero y qué? Ella podría buscar una personalidad propia y no andar copiando la mía. Recordé como un día llegué con éste look a la escuela, todos me vieron como lo más guay que jamás habían visto, no por nada soy la más popular en la prepa, toda una multitud de chicas persiguiéndome para ver si les daba algo de pan o yo qué sé; Juliette al día siguiente llegó idénticamente con el mismo look, me caía bien mi amiga, por algo lo es, pero me molesta que me trate de imitar… — ¡Fátima Zoraida ya baja! ¡Se hace tarde! —en fin, allí vamos otra vez a otro monótono día de escuela. — Sí má, ya voy —tenía que acabar de ponerme lo más formal posible, acabé de ajustar y amarrar mi cabello en una cola de caballo de lo más cursi, luego me puse la falda del uniforme más larga que encontré, era la única, las demás ya las había mandado costurear para que las hicieran más cortas, el dobladillo de casi todas mis faldas eran mágicas, si le alzas un poco con los dedos después de donde se marca el tejido que cierra la costura hace milagros, con esto me refiero a que se dobla y queda de lo más sexy. Me bañé en spray fijador para cabello, luego me puse mis lentes, quitándome los de contacto, mis ojos al natural eran de color miel, pero con pupilentes eran de color verdes. Por último me abroché los zapatos negro intenso. ¡Taran! Ahora me veía mucho menos extravagante. Pegué una carcajada y luego sonreí a mi mochila, quizás mañana Juliette iría igual que yo… — ¡FÁTIMA! — Ya voy… Ya voy… —iba diciendo mientras corría a toda velocidad por las escaleras, cada uno de mis pasos se marcaba fuertemente en la escalera de madera. — Ya mamá —dije estando sentada en el comedor. — Melanie ya hasta acabó de desayunar —como odiaba que me compararan. — Mamá, ya te he dicho que no soy Melanie.

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— Aquí está tu desayuno, daté prisa —mi mamá hizo caso omiso de mi comentario; miré con desdén el plato de comida que estaba frente a mí. — No tengo hambre —hablé cuando me paré del asiento. — ¡Fátima come! — Adiós mamá —ya estaba fuera de la casa cuando mi mamá quiso hacerme comer a fuerza. — Fátima, ¿te llevo a la escuela? —era Melanie dentro de su cosa con llantas. — No mi amor, lo bonito no va con lo feito, tú con tu patito de hule salido del tianguis y yo con mi peluche pato Donald Duck. — Nunca cambiarás —Melanie arrancó su porquería esa y se fue dejándome sola en la salida de mi casa. Después el automóvil de mi mejor amiga llegó hasta mí. — Juliette, más tarde si quieres… —Juliette me miró con el ceño fruncido. — ¿Por qué estás vestida así? –preguntó viéndome con rareza. — Nuevo look… ¡Pero no me lo copies! — ¿De qué país es? — México querida; look mexicano. — ¡Agh! ¡Horror! Entonces no quiero vestirme así. Puse los ojos en blanco; a Juliette le gustaba más que nada toda la moda extranjera; pero no le agradaba mucho la vestimenta mexicana; o al menos eso decía, yo sabía que idolatraba a Fey. — Sube —me invitó para que abordara su automóvil Hamann Porsche en color plateado centellante. Entre Juliette (que su verdadero nombre es Juana, pero se lo cambió a los 14 años), Raquel y yo imponemos una tendencia entre la muchedumbre de la preparatoria, Juliette como la multimillonaria, Raquel como la megainteligente, y yo como la más fashion y aventada; somos casi divas. Me reí del pensamiento, me gustaba mucho desvariar. — Jay un neño nuevou, digceng que viegne de Frangcia —Juliette estaba hablando como si hiciera gárgaras, eso hacía con frecuencia en las clases de Francés. —Un niño nuevo, lígatelo, a mí me da igual. —Pero Fátima —empezó a hablar regresando a su clásico acento mexicano—. Es un niño nuevo con mucho dinero, muuuchooo.

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— Seré millonaria por mi cuenta, no le pediré nada a nadie —esa era mi promesa desde hace mucho; algún día dejaría de estar en la clase media para pasar a la clase alta en la sociedad. — Ay Fátima, ojalá lo logres, porque sino te quieres casar con ningún magnate no sé cómo le harás. — Juliette ya deja de decir esa de cosas y avanza rápido por favor. Mi amiga sólo asintió y trató de avanzar lo más rápido entre los cientos de vehículos que habían en la mañana de ese día. Oh, oh, oh, go totally crazy, forget I'm a lady… — Vamos Juliette, ¡canta! —insistí a mi amiga para que me acompañara con el coro de la canción. Men's shirts short skirts—, muy buena rola... —dije. — ¡Fátima estás demente! —Jully me veía como a una loca. Oh, oh, oh, really go wild-yeah, doin' it in style—, un poco—contesté mientras continuaba cantando a pleno pulmón. — ¡Jaja! —replicó sarcástica. Oh, oh, oh, get in the action, feel the attraction... Color my hair, do what I dare—, ¡canta pues! —volví a insistir. Oh, oh, oh, I wanna be free-yeah, to feel the way I feel...—. ¿Cómo dice? ¿Cómo dice? Mi

amiga

me

vio

y

sonrió.

Man! I feel like a woman! —cantamos ese renglón las dos al mismo tiempo, mientras que el automóvil empezó a correr a toda velocidad… Por fin habíamos llegado a la preparatoria. Raquel venía con sus libros igual que de costumbre; en realidad no es que me importara mucho la apariencia de los demás. Sólo veía mal a los que me veían mal; regularmente no insultaba a nadie a menos que ése alguien lo hiciera primero, o que ya en los extremos: me cayera mal. Mis novios cuando comencé a tenerlos no eran la octava maravilla del mundo, pero desde que descubrí que el amor no existe me volví más selectiva a la hora de salir con alguien; y como ya han dicho: en ésta vida hay dos clases de personas: naranjas o exprimidores; yo, ahora, era un exprimidor.

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— ¡Raquel! C’mon! —ya que la canción de Shania Twain aún continuaba en el vehículo de Jully llegué hasta mi amiga para empezar a bailar al compás de la música; que todos me vieran como una chica rara era lo que menos me importaba; hacia lo que quería por el simple hecho de querer. Come, come, come on baby —empecé a decir, luego—: Huh! Huh! Huh! I feel like a woman! —ahora si terminó la canción y las tres quedamos con las manos de una contra la otra. — Bravo, bravo, bravo, que hermoso show señoritas —el prefecto en turno aplaudía fingidamente mientras nos veía con reprobación; la verdad José estaba amargado, nada le parecía, Dios, ¿acaso por que él no tuvo infancia significa que nosotros tenemos que acostumbrarnos a su falta de sentido de humor? Julliete le lanzó una mirada asesina a José; él ni si inmutó y la vio con el ceño fruncido. — Señorita Limantour, no crea que por su posición económica puede hacer lo que le plazca… — Adiós… —dijo Jully mientras nos tomaba de los hombros y nos llevaba dentro ignorando y dejando hablando solo a José. — Let’s go girls! —dijimos asombrosamente las tres al mismo tiempo, nos reímos juntas por eso. Íbamos cantando sin importar lo que dijeran… Llegamos al aula con risas resonantes, nadie nos vio extraño, era natural en nosotras esa actitud. Mi mejor amigo estaba al final del aula; solo como siempre, aún no entendía la falta de capacidad para socializar con los demás; Byron era un encanto de niño. — Niñas —empecé a hablar bajamente—, vamos con Byron —Jully me miró con pesadez. — No entiendo por qué te gusta su compañía; es tan… No quise seguir oyendo nada más. Jalé a Raquel para que fuéramos junto a Byron. — Buen día nene.

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Byron pegó un respingo mientras cerraba inesperadamente un álbum de fotografías. — Byron… —comencé, pero sabía a qué se debía la tristeza en los ojos de Byron. — Ya déjalo pasar… Cariño, no te merecía… No pude continuar; en los ojos de Byron resbalaron pequeñas lágrimas; lo abracé para consolarlo, quizás yo no lloraba en público; quizás era estúpida por no hacerlo… Pero me partía el corazón ver a Byron así… — Tranquilo —lo intenté consolar. — Lo amo, Fátima… —la ternura en sus palabras me hizo aún más grande el hueco en mi pecho—. Dime, en verdad soy, tan, ¿es-ss-tú-pi-pi-do? Tartamudeó al final; intenté acallarlo y decirle cuanto valía; pero desde que Justin lo dejó su estado de ánimo no podía subir; se estancaba en su pasado negándose a un futuro—. Soy tan… —le tapé la boca para que no continuara, en vez de eso lo abracé más fuerte; amaba a mi amigo. Maldecía a Justin por lo que le había hecho; desde que Justin le dijo que no valía como persona se lo tomó muy en serio, dejó sus altas calificaciones para pasar a ser el peor alumno en la clase… Para parecer todos los días un zombi sin voluntad y a merced de todos. — No llores bebé… — Otra vez esa niña con su llanto… — ¡Cállate idiota!

—dejé rápidamente de abrazar a Byron para

encontrarme con Manuel, le di una cachetada tan fuerte que él sólo me aventó con fuerza sobre un pupitre. — ¡Imbécil! —dijeron Juliette y Raquel al mismo tiempo, las tres lo tomamos por el cabello y lo jalamos tan fuerte que él chilló de dolor. — Mal educado; cómo te atreves a tocar a una mujer… — Cállate Juana —dijo ya que era de los que sabían el nombre real de Juliette; mi estupidez se lo dijo un día hace meses. Manuel se dejó sacar fuera del aula; detrás de él iba Byron con sus libretas en la mano. Otra vez se saltaría las clases del día. No se lo podía permitir. — ¡Byron! —lo llamé, pero como últimamente lo hacía, no se detuvo a escucharme.

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Corrí para alcanzarlo; pero fue imposible, lo perdí de vista al final de un pasillo. Regresé resignada al salón donde mis amigas me esperaban. — No me gusta verle así —admití con un nudo en la garganta. — Se le pasará… —dijo Raquel con un entusiasmo que no sentía. — Eso espero… —mi palpitación se detuvo. Alguien que jamás había visto en mi vida estaba entrando al salón. Debía ser el chico nuevo. Sus facciones eran lindas; nada exagerado, pero tenía un aire de supremacía impregnada en él; un aire que lo hacía irresistible; su uniforme perfectamente planchado, su caminar era asombrosamente glacial y perfecto; iba tan formal, parecía tan sobrenatural e inalcanzable. Cuando pasó a mi lado sentí como si me mirara detenidamente. No lo hacía; pero quería que me volteara a ver. Al menos intentaría llamar su atención para luego esquivarlo. “Ahora soy un exprimidor”, me recordó mi subconsciente diciendo las palabras fuertemente en mi interior.

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Capítulo 2 Baby Boy Suspiré cuando el profesor entró al aula. Otra vez venía con sus lentes redondos que yo tanto odiaba. Como detestaba su cara de mosca muerta. Volví a suspirar resignada, por más que quisiera la cara del profesor no podría cambiar. Me giré delicada y suavemente hacia el chico nuevo. Jully dijo que el niño nuevo sería francés, él no parecía más que una imitación barata de algún americano anglosajón. Lo miré fijamente por unos segundos, cuando él estaba a punto de voltear a mi dirección torné mi vista a un ángulo opuesto. Yo estaba sentada en la penúltima hilera de la segunda fila en el lado izquierdo del salón. Él estaba en el polo opuesto al mío. — ¿Qué piensa, señorita Rodríguez? —el profesor más detestado por mi conciente y subconsciente me miraba fijamente mientras dejaba su plumón sobre el escritorio—. ¿Le ha gustado nuestro alumno nuevo? Fruncí el ceño, no sabía a qué se refería exactamente; pero no llevó mucho tiempo para darme cuenta qué quería decir, sentí como mis mejillas se ruborizaban levemente. — No sé quién es ese alumno —la indiferencia era mi mejor arma. — Señorita, no hace falta mentir, estaba viendo al señor Lafontaine. — Profesor no sé… — Queridos alumnos —me dejó con la palabra en la boca dirigiéndose al resto de la clase—, les presento al señor Felipe Lafontaine de Decroix. Es el nuevo alumno, ha sido transferido a México por el Lycée Buffon; si pueden convivan mucho con él porque seguro su español no es tan perfecto como su francés, así de esta manera se va acostumbrando a la dicción mexicana, ah — hizo una pausa breve—, para empezar podrían hablarle en inglés en sus pláticas comunes, ya que he tratado con la dirección de la escuela y me han dicho que domina éste idioma, pero con el español le cuesta un poco más, sabe entenderlo pero no pronunciarlo de manera correcta. Al fin el profesor había terminado, pese a que no había dicho mucho ya me estaba empezando a aburrir todo lo que hablaba. “Ajá, claro, sí, pero no sé hablar inglés”

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Aunque ahora que lo recapitulaba eso me podría ayudar, podría hacerle bromas por su acento, sólo que en el fondo sabía que él acabaría burlándose de mí; seguro Juliette ya estaba tramando como ligárselo, mi amiga no podía perder la oportunidad. Aunque Juliette fingía hablar francés la realidad era que no sabía ni el “merci”. Me reí bajamente, seguramente ahora mi amiga dejaría de fingir su acento francés; oh, aguarden, seguro que no, ahora se metería a cursos extraoficiales para dominar el idioma del chico nuevo. Estaba sonriendo, hubiera seguido si el profesor no me hubiera interrumpido de nuevo. — Señorita Rodríguez, dije: ¿qué está pensando que no pone atención? —puse los ojos en blanco. — En lo bonitos que son sus lentes —todos rieron en el aula, el profesor por su parte achicó los ojos. — ¿Se está burlando? —desde luego, me dije a mi misma. — Claro que no, es la pura verdad, se ve muy bien. El profesor no sabía que decir. — Como sea, ponga más atención o tendré que sacarla de clases. Asentí por educación, aunque sabía muy bien que no cumpliría eso. Hubo un momento en toda la clase en que no pude resistir seguir oyendo la voz tan espantosa del profesor Ricardo. — ¿Puedo salir al baño? —le pregunté estando detrás de él. — Si pero no tarde mucho —cabeceé a forma de afirmación. Casi corría mientras me iba a la tiendita más cercana para comprar papas fritas, quizás era muy temprano para comerlas, pero un antojo es un antojo… — ¿Qué son? —pegué un respingo al tiempo que identificaba la voz, era extranjera, francesa. — Pa-pas fri-tas —pronuncié cada silaba con perfección, con eso de que él no dominaba el español. — ¿Pápas fríts? ¿Qué es eso? —supuse por su expresión y su baja dicción en las palabras que no conocía las papas fritas.

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— Pruébalas —le dije mientras le convidaba de mi botana, él me miró con extrañeza pero aceptó gustoso, cuando una papa tocó su boca casi la escupió. — ¿Qué? —pregunté inocentemente. — Tienen mucho picante —se soplaba la boca con la palma de su mano derecha, pero noté su dicción, ahora sonaba más clara. — ¿No que no sabías muy bien el español? — Claro que sé, pero algunas palabras se me dificultan, aunque es más sencillo de aprender que el francés o inglés… Algunas silabas le salían con esas extrañas gárgaras típicas en el acento francés de Europa, pero otras simplemente sonaban con una pronunciación perfecta. — ¡Bien! —fue lo único que dije mientras me metía la primera papa en la boca—. ¿Qué haces fuera? —pregunté pero él tardó un poco en responder, imagino que estaba traduciendo mentalmente lo que acababa de decir. — Me aburrí —dijo simplemente. — Yo también… —me estaba metiendo la segunda papa a la boca, y lo hubiera logrado de no haber sido porque Julián me tomó por la cintura. Lo reprendí pero me volteé automáticamente para darle un beso a mi actual novio. — Te presento a Felipe —le dije a Julián—. Y Felipe te presento a Julián. Ambos se saludaron, ambos mantuvieron el agarre más de lo necesario. — Eres el francés, ¿cierto? — Sí, pero omite decirme así, simplemente soy Felipe —quedé boquiabierta, esas simples palabras eran más que suficientes para hacer explotar en enojo a mi novio; no le gustaba que nadie lo contradijera. En vez de eso se rió. — Simpático —se limitó a decir Julián. — Ajá —empecé a hablar—, me voy a clases, me van a regañar… — No vayas —dijo mi novio. — Debo ir. — No tienes… — Julián te veo luego, Felipe regresemos—. Julián se pasmó pero rápidamente se recompuso. Felipe también se quedó atontado por un instante, afortunadamente hizo caso y me siguió al salón.

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Nadie habló en el pequeño camino. Juliette me vio entrar un segundo después de Felipe y me miró como diciendo “¿no que no?”, le negué mímicamente, no era lo que ella pensaba. No lo era. — Señorita, se tardó mucho, ya no habrán permisos para usted durante una semana… — Pero… — Silencio, o me veré en la necesidad de reportarla a dirección. Asentí fulminándolo con la mirada; bien dicen: si las miradas mataran… Ahora el profesor sería un pedazo de cerdo frito. Sonreía ante la imagen del profesor bañado en chile como un buen pedazo de cerdo frito, se vería bien, al menos así no hablaría tanto como ahora… Sacudí la cabeza para poner atención, no es que me gustara en realidad, pero lo tenía que hacer. — Muchachos, mañana no vendré —casi empezamos a gritar de alegría, pero el profesor volvió a hablar—, un prefecto los atenderá, por favor hagan lo que dice… —no señor, ni muerta entraría a la clase con algún prefecto, mejor… — Si mañana no asiste señorita Rodríguez la reprobaré—. Achiqué los ojos, el profesor era brujo o algo por el estilo, cómo sabía que no entraría… Asentí, pero el profesor ya había salido, al fin solos, una hora de clases libre… El horario marcaba eso. — Fáty… —Raquel ya estaba frente a mí. — ¿Qué? — Saliste con el niño ese. — ¿Y? — Oh nada… Me preguntaba… — No Raquel, ni salí con él y ni crees que es lo que creo que piensas — Raquel se rió ante mi juego de palabras. — Ajá, si… ¡Claro! — Borracha. — Saben bien las papas —me asusté cuando Felipe se paró justo al lado de Raquel. — ¿Qué papas? —preguntó ella.

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— Las que me invitó la señorita —. Tanto Raquel como yo nos empezamos a reír, quizás en su país se hablaba así, pero en México sonaba ridículo decir señorita en una conversación coloquial. — ¿Dije algo malo? —preguntó. — No, pero no digas señoritas… Se oye extraño —contesté. — Donde vivía era común… — Supongo que sí… — ¿De qué hablan? — Jully acababa de llegar, viéndome con el ceño severamente fruncido. — De las papas fritas y de… —me empecé a reír antes de acabar con la oración. — Es que Felipe le dijo señorita a Fátima… —dijo Raquel, Juliette pegó una carcajada tan fuerte que me ofendí, eso no se debía al juego de palabras de Felipe, se debía a otra cosa… — Juliette… Contrólate ¿OK?—. La miré fríamente, ella se controló un poco. — Pero señorita… ¿Tú? — Creo que no se refería a eso —mi mirada se posó sobre la de Jully. — Ah, entiendo… — Pero che, ¿vos que decís? —fruncí ambas cejas, él hablaba con acento Argentino… — ¿Por qué hablas así? — ¿Así cómo? — Che, vos, decís… — Ah, me gustaron las palabras desde que las oí por primera vez. Mis amigas y yo fruncimos el ceño. — You are a baby boy —Juliette había salido con su estupidez del día. — Nop, no lo soy… —Felipe habló con un gesto que no me fue indiferente, había imitado a un bebé, nada más le faltaba el puchero para estar completo. Me reí, mejor dicho: sonreí. Felipe se veía bien con esa pose de niño bueno. Realmente bien. — Vamos fuera. Felipe me vio extraño, pensando que la invitación también era para él, pero no, la invitación era única y solamente para mis amigas. — ¿Qué? — Nada —él me veía neutralmente.

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— Vale, ¿nos vamos? —me giré rápida e inesperadamente hacia Raky y Jully. — Che, vosotras sois raras. — No eres argentino, ¿OK? Habla bien, estás en México. Felipe rió. Su acento era argentino-español-mexicano. — Lo sé, pero me gusta ver tu ceño cuando me pongo en acento fuereño. — Che, vos decís puras boludeces, ¡bye! Felipe rió de nuevo. — ¿Te burlas? —dijo, alcé la vista un poco más de lo que estaba hace un par de segundos. — Quizás sí, quizás no. Me voy. Salí del aula con fuertes pisadas. Raky y Jully se quedaron un instante más observando al niño nuevo, pero dado que no eran del todo estúpidas (¿en serio?), decidieron caminar tras de mí. — Fátima estás loca, ese niño es un encanto. — No Juliette, es como dijiste, un niñito. — Ay sí, my baby boy, I’m in love. — Por Dios Jully, tú tienes corazón de condominio, te enamoras de medio mundo, no digas eso. — Ay cállate, no me enamoro de medio mundo, pero él es tan, lindo… No lo vez, tan fino, tan… Lo amo. Miré con los ojos entrecerrados a Juliette, lo de corazón de condominio era más que verdad; a sus 17 años, ¿cuántos novios había tenido? Poco más de 30, sin contar sus frees. — ¿Qué hacemos? —Raquel estaba hablando mientras prendía su MP3 portátil. — Largarnos de aquí —invité a mis amigas, no era verdad, pero quería hacerlo, irme para no regresar, odiaba la escuela, no me gustaba ningún tipo de reglas… — Buena idea, pero hello! Si nos vamos seguro nos mandan traer, como ayer. Recordé como el día anterior casi nos encontraban en un billar junto a otros compañeros de clases, por suerte la empleada del lugar nos avisó a

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tiempo y así no nos expulsaron, ya que, nos tenían estrictamente prohibido entrar a ese tipo de lugares. Sí claro, como si eso lo impidiera. Qué nunca han oído: si lo prohíbes seguro lo harán. — Por cierto, por qué no bajaste ayer a tu fiesta, fue tan linda… Dios, Raquel era la única que podría encontrar linda a semejante ñoñería. — No fue linda la fiesta… — Ni decirlo querida —al menos Juliette sabía lo que decía. — Pues a mí me gustó —Raquel defendería su criterio, siempre era así. — Nada, tema zanjado. Ambas cabecearon asintiendo. — ¿Dónde van? — A la tiendita de la esquina —había contestado sin saber quién era. — Las acompaño —Julián me abrazó gentilmente, era buen tipo, una lástima que pronto dejaría de ser mi novio… Al menos ese era el plan. — Gracias —contestó Raquel pareciendo educada; pero yo sabía la verdad, a ella le gustaba Julián, no le diría nada a nadie, al menos no verbalmente, casi todos nos dábamos cuenta de su amor platónico. Julián la ignoró por completo, él casi no se fijaba en Raquel, a menos que fuera en plan sangrón. — ¿Y el bebé? —preguntó Julián. — No sé quién… Ah, Felipe, no sé, ekis, ¿por qué? — Nomás preguntaba, se ve muy frágil. — Yo lo veo bastante bien —otra vez Juliette con su obsesión por los niños estilo Felipe. — No lo sé Juliette, pero me parece muy torpe —me sentía ofendida por eso; yo tampoco veía torpe a Felipe, un poco frágil quizás, pero… ¿torpe? Nop, definitivamente no. — Oh, my baby boy. — Ay Juliette para, basta, stop! Ya deja esa maldita frasecita, nada más te falta decir que estás perdidamente enamorada, que te lo crea tu mamá, yo no. — Ni yo —dijo Raquel. Raquel junto a mí vimos a Julián buscando que nos respaldara. — Vale, me rindo —alzó las manos—, yo tampoco creo que estés enamorada.

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— My baby boy —suspiró Juliette; pero también había suspirado yo. Felipe… Me gustaba… Me agradaba, pero no tanto como para parecer una idiota, justamente como se veía Juliette, tenía ojos de borrego a medio morir. Puse los ojos en blanco; si claro, su baby boy, no el mío. No el mío.

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Capítulo 3 Puakenikeni — ¿Fátima sigues allí?—. Raquel me observaba con detenimiento mientras hacia todo lo posible por no prestar atención en la manera en cómo Julián me miraba. — Si cielo, aquí estoy, ¿por qué? — Preguntaba, pensé que andabas por alguna otra dimensión. — No, aquí estoy, ¿qué decían? — Que Felipe es mi bebé —dijo Juliette, puse los ojos en blanco. — Ajá, Julián, ¿que harás hoy? —me giré a Julián para verificar su gesto. — Nada, creo que organizaremos una fiesta… — ¿Fiesta? ¿En tu casa? Hmmm, no sé… —Jully era la que hablaba, pero en cuanto vio a Julián achicar los ojos optó por cerrar la boca. — Sí, en MI CASA, si gustas puedes ir, sino me da completamente igual. Aunque Jully sabía muy bien que mi novio no la ofendería física o verbalmente se quedó callada, los buenos comentarios no eran lo de ella. — ¿Yo puedo ir? —pregunté. — ¡Claro que sí! De hecho es un deber tuyo — ¿Deber? Pero que decía, no era su objeto, era su novia. — Vale, iré entonces, pero te recuerdo que no somos más que novios… — Algún día seremos más —me quedé analizando un rato esas palabras, pero no, definitivamente no me casaría ni con Julián ni con nadie. — Puede ser… —Julián podría parecer un insensible, pero en el fondo era buena persona, no quería herir sus sentimientos… — ¡Miren! —Raquel gritó mientras señalaba un Hamann Porsche parecido al de Juliette, sólo que éste estaba en color azul platinado. — ¡Es Felipe! —Jully estaba eufórica, había confirmado un dato, Felipe si tenía dinero… Mucho dinero, para tener un vehículo así. — Sip, es Felipe —contestó Raquel—. ¿Dónde irá? — Ni idea. — Pregúntale. — Ay Fátima, obsérvame como lo haré —Juliette se paró unos metros lejos

de

nosotros,

y

lo

que

hizo

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a

continuación

me

causó

risa


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instantáneamente, empezó a hacerle señas a Felipe para que se detuviera, ya que él estaba por abandonar la cuadra donde nos encontrábamos. Felipe la vio, al menos eso deduje porque regresó en un santiamén, poniendo reversa a su automóvil se plantó frente a nosotros con una gran sonrisa. — ¿Hola? —dijo. — ¿Dónde vas? —Juliette sonaba otra vez con un tipo extraño de gárgaras, en vez de causar gracia lograba dar lástima. — A… A… ¿Quieres ir conmigo? — ¡Sí! —miré desorbitadamente como Juliette se dejaba invitar por un extraño a quién sabe dónde. — Pero sin mis amigas no voy a ningún lado —genial, al menos no era del todo tonta mi amiga. — Invitados, suban —dudé en si aceptar o no, pero dado que Juliette y Raquel ya habían subido… — ¿Vamos? —preguntó Julián. — Si quieres… — Claro, son tus amigas… — Vale, subamos —acepté, sería una buena experiencia hacerme de un amigo extranjero. — ¿No tienes amigos aún verdad? —de nuevo Juana con sus preguntas babosas. — No, pero eso lo lograré con el tiempo… Felipe sacudió la cabeza cuando observó cómo Juliette lo veía, su mirada era enganchadora, como diciendo “mírame, mírame, ¡MÍRAME!” — Je —dijo él. — Que bonitos ojos… —dijo Juliette. — Gra-gra-gracias —contestó Felipe. — De nada, son bonitos, ¿verdad chicas? — Chicos, yo voy aquí. — No Julián, no cuentas, ¿o eres gay? Julián frunció el ceño. Chica, gay, Juliette no sabe la diferencia. — Juliette, no tienes nada qué hacer creo. Juliette con Julián nunca estaban de acuerdo. Julián rechazó hace poco a Juliette, mi amiga pensó que por ser la chica con más dinero en la escuela podría ligarse a cualquiera, gran error, no todo se mide en monedas.

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— Me vale lo que pienses, naco —Juliette se giró para observar con más detenimiento a Felipe, éste se sonrojó e incomodó, de verdad que cuando Juliette se ponía en plan de chica-caza-novios los hombres huían de ella. — Bonitos ojos —repitió Juliette. — Jully basta, vas a traumar a Felipe —no hablé enojada, hablé solamente un poco desesperada por lo estúpida que se estaba viendo. — Ash, OK, pero no te traumas, ¿verdad? Felipe no sabía que decir, sólo la vio de soslayo y se limitó a sonreír. — ¿Dónde vamos? —preguntó Raquel un poco tímida. — No sé, en realidad no sabía a dónde me dirigía, pensaba dar una vuelta por la ciudad… — ¿Pero estás loco? —grité sin darme cuenta, me aclaré la garganta un poco—, perdón, quiero decir —era vergonzosa la escena—, eres un niño —ajá, la grande me decían a mí—, sin conocer la ciudad ibas a andar por allí tú solo… — ¿Eh? — Quizás te roban, está bien, me vale —me volteé hacia un lado de la ventana para no dejar que vieran el color de mis mejillas, seguramente ahora tenía un color rosado. — Fátima… —era Julián hablando en un susurro tras mi oído. Intenté tratar de dominar el color de mi cara, no sé con exactitud si lo logré, pero me giré de nuevo a ellos. — ¡Ya! —alcé las manos—, no quiero que lo secuestren cuando apenas ha llegado… — Creo que exageras —Julián me veía severamente ceñudo. — ¡Basta! —grité extrañamente, me estaba comportando rara. Todos guardaron silencio, ¿pero por qué hacia eso?… No sabía… Quizás… — ¿Entonces dónde vamos? —pese a todo Juliette me sacó del apuro. — No sé… Podríamos ir a… No sé la verdad —Felipe seguía sabía sin saber a dónde dirigirse. — Podemos ir a un centro de diversiones muy nice que hay por acá. — Perdón, Juliette, ¿verdad? —Jully asintió ante la pregunta de Felipe—, no deseo ofenderte ni nada, pero podrías hablar sin… Saliva, me refiero a no comerte las palabras con ese acento extraño… Je comprends mieux

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s'ils n'ont que... Je trouve un peu qu'il est difficile de comprendre exactement ce que vous voulez de dire, parlant clair, s’il vous plaît? Juliette sólo puso cara de estúpida, asintiendo sin saber qué quiso decir Felipe, tal vez la había insultado y ninguno de nosotros se dio cuenta… — Felipe, préférable de parler en espagnol, mes amis ne savent pas que plus un peu anglais. Era Raquel la que acababa de contestar. — Oh, entiendo, les traduzco, él dijo: Comprendería mejor si sólo... Creo que es un poco difícil de entender exactamente lo que quieres decir, habla claro, ¿por favor? Y yo sólo le dije: mejor habla en español, mis amigos no saben más que un poco de inglés. Me sentí ofendida, eso me pasaba por no poner atención a mis clases de francés con Mademoiselle Fleur. — Ay, está bien, pero… Vale, me quedaré callada. — ¡Sí! —dijimos todos al unísono, era lo mejor que podría hacer Juliette para no seguir dando una mala imagen a Felipe, no todos éramos así de pesados como Juliette… — Vale, entonces vamos al centro de diversiones que dice Jully —dije y Felipe asintió. Íbamos oyendo un tipo de música extraña, cantaban como si fuera… Ópera, supuse que era ópera, no sabía con exactitud pero eso parecía. Llegamos y bajé corriendo, me quería subir a esos caballitos que eran para niños de 5 años… Me veía mediocre, pero me importaba un bledo lo que dijeran. — ¿Segura? —dijo Julián cuando casi me subo al caballito eléctrico. — Sip, quiero subirme… —entonces Julián metió una moneda al caballo para que empezará a moverse, todos se reían de mí, pero entre más lo hacía más sonreía, aunque al final de “la vuelta en caballo” sí que me dio pena, al principio sólo eran un par de risas, después fueron más y más y más, hasta que una jauría completa se burlaba. — ¿Estás roja? —Felipe me veía con… Ternura… — Creo que sí… No supe nada más porque Julián me tomó y me llevó a dar un tour por todo el lugar.

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Pasado poco menos de una hora era tiempo de regresar a la escuela. No porque quisiera, pero Felipe no tenía porque empezar a faltar por mi culpa, era el chico nuevo, y yo no sería quien lo pervertiría y sacara de su burbuja para mostrarle el mundo. Juliette estaba hablando con un desconocido cerca de una rockola musical mientras que Raquel escuchaba música con su MP3, Felipe andaba entusiasmado en una pista de baile que había en el lugar. Siendo un espacio abierto al público en general podíamos encontrar desde un niño de 2 años jugando a pegarle a un topo saltarín que salía del fondo de una máquina virtual, hasta un señor de la tercera edad comprando un café o algo por el estilo. Era como decían, un centro de diversiones, no tan grande y tan famoso en la zona, pero al menos la delincuencia aún no llegaba allí. No completamente. Llamé a todos para que supieran que era hora de regresar. Juliette venía con algo en la mano… Era un CD, y lo peor de todo… Era un CD pirata. No es que yo no comprara, pero ella anda por la vida diciendo que todo en ella es original y de marca… Y con un CD pirata, me puse furiosa, a ella le sobraba el dinero, no como a mí. — ¿Qué crees que haces? — Compré un CD, para poner, la música del chaval me aburre. — Pero un CD… — Éxitos de “The Pussycat Dolls” y unas canciones de Nicole Scherzinger… Pensaba regañar a Juliette, sólo que me dejó sola plantada cerca de la entrada al vehículo de Felipe. No hubo más remedio que controlarme. — Juliette deja allí —pero no me hizo caso. Sacó el CD del estuche y lo puso sin permiso en el automóvil de Felipe, que mal educada, urgentemente me necesitaba alejar de ella, una cosa es que yo fuera un poco exótica y extrovertida, pero algo muy diferente es no respetar las cosas de los demás. Felipe no le dio importancia, la música comenzó a sonar. Pensé que se había confundido al comprar el CD, porque al principio sonó como ópera-pop; después comprendí, eran mezclas de música, el resultado era extraño. — ¿Qué ser eso? —preguntó extrañado Felipe.

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— Música, lo mejor de lo mejor —no compartía la misma opinión con Juliette, y al parecer Felipe menos. — Hmmm, suena raro… Nunca la había escuchado… — Tú puro Alizée… —dijo Juliette, sentí ganas de aventarme encima de ella y callarla, nos estaba dejando en ridículo… — Alizée es… Rara, creo que es sobrina de mi tío… Pero no me gusta… Es

muy

simple…

¿Por

qué

hablamos

de

estas

cosas,

cuando

hay

verdaderamente mejores temas de que hablar? Juliette hizo como si no escuchara, empezó a cantar al ritmo de la canción… Puakenikeni, eso decía el estereo del automóvil… Nadie más habló, no daban ganas, Juliette cantaba no horrible, lo que le sigue, ni Melanie tenía esa voz tan fea, no le dijimos nada a Jully porque no haría caso de todas maneras. Mejor nos callamos y la dejamos “cantar”. Llegamos a la escuela, ¡por fin! Ya no veía la hora… Bajé corriendo, no podía seguir oyendo esa voz tan mal lograda como cantante, insisto que ni Melanie tenía esa voz. Entramos a clases como si nada. 12: 44 salí al baño para mojarme el cabello 12: 46 encontré a Felipe en la salida del baño de hombres. 12: 47 no me paré a platicar con él y regresé al aula. 1:02 me retorcía como lombriz en mi butaca, las clases aún no acababan y ya estaba impaciente por irme. 3:20 mi corazón saltó ante el toque de salida, tomé todo a gran velocidad y rápidamente abandoné el salón. — ¡Aleluya! —grité. A penas lo había dicho cuando oí la misma música que estaba dentro del vehículo de Felipe hace un par de horas. Era… Horror, no podía ser, mi amiga estaba vestida de hawaiana mientras empezaba ese sonido onda ópera, después de dentro de la música sonó el choque de un cristal, y ¡más horror! Mi amiga movía las caderas mientras la voz de Nicole Scherzinger hacía el “jajao jiii, jajao jiii”, me tapé la cara no podía ser verdad, nunca había visto algo tan vergonzoso, parecía una versión de Shakira mal lograda.

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Lo sorprendente fue ver como los alumnos aplaudían, y entre la música avanzaba más, más alumnos se reunieron para el espectáculo de Juliette. Las falditas que traían las chicas —supongo amigas de Juliette—, eran meramente de hawaianas, casi terminaba la canción cuando el director de la escuela llegó. Primero quiso aplacar el tan inesperado baile exótico de Juliette, pero si lo hacía al día siguiente tendría una demanda la preparatoria por “meterse” con la hija del magnate Francisco Limantour. Al fin el baile terminó, el director intentó hablarle a Juliette, pero ésta lo esquivó. Juliette venía hacia a mí. La tomé por el brazo, creo que hasta la lastimé. — ¿Qué crees que haces? — Bailar… — ¿En la escuela? — Sí. — Estás loca, te excediste Juliette. — No lo creo. — ¡CLARO QUE SÍ! —todos nos veían. — Baja la voz… — Dejas en ridículo a la escuela, qué dirán los supervisores cuando se enteren. — No dirán nada. — Oh si dirán. — ¡NO! — Olvídalo, pide disculpas o… — ¿O qué? —no sabía que decir. — Te dejo de hablar. Juliette se rió. — Hazlo, me da igual… Juliette no dijo nada más, me fui dejándola sola, tomé aire como pude y me dirigí a la multitud. — Disculpen esto que acaba de ocurrir — ¿qué estaba haciendo? Si yo no había hecho nada—, mi ex-amiga ando un poco mal de la cabeza últimamente… Sentí como Juliette me abofeteaba.

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No me logré controlar, con el poco cabello que me caía sobre la cara le regresé la cachetada. Oh, oh, Houston tenemos problemas… Me había metido en aprietos, ahora no sólo Juliette estaba en apuros, también yo, sólo eso me faltaba, meterme en conflictos por las estupideces de Juana.

Capítulo 4 1, 2, 3… Dance - 28 -


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Segundos. Los segundos transcurrían mientras seguía viendo como todos me observaban. Eso me pasaba por meterme donde no me llamaban. Pero si bien decía Melanie que Juliette era una loca en exceso. — Vamos a dirección —el director nos habló mientras limpiaba un poco el vapor que habían tomado asombrosamente sus anteojos. Juliette se oponía a ir, pero las cosas habían llegado a los extremos, un show al estilo Circo Atayde Hermanos se había formado en sólo decir 1, 2, 3. Fulminé con la mirada a Juana, ni muerta volvería a dirigirle la palabra. Lo sentía por Raquel, pero tendría que decidir, Juliette o yo. Avancé a dirección con Juliette a mi lado, hubiera jurado que me quería aventar por la rendija del pequeño pasillo del segundo piso de no haber estado acompañadas. — Señoritas… Lamento decirles que están expulsadas… — Perfecto, mañana tendrá a mi papá por acá exigiendo los fondos que ha dado para la escuela, incluyendo su vehículo señor director —Juliette era más maldita de lo que creía. El director no supo qué decir, se sentó detrás de su escritorio mientras simulaba limpiar de nuevo sus anteojos, unas pequeñas motas de sudor habían empezado a brotar de su nariz. — Señorita, no creo que sea necesario… — Ya me escuchó, me expulsa y juro que… — Si me permite —comencé a hablar, nunca aprendería que calladita me veía más bonita—, no se puede dejar intimidar por esta niña… — He dicho, ya sabe que ocurrirá… —Juliette salió de la dirección parándose enérgicamente y azotando a su paso la entrada de madera. — Muy bien… —susurró el director. — ¿Señor? — Puede retirarse señorita, no habrá expulsión me temo… Cabeceé y salí sólo poco menos después que Juliette. Por hombres como ese director es que el mundo no era justo… Dejé a mi mente divagar un rato, metiéndome estrictamente en temas políticos… — ¿Qué ha pasado? —era Raquel. — Juliette se salió con la suya una vez más… — Es una bruja, no sé por que la soportamos… — Tienes toda la razón, ¿regla de hielo para con ella?

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Raquel aceptó más que complacida, su cara lo decía todo, una imagen vale más que mil palabras, que digo mil, un millón… ¡Que digo un millón! Infinito más uno. Pero… Era la hora de salida en la escuela, ¿con quién nos iríamos? La respuesta estaba esperando en la entrada. — Felipe, eres un ángel, nos esperabas ¿verdad? — ¿Raquel? ¿Raquel era la que acababa de hablar? Jesucristo sacrificado, Raquel no decía eso… — Si, pensé que no tendrían con quién irse, y entre nosotros les digo que su amiga… — Ex-amiga —corregí. — Como sea, su amiga me cae mal, es muy crecida… — ¿Crecida? —preguntó Raquel—, dirás creída. — Sí, eso, muy creída. — ¿Ajá? —Por la virgen María, Juliette había aparecido detrás de Felipe. — Lo siento Juliette, pero es mi criterio. — Mira francés de baja clase, me da completamente igual lo que pienses, fuck you! — La de baja clase es otra —Julián se había unido a la… ¿Plática? Era una plática supongo… — Me voy, estoy con puro imbécil. — Adiós, fea —dijimos Raquel y yo al mismo tiempo, era la frase preferida que empleábamos con las chicas que no nos cuadraban. — Pobrecita, es tan tonta —dije sonriendo ampliamente. — Ya marchémonos que tengo hambre — ¿Raquel?, otra vez Raquel, de unas horas para acá estaba hablando más de lo que era normal en ella. Felipe nos hizo una reverencia que no supe si era verídica o fingida para cedernos paso a su automóvil. Casi me carcajeé, se sentía raro tratar con alguien como él. No era mala la situación, pero si un tanto extraña. Me sentí como la Princesa de Mónaco ya que, nadie nunca antes me había hecho una reverencia, o al menos no tan formal como la que acababa de hacer Felipe. Sonreí cuando pasé a su lado, en mi rostro se dibujó una sonrisa, puse un pie sobre el automóvil y me esforcé todo lo posible para no quedarme observando el rostro tan calido de Felipe. Segundamente después de mí entró Raquel, y luego Julián. Ya estábamos todos dentro.

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Juliette pasó con su vehículo a toda velocidad, con ella iban las chicas más estúpidas de la preparatoria, eran patéticas… Igualitas a Juliette, creídas y descaradas a decir ¡ya no! — Es rara… —murmuró Felipe viendo como Juliette nos hacía un ademán con el dedo central, “la britneyseñal”. — Creo que está loca. — ¿Por qué dices eso? — Nada más —me aclaré la garganta—, ¿entonces? ¿Hay fiesta en tu casa? —pregunté a Julián con toda firmeza. — Pues sí, hay fiesta, ¿me acompañan a comprar las cosas? Felipe no comprendió la palabra por lo que preguntó—: ¿Qué es acompañar? — Si vamos con él… —Contestó Raquel sin esa mirada tan clavada que Juliette lanzaba para Felipe; las miradas profundas las reservaba para Julián. — Ah, por mí no hay problema, no tengo que hacer, mi papá va a salir no sé dónde y no regresa hasta el fin de semana. — ¿A qué se dedica tu papá? —pregunté inoportunamente. — Ahora ya es director en una Universidad de por aquí… —que no sea en la Uni de Melanie, pensé—, pero aspira a ser el nuevo embajador de Francia en México. — Wow, ¿hablas en serio? —preguntó Raquel. — Sí, pero no creo… Yo digo que es muy joven. — ¿Su edad? —pregunté con mucha curiosidad. — Treinta más dos. — Treinta y dos —corrigió Raquel. — Correcto, entonces ¿cuántos años tienes tú? —dije. — Casi 16 —mis ojos saltaron ante la cifra de edad. — ¿No? ó ¿Sí? — Tengo casi 16, en una semana los cumplo. — Wow, el más joven en la clase, Marie se morirá de la envidia —Raquel se tocaba la barbilla mientras hablaba. — ¿Quién es Marie? — Una chica de clase —respondí. — Ya, entendido, eres más bebé de lo que creía la trastornada de Juliette —vaya, por fin Julián había abierto la boca, me estaba asustando que no lo hiciera—. Interesante, pero ¿si me acompañan a comprar las cosas para la fiesta?

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— No hay problema —dijo Felipe. Raquel y yo asentimos para decir que por nuestra parte tampoco había problema. Íbamos acribillando a Felipe con muchas preguntas sobre su país, como me gustaría conocer Francia, Felipe decía que era un lindo lugar, un fantástico sitio, con algunas costumbres muy diferentes a las que yo estaba acostumbrada, eso era lo que más me gustaría comprobar de Francia, su forma de vivir… Bajamos al centro comercial un poco más unidos, en la plática ahora Felipe cruzaba con Julián muchas más palabras, y Julián en ese breve tiempo ya no se había burlado más de él. En el momento en que Felipe aparcó su vehículo uno más se sumó al lado de éste. Byron… Con… ¿Justin? No había duda, ese muchacho con pose de falso macho no podía ser más que el tonto de Justin. — ¿Byron? —grité excitada por lo que estaba viendo. — Oh, Fátima, perdón por lo de hace rato… — No hay problema. Te lo robo un ratito —le dije a Justin mientras llevaba suavemente a Byron a un lado de oídos curiosos. — ¿Qué haces con él? — Eh… Regresamos. — ¿Dices eso simplemente? — Él me lo pidió… — Pero él… Te ha hecho sufrir mucho… — Quiero regresarle cada una de mis lágrimas, ahora yo seré el malo del cuento… — No Byron, tú no eres así. — Las personas cambian. — Tú no. — Oh sí, yo también cambio. — Ya déjalo, no vale la pena. — Pero es justo y necesario que me regrese todo el dolor que he pasado… — ¡No! —me estaba desesperando por tratar con él un tema como ése—. Hay millones de hombres allá fuera —sonaba incoherente, estábamos fuera, pero estaba hablando literalmente—, que valen mucho más que él, Justin no es más que uno entre un millón, ¿crees que te ama? No quiero herirte, pero no

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se daña lo que se quiere, él te ha dañado, por favor Byron, abre los ojos con un demonio… —me estaba exaltando por lo que mejor me quedé callada, esperando una posible respuesta. — Fátima esperame… —Byron se iba de regreso a dónde estaban mis amigos. Lo que vi me llenó de orgullo, agarró las cosas de Justin de su automóvil y, las sacó fuera. Me apresuré para ver qué estaba ocurriendo, aunque mejor dicho quería gozar con lo que hacía Byron. — ¿Sabes qué? —preguntó Byron. — ¿Qué haces? —Justin se extrañó, se volteó para verme con una mirada que dejaba a las claras que en cualquier momento se aventaría sobre mí para despelucarme, está bien, no despelucarme porque no uso peluca, pero si para desgreñarme. — Lárgate y nunca vuelvas. A Justin le tomó unos segundos procesar la información, pero cabeceó cogiendo del suelo sus cuadernos ahora regados. — Eres patético Byron, nadie más te hará caso, a menos que sea tan imbécil como lo fui una vez. — ¡Lárgate! —Byron estaba gritando, algunas personas se giraron para vernos. — Adiós, estúpido. Byron contuvo unas lágrimas que se asomaban por sus ojos. Inhaló y exhaló varias veces antes de quedar tranquilo… — Calma —le dije mientras llegaba a él—, hiciste bien. — Eso espero… —murmuró volviendo a inhalar una vez más. — Verás que sí. Te invitamos a una fiesta esta tarde —cambié la temática de la conversación para no seguir martirizando a Byron. — Sí, será en mi casa —Julián no era ni de lejos como Manuel, Julián si trataba bien a Byron. — Acepto, no tengo qué hacer… — Disculpa, ¿sos gay? —me quedé muda un momento, Felipe acababa de hablar, lo peor no era eso, sino lo que acababa de decir. — ¿Yo? —preguntó Byron señalándose el pecho. — Sí. — Nah, los odio —Byron se empezó a reír—. Sí, ¿por qué?

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— Mi hermano también —justo cuando estaba empezando a recuperar el habla Felipe dijo aquello que me hizo quedar en silencio otro momento. — ¿Y? —preguntó Byron. — Pensaba que podrían salir, el pobre no quiere —Felipe se giró hacia Julián—, ¿lo puedo invitar a la fiesta? — Sí, por supuesto, sin inconvenientes. — OK, le marcaré para avisarle. Disculpa, antes de esto, el tipo que se acabó de ir, era tu pareja ¿cierto? Byron asintió. — Perfecto, no tienes pareja, entendido y anotado. Felipe sacó un teléfono móvil de su bolsillo, marcó un número y habló un instante. — Muy bien, paso por ti en… —se pausó para ver a Julián, éste entendió la pregunta y respondió—, paso por ti en dos horas, tienes que ir, no hay excusa, así que ya sabes. — Perdonen, pero Xavier es muy tímido… — ¿Xavier es tu hermano? —Byron seguía confundido con lo que tramaba Felipe, aunque todos ya sabíamos lo que quería: hacer que Byron conociera a Xavier. — Sí, mi hermano. — Se hace tarde, tenemos que comprar las cosas, luego continúan con el plan para conseguirle pareja a Byron. Julián en eso se llevaba una medalla como premio, no tenía sentido del tacto en cuestiones de saber decir buenos o malos comentarios. Pero hicimos caso, entramos al supermercado para ponernos a comprar todo. Evitamos el alcohol aunque en realidad nos hubiera encantado… No, mejor dicho a ellos les hubiera encantado. Teníamos todo listo. El final del precio era más de lo que Julián podía pagar, por lo que entre todos cooperamos para poder hacerlo. — Jesús, harás fiesta para nada y aparte te gastaste un montón. — La fiesta si tiene sentido. — ¿Cuál? — El cumpleaños de mi hermanita. Como si fuera una película en cámara lenta deposité dentro del carro con mucha lentitud el jamón que era lo último en la lista de compras.

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Cómo se me había olvidado, era el cumpleaños de mi tocaya, y hasta en ese entonces mi cuñada. — Se me olvidó —confesé avergonzada. — No hay problema, a todos nos pasa una vez. Cabeceé pero seguía avergonzada, Julián intentó besarme, sólo que aparentando que no lo había visto lo rechacé y me fui de allí para ayudar a Raquel con unas bolsas, Julián no dijo nada pero se extrañó por mi reacción, ayudó a Raquel a meter las cosas que ella había comprado como extras a la lista de Julián. Subimos al automóvil y Felipe prendió el aire acondicionado ya que, para suerte de todos hacia un calor insoportable. Julián me abrazó al tiempo que el vehículo avanzaba. Íbamos solos en los asientos traseros, ya que Raquel le hacía compañía a Byron en su automóvil. De nuevo Julián estuvo a punto de besarme, esta vez me hice la que tenía sueño y esquivé por segunda vez en el día a Julián. Julián se molestó por mi actitud pero no dijo nada, me siguió abrazando sólo que ahora se apartó unos centímetros de mí. En el trayecto me quedé dormida. — Hemos llegado —Julián me despertó con un beso en la frente. Demoré un poco en abrir los ojos, sabía que si lo hacía encontraría la cara amable y paciente de un hombre al que no amaba. Pero tenía que abrir los ojos. Los abrí y el me besó en la boca. Continué el beso por rutina y para no hacerlo sentir mal por tres rechazos en unas solas horas. Bajamos todas las cosas del carro de Felipe, luego él se fue a su casa para cambiarse y llevar a Xavier. Byron fue el que nos llevó a Raquel y a mí hasta nuestras respectivas casas. Llegué a mi casa un poco tarde, al menos más tarde que lo normalmente. Melanie me esperaba en la sala de estar, viéndome con cara de mamá gallina. — Te estábamos esperando —dijo Melanie con una autoridad que no debería sentirse con el derecho de tener.

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— Pues seguirán así, voy a salir de nuevo. Subí a mi cuarto dejando con la palabra en la boca a mi hermana. Prendí el modular y puse la canción Dance With Me de Drew Seeley con Belinda. Me metí a la ducha, comencé a “guachaguachear” en inglés, no sabía mucho del idioma, pero si lo indispensable. Y, también bailé al ritmo de la música. Últimamente todo giraba en torno a música… Algo pasaba, era un complot, me reí por pensarlo siquiera, comenzó el coro final de la canción e incrementé mi baile, la espuma del shampoo sacó más burbujas… En toda la pared se habían impregnado burbujas de jabón, esto a causa de mi baile exótico, donde lo primordial era mover para todos lados mi cabeza, tirando mi cabello con las manos.

Capítulo 5 Luna - 36 -


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Tocaron a la puerta y salí como un cohete para responder. Era quien yo creía, Byron. — Que regia te vez —el chico si que sabía. — Ay gracias, yo lo sé —estaba bromeando con lo que decía, pero qué más daba. — ¿Lista? — Sí. — ¿Cómo será Xavier? — ¡Byron! —lo reprendí. — ¿Qué? Tengo curiosidad, claro como no eres tú… Pero si lo fueras… — ¡Byron! —achiqué un poco los ojos mientras me daba cuenta que se había puesto mucha loción—. Byron, hueles mucho a perfume… — ¿Crees? Si yo opino que no me he puesto casi nada. — Quítate esa sudadera —Byron no me entendió a la primera, pero se pudo dar cuenta de lo que insinuaba, ya que si se quitaba la sudadera seguramente el olor tan fuerte de su fragancia disminuiría notablemente. Byron iba vestido como para salir una noche a la discoteca de la ciudad. Unos jeans azules deslavados, ni acampanados ni entubados, algo muy normal, una camisa entre rosa y rojiza con una corbata roja con líneas horizontales en negro. Le daba una descripción extraña… Por mi parte iba casual. Con una minifalda fucsia que le tomé prestada a Melanie —vale, lo confieso, no se la pedí, pero como ella nunca las ocupa, a que se la coman las ratas a que la ocupe yo, pues la segunda opción era la mejor—, una blusa muy primaveral en color rosa muy tenue y unas zapatillas en el mismo color que la blusa. De hecho, pensarían que Byron es mi novio. De no ser por lo que ya sabíamos. — Espero sea lindo Xavier. — ¡Byron! — No me refiero a su físico, me refiero a su forma de ser. Suspiré y me adentré al carro de Byron, un automóvil muy normal he de reconocer. Byron puso música de Lady GaGa, la última obsesión del chico, yo aún no entendía qué le encontraban de divertido a la tipa esa. En fin, para gustos colores. Pasamos por Raquel y ésta ya estaba arreglada, no voy a decir que era lo mejor que le había visto puesto, pero al menos ahora no se parecía tanto a mi hermana, por milagro de Dios dejó un poco sus faldas extra largas y se

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puso algo más normal. Pantalón más blusa femenina era la fórmula para un milagro, al menos en Raquel si lo era. Casi llegábamos a la casa de Julián y mi estomago recordó que no había comido su segunda comida en el día, por lo que salí muy deprisa del carro y toqué el timbre, tan sólo pasaron 2 timbrazos para que Fátima la hermana de mi novio saliera, era una niña de 7 años, pero con una mentalidad sorprendente, cada que Byron iba conmigo a la casa de Julián — raramente por cierto—, la niña se la pasaba interrogando a Byron sobre qué se sentía ser gay, Byron le respondía pero se sonrojaba cuando era una pregunta incómoda para responder en público y más aún a una niña de tan corta edad. Entré a la casa de Julián y ya estaba adornada, con globos multicolores por todos lados, aparte de las serpentinas y el confeti que ya se había regado supuse a causa de mi tocaya, ya que la niña nunca estaba quieta, era tierna, pero tendía a nunca quedarse callada y andar como chicle detrás de la persona que se dejara o que tuviera la suficiente paciencia. Me dirigí a donde se encontraba Julián, lo encontré preparando unos bocadillos en la cocina donde lo más que la diferenciaba del resto de la casa era el comedor, refrigerador y un lavabo, por lo demás era idéntica a la estructura del resto. En color café tenue y con una ligera franja central en medio de casi todas las paredes le daba un aspecto muy formal al lugar. — Que rico, tengo hambre… —me sonrojé al darme cuenta de lo que había dicho. Pero Julián no vio eso, tomó uno de los sándwich y con cuidado lo acercó a mi boca; mordí solamente un pedazo para no verme tan urgida por comida, ya que ésta era mi debilidad después claro está de mi obsesión por bailar música dance. Al recordar eso le pedí a Julián que pusiera un poco de música, Fátima 2 estaba detrás de Julián cuando el pensó en poner música de Cri-Cri, ella le hizo un gesto de reprobación diciéndole que esa música a nadie le gustaba más que a él, Julián se puso colorado tan intensamente que me reí de verlo así. — Shulián, pon el CD que trae Bái-ron —Julián vio como Byron sacaba un MP3 de música especialmente para bailar, y aunque en su mayoría estaba en inglés a mi tocaya no le importaba, con eso que la niña estaba aprendiendo inglés a su corta edad, sabía más que todos nosotros, excluyendo claro a Felipe y su hermano, y también porque no a Julián.

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Empezó a sonar la música, y era justamente lo que yo quería, tomé a Byron para bailar al compás de Keeps Gettin' Better de Christina Aguilera; primero supuestamente lo empecé a seducir pasando mis manos por el contorno de su cuerpo, sin llegar a exagerar di un pequeño salto y me lucí como nunca y como siempre, daba mil vueltas como trompo mientras el sonido eléctrico de la música me inspiraba para seguir girando y haciendo lo que tanto me apasionaba. El último pedazo sonó e incremente mis pasos: Some days I'm a super bitch Up to my own tricks But it won't last forever Next day I'm your super girl Out to save the world And it keeps getting better Hold on Keeps getting better Hold on Keeps getting better Byron no se quedaba atrás, bailar era lo que mejor hacía, se movía muy masculino, lo hacía tan bien que a veces me creía que en verdad sentía algo cuando lo seducía, ya que no era la primera vez que bailábamos juntos. El estilo de bailar de Byron me recordaba a Justin Timberlake y yo, me sentía la Madonna. En el beso final que le di a Byron en la boca entró Felipe junto a su hermano y nos vieron, se quedaron sin saber que decir, me separé de Byron precipitadamente, quizás ya le había estropeado la fiesta, o quizás no… — ¿Hola? —dijo Felipe recuperando el habla. — Estábamos bailando, así somos, no estamos locos por si eso crees… —contesté sin saludad. — Sí… —Byron sonaba muy bajamente, me di cuenta dónde tenía la vista fija, la tenía sobre Xavier, era Xavier aunque no lo supiera. Xavier tenía un rostro más fino que el de Felipe, un color de cabello negro azabache ligeramente ondulado, una complexión normal, ojos color negros igual a su cabello, pero lo que más me llamó la atención era como vestía, iba demasiado elegante, mucho demasiado, para estar en una fiesta común y corriente desentonaba…

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— Le dije que no nos podíamos presentar así —Felipe vio a su hermano de soslayo mientras me sonreía. Felipe por su parte venía con una vestimenta acorde con la ocasión, pantalón de mezclilla azul con una playera normal en color negro, se veía tan bien… Pese a que no lucia tan elegante como su hermano —y ni tan guapo claro—, me gustaba más… Era normal la reacción supongo. Codeé a Byron para que cerrara la boca, nada más le faltaba la bolsita, estaba casi babeando… Felipe se acercó más a nosotros. — Él es Xavier, mi hermano… —Xavier no había hablado hasta ese entonces, casi me voy de espaldas, su voz sonaba tan masculina… Tan nítida, y con un español perfecto. — Hola —dijo Byron tomando la mano de Xavier para saludarlo, Xavier la estrechó amablemente… — Mucho gusto —dijo Xavier. — Igualmente —contesté aunque sabía que no era la respuesta para mí. — Disculpa, no era mi intención ofenderte —al menos no nos empezó a tratar de usted. — Hola —dijo soltando la mano de Byron y estrechando la mía—. Eres muy linda, ahora entiendo… —Felipe carraspeó para que Xavier no dijera nada más. — Quiero bailar más —dijo Fátima 2 viendo extrañada por que todos estaban ahora en un solo lugar y no continuábamos bailando. Sonó la canción de When I Grow Up de The Pussycat Dolls y la mayoría comenzó a bailar… Hasta la pequeña Fátima se movía con divinidad, le veía mucho futuro como bailarina en unos pocos años. Tenía una manera de mover los pies, a sus 7 años era sorprendente la ligereza de sus movimientos. Quizás podríamos formar un girl-group en unos años y derrocar a Las Pussycat Dolls, sep, al menos lo podía soñar. Byron comenzó a hacerle plática a Xavier, y éste logró encontrar simpático a Byron, los dos estaban platicando tan profundamente que sus risas era lo único que nos hacía saber que no hacían mas que hablar. Julián ahora era el que bailaba conmigo, y Raquel con Felipe. La fiesta estaba interesante, demasiado diría yo, aunque no éramos muchos los invitados todos estábamos pasándola bien. Poco después de haber bailado cerca de tres horas era hora de partir el pastel.

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— ¡Yeah! —grité como loca—, ejem, quiero decir queremos pastel, pastel, pastel… —y todos siguieron la canción para que Julián le ayudara a su hermana a partir el pastel. Fátima 2 partió el pastel no sin que Julián le sumiera la cabeza sobre éste. Fátima en lugar de llorar como muchos otros niños lo hubieran hecho comenzó a reír. Y todos la acompañamos. Era casi de noche y salí al balcón un momento mientras todos intercambiaban risas. La luna se veía en un suave tono púrpura, no era muy normal verla así en la parte del país donde vivía, pero me encantó observarla así. Miré hacia el firmamento un momento antes de que alguien se acercara hasta mí. — ¿Qué haces aquí? —pregunté vacilante dándome cuenta quién era. — Estabas tan solita que pensé sería bueno acompañarte un rato… — Felipe regresa dentro. — Eres muy bonita. Felipe se acercó un poco más. — Gracias, vamos dentro —Felipe me tomó delicadamente de la cintura mientras yo no sabía que hacer, su olor tan exquisito me invadió por completo. Me sonrió por un momento y cerré los ojos, si no lo hubiera hecho tal vez no habría ocurrido lo que marcó mi vida. Él besó mis labios con suavidad, un besó muy suave que me supo a gloria, era el primer beso en mucho tiempo —desde lo ocurrido con Manuel—, donde pude tener los ojos cerrados y no sentir la necesidad de querer abrirlos cada dos segundos para comprobar que no me querían hacer nada más que besarme con ternura. Felipe se separó y me dejó un sabor tan profundo que nunca podría olvidar. Me sonrió por última vez antes de irse dentro. Me quedé un momento meditando lo que acababa de ocurrir, quizás ese beso me había dado mucho más de lo que otros que había tenido. Sí, mucho más, empecé desde ese momento a tener remordimientos de conciencia por haberme dejado besar, Julián no lo merecía, necesitaba esclarecer todo… Regresé dentro donde traté de esquivar lo más necesario a Felipe, él me veía y yo sentía extraño en el estomago, como si se contrajera por algo que no podría decir, la sensación era placentera. Al menos hasta cierto grado. — Te ayudo —le dije a Julián mientras levantaba algunos vasos del piso.

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— No es necesario, yo me encargo… Atención todos por favor —comenzó un discurso para anunciar algo—, pueden irse a sus casas, yo me ocupo de todo esto, no es mucho, además los invité, no es necesario en verdad que me ayuden, gracias a todos por querer hacerlo, pero no me sentiría bien… — ¿Seguro? —dijeron todas las voces, no al unísono pero si una tras otra. — En verdad, gracias… Nos vemos luego. Asentimos y empezamos a salir de la casa ordenadamente. Me despedí de Julián, sin besarlo… Era mejor así. — Es tan hermoso ¿verdad? —nos preguntó Byron a Raquel y a mí en el automóvil. — ¿Quién? —dijo Raquel. — Xavier… Es muy simpático, tan lindo… — No me fijé bien —replicó Raquel alzando una ceja por como Byron había suspirado… — ¿Fátima que opinas? —me preguntó é. — No sé, es lindo pero no es mi tipo definitivamente… — Que bien, porque a mí si me gusta… — Suerte —le dije en señal de apoyo. Giré mi cara hacia la luna, se veía hermosa con su aureola en color dorada a su contorno. Una luna inolvidable, una luna que empezó a dar un poco de luz a mi sentir… U oscuridad, todo depende del cristal con que se mira.

Capítulo 6 15 Años

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Llegué a mi casa y lo primero que hice fue prender mi ordenador, el Internet no era el más rápido en el mundo, pero al menos visualizaba las páginas. Como no tenía que hacer me metí a un blog para descargar música. Sabía que demoraría un poco en bajar el contenido. Puse algo de música para relajarme, esperé a que la descarga estuviera completada para poder escuchar algo nuevo. Antes de esto me preparé algo para merendar, comer es placentero. Con los auriculares a volumen medio me puse a buscar algo en la red, pero como no encontré nada al final me tumbé boca arriba en la cama para poder dormir. Al día siguiente no quería ir a la escuela, sería aburrido, como toda mi vida. No había remedio, me cambié con mucha lentitud y bajé para ver qué cosa había preparado mi mamá. Melanie estaba sentada con un libro, Dios esa mujer, no sé que le encontraba de interesante a un montón de letras sin animación alguna, mi hermana con frecuencia me decía que leer te hacía ahogar las penas tanto como el alcohol. Aún no lo había comprobado pero honestamente no me apetecía hacerlo. Luego andaría como ella, diciendo que me había enamorado de un tal Chartenón Arquenocaeus, o cómo sea que se llamaba el tipo del libro. ¿Podía haber gente que se sintiera muy a gusto leyendo, sustituyendo un buen libro por algo más interesante como ir de compras o cotillear con la vecina de al lado? Creo que sí, Melanie era la prueba viviente. Lo último que había leído era algo de una tal Stefan Meyer o no sé qué, dejé el libro a la mitad, no habían dibujitos por ningún lado, tantas letras me llegó a dar dolor de cabeza. Un vampiro sería lo último que me llamaría la atención. Al menos yo le podía presumir a mi hermana que mis novios eran reales. — Hola babieca —le dije a Melanie dándole un ligero zape. — ¿Qué te pasa? No soy babieca, lo serás tú —se giró para darme la espalda y continuar con su tan “interesante” libro, el título decía “La Sombra del Viento”. Me pareció una Biblia, se veía tan gigante ese montón de páginas.

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A mí háblame del último grupo de baile formado por Robin Antin, no de la última mujer sufrida que descubre tiene poderes ocultos, ¿cómo así? No, definitivamente no, leer no era lo mío. — Fátima, ¿a qué hora llegaste ayer? —preguntó mi mamá sirviendo el desayuno. — Llegó temprano… Milagrosamente —Melanie acababa de hablar. — Seee, llegué temprano… —Me quedé muda, había recordado lo que había ocurrido en la fiesta, ese beso… Madre de Jesucristo, tenía que encarar ese problema. — ¿Fátima? —Melanie pasó sus manos sobre mi cara. — ¿Qué? — Parece que te habías quedado en shock. — Nop, acá ando. — Ajá, te decíamos que Byron llamó para decir que pasaría por ti. — ¿Byron? ¿Ah? ¿Cuándo? — Hace rato, estabas tan dormida que mejor no te desperté. — Está bien, hiciste lo correcto… — Coman que se enfría la comida. Asentimos y comenzamos a desayunar, era algo ligero, pero no presté atención a qué era. Seguí divagando, tenía que poner mi ultimátum a lo ocurrido con Felipe, ¿qué le pasaba? ¡BESARME! ¡Sin permiso! ¡Cristo! Lo malo era… ¡No! Imposible. No me había gustado. “Mentirosa, mentirosa, mentirosa”. “Cállate estúpida vocesita interna”. Mejor me apresuré a terminar la comida, de no hacerlo acabaría gritándole tan fuerte a mi voz interna que pensarían que estaba loca. Acabé y subí a mi cuarto por mi mochila, busqué entre mis cosas polvo pica pica. Miré con mucha ilusión el polvo, era hora de usarlo. En mi mente sonó: “ñaca-ñaca-ñaca (y el sonido de un piano al fondo)”. Me cepillé y esperé a que Byron llegara por mí. Con lo puntual que era él, llegó como de costumbre 20 minutos antes de entrar. Tenía que manejar rápido si quería llegar a tiempo a la escuela. — Juliette llegaba más temprano. — Odio a Juliette. — Ya somos dos. Noté que Byron ahora venía muy bien arreglado, se veía radiante aunque fuera con el uniforme de la escuela. — Te has arreglado.

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— ¿Lo notaste? — Obvio, desde que… —apunto estuve de meter la pata hasta el fondo. — Lo sé, desde lo que pasó con Justin casi no me arreglaba. — Ajá, creo que necesitas un poco de vida social. — No es necesario. — Sí lo es —grité retándolo. — No es necesario —repitió supuestamente también retándome. — Fátima… —comenzó a punto de lanzarme un sermón que no quería escuchar. — Está bien, está bien, no necesitas vida social, lo que necesitas es un perro, así lo sacarías a pasear… — ¡Jaja! No es necesario tampoco, además… —Byron no sabía que más decir—, olvídalo. — No, ahora dime, ¿qué? — Me gusta Xavier… Pero no sé… — Vale, ya veremos que hacer al respecto, por lo mientras apúrate que se hace más tarde. Byron miró que habían pasado cinco minutos más y ahora contábamos con menos tiempo para llegar a la prepa, aceleró y disfruté el viento golpear mi cara. Mi amigo aparcó el carro cerca de la escuela, corríamos mientras veíamos pasar a más alumnos cerca de nosotros. Alcanzamos a Felipe a mitad del pasillo final para llegar al aula. — Hola Fátima —hice como si no lo oyera. — Fátima te hablan… —Byron tenía que ser inoportuno. — Hola —contesté sin girar mi cara. — Hola Byron, dile a tu amiga que anoche sabían muy bien sus labios combinados con pastel. Miré boquiabierta lo que acababa de decir, Byron se tapó la boca para no reírse, achiqué los ojos mientras veía como Felipe se iba alejando guiñándome un ojo. Di un fuerte pisotón antes de dejar a Byron para que riera con placer, me fui corriendo hasta Felipe, antes de llegar a él saqué “algo” de entre mi mochila. — Felipe, cariño, ven —me acerqué un poco más a él mientras se giraba. — ¿Cariño? —preguntó anhelante.

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— Sí, cariño, ven —le pedí mientras esparcía sin que él me viera polvo pica pica en mi mano. Lo abracé y él se sorprendió, esperé un segundo para tocarle la espalda, supuestamente lo estaba acariciando cuando le metí de un sólo golpe el polvo. El efecto del polvo fue casi inmediato, él se retiró y me miró extrañado, luego empezó a mover su espalda como sintiendo comezón, era tanta la comezón que no resistió más y fue maldiciendo al baño de chicos. Byron llegó a mí sonriente. — Quita esa cara de sonso. — ¿Sonso? — Sí, sonso —era broma y Byron bien lo sabía. — Eres bárbara eh, ¿qué le hiciste? — Meterle esto —le extendí la mano a Byron para que viera. — Wow, eres bárbara, mi ídola. Me reí por el comentario pero reanudamos casi al mismo tiempo el trayecto, quizás ya no entraríamos a la primera clase, pero el objetivo del polvo al salir de mi casa se había cumplido. Me arrepentí de lo que había hecho hace unos segundos, Felipe no salía del baño, al menos no hasta que nos informó un prefecto que se había tenido que ir a su casa, por que, según él una loca en exceso le había echado algo que le daba “comezón” por todo el cuerpo, instantáneamente me vieron a mí, pero me hice la que no escuché, me giré a otro lado para ignorar por completo eso. Dentro de mí si me sentía extraña… Pero… ¡No! Se lo merecía, como se atrevía a decir que me besó el público… Divagué por mucho tiempo hasta que logré concentrarme en las clases y poder retomar el hilo del asunto antes de que diera la hora de salida. Raquel me intentó sacar algo de lo ocurrido con Felipe, pero me rehusé a contestar cualquier cosa. — No, te juro que no fui yo… — Fátima lo que provocas, el chico ha perdido un día de clases por tu gran idea… — Byron tenía que ser, me acababa de delatar frente a media escuela. — Byron no sé de qué me hablas… — Eh, me refería… —le di una patada que él se cayó al instante y, acto seguido se comenzó a sobar la parte afectada.

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Pisando con energía donde me encontraba, avancé a grandes pasos hacia la salida. Justo al momento que llegaba a esta, el auto de Felipe apareció. Me vio y se salvaguardó la espalda apoyándose contra su vehículo. — No te haré nada —“al menos hoy ya no”, dijo mi subconsciente. — Que miedo me das… —murmuró con esas gárgaras. — ¿Por que no regresaste en todo el día? — Surgió un imprevisto… Nada de interés. — ¿Entonces no fue por el pica pica? — Para nada… — ¿Por qué regresas ahora? ¿Eh? Ya hemos salido. — Vengo por t… Vosotros. — Sí, hemos venido por ustedes —el hermano de Felipe había aparecido tras de él, ambos venían vestidos de una manera que me hacía recordar a jóvenes modelos que veía en revistas de moda, se veían tan guapos, sobre todo su perfume… Me derretía el simple hecho de oler la fragancia. Xavier se acercó a Byron y este casi se va al suelo cuando se percató de lo mismo que yo, ese perfume… Dios mío, sin palabras. Indescriptible. Pero, siempre hay un pero en todo, Julián llegó y me besó sin que pudiera objetar algo. Felipe se mostró todo lo indiferente posible, y Raquel… No digamos nada de ella. — Mi prima cumple 15 años, y celebrarán su cumpleaños en un salón conocido de por acá, ¿no quieren ir? Todos nos giramos a la invitación de Juliette, o era la reina del descaro, o estaba loca. — ¿Qué? ¿Por qué esa cara? Vengo en son de paz… Los invito, vamos, no sean orgullosos—. Ella hablando de orgullo. Mira, ahora las chinches tienen orgullo, maravilloso, y todos los ahí presentes éramos la liga de la justicia, ¡Hey! Por supuesto que yo me apunto como la mujer maravilla… — Yo si voy. — ¿Quién eres? — Xavier, mucho gusto —Xavier extendió la mano hacía Jully, ella la estrechó como quien no quiere la cosa. — También voy —dijo Byron mirando todo embelesado a Xavier—. No hay inconveniente. —También me apunto —dijeron Julián y Felipe al mismo tiempo, ¡Habían aceptado! Ahora solo faltaba…

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— Quizás se ponga buena la pachanga… — Vale, no faltaba nadie, ahora la señorita perfecta de Raquel igual se iba con la traidora. — ¿Pachanga? No es pachanga, es una fiesta… Pero bueno, ¿Fátima no vas? —Dudé en si contestar, tenía orgullo… — Cariño hay que ir… —Julián… Pero acepté — Voy por ti, no por que en verdad quiera, nos tendrás por allá, da la dirección y listo—. Juliette apuntó la dirección en el celular de Julián, una vez finalizó se despidió. Me quedé pensando en qué ponerme, una fiesta de 15 años, que rayos… Y lo peor, con la prima de la bitch… Pero bueno, al mal paso darle prisa—. Byron ¿por favor me llevas a mi casa? — Claro ñoña — ¿me dijo ñoña? — Me vuelves a decir ñoña y te castro Byron — Byron abrió los ojos lo más que pudo y me señaló acusadoramente. — No te atreves… — No me provoques y ya vamos por favor. Todos se callaron, al parecer nadie quería ser castrado ese día, al menos, Raquel se salvaría—. ¿Qué? No pensarán que yo… —me señalé el pecho—, oh no, no toco miniaturas, y no lo digo por ti Raquel, pero los hombres no son lo que parecen —les guiñé un ojo—, Byron nos vamos ya por favor. — Wooo —murmuró bajito Felipe—, esta mujer es de armas tomar — volteé para mirarlo, pero ya estaba cubriendo sus partes más sensibles, “cobarde”. Todos lo señalaron, Raquel sólo comenzó a reír—. Que cobardes. — Seee, ¡Byron se hace tarde! — Ya, ya voy, ya voy, relájate Fátima. — Lo estaré cuando todo esto pase. — Entonces no vayas. — ¿Crees que me lo perdería? Byron se hace tarde. — ¡Ya! ¡Sube! Órale, movidita mamacita —Byron me iba empujando para subirme tan rápido a su vehículo que casi me caigo cuando entré. Julián prefirió irse a pie, él vivía muy cerca de la preparatoria. Raquel se fue con Felipe por que éste estaba más cerca de su casa, y entonces, como se deduce yo me fui con Byron. — Byron te pasaste, me empujaste. — No fui yo, tenías mucha prisa ¿no?

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— Sigo pensando que castrar a alguien el día de hoy no es mala idea. — Deja eso o me saldrá lo macho-man. — ¿A qué te refieres? — No quieres saber. No, en definitiva no quería, opté por cerrar el pico y dejar que el aire que soplaba golpeara mi cara. En pocos minutos ya había llegado a mi casa. Salí y me despedí de Byron. Entré a mi habitación para ver algo lindo qué ponerme, pero no había nada para ir a una fiesta tan… Cómo decirlo, tan estúpida como las que organizaba Juliette. Decidí que lo mejor era llevar un vestido negro, ya que la fiesta sería en la noche, como a eso de las 9 comenzaría. Apenas eran las 6 de la tarde, y nos habían citado a las 7, tenía una hora para arreglarme, ¡Dios! Una hora es muy poco tiempo. Bajé al comedor donde lo mas que se veía era la sombra de Melanie, al parecer no había nadie en casa. — ¿Y mis papás? —pregunté a Mel que estaba como siempre, con un condenado libro en las manos. — Ah, no sé, dijeron que volverían pronto. — Muy bien, voy a salir… — ¿A dónde? — A una fiesta en casa de Juliette. — Bien, yo no te di permiso, así que tú sabes lo que haces… La miré con desconfianza, y me fui al refrigerador para sacar algo que preparar para merendar, no podía irme sin antes haber comido algo, sería mortalmente trágico para todos tenerme cerca sin haber comido una de mis 5 comidas (sin contar los postres extras claro está), del día. Encontré… Mejor no les digo cómo encontré el refrigerador, era caótico. No quedaba de otra que hacer unos buenos huevos revueltos, a falta de mejor opción, además qué, no es tan malo comer huevos sin nada más. Resultó divertido poder prepararme yo sola la comida; Melanie no aceptó ayudarme, y por eso mismo tuve que apañármelas yo sola con eso… Todo un reto para mí. Y un relajo. La sartén me explotó literalmente, estropeé mi comida, y no había nada más que comer, los huevos quemados no se me apetecían en lo más mínimo. — ¿Melanie tienes dinero para una pizza?

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— No y no molestes por favor, voy en la parte donde Ron besa a Hermione… La verdad que fiasco, pensé que el libro sería mejor. — ¿Qué? — ¡Shhh! Anda veté por un hot dog si quieres, toma—, sacó un poco de plata de su monedero y me entregó algo de dinero. — ¿No que no tenías? — Pero no para mal gastar… — Por cierto, ¿que libro lees? — Un clásico, Harry Potter 7. Enarqué las cejas, no es que supiera mucho de literatura, ¿pero Harry Potter un clásico? Creo que no… Salí al puesto de hot dog más cercano, compré un par de éstos ya que me alcanzaba el dinero para hacerlo. Regresé a la casa para acabar de arreglarme, mi vecino estaba escuchando a La Quinta Estación, Dios mío, algunas personas son masoquistas naturales. 6:45 PM, impaciente por que Byron llegara mí vi el reloj de mi móvil. 6:46 PM, volví a mirar el reloj. 6:47 PM, tuve que mirar el reloj de nueva cuenta. 6:48, sip, otra vez el reloj. — ¡Basta! Compórtate como alguien más centrado Fátima Zoraida. — Ay Dios, que miedo me das, hablas sola y te auto-regañas. Que miedo tú. — Melanie no molestes. — Nah, que flojera molestarte, por cierto te hablan allá afuera. — ¿Quién? — No sé, pero se ve tan lindo… Suena como extranjero. — No, ha de ser… Felipe. — Ajá, dijo que así se llamaba. Haberlo dicho antes, salí disparada por la puerta—. Nos vemos en la noche, gracias nena —me acerqué a Mel y la besé en la mejilla. Melanie se quedó viendo perpleja lo que acababa de hacer, puso los ojos en blanco y sacó el libro de nuevo para leerlo, pero creo que ya no era el mismo. Mi hermana era un fenómeno con eso de la lectura compulsiva. Me persigné para alcanzar el picaporte de la puerta principal.

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— Hola —me asusté, Felipe me había saludado justo medio segundo después de que hubiera abierto la puerta. — Hola, pero se supone que Byron vendría por mí. — Me pidió que pasara, ya que el se iría con mi hermano… Ese par creo que se atraen. — Obvio querido… —no sabía qué más decir, un cosquilleo invadió mi ser, Felipe ahora sí superaba la belleza de su hermano, iba radiante, con el cabello alborotado en un peinado muy actual y casual, se le notaba más largo, por otro lado su esmoquin le hacía verse muy apetecible… No, un niño tan pequeño como él no me podía gustar, sería una completa “asalta fetos” (originalmente “asalta cunas”, término modificado por mí y para mí). Yo iba con un vestido blanco y no como lo había escogido al principio, un poco largo pero no exagerado, de hecho me llegaba un poco más debajo de las rodillas, no más; algo descotado de la cintura para arriba, y de la cintura para abajo tenía forma de V invertida, en medio de los dos pares tenía amarrado un cinturón con forma de listón grueso y blanco inmaculado; aparte llevaba un juego de zapatillas blancas que combinaban perfectamente con el vestido, con tacones altos y gruesos y, mi cabello caía a la altura de mis hombros; me veía muy bien (según yo), el blanco siempre resaltaba mis facciones, al menos con este look sí, pero pronto sería de nuevo morena, me teñiría el cabello de negro azabache. — Que linda te vez. — Gracias, pero démonos prisa, se hace tarde para ver a la prima de la bitch. — Sube —volvió a hacerme una reverencia como en la escuela que me hizo sonrojar. Acepté y subí, nos dirigíamos a la peor fiesta que jamás hubiera vivido.

Capítulo 7 Fin de la Historia

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Reconocí todas las calles, las sabía de memoria, siempre había vivido en el mismo lugar toda mi vida, sin salir ni nada por el estilo, que deprimente no conocer más allá de los confines de tu propio pueblo bicicletero. — ¿Fátima estás enojada? O por qué esa cara. Relajé el ceño un poco. — No, es sólo que me gustaría conocer más partes del mundo, o ya de perdida de mi propio país… — Fátima, te diré algo… — What The Fuck?. — Mañana regreso a Francia, y la verdad no sé si regresaré. — ¿Qué pasó? ¿Por qué? —esa noticia no me la esperaba. — Mi abuela ha muerto y mi papá ha entrado en un estado de shock… — Lo siento tanto —murmuré bajito—, ¿pero por qué no regresarían? — Mi papá se siente culpable por este hecho. — Pero no lo es. — Lo sé, pero mi papá es así, cuando se mete una idea no hay poder humano que logre hacerle cambiar de parecer. — Entonces, es un adiós anticipado. — Sí, no sabes cuando lo siento, me hubiera gustado poder conocerte un poco más, eres tan linda, a pesar del pica pica, a pesar de no conocerte mucho, me gusta tu sentido del humor, si algún día regreso ten por seguro que te visitaré. Mi garganta no podía soportarlo, estaba realmente loca, ni una semana de conocerlo y ya me estaba poniendo sentimental por su partida. Suspiré y logré controlarme—, a mí también me hubiera gustado conocerte un poco más… —. Supongo. — Hemos llegado —detuvo su carro frente a un salón inmenso, había una multitud de automóviles estacionados frente al salón, y en su totalidad eran lujosos. El salón era blanco grisáceo, gigante, como ya dije. Sencillo, espectacular y hermoso. No digno de la familia que organizaba la fiesta. Felipe me abrió la puerta para bajar, y vi sus ojos, eran hermosos. Recordé algo que ayudó a romper la incomodidad—, ¿Quién traerá a Julián? — Llegará solo me parece.

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— Ya veo… Y hablando del rey de Roma… Allí está. — Señalé al tan sexy y apuesto joven que estaba parado de frente a nosotros en una de las bardas del salón. Me acerqué a él, pero no queriendo dejar solo a Felipe lo llevé conmigo. Al estar junto a Julián él me dio una vuelta con su mano para verme bien. — Que hermosa. — Gracias. — ¿Entramos? —nos preguntó Julián. — Esperaré a mi hermano —contestó Felipe con un gesto que le restaba importancia. — ¿Y tú? ¿Qué opinas? —me preguntó. — Creo que podríamos entrar ya —contesté. — Vayan, yo espero aquí. Asentimos y entramos. Vi de reojo como Felipe se quedaba solo, eran sus últimos minutos en México y yo con novio. La vida no era justa. Suspiré y vi el interior del salón, era tal como lo imaginaba, globos y luces por todos lados, una decoración en color rosa por todas partes, mesas sumamente bien cuidadas, y los hombres iban todos de corbata, o al menos, la mayoría. Estuve esperando en una mesa junto a Julián que Felipe entrara junto a su hermano y Byron, volteé como 17 veces antes de que ellos entrarán al gran salón. No era de esperarse ver al trío con esmoquin, y todos para rematar, en color negro. Les hice señas para que vieran donde estábamos. Llegaron hasta nosotros al instante que empezaron a anunciar el comienzo de la ceremonia. Lanzaron su gran letanía de la etapa en que se pasa de ser niña a mujer. Luego, lo más horripilante que nunca he visto salió, la celebrada no era más que una mendiga vieja gordísima que yo conocía, la conocí una vez en que Juliette me invitó a un mismo cumple años, sólo que una fecha anterior a la que estaba. Hay personas que nada más no necesitan descripción, la prima de Juliette era peor que ella misma. Presumía hasta sus aretes de fantasía, alegando que venían importados de cualquier otro país.

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Puse los ojos en blanco y Julián me abrazó. Pasaron así más personas al micrófono, antes de que el Vals comenzara decidieron pasar algunas fotos de cuando era más pequeña la quinceañera en la gran pantalla de plasma estilo cine que tenían detrás. Me quería morir de la risa al ver a la mujer esa en la pantalla en la clásica foto de bebé donde estaba en una tina bañándose. El espectáculo dio comienzo. Al principio pensé que estaba soñando, pero después de un breve gemido que salía de las bocinas me di cuenta de qué ocurría. Era un videohome de… Mi primera vez… Con… Manuel… Esto sólo era obra de la perra desgraciada de Juliette —disculpen las palabras empleadas—, aventé con gran fuerza la mesa que tenía frente a mí, era escandaloso ver la pantalla. Las personas que llevaban hijos pequeños les cerraron los ojos con sus manos, y se dieron cuenta que la mujer que mostraban en la pantalla era yo. Me veían como… Como… Como a una puta. A toda velocidad busqué de donde provenía la cinta, encontré a un grupo de técnicos tratando de parar el videocasete, pero al parecer su porquería se acababa de trabar, genial, las cosas no podían ir peor, la mayor vergüenza de mi vida… Encontré a Juliette riendo en una de las primeras filas. Corrí hasta ella y le di una estruendosa cachetada que la hizo caer al suelo, era lo menos que se merecía, si podía la mataba a la zorra. Pero Felipe me detuvo a tiempo, me tomó por las manos para hacer que me controlara. — Suéltame, la zorra va a aprender… Suéltame. — No Fátima, las cosas no se resuelven así. Creo que la que era la mamá de Juliette llegó y en cuanto se estaba parando su hija le dio una cachetada doblemente más fuerte que la mía. Hasta en ese entonces me controlé, un poco, ya que la sangre aún me hervía de coraje. — Que vergüenza para nosotros, súbete al automóvil inmediatamente — su mamá le gritaba a Juliette tan fuerte que todos se callaron. Le tronó los dedos dos veces antes de que ella saliera del salón. Se giró hacia mí y me miró un poco serena. — Muchacha, en verdad lo siento mucho, no sé que le pasa a Juana que está muy ingobernable últimamente… —la luz se fue, todo quedó a oscuras.

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Pero regresó tan rápido como se había ido. Lo habían hecho para poder parar el vídeo. — De verdad, cuanta pena contigo, de verdad disculpa a mi hija, de verdad… —dejé de patalear, la mamá de Juliette estaba llorando, ay la zorra me las pagaría doble vez. Felipe me sacó de la escena, todos estaban saliendo del salón, y la prima de Juliette estaba haciendo un berrinche por lo ocurrido, le gritaba a Juliette por haberle arruinado la fiesta. Julián alcanzó a Felipe para decirle que él me llevaría a casa. Pero viendo mi estado de shock fue mejor que Felipe lo hiciera, llegando a ese acuerdo Julián dejó que Felipe fuera quien me dejara en mi casa. En todo el trayecto seguí muda, no tenía palabras para lo que acababa de ocurrir. — Fátima hemos llegado… — Vi las luces de mi casa prendidas, pero no tenía cara para entrar. — Fátima… —yo seguía sin moverme—. Fátima… —repitió Felipe y me alzó la barbilla—. No estés así, no fue tú culpa… —Despejé las lágrimas y desperté un poco de ese estado. — Lo sé, pero que humillante… — Fátima, quiero… No quiero irme así, quiero guardar la imagen de ti con todas tus locuras… No así como estás ahora. — Pero… — Necesito hacer esto, perdóname —Felipe me besó tan intensamente que sentí el aire salir de mí, una pequeña lágrima se deslizó un segundo antes de que cerrara los ojos. Ese, en su totalidad era mi mejor beso, y mi más bella despedida. Me aferré al cuello de Felipe, continúe el beso y lo prolongué lo más que pude. El momento final había llegado, nuestro último adiós tenía que darse. Me desprendí de Felipe sin querer dejarlo. Pero debía y tenía. — Guardaré este recuerdo como lo mejor que me ha pasado… No llores Fátima… No me gusta verte así —pero no estaba llorando, o eso creía. Lo volví a besar, Felipe era el único que me había hecho llorar de alegría y no de frustración. Repetimos el proceso varias veces, y al final optamos por despedirnos, era lo mejor, algo tan hiriente no podría prolongarse más tiempo.

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Bajé del vehículo y Felipe junto conmigo, me dio un diminuto beso en a mejilla que me hizo sentir mariposas en el estomago. Lo observé subir a su carro y despedirse con una cara triste… Me quedé abrazándome a mí misma unos minutos, y luego, entré a mi casa. Cerré la puerta y comencé a bajar hasta el suelo en estado fetal, llorando… Sollozando, gimiendo. Mi mamá me vio y se paró instantáneamente para preguntarme qué me ocurría, no le podía decir nada, absolutamente nada. Entonces nada más me abrazó y me susurró que todo iría bien, pero ella no sabía, no lo sabía, nada iría bien. No podría ir bien.

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Capítulo 8 Amanecer Después de ese día, nada fue igual. A la mañana siguiente llegué a la escuela y juro que de no ser por que todo el tiempo Byron me atosigaba con que no me metiera en problemas hubiera matado a Juliette, y no literalmente; el chisme de lo que había pasado se regó tan rápido que sentí que lo mejor sería cambiarme de escuela. Pero no le daría el gusto. Nunca agachaba la cabeza cuando Juliette se empezaba a burlar en mi cara, aunque, lo que más me lastimaba era que Felipe se hubiera ido así como así. Aparte, Julián se portaba raro conmigo. — ¿Julián? ¿Qué ocurre? — Nada, pero por qué no me dijiste que ese imbécil… —Julián se calló porque vio mi expresión—. Oh, lo siento, pero me da una rabia… —buscó mi cara para verme a los ojos, pero lo esquivé, no tenía cara para verlo. Se había enterado de la peor manera cómo había sido mi primera vez. Así que lo mejor fue cortar, Julián no se tomó la noticia tan mal, de hecho cualquiera pensaría que se alegraba, cualquiera, hasta yo. Por otra parte, Byron no estaba deprimido, pues él si pensaba firmemente en que Xavier regresaría, pero honestamente, a mi Xavier no me interesaba ver, al menos no tanto como a su hermano. Pasaron varios días, y sin darme cuenta, esto llevó a que los meses corrieran de manera alarmante sin que me percatara. Octubre: No hay noticias de Felipe. Noviembre: No me ha llamado. Diciembre: Es año nuevo y no me siento nada bien. Enero: Creo que nunca regresará. Los reyes magos no me lo trajeron como se los pedí, confirmo que no existen. Febrero: ¡Basta! Es hora de hacer algo. Día del amor y la amistad y yo aquí encerrada.

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La utopía de mi vida debía cambiar, necesitaba algo más que un recuerdo. Debía empezar primero por cambiar todo en mí, había entrado sin darme cuenta en una casi depresión que me llevó a alejarme de la imagen que todos tenían de mí, si bien no era la chillona martirizada que nos muestran en muchas telenovelas, al menos, ya no era tan exótica. Iría al dizque festival que estaban organizando en la Uni de Melanie, eso era mejor que seguir encerrada. De verdad, ¿creen en el amor a primera vista? Yo no, yo solamente creo en que al momento que dos centellas se cruzan, forman una luz muy fugaz que se convierte en algo que nadie más recuerda, salvo la persona que lo ha visto. Como un cometa viajando por el espacio sideral. Me vestí rápido, tenía que alcanzar a Melanie antes de que se fuera. Por lo menos, me divertiría un rato, quien quitaba que haría chicle y pegaría. — Melanie, ¡voy contigo! Ejem, ya había gritado, quizás mis vecinos se empezarían a asustar, la Fátima gritona estaba regresando. Escuché a Mel subir a toda prisa. — ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? — No, calma, sólo quería saber si podía ir contigo al festival ese. — Si, pero apúrate, es tardísimo. Cabeceé y al final me abroché las zapatillas, terminé de vestirme y bajé. — Estoy lista —le dije a Melanie con una sonrisa de izquierda a derecha, que sonrisa colgate ni qué nada. — ¿Qué milagro? — Ya vez, si existen, pero ya vamonos, ¿es tarde según tú que no? — Ajá, vamos pues… Melanie salió de la casa, ahora que la veía bien, que vergüenza, estaba vestida toda como si fuera una abuelita: una sudadera que parecía más de hombre que de mujer, una falta exageradamente larga y en un color espantoso (a mi parecer)… Como agua y aceite. Si, esa sería la descripción precisa de nosotras dos.

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En lo que llegábamos a la escuela me puse a buscar algo que oír en la carcacha de Mel, pero no había nada, a excepción de puro artista internacionalmente desconocido, Dios, en la vida había oído de ellos. — Melanie es hora que te actualices, ¿no crees? — ¿A qué te refieres…? — Nena, Los Temerarios ya pasaron de moda hace muuuchooo, incluso antes de que naciera. — Eso no es mío —veía el CD que tenía entre las manos—, es de una amiga… Hmmm, quizás no me estaba mintiendo, y cerré la boca, busqué una estación en la radio y la puse. Me relajé, al menos en la radio ponían música más o menos actual, eso, era muy bueno, escuchar grupos tan pasados de moda no me hacía mucha gracia y no me apetecía en lo absoluto ni mucho menos. Faltaba un poco para llegar a la Uni, pero ya no encontraba la hora para bajar y comprarme una paleta, hacía un calor insoportable. — ¡Melanie por favor apúrate! Me estoy muriendo… Y asfixiando… — Ya cállate y no exageres, ya llegamos, ¡vez! ¡Aleluya! Al fin… Tenía que bajar de ese martirio, la carcacha esa ni aire acondicionado tenía. Ni le avisé a Melanie que había bajado, salí pitando a la lonchería más cercana. — Hola, buen día, me puede dar una paleta magnum de chocolate, ¿por favor? — Con gusto —y mientras esperaba a ver si no me derretía se paró a mi lado un joven, no era exageradamente hermoso, pero si guapo, alto y con unos ojos verdes impactantes, impresionantes, a simple vista parecían normales, se veía a leguas que gozaba de un buen cuerpo, y esa sonrisa… Excelente dentadura. Lo miré fijamente y él hizo lo mismo. — Hola —me dijo con voz ronca. — Hola… — Mucho gusto, me llamo Darío… ¿Y tú? — Igualmente, yo me llamo Fátima… — Acá tiene —el empleado de la lonchería me estaba llamando para entregarme la paleta… — Bonito nombre —dijo Darío mientras sacaba dinero de su cartera—, yo invitó —entonces pagó mi paleta.

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— Muchas gracias… — Hmmm, nada de eso, es un verdadero placer. Jesús, que voz, que voz, una voz naturalmente ronca, que sexy… — ¿Pasa algo? — No, nada, es sólo que me preguntaba… Nada. — Eres de por aquí, ¿verdad? — Si, vivo a cinco kilómetros. — ¿En serio? — Sí… — Que bien. — ¿Por? — Decía. Uh, que conversación, al parecer el chico era de pocas palabras. Habría que tomar la iniciativa para entablar una buena plática. — ¿Serio? — ¿Eh? — Eres muy serio… — Oh, no, para nada, es sólo que estoy admirando tu belleza, sin ofenderte, eres hermosa. Me sonrojé y no supe qué decir. — Gracias —murmuré muy baja, oh mi Dios, un caballero andante. — ¿Tienes celular? — Por supuesto, ¿por? — Me das tu número, es que ahora mismo tengo que regresar a la Uni, hay un festival. — Pues yo vine a eso. — Ah, ¿sí? ¿Con quién? — Con mi hermana. — ¿Y se llama? — Melanie… — Hmmm, me suena, aunque no la recuerdo, ¿qué estudia? — Filosofía… — Ah, ya, creo que ya, ¿pero es tu hermana? Se ven tan diferentes… — Lo sé, pero si, sí es mi hermana —remarqué ese “sí”. — Entendido, pero ella estará con su grupo, yo con el mío, así que será mejor que entremos… ¿Si me das tu número? ¿Por favor? Acepté y le di el número de mi celular.

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— Muchas gracias, luego te llamo, me tengo que ir, en verdad mil disculpas. ¡¡¡Dios!!! ¡¡¡Triple Dios!!! ¡¡¡Por todos los santos!!! Cuando se dio la vuelta vi el trasero mejor formado que jamás había visto. Me mordí los labios y me los humedecí. Nunca había visto algo así, casi tenía un orgasmo. “Qué ridícula eres”. “Ay ya cállate vocecita interna”. Ya estaba delirando, pero al parecer ese día me había despertado con buen pie, hasta ahora todo iba bien. Aguarden, no, no iba bien, seguía sin saber nada de Felipe. Cerré los ojos con fuerza, “algo le debió de haber pasado”. Quizás, tal vez si le había ocurrido algo. Apreté mis muñecas fuertemente, pero un segundo después aflojé las manos, si apretaba más seguro sangraría, ya que mis uñas estaban largas. Al menos, mi amanecer pintaba un poco mejor, el tal Darío estaba perfecto, y más perfecto tenía el… “Fátima, por favor, controla tus instintos femeninos”. Vale, haciendo caso a esa voz interna que no se quería callar sólo digamos que mi amanecer pintaba un poco mejor. Saboreé más la paleta imaginando que era una parte de la anatomía de Darío. ¡Qué sexy amanecer!

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Capítulo 9 Increíblemente… Increíble Dejé de pensar toda esa de sandeces a un lado para disponerme a entrar al festival. — ¡Fátima! —oí gritar a mi hermana desde la entrada de la Uni. — ¡Voy!— repliqué chupando más la paleta. “Rico, riquísimo”, y me refería a la paleta, no a Darío. “Mentirosa”. “Disculpa, voz interna, ya me tienes harta”. ¡Jolín¡… Esto es a lo que yo llamo estar loca. Mejor entraba a la Uni, si seguía así seguro acabaría borracha con la paleta. Pasé y me sorprendí por la infraestructura de la institución, era sorprendente. Pero lo más notable era toda esa vegetación. Algo sumamente raro por ese lado de la ciudad. Raro, no imposible, pero si completamente creíble. Melanie se paró frente a una puerta y supuse que era donde ellos celebrarían el día del amor y la amistad. Espere a que entrara ella primero y enseguida lo hice yo. ¡Dios! No hubiera ido, que “fiesta” tan mal hecha, apenas y hablaban las personas, la comida era todo menos lo que debería ser, la música parecía algo como Vals, en general todo estaba horrendo (a falta de un término más decente). Era por mucho muy preferente estar en casa viendo una buena serie de TV o escuchando lo que sea, si que lo era. Comí lo que me dieron más que por placer fue por educación. No podía dejar la comida allí y desperdiciarla… Por suerte, llevaba mi iPOD y lo prendí, puse a todo volumen When I Grow Up… & llegó a mi la idea, podría… ¡Sí! Si podría. Al fin y al cabo ya me sabía la coreografía.

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Me paré y busqué algo en el aparato de sonido para poder conectar mi iPOD, ¡lo había encontrado! ¡Bingo! Ahora tendría que poner la canción. Empezó la misma (When I Grow Up)… No sé si has visto el vídeo, pero me sentía cual señorita Scherzinger. Empecé a bailar mientras todos dejaban sus vasos de plástico a un lado. Primero fueron las manos, despacio, lento, calmado. Luego, comencé a imitar la risa que hacen las chicas en el vídeoclip, hasta que la hora llegó…

Imagina que comencé a brincar con este estribillo: When I grow up, I wanna be famous, I wanna be a star, I wanna be in movies. Aquí empecé a mover las caderas: When I grow up, I wanna see the world, Drive nice cars, I wanna have groupies. Acá fue cuando di vueltas en círculos por todo el salón: When I grow up, Be on TV, People know me, Be on magazines. Y aquí ya era cuando me empezaron a aplaudir y a chiflar: When I grow up, Fresh and clean, Number one chick when I step out on the scene. Llegados a este momento 4 chicas se unieron a mi baile: But be careful what you wish for cause’ you just might get it, You just might get it You just might get it.

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Y al repetirse esta misma estrofa ya parecíamos de verdad una copia de las Pussycat Dolls (en región 4 estilo DVD pirata, pero parecíamos y es lo que cuenta, ¿no?). La canción seguía y Melanie aún tenía un pedazo de sándwich sin meter por completo en la boca, y su amiga Sasha… Aguarden, Sasha era… Dios, Sasha era la que estaba bailando a mi lado. Yo siempre dije que esa chica me caía bien.

Y va de nuevo: When I grow up, I wanna be famous, I wanna be a star, When I grow up. I wanna see the world, Drive nice cars, I wanna have groupies. When I grow up, Be on TV, People know me, Be on magazines. When I grow up, Fresh and clean, Number one chick when I step out on the scene. Lo increíble era que me aplaudían y había podido revivir el ambiente… Ahora más bailaban… Al parecer si podría formar un girl-group, quizás no seríamos más famosas que las Spice Girls o las PCDs pero lo podríamos intentar… Mi ánimo decayó un poco… Él no estaba para verme. — Fátima… Wow —comenzó a aplaudirme Sasha—, wow wow wow ¡WOW! Chica, eres una bailarina muy buena... ¿Estudias para eso? Bah, seguro estaba exagerando—. No, pero me encanta todo lo que sea baile, admiro el movimiento de ese grupo… — ¿Pasión u hobbie?

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— ¿Eh? — Si lo haces por pasión o por un simple hobbie como muchos… — Ah, eso. Pasión… Sí, por pasión, me fascina y adoro bailar, el movimiento de todos tus músculos mientras se van acoplando para formar una danza es espectacular… Dicen que cualquiera puede, y quizás tengan razón… Pero a mi me encanta, mi vida, mi sueño, mi anhelo mayor, quisiera tanto… —todos oían mi discurso, ejem, ya la había regado, ahora creerían que estaba loca—, ejem, lo siento, perdón, me emocioné de más creo. — No te preocupes, eso es a lo que le llamo saber lo que se quiere en la vida. ¿Quién había dicho eso? Oh… No, impo…, corrí hasta él para asfixiarlo con un fuerte abrazo. Y tras él estaría… “Dios, me desmayo… Dios te salve María llena eres de gracia, el señor es contigo…” “OK, basta, basta, contrólate Fátima, no te alteres” “Pero es él, es él” Juro que casi chillé de tanta emoción, era él… Primero Xavier, y detrás llegaría Felipe… No, no, no, no… Increíble… Increíble… Increíblemente increíble… “Calma, que no se te olvide respirar, 1, 2, 3, vamos, respira, serénate, vale, ya estás, ahora sí, ¡chilla! No no no no ¡no! Ves cerca de él, acércate, abrázalo, tócalo…” — ¿Qué hacen aquí? —“Ay que chica tan más inteligente, ¿sólo eso puedes decir? No seas estúpida, tanto llorabas por él, di algo más alentador… Tonta, habla, todos te miran, ¡habla!”. Y sin darme cuenta ya había caído como una res grande y gorda al suelo. Sí. Increíblemente… Increíble. Me había desmayado.

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Capítulo 10 Hoja en blanco — ¿Estará bien? — Yo creo que sí, pero nada más te vio y azotó. — Sí, ya me di cuenta. “¿En que estábamos?” Ah, sí… ¡Ah SÍ! — ¿Y Felipe? —pregunté a Xavier quien hablaba con Melanie en medio de la enfermería de la Uni. — ¿Fátima cómo te sientes? — Ajá, bien, pero y ¿Felipe? —le pregunté a Xavier que me veía como rata de laboratorio. — En casa… Acompañando a mi papá, después de tanto insistir hemos logrado convencerlo que lo mejor era regresar a México y empezar una nueva vida… — ¿Está en México? — Sí… — Quiero verlo… — Sí, él también quiere… —antes de que Xavier terminara de hablar me paré de la camilla donde estaba y me puse las zapatillas. — Fátima espera… — ¡No Xavier! No puedo esperar, han pasado meses desde que supe algo de ustedes… — ¿Perdón? ¿Meses? Solo han sido 6 semanas. — ¿Eh? 6 semanas… No… Han sido… —Oh, oh, creo que había perdido la noción del tiempo… — ¿Cuándo se fueron? — A finales de diciembre… y hoy es 14 de Febrero… Creo que me había vuelto loca… Yo había pensado que…—. Quiero ver a Felipe… — Calma, yo te llevo, pero tranquilízate, no quiero que lo mates nada más verlo. — A quien mataré es a ti si no me llevas con él. — ¡Niña siéntate que el doctor aún no termina de revisarte!

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— Cállate Melanie… — Señorita ya se puede retirar… — Vale, haz oído, me puedo ir. — ¿Dr. No tiene nada mi hermana? — No, sólo fue un desmayo por la impresión, está perfectamente sana, pero no más presión por hoy… — Entonces nos vamos a casa. — ¡Melanie ya deja de portarte como si fueras adulta! — Soy adulta… — ¡Ay ajá! Xavier llévame donde quiero… — Claro… —pero Felipe ya había llegado. Brinqué de la camilla y me planté del cuello de Felipe… Era él, si que era él. Y lo besé. Xavier carraspeó. — Lo siento… —murmuré viendo como hasta el Dr. me veía como a una demente. — Hola guapa —dijo Felipe… Que ahora tenía un nuevo look, algo que lo hacía ver más grande. — Te ves bien —le dije queriéndolo comer. — Gracias, tú no te quedas atrás. — Disculpen, tengo que cerrar. Haciendo caso del Dr. salimos fuera de la enfermería. — Creo que yo me voy… — Voy contigo… —el cobarde de Xavier se había ido junto a Melanie. — ¿Y? —pregunté por fin. — ¿Y, qué, cuál? — ¿Por qué no me dijiste que llegabas? — No tenía tu número… Ni tú e-mail, de hecho nada donde localizarte. — Pero… —bueno, era verdad todo eso; en el par de días que estuve cerca de Felipe no le di ni mi número ni mi correo electrónico. — Pero… — Te extrañé. Que lindo. — Yo… También… Mucho… — Me encanta que te sonrojes. Me puse más roja aún, y me volteé para que no me viera. — Fátima… Quiero llevarte a un lugar… — ¿Dónde? —me giré al instante para saber qué quería decir exactamente.

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— ¿Vienes conmigo? Asentí para que me guiara donde quería llevarme. Eran poco más de las 7 PM cuando entramos a un valle; el único que estaba cerca de donde vivía. — ¿Qué hay aquí? — Cierra los ojos… — Pero… — Tú ciérralos… Cerré los ojos y Felipe me puso una venda… Caminé a tientas dejando que el llevara mis pasos; me paré cuando el lo indicó. — Bien, te quitaré la venda pero abrirás los ojos lentamente… — Sí… —susurré por lo bajo. Me quitó la venda de los ojos y los fui abriendo poco a poco… Me quedé en shock al ver todo eso… Estábamos en la punta de una colina, abajo pasaba un río el cual se veía todo verde y azul… Era justamente la hora del crepúsculo y la vista era increíble, el ligero viento que soplaba hacía que la luz de las velas parpadearan intermitentemente. — Es… Hermoso —dije al borde del llanto, nunca me habían llevado a un lugar así, y nunca… Nunca había conocido a alguien como Felipe. Besé a Felipe mientras caíamos en la colina, como si una cámara panorámica nos observara sentí como todo alrededor de nosotros daba vueltas y me apreté contra Felipe… Él sólo me tomó con cuidado mientras acariciaba mi cabello. — Que hermoso eres… Felipe sólo gimió mientras tomaba una parte recta de su anatomía. — Espera… Creo que había estropeado todo con hacer eso… — ¿Qué pasa? — Yo, nunca, yo… No sé… Cómo… — Oh, entiendo… Lo siento—. Me puse erguida sobre el césped intensamente verde. — No hay problema. — Fátima… — ¿Sí? — Te… Gustaría. — ¿Qué?

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— ¿Ser mi novia? —vi como se ponía ligeramente rojo. — Creo… Que… Sí… —contesté sin nada más, sacó de su sudadera una cajita. — Toma… — ¿Qué es? — Ábrelo —dijo aún ligeramente rojo. — Oh… —exclamé cuando salió de la cajita un dije que decía F&F-FF. — ¿Qué significa? — Fátima & Felipe Friends Forever. — Y hay una cadenita… —quería llorar. Felipe era todo ternura. — Sí, para que te la pongas… Si quieres… — Claro que quiero. — ¿Brindamos? — ¿Por? — Por todo, por simplemente vivir; por nuestra amistad, por nuestro comienzo. Por todo. — Va… ¿Pero alcohol? — Nop, refresco —me reí tímidamente viendo como sacaba una cocacola de su pequeña mochila. — Felipe… — Lo sabía, no te ha gustado, hubiera sido mejor un peluche, unos chocolates, ya sé, faltó una rosa… — Felipe… — Pero es que yo pensé… — ¡Felipe! — ¿Sí? — Si me gustó el dije, sólo que brindar con refresco… Jeje, nunca lo había hecho. — ¿En serio? — Pero es que… No me gusta el alcohol… — Da igual guapo, brindemos. Felipe sacó dos vasos y sirvió el refresco; me dio uno y entrelazamos las manos para tomar uno del otro. Al acabar de beber un poco del refresco Felipe se aproximó más ha mí y se sentó a mi lado, me abrazó y contemplamos el paisaje un momento; sólo un rato porque ya estaba oscureciendo. — Creo que es hora de irnos… —propuse no queriendo hacer tal acto.

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Felipe me besó la frente y después se paró; me extendió una mano para ayudarme a parar. Juntamos todo rápidamente y entramos al vehículo de Felipe. — Fátima… Eres muy linda. — Nah, soy un monstruo —era broma. — Nah, no sos monstruo. — ¡Che! Si lo soy. — Me encantas. — Tú a mí también. Te quiero —agaché la cabeza como tonta. — ¿De verás? — Síp. Mucho. Felipe sólo sonrió y prendió el motor para llegar a mi casa. Me despedí de él y Melanie ya estaba plantada en la mesita de la cocina esperando la cena. — ¿Dónde andabas? —preguntó mi mamá. — Por ahí. — Ajá, por cierto, tu amigo es encantador. — ¿Quién? — Fernando, vino y dijo que si llegabas un poco tarde sería porque te raptó. — ¿Eh? ¿Fernando? — Era broma, o sea vino a pedir permiso para salir contigo—. Dios mío, ¿era verdad? —. Pero siéntate, tienes que comer, estás muy flaca. Mi mamá me quería ver bien gorda. Si no era gallina en engorda. Pero hice caso, me senté y pensé en todo. En la hoja en blanco que se había llenado de una extraña fórmula: Desmayo + Felipe + Pequeña velada + Dije = Romanticismo. Cierto, la hoja en blanco había cobrado color.

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Capítulo 11 Procesando Información ¿Color? Sí, muchos colores, incluso texturas, alguna parte en mí estaba gritando de regocijo, y otra igual, y la siguiente también, ¡si señor! y la que viene ni se diga. — Exquisito —Melanie dejó caer un cubierto que tenía. — ¿Ex-qui...? — Exquisito, sí, dije exquisito, sorda, por no lavarte los oídos, mamá ya cómprale algo a Melanie, vista y ciega, lo que nos faltaba… — ¡Óyeme! — Sí, igual te quiero… Me paré tarareando para dejar mis trastos en el lavabo, Melanie y mi mamá se veían raras… Como si yo estuviera loca, con catarro o en mi último día de vida, lo que ellas no sabían era que ese era el mejor día de mi existencia. Lo malo era que en unas horas más empezaba con mis exámenes trimestrales, eso quería decir: anulación casi completa de tiempo. No salir de shopping, no salir a criticar, no salir a bailar, no comer por tanto estrés, no pegarle a Melanie porque me tenía que ayudar a estudiar, no espiar a los chicos debajo de las escaleras viéndoles los glúteos… Y un largo etcétera… En fin, de algún modo tenía que apañármelas, “cosas de pubertos, siempre es lo mismo”, palabras filosóficas de Raquel, ella siempre tan profunda en sus pensamientos, una ermitaña… Parecía de 50 años a veces, me preguntaba con frecuencia si no habría tenido infancia… — Hola —saludé a mi trío familiar, qué bonita familia, qué bonita familia, ¿dónde habré oído eso antes? — Hola nena —dijo mi hermana con una borlita para cabello a medio acomodar. — Mel, no es por nada, pero… ¿Te haz peinado hoy? — Claro tonta… — No se te ve mucho. Melanie se tocó el cabello y sintió como todo estaba revuelto—. Bueno lo siento, algunas veces me ocurre, a veces no me doy cuenta hasta que ya

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salimos de clases, me pasa muy a menudo. ¡Fátima! ¡Ya recuerdo! ¡Falta poquito para que salga el libro de Acheron! ¿No te da emoción? Otra vez esta mujer con ese tal Chartenón Arquenocaeus, ¡no aprende que no sé quién será ese mono! — Ni idea, no sé… ¡Melanie! — Bueno cómo sea, yo ya lo quiero leer, aunque… Será en inglés, de algo me tiene que servir todo esto de los idiomas… — Mel… — Aunque me tardaré un poco por que según dicen… — Melanie… — Pero valdrá la pena yo lo sé… — ¡Melanie! Ya cierra el pico y come… — Amargada —dijo y empezó a comer, así estaba mejor, un momento de tranquilidad. Hice lo mismo por mi parte, me senté a comer tranquilamente, si engordaba no importaba. (Salió en verso y sin esfuerzo). — Adiós mamá, adiós papá, adiós adoptada, y adiós reloj bonito de pared —Melanie achicó los ojos y me miró con cara de pocos amigos. Salí afuera de la casa casi brincando y tarareando una de esas canciones melosas que hay por montones en el mundo. — ¡Hola! —brinqué del susto cuando Felipe se paró tras de mí. — ¡No hagas eso! Me matarás… — Nop, no quiero quedar viudo antes de tiempo — ¿Viudo? — ¿Cómo? — No, nada, ¿nos vamos? — Claro —respondí y metí mi mano entre su codo. — Fátima… Yo… — ¿Ajá? —alcé los ojos y me puse frente a él. — Este tiempo que estuve fuera te extrañé mucho, no sabes cuanto; es que che, vos sabes que me encantas, ¿verdad? Bueno, no te lo había dicho, quizás piensas que vamos muy deprisa, tal vez dirás que soy muy acelerado, pero… —Felipe suspiró un momento—, me encantas y ya te lo dije. Quedé anonadada por todo eso; lo más significativo era que él me gustaba con la misma intensidad, es realmente increíble como de un día para otro tu mundo cambia, como sin darte cuenta encuentras lo que muchos llamamos: amor; simple, sencillo y sincero; me había enamorado.

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— Felipe, tú a mí también me gustas mucho. Y te comprendo; no sé si te diste cuenta, pero cuando llegaste al salón te vi fijamente; tienes algo que me encanta. — ¿En serio? ¿No será acné? — Payaso, no soy superficial —me quedé pensando; no era superficial, y mucho menos estaba loca, todo esto que aparentaba era una debilidad que tenía, era nada menos que algo para escapar del mundo; como dirían por ahí: me siento muy a gusto en mi propio lugar feliz. Mi máscara personal. — ¿Fátima? ¿Estás bien? Te quedaste pensando mucho. — Sí, pero te he dicho que a veces me siento muy sólita, como si nadie me comprendiera; sí, estoy rodeada de muchas personas, me quieren, yo las quiero, pero a veces pienso, presiento y siento que me falta algo; no sé… No sé. — Tranquila, nunca más estarás sola, me tienes a mí y te quiero más que a todo en este mundo, confía en mí como yo confiaré en ti, te amo Fátima. Quería llorar, Felipe me estaba diciendo lo que siempre quise escuchar: él me amaba, con el corazón, con la mente, con su ser… — De verdad, eres muy importante para mí, y aunque pienses que estamos muy pequeños para esto, ¿no sabes que el primer amor es el verdadero? Y tú, Fátima, eres, mi, primer, amor. Ya estaba llorando; no entendía a que salió toda esa plática con Felipe, pero me alegró bastante que así fuera. Besé a Felipe trepándome de su cuello, lo tomé por el cabello y él me tomó por los hombros. — Tú también eres mi primer amor, te amo, te amo, te amo… — Pero no llores, yo también te amo y no estoy llorando, tienes que estar feliz para mí, para el mundo, para ti misma; mejor, pensemos, haz oído de ¿A. A.? Mi hermano me dijo que Byron fue ahí. — Sip, sí sé, y a Byron le sirvió mucho, ¿por qué? — ¿No te gustaría ir? — Pero no estoy loca. — ¿Y Byron si lo estaba? — No quise decir eso, pero no sé, no siento que necesite tanto las terapias, no estoy tan mal. — No necesitas estarlo, te servirá mucho, créeme. — ¿Y tú como sabes si nunca haz ido?

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— Ya te dije, Byron le platicó todo a mi hermano, se la pasaron horas hablando sobre eso y oí atentamente hasta la última palabra, me parece muy bien que existan instituciones de ayuda de ese tipo. — Es una buena opción, en mi curso varios compañeros habían ido a A. A. — Fátima, ¿por qué no vas? — No sé, necesito procesar la información. — Pues piénsalo. — Si, lo pensaré, palabra de girl-scout. En ese momento mi celular empezó a sonar. — ¿Diga? — ¿Fátima? —no reconocía la voz. — ¿Ajá? — Hola, soy Darío, ¿te acuerdas de mí? — ¡Ah! hola Darío, claro que me acuerdo de ti —“como olvidar ese trasero”. — ¿Estás ocupada? —preguntó Darío. Vi a Felipe y supe la respuesta. — Esto, si, estoy ocupada ahora mismo, ¿por? — Preguntaba, quizás te gustaría salir. — No puedo, te confieso: tengo novio —le guiñé un ojo a Felipe. — ¿Puedo ser el segundo? —esa propuesta era demasiado indecorosa para mí. — No, no puedes, adiós. — ¿Quién era? —preguntó Felipe. — Un patán, me dijo si podía ser mi segundo novio, ¿lo puedes creer? — Vaya, está loco o ¿qué? Cómo puede decir eso. — Tranquilo bebé, tú y yo y nadie más, ¿vale? Antes de que él contestara lo volví a besar—, ¿me crees ahora? — Sí. — ¿Nos vamos? — ¿A dónde? — A mí casa, ¿a dónde más? Felipe asintió y me acompaño a mí casa, en el trayecto platicamos tantas cosas, platicar con Felipe no me cansaba, me encanta saber más de su país, la gran diferencia de costumbres era lo que más me asombraba. — Es increíble Francia.

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— Si gustas puedes ir con nosotros, próximamente tenemos que ir a Francia por unas cosas. — Sería increíble, pero últimamente no me llevo bien con mi mamá, de hecho con nadie de mi familia y no sé, es muy muy difícil que me den permiso. — Comprendo, ¿y por qué no te llevas bien con tu familia? — Es largo de explicar, pero mi hermana, Melanie, me… Fastidia, mi mamá siempre me compara, dice que por qué no soy como ella, ella es tan… Simpática, recatada, mosca muerta, “madura”, señorita de casa y todo lo bueno que mi mamá quiere para mí, lo que ella no comprende es que no soy como Melanie, yo soy yo, y me encanta ser yo… ¿Me explico? — Completamente, pues deberías decírselo, así ella comprendería. — Lo intento, pero nunca me da chance; pero no hablemos de esto, me estresa mucho. — Bueno, que te parece si salimos en la noche a una discoteca… — Hace mucho que no voy a una, ya se me olvidó bailar. — Mentirosa, si bailas fabulosamente. — Nah, no te creas. — Es en serio; ¿si vamos? — Pues… Vamos, no tengo nada que hacer y me encantaría ir contigo. Y en ese momento justamente habíamos llegado a mi casa. — Paso por ti en la noche. — Falta mucho —dije desganadamente. — Sí, pero tengo algunas cosas que terminar. — Entiendo. Felipe me abrazó y nos despedimos con un gran abrazo, seguido de un detallado beso. Entré a mi casa a la espera de que llegara la noche. Por suerte, encontré tantas cosas quehacer, y el tiempo se fue volando, cuando menos me di cuenta ya había oscurecido. Felipe me había llamado para decirme que pasaría por mí hasta las 11 de la noche, ya que según Byron esa era la hora cuando el verdadero ambiente llega a las discotecas. Claro, Byron iría junto a Xavier a la misma discoteca que nosotros; algo que también me parecía sorprendente era la facilidad en la cual la diminuta familia de Felipe aceptaba y hablaban de la relación entre Byron y Xavier sin

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trabas y súper natural; quizás se debía a su tipo de educación y cultura, si comparo mi país con el suyo; ni se diga. Decidí no pedir permiso para salir, no me lo darían y no estaba dispuesta recibir un no para ser sinceros. Así que salí a escondidas, me cambié lo mejor que pude, una mezcla entre niña pija y pandrosa. La hora había llegado. Salí sigilosamente para que nadie supiera lo que hacía, rogaba a Dios que no se dieran cuenta, y para fortuna mía, nadie sospechó en lo más mínimo. Me comenzaba a desesperar cuando el carro de Felipe se estaba acercando; me paré de la banqueta donde me encontraba para que no vieran que venía por mí. — Hola, te ves hermoso —le dije a Felipe quien venía vestido todo de negro, estilo roquero, ¿he dicho que me encantan los hombres con cadenas en el pantalón? Sino lo había dicho, ya lo dije ahora. — No tanto como tú, te ves preciosa Fátima. — ¿Crees? Y eso que no me arreglé —una pequeña mentirilla todo el mundo la dice, me había tardado demasiado tiempo para darme el look que quería. — Sube, que mi hermano está desesperado. — ¿Sí? ¿Dónde está? — Aquí mismo, atrás bezuqueándose con quien tú sabes, y no hablo de Voldemort. — ¿Voldemort? —me empecé a reír por el comentario—, se nota la química entre ellos. — Fátima sube —habló por lo alto Byron—, nos haces esperar mucho mujer. Asentí y subí al automóvil. Una vez dentro sentí la mezcla de todos esos olores, tantas lociones diferentes combinadas no hacen maravillas, al contrario, dan dolor de cabeza. — Se bañaron de perfume. — Pero si no me puse casi nada —contestaron los 3 a la vez, yo sólo me reí.

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El vehículo avanzó y llegamos a la discoteca, prácticamente ya nos habíamos quedado fuera, pero un amigo de Byron logró hacer que nos permitieran el acceso. La noche pasó con multicolores, y bebidas de cóctel, si algo me gusta de Felipe es que no le gusta tomar; pero yo, como siempre, con mi tentación tan tentadora de querer tomar un poco pedí un par de vodkas, no es que me guste tomar, pero la tentación pudo más que yo. Ah, maldita tentación. En un momento sin darme cuenta yo era el centro de atención, y no, no estaba haciendo el ridículo, pero bailaba como si estuviera en alguna olimpiada o algo por el estilo. — Me fascina como bailas Fátima —dijo Felipe. — Y no haz visto lo mejor, Byron, ven acá, enseñémosle a todo el mundo como es mover el bote, Xavier, pídenos la canción de Keeps Gettin’ Better de Christina Aguilera, aprenda todo el mundo. Pasó poco tiempo para que la canción sonara, y Byron se puso en la posición más sexy que encontró junto a mí mientras yo alzaba un dedo. El bailé se desarrolló completamente y muy bien, ya que toda la discoteca bailó al compás de: Some days I'm a super bitch Up to my own tricks But it won't last forever Next day I'm your super girl Out to save the world And it keeps getting better Los aplausos reinaron, y nosotros por supuesto, fuimos los reyes de la fiesta esa noche; ese lugar brilló en su máximo esplendor con el buen ambiente que generamos.

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Capítulo 12 Día Siguiente Lo malo de todo eso fue que ya había amanecido y no sabía como llegar a mi casa sin que no supieran que me había fugado. — Felipe, presiento que me van a matar en mi casa. — ¿Por qué? — No pedí permiso para salir… Felipe ensanchó los ojos. — ¿Y por qué no? Te acompaño y llegamos juntos… No quiero que te regañen. — No, no, nada de eso, capaz no sólo me regañan, van a pensar lo peor de mí; además no me iban a dar permiso, así que lo mejor es que nos vayamos corriendo a mi casa antes de que amanezca completamente. Felipe asintió, pero al no haber dormido nada (bueno, casi nada), nuestro cansancio era gigante. Llegamos a mi casa y bajé muy deprisa. — Nos vemos más tarde —le dije a Felipe, él me besó en la frente y se fue con una mirada extraña, quizás era por lo que estaba apunto de ocurrirme — ¡Ah! —exclamó fuertemente Melanie cuando abrí la puerta de la casa. — ¡Shhh! —le susurré. — ¡Hija de tu…! —le tapé la boca a Melanie para que no hiciera ruido. — Cállate Mel, cállate, no me pueden ver así —Melanie me olió como si apestara. — Suéltame —dijo aventándome. — Hermana, hermana preciosa, ¿quién la quiere?, a ver a ver, ¿quién la quiere? —sonaba patética queriendo chantajearla, pero no podían saber que me escapé. — No lo sé, y si crees que no diré nada, estás mal, ¡vieja borracha! —me espetó y acarició la mejilla. — ¡Va! Entonces alguien tendrá que decir a mamá quién se robó el año pasado su esclava… —ni modo, tenía que chantajearla de alguna manera. — ¡Ah! Báñate y cámbiate antes de que despierten —cedió a mi chantaje, pero bueno, nadie la mando a empeñar la esclava. Iba subiendo las escaleras cuando mi mamá venía bajando.

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— ¿ESTÁS BORRACHA? —gritó tan fuerte que hasta Melanie se tapó los oídos. Mi mamá me jaló rápidamente hacía la habitación donde estaba mi papá. Me regañaron pero honestamente yo no tenía oídos para eso, yo lo que necesitaba era dormir, y aunque no fui a la escuela, el resto de la mañana se la pasaron atosigándome.

— ¡BO-RRA-CHA! —me gritó la mala hermana de Melanie cuando se estaba yendo, me cubrí la cara con las manos y escuché más regaños. — Pero no estoy borracha, entiéndanlo —lástima que nadie me oía “Dios mío” no estoy borracha… Y sí, continuaron regañándome por mucho más tiempo; al menos mi mamá que es la que se quedó en la casa; ya que mi papá se fue a trabajar; “y no estoy borracha”. — Se acabó, basta, no puedo con esto; nunca me creen cuando digo algo, no toman en cuenta mi opinión, es como si yo no existiera, Melanie está primero que yo, yo cero a la izquierda, OK, me voy, me voy de la casa y se acabó —grité tan fuerte que quizás los vecinos oyeron, subí a mi recamara para hacer mis maletas. Acababa de llegar al pie de la casa cuando Melanie abrió la puerta. — ¿Qué pasa? —preguntó viendo extrañada las maletas. — Me voy de la casa —dije a punto de llorar. — Que te vaya bien hija mía, ¡y no regreses! —“te odio Melanie.” — ¡Melanie! —le gritó mi mamá. — Madre, hasta crees que se va a ir. — ¿Por qué no?, Sólo tengo dos años menos que tú… —dije desafiante. — Sí, pero no sabes hacer nada, no te podrás solventar tú sola. — Puedo usar “cuerpomatic” —no sabía lo que decía, en lo absoluto. — ¿Venderte? —dijo Melanie con fingido asombro. — ¡Fátima ya basta! —exigió mi mamá mientras se acercaba a mí. — ¡Como si nunca lo hubieras echo tú! —le grité y fue la gota que derramó el vaso; me dio una cachetada tan fuerte que sentí como todo mi ser ardía de coraje. — ¡Sube a tu habitación! ¡Ahora mismo! —me exigió mi mamá.

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— ¡Me voy de la casa! —grité llorando. — ¡Vas a subir a tu habitación! —“Melanie al rescate”, aventó la maleta que estaba entre nosotras y me tomó por la muñeca para que la siguiera; le jalé el cabello y ella me subió a rastras hacía mi cuarto; grité de coraje cuando oí como le ponía llave a mi habitación. “Pero yo no me voy a quedar aquí, claro que no”, encontré la manera de abrir la ventana y me fugué de la casa. No sabía qué hacer ni a dónde ir, pero las cosas se habían ido de control, y de verdad, unas 3 copitas de vodka no te hacen emborracharte. ¿En verdad no lo entendían? Quizás hubiera sido mejor haber pedido permiso… Fui a la casa de Byron, porque no tenía a donde más ir. Toqué el timbre y su mamá salió a recibirme. — Hola Fátima, ¿buscas a Alberto? —la mamá de Byron utilizaba siempre el segundo nombre de su hijo. — Si, puede decirle que estoy aquí. — Claro, pero pasa corazón, adelante. Entré a la casa y me senté en un sillón de la sala; Byron llegó corriendo. — Fátima, no vez que estoy ocupado; ¡Xavier me quiere llevar a Francia! Lo puedes creer, es increíble… ¿No te da emoción? — Byron… —creo que él vio mi expresión porque inmediatamente cambió su pose. — ¿Qué te ha pasado? — Discutí con mis papás, ¿me puedo quedar contigo unos días? — Claro, sólo deja le digo a mi mamá para que prepare el cuarto de invitados, ¿o te quieres dormir conmigo? Te advierto que no responderé por mis instintos masculinos… Miré a Byron con gracia, tanto el como yo sabíamos más que bien que su rol no era precisamente lo que estaba diciendo. — Gracias Byron, eres un amor. Suspiré aliviada, ya tenía donde quedarme, al menos un tiempo.

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Capítulo 13 Extraña Circunstancia Me quedé en la casa de Byron por un par de días, y en el segundo Darío llegó con Byron. — ¿Y? —pregunté al ver a Darío. — Oh, es el hermano de Justin, él al contrario que Justin me cae bien; me preguntó si te conocía y le dije que te estabas quedando unos días en mi casa. — Si, pero lo que no me contó es el por qué; ¿te puedo ayudar en algo guapa? — No, no puedes y ya te dije que tengo novio. — Ya lo entendí, pero podemos ser amigos; bien, a lo que vine, te invito a grupo de A. A., es el mismo a donde fue Byron. — Si, ese mismo, vez Fátima, es genial, yo sé que te gustará. — ¿Ah? ¿Y que hay qué hacer ahí? ¿Rezar? Byron y Darío se rieron; Darío mucho más extraño que Byron. — Para nada, te esperamos hoy en la tarde, llegas y verás que te gustará; bien, me tengo que ir porque no tengo mucho tiempo, tengo que organizar unas cuantas cosas. Llegas, Byron ya sabe donde estamos. Darío salió de la casa y me quedé pensando. — Byron, sabes, he pensado en eso, y creo que me hará bien ir, no pierdo nada intentándolo. — Claro, no pierdes nada y verás como ganas mucho. — Entonces, esta tarde iremos a ese grupo, ¿qué emoción? — Pues, algo, aunque conociéndote te dará pavada al principio. — ¿Pavada? — Oh, cierto, quiero decir flojera. — Hmmm, aún así iré a ver qué sale… Transcurrieron las horas y ya tenía que llegar a ese grupo. — Byron, ¿me veo bien? — Cielo, ahí nadie te juzgará, tú tranquila, vez lo más serena y calmada que puedas, así le pasa a todos cuando van por primera vez, piensan tantas cosas, así que a relajarse jovencita. — OK papá, me relajo.

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— Así está mejor hija mía, y ahora vamonos o llegamos tarde. Salimos de la casa y subí con un poco de timidez al carro de Byron. Llegamos a tan mentado grupo y me hicieron unas cuantas preguntas, después entre a un salón extraño… (No puedo poner más detalles aquí, es ir contra algunas cosas). Al final salí de la sala y me sentía rara, como si algo me faltara. Byron llegó por mí a la hora en que salía. — Byron, quiero regresar a mi casa, ¿me llevas? — Claro, si así quieres, ya era hora. — Entonces llévame a casa. Subimos al auto y una extraña nostalgia me invadió. Mientras había estado con Byron Felipe iba a verme, pero hoy se había tenido que ir por unos cuantos días a su país natal; lo bueno es que ahora si tenía su mail y todos esos detalles, la comunicación no se perdería. Veía las luces de la ciudad mientras Byron iba a su velocidad máxima para conducir, una bella imagen: todas esas luces transitando de esa manera de verdad: era una hermosa pantalla. — Gracias por todo Byron, y deséame suerte. — De nada cielo, cualquier cosa ya sabes, nada más me hechas un grito y acude “super cow to the rescue”. — ¡Jaja! Vale, te quiero —le dije a Byron y lo abracé. — Suerte preciosa, nos vemos mañana. — Hasta mañana, lo despedí mientras sonreíamos. Tragué saliva antes de entrar. — Vamos mamá, aparecerá —escuché a la par que abría la puerta. — ¡FÁTIMA! —gritó mi mamá tan fuertemente que me dio miedo. — ¿Dónde estabas? —preguntó Melanie desde la otra esquina. — ¿Te importa? —le dije sarcástica. — En realidad, la verdad la verdad —se pausó un momento—, sí —y se fue. — Fátima, ¿dónde estabas? — Con Byron. — ¡Claro! Como no se nos ocurrió que con él podías estar. ¿Estás bien? —preguntó mientras me abrazaba fuertemente. — Mamá, perdóname, no sabía lo que decía, perdóname… —ya estaba llorando de nuevo, que llorona y pesada resulto a veces, ¿no?

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— Con una condición, que tú me disculpes a mí también, ya me explicó el muchachito este… Fernando. — ¿Fernando? ¿Felipe será? — Ah, ese, Felipe. — ¿Qué te explicó? — Que no te emborrachaste en realidad, solo un par de copitas; y bueno, creo que exageré las cosas, yo a mí edad también me tomé un par de copitas en las fiestas. Abracé a mi mamá y las dos nos pusimos a chillar (qué cursis podemos ser las mujeres). Al llegar mi papá platicamos más satisfechamente y todo parecía haberse resuelto. Subí al cuarto de Mel a pedirle disculpas también; pero al parecer estaba por salir. — Fátima vete a la… —y yo sabía con quién saldría, tenía que ayudarla, le guiñé un ojo. Con su novio, el cual había conocido antes esto malo que ocurrió. ¡Hombre! Ese chaval está hermoso. — ¿Y eso? —preguntó como tonta. — Ven acá —la paré de la cama. — Desnúdate —me dieron ganas de reír al ver su expresión. — No seas bruta Melanie, no es para lo que piensas, y si fuera así, créeme que no te lo pediría a ti —“y ni a ninguna otra, sólo a Felipe le pediría eso” completó mi mente. — ¿Para qué? —preguntó aún extrañada. — Sólo hazlo, por favor date prisa, ese galanazo te está esperando —al fin me hizo caso y se comenzó a quitar la ropa. — Bonito trasero —dije palmeándola, tenía que espantarla más. — Fátima me estás asustando. — No seas bruta ya te dije —dije—, a ver, bonito pecho —la miré fijamente— te quedará un vestido que tengo. — ¡No! —gritó pero yo ya había ido por un vestido al estilo La Nueva Cenicienta. — Pontéelo —la apresuré—, pero Melanie por Dios apúrate —la volví a apresurar. — Te presto estos zapatillas —le ofrecí una de las zapatillas más nice que tenía.

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— Me veo ridícula Fanny — ¿Me había dicho Fanny? Hace tanto que no me decía así; seguro ese tal Wilfrido la traía loca. — Claro que no, ahora te arreglaré el cabello —saqué un cepillo y le dejé un peinado al estilo Christina Aguilera en portada de Back to Basic, sólo que ella con el cabello como de Rapunzel. — Me veo como imitación barata de La Nueva Cenicienta. — Que no, mujer te queda perfecto. — ¿Estás segura de que me veo bien? — ¡QUÉ SÍ! —le grité en ultimátum. — Bueno, ¿ahora? —dijo frunciendo el ceño. — Sales, vas con William, por que obvio te va a llevar a un lugar “especial”, sino no vendría tan bien arreglado —la apresuré a que saliera del cuarto. La verdad del por qué la había ayudado tanto era porque necesitaba su ordenador, quería hablar con Felipe. Esperé un poco mientras se conectaba, a esa hora me dijo que más o menos estaría online, y así fue, cuando entró no paramos de hablar, nos llevamos horas; qué extrañas pueden ser las circunstancias frecuentemente, pero todo iba saliendo de maravilla. Muy muy de maravilla.

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Capítulo 14 Autocontrol Pasaron unos pocos días más antes de que Felipe regresara; y ya me había hecho amiga de Darío, era simpático aunque a veces muy pesado. — Byron, puedes creerlo, este tipo no deja de insistir pese a que le digo que no quiero nada con él, por cierto está por llegar, él pone de excusa que es por lo del grupo donde vamos juntos, pero yo sé que quiere todo conmigo. — Fátima, qué modestia la tuya en serio. — Es la verdad —mi móvil comenzó a sonar; no lo encontré a la primera, pero respondí a un número desconocido, quizás era Felipe. — ¿Y Darío? — ¿Qué? —respondí a la voz de Melanie. — ¿Dónde está Darío? — Viene en camino, ¿pero cómo supiste que es mi novio? Le susurré a Byron que era Melanie. — Sal de allí inmediatamente, Darío no es para nada de fiar, su padre fue el que mató a la abuela; y ahora mismo va tras ustedes. — Melanie, estás loca. — ¡FÁTIMA HAZME CASO! ¡SAL DE LA CASA! VETE DE ALLÍ CON MIS PAPÁS, PERO HAZLO YA ANTES DE QUE LLEGUE, CIERRA LA CASA PERFECTAMENTE, VEZ CON SASHA, YA SABES COMO LLEGAR, ¡PERO YA! — Melanie, ¿estás hablando en serio? — ¿CREES QUE ESTOY JUGANDO? —tragué saliva; definitivamente no estaba jugando. — ¿Dónde estás? —le pregunté. — Sal de la casa y luego te cuento —y colgó, ¡ja! — ¿Darío, tu novio? —Byron puso los ojos en blanco. — Mal chiste lo sé, pero como si lo fuera, te digo que es tan pesado; mi hermana me acabó de decir que es peligroso pero yo no le creo mucho, eh, espera, están tocando el timbre —me apresuré a abrir la puerta, ya sabía que hacer con el tal Darío ese, ningún hombre puede contra mí, nada más eso me faltaba. — Darío, pensé que ya no venías —le dije con media sonrisa. — Fátima cómo crees eso, por ti iría hasta la última constelación.

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— ¿Seguro? — Sí. — Pues ya mismo estás viendo estrellitas —y le pegué tan fuerte en la cabeza que éste cayó inconsciente al suelo. — ¡Fátima! ¡Bruta! ¡Salvaje! ¡Burra! Mira lo que haz hecho —Byron se acercó para ver a Darío—, ¿crees que si le doy respiración de boca a boca resucitará? — Le diré a Xavier. — Bah, está bien, mejor dejémoslo dormir. — Sip, pero en lo que está así hay que llevarlo a la delegación, ¿me ayudas? — ¿Cómo? — Deja llamo a mi papá para que nos ayude a subirlo a tu carro, el tuyo avanza más rápido, ya ves con lo codo que es mi padre su carcacha va re— lenta. ¡PAPÁ! —grité fuertísimamente. Mi papá bajó deprisa y le expliqué lo que me había dicho Melanie. No costó mucho subirlo al vehículo, y más rápido que inmediatamente llegamos a la delegación. — En serio Fátima, eres una salvaje, lograste hacerlo desmayar. — Ya cállate, ya me lo haz dicho muchas veces. — Es que es la verdad. — Cállate o perderé el poco autocontrol que me queda contigo. — Nunca haz tenido autocontrol tú. — ¿Te callas? Necesito pensar. Byron por fin se calló, de hecho se fue a su casa, y un poco tiempo después Melanie entró con su “peor es nada” (¿peor es nada? Sí está reguapísimo). Pero Melanie se había desmayado. Corrí junto a ellos para ayudarla a llevar a una camilla; en pocos minutos después ella despertó con los ojos como platos. — ¿Está bien? —preguntó mi mamá. — Sí, sólo fue un desmayo por tanta presión. — ¿Nada más? — Mamá —dijo casi llorando. — Tranquila Melanie, no pasó nada. — Pero... ¿qué fue? Cómo fue eso de que Fátima atrapó a Darío.

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— Simple hermanita. Muy simple, el tonto pensó que no sabía nada, cayó redondito. Le expliqué con lujo de detalle cómo había “atrapado” a ese rufián. — Entonces le di tan fuerte en la cabeza que cayó inconsciente en la entrada principal. — ¿Tan simple? —preguntó atónita. — Seh, recuerda que los hombres son muy confiados… — ¡Hey! —gritó William desde un rincón de la enfermería. — Wilfrido… — ¡William! —me sentenció y corrigió. — Cuñado, ya te dije que no hagas eso, ¿qué es eso de “hey”? más educación por favor. William se rió junto con todos; pero la que se moría de risa era Melanie. — ¿Y dónde está Darío? —preguntó borrando su carcajada. — Abajo, apunto de ser llevado a un separo para ser juzgado más tarde —contestó William a mi lado. “Sólo falta Felipe para formar completamente el cuadro de la familia”. — Qué bien —dijo Melanie aliviada. — Señorita ya se puede ir, no ha pasado nada. Era hora de regresar a casa. Todos íbamos contando de todo; recordamos lo extraños que nos resultaba Darío, Melanie nos contó que una vez se le declaró y yo les dije que nunca fue mi novio; lo más extraño fue la muerte de la abuela, aunque a mí no me dejó nada de herencia a Melanie le dejó mucho, y espero que la muy descarada me comparta algo, ¡soy su única hermana! y ya les estaba contando de Felipe y lo lindo que era, y que en 15 días iría a mi primer retiro espiritual. — Y lo quiero mucho, Felipe me encanta. — Tipo William y yo —dijo Melanie más alegre de lo normal. — Más aún —suspiré mientras bajábamos del auto. — ¡Fátima! —esa voz la conocía. — ¡Felipe! —grité y corrí hacía él; él me abrazó y me dio vueltas en la entrada de mi casa. — Qué lindos —dijo Melanie mientras se apoyaba en el hombro de William; al igual que estaban posicionados mis papás.

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Después de todos si tenía autocontrol, mi vida estaba cambiando gracias a eso. Y Felipe era parte de mi cambio. De hecho, él era mi cambio. Un tierno y hermoso cambio.

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Epílogo: Todo en Uno Recuerdo claramente como 15 días después de ese acontecimiento no tan grato con Darío me dije: “Qué nervios”, ese día era cuando tenía que ir a mi retiro espiritual, y en verdad esperaba que todo saliera bien. Pero, a los 17 días después todo salió más que bien, me sentía maravillosamente; si creen que se acaba el mundo no es así, todo tiene solución, a excepción de la muerte, pero como Melanie me dijo que ha leído: “la muerte no es más que la siguiente gran aventura”, nada es imposible. De verdad, si te lo diré yo, que estoy por irme a Francia y pasar una temporada allá con un autoestima más estable, ahora puedo decir que la utopía de mi vida no era tal; esa utopía dejó de ser así. Para muestra un pequeño botón: — ¡Bienvenida Fátima! —es lo que gritaron todos al entrar a mi casa, tenía ganas de llorar, eso era más de lo que podría desear. Globos, confeti, comida, buen ambiente: todo en uno. Y bueno, se preguntarán, y a los 6 meses después, ¿qué? Vean con sus propios ojos: Señorita Rodríguez: Le informamos que ha sido seleccionada como una de las 15 finalistas del nuevo reality show que planeamos, en esta nueva etapa estamos buscando formar un girl-group, ¿admira a The Pussycat Dolls, verdad? Esta es su gran oportunidad… Ese día grité “¡¡¡AH!!!” completamente eufórica y bajé corriendo a dar la noticia, seguro ganaría, tenía que ganar; todos se emocionaron y salimos a festejar. Pero lo que me cambió la vida llegó a los 8 meses después: Y las ganadoras son: En cuarto lugar: Stephanie Dúrcal. En tercer lugar: Sasha Montero. En segundo lugar: Fátima Rodríguez. Y en primerísimo lugar: Fabiola Montenegro.

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Cuando anunciaron ni nombre yo ya estaba llorando, ser el segundo lugar en un reality de esa magnitud es increíble; era mi pase seguro al éxito rotundo. ¡Más de 2 millones de votos a mi favor! Ya me vi. Y les recuerdo algo: nunca, absolutamente nunca se den por vencidos y jamás dejen de soñar, ni mucho menos de buscar a su príncipe azul; quizás no sea una celebridad, quizás no sea un gran modelo, un gran actor, un gran bailarín, cantante… Pero ese príncipe azul será lo mejor en su vida. Será aquello que crees inalcanzable y cuando voltees a ver le dirás: “esta es mi vida y así la quiero vivir, sin complejos y con armonía. Eres la persona que esperaba, aún no te conocía y ya te amaba”; no digo que existan los finales perfectos, ni que todo es un cuento de hadas, porque eso es falso, pero nunca tires la toalla y date cuenta que tu vida es una gran aventura, con muchos colores y texturas, ¿sabes por qué lo digo? Porque la realidad es que mi vida acabó de comenzar…

FIN

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Inalcanzable…

Noel Strecker

Notas: Terminar de agradecer a todas aquellas hermosas personitas que me apoyaron y me entusiasmaron a seguir es una misión imposible… Les resumo mis agradecimientos en unas pocas palabras: ¡Gracias! Sin su ayuda y ánimo esta historia no estaría terminada, quizás he desilusionado a más de uno con la historia de Fátima (o tal vez no), la hermana de nuestra querida Melanie, pero en mi mente Fátima siempre fue así: un tanto insegura y un poquito madura (nótese que digo “poquito”), la historia aquí está y de verdad no tengo cómo agradecer que me ayudaran a terminarla con sus mensajes de apoyo y buen rollo. Quizás dirán que ya parezco disco rayado, pero las palabras para agradecer todo el apoyo que me brindan nunca serán suficientes, sé apreciar cuando alguien lee todo lo que plasmo, es admirable en verdad. Esta es la segunda historia que escribo dentro de la misma línea “cómica”, aquí me desvié un poco del “chick-lit” y me fui más por el “teen-lit” sin dejar de lado ambos estilos, vamos que les escribo no para ser famoso ni millonario (Rowling es un caso especial), lo hago porque me encanta y me siento bien cada que me prendo de mi ordenador y veo como las letras solitas se ponen, además que quiero hacerles pasar un buen rato con todo esto, no hay nada más hermoso en la vida que ver sonreír a alguien; no soy novelista profesional, y tengo muchos errores lo sé, no soy un master en letras, pero amo lo que hago. Como ya adelanté en la historia de Melanie la serie se llama “Amigas Explosivas”. Melanie, Fátima, Raquel, Sasha y un nuevo personaje, que en un principio iba a ser Sophie (ahora ya no), darán punto final a este pequeño universo que comencé… Eso sí, es un hecho que las historias de Sophie verán la luz, sean o no con el respaldo de una editorial; sip, dije historias, ya que es ahí donde comenzará la “verdadera” serie, ya que Amigas Explosivas son un “preview” de lo que se avecina; así como también ya dije que la historia de mi nueva bebé Kate, será mi introducción al chick-lit paranormal (así que si algún día ves una portada firmada por Noel Strecker, seré yo).

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Amigas Explosivas

Inalcanzable…

Noel Strecker

Si tienes algún comentario o quieres saber si he escrito algo recientemente puedes comunicarte conmigo a: exeibiur@gmail.com O entrando directamente a mi Blog: www.noel.anoiss.org De verdad que no muerdo, soy bastante accesible y hago amigos bastante rápido… ¡Vamos! Me gustaría saber tu opinión para poder ir mejorando… En verdad, nada me importa más que la opinión de alguien que leyó completamente alguno de mis escritos… Por supuesto, no es obligatorio, y siéntete a gusto de saber que ya mismo te haz ganado un pedacito de mí por el simple hecho de haber llegado hasta acá. ¡Gracias!

Con mucho cariño:

Noel Yo quiero un Luciano en mi vida.

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02 inalcanzable  
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