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Buenos Aires, 31 de Octubre de 2012 Querida CD: Miro hacia atrás y recuerdo aquella noche de Agosto de 2010 en la que sonó mi celular. Era Analía Kandel, presidente de APIBA, quien me llamaba con una propuesta en principio atractiva: que aceptara postularme para formar parte de la Comisión Directiva de la Asociación en el período que estaba por iniciarse. Titubeé, lo confieso, no porque me falte capacidad de trabajo. Quienes me conocen pueden atestiguar las largas horas que paso a diario sentada en mi escritorio disfrutando de mi tarea. Mi duda pasaba por lo poco conveniente del momento personal que estaba atravesando, haciéndole frente a las dos cosas más difíciles que me han tocado vivir hasta el momento. Me preguntaba si podría brindarme en la medida que esta propuesta lo merecía. Sin embargo, algo en el tono tan persuasivo de Analía y su insistencia emanada de su visible (o audible en este caso) pasión y compromiso logró arrancarme el sí sin demasiado esfuerzo. Quizá adiviné que mi paso por la Comisión, lejos de agregar un problema a mi vida, me iba a ayudar a sortear las dificultades por las que estaba pasando. Fue así como inicié mi paso por la CD de APIBA. Entré sigilosa y con cierto temor ante el desconocimiento. Recuerdo que luchaba por descifrar silenciosamente esas siglas raras que no había visto jamás, por recordar nombres y datos que dudaba poder retener, por desconocer otras asociaciones, estatutos, modalidades que no me eran familiares. Mi cuadernito volvió a casa de la primera reunión mensual plagado de interrogantes pero con una gran certeza: mi paso por APIBA iba a ser enriquecedor en más de un aspecto y eso me tranquilizó. El 2011 propuso el primer gran objetivo: preparar el Almuerzo para celebrar el 40 Aniversario de APIBA. ¡Qué responsabilidad tan grande! Durante los meses que separaron la primera idea de su realización se sucedieron muchos días y muchas noches de trabajo incansable. Graciela Moyano se reveló ante mí como una mujer sumamente responsable e infinitamente confiable. Junto a Analía, ella también fue fuente de inspiración cuando sentía que mi tarea era insuficiente, que no estaba a la altura del rol que me habían asignado, que esto o aquello se podía hacer mejor. ¡Esa bendita exigencia que nos alienta y desborda a la vez! Aun en mi desazón de no saber si estaba bien encaminada, sentía un lazo que se iba fortaleciendo con ese grupo de gente al que apenas conocía. Virginia López Grisolía con ese manejo de cifras y asuntos bancarios que yo jamás pude dominar; Paula Miniño con su envidiable capacidad de síntesis y practicidad; Marina Cantarutti, con su actualizado manejo de la tecnología, Laura Azza con su voluntad acérrima para actualizar la base de datos de los socios, tamaña tarea! ¡Qué fácil es aunar voluntades cuando la gente comparte el rumbo con el mismo ahínco! Y en cada uno de los encuentros, la mano maternal de María Luisa cocinando para todas. A medida que se materializaban los objetivos que nos habíamos propuesto para el festejo de nuestro Aniversario, ese sentimiento incómodo propio del desconocimiento comenzó a mermar y se convirtió en un gran alivio por el objetivo alcanzado ese Sábado 2 de Julio de 2011, cuando Campobravo se inundó de risas, emoción y flores coloradas.

¿Qué vendría después? Proyectos inagotables generados por ese manantial de ideas que brotan en nuestras asambleas, en nuestros incesantes intercambios online o en cuanto encuentro informal reúna al menos a dos de nosotras. La siguiente propuesta fue el Seminario Anual 2011, un How-To Day para el que nuevamente se dedicaron largas horas con la valiosa ayuda de Paula De Gennaro, a cargo de la coordinación.


Logramos un evento académico interesante con algunas fallas sobre las que se trabajó inmediatamente intentando aprender de los errores para superarlos. Sin demasiado tiempo de recuperación, llegaba el turno del museo de APIBA. Mostraríamos la historia de la Asociación para reafirmar nuestra identidad como agrupación. María Luisa Ghisalberti y Claudia Naom trabajaron denodadamente para llevar a cabo este sueño y lo lograron con creces. Con el 2011 finalizaron su gestión Graciela, Virginia, Laura y Marina. Se incorporaron Laura Renart, Laurita Lopez, Valeria Kharsansky y Belén Tur. Adiviné en ellas ese mismo gesto dubitativo que me fue fácil reconocer pero hoy, a casi un año de su ingreso, el espíritu de APIBA ha hecho de las suyas para instalarse cómodamente en la nueva Comisión. Y así Vale ofreció su casa para nuestros encuentros, Laura R viajó varias veces desde lejos para poder estar presente al igual que Laurita y Belén nos regaló su eficiencia sin perder la sonrisa jamás. Junto a esta CD renovada, el 2012 se inició con un evento inspirado en una de las experiencias de Analía en el viejo mundo, paradójicamente muy de avanzada: nuestro UNCONFERENCE, en el que lamentablemente no pude estar por cuestiones laborales. Nuevamente APIBA se destacó por su amena manera de compartir el conocimiento y alentar la capacitación permanente. Inmediatamente después nos propusimos un enorme desafío teñido de una gran emoción: dedicar nuestro Seminario Anual a la memoria de Ana María Armendáriz, mentora inolvidable de muchos de los socios de APIBA y en mi caso, la persona que más me alentó en mi paso por el Joaquín. ¡Tremendo compromiso! Contábamos por segunda vez con la imprescindible colaboración de Paula De Gennaro y hacia allí nos dirigimos. Lejos de encontrar un camino allanado, tuvimos que sortear varios obstáculos, entre ellos, la toma del Joaquín, que nos impidió hasta último momento contar con las certezas que necesitábamos. Idas, venidas, corridas de último momento para solucionar todos los temas sin perder de vista nuestra prioridad de siempre: ofrecer un evento académico de calidad y permitir que el espíritu profesional de todas nosotras se vislumbre en todo momento y detrás de cada una de nuestras decisiones porque, como inmortalizó Graciela, “APIBA hace a la profesión.” Hoy, a pocos días de realizado el Seminario, me siento a escribir esta suerte de racconto nostálgico. No sé si alguna vez alguien lo leerá o si sólo engrosará alguna de mis carpetas cibernéticas a modo de diario íntimo digitalizado. Lo que sí siento es la necesidad de volcar en palabras mi eterno agradecimiento a la Asociación y a la oportunidad que me brindó de contribuir mi granito de arena para que los pilares que levantaron mis antecesores allá por los años 70 nunca pierdan su firmeza y sigan encolumnando nuestra vocación y enmarcando la actividad de nuestra comunidad docente. Me voy, pero no demasiado lejos. No las abandono, sólo me aparto para que otras colegas puedan experimentar lo que significa brindarse a la profesión y dejar una huella que marque el camino que espero muchos otros puedan transitar con el mismo amor que APIBA instauró definitivamente en mi corazón. ¡¡GRACIAS!! Gabriela Madera Vocal Titular 1° Comisión Directiva de APIBA 2010 - 2012


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