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ACTUALIDAD PRIMATOLÓGICA PRIMATOLOGÍA DE CAMPO

fundaron el Lomas Barbudal Monkey Project, con el propósito de estudiar la inteligencia social en los monos cariblancos. Desde entonces el proyecto ha producido una gran cantidad de información sobre la dinámica social, la comunicación, el desarrollo y las estrategias reproductivas, sociales y de supervivencia de los monos capuchinos y ha permitido generar una base de datos exhaustiva sobre el comportamiento de los maiceros cariblancos, la cual incluye también datos genéticos y de tradiciones sociales. En esta entrevista hablamos con Sofía López Plaza, una estudiante española que cruzó el charco para iniciarse en el Lomas Barbudal Monkey Project de la Susan Perry Capuchin Foundation, para completar su formación como primatóloga de campo y acabó trabajando como mánager del proyecto en Costa Rica. «Este proyecto llamó mi atención desde el principio, pero he de reconocer que mis intereses principales para realizar estudios de campo iban más encaminados a proyectos con grandes simios en África», nos explica cuando le preguntamos sobre su interés en el proyecto. «Cuando encontré la oferta de Susan Perry empecé a buscar más información acerca del proyecto y la labor científica de Susan y no pude resistirme a su oferta. Cada artículo que leía despertaba más mi interés y después de hablar con ella me contagié de su pasión hacia estos pequeños primates y me decidí por este proyecto». Sin embargo, los inicios no siempre son fáciles, ¿verdad? «Mi experiencia como estudiante fue bastante intensa, sobre todo al principio. La cantidad de información a asimilar es muy grande y el proceso de formación es muy exigente, pero cuando finalmente interiorizas todos los códigos que se usan para los diferentes comportamientos, aprendes a identificar a todos los individuos y adquieres agilidad para escribir rápidamente en una tablet todo lo que ves, sientes una satisfacción inmensa. A partir de aquí es cuando de verdad empiezas a disfrutar plenamente y a sentirte útil para el proyecto». Una aventura como esta puede resultar muy excitante para cualquier estudiante que quiera embarcarse en una empresa de este calibre. La estimulante incertidumbre, las nuevas experiencias

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y las ganas de contribuir, son algunas de las piezas del motor que nos empuja a emprender un viaje como este. Pero, más allá de las habilidades académicas y la especialización, que se nos antojan como un reto intelectual, las condiciones del terreno y del trabajo de campo pueden suponer un desafío personal y profesional que no siempre es fácil de afrontar. Sofía sabe muy bien las tribulaciones a las que nos referimos: «Al principio, al no conocer el territorio, a los monos o la dinámica del proyecto, vives en un continuo aprendizaje que no es siempre placentero. También tu cuerpo se tiene que adaptar a las duras condiciones de trabajo. Hay días en los que adoras cada instante que pasas con los monos, pero otros en los que, por diversas causas —ya sean encuentros intergrupo o dramas intragrupo— no paras de correr montaña arriba y abajo con una mochila llena de equipo y provisiones». «Una de las situaciones más duras que he vivido allí fue sin duda mi primer día de campo. Después de llegar al sleepsite (zona donde duermen los capuchinos) a las cinco de la mañana, tras caminar cincuenta minutos por el bosque y esperar a que los monos despertasen, los perdimos y comenzamos a buscar y a buscar sin pausa». Según nos cuenta Sofía durante la búsqueda sufrió picaduras de mosquito por toda la cara, que era la única parte del cuerpo que llevaba al descubierto, produciéndole una importante reacción inflamatoria. A pesar del calor, en estas áreas tropicales es importante cubrirse bien el cuerpo para protegerse, especialmente de las picaduras de insectos y otros animales. «Por fin a las dos de la tarde encontramos otro grupo de estudio (monos capuchinos). Yo no podía creerme lo cerca que estábamos de ellos y cómo seguían con sus vidas como si nosotros no estuviéramos. Mi alegría —muy a su pesar— duró poco, pues a los escasos diez minutos de contacto fuimos atacados por avispas». ¡Qué mala suerte Sofía! «Mi compañero y yo recibimos tantas y tan dolorosas picaduras que en nuestro intento por pararlas nos mentimos en una poza fétida». Recuerda perfectamente que durante el camino de vuelta a casa su compañero le decía: «Llevo aquí siete meses y este es, sin duda, mi peor día, así que esto para ti solo puede ir a mejor». «Al día siguiente no podía ni abrir los ojos de la inflamación en toda la cabeza por las picaduras. No se equivocó, ¡ese fue mi peor día!».

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Boletín APE vol. 24 (1) Primavera-verano 2017  

Boletín APE vol. 24 (1) Primavera-verano 2017  

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