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Créditos Moderadora Mona Nelly Vanessa

Traductoras Nelly Vanessa 3

Correctoras Dennars

Maye

Gerald

Mimi

Karen’s

Sttefanye

Lily Golding

Recopilación y Revisión Sttefanye

Diseño Moninik


Sinopsis Isabella Anders acaba de descubrir que Lynn y su padre quieren enviarla a un reformatorio. Pero con la ayuda de la abuela Stephy, el padre de Isa está de acuerdo con dejarla vivir con su abuela. Isa está más que aliviada por mudarse. Y después de ir a una cita no oficial con Kyler, se pregunta si tal vez su vida está empezando a cambiar. Pero entonces descubre la verdad sobre lo que realmente pasó con su madre. No completamente lista para aceptar que su madre es una asesina, Isa vuelve a Kai en busca de ayuda. Kai está más que dispuesto a ayudarla, aunque para proteger a Isa, él guarda algunos de los detalles más brutales sobre el caso de su madre para sí mismo hasta que pueda averiguar más.

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Pero cuando un misterioso auto azul empieza a aparecer por todos lados, e Isa recibe un mensaje de texto amenazante de un desconocido, Kai se da cuenta que alguien está empeñado en destruir a Isa. Y puede que él no sea capaz de protegerla.


Capítulo 1 Isabella Han pasado sólo unos minutos desde que Lynn me dijo que Bella, mi verdadera mamá, era una persona terrible que estaba pudriéndose en su tumba. Sólo unos pocos minutitos, sin embargo, se sienten como una eternidad, como si he entrado en un portal del tiempo, donde el tiempo se mueve en cámara lenta.

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Me da mucho tiempo para pensar en mi madre muerta, sobre cuán enojado estaba mi padre cuando le pregunté por ella, por Lynn y cómo la empujé después que me lo dijo. Salí corriendo de mi casa justo después sin esperar para ver su reacción. Estaba completamente histérica. Pero gracias a las malditas estrellas, Kai me encontró, de otra forma quien sabe lo que habría hecho. En el estado de ánimo que estaba, no quería nada más que el dolor despareciera y habría hecho casi cualquier cosa para hacer que se detuviera. Sin embargo, por algún milagroso milagro, en serio, el tipo es una especie de mago genio de la distracción, Kai logra calmarme. Me lleva a la sala de estar de su casa, me dice que me siente en el sofá, y pone Zombieland. Entonces me da un tazón con palomitas de maíz y una caja de Milk Duds y se acuesta en el suelo. No le he explicado a Kai lo que sucedió, al menos no todos los detalles, pero puedo decir que se lo está preguntando por la forma en que se mantiene mirándome en lugar de ver la película. Es una película de zombis. Nadie está así de distraído durante una película de zombis a menos que estén pensando profundamente en algo. O que sean un total bicho raro. —No sé qué hacer —murmuro a través de un bostezo cuando los créditos de la película aparecen en la pantalla del televisor. Ruedo sobre mi costado para mirar a Kai. Su cabello rubio claro está aplanado en un lado y su mejilla está de color rojo, donde su rostro estaba presionado contra la almohada—. No estoy segura de poder ir a casa o si incluso puedo llamarla casa. Después que empujé a Lynn... —Niego—. Ni siquiera me siento mal. ¿Qué tipo de persona me hace eso? Gira sobre su espalda y arquea una ceja. —¿Empujaste a Lynn? ¿Cuándo? —Justo después que me contó sobre mi madre. —La realidad me golpea—. Estoy en tanta mierda, Kai. Mi padre ya estaba súper enojado porque traté de averiguar acerca de mi verdadera madre. Probablemente ya cambió las cerraduras así no puedo entrar en la casa. Kai mordisquea su labio inferior, contemplando.


—Tal vez sea algo bueno. No más Hannah. No más Lynn. Finalmente serías libre de ellas. —Sí, lo sé. —Me giro sobre mi espalda, mechones de mi cabello marrón caen en mi cara manchada con lágrimas. Estoy segura que tengo impresionantes ojos de mapache en este momento y probablemente parezco un verdadero lío. Afortunadamente, sólo Kai está aquí conmigo. Después que me pidió disculpas por lo sucedido en séptimo grado, y luego me enteré de cómo les dijo a todos que Hannah mentía sobre que yo estuve en una institución mental, sé que puedo confiar en él—. Sé que esto va a sonar loco, suena loco incluso en mi propia cabeza, pero parte de mí no quiere ser echada de la casa. Cuando no responde, me muevo de costado para mirarlo. Me está mirando boquiabierto como si acabara de volar sobre el nido del cuco. —Voy a adjudicar tu locura temporal al hecho que has atravesado un montón de mierda en el último par de horas y te voy a dar un consejo. Si puedes salir de esa casa, entonces hazlo. Estarás mejor sola que viviendo con tu psicótica familia abusiva.

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—No abusan de mí. Sí, son malos como el infierno, pero nunca me han golpeado o algo así. Kai sostiene mi mirada. —Isa, las palabras a veces pueden ser tan perjudiciales como las acciones. Trago el nudo en mi garganta mientras recuerdo cuántas veces Hannah y Lynn me insultaron. Cómo mi padre lo ignoró. Cuán horrible, pequeña, inútil me sentí. Entonces pienso en Kai y cómo su papá lo trata. —Deberías tomar tu propio consejo —digo con una mirada insinuante. Se encoge de hombros con indiferencia. —Estoy trabajando en ello. Masajeo mi pecho dolorido con mi mano, deseando poder quitar la tensión. —No estaría sola si me mudara. Me mudaría con mi abuela Stephy. —Bien. Por lo que me has contado sobre ella, suena bastante genial. —Se endereza y estira sus brazos por encima de su cabeza, haciendo que su camiseta negra se levante lo suficiente para tener un breve vistazo de sus abdominales. Trato de no mirar como una fan de una banda boquiabierta comiéndose con los ojos a un cantante principal, pero mi mirada tiene otras ideas. Culpo a mis hormonas. Cuando se hacen cargo, pierdo mi autocontrol. —Sí, está bien… —Deja de mirarlo, Isa. Eres un bicho raro—. En realidad, es la abuela con la que fui de viaje este verano. —Finalmente me las arreglo para apartar mi mirada de los músculos de Kai y choco mis cinco en mi mente para recuperar mi auto-control. Pero entonces me estremezco cuando lo encuentro observándome con curiosidad escrita por todo su rostro. Me acaba de atrapar.


Retengo mi siguiente aliento en mis pulmones, esperando que se burle de mí, pero extrañamente, permanece callado. Tal vez me está dando un pase-libre porque siente pena. Aunque no soy gran fan de la lástima, tomaré el pase. —Sin embargo todavía apestaría mudarse —digo—. Tendría que cambiar de escuela... Sé que no tengo un montón de amigos o algo, pero justo estaba empezando a caer en un buen ritmo. Frunce el ceño. —¿Por qué tendrías que cambiar de escuela? Pensé que vivía en Sunnyvale. —Lo hace, pero en el otro lado de la ciudad, en la Comunidad de la Bahía de Sunnyvale, que es un distrito escolar diferente. —Me enderezo y bajo mis pies al suelo—. Es un viaje de treinta minutos de distancia de nuestra escuela, así que tendría que transferirme. Apoya los codos en el borde del sofá a sólo centímetros de distancia de mis piernas. —Sólo tomará treinta minutos si conduces como una abuela.

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—Mi abuela me tendría que llevar —señalo—. Y no quiero pedirle que haga eso. E incluso si lo hiciera, no creo que pueda. Le presta a Indigo su auto para el trabajo y esas cosas. Sería más fácil para todos si sólo me transfiriera. —Suspiro, metiendo mis manos debajo de mis piernas—. Sólo desearía que no fuera tan socialmente incompetente. —No eres socialmente incompetente. Sólo eres tímida. —Tímida, socialmente incompetente, todavía significa que tengo un mal rato hablando con la gente. —Me dejo caer hacia atrás en el sofá—. Me gustaría poder superarlo, pero creo que siempre seré de esta manera. —Ser tímida no es algo malo. —Se estira para tocarme, pero luego se aleja—. Y podemos conseguir que lo superes. —No todo el mundo puede ser una hermosa mariposa social como tú. — Sonrío por probablemente la primera vez desde que la locura se abrió y trató de tragarme entera—. Eres como un unicornio, amigo. Su frente se frunce. —¿Un unicornio? Asiento, palmeando su cabeza. —Todo raro y majestuoso. Las cabezas se giran cuando entras en la habitación porque eres tan bonito, y todo el mundo desearía poder ser tan bonito como tú. Me sonríe. —Soy bastante sorprendente. Sí. No sirve de nada tratar de negar que Kai es precioso. Él lo sabe. Todas las chicas que van a mi preparatoria lo saben. Los amantes de los unicornios en todas partes lo saben.


Su sonrisa se amplía mientras se pone de pie y se deja caer sobre el cojín junto a mí. —Tengo una idea. Pongo los ojos en blanco dramáticamente. —Oh no, aquí vamos. Presiona su mano contra su pecho, fingiendo estar ofendido. —Oye, no todas mis ideas son malas. Resoplo una risa. —¿Recuerdas esa vez que pensaste que sería súper increíble si me sentaba en tu regazo en ese columpio oxidado porque sólo había un asiento y querías que me columpiara contigo? —Fue en séptimo grado durante nuestra breve amistad. Cuando pienso en ese momento, hice un montón de cosas arriesgadas gracias a Kai. Por alguna razón, tenía un tiempo difícil diciéndole que no, incluso cuando sus ideas gritaban ¡Peligro! ¡Peligro! ¡Podrías morir! Hace una cara culpable. —Sí, esa podría no haber sido mi mejor idea.

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—Podría no haber sido. —Lo miro boquiabierta—. La maldita cosa se rompió cuando estábamos en el aire. Casi me rompí el brazo y aplasté tus partes viriles. Hace una mueca, su mano moviéndose hacia su regazo. —Sí, recuerdo esa parte con demasiada claridad. —Considera algo antes de girarse hacia mí—. Qué si te prometo que esta idea no te traerá ningún daño físico. Que lo único en lo que estará en peligro es volverte demasiado apegada a tu atractivo vecino de al lado. —¿Qué tiene que ver Oliver con esto? —Contengo una sonrisa cuando me refiero a uno de mis otros vecinos de al lado. Kai entorna sus ojos, luego suavemente tira de un mechón de su largo cabello marrón. —Vamos a dejar algo claro. El único vecino atractivo de al lado que tienes soy yo. ¿Entiendes? La idea de Kyler Meyers, el hermano mayor de Kai, con quien he tenido un flechazo por años, surge en mi cabeza. Se suponía que estaría en una cita con él esta noche, nuestra primera cita para ser exactos, pero tuve que cancelarle porque no podía dejar de sollozar. Aunque no le dije eso a Kyler. Sólo le dije que algo ocurrió. Fue realmente dulce y me invitó a salir el próximo fin de semana. Por supuesto, dije que sí. Sólo espero sentirme mejor para entonces. Sin querer entrar en eso con Kai, dado que Kyler es un tema delicado para él, suspiro con dramatismo. —Está bien, mi único y atractivo vecino de al lado, ¿cuál es tu asombrosa idea?


Sus ojos se iluminan. —Estaba pensando que, si te vas a vivir con tu abuela, yo podría llevar y regresarte de la escuela. Mi corazón se derrite como chocolate caliente. Esa podría ser la cosa más dulce que nunca ha hecho un chico por mí. Bueno, excepto cuando detuvo todo el rumor de la camisa de fuerza que Hannah trató de difundir. Esa fue una muy buena. —¿Harías eso por mí? —Por supuesto. Eso es lo que hacen los amigos unos por los otros, ¿cierto? La forma en que dice amigos, como si la palabra fuera divertida, me vuelve una chica sobre analizadora que lee demasiado entre líneas. ¿Por qué sonó como si encontrara divertido que fuéramos amigos? O tal vez sólo estoy pensándolo demasiado. ¿Por qué me importa? Hormonas, amiga, hormonas. Ten control sobre ti misma. —Aunque aprecio la oferta, no estoy segura si me siento cómoda contigo haciendo eso —le digo, a pesar que no quiero rechazar su oferta—. Quiero decir, tendrías que levantarte como una hora antes de lo que normalmente lo haces.

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—Una hora no es un problema tan grande —insiste, recogiendo el mando a distancia y apagando el televisor. —No eres una persona madrugadora, Kai. El otro día me dijiste que odiabas despertarte más temprano que el mediodía. Eso te convierte en un monstruo malhumorado. —No dije monstruo malhumorado. Dije idiota. Y eso es solo en los fines de semana. Me levanto como a las siete y media entre semana. —Solo cuando vas a la escuela a tiempo. Por lo general llegas tarde. —Bueno, creo que voy a tener que empezar a llegar a tiempo. —Hace un casual encogimiento de hombros, fingiendo que no es un gran problema, a pesar que lo es. Al menos, lo es para mí. —Realmente no tienes que hacer esto —digo. La última cosa que quiero hacer es obligarlo a conducir a través de Sunnyvale para recoger mi lastimoso trasero y hacer que llegue a tiempo cuando claramente es una persona de haré-lo-quequiera-cuando-yo -quiera—. De todos modos, podría ser bueno empezar en una nueva escuela. Me obligará a hacer amigos sin tu orientación de unicornio siempre tan impresionante. —Junto las palmas de mis manos y hago una reverencia hacia él. Se ríe, negando. —Realmente no es un gran problema. —Le da a mi rodilla un apretón—. Así que sólo acepta mi oferta.


Mi rodilla se sacude con su toque y me apresuro a aclarar mi garganta, insegura sobre cómo responder. Mientras sigue refiriéndose a nosotros como amigos, no estoy tan segura que nuestra relación sea así de simple. Sí, Kai y yo somos amigos, pero nos besamos borrachos una vez y casi nos besamos otra. Mientras que el beso fue breve, juro por Dios que fuegos artificiales y explosiones me atravesaron. Sentí como si hubiera entrado en una de esas comedias románticas llenas de miel o algo así. De acuerdo con Kai, sin embargo, besa a todos cuando está borracho. Pero entonces casi me besó en nuestro viejo escondite, un ahuecado tronco de árbol. Y eso fue mientras estaba completamente sobrio. No ha tratado de inventar una excusa para ese. Sólo estamos pretendiendo que nunca sucedió. —Entonces, ¿qué dices? Por favor, ¿me dejarás ser tu chofer? —pregunta, trayéndome de vuelta a la realidad.

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Sus dedos todavía están en mi rodilla, trazando delicados círculos a través de mi piel, las puntas de sus dedos moviéndose más alto en mi muslo hacia la parte inferior de mi falda. Ni siquiera estoy segura que sepa que lo está haciendo. Probablemente debería mover la pierna antes que sin saberlo me sienta, pero me parece que no puedo moverme o respirar. Realmente no hago nada, excepto mirar boquiabierta hacia sus dedos. Notando hacia donde estoy viendo fijamente, su mirada cae hasta su mano. Mira por un segundo o dos antes de retirarse con rapidez y toser en su mano. —Lo siento… Incómodo silencio se extiende entre nosotros. Uh... ¿Puedes decir incómodo? Lo que es un poco extraño dado que por lo general Kai sólo posee todo lo que hace. Mi piel está en llamas, y aclaro mi garganta. —No te preocupes. —Además, empezar en una nueva escuela en tu último año apestaría — continúa como si nada hubiera sucedido—. Todos ya tendrán sus propias cosas pasando. Sería mejor si sólo terminas aquí y luego comienzas otra vez en la universidad. —Pero, ¿estás seguro que quieres hacer ese tipo de compromiso? —Nunca me comprometo a algo en voz alta hasta estar cien por ciento seguro de estar en ello. —Bien. Acepto tu oferta de ser mi chofer. —Un peso se levanta de mis hombros. Ahora, si tan sólo pudiera deshacerme del resto, la vida sería galletas y cobertura de vainilla—. Pero sabes lo que eso significa, ¿cierto? Podré mandarte. Entrecierra sus ojos, pero es un movimiento lúdico.


—Me retracto de la cosa de ser chofer. Qué tal sólo un amigo que ayuda a otro amigo. Oh, por el amor de todos los zombis, ¿por qué sigue diciendo amigo de esa forma? Cada vez que lo hace, me hace pensar en nuestro beso y casi beso, algo que los amigos no hacen. —¿Por qué te estás sonrojando, Isa? —Humor baila en sus ojos. —No lo hago. —Agacho la cabeza, alcanzando la pila de DVD en el suelo, y ocultando mi rubor—. ¿Podemos ver una película más antes de tratar con esta cosa de la mudanza? Tengo que pensar en lo que voy a decirles a todos. Su mirada prácticamente quema un agujero en el costado de mi cabeza. —Si eso es lo que quieres. Asiento, tomando los DVD, y enderezándome. —Estoy evitando volver a mi casa. Tengo algo de miedo.

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—No te culpo. —Hace esa mirada toda intensa de estoy-intentando-quemarun-agujero-en-tu-cabeza-para-poder-leer-tus-pensamientos sólo el tiempo suficiente para que me inquiete. Es un soplo de aire fresco cuando finalmente mira hacia otro lado, arrancando el DVD de mi mano—. ¿Cuál veremos? —Te dejaré que elijas dado que dejaste que escogiera la última vez. Revisa los DVD y termina seleccionando 28 días después. —¿De verdad quieres ver otra película de zombi? —pregunto mientras él se levanta para poner el DVD en el reproductor. Mete el disco. —Claro. Los zombis son geniales. Mi pecho se contrae de nuevo, pero de una manera diferente, más acogedora. —Kai... —¿Sí? —Aprieta los botones del reproductor de DVD. Mi corazón truena. —Gracias por cuidarme hoy. —No es un gran problema. —Se encoge de hombros, pero juro por Dios que escucho una sonrisa a través de su voz. Presiona reproducir y vuelve al sofá—. Quiero decir, sí, es un tipo de dolor en el trasero cuidar de tu azúcar y tu adicción a los zombi. —Se sienta junto a mí y juguetonamente choca su hombro contra el mío—. Por un minuto ahí, las cosas se pusieron intensas. Estaba preocupado que fueras a convertirte en un Gremlin y mordieras mi mano si no te dejaba poner Milk Duds en las palomitas de maíz, pero creo que lidié con la situación bastante bien. —Saben mejor juntos —protesto—. El calor los hace derretirse, pegajosos, buenos.


—Derretidos, ¿eh? —Pasa su brazo por el respaldo del sofá y apoya su mano detrás de mí—. Eso suena como una palabra que pertenece al Impresionante Diccionario de Isabella. Sonriendo, alcanzo el tazón de palomitas de maíz en la mesa a mi lado. La pongo en mi regazo y meto un puñado en mi boca mientras inicia la película. Pero alrededor de cinco minutos después, mi mente está en otra parte, es la primera vez que me pasa mientras veo una película de zombis. Pero dejo que mi locura temporal se deslice dado que tengo muchas cosas en mente. Quiero creer que mi mamá no está muerta, que lo que Lynn me dijo fue en su manera enferma y retorcida de jugar conmigo. Pero, aunque mi verdadera mamá no esté muerta, me preocupo sobre por qué todo el mundo piensa que es esta persona horrible. ¿Qué podría haber hecho para hacerles creer eso? ¿Qué sucedió hace catorce años cuando salí de la vida en la que me criaron y me vine a vivir con mi papá, la bruja malvada de la casa Anders, y su retorcida hija?

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De repente, Kai se tensa junto a mí. Creo que se está volviendo loco con la escena sangrienta en la pantalla hasta que noto que está mirando hacia la esquina de la habitación. Lo único que hay ahí es un gnomo miniatura, así que a menos que Kai de repente desarrollara un miedo a las pequeñas criaturas de ojos saltones, supongo que se está tensando por otra cosa. —¿Está todo bien? —le pregunto. Él parpadea. —¿Eh? —Te estabas tensando. —Trato de leer su vibra, pero Kai puede ser muy misterioso a veces—. Podemos cambiar eso si estás aburrido. —Empiezo a levantarme, pero pone una mano en mi pierna, obligándome a permanecer. —Relájate. Te dije que estaba bien ver la película y lo dije en serio. —Solo me libera de su agarre cuando chillo—. Ahora ve la película. Hago lo que dice, pero diez minutos más tarde, está mirando hacia el espacio vacío de nuevo, luciendo extremadamente molesto. Kai está en algún tipo de problema con un tipo que lleva por nombre T y me pregunto si está preocupado por eso. Aunque no hablará sobre eso. Confía en mí, lo he intentado. No puedo evitar pensar en unas pocas horas atrás, cuando me abrazó delante de su casa e hizo una mueca, como si lo estuviera lastimando. Cuando le pregunté al respecto, dijo una broma acerca de mis pequeños brazos dándole miedo. ¿T podría haberlo lastimado? —Isa, ¿podrías por favor dejar de mirarme? —Me mira, y muerde su labio inferior—. Me estás haciendo tener complejos. —Sé que no es verdad. Nadie podría darle al Hombre Ego un complejo — replico, usando el apodo de superhéroe que le di hoy más temprano, tratando de aligerar su estado de ánimo.


—Eso no es cierto. —Sostiene mi mirada firmemente—. Cada superhéroe tiene una kriptonita. —¿Me estás diciendo que mirarte fijamente es tu kriptonita? —pregunto con escepticismo. Se encoge de hombros, pero no dice nada, mirando de nuevo hacia otro lado. —¿Seguro que estás bien? —pregunto. Asiente luego se levanta y se dirige hacia la puerta como si estuviera prendida en llamas. —Iré a hacer un poco más de palomitas de maíz. Volveré en seguida. Miro el recipiente en mi regazo, medio lleno de palomitas. Obviamente quería salir de la habitación, pero ¿por qué? ¿Qué me está escondiendo?

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Capítulo 2 Kai Me despierto en el sofá con un cuerpo caliente presionado contra el mío. Al principio estoy confundido como el infierno. Entonces capto el apenas perceptible olor de palomitas de maíz y la neblina en mi mente se levanta poco a poco. Las películas de zombis. Palomitas de maíz. Milk duds. Isa. Está profundamente dormida con la cabeza apoyada en mi brazo, con la mano en mi pecho y las piernas tan enredadas que no puedo decir dónde comienzan y finalizan las mías.

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Debimos quedarnos dormidos durante la película. No sé si es bueno o no. Es decir, claro, es una fantasía hecha realidad despertar con ella prácticamente tumbada encima de mí. Pero se supone que debo estar manteniendo esta cosa entre nosotros estrictamente como amigos hasta que pueda ponerme las pilas, y ella pueda superar esa estúpida idea que debe estar con Kyler. Además, su codo está ejerciendo presión en las costillas contra las que T hizo crujir sus nudillos ayer. Estoy bastante seguro que están rotas, pero no hay nada que pueda hacer al respecto. Me he roto un par de costillas antes en el fútbol y sé que el proceso de curación consiste en tomarlo con calma y no moverse mucho. Estoy deliberando qué hacer cuando Isa deja escapar un suave gemido y se mueve acercándose más. A la mierda. Esto definitivamente es algo bueno. Me froto los ojos con la mano libre y me relajo, preguntándome qué hora es. La luz del sol está atravesando las rendijas de las cortinas, así que tienen que ser por lo menos las siete. Probablemente debería despertarla y explicarle que nos quedamos dormidos. Pero es demasiado bonito sostenerla, y me quedo tendido allí, mirándola dormir como una enredadera. Se ve tan relajada con la cara apoyada en el hueco de mi brazo, los labios abiertos respirando suavemente. Me gustaría poder dejarla así todo el día, pero con el tiempo va a despertar y voy a tener que decirle que su madre está viva, pero en una prisión de Virginia por cargos de asesinato. Meto un mechón de cabello detrás de su oreja y luego paso mis nudillos por su mejilla. Su piel es muy suave y caliente… —¿Qué demonios está pasando? —La molesta voz de Kyler interrumpe el momento.


Dejo escapar un gruñido frustrado. Estupendo. Aquí viene el drama. Le doy una mirada de infierno. —Baja la voz o la despertarás. El rostro de Kyler se vuelve rojo brillante. —¿Por qué está aquí contigo cuando se suponía que debía estar en una cita conmigo anoche? Dudo. No estoy seguro de cuánto sabe Kyler acerca de lo que está pasando con Isa. Mientras más tiempo me quedo callado, más enrojece el rostro de Kyler. No pienso pronunciar una palabra. Que tenga todo tipo de ideas sobre lo que Isa y yo estuvimos haciendo anoche. No es como que estén oficialmente juntos. Ni siquiera han tenido una cita todavía. Pero no quiero a Kyler despertando a Isa todo enojado. No sería una buena idea. —¿Te podrías calmar? —le digo, resistiendo poner los ojos en blanco—. Estábamos viendo una película anoche y se durmió. No pasó nada. Se cruza de brazos, sin hablar. —¿Me plantó para poder estar aquí y ver una película contigo?

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—No, idiota. —Deslizo cuidadosamente mi brazo de debajo de Isa y me pongo de pie, sintiendo que mis costillas gimen en protesta—. Algo pasó ayer que la molestó, así que salimos y la distraje con un maratón de películas de zombis. — Cuando continúa irritado, agrego—. No pasó nada. Quiero añadir, pero no importa si algo pasó porque no es tuya. Su mandíbula se tensa. —¿Por qué no habló conmigo? Mantengo el codo presionando mis costillas, con la esperanza de reducir un poco el dolor. —¿Eh? —Cuando sucedió lo que la molestó. ¿Por qué tuvo que pedirte ayuda en vez de a mí? —No vino a mí. Yo estaba allí cuando la mierda golpeó pasó. —Casi me mata decirlo, decirle que Isa no me eligió por encima de él. Sólo fui con el primero que se topó. Hasta donde puedo recordar, Kyler ha conseguido lo que quiere cuando quiere: desde su elección de amigas, posiciones en el equipo, o hacer que todos en nuestra escuela lo adoren. Siempre ha sido mejor que yo en el deporte y salía con las chicas que me gustaban. Puse fin al problema de los deportes al renunciar, y fue un gran alivio. Estaba cansado de vivir bajo su sombra y quería encontrar mi propia cosa que no incluyera ser comparado con mi hermano mayor. En cuanto a salir con las chicas que me gustaban, seguro que me molestaba, pero lo superé.


Isa, sin embargo... Ella es diferente. Es de verdad la chica más hermosa y dulce que he conocido. Sólo deseo haberla visto así en séptimo grado. Pero era un chico estúpido que quería encajar en la multitud. Aun así, me gustó mucho antes que a Kyler, antes que empezara a usar maquillaje y se vistiera más como una chica. Sé que la única razón por la que le gusta es porque piensa que es atractiva. Ni siquiera sabe algo de ella. Kyler se calma poco a poco. —Así que hubiera hablado conmigo si no se hubiera topado primero contigo. —Una arrogante sonrisa aparece en su rostro. Quiero darle un puñetazo en la cara, pero no quiero despertar a Isa con una pelea. Además, es más que probable que mi padre llegue y me patee el culo. No me puede soportar en este momento y está buscando cualquier razón para castigarme. Creo que quiere echarme de la casa. —Tienes dieciocho años —me dijo hace un par de meses después de llegar a casa destrozado—. Tal vez sea hora que te vayas. Quise argumentar que no estaba listo para irme, pero mi orgullo interfirió. —Tal vez debería hacerlo.

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Me dio la misma mirada condescendiente que siempre me daba cuando estaba a punto de demostrar la calidad de perdedor que era. —Bueno, será mejor que empieces a buscar lugares. —Dejó el periódico en la mesa de la cocina—. Buena suerte tratando de encontrar un lugar cuando tu trasero no tiene ningún dinero. —Cariño, vigila tu lenguaje —intervino mi madre mientras amontonaba fruta en la licuadora—. Kai, lo que creo que tu padre está diciendo es que si no puedes mejorar tu forma de actuar, es posible que tenga que tomar una ruta más drástica. Te queremos, pero no voy a quedarme cruzada de brazos y ver cómo desperdicias tu vida. —Esto es muy estúpido. —Lancé el diario mientras me ponía de pie—. Kyler se emborrachó todo el tiempo cuando tenía mi edad y ustedes nunca hicieron nada. —También fue capitán de los equipos de fútbol y baloncesto y era un estudiante de cuadro de honor. —Mi padre me miró con disgusto—. Tú apenas vas a la escuela. Estás perdiendo tu vida en fiestas y volviendo a casa perdido cada fin de semana. Si sigues por ese camino terminarás muerto, o golpeado, bombeando gasolina para ganarte la vida. —Ya nadie bombea gasolina—murmuré. Y salí de la cocina antes de decir algo más. —Uh… —La voz sorprendida de Isa me saca del recuerdo. Echo un vistazo por encima del hombro. Está sentada quejándose de su cabello, y su mirada va entre Kyler y yo.


—¿Qué pasó? —Aterriza la turbia mirada en mí—. ¿Nos quedamos dormidos viendo la película? Asiento. —Al parecer, incluso te puedes cansar de los zombis. Pone los ojos en blanco como si fuera la cosa más tonta que jamás hubiera escuchado. —No estoy cansada de los zombis. Sólo cansada. —En el segundo que ve a Kyler va de emocionada a evitarlo—. Hola. —Hola... Entonces, ¿cancelaste nuestra cita de anoche para poder dormir con mi hermano? —Le guiña—. Creo que podría ser una novedad para mí. Las mejillas de Isa se vuelven de color rosa. —No dormí con él. Bueno, lo hice, pero no a propósito. Sólo nos quedamos dormidos mientras estábamos viendo una película. Kyler se ríe y me empuja para sentarse a su lado en el sofá. —Relájate, sólo estoy jugando contigo. Kai me dijo lo que pasó.

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—Oh, bueno. —Aparta la mirada de Kyler mientras se pasa los dedos debajo de los ojos tratando de borrar su maquillaje corrido—. Siento haber cancelado nuestra cita, pero pasaron un montón de cosas y hubiera sido una decepción como compañía. —Está bien. —Quita un mechón de cabello de su rostro—. ¿Hay algo de lo que quieras hablar? Me quedo ahí, con la esperanza que Isa se aleje de su contacto, pero puedo decir que le gusta por cierto aleteo de sus pestañas. No quiero escuchar su respuesta. No creo poder aguantar que le diga acerca de su madre y lo que está pasando con su familia. —Me tengo que ir. —Voy hacia la puerta con las manos metidas en los bolsillos—. Diviértanse. Y no hagan nada que yo no haría. Isa me dirige una mirada suplicante, como si no quisiera que me fuera. Casi me quedo. Pero cuando Kyler le pone una mano en la rodilla, sé que si me quedo perderé el control. Después de salir del estudio, voy a la cocina a comer algo. Mientras estoy sacando un par de strudels del congelador a la tostadora, veo el reloj. Mierda. Se supone que ya tengo que estar en la casa de Big Doug. Anoche le dije sobre el lío en el que me metí con T. Me dijo que fuera hoy porque podría tener algún trabajo para ganar algo de dinero rápido y devolvérselo a T lo antes posible. He trabajado para Big Doug antes, pero me detuve cuando casi fuimos arrestados por las cámaras de seguridad de un banco. Al día de hoy, todavía no estoy seguro de por qué lo hicimos. Pero si nos hubieran atrapado, podría haber terminado en la cárcel. Es por eso que odio tener que volver a ese mundo. Pero, por el momento, no veo otra alternativa.


Saco los strudels de la tostadora, saco algunos analgésicos y voy hacia la escalera. Mientras estoy dando vuelta por la esquina del pasillo, Isa sale del estudio. Los dos chocamos con fuerza. —Ah, mierda —maldigo, doblando la espalda por el dolor que se irradia en mi costado. —Oh Dios mío. Lo siento. No te vi... —Su voz se desvanece. La miro, preguntándome lo que está haciendo. Su furiosa mirada se fija en mí, y sus manos están en sus caderas. —¿Por qué diablos me miras así? —digo, tratando de mantener mi voz ligera, pero suena tensa. Me obligo a enderezarme y a mantener el brazo en el costado—. Está bien, ¿ahora qué hice? Su aguda mirada viaja a mi lado lesionado. —Sabía que estabas lastimado. ¿Por qué no me lo dijiste? —Sí, estoy lastimado porque nos estrellamos uno contra el otro —miento, dejando de presionar mi lado. Se mueve para cerrarme el camino con los brazos extendidos hacia los lados.

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—De ninguna manera. No irás a ninguna parte hasta que me digas lo que está mal. Guardo mi diversión por la forma linda no intencionada en que se está portando en este momento. —¿Y si no? ¿Qué vas a hacer? Reflexiona por un segundo o dos, luego mueve el brazo hacia adelante. Agarra la parte inferior de mi camisa y la levanta para mirar. Probablemente debía detenerla antes que viera el retorcido hematoma en mi costado, pero a medida que sus nudillos van a la parte inferior de mi estómago, me excito demasiado para poner atención. —Oh Dios mío, Kai —jadea, con la vista en las marcas de color púrpuraamarillo que salpican mi caja torácica. Se estira y toca el área con cuidado. Mis músculos se contraen por el contacto, e inmediatamente aleja la mano, pero la tomo y la sostengo contra mi costado. Su mirada se eleva a mi rostro, la incertidumbre llenando sus ojos. —¿Quién te lastimó? —No es gran cosa. Sólo me metí en una pequeña pelea. —Le guiño—. Pero deberías ver al otro tipo. —¿Fue ese... —lucha con las palabras, sus dedos temblando en mi costado—, ese tipo T el que te hizo esto?


Abro la boca para mentir, pero luego me doy cuenta que no quiero mentirle más. —Sí, y… —Oye, estaba pensando, ya que todavía no quieres irte a casa, podríamos ir a desayunar —dice Kyler, saliendo del estudio. Isa se aparta. —¿Estás seguro? No quiero hacerte salir —le dice a Kyler. Rechino los dientes. Si Kyler sabe que no se quiere ir a casa, entonces quiere decir que le dijo lo que está pasando. Los celos me queman, y no me gusta la sensación. He pasado demasiados años a su alrededor. Es parte de la razón por la que decidí dejar el deporte, cambiar mi vida, y lo que era. Murmurando un adiós, voy hasta la escalera. Medio espero que Isa me llame, pero no lo hace. Es probable que sea lo mejor. Necesito centrarme en salir de este lío con T en este momento antes que incluso intente meterme en cualquier tipo de relación romántica con Isa. Al menos, eso es de lo que me digo, pero en el fondo, todo lo que quiero hacer es volver, agarrar a Isa, y besarla. Y esta vez de verdad, cuando los dos estemos sobrios y podamos disfrutarlo.

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Al entrar en mi habitación, mi teléfono vibra en el interior del bolsillo de mis jeans negros. Lo saco mientras hurgo en mi cómoda por una camisa limpia. T: Si no me das mis mil en tres semanas, ayer va a parecer como un puto juego de niños. Trago. ¡Mil! ¡Hijo de puta! No sabía que Bradon le debía tanto a T. ¿Cómo diablos se supone que voy a conseguir mil dólares en tres semanas? No hay manera que pueda ganar tanto en tres semanas trabajando para Big Doug. No tengo ni idea de lo que voy a hacer, pero será mejor que tenga un plan. Y rápido.


Capítulo 3 Isabella Kai se aleja de Kyler y de mí como si tuviéramos alguna enfermedad viral y estuviéramos a punto de infectarlo. Abro la boca para llamarlo, porque no me voy hasta que me explique en qué tipo de problemas está metido, pero Kyler toma mi mano y me lleva a la cocina antes que tenga oportunidad. Normalmente, estaría loca con el hecho que Kyler Meyers esté sosteniendo mi mano, pero mi mente está con Kai y los moretones. Se veían muy mal, y parecía tener un montón de dolor. Me pregunto si sus costillas están rotas. —Sólo déjalo ir —dice Kyler—. Cuando se pone así, es mejor que lo dejes solo.

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—Se pone así, ¿cómo? —Me pregunto si Kyler sabe lo que Kai está pasando. Kyler se encoge de hombros mientras me lleva al estudio y luego libera mi mano. —Enojado y molesto. Ha sido así desde que éramos niños. Se mete en problemas y luego se pone de mal humor y hace miserable a todo el mundo. Comienzo a ponerme los zapatos. —¿Sabes por qué está molesto? Se sienta en un banco de madera para ponerse sus zapatillas. —¿Quién sabe? Ha sido un verdadero idiota últimamente. Mis padres piensan que está en drogas. Los oí hablar de enviarlo a un centro de rehabilitación o algo. Cambio mi peso, sintiéndome incómoda hablando con Kyler de Kai, como si estuviera traicionando a Kai. —Kai no está en drogas, Kyler. Levanta la cabeza mientras termina de atarse los cordones, quitando los mechones de cabello castaño de su frente. —¿Cómo sabes eso? —Me dijo que no las consume. —Ya no más. Pero Kyler no necesita saber esa parte. —¿Y sólo le creíste? —Es mi amigo. No me mentiría.


Kyler me mira con recelo, pero parece satisfecho con mi respuesta. Empuja la irritación a un lado y se pone de pie. —Quizás tengas razón. Tal vez no está en las drogas, pero definitivamente se debe hacer algo con él. Mantengo los labios cerrados. Se siente mal estar hablando de Kai. Ahora, si me entero de lo que está pasando y es realmente malo, entonces es una historia diferente. Haré lo que tenga que hacer para ayudarlo, incluso si significa obtener ayuda de su familia. —¿Dónde quieres desayunar? —pregunta, agarrando una chaqueta de la percha. —Cualquier lugar funciona. —Bajo la vista a mi ropa arrugada. Mi respiración sabe a brócoli podrido y estoy segura que mi maquillaje está corrido por todo el rostro—. ¿Puedo ir a casa y cambiarme primero? —Por supuesto. —Abre la puerta y me deja salir primero—. Pero pensé que no querías ir a casa.

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Muy cierto. No quiero ir a casa y sinceramente, no creo que me permitan entrar. Aun así, debo conseguir mis cosas. Si hubiera una manera de entrar en mi habitación sin tener que pasar por la casa... Miro el camino de entrada de mi casa. El auto de Hannah está detrás del de Lynn y de mi padre. Todos están en casa, probablemente sentados alrededor de la mesa de la cocina desayunando. Kyler se me une afuera, cerrando la puerta detrás de él. —Isa, ¿puedo...? ¿Te importa si te pregunto por qué no quieres ir a casa? No le he dicho nada, y realmente no quiero hacerlo. No quiero acosar a Kyler. No lo conozco lo suficiente como para confiar mucho en él. Quiero hacerlo. Un montón. Pero el establecimiento de la confianza requiere conocerlo como algo más que al chico guapo y popular que vive al lado, que me habló un par de veces y me dio una rosa una vez. —Estoy peleada con mis padres. —Me decido por la verdad parcial. Miro la barandilla de la terraza adjunta a mi dormitorio. Si tuviera un Pegaso o alas de hada para poder volar, o tal vez los dedos del hombre araña para tirar telarañas y poder escalar la pared... Un momento...—. ¿Por casualidad tienes una escalera? Siguiendo mi mirada su expresión se desanima. —¿En serio quieres subir hasta allí sólo para evitar a tus padres? Asiento. —Es mejor así. Confía en mí. —Sí, puede ser un poco drástico, pero es mucho mejor que tratar con el drama esperándome dentro de esa casa. —Si eso es lo que quieres, entonces lo tienes. —Se frota las manos, retrocediendo a su garaje por la escalera—. Una escalera a la orden.


Le sonrío con gratitud, plantando mi trasero en la barandilla y esperando a que regrese. Una ligera brisa besa el aire, y las nubes cubren el cielo. Es comienzo de octubre y algunos de los vecinos ya han sacado las decoraciones, incluyendo a los Meyers. Calabazas y lápidas inflables de plástico cubren el patio delantero y una araña gigante se alza sobre el aro de baloncesto. Recuerdo todas las veces que me senté afuera, en mi balcón, viendo a Kyler jugar baloncesto en su camino de entrada y deseando estar con él. Y ahora estoy aquí. Cómo cambia la vida. El pensamiento no me da la más mínima gota de paz en el mar de depresión silbante en el que estoy. Optimismo, me recuerdo. Lynn pudo haber dicho todas esas cosas horribles de mi madre, pero como dijo Kai, no es la fuente más fiable. Por lo tanto, hasta que tenga los hechos reales frente a mí, no puedo creer en la muerte de mi madre o que era una mala persona. Acabo de empezar a relajarme cuando la puerta principal de mi casa se abre y Hannah sale. Al principio, está demasiado ocupada enviando mensajes de texto para notar que estoy sentada en el pórtico de los Meyers. Pero cuando deja caer el teléfono en su bolso y se estira para abrir la puerta de su auto, sus ojos se desvían y me ve. Una serie de emociones cruzan su rostro: confusión, sorpresa, ira, y luego sus labios se levantan.

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Da un paseo hasta la valla, con desprecio. —Sabes que es ilegal acechar, ¿verdad? Cruzo mis brazos, empezando a encogerme. Pero entonces me obligo a levantar la barbilla. No. No más acobardamiento. —¿Eso es lo mejor que puedes decir? La sorpresa parpadea en sus ojos. —¿Te has mirado en un espejo hoy? Te ves como una mierda. Por otra parte, siempre te ves como una. La ira hierve como lava. Por lo general, me muerdo la lengua y trato de elevarme por encima, o lo que sea, pero después de todo lo de ayer, mi fuerza de voluntad está cerrada. Estoy furiosa. Con ella. Con Lynn. Con mi padre por mentirme, pues nunca ha dado la cara por mí, por dejarme vivir con personas que me han menospreciado cada día durante años. —¿Cuál es tu problema? —Me aparto de la barandilla y avanzo hacia la valla—. Nunca te he hecho nada, sin embargo, siempre me has odiado. Suelta una risa desdeñosa. —Tu madre casi arruina el matrimonio de mis padres. Tengo todo el derecho a odiarte. Mis músculos se enmarañan en nudos. ¿Por cuánto tiempo ha sabido de mi madre? ¿Cuánto sabe? —No son sólo tus padres. Es mi padre también, Hannah.


—Si por él fuera, no lo sería. —Quita el rubio cabello de su hombro—. Todo lo que haces es recordarle el mayor error de su vida. No es de extrañar que ni siquiera pueda soportar mirarte. —Sus cejas se levantan mientras me evalúa, su rostro muestra repulsión—. Pero la mayoría de la gente no puede hacerlo. Eres una inútil. Yo lo sé. Mi mamá lo sabe. Mi padre lo sabe. Toda la rabia que he embotellado durante casi dieciocho años explota. Antes incluso de saber lo que estoy haciendo, levanto mi pierna para pasar por encima de la valla. Los ojos de Hannah se ensanchan con sorpresa y tropieza hacia atrás, haciendo que uno de sus tacones quedara atrapado en la hierba. Ni siquiera estoy cien por ciento segura de lo que voy a hacerle: abofetearla, empujarla, jalarla de los cabellos, obligarla a romperse las cuidadas uñas. Pero antes que pueda saltar la valla, unos brazos se envuelven alrededor de mi cintura y me jalan suavemente hacia atrás. —Por mucho que se merezca que le hagas lo que estás a punto de hacerle — susurra Kai en mi oreja—, no vale la pena la molestia que puedas encontrar en patear su trasero. Hannah se burla.

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—Como si pudiera patear mi trasero. Manteniendo un brazo alrededor de mi cintura, Kai se mueve a mi lado y le sonríe a Hannah. —Entonces, ¿por qué te ves como si estuvieras a punto de mearte en los pantalones? Hannah mira a Kai. —Eres un idiota, Kai. ¿Por qué estás aquí? Nadie te pidió que vinieras y te portaras como un idiota. —¿Por qué estás tú aquí? —bromea—. Nadie te pidió que vinieras y fueras una perra con Isa con esa aguda voz. —Cuando sus ojos le disparan dagas, Kai sonríe con satisfacción—. Y aquí hay un pensamiento: ¿por qué no te marchas antes que le diga a Isa lo que hiciste hace dos veranos y le doy toda la munición que necesita para hacer de tu vida un infierno? No tengo idea de a qué se refiere pero estoy tan agradecida que me defienda que quiero darme la vuelta y abrazarlo. La expresión de Hannah se oscurece, bajando su voz una octava. —¿Me estás amenazando? —No tanto amenazarte como dándote un aviso que diré cada pequeño secreto sucio tuyo. —Le muestra sus dientes blancos—. Pero si quieres mirarlo como amenaza, entonces adelante. El vapor prácticamente sale de las orejas de Hannah.


—Nunca nadie me ha amenazado. Vas a pagar por esto. —Se da vuelta para irse, pero luego ve a Kyler saliendo del garaje con la escalera. Pasa de Reina del Hielo a Algodón de Azúcar, poniendo una sonrisa dulce—. Hola, Kyler. No sabía que estabas en casa este fin de semana. Pensé que habías dicho que irías a un viaje con tus amigos o algo. La mano de Kai suelta mi cintura y pone un poco de distancia entre nosotros. Kyler deja la escalera al lado de la valla y desempolva sus manos, su mirada pasando entre los tres. —Yo... uh... se suponía que saldría con mis amigos... pero me cancelaron en el último segundo. Creo que podría estar mintiéndole, y aunque sentí un pequeño retorcido, tengo una extraña sensación de felicidad por el hecho. —Oh. —Por un breve segundo hay llamas de rabia en sus ojos, pero se desvanecen y una sonrisa exagerada toma su lugar—. Bien, entonces supongo que me puedes invitar a salir hoy, después de todo. Kyler se masajea la nuca. —De hecho, ya hice planes con otra persona.

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Su sonrisa desaparece. —¿Con quién? —presiona—. Será mejor que no sea con esa zorra de Carissa. —No es ella… —Kyler mueve su peso con inquietud. No sé si tomar su vacilación como algo personal. ¿Siente vergüenza por salir conmigo? ¿O me ahorrará los demonios que estallarán cuando Hannah se entere? Kyler me mira de soslayo y sus ojos tienen una pregunta silenciosa: ¿qué debo decirle? No estoy segura. Aunque no quiero que nuestra cita... salir... ir a desayunar... lo que sea, se vuelva un secreto, tampoco quiero darle a Hannah más de una razón para atormentarme. Nunca pude decidir mi respuesta, porque Hannah nota que Kyler me está mirando, y la caja de Pandora se abre de golpe. —¡Estás malditamente bromeando! —grita con una voz tan fuerte que el vecino de enfrente que está regando levanta la vista—. ¡Con ella! ¡Con esa... perdedora! —¿Cuál es tu jodido problema? —advierten Kyler y Kai al mismo tiempo. —Supongo que simplemente amenazarte no fue suficiente —agrega Kai. Pienso de nuevo en saltar por encima de la valla, volverme toda ninja y patearle el trasero. Kai debe detectar eso también, porque sus dedos me sujetan alrededor de mi brazo y se aferra a mí. Hannah niega, echando humo como loca. —No pretendan que no han pensado lo mismo. Hasta que regresó este verano, ambos solían burlarse de ella todo el tiempo.


Todo se queda tan silencioso que puedo oír los aspersores del señor Normbert encenderse en la misma calle. Me siento tan pequeña, como esas pequeñas estatuas de hadas que mi abuela Stephy solía coleccionar cuando mi abuelo todavía estaba vivo. Las mantenía delante de su casa cerca de los tulipanes. Me parecía que eran muy lindas y solía sentarme allí y fingir que eran mis amigas mágicas concediéndome deseos. Un día Hannah me atrapó, me llamó monstruo y las pisoteó todas hasta que no fueron más que vidrio roto. —En realidad, nunca lo hice. —Kai se acerca un poco más a Hannah—. Siempre has sabido lo que pensaba de Isa, por lo menos desde hace dos veranos. Hannah mira a Kai de forma sucia, y luego me lanza una última repasada. Nos da la espalda, murmurando algo en voz baja mientras va hacia su auto. Abre la puerta de un tirón, se mete, enciende el motor y sale de la calzada, dejando marcas de neumáticos en el asfalto. Comienzo a soltar un suspiro de alivio cuando la puerta de mi casa se abre. Mi padre sale y me mira directamente a los ojos. —Isabella Anders, trae tu trasero para acá ahora mismo. Tú y yo tenemos que hablar. Y no es una petición. O vienes ahora o llamaré a la policía.

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Capítulo 4 Isabella Quiero decirle que me deje en paz, que no tenemos nada de qué hablar, pero la amenaza de llamar a la policía me asusta. —Bien. Iré —le grito a mi papá y luego me volteo hacia Kyler, sintiéndome incómoda. A diferencia de Kai, Kyler no negó que me llamara perdedora a mis espaldas con Hannah y sus amigas. No estoy segura de qué hacer con eso—. Creo que el desayuno tendrá que esperar. —Puedo esperar por ti —ofrece Kyler—. No tengo nada que hacer hoy de todos modos.

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—¿Seguro? —pregunto—. Podría tomar un tiempo. Él asiente, metiendo las manos en los bolsillos de sus jeans oscuros. —De todas formas necesito hablar contigo acerca de algunas cosas. —Está bien... —¿Hablarme de qué exactamente?—. Vendré aquí cuando termine de hablar con mi papá. —Me despido con la mano y luego camino hacia la entrada. Kai alcanza mis pasos, llegando a mi lado. —Tal vez no deberías ir allí. —Creo que tengo que hacerlo. —Me detengo en el borde de la valla—. Creo que es solo para que consiga mis cosas antes que decidan echarme. El viento agita mechones de su cabello, y pasa la mano por su cabeza para alisarlo mientras me mira fijamente cruzar la calle. —No me gusta esto. —Kai, voy a estar bien. Estoy segura que lo único que quiere decirme es que tengo que irme. La tensión se encuentra en la línea de su mandíbula mientras me ve. —Estoy preocupado por ti... que... que vayan a tratar de romperte. Quiero decir, ¿por qué iba a amenazarte con llamar a la policía? —Estoy segura que fue sólo para que me fuera sin pelear —le digo, aunque no me acabo de creer las palabras—. No es como si hice algo malo. Voy a estar bien. — Flexiono mis músculos—. Tengo piel de bebé hecha de acero —intento bromear, pero fallo, mi voz sale plana como un globo desinflado—. Te llamaré después que


haya terminado de hablar con él, ¿de acuerdo? Creo que de todos modos tenemos que hablar de algunas cosas. —Como, por qué ese tipo T te dio una paliza. —Bien —rezonga, entonces niega varias veces, murmurando algo acerca de tener una mala sensación. Me comienzo a ir, pero luego me detengo mientras una imperiosa necesidad llega a la superficie. —Kai, gracias por todo lo que hiciste allí con Hannah. Por defenderme. Nadie ha hecho nunca eso... Significa mucho. —Sólo estaba haciendo lo que los amigos deben hacer. —No utiliza un tono divertido en esta ocasión cuando dice amigos. Suena muy serio y también lo es la intensidad de sus ojos. Me alejo con un centenar de mariposas volviéndose salvajes dentro de mi estómago y un tornado de confusión azotando mi mente. Siento como si estuviera cayendo hacia lo desconocido, hacia abajo, abajo, abajo al agujero del conejo de locura, donde ya nada tiene sentido. No tengo idea de quién soy, quién quiero ser, lo que quiero.

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La sensación sólo se amplifica cuando entro en mi casa, y mi papá no está en la cocina. En su lugar, Lynn está sentada en la mesa con un montón de papeles y una arrogante sonrisa en su rostro. —Isa, toma asiento —dice, señalando la silla a su lado. Me quedo cerca de la puerta. —¿Dónde está mi papá? Dijo que necesitaba hablar conmigo, no tú. —Tu papá está en el piso de arriba y no será parte de esta conversación porque no quiere lidiar contigo. Sin embargo, he sido lo suficientemente amable para ser voluntaria para el puesto. —Su tranquila voz envía un escalofrío por mi espalda—. Así. Que. Siéntate. Retrocedo momentáneamente antes de sentarme en la silla más alejada de ella. Meto mis manos debajo de la mesa para que no pueda ver mi inquietud y espero a que diga algo. Asienta el silencio por el mayor tiempo posible, como si supiera que me está volviendo loca. —Ayer, después que pusiste tus manos sobre mí, tu padre y yo nos sentamos a discutir la forma violenta en que te has estado comportando. —¿Forma violenta? —Niego—. Te empujé una vez, Lynn, y eso es leve en comparación a los abusos que tú y Hannah me han hecho por años. Su mirada se estrecha con fuerza. —Nadie en esta casa te ha puesto nunca una mano encima. —Estoy hablando de abuso verbal, Lynn. Las palabras pueden a veces ser tan perjudiciales como las acciones —repito lo que Kai me dijo anoche.


Cierra sus manos en puños. Por un horrible momento, creo que me va a golpear. Pero presiona los nudillos contra el borde de la pila de papeles y desliza una hoja por la mesa. —Después que tu padre y yo habláramos de tu comportamiento violento — continúa con su discurso—, decidimos que lo mejor para todos es que vayas a un internado que se especializa con adolescentes con problemas. Mi corazón late contra mi pecho mientras leo la parte superior de una de las páginas. —¡Me enviarán a Montana! —Me acerco a la mesa—. De ninguna manera. No voy a ir. Se sienta allí con su postura perfecta y un aspecto repugnantemente satisfecho en su rostro. —Todavía eres menor de edad, y como tu tutora, no tienes más remedio que hacer lo que diga.

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—No eres mi única tutora —digo, saliendo de la cocina—. ¡Papá! —Mis pies golpean los escalones mientras corro hacia arriba—. Papá, no puedes dejar que me envíe lejos. —Me apresuro a la puerta de su dormitorio y la toco con mi puño—. Papá, por favor. No dejes que haga esto. —No estoy dejando que haga nada —responde a través de la puerta cerrada—. Estoy de acuerdo con Lynn. Tienes que irte, Isa. Es lo mejor. —¿Lo mejor para quién? —Agarro el pomo de la puerta, pero está cerrada con llave. Golpeo la puerta un par de veces antes de irme y correr a mi habitación. Trato de llamar a mi abuela Stephy, pero no responde. Le dejo un mensaje entonces le envío uno a Indigo, a pesar que sólo hay una probabilidad de uno por ciento que lo vaya a leer mientras está en el trabajo. Cuando no responde, agarro un par de bolsas de lona de mi armario y empiezo a meter todo lo que puedo en el interior: ropa, zapatos, mi cuaderno de bocetos, materiales de arte, mi computadora. Después que tengo las bolsas llenas, busco mi alijo de dinero en efectivo del cajón de la cómoda superior y lo meto en mi bolsillo trasero. Entonces pongo las bolsas encima de mis hombros y salgo corriendo de mi habitación. Cuando llego a la parte inferior de la escalera, Lynn está esperándome, bloqueando mi camino hacia la puerta trasera. —No irás a ninguna parte. —Se cruza de brazos, sus excesivamente depiladas cejas arqueadas—. Te quedarás aquí hasta mañana por la mañana y después tu padre y yo te llevaremos hasta Montana. Y si te atreves a mostrar cualquier señal de violencia, no dudaré en llamar a la policía. Tengo una inquietante sensación que está esperando que trate de empujarla de nuevo, dándole una razón para llamar a la policía.


—No me quedaré aquí —digo con la voz más tranquila que puedo reunir—. Y no iré a la escuela en Montana. Cumpliré dieciocho años en un par de meses. Puedo vivir con la abuela Stephy hasta entonces. —Hasta que no tengas dieciocho años, tu padre y yo te diremos qué hacer, no al revés. No irás a vivir con tu abuela Stephy. Vivirás en Montana, lejos, muy lejos, donde no puedas hacerle daño a nadie. —Sonríe—. Y donde no puedas convertirte en tu puta sucia madre. Casi caigo con eso, pero en el último segundo, me las arreglo para ver a través de la cegadora ira. Quiere que me enoje. Quiere que la lastime. Quiere que sea exactamente lo que me está diciendo que soy. —Es por eso que me has tratado tan mal —espeto, sorprendiéndola tanto a ella como a mí—. Debido a que mi padre te engañó con mi madre. Sonríe de forma maliciosa mientras su mano se mueve hacia adelante. Toma mi brazo y sus dedos se hunden en mi carne.

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—Mocosa desagradecida. Si supieras lo que hizo tu madre... Cuánto de verdad arruinó a esta familia. Qué tan enferma y retorcida es en realidad... Puedo decir que tú también lo eres. Te voy a romper. Pero no lo haré por el momento. Es mucho más divertido verte sufrir. Ver a tu propio padre destruir tu vida. Y lo hace con tanta facilidad porque en secreto te desprecia a ti y todo lo que representas. Mis pulmones se contraen, succionando oxígeno. Apenas puedo respirar. Veo manchas. Si no consigo aire en mis pulmones, voy a desmayarme. No pierdas el conocimiento. No pierdas el conocimiento. Si te desmayas, Dios sabe dónde despertarás. Sólo sal de aquí. Ahora. Inhalando una respiración profunda, alejo mi brazo de ella. Entonces agarro el pasamano y salto por encima como un corredor de vallas, volviéndose loco. Estoy en el último escalón, así que no es una caída muy lejos ni nada, pero mi movimiento ninja la confunde. Abre la boca en estado de sorpresa mientras corro hacia la puerta principal. Me toma un par de segundos antes de oír el sonido de sus pasos corriendo detrás de mí. No reduzco la velocidad, y salgo por la puerta principal. Entonces corro por la acera directamente a la casa de los Meyers, cruzando los dedos para que Kai esté allí para darme un aventón a la casa de mi abuela Stephy donde sé que estaré a salvo por ahora. Dejando caer mis bolsas en la entrada posterior de los Meyers, llamo a la puerta mientras miro rápidamente hacia mi casa. Gracias a mis amuletos de la suerte, Lynn no ha salido todavía. Espero que se dé por vencida y deje que me vaya. Aunque, lo dudo mucho. Lo que sea pasó entre mi verdadera mamá, mi papá, y ella, provocó que hiciera su misión destruirme. Sólo deseo saber si el odio de Lynn se debe únicamente a su miedo o si hay más que eso. Cada hueso de mi cuerpo duele terriblemente mientras reproduzco sus palabras una y otra vez. Siempre he sabido que no era la favorita de mi padre, pero oírla decirlo en alto... Con tanta malevolencia... pica, como veneno en mis venas.


Miro mi muñeca, donde me agarró. Marcas rojas salpican mi piel. ¿Cómo puede decir que mi violencia es un problema después que me hizo esto? Conociendo a Lynn, sin embargo, probablemente va a mentir y decirle a mi padre que fue en defensa propia. Cuando realmente lo pienso, a lo largo de mi vida, ha hecho mucho eso. Sus retorcidas historias me hacen quedar como la mala. Y mi padre las cree tan fácilmente. En el momento en que la puerta de los Meyers se abre, estoy cayendo en un agujero de autocompasión y odio. Pero salgo de él cuando veo a Kyler en el umbral mirándome, sin aliento, mis ojos salvajes, y la preocupación arruga su frente. —¿Estás bien? —pregunta. Retengo las lágrimas. —Uh... ¿Kai está aquí? —Me siento mal cuando parece lastimado, pero prefiero hablar con Kai en este momento ya que sabe lo que está pasando. —Se acaba de ir. —Me evalúa con preocupación—. ¿Qué quieres que haga? Sea lo que sea, te puedo ayudar. Sólo confía en mí, ¿de acuerdo? Meto mis manos en los bolsillos de mi chaqueta.

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—Uh, ¿me puedes llevar con mi abuela? Realmente necesito hablar con ella. — Es lo mejor que le puedo dar por ahora. Él no pierde el ritmo. —Por supuesto. Dame dos segundos. Se precipita de nuevo a la casa, dejando la puerta abierta. Vuelve dos segundos más tarde, vestido con sudadera azul y llevando un juego de llaves. Sin decir nada, recoge mis maletas y trota por las escaleras de vuelta hacia el garaje. Lo sigo, mirando varias veces hacia mi casa. Está calmada. Muy silenciosa. Me preocupa que Lynn pueda estar en algo, como decir que soy una fugitiva. Considero ir a casa, pero la idea de hacer eso me revuelve el estómago. Después que Kyler y yo nos metemos en su auto, va por el camino y sale a la calle principal. —¿Recuerdas dónde vive? —pregunto, poniéndome el cinturón de seguridad. Asiente, subiendo la calefacción. —En la comunidad Sunnyvale Bay, ¿verdad? Asintiendo, me reclino en el asiento. —Sí. Y gracias por hacer esto. Abre la boca para decir algo, pero mi teléfono suena, interrumpiéndolo. Busco a tientas para sacarlo de mi bolsillo. Por favor, que sea la abuela Stephy. Por favor. Por favor. Por favor. —Gracias a Dios —digo en voz alta cuando veo brillar el nombre a través de la pantalla. Presiono contestar y pongo el teléfono en mi oreja. —¿Qué demonios te hicieron? —pregunta antes que siquiera pueda decir hola.


Contemplo brevemente decirle que voy a hablar con ella cuando llegue a su casa, cuando no esté cerca de Kyler, pero luego anuncia que está fuera de la ciudad en un viaje con Harry. —Sin embargo no te preocupes, cariño. Después de oír tu mensaje, me subí en el auto y me dirigí directamente al aeropuerto. Harry está en su teléfono en este momento en busca de un vuelo a casa. —La ira llena su tono—. Malditos los dos. No puedo creer que te estén haciendo esto. —Yo tampoco. —Pero tan pronto como lo digo, sé que es una mentira. No me sorprende que esto esté sucediendo. De hecho, cuando miro hacia atrás a mi relación con mi padre y Lynn, me sorprende que no trataran de echarme antes. Lágrimas vienen a mis ojos mientras cada doloroso recuerdo y palabras hirientes destellan. De repente todo sale en un revoltijo. Le digo a la abuela Stephy acerca de cómo Lynn dijo que mi madre había muerto y que era una mala persona. Cómo empujé a Lynn y salí corriendo de la casa. Cómo van a llamar a la policía si no voy a Montana. En el momento en que estoy balbuceando y termino, estoy sin aliento y muy consciente que Kyler me está mirando por el rabillo del ojo.

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—Maldito mi hijo y esa perra estúpida a la que llama esposa —dice cuando termino—. No voy a dejar que te hagan eso. No te enviarán a ningún lugar. Te vas a quedar conmigo. —Pero ¿y si llaman a la policía? —Me vuelvo hacia la ventana, sin querer ver la expresión del rostro de Kyler en este momento. Si no creía que era un monstruo antes, es probable que lo haga ahora—. ¿Qué pasa si dicen que estoy fuera de control? —Lo dudo mucho. —Parece bastante segura—. Lynn es pura apariencias. Esa es probablemente parte de la razón por la que te recibió como su propia hija para encubrir el asunto de tu padre. Voy a llamar a tu papá y a asegurarme que su estúpido trasero no la deje. —¿Qué debo hacer hasta entonces? —pregunto, secándome los ojos con la manga de mi chaqueta. —¿Dónde estás? —Uh… —Echo un vistazo en dirección de Kyler. Está jugando con el equipo de música, pretendiendo ser ajeno a esta loca conversación pasando a su lado—. Eh, en realidad estoy con Kyler en este momento. Kyler Meyers. Horneaste galletas para él una vez. —Oh, ese chico del que has estado siempre enamorada —dice demasiado alto. Mi mirada revolotea hacia Kyler otra vez, preguntándome si escuchó lo que acaba de decir. Sus manos están en el volante, su concentración en el camino, pero juro que las comisuras de sus labios se contraen. —No... Quiero decir, sí, es él. Pero no estoy... —Me muerdo la lengua para evitar decir algo embarazoso. Cualquier otra cosa, de todos modos.


—Está bien, te dejaré fuera del gancho. Pero cuando llegue a casa, quiero detalles —se burla—. ¿Puede llevarte a mi casa? —Ya estamos dirigiéndonos allí —digo, descansando la cabeza contra la ventana. —Bien. Hay una llave de repuesto debajo de la alfombra de bienvenida. Indigo estará allí alrededor de las diez, pero envíale un texto para decirle que estarás ahí para que se vaya directamente a casa. —¿Qué pasa con Lynn y mi padre? —pregunto—. ¿Qué pasa si se aparecen allí? —Deja que me ocupe de ellos. —La forma en que lo dice me hace temblar. Amo a mi abuela Stephy a muerte, pero me da lástima la persona que sea enemiga de ella. Hubo una vez que entró en una discusión con uno de sus vecinos sobre la altura de los arbustos de su patio. Él siguió amenazándola con llamar a la policía, diciendo que eran horribles y que tenían que ser lo suficientemente cortos para estar fuera de la vista.

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Cuando por fin presentó una denuncia oficial, ella cortó sus arbustos y, después en medio de la noche, se coló en su patio y aplastó todas las preciadas rosas del individuo. El tipo estaba obsesionado con sus rosas, hasta el punto en que pasaba todo el fin de semana cuidándolas. Después que las destruyó, apiló sus dos arbustos y las rosas en un barril, los puso en el centro de su patio y los encendió en llamas. Él salió corriendo de su casa, volviéndose loco y toda lo que mi abuela dijo fue: —Ahí tienes. Ahora ambos de nuestros problemas se resolvieron. Tú no tendrás que mirar mis arbustos y yo no tendré que presenciar cuando acaricies tus rosales. El hombre se quedó lívido y llamó a la policía. La policía atendió, pero creo que pensaron que era divertido porque siguieron haciendo bromas sobre los fetiches de rosas y los arbustos mientras tomaban notas. —Aun así me vas a llamar después que hables con ellos, ¿verdad? —le pregunto. —Por supuesto —me promete—. Dame unos cuantos minutos y te llamaré de vuelta. Después de decir adiós, cuelgo y guardo mi teléfono. Entonces me quedo callada, sin saber qué decirle a Kyler. Sólo quiero seguir así durante el resto del camino para evitar decirle algo, pero Kyler decide romper el silencio. —Siempre supe que Lynn era una perra contigo, pero no sabía que era tan mala. —Aprieta su agarre en el volante mientras me echa un vistazo—. Isa, siento tanto que tuvieras que pasar por todo eso. Me encojo de hombros, actuando toda indiferente, a pesar que en el interior soy un manojo de monos hinchables.


—No es tu culpa. —Lo sé, pero… —Ensordecedoras bocanadas de aire salen de sus labios—. Acerca de lo que Hannah dijo antes, quiero ser sincero contigo, ¿de acuerdo? Vaya. Entonces iremos allí. Ahora de todos los momentos. —Sólo quiero que sepas que nunca te llamé perdedora. —Hace una pausa y comienzo a darle las gracias, pero luego añade—: Pero… El vergonzoso pero, la palabra que la gente utiliza antes de decir algo que tal vez no quiera oír. —En realidad nunca traté de impedírselo a la gente cuando decían cosas sobre ti. —Su voz es suave, transmitiendo vergüenza. No estoy segura de qué decir. Parte de mi enamoramiento por Kyler venía del hecho que pensaba que me defendía, como cuando Hannah se estaba burlando de mí y él intervino. O cuando sus amigas me arrinconaron en la escuela, y las alejó diciéndoles que llegarían tarde a la práctica. En secreto, siempre lo imaginé como ese caballero de brillante armadura que obligaba a todos a evitar que se burlaran de mí, incluso cuando no estaba cerca para oírlo.

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—Isa. —Su cauteloso tono me pone aprensiva—. Hice algunas cosas en mi pasado de las que no estoy orgulloso, pero quiero que sepas que ya no soy así. ¿Desde cuándo? ¿Desde que volví de Europa con mi cambio de imagen? ¿Desde que soy, como Indigo dijo “súper atractiva”? Quiero preguntarle, pero temo tener que verlo retorcerse en el asiento y luchar por una respuesta. Que su reacción aplaste los pasados cinco años que pasé soñando con estar con él algún día. Fueron esos sueños, fantasear con otra vida, lo que me ayudó a atravesar algunos de los más duros días de secundaria. Siempre me convencí que un día cambiaría, y todo el mundo lo vería, Kyler lo vería y mi vida mejoraría. Pero ahora estoy sentada aquí con él, completamente cambiada, aunque mi vida se está derrumbando. —A veces solía verte cuando estabas en tu balcón, dibujando —confiesa—. Siempre te veías tan concentrada. Envidiaba la forma en que podías desconectarte de todo. Siempre tenía un momento difícil no dando una mierda por lo que la gente estaba haciendo, pensando, diciendo. —No siempre estaba concentrada en mi dibujo —admito. En el interior, sin embargo, estoy como santos cupidos y corazones de chocolate, ¿Kyler solía verme como yo lo veía?—. A veces, sólo fingía cuando... cuando estaba preocupada que me pudieras ver. Una sonrisa estalla en su rostro. —Así que, ¿también me veías? Pongo los ojos en blanco. —Sabes que sí.


—No, no lo hacía —intenta mentir. Pero cuando lo miro de forma escéptica, se rinde—. Bueno. Bueno. Lo sabía, pero me gusta saber que lo hacías. Me hacía sentir... —duda—. Especial, supongo. Una risa estalla en mis labios, y pongo mi mano en mi boca. —Lo siento mucho. No me quise reír. Acabas de decir especial y sonó tan... —¿Tan qué? —presiona. Cuando niego, se acerca y me hace cosquillas en la pierna—. Vamos. No te puedes reír de un tipo así y no explicarle por qué. Hago uno de mis infames ronquidos de cerdo. —¡Kyler, para! —Lloro de risa. —No hasta que me digas por qué te reíste. —Sus dedos pasan ligeramente por mi pierna hasta que finalmente levanto mis manos en el aire, rindiéndome. —Bien. Me reí porque sonó como una línea de una película romántica y cursi. —Seco las lágrimas de mis ojos. —Un poco, ¿no? —Sonríe—. Eres muy linda cuando ríes muy fuete, especialmente con lo del resoplido de cerdo. Eso fue súper atractivo. Golpeo juguetonamente su brazo.

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—Lo que sea. Me encanta mi resoplido de cerdo. —A mí también —dice, sonando genuino—. Es tan real. Muchas de las chicas hacen toda esa falsa risa aguda. Sé de qué clase de risa habla porque Hannah la hace todo el tiempo. Una mirada intensa cruza su rostro. No tengo idea de lo que está a punto de decir, pero contengo la respiración, esperando. Sin embargo, antes que tenga la oportunidad de decir algo, mi teléfono suena y arruina el momento. —Es mi abuela —digo y entonces respondo. —Está bien, lo tengo todo cubierto —dice apresuradamente—. Por ahora, te quedarás conmigo. —¿Por ahora? —pregunto, entrando en pánico—. ¿Eso significa que con el tiempo voy a tener que volver? —No, eso quiere decir que, por ahora, tu padre accedió a que te quedes conmigo hasta que las cosas se enfríen —explica—. Sin embargo voy a tener que pelear contra él, una vez que involucre a Lynn. Ya puedo decir eso. Pero voy a pelear. No voy a dejar que vuelvas a esa casa. Sin embargo necesito que hagas algo por mí. Necesito que tengas tu mejor comportamiento. La última cosa que necesitamos ahora es darles algo que puedan utilizar contra nosotras. Estoy preocupada por lo que esto le haga a su estado de salud. —¿Estás segura que quieres hacer esto? No quiero que te estreses ni nada.


—¿Estresarme? Será un alivio saber que estás lejos de toda esa mierda — responde de manera casual—. He pasado tantas noches preocupándome de si estás bien. —¿Qué pasa si llaman a la policía y me reportan como fugitiva o algo así? — pregunto—. No quiero meterte en problemas. —No van a llamar a la policía —insiste—. Puede que te hayan amenazado con eso, pero tengo la sensación que si lo hacen, terminarán en más problemas que tú. Un peso se quita de mis hombros, pero tengo que preguntar... —¿Por qué se meterían en problemas? —Hay un montón de razones, cariño. Porque los reportaría como padres abusivos, negligentes. Y me dijiste que ella te lastimó, ¿verdad? —No es tan malo —digo en voz baja, envolviendo mis dedos alrededor de mi muñeca. —No me importa si es malo. No tiene derecho a hacerte eso —dice—. Además, hay toda esa cosa con la compañía de tu padre. ¿Eh?

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—¿De qué estás hablando? ¿Qué está pasando con la empresa de mi papá? —Nada por lo que debas preocuparte —responde a toda prisa—. Mira, tengo que irme. Me estoy preparando para pasar por seguridad. Debería estar en casa a las once más o menos y entonces hablaremos más. Y no quiero que te sientes y te estreses sobre nada. Sal y haz algo. Tal vez podrías pedirle a ese chico Kyler que te lleve a ver una película o algo así. Apuesto a que sería una buena distracción. Resisto la tentación de cubrir el teléfono. Probablemente Kyler ya lo oyó de todos modos. Después que cuelgo, Kyler confirma mis sospechas que oyó por casualidad cada embarazosa palabra que dijo mi abuela Stephy cuando se vuelve hacia mí y dice: —Quiere que te lleve a ver una película, ¿eh? Siento mis mejillas calientes. —No tienes que hacerlo. Simplemente no quiere que me siente en la casa sola. Sin embargo voy a estar bien. A veces creo que todavía piensa en mí como una niña que necesita ser vigilada veinticuatro siete. —Estoy seguro que sólo está preocupada por ti. —Aprieta el freno, deteniéndose en un semáforo en rojo—. No la culpo. Tiene que ser duro, tratar con padres así. —Lo es, pero estoy acostumbrada. —Me encojo de hombros, como diciendo “qué le vamos a hacer la vida es la vida, hombre”.


Él considera algo mientras me estudia. Mantiene su mirada en mí hasta que la luz cambia a verde, y luego enciende su intermitente y se desvía a la izquierda, rompiendo unas cinco leyes de tránsito. —No voy a dejar que te sientes sola todo el día. —Conduce por un camino que lleva hacia el centro de Sunnyvale—. Voy a mantenerte distraída hasta que tu abuela llegue a casa. Echo un vistazo al reloj en el tablero. —Pero eso no será sino hasta dentro de unas ocho horas. Arquea una ceja. —¿No crees que pueda distraerte durante ocho horas? Mantengo mi boca cerrada, negándome a decir lo que pasa por mi cabeza: Tal vez si te quitaras la camisa. En lugar de ello, digo, y podría añadir, con calma impresionante: —¿Qué vamos a hacer? Sus ojos brillan con malicia. —Tengo una idea.

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—Está bien. —Estoy un poco nerviosa, pero la curiosidad saca lo mejor de mí—. ¿Cuál es tu idea? Detiene el auto en frente del parque, justo al lado de la cancha, luego apaga el motor. —Tiros libres. —Eso suena divertido. —Me desabrocho mi cinturón de seguridad—. Pero no estoy segura que incluso puedas hacer que un juego de tiros libres dure ocho horas. —Oh, eso es sólo el comienzo de la distracción. —Sonríe maliciosamente—. Voy a hacer un pequeño de juego con él. Le sonrío. —Uh, te das cuenta que los tiros libres son un juego, ¿cierto? Me contrarresta con una mirada sucia. —Eso no es lo que quise decir. No puedo evitar reír. —Entonces ¿qué quisiste decir? Quita las llaves del encendido. —Por cada juego que gane, tendré la oportunidad de escoger algo loco que los dos tendremos que hacer. Y por cada partida que ganes, escogerás algo. —Te das cuenta que soy muy buena con los tiros libres, ¿verdad? Y que he pateado tu trasero antes.


—He mejorado un poco desde los doce años. —Alcanza la manija de la puerta, mostrándome una sonrisa arrogante—. Pero si tienes demasiado miedo que patee tu trasero podemos hacer otra cosa. Quiero abrazarlo en este momento porque estoy sonriendo y casi no pienso en Lynn, ni en mi padre, y lo terrible que será si terminan enviándome a Montana. —Jugaré, amigo. —Paso mis dedos por mi cabello mientras veo mi reflejo en el espejo. Uf. No he tenido la oportunidad de asearme ya que todo el asunto colapsó ayer. Entre el delineador de ojos untado y la máscara hasta la nariz, parece que estoy tratando de volverme gótica—. Sólo un segundo. Saco mi cepillo del bolso y junto mi cabello en una cola de caballo, mientras se baja del auto y agarra una pelota de baloncesto de la cajuela. Uso una de mis camisas para limpiarme el maquillaje de mi rostro. Considero volver a aplicármelo, pero no quiero hacer que Kyler me espere. Ha pasado un tiempo desde que fui tan natural y lo admito, me siento un poco cohibida. Aun así, tengo mi cabeza en alto mientras salgo del auto y camino hacia las tribunas con Kyler. No voy a sentirme mal por ser yo y verme como yo. Ya he pasado demasiados días sintiéndome así. A medida que nos acercamos al borde de la hierba, Kyler se acerca a centímetros de mí.

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—Tienes las pecas más lindas. —Pasa los dedos por mi mejilla—. Siempre he pensado eso. Tengo que recordarme respirar. La forma en que me toca, tan íntimamente, no estoy segura de cómo reaccionar. Es extraño que la cosa que piensa que es linda de mí, sea la cosa que he estado cubriendo con maquillaje. No estoy segura de qué hacer con lo que está pasando entre nosotros, pero definitivamente sonrío. La sonrisa se desvanece, sin embargo, cuando noto un auto azul oscuro con vidrios polarizados conduciendo cerca del parque a un ritmo muy lento. Al principio no le presto demasiada atención, pero al darle la vuelta al parque por tercera vez, casi deteniéndose al lado de las tribunas, el malestar se remueve. ¿Y si es alguien buscándome? ¿Como tal vez mis padres? No es su auto, pero no dudaría que tomaran prestado uno sólo para sorprenderme y atacar. O podría ser un auto de la policía sin marcar. —¿Qué estás mirando? —pregunta Kyler mientras trota a través del parque. —Yo… —Me asomo de nuevo a donde estaba el auto, sólo para descubrir que aceleró en dirección al camino principal—. Había un auto circulando allí, pero supongo que no era nada. Rebota el balón, sus cejas levantándose. —¿Crees que eran tus padres? —No, no lo creo... No era su auto. Y no creo que vinieran aquí por mí. —No me conocen lo suficientemente bien.


Me encojo el malestar lo mejor que puedo, y levanto las manos frente a mí, centrándome en el juego. Sin embargo, algo no acaba por sentirse bien, como la calma antes de una tormenta. Sólo deseo saber qué tipo de tormenta se avecina.

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Capítulo 5 Kai —¿Mil dólares? ¿Mil dólares? —Big Doug repite la misma cosa una y otra vez con una mirada de asombro en el rostro. Finalmente, se sienta en la silla frente a su desordenado escritorio con los ojos muy abiertos, y niega—. Kai, ¿cómo diablos terminaste en este lío? Pensé que estabas siendo más cuidadoso. —Estaba siendo cuidadoso. —Me dejo caer en una silla plegable—. Pero luego le di un aval a Bradon a pesar que tiene historial de mierda. Pensé que era mi amigo, que no se metería conmigo. Big Doug alcanza una bolsa de papas apoyada en uno de sus varios equipos.

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—Amigo, Bradon jode a todas las personas, amigos o no. Bajo la cabeza y la pongo entre las manos. —Me estoy dando cuenta de eso ahora. —Eres demasiado bueno, hombre. —¿Existe tal cosa? —Uh, sí. Intentar ayudar a la gente aunque sepamos que van a meternos en problemas se llama ser demasiado bueno. —Está bien, lo entiendo. Tomé una mala decisión. Dime algo que no sepa. — Levanto la cabeza—. Pero necesito centrarme en solucionar el problema. Lo hecho, hecho está, y ahora tengo que conseguir mil dólares antes que me pateen el trasero. T juega sucio. Probablemente llevará a un montón de amigos. Le importa una mierda si no es una pelea justa. Masca un puñado de papas fritas. —Tengo un par de pequeños trabajos que necesitan hacerse. No te harán ganar mil, pero es un comienzo. Me gustaría tener una mejor solución, pero en este momento, la oferta de Big Doug es lo único que tengo. —Tomaré lo que sea. —Bueno, vamos a empezar. —Hace girar la silla frente a la pantalla del ordenador más grande—. Sin embargo, tengo que preguntarte, ¿por qué no les pides a tus padres el dinero?


—No me lo darían, aunque se los pidiera —murmuro, frotándome los ojos. Esta mierda me está dando dolor de cabeza, pero es moderado en comparación con lo que sucederá si no consigo el dinero. Las teclas hacen clic mientras pasa ligeramente los dedos por ellas. —¿Incluso si les explicas la situación? Quizás les podrías decir la verdad. Es decir, sé que no es lo ideal, pero estoy seguro que en lugar de dejar que te lastimen, te ayudarían. Me niego a sentir la oleada de dolor. —Créeme. A mi padre no le importaría. Probablemente me dirá que me merecía lo que se me viniera. Puedo oírlo ahora. —Tú te metiste en ese lío, por lo tanto sal de él. No es mi problema. Tú no eres mi problema. Y también tiene razón. Todo es mi culpa. Cada elección idiota que he hecho me ha llevado a este momento de mi vida. Me obligo a sacar de mi mente los pensamientos de decepción de mi padre.

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—¿Cuáles son exactamente esos trabajos? —El primero es bastante simple. —Hace clic en el ratón unas cuantas veces, abriendo múltiples programas—. Sólo necesito que entregues algo por mí. —Eso no suena tan mal. —No suena mal, pero esta entrega es jodidamente importante. No puedes estropearla, ¿entiendes, hombre? —dice, y asiento—. Te pagaré cien dólares, e incluye la gasolina. —¿La gasolina? —repito la palabra mientras enciende la impresora—. ¿A qué distancia conduciré? Rueda la silla a la impresora. —A Mapleview. —Pero eso es un viaje de dos horas en cada sentido. —Me paso la mano por la cabeza y me paseo a lo largo de su sótano. Normalmente, me importaría una mierda hacer un viaje de cuatro horas, pero con todo lo que sucede con Isa, quiero estar cerca por si me necesita. No me ha llamado todavía, y me prometió que llamaría después que terminara de hablar con su padre. —Si es demasiado, puedo decirle a alguien más que lo haga. Su tono implica que debería mantener la boca cerrada y agradecer que me esté haciendo un favor. —No, está bien. Sólo tenía que hacer algo, pero puede esperar, supongo. — Saco mi teléfono del bolsillo trasero y compruebo mis mensajes.


Nada. Decido enviarle un mensaje para ver si está bien. Yo: Hola, sólo quería asegurarme que todo estuviera bien. Nunca me llamaste, pero tal vez todavía estés hablando con tu padre. De hecho, estaré fuera de la ciudad por el día, pero volveré más tarde hoy. Isa: ¡Oh, Dios mío! ¡Se me olvidó llamarte! ¡Toda la mierda golpeó el ventilador cuando fui a casa y se me olvidó por completo! Estoy bien. Ni siquiera estoy en la casa en este momento. Salí corriendo cuando Lynn amenazó con mandarme a un reformatorio en Montana. De hecho, me voy a quedar con la abuela Stephy por un poco hasta que podamos averiguar qué hacer, pero me prometió que no iba a dejar que me enviaran lejos. La ira hierve a fuego lento. Maldita sea. Sus padres son tan imbéciles. Yo: ¿¿¿¿Qué diablos??? ¿Están tratando de enviarte a Montana? ¿Qué diablos está mal con ellos?

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Isa: Bueno, Lynn dijo que era debido a mi problema de violencia porque aparentemente empujarla una vez significa que tengo un problema de violencia. Pero, honestamente, tengo la sensación que ha estado planeando esto durante un tiempo. Tenía todos esos papeles impresos y todo listo para que me fuera mañana por la mañana. Yo: Dios, no me gusta esa mujer... ¿Qué dijo tu padre? Isa: Lo habitual. Que estaba de acuerdo con Lynn. No me sorprende. Siempre está de acuerdo con Lynn cuando se trata de mí. Supongo que es porque se siente culpable que sea el producto de un romance que tuvo. Yo: No me importa si se siente culpable o no. Es tu padre y tiene que actuar como tal. Isa: Me gustaría que lo hiciera, pero sinceramente no creo que alguna vez lo haga. Estoy empezando a hacer la paz con eso. Tengo suerte de tener a mi abuela Stephy. Es prácticamente como una mamá y un papá para mí. No sé lo que haría sin ella. E Indigo también. Yo: Sabes que estoy aquí para ti si necesitas algo. Isa: Lo sé. De verdad has sido impresionante últimamente, Kai. Lo aprecio. Realmente lo hago.

para

Quiero estar ahí para ella hoy. Después de lo sucedido con sus padres, apuesto a que necesita a alguien con quien hablar. Yo: ¿Estás con tu abuela ahora? Isa: No. Ella en realidad está fuera de la ciudad, pero volará de regreso esta noche. No hay manera que esté sola en este momento.


Yo: ¿Quieres venir a un viaje a Mapleview? Podría necesitar un copiloto. Le toma un minuto responder y sé en el momento en que el mensaje zumba, que no me va a gustar su respuesta. Isa: Estoy con Kyler en este momento. Se supone que debemos pasar el rato hasta que mi abuela llegue a casa. ¿Por qué irás a Mapleview? Si necesitas que vaya contigo, estoy totalmente dentro, sobre todo si quieres hablar de lo que está pasando contigo y ese tipo T. Abro y cierro los dedos. ¿Está con Kyler? ¿Qué demonios? ¿Sólo esperó en la casa para saltar cuando Isa necesitaba rescate y luego limpió todos sus pendientes? Sé que tenía planes más tarde después de llevar a Isa a desayunar. Lo oí hablar con sus amigos por teléfono después que Isa dejó nuestra casa, diciendo algo sobre necesitar tener algunas horas de práctica. Yo: No. Está bien. Creo que voy a pedirle a Big Doug que conduzca conmigo.

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Es una completa mentira. Sí, me duele como una perra pensar en ella y Kyler por ahí, haciendo Dios sabe qué, pero no quiero que venga conmigo sólo porque siente lástima por mí. He tenido demasiadas chicas que se sentían mal por salir conmigo y usarme para llegar a Kyler. Isa: Está bien... Si cambias de opinión, avísame. Creo que definitivamente deberíamos hablar de lo que está pasando contigo. ¿Podemos salir mañana? Yo: Sí. Tal vez. Te enviaré un texto más adelante y te lo diré. Lo dejo así y guardo el teléfono, tratando de no pensar en lo que ella y Kyler podrían estar haciendo. Pero no puedo pensar en otra cosa. Joder, tengo una imaginación demasiado vívida. En serio. Juro que mi mente está tratando de torturarme hasta la muerte con imágenes de Isa y Kyler y lo que podrían estar haciendo. —Entonces, ¿quién es ella? —pregunta Big Doug en medio de mis pensamientos. —¿Eh? —Tomo un sobre manila que está sosteniendo frente mí. —La chica que te tiene tan esforzado —dice, girando la silla—. Parece que estás a punto de perder tu mierda. —No, no lo creo. —Pone un sello en la parte superior de la envoltura en letras rojas brillantes de NO SE ABRA junto con una pegatina de cara sonriente—. ¿Qué pasa contigo y estas etiquetas? Se las pones a todo. —Son mi marca —responde con sencillez—. Dice dónde estoy y que el trabajo es mío. No quiero que otras personas tomen el crédito por mi mierda. Agito el sobre, notando que se siente muy ligero.


—¿Qué hay en esto? —No te preocupes por eso —me responde, y continúa con su interrogatorio—. ¿Es la chica de la fiesta? ¿De la que necesitabas información sobre su madre? — Asiento de mala gana—. ¿Cómo tomó las noticias sobre su madre? Me meto el sobre debajo del brazo. —No se lo he dicho. Parpadea en estado de sorpresa. —¿Por qué diablos no? —Estaba pensando hacerlo, pero sucedió algo de mierda con su familia... Estoy preocupado que no pueda manejar la situación en este momento. —No importa lo que pienses. Merece saberlo y cuanto más tiempo pase así, más molesta se pondrá cuando se lo digas. —Lo sé. —Hago crujir los nudillos mientras sus palabras se hunden. Tiene razón. Incluso si Isa está pasando por un montón de drama familiar en este momento, tengo que decírselo tan pronto como pueda—. Amigo, estás empezando a sonar como el doctor Phil.

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Big Doug mete los brazos detrás de su cabeza. —Veo ese programa todo el tiempo. Le doy una verdadera mirada. —¿Hablas en serio? —¿Qué? No tengo nada mejor que hacer entre los trabajos. Además, he aprendido mucho de él, como cuándo decirle a una chica con la que estás obsesionado que sabes algo sobre su familia. Algo, debo añadir, en lo que me pediste ayuda. —Muy bien. Lo entiendo. Se lo diré. Sólo deja de jugar al psicólogo 101 y abandona. Levanta un dedo. —Una cosa más. —Abre el cajón de un archivador, recoge una carpeta con la pegatina de la cara sonriente y me la entrega—. Me sentí mal por ser el portador de tan jodidas noticias, por lo que decidí hacer más investigación de esta bella mujer y descubrí más sobre su caso. —¿Qué descubriste? —Considerando que Big Doug rara vez le hace favores a la gente, me sorprende que lo hiciera. —Algunas cosas bastante interesantes. En realidad estoy un poco sorprendido que la mujer fuera encontrada culpable. Por otra parte, algunas de las cosas que conseguí no se utilizaron en su caso, y no son accesibles al público. Ella presentó una apelación un par de veces, y creo que la más reciente fue aprobada, pero podría tomar un tiempo para que algo suceda. Todavía estoy buscando un par de cosas


más, pero pensé que te podría dar esto por ahora. Podría darle a Isa un poco de tranquilidad hasta que pueda encontrar más información. —Espera. ¿Te introdujiste en los registros de casos o algo? —Me asomo a la carpeta y veo la página superior. Antes que pueda llegar demasiado lejos, pone su mano en la parte superior de la carpeta, cerrándola. —Puedes mirar esto más adelante. Ahora, trabajaremos. Luego salta a darme una lista de instrucciones para la entrega del paquete. Después de escuchar la lista, me doy cuenta que es un trabajo más grande de lo que originalmente pensaba. Me siento más confuso con qué diablos habrá en el sobre. 1. En ningún caso mires el sobre. 2. Antes de estacionarte en el lugar, le darás tres vueltas a la manzana. 3. Si miras a cualquier persona que se vea un poco sospechosa, debes irte sin dejar el sobre.

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4. Mantén la puerta del auto cerrada en todo momento. Aun cuando el tipo venga a recoger el sobre, lo único que tienes que hacer es bajar la ventana y deslizarlo. 5. El tipo que lo recogerá estará vestido con sudadera y jeans. 6. Al segundo en que entregues el sobre dejarás Mapleview. Pero no conducirás directamente a casa. Harás un cruce por carreteras secundarias durante una hora antes de entrar en la carretera. 7. No puedes llevar tu teléfono contigo. —¡¿Qué?! —digo después que recita la número siete—. ¿Por qué diablos no? —Para fines de seguimiento. —Mueve la mano—. Dámelo, hombre. Saco el teléfono de mi bolsillo trasero, pero no se lo entrego. —Sólo un segundo. Me apresuro a escribirle un rápido texto a Isa, ya es hora que se lo diga. Yo: Sí, definitivamente nos veremos mañana. Avísame a qué hora te recojo. Antes de recibir una respuesta, Big Doug arrebata el teléfono de mi mano. —Amigo, dame eso. Me quejo, estirándome para tomarlo de nuevo. Él hace girar la silla, metiendo mi teléfono en un cajón del escritorio que luego cierra. —Te lo daré de nuevo cuando el trabajo esté hecho. Y los cien dólares. Cuando escucho mi teléfono vibrar dentro del cajón, rechino los dientes. —Sólo déjame ver eso.


Niega. —Tienes el sobre. Estás oficialmente dentro. —Considero decirle que se vaya a la mierda, pero no lo hago debido a que me está haciendo un gran favor—. Nos vemos en cinco horas. Inicia un temporizador en un ordenador. Con un suspiro, me dirijo hacia la puerta con un sentimiento de inquietud acerca de lo que estoy a punto de hacer. Sí, hice algunas cosas oscuras el año pasado. He entrado en autos, me he ido de fiesta, he hecho algunas cosas ilegales como ayudarlo a introducirse en los sistemas de seguridad, comprado yerba a T y trabajar para él un par de veces. Pero el asunto de las drogas fue un poco demasiado intenso para mí. Estaba nervioso y con pánico haciendo las entregas, y me iba de forma rápida tanto al comprar como al vender. Cuando Bradon me localizó en una fiesta, habían pasado meses desde que había visto a T. —Necesito un favor —dijo, mirando nerviosamente a su alrededor a la gente bebiendo y fumando. Estaba tan nervioso que me pregunté si estaría en algo. Al principio, sólo negué. Un favor para Bradon por lo general significaba problemas.

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Pero entonces rogó y suplicó. —Por favor, Kai. Mi familia está en algunos serios problemas financieros, y necesito el dinero, mucho o vamos a perder todo. —Se veía molesto, y empecé a sentir pena por él. —¿Qué necesitas? —pregunté. —Que le des fe a T de mí —dijo rápidamente—. Sólo dile que puede confiar en mí. —¿Puede hacerlo? —le pregunto porque Bradon nunca fue un tipo de confianza. Ya sea que les robara a las personas o mintiera al respecto. —No lo arruinaré —prometió—. Sólo tengo que hacer un par de trabajos para él, así podré ganar algo de dinero rápido. Pero necesita a alguien que conozca, como tú, para responder por mí. Cada uno de mis instintos me gritó que no lo hiciera, que Bradon acabaría arruinándome, pero entonces me dio todo este discurso sobre su familia que estaba perdiendo la casa y el auto, y cedí como todo un ingenuo. Al final, Bradon terminó vendiendo drogas para T y nunca le dio el dinero. En un primer momento, no me puse demasiado molesto, porque pensé que tal vez era un movimiento de pánico para rescatar a su familia de sus problemas financieros. Pero hace un par de días descubrí que todo era mentira. Bradon se estaba metiendo algunas drogas muy serias y necesitaba dinero rápido para alimentar su adicción. Por lo que entiendo, sus padres intervinieron ayer y se lo llevaron a rehabilitación. Me siento como un idiota por creer su triste historia y no ver el problema de drogas que tenía en las manos. Pero no hay nada


que pueda hacer al respecto ahora. T me advirtió que si Bradon le hacía alguna jugarreta, su deuda caería sobre mí. Sólo espero que lo que estoy a punto de hacer no vaya a terminar por meterme en más problemas.

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Capítulo 6 Isabella Dribleo el balón contra el concreto mientras calculo dónde hacer mi siguiente tiro. Hasta el momento, Kyler y yo estamos empatados en los encestes. Ha tomado más de una hora simplemente llegar a ese punto porque ambos somos muy buenos en el juego y rara vez fallamos una canasta. Es divertido pasar tiempo con él. Lo que es realmente interesante es que no ha sacado al tema a mi mamá y papá. Aunque sé que con el tiempo tendré que hablar sobre ello, es bueno tomarse un descanso del caos emocional. —Deja de prolongar perder —se burla Kyler mientras me observa caminar a lo largo de la cancha.

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Me detengo cerca de la mitad de la cancha y le sonrío con dulzura. —Quieres decir, ¿que tú pierdas? Se ríe, sacando su teléfono de su bolsillo. —En tus sueños. Y cuando gane, me deberás —dice, leyendo un texto. —No vas a ganar. ¿Y quieres saber por qué? —Levanto mis brazos con el balón en mis manos. Se inclina contra el poste del aro, cruzando sus brazos, diversión bailando en sus ojos. —¿Porque eres muy impresionante? —Sí. —Sonriendo, hago el tiro. Por mi visión periférica, juro ver un flash, como una cámara y me pregunto si podría ser Kyler, pero cuando lo miro de nuevo, no veo su teléfono en su mano. Y, ¿por qué me tomaría una foto? Empujando la extraña paranoia a un lado, veo el balón elevarse a través del aire, pasando a través de la canasta, y empiezo una danza torpe, lanzando mis manos en el aire y golpeando mis pies. Kyler ríe mientras persigue el balón. —Linda danza de victoria, pero para tu información, no has ganado todavía. — Con eso, camina hasta dónde estoy parada y fácilmente hace la canasta. Dejo de bailar, tomo el balón en mis manos, y retrocedo más lejos para tirar. Pero lo hago demasiado fuerte y termino fallando. Ahora Kyler es quien baila, como si ya hubiera ganado.


No puedo evitar reírme con sus tontos movimientos de baile. —Todavía no has ganado. —Tengo esto en la bolsa ahora. —Parece bastante seguro mientras camina detrás de mí y presiona su sólido pecho contra mi espalda. Mi respiración se queda atrapada en mi garganta mientras mi corazón está cerca de explotar fuera de mi pecho. Mi cuerpo se sacude con la sensación y rápidamente doy un paso adelante antes que se dé cuenta. Pero sus dedos me agarran de mi brazo y me arrastran hacia atrás contra él. —No. Necesitas quedarte así para éste. —Deja ir mi brazo y apoya sus codos sobre mi hombro. Después tira la canasta, me giro y pongo mis manos en mis caderas, dándole la mirada de la muerte. —No es justo. —¿Por qué no es justo? —pregunta inocentemente.

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—Uh, hola, porque eres como quince centímetros más alto que yo. —Por supuesto, no soy baja ni nada, pero Kyler es alto. Para ser capaz de incluso poner mis codos sobre sus hombros, tendría que conseguir un taburete. —Te diré lo que haremos —Está disfrutando totalmente de esto—. Lo haré más fácil para ti. Sólo haz el tiro desde aquí. Como el infierno que tomaré el camino más fácil. Cuadro los hombros. —De ninguna manera. Voy a ganar esto justamente. —Salto a su alrededor. Luego, con un salto, me apuro y descanso mis codos sobre sus hombros por una fracción de segundo, lanzando rápidamente el balón. Se arquea a través del aire, y al principio creo que lo lograré, pero en el último segundo, se curva a la izquierda, golpea el borde y cae al suelo—. Madre de todos los zombis. Kyler se gira con una expresión de ja-ja-acabo-de-darte-una-patada-en-eltrasero. —Deberías haber tomado el tiro fácil. —De ninguna manera. —Hago una mueca, parte en broma, pero parte no, porque, hombre, ¡odio perder!—. No se habría sentido como una victoria real. —Pero ahora gano. —Su sonrisa es tan brillante como una bola de discoteca. Quiero estar de mal humor y ser una mala perdedora, pero luce demasiado adorable parado ahí sin camisa, con su cabello en un desastre alborotado y su piel ligeramente húmeda con sudor. —Bien. ¿Qué locura haremos? —Aw, no hagas puchero. —Me empuja ligeramente con su codo—. Prometo que escogeré algo divertido.


Frunzo el ceño por dos punto cinco segundos más, antes que gane la sonrisa. —Bien. ¿Qué haremos? —Reboto sobre los dedos de mis pies, llena de expectación. Se ríe, sus ojos arrugándose en las esquinas. —Creo que podrías ser lo más rápido que he visto a alguien alguna vez superar haber perdido. Froto la ligera capa de sudor de mi línea del cabello con el dorso de mi mano. —¿Qué puedo decir? Estoy llena de sorpresas. —Junto mis manos—. Ahora, por favor, muy por favor, dime lo que haremos. Niega, levantando el balón. —De ninguna manera. No será una sorpresa si te lo digo. Lo sigo mientras comienza a ir por el pasto hacia el auto. —Oh, vamos. —Agarro su brazo—. Nunca acordamos que tenía que ser una sorpresa, sólo que el ganador tenía que escoger algo loco que ambos tendríamos que hacer. Saca sus llaves del auto de su bolsillo.

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—Sí, pero creo que es más divertido de esta manera. Saco mi labio inferior. —¿Quién dice? —Yo lo digo. —Su mirada cae brevemente hacia mis dedos en su brazo. Todas mis inseguridades me abruman y me aparto de él, mis mejillas calentándose. Un latido o dos y el silencio hace que mis mejillas se calienten aún más por la vergüenza. Tratando de relajarme, me concentro en todo lo demás, excepto en Kyler mirándome: las hojas esparcidas por la hierba seca, un claxon sonando en la distancia, los columpios del campo de juego chirriando contra el viento, el árbol en que Kai y yo solíamos escondernos cuando éramos más jóvenes y hace sólo un par de días durante el almuerzo cuando casi nos besamos, y un chico de veintitantos años, con cabello marrón oscuro, apoyándose contra un árbol, mirándonos como un acosador. ¿Qué demonios? ¿Tal vez fue quien me tomó una foto cuando hice el tiro? Pero, ¿por qué? Eso no tiene ningún sentido. Deja de preocuparte tanto, Isa. Nadie quiere una foto de ti. Cuando el tipo me nota observándolo, se agita con timidez antes de correr hacia el estacionamiento y atravesar la calle, desapareciendo en un vecindario cercano. No estoy segura de qué hacer o si debería hacer algo. Sólo cálmate, amiga. En serio ves demasiadas películas de terror.


—Creo que eres adorable. —Kyler mete un mechón de mi cabello detrás de mi oreja, atrayendo mi atención de vuelta hacia él—. Te alteras demasiado por las cosas más simples. Es un buen descanso de a lo que estoy acostumbrado. —Sabes que es la segunda vez que has mencionado que soy un buen descanso de a lo que estás acostumbrado. —Me estremezco ante lo entrecortado de mi voz. —Lo sé. —Su voz es suave y sus ojos están en los míos cuando su lengua se desliza de su boca y moja sus labios. Luego su mirada cae hacia mi boca. Vaya, vaya, vaya en mis sueños más salvajes, ¿va a besarme? Es el primer pensamiento que pasa por mi mente, pero luego es seguido por vacilación. ¿Es así como realmente quiero que me bese? ¿El día en que mis padres amenazaron con enviarme a un reformatorio? ¿Eso haría que el recuerdo estuviera contaminado? Hago el pensamiento a un lado, sin embargo, mi estómago hace una voltereta. No, quiero este beso. ¿A quién le importa si esta mañana fue horrible? Puedo borrar lo horrible y reemplazarlo con fuegos artificiales. Fuegos artificiales, en todas partes. Apenas respiro, mientras espero que me bese, mi corazón moviéndose como un colibrí, agitándose a un millón de kilómetros por minuto.

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Pero de repente vacila, pasando sus dedos por su cabello mientras mira fijamente hacia la calle. —Isa, quiero lograr conocerte más. En el pasado, nunca me he tomado el tiempo para llegar a conocer a las chicas con las que he salido. Pero quiero que las cosas sean diferentes contigo. Quiero aprovechar mi tiempo y disfrutar de cada momento. Un par de cosas cruzan mi mente en el momento: 1) ¿Se refiere a conocerme como una amiga? 2) Obviamente está trabajando en reinventarse a sí mismo, pero ¿por qué? ¿De dónde vino el repentino cambio? Porque generalmente hay una razón detrás de alguien queriendo cambiar, como yo, como Kai, a pesar que todavía no tengo idea de por qué pasó de ser el chico popular, de muy buen gusto, al chico malo en el transcurso de una noche. Quiero preguntarle a Kyler si algo está pasando con él, pero me acobardo. —Está bien. Me mira de nuevo, sonriendo mientras enlaza sus dedos con los míos y me jala hacia el auto. Siento la más mínima emoción por su toque, pero una gota de decepción al mismo tiempo. No sé por qué. ¿Son sólo las persistentes sensaciones del casi beso? ¿O algo más? —¿Lista para la actividad loca número uno? —pregunta, apretando mi mano. Asiento, sacando mis pensamientos de mis preocupaciones. No, no se supone que me preocupe por cosas hoy, ya sea que se trate de mis padres, mi mamá, o lo que está pasando con Kyler. Hoy se supone que se trate de ser distraída de la locura


en mi vida, y maldita sea si voy a entrar en modo preocuparse-por-un-chico. Quiero concéntrame en lo que sea que Kyler tenga reservado para mí y nada más.

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Capítulo 7 Isabella —Uh… —No estoy segura de qué decir a la escena frente a mí. Kyler dijo que era una sorpresa, y aunque no estaba segura de qué esperar, no esperaba esto. —Prometo que será divertido. —Se acerca a la consola, quita la cola de caballo de mi hombro, y masajea suavemente mi hombro—. Y es una excelente distracción. Mis músculos se tensan con su toque, sobre todo porque no estoy acostumbrada a estar tan afectada. Pero él no parece darse cuenta, sus dedos amasan con delicadeza mis músculos.

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Me concentro en el campo de fútbol en el que estacionamos. Un grupo de chicos está en el campo lanzando y atrapando el balón, y un grupo de chicas mayor que yo por un año o dos, están mirando desde las bancas. A un par de chicas las he visto en las fiestas de Hannah en nuestra casa, y la mayoría de los chicos son amigos de Kyler de la secundaria. Las náuseas llenan la boca de mi estómago cuando me doy cuenta que algunos se han burlado de mí en un momento u otro. —Ninguna de las chicas está jugando —ofrezco una excusa bastante pobre. Un reto destella en sus ojos. —No creí que fueras el tipo de chica que se preocupa por cosas como esas. —No lo soy. —Es la verdad. Acabo de utilizar que las chicas no juegan como excusa para evitar decirle la verdadera razón por la que no quiero jugar fútbol con un montón de chicos; porque prefiero pasar tiempo encerrada en un calabozo que jugar fútbol con sus amigos que pueden ser unos totales idiotas. Busco en mi cerebro una excusa que suene fiable, pero todo lo que viene a mi mente es: lo siento, no puedo. Soy alérgica al fútbol y a todos los balones en general. Sí, suena muy de fiar, Isa. Me doy una cachetada en la cara. —Mira, sé que dijiste que pensabas que el fútbol era un poco aburrido, pero realmente creo que, si intentas jugar, puede que te guste —dice—. Además, podrías dejar de pensar en otras cosas. Tiene un punto, pero el paintball o los videojuegos podrían hacer eso también, y no tendría que pasar el rato con un grupo de personas que pasaron años intimidándome.


—Nadie te va a decir nada —añade, como si hubiera leído mi mente—. Lo prometo. Le doy una sonrisa falsa, preguntándome si puede decir que es forzada. —Bueno. Sí. Por supuesto. Sólo dame un segundo. Necesito hacer una llamada primero. —¿Quieres que espere? —No. Puede que tome un minuto. Asiente y sale del auto. Una vez que cierra la puerta, marco el número de Indigo. No contesta, así que le envío un texto para que me llame lo antes posible, diciéndole que necesito un paseo. Le doy exactamente un minuto para responder, antes de entrar en pánico y marcar el número de Kai. Sé que dijo que iría a Mapleview, pero espero que al final no haya ido. Sin embargo, nunca me contestó el mensaje, cuando respondí a su mensaje acerca de salir mañana. Le dije que sí y le pregunté dónde quería que nos encontráramos. Tal vez nunca respondió porque no tenía señal. El camino a Mapleview es más o menos una zona muerta. Después de cuatro timbres, su teléfono pasa al correo de voz.

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—Oye, soy yo... Isa… —No estoy segura si debería decirle lo que está pasando—. Mira, estoy en un lío y realmente necesito un paseo. Sé que dijiste que estarías fuera de la ciudad, así que espero que tal vez no te hayas ido todavía... Pero de todos modos, sí, supongo que ya lo hiciste; de lo contrario, es probable que hayas contestado el teléfono. —Cuelgo, negando al disperso mensaje. No salgo del auto de forma inmediata. En su lugar, me siento en el auto y veo a Kyler y sus amigos por la ventana. Sé que estoy siendo una cobarde, pero me siento como un ratón a punto de entrar en la boca de un león. No tengo ni idea de por qué Kyler me traería aquí, cuando sabe cuánto me desprecian sus amigos y los de Hannah. ¿Podría ser ese el punto? Tal vez es una trampa de Hannah, y cuando salga del auto, aparecerá desde debajo de las gradas, y ella y sus Cadetes del Espacio Ra-ra estallarán en un coro de Isabella Smellera. Después que pasan unos minutos, decido que es hora de enfrentarme a lo inevitable. Agarro la manija de la puerta y la abro. Una parte quiere huir en la dirección opuesta y correr por la carretera. Sinceramente, podría hacerlo si Kyler no me viera. Me hace señas con una sonrisa en su rostro y todos sus amigos me miran. Me encojo. Me encojo. Me encojo lo doble. ¿Por qué no pude sólo tomar ese tiro fácil durante los encestes? Cierro la puerta, subo la cremallera de mi chaqueta, y mantengo mi cabeza gacha mientras voy por el campo hacia ellos. Se siente como el primer día de clases después de volver de mi viaje, todo bien, una persona completamente diferente en el exterior. Aun así, difícilmente miré a alguien mientras caminaba, demasiado asustada que aún me vieran como la burra hermana menor de Hannah.


Pero no soy la burra hermana menor de Hannah. En realidad, nunca lo fui. Hannah y Lynn simplemente me hicieron creer eso. Pero si miro el suelo en este momento, entonces lo soy, ¿verdad? Respirando profundo, nivelo mi mirada con Kyler. No estoy segura de lo que les dijo a sus amigos acerca de por qué estoy aquí, pero ninguno parece interesado en mí. Los chicos vuelven a calentar y la mayoría de las chicas regresan a charlar entre sí. Sin embargo, un par de ellos tiene sus miradas en mí, como si estuvieran listos para lanzarse en picada y atacar. —Entonces, cuando dijiste ven a jugar fútbol americano, ¿en realidad significaba que tenía que jugar? —pregunto a Kyler, deteniéndome delante de él. Tamborilea los dedos sobre sus labios. —¿Qué piensas? —No lo sé. Tenía la esperanza que sólo quisieras decir que me enseñarías a lanzar una pelota. —Le doy mi mejor esperanzada mirada. Avienta la pelota en el aire, y me da una sonrisa de medio lado.

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—Vamos, Isa. Pensé que habíamos hablado de esto. —Toma el balón y lo sujeta en su mano—. Que ibas a ser diferente a ellas. —Asiente hacia las chicas y luego levanta las cejas—. Sabes que quieres. Si se tratara de cualquier otro deporte, estaría dentro. Pero no sé nada de nada sobre fútbol. —Está bien, pero vas a tener que mostrarme un par de cosas primero. —Pongo mis manos juntas y las arqueo hacia él—. Oh, maestro, por favor muéstrame tus conocimientos. Se ríe, pero puedo decir que mi comentario se le sube a la cabeza. Eh. Supongo que sólo funciona con Kai. —Está bien, primero vamos a practicar atrapadas. Durante los siguientes veinte minutos, Kyler hace precisamente eso. Es un apasionado de eso también. Mientras que se ve súper lindo con sus ojos iluminados de emoción, me encuentro un poco aburrida. Sin embargo, actúo como una buena alumna y le presto atención incluso cuando mi estómago se queja de hambre. Le digo que cierre el pico, que la comida vendrá después, pero entonces un tipo pasa con una taza de helado. Parece ser fresa con trozos de tarta de queso. Hombre, estoy tan hambrienta que incluso los vegetales están empezando a sonar bien. —Vamos a comer algo después del partido —me dice Kyler, girando el balón de fútbol en sus manos. Uh... ¿Acabo de decir eso en voz alta? —Está bien. —Resisto la tentación de quitarle el maldito balón, aventarlo a un árbol y declarar el juego terminado. Hmm... Kai dijo que era como un Gremlin cuando me daba hambre. Supongo que tenía razón.


Kyler pasa un par de minutos haciéndome atrapar el balón antes que estime que estoy lista para jugar. Él y un chico que supongo que conoce a Kyler de la universidad, ya que luce más grande, se nombran capitanes. Averiguo rápidamente que su nombre es Wes y que es un idiota sexista. —Si ella va a jugar —dice Wes a Kyler mientras me apunta con el dedo—, otra chica tendrá que hacerlo también, así los equipos estarán iguales. —¿Por qué? Isa es más atlética que Ben y Tim —responde Kyler, metiendo el balón bajo su brazo—. De hecho, podría ser mejor que tú. —Me guiña el ojo. El orgullo hincha mi pecho mientras le sonrío a Wes. Sí, amigo, sólo porque tienes pene, no significa que eres la mierda. Wes pone los ojos en blanco. —Lo que sea, hombre. Sólo estás tratando de echar un polvo. Algunos de los chicos disimulan una risa, pero Kyler empuja a Wes, y un poco duro. —Cállate —advierte, mirando a Wes—. Eres un imbécil a veces.

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Aparto la mirada mientras siento mis mejillas arder. Oh, Dios mío, me siento tan incómoda en este momento. Tal vez debería tratar de perseguir al hombre del helado. Podría ser toda: “manos sobre el helado, o de lo contrario un monstruo asesino, devorador de hombres brotará de mi carne”. —Lo que sea. Sólo vamos a escoger los equipos —murmura Wes, lanzándome una mirada molesta. Él hace su primera selección y luego Kyler me elige. Le sonrío con admiración y luego espero mientras Wes hace su elección. Kyler pone un brazo alrededor de mí y empieza a masajear mi hombro de nuevo. Algunos de sus amigos están mirando con curiosidad, pero Kyler no parece darse cuenta mientras hace su siguiente selección. Lo noto. Como que lo noto mucho, mucho. No sólo porque me está tocando, sino porque lo está haciendo delante de sus amigos. Probablemente contengo la respiración todo el tiempo que los equipos se dividen. Cuando resulta ser un número impar de jugadores, Wes empieza a hacer un berrinche. —Jugaré. —Una chica con el cabello largo color marrón en una trenza lateral deja las gradas y cruza el campo hacia nosotros. Se ve como de mi edad, pero no la reconozco de la escuela. Y a diferencia de las otras chicas descansando en el banquillo, no está vestida en tacones y vestido, sino en un par de jeans y una camisa a cuadros sobre una camiseta negra sin mangas. —Lily, ve a sentarte —grita Wes—. No puedes jugar una mierda de fútbol. Ella le enseña el dedo medio. —Tampoco tú. Wes la mira.


—Lo que sea. Si quieres jugar, entonces juega. Pero estarás en el equipo de Meyer. —Bien. De esa manera, cuando te dé una patada en el trasero, la victoria se sentirá mucho más dulce. —Le sonríe con arrogancia, entonces se pasea a mi lado— . Oye, única otra chica tan loca como para jugar, soy Lillian, pero mis amigos me llaman Lily. Y sí, mi hermano idiota también. —Lanza una mirada sucia en dirección de Wes. —Es tu hermano. —Lo siento por ella. El tipo me recuerda a una versión masculina de Hannah—. Parece… —Un patán —termina por mí—. Sí, lo es. Pero es de esa manera con todo el mundo, así que no lo tomes como algo personal. Me pregunto por qué, pero no lo hago. —Soy Isabella por cierto. Puedes llamarme Isa. —Isa. Me gusta. —Su sonrisa es tan grande que es casi cegadora—. Me gustan tus zapatos también. Totalmente asesinos.

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Creo que está tratando de ser agradable, pero la alegría de Lily se mantiene mientras empezamos el juego. O bien, la chica estaba inhalando gas de la risa antes de venir aquí, o es una de las personas más genuinamente felices que he conocido. Durante la mayor parte del juego, Lily y yo nos ponemos en posiciones que no requieren una gran cantidad de movimiento o participación. Aunque no estaba demasiado encantada con el juego, me parece irritante que los chicos estén asumiendo el control. —¿Harás algo bueno para Halloween? —pregunta Lily mientras nos encontramos en el campo esperando que algunos acontecimientos sucedan. —Honestamente, no he pensado en ello. —Por lo general, soy acerca de disfrazarme, pero este año he estado gravemente distraída con otras cosas. —Sin embargo te disfrazarás, ¿verdad? —Me mira de la cabeza a los pies—. Te ves como el tipo de persona que se disfraza. —¿Eso es bueno? —pregunto, sintiéndome insegura. Asiente, todavía toda sonrisas y sol. —Definitivamente es algo bueno. Mucha gente piensa que soy demasiado grande para disfrazarme, pero tengo la intención de hacerlo por el resto de mi vida. Es demasiado divertido estar toda emperifollada, sabes. Por qué renunciar a ello sólo porque la sociedad piensa que debes dejar de divertirte cuando eres un poco mayor. —Estoy completamente de acuerdo. Y sí, me disfrazo, por lo general con algo realmente extravagante —admito—. Sin embargo, este año he estado muy ocupada, y no he tenido tiempo de decidir. —Deberías disfrazarte de steampunk. Tienes buen aspecto para ello. —¿Eso crees?


—Oh, sí. Puedo ayudarte a armar algo si lo deseas. Sé dónde hay una gran cantidad de tiendas asesinas, y soy bastante impresionante en la costura. —Uh... bien. —No quiero sonar vacilante, pero teniendo en cuenta el número de veces en que Hannah me ha hecho pensar que estoy haciendo una amiga, sólo para que me traicione, no puedo evitarlo. Por un pequeñísimo segundo, la sonrisa de Lily se tambalea. —O no tienes que hacerlo. Sólo pensé que podría ser bueno tener una compañera de compras que disfruta de Halloween tanto como yo. La mayoría de la gente no puede manejar lo emocionada me pongo. —No, está bien. Quiero ir. —Robo un vistazo a las gradas. La mayoría de las chicas están viendo el partido, pero dos de las amigas de Hannah están mirándome mientras susurran entre sí. Me pregunto si es amiga de ellas. ¿Importaría, aun si es agradable y todo? —No te caen bien, ¿eh? —dice, no como una pregunta, sino como un hecho. Fijo la atención de nuevo en ella y me encojo de hombros. —Es más como que no les gusto. Bueno, no a todas. Pero no las conozco.

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Asiente, como si comprendiera por completo. —Las dos que están sentadas en la parte superior son bastante buenas. Van a la UW con Wes y Kyler. Las tres de en medio, no tengo idea quiénes son, pero parecen realmente tener algo por Kyler. —Tuve que hacer algún gesto o algo, porque añade—: No te preocupes. Él parece interesado en ti. No me gusta ser tan transparente. —¿Conoces a Kyler? Mira al campo donde Kyler está esquivando chicos con el balón en los brazos. —Desde que tenía como cuatro años. —¿De verdad? ¿Cómo? —Ha sido amigo de Wes desde entonces. No reconozco a ninguno de ellos. —¿Ustedes van a la secundaria Sunnyvale? Resopla una risa. —No. No somos tan afortunados. ¿Afortunados? ¿Qué? Eso no tiene sentido, ya que Sunnyvale es una escuela pública. —¿Qué quieres decir? Pone una cara de ¡Ups! —No es nada. Sólo quería decir que no tuvimos la suerte de ir a una secundaria que tuviera un gran programa como deportes y arte.


La secundaria Sunnyvale puede tener un programa de deportes decente, pero su programa de arte es inexistente. Las únicas clases de arte disponibles son básicas, para principiantes donde se aprende a dibujar fruta en un recipiente y cosas sin sentido como esa. No desmiento su mentira. —Por lo tanto, ¿vas a la UW también? —pregunto, a pesar que no se ve con la edad suficiente para estar en la universidad, pero está claro que el tema de la secundaria es un tema delicado para ella. Niega. —De hecho, se supone que esté en mi último año, pero me gradué antes. Quería empezar las clases en la Universidad de Washington este año, pero... mi madre pensó que sería una buena idea que me tomara un año de descanso y ahorrara algo de dinero. —Oh. —Una vez más, puedo decir que está mintiendo, pero no quiero presionarla—. ¿Dónde trabajas?

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—En realidad tengo dos trabajos. Uno en la tienda de comestibles. —Hace una mueca—. Y uno en una tienda de segunda mano. Ese está bien porque mucho de la vieja escuela, materia fresca entra y los trabajadores obtienen las primicias. Había una vieja máquina de escribir realmente impresionante que me dieron, y un vestido de cóctel de 1940 que compré como por diez dólares. Iba a llevarlo al baile, pero... —Se calla, cada vez más sobria por un momento antes de sacudírselo—. Deberías ir a trabajar allí. El propietario está contratando en este momento. Es un trabajo muy divertido, fácil, y sería bueno tener a alguien nuevo para trabajar con ellos. En este momento, la única persona que trabaja allí, aparte de mí, es el señor Belforid, que una vez se presentó a trabajar sin pantalones. Me ahogo con una risa. —¿De verdad? Se ríe. —Sí, es muy viejo y se confundió. Tenía el traje de baño, gracias a Dios, pero era en medio del invierno y casi se murió de frío. Después que nuestra risa se apaga, Lily vuelve a ponerse seria. —Pero en serio, deberías ir a trabajar allí —dice—. Necesito a alguien en su sano juicio para pasar el rato. No había pensado mucho sobre ello, pero ya que iba a estar viviendo con la abuela Stephy ahora, sin duda debería considerar conseguir un trabajo para poder ayudar. —¿Sabes qué? Quizás lo haga. Una sonrisa se expande a través de su rostro. Sonrío también, cuando escucho mi nombre. —¡Isa, cabeza arriba!


Mi mirada va por el campo, justo a tiempo para ver a Kyler lanzar el balón en mi dirección. Comienzo a volverme un monstruo loco mientras el balón se eleva a través del cielo y una manada de chicos viene disparada. Claro, sé que es fútbol americano y no me puedo enojar, pero verlos correr a toda velocidad es muy intimidante. En un primer momento, contemplo simplemente dejar que el balón caiga en el suelo, pero entonces veo a Wes, que se coloca en el extremo del campo, con aire aburrido, como si estuviera completamente convencido que no voy a atraparlo. Al diablo esto. Lo atraparé totalmente y haré un touchdown, con tal de hacer un impresionante baile de victoria justo en su rostro. Lily chilla y se mueve rápidamente fuera del camino mientras los chicos cargan hacia mí. Corro hacia atrás con mi mirada fija en el balón y mis manos delante de mí. Espera. Espera. Espera... Aterriza justo en mis manos. ¡Infiernos, sí! Comienzo a celebrar, pero luego Kyler grita: —¡Isa, corre! —Y me doy cuenta que todavía tengo que llegar a la zona de anotación. Me tambaleo alrededor y corro como una loca, tratando de ignorar el ruido de pesados pasos. Segundos más tarde, paso por encima de la línea. ¡Touchdown, nene!

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Lanzo el balón y hago un baile hasta que Kyler me recoge y me da vueltas. Ni siquiera estoy segura de si ganamos, pero todo es muy emocionante. Podría haber resultado ser un muy buen final para un día comenzando malísimo, si en ese mismo momento no hubiera visto el auto azul oscuro de nuevo, conduciendo lo más lentamente posible en el camino al lado del campo. Trato de convencerme que no es el mismo auto, pero luego veo una pegatina de Superman en la ventana trasera. Estoy bastante segura que el auto que circundó el parque tenía la misma etiqueta engomada. Kyler me deja en el suelo y levanta la mano para chocar los cinco. —Ves, bastante divertido, ¿verdad? Distraídamente toco mi palma contra la suya. —Sí, lo fue. —Y el juego ha terminado, por lo que también puedes celebrar eso. —Está sonriendo de oreja a oreja, su pecho desnudo con un brillo de sudor. Trato de no mirar boquiabierta, pero robo unas cuantas miradas de sus rasgados músculos definidos. —¿Se acabó? Se ríe de mí. —Sí, acabas de anotar el touchdown ganador. —Santo cielo. Soy impresionante —bromeo, pero mi voz suena plana. Me parece que no puedo entrar en la celebración con ese auto allí.


—Eres impresionante. —Pasa un brazo alrededor de mis hombros—. Y la gente impresionante recibe premios. El olor de su colonia y el sudor envuelve mis fosas nasales. No estoy segura de si se supone que debo amar el olor u odiarlo. Tal vez un poco de ambos. —¿Me darás una recompensa? —pregunto, y él asiente—. ¿Qué es? Él me da un abrazo de lado y mi corazón palpita. —Te voy a llevar por un helado. —¡Sí! —Levanto el puño al aire—. Tengo tanta hambre. —Déjame decirles adiós a los chicos y nos vamos. —Se dirige a través del campo hacia sus amigos, con su brazo todavía a mi alrededor, y no me deja otra opción que ir con él. Echo un vistazo por encima del hombro al auto y frunzo el ceño cuando veo que se mete en el estacionamiento. Medio espero que se pare de golpe y un policía salte fuera de él. Pero todo lo que hace es detenerse junto al auto de Kyler un momento antes de arrancar e irse a toda de velocidad. Tan extraño y espeluznante.

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A pesar que podría no ser nada, tengo que asegurarme de mencionarle el auto a la abuela Stephy, por si acaso.


Capítulo 8 Isabella Y mientras que anotar el touchdown se sintió épico, no me ganó ningún punto loco y genial con los amigos de Kyler. Aprendo rápido que no encajo con ninguno de ellos, además de Lily. Todos los chicos quieren hablar del gran juego de la próxima semana y cuya fiesta van a celebrar esta noche. Las chicas hablan entre ellas hasta que se menciona la fiesta, y luego todas intervienen en la conversación, dando diferentes ideas. Una vez que los planes están finalizados, todos se van en diferentes direcciones a sus autos.

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Lily me aparta a un lado para que podamos intercambiar números y mientras le envío un mensaje para que tenga el mío, veo a una chica de extraordinaria belleza abrazando a Kyler. —Esa es Jesmine. Salieron antes que lo dejara por un chico mayor —explica Lily cuando me nota mirándolos. —No recuerdo que salieran. —Reprimo los celos cuando Kyler no parece demasiado apurado por dejar de abrazar a Jesmine. —Fue durante el verano y sólo duró alrededor de una semana. —Lily desliza su teléfono en el bolsillo de su chaqueta—. Ella también es un par de años mayor, así que pasaban mucho tiempo en fiestas universitarias y eso porque pensaba que era demasiado buena para sus amigos. Al menos, eso es lo que dice Wes. Sin embargo creo que lo superó, ya que ella está aquí. O puede que esté bien ahora porque la mayoría de sus amigos están en la universidad. Hundo mis uñas en las palmas de mis manos, una vez más, sintiéndome como la chica idiota de al lado, que tiene un tonto enamoramiento con su sexy vecino. —¿Ustedes están juntos? —pregunta Lily—. Porque si es así, es posible que desees ir a romper el abrazo. —No, sólo somos amigos. —Una vez que lo digo, me doy cuenta que es verdad. Puede abrazar a quien quiera cuando quiera. No es que seamos pareja. Sin embargo, eso no quiere decir que no quiera ir allí y ponerme en plan zombi hambrienta con ellos. Bueno, eso o ir a casa y comer un litro de helado. Finalmente, los dos se alejan, pero no ponen mucho espacio entre ellos. Se inclinan hacia el otro mientras hablan seriamente sobre algo y él mete un mechón de cabello detrás de su oreja.


¡Uf! No puedo soportar esto. Es como si estuviera de vuelta en el punto de partida y, si soy honesta conmigo misma, como que se quitan las ganas. —Tengo que hacer una llamada —le digo a Lily—. Te llamaré esta noche para conseguir más detalles sobre el trabajo. Me sonríe, pero hay una pizca de compasión en sus ojos. —Está bien. Genial. Llámame para tener los detalles del trabajo, ¿de acuerdo? Asiento, me despido con un gesto y luego me dirijo con rapidez al auto. Realmente no tengo que llamar a nadie, pero marco números de todos modos, con la esperanza que alguien conteste. Nadie lo hace y no me queda otra opción que subir al auto y fingir juguetear con mi cabello. Afortunadamente, Kyler sube sólo un par de minutos más tarde. Sus mejillas están rojas. —¿Lista para el helado? Asiento a pesar que sólo quiero ir a casa de mi abuela Stephy. —Por supuesto. Hace una pausa mientras mete las llaves en el encendido.

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—¿Algo va mal? Niego, alcanzando el cinturón de seguridad por encima de mi hombro. —Sólo estoy cansada. Jugar al fútbol es agotador. No parece creérselo. —No es más que una amiga. —¿Eh? —Jesmine. Es decir, salimos por como dos segundos, pero nos dimos cuenta que no éramos el uno para el otro. Su padre falleció hace un par de semanas y no pude ir al funeral. Esta es la primera vez que la veo desde entonces. —Oh. Está bien. —Estoy tan confundida. ¿Por qué me dice eso? ¿Debido a que puede leer los celos por todo mi rostro? ¿Soy tan transparente? Pone una mano en mi muslo. —Me gustas, Isa. Mucho. Siento si no lo he dejado claro. —No... Lo has hecho. —Dios, parezco tonta. ¡Piensa en algo más que decir! ¡Algo asombrosamente épico!—. Eh... Me gustas también. Ni mucho menos es asombrosamente épico, pero sonríe. —Bien. Ahora que tenemos eso claro, vamos a llevarte por un poco de helado y luego volveremos a la pista. —Pone el auto en punto muerto y se retira del espacio de estacionamiento—. Creo que hay todavía tiempo suficiente para que te patee el culo una vez más en las canastas.


Pongo los ojos en blanco, mรกs quisieras, amigo, pero mi actitud bromista se va directo por la ventana en el momento en que salimos a la carretera, porque ese maldito auto azul se pone justo detrรกs de nosotros.

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Capítulo 9 Kai El camino a Mapleview es largo y aburrido. Nunca he sido de conducir en solitario y, por lo general tengo un compañero de conducción conmigo. Pongo un poco de música para tratar de animar las cosas, pero cuando una canción de Katy Perry suena, todo en lo que puedo pensar es en ese momento con Isa y yo bailando, mientras lamía su cuello, pretendiendo que era un movimiento juguetón cuando, realmente, sólo quería tener una probada. Me sorprendió como la mierda cuando me lamió también, pero creo que lo hizo porque estaba borracha. Sobria, no estoy tan seguro que las cosas habrían ido por ese camino.

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Incluso si Isa hacía como que le gustaba, nunca ha sido el tipo de chica de anunciar sin rodeos cómo se siente. La he visto despedirse de una gran cantidad de cosas que probablemente no deberían haber sido alejadas de ella. Con un simple encogimiento de hombros o bajando la cabeza, pasa mucho tiempo fingiendo que está bien, incluso cuando no lo está. Sabía eso sobre ella desde que estábamos en séptimo grado. Fue durante el inicio de nuestra breve amistad. Todo el mundo en la escuela sabía que ella estaba obsesionada con Kyler, principalmente porque Hannah se lo había dicho a cualquiera que quisiera escuchar. —En serio, deberías leer su diario. —La oí decir a Kyler y a un grupo de sus amigas durante el almuerzo—. Dice Kyler esto, Kyler aquello. Kyler es tan soñador. Espero que nos casemos algún día. Incluso tiene una especie de cosa rara como un canto escrito en una de las páginas que se parece a un hechizo de amor o algo así. En serio, es una acosadora total. —Entonces se rió de esa manera estridente que siempre me hacía querer sacarme los tímpanos. Y, por supuesto, sus amigas se unieron, como un grupo de aspirantes a hienas. Kyler no dijo nada al principio, simplemente masticó su hamburguesa. Todos sus amigos se quedaron callados, esperando a que dijera algo. Y yo... Mientras estaba sentado en la misma mesa, nunca me uní a su conversación. Siempre estaba sólo allí como el hermano menor de Kyler, con el que todo el mundo era bueno porque mi apellido era Meyers. —¿Qué quieres decir con que hubo un hechizo de amor? —preguntó Kyler finalmente, dejando su hamburguesa en la bandeja de comida en frente de él—. ¿Ella, como que, piensa que es una bruja o algo?


—Sí, habla de ello todo el tiempo —dijo Hannah, pero me di cuenta que estaba mintiendo, igual que probablemente estaba mintiendo sobre el hechizo de amor e Isa teniendo un diario, en absoluto no parecía realmente como el tipo de chica de tener un diario—. Cree que puede maldecir a las personas y a las cosas. —Movió los dedos delante de ella, riendo—. Será mejor que te cuides, Kyler. Podría poner un hechizo de amor en ti, y lo siguiente que sepas, será que la estarás besando. Kyler se estremeció visiblemente, pero me di cuenta que era más para mostrarlo que el hecho que estuviera asustado con la idea de besar a Isa. Sabía que andaba por ahí y que jugaba baloncesto con ella a veces, y había un par de ocasiones cuando lo atrapé mirando a su balcón. Mientras que Isa no era popular, no era una horrible bestia. Tenía piel clara; cabello largo y castaño; y sí, estaba un poco en el lado desgarbado, pero su altura la hacía impresionante para lanzar a la canasta. Su mayor problema era que era súper socialmente torpe y tímida. Además, se vestía muy raro a veces, usando camisas de superhéroes e incluso una capa una vez. Y sí, mientras pensaba que los superhéroes y los cómics eran grandiosos, lo sabía mejor para publicarlo por toda la secundaria. Aunque, envidiaba su capacidad de ser quien era, a diferencia de mí.

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—No hay manera en el infierno que alguna vez la bese. —Kyler le lanzó una mirada de horror a la mesa donde estaba sentada Isa, comiendo el almuerzo, y leyendo un libro—. Eso sería peor que besar a mi perro. —¿Y lo sabes cómo? —Ni siquiera quise decirlo en voz alta. Sólo se me escurrió. Kyler me dio su estúpida sonrisa de yo-soy-la-mierda-y-tú-no. —¿Tienes una cosa por la gente rara o algo? —No. —Era una palabra, pero se sentía como una traición. No la defendí. No hice nada en absoluto, excepto sentarme allí y escucharlos, mientras comenzaban a burlarse de ella. Tenía demasiado miedo que, si hablaba, se burlaran de mí. Eso no me hacía mejor que ellos, tal vez incluso peor. Yo salía con Isa, y sí, aunque no le había declarado al mundo que era mi amiga, todavía pensaba en ella como una. Sabía más de mí que cualquiera de mis otros amigos. Conocía al verdadero yo. Y me hacía sentir que le importaba, como si no fuera el hermano menor de Kyler que decepcionaba una y otra vez a su padre. Las cosas se pusieron peores progresivamente a partir de ahí cuando Hannah se puso de pie en la silla y le anunció a toda la cafetería lo que acababa de decirle a Kyler. Casi todo el mundo rompió a reír y miró a Isa. Yo no me reí. Todo lo que hice fue mirar cómo Isa juntaba rápidamente sus cosas y salía a toda prisa de la habitación con la cabeza gacha. Más tarde ese día, cuando estábamos sentados en el árbol ahuecado, le pregunté si se encontraba bien. Se encogió de hombros, centrándose en el dibujo en el que estaba trabajando de una mujer en un atuendo con capa. —Sí, estoy bien.


Metí un par de papas en mi boca, tratando de decidir si estaba bien o no. Parecía que no había sido tocada, pero ¿cómo podía ser? Apestaba ser la burla de todos. —¿Segura? —Me deslicé más cerca de ella—. Porque me puedes decir si no lo estás. Soy un gran oyente. Se detuvo, y pensé que iba a abrirse, pero luego levantó la vista y sonrió. —¿Qué opinas de este dibujo? Grita ¿“soy un tipo duro a punto de salvar el mundo”? ¿O solamente “soy una bruja”? Me dolió que no confiara en mí, pero, de nuevo, ¿qué había hecho para ganarme su confianza? Nada en absoluto. No era mejor que los demás. —Me gusta que se vea muy ruda —dije, con la esperanza de, al menos, hacer que se sintiera bien acerca de su dibujo—. ¿Quién es? Isa se encogió de hombros y utilizó el lápiz para sombrear a la mujer. —No estoy segura. Sólo la veo en mi cabeza a veces. —Hizo una pausa, apretando los labios—. ¿De verdad crees que se ve ruda? Asentí.

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—Como que está a punto de salvar al mundo de cada imbécil allí afuera. Sonrió débilmente a eso, como si mis palabras realmente significaran algo para ella. Me hizo sentir bien conmigo mismo porque la chica rara vez sonreía. Pero esa sensación se desvaneció rápidamente alrededor de una semana después, cuando uno de mis supuestos amigos me vio salir con ella. Tenía dos opciones en ese momento: 1.) Aceptarlo y, finalmente, ser quién era sin ocultarme. Pero eso significaría ser objeto de burlas como loco, y con todo lo que sucedía entre mi padre y yo, no estaba seguro de poder manejar eso. O 2.) Podría mentir y encogerme saliendo de la situación llamándola acosadora como Hannah hacía todo el tiempo. Estúpidamente fui muy cobarde con la opción dos, y hasta la fecha, todavía me odio un poco por ello. Tal vez merezco estar en la posición en la que estoy ahora sentado aquí, tratando de ganar dinero para pagar una deuda que no es ni siquiera mía mientras Isa está de vuelta en Sunnyvale con Kyler. El pensamiento, mientras que probablemente es cierto, es realmente jodido y deprimente, tan deprimente que toco la lista de reproducción más emotiva sólo para que la música se ajuste a mi estado de ánimo. Cuarenta y cinco minutos y nueve canciones tristes más tarde, por fin estoy llegando a Mapleview. La ciudad es un pequeño destello en un mapa, incluso más pequeño que Sunnyvale, lo cual dice mucho. Después que circulo la cuadra designada tres veces sin detectar a un hombre que lleve una sudadera con capucha, comienzo a preocuparme que no aparezca. Aun así, conduzco alrededor de la cuadra seis veces más antes de entrar en el estacionamiento de una gasolinera cercana.


No estoy seguro de qué hacer. No tengo mi teléfono, así que no puedo llamar a Big Doug. Lo que sí dijo es que, si veía a alguien raro, no se suponía que debía dejar el sobre. Pero no es como si hubiera visto a alguien raro; no he visto a nadie en absoluto. Hago unos cuantos viajes alrededor de la manzana, que consisten básicamente en detenerme en algunas casas abandonadas, una bodega tapiada, y la estación de servicio. Una vez más, no veo a una sola maldita persona, así que vuelvo a la zona de estacionamiento de la gasolinera y me siento en mi auto, tratando de averiguar qué hacer. Tomo el sobre, le doy la vuelta, y juego con el broche, debatiendo si abrirlo o no. Sé que Big Doug dijo que no, pero maldita sea, tengo mucha curiosidad de lo que podría haber en esta cosa para que valga la pena todo este problema. Pierdo el tiempo con el broche uno o dos minutos antes de volver a dejar el sobre sin abrir. Si quiero recibir el pago por este trabajo, entonces necesito hacerlo bien.

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Salgo de mi auto y me dirijo a la estación de servicio para ver si el cajero me deja usar su teléfono. Pero al otro lado del estacionamiento, me doy cuenta que Big Doug es el número de marcado rápido siete en mi teléfono, y que no me sé su número. —Mierda. ¿Qué diablos se supone que debo hacer ahora? —maldigo en voz baja, volviendo hacia el auto. Es entonces cuando veo a un chico cerca de mi auto, llevando una máscara de esquí y sosteniendo una barra de hierro. Cuando levanta la palanca para romper la ventana, corro hacia él. —¡No te atrevas! —le grito. El tipo se queda completamente imperturbable mientras golpea la palanca contra la ventana. El vidrio se rompe mientras llega al interior, tomando el sobre. Voy hacia él, dispuesto a patear su trasero. Pero cuanto más me acerco, más consciente me vuelvo que el tipo es jodidamente grande, como un luchador enorme de sumo. Me detengo cuando llego a la parte trasera de mi auto, deliberando hasta dónde quiero llevar esto. Claro, le prometí a Big Doug que cuidaría el sobre con mi vida cuando me fui, pero no lo dije literalmente. El tipo sumo sabe que puede golpear mi trasero también, porque se queda allí de pie, esperando a que haga un movimiento. Me muevo cerca del extremo trasero del auto, manteniendo un poco de espacio entre nosotros. —Voy a llamar a la policía si no me lo devuelves. —Por supuesto, no tengo mi teléfono conmigo, pero él no lo sabe. Juro que lo oigo reír. Luego, de pronto camina hacia mí. Dando un paso hacia atrás, hago retroceder mi puño para darle un puñetazo al mismo tiempo que


levanta la palanca. Mis nudillos chocan con su mandíbula mientras mueve la barra de metal contra el lado de mi cara. Choco contra el suelo duro. Se cierne sobre mí, agarrando la barra de hierro. —Dile a Big Doug que sus tres oportunidades se acabaron —gruñe, entonces baja la palanca y golpea el lado de mi cabeza. Todo se vuelve negro.

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Capítulo 10 Isabella Después que compramos nuestro helado, nos sentamos en el auto y nos lo comemos. Estoy tratando de estar muy alegre, pero mis pensamientos están por todo el lugar. Estoy agotada, al borde, y estoy segura que estoy teniendo un drenado de energía. A pesar que el auto azul oscuro no ha hecho una gran aparición desde que nos detuvimos en la tienda de helados, no puedo evitar la sensación que va a materializarse en un momento dado. Incluso la copa de helado que estoy sosteniendo no ayuda a aliviar mis preocupaciones. —Todavía no puedo creer lo que le pusiste a eso. —Kyler se queda mirando la copa de helado en mi mano, su rostro arrugado.

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No puedo evitar sonreír mientras reproduzco la mirada que me dio cuando pedí helado de fresa con pastel de queso, chispas, galletas, gusanos de goma, y cobertura de jarabe de chocolate. —No tienes idea de lo que te estás perdiendo. Es tan delicioso. —Meto una cucharada en mi boca para probar mi punto—. Me tomó años de probar diferentes menjunjes para hacerlo bien, y todos los menjunjes fueron buenos. Sus labios se levantan. —¿Te tomó tanto tiempo armar algo que parece tan repugnante? Le saco la lengua. —He hecho mucho peores, como cuando puse bolas de chicle y frutos secos en un helado con sabor a algodón de azúcar. Casi vomito ese. Hace otra mueca de repulsión. —Eso suena tan asqueroso, pero todo lo que tenga algodón de azúcar suena asqueroso para mí. Mis ojos se abren. —¿No te gusta el algodón de azúcar? Se estremece visiblemente. —Desde que tenía diez años y me comí una bolsa entera antes de subirme a un juego en la feria. —Déjame adivinar. —Trato de no reírme de lo intensamente serio que parece sobre el tema—. ¿Vomitaste?


—Sí. Y confía en mí cuando digo que puede tener buen sabor cuando baja, pero no tanto cuando sube. —Tendré que tomar tu palabra en eso, pero no creo que vaya a dejar de comer algodón de azúcar, o helado con sabor a algodón de azúcar. —Estás algo loca. —Una repentina, casi reflexiva mirada, aparece en su rostro—. Una chica loca que hace anotaciones como un jefe y le gusta el más repugnante helado que he visto nunca. —Oye, no puedes burlarte del helado hasta que lo hayas probado. —Tomo otra cucharada, poco a poco poniéndola en mi boca, y exagerando un gemido—. Mmm... taaan bueno. Deja su helado de galleta, su atención centrándose en mi boca. —Cuando lo pones de esa manera, se ve sabroso. Siento que mi piel se calienta como caramelo pegajoso. Trato de pensar en algo coqueto que decir, pero mi cerebro se desinfla. Se queda mirando mi boca por un momento o dos más antes de arrastrar su mirada para encontrarse con la mía. Muerde su labio inferior.

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—¿Puedo probarlo? —¿El helado? —Mi voz suena antinaturalmente alto. Se muerde con más fuerza el labio, reprimiendo una sonrisa. —Por supuesto. Por alguna razón, no creo que se refiriera al helado. Tomo una inhalación sutil, recuperándome antes de hablar de nuevo. —No lo sé. En realidad no es para aficionados. —Mentalmente levanto los cinco y los choco por lo ligera y coqueta que suena mi voz. Me mira en broma. —Vamos, dame una probada. Puedo manejarlo. Llevo mi dedo contra mis labios, fingiendo considerarlo. —Ah, bien. Pero si lo odias, no me culpes. Sonríe, se inclina sobre la consola, y abre la boca. Mi boca se seca. Umm... ¿Quiere que le dé de comer? Mientras Indigo me enseñó una cosa o dos sobre ligar, nunca pude hacerlo tan fácilmente como ella. Siempre me ponía nerviosa, y era con chicos que acababa de conocer en clubes y esas cosas. Este es Kyler; Kyler Meyers aquí sentado, esperando que lo alimente con helado. Ordenándole a mi mano no temblar, tomo una adecuada cucharada de helado y muevo la cuchara a su boca. Sus ojos están fijos en mí mientras espera. Mi corazón está perdido dentro de mi pecho, latiendo como una canción con un bajo


profundo pulsante. Mi pulso se acelera solamente cuando sus labios se envuelven alrededor de la cuchara y poco a poco chupa el helado. He oído a Indigo utilizar el término erótico antes: el sonido de la voz de un hombre, la forma en que alguien baila, la forma en que a un chico que le gusta dice su nombre. Pero no creo nunca haber entendido el término hasta ahora. Kyler se inclina hacia atrás, lamiéndose los labios, y levanta su mirada mientras permite que el sabor se disipare en sus papilas gustativas. —Entonces, ¿qué te parece? —Debo tener un hada madrina o algo así, ya que, por algún milagro, mi voz sale tan suave como acaramelada. —No es tan malo. —Sus labios se extienden en una sonrisa mientras roba un trozo de mi helado con la cuchara—. Es realmente bueno. —Lame el helado de la cuchara, y de nuevo, la palabra erótico parpadea a través de mi mente. No estoy segura de cómo se ve mi expresión, pero algo al respecto hace reír a Kyler. —Creo que, la próxima vez que volvamos, sólo podría conseguir una taza para mí —dice, lamiendo la cuchara hasta dejarla limpia.

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—¿Ah, sí? —pregunto. La próxima vez—. ¿No eres lo suficientemente valiente como para hacer tu propia mezcla? Sus labios se abren en estado de sorpresa simulada. —¿Me estás desafiando? —Tal vez. Creo que la única forma en que podrías ganar el reto es si pones un poco de helado con sabor a algodón de azúcar en él. —No. Nunca va a pasar. Me encojo de hombros. —Entonces supongo que perderás el reto. Considera algo. —¿Qué conseguiría si lo hiciera? Qué me darás si, la próxima vez que viniéramos, me comiera un plato entero de helado de algodón de azúcar con cualquier cobertura que pusieras en él. —Ese desafío suena peligroso. Me pongo muy emocionada con las cubiertas para helados. —No pregunté sobre los peligrosos riesgos a los que estaría sometiendo mis papilas gustativas. Pregunté qué es lo que ganaría si lo hiciera. ¿Qué me darías? —¿Por qué tiene que ser algo que te diera? —Sonrío—. ¿La recompensa no sería llegar a comer el increíble helado? Sus ojos destellan con algo que no puedo descifrar mientras sus labios se tuercen en una sonrisa. —No, definitivamente querría algo de ti.


Se está poniendo muy, muy caliente aquí. Meto otro bocado de helado en mi boca, mientras considero una respuesta. —Bien. ¿Qué te gustaría? —Todavía no estoy seguro. Definitivamente tengo que pensar en ello durante un tiempo y asegurarme que sea algo muy, muy bueno. —Bueno, cuando lo decidas, avísame. —Oh, definitivamente lo haré. —Me guiña el ojo antes de descansar en su asiento. Dejo escapar una respiración lenta de mis labios. Madre de todos los jarabes de chocolate caliente, ese fue uno de los momentos más intensos de flirteo que he tenido nunca. Afortunadamente, por causa de mi piel ruborizada, Kyler cambia la conversación a un tema mucho más ligero cuando su teléfono vibra. Creo que es un texto, pero luego se abre un calendario. Suspira decepcionado. —Y ahí va nuestro impresionante momento.

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—¿Qué es? —Un recordatorio que tengo que escribir un documento para inglés. —Si necesitas llevarme, está bien —digo, no queriendo ser un dolor. Me hace señas, recostado en el asiento. —No. Puedo hacerlo mañana. —Mueve la cabeza hacia atrás mientras mira al techo—. Dios, las clases son asesinas. Me hacen desear haber apreciado más la secundaria. —¿En qué te estarás especializando? —Tomo un trozo de pastel de queso de mi helado y lo meto en mi boca. —En este momento, sólo en general. Eso podría cambiar con el tiempo, pero mi padre... quiere que me centre en los deportes en este momento. —Aprieta la mandíbula, y me da la sensación que tal vez Kai no es el único que tiene problemas con su papá. —¿Qué pasa contigo? ¿Quieres centrarte en los deportes? —Supongo que sí. Quiero decir, soy bueno en ellos, por lo que probablemente debería hacerlo. —Ser bueno en algo no significa que tengas que hacerlo —señalo—. Yo soy buena en baloncesto, pero realmente nunca quise unirme a un equipo. Nunca fue mi cosa. Gira la cabeza para mirarme. —¿Cuál es tu cosa? Realmente quiero saberlo, porque se siente como si te conociera, pero no lo hago.


—Mi cosa —llevo mi dedo contra mi labio—, es probablemente ser increíble — bromeo, luego suspiro—. Realmente no lo sé. —Me siento cohibida de hablarle de mi obsesión por el manga y cómo me gusta mucho dibujar mis propios cómics. —Te gusta dibujar, ¿verdad? Asiento. —No como tipo artista, sin embargo. Es más... como tipo cómics. —Eso está bien. —Truena sus nudillos. —Kai estuvo en eso por un tiempo. Tenía todos estos carteles y otras cosas en sus paredes. —Sí, lo sé. —Oculto una sonrisa con un bocado de helado. Aunque sabía que Kai estaba en los cómics, nunca supe que tenía carteles por todas partes de sus paredes. Una arruga se forma en sus cejas. —¿Cómo lo sabes? No creo que alguna vez se lo dijera a alguien, ni siquiera a sus amigos. —En séptimo grado, pasamos el rato durante un tiempo, y me lo dijo entonces.

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—¿Anduvieron por ahí? Nunca te vi. —Fue después de la escuela. Parece como si estuviera alterado por la idea. No sé por qué. ¿Era raro que Kai pasara el rato conmigo? Sí, estábamos en dos niveles sociales totalmente diferentes, pero teníamos mucho en común. —No es tan raro, ¿verdad? —Me encuentro preguntando. Kyler se endereza en el asiento, negando. —No, no es eso. Es sólo que... no sé. Simplemente me sorprende. Es decir, sé que salen ahora, pero no me di cuenta que han sido amigos desde entonces. —No hemos sido amigos desde entonces —lo corrijo—. Tuvimos una pelea que duró más o menos hasta el comienzo de este año escolar. —¿Por eso dejaron de salir? —pregunta. Uh, sí, no hay forma que quiera decirle a Kyler la historia de cómo Kai me llamó acosadora cuando uno de sus amigos nos atrapó pasando el rato. Es demasiado embarazoso, y con lo mucho que los dos se pelean, no estoy segura de cómo va a reaccionar Kyler con la historia. —No lo sé. —Me encojo de hombros—. Sólo un drama de la secundaria, y ahora ya lo hemos superado. Me estudia con atención, como si tratara de desentrañar mis pensamientos. —Pero son sólo amigos, ¿verdad? Por un microsegundo, salgo de balance con su pregunta. La pequeña pausa dura sólo el tiempo suficiente para que se sienta incómodo.


—Sí, sólo somos amigos. Me evalúa por una cantidad incómoda de tiempo antes de volver a hablar. —Todavía no creo que debas salir con él, no hasta que tenga su mierda junta. Eres demasiado buena para eso. —No soy tan buena. —Si lo eres. Quiero discutir, pero parece muy firme al respecto. —Entonces, estás en el arte y en los cómics, ¿eh? —Reflexiona sobre la idea—. Siempre me he preguntado lo que estabas dibujando cada vez que te veía sentada en el balcón con tu cuaderno. No me molesto en mencionar que también pasaba tiempo mirándolo... sin camisa. —He estado haciéndolo desde que tenía, como, seis. Es muy relajante. Sonríe de medio lado. —Deberías mostrarme algo de lo que has hecho en algún momento.

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—Está bien —digo, aunque no estoy segura que llegue a mis cosas. —Y enseñarme una cosa o dos acerca de todo este mundo de cómics —añade. Eso me hace sonreír. —Lo podría considerar si tienes suerte. —En lo personal, creo que soy muy afortunado. Es decir, estoy sentado aquí contigo, ¿verdad? —pregunta con una sonrisa encantadora. Me tapo la boca mientras la risa burbujea a mi garganta. Él también se ríe, así que lo dejo escapar. Se ríe. —Lo sé. Soy el peor. No sé por qué digo cosas así. Sólo surge en mi cabeza. —Tal vez deberías dejar de ver tantas comedias románticas —me burlo, torciendo el final de mi cola de caballo alrededor de mi dedo. Me señala con el dedo. —Nunca veo comedias románticas. —Sí, claro. Apuesto eso todo el tiempo —lo molesto—. Apuesto a que las miras y memorizas las líneas. Mueve sus dedos hacia mí. —No me hagas hacerte cosquillas de nuevo. Retíralo, o de lo contrario. Hago un gran espectáculo de cerrar mis labios, y viene hacia mí, haciéndome cosquillas hasta que apenas puedo respirar. —¡Bien! Me rindo —jadeo a través de la risa—. No ves comedias románticas.


Se inclina hacia atrás, pareciendo satisfecho. —Ahora di que me vas a mostrar tu arte. Asiento, recuperando el aliento. —Te voy a mostrar lo que quieras con tal que dejes de hacerme cosquillas. Él pierde el ritmo, una extraña mirada cruza su rostro. Me toma un segundo procesar lo que acabo de decir, pero antes que pueda estar demasiado mortificada, se pone a hablar de nuevo. —Está bien, no más cosquillas —menciona mientras su teléfono vibra de nuevo. Suspira, echando un vistazo a la pantalla. —Y ahora me está recordando hacer mi hoja de pre cálculo. Dibujo un corazón atravesado una flecha en la ventana empañada. —¿Seguro que no necesitas llevarme a casa? —Te dije que estaba bien, y lo dije en serio. —Observa mientras añade un patrón espinoso alrededor del corazón como si fuera la cosa más fascinante en el planeta—. Entonces, ¿es por lo que vas a la universidad? ¿Arte? Mis dedos caen de la ventana mientras una realización se derrumba.

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—No he pensado mucho en eso. —Sobre todo, porque mi familia nunca hablaba de ello. Las preguntas universitarias siempre eran para Hannah. Yo, se supone que debía sentarme y escuchar. Escuchar y no ser escuchada; esas eran las reglas. —Estoy seguro que lo descubrirás —dice—. Todavía tienes tiempo. —Sí, lo sé. —En el interior, me estoy volviendo loca. La escuela de arte suena impresionante, pero ¿esas cosas no son caras? ¿Dónde consigo el dinero? De repente, ese trabajo que Lily sugirió que solicitara suena como una buena idea. Me quedo metida en mis pensamientos mientras Kyler enciende el auto y sale a la calle. —Entonces, ¿qué más viene en la lista de tareas pendientes de distracción? Podríamos ir al cine y ver una película —dice mientras conduce por la calle principal—. ¿Un juego más antes de ir a pasar el rato a la casa de tu abuela? Lo que quieras, dilo, y está hecho. —¿No está demasiado oscuro para jugar baloncesto? —Muevo el helado derretido mientras miro hacia el polvoriento cielo gris. Un puñado de estrellas están esparcidas, y la luna está brillando. —Sí, podría ser. —Enciende las luces—. Siempre podría dejar a esos chicos malos encendidos. Creo que el parque también tiene luces. Tan impresionante como Kyler ha sido, los acontecimientos de hoy se están hundiendo poco a poco. Estoy cansada y preocupada, no sólo de lo que Lynn y mi padre van a hacerme, sino de mi futuro. Necesito desesperadamente hablar con


Indigo y la abuela Stephy, las dos personas que han sido más o menos la única familia que he tenido. Además, Kyler tiene otros lugares para estar. Lo oí hacer planes para reunirse con sus amigos en una fiesta esta noche después de salir conmigo. —Kyler, realmente aprecio todo lo que has hecho por mí, pero ha sido un día muy intenso. —Dejo mi taza vacía de helado, cruzando los dedos para no sonar grosera—. Sólo quiero ir a casa de mi abuela si está bien. Atenúa las luces del auto para que pase un auto en la dirección opuesta. —Sí, no. Entiendo perfectamente. Ha sido un día muy duro para ti. Probablemente deberías relajarte. —Va a un lado de la carretera y voltea de sentido, en dirección a la comunidad de Sunnyvale Bay—. ¿Quieres parar en algún lugar y comer algo primero? Estaba pensando que tal vez podríamos ver una película o algo cuando lleguemos a casa de tu abuela. —¿Qué hay de esa fiesta de la que tus amigos estaban hablando? No quiero hacer que te la pierdas. Y tienes esos papeles para la escuela en los que necesitas trabajar. Siento que estoy robando tu tiempo.

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—La fiesta y los deberes pueden esperar. Sinceramente, no tengo ganas de salir de fiesta esta noche, de todos modos. Tengo que levantarme temprano para el entrenamiento y luego pasar la noche escribiendo ese papel. —¿Seguro que estás bien quedándote? Porque voy a estar bien con mi abuela si quieres irte. —Isa, estoy seguro, así que deja de discutir. —Su voz es firme, pero sus ojos brillan—. Además, estaba pensando que tal vez podríamos ver una de esas películas de zombis que te encantan. Me animo, moviéndome hacia atrás, y pongo los pies sobre el salpicadero. —¿Te gustan las películas de zombis? La vergüenza cruza su rostro. —En realidad no he visto ninguna. —¿Nunca? —¿Qué diablos de todos los apocalipsis está sucediendo ahora mismo? Se encoge de hombros, viéndose como un chico al que le acaban de decir que no era genial. —Es que en realidad nunca ha sido lo mío. Estoy más en películas de deportes y otras cosas. ¿Hay, como, una película de zombis de deportes? —No lo creo. Pero prometo que, después de esta noche, ya no serás virgen de películas zombis. —Oh, Dios mío, no puedo creer que haya dicho algo tan sucio involuntariamente. De nuevo. Mis mejillas se calientan como el maldito sol. Afortunadamente, está bastante oscuro en el auto, por lo que no creo que pueda verlo. Pero me doy cuenta que sus labios dan espasmos, como si estuviera luchando por no reírse.


Cuando habla, su voz suena más gruesa de lo normal. —Eso suena muy interesante. Me río ligeramente por la situación, pero sueno sin aliento. Para evitar decir algo más embarazoso, me centro en decidir qué película introducirá suavemente su pronta-a-ser-desarrollada obsesión por los zombis. Mientras mentalmente estoy pasando mi lista de películas favoritas de zombis, su teléfono vibra de nuevo. Lo saca de la consola, echa un vistazo a la pantalla, y luego hace una mueca antes de apretar “hablar”. —¿Qué pasa? —dice al teléfono. Sigue quedándose un momento callado, entonces dice sí mucho, varias veces antes de mirar en mi dirección—. En realidad, estoy un poco ocupado en este momento. ¿Puede esperar hasta un poco más tarde? —Frunce el ceño, pareciendo tenso e irritado—. Bien. Lo haré. —Cuelga y deja caer el teléfono en la consola. »Isa, odio hacerte esto, pero tengo que irme un poco más temprano. Ese era uno de mis amigos en el teléfono. Hicieron algo bastante estúpido y necesitan mi ayuda para arreglar el lío.

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—Está bien. —Bajo los pies al suelo y me siento—. Estoy un poco cansada, de todos modos. Probablemente terminaré durmiéndome en el segundo en que me siente. —Aun así, me siento como un idiota por dejarte sola... Te lo compensaré. Lo prometo. —Hace una pausa—. ¿Qué hay de un maratón de películas de zombis y cena el próximo fin de semana? —No tienes que hacer eso. Lo entiendo. Realmente… Coloca dos dedos encima de mis labios. —Sé que no tengo que hacerlo, pero quiero. Mi respiración se tambalea mientras su toque envía las más extrañas sensaciones de hormigueo a todo mi cuerpo. Su mirada va brevemente a mis labios y luego a la carretera de nuevo. Le ordeno a mi voz salir plana. —¿Qué tal si hacemos un compromiso? Una película de zombis y una película de deportes. De esa manera, no te asustarás. Los vírgenes de las películas de zombis necesitan ser introducidos lentamente a la sangre y violencia. Sonríe, apartando los dedos de mi boca. Mueve su dedo a mi barbilla, cuello y clavícula antes de regresar su mano al volante. —Con tal que me dejes pagar la cena. Mi pulso late mientras asiento. —Suena como que tienes una cita. —Al instante quiero retirar mi comentario, preguntándome si estoy yendo demasiado lejos. Pero Kyler sonríe, pareciendo bastante contento, por lo que decido simplemente callar.


No decimos mucho el resto del camino, y antes que lo sepa, estamos dando vuelta en el complejo de apartamentos. Estaciona el auto en frente del edificio de mi abuela Stephy cuando recibo un mensaje de texto. Mientras estoy hurgando por mi teléfono en el bolsillo de mi chaqueta, Kyler mira con cautela el edificio en frente de nosotros. —Realmente odio la idea de dejarte aquí sola. La mayoría de las luces están apagadas en todos los apartamentos a excepción de unas pocas luces del porche. Son sólo las siete de un sábado, pero es como si todo el mundo estuviera en la cama ya. Se lo atribuyo a que la gente es grande, pero después de conocer algunos de los amigos locos de mi abuela Stephy mientras estuvimos en Europa, no me sorprendería si algunos de ellos estuvieran de discotecas o algo. —Estaré bien. Lo prometo. Pero tengo muy buenas habilidades de combate, por si acaso. —Levanto los puños y él se ríe antes de deslizar el dedo por la pantalla de mi teléfono.

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—Habilidades de combate locas o no, todavía me sentiría un poco mejor si no estuviera dejándote aquí completamente sola. —Mantiene sus ojos fijos en el edificio, como si estuviera esperando que algo terrible lo tumbara. Indigo: ¡Recibí tus mensajes y los de la abuela Stephy! ¡Estoy en casa ahora mismo! ¿Dónde diablos estás? —En realidad, no estaré aquí sola. Mi prima está aquí. —Meto el teléfono en el bolsillo y abro la puerta—. Gracias por todo, Kyler. Me divertí mucho. Si no fuera por ti, probablemente me hubiera pasado todo el día estresada y comiendo mi peso en galletas. Una suave risa se escapa de sus labios. —Aunque creo que probablemente podrías manejar comer tu peso en galletas y algo más, me alegro que te hayas divertido. —Extiende la mano y pone su palma alrededor de mi mejilla—. Y gracias por jugar fútbol conmigo. Sé que te aburre hasta la muerte, pero en realidad les dimos una patada en el trasero al final. —No me aburrió hasta la muerte. Es sólo que... —Me apago mientras se inclina hacia adelante y coloca el beso más suave en la esquina de mi boca, causándome que casi ahogara en mis nervios. Pero me obligo a permanecer integrada y centrada en el beso, la forma en que sabe, igual que la masa de galletas y el helado de fresa, y su aliento huele a gusanos de goma. Tan delicioso. Mi estómago brinca momentáneamente, como en una montaña rusa, pero la sensación se desvanece en un momento de suave calma, y me deja con ganas de más.


—Lo siento, no me pude resistir. —Se mueve hacia atrás en su asiento con una mirada un poco confusa pero algo satisfecha en su rostro—. Te llamaré mañana, ¿de acuerdo? Asiento y luego agarro mis maletas y salgo del auto. Espera a que vaya al interior del apartamento antes de retirarse del espacio de estacionamiento, lo que en gran medida aprecio teniendo en cuenta todo el asunto con el auto azul. A través de la ventana, lo veo en el auto, alejándose cuando desaparece en el camino. —Mierda, no puedo creer que acaba de pasar —me digo, cayendo contra la pared. Trato de ordenar mis pensamientos. Mientras el beso fue increíble, no fue el espectáculo de fuegos artificiales que había estado esperando. Pero, de nuevo, solo duró como medio segundo. —¿Qué pasó? —pregunta Indigo mientras camina fuera del pasillo, con un pantalón corto a cuadros de pijama y una enorme camiseta, pasando un cepillo por su castaño cabello húmedo. Dejo que mis brazos se relajen, mis maletas deslizándose y golpeando el suelo.

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—Kyler me besó. Bueno, algo así como un beso. Fue en la esquina de mi boca, así que no estoy segura si cuenta. —Espero que se quede toda mareada, pero simplemente se queda ahí, peinándose el cabello—. Eso es algo bueno. —Siento la necesidad de decirle. Cayendo en el sofá, deslizo el elástico de mi cabello y paso mis dedos por mi cabello enredado, sintiendo como si estuviera flotando en nubes de malvaviscos—. He estado soñando con que esto ocurriera por siempre. —Sé que sí. —Coloca el cepillo en la encimera de la cocina y luego se sienta en la silla frente a mí, metiendo las piernas debajo—. Sin embargo, es un mal momento. —No hay tal cosa como un mal momento cuando se trata de conseguir un beso de Kyler Meyers. —Isa... básicamente acabas de ser expulsada de tu casa, averiguaste que tu mamá está... la abuela Stephy me dijo lo que pasó hoy. Me duele decir esto, porque soy toda de besos, pero teniendo en cuenta tu estado emocional, no creo que ningún chico deba besarte en este momento. —No soy tan emocionalmente inestable. —Incluso cuando digo eso, siento un temblor, un dolor enfrascado tratando de explotar. Trago, sabiendo que una vez que lo deje fuera, será ayer de nuevo—. En realidad, no lo estoy. Me mira. —No, sólo estás tratando de vivir en la tierra de la negación. —No estoy viviendo en la tierra de la negación. En todo caso, estoy viviendo en la tierra de ¿quién-en-el-infierno-soy? —Me muerdo el labio hasta que degusto mi sangre—. Mira, tengo miedo que, una vez que deje salir todo, no pueda apagarlo. Ayer... cuando Lynn dijo que mi madre había muerto... casi me perdí. —Lágrimas


calientes se acumulan en mis ojos, e intento parpadearlas—. Si Kai no me hubiera encontrado antes que... No sé lo que hubiera sucedido. —¿Kai te encontró? —Ladea su cabeza mientras sus cejas se elevan—. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Y cómo diablos terminaste con Kyler en su lugar? Suspirando, me incorporo y le doy un breve resumen de todo lo que sucedió en las veinticuatro horas pasadas, incluyendo el espeluznante auto que seguía apareciendo a donde quiera que fuera. —¿Crees que era de tus padres? —pregunta después que termino—. O Lynn y tu padre, de todos modos... lo siento. No estoy segura de cómo llamarlos más. Rasco mi esmalte de uñas. —Yo tampoco. Tamborilea sus dedos contra su rodilla. —¿Qué hay de esos idiotas que solíamos conocer? —La pequeña sonrisa que toca mis labios la anima a seguir adelante—. O podríamos hacer referencia a tu padre como el donante de esperma, porque eso es algo que es. Y Lynn puede ser la perra del Botox, y Hannah…

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—La media hermana del infierno. —Más bien como la diablesa del infierno. No merece ni siquiera el título de media hermana. Puede estar relacionada a ti por sangre, pero esa perra nunca ha actuado como una hermana mayor. Ninguno de tu familia nunca realmente ha actuado como tu familia. —Lo sé. —Pero, Dios, desearía no saberlo. Enrollo un mechón de cabello alrededor de mi dedo, pensando en Big Doug y cómo no he oído nada de él todavía. —Me gustaría poder encontrar más información sobre mi madre... incluso si está…—Sorbo las lágrimas—. Incluso si está muerta, como dice Lynn, todavía quiero saber más acerca de ella. Quiero decir, ¿qué pasa con sus padres? Tal vez estén aún con vida. ¿Y si tiene hijos? ¿Y si tengo, como, un medio hermano o hermana en algún lugar del que ni siquiera sé? ¿Y si son, como, agradables o algo? ¿Y si hay gente por ahí que pueda llamar familia? —Para el momento en que termino estoy divagando, estoy sin aliento, y los ojos de Indigo están ampliados. Parpadea unas cuantas veces, negando. —Está bien, en primer lugar, tienes una familia: la abuela Stephy y yo. Siempre estaremos a tu disposición. No estás sola en nada de esto. —Abro la boca para decirle que lo sé, pero me calla—. Y en segundo lugar, vamos a llegar al fondo de todo este misterio de tu madre. Sólo tenemos que llegar a un plan. Me rasco la uña del pulgar. —En realidad, tengo a un hombre buscándola ya. Se ve desconcertada.


—¿Quién? Me encojo de hombros. —Sólo un tipo al que Kai conoce. La sospecha llena sus ojos. —Y, ¿cómo conoce Kai a este tipo? —Es sólo un amigo suyo. —¿Un amigo que hace qué exactamente? —No lo sé. Busca cosas en la computadora, tal vez. No estoy realmente segura. Realmente no le hice demasiadas preguntas cuando me encontré con él. —Rasco mis brazos, retorciéndome bajo su mirada inquebrantable—. ¿Por qué estás actuando tan raro? No es la gran cosa. —¿Le pagaste a ese tipo? —No.

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—Así que déjame ver si lo entiendo. ¿Kai te presentó a un tipo al azar con un ordenador, que supuestamente va a buscar cosas sobre tu madre y a hacerlo todo de forma gratuita? Porque, déjame decirte que suena sospechoso y que, eventualmente, vas a tener que pagar por ello. —No es sospechoso. —Sostengo, sin molestarme en mencionar que conocí a Big Doug en una casa de la piscina con un pequeño equipo de cómputo de aspecto realmente caro—. Es amigo de Kai. Estoy segura que es por eso que lo está haciendo de forma gratuita. —Hmmm. —No parece muy convencida—. Creo que quiero hablar con Kai acerca de eso. Estoy a punto de decirle que no es necesario, después de todo, Kai lo hizo por mí, lo último que quiero es que Indigo le dé el tercer grado, cuando mi teléfono se vuelve loco, un número desconocido parpadea en la pantalla, y vacilo. No estoy segura de por qué. No es raro ni nada, pero teniendo en cuenta todas las cosas que han pasado hoy, me encuentro nerviosa por lo desconocido. —¿Quién es? —cuestiona Indigo, trenzándose el cabello. Mi dedo se cierne sobre el botón de hablar. —No reconozco el número. Nos sentamos en silencio mientras el teléfono suena tres veces más antes de pasar al correo de voz. —No sé por qué estoy tan nerviosa. —Equilibro el teléfono en mi rodilla—. Tengo tanto miedo que los policías aparezcan y me arrastren fuera de aquí. Cada ruido y cosa fuera de lugar me tiene saltando fuera de mi piel. —La abuela Stephy se hizo cargo de todo el asunto de la policía, y no lo hubiera dicho a menos que realmente tuviera la situación bajo control.


—Lo sé... pero no puedo evitar la sensación que Lynn tiene algo más en la manga y que está esperando el momento adecuado. El silencio se extiende entre nosotras, mientras ambas pensamos en mi declaración. Entonces mi estómago deja escapar un gruñido alto, rompiendo la tensión. Las dos estallamos en risas. —¿Has comido en todo el día? —pregunta después que nuestra risa se apaga. Pongo mi brazo sobre mi vientre hambriento. —Comí un poco de helado. Sin embargo, eso es todo. —Nos encontraré algo para comer. —En vez de dirigirse a la cocina, se acerca y me da un abrazo—. Siento mucho que esto te esté ocurriendo. Y siento en realidad no haber estado allí para ti en el pasado par de semanas. He sido una amiga de mierda. —No tienes que pedir disculpas. —La abrazo también. A veces, todavía se siente tan extraño darse abrazos. Al crecer en un hogar donde nadie realmente me quería, raramente, si es que alguna, los obtenía—. Has estado ocupada con el trabajo y esas cosas.

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—Lo sé, pero aun así... Debería haber hecho tiempo para que pasáramos más el rato, especialmente con todo lo que has pasado. —Da un paso atrás—. ¿Sabes qué? Mañana, me saldré del trabajo, y tú y yo vamos a ir en auto a la ciudad de compras. —No tienes que hacer eso. Te prometo que estoy bi… —No te atrevas a decir que estás bien. Tienes el mal hábito de hacer eso a veces. —¿Hacer qué? —Actuar como si estuvieras bien, incluso cuando no lo estás. —Yo no hago eso —protesto—. Quiero decir, mira lo que hice ayer. Estoy totalmente perdida. Tan perdida como para llorar hasta que no tuve ninguna lágrima. —Probablemente porque estuviste todos esos años en esa casa —dice—. Lidiaste con toda esa mierda y casi nunca te quejaste de ello. Si fuera tú, me hubiera perdido hace mucho tiempo. —Tal vez me perdí hace mucho tiempo —sugiero—. Tal vez por eso soy tan rara. Tal vez el botón de mi cordura se rompió hace mucho tiempo. —Tal vez. —Me da palmaditas en la cabeza—. Pero aún iremos de compras. —Está bien. —Recojo mi teléfono, mientras me notifica que tengo un mensaje de voz—. Bueno, quien sea dejó un mensaje. —Marco a mi correo de voz y me muerdo la uña del pulgar mientras espero con ansiedad para ver quién llamó, mientras Indigo se adentra en la cocina, mirándome con preocupación.


—Oye, Isa, soy Kai... supongo que todavía estás bien ocupada con Kyler o no contestas porque un número desconocido apareció en la pantalla, pero realmente necesito hablar contigo. —Hace una pausa, y cuando vuelve a hablar, la tensión se derrama de su voz—. Está bien... creo que voy a volver a llamarte en unos pocos minutos. Con suerte me contestarás. Cuando termina el mensaje, cuelgo. —Ese fue Kai. —¿Qué quería? —Agarra una caja de macarrones con queso del armario y luego cierra la puerta. —No sé. —Me quedo mirando mi teléfono, deseando que vuelva a llamar—. Sonaba raro, como si estuviera nervioso o algo así. Mi estómago se retuerce en nudos. ¿Y si tiene algo que ver con T? ¿Y si está en problemas en algún lugar? O peor, ¿y si está herido? —¿Dijo que volvería a llamar? —Le da vuelta de la caja para leer las instrucciones que aparecen en la parte posterior. —Sí. —Mantengo los ojos pegados al teléfono. Vamos, Kai. Sólo tienes que llamar de nuevo.

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A los pocos minutos mi teléfono permanece en silencio. Sólo estoy debatiendo en marcar el número, ver si Kai responde, cuando mi teléfono suena de nuevo. El número desconocido cruza la pantalla, y rápidamente respondo. —Kai. —Por alguna razón, sueno como que acabo de correr un maratón. —Oye, respondiste. —Un suspiro aliviado flota a través de la línea—. Estaba preocupado que tal vez no tuvieras tu teléfono contigo. —Siento no haber respondido la primera vez que llamaste. No reconocí el número, y después del día raro que tuve... —No. Ahora no es definitivamente el momento de entrar en esa conversación con él—. ¿Dónde estás? ¿Y de cuál teléfono estás llamando? ¿Todo está bien? Sonabas nervioso en el mensaje. Se ríe, el sonido es como música relajante para mis oídos. —¿Cuál de las dos quieres que conteste primero? —Umm... Qué tal, ¿dónde estás? —En Mapleview. —¿Todavía? Da un suspiro ponderado. —Mira, es una larga historia, pero antes que incluso intente entrar en ella, necesito pedirte un favor. —Cualquier cosa que necesites, estoy allí. —Después de lo mucho que Kai ha hecho por mí, le debo como tropecientos favores. Le toma un segundo responder.


—Necesito que vayas a la casa de Big Doug y le digas que algo ocurrió, que estoy atascado en Mapleview, y que tiene que venir a recogerme. Le llamaría, pero no tengo mi teléfono, y no puedo recordar su número. —Si necesitas un paseo, puedo ir a recogerte —me encuentro diciendo sin siquiera poner un montón de previsión en la decisión. —Quieres decir que tú y Kyler pueden venir a recogerme, ¿verdad? Porque no quiero que sepa acerca de esto. —Una gota de celos aterriza en su tono, dejándome con un sentimiento de culpabilidad y un poco confundida. ¿Se debe a que desprecia tanto a Kyler, o es algo más? Una cosa que sé con certeza, es que todo lo de ser amiga de Kai, mientras salgo en citas con Kyler va a ser bastante complicado ya que los dos no se llevan bien en absoluto. —No estoy con Kyler ya —le digo a Kai—. Me dejó en casa de la abuela Stephy hace un tiempo. Estoy con Indigo en este momento. Y estoy segura que me prestaría el auto. —Oh, lo haré, ¿no? —dice Indigo junto a la estufa. Sólo está bromeando, su expresión está mezclada con curiosidad.

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—Está bien —dice—. Big Doug puede hacerlo. Necesito hablar con él, de todos modos. —¿Estás seguro? Porque realmente no me importa. —No lo hace, tampoco. Sí, estoy cansada y necesito desesperadamente una ducha, pero suena como que podría estar en problemas, y quiero ayudarlo como me ha ayudado. Cuando duda, agrego—: Si no me dejas hacerlo, sólo voy a sentarme y preocuparme toda la noche. Probablemente no pueda dormir, y luego voy a estar de mal humor cuando Indigo me lleve de compras mañana. Entonces nunca va a llevarme de compras otra vez, y seré obligada a usar la misma ropa de siempre porque soy muy mala al hacer compras sola, y honestamente, estar en una tienda sola como que me asusta. —Lo hace, ¿verdad? —Suena divertido. —Uh, sí. Es como el peor lugar para estar si ocurre un apocalipsis —sigo con mi impresionante historia—. Pero, de todas formas, toda mi ropa tendrá agujeros, y terminaré yendo a cualquier lugar desnuda. Me sacarán a patadas de la escuela debido a su política de no estar desnuda en los de terrenos de la escuela, y no voy a tener más remedio que unirme a un convento y usar sus ropas, porque será la única manera que pudiera llegar a conseguir ropa de nuevo. Su risa llena la línea. —Una monja, ¿eh? Porque no puedo imaginarte siendo monja. —Exactamente. Por eso es que tienes que dejar que vaya a recogerte. —Me encanta que suene más relajado y que haya jugado un papel en eso. Me hace sentir como que hice algo bien. —¿Segura que no te importa? —Vuelve a comprobar—. Porque, sinceramente, prefiero que vengas a buscarme. Estoy un poco molesto con Big Doug en este momento.


Me pregunto por qué. Me pregunto qué pasó. Me pregunto muchas cosas, pero se las puedo preguntar todas cuando lo recoja. —Sí. Ya estoy en dirección a la puerta —digo, arrastrando el trasero del sofá—. Sólo dime dónde te encuentras. Me da la dirección, y la apunto en mi aplicación de bloc de notas. Entonces le digo que estaré allí en dos horas, y me lo agradece al menos diez veces. Después de colgar el teléfono, voy a la cocina a buscar las llaves del auto de Indigo. —Estás bien si te tomo prestado el auto, ¿verdad? Apaga la estufa y vierte agua de la sartén al fregadero. —La abuela Stephy masticará mi trasero si te dejo conducir sola hasta Mapleview tan tarde. —Lo dudo. Quiero decir, no es estricta. Nos dejaba ir todo el tiempo solas de viaje. —Subo la cremallera de mi chaqueta, encogiéndome por la mancha de barro gigante en ella. No me he cambiado o duchado desde ayer por la mañana. Sólo puedo imaginar cómo me veo y huelo en este momento—. Además, casi tengo dieciocho años.

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—Eso no importa. —Pone la caja sin abrir de macarrones con queso en el armario—. Tuviste un mal día, y no querrá que estés sola. Cierto. Me dijo eso en el teléfono cuando hablé con ella antes. —Entonces, esto es lo que vamos a hacer. —Se seca las manos en un trapo de cocina—. Voy a cambiarme a algo de ropa mientras te cambias la tuya, porque esa mancha de barro me va a volver loca. Si tengo que mirarla todo el viaje, podría quitártela y quemarla. —Me sonríe, así que sé que me está tomando el pelo. Bueno, como que está bromeando, al menos alrededor de la parte de quemarla. Mientras vuelve a su habitación, me cambio a un par de jeans limpios y a una camisa de manga larga negra, y me deslizo mi par de botas favorito de terciopelo rojo. Entonces me apuro al baño a lavarme la cara, a cepillarme los dientes, y a ponerme un poco de desodorante. No me molesto en mirarme en el espejo. Sé que sólo hará que me den ganas de limpiarme más, y no hay tiempo para eso. —¿Lista? —pregunta Indigo mientras asoma la cabeza en el baño. Su cabello está rizado, y se puso un toque de brillo labial y rímel. Tiene puesta una falda hasta la rodilla, y una chaqueta de cuero, junto con sandalias de gladiador. Cómo demonios se las arregló para conseguir vestirse así en cinco minutos está más allá de mí. —Sabes que sólo estaremos recogiéndolo en alguna gasolinera, ¿verdad? —Le doy una mirada apremiante a su atuendo. —Sí, pero tengo que estar preparada. Nunca se sabe cuándo te vas a encontrar al amor de tu vida. —Se dirige al pasillo—. Por lo que sé, podría tener un neumático


desinflado en el camino, y cuando pare a alguien en busca de ayuda, podría ser con el tipo del que me enamore. —O el tipo que nos va a asesinar y enterrar en el bosque —le digo siguiéndola—. ¿Sabes cuántas películas de miedo comienzan de esa manera? Pone los ojos en blanco mientras recoge sus llaves, monedero, y teléfono de la encimera de la cocina. —Jesús, Isa. ¿Por qué tienes que arruinar mi diversión? —Prométeme que vas a llamar a una grúa si tenemos un neumático pinchado. —Abro la puerta principal—. No pararemos autos… —De repente tengo la sensación que estoy siendo vigilada. Me pone los pelos de punta, y mi ritmo cardíaco se acelera a medida que me lleno de escalofríos. —¿Qué pasa? —pregunta Indigo mientras sale al porche y cierra la puerta. Mi mirada atraviesa el estacionamiento, los edificios, los árboles, la calle. —No es nada... Acabo de tener la extraña sensación que estaba siendo vigilada. Deja caer las llaves en su bolso y lo cierra.

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—Está bien, creo que te prohibiré las películas de miedo por un tiempo. Estás seriamente volviéndote paranoica. —No es eso. —Me rasco la parte posterior de la cabeza, tratando de averiguar por qué me siento así. No hay nadie alrededor. Incluso el estacionamiento está casi completamente vacío—. Lo siento. Creo que estoy muy cansada, y esta cosa del auto azul me tiene al borde. —Totalmente comprensible. Y, como te dije antes, cuando la abuela Stephy llegue a casa, le diremos sobre el auto, pero sinceramente, creo que podría haber sido cualquiera amigo de Hannah jugando contigo o simplemente una coincidencia monstruosa. Esta ciudad es demasiado pequeña. Veo los mismos autos todo el tiempo y a las mismas personas molestas. Huh. Ni siquiera había pensado en que pudiera ser Hannah, pero después de lo enojada que estaba por Kyler y yo saliendo, no lo dudaría. Ahora, esa podría ser otra historia. —Sin embargo, Hannah no tiene un auto azul con una pegatina de Superman en él —señalo. —Entonces, podría haber pedido prestado un auto de uno de sus amigos. —Sí. Supongo que sí. —Aun así, no puedo ver a Hannah siendo amiga de alguien conduciendo un auto con una pegatina de Superman en él. —Deja de sobre analizar todo. —Indigo une los brazos conmigo y me arrastra hacia el auto—. Vamos. Vamos a buscar a tu hombre de caramelo. No la corrijo sobre Kai siendo mi hombre de caramelo. Sólo la sigo hasta el auto y cruzo los dedos para que no tengamos un neumático pinchado.


Capítulo 11 Isabella En el momento en que llegamos a Mapleview, son casi las diez. Indigo me dice que probablemente debería enviarle un texto a la abuela Stephy para que no se asuste cuando llegue a casa y no estemos allí. Le envío un texto, pero no contesta. —Probablemente todavía esté en el avión —dice Indigo, reduciendo a cenizas su cigarrillo por la ventana—. ¿Cuándo se suponía que aterrizaría su vuelo? —No estoy segura. Sin embargo dijo que estaría en casa a las once.

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—Espero que su vuelo no se retrase. Volverá a casa de mal humor si lo hace. — Ralentiza el auto a medida que baja el límite de velocidad—. ¿En qué camino estaba la estación de servicio? Abro la aplicación de bloc de notas y le digo la dirección. —Creo que es en el lado este de la ciudad. Avienta su cigarrillo por la ventana y se centra en la carretera. —Esta ciudad está muerta. Ni una sola tienda está abierta, y son solo las diez de la noche del sábado. —Mapleview es de esa manera —le digo—. Es inferior a Sunnyvale. Frunce el ceño a las tiendas que bordean la calle. Todas están cerradas, las únicas luces son las procedentes de las farolas. —Parece un pueblo fantasma. —Es lo que es. —Escribo la dirección en una aplicación de mapas para poder obtener direcciones—. Quiero decir, la gente vive aquí y todo, pero es el tipo de lugar donde las personas se refugian cuando hay algún turbio o hacen cosas que son oscuras y no quieren ser encontrados. —¿Entonces por qué Kai está aquí? —Probablemente sólo estaba visitando a alguien o algo. —Pero sé que no es verdad. Mencionó algo sobre Big Doug metiéndolo en este lío. Sólo desearía saber en qué clase de lío está—. Gira a la derecha aquí. —Apunto a una señal de tráfico. Indigo hace lo que le digo y da vuelta en el camino lateral. Cuanto más tiempo conducimos, más estrecha se vuelve la zona: un menor número de farolas se alinean en las calles; las tiendas se vuelven almacenes tapiados; y personas están reunidas en los estacionamientos y las esquinas de las calles, haciendo quién sabe


qué. Para cuando veo la estación de servicio, estoy lista para agarrar a Kai y decirle “Paz” a la ciudad. —Ahí está su auto. —Señalo mientras me desabrocho el cinturón de seguridad. Se detiene en el estacionamiento y para al lado del auto de Kai. Es entonces cuando me doy cuenta de la ventana del lado del pasajero rota, del capó abollado, y de los faros agrietados. Los ojos de Indigo prácticamente sobresalen de su cabeza mientras ve la condición del auto de Kai. —¿Consiguió eso en un accidente? —No tengo idea —digo con pánico. ¿Qué pasa si está herido? Salto del auto y no me detengo, incluso cuando Indigo me grita que espere un minuto. En el momento en que abro la puerta y tropiezo dentro de la estación de servicio, soy un manojo de nervios, toda ojos salvajes y tratando de recuperar el aliento.

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Mi mirada roza la estación de servicio. Veo a Kai sentado detrás del mostrador en una mesa, jugando póquer con un hombre mayor, que lleva una camisa de botones con el logotipo de la estación de gas. —Creo que podrías estar engañándome —le dice Kai al hombre, bajando la mirada a las cartas que está sosteniendo. —Deja de quejarte y haz tu apuesta —se queja el anciano—, antes que te haga esperar. Kai añade algunas fichas rojas de póquer a un pequeño montón en el centro de la mesa. —Sí, sí, dijiste eso como veinte veces. —Bueno, esta vez, quise decirlo —gruñe—. ¿Qué tienes? Apuesto a que nada. —¡Ja! —Kai baja sus cartas—. Uno completo. —Se estira para verme—. Oye, llegaste. —Por supuesto que lo hice. —Sonrío de regreso, pero mi sonrisa se tambalea cuando veo las contusiones y cortes en su rostro. Uno de sus ojos está tan hinchado que me pregunto si puede ver. Un corte corre a lo largo de la línea de su cabello, con sangre seca, con puntos, su mejilla y labio están hinchados—. ¡Mierda, Kai! ¿Qué le pasó a tu rostro? —¿Qué? ¿No siempre se ve de esa manera? —pregunta el anciano, sonriéndole a Kai—. ¿Es esta la chica de la que estabas tan enamorado? Ummm... ¿Qué? Kai no parece en absoluto preocupado por lo que dijo el hombre, sonriendo mientras quita la silla de la mesa y se pone de pie.


—Deja de tratar de meterme en problemas —le dice al hombre, entonces se vuelve hacia mí—. Te explicaré todo en el auto. —Está bien. —Mantengo mis ojos en él mientras rodea el mostrador, tratando de decidir si está herido en otro sitio. Las manchas de sangre salpican su camisa de manga larga y jeans de color gris, y su rostro se ve horrible, pero aparte de eso, no puedo ver nada más. —¿Estás bien? ¿Estás lastimado en otro sitio? —Tú y tus preguntas —me dice, pareciendo extrañamente en buen estado de ánimo teniendo en cuenta lo golpeado que se ve—. Siempre estás tan llena de ellas. Cruzo los brazos. —Me llamas desde un número desconocido, me pides que te recoja en Mapleview en una gasolinera al azar en medio de la nada, y tu auto está en mal estado, por no hablar de tu rostro, por lo que las preguntas son totalmente justificables en este momento. El humor baila en sus ojos. —¿Estoy en problemas?

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Tengo que trabajar muy duro para parecer enojada. —Sí. Al menos hasta que empieces a explicarte. Empieza a chupar su labio entre los dientes, pero hay un pequeño corte en él, y se estremece. —¿Vas a castigarme si no lo hago? Siento un rubor calentando mis mejillas. —¿Cómo puedes bromear en este momento cuando parece que tu rostro se metió en una pelea con una roca y perdió? —En realidad, fue un tipo de tamaño-sumo y una barra de hierro. —Deja caer los hombros—. Mira, sé que metí la pata, pero bromear es lo único que evita que me pierda. Su honestidad me estruja. Por lo general, Kai bromea sobre todo y casi nunca admite sus verdaderos sentimientos. —¿Necesitamos conseguir alguna cosa antes de irnos? —Echo un vistazo alrededor de la tienda—. ¿Tal vez algunas tiritas y una bolsa de hielo? Toma su mejilla con la mano, como si tuviera dolor. —Una bolsa de hielo suena bien. —Muy bien, déjame agarrar algunas cosas, y te veré en el auto. —Comienzo a ir a la parte trasera de la tienda. Él se detiene detrás de mí por un pasillo. —Acaban de asaltar mi trasero, y fue a plena luz del día, así que no estoy dispuesto a permitir que deambules sola alrededor cuando está oscuro.


Abro la puerta del congelador y agarro una botella de agua. —¿Asaltado por un luchador de sumo? —Sé que suena loco, pero es lo que realmente sucedió —dice aturdido, viéndose como si no lo creyera él mismo—. Me alejé de mi auto, como por cinco segundos, y este hombre llega, rompe mi ventana, roba... algo de mi auto, entonces me golpea en la cabeza con una barra de hierro. Me desmayé, y cuando desperté, mi auto estaba todo destruido. Incluso destruyó la batería y recortó los neumáticos. Loco bastardo estúpido. Algunas cosas pasan por mi mente a la vez, pero lo más importante se destaca. —¿Te golpeó en la cabeza con una barra de hierro? —Toco su cabeza—. ¿Tienes una conmoción cerebral? —No estoy seguro. —Entrecierra los ojos mientras mis dedos rozan la línea de su cabello—. ¿Cómo se siente una conmoción cerebral? —No lo sé. Nunca he tenido una antes. —Está bien. Ahora estoy realmente empezando a preocuparme—. Creo que deberíamos llevarte al hospital. —No —dice con firmeza—. Sin hospitales. Sin doctores. Mis padres no pueden saber de esto.

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—Van a saberlo cuando te presentes con ese aspecto. —Hago un gesto a su rostro. Él toca el rabillo de su ojo y se estremece. —Sé que es malo, pero no puedo decírselos. Ya... mi padre... No iré a casa. Dormiré en la casa de Big Doug o algo hasta que se me cure el rostro. —Sin embargo no se veía demasiado encantado con esa idea. —Eso podría llevar al menos una semana. ¿Tu mamá y papá no se enojarán cuando no llegues a casa por tanto tiempo? —¿No es eso lo que los padres normales hacen? —No les importará —dice—. Estarán felices que no esté allí. Recuerdo la noche en que vi al padre de Kai gritarle y golpearlo en la parte posterior de la cabeza. Mientras no fue muy duro, todavía no me sentó bien. Eso me hace preguntar si es por eso que no quiere ir a casa. Tal vez le preocupa que su padre lo golpee o algo. Y luego está esa cosa que dijo Kyler en el auto acerca de cómo su padre quería que hiciera deporte. Es evidente que su padre es un hombre exigente, todo lo contrario a mi casi-no padre. Pienso en lo asustada que estaba de volver a casa ayer por la noche, cómo Kai se quedó y vio películas conmigo, y la forma en que terminamos durmiéndonos juntos en el sofá cuando pensaba que ni siquiera podría dormir en absoluto. —Puedes quedarte conmigo si es necesario. —¿En casa de tu abuela? —A ella no le importará. Es buena. Probablemente te hará dormir en el sofá, pero es bastante cómodo. Y hará el desayuno por la mañana.


Ya considerando mi oferta, una serie de emociones parpadean en su rostro: vacilación, confusión, gratitud, y en última instancia, hilaridad. —¿Vas a dormir en el sofá conmigo? Pongo los ojos en blanco. —No. Tendrás que ser un chico grande y dormir solo. Él saca el labio, de mal humor. —Pero yo dormí en el sofá contigo. ¿Eso no significa que tengas que devolverme el favor? Muerdo mis labios para no sonreír y animarlo más. —Voy a devolverte el favor en otro momento. Mi abuela es linda y todo, pero no tan buena. Sonriendo, se estira y pasa el dedo por el borde de mi nariz. —Voy a asegurarme que cumplas eso. Su toque me hace sentir como un trago lleno de mariposas muy vivas, muy excitadas. Todo por un maldito toque.

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Con miedo que mi voz salga toda tambaleante, no digo nada y busco en el almacén una bolsa de hielo. Lo coloco en un vaso y tomo un par de servilletas para limpiar la sangre. Las tiritas no van, así que recojo un par de barras de caramelo y un refresco, esperando que una pequeña subida de azúcar pueda ayudarlo a sentirse mejor. Después que pagamos, le dice adiós al cajero, y luego nos dirigimos hacia el auto. Kai agarra una carpeta delgada y su chaqueta de su auto antes de deslizarse en el asiento trasero del auto de mi abuela Stephy. Indigo se gira en el asiento, ve su rostro, y su mandíbula cae. —Vaya. Te ves como una mierda. —Eh, gracias —dice secamente luego suspira—. Pero en serio, gracias por venir y recoger mi sentido trasero. Fue realmente genial de ustedes. —No hay problema. —Indigo arranca el motor—. Estás bien, ¿verdad? —Ahora lo estoy. —Tiembla, golpeando su espalda contra el asiento—. Creo que este asiento se rompió. —Se acerca y juega con un pestillo, plegando el respaldo del asiento hacia delante y mirando en el maletero—. Tu abuela realmente necesita arreglar esto. —No lo hará —digo, deslizándome en el asiento de al lado—. Va a decir que es viejo y tiene carácter y arreglarlo lo arruinaría. Kai empuja el asiento hacia atrás, con sus ojos aterrizando en mí. —No tienes que sentarte aquí conmigo. Prometo quedarme sentado durante un par de horas sin meterme en líos.


—No sé acerca de eso. Eres un pequeño tonto. —Pongo la bolsa de cosas que compré en el suelo y cierro la puerta—. Voy a tratar de limpiar tu rostro, ¿de acuerdo? —Ay, mi propia enfermera traviesa. —Aprieta la mano contra su pecho—. Siempre he querido una de esas. Indigo se ríe mientras conduce fuera de la zona de estacionamiento. —Me olvidé de lo adorable que es. —No lo animes —le advierto. A Kai, le digo—: No soy tu enfermera traviesa. Sólo estoy tratando de vendarte, y luego voy a tratar de ver si puedo encontrar información sobre conmociones cerebrales. Él frota sus labios, reprimiendo una sonrisa. —No arruines mi diversión. En este momento, estoy imaginándote totalmente en un vestido ajustado, corto, blanco. —Su mirada se arrastra por mis piernas—. Con medias cortas que van todo el camino hasta las largas piernas tuyas. Se ven muy bien en ti, por cierto.

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Un hormigueo se derrama por mi piel, pero rápidamente me encojo. No estoy segura de si estar feliz que esté en un buen estado de ánimo a pesar de todo lo que sucede o preocupada que tal vez una conmoción cerebral esté haciéndolo actuar de esa manera. —Inclínate hacia atrás en el asiento —lo instruyo mientras saco las servilletas y el agua—. Voy a limpiar la sangre de tu rostro. Después pondrás una de las botellas de soda en tu mejilla mientras hago una búsqueda en Internet sobre conmociones cerebrales. Sin embargo, hagas lo que hagas, no te vayas a dormir. Creo que recuerdo haber leído algo en la clase de salud sobre necesitar permanecer despierto después de una conmoción cerebral o algo. Él pone mala cara. —¿Qué pasa si estoy cansado? Muevo un dedo. —No me importa si estás cansado. Mantén los ojos abiertos. Si siquiera los veo empezar a cerrarse, te pellizcaré. Levanta su mano para cubrir su boca y ocultar su sonrisa. —Eres linda cuando eres mandona. Respiro una discreta inhalación por la nariz, tratando de permanecer indiferente. Pero no puedo evitar pensar en Kyler y cómo, el día de hoy, llamó lindas a mis pecas. Aunque sé que Kai simplemente está jugando un poco conmigo, todavía se siente incómodo tener a ambos llamándome linda el mismo día. Después que ralentizo mi respiración, abro la tapa de la botella de agua y vierto un par de gotas en un par de servilletas. —Entonces, ¿vas a decirme lo que estabas haciendo en Mapleview? —Presiono suavemente la servilleta en un punto de sangre seca en su mejilla.


Se estremece, pero no mueve la cabeza, manteniendo los ojos fijos en mí. —Estaba haciendo algo para Big Doug. —¿Qué clase de algo? —Paso con delicadeza la servilleta contra su mejilla, moviéndome lentamente hacia su línea de mandíbula. —Sólo algo. —¿Algo ilegal? Porque Mapleview no tiene el mejor representante de ser un buen lugar al que la gente va a hacer cosas buenas. —¿Me estás juzgando? —Abraza la carpeta a su pecho como un osito de peluche, viéndose herido. —¿Qué? Dios, no... Estoy preocupada por ti. —Me muevo unos centímetros más cerca de él, poniendo un par de dedos en su otra mejilla, e inclinando su cabeza para poder limpiar la sangre al otro lado de su rostro—. Esta mañana, cuando estábamos en el pasillo, comenzaste a decirme que algo malo pasó contigo y ese tipo T, pero nunca tuviste la oportunidad de terminar. —Debido a que Kyler me interrumpió —refunfuña, con el ceño fruncido.

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—Lo sé. Me gustaría que no lo hubiera hecho. Quería… deseaba asegurarme que estabas bien. —Estoy bien. —Su mirada es tan intensa, tan fija únicamente en mí, que mis dedos tiemblan—. ¿Salieron todo el día? Asiento de mala gana. —Bueno, más o menos hasta las siete. —¿Qué hicieron? —pregunta, en realidad sin sonar seguro que lo quiere saber. Me encojo de hombros, encendiendo la luz del techo para tener una mejor visión del corte en su frente. —Jugamos un poco de baloncesto. Luego fuimos a la cancha de fútbol y jugamos fútbol americano con sus amigos. —Uf —dice Indigo, y me doy cuenta que ha estado escuchando toda la conversación—. ¿Fútbol? ¿Eso es lo hicieron durante todo el día? Se me hace un poquito incómodo que esté prestándonos tanta atención a Kai y a mí. Indigo es demasiado observadora para su propio bien, y tiene debilidad por Kai. Está determinada que Kai y yo nos llevemos bien, a pesar que nunca ha conocido a Kyler, y es muy contundente acerca de su opinión. —No fue tan malo. Incluso anoté el touchdown ganador. —Examino el rostro de Kai para asegurarme que quité toda la sangre. Mientras estoy inclinada sobre él, empieza a pasar los dedos por mi cabello. El movimiento, aunque sutil, centra toda mi atención allí. Me vuelvo híper alerta que su rostro está a diez centímetros de mi cuello, el calor de su aliento me hace cosquillas en la piel.


—Touchdown o no, todavía tuvo que apestar en las bolas jugar con sus amigos. Son idiotas, y sé que te han tratado mal en el pasado. —Hace una mueca—. Sin embargo apuesto a que fueron muy agradables contigo ahora, al igual que Kyler, y es porque eres atractiva. Ni siquiera te conocen, no como yo te conozco — murmura, jugando con mi cabello—. Tu cabello es tan suave. Me recuerda el terciopelo. Me siento de nuevo para darle un buen vistazo. —Creo que necesito buscar síntomas de una conmoción cerebral. —Estoy bien —insiste, descansando su cabeza contra el asiento y bajando los párpados—. Totalmente bien… Presa del pánico, pellizco su brazo. Sus párpados se abren, y me mira. —Ay. Eso duele. —Te advertí que lo haría. —Saco mi teléfono—. Ahora mantén los ojos abiertos mientras busco eso. —Sí, jefa —murmura, descansando su cabeza en mi hombro.

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Indigo me llama la atención en el espejo retrovisor, y aunque no puedo ver su boca, sé que está sonriendo. Yo, no tanto. Estoy empezando a preocuparme. Kai actúa como si estuviera borracho o algo así. Tal vez lo está. Pero no tiene alcohol en el aliento ni nada. Me lleva quince minutos de pelea con una señal entrando y saliendo antes que pueda entrar en una página web útil. Tengo que pellizcar a Kai tres veces para mantenerlo despierto, y cada vez que responde, hace menos sentido. La confusión es un síntoma, y sin duda está confundido. Cuando le hago preguntas sobre el pasado par de horas, ni siquiera puede recordar cómo empezó a jugar póquer con el cajero en la estación de servicio. —¿Qué hay de justo después que te viste afectado por ese tipo? —le pregunto—. ¿Puedes recordar lo que pasó entonces? —Sí, me desmayé por un minuto, desperté, te llamé porque memoricé tu número. —Aprieta dos dedos en su sien—. Todo está aquí. Cada número está arraigado en mi mente... Y sabía que si te llamaba, me ayudarías sin juzgarme. — Me acaricia la mejilla con los dedos—. Eres así de agradable. Demasiado bonita, la verdad. Demasiado bonita para estar conmigo o con mi hermano o con nadie. Nadie es digno. En este punto, sus toques y laberíntica forma de pensamiento no me perturban. Está claro que tiene una lesión en la cabeza, y mientras que no quiere ir al hospital, no estoy segura que me siento bien o no llevándolo. Sin saber qué más hacer, llamo a mi abuela Stephy. —¿Dónde estás? —pregunta en el momento que contesta. —¿No recibiste mi mensaje? —pregunto—. Te dejé uno.


—Sí, pero eso no quiere decir que sólo voy a estar bien volviendo a una casa vacía después de todo lo que pasó hoy. —Suena loca—. Y traté de llamarte un montón de veces, pero el teléfono seguía yéndose al correo de voz. —Lo siento. —Me siento mal por preocuparla—. Estábamos en Mapleview, recogiendo a uno de mis amigos que necesitaba un aventón. Fue como una cosa de última hora. Su auto se averió..., y estaba atrapado allí. —¿Estás viniendo a casa ahora? —pregunta, calmándose. —Sí, estamos a un cuarto de hora de distancia… —tartamudeo con mis palabras mientras Kai se acuesta y pone su cabeza en mi regazo—. Uh, sí, estamos a quince minutos. —Bien —dice—. No me gusta que estés fuera tan tarde, especialmente con todo lo que sucede. Pienso en todas las cosas locas que dejó que Indigo y yo hiciéramos mientras estábamos en el extranjero. No tiene sentido preocuparla porque estamos fuera tan tarde. —¿Hay algo que pase que no sepa? ¿Mis padres realmente no están bien conmigo quedándome allí?

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—¿Qué? No —dice—. Puedo omitir la verdad a veces, pero nunca haría toda una mentira por ti. Quiero creerle, realmente quiero hacerlo, pero teniendo en cuenta que me dejó creer que Lynn era mi madre durante todos esos años, no estoy completamente convencida que está siendo cien por ciento veraz. También sé que me mentiría si pensara que me estaba protegiendo de algo. Pero tratar de entrar en eso con ella por teléfono no va a hacer ningún bien, y quiero centrarme en el problema acostado en mi regazo en este momento. Le doy al brazo de Kai un suave pellizco cuando comienza a dormirse de nuevo. —Abuela, ¿sabes algo acerca de conmociones cerebrales? —¿Por qué? —pregunta con cautela. Le explico cómo Kai fue asaltado y golpeado en la cabeza con una barra de hierro, y ahora se niega a ir al hospital debido a que está preocupado que sus padres se enojen con él. Cuando cuestiona por qué está tan preocupado que sus padres se enojen con él, no sé qué decirle. —¿Se suponía que no debía estar en Mapleview? —pregunta—. ¿Sus padres no sabían que estaba ahí? —No sé. —Miro a Kai acostado sobre su costado, acaricio su rostro en mi regazo. Tengo el impulso loco de pasar mis dedos por su cabello, igual que hizo por mí hace unos minutos. Sin embargo freno el impulso, diciéndome que no tengo una conmoción cerebral, por lo que no tengo excusa para tocarlo así—. Creo que sólo no se lleva muy bien con sus padres. Creo que sólo está preocupado que su padre se enoje con él por arruinar el auto y esas cosas.


—Su padre suena como un idiota —dice de manera casual—. Si lo asaltaron, entonces no fue su culpa. —Su padre es como un idiota. El tipo me recuerda a Lynn, aunque no tanto. No es más que un tipo medio enojado. —Pobre Kai. Deslizo distraídamente los dedos por su cabello, pero luego los aparto rápidamente. Vaya. ¿Qué estoy haciendo? —No te detengas —murmura, tratando de alcanzar mi mano y moviéndola hacia su cabeza—. Se siente tan bien. Bajo la mirada a mi mano con incertidumbre. ¿Debería hacerlo? ¿No es raro? —Sólo hazlo —me insta Indigo—. Es probable que no lo recuerde por la mañana, por lo que no tendrás que preocuparte por las cosas sintiéndose torpes, pero él estará agradecido por esta noche. Quizás no sea incómodo para él, pero acabo de pasar el día con su hermano y dejé que me besara en la comisura de los labios. ¿Y ahora qué? ¿Voy a sentarme aquí con Kai y a jugar con su cabello? ¿No es eso cruzar una línea? Pero ya que está herido, de alguna manera racionalizo que está bien y paso los dedos ligeramente por su cabello.

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Es tan suave... —Isa, ¿qué está pasando? —dice la abuela Stephy a través del teléfono, sorprendiéndome. Me olvidé por completo que estaba hablando con ella. —Nada. —No, definitivamente hay algo—. ¿Qué debería hacer con una contusión? ¿Crees que esté bien si no lo llevo a un médico? —No estoy segura. No sé mucho acerca de conmociones cerebrales. —Hace una pausa—. Tengo un amigo que es un médico retirado. Vive unos edificios más abajo. Déjame hacerle una llamada y ver si todavía está despierto. Tal vez nos pueda ayudar. Me reclino en el asiento con los dedos aún en el cabello de Kai. —Gracias, abuela. —Puedes darme las gracias por sacar tu trasero de esa casa. Me sentiré mejor cuando estés aquí. Sí, yo también, pero sobre todo porque sólo quiero estar segura que Kai esté bien. En el momento en que cuelgo, ya casi estamos en el complejo de apartamentos. Kai todavía tiene su cabeza en mi regazo cuando nos dirigimos hacia el estacionamiento, y todavía estoy pasando mis dedos por su cabello. No sé por qué, pero estoy empezando a encontrar el movimiento casi tan suave como él. —Kai —le susurro mientras Indigo apaga el motor—. Estamos aquí. —Cuando el chico no responde, hablo en voz más alta, acercándome más—. Kai, estamos en la casa de mi abuela. Tienes que levantarte para que podamos ir.


La única respuesta que recibo es el suave sonido de su respiración. —Kai. —Lo pellizco. Nada. Pánico. Pánico. Pánico—. Kai, tienes que despertar. —Estoy despierto —se queja—. Así que deja de gritar. Olas de alivio me atraviesan con el sonido de su voz. —Vamos. Te ayudaré a entrar, pero no puedo cargarte. Él se pone sobre su espalda, y sus párpados se agitan mientras abre los ojos. Parpadea hacia mí, aturdido y confuso. —¿Dónde estamos? —En casa de mi abuela —le digo—. Recuerdas, dije que podrías quedarte aquí. No parece tener idea de lo que estoy hablando, pero se incorpora de todos modos. Permanece en silencio mientras abre la puerta y tropieza fuera al aire fresco de la noche. Me apresuro y salto fuera, persiguiéndolo mientras se pasea por la hierba, yendo en la dirección equivocada. —No, por aquí. —Tomo su brazo y lo arrastro en la dirección opuesta.

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Me sigue, parpadeando a los alrededores, siendo extrañamente callado para ser Kai. No me relajo cuando lo llevo al interior. En todo caso, me asusta aún más. En la luz, se ve mucho peor. Sus ojos están inyectados de sangre, su expresión aturdida. Afortunadamente, el médico amigo de mi abuela ya está ahí. Es un hombre mayor, probablemente de unos setenta años, con cabello cano. Parece bastante agradable mientras le dice a Kai que se siente en el sofá y luego mueve la silla y le hace una serie de preguntas. Kai responde lo mejor que puede. Luego, el médico comprueba sus reflejos. Decido hablar con el médico que pienso que Kai también tiene lastimadas las costillas para que se las compruebe. No me molesto en mencionar que fue desde ayer, porque no quiero intentar explicar por qué Kai fue golpeado tanto. Puede que ni siquiera lo intente debido a que Kai no me ha explicado aun lo que pasó. —Estoy segura que está bien. —Indigo intenta tranquilizarme. —Sí, lo sé. —Pero no lo sé a ciencia cierta. No sé mucho de nada más. Me estoy convirtiendo en la chica más despistada en el mundo. Isabella Anders, la chica despistada que no sabe quién es su madre, que juega con el cabello de los chicos después de clase, más o menos besó a otro tipo, por lo que está muy preocupada en este momento qué siente que va a vomitar. Indigo me ofrece unas galletas. —Necesitas comer. Agarro un puñado y las meto en mi boca, pero apenas las degusto. —Me sentiré mejor cuando sepa que está bien. —Me pregunto por qué. —Su mirada perfora un agujero en el lado de mi cabeza, pero me niego a mirarla.


Una vez que el doctor finaliza, se levanta de la silla y se dirige a la abuela Stephy. —Tiene una conmoción cerebral leve, y ese corte en la cabeza puede que necesite un par de puntos de sutura. —Me mira—. Traté de decirle que podría necesitar que se ocupen de él, pero dice que está bien. No tengo nada con qué darle puntadas aquí, así que sugiero que traten de conseguir que vaya por la mañana. En cuanto a las costillas, puede haber una rota, pero no hay mucho que pueda hacer por eso. Sólo tiene que tomarlo con calma. Podría ir y conseguir una radiografía para confirmarlo, pero eso es todo. Asiento, pero teniendo en cuenta la inflexible forma en que Kai dijo que no iría al hospital, no creo poder persuadirlo. El doctor hace una lista de los síntomas a tener en cuenta y dice que, si muestra alguna señal de ellos, lo debemos llevar al hospital de inmediato. Luego recoge sus cosas, y mi abuela Stephy se va con él. La mirada de Kai choca con la mía a través de la habitación y acaricia el cojín al lado de él.

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—Ven y siéntate conmigo y juega con mi cabello un poco más. —Parece estar más alerta que en el auto, pero las heridas en su rostro son más prominentes bajo la luz. Cuando me congelo, Indigo me da un codazo en la espalda, empujándome hacia adelante. —Ve y cuida de tu hombre de caramelo. Le disparo una mirada sucia, pero sólo se ríe de mí. Negando, atravieso la habitación y me siento en la silla junto a Kai. —¿Necesitas algo? El médico dijo que podías tomar un par de analgésicos, y creo que mi abuela podría tener una bolsa de hielo en el congelador. Él se acuesta y pone su cabeza en mi regazo de nuevo. —Sólo quiero descansar así. —¿Mi regazo es tan cómodo? —bromeo, sonriéndole. Asiente, mirándome, todo serio e intenso, como se pone a veces. —Es mejor que una almohada. —Dudo mucho eso. —Ja. Entonces claramente no has descansado en tu regazo antes. —Eso es algo imposible. —Tal vez. —Mueve el brazo sobre su frente, protegiéndose los ojos de la luz mientras me mira fijamente—. Entonces deberías tratar en mi regazo. Puede ser que sea más cómodo.


—¿Cómo podremos saberlo alguna vez a ciencia cierta? No es como que podemos comparar. —Cierto. Pero creo que deberíamos intentarlo al menos. —Empieza a incorporarse; supongo que puedo dormir en su regazo. Pongo mi mano en su pecho y lo guío hacia abajo. —Podemos intentarlo mañana. Esta noche, descansa. —¿Lo prometes? —¿Prometer qué? —Que mañana pondrás la cabeza en mi regazo. Pienso en cómo Indigo y el doctor dijo que Kai podría no recordar mucho sobre esta noche. —Por supuesto. Me sonríe. —Eres tan bonita, en serio, eres magnífica. He pensado eso por un tiempo.

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Indigo se ahoga con una risa, escupiendo trozos de galleta por toda la alfombra. —Es incluso encantador cuando está completamente fuera. Es más que encantador si me lo preguntan, pero a pesar que es como un ligue normal, nunca me dijo que soy hermosa. Sin saber qué más decir, paso una línea con mi dedo alrededor del corte en su frente. —Debes escuchar al médico e ir a conseguir puntos de sutura. Dijo que podrías terminar con una notoria cicatriz si no lo haces, y que te tomará más tiempo sanar. Me despide. —Las cicatrices están bien. —No en tu rostro. —Ajá. Esto demuestra que eres dura, que has hecho cosas locas. Y ayuda a recordar eso cuando hagas cosas locas. —¿De verdad quieres recordar las cosas locas que pasaron esta noche? Su expresión se hunde. —Isa, creo que metí la pata. —Se estira, haciendo círculos con el dedo alrededor de mis muñecas, y levantando mi mano a su rostro. Al principio, creo que es porque lo estoy lastimando, pero luego la pone en su desaliñada mejilla hinchada y suspira—. Con este tipo T... con lo que pasó esta noche... con las cosas que no te he dicho todavía... Mi frente se arruga.


—¿Qué cosas no me has dicho? Sus labios se abren, inundando sus ojos de preocupación, pero antes que pueda decir algo, mi abuela entra. Me da una mirada y a Kai en el sofá, entonces niega. —Muy bien, el chico dormirá en el sofá —anuncia, señalando el pasillo—. Isa, dormirás en la habitación de atrás. Puedes poner una alarma para venir y ver cómo está en un par de horas. —Agarra la manija con una maleta apoyada contra una pared cerca de la puerta—. Voy a ir a tomar una ducha. Isa, antes de meterte en la cama, tú y yo necesitamos hablar. —Con eso, sale de la habitación, arrastrando su maleta con ella. Indigo empieza a abrir la boca, pero antes que pueda decir algo, la abuela dice en voz alta—: Indigo, dale a Isa un momento para darle un beso de buenas noches a su lindo novio. Indigo se ahoga con otro bocado de galleta, mientras la mortificación atraviesa mi rostro. Oh, Dios mío, ¿en serio acaba de decir eso? Mi vergüenza sólo se amplifica cuando Kai se ríe. —Piensa que estamos saliendo. —Cierra los ojos, sonando completamente entretenido por la idea—. Y que soy lindo.

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—Piensa que todo el mundo es lindo —le digo, deseando meterme en un agujero y morir. Sus párpados se abren lentamente, y entrecierra los ojos contra la luz mientras se centra en mi rostro. —Sí, pero ¿piensa que de todos los hombres son tus novios? Casi digo “sí, lo hace. Ha dicho cosas similares sobre Kyler”. Gracias a Dios, me las arreglo para evitarlo; de lo contrario, habría hecho la situación aún más difícil. —Te debo dejar para que puedas descansar un poco —le digo a Kai—. Vendré a ver cómo estás en un momento. Gruñe una protesta, pero se incorpora y me deja salir del sofá. Voy al armario de ropa y consigo una manta y una almohada. En el momento en que vuelvo, es rápido para dormirse sobre su costado. Deslizo la almohada debajo de su cabeza y luego lo cubro con una manta antes de dirigirme hacia el pasillo. Indigo está en la cocina, consiguiendo un refresco de la nevera. Me mira cuando paso. —Eso fue dulce de tu parte. En cierto modo parece algo que una novia haría por su novio. Le frunzo el ceño pero sonrío para que sepa que no estoy enojada realmente. —No voy a dejarlo allí sin una manta. La abuela permite que su casa se ponga muy fría por la noche. —Eso es porque tiene sofocos. —Abre la pestaña de la lata de refresco—. Se pone muy mal cuando Harry se queda a dormir. Los dos se ponen en ello como


conejos toda la noche y luego mueve la manivela del calentador y cuando terminan, es porque hace demasiado calor. Me tapo las orejas con las manos. —Demasiada información Se ríe, toma un sorbo de su refresco, y luego me hace movimientos para que la siga mientras se dirige a su habitación. —Mejor nos vamos a dormir. Todavía iremos de compras mañana, aunque te quejes que estás demasiado cansada. —Quizás deberíamos ir el próximo fin de semana, cuando las cosas se hayan calmado. —No. Tengo mi corazón puesto en un nuevo par de zapatos, y mi corazón siempre consigue lo que quiere. —Se desliza el elástico de la muñeca y se retuerce el cabello recogiéndolo en un moño desordenado—. Además, la última cosa que necesitas hacer es sentarte alrededor de esta casa, pensando en esas cosas. Necesitas salir y conseguir un poco de aire fresco, respirar un poco de aire libre-deSunnyvale.

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—Está bien, iré. —Suspiro—. Pero Kai probablemente tendrá que ir con nosotras debido a que le dije que podía quedarse aquí por un tiempo. —Estoy completamente de acuerdo con eso. Parece agradable y divertido. Honestamente, si no estuviera tan enamorado de ti, probablemente trataría de salir con él. Siento el más mínimo ping de celos ante la idea de Indigo y Kai saliendo en citas. —No está enamorado de mí. —A pesar de eso, de acuerdo con el hombre de mal humor, con el hombre en la estación de servicio, lo está. Pero Kai probablemente tuvo una conmoción cerebral durante todo el tiempo que habló con él y seguramente no estaba teniendo mucho sentido. —¿Estás hablando en serio en este momento? —Se detiene frente a la puerta de su dormitorio—. Porque, si es así, entonces claramente soñé algo. —Señala con el dedo hacia el final del pasillo—. Te lo digo, ese chico está enamorado de ti. Todo eso que dijo en el auto... —Pone esa sonrisa tonta y torpe en su rostro—. Oh, Dios mío, lo que daría porque un chico dijera algo así de mí. —Tiene una conmoción cerebral. Ni siquiera sabía lo que estaba diciendo. —Puede que no recuerde lo que dijo, pero todo lo que hizo me dice que ha pensado en ti antes: acerca de conocer tu número, sobre nadie siendo lo suficientemente bueno para ti, sobre cuán magnífica y sorprendente eres. Me retuerzo conscientemente. —Realmente no creo que tengas razón. —Pero en el fondo, una pequeña parte desea que la tenga. No sé qué hacer con la sensación. O si debería hacer algo con la sensación en absoluto.


—Por supuesto que no lo haces porque esa estúpida puta familia te despojó de cada gramo de confianza. —Su expresión se suaviza—. Lo siento, no quise que saliera de modo grosero. —No fuiste grosera. Me trataron mal. Ya lo sé. —Me trago el nudo en mi garganta y me vuelvo hacia la habitación de invitados frente a Indigo—. Probablemente debería ir a la cama y luego a hablar con la abuela, o de lo contrario no dormiré nada. Suspira pero deja que me vaya. Cuando entro en la habitación, cierro la puerta y me siento en contra de ella. Todo lo que quiero hacer es acostarme en la cama e ir a dormir, olvidar que el día de hoy y ayer pasaron. Pero tengo la sensación que estas pasadas veinticuatro horas de revelaciones y estrés son sólo el principio. Después que me pongo una camiseta y un pantalón de pijama a cuadros rojos, voy por el pasillo y toco la puerta de la abuela Stephy. —¿Para qué estás tocando? —dice en voz alta—. Abre la puerta y trae tu trasero aquí.

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Giro el pomo de la puerta y entro. Ella está sentada a los pies de su cama, vestida con una camisa a juego y el conjunto de pijama de abajo. Una lámpara está encendida y la puerta del baño adjunto está abierta, permitiendo que el persistente vapor humedezca el aire. —¿De qué quieres hablar conmigo? —pregunto—. ¿Se trata de Kai durmiendo aquí? Debido a que no pensé que fuera un acuerdo tan grande. Da palmaditas en el punto a su lado. —No me importa eso. Aunque, tengo curiosidad de cómo terminaste con él cuando me dijiste que estabas con Kyler esta tarde. —Es una larga historia —le digo a través de un bostezo—. Me alegro que estés bien con Kai quedándose aquí debido a que le dije que podría quedarse en el sofá por una semana. —¿Dirijo un motel ahora? —Lo siento. Sé que es mucho… tomarnos a mí y a Indigo y dejarnos vivir aquí, pero él no quiere ir a casa hasta que se cure, y no quería que se quedara sin hogar. —¿No tiene donde pueda quedarse? Me encojo de hombros, no queriendo mentirle, pero tampoco queriendo decirle sí. Por alguna razón, y en realidad no puedo explicar por qué, no me gusta la idea de Kai en casa de Big Doug. Tal vez sea porque todo lo que le pasó en Mapleview fue por algo que tuvo que ver con Big Doug. O tal vez es porque ni siquiera estoy segura de donde vive Big Doug. La única vez que lo vi estaba en esa casa de la piscina, y la idea que Kai duerma allí me eriza. —No me importa si se queda aquí, con tal que duerma en el sofá y tú duermas en el dormitorio. —Me da una mirada severa. ¿Qué creía que iba a pasar?


—Sabes que es sólo un amigo, ¿verdad? —Amigo o no, todavía no deseo a los dos juntos. Se ve como el tipo de persona que haría eso. —No es tan malo como parece. Tuvo una mala noche. Todos tenemos eso. Yo la tuve anoche, y él estuvo allí para mí. Pone su cara de interrogación, cruzando sus brazos y mirándome fijamente. —¿Qué quieres decir con que estuvo allí para ti? ¿Dormiste en su casa ayer por la noche? —No. —La mentira se muestra a través de mi voz—. Bien, sí. Lo hice, pero no pasó nada. Vimos películas hasta que nos quedamos dormidos. No es como si pudiera volver a casa. —Podrías haber llamado a Indigo para que fuera por ti —dice—. Siempre nos puedes llamar, Isa, sin importar qué. —Ya lo sé, pero… —Me encojo, sin saber qué más decir—. Kai me ayudó a calmarme, y no sé... Realmente no pienso mucho en llamar a alguien más. —Hmmm… —Aprieta los labios, estudiándome más de cerca.

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Su escrutinio me incomoda. ¿Qué demonios está buscando? —Bueno, me alegro que tuvieras a alguien allí para ti —dice finalmente—. Pero de ahora en adelante, no más pasar la noche con chicos, ¿entendido? Le hago señas. —Sí, señora. Y gracias por dejar que me quede aquí. Y Kai. Y por llamar a tu amigo doctor y a mis padres. En realidad, sólo gracias por todo. Prometo compensarte por esto. —No te preocupes por eso. —Me abraza—. En este momento, todo lo que quiero que hagas es preocuparte por graduarte de la secundaria y decidir con qué chico deseas salir. Sé que parece divertido salir con más de uno, pero confía en mí cuando digo que puede ser bastante complicado. Estupendo. Ahora tiene en su cabeza que estoy saliendo con Kyler y Kai. Podría discutir con ella, pero no veo el punto. Sólo va a seguir diciendo las mismas cosas hasta que esté de acuerdo con ella, y tengo problemas más grandes de los cuáles preocuparme. —Acerca de mi padre. —Me alejo para mirarla—. En el teléfono dijiste que su compañía estaba en problemas. ¿Qué quisiste decir con eso? —No sé toda la historia, pero sé que han estado haciendo algunas cosas dudosas, y ahora la compañía está bajo investigación. Se lo tiré en la cara en el teléfono porque sabía que lo asustaría lo suficiente como para retroceder. Lo último que necesita es que la policía escarbe en su vida personal en la parte de su negocio. —Pasa su mano por mi cabeza—. No quiero que te preocupes por eso. Como dije, sólo quiero que te concentres en ser una adolescente.


—¿Qué hay de mi madre? Lynn dijo que estaba muerta, pero todavía quiero saber más acerca de ella. —Lo haremos. Tengo un amigo que es policía retirado. Podría saber por dónde podemos empezar. —Vaya, tienes todo tipo de amigos impresionantes, ¿verdad? —Te lo estoy diciendo. Estas comunidades de jubilados son a donde todos los chicos interesantes van. Intercambiamos una sonrisa y un abrazo, y luego me espanta fuera de la habitación, diciéndome que lleve mi trasero a la cama. Pero hago una pausa en la puerta y rápidamente le digo sobre el auto que vi por todas partes. —¿Qué opinas al respecto? —pregunto cuando termino de contarle. Su frente se pliega mientras niega.

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—Realmente no estoy segura, cariño. Tal vez sólo sea Hannah tratando de ensuciarte como dijo Indigo, pero creo que debemos tener los ojos abiertos y ser muy cuidadosas. No vayas a vagar sola a ninguna parte. Si lo ves otra vez, trata de obtener el número de placa. —¿Por qué? ¿Vas a tener a tu amigo policía revisando las placas? —estoy parcialmente bromeando, por lo que me sorprende cuando asiente. —Sí. Segura como el infierno que sí —dice—. Si alguien te está acosando, realizaré el seguimiento del bastardo o perra. Le sonrío a eso. —Te quiero, abuela. Me avienta una almohada, a punto de meterse en la cama. —Yo también te quiero, cariño. Estoy muy contenta que estés aquí. Sus palabras calientan mi alma. Salgo de su habitación, sintiéndome mejor que el día de hoy. Antes de ir a la habitación, compruebo a Kai. Está dormido con la manta encima, murmurando algo acerca del ninja pateando el trasero de alguien. Me río de lo lindo que se ve, luego voy a la habitación y me meto en la cama. Mientras estoy acostada allí, tratando de conciliar el sueño, me digo que todo estará bien, que sólo tengo que hacer lo que dice mi abuela y centrarme en ser una adolescente. Pero en realidad, sé que no hay manera que pueda hacer eso, no con todo lo que sucede. Temo no saber nunca quién fue realmente mi madre. Temo que Lynn esté en lo cierto, que fuera una terrible persona que hizo cosas horribles y me dio a mi padre porque no me quería ya. Me di cuenta en ese mismo momento lo que sólo podría ser uno de mis mayores temores. Que mi madre nunca me pudiera haber deseado.


Capítulo 12 Kai Me despierto con el olor a huevos y tocino. Al principio, no puedo averiguar dónde diablos estoy. Mi madre solía hacer el desayuno, pero dejó de hacerlo cuando Kyler se graduó porque casi nunca estaba allí. —No tiene sentido cocinar el desayuno sólo para ti y para mí —me dijo cuando me quejé—. Y sabes lo mucho que tu padre odia el olor del tocino.

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Por eso cuando el olor de tocino golpea mi nariz, estoy como, esperen, ¿dónde diablos estoy? Mientras yazco inmóvil con los ojos cerrados, me las arreglo para notar que estoy en un sofá en una casa que no parece tener un calentador funcionando y que la persona en la cocina es una mujer mayor a la que le gusta cantar canciones de rap de los 90 mientras cocina. —¿Qué pasa con el flashback de los 90? —pregunta una chica. Su voz es familiar, pero no puedo ponerle un rostro. —Oye, no te burles de mi música —replica la mujer mayor—. Todos tenemos nuestros placeres culpables, como tú y esos tontos pequeños acertijos que consideras que son tan graciosos, pero que son realmente estúpidos. Mierda. ¿Hice algo estúpido ayer por la noche, como ir a una fiesta y desmayarme en el sofá de alguien? En cierto modo suena como algo que haría, pero no creo que sea lo que hice, sobre todo cuando estaba tan preocupado por Isa... Partes y piezas destellan en mi mente. Mapleview. El golpe en la cabeza. Mi auto en mal estado. Llamar a Isa. Después de eso, las cosas se vuelven borrosas, pero recuerdo ser revisado por un médico en casa de la abuela de Isa y jugar con el cabello de Isa... Abro los ojos, dándome cuenta poco a poco de dónde estoy y por qué mi cabeza se siente como si hubiera sido atropellada por un camión. —Aw, buen día solecito —me saluda Indigo, la prima de Isa, desde el otro lado de la sala de estar—. ¿Te sientes mejor? Me incorporo, haciendo una mueca cuando mi cuerpo se queja en protesta. —Algo así. —Presiono mi sien con mi dedo mientras mi cabeza palpita de dolor y el mareo me supera—. ¿Dónde está Isa? Justo detrás de ella, una mujer mayor que no había visto antes está cerca de una estufa. Sus ojos pasan de las sartenes a mí.


—Mi preciosa nieta está en la cama, durmiendo, y vamos a dejarla dormir porque se lo merece. —Su tono es firme, sus ojos con fuerza, pero detecto un ápice de diversión en su expresión. —Estoy totalmente de acuerdo. —Me froto los ojos, plantando mis pies en el suelo—. ¿Qué hora es? Indigo se inclina hacia atrás y comprueba el reloj en algo en la cocina. —Son más de las diez. ¿Por qué? —Su mirada se posa en mí—. ¿Tienes que estar en otro lugar? Umm... No estoy seguro de qué decir. Aunque tengo que irme y tener una pequeña charla con Big Doug y recuperar mi teléfono, no tengo mucho más que hacer. Pero no estoy seguro de si quieren que me vaya o qué. —No. En realidad no. —Pongo mi mejor sonrisa encantadora—. Bueno, excepto pasar el día pagándole a Isa. Le debo a lo grande. —Y tengo que decirle acerca de su madre. Sólo espero poder hacerlo de la manera correcta, sin que se enoje conmigo. ¿Hay incluso una manera correcta de decirle a alguien que su mamá está en la cárcel por asesinato?

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—Buen chico —me dice la abuela de Isa, viéndose complacida—. Esa chica necesita ser adorada. Es especial, incluso si no se da cuenta. Debe ser tratada como una princesa. —Abuela Stephy —dice Indigo en voz baja—. No digas cosas así. Isa estaría tan incómoda en este momento si te escuchara. —Sólo estoy diciendo lo que hay que decir. —Su abuela voltea el tocino en la sartén con un tenedor—. Además, Isa no puede avergonzarse por algo de lo que no sabe nada. —Me mira, esperando que esté de acuerdo con ella. Alzo las manos en frente de mí. —No voy a decir una palabra. —Buen chico —dice otra vez, haciéndome sentir como un perro obediente—. Eso es exactamente lo que Isa necesita. Indigo oscila entre estar irritada y divertida. —¿Qué pasa con tratar de hacer de casamentera últimamente? —le pregunta a su abuela—. ¿O debería decir hacer de casamentera con Isa? En mi caso, siempre eres tan anti-novios. Su abuela señala a Indigo con el tenedor. —No es necesario ningún chico más en tu vida. Tienes suficientes. —No hay tal cosa como suficientes chicos. —Indigo apoya los codos en la encimera de la isla de la cocina—. Eso es como decir que hay suficiente aire. —O suficiente queso en tus huevos —dice su abuela mientras rocía queso en los huevos.


—No, definitivamente no hay una cosa tal como suficiente queso. —Indigo la mira—. Así que deja de poner tanto en eso. —No hay tal cosa como suficiente queso en los huevos —bromea su abuela—. Se puede poner un maldito bloque entero allí, y todavía habría espacio para más. —No vuelvas a poner un bloque de queso en ningún huevo que coma —le advierte Indigo, hundiéndose en un taburete. —¿Por qué? ¿Tienes miedo que las tuberías se tapen? —se burla su abuela mientras las sartenes silban. Me aclaro la garganta, tratando de ocultar una risa. —No, ese es tu problema, no el mío —dice Indigo—. Eso es probablemente por qué tienes que comer mucho yogur y cereales. Para limpiar todo ese queso. —¿Podrían dejar de discutir? Son peores que una vieja pareja casada — murmura Isa mientras avanza con dificultad por el pasillo. Lleva puesto su pijama, y su cabello está trenzado a un lado. No tiene una gota de maquillaje, por lo que tengo una visión clara de esas lindas y pequeñas pecas que tiene en sus mejillas y nariz.

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—Oye, tomo eso ofensivamente, señorita —regaña su abuela a Isa pero luego sonríe—. Tu abuelo y yo rara vez peleábamos a menos que fuera por el control remoto o tener que conducir o tener que palear la nieve de la calzada… —Su sonrisa se ensancha—. Está bien, tal vez tengas razón. —Siempre tengo razón. —Isa bosteza, estirando los brazos por encima de su cabeza. La camiseta que lleva puesta se alza, revelando su estómago—. Es hora que aprendas eso. La observo sutilmente, pero al parecer, estoy siendo obvio porque Indigo me da una mirada de te-súper-atrapé-haciendo-eso. Me encojo de hombros y sonrío, dándole mi mejor mirada inocente, y ella se ríe. Los brazos de Isa caen a un lado, y rápidamente se da la vuelta para ver de qué se está riendo Indigo. —Oh, estás despierto. —Se muerde la uña del pulgar, viéndose nerviosa por alguna razón—. Cuando fui y te comprobé hace una media hora, estabas tan desmayado que pensé que ibas a dormir todo el día. —El tocino me despertó. Dios, hay tanto que quiero decirle. Quiero darle las gracias mil veces, abrazarla por cuidarme anoche, besarla porque sí. Pero con su abuela y su prima de pie allí, mirándonos, me siento demasiado expuesto. Es decir, no soy tímido ni nada, pero es una conversación que quiero tener sin público. —¿Quieren dejar de ser tan raras? —les pregunta Isa a su abuela y a su prima—. No está acostumbrado a sus brillantes personalidades.


—Sí, no voy a comprar eso. —Su abuela lanza una mirada en mi dirección—. Después de algunas de las cosas que dijo anoche, supongo que es como un bicho raro para nosotras. Está bien, puedo manejar ser llamado raro, pero ¿qué demonios fue lo que dije anoche? —Están bien, Isa. —Me muevo para que se acerque a mí—. Ven y siéntate a mi lado. Hay algunas cosas que necesito hablar contigo. —También dijo mucho eso anoche —dice Indigo, sonriéndome. Cuando Isa le da una mirada suplicante, levanta sus manos delante de ella—. Bien. Voy a cerrar mi boca. —Se pasea a la nevera y comienza a escarbar en ella, haciendo caso omiso de la advertencia de su abuela que permanezca fuera de sus cosas. —Oye. —Isa va alrededor de la mesa de café y se detiene frente a mí—. Siento si te despertaron. —Están bien. Es su casa. —Cuando no se sienta a mi lado, estiro la mano y la acerco—. Ven acá. Estás muy lejos. Vacila mientras se sienta, se inclina lejos y con los ojos fijos en el suelo. Mierda. ¿Qué lío tan malo hice anoche?

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—Está bien, sólo quiero disculparme por lo que hice o dije anoche. —Me aclaro la garganta—. No puedo recordar mucho, pero estoy teniendo la sensación que podría haber sido un idiota. —No fuiste un idiota. —Choca su hombro en el mío, y me da una pequeña sonrisa—. E incluso si lo hubieras sido, tuviste una conmoción cerebral, por lo que todo lo que hiciste totalmente no contó. Frunzo el ceño, tocando mi cabeza. —Mierda. Casi me olvido de la conmoción cerebral. —Dejo caer la mano a mi regazo—. ¿Qué tan mal me veo en este momento en una escala del uno al diez? —No sé… —Se muerde el labio inferior, dándole vueltas—. Es decir, siempre te ves bien. Todos lo saben. Tú lo sabes. —Se pone nerviosa—. ¿Por qué me estás preguntando eso? Es tan adorable seria en este momento que casi no puedo soportarlo. Se necesita toda mi fuerza de voluntad para no extender la mano y pasar mi dedo por su mejilla enrojecida. —Técnicamente, quise decir qué tan mal se ve mi rostro, pero es bueno saber que siempre me veo bien. —Le guiño—. Y que lo piensas. —Oh mi Dios. —Sus mejillas se vuelven de color rojo brillante mientras baja la cabeza, dejando que su cabello caiga y oculte su rostro—. Estoy cansada, ¿de acuerdo? ¿Puedes olvidar que dije eso? —De ninguna manera. No puedes tomarlo de regreso. —Sonrío con suficiencia—. Una vez que dices algo así, siempre estará ahí para que vuelva a recordarlo una y otra vez. Y confía en mí; voy a repetirlo una y otra vez.


—Estoy seguro que lo harás. —Hace una mueca, metiendo un mechón de cabello detrás de su oreja. El movimiento desencadena un recuerdo de anoche, de mí... acostado en su regazo... jugando con su cabello... diciéndole que es hermosa. De acuerdo, tal vez por eso está actuando incómoda. Parece que tal vez debería sentirme mal por hacerla sentir de esa manera, pero no es así. Lo único que lamento es no haber sido muy coherente cuando puse mi cabeza en su regazo y pasé los dedos por su cabello. Ni siquiera puedo recordar cómo se siente. Casi me estiro y quito el cabello de su rostro, pero por el rabillo del ojo, capto a su abuela mirándonos como un halcón. —Entonces, ¿vas a decirme lo que estabas haciendo en Mapleview? — pregunta Isa, cambiando de tema—. No fuiste muy claro anoche. Es decir, dijiste un par de cosas sobre Big Doug, pero nada específico. Me rasco la barbilla. —Es una larga historia. —Bueno, tenemos todo el día. —Muerde una sonrisa—. Debido a que tú y yo iremos a la ciudad para ir de compras con Indigo.

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Arqueo una ceja. —Oh, ¿lo haremos de verdad? Asiente, sonriendo. —Lo que quiere decir que tendremos un montón de tiempo en el auto para que me digas todo. Por todo, estoy bastante seguro que quiere decir la cosa con T también. No me gusta la idea de contarle todo. Conociendo a Isa, querrá ayudarme, y no quiero que se involucre. Probablemente no debería siquiera haberla llamado anoche. Sin embargo, su número era el único contacto en mi teléfono que memoricé. —No estás pensando en mentir, ¿verdad? —pregunta Isa de repente, mirándome con recelo—. Porque tienes esa mirada en tu rostro como si estuvieras tratando de pensar en alguna historia de porquería para decirme. —No, no es eso. —Bueno. Porque quiero que confíes en mí. —Confío en ti. —Y realmente eso quiero hacer, más que con nadie. Lo que Isa hizo por mí anoche: ofrecerse a recogerme, conseguir un médico para venir aquí y revisarme porque estaba siendo un dolor en el trasero y me negaba a ir al hospital, fue una de las cosas más amables que alguien ha hecho por mí. Es tan increíble, más de lo que se da cuenta. —Bueno, porque también confío en ti. —La sonrisa que ilumina su rostro me hace sentir como un idiota.


Pienso en la charla que Big Doug y yo tuvimos ayer y cómo todavía no le he dicho a Isa acerca de su madre. No sé cuándo es el momento adecuado o si lo hay. Lo que sí sé es que entre más espere, peor se pondrá. Podría ser el momento justo para decírselo, mientras está aquí con su abuela y prima como sistema de apoyo conjunto. A pesar que, en cierto modo quiero ver lo que hay en la carpeta que Big Doug me dio. Dijo que podría ser útil. Puede ser que suavice el golpe. —¿De casualidad traje una carpeta conmigo? —pregunto. Dios, espero no haberla dejado en el auto que no tiene ventana. Mi auto que no tengo idea de qué hacer con él. Estoy en un problema. Isa asiente. —Sí, la tenías en el auto contigo anoche. Creo que la dejaste allí. ¿Necesitas ir a buscarla? Asiento, poniéndome de pie. La habitación da vueltas alrededor mientras la sangre por de mi cabeza, y me voy de lado. Debe asustar a Isa o algo así, porque salta a sus pies, y sus dedos se doblan alrededor de mi brazo.

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—Kai, el médico dijo que lo tomaras con calma. Tienes que moverte lentamente y no esforzarte demasiado. —Toma mi mano, poniéndose frente a mí y mirándome a los ojos—. Voy a ir a buscar tu carpeta. Tú quédate aquí y consigue algo de comer. —No, necesito conseguirla. —¿Por qué? —Porque… —Me esfuerzo por las palabras, sabiendo que una vez que las diga, la romperé. Voy a tener que ser el que la rompa—. Camina conmigo, ¿de acuerdo? Puedo decir que siente que algo está mal, porque no me presiona. Agarrando su mano, me dirijo a la puerta. Ella camina a mi lado a medida que avanzamos al exterior. Cuando el aire fresco de la mañana la hace temblar, desenredo los dedos de ella y me quito la chaqueta y se la ofrezco. —Aw, mírate y tus habilidades de caballero —bromea, poniéndose mi chaqueta—. Si mi abuela viera esto, probablemente trataría de casarnos. Le gustan los que actúan como caballeros. —Podría vivir con eso. De hecho, podría ser un sueño hecho realidad. —Le guiño, pasando un brazo alrededor de sus hombros, y guiándola hacia el estacionamiento. —¡Ja! Eres un mentiroso —dice, señalándome con el dedo—. Eso es más como tu peor pesadilla. —Deja de ser un poco rara. No eres el peor material de pesadilla. Eso está en el nivel de casarse con alguien como, por ejemplo, Hannah. —A propósito miro de arriba y abajo su cuerpo—. Serías una esposa muy atractiva.


Pone los ojos en blanco y luego mira hacia otro lado, ya sea para ocultar una sonrisa o un rubor. —Hablando de Hannah. —Vuelve su atención hacia mí—. ¿Qué pasó hace dos veranos? Porque he estado muriéndome por preguntarte. Se vio tan preocupada cuando se lo dijiste ayer, así que sé que tiene que ser algo malo. Hace dos veranos... Fue un verano mierda en su mayor parte. Mi padre pasó mucho tiempo enfadado conmigo porque no pasaba suficiente tiempo trabajando para la siguiente temporada, al menos no tanto como Kyler. —No entiendo —me dijo—. No entiendo cómo uno de mis hijos puede ser tan perezoso, mientras el otro es tan motivado. Flojo significaba entrenar cinco días en lugar de siete, y la única razón por la que no estaba entrenando siete es porque tenía un trabajo a tiempo parcial para ahorrar algo de dinero para un auto. Eso no importaba a sus ojos. A sus ojos, debería haber sido capaz de entrenar siete días y mantener el trabajo. Hacia el final, sin embargo, cuando Hannah accidentalmente reveló un secreto, las cosas no estuvieron tan mal, sobre todo porque sabía que el secreto podría ser útil un día.

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Sonrío ante el recuerdo. —Te lo diré. —Pero luego mi sonrisa se desvanece—. Pero tengo que decirte otra cosa primero, algo importante. —¿Es sobre T? Aparto el brazo de su hombro para sostener su mano. —En realidad es algo acerca de ti... o, bueno, de tu madre. Su mano tiembla en la mía. —Es malo, ¿verdad? Preocupado por lo que pudiera hacer cuando le dé la noticia, agarro su mano para salvar su vida. —Tal vez. La confusión se arremolina en sus ojos. —¿Qué quieres decir con tal vez? Es malo o no lo es. Está empezando a entrar en pánico, lo que hace que quiera tomar todo de nuevo, decirle que era una broma, que no me enteré de nada. Quiero mentirle para no romper su corazón, pero no me gusta la mentira, y sé que me odiaría si alguna vez se enterara. —Al principio, parecía mal. —La acerco más—. Pero entonces Big Doug me dio otro archivo ayer y dijo que podría no ser tan malo como pensé originalmente. Su confusión se profundiza. —Espera, ¿cuánto tiempo hace que sabes acerca de esto?


—Dos días. En realidad estaba dirigiéndome a decírtelo cuando te encontré llorando en la acera. Quise decírtelo entonces, pero estabas tan molesta y yo... no quería hacerte más daño. No estoy seguro de cómo va a tomarlo. Estoy seguro que algunas personas se enojan por no decirles en el segundo en que se enteran. Sin embargo Isa no parecía enfadada, sólo preocupada. —¿Estás bien? —pregunto, metiendo un mechón de cabello detrás de su oreja con mi mano libre. —No sé. —Su labio inferior tiembla—. No me has dicho qué es todavía. Dios, desearía no ser el que tenga que hacerle esto. No, deseo que lo que Big Doug averiguó no fuera cierto. Me gustaría que tuviera una vida normal, con una familia que supiera lo increíble que es. Respiro profundo. —Tu madre está en la cárcel, Isa. Sus ojos se amplían mientras instintivamente se echa hacia atrás, pero aprieto mi agarre en su mano.

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—¡Por qué! —grita, estremeciéndose con la sonoridad de su voz. Trago. —Por cargos de asesinato. Espero que grite un poco más. Que se asuste. Que entre en pánico. En cambio, no hace nada excepto estar allí, mirando la carretera. Podría ser incluso peor que gritar. Al menos con gritos, sé cómo se siente. Pero esto... no tengo idea de lo que está pensando. —Sé que suena mal —le digo, cuando el silencio se vuelve exasperante—. Sin embargo, la carpeta que Big Doug me dio... Dijo que no sonaba tan malo como parece y que está haciendo una apelación. No sé todos los detalles, pero creo que deberíamos ir y ver lo que hay en la carpeta. Niega, las lágrimas llenando sus ojos. —No es de extrañar que mi padre me odiara. Probablemente piensa que seré como ella. —¡No vuelvas a decir esa mierda! —grito, al instante sintiéndome mal por haber perdido la calma. La acerco suavemente de su brazo. Es tan inesperado que tropieza. Aprovecho la oportunidad para poner mis brazos alrededor de ella y atraparla en mi contra. Está rígida en mis brazos, pero no la dejo ir—. Ya sea que tu madre lo hiciera o no, tu padre no tiene ningún derecho a tratarte como una mierda. Tu madre cometió el error, no tú. —Tomo su barbilla y levanto su cabeza, obligándola a mirarme—. Y eres la persona más agradable y atenta que he conocido. Superaste tanta basura, y sin embargo, todavía eres tan increíble. No permitas que esto te cambie, ¿de acuerdo? —Mi voz es firme y exigente. Asiente temblorosa.


—No sé cómo sentirme... esto es... No esperaba esto. —Lo sé. Pero creo que deberíamos ir y ver lo que hay en esa carpeta antes de hacer cualquier otra cosa, ¿de acuerdo? Una respiración irregular se desliza de sus labios. —Bien. Me relajo un poco. Al menos está siendo cooperativa. Me muevo hacia atrás, tomo su mano, y camino por la hierba hacia el estacionamiento. Ella me agarra todo el camino hasta el auto, como si fuera lo único que evitara que cayera. Sin soltar su mano, abro la puerta, y luego el pánico entra en práctica inmediatamente. —No hay nada allí. ¿Seguro que lo traje conmigo?

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—Sí. Recuerdo que lo sacaste del auto antes de salir de la estación de servicio. —Desenreda sus dedos de los míos y me da un codazo haciéndome a un lado para poder subirse en el asiento trasero. Busca en el auto antes de salir con una mirada de asombro en su rostro—. Sé que lo tenías. Lo abrazaste como si fuera un oso de peluche por la mayor parte del viaje. —Entonces, ¿dónde está? —No sé... Tal vez Indigo lo metió en la casa. —Su voz se tambalea con ansiedad. —Vamos a buscarlo. —La agarro de la mano de nuevo, con la esperanza que pudiera ayudar a calmarse mientras nos dirigimos dentro del estacionamiento. En el momento en que pongo un pie en la puerta, Isa le pregunta a Indigo y a su abuela si tomaron la carpeta. Ambas niegan. —Recuerdo a Kai teniéndola en el auto —dice Indigo, dejando un plato de huevos y tocino en la mesa—. Pero estoy bastante segura que nunca se lo llevó con él. —¿Por qué? ¿Qué había en él? —pregunta su abuela, sacando una silla en la mesa. —Algo importante. —El pánico llena los ojos de Isa mientras me mira sin poder hacer nada—. No piensas que alguien la tomó, ¿verdad? —No sé quién la tomaría. —Me jalo el cabello—. Tal vez irrumpieron en el auto y alguien la tomó, pensando que era otra cosa. —¿Qué? —A su abuela se le cae el tenedor y frunce el ceño hacia Indigo—. ¿Cuántas veces te he dicho que cierres mi auto? Tengo CD y mierda allí que son insustituibles. —Insustituibles porque ya no hacen los CD —replica Indigo—. Y relájate. Cierro el auto. Y sé que es un hecho que lo cerré anoche.


—Abrió a duras penas —pronuncia Isa en voz baja—. No te preocupes, abuela Stephy; nada más ha desaparecido. Tus CD todavía están en la consola. —Por lo tanto, ¿lo único que faltaba era la carpeta? —pregunto. Eso es raro. Como, muy raro. ¿Primero el sobre de ayer y ahora esto? ¿Por qué tengo una sensación inquietante que no es una coincidencia? Isa mueve la parte inferior de su camisa. —Eso es raro, ¿verdad? ¿Que alguien tomara eso? —Sí, muy raro. —¿Qué demonios estaba dentro de la carpeta? Necesito ponerme en contacto con Big Doug y averiguarlo. —Creo que están olvidando la parte más importante —dice Indigo, levantándose de la silla—. ¿Cómo alguien abrió el auto cuando somos los únicos con un juego de llaves? Isa se muerde las uñas, mirando al vacío. Quito sus dedos de su boca y los entrelazos con los míos para evitar que se muerda las uñas. —Tengo una idea.

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Sólo espero que no me juzguen por cómo lo sé.


Capítulo 13 Isabella Me siento tan perdida mientras Kai me lleva hacia el auto con la abuela Stephy e Indigo arrastrándose en nuestros talones. Perdida. Es todo lo que siento. No enojada. No triste. No dolida. Sólo perdida.

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Nada tiene sentido. Y quiero decir, nada: yo, mi vida, todo lo que me rodea. Siento como si estoy flotando, como si mi cuerpo de alguna manera se ha mantenido en el suelo, y mis pies se están moviendo, pero mi mente se ha disparado hacia el cielo, donde puedo sentarme y tratar de procesar lo que Kai me acaba de decir. Pero hay demasiado para procesar, demasiadas preguntas corriendo por mi mente a la vez. Mi mamá está en la cárcel por asesinato. ¿Mi mamá es una asesina? Mi mamá está viva, pero probablemente no la veré de nuevo. Lynn estaba en lo cierto; mi mamá es una mala persona. ¿Eso me hace una mala persona? —Me gustaría que alguien me explicara lo que está pasando —dice la abuela Stephy cuando llegamos a su auto. Se pone un par de gafas de sol y cruza sus brazos mientras inspecciona el exterior del auto—. ¿Por qué es tan importante esta carpeta? Kai me mira de soslayo, sus ojos en una pregunta silenciosa: ¿vas a decirle? Lo haré eventualmente. Sólo necesito unos minutos para ordenar mis pensamientos. Los dedos de Kai dejan los míos mientras le da la vuelta al auto. Indigo se mueve a unos pocos metros de distancia para iluminar. Quiero agarrar la mano de Kai porque me hacía sentir un poquito mejor, pero no sé cómo hacerlo sin recibir miradas insinuantes de mi abuela y de Indigo. Además, podría ser raro para Kai.


Después que Kai comprueba el exterior del auto, se detiene cerca del maletero. Con sus brazos cruzados, se inclina hacia delante y mira de reojo la cerradura. Sus ojos se iluminan mientras se estira y abre el maletero. —¿Qué demonios? —La abuela Stephy camina junto a él—. ¿Cómo hiciste eso sin la llave? —La cerradura estaba rota. —Kai desempolva sus manos—. Los maleteros en realidad son un poco más fáciles de romper que las puertas. Ella frunce sus labios. —¿Y cómo sabrías tú eso? Kai mueve su peso, rascando su nuca. —Uh... ¿Un golpe de suerte? —No te hagas el tonto conmigo, jovencito. —Pero deja caer la amonestación y apunta hacia el maletero—. Pero cómo llegarían desde el maletero hasta el asiento de atrás. Kai se inclina hacia adelante para examinar el interior del maletero.

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—Estoy suponiendo que no estaba enganchado. No lo hacía anoche, si mal no recuerdo. A través de la ventana trasera del auto, veo la parte superior del asiento plegado hacia adelante. —El pestillo ha estado roto desde hace un tiempo —admite la abuela Stephy cuando Kai se encuentra en posición vertical—. He tenido la intención de arreglarlo, pero sinceramente, creo que arruina el carácter del auto. Kai me mira, y le disparo una mirada de te-lo-dije. Me muevo entre los dos. —¿Por qué alguien pensaría en entrar a la fuerza en un maletero y subir a través de la parte posterior cuando simplemente podrías romper la ventana? —Es más discreto. —La mirada de Kai se mueve hacia el techo del estacionamiento—. Sobre todo si hay personas o cámaras alrededor. Puedes hacer que parezca que estás sacando algo del maletero o como que dejaste tus llaves en el auto. De nuevo, mi abuela le dirige una severa mirada, pero Kai la ignora, su atención está fija en una cámara montada en la esquina del techo del estacionamiento. —Esas están por toda la comunidad —dice mi abuela Stephy—. Las colocaron sólo un par de meses después que tuviéramos un par de allanamientos. —La persona que irrumpió probablemente las vio. —La mirada de Kai viaja desde las cámaras hasta el maletero—. Con el maletero abierto, fácilmente pudieron ocultar de las cámaras lo que estaban haciendo.


—Pero, ¿por qué alguien pasaría por tantos problemas sólo para conseguir una carpeta? —Me abanico el rostro cuando una nube de humo de cigarrillo de Indigo llena el aire alrededor. Ha estado tan callada durante el último par de minutos, aliviando su estrés alimentando su adicción a la nicotina. Me gustaría tener algo que me ayudara, algo que me calmara. Pienso poner mi mano en la de Kai de nuevo, pero no puedo encontrar el valor para hacerlo. —Bueno, eso depende. —La abuela Stephy me enfrenta y cruza sus brazos, mirándome fijamente—. ¿Qué había en la carpeta? No sé por qué, pero le doy un vistazo a Kai, como si de alguna manera fuera a ayudarme a decírselo. Todavía no estoy lista para contarlo, ni estoy lista para decirlo en voz alta. Sin embargo Kai no está en la misma página que yo. Me mira con simpatía mientras gesticula, creo que deberías decírselo. Frunzo mi ceño y gesticulo de regreso, traidor. Sonríe.

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—Isabella Anders. —La voz de la abuela Stephy suena con una advertencia—. Deja de mirar a tu caballero amigo y sólo dime lo que está pasando. —Su tono se suaviza una pizca—. Sé que has estado pasando por un momento difícil el mes pasado o así, pero te prometo que, sea lo que sea, incluso si te metiste en algún tipo de problema, estoy aquí para ti. Pero no puedo ayudarte a menos que me digas con qué necesitas ayuda. Masajeo mis sienes con mis dedos, sintiendo un dolor de cabeza aproximarse. Sé que tiene razón. No me puede ayudar si no se lo cuento. Aun así, es difícil hacer pasar las palabras por mis labios, porque una vez que lo hagan, se volverán muy reales. Sabiendo que soy más fuerte que esto, respiro profundo y arranco la curita. Le digo lo que Kai descubrió sobre mi mamá y cómo la carpeta contenía algún tipo de información acerca de por qué estaba en la cárcel. Para el momento en que termino de explicarlo, mi pecho se siente como si estuviera siendo aplastado. Es difícil conseguir cualquier cantidad de oxígeno en mis pulmones. —Isa, tienes que tranquilizarte —dice mi abuela Stephy mientras jadeo para tomar aire. Coloca una mano en mi hombro. Sus dedos están temblando. Está asustada. ¿De mí?—. Creo que puedes estar teniendo un ataque de pánico, cielo. Me doblo, apoyando mis manos sobre mis rodillas. —Estoy bien... Sólo necesito un momento. Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Tu mamá es. Una asesina. Mató. A. Alguien. No es de extrañar. Que. Nadie. Te quiera. —Isa.


Siento otra mano en mi espalda y dedos delicadamente sobándome la columna. —Toma algunas respiraciones —dice Kai mientras envuelve un brazo alrededor de mi espalda. Le dice algo en voz baja a mi abuela Stephy luego me insta a caminar con él. Tomando una inhalación, me enderezo y camino con él. —No sé lo que me pasa... Mi pecho simplemente duele mucho. —Creo que tu abuela está en lo correcto. Estás teniendo un ataque de pánico. —Su voz es tranquila, cuidadosa, como si estuviera temeroso que el ruido pudiera causar que me rompiera. —¿A dónde vamos? —susurro mientras me guía lejos de los apartamentos y hacia la carretera. —A dar un paseo. —¿A dar un paseo? —¿Eso es todo? Me mira con curiosidad.

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—¿Qué? Actúas como si fuera raro o algo así. Solíamos hacerlo todo el tiempo, ¿recuerdas? Simplemente dar un paseo por el parque. A veces, incluso caminábamos alrededor del parque. Siempre me hacía sentir mejor. Mojo mis labios secos con mi lengua. —¿De verdad? —Sí. Era la única vez que me sentía tranquilo en la vida. Siempre me desconectaba de todo y sólo me centraba en ser yo. —Eso es un poco triste. Es decir, que sólo te sucediera cuando paseábamos. —Lo sé, pero fue mi maldita culpa. Dejé que las cosas fueran así. Llegamos al perímetro del complejo de apartamentos, y creo que vamos a dar la vuelta, pero en cambio, mira hacia la izquierda luego a la derecha antes de enlazar sus dedos con los míos y trotar para cruzar la carretera. Justo frente a nosotros hay un campo descubierto de al menos dos kilómetros de largo y rodeado de una pequeña valla de madera. Cuando llegamos a la valla, suelta mi mano para levantarse a sí mismo por encima de ella. Luego me ofrece su mano. Señalo un cartel colgando de la valla. —Dice prohibido el paso. —¿Desde cuándo te preocupas por las reglas? —Menea sus cejas—. Vamos, Isa, sabes que quieres ser una violadora de reglas. —No, no lo quiero —digo, pero tomo su mano de todos modos. Después que toma mi mano, paso mi pierna por encima de la valla. Entonces me ayuda a bajar a pesar que los dos sabemos que no soy el tipo de chica que


necesita ayuda para brincar una valla. Una vez que tengo los pies en el suelo, comenzamos a atravesar el campo de hierba hacia una hilera de árboles en la parte trasera de la propiedad. Ninguno de los dos dice nada durante un rato. Los únicos sonidos que nos rodean son el suave arrullo de una gentil brisa y el crujido de la hierba seca bajo nuestros zapatos. —¿Te sientes mejor? —me pregunta después que pasa un minuto o dos. Asiento. —Un poco. —Bien. —Pasa un brazo alrededor de mí y hace un gesto. Envuelve su brazo libre alrededor de su cintura y acuna su lado con la posible costilla fracturara—. He tenido un par de ataques de pánico antes. El aire fresco y moverse por lo general ayudan. —¿Has tenido ataques de pánico? —pregunto, aturdida. ¿Kai? ¿El bromista Kai encuentro-chistoso-todo? —En realidad, ya no, pero cuando era más joven, los tuve. —¿Qué los ocasionaba? —El viento sopla y levanta mechones de mi cabello hacia mi rostro.

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Su mandíbula se tensa. —Es una larga historia, una en la que no quiero entrar en este momento. Quito algunos mechones de cabello de mi boca. —Dices mucho eso. —Lo sé. —Kai, sabes que me puedes contar las cosas, ¿cierto? Pasamos todo este tiempo hablando sobre mí, y siento que nunca hablamos de ti. Me sonríe. —Eso es porque no soy tan emocionante como tú. —Ja. Lo eres también. Sé que tienes esta vida realmente excitante de la que nunca hablas conmigo. —En realidad no es tan emocionante. —Conseguiste una conmoción cerebral anoche que era del tamaño de un luchador de sumo —Cuento con mis dedos—. Está esta cosa que tienes con T que todavía no he descubierto, pero sé que él es la razón por la que probablemente tienes una costilla rota. Y ni siquiera me hagas empezar a hablar de Big Doug. Sus cejas se arquean. —¿Qué pasa con Big Doug? —Nada, aparte del hecho que de alguna manera sabe cómo buscar en los registros de personas. Además, tenía todas esas computadoras... supongo que hace


algunas cosas sospechosas, probablemente ilegales. —Cuando no discute, agrego—: De todos modos, ¿cómo lo conociste? Se encoge de hombros, mirando el suelo. Suspiro. —Déjame adivinar. Otra larga historia. ―Me jala para detenerme con él. —Sé qué piensas que estoy ocultándote cosas, y lo hago, pero sólo porque no quiero arrastrarte a mi desorden. —Pero casi me contaste sobre lo que está pasando contigo y T. —Sí, pero sólo porque me sentía vulnerable. —¿Acerca de qué? Me da una mirada significativa que no puedo descifrar. —Sólo cosas. Hago un mohín con mis labios. —Tienes que darme algo. Por favor. Cualquier cosa para distraerme. Se queda mirando fijamente mi labio que sobresale, luciendo indeciso por

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algo. —¿Quieres escuchar lo que pasó entre Hannah y yo hace dos veranos? — Fuerza su atención a alejarse de mis labios y su mirada se posa en mis ojos. Prefiero que me diga lo que está pasando con T, pero asiento. —Supongo que, si eso es todo lo que me darás, lo tomaré. Empieza a caminar hacia los árboles de nuevo, manteniendo su brazo alrededor de mi hombro. —Entonces, estábamos en esta fiesta, y Hannah estaba realmente borracha, pero mucho, a un paso de vomitar por todo el lugar. Casi sonrío. —Ya me gusta esa historia. —Oh, se pone aún mejor. —Salta por encima de una gran roca en su camino y se tropieza conmigo en el proceso—. Lo siento —dice, poniendo sus manos en mis caderas. Cuando sus dedos se deslizan justo debajo del dobladillo de mi chaqueta y ligeramente acarician mi piel, un estremecimiento me atraviesa. Puedo decir que también lo siente, por la forma en que me mira fijamente con confusión y aún con curiosidad. Es una locura que mi cuerpo todavía pueda reaccionar así cuando mi mente está perdida en una pesadilla viviente. Afortunadamente, Kai me da otro pase libre y no comenta sobre el momento. En cambio, entrelaza sus dedos con los míos, nos da la vuelta, y comienza a ir hacia la cerca.


Ha estado sosteniendo mi mano mucho esta mañana, y estoy confundida si debería dejarlo o no. Es decir, solíamos sostenernos de las manos en séptimo grado cuando éramos amigos, pero esto se siente diferente. ¿Podría ser porque ya no somos unos niños? —Entonces, Hannah estaba muy alcoholizada y golpeando a todos — continúa—. Y cuando digo a todos, quiero decir, a todos. Incluso golpeó a la mamá del chico que estaba dando la fiesta. Mis ojos se abren. —Santos malditos unicornios. Él se ríe, balanceando nuestras manos entrelazadas mientras caminamos. —En su defensa, pensó que la mamá era el papá. —¿Lucía masculina o algo así? —No, Hannah sólo estaba así de borracha. —¿Siempre se emborracha así en las fiestas? —Bebe mucho, pero nunca antes la había visto así de borracha —dice—. Esa noche, algo la estaba molestando.

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—¿De verdad? —No lo estoy comprando por completo—. Porque Hannah por lo general nunca se molesta por algo. —No lo hace, ¿eh? —Levanta una ceja—. ¿Como ayer por la mañana cuando tuvo un ataque de mierda porque Kyler la hizo a un lado por ti? —No la hizo a un lado por mí —contesto—. Le pidió hacer algo un par de días antes que Kyler y yo incluso hiciéramos planes. —Um, no, no lo hizo —dice—. ¿No escuchaste lo que dijo Hannah? —Honestamente, la ignoro bastante. —El viento besa mis mejillas, y froto mi mano a través de ellas, tratando de calentarlas—. Es como un hábito. —Y es un buen hábito para tener. —Pasa su pulgar a través de los nudillos de la mano que me está sosteniendo—. Pero te lo digo, conozco a mi hermano, y la hizo a un lado porque esperaba que su cita contigo saliera genial. Y por genial, quiero decir genial de nos-quedamos-hasta-el-día-siguiente. Necesito un segundo para procesar su significado por completo. —No, no lo hizo. —Mi voz suena como un ratón—. Él no haría eso. Me mira boquiabierto como si fuera una loca. —Sí, sí lo haría. Es lo que hace, Isa. Es un jugador. Lo has visto desde siempre. Deberías saber eso. —No es un jugador. No es más que... —Pero no estoy segura de qué palabra se ajusta a Kyler. Sí, coquetea. Sí, ha tenido novias. Sí, me habló ayer acerca de la forma en que se ha enganchado con chicas que en realidad no conocía—. Podría


haberlo sido en el pasado, pero sé que es un hecho que quiere tomar las cosas con calma. Su mirada aterriza en la mía. —¿Te dijo eso? Asiento. —Dijo que quería tomar las cosas con calma, y sé que estaba diciendo la verdad porque ni siquiera me besó en los labios. Aprieta sus dientes. —¿Pero te besó en algún otro lugar? Mierda. —Uh... Algo así... quiero decir, me besó junto a mis labios… —Dios, esto es tan incómodo. Sólo debería haberle mentido y dicho que no. Kai se tranquiliza. No puedo decir si está irritado, molesto, enojado, confundido, o qué. —¿Quieres que termine la historia? —pregunta en voz baja.

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Asiento, más que aliviada de alejarme del tema de Kyler casi besándome. —Sí, me muero por saber si terminó besando a la mamá. —Lo intentó, pero la mamá no estuvo muy de acuerdo, así que se movió al padre y al chico que daba la fiesta, sus amigos, los amigos de sus amigos, casi a todo el mundo. —¿Alguien la besó de vuelta? —Un par de personas —dice—. Pero muchos la mandaron a volar porque estaba demasiado borracha. —Sé que esto me hace una mala persona —digo—, pero me gusta la idea de ella siendo rechazada. —No te hace una mala persona. De hecho, estoy bastante seguro que nunca podrías ser una mala persona. —Aprieta mi mano—. No tienes un hueso malo en tu cuerpo. Hace un par de días, puede que haya estado de acuerdo con él, pero en este momento, no puedo convencerme del todo que lo soy. —Entonces, ¿qué sucedió? —Me niego a dejarme pensar demasiado en mi madre; de lo contrario, me ahogaré en los pensamientos—. ¿Se fue sola a casa? Se detiene frente a la valla, pero no la brinca. —No, en realidad se fue a casa conmigo. Una repentina, loca e irracional posesividad me abruma. ¿Hannah se fue a casa con Kai? ¿Hannah ha estado con Kai? ¿Kai? ¿Mi amigo Kai? ¡No! La idea me pone desesperadamente celosa. No sé por qué. Sólo es mi amigo. Pero él estando con ella... así... Ugh. Mi estómago duele sólo de pensar en ellos.


—No así —dice, como si leyera mi mente. —Kyler me hizo llevarla a su casa después que el chico que organizó la fiesta dijera que ella estaba demasiado borracha y siendo molesta. Mis celos hirviendo se tranquilizan. —¿Por qué te hizo llevarla a casa? —Porque sus amigos le dijeron que me hiciera hacerlo —responde con un encogimiento de hombros—. Porque era el más joven. Ellos hacían mierdas como esa todo el tiempo, y si discutía, habrían hecho de mi vida un infierno. Lo que dice me hace pensar que es por eso que pasó de atleta popular a chico malo. Pero antes que pueda preguntar, se inclina contra la cerca y continúa con la historia.

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—Pero, de todos modos, la llevé a casa como se suponía que lo hiciera. Sólo que, cuando estacioné el auto en la entrada, ella no entró. Le pregunté si necesitaba ayuda y dijo que sí. Luego trató de besarme —dice—. Cuando me alejé, se puso a llorar y luego vomitó en el suelo. Comenzó a balbucear acerca del día de mierda que tuvo, cómo tu papá faltó a una de sus competencias de animadora. Al parecer, le dijo que fue debido al trabajo, pero ella descubrió que fue porque en secreto fue a alguna feria de arte de la que tú eras parte. Y eso la puso tan celosa de ti. —¿Hannah celosa de mí? —le pregunto con duda—. Eso no suena como algo que ella diría o sentiría. —Uh, sí, sí suena. Quiero decir, piensa en ello. Tienes talento, eres dulce, y eres mucho más fuerte que ella. En el fondo, creo que siempre supo que te convertirías en la bonita y pequeña mariposa que eres ahora. —Me deslumbra con una sonrisa encantadora. Pongo mis ojos en blanco, pero mi corazón está haciendo todo tipo de cosas extrañas en mi pecho. —Pero tiene la vida perfecta. ¿Por qué estar celosa de alguien como yo? —No tiene la vida perfecta, Isa. Es una persona falsa que ha vivido una vida falsa y se siente falsa. También me admitió eso. Lo que dice me está haciendo cuestionar todo. Todos esos años de vivir con Hannah, mirándola siendo popular y consiguiendo lo que quería, y ahora Kai está tratando de decir que está celosa de mí. No tiene ningún sentido. Nada de lo que me está diciendo tiene algún sentido. —La feria de arte que mencionó —digo—. La recuerdo, pero mi padre no estuvo allí. Nadie en mi familia nunca fue a alguna de ellas. —Dijo algo de él mirando a escondidas o algo, porque Lynn se habría vuelto loca si lo supiera —explica—, al igual que Hannah lo hizo. No estoy segura de qué decir. La idea que mi papá fuera a una de mis ferias de arte parece una locura. Incluso si lo hiciera, no estoy segura que me importara, dado que lo hizo en secreto, todavía poniéndome en segundo plano detrás de Lynn.


Y como Lynn dijo más temprano, él me odia. Sin embargo, si me odiaba, ¿por qué iría en secreto a la feria de arte? Protejo mis ojos del sol asomándose a través de las nubes. —¿Cómo terminaste metiendo a Hannah en la casa? —De hecho fue realmente complicado porque siguió tratando de abordarme de nuevo —dice—. No importaba lo que dijera, no se detenía. Finalmente, tuve que decirle algo que la molestó lo suficiente. —¿Qué le dijiste? Por un fugaz segundo, el pánico destella en sus ojos. —Ni siquiera estoy seguro... en realidad no puedo recordarlo. —Está mintiendo, pero antes que pueda decir algo, se apresura con la historia—. Lo que sea fuera la hizo meterse en la casa. —Picotea una grieta en la valla—. Pero no hasta que me amenazara primero. Dijo que, si alguna vez se lo decía a alguien, arruinaría mi reputación. Pero dado que mi reputación se ha ido, supongo que su amenaza ahora es bastante inútil. —Es un poco tonto que se molestara —digo—. He sido avergonzada mucho peor que eso.

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—Pero eres mucho más fuerte que Hannah —presiona, levantando la vista hacia mí con esos ojos locos-intensos suyos—. Y Hannah no puede manejar la idea de la gente sabiendo que fue rechazada. Quiere que todos crean que es perfecta, incluso cuando no lo es. —Sí, lo sé. —Bajo la mirada a mis dedos y los de Kai todavía entrelazados. El toque me trae tanta comodidad. Sólo me gustaría poder aferrarme a esa comodidad para siempre—. Gracias, Kai. —¿Por qué? —Por distraerme y conseguir que me tranquilizara. —En cualquier momento. —Mueve su peso, enderezando su postura—. Y ahora que estás tranquila, voy a decirte nuestra solución a todo este dilema de la carpeta robada. Me animo un poquito. —¿Ya tienes una solución? —Por supuesto que tengo una solución. Soy un malote. —El Hombre Ego al rescate, ¿eh? —Da-da-da-daaaaa —canturrea, y suelto una risa. El sonido lo hace sonreír con orgullo—. ¿Ves? Ahí está mi chica fuerte. Sonrío de nuevo, pero por dentro estoy como, espera, espera, espera, detén el tren. ¿Acaba de referirse a mí como su chica? —Entonces, ¿cuál es el plan? ¿Cómo conseguimos la carpeta de regreso?


—El plan es bastante simple, pero no dejes que eso quite mi genialidad. —Me guiña el ojo—. Sólo voy a ir con Big Doug y conseguir que me dé una segunda copia de la información. Tengo que hablar con él de todos modos, y conseguir mi teléfono de vuelta. —Pero, ¿estás seguro que debes estar haciendo eso? Después de lo que sucedió anoche... Tal vez deberías mantener cierta distancia de Big Doug. Además, se supone que hoy debes estar tomándolo con calma. —Odio decirlo, pero tiene que ser dicho. Mientras que quiero saber todo lo que hay que saber acerca de mi mamá, no quiero a Kai haciendo cosas cuestionables, tal vez cosas riesgosas sólo para que eso suceda. —Estaré bien, y puedo tomarlo con calma y aun así conseguirlo —me tranquiliza. Cuando sigo mostrando mi preocupación, añade—: No haré ninguna locura. Sólo conseguiré mi teléfono y los papeles y me iré. —¿Puedo ir contigo, así no sólo me sentaré por ahí, preocupándome? Sus músculos se tensan. —No estoy seguro que eso sea una buena idea. —Pero me dejaste hablar con Big Doug antes.

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—Sí, pero eso fue antes de… —Deja salir una exhalación, pasando sus dedos por su cabello—. Simplemente no quiero arriesgarme a meterte en algún problema. —¿Qué pasa si Indigo y yo vamos contigo y nos quedamos en el auto? — sugiero. No creo que pueda soportar estar sentada, esperando que regrese, preocupándome si está bien, mientras pienso en qué tipo de información habrá en los papeles—. DE todas formas necesitas un transporte, ¿cierto? Su boca se hunde en un fruncimiento, como si acabara de darse cuenta de eso. —Supongo que sí. Mierda. Me olvidé de eso. Tengo que averiguar qué hacer con mi auto. —Rasca su cabeza—. Está bien, puedes venir. Pero tienes que quedarte en el auto. —Gracias por todo. —Sin siquiera pensar, paso mis brazos alrededor de él y lo abrazo—. Eres, como, el mejor amigo de la vida. —Lo sé —dice, deslizando sus brazos alrededor de mi cintura. Nos abrazamos por un segundo o dos antes que empiece a alejarme, pero sus brazos se aprietan y me sostiene contra él. —Sólo un segundo más —murmura, frotando su rostro contra el hueco de mi cuello. No estoy segura de por qué necesita más tiempo, pero le permito que lo tenga. Después que finalmente me deja ir, pasar por encima de la valla, y luego me ayuda. Mientras nos dirigimos de nuevo hacia el apartamento, mis pensamientos al instante van de nuevo hacia mi mamá. Trato de imaginarla sentada en la cárcel, encerrada, una persona terrible que ha hecho cosas espantosas. Aunque es difícil


imaginarlo, tal vez sea porque ni siquiera sé cómo luce. No sé nada sobre ella más que su nombre es Bella y que podría ser una asesina. La idea de ella siéndolo, eso es todo lo que siempre será para mí, me hace sentir mal del estómago. Por favor, por favor, deja que haya algo bueno dentro de esos papeles.

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Capítulo 14 Kai Estaba preocupado por Isa. Se veía tan pálida, tan sin aliento, como si estuviera a punto de desmayarse. Me hizo sentir como si tal vez la hubiera jodido al hablarle de su madre. Después de llevarla a dar un paseo y distraerla con la historia de Hannah, logró calmarse un poco. No debería estar tan sorprendido. Siempre ha sido así de dura. Ha pasado por mucho en su vida y ha logrado no dejar que la desmoralice.

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Me alegro de haber podido ayudarla. Aun así, cuando me preguntó por lo que le dije a Hannah para meterla en la casa, casi me da un ataque de pánico. Por un segundo, estuve a punto de perder la cabeza y casi decírselo de verdad. Gracias a Dios me las arreglé para usar el sentido común y mantener la boca cerrada. Tal vez se lo diga un día, pero definitivamente hoy no. Ya ha tenido suficiente por un día y no es necesario decirle mis sentimientos hacia ella. —No estoy segura de ser fan de esa idea —dice la abuela de Isa después que volvemos a la zona de estacionamiento e Isa le cuenta nuestro plan de ir a casa de Big Doug y conseguir otra copia de los documentos—. Después de la mañana que has tenido... prefiero que te quedes en casa, al menos por el día. Isa se mueve en la acera a su lado. —Abuela, esto es realmente importante. Y si hay algo en esos papeles que pudiera —se muerde la uña del pulgar—, demostrar que es inocente. Su abuela suspira y pone una mano sobre el hombro de Isa. —Cariño, dudo mucho que eso esté en esos papeles. Si hubiera algo por el estilo por ahí, estoy segura que no se encontraría en la cárcel. —Entonces, ¿piensas que es culpable? —pregunta Isa, con voz quebrada. —No, eso no es lo que estoy diciendo. —Le da un apretón al hombro de Isa—. ¿Por qué no evitas llegar a alguna conclusión hasta que tengamos los hechos? —Eso es lo que está tratando de hacer —interviene Indigo, entonces pone sus manos alrededor de su boca para encender otro cigarrillo. —Lo entiendo —replica su abuela con los dientes apretados—. Pero no creo que ir a la casa de un tipo para buscar unos documentos sobre el caso, sea la mejor idea en este momento, especialmente cuando no sé nada de este joven o cómo se las arregló para obtener esta información sobre la madre de Isa. —Sus ojos se posan en mí como si esperara una explicación.


—Es amigo mío —digo, sabiendo que necesito ser vago. Big Doug dejó claro desde el día que lo conocí que no quiere que mucha gente sepa acerca de él—. Y es realmente bueno con los ordenadores. —¿Es un hacker? —inquiere su abuela con desconfianza escrita por todo su rostro. —¿Sabes lo que es un hacker? —pregunto, sorprendido. Indigo empieza a toser por el humo del cigarrillo. —Mierda, Kai. Tenías que ir y hacerlo. Acabas de enojarla. Los ojos de su abuela se entrecierran, primero en Indigo, luego en mí. —Sí, sé lo que es un hacker. Puedo ser vieja, pero no soy estúpida. Pongo una expresión de disculpa. —Lo siento. Sólo pensé… —Pensaste que porque soy vieja, no sé cosas. —Su abuela me enfrenta con los brazos cruzados, su expresión es firme—. Pero sé mucho, como que tu amigo de alguna manera consiguió los registros sobre el caso, es probable que los obtuviera ilegalmente.

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—No sé con seguridad si eran registros sobre el caso. —No estoy seguro de qué más decir porque, sinceramente, conociendo a Big Doug, podrían haberlo sido—. Las cosas que encontró antes no fueron ilegales. Eran registros públicos. La frente de su abuela se frunce. —¿Las cosas que encontró antes? —Hace un par de días, cuando me dijo que la madre de Isa estaba... —Me callo, mirando a Isa. Sus brazos están envueltos a su alrededor, con la cabeza agachada—. Toda la información que me dio entonces, es la que se puede encontrar en Internet. —Pero, ¿cómo averiguó incluso su apellido? —Isa me mira, la tristeza en sus ojos casi me traga entero. —Eso podría no haberse hecho legalmente —admito—. Sinceramente, no sé su proceso exacto. Soy sólo el mensajero. Isa mete las manos en el bolsillo de mi chaqueta que lleva puesta. —¿Cuál es? —pregunta en voz tan baja que apenas la oigo—. Su apellido, quiero decir. —Bella Larose. —Curvo mis dedos para evitar tocarla de nuevo, sabiendo que este momento podría no ser el mejor para eso. Isa aleja la mirada. —Es muy... es demasiado, supongo. No estoy seguro de a qué se refiere exactamente, pero algo en lo que dice causa una reacción en su abuela.


—Muy bien, puedes ir, pero con una condición. Indigo irá contigo y ustedes dos se quedarán en el auto mientras él —me señala con el dedo mientras mira a Isa—, entra. No quiero que se metan en problemas en absoluto. Es demasiado arriesgado en este momento con la situación con tus padres. Siguen siendo tus representantes legales y la última cosa que necesitamos es que seas arrestada o algo así. Tenemos que tener nuestro mejor comportamiento. —Nos mira rápidamente a Indigo y a mí—. Todos. No estoy seguro de por qué soy incluido en sus decisiones familiares, pero me encuentro asintiendo. La última cosa que quiero hacer es meter a Isa en problemas por algo que hice. Ojalá no estuviera ya en tantos problemas. —Tal vez Kai debería pedir prestado el auto e ir solo. —Su abuela se vuelve cautelosa de nuevo. Isa niega. —No puede conducir. Órdenes del médico, ¿recuerdas? —Mierda, me olvidé de eso. —La mirada entrecerrada de su abuela se posa en mí—. ¿Vas a asegurarte que se quede en el auto? Dibujo una X sobre mi pecho.

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—Juro que no irá a otro lugar. —No soy una niña —le dice Isa a su abuela—. Si digo que no voy a entrar, entonces no lo haré. —Justo como cuando Indigo y tú me prometieron que podían arreglárselas para volver al hotel antes de medianoche —responde arqueando las cejas. Isa pone una expresión culpable. —Eh, creo que fue la noche en que mi reloj se rompió, tal vez. —Oye, no es culpa nuestra que no supieras que las cinco es la nueva medianoche —interrumpe Indigo, con un círculo de humo en torno a su rostro. Su abuela suspira. —Por favor, sólo dense prisa. Cuanto más rápido se haga esto, más rápido me podré relajar. Mientras no están, hablaré con mi amigo policía y veré si nos puede decir algo. También voy a preguntarle sobre el robo para ver si piensa que debería informar de ello. —Le lanza un juego de llaves a Indigo—. Toma mi otro auto, por si acaso tiene que revisar este por alguna razón. —También podrías averiguar si tiene acceso a las cámaras de seguridad — digo, agachándome para atar los cordones de mis zapatos—. Podría ser bueno averiguar quién irrumpió en tu auto. Su abuela abre la boca para decirme algo, pero luego decide no hacerlo y se vuelve hacia Isa. —Ten cuidado —advierte antes de marcharse.


—No me gusta que esté estresada —murmura Isa cuando su abuela está fuera del alcance del oído—. Es muy poco saludable para ella. —Tampoco es saludable para ti. —Me enderezo y doy un paso en la acera junto a ella—. Tienes que tratar de relajarte. Solo parece tensarse más. —Puedo intentarlo, pero no creo que vaya a suceder, no hasta que no lo sepa a ciencia cierta... Y aun así, podría no ser capaz de... dependiendo de cómo resulte todo esto. Indigo tira su cigarrillo al suelo y lo pisa con su bota. —¿Quieres saber lo que pienso? Isa la mira. —Supongo que sí. Une su brazo con el de Isa. —Creo que, sin importar lo que pase, finalmente estarás bien otra vez. —No lo sé —dice Isa—. No se siente como si las cosas fueran a ser iguales de nuevo.

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—No van a ser iguales —replica Indigo—. Pero esa sensación que tienes ahora mismo que todo está fuera de control y nada tiene sentido, se desvanecerá. —¿Cómo sabes que es así cómo me siento? —inquiere Isa—. Has dado en el clavo. —Todos lo hemos hecho en un momento u otro. —Hay más que eso. Tienes una historia. —Isa mira a su prima—. Puedo decirlo. —Ahora no es el momento para mis historias. —Indigo salta de la acera y se dirige al auto estacionado en el espacio frente a nosotros—. En este momento, vamos a centrarnos en averiguar qué demonios había en esa carpeta. Las sigo, cruzando los dedos porque Big Doug no sea un dolor en el culo con respecto a conseguirnos otra copia. No creo que sea un problema, pero a veces, se pone raro por cosas sin ninguna razón. Una vez que entramos en el auto, Indigo retrocede del lugar de estacionamiento y conduce hacia la salida del complejo de apartamentos. Cuando estamos a punto de salir a la calle, Indigo me pregunta a dónde ir. Le digo que gire a la derecha y que siga conduciendo por un tiempo. Le avisaré de cuándo dar la siguiente vuelta. Entonces, me recuesto y trato de descansar, pero con mi cabeza latiendo y mi preocupación en aumento por Isa, es prácticamente imposible. Quiero consolar a Isa o, al menos, tratar de distraerla, pero estoy en el asiento trasero y ella en el del pasajero. No me ha mirado ni a Indigo desde que entramos en el auto. Sé lo que significa cuando está callada. Significa que está ahogándose en


silencio con sus propias preocupaciones. Lo he hecho tantas veces que lo entiendo. La única manera de detenerlo es una distracción. Me deslizo en el asiento. —Tengo una idea. Indigo encuentra mi mirada en el espejo retrovisor. —¿Siquiera debo preguntar? Apoyo mis brazos en la consola. —Mis ideas siempre son impresionantes. —No sé nada de eso —dice—. Ayer por la noche, trataste de convencernos para subir a una montaña. Dijiste que sería muy impresionante hacerlo en la oscuridad porque no sabríamos dónde estábamos, lo que en realidad no tenía ningún sentido. Pero cuando Isa te preguntó por qué sería divertido, dijiste “las cosas peligrosas son divertidas”. Le sonrío inocentemente. —Eso no suena como algo que diría.

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—Estabas bastante afectado. —Frena el auto en una señal de alto—. Pero aun así, no sé. Puedo verte diciendo algo así cuando estás completamente coherente. Mis cejas se alzan. —¿Estás haciendo suposiciones acerca de mi carácter? Juguetea con la calefacción, girando el botón. —De todo lo que he visto, pareces el tipo de chico al que le gusta bromear mucho. —No todo el tiempo —argumento, fingiendo dolor—. A veces puedo ser serio. —No te he visto actuar serio, así que voy a tener que tomar tu palabra en eso. —Echa un vistazo de soslayo a Isa, quien todavía mira por la ventana, después vuelve su mirada hacia el espejo retrovisor—. Entonces, ¿cuál es tu idea? Algo distractor, espero. —Es una gran distracción. —Me inclino hacia delante y giro el botón de la radio—. No, no y no —digo mientras le cambio las estaciones, en busca de la canción perfecta. Después de encontrar una, me acomodo en el asiento mientras una canción de Icona Pop se escucha. A medida que el ritmo suena, me pongo a bailar, balanceándome en el asiento y meneando la cabeza. Indigo se une, tocando los dedos en el volante. Hemos hecho esto antes, la noche en que nos recogió a Isa y a mí de una fiesta. Le tomó a Isa un momento entrar, pero finalmente comenzó a balancearse con nosotros. Hoy, sin embargo, no se mueve. Sus manos están en su regazo, su mirada centrada en esa ventana, con el cuerpo rígido como una tabla. Todos los momentos drásticos requieren de medidas drásticas.


Desabrochándome el cinturón de seguridad, me muevo hacia adelante y paso una pierna por encima de la consola. —¡Qué diablos, Kai! —espeta Indigo, sus dedos aprietan el volante—. Me vas a hacer chocar. —No si mantienes tus ojos en la carretera —digo, poniéndome con torpeza en el asiento junto a Isa. Cuando mi cadera choca con la suya, su cabeza se mueve con rapidez en mi dirección, con sus ojos enormes. —¿Qué estás haciendo? —balbucea con un jadeo. —Al parecer, causando que todas entren en pánico. —Deslizo una mano entre mi persona y la consola para desabrochar su cinturón de seguridad—. No puedo creer cómo están actuando. Es como si nunca hubieran visto a un chico tratando de ser atento. —¿Atento? —Indigo me da una sonrisa acusatoria—. Esa es una elección extraña de palabras. No estoy seguro de lo que me está acusando, pero soy suave sobre el tema.

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—Bueno, soy un tipo extraño. —Dirijo una sonrisa en su dirección, mientras paso un brazo por la espalda de Isa—. Los chicos extraños usan palabras extrañas. —¿Eso es todo? —cuestiona—. Porque parece como si estuvieras tratando de impresionar a un cierto alguien. —Nunca trato de impresionar —me burlo mientras sujeto las caderas de Isa y la levanto a mi regazo—. Simplemente es algo natural. Isa empieza a moverse hacia delante, como si fuera a ponerse en el suelo. —De ninguna manera. No vas a ninguna parte. —Me apresuro y paso mis brazos alrededor de su cintura, acercándola hasta que queda entre mis piernas con su espalda contra mi pecho. Entonces estiro la mano, pasando el cinturón de seguridad por encima de nosotros y abrochándolo—. Me prometiste que apoyarías tu cabeza en mi regazo, ¿recuerdas? —Sí, mi cabeza —señala—. Esto es mucho más que mi cabeza. —Oh, lo sé. —Aprieto su cadera suavemente, haciendo que sus músculos se contraigan—. Pero, ¿no es mucho mejor?— La acerco más y pongo mi barbilla en su hombro. Dios, huele tan bien, como a galletas—. Es tan acogedor y relajante. No responde de forma inmediata. Creo que tal vez está pensando en una respuesta, pero entonces su cuerpo comienza a temblar. Me doy cuenta que está llorando al mismo tiempo que Indigo dice: —Isa. —Indigo extiende la mano y frota el hombro de Isa—. Va a estar bien. Negando, Isa gira su cuerpo y entierra su rostro en mi pecho. Sus manos encuentran la parte inferior de mi camiseta y empuña la tela mientras sus hombros tiemblan.


—Estoy tratando de ser fuerte —farfulla—. Pero siento que estoy perdiendo la cabeza. No puedo evitar pensar en ella y en mi vida y que todo está conectado. Que, si ella es mala, significa que yo podría serlo también, ¿verdad? Paso mi mano por la parte posterior de su cabeza, tratando de pensar en algo que decir, pero mi mente está en blanco. Indigo me mira, en silencio pidiendo que haga algo. Me siento tan impotente como ella. Sin saber qué más hacer, empiezo a hablar. —¿Recuerdas ese día en séptimo grado cuando entramos en casa, pero no te dije nada en todo el tiempo? —pregunto, meciendo a Isa de un lado para otro—. Llovía y estaba de muy mal humor porque los amigos de Kyler me encerraron en una taquilla por una broma. Probablemente pensaste que era un idiota porque no te dije lo que me molestaba. Al menos, eso es lo que pensé hasta que estuvimos casi en mi casa. —Recuerdo ese día. Parecías muy triste —susurra Isa—. Odiaba cuando te veías triste. Siempre parecías demasiado lindo para estar tan triste. Indigo cubre su boca con su mano y sus hombros se agitan mientras trata de reírse en silencio. Me río.

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—Lindo, ¿eh? No estoy seguro si tomar eso como un insulto o un cumplido. —Es un cumplido —me asegura con voz apenas audible. —Tendré que tomar tu palabra. —Dibujo corazones sobre su espalda con mi dedo—. Sin embargo, ese no era realmente mi punto. Mi punto es lo que dijiste justo antes de entrar en mi casa. Se aparta de mis brazos y se sienta con la espalda recta para mirarme a los ojos. —No recuerdo haber dicho nada. Probablemente porque sus palabras no significaron tanto para ella como para mí. Ese día apestó a lo grande. Los amigos de Kyler me trataron como una mierda, mi padre me gritó esa mañana porque no fui al juego y fui a detención durante el almuerzo por llegar tarde a clase, solo porque estaba encerrado en la taquilla. —Dijiste que, sin importar lo que me pasara, mañana sería otro día, que no había dos días iguales. —Limpio unas pocas lágrimas de sus mejillas con el pulgar— . Entonces dijiste probablemente una de las cosas más adorables que te he oído. Dijiste que no todos los días pueden ser una mierda; de lo contrario, no existiría la felicidad. Y tenía que existir; porque entonces los cuentos de hadas, los sueños y las comedias no podrían. —¿Comedias? —Indigo me mira, desconcertada—. Eso parece al azar. —No, no lo es —argumenta Isa, secándose los ojos con el dorso de la mano—. Las comedias son divertidas y hacen reír a la gente, por lo que están conectadas a la felicidad tanto como los cuentos y los sueños.


—Realmente no conecto los cuentos o los sueños a la felicidad —dice Indigo, dejando la mano en la palanca de cambios—. Mi preferencia es el sexo y el chocolate. Un día, verás de lo que estoy hablando. Las mejillas de Isa enrojecen cuando su mirada se mueve hacia mí. —Eso no viene al caso. —Normalmente, estaría burlándome de ella, pero teniendo en cuenta que acababa de llorar en mi camiseta, la dejo librarse—. El punto es lo que dijiste. Que no todos los días son malos. Y sé que es una locura pensarlo en este momento, porque todo esto con tu madre sigue estando muy crudo, pero con el tiempo, el dolor va a desaparecer. —Sin embargo, es posible que no desaparezca por completo —susurra Isa, frotando las manos arriba y abajo de sus brazos. —No, puede que no —contesto con sinceridad—. Pero va a ser más fácil. Me observa durante tanto tiempo que me siento incómodo. —Eres sabio cuando quieres serlo —dice finalmente. Me encojo de hombros. —Estaba repitiendo tus palabras.

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—Hiciste más que eso. —Se ve como si fuera a decir algo más, pero en su lugar, mira hacia delante y se acomoda en mi contra. No dice mucho más durante el viaje en auto, pero no está tan distante. Empiezo a mover mis dedos arriba y abajo de su brazo, tratando de calmarla tanto como sea posible. Entonces, noto marcas rojas en su muñeca. —¿Cómo te las hiciste? —pregunto, doblando la manga de la chaqueta para tener una mejor visión. Frunce el ceño a las marcas. —Son probablemente de cuando Lynn me agarró ayer. Una onda de ira recorre mi cuerpo. —¿Ella te hizo esto? —Sí, estábamos discutiendo y me agarró. No estoy segura si quería hacerlo o no. —Isa se encoge de hombros—. Aunque en realidad no importa, ¿no? Es decir, ya no vivo con ella, así que no puede hacerlo de nuevo. —No hagas eso —digo, luchando por mantener la calma—. No disculpes nada. No bajes tu autoestima. —No bajo mi autoestima —susurra, sus grandes ojos amplios, revelando el dolor que siente en su interior—. Sólo... no quiero hacer una gran cosa. Ya hay demasiadas pasando. Aprieto los puños. —Si lo hace de nuevo, no lo disculparemos.


—Está bien, pero no lo hará otra vez, porque no voy a estar cerca de ella ya. — Baja la voz—. Y probablemente debería estar diciendo lo mismo de ti. Tal vez tiene razón. Mi padre nunca me ha dado una paliza o algo, pero ha cruzado la línea un par de veces y me dejó algunas marcas y moretones. Realmente nunca hablé de ello con nadie, sobre todo porque su cólera parecía justificada una gran parte del tiempo. Estoy jodido. Lo entiendo. Nunca he sido como Kyler, que hace todo lo que dice nuestro padre. Siempre tengo que cuestionar todo lo que quiere de nosotros. Lo arruino. Me defiendo. Soy la decepción, mientras Kyler es su hijo perfecto. —¿Sabe la abuela Stephy sobre las marcas? —le pregunta Indigo a Isa. —Le dije que me agarró —le responde a Indigo—. Es parte de la razón por la que Lynn y mi padre no siguieron peleando con ella acerca que me mudara. Indigo se queda callada brevemente. —Realmente odio a esa mujer —dice finalmente—. Estoy feliz que ya no tengas que estar cerca de ella. —Yo también —murmura Isa, recostándose contra mí.

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Vamos el resto del camino en silencio. Después que Indigo estaciona frente a la casa de Big Doug, desabrochamos los cinturones de seguridad e Isa sale del auto, así puedo salir yo. Observa la casa sencilla de estilo rancho desde el techo del auto. —Entonces, así es cómo es la casa de un hacker, ¿eh? Me imaginé algo más... no sé, grande y llamativo. —Nunca dije que fuera un hacker —le recuerdo, estirando los brazos por encima de mi cabeza. Mi camiseta sube unos centímetros con los brazos levantados y noto que roba un vistazo de mi estómago antes que su mirada choque con la mía. Se frota los ojos inyectados en sangre y parpadea un par de veces, como si los acostumbrara a la luz del sol. —Nunca dijiste que no lo fuera. Reprimo una sonrisa, empujándola hacia el auto. —Mete tu lindo culo de nuevo en el auto. Regreso en un minuto. Muerde su labio inferior. —¿Estás seguro que no quieres que vaya contigo? Por una fracción de segundo, toda mi atención se centra en su boca. Pero entonces recuerdo que me dijo que Kyler la besó. Joder, le dio un beso. Mierda. Sé que no tengo derecho a estar molesto, pero lo estoy. Odio que la bese en primer lugar. No me gusta que la bese nunca. —Kai. —Isa mueve la mano delante de mi rostro—. ¿Estás bien? ¿Te duele la cabeza? ¿Te estás mareando?


—Estoy bien. —Aparto el pensamiento de ella y Kyler besándose, pongo mis manos en sus hombros y suavemente la empujo hacia el auto—. Y no hay manera que vengas conmigo. Tu abuela me patearía el culo. —¿En serio tienes miedo de mi abuela? —Claro que lo tengo. La mujer tiene ojos de halcón. Isa se ríe, pero el sonido se desinfla en un suspiro. —Bueno, no tiene por qué saberlo. Podría ser nuestro pequeño secreto. —Me guiña el ojo como si estuviéramos haciendo un acuerdo silencioso. —Mírate, tratando de ser toda linda y astuta —digo, entonces la empujo hacia el auto de nuevo—. Pero la respuesta es no. No te voy a llevar allí. Y no sólo porque estoy aterrado de tu abuela. Es muy peligroso. —Pero me dejaste hablar con Big Doug en la fiesta. —Pero eso fue en la casa de la piscina de Bradon. Aquí... Bueno, hace más negocios aquí.

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Puedo decir que las preguntas están en la punta de su lengua, pero las reprime y se mete en el auto. Espero hasta que tiene la puerta cerrada antes de dirigirme a la entrada. Siguiendo las reglas de Big Doug, rodeo el lado de la casa para estar fuera de la vista de sus vecinos. Cuando llamo a la puerta, chirria y se abre por su cuenta, e inmediatamente siento que algo está mal. Big Doug nunca deja su puerta abierta, y mucho menos así. Si lo hiciera, la alarma sonaría. Pienso en lo que el chico me dijo en el estacionamiento antes que me noqueara: Dile a Big Doug que sus tres oportunidades se terminaron. Empujo la puerta y doy un paso en el interior. La casa está en silencio, las luces están apagadas y las cortinas cerradas. Tanto polvo flota en el aire que empiezo a toser. Poniendo mi mano sobre mi boca, dejo el vestíbulo y voy a la escalera que conduce al sótano. Al pasar por la sala de estar, noto que todos los muebles están volcados, y las estanterías se ven como si una moto sierra les hubiera pasado. Con la cantidad de polvo que flota en el aire, me pregunto cuándo ocurrió. Probablemente no hace tanto tiempo. Mierda, ¿y si el que lo hizo todavía está aquí? Me detengo en la puerta de la cocina cuando noto que la alarma ha sido desactivada. Nunca antes la he visto apagada. Siempre se prende al abrir la puerta y luego se apaga. Contemplo qué hacer. ¿Regresar y correr hacia el auto? ¿Y qué? ¿Llamar a la policía? Si Big Doug está aquí, fácilmente podría ser arrestado si la policía se presentara. Le he oído hablar un par de veces de estar fuera del sistema. Honestamente, ni siquiera estoy seguro de cuál es su nombre real. Decido ser un hombre y apresurarme por las escaleras. Mantengo mis pasos ligeros, tratando de ser lo más silencioso que puedo. Cuando alcanzo el sótano, sé de inmediato que algo de intensa mierda pasó. La habitación que una vez estaba llena de ordenadores, impresoras y archivadores está completamente vacía. Solo un


par de archivadores y el escritorio permanecen, y fueron vaciados. Si no hubiera pasado el rato aquí con Big Doug un montón de veces, supondría que la casa había sido abandonada por un tiempo. Me acerco a la mesa y miro dentro de los cajones abiertos. Vacíos. Echo un vistazo en el archivador. De nuevo, nada. —Joder, mierda, joder. —Me hundo en la silla del ordenador, jalando con fuerza mi cabello. ¿Cómo diablos se supone que voy a salir y decirle a Isa que todo lo que estaba en esos papeles podría haber desaparecido? Sé que la promesa que estén es lo único que evita que se desmorone por completo—. Dios, esto es un desastre. —Me echo hacia atrás en la silla y dejo que mi cabeza caiga hacia atrás. Algo en el techo atrapa mi atención. Una de los azulejos del techo tiene una pegatina plateada con forma de estrella… la marca de Big Doug, según sus propias palabras. Una vez me dijo que escondía cosas por toda la casa en caso de una emergencia. Realmente no sabía lo que quería decir en ese momento o lo que ocultaría, pero aun así, tengo que mirar. Me levanto de la silla y la llevo hacia la esquina de la habitación. Me subo encima de ella, me estiro y empujo el azulejo hasta el final de un lado. Entonces meto la mano en el agujero y toco hasta que mis dedos rozan algo plástico. Bingo.

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Salto de la silla y luego abro una bolsa de tamaño mediano con una pegatina de un rostro sonriente en él. En el interior, está mi teléfono, una unidad de memoria y una nota, todos los cuales tienen pegatinas. Tomo la nota primero. Kai, Siento haberte metido en este lío y perdón por plantarte sin explicación, pero necesito mantener un perfil bajo durante un tiempo. Limpié tu teléfono en caso que estuviera intervenido. Y estoy seguro que esperabas que encontrara más información acerca de la madre de Isa. He encontrado algunas cosas bastante interesantes. Esta unidad de memoria lo explica todo. Contactaré contigo cuando pueda. Hasta entonces, paz, hombre. Big Doug No sé quién está detrás de él, pero si Big Doug huyó, tiene que ser malo. Echo un vistazo alrededor de la habitación, mientras meto la memoria y la nota en mi bota. Luego subo las escaleras, deslizo el dedo por la pantalla de mi teléfono para comprobar mis mensajes. Como era de esperar, no hay ninguna llamada de mis padres. Tengo uno de voz, por lo que escribo mi código de acceso para escucharlo. Es un mensaje de Isa de ayer, pidiendo un paseo. Fue durante el tiempo que estuvo con Kyler y suena molesta. Probablemente fue cuando la llevó al campo de fútbol. Todavía no puedo creer que le hiciera eso… que la llevara con sus amigos y los de Hannah. Sabe cuán malintencionadas pueden ser esas chicas, pero probablemente estaba tratando de impresionarla con sus habilidades de fútbol, lo que acabó siendo estúpido. Si conociera a Isa, sabría que no le gusta el fútbol, que en realidad nunca lo ha hecho.


Eso no importa ahora. Lo que importa es llegar a un ordenador y abrir lo que está en esta memoria. Sólo cruzo los dedos para que sea algún tipo de buenas noticias, tal vez incluso algo positivo. Isa podría realmente agradecer uno de esos en este momento y haré cualquier cosa para asegurarme que lo consiga.

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Capítulo 15 Isabella —¿Podrías dejar de morderte las uñas? —suplica Indigo mientras voltea hacia abajo el visor delante de ella—. Vas a conseguir tener uñas desiguales y feas si sigues así. —No puedo evitarlo. —Meto mis manos debajo de mis piernas para parar—. Estoy nerviosa. Kai ha estado ahí por un tiempo. ¿Qué pasa si sucedió algo? ¿Qué pasa si Big Doug no le dio otra copia de los documentos? ¿Y si lo hizo, y lo que sea que hay allí es malo, y Kai simplemente no quiere salir y darme la noticia? Rebusca en su bolso por un tubo de lápiz labial.

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—Deja de preocuparte por el qué pasaría si y sólo espera a ver qué pasa. —Se aplica una capa de labial y luego junta sus labios—. No te hace ningún bien preocuparte por cosas que pueden o no suceder. —Sí, lo sé. —Me dejo caer hacia atrás en el asiento, me quito los tenis, y llevo mis piernas hasta mi pecho. Pienso en lo que me dijo Kai, que mañana será otro día, y me centro en eso. Es la única cosa que puedo hacer además de empezar a llorar otra vez, y mis ojos realmente quieren hacerlo—. ¿Puedo hacerte una pregunta? Deja caer el labial en el bolso. —Sabes que me puedes preguntar cualquier cosa. —Sí, pero esta es una pregunta extraña sobre la vida y esas cosas. —Isa, casi cada pregunta que haces es rara, como aquella vez que me preguntaste si pensaba que tal vez los gnomos cobraban vida en la noche y bailaban en el patio. —Oye, todavía me pregunto eso. —Apoyo la barbilla en mis rodillas—. Tú nunca sabes... nada. —Exactamente. Así que deja de preocuparte por lo que está haciendo Kai. Estoy segura que saldrá pronto... —Su cabeza se vuelve hacia la casa—. Mira, ahí está. Me siento y miro a Kai con la cabeza gacha, caminando por la entrada. La visión de él hace que mis nervios burbujeen. Trato de obtener una lectura sobre cómo se siente, pero su expresión es estoica mientras camina por la parte delantera del auto y abre la puerta del pasajero.


—Sal para que pueda subir —dice, viendo en torno a las casas que bordean la calle. —¿De verdad quieres e sentarte así de nuevo? —pregunto, bajando los pies al suelo. No es que no me guste sentarme en su regazo, pero ahora que no soy un desastre lloriqueando, como que me parece... no sé, que no es apropiado. Bueno, eso y ahora que no estoy rota en pedazos, soy muy consciente que no me he duchado en un par de días. Probablemente huelo bastante fuerte en este punto. Él hace un movimiento y suspira, bajo del auto. Doy un paso atrás y dejo que se deslice en el asiento del pasajero. Una vez que se acomoda, se estira, engancha el borde de mi camisa, y me arrastra hacia él. Siendo suave, tropiezo con mis pies y caigo en su regazo. Él gruñe mientras mi trasero golpea su regazo, probablemente, aplastando sus partes de chico. Rápidamente me remuevo. —Oh Dios mío. ¿Estás bien? —Sí, muy bien. —Su rostro está tenso de dolor cuando cierra la puerta.

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No se ve muy bien. De hecho, parece un poco pálido. Me pregunto cómo se siente, si es la conmoción cerebral, si tiene que ver con lo que se acaba de enterar. —Creo que necesitas descansar un poco —digo primero, porque su bienestar es lo más importante. —Lo haré en un rato. —Mueve su peso, llevando mi espalda contra su pecho. Luego nos asegura con el cinturón de seguridad y desliza sus brazos a mi alrededor—. Tengo buenas y malas noticias. ¿Cuáles quieres primero? Cuando comienzo a morderme las uñas, Indigo gruñe: —Isa, deja de morderte las uñas. Quito los dedos de mi boca. —Vamos con las malas noticias primero —le digo a Kai. Él duda. —Big Doug está... Bueno, se ha ido. —¿Cómo que se ha ido? —pregunto—. ¿Como ido de fue a la tienda? ¿O como que empacó su basura y dijo paz, y salió de Sunnyvale? —Como ido de corrió-por-su-vida —dice Kai solemnemente—. La mitad de su mobiliario todavía está allí, pero su casa está destrozada. Y se llevó todos sus ordenadores. —¿De qué estaría huyendo? —Trato de no entrar en pánico, pero puedo oír mi corazón latir en mi pecho. Bum. Bum. Bum. Bum. Nunca. Vas. A. Saber. Si. Ella. Podría. Ser. Inocente.


—De un montón de cosas —dice Kai, frotándose los ojos con la palma de su mano—. Cuando conocí a Big Doug, me advirtió que, un día, podría simplemente levantarse e irse. Me giro hasta que mi espalda está presionada contra la consola y puedo mirar a Kai con mayor facilidad. —¿Cómo siquiera lo conociste? Él se queda mirando hacia delante mientras Indigo sale a la carretera. —En esa fiesta. Fue como por accidente que nos hiciéramos amigos. Realmente no tenemos nada en común, pero nos drogamos... —Su mirada se desliza a Indigo y luego de nuevo en mí—. Borrachos. Y dejó escapar lo que hizo y me dijo que, si quería hacer algún trabajo, podría conectarme. Estaba pasando por algunas cosas, y su oferta de hacer algo de dinero rápido, haciendo prácticamente nada, parecía perfecta, no sólo por el dinero, sino por el cambio... el riesgo... bueno, era diferente. Y quería algo diferente. Quería ser un tipo que fuera más que el hermano menor de Kyler.

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—Nunca has sido sólo el hermano menor de Kyler. —Entiendo totalmente por qué lo dice. Incluso ahora, la gente se refiere a mí como la hermana de Hannah—. Las personas te conocen en la escuela, Kai. Tienes amigos. —Ahora los tengo —dice—. Pero hace un año... Todos mis amigos fueron por mi relación con Kyler, y odiaba eso. No me gustaba que siempre fuera mejor que yo en todo, y quería tener algo en lo que él no fuera bueno. Le doy un vistazo. —Por lo tanto, ¿pensaste que algo debía salir trabajando para un hacker? —Nunca dije que fuera un hacker —me recuerda, jugando distraídamente con la parte inferior de mi camisa—. Y sí, me doy cuenta de lo estúpido que suena, meterse en problemas para poder salir de la vida sombreada de tu hermano, pero en ese momento, me pareció una idea genial. —Tal vez fue la hierba la que te hizo pensar eso —sugiero, reprimiendo un estremecimiento cuando sus nudillos recorren mi piel. —Ya te dije que no lo hago más. —Su mirada va hacia Indigo de nuevo. —Ella no te va a juzgar —le digo—. Lo hace a veces también. —No me preocupa que me juzgue. —Cuando me mira, sus labios se levantan en una sonrisa burlona—. Me preocupa que le diga a tu abuela y luego no me deje jugar más contigo. —No se lo dirá —le prometo, después miro por encima del hombro—. ¿Verdad, Indigo? —Por supuesto que no voy a decírselo —responde Indigo con los ojos en blanco—. Ustedes necesitan pasar tiempo juntos. Son demasiado perfectos juntos. Kai sonríe, pero luego se desvanece. —¿Estás lista para escuchar las buenas noticias? —pregunta.


Por una fracción de segundo, ni siquiera sé de lo que está hablando. Su capacidad de hacer que me olvide de algo es asombrosa. —Uh, ¿sí? —Suena más como una pregunta, sobre todo porque no parece demasiado encantado con las buenas noticias—. Pero si se trata de una buena noticia, ¿por qué pareces tan deprimido al respecto? —Porque estoy pensando en todos los problemas que puedan surgir de esta buena noticia —dice, luego suspira—. Por lo tanto, Big Doug me dejó esta memoria y una nota que decía que tenía información sobre tu madre. Y estaba muy emocionado por ello hasta hace aproximadamente un minuto cuando me di cuenta que, más que probablemente, la maldita cosa va a tener seguridad y contraseñas y la mierda para que nadie pueda acceder a ella. —Suena un poco extremo —digo, con el ceño fruncido. —Eso es lo que es —explica—. Él es cuidadoso con todo lo que hace. —¿Conoces a alguien que pueda descifrar las contraseñas y la seguridad y la mierda? —pregunto, cruzando los dedos de las manos y los pies para que lo tenga. Asiente, pensando. —Creo que puedo hacerlo, pero tomará algún tiempo.

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Mi mandíbula cae hasta mis rodillas. —¿Sabes cómo hackear esa cosa? —En realidad no es hackeo. —Se encoge de hombros como si no fuera gran cosa—. Es más como resolver un rompecabezas. Lo estudio cuidadosamente. —¿Qué más sabes hacer que no sepa? —Hay muchas cosas que sé cómo hacer de las que no sabes. —Sus labios amenazan con alzarse—. Todavía. Siento mis mejillas sonrosarse. Recupérate. Deja de ser rara. No quiso decirlo de esa manera. —Oh Dios mío —grita Indigo bruscamente, golpeando su mano contra el volante—. ¿Se podrían simplemente besar? No puedo aguantar mucho más de esta tensión sexual. Muevo la cabeza en su dirección y le doy mi mejor mirada de muerte. Ella sonríe dulcemente y se encoge de hombros oh-tan-inocente. Recuperándome, vuelvo mi atención a Kai, preguntándome qué demonios va a decir acerca de la observación de Indigo. Él me mira con curiosidad en sus ojos, y luego su mirada cae a mi boca. Mi corazón literalmente da un vuelco con anticipación. Pero entonces me vuelvo híper consciente de mi entorno. Esperen. No va a besarme, aquí, delante de Indigo, ¿o sí?


Pero a medida que se inclina, mis preocupaciones se van por la ventana. Recuerdo la noche en que me dio un beso en la calzada. Sus labios eran tan suaves y delicados, y el contacto de labios envió una lluvia de fuegos artificiales que estallaron a través de mi cuerpo. Pero Kai se detiene a mitad de su inclinación y de repente se mueve hacia atrás. —¿Qué clase de computadora tienes? ¿Qué diablos acaba de decir? —¿Eh? —Llevaste la tuya a casa de tu abuela ¿cierto? —pregunta, poniendo aún más espacio entre nosotros. Tengo que trabajar muy duro para no sacar mi labio en un puchero. Es la segunda vez que casi me da un beso. ¿Cuántas veces va a pasar esto entre nosotros? ¿Y no debería ponerle fin a eso? Es decir, está la cosa con Kyler... Santa mierda, ¡acabo de besar a Kyler ayer! ¿Qué pasa conmigo? ¡Tengo que parar esto!

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Dios, soy realmente una mala persona. —¿O es que la dejaste en tu casa? —pregunta Kai cuando no digo nada. —Yo, uh... ¿Qué? No, traje mi computadora conmigo. —Me obligo a concentrarme en la conversación—. Pero es muy vieja. —¿Qué hay de tu abuela? —pregunta—. ¿Tiene una más reciente? Indigo se carcajea. —Oh, Kai, qué chico tonto. Las personas mayores no tienen computadoras. Deberías saber eso. —Lo sé —dice Kai—. Pero conocí a este tipo una vez y tenía como, setenta y sabía cómo introducirse en los registros del DMV. Indigo lo mira como ¿qué demonios, amigo? Y Kai contrarresta con una cara que dice ups-no-quise-decir-eso. —Pero, de todos modos… —Kai sigue sobre el tema, centrándose de nuevo en mí mientras pone una mano en la parte superior de mi muslo—. Tal vez deberíamos pasar por mi casa y recoger la mía. Tengo un programa realmente asesino que podría ser útil. Lo miro boquiabierta. —En serio, ¿quién eres? —No te emociones demasiado —dice—. Como dije, no soy tan grandioso, sin duda no tan bueno como Big Doug. Y tomará algún tiempo. —¿Cómo cuánto tiempo? —pregunto, demasiado consciente que sus dedos han comenzado a trazar un suave camino por mi muslo.


Sí, estoy usando pantalón de pijama pero de alguna manera se siente casi tan intenso como si estuviera tocando mi piel. Se encoge de hombros. —Unos pocos días, algunas semanas. Es difícil saberlo con certeza. —Unas pocas semanas. —Mi pecho duele otra vez, un dolor casi cegador. ¿Cómo puedo esperar tanto tiempo? Necesito saber lo que pasó. Qué hizo. Quién era. ¿Estaba viviendo con ella cuando...?—. Tal vez debería buscar en Internet para obtener información acerca de ella. Kai niega rápidamente mientras sus dedos hacen un círculo en mi muñeca, presionando mi pulso. —Prométeme que no harás eso. Mi pulso martilla contra la punta de sus dedos. —¿Por qué? —Debido a que el material que aparezca ahí... no quiero que lo veas. —¿Lo has visto? Él traga y asiente una vez.

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—El primer conjunto de documentos que Big Doug me dio tenían un montón de artículos y otras cosas de lo que pasó. —¿Y fue realmente malo? —Niego para mí misma—. Por supuesto que era malo...... ella… mató a alguien. —Sueno estrangulada. —Oye —advierte, tirando de mi muñeca suavemente—. Quiero que me prometas no sólo que no vas a mirar en Internet nada, sino que dejarás de estresarte por esto hasta que pueda acceder a los archivos en esta maldita memoria. —Cuando comienzo a abrir la boca para protestar, me interrumpe—. Y no quiero escuchar ningún pero. Sólo deja de estresarte y permíteme arreglar esto. Si bien es dulce que crea que puede solucionar este problema, no estoy tan segura que mi madre estando en la cárcel por asesinato sea una cosa que pueda arreglar. Aun así, asiento y guardo mis preocupaciones en la pequeña caja que mantengo oculta dentro de mí. Es la misma caja que contiene el dolor de cuando mi padre dejó de hacer cosas conmigo, la primera vez que Lynn me dijo que era fea, y cuando Hannah convenció a sus amigos que me pegaran contra el armario y escribieran fenómeno en mi frente con marcador permanente. —¿Entonces quieres que te llevemos a tu casa? —pregunto y él asiente—. ¿Qué hay de tus padres? ¿No se preguntarán dónde está tu auto y sobre éstos? —Paso mis dedos sobre los moretones en su mejilla desaliñada, asegurándome de no poner ninguna presión sobre ellos. —Voy a entrar y salir —dice, con voz tensa—. Podrían incluso no estar allí, de todos modos. A veces visitan a mi abuela los domingos. —Tal vez podríamos tomar prestada la computadora de alguien —sugiero, no queriendo que su padre le grite.


Se apoya en mi mano. —Soy un chico grande, Isa. Estaré bien. —Eso no es lo que me dijiste anoche, cuando tratabas de conseguir que durmiera en el sofá contigo —bromeo en un intento de aligerar el ambiente. —Creo que debería tener un pase libre de cualquier cosa que dije anoche — contrarresta—. Es como cuando estás borracho y haces algo estúpido; no cuenta. —Sí, trata de decirle eso a mi amiga Jenna —dice Indigo, bajando su ventana para iluminar el ambiente—. Se emborrachó una noche, se acostó con un fulano al azar y terminó con herpes. Kai y yo miramos nuestros rostros con disgusto. —Y para su información, estoy haciendo esta elección por ustedes. —Mueve el volante y gira el auto por la calle que conduce a la mía y a la subdivisión de Kai—. Vamos a ir a buscar esa computadora para que Kai pueda entrar en esa memoria y esperemos que pueda darte algún tipo de paz mental. —Pero, ¿y si lo que hay en ella no me da paz mental? —Me muevo unos centímetros sobre el regazo de Kai y me siento entre sus piernas con la espalda contra su pecho.

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Alcanza su paquete de cigarrillos en el tablero. —Entonces nos ocuparemos de eso cuando lleguemos a ese punto. —Enciende un cigarrillo entre sus labios—. Debes irte al asiento trasero y acostarte. La última cosa que necesitamos es que Lynn, Hannah, o tu padre te vean aquí y hagan más drama. Me desabrocho el cinturón de seguridad y salto al asiento trasero. Kai se aferra a mí por un segundo o dos antes de soltarme con desgana. Entonces me tumbo en el asiento y me quedo en silencio durante un par de minutos. Cuando el auto se detiene, Kai murmura: —Joder, están en casa. Abro la boca para decirle que no vaya, pero ya está saliendo del auto. Indigo comienza a jugar con la radio, en realidad no diciendo demasiado. Cuanto más largo es el silencio en el aire, más inquieta me pongo. En un intento de distraerme, le envío un texto a la abuela Stephy. Yo: Hola, ¿cómo te va? ¿Ha habido suerte con esas cámaras de vigilancia? Abuela Stephy: Lo siento, cariño, pero el que irrumpió en el auto sabía lo que estaba haciendo. Yo: ¿Qué quieres decir? Abuela Stephy: Quiero decir, que llevaba puesta una máscara. Suspiro.


Yo: Bueno, eso apesta. ¿Qué te dijo tu amigo policía al respecto? ¿Y el auto azul? ¿Le dijiste sobre eso? Abuela Stephy: Dijo que el robo era realmente extraño, sobre todo porque en realidad no robaron nada, además de algunos papeles. Sin embargo, dijo que no hay mucho que podamos hacer al respecto, además de informar de ello. Dijo lo mismo sobre el auto azul, que si no podemos obtener un número de matrícula, la información no servirá de mucho. Creo que, por ahora, sólo tenemos que mantener los ojos abiertos. Y no quiero que estés sola en ningún lugar... ¿Dónde estás ahora? ¿Te diriges a casa? Yo: Sí. Sólo hicimos una parada en la casa de Kai para que pudiera conseguir algunas cosas. Abuela Stephy: ¿Qué pasó en la casa de su amigo? ¿Conseguiste lo que necesitaba? Yo: Más o menos. Abuela Stephy: ???

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Yo: El chico se fue. Dejó una memoria, pero Kai tiene que entrar en ella. Abuela Stephy: Isa, confío en tu juicio y todo, pero ¿estás segura que quieres jugar con esa cosa? No quiero que te metas en problemas. —¿Es esa la abuela Stephy? —pregunta Indigo, y yo asiento—. ¿Qué está diciendo? Ruedo a mi lado para mirarla. —Piensa que no debería jugar con memorias sospechosas. —Envíale un texto de regreso y dile que no lo harás —dice Indigo, sorprendiéndome. —¿Quieres que le mienta? —No estás mintiendo. No jugarás con ella. Kai lo hará. Mis dedos se ciernen sobre los botones. —Pero Kai lo hace por mí. Ella se voltea en su asiento para mirarme. Mueve el cigarrillo de su boca. —Mira, Isa. A veces, es mejor no ser completamente honesta cuando se trata de la abuela. Es mayor, y cuando se estresa, comienza a mostrársele, sabes. —Tal vez no debería perder el tiempo con la memoria entonces, si va a causar esta cantidad de problemas. —No, la necesitas; de lo contrario, vas a permanecer estresada. —Cuando aún no parezco del todo convencida, suelta una frustrada exhalación—. Mira, puedes hacer lo que quieras, pero realmente creo que deberías dejar que piense que


dejaremos pasar esto. Pedirle que le diga a su amigo policía que lo vea. Sería bueno tener un plan de respaldo de todos modos, por si acaso Kai no puede sacar esas rudas habilidades de códigos de hackeo que dice tener. —Se rasca la frente con el dorso de la mano—. Está bien, cambio total de tema aquí, pero ¿no fue atractivo cuando Kai dijo que podría entrar en esa memoria? —¿Piensas que los conocimientos informáticos son atractivos? Porque usualmente estás con los chicos que son como... ¿Cómo puedo poner esto agradable? No muy inteligentes. —Sí, pero son atractivos. Y además, no es que me vaya a casar con alguno de ellos. Soy joven y me estoy divirtiendo. —El humo rodea su rostro mientras toma una calada de su cigarrillo—. ¿Te molesta que piense que Kai es atractivo? —No. —Pero mi labio se contrae por instinto, y lo nota totalmente. —Lo hace y me encanta. Voy a seguir haciéndolo hasta que admitas que estás enamorada de él. —Extiende su brazo a un lado para aventar las cenizas de su cigarrillo por la ventana y me sonríe mientras frunzo el ceño—. Sabes que casi te besa, ¿verdad? Estuvo como —levanta su dedo y el pulgar y marca un centímetro de distancia—, así de cerca.

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Quiero negarlo, negarlo, negarlo como hago siempre, pero no tiene sentido ya que fue testigo que sucedió. —No sé qué hacer —admito, apoyándome en mi codo—. Quiero decir, estuve con Kyler ayer, y fue muy dulce y pasó el día tratando de distraerme de la atención de todo el drama familiar. Estábamos coqueteando, y me gustó... y luego casi me besó... Eso fue... —Trato de encontrar una palabra para describirlo, pero la primera cosa que viene a mi mente es agradable. Y decirle eso en voz alta a Indigo, sé que sólo lo sobre analizará—. Pero entonces, hoy, estoy con Kai, y es tan increíble... Es como que, en serio, ¿se mueve de asiento sólo para abrazar a una persona porque está a punto de llorar? Y entonces me llevó a dar un paseo y me contó esta historia sobre Hannah... Ni siquiera es sólo eso. Es todo. Como cuando sostiene mi mano, me calma. —Me froto la frente con la palma de la mano—. Pero sigo pensando que me puede gustar Kyler. —Dejo salir otro suspiro—. Soy la peor persona. ¿Qué pasa conmigo? ¿Quién piensa así? —Uh, una gran cantidad de personas. Tu confusión es totalmente normal. Créeme. He salido con un montón de chicos a la vez, y tú no has cruzado una línea todavía. —¿No? Porque podría haber dejado que Kai me besara si no hubiera retrocedido. —Isa, Kyler y tú no hicieron ningún tipo de compromiso. Han salido un par de veces por un poco, y él te lo pidió. Eso es todo. Hasta que hayas tenido la conversación de ser exclusivos, puedes hacer lo que tu corazón desee. Además, no es como que les mentiste. Le dijiste a Kai sobre el casi beso con Kyler, aun así él todavía casi te besó. Y Kyler sabe que andas con Kai. Si los ve a los dos juntos, sabe que hay química allí. —Un poco de ceniza flota en el aire mientras regresa el


cigarrillo a sus labios—. Y odio decir esto, pero con todo lo que me has hablado de Kyler, ese tipo suena como un jugador y probablemente todavía está saliendo con otras chicas. Pienso en Jesmine y el abrazo interminable. Tal vez tiene razón, pero eso no quiere decir que me sienta cómoda involucrada a un nivel de citas con los dos. Es raro y extraño y... —Pero son hermanos, y no se gustan mucho uno al otro. —Quito un trozo de ceniza de mi brazo—. Parece muy mal estar pensando en besarlos a los dos. —Mira, puedes hacer lo que quieras. Besar a Kai. No besar a Kai. Salir con Kyler. Ver a dónde va. —Pone los ojos en blanco—. No tienes que salir, en absoluto. Tienes que hacer eso. Es un rito de iniciación. —Cuando comienzo a asentir, dice—: Pero... Hago una mueca. El temido “pero”. —Esta cosa con Kai, no creo que debas ignorarla. —Toma otra calada de su cigarrillo y exhala una nube de humo—. La manera en que te mira… —Pone esa mirada soñadora en sus ojos—. Estoy bastante segura que está enamorado de ti.

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—Uh, no, no lo está —protesto, mi voz es aguda, como si acabara de aspirar helio de un globo. —Puede que no esté allí todavía, pero casi —dice—. Los hombres simplemente no hacen favores como ese a chicas que son sólo sus amigas. Sin saber qué decir, cierro mis labios con cremallera. No creo ni por un segundo que Kai está enamorado de mí. Claro, somos amigos, y sí, coqueteamos. Pero es sólo Kai. Es un coqueto. —Y con el tiempo, vas a enamorarte de él también. —Tira su colilla por la ventana—. Tal vez no ahora, pero definitivamente este año. —¿Qué? ¿Son tus habilidades psíquicas dando patadas de nuevo o algo? — bromeo en un intento de desviar la conversación amorosa. Ella toma mi mano y se inclina, fingiendo leer mi palma. —Sí, definitivamente vas a enamorarte este año. Amor. ¿De verdad? Nunca he estado enamorada antes. Nunca he sido amada. El único amor que he demostrado es a mi abuela y al abuelo y, a veces a Indigo, y esos casos estuvieron justo en medio del odio que llenaba mi vida. Lynn, Hannah, y mi padre trabajaron tan duro para demostrar lo poco que valía. Hicieron un punto en mostrarme que no significaba nada para ellos. Y ahora me entero que mi madre podría haber matado a alguien... Así que, sí, llámenme pesimista o lo que sea, pero no me veo enamorada muy pronto o que alguien se enamore de mí. —Hablando de enamorarse, aquí viene el señor futuro-amor-de-tu-vida. — Mira hacia delante desde su asiento.


Segundos más tarde, Kai abre la puerta de atrás del auto. Empuja mis pies fuera del camino, coloca una bolsa en el suelo, y luego se desliza en el asiento de al lado. Se cambió a una sudadera con capucha y diferentes jeans y luce una gorrita tejida de punto gris. No sé por qué, pero me encuentro buscando en su rostro heridas recientes. Sin embargo las únicas lesiones que puedo ver son las de ayer. —¿Todo bien? —Me incorporo mientras Indigo sale a la carretera. —Sí, todo está bien —dice sin mirarme—. Tomé algunas cosas... ropa y esas cosas. Espero que esté bien. —Está bien. —Echo un vistazo a mi casa antes de alejarnos. El auto de mi padre se ha ido, y la casa se ve tan callada y silenciosa. Me pregunto dónde están, si se fueron por una de sus compras/almuerzo como hacen a veces los domingos. No sé por qué me importa. No es que alguna vez me llevaran con ellos. Sin embargo, a una parte de mí le importa. —¿Hablaste con tus padres? —Mi padre estaba allí. Quiero preguntarle más, pero antes que pueda, se mueve hacia adelante en el asiento.

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—Oye, súbele a esa —le dice Indigo—. Es mi canción. Mientras Indigo le sube a la canción, Kai se estira, toma mi brazo, y me tira a través del asiento hasta que estoy sentada a su lado. Luego comienza a cantar y bailar y me hace cosquillas, y por un loco y salvaje segundo, todo parece normal. Pero entonces, la canción termina y comienza otra que nadie conoce. Todo lo que nos queda es distraernos en el silencio. Y el silencio dice demasiado, me susurra mis peores miedos, me dice que Kai no está bien. Me dice que yo no estoy bien.


Capítulo 16 Isabella Cuando estamos estacionando el auto delante del complejo de apartamentos de la abuela Stephy, les informo a Indigo y a Kai que decidí ser una mentirosa, mentirosa, gran mentirosa y le envío un texto a mi abuela, diciéndole que no haré nada con la memoria. Ella responde con una cara sonriente y me dice que está contenta que haya tomado esa decisión y que hará que su retirado amigo policía busque para ver lo que puede encontrar. Espero por mi bien que se entere de algo más. —Pero todavía quieres que la abra, ¿verdad? —me pregunta Kai mientras abre la puerta del auto para salir.

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Asiento, deslizándome hasta el borde del asiento. —Creo que podría ser más fácil para ella si no sabe que lo estoy haciendo. Él asiente comprensivamente, recogiendo su bolsa del suelo. No le he preguntado todavía cuánto tiempo se va a quedar o lo que sus padres dijeron acerca de la condición de su rostro, pero intentaré llegar al fondo tan pronto como pueda cuando sólo seamos los dos. Sin decir nada más, los tres caminamos al apartamento. En el momento en que entramos, mi nariz es envuelta con el fresco aroma de... —Galletas —chillo con la vista de la abuela Stephy en la cocina, con un delantal y usando una espátula para transferir las galletas de una sartén a un plato. —Pensé que probablemente podrías necesitar un poco de azúcar —me dice. Entro en la cocina. —Podría necesitar una carga a tope de azúcar. —No comas demasiado. —Desliza el plato de galletas a través del mostrador. Son de mi tipo favorito de azúcar con glaseado de crema de mantequilla—. Para la cena, haré esos rollos de pollo que te encantan. Estupendo. Ahora me siento aún más culpable acerca de decirle que no haré que Kai pierda el tiempo con la tarjeta de memoria. Agarro una galleta del plato y la muerdo. Todavía está caliente y se derrite en mi lengua. Dejo escapar un gemido cuando me giro para ofrecerle a Indigo y a Kai una galleta. Cuando encuentro a Kai observándome con una mirada curiosa e


intensa en su rostro, no puedo evitar pensar en lo que dijo Indigo en el auto sobre Kai tal vez estando enamorado de mí. Le doy el plato de galletas. —¿Quieres una? Son muy buenas. —Sí, puedo ver eso. —Delibera algo antes de agarrar una galleta del plato, todo el tiempo manteniendo sus ojos en mí. Toma un bocado y hace una cara de oh-Dios-son-buenísimas—. Tienes razón. Son impresionantes. —Lame una gota de glaseado de su labio. No dejo de mirar su boca. Maldita sea, Indigo y el maldito poder de la sugestión. Si no supiera lo que estaba haciendo, juraría que lo hizo a propósito. —Estoy muy contenta que hayas decidido dejar que mi amigo maneje esto — me dice mi abuela mientras coloca un recipiente en el fregadero—. Creo que será mejor si nadie hace nada ilegal. —Su mirada nos pasa a los tres—. Eso va para todos ustedes. Casi me doblo y le confieso todo.

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—No —dice Indigo poniendo los ojos en blanco—. Por Dios, danos un poco de crédito. No estamos tan equivocados. —Sé que no —dice la abuela Stephy—, pero cuando se trata de ayudarse una a la otra, tú e Isa harían casi cualquier cosa por la otra. Indigo y yo intercambiamos una sonrisa, y mi abuela Stephy se afana en limpiar la cocina. —Oye, abuela, ¿está bien si vemos una película? —le pregunta Indigo de repente, lo que parece extraño. Indigo rara vez pregunta al hacer cosas. Sólo las hace—. Pensamos que sería bueno que Isa se calme y relaje por un tiempo. ¿Qué? Eso es nuevo para mí. ¿En qué diablos está? Trato de captar su mirada, pero ella mantiene su mirada en la abuela Stephy. —Eso suena bien —dice la abuela Stephy, abriendo el grifo—. Tal vez vea una con ustedes. —Suena bien. Pero sólo para tu información, Isa se está recuperando, y verá una película de zombis —dice Indigo—. Lo que significa una gran cantidad de sangre y vísceras y cerebros. Sólo pensé en darte el adelanto porque sé que odias esas cosas. —Entonces tal vez sólo salga con Harry a una noche de cine. Ustedes pueden ver su película en la habitación de Indigo, y nosotros permaneceremos e la sala de estar. —Le da Indigo una sonrisa dulce—. De esa manera, lo que sea que tienen planeado no pasará fuera de esta casa. Indigo finge hacerse la tonta. —¿Por qué crees que tenemos algo planeado?


—Porque lo sé todo. —Le sonríe a Indigo—. Y puedo leer tu historia de mierda. —Sólo estaba tratando de salvarte de una noche de sangre derramada, porque sé que no te gusta, pero lo que sea. —Indigo se da vuelta por el pasillo, haciéndonos un gesto a Kai y a mí para que la sigamos—. Sólo asegúrate de atar una bufanda en el pomo de la puerta. —No tengo que seguir las normas de la universidad —grita mi abuela Stephy detrás de ella—. Esta es mi casa, y puedo tener sexo en el sofá si quiero. Le echo un vistazo a Kai, completamente avergonzada. Él parece realmente interesado en su galleta. —Uh, tenemos que ir a buscar la película. —Cruzo los dedos porque pueda sacarlo de la habitación antes que mi abuela mencione el sexo de nuevo. Kai asiente, viéndose como si estuviera peleando por no reírse. Empezamos a ir por el pasillo, y estoy a punto de pedirle perdón a Kai por tener que escuchar eso cuando mi abuela me llama de nuevo. Le digo a Kai que siga y vuelvo a la cocina. —¿Todo está bien? —le pregunto, abriendo la nevera para sacar unos refrescos.

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Saca un frasco de salsa Alfredo de la alacena. —Sólo quería saber cómo estás. Entonces me encojo de hombros de nuevo. —Soy fuerte. Sé cómo enfrentar las cosas. —Sé que sabes cómo enfrentar las cosas —dice, poniendo el frasco de salsa sobre el mostrador—. Pero quiero saber cómo estás. Las lágrimas queman mis ojos mientras esas emociones que guardé amenazan con estallar. —No sé lo que quieres que diga. —Oh, cariño. —Me abraza mientras me pongo a llorar. Nos quedamos así durante unos minutos, conmigo llorando en su hombro y ella meciéndome adelante y atrás como hacía cuando era niña. Cuando era más joven y me lastimaba al caer de un árbol o chocaba en la moto, ella estaba allí para decirme que todo estaba bien, y luego me abrazaba y me balanceaba adelante y atrás hasta que me sentía mejor. Cuando mis ojos se secan, me alejo. —Gracias. Necesitaba eso. —Si necesitas cualquier cosa, siempre estaré aquí, Isa —me dice—. Sé que no estás acostumbrada a tener eso, pero no soy como tu padre. Quiero que vengas a mí con todo lo que te moleste, ¿de acuerdo? Incluso si sólo tienes que llorar. Estornudo.


—Bien, lo haré. —Buena chica. —Hace un gesto para que me vaya y me voy—. Ahora ve y relájate con tus amigos. Sólo asegúrate que todo lo que Indigo planeó no te vaya a mantener súper tarde o exija que salgas a escondidas de la casa. Asiento y vuelvo a la habitación de Indigo. Cuando abro la puerta, encuentro a Kai tumbado en la cama con su portátil abierta. —¿Dónde está Indigo? —pregunto, entrando y cerrando la puerta. —Alguien la llamó, y fue al baño a hablar. —Aprieta un par de teclas y me mira. Me mira el rostro, y su expresión se desploma—. ¿Qué pasó? Me siento a los pies de la cama. —Estoy bien. Lo prometo. Es que... necesitaba un momento. Él parece querer decir algo, pero entonces sólo devuelve su atención a la computadora. Sus dedos tocan las teclas mientras mira fijamente la pantalla. Curiosa sobre lo que está haciendo, me arrastro hasta la cama hasta que estoy justo a su lado. —Entonces, ¿qué tan grave es?

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—No tengo ninguna pista todavía. —Hace clic en el mouse un par de veces, y aparece un cuadro de contraseña en la pantalla. Me inclino sobre él para tener una mejor visión de la pantalla y mi cabello cae en su rostro. —¿Eso es todo lo que tienes que averiguar? —Probablemente no. Si hago esto, lo más probable es que se abra. —Suena tenso. Me pregunto por qué. ¿Es porque está preocupado de no poder hacerlo? —Isa. —Su voz es suave mientras quita el cabello de su rostro—. Te quiero hasta la muerte y hueles fantástico, pero el que estés agachada aquí hace que sea muy difícil concentrase. —Oh. Lo siento. —Me aparto, dándole un respiro, las preguntas rebotan en mi cabeza. ¿Me quiere hasta la muerte? ¿Huelo fantástico?—. Estoy nerviosa por todo esto. —Sé que lo estás. —Se da la vuelta, frente a mí, y acomoda su codo—. Haré todo lo posible para entrar en estos archivos, pero mientras trato que eso suceda, necesito algo de ti. —Está bien. —Mi ansiedad se va al techo—. ¿Qué es? Enreda un mechón de mi cabello alrededor de su dedo. —Necesito que te relajes. Exhalo, liberando la tensión que había atrapado dentro de mis pulmones. —Lo intentaré.


Él tira suavemente de mi cabello, con una pequeña sonrisa en sus labios. —Creo que tienes que ver una película. De esa manera, tendrás algo además de centrarte en lo que estoy haciendo, y si tu abuela nos vigila, no parecerá que somos mentirosos totales. —Esa es una buena idea. —Me levanto de la cama y voy a la televisión sobre la cómoda de la esquina. Abro el cajón superior, donde Indigo mantiene sus DVD y empiezo a buscar uno bueno. No sé cómo, pero puedo sentirlo observando todos mis movimientos, mientras cada uno de mis sentidos está conectado a él. Le echo la culpa a Indigo por llenar mi cabeza con la idea que podría estar enamorado de mí. —Oye, Kai, ¿puedo hacerte una pregunta? —Claro —dice, sonando reacio. —Cuando entraste en tu casa... —Reviso los DVD, manteniendo la cabeza escondida, sin saber cómo va a reaccionar—. No pasó nada, ¿verdad? —¿Qué quieres decir?

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—Quiero decir, con tu padre. Sé que estabas preocupado que estuviera molesto contigo... y parecías distante cuando saliste. Sólo quería asegurarme que no... Lo que sea. Él se queda callado por un tiempo, y empiezo a preocuparme que tal vez lo presionara demasiado. Pero entonces escucho el crujido del colchón. Seguido de un leve golpe y luego unos pasos hacia mí. Momentos más tarde, su calor corporal me envuelve. —Te preocupas demasiado por mí. —Está tan cerca que puedo sentir su aliento acariciar mi nuca. —Tú te preocupas igual de mí. —Mis ojos están pegados a los títulos de los DVD, pero si me preguntan cuáles eran, no lo hubiera podido decir. Estoy demasiado centrada en cómo su pecho apenas toca mi espalda, casi empujándose contra mí, pero no del todo. —No sé nada de eso. —Hace una pausa, su aliento hace cosquillas en mi piel. Momentos después, sus dedos tocan la parte posterior de mi cuello y esboza una suave sonrisa a través de mi piel—. Me preocupo mucho en ti. —B-bien, yo me preocupo mucho por ti también. —No puedo respirar. No puedo pensar. No puedo sentir otra cosa excepto lo duro que mi corazón está golpeando contra mi pecho. —Tal vez Indigo está en lo correcto —dice con un toque de diversión en su tono—. Realmente somos iguales. —Sí, los dos nos preocupamos por el otro. —Sí, definitivamente lo hacemos. Agarrando todo el coraje que tengo giro la cabeza para mirarlo. Está tan cerca que sus labios casi acarician los míos.


Me apoyo lo más mínimo para poder mirarlo a los ojos. —Nunca respondiste a mi pregunta acerca de lo que te dijo tu padre. —Dijo lo de siempre. Que no se sorprendía que hubiera metido la pata. —Da un paso atrás, se quita su gorrita, y la arroja en la cama. Luego pasa los dedos por su cabello, por lo que las hebras rubias se tuercen ligeramente—. Me echó. Me giro completamente. —¿Qué? En serio. Se encoge de hombros. —Ha pasado un largo tiempo, y honestamente, estoy un poco aliviado. Sólo deseo tener un lugar para vivir. —Puedes quedarte aquí por un tiempo. —Pongo mi mano en su brazo, tratando de consolarlo—. A mi abuela no le importará. Él sonríe, pero no llega a sus ojos. —Te quiero hasta la muerte por decir eso, pero tengo que encontrar mi propio lugar. Tengo dieciocho años. Debería empezar a cuidar de mí mismo.

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—No, no debes hacerlo. Tienes dieciocho años, pero todavía estás en la secundaria. No deberías tener que cuidar de ti mismo así. —Podría estar diciendo lo mismo de ti. —Lo sé. Intercambiamos una mirada, o más bien una comprensión mutua. Si bien nuestras situaciones no son exactamente iguales, los dos podemos entender lo que el otro está atravesando. Tomo nota de sus ojos yendo a mis labios de nuevo, y creo que está considerando besarme. El consejo de Indigo se reproduce a través de mi mente, pero todavía no estoy segura de si estoy de acuerdo con ella o si soy la chica que puede manejar salir con dos chicos al mismo tiempo. Ni siquiera sé cómo salir en citas, y mucho menos ser una jugadora. Pero no voy a mentir; quiero que Kai me bese. De repente da un paso atrás, se truena los nudillos y rompe el momento. —Muy bien, es tiempo de tratar de hacer que suceda un poco de magia. Vuelve a la cama, y sus dedos comienzan a teclear. Coloco una película al azar y me tumbo en la cama junto a él, manteniendo cierta distancia entre nosotros, sobre todo porque no estoy segura de lo que quiere. O de lo que yo quiero. La confusión atraviesa todos mis pensamientos, y me gustaría poder despejar la bruma de mi cabeza. Un par de minutos más tarde, Indigo entra en la habitación. —No me gusta hacerte esto —anuncia mientras abre un cajón de la cómoda—. Pero tengo que dejarte durante unos días. Mi madre acaba de llamar. Al parecer, mi


padre se fue con su secretaria de nuevo. Sonaba borracha, así que iré a casa y veré cómo está. —¿Qué quieres decir con que huyó con su secretaria de nuevo? —pregunto—. ¿Cuántas veces ha pasado eso? —Demasiadas veces. —Levanta una pila de ropa, dejándola caer al suelo, y luego saca una maleta del armario—. Ha estado haciendo eso durante años, y mi madre lo recibe de nuevo estúpidamente porque no tiene autoestima en absoluto y no cree que pueda encontrar algo mejor. —Abre la cremallera de las maletas y empuja la ropa en el interior—. Creo que toda la familia sabía eso. —Sabes que mi familia nunca realmente habla con nadie de la familia —le recuerdo, tomando una almohada—. Lynn siempre pensó que era demasiado buena para relacionarse con cualquiera. —Es cierto. —Se mueve a la maleta abierta con suficiencia y usa su brazo para empujar todos los productos de maquillaje del borde para que caigan desordenadamente en la maleta. —Siempre has sido la peor empacando —comento mientras meto la almohada debajo de mi cabeza.

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Me sonríe. —Es un don. No todo el mundo puede ser tan talentoso en este desorden. Me río, pero luego pongo cara seria. —¿Necesitas que haga algo? Niega. —No. —Su mirada se mueve deliberadamente en dirección a Kai—. Bueno, podrías besar… —Iré a buscar tus cosas del cabello del baño. —Salto de la cama, agradecida que Kai esté ocupado y no parezca estar prestando atención. Ella sonríe como el gato de Cheshire. —Sí, ve a hacer eso. Mientras salgo de la habitación, mentalmente le pido un deseo a una estrella fugaz que no le diga nada raro a Kai mientras estoy fuera. Cuando entro en el baño, comienzo a recoger su champú y lacas para el cabello. Mientras estoy recogiendo su cepillo, mi teléfono vibra. Lo extraigo del bolsillo de mi pantalón de pijama. Kyler: Sólo quería ver si estás bien. Yo: Sí, estoy bien. Gracias por preocuparte. Kyler: Te dije que lo haría. Iba a llamarte, pero estoy atascado en el gimnasio todavía, y mi entrenador tendrá un ataque de mierda si hago llamadas telefónicas. Sin embargo echo de menos hablar contigo. No puedo esperar hasta el próximo fin de semana.


Me toma un segundo averiguar de lo que está hablando. La cita. Yo: Yo tampoco. Con suerte, tendré seleccionada la película de zombis perfecta. Con suficiente sangre y tripas para que tengas la experiencia completa. Kyler: No puedo esperar. ;) Yo: Ja, ja, apuesto a que sí. Kyler: ¿Qué? Realmente no puedo hacerlo. Estoy muy emocionado acerca de esto. Incluso pasé la tarde en la tienda de helados tratando de encontrar un nuevo brebaje para que lo pruebes. Yo: ¿Hiciste eso sin mí? Suena peligroso. Pero, sinceramente, me siento un poco tocada. Kyler: Fue interesante sin duda. Permíteme decir que el helado de goma de mascar y chocolate no se llevan. Yo: No suena demasiado malo para mí. Tus papilas gustativas son demasiado exigentes.

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El teléfono suena de repente, y destella con el nombre de Kyler a través de la pantalla. Presiono aceptar y coloco el teléfono en mi oreja. —Creí que habías dicho que a tu entrenador le daría un ataque si llamabas —le digo, apoyada en el mostrador del baño. —Lo hará —responde—. Sin embargo, vale la pena poder escuchar tu voz. —Ahí vas con tu plática de línea caliente. —Sí. Me guardé esa para ti. —Vaya, gracias —le digo con sarcasmo. —En cualquier momento. Pero en realidad, sólo quería asegurarme que estuvieras bien. Mi padre y Kai se metieron en una pelea, y supongo que le dio una patada a Kai. Se veía tan molesto cuando salió de la casa. Me hizo pensar en ti y lo duro que debe ser para ti tener que salir de tu casa y estar sola. —Bueno, no estoy sola. Estoy viviendo con mi abuela y prima... ¿Estabas en casa cuando Kai fue botado? —Sí. Traté de hablarle a mi padre, pero es un hombre obstinado. —Hace una pausa—. Actúas como si ya supieras acerca de la pelea. Muevo una pulsera en mi muñeca. —Lo sabía. —¿Cómo? —Uh... Debido a que Kai está aquí conmigo. —Oh. —El silencio que sigue parece durar para siempre—. Así que está, ¿se está quedando contigo?


Pienso en mentirle, pero he estado mintiendo todo el día. —Se quedará en el sofá de mi abuela hasta que pueda encontrar un lugar para vivir. —Oh. —Otra pausa y empiezo a pensar que está irritado, cuando dice—: Me alegro que tenga un lugar donde quedarse. Estaba preocupado que acabara durmiendo en un banco del parque o algo. —Está bien —le aseguro—. No voy a dejar que se vaya hasta que tenga otro lugar donde alojarse que no sea un banco del parque. —Si intenta irse sin tener ningún otro lugar a donde ir... ¿Prometes que me llamarás? —Por supuesto. Parece tan preocupado por Kai, pero con lo mucho que los dos discuten, encuentro su respuesta extraña. —Oye, ¿estaría bien si te recojo para el almuerzo mañana? —pregunta—. Te dan como una hora para el almuerzo, ¿verdad? Podríamos ir al auto servicio o algo.

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—Sí seguro. Suena bien. —Pero cruzo los dedos para no estar cruzando esa línea de la que Índigo estaba hablando todavía. No quiero lastimar a nadie, y no puedo ignorar la voz en el fondo de mi cabeza diciéndome que tengo que elegir a uno de ellos. —Impresionante… —Se calla cuando alguien le dice algo. Es la voz de una chica, pero me siento encogiéndome de celos. Odio mi reacción y me recuerdo que no estamos saliendo, que puede hablar y salir con chicas de la forma en que yo hablo con Kai. No es mío. Y además, puede que su entrenador sea una chica. Entonces oigo decir mi nombre, o más bien como una burla de mi nombre, y mis celos se convierten en confusión. —Oye, Isa, lo siento, pero tengo que irme —me dice Kyler—. Ese fue mi entrenador mordiendo mi trasero. Si no dejo el teléfono ahora, me hará correr un kilómetro extra mañana por la mañana. —Está bien. Se despide y luego cuelga, dejándome aún más confundida. Me hace preguntar por qué me siento así. Es la segunda vez que me siento celosamente confundida por Kyler y una chica, y solo he salido con él dos veces. ¿Es así como van a ser las cosas? Alguna vez superaré mis inseguridades cuando esté con él... Mis pensamientos yendo a Kai y cómo son las cosas de fáciles con él... El pensamiento se agita en mi cabeza, llevo los productos para el cabello conmigo mientras vuelvo a la habitación. Cuando entro, Indigo está casi terminado de empacar. Dejo caer los productos en la maleta y ella la cierra.


—Llámame si necesitas algo —dice, abrazándome en un adiós. Luego susurra en mi oreja—, y quiero decir cualquier cosa, especialmente si te confundes con los chicos. Cuando asiento, ella da un paso atrás y sale de la habitación, llevando su maleta detrás. Me quedo por un momento en la puerta, preguntándome si debiera hacer que Kai y yo nos fuéramos a la sala de estar. Es intimidante estar en una habitación con él. No sé por qué. Es decir, dormimos juntos en el mismo sofá la otra noche. Pero esta es una habitación con una cama y paredes y puerta, y se siente tan... íntima. Pero entonces escucho a mi abuela Stephy hablar con Harry, y decido dejar de ser cobarde y acostarme en la cama junto a Kai. Las comisuras de sus labios se mueven, pero no deja de ver el ordenador. —Por un segundo pensé que ibas a acobardarte. —¿Por qué iba a acobardarme? —pregunto, ajustando las almohadas—. Simplemente estamos pasando el rato. —Debido a que estamos solos en una cama. Piensa en todas las posibilidades. —Me guiña el ojo.

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Niego, mientras digo: —Oh, Kai. —Pero en el fondo, estoy pensando en las posibilidades también. Y querido Dios, mi mente puede ser bastante creativa. —Eres linda cuando te sonrojas —dice antes de redirigir su atención de nuevo a la computadora. Trato de prestarle atención a la película, pero mi mente está en otra parte: en mi madre, en Lynn, en mi padre, en Hannah, en el auto azul, en Kai, en Kyler. La lista es interminable y me pregunto si alguna vez podré relajarme de nuevo.

La siguiente cosa que sé es que de repente soy despertada de un sueño muy profundo por un fuerte zumbido. Me levanto. Ni siquiera recuerdo haber conciliado el sueño para empezar. Estaba tan despierta, tan preocupada que pensé que nunca podría dormir. Me toma un segundo procesar mi entorno a través de la oscuridad. Estoy en una cama, con la luz de la luna filtrándose a través de una ventana, y mis piernas enredadas con otra persona. Mi atención va a la persona tumbada a mi lado, con pánico. Entonces recuerdo lo que ocurrió justo antes de dormirme.


Kai había apagado la computadora por la noche y estaba acostado a mi lado para terminar la película. Cuando no me quedé quieta, presionó su frente contra la mía. —Estás tan inquieta —dijo. —Lo sé. —Suspiré—. Lo siento. Sólo tengo demasiado en mi mente o algo. La sorpresa bailó en sus ojos. —Tengo una cura para eso. Tenía un poco miedo de preguntar. —¿Oh sí? ¿Qué? Él sonrió y luego comenzó a cantar “Canción de cuna” de The Spill Canvas con la voz más suave, más tierna nunca. —Duerme, Isa —dijo, añadiendo sus propias palabras—. O si no voy a besarte.

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Me reí mientras mi corazón saltaba en mi pecho. Quería decirle algo sarcástico, como cuando hacemos bromas normales, pero estaba demasiado nerviosa. No creo poder conciliar el sueño con la forma despierta y tensa en que estaba mi mente, pero debe haber pasado solo un minuto más, porque eso es lo último que recuerdo. Pero cómo mi abuela nos dejó dormir juntos en la cama está más allá de mí. Mi conjetura es que se quedó atrapada haciendo... cosas con Harry. Kai está dormido sobre su costado con las manos metidas debajo de su cabeza. Se ve tan adorable y relajado, con los labios ligeramente abiertos mientras inhala y exhala, con su cabello hacia arriba en todo tipo de direcciones. Tengo el impulso de pasar mis dedos por su cabello. Quiero tocarlo realmente, hasta el punto que podría dolerme. Y mirarlo dormir así me hace sentir aún más extraña. Antes que siquiera sepa lo que estoy haciendo, me estiro hacia él. Pero entonces mi teléfono vibra, casi sobresaltándome hasta la muerte, y me doy cuenta que es el mismo zumbido que me despertó. Bostezando, tomo mi teléfono de la mesita de noche y leo el mensaje, pensando que es probablemente de Indigo, diciéndome que llegó bien a casa. Desconocido: Vas a conseguir lo que te mereces. Desconocido: Sólo espera. —¿Qué diablos? —Me froto el cansancio de los ojos y luego me estiro y enciendo la lámpara antes de leer el mensaje de nuevo. Kai se agita a mi lado, abriendo los ojos y parpadeando contra la luz. Da un vistazo a mi rostro y va de aturdido a despierto en vigilia-como-la-mierda. —¿Qué pasa? —pregunta, incorporándose. Le doy mi teléfono. —Acabo de recibir este mensaje.


Kai lee el mensaje y su mandíbula se aprieta. —Esto tiene que ser Hannah. Dios, es una mala perra. —Pero ¿cómo tiene un número desconocido? —No es tan difícil. —Toma su teléfono en la mesita de noche—. Y son bastante fáciles de rastrear. Lo revisaré mañana. Me muerdo la uña del pulgar. —Odio decir esto, pero si es Hannah, estoy un poco preocupada por lo que haya planeado. Desliza sus brazos a mi alrededor y me guía a él mientras baja de nuevo. —No voy a dejar que te haga nada. —Mete su brazo debajo de mi cabeza y juega con mi cabello—. La detuve en extender rumores una vez; puedo hacerlo de nuevo. Quiero creer que tiene ese tipo de poder, pero... —¿Qué tal si fue ella la que robó los papeles del auto? ¿Y si sabe que mi madre asesinó a alguien, y se lo dice a todos en la escuela? —Eso no va a suceder —me promete—. No voy a dejarla.

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Quiero preguntarle cómo, pero besa mi frente, silenciándome. —Duerme un poco —susurra, entonces se acerca y apaga la lámpara. Se acomoda a mi lado, sosteniéndome para salvar su vida, y me siento segura. Me gustaría poder mantener este momento para siempre, pero sé que mañana llegará, y voy a tener que despertar y enfrentar la realidad.


Capítulo 17 Isabella El siguiente par de días pasan sorprendentemente sin incidentes. Con todo el drama que ocurrió el fin de semana y los amenazantes mensajes de texto, esperaba que todo el infierno se desatara. Pero no pasó nada. El lunes tomo prestado el auto que Indigo por lo general lleva a trabajar para llevarnos a Kai y a mí a la escuela. Kyler me envió un mensaje por la mañana, diciéndome que tenía que cancelar nuestra cita para el almuerzo. Si bien no estoy locamente desanimada, todavía es una mierda porque, en cierto modo, siento que mi sueño de querer salir con él se va desvaneciendo poco a poco.

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El martes y el miércoles pasan en un instante y antes que lo sepa, es jueves. No he tenido ningún avistamiento del misterioso auto azul, pero aun así, no quiere decir que me he olvidado de él. Sigo esperando que aparezca en alguna parte y la preocupación me tiene al límite. El jueves por la tarde, trabajo en mi tarea mientras Kai intenta entrar en la unidad de memoria. Indigo todavía no ha vuelto de estar con sus padres y ya que mi abuela se reúne mucho con sus amigos, por lo general Kai y yo tenemos el apartamento para nosotros solos. Le da mucho tiempo para estar en el ordenador sin mi abuela volviéndose demasiado sospechosa. Se las ha arreglado para adivinar algunos de los códigos, pero siempre sale algo más. Realmente empiezo a cuestionarme lo que podría haber ahí. Por qué Big Doug pondría tanta seguridad en una unidad de memoria que supuestamente solo contiene información sobre el caso de mi madre. Entre tratar de descifrar los códigos, Kai pasa tiempo intentando localizar el número desconocido que me envió el mensaje. —Creo que podría haber utilizado un teléfono desechable —me dice, dejándose caer de nuevo en el sofá con la frustración escrita en su rostro—. No sé qué más hacer. —Tal vez deberíamos tomar un descanso —sugiero cuando noto lo agotado que se ve. Las bolsas bajo sus ojos revelan que obviamente no ha estado durmiendo bien. Mientras que algunos de los cortes y contusiones se han desvanecido, todavía tiene unos cuantos a lo largo de la línea del cabello y al lado de su ojo—. Podríamos dejar esto por un rato y hacer algo más. Niega con terquedad.


—No, tengo que hacer esto por ti. Mordisqueo la esquina de una galleta. —Kai, no será el fin del mundo si no entras en la unidad de memoria. Es decir, dijiste que Big Doug te dijo que mi madre había hecho una apelación... —Reprimo el dolor, como siempre que pienso en ella—. Con el tiempo, la información de ahí saldrá. —Pero no quiero que tengas que preocuparte. —La mirada apasionada que me da me derrite en la silla—. Quiero que tengas un poco de tranquilidad en todo esto. Me ha estado dirigiendo esa mirada loca los últimos días. La cual me hace creer aún más que necesita un descanso. —Lo siento, estoy actuando tan loco —dice cuando le doy una mirada de por favor, cálmate, amigo—. Me gustaría poder resolver esto. Si Big Doug estuviera aquí, sería capaz de resolverlo así. —Chasquea los dedos. —Si Big Doug se encontrara aquí, no estaríamos haciendo esto para empezar. —Meto el resto de la galleta en mi boca, quito las migas de mis manos y tomo mi teléfono cuando vibra.

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Vacilo antes de abrir el mensaje. Es algo que he estado haciendo desde que recibí el amenazante texto. Lily: ¡Hola! Sólo quería saber de ti y ver si todavía estabas interesada en ese trabajo. Mi gerente está a punto de contratar a algún idiota que estoy bastante segura que vino a la entrevista drogado. —¿Quién es Lily? —pregunta Kai, leyendo el mensaje por encima de mi hombro. —La conocí cuando Kyler y yo jugamos fútbol americano —digo—. Es la hermana menor de Wes... No estoy segura si sabes quién es Wes. —Sí, sé quién es. Es un imbécil. —Kai aparta el cabello de mi hombro y apoya la barbilla allí—. No sabía que estabas buscando trabajo. —En realidad, no estaba buscándolo. Lily sólo sugirió que podría trabajar allí. Parece muy agradable... No creo que en realidad sea amiga de Kyler. —No creo que sea así. Al menos, nunca oí de Lily. —Hace una pausa—. ¿Qué está pasando con ustedes dos? —¿Con quién? ¿Conmigo y Lily? —Pero sé que no se está refiriendo a Lily. —Contigo y mi hermano. —Hace una pausa de nuevo y puedo sentir que me observa—. No lo has mencionado en absoluto. Por lo que sé, no has hablado con él desde el sábado. Y justo cuando dijiste su nombre ahora... Tenías un tono. —No sé por qué lo hice, pero te lo juro, no pasa nada —digo, pero me siento como una mentirosa. Pero nada realmente está pasando entre nosotros. Ese es el problema. Hablar con Kai acerca de mis reservas, sin embargo, no se siente bien.


—Creo que voy a solicitar ese trabajo —anuncio bruscamente, deslizando el dedo por la pantalla de mi teléfono. Yo: Definitivamente sigo estoy interesada. Lily: ¡Sí! ¿Puedes venir ahora? Yo: Sí. Voy hacia allá. Miro mis jeans negros con adornos en la cremallera, mi camiseta roja que deja un hombro al descubierto y mis tacones con tiras. Yo: Espera. ¿Cómo debería vestir? Lily: Como sea. En realidad no importa. Es decir, él estaba a punto de contratar a un chico tan drogado como un hijo de puta. Le sonrío al mensaje, deslizo mi teléfono en el bolsillo de atrás y tomo las llaves del auto de la mesa de café. Kai se pone de pie y estira los brazos por encima de su cabeza. —¿Quieres un poco de compañía? Asiento, dirigiéndome a la puerta.

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—Y quiero que tomes un descanso, así que es dos por uno. Me sonríe, sus brazos cayendo a los costados. —En realidad, es un tres por uno, porque me da la oportunidad de pasar tiempo con una chica hermosa. Pongo los ojos en blanco, pero mientras paso por la puerta, una boba sonrisa aparece en mi rostro. Kai toma su gorro de punto gris y se lo pone antes de salir. Después de cerrar, nos dirigimos hacia el auto. A mitad de camino por la acera, coloca una mano en la parte baja de mi espalda, su mirada pasa por el estacionamiento. —¿Qué estás mirando? —pregunto, tratando de realizar un seguimiento de su mirada. Sus ojos se posan en un auto estacionado en la esquina de la calle. —Auto azul. Me quedo sin aire cuando diviso el auto azul con la etiqueta de Superman. Entrecierro los ojos, tratando de ver el número de la matrícula cuando de repente Kai comienza a correr hacia él. —¡Kai, no lo hagas! —grito en estado de pánico. ¿Qué pasa si la persona en el auto es peligrosa? ¿Qué pasa si sale lastimado? Antes que Kai incluso se acerque, el auto se aleja rápidamente, los neumáticos giran y dejan marcas en la carretera. Mientras que quiero saber quién me está siguiendo, me siento aliviada que se alejara antes que Kai hiciera algo irracional que podría haber conseguido que lo lastimaran.


—Maldita sea —maldice, pateando una piedra en la hierba—. Voy a volverme loco preguntándome quién diablos es. —Lo sé —digo mientras me acerco a él—. Pero si lo vemos de nuevo, tienes que prometerme que no vas a tratar de hacer nada excepto conseguir el número de matrícula. Niega, su mirada es feroz. —De ninguna manera. —Kai —empiezo, mi tono una advertencia—. No quiero que te lastimen. —No voy a salir lastimado —me asegura—. Ellos sí. Paso mis nudillos por el costado de mis piernas. —No quiero que te metas en este lío. Ya estás demasiado metido. Su expresión se suaviza. —Isa, confía en mí cuando digo que este desastre es leve en comparación con el problema en el que estoy.

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—¿Quieres decir con tratar de encontrar una casa? ¿O encontrar una manera que tu auto sea remolcado de vuelta a Sunnyvale? —pregunto—. O esa cosa con T. Porque todavía no me has explicado de qué se trata. —Y no voy a hacerlo. —Pone un brazo alrededor de mi cintura y me dirige hacia el auto. —No es justo. ¿Por qué me ayudas y no dejas que yo lo haga también? —Porque eres demasiado linda. Dejo caer hacia atrás dramáticamente mi cabeza. —Esa es la excusa más estúpida que he oído en mi vida. —Bueno, es verdad. Y no podría perdonarme si algo te pasara. No sé cómo responder. Quiero decir un montón de cosas, pero mi corazón se acelera salvajemente. Me preocupa que mi voz salga temblorosa. En su lugar, tomo mi teléfono y le envío un mensaje a mi abuela sobre lo que acaba de ocurrir. Responde que hará que su amigo policía mire alrededor del apartamento en el segundo en que llegue a casa. Abuela Stephy: Y quiero que te quedes en el interior y con las puertas cerradas hasta que llegue a casa. Yo: En realidad, me dirijo a aplicar por un trabajo. Abuela Stephy: No sabía que estabas buscando empleo. Yo: Quiero ayudar. Abuela Stephy: No tienes que hacer eso, Isa. Estoy contenta de cuidar de ti.


Yo: Tengo que trabajar. Si no por otra cosa, para ahorrar para la universidad. Abuela Stephy: Muy bien, si deseas hacerlo, entonces está bien. Pero guardarás cada centavo que ganes... Y Kai está contigo, ¿verdad? No quiero que conduzcas sola. Yo: Sí, está aquí. Abuela Stephy: Bien. Eso me hace sentir mucho mejor. Ese chico en serio tomaría una bala por ti. Yo: Qué dramática. Broma ;) Abuela Stephy: Sólo estoy siendo protectora. Mantente a salvo y llega a casa tan pronto como sea posible. ¿Protectora? Se siente extraño pensar que alguien me quiere proteger. Le echo un vistazo a Kai, pensando en lo que dijo mi abuela. ¿De verdad se preocupa tanto por mí? De acuerdo con Indigo, probablemente.

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Cuando llegamos al auto, Kai abre la puerta del conductor para mí. Normalmente, me burlaría de él por tratar de ser un caballero, pero se apresura al lado del pasajero antes que pueda hacerlo. El viaje en auto es silencioso en su mayor parte. Es un día nublado y para el momento en que nos detenemos en la tienda, está lloviendo. Antes de bajar, Kai se quita la sudadera y me la entrega. —Ponte esto y colócate la capucha sobre tu cabello para que no se moje. —Aw. Siempre cuidándome —bromeo mientras deslizo mis brazos por las mangas de su chaqueta. El olor de su colonia y todo lo que es Kai envuelve mis fosas nasales. Me encuentro inhalándola profundamente. Kai me da una mirada extraña. —¿Acabas de oler mi chaqueta? —Ah… —Mis mejillas se sienten como si estuvieran incendiadas—. Tal vez. Muerde su labio inferior, reprimiendo una sonrisa. —¿Huele bien? Pienso en negar, pero me encuentro asintiendo. Su sonrisa se amplía. —Bien. —Se acerca y me pone la capucha sobre mi cabeza, con la mirada fija en mí todo el tiempo. Quiero retorcerme y mirar hacia otro lado, porque se está haciendo muy complicado respirar, pero no puedo encontrar la fuerza para hacerlo. Así que en vez de eso, termino mirándolo con la mandíbula abierta como una idiota.


—¿Lista? —pregunta, alejándose. Asiento y luego busco a tientas la manija de la puerta y salgo del auto. Afortunadamente, el aire fresco y el olor de la lluvia eliminan mis nervios. Me encuentro con Kai en la parte delantera del auto y caminamos lado a lado hacia la tienda. La puerta suena cuando entramos y quito la capucha de mi cabeza mientras echo un vistazo alrededor. El lugar está muy desorganizado, los estantes son un desastre y los carteles en las paredes cuelgan torcidos. Pero hay algunas cosas bastante geniales alrededor: reproductores de discos, libros, joyas. Lily está sentada en el desordenado mostrador frontal, leyendo un libro. Su cabello está recogido otra vez en una trenza de lado y lleva zapatillas, jeans agujereados y una camisa negra a cuadros sobre una camiseta. Levanta la mirada cuando entramos. —Sí. Lo hiciste. —Se inclina sobre la encimera, su mirada va directamente a Kai—. Y trajiste un amigo. —Este es Kai. —Hago un gesto hacia él—. Es el hermano de Kyler.

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—Oh. —Una mirada curiosa cruza su rostro, entonces levanta una ceja y me mira como diciendo explícate. Estoy segura que la mirada viene del hecho que hace solo una semana la conocí mientras estaba con Kyler. No quiero tratar de explicárselo delante de Kai. Y además, no tengo idea de cómo hacerlo. —¿Lista? —me pregunta, dejando caer la mirada. Asiento, me quito la chaqueta de Kai y cuadro los hombros. —Buena suerte —me dice Kai cuando le doy la chaqueta. Sonrío, pero estoy nerviosa como lo estuve el primer día de clase que aparecí con mi nueva imagen. —No tienes por qué estar nerviosa —dice Lily mientras rodea algunas cajas y estantes, en dirección a una puerta cerrada en la parte trasera de la tienda—. Glen es genial. Estoy segura que te contratará en el acto. Sus palabras parecen una locura. Contratarme en el acto. Sin embargo, terminan siendo ciertas. Glen es genial. Muy, muy genial y me contrata después de hacerme tres preguntas: ¿Me gustan los artículos de segunda mano? ¿Sé cómo funciona una caja? ¿Y cuándo puedo empezar? Aunque no sé cómo funciona una caja, miento, pensando que haré que Lily me enseñe rápidamente. —¿Y? —Lily está rebotando de puntillas cuando salgo de la oficina de Glen.


Dejo escapar un suspiro de alivio. —Me dijo que podía comenzar la próxima semana. Chilla y me da un rápido abrazo. —Sí. Estoy tan contenta de no tener que trabajar con el drogata. Fijó la mirada en mis tetas todo el tiempo. —Se aleja de mí—. Voy a ir a buscar algunos formularios que debes rellenar. Ya vuelvo. —Desaparece en la oficina antes que pueda decir una palabra. Me dirijo de nuevo a la zona de la tienda para ir a darle las noticias a Kai. Lo encuentro revisando una caja de discos viejos con la cabeza gacha, con el gorro todavía puesto. Hago una pausa, observando lo adorable que se ve leyendo los títulos. Y aunque me encanta el cabello de Kai y todo, puede hacer que el gorro luzca realmente bien. Como si sintiera mi mirada, sus ojos de repente se levantan y se dirigen a mí. —¿Entonces? Me encojo de hombros, esbozando una leve sonrisa. —Lo conseguí.

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Se dirige hacia mí. —Eso es algo bueno, ¿verdad? Asiento, reuniéndome con él en medio de la tienda. —Glen, el gerente, parece muy tranquilo. —Mi mirada repasa la desordenada tienda—. Tal vez un poco demasiado relajado, pero lo que sea. —Deambulo hacia una vitrina y me quedo mirando los collares, pulseras, anillos y demás—. Hay un montón de cosas interesantes aquí. Creo que el lugar sólo necesita limpiarse y luego será impresionante... —Mi aliento se atora en mi garganta cuando siento que se mueve detrás de mí. —Vas a estar bien, ¿verdad? —Aparta mi cabello a un lado, con los brazos rodeando mi cintura, y apoya la barbilla en mi hombro. Es la segunda vez que hace eso hoy y otra vez, mi corazón palpita como un colibrí. —¿Por qué no iba a estar bien? —Infiernos, sí, mi voz sale estable. ¡Choque de cinco mental! —Es que con todo lo que sucede. —Hace una pausa y, oh, Dios mío, sus labios acarician mi cuello—. No quiero que te estreses. —Dices mucho eso. —Mi voz tiembla. Fallo épico. —Eso es porque me preocupas. —Sus labios tocan mi cuello de nuevo. Mis pestañas aletean. Maldita sea, no puedo respirar. —¿Recuerdas la noche que nos lamimos uno al otro? —pregunta repentinamente.


Pongo las palmas de mis manos en la parte superior de la vitrina mientras trato de recuperar el aliento. —Solo lo hice a porque me lo hiciste primero. Sentí como si estuviéramos actuando como perros o algo. —Hmmm... Como perros, ¿eh? Interesante... —Su respuesta me confunde como la mierda, especialmente cuando sólo comienza a cantar junto a la canción de Avril Lavigne que suena en la radio de la tienda. —Tú y tu música… —El resto de mis palabras se pierde cuando su lengua se desliza por el lado de mi cuello. Comienzo a abrir la boca, para decirle que no más lamidas ya que estamos en la tienda, cuando sus labios encuentran el lóbulo de mi oreja. Me muerde, rozando suavemente con los dientes el punto sensible de carne. Mis palmas se presionan con más fuerza contra la vitrina mientras lucho por mantener mis piernas quietas. Mis rodillas chocan entre sí y mis párpados se cierran involuntariamente. —¿Se siente como que estamos actuando como perros ahora? —pregunta con un toque de diversión en su tono.

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Quiero asentir, pelear con él, decirle que ahora no es el momento de jugar, pero mi mente se queda en blanco. Un suave aliento escapa de sus labios mientras mueve la cabeza y chupa el lado de mi cuello. Sus dientes le siguen, mordiendo suavemente. Mi mente da vueltas y mi corazón es un ardiente desastre errático. Me preocupa desmayarme, lo que significa que debería decirle que se detenga, ¿verdad? —¿Se siente bien? —susurra, su aliento acaricia mi cuello. ¡Niega, Isa! Asiento aturdida y me concentro en mi respiración mientras baja la cabeza para otra mordida. Se siente tan increíblemente bien. Mejor que una jodida montaña rusa bajo un cielo lleno de fuegos artificiales mientras te comes una bolsa llena de algodón de azúcar. Mi corazón late violentamente en mi pecho, y todo lo que puedo pensar es erótico, erótico, erótico. Probablemente le hubiese dejado hacerlo hasta que mi cuello estuviese lleno de chupetones, pero lo empujo cuando oigo una puerta cerrarse desde algún lugar de la tienda. Los salvajes ojos de Kai están en mí mientras me giro con mi mano pegada a mi cuello. —Aquí están los papeles. —Lily sale de la zona trasera de la tienda y me da los papeles como un regalo—. Puedes rellenarlos ahora. O simplemente traerlos en tu primer día.


—Los traeré en mi primer día. —Me encojo por cuán sin aliento sueno—. Realmente necesito ir a casa. Tengo un montón de tarea. —Está bien. —Su mirada se mueve de mí a Kai. Kai se rasca su nuca y le ofrece una sonrisa rígida. Lily se le queda mirando por otro momento antes que me mire de nuevo y sonríe. —Avísame si necesitas alguna ayuda con alguna de las preguntas. Le agradezco, después Kai y yo salimos de la tienda y entramos en el auto. Para la mitad del camino, ninguno de los dos ha dicho algo. Quiero decir algo, preguntarle por el loco, totalmente inesperado, completamente alucinante y más erótico momento que he tenido. Pero sólo pensar en decirlo en voz alta me pone nerviosa. Pero, finalmente, Kai me mira. —Entonces, estamos bien, ¿verdad? Asiento sinceramente. Kai y yo estamos más que bien. Por lo menos, estoy más que bien con lo que acaba de ocurrir.

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—Sí. Por supuesto. —Bien. —Parece que quiere decir algo más, pero se da la vuelta y se acomoda en su asiento, y me deja confundida. Mi confusión se duplica cuando extiende la mano y quita una de las mías del volante. Me pregunto lo que está haciendo hasta que entrelaza nuestros dedos y luego coloca nuestras manos en la parte superior de la consola. No tengo idea de lo que significa el movimiento. Lo que sí sé es que lo que sentí en la tienda cuando besó mi cuello fueron explosiones y fuegos artificiales como una loca montaña rusa. Es como siempre me he imaginado que sería besar. Me hace comprender que al casi beso con Kyler definitivamente le faltó algo. Esto me hace preguntarme cómo realmente se sentirá besar a Kai de verdad. Realmente me emociona averiguarlo.


Capítulo 18 Isabella En el momento en que volvemos a la casa, mi abuela Stephy tiene la cena lista. Los tres nos sentamos y comemos mientras me informa que su amigo el policía no encontró el auto en ningún lugar cercano. No me sorprende. Tengo la sensación que quien está jugando conmigo solo es encontrado cuando quiere serlo. Después de comer y limpiar la mesa, me dirijo hacia el pasillo para ir a tomar una ducha.

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Kai ya está sentado en el sofá, pretendiendo hacer su tarea cuando en realidad está tratando de entrar en la memoria. Me llama la atención cuando paso y la mirada que me da hace que el lugar en mi cuello, donde me mordió y me dio un beso cosquilleé. —¿Estás enferma? —Mi abuela Stephy se detiene delante de mí, bloqueando mi vista de Kai—. Te ves enrojecida. —Estoy bien. —No sueno bien. Sueno como una chica que acaba de pensar en su cuello siendo mordido por un chico atractivo. Pone su palma de mi frente. —No tienes fiebre. —Quita la mano—. Creo que deberías descansar el resto de la noche. Y mañana también. Vuelve a casa después de la escuela. Haz algo fácil como ver una película. Has tenido una semana dura. —Puedo hacer eso —digo, pasando la mano por encima de mi cuello—. Todavía tengo que hacer algunas tareas. Los exámenes parciales se acercan. Su mirada cae a mi mano en mi cuello. —¿Qué es eso? Mis dedos se tensan. —¿Qué es qué? Se inclina, examinando mi cuello más de cerca. —Esas marcas en tu cuello. Me alejo de ella unos centímetros. —No sé de lo que estás hablando.


—Isabella Anders —me advierte—. Eres una terrible mentirosa. ¿Quién te lo hizo? ¿Fue ese chico Kyler del que siempre estabas divagando o fue...? —Le da una sospechosa mirada a Kai. Kai aparece profundamente absorto con algo en la pantalla del ordenador, pero puedo decir que está a punto de reír. Me alegra que piense que es gracioso porque estoy segura que yo no lo creo. —Uh, voy a ir a tomar una ducha. —Giro y corro como una loca a mi habitación para conseguir algo de ropa y escapar de todo lo que está a punto de decir. —Solo asegúrate que si estás haciendo algo, ¡lo hagas con seguridad! —grita tras de mí. Golpeo la puerta y me apoyo contra ella. Quiero a mi abuela a muerte, pero hombre, sí que sabe cómo avergonzarme. Me doy un par de minutos para recuperarme antes de ir de puntillas hacia el baño para tomar la ducha. Para el momento en que escapo a mi habitación, el agotamiento me alcanza.

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Me subo a la cama a pesar que es temprano. No he estado durmiendo muy bien. Cada vez que cierro los ojos, ya sea sueño con el auto azul, o con Lynn encontrando una manera de conseguir que me detengan, o con mi madre con sangre en las manos. Cuando alcanzo mi teléfono y lo pongo en mi regazo, noto que tengo una llamada perdida o un texto. Casi no los reviso, preocupada que vayan a ser del que me envió el amenazante mensaje. Pero fuerzo mi miedo a un lado y tomo mi teléfono. Ambos son de Kyler. Suspirando, abro el texto. Kyler: Sólo me preguntaba lo que está pasando contigo. No he sabido nada de ti desde el lunes. He estado pensando mucho en ti. ¿Todavía pendiente para el sábado? Leo el mensaje por segunda vez, sintiéndome desorientada sobre cómo responder. Esta cosa con Kai y... ese beso con Kai... y la forma en que Kai me sostiene... Kai y la forma en que me llama hermosa... Tengo que decirle algo a Kyler porque no creo que quiera pasar un rato con él el sábado, no después de lo que sucedió con Kai. Pero no sé exactamente qué decirle. Le envío un texto a Indigo al respecto porque ella sabrá qué hacer. Después de veinte minutos sin respuesta, me rindo y dejo el teléfono, pensando en que le enviaré a Kyler un mensaje en la mañana después de haber hablado con Indigo.


Entonces cierro los ojos y me hundo en mis pesadillas.

Para el momento en que me estoy preparando para ir por la puerta de la escuela a la mañana siguiente, Indigo todavía no ha respondido a mi mensaje. —Abuela, ¿has escuchado de Indigo? —pregunto, arrojando la bolsa por encima de mi hombro. Ella levanta la vista de enjuagar los platos en el fregadero. —Oí de ella hace un par de días. ¿Por qué? Paso mi pulgar alrededor del mango de mi bolsa. —Le envié un mensaje anoche y todavía no me ha respondido. Capto algo destellando en sus ojos. ¿Miedo? ¿Preocupación? —Estoy segura que está bien. —Friega un plato con una esponja—. Probablemente sólo está ocupada cuidando a su madre.

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Creo que puede estar mintiendo, pero lo dejo pasar por ahora porque tengo que ir a la escuela. Me dirijo hacia la puerta con Kai y al segundo que salimos, él se acerca y entrelaza sus dedos con los míos. Lo hace de manera informal como si fuera la cosa más natural del mundo. Yo, me siento como la chica más antinatural e incómoda que ha pisado el planeta. Con las palmas probablemente sudorosas, estoy casi segura que mi mano está temblando. Quiero alejarme sólo para que no se dé cuenta, pero no hay forma que lo haga. —Entonces, ¿tu abuela dijo algo más sobre tu cuello? —me pregunta después que nos metimos en el auto y salimos a la carretera. —Sí, esta mañana sacó el tema de nuevo. —Siento vergüenza sólo de pensarlo. Él mira su teléfono, entonces comienza a escribir un mensaje. —¿Qué dijo? Me pongo las gafas de sol. —No quiero decírtelo. Me mira de soslayo. —¿Por qué no? ¿Fue malo? —Por supuesto que fue malo. La escuchaste anoche. Diez veces peor de lo que fue. Trabaja muy duro para no reírse. —Sólo dime lo que dijo.


Niego. —De ninguna manera. —Oh, vamos. —Se pone de mal humor—. Te prometo que no voy a reírme. —Sí, claro —murmuro—. Te vas a reír y yo me avergonzaré. —Cuando sigue poniendo mala cara, suspiro—. Tienes que jurar por tu corazón que no te reirás. Dibuja una X sobre su corazón con el dedo y luego espera en silencio a que se lo diga. Hombre, no puedo creer que esté a punto de hacerlo. Nunca va a dejarme vivir sin ese hecho. —Ella me dio un... condón —murmuro la última parte. Sus labios se abren y mueve la mano hecha puño a su boca, sacudiendo su hombro mientras lucha por contener la risa. —Me prometiste que no te reirías —le recuerdo. Le toma un momento, pero se las arregla para recomponerse. —Es divertida —dice—. Tu abuela, quiero decir.

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Pongo la intermitente para salir a la calle principal. —En el buen sentido. —Sin duda en el buen sentido. —Pone su dedo sobre su labio inferior mientras contempla algo—. Pero la verdadera pregunta es, ¿guardaste el condón? Negando, me estiro y muevo ligeramente el brazo. —Simplemente no pudiste resistirte, ¿verdad? Él se ríe con malicia. —Por supuesto que no. Embarazosa es una de mis cosas favoritas. — Entrecierro los ojos a él, pero sigue hablando—. ¿Quieres saber mi cosa favorita? —No —digo, después admito—. Algo así. Sus ojos se iluminan con picardía. —Chupar tu cuello. Mis dedos instintivamente van a mi cuello y el humor en sus ojos se desvanece cuando su mirada sigue el movimiento. Su nuez de Adán sobresale mientras traga con dificultad. —Isa, creo… —Su voz se interrumpe. Gruñendo de frustración, abre el mensaje—. Maldita sea, esperaba que lo hiciera —se dice a sí mismo. —¿De quién es? —De un amigo mío. Un par de meses atrás tenía una habitación para alquilar. Tenía la esperanza que todavía estuviera disponible, pero no lo está. —Pone el teléfono en su regazo y se cruza de brazos, con el estrés que ha venido teniendo durante días regresando.


—¿Has oído de tus padres en absoluto? —Me atrevo a preguntar. Él niega, mirando por la ventana. —No me van a llamar, Isa. Están felices de no que sea su problema. Mi mente me atormenta por algo más de qué hablar, algo que lo saque de su depresión, pero de repente, suspira y se vuelve hacia mí. —Lo siento —dice—. No debería estar quejándome contigo. —Está bien. Con tus padres dándote de patadas, se te permite quejarte. —Sí, pero... lidiar con toda esta mierda de mi familia y estoy de mal humor porque tengo dieciocho años y tengo que empezar a cuidar de mí mismo. —Golpea descuidadamente la cabeza contra el reposacabezas detrás de él—. Y poder meterme en esa memoria.... Simplemente me gustaría poder hacerlo. Se está haciendo muy frustrante. Incluso he empezado a soñar con códigos de acceso. Me obligo a tener un par de bolas de señorita y me estiro y tomo su mano. —Sé que ha sido estresante. Es por eso que necesitas dejar de preocuparte tanto.

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—No es tan estresante como ha sido para ti. Sólo quiero hacer esto para ti, para poder no sé, darte un rayo de luz en toda esta locura. Quiero que no tengas que preocuparte tanto y te sientas segura. Quiero… —Se encoge de hombros—. Que seas feliz de nuevo. Extraño tu sonrisa. —Todavía sonrío —digo, pero en el interior todo lo que puedo pensar es, vaya, eso es lo más ridículamente dulce que he oído en mi vida. —No tanto como solías hacerlo. —Comienza a acariciar mi palma con los dedos—. Puedo decir que está cobrándote factura. Me estremezco por su toque. Se siente deliciosamente bien, como chocolate derretido y crema batida y chispas. —Y viceversa. Sus labios se elevan en una media sonrisa. —Creo que tenemos que hacer algo divertido este fin de semana. Podríamos definitivamente tener un poco de diversión. —Por supuesto. Estoy dentro. —Esperen. ¿Salir en una cita? O como amigos. ¡Ah! Antes que pueda pensar demasiado en ello, mi teléfono vibra en el portavasos. Toco el botón de voz alta. —Mensaje desconocido —dice la voz automatizada a través del altavoz—. Es hora de jugar. Agarro el volante. —¿Qué diablos significa eso?


—No tengo idea. —La ira arde en sus ojos—. Pero realmente estoy hasta la madre. Sea quien sea me tendrá en su trasero cuando lo encuentre. —¿Y si es Hannah? —Entonces te dejaré golpear su trasero. Debería haber dejado que lo hicieras en el camino de entrada la semana pasada. Simplemente no quería que te metieras en problemas. Suspira y luego se queda con mi teléfono el resto del camino a la escuela, apretando botones y murmurando para sí mismo. En el momento en que estoy estacionando el auto, parece que quiere golpear el salpicadero. Soy una colmena de nervios, preocupada y sintiendo escozor desde todos los ángulos mientras vuelvo a reproducir el mensaje. ¿Hora del juego? ¿Qué significa eso? ¿Es una amenaza? ¿Una amenaza de qué? En el segundo que pongo pie en la escuela, tengo la respuesta. Casi todo el mundo deja de hacer lo que está haciendo y me mira embobado. Empiezo a encogerme detrás de Kai, preguntándome lo que está pasando cuando diviso papeles en las manos de la gente y cientos esparcidos por el suelo de linóleo.

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Me agacho para recoger uno igual que Kai. Él empieza a leerlo, al mismo tiempo que yo. —No, Isa, no lo leas —suelta, arrebatando el papel de mi mano. Pero es muy tarde. Ya leí suficiente. Es un artículo del crimen de mi madre con una foto de ella en la parte inferior. En la esquina de la página hay una foto mía tomada mientras estaba en el parque ese día jugando baloncesto con Kyler. El flash que vi... Ahora tiene sentido... Alguien tomó una foto para esto. Mis manos comienzan a temblar mientras recojo otro papel del suelo y noto lo que está escrito a mano debajo de la foto: Conozcan a la hija de una asesina. Se parece a su madre, ¿verdad? Eso no es todo lo que veo. Veo que el juicio tuvo lugar en Virginia, que el autor del artículo se refiere al delito como algo terrible. También veo el nombre de la persona que mi madre fue acusada de matar. Jamison Anders. De repente me doy cuenta de por qué Kai no quería que buscara cosas en internet. Me quedo conmocionada, deseando que mi mente olvide lo que acabo de leer. Pero está justo enfrente de mí, en los papeles en el suelo, una y otra vez para que todos puedan verlo. No puedo respirar. No me puedo mover... no puedo... El papel es arrebatado de repente de mi mano, y entonces estoy siendo arrastrada fuera de la escuela. Sigo sin vida a Kai, dejando que me lance al auto. Sin decir nada, suelta mi mano, mete los dedos en el bolsillo, y se esfuerza por sacar las llaves. Abre la puerta y me guía suavemente hacia el asiento del pasajero. Después


que me mete, cierra la puerta, sube en el asiento del conductor, y pone en marcha el motor. A medida que sale del estacionamiento, me las arreglo para encontrar mi voz de nuevo. —¿A dónde vamos? —Lejos. —Una palabra, pero de alguna manera, me siento segura. Abrazo mis rodillas a mi pecho y veo los árboles, casas, tiendas y el efecto borroso, tratando de no pensar en lo que leí. Pero es en todo lo que pienso. Cada pensamiento que tengo se centra en ese nombre. Jamison Anders. ¿Quién es? ¿Un tío? ¿Un abuelo? ¿Un hermano? Hay tantas posibilidades, y todo lo que quiero hacer es conseguir mi teléfono y buscar y buscar y buscar hasta encontrar algunas respuestas. Pero tengo miedo de lo que voy a encontrar, miedo que de alguna manera se ponga peor de lo que estoy pensando. —¿Quién es? —le susurro—. Jamison Anders. ¿Quién es...? —Trago—. O sea, ¿quién era? Kai agarra el volante con fuerza, sus nudillos se ponen blancos. —De todo lo que he leído, creo que era tu medio hermano.

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—¿Qué quieres decir con mi medio hermano? —Mi voz se quiebra. —No. Antes que Lynn y tu padre se casaran, Lynn tuvo un hijo. Su nombre era Jamison y tu padre lo adoptó legalmente como su propio hijo. No estoy seguro de por qué, sin embargo. Creo que era un poco mayor de lo que somos ahora. —Oh. ¿Lynn tuvo un hijo antes de conocer a mi padre? ¿Lynn tenía un hijo y mi madre lo mató? ¿Lynn tenía un hijo, y ahora se ha ido debido a mi madre? Las lágrimas pican mis ojos. —No es de extrañar que me odie. Represento a esa persona que se llevó a su hijo. No entiendo... por qué. ¿Por qué alguna vez estuvo de acuerdo en dejarme vivir con ella? No tiene ningún sentido. —Sé que no lo tiene —dice, haciendo un giro agudo a la izquierda—. Eso es exactamente lo que pensé en el segundo que lo descubrí. ¿Por qué esta mujer dejó que la hija de una mujer que piensa que mató a su hijo vaya a vivir con ella? —Tal vez para hacer mi vida un infierno. —Abrazo mis rodillas más duro contra mí—. Tal vez, para torturarme, para lanzar su ira hacia mi madre. Él niega, parando el auto de golpe. —No creo que eso sea todo. Bueno, no todo. Cuando Big Doug me dio esa carpeta, dijo algo acerca de cómo no podía ver por qué tu madre fue encontrada culpable, por lo que realmente necesito entrar en esa memoria. Creo que podría tener algunas respuestas.


—¿Respuestas a qué? —Me siento tan impotente, que estoy cayendo en un agujero y no puedo encontrar nada de qué agarrarme—. Si hubiera evidencia que no lo hizo, entonces no estaría en la cárcel. —Eso no es del todo cierto —dice, apagando el motor—. Ha habido casos donde las personas pasan años en la cárcel después de ser acusadas por un crimen, y luego consiguen nuevas pruebas que demuestran que eran inocentes todo el tiempo. —Sí, lo sé, pero... Es difícil pensar de esa manera en este momento, y parecen falsas las esperanzas de pensar que eso vaya a suceder. —Deslizo mis dedos por mi cabello, tirando de las raíces—. Kai, ¿quién crees que lo hizo? ¿Poner esos papeles alrededor de la escuela? —Probablemente la misma persona que robó esa carpeta —responde, con voz apenas audible—. Y creo que ambos fueron realizados por Hannah, o alguien lo hizo por ella. Dejo que mis manos caigan a mi regazo. —La foto en esos papeles... Fue tomada el día que vi el auto azul siguiéndome. —Me di cuenta de eso. —Desliza las llaves del encendido y abre la puerta.

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Cuando miro por la ventana, me doy cuenta que ha conducido al parque con el árbol ahuecado. —¿Darás un paseo conmigo? —pregunta, mirando por encima del hombro hacia mí con esperanza en sus ojos. Asiento, salgo del auto, y lo encuentro en el frente. Él entrelaza los dedos con los míos, y luego empezamos a ir por la hierba, en dirección a nuestro árbol. Una vez que estamos dentro de él, sentados lado a lado con los pies saliendo de la entrada, Kai envuelve sus brazos alrededor de mí y me abraza. —Sé que todo parece de mierda en este momento, pero te prometo que voy a arreglar esto —dice. Levanto la cabeza y veo sus ojos inyectados de sangre y de los círculos oscuros debajo de ellos. Durante la semana pasada, ha estado muy preocupado por esto, y está empezando a hacer desgaste en él. —Kai... aprecio todo lo que estás haciendo por mí, pero no estoy segura que esto se pueda arreglar. —Me quedo mirando el agujero en el árbol en el que nuestros pies sobresalen. Recuerdo un momento en que éramos lo suficientemente pequeños que ambos fácilmente encajábamos aquí. Ahora casi nos queda pequeño este lugar. Es triste, pero es la vida. Siempre hacia delante, cambiando, no importa lo que hagas—. Creo que tal vez es el momento de simplemente aceptar y encontrar la manera de vivir con todo esto. Sé que tienes problemas de los cuáles preocuparte; no tienes que preocuparte de los míos. Él pone un dedo debajo de mi barbilla y me obliga a mirarlo.


—Si quieres aceptarlo y seguir adelante, está bien. Lo entiendo. Pero entraré en esa memoria para poder resolver esto para ti. Y voy a averiguar quién puso esos putos papeles alrededor de la escuela y haré de su vida un infierno. —No quiero que te metas en problemas. —No. —Me guiña el ojo, tratando de parecer tranquilo, pero puedo decir que está alterado—. Sé cómo pagarle a alguien que lo averigüe sin ser descubierto. —Te ves muy cansado —digo—. Estás empezando a preocuparme. No te has dado tiempo para sanar realmente de la conmoción cerebral y de la costilla rota. Y el doctor dijo que necesitabas tiempo para sanar. —Estoy cansado. —Rechaza mi preocupación—. Podré dormir cuando sea viejo. Y mi costilla y cabeza están bien. —Pone los nudillos contra su cabeza y el ruido provoca que una pequeña risa escape de mis labios. Pero la risa se desvanece poco a poco y pensamientos inundan mi cabeza de nuevo. —Tal vez debería visitarla —digo para mí misma—. A mi mamá, quiero decir... No puedo hacer eso, ¿verdad?

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—Tal vez deberías esperar hasta que pueda encontrar más información —dice con cautela. —¿Por qué? Es decir, incluso si es terrible, creo que todavía quiero hablar con ella. —Me doy cuenta que es verdad mientras lo digo. Un día, quiero enfrentar a mi madre, aunque sea tras las rejas. Aunque no sé lo que le voy a decir, se siente como algo que tengo que hacer—. Quiero respuestas. Quiero saber por qué. —Puede que no sea tan sencillo. —Me abraza más cerca de él—. Podría no querer decirte por qué. O podría no tener una respuesta. Hay un montón de maneras en las que la conversación podría ir. —Lo sé, pero creo que quiero intentarlo. El silencio nos envuelve. Puedo sentirlo mirándome, pero no puedo mirarlo y ver la compasión en sus ojos. En cambio, me quedo mirando mis zapatos. Llevo un par de tenis que compré cuando estaba en Londres. Tienen rayas grises y tachuelas. Recuerdo haber pensado lo diferentes que eran a los zapatos normales que usaba. Cuando me los probé, me sentí diferente también: con más confianza. Esa confianza me dejó soñar con una vida diferente, donde era una chica diferente que no dejaba que su familia pasara por encima de ella, que no se escondía en las sombras, que era feliz. Durante un tiempo, tuve esa luz, bueno, más o menos. Ahora siento como si estuviera a punto de caer en las profundidades de la desesperación. Pero sé que no puedo. No puedo volver a esa vida de sentirme insignificante. Tengo que seguir adelante, cambiar, encontrar una forma de vivir con esto. —Quiero hablar con ella —le digo a Kai con determinación—. Y quiero que vengas conmigo.


Me doy cuenta de la verdad de mis palabras en el momento en que las digo. Es una locura lo mucho que necesito que vaya conmigo. Indigo podría haber tenido razón. Puede que no esté enamorada de Kai, pero el potencial está ahí. Kai... Sabe todo lo que está pasando. Y tengo que preguntar, ¿por qué? ¿Por qué Kai es al que le digo todo? Sí, Kyler es dulce y me llama, y me gusta, pero eso es todo. Pero la idea de enamorarme de alguien y que alguien me ame también... Parece tan fuera de alcance, algo que nunca podría tener. No me siento digna de eso, y no estoy segura de sí podría manejar la situación en este momento. Hay demasiadas cosas pasando. No sé qué hacer... sobre nada más. Kai lleva mi mano a su rostro y guía mi cabeza hacia él hasta que mi mejilla está descansando en su hombro. —Si eso es lo que necesitas, entonces estoy dentro —dice. —Gracias —le susurro. Nos hundimos en el silencio. Kai se queda mirando la entrada del árbol, con sus nudillos acariciando mi mejilla, pareciendo perdido en sus pensamientos.

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Me pierdo en mis miedos: el miedo a descubrir la verdad, el temor que mi madre sea culpable, el temor que de alguna manera sea mala, el miedo a enamorarme y ser amada de regreso. Tengo tantos miedos. Sólo espero poder enfrentarlos todos.


Capítulo 19 Kai Voy a descifrar el maldito código de esta unidad de memoria aún si malditamente me mate. Están dando las dos de la mañana, y he estado despierto más de treinta y seis horas seguidas. Me bebí como cuatro bebidas energéticas, y mi sangre está bombeando tan rápido que mi corazón se siente como que va a saltar fuera de mi pecho. Sé que tengo un millón de otras cosas de qué preocuparme, como conseguir dinero para pagarle a T. Solo tengo dos semanas para reunir mil dólares. Además, estoy con el tiempo en contra para encontrar un lugar para vivir, porque vivir en el sofá de la abuela de Isa es cada vez difícil para todos.

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Pero no puedo pensar en otra cosa hasta que consiga entrar a esta estúpida memoria. Sé que la apelación de la madre de Isa acaba de ser aprobada, y tarde o temprano Isa comenzará a averiguar cosas sobre el caso, pero no puedo soportar la idea de hacer esperar a Isa para ver si su madre es inocente. Quiero que tenga algunos datos, sobre todo antes que vaya a verla. Si bien creo que tiene todo el derecho a hacer eso, no estoy seguro que sea una buena idea. Si su madre resulta ser culpable, podría afectar su cabeza. Y con esta cosa pasando del auto azul y los volantes en la escuela, lo último que necesita es más estrés en su vida. Se va a romper. Lo pude ver en sus ojos cuando me pidió que fuera con ella a Virginia. Sin embargo no pude decirle que no. No cuando me estaba mirando así: sus grandes ojos suplicándome estar allí para ella. Quiero estar ahí para ella más que nada. Es algo de lo que me estoy dando cuenta rápidamente: Haría cualquier cosa por ella, incluso arriesgar mi trasero de ser golpeado esperando que a lo mejor lo que hay en esta memoria pueda borrar un poco el dolor que Isa está pasando. Sé lo que eso significa. Sé por qué me importa más que yo mismo. Estoy enamorándome de ella. Y ese beso en la tienda... el que le di en el cuello... la mordida... Dios, sabía tan bien. Ni siquiera sé por qué lo hice. Me prometí que no iba a ir allí con ella, pero de repente todo el deseo y la necesidad que había estado manteniendo atrapado se hizo cargo. Pensé que iba a alejarme, pero no lo hizo, y empecé a preguntarme si tal vez me deseaba tanto como yo. Pero este definitivamente no es el momento de confesarle mi amor eterno,. Después de lo sucedido en la escuela, no podría manejar el que vertiera mis


sentimientos hacia ella. Tendré que aguantar y mantener todo dentro, resistir el impulso de gritar desde la azotea, ser un puto bobo, porque sí, ahí es donde estoy. Putamente como un perro pateado. Lo sé. Y no me importa. Lo que me importa es conseguir entrar en esos archivos. Hago clic con violencia en el ratón, mientras el programa de descifrado de contraseñas corre por enésima vez. La luz parpadea como una advertencia, y otro cuadro de contraseña aparece. Y pierdo mi mierda. —¡Maldita sea! —maldigo con dientes apretados, manteniendo mi voz baja para no despertar a todos. Hago clic en el programa una y otra vez. Justo cuando pienso que estoy a punto de perder la razón, que no puedo tomar otra segunda ronda de ver el cuadro salir, se me concede el acceso. —Santa mierda jodida. —Me dejo caer en la silla, dejando escapar una risa sorprendida, porque, honestamente, de verdad no creí que pudiera hacerlo. Comienzo a abrir los archivos y los leo. La primera decena no pertenecen al caso y contienen registros de personas al azar, un mapa de lo que parece ser un gran edificio, y enlaces a algún sistema de seguridad.

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Estoy empezando a preguntarme si tal vez Big Doug me dejó la memoria equivocada cuando encuentro la carpeta con la etiqueta: Caso Bella Larose. De inmediato hago clic en ella, se abre y empiezo a leer. Ni siquiera estoy seguro de dónde consiguió Big Doug algo de esta información. ¿De los registros de los casos? No, es mucho más que eso, como que hizo una investigación sobre el caso o conocía a alguien que estaba trabajando estrechamente con él, como podría ser el abogado. Escudriño los archivos, los registros forenses, las notas policíacas, las declaraciones de los testigos, las fotos. Y algo de los que sin duda apunta a la inocencia de Bella Larose. Escondido en uno de los archivos hay un pedazo de papel escaneado de una lista de sospechosos. Está escrito a mano y no se ve muy oficial, como si alguien hubiera anotado ideas. Una en particular me salta. Parpadeo un par de veces, preguntándome si estoy viendo las cosas mal. Pero el nombre que está allí, parpadea. Lynn Anders. No tengo idea de por qué alguien podría pensar que fue Lynn, por el tipo de pruebas que tienen, o si es sólo alguna hipótesis al azar. Todo lo que sé es que tengo que llevar a Isa lejos de Lynn y su familia hasta que lo sepamos, sobre todo después de lo que pasó en la escuela. No he tenido el valor de decírselo a Isa, pero estoy bastante seguro que la foto en los papeles repartidos por todo en la escuela, la foto de ella en la cancha de baloncesto, fue tomada por alguien que estuvo en la cancha con ella. Al menos eso es lo que parecía por lo cerca que era y el ángulo. No estoy seguro de si había alguien más allí ese día, pero si no, puede ser que signifique que mi pendejo hermano tomó la foto.


Ya se trate de Kyler, Hannah, Lynn, o alguien mรกs, alguien definitivamente estรก decidido a hacer de la vida de Isa un infierno. Pero no voy a dejar que eso ocurra.

Fin. 183


Sobre la Autora JESSICA SORENSEN

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(1983), es una escritora norteamericana. Vive junto con su esposo y sus tres hijos en las montañas nevadas de Wyoming. Cuando no está escribiendo, pasa el tiempo leyendo y disfrutando de su familia. Sus novelas la han posicionado en la listas de bestsellers de «The New York Times» y «USA Today».


Próximo libro THE YEAR OF SECOND CHANCES Isabella Anders no está lista para aceptar que su madre sea culpable de asesinato, y con la ayuda de Kai, podría ser capaz de averiguar la verdad.

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Durante el mes pasado, los sentimientos de Kai hacia Isa han aumentado. Él sabe que está enamorado de ella y hará todo para protegerla. Pero por ayudar a Isa, pone su vida en peligro. Sin embargo, Kai no es el único en peligro. Isa está siendo perseguida por alguien que conoce lo que realmente pasó el día en que su madre fue acusada por asesinato, y harán lo que sea para que ella no descubra la verdad.


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The year of falling in love 2  
The year of falling in love 2  
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