Page 1

1


Esta traducción fue realizada en el foro Midnight Dreams sin fines de lucro, por lo cual no tiene costo alguno. Es una traducción hecha por fans para fans. Si el libro logra llegar a tu país, te animamos a adquirirlo. No olvides que también puedes apoyar a la autora siguiéndola en sus redes sociales, recomendándola a tus amigos, promocionando sus libros e incluso haciendo una reseña en tu blog o foro. Esperamos disfruten la historia.

Atte. Midnight Dreams

2


Staff Moderadora de Traducción Anna

Traductoras Annette-Marie

Littlecatnorth

Carilo

Mariela

Dee

Rihano

Gerald

Mae

Gisenid

Lili-ana

Juliette

Vivi

3

Lili-ana

Moderadora de Corrección Anna

Correctoras Anna y Lili-ana

Revisión Anna y Liliana

Diseño Mrs. Carmichael


Sinopsis

Capítulo 21

Capítulo 1

Capítulo 22

Capítulo 2

Capítulo 23

Capítulo 3

Capítulo 24

Capítulo 4

Capítulo 25

Capítulo 5

Capítulo 26

Capítulo 6

Capítulo 27

Capítulo 7

Capítulo 28

Capítulo 8

Capítulo 29

Capítulo 9

Capítulo 30

Capítulo 10

Capítulo 31

Capítulo 11

Capítulo 32

Capítulo 12

Capítulo 33

Capítulo 13

Capítulo 34

Capítulo 14

Capítulo 35

Capítulo 15

Capítulo 36

Capítulo 16

Capítulo 37

Capítulo 17

Capítulo 38

Capítulo 18

Capítulo 39

Capítulo 19

Epílogo

Capítulo 20

Sobre la autor

4


Ella es buena logrando sus objetivos... La universitaria de último años Sabrina James tiene todo su futuro planeado: graduarse de la Universidad, patear traseros en la facultad de leyes, y conseguir un trabajo muy bien pagado en un importante bufete de abogados. El camino para escapar de su vergonzoso pasado ciertamente no incluye a un hermoso jugador de hockey que cree en el amor a primera vista. Una noche de chispeante calor y sorprendente ternura es todo lo que está dispuesta a darle a John Tucker, pero a veces, una noche es todo lo que se necesita para que toda tu vida cambie.

Pero el juego acaba de volverse mucho más complicado. Tucker cree que ser parte del equipo es tan importante como ser la estrella. En el hielo, él está bien manteniéndose fuera del reflector, pero cuando se trata de convertirse en padre a la edad de veintidós, se niega a calentar la banca. Sin importar que la futura madre de su hijo sea hermosa, inteligente y lo mantenga de puntitas. El problema es, que el corazón de Sabrina está firmemente cerrado, y la morena de fuego es demasiado terca para aceptar su ayuda. Si quiere una vida con la mujer de sus sueños, tendrá que convencerla de que algunos objetivos sólo pueden lograrse con ayuda.

5


Traducido por lili-ana Corregido por Anna

Sabrina —Mierda. Mierda. Mierda. Mieeeerda. ¿Dónde están mis llaves? El reloj en el estrecho pasillo me dice que tengo cincuenta y dos minutos para hacer sesenta y ocho minutos en auto si quiero llegar a la fiesta a tiempo. Reviso mi bolso de nuevo, pero las llaves no están allí. Corro por distintos lugares. ¿Vestidor? No. ¿Baño? Justo estaba allí. ¿Cocina? Tal vez… Estoy a punto de girar cuando escucho un tintineo de metal detrás de mí. —¿Buscas esto? Contemplo incrustarlas en mi garganta cuanto giro y entro a la sala tan pequeña que las cinco piezas de anticuados de muebles compuestos por dos mesas, un sofá de dos plazas, un sofá y una silla están aplastados juntos como sardinas en una lata. El montón de carne sobre el sofá ondea mis llaves en el aire. Conmi suspiro de irritación, él sonríe y las mete bajo de sus pantalones de chándal cubriendo su trasero. —Ven y consíguelas. Arrastro una mano frustrada por mi cabello planchado antes de desafiar a mi padrastro. —Dame mis llaves —exijo. Ray me mira laciamente de regreso. —Maldición te ves caliente esta noche. Te has convertido en una verdadera nena, Rina. Tú y yo deberíamos llevarnos bien. Ignoro la mano carnosa que está cayendo a su entrepierna. Nunca he conocido a un hombre tan desesperado por tocar su propia basura. Él hace que Homero Simpson luzca como un caballero. —Tú y yo no existimos el uno para el otro. Así que deja de mirarme, y no me llames Rina. —Ray es la única persona que me llama así, y lo odio—. Ahora dame mis llaves. —Te lo dije… ven y consíguelas.

6


Con dientes apretados, meto mi mano debajo de su mantecoso trasero y procedo a tantear alrededor en busca de mis llaves. Ray gruñe y se retuerce como el asqueroso pedazo de mierda que es, hasta que mi mano conecta con metal. Arrastro las llaves libres y giro de regreso a la puerta de entrada. —¿Cuál es el gran problema? —Se burla detrás de mí—. No es como si estuviéramos relacionados, así que no hay problema de incesto. Me detengo y utilizo treinta segundos de mi precioso tiempo para mirarlo con incredulidad. —Eres mi padrastro. Te casaste con mi madre. Y… —Trago una oleada de bilis—, y estás durmiendo con Nana ahora. Así que, no, no se trata de tú y yo estando relacionados. Esto es porque eres la persona más repugnante en el planeta y perteneces a la prisión. Sus ojos avellana se oscurecen. —Cuida tu boca, señorita, o uno de estos días regresarás a casa y las puertas estarán cerradas con llave Lo que sea. —Pago un tercio de la renta aquí. —Le recuerdo. —Bueno, tal vez serás responsable de más. Él regresa a la televisión, y yo pasó otros valiosos treinta segundos fantaseando con golpear su cabeza con mi bolso. Vale la pena. En la cocina, Nana está sentada en la mesa, fumando un cigarrillo y leyendo unartículo de la revistaPeople. —¿Viste esto? —exclama—. Kim K está desnuda de nuevo. —Bien por ella. —Agarro mi chaqueta del respaldo de la silla y me dirijo a la puerta de la cocina. He encontrado que es más seguro salir de la casa por la parte de atrás. Por lo general hay punks en la calle congregándose en los pórticos de las estrechas casas sobre nuestra menos que prospera calle en esta menos que prospera parte de Southie1. Además, nuestro garaje está detrás de la casa. —Escucha, Rachel Berkovich quedó embarazada. —Señala Nana—. Debería haber abortado, pero supongo que va contra su religión. Aprieto mis dientes de nuevo y giro mi rostro a mi abuela. Como de costumbre, está usando un raído traje y zapatillas rosas esponjosas, pero su cabello rubio teñido es ridículamente perfecto y su rostro está totalmente maquillado a pesar que rara vez sale.

Southie: es la abreviación de South Boston, el cual es un barrio densamente poblado en Boston, Massachusetts en donde predomina la clase madia trabajadora. 1

7


—Ella es judía, nana. No creo que sea contra su religión, pero incluso si lo es, esa es su elección. —Probablemente quiere esos cupones extra de alimentos —concluye Nana, soplando una gran bocanada de humo en mi dirección. Mierda. Espero no oler como un cenicero para el momento en que llegue a Hastings. —Supongo que esa no es la razón por la que Rachel está manteniendo al bebé. —Con una mano en la puerta, cambio de posición sin descanso, esperando por una abertura para decir adiós a Nana. —Tu mamá pensó en abortarte. Y allí está. —Está bien, eso es suficiente —murmuro—, voy a Hastings. Regresaré está noche. Su cabeza se asoma por encima de la revista y sus ojos se estrechan mientras se detienen en mi falda de punto negra, suéter negro manga corta con cuello amplio, y tacones de tres pulgadas. Puedo ver las palabras formándose en su mente antes de que salgan de su boca. —Luces arrogante. ¿Vas a esa universidad de fantasía tuya? ¿Tienes clases el sábado por la noche? —Es una fiesta de cóctel —responde de mala gana. —Oooh, cóctel, Schocktail2. Espero que tus labios no se agrieten besando todos los culos por allí. —Sí, gracias, Nana. —Abro la puerta trasera de un tirón, obligándome a añadir—. Te amo. —También te amo, pequeña. Ella me ama, pero algunas veces ese amor es tan toxico, que no sé si está lastimando o ayudándome. No hago el viaje al pequeño pueblo de Hastings en cincuenta y dos minutos o sesenta y ocho minutos. De hecho, me toma una hora y media ya que las carreteras están en mal estado. Otros cinco minutos pasan antes de que pueda encontrar un espacio en el aparcamiento, y para cuando llego a la casa de la profesora Gibson, estoy más tensa que una cuerda de piano, y sintiéndome igual de frágil. —Hola, señor Gibson. Lo siento tanto, llego tarde —le digo al hombre con gafas en la puerta. 2

Schocktail:Un cóctel de bebida en la ducha. A menudo se hace en aras de eficiencia de tiempo o simplemente porque es impresionante.

8


El esposo de la profesora Gibson me da una sonrisa suave. —No te preocupes, Sabrina. El clima es terrible. Permíteme tomar tu abrigo. —Extiende una mano y espera pacientemente mientras lucho por salir de mi chaqueta de lana. La profesora Gibson llega mientas su esposo está colgando mi abrigo barato entre todos los más caros en el armario. Luce tan fuera de lugar como yo. Empujo a un lado los sentimientos de inadecuación y armo una brillante sonrisa. —¡Sabrina! —La profesora Gibson saluda alegremente. Su presencia dominante sacude mi atención—. Estoy tan contenta de que llegaras en una pieza. ¿Todavíaestá nevando? —No, solo lluvia. Ella hace una mueca y toma mi brazo. —Peor aún. Espero que no planees conducir de regreso a la ciudad esta noche. Los caminos tendrán una capa de hielo. Ya que tengo que trabajar en la mañana, estaré haciendo ese largo y difícil viaje, independientemente de las condiciones de la carretera, pero no quiero que la profesora se preocupe, así que sonrió tranquilizadoramente—. Estaré bien. ¿Ellaaún está aquí? La profesora aprieta mi antebrazo. —Lo está, y se muere por conocerte. Increíble. Tomo la primera respiración completa desde que llegué aquí y me dejo guiar por la habitación hacia una pequeña mujer de cabello gris llevando un saco cuadrado de color pastel sobre un par de pantalones negros. El conjunto es bastante soso, pero los diamantes brillando en sus orejas son más grandes que mi pulgar. ¿Además? Ella parece demasiado genial para un profesor de leyes. Siempre los concebí como criaturas obstinadas y serias. Como yo. —Amelia, permíteme presentarte a Sabrina James. Es la estudiante sobre la que te he estado hablando. La mejor de su clase, tiene dos trabajos, y logró setenta y siete en sus LSAT’s3.—La profesora Gibson se vuelve hacia mí—. Sabrina, Amelia Fromm, especialista en derecho constitucional extraordinario. —Por lo tanto un placer conocerla —digo, tendiéndole la mano y orando a Dios que se sienta seca y no húmeda. Practiqué sacudiendo mi propia mano durante una hora previa a esto.

3

LSAT’s: es una parte integral para la admisión a la facultad de leyes en los Estados Unidos, Canadá y un buen número de otros países.

9


Amelia me sujeta suavemente antes de retroceder. —Madre italiana, abuelo judío, de aquí la extraña combinación de nombres. James es escocés, ¿es de allí de dónde proviene tu familia? —Sus brillantes ojos barren sobre mí, y resisto el deseo de juguetear con mi ropa barata. —No podría decirlo, señora. —Mi familia proviene de la cuneta. Escocia parece demasiado agradable y regio para ser nuestro país. Agita una mano. —No es impórtate. Me interesa superficialmente la genealogía por un lado. Así que, ¿has aplicado para Harvard? Eso es lo que Kelly me ha dicho. ¿Kelly? ¿Conozco a una Kelly? —Se refiere a mí, querida —dice la profesora Gibson con una risa suave. Me sonrojo. —Sí, lo siento. Pienso en usted como Profesora. —¡Demasiado formal, Kelly! —Acusa la profesor Fromm—. Sabrina, ¿dónde más has aplicado? —Universidad de Boston, Suffolk, y Yale, pero Harvard es mi sueño. Amelia levanta una ceja en mi lista de escuelas de Boston en los niveles dos y tres. La profesora Gibson salta a mi defensa. —Quiere estar cerca de casa. Y, obviamente pertenece a un mejor lugar que Yale. Los dos profesores comparten un resoplido despectivo. La profesora fue una graduada de Harvard, y al parecer una vez graduada de Harvard, siempre serás una persona anti-Yale. —Por todo lo que Kelly ha compartido, suena como si Harvard estaría honrado de tenerte. —Sería un honor ser una estudiante en Harvard, señora. —Las cartas de aceptación serán enviadas pronto. —Sus ojos brillan con malicia—. Me aseguraré de poner una buena palabra. Amelia concede otra sonrisa, y casi me desmayo en alivio feliz. No sólo estoy soplando besando su culo. Harvard realmente es mi sueño. —Gracias. —Me las arreglo para para croar. La profesora Gibson me apunta hacia la comida. —¿Por qué no consigues algo de comer? Amelia, quiero hablar contigo sobre ese documento expositivo, escuchéque estaba saliendo de Brown. ¿Has tenido oportunidad de verlo?

10


Las dos se alejan, buceando profundamente en una discusión sobre la interseccionalidad del feminismo negro y la teoría de la raza, un tema en el que la profesora Gibson es experta. Me acerco a la mesa de refrigerios, que está envuelta en blanco y cargada con queso, galletas y frutas. Dos de mis amigas más cercanas –Hope Matthews y Carin Thompson– ya están allí de pie. Una oscura y una clara, son los dos más hermosos e inteligentes ángeles en el mundo. Corro a toda velocidad hacia ellas y casi colapso en sus brazos. —¿Entonces? ¿Cómo te fue? —pregunta Hope impacientemente. —Bien, creo. Dijo que sonaba como que Harvard estaría honrado de tenerme y que la primera oleada de cartas de aceptación va a salir pronto. Agarro un plato y comienzo a cargarlo, deseando que los trozos de queso fueran más grandes. Estoy tan hambrienta que podría comer un bloque entero. Todo el día había estado enferma con anticipación debido a esta reunión, y ahora que ha terminado, quiero caer de cara contra la mesa de comida. —Oh, estás dentro —declara Carin. Las tres somos asesoradas por la Profesora Gibson, quien es una gran creyente en ayudar a las mujeres jóvenes. Hay otras redes de organizaciones en el campus, pero su influencia está orientada exclusivamente hacia el desarrollo de la mujer, y no podría estar más agradecida. El cóctel de esta noche ha sido diseñado para que sus estudiantes se reúnan con miembros de la facultad con los programas de postgrado más competitivos de la nación. Hope está pescando un lugar para Medicina en Harvard mientras Carin se dirige hacia el MIT4. Síp, es un mar de estrógeno en el interior de la casa de la profesora Gibson. A excepción de su marido, sólo otro par de hombres están presentes. Realmente voy a extrañar este lugar después de graduarme. Ha sido como un hogar fuera de casa. —Cruza los dedos —digo en respuesta a Carin—. Si no consigo entrar a Harvard, entonces es BC5 o Suffolk6. —Lo cual estaría bien, pero Harvard virtualmente me garantiza una oportunidad hacia el trabajo que quiero después

MIT:Massachusetts Intitute of Technology o Instituto de Tecnología de Massachusetts es una de las universidades privadas más prestigiosas a nivel mundial, y se ubica en Cambridge, Massachusetts. 4

BC:Boston College o Universidad de Boston, es una universidad privada, católica, de la Compañía de Jesús, ubicada en Chestnut Hill, Massachusetts 5

6

Suffolk: Es una universidad privada ubicada en Boston

11


de la graduación, una posición en uno de los mejores bufetes de abogados de la nación. —Conseguirás entrar —dice Hope con confianza—. Y espero que una vez que llegue esa carta de aceptación, dejes de matarte, por el amor de Dios, B, luces tensa. Giro la cabeza en mi rígido cuello, sí, estoy tensa. —Lo sé. Mi horario es brutal estos días. Fui a la cama a las dos esta mañana porque la chica que se suponía cerraba Boots & Chutes se largó y me dejó para que cerrara, y luego me levanté a las cuatro para clasificar el correo. Llegué a casa alrededor del mediodía, me desmallé, y casi me quedo dormida. —¿Todavía estás trabajando en ambos empleos? —Carin quita de un manotazo su cabello rojo fuera de su rostro—. Dijiste que dejarías el trabajo de camarera. —Todavía no puedo. La Profeso Gibson dijo que ellos no quieren que trabajemos en nuestro primer año de leyes. La única forma de que pueda mantenerme es que tenga lo suficiente para comida y el alquiler antes de Septiembre. Carin hace un ruido simpático. —Te entiendo. Mis padres van a tomar un préstamo tan grande, que podría ser capaz de comprar un país pequeño con eso. —Desearía que te mudaras con nosotras —dice Hope lastimeramente. —¿De verdad? No tenía ni idea. —Bromeo—. Sólo lo has dicho dos veces al día desde que inició el Semestre. Ella arruga su linda nariz hacia mí. —Te encantaríaese lugar que mi papá rentó para nosotras. Tiene ventanas de piso a techo y está justo frente en la línea del metro. Trasporte público. —Mena sus cejas tentadoramente. —Es demasiado caro, H. —Sabes que podría cubrir la diferencia, o mis padres. —Se corrige a sí misma. La familia de la chica tiene más dinero que un magnate petrolero, pero nunca lo sabrías hablando con ella. Hope es tan mundana como los demás. —Lo sé —digo, entre bocados de mini-salchichas—. Pero me sentiría culpable y luego la culpa se convertiría en resentimiento y luego no seríamos más amigas y no ser tu amiga sería un asco. Ella niega con la cabeza hacia mí. —Si, en algún momento, tu terco orgullo te permite pedir ayuda, estoy aquí. —Estamos aquí. —Interviene Carin.

12


—¿Ves? —Ondeo mi tenedor entre las dos—. Este es el porqué no puedo vivir con ustedes chicas. Significan mucho para mí. Además, esto funciona para mí. Tengo casi diez meses para ahorrar antes de iniciar clases el próximo otoño. Puedo manejarlo. —Por lo menos ven a beber con nosotras después de que esta cosa haya terminado —suplica Carin. —Tengo que volver a casa. —Hago una mueca—. Estoy programada para ir y clasificar los paquetes mañana. —¿Un domingo? —demanda Hope. —Medio tiempo. No podía rechazarlo. En realidad, probablemente debería partir pronto. —Coloco mi plato en la mesa y trato de echar un vistazo a lo que está pasando más allá de la enorme ventana. Todo lo que veo es oscuridad y líneas de lluvia en el vidrio—. Mientras más pronto esté en camino, mejor. —No con este clima. —La profesora Gibson aparece a mi lado con una copa de vino—. La alerta meteorológica anunció láminas de hielo, la temperatura está descendiendo y la lluvia se está convirtiendo en hielo. Una mirada al rostro de mi asesora y sé que tengo que ceder. Así que lo hago, pero de muy mala gana. —Muy bien —digo—, pero lo hago bajo protesta. Y tú… —Apunto mi tenedor en dirección a Carin—, mejor que tengas helado en el congelador en caso de que tenga que quedarme contigo, de lo contrario, voy a estar muy enojada. Las tres se ríen. La profesora Gibson se aleja, dejándonos socializar tanto como tres estudiantes de último año pueden. Después de una hora de mezclarse, Hope, Carin y yo, tomamos nuestros abrigos. —¿A dónde vamos? —Le pregunto a las chicas. —D´Andre está en Malone´s y le dije que lo encontraría allí —dice Hope—. Nos tomará como dos minutos, así que estaremos bien. —¿De verdad? ¿Malone´s? Ese es un bar de Hockey. —Lloriqueo—. ¿Qué está haciendo D´Andre allí? —Bebiendo y esperándome. Además, necesitas echar un polvo y los atletas son tu tipo favorito. Carin resopla. —Su único tipo. —Hey, tengo una buena razón para preferir atletas —discuto.

13


—Lo sé. Lo hemos escuchado. —Rueda sus ojos—. Si quieres una respuesta a las interrogantes estadísticas, ve con los frikis de matemáticas. Si quieres un encuentro físico, ve con un atleta. El cuerpo es la herramienta de un atleta de élite. Se encargan de cuidarlo, saben cómo empujar sus límites, bla, bla. —Carin hace un gesto de parloteo con su mano izquierda. Levanto mi dedo medio. —Pero el sexo con alguien que te gusta es mucho mejor. —Eso viene de Hope, quien ha estado con D´Andre, su novio jugador de futbol, desde el primer año. —Me gustan —protesto—… por una hora, más o menos, o mientras los utilizó. Compartimos una risa, hasta que Carin trae a colación a un tipo que hizo caer el promedio. —Si embargo, ¿recuerdas a Greg diez-segundos? Me estremezco. —Primero, no te agradezco mucho por traer ese mal recuerdo, y segundo, no estoy diciendo que no son porquería. Sólo que las probabilidades son mejores con un atleta. —¿Y los jugadores de hockey son porquería? —pregunta Carin. Me encojo de hombros. —No lo sabría. No los eliminé de mi lista de prospectos debido a su desempeño en la cama, pero sí gracias a que son imbéciles híper-privilegiados, reciben favores especiales de los profesores. —Sabrina, chica, tienes que superar eso —dice Hope. —Nop. Los jugadores de Hockey no tienen el corte. —Dios, pero mira lo que te estás perdiendo. —Carin lame sus labios con lascivia exagerada—. ¿Ese chico en el equipo con la barba? Quiero saber cómo se siente. Las barbas están en mi lista de machos. —Adelante. Mi lista de chicos excluyente de jugadores de hockey sólo significa más para ti. —Estoy de acuerdo con esto, pero… —Sonríe—. ¿Necesito recordarte que te enganchaste con el mujeriego de Di Laurentis? Ugh. Ese es un recordatorio que nunca necesito escuchar. —Primero, estaba totalmente borracha. —Me quejo—. Segundo, eso fue en segundo año. Y tercero, él es la razón por la que me he alejado de los jugadores de hockey.

14


A pesar de que la Universidad de Briar tiene un equipo de fútbol ganador del campeonato, es conocida como una universidad de hockey. Los chicos que usan patines son tratados como dioses. El caso en cuestión, Dean Heyward Di Laurentis. Es uno de losespecializados en ciencias políticas como yo, así que hemos tenido varias clases juntos, incluyendo Estadísticas en nuestro segundo año. Por supuesto que fue difícil como la mierda. Todo el mundo se esforzó. Todo el mundo excepto Dean, quien estaba tirándose a la AP7. Y, ¡sorpresa!, le dio una A, que absolutamente no merecía. Sé que esto es un hecho, porque estuvimos emparejados para el trabajo final, y vi la basura que entregó. Cuando lo descubrí, quería cortar su polla. Era tan injusto. Me esforcé en ese curso. Demonios. Me esfuerzo en todo. Cada uno de mis logros se tiñe con sangre, sudor y lágrimas. ¿Mientras que algún imbécil se le entrega el mundo en un plato? Que. Se. Joda. —Se está poniendo loca de nuevo. —Le susurra Hope a Carin. —Está pensando en cómo Di Laurentes obtuvo una A en esa clase —gritasusurra Carin de regreso—. Realmente necesita echar un polvo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Comienzo a pensar en algo para devolverle cuándo me doy cuenta de que no puedo recordar mi último enganche. —Fue, um ¿Meyer? El tipo de lacrosse. Eso fue en Septiembre, y después fue Beau… —Me ilumino—.¡Ha! ¿Ves? Sólo ha pasado poco más de un mes. Difícilmente una emergencia nacional. —Chica, alguien con tu horario no se le permite pasar un mes sin sexo — responde Hope—. Eres una bola de estrés andante, lo que significa que necesitas un buen oral al menos… a diario. —Decide ella. —Cada dos días —argumenta Carin—. Dale al jardín de la dama un tiempo para descansar. Hope asiente. —Bien. Pero no hay descanso para el coño esta noche. Resoplo de risa. —¿Escuchaste eso B? Has sido alimentada, tuviste una siesta por la tarde, y ahora necesitas algunos momentos sexis —declara Carin. —Pero ¿Malone´s? —repito con cautela—. Acabamos de establecer que el lugar está lleno de jugadores de hockey. 7

AP: Asistente del Profesor.

15


—No exclusivamente. Pero Beau está allí. ¿Quieres que le pregunte a D´Andre? —Hope sostiene su teléfono, pero niego con la cabeza. —Oooh, ¡Marcando! De miedo. —Ciérralo. —Oblígame. —Hope mueve la cabeza, sus largas trenzas golpeando contra mi abrigo, y luego sale de la casa de la profesora Gibson. Carin se encoge de hombros y la sigue, y después de un segundo de vacilación, yo también. Nuestros abrigos están empapados en el momento en que alcanzamos el auto de Hope, pero tenemos nuestras capuchas, así que nuestros cabellos sobreviven al aguacero. Realmente no estoy de humor para charlar con cualquier tipo esta noche, pero no puedo negar que mis amigas tienen razón. He estado plagada de tensión durante semanas, y estos últimos días definitivamente he estado sintiendo el… deseo. El tipo de deseo que sólo puede ser eliminado con un duro cuerpo definido y una esperanzadora polla levantada del tamaño promedio. Excepto que soy extremadamente selectiva sobre con quien me engancho, y como había temido, Malone´s está lleno de jugadores de hockey cuando las chicas y yo entramos a zancadas cinco minutos más tarde. Pero, oye, si eso es lo que tengo para manejar, entonces supongo que no hace daño jugar y ver lo que pasa. Sin embargo, tengo cero expectativas mientras sigo a mis amigas a la barra del mostrador.

16


Traducido por lili-ana Corregido por Anna

Tucker —Mantente alejado de esa, chico. Es tóxica. Dean está dispersando su (generalmente equivocada) sabiduría a nuestro atleta de primer año a la izquierda. Hunter Davenport, mientras camino hacia Malone´s fuera de la torrencial lluvia. Los caminos son una mierda, y particularmente no quiero estar aquí esta noche, pero Dean insistió que necesitábamos una fiesta. Él había estado paseando sin descanso en nuestra casa todo el día, gruñón como el demonio, y obviamente molesto, pero cuando lo interrogué al respecto, se encogió de hombros y dijo que se sentía inquieto. Lo cual es una tontería. Yo podía ser considerado tranquilo en comparación con mis gritones compañeros de equipo, pero no lento. Y seguro como el infierno que no necesito ser un detective para poner unir las piezas. Allie Hayes, la mejor amiga de la novia de nuestro otro compañero de piso, se estrelló en nuestro lugar anoche. Dean es un mujeriego. Las chicas aman a Dean. Allie es una chica. Por lo tanto, Dean durmió con Allie. Además, estaba toda la ropa esparcida por la sala, porque Dean es físicamente incapaz de tener sexo en su dormitorio. No se lo ha confesado a ella aún, pero estoy seguro de que eventualmente lo hará. También estoy seguro que todo quedóaclarado la otra noche, Allie no está buscando una repetición. Aunque el porqué la aventura de una noche debería molestar a Dean, todavía tengo que averiguarlo. —Ella no se ve tóxica para mí. —Hunter arrastra las palabras, mientras sacudo el agua de mi cabello.

17


—Hey Fido. —Dean se queja en mi camino—, ve a secarte en otro lugar. Ruedo los ojos y sigo la mirada de Hunter, la cual está pegada a una morena delgada de espaldas a nosotros en el largo mostrador. Veo una falda corta, piernas asesinas, y grueso cabello oscuro cayendo por su espalda. Sin mencionar el más redondo, apretado y sexi culo que he tenido el placer de admirar. —Agradable —comentó antes de sonreír hacia Dean—. Lo tomo, ¿ya hashecho tu jugada? Su rostro se vuelve blanco de horror. —De ninguna manera. Esa es Sabrina, hermano. Ella ya revienta mis bolas en clase a diario. No la necesito reventándolas fuera de la escuela. —Espera, ¿esa es Sabrina? —digo lentamente. ¿Esta es la chica que Dean jura es su némesis—. La he visto por el campus, pero no me di cuenta que ella es de la que siempre estas quejándote. —La única y mismísima —murmura él. —Maldita lastima. Es agradable a la vista. —Más que agradable, en realidad. En el diccionario, al lado de bien estar una foto del trasero de Sabrina. También podría estar junto a las palabraspreciosa, maldita, y caliente —¿Cuál es el asunto con ustedes dos? —Salta Hunter—. ¿Es tu ex? Dean retrocede. —Joder no El novato frunce los labios. —¿Así que no estaré rompiendo el código de hermanos si hago un movimiento? —¿Quieres hacer un movimiento? Vuélvete loco. Pero te lo advierto, esa perra te comerá vivo. Aparto mi rostro para oculta una sonrisa. Suena como si alguien fuera rechazado a Dean. Definitivamente hay algún tipo de historia entre ellos, pero incluso después de que Hunter lo presiona sobre ello, Dean no entrega información. Al otro lado de la habitación, Sabrina gira. Probablemente sintió tres pares de ojos en su trasero, dos de los cuales están hambrientos. Su mirada atrapa la mía y la sostiene. Hay desafío en sus ojos y el competidor en mí se eleva a su encuentro. ¿Eres suficiente para mí? Parece estar preguntando ella. No tienes ni idea, querida

18


Un chispa de calor ilumina su mirada, así es hasta que cae sobre Dean. Inmediatamente, sus exuberantes labios se estrechan y levanta el dedo medio en nuestra dirección. Hunter gruñe y murmura algo sobre Dean arruinando su oportunidad. Pero Hunter es un bebé y esa chica tiene suficiente fuego para encender el mundo. No puedo imaginarla esperando ser llevada a la cama de alguien dieciocho años, especialmente si él ve la derrota al primer obstáculo. El niño tiene que lograr ser más fuerte si quiere jugar con los chicos grandes. Cavo en mi bolsillo por algo de dinero. —Voy a tomar una cerveza. ¿Ustedes chicos necesitan una recarga? Ambos sacuden su cabeza. Habiendo descargado mi deber de amigo, hago mi camino a la barra y a Sabrina, llegando en el momento en que el barman le entrega su bebida. Bajo veinte dólares. —Yo me encargo de eso, y tomaré un Miller cuando tengas un minuto. El barman agarra el billete y se apresura a la caja registradora antes de que Sabrina pueda objetar. Me da una mirada contemplativa y luego desliza la botella de cerveza a sus labios. —No dormiré contigo porque me compraste una bebida —dice ella sobre el borde. —Espero que no —respondo con un encogimiento de hombros—. Tengo estándares más altos que eso. Le doy un educado asentimiento y camino de regreso a la mesa donde algunos de mis compañeros se congregan. Detrás de mí, puedo sentir sus ojos clavados en mi espalda. Ya que ella no puede verme, me permito extender una sonrisa de satisfacción por mi rostro. Esta es una chica que es usualmente perseguida, lo que significa que necesito integrar una pequeña sorpresa a mi persecución. En la mesa, Hunter está mirando a otro grupo de chicas, y la cabeza de Dean está enterrada en su teléfono, probablemente enviándose mensajes con Allie. Me pregunto si los otros chicos se enteraron del trabajo sucio. Probablemente no. Garrett y Logan están con sus novias hasta mañana, lo más probable es que todavía estén en la oscuridad. Pero Garrett fue claro en que Dean mantuviera sus manos fuera de Allie este fin de semana. Él no quería ningún drama interfiriendo con su actualmente perfecta vida con Allie, la mejor amiga de Hannah.

19


Dado que no ha habido ninguna explosión o llamadas telefónicas frenéticas, apostaría que Dean y Allie están manteniendo la conexión de anoche en secreto. Justo cuando Hunter abre la boca para lanzar alguna mala línea hacia una de las chicas que están haciendo su camino hacia la mesa, las luces parpadean de manera inquietante Dean frunce el ceño —¿Es el Apocalipsis allí afuera o algo? —Se está lloviendo bastante duro —le digo. Después de eso, Dean decide irse. Me quedo, a pesar del hecho de que ni siquiera queríaveniral bar esta noche. No sé por qué, pero ese breve intercambio con Sabrina me tiene más que un poco excitado. No es que haya una escasez de chicas en mi vida. Podría no presumir sobre mis conquistas como Dean, o Logan, o mis otros compañeros, pero consigo un montón de juego. Incluso cedo a una aventura de una noche, si lo quiero. Y en este momento, lo quiero. Quiero a Sabrina debajo de mí. Sobre mí. En cualquier lugar que ella quiera ponerse para hacerlo. Y lo quiero tan desesperadamente, que tengo que frotar mi mano por mi barba, así no cedo a la tentación de deslizarla hacia abajo y frotar algo más. Aún no estoy seguro sobre cómo me siento sobre la barba. La dejé crecer alrededor del juego de campeonato de la primavera pasada, pero tenía al hombre de las montañas fuera de control en mí, así que me afeité durante el verano. Luego volvió a crecer, porque soy perezoso como el infierno, y recortándola es mucho más fácil que afeitarla. —Toma asiento, hombre. —Me anima Hunter. Sus ojos activamente telegrafiando que hay tres de ellas y dos de nosotros, pero estas chicas, tan bonitas como son, no me interesan en lo absoluto. —Todas tuyas, chico. Dreno mi botella y regreso a la barra donde Sabrina está aún de pie. Un par de otros depredadores se han acercado un poco. Les doy a todos una mirada dura y me deslizo en espacio vacante a su lado. Me apoyo en un codo detrás de mí en contra de lo alto de la barra, dándole la ilusión de la habitación. Ella me recuerda a uno de esos pequeños ponis salvajes, ojos grandes, largas piernas, y la promesa tácita del mejor viaje

20


de tu vida. Pero si juegas tu mano demasiado pronto, ella va a correr y no la atraparás. —¿Así que eres un amigo de Di Laurentis? Las palabras se lanzan casualmente, pero considerando que ella y Dean no se gustan mucho uno al otro, probablemente haya una sola forma de responder y esa es negando todo. Aun así, no le haré eso a un amigo, ni siquiera para conseguir un polvo. Y cualquiera que sea el problema que Sabrina tiene con Dean no me afecta, al igual que la opinión de Dean sobre Sabrina no dará forma a lo que estoy buscando con ella. Además, soy un gran creyente del dicho de ―no comiences lo que no tienes intensión de acabar‖. —Es mi compañero de cuarto. No hace ningún esfuerzo por ocultar su desagrado y comienza a ignorarme. —Gracias por la bebida, pero creo que veo a mis amigas llamándome. —Asiente hacia un grupo de chicas. Examino la multitud, ninguna de las cueles están mirando en nuestra dirección, y me giro hacia ella con unatriste sacudida de cabeza. —Tienes que hacerlo mejor que eso. Si quieres que me vaya, dime que me vaya. Luces como una chica que sabe lo que quiere y no tiene miedo de decirlo. —¿Eso es lo que Dean te dijo? Apuesto que él me llamó perra, ¿no? Esta vez opto por mantener la boca cerrada. En su lugar, tomountrago. —Tiene razón. —Continúa ella—. Lo soy y me disculpo por ello. Su barbilla sobresale adorablemente. Podría pellizcarla, pero creo que perdería algunos dedos y voy a necesitarlos más tarde esta noche. Tengo planeado tenerlos por todo su cuerpo. Ella toma otro trago de la cerveza que le compré, y observo los delicados músculos en su garganta trabajar. Joder, es hermosa. Dean podría haber dicho que ella succiona la vida de los bebé y yo todavía estaría aquí. Ella tiene ese tipo de atracción. Y no sólo se trata de mí. La mitad de la población masculina en el bar está lanzando miradas de envidia en mi dirección. Mi cuerpo no puede ocultarla ligeramente de la vista. —Está bien —digo a la ligera. —¿Está bien? —Pone la mirada de confusión más linda en su rostro.

21


—Síp. ¿Se supone que eso me asuste? Sus cejas perfectamente formadas chocan juntas. —No sé qué más dijo, pero no soy fácil. No estoy en contra de las conexiones, pero soy exigente acerca de a quién dejo entrar a mi cama. —No dijo nada sobre eso. Sólo que te gustaba reventar sus bolas. Pero ambos sabemos que el ego de Dean puede soportar un golpe de vez en cuando. La pregunta es si te gusta él. Parece que sí, porque él es la única cosa sobre la que puedes hablar. —Me encojo de hombros—. Si ese es el caso, me iré en este momento. Aunque Dean dijo que no tiene sentimientos por Sabrina, quiero asegurarme que no hay ninguna emoción persistiendo en su extremo. Su tono cuando lo mencionó fue enojado, sin embargo, no amargo, lo que tomo como una buena señal. La ira podría provenir de cualquier número de cosas. La amargura usualmente viene de sentimientos heridos. Cuando, no si, nos metamos a la cama juntos, debe ser porque ella quiere estar conmigo, no como una forma para conseguir a Dean de vuelta. Su mirada vuela sobre mi hombro hacia donde mi compañero de equipo todavía está sentado, luego regresa a mí. Ella y yo bebemos en silencio por un momento. Sus ojos color marrón chocolate son difíciles de leer, pero tengo la sensación de que está pesando mis palabras cuidadosamente. Podría ser que espera a yo hable, llenando el silencio, pero la estoy esperando. Además me da tiempo de inspeccionarla de cerca. Y desde esta distancia, ella es incluso más hermosa de lo que me di cuenta. No solo tiene un trasero de clase mundial y piernas interminables. Su pecho es del tipo que puede convertir a un hombre en religioso. Como en, gracias, Jesús, por crear está gloriosa criatura y por favor, señor, no la hagas una lesbiana. No mirar descaradamente la hermosa curvatura sobre su parte superior es una de las más difíciles cosas que he tenido que hacer. Finalmente, coloca su botella sobre la barra. —Sólo porque eres bonito no significa que estoy interesada. Sonrió. —Un chico tiene que empezar en alguna parte. Una reacia sonrisa tira de las esquinas de su boca. Pasa su mano contra su falda y la estira. —Soy Sabrina James. He escuchado todas las bromas sobre ser una bruja, y no, no estoy interesadaen Dean Di Laurentis. Tomo su mano en la mía y utilizo el contacto para empujarla una pulgada más cerca de mí. Pasos de bebé, ese es uno.

22


—John Tucker. Me alegra escuchar eso, pero deberías saber que Dean es como un hermano para mí. Nos hemos cubierto la espalda en el hielo por cuatro años, vivido juntos por tres de ellos y tengo la intensión de estar de pie en su boda y espero que él haga lo mismo en la mía. Dicho esto, él es mi amigo, no mi papá. —Espera, ¿te vas a casar? —dice confundida. Es casi divertido que de todo lo que dije, esa fuera la parte en que ella se interesara. Paso una mano por la parte exterior de su brazo y sin apretar enredo su muñeca con mis dedos. —En el futuro, querida. En el futuro. —Oh. —Levanta su cerveza y luego la baja cuando ve que está vacía—. Espera. ¿Quieres casarte? —Eventualmente. —Rió entre dientes por su asombro—. No hoy, pero sí, un día quiero estar casado y tener un hijo o tres. ¿Tú? El bartender viene, y empujo otros veinte dólares en su dirección. Pero Sabrina niega con la cabeza. —Estoy conduciendo. Una cerveza es mi límite. Nos ordeno agua en su lugar, y el regresa en un parpadeo con dos vasos altos. Las luces parpadean de nuevo, enviando una sacudida de urgencia a mis entrañas. Voy atener que cerrar este trato pronto o perderlo por completo. —Gracias —dice ella mientras bebé al agua—. Y, no, no me veo teniendo hijos o un esposo en el futuro cercano. Además, pensé que los jugadores de hockey les gustaba jugar en el campo. —En algún momento, incluso los grandes se retiran. —Sonrío sobre lo alto de mi vaso. Ella ríe. —Correcto. Te daré eso. Así que, ¿cuál es tu especialidad, John? —Tucker. Todos me llaman Tucker o Tuck. Y es administración de empresas. —¿Así tu puedes manejar todo tu dinero del Hockey? Todavía no dejo ir su muñeca, y con cada intercambio, estoy eliminando la distancia entre nosotros. —Nop. —Asiento hacia mi rodilla—. Soy demasiado lento para los profesionales. Me golpeé en la preparatoria. Soy lo suficiente bueno para una beca escolar aquí, pero conozco mis límites.

23


—Oh, lo lamento. —hay verdadero pesar en su voz. Dean es un tonto. Esta chica es tan dulce como viene. No puedo esperar a tener mi boca en la de ella. Y mis manos. Y mis dientes. Y mi polla dura-como-hierro. —No lo hagas. Yo no lo hago. Deslizo mi brazo a lo largo de la barra hasta que Sabrina esta esencialmente de pie en el círculo de mis brazos. Sus pies están metidos entre los míos, y si muevo mi cadera ligeramente hacia adelante, será capaz de hacer el contacto por el que mi cuerpo está muriendo. Pero si hay una cosa que he aprendido en todos los años que he jugado hockey, es que la paciencia es recompensada. No disparo inmediatamente cuando logro conseguir el puck. Espero por la abertura correcta. —Realmente nunca quise eso. —Añado—. Y creo que es una de esas cosas que realmente tienes que desear para perseguirla. Y entonces ella me la da. La abertura. —Entonces, ¿qué es lo que quieres estos días? —A ti —respondo sin rodeos. Dos cosas pasan. Las luces se apagan completamente y ella casi tira su vaso. La máquina de discos se extingue y de repente el bar parece demasiado tranquilo. A nuestro alrededor hay algunas carcajadas, algunos gritos de desaliento. —Mantengan sus pantalones puestos, niños —grita uno de los bartender—. Veremos lo que está pasando. El generador debe encenderse en cualquier momento. Como si fuera una señal, un zumbido llena el aire y luego una tenue luz ilumina la habitación llena de personas. —¿Aún sedienta? —pregunto, acariciando el interior de su muñeca con largos, y suaves movimientos. Subiendo hacia la parte interna del codo y de vuelta hacia su muñeca. Repito. Una, y otra, y otra vez, tocándola por los últimos diez minutos más o menos. Me inclino más cerca y rozo mi nariz contra el borde exterior del lóbulo de su oreja, llenando mis pulmones con su olor picante.

24


Podría estar aquí todo el día. Hay algo grandioso sobre extender la anticipación hasta que es casi doloroso. Esto hace que la liberación sea completamente más explosiva. Tengo la sensación de que el sexo con Sabrina Jame volará mi mente. No puedo esperar. Después de tomar una inhalación profunda, una que empuja sus perfectas tetas hacia mi pecho, ella relaja la espalda, no demasiado, pero lo suficiente para crear una pequeña franja de distancia. —No tengo relaciones —dice sin rodeos—. Si hacemos esto… —¿Hacer qué? —No puedo dejar de tomarle el pelo. —Esto. No te hagas el tonto, Tucker. Eres mejor que eso. Una risa sale. —Justo lo suficiente. De acuerdo… —Agito una mano—. Continúa… —Si hacemos esto —repite ella—, es sólo sexo. Sin un incómodo mañana después. Sin números de teléfono. Le doy una última caricia antes de liberarla, permitiéndole leer con mi silenciolo que ella necesita. Dudo mucho que una vez sea suficiente para cualquiera de nosotros, pero si eso es lo que ella necesita creer esta noche, estoy bien con eso. —Vámonos entonces. Sus labios de curvas. —¿Ahora? —Ahora. —Humedezco mi labio inferior con mi lengua—. A menos que quieras sentarte aquí un rato y seguir bailando alrededor del hecho que ambos queremos rasgar la ropa del otro. Deja escapar una risa gutural que va directo a mis bolas. —Muy buen punto, Tucker. Señor. Me encanta la forma que mi nombre sale de esos sensuales labios. Tal vez le pediré que lo diga cuando la esté haciendo venirse. La necesidad surgiendo a través de mí es tan fuerte que tengo que apretar mis nalgas juntas y respirar por la nariz para tratar de frenarla. Tomo el codo de Sabrina y la dirijo en el camino a la puerta. Algunas personas me llaman por mi nombre o me palmean la espalda para decirme buen juego. Los ignoro completamente.

25


En el exterior, aún está la tormenta. Empujo a Sabrina cerca y levanto la chaqueta blanca y plateada de hockey sobre su cabeza. Afortunadamente, mi camioneta está cerca. —Aquí. —Buen lugar de estacionamiento —comenta. —No puedo quejarme. —Es una ventaja de ser titular en el equipo universitario ganador del campeonato. La ayudo a entrar en la camioneta, luego me deslizo al asiento del conductor y arranco el motor. —¿A dónde? Se estremece un poco, aunque no estoy seguro de si es por el frío o por otra razón. —Vivo en Boston. —Mi lugar entonces. —Porque no hay ninguna jodida forma de que pueda esperar la hora que tomará conducir a la cuidad. Mi polla podría explotar. Coloca su mano en mi muñera antes que pueda cambia a reversa. — Vives con Dean. ¿Eso no será incómodo para ti? —No, ¿por qué lo sería? —No lo sé. —Su dedo índice se desliza haciadelante parafrotar mis nudillos. Aprieto mis dientes mientras mi erección casi rompe a través de la cremallera. La única razón por la que no la besé al momento en que salimos del bar es porque si hubiera comenzado, probablemente la habría tomado contra el constado del edificio. Pero ahora está tocándome. Y mi autocontrol es más difícil de contener que una nube de vapor. —Vamos a hacerlo aquí —dice con decisión. Frunzo el ceño. —¿En la camioneta? —¿Por qué no? ¿Necesitas velas y pétalos de rosa? Es simplemente sexo —insiste ella. —Querida, mantente diciendo eso y comenzaré a preguntarme si es realmente a mí a quien quieres convencer. —Mi respiración se atora cuando su pulgar traza un círculo pequeño en el centro de mi palma. Mierda. La necesito con demasiada urgencia—. Pero bien. Me quieres haciéndolo en esta camioneta, entonces la camioneta será. Sin otra palabra, alcanzo debajo de mí y empujo el asiento hacia atrás tan lejos como puede ir. Luego encogiéndome de hombros salgo de mi chaqueta y la tiro al asiento trasero.

26


—¿Tienes alguna regla para tus conexiones de solo sexo? —Arrastro las palabras—.¿Como no besar en los labios? —Demonios, no. ¿Luzco como Julia Roberts? Arrugo mis cejas. —¿Mujer bonita? —responde de inmediato— ¿La prostituta con el corazón de oro? ¿No besando a los Johns? Sonrío. —¿Así que estás diciendo que besaras a este John? —Toco mi pecho así ella sabe que estoy refiriéndome a mi nombre y no implicando que ella es una prostituta. Se ríe entre dientes. —Sino me besas, estaré enfadada. Necesito besar. De lo contrario sólo me quedo en casa con mi vibrador. Una sonrisa se arrastra por mi rostro. Con la espalda contra la ventana y la bota en la consola, creo una cuna para su cuerpo caliente y atraigo su atención hacia mí. —Entonces ven y consigue lo que necesitas.

27


Traducido por lili-ana Corregido por Anna

Sabrina Tucker se sienta allí con una ligera sonrisa en su rostro y una gran erección en sus pantalones. Mi lengua sale para humedecer mis labios mientras la emoción zumba a través de mis venas. Dios, ese monstruo se va a sentir tan bien dentro de mí. Mi mirada se posa es su cuidada barba, y me pregunto, brevemente, si debería haberle dado a Carin una oportunidad con él. Después de todo, las barbas estaban en su lista de machos. Pero ahora estoy preguntándome cómo se sentiría esa barba entre mis piernas. ¿Suave? ¿Chirriante? Aprieto mis muslos en anticipación. Hope y Carin estaban en lo correcto. Necesito echar un polvo, y jugador de hockey o no, creo que Tucker es el tipo para el trabajo. Él tiene confianza sin el ego, lo cual es increíblemente excitante. Cuando dijo ―tú‖ en respuesta a mi pregunta sobre qué era lo que quería, casi me vine en mi ropa interior. Y él parece firme, como si ni un terremoto pudiera sacudirlo. Incluso admiré la forma en que defendió a Dean, aunque sé que la lealtad está fuera de lugar. Tucker tuvo que haber sabido que si hubiese mentido sobre su amistad con Dean, podría haber conseguido una mejor oportunidad conmigo, pero eligió la honestidad, lo cual valoro más que todo. —¿Necesitas alguna orientación? —Su voz es baja y ronca, arrastrando esas sílabas. Dulce Jesús, ese acento. —Sóloconsidero mis opciones. —Me encanta que simplemente esté sentado allí, diciéndome que tome lo que necesito. Como si su gran polla sólo existiera para mí. No puedo esperar, pero tampoco puedo decidir lo que quiero primero. Mi boca se hace agua ante le idea de su eje arrastrándose contra mi lengua, pero mi núcleo duele por la anticipación de él estirándome, llenando todo el camino hacia arriba.

28


—¿Por qué no empezamos con lo besos que tanto aprecias? —sugiere él. Encuentro su mirada cliente. —¿Dónde? —pregunto tímidamente, raro, porque nunca soy tímida. Pero hay algo con su seguridad que saca la mujer en mí, y me parece que no me importa en lo absoluto. Toca un dedo grande contra su labio inferior. —Aquí. Tan seductoramente cómo es posible, me arrastro sobre la consola y sobre su regazo, permitiéndole a mis tacones caer al piso de la camioneta. Su boca se abre en invitación, pero no presiono inmediatamente mis labios en los suyos. En su lugar, corro las puntas de mis dedos por su barba, de un lado a otro de la mandíbula. —Suave —murmuro. Sus ojos se oscurecen y crecen con tanto deseo que es difícil de respirar. Y luego me agarra, cansado de esperar y hablar. Nuestras bocas chocan juntas. Enreda una mano en mi cabello y no estoy segura si es para obtener un mejor ángulo o proporcionar más agarre para forzar su invasión. De cualquier forma, su lengua está haciéndome sentir cosas mágicas en la parte inferior. Estoy olvidando porque casi lo rechacé. Es decir, ¿alto, caliente, cabello castaño oscuro, barba desaliñada? ¿Por qué si quiera lo dude? Oh, es cierto, porque es un jugador de hockey. Desgarrando mi boca lejos, jadeo. —Sólo para que conste, odio a los jugadores de hockey. Esto es un trato de solo-una-vez. Aleja mi cabello a un lado para revelar mi garganta. —Anotado. Ni siquiera recordaré eso cuando estés rogando por una segunda ronda. Riendo, agarro su cabeza y la mantengo contra mí mientras él lame su camino desde mi garganta hasta la parte superior de mis pechos. —Eso nunca sucederá. —No te ates. Eso hace más fácil repetirlo. Más elegante. Sus palabras son un tanto amortiguadas mientras entierra su rostro en mi escote. Una mano callosa tira de mi camisa, y luego escucho un gruñido frustrado cuando el escote no baja lo suficiente para darle el acceso a lo que quiere. Lo bueno es que nuestras necesidades están alineadas. Alcanzo entre nosotros y de un tirón saco mi suéter, y su boca sujeta mi pezón antes que pueda logar abrir mi sujetador. Cuando me estiro para desabrocharlo, sus manos alejan las mías.

29


Mi risa por su entusiasmo muere en mi garganta cuando su palma se cierra alrededor de un pecho desnudo. Me arqueo en su caricia áspera. Oh Dios, esto ha ido muy lejos, extremadamente demasiado tiempo. Mientras que la boca de Tucker está llena chupando mi pezón fruncido, sus dedos aprietan y burlas el otro. Es bueno en esto. Sabe qué tan profundo chupar, cuán duro morder, que tan suave besar, y a pesar de la vara en sus pantalones, actúa como si pudiera hacer esta hazaña de chupar pezones durante toda la noche. Balanceo la parte inferior del cuerpo sobre su erección, removiéndome para empujar mi falda fuera del camino, así realmente puedo sentirlo. Quiero sacarla, maldición. Quiero su cuerpo desnudo frotándose contra el mío. Lo quiero dentro de mí. Lo quiero todo. Tomo la parte inferior de su camiseta. Me ofrece cero ayuda, porque está demasiado concentrado en mis pechos en este momento. Encuentro el dobladillo y tiro. Solo entonces él se separa de mí, y el aire fresco de la camioneta provoca que mis pezones se aprieten aún más. —No necesito más juego previo. —Le digo mientras arrastro su camisa sobre su cabeza. Oh, Dios, musculoso atleta. Montones y montones de músculos, suaves, ondulados músculos se deslizan bajo mis palmas. Amo a los atletas. Sus manos cavan bajo mi falda. —¿Eso es cierto? No hay nada elegante sobre la forma que sus dedos empujan a un lado mi tanga, y no hay ninguna advertencia cuando empuja dos de ellos dentro de mí. Es sucio y tan caliente. Aire silba ente mis dientes mientras inhalo con fuerza. —Así, ¿verdad? —murmura él. —Está bien. —Miento, y soy inmediatamente castigada cuando se retira—. Bien. Se siente bien. Se retira de nuevo y utiliza ahora sus dedos húmedos rodeando ligeramente mi clítoris. Todo mi cuerpo se tensa, contrae y grita por más. —Sólo bien, ¿eh? —Se burla. Cedo. —Genial. Es Genial. —Lo sé. —Se ve satisfecho—. Odio decirte esto, Sabrina. Pero has cometido un gran error.

30


—¿Qué? ¿Por qué? Sus dedos sacan mi apretada tanga, la tela cortando mis labios hinchados. —Porque voy a arruinarte para todos los chicos en el futuro. Me disculpo de antemano. Luego jala la tela a un lado y cierra de golpe tres dedos dentro. La crudeza grafica de eso viene con una sorpresa gigante. Puedo sentirlo, a él, en todas partes. Incluso hasta los dedos de mis pies. Una ola de excitación choca sobre mí. Santa mierda, está haciendo que me corra. ¿Es incluso posible? Lo miro con la boca abierta, y él me sonríe de regreso, dientes blancos contra su piel bronceada y su barba, completamente consiente que está volando mi mente. Sus dedos se mueven de nuevo, dos de ellos frotándose contra ese punto que difícilmente alguien encuentra más que yo. Y se mantiene frotando mientras balancea sus dedos dentro de mí. Y me sigo viniendo. Dejo caer mi cabeza hacia atrás y mis parados caen cerrados y me entrego al placer que sube en espiral a través de mi cuerpo hasta que soy una masa temblorosa de sensaciones. Cuando caído de regreso a la tierra, me encuentro tumbada contra su pecho, jadeando por aire. Nunca me he venido tan duro en mi vida, y el chico ni siquiera ha estado dentro de mí aún. Mi corazón está latiendo increíblemente rápido, y mi mente perezosa está teniendo un momento difícil para ponerse al día. Él es solo un chico. Un chico normal, me recuerdo a mí misma. Una polla y dos bolas. Eso no es nada especial. —No he tenido sexo desde hace tiempo —murmuro mientras mi respiración se normaliza—. He estado súper estresada. Mi cuerpo realmente necesitaba una liberación. Tres dedos largos se flexionan dentro de mí. —Cualquier cosa que necesites decirte a ti misma, cariño. Hay diversión petulante en su voz, pero el chico solo me manoseo hasta el orgasmo (lo que nunca pasa para mí), así que supongo que no puedo culparlo. Arrastra las yemas de sus dedos a lo largo de mis terminaciones nerviosas sensibles mientras se retira, sacando otro involuntario estremecimiento de mí. Entre nosotros, su mano se levanta y la humedad brilla en sus dedos incluso en la cabina oscura de su camioneta. No estoy preparada para la sorpresiva excitación que me golpea cuando los chupa para limpiarlos. Trago saliva.

31


Una sacudida de la palanca y su asiento cae completamente plano. Tucker se acuesta y me atrae otra vez. —Ven aquí y folla mi rostro. Necesito más de eso. Oh. Mi. Dios. ¿Quién es este chico? Tal vez no debería subir mi falda hasta la cintura y arrastrarme hacia adelante, pero lo hago. Es como si me fuera lanzado un hechizo, y fuera incapaz de desobedecerle. —Vas a querer sujetarte —dice con voz áspera—, porque voy a hacerte venir de nuevo. —Eres tan jodidamente arrogante. —No. Soy seguro. Ahora dame ese dulce coño y monta mi lengua. Oh, dulce niño Jesús. El sexo con Tucker es más sucio y más caliente de lo que pensé que sería. No luce como si fuerade esta manera, pero, ¿no siempre son los más callados? Me gusta, casi demasiado. Su respiración calienta mi piel mientras bajo sobre su rostro. —Joder, sí. —Es lo último que dice antes de que su boca se pegue a mí. No sólo utiliza su lengua. Usa sus labios, sus dientes para raspar a través de mi hipersensible clítoris. Una mano sujeta mi cadera mientras la otra me folla con los dedos. ¿Y su lengua? Me prueba por completo, lamiendo hasta que estoy amortiguando los sollozos contra mi muñeca. Luego me separa con dos dedos y me mantiene abierta mientras su lengua se clava con fuerza dentro de mí. Tiene razón, necesito sujetarme. Agarro los lados del asiento y luego estoy fuera. Me lleva directo al borde del acantilado y me lanza. Aunque aún estoy temblando por mi segundo orgasmo de la noche, Tucker me levanta de su rostro y baja a su regazo donde de alguna manera su polla está libre de sus pantalones. Alcanzo entre nosotros y lo agarro. —Espera —ladra él, pero es demasiado tarde. Succiono mi labio inferior mientras la ancha cabeza lentamente me penetra. Ansiosamente, me empujó hacia abajo, queriendo llenarme. Sus manos encuentran mis caderas, y suelto un suspiro de anticipada satisfacción, sólo para gritar con consternación cuando me aparta. —Condón —dice con severidad.

32


Echo un vistazo entre nosotros por la sorpresa. Nunca cometo ese error. Nunca. Mi mano vuela a mi boca. —Lo siento. No estaba pensando… Busca a tientas en sus pantalones, encuentra su cartera y la lanza hacia mí. —No es gran cosa. Fue sólo la punta. Un malicioso guiño logra sacar una risa de mí. Muerdo el empaque y luego coloco la goma sobre la cabeza de su eje. —Estoy limpia. —Me siento obligada a decirle—. Hago la prueba después…—Me apago, sintiendo que hablar de encuentros pasados está mal cuando estoy desnuda y a punto de empalarme a mí misma en alguna polla—. Bueno, después. Y estoy tomando la píldora. —Todo estuvo bien para mí la ultima vez —dice él. Sus parpados se cierran de golpe a medida que desenrollo el condón por la gruesa y caliente columna de carne. Un gemido escapa de su boca, y luego cepilla mi mano a un lado para apoderarse de sí mismo. —¿Lista? —pregunta, posicionando la cabeza en mi entrada. No sé si asiento, o gimo, o ruego, pero cualquiera que sea el sonido que sale de mi boca debe sonar como unaafirmación, porque se empuja hacia arriba con un movimiento rápido hasta que está situado hasta la empuñadura. —Joder, eres tan apretada —susurra entre dientes. —Y tu eres tan malditamente grande —grazno, retorciéndome en su parte superior. Agarra mis caderas para sostenerme y superficialmente bombea dentro de mí. —No te muevas. —No puedo detenerme. —La fricción se siente tan bien. Si pensaba que sus dedos y lengua eran mágicos, su polla es supe-natural. Puedo sentirlo por todaspartes. Hundo mis rodillas en el asiento de cuero y descanso mis manos sobre su pecho. Los músculos se flexionan bajo mis palmas, y arrastro la mirada sobre su abdomen surcado, el ligero vello en su pecho, y la delgada línea que conduce directamente hasta el cielo. Él es tan delicioso a la vista como se siente. Me pregunto cómo sabe, pero eso tendrá que venir más tarde. En este momento, lo necesito para follarme hasta que la ansiedad por Harvard, el dinero, y mi vida en casa sea expulsada completamente. Quiero ser destrozada y él es hombre perfecto para el trabajo. Me estampo sobre él. Una mirada fiera cruza su rostro y luego una enorme palma golpea contra mi culo. Me enciende, encontrando la ventaja de alguna

33


parte, y a pesar que estoy encima, claramente él tiene el control, que es exactamente lo que quiero. Sus dientes están apretados y siento la picadura de sus dedos en mi culo, empujándome hacia abajo con cada empuje hacia adelante. Aprieto mis muslos tensos a su alrededor y me entrego a su cuidado, permitiéndole elevarme hacia el olvido. —Vente para mí —susurra—. Toma lo que necesites. Dentro de mí, su polla palpita, y luego sus dedos encuentran mi clítoris, acariciando y burlándose hasta que me vengo como un cohete, temblando tan duro que apenas puedo estar al tanto de él. Tucker se levantaun poco para estrecharme en su pecho, golpeando dentro de mí tan duro que tengo que levantar las manos temblorosas al techo de la camioneta para evitar que mi cabeza golpee con él. Se conduce dentro de mí una y otra vez, hasta que de pronto él es el tembloroso y sin poder de razonamiento que tiene dificultades para mantener cualquier tipo de control. Colapsa contra el asiento, tomándome con él. Me permito unos momentos egoístas para recuperar el aliento, disfrutando contra el pecho grande debajo de mí. Temblores dan paso a la alegría. Una parte de mí quiere estirar este momento interminablemente, acurrucada en el regazo de este chico mientras su mano corre dulcemente arriba y abajo por mi espina dorsal. —¿Seguro que no quieres pasar la noche en mi casa? —pregunta él. Por un segundo, casi digo que sí. Sí, a ir su casa. Sí, a otra ronda de sexo. Sí, a desayuno en la mañana, saltarse el trabajo, y pasando el día completo en la cama con él. La necesidad me sorprende y asusta. Tomo una respiración profunda y recojo los pedazos de mi compostura que él folló hasta despedazarla. —No. Tengo que llegar a casa. Sólo sexo. Correcto. Esto es sólo sexo. John Tucker es bueno en la cama. Tan bueno que debería recibir un trofeo. Pero no es lo mejor que he probado antes. Sólo se siente de esa manera debido a la tensión bajo la que estoy. O incluso si fuera el mejor que he tenido, eso no significa nada más que un punto a favor a los datos sobre la teoría de que los atletas son buenos amantes. Vigoroso. Dedos y lengua de clase mundial. Una polla que podría servir como modelo para las versiones grandes en una sex shop.

34


Rebusco alrededor por mi camisa y chaqueta. Me lanzo sobre ellas, ni siquiera importando que probablemente estén al revés. Necesito salir de esta camioneta e ir a mi auto. —Estoy lista —anuncio—. Mi auto está solo a una par de cuadras de aquí. Sus hermosos ojos se suavizan. —Luces un poco conmocionada. Me retuerzo con agitación, pero su expresión no muestra nada más que preocupación. —Estoy bien. —Le aseguro. Tucker se sienta y se quita el condón, atándolo y luego envolviéndolo dentro de una servilleta. Juguetea con sus llaves por un momento y luego enciende la camioneta. —¿Dónde? Dejo escapar un suspiro de alivio. —Sobre Forest. Big Victorian. —Lo tengo. Conducimos la corta distancia en silencio. Al primer vistazo de mi auto, el deseo de huir es difícil de resistir. Tengo la puerta abierta antes que se haya detenido por completo. —Nos vemos —digo a la ligera. —Te acompaño a tu auto. Levanta sus caderas para subir sus pantalones, alertándome del hecho que él aún está medio desnudo. Trato de no mirar cuando mete su polla semidura. Él podría ir por otra ronda fácilmente. Mi cuerpo implora por más contacto, el cual ignoro mientras salgo de la camioneta. Cuando Tucker se une a mí, su camiseta está de regreso y pantalones están en sus caderas, la cremallera deshecha. Aún tiene las botas. Un gorgoteo de histeria dispara en mi garganta. ¿Él me follóasí debien y ni siquiera se quitó las botas? —Te seguiré tu casa —dice él —Te lo dije, vivo en Boston. Se encoge de hombros. —¿Y? Los caminos son una mierda y quiero asegurarme de que llegues a casa bien. —Estaré bien. He hecho esteviaje docenas de veces antes. —Entonces envíame un mensaje cuando llegues a casa.

35


—Sin números de teléfono. —Le recuerdo, sintiéndome extrañamente en pánico. —Es un texto o seguirte. —Hay determinación en su voz. Supongo que tuve una aventura de una noche con el último caballero que queda en este planeta. —Está bien. —Saco mi teléfono del bolsillo de mi abrigo—. Pero estás matando todos los buenos sentimientos. Sus ojos marrón claro brillan. —No debería importar, verdad, ¿porque esto no se va repetir? Tiene una maldita respuesta para todo. —Deberías estar el pre-leyes — murmuro—. Dame tu número. Tecleo a media que recita, luego desbloqueo mi auto y prácticamente me lanzo en el asiento del conductor. Afortunadamente, el motor de mi a-vecespoco-confiable Honda enciende inmediatamente. Abro mi ventana una pulgada y murmuro un precipitado: —Buenas noches Tucker. —Responde con un ligero movimiento de cabeza. Lo observo en el espejo retrovisor cerca de una cuadra, una figura solitaria contra el telón de fondo iluminado por la luna, antes de forzar la mirada hacia adelante. Allí es donde mi atención tiene que estar. El viaje a casa pasa en un borrón, sin embargo, mi mente reproduce la escena caliente de sexo. Estúpida mente. Pero… el sexo fue tan bueno. ¿Haría algún daño verlo de nuevo? Aparco en el asfalto agrietado de la cochera detrás de la casa y simplemente me siento allí por un momento. Luego paso una mano por mi cabello alborotado por el sexo y alcanzo el teléfono. Yo: estoy aquí La respuesta es inmediata Él: Bien. Me alegra escucharlo. Siéntete libre de usar este número de nuevo. ¿Quiero usarlo –a él– de nuevo? Es tan tentador. John Tucker fue caliente como el infierno, me folló como un dios, y estaba tan relajado que nada parecía perturbarlo. No hizo ninguna pregunta difícil, y no pareció interesado en esperar nada más de lo que yo podía ofrecer. ¿Con que frecuencia un tipo como aparece?

36


Yo: Lo mantendré en mente. Él: hazlo cariño. Paso el pulgar por mi labio, recordando lo bien que se sintió cuando me besó. Argh. Tal vez usaré ese número de nuevo. El agotamiento me golpea en el momento que salgo del auto. Necesito dormir, INMEDIATEMENTE. Mañana va a ser tan largo y agotador como lo fue hoy, y no puedo decir que estoy deseando que llegue. Cuando tropiezo a través de la puerta, Nana está sentada en el mismo lugar que la dejé. Sospecho que la única vez que se movió en las más o menos cuatro horas desde que me fui fue para orinar la botella vacía de coca en la mesa de la cocina. La botella estaba llena antes de salir. Hay una revista diferente frente a ella, sin embargo. Creo que es Enquirer. Nota mi aspecto desaliñado. —Pensé que tenías una fiesta coctel. —Una sonrisa se forma—. Luces como si tú hubieras estado en el menú. Calor inunda mi rostro. Síp. No hay nada como una palabra de Nana para colocar el mundo de regreso en orden. Ignoro el pinchazo y me dirijo a la entrada. —Buenas noches —murmuro. —Buenas noches —responde, su risilla me sigue hasta el dormitorio. Después de que he cerrado y bloqueo la puerta, saco mi teléfono y aparece el nombre de Tucker. Por un largo momento, lo miro fijamente. Estoy tentada a escribirle algo. Cualquier cosa. En su lugar, voy a la pantalla de información y presiono ―BLOQUEAR‖. Porque no importa cuán sexi es o cuantos orgasmos puede sacar de mí, no hay lugar en mi vida para una segunda vez con él.

37


Traducido por Mae Corregido por Anna

Tucker El sonido de un motor encendiéndose me despierta. Todavía está oscuro, pero puedo distinguir la más pequeña franja de luz en el horizonte, una franja grisácea en un fondo negro. Muevo la palanca de mi asiento y permito que el mecanismo me eleve, justo a tiempo para ver un pequeño Honda Civic saliendo del camino de Sabrina James. Medio dormido, reviso la hora en el tablero. Las cuatro de la mañana. Cuando su auto pasa, veo un cabello oscuro y antes de que lo sepa, me meto al tráfico detrás de ella. La seguí a Boston anoche porque los caminos estaban helados y estaba preocupado por ella. Y no creía que me enviara un mensaje. Después de que se corrió la última vez, se cerró totalmente. Era obvio que la intimidad no era algo con lo que se sentía cómoda. Tengo la sensación de que podría decirle cualquier cosa sucia que quisiera y estaría completamente de acuerdo, pero una palabra tierna y cariñosa y saldría corriendo. Diablos, ella casi saltó de mi camioneta en su prisa por escapar. Sin embargo, no lo tomé personalmente. Extiendo mi espalda lo mejor que puedo. No he dormido en mi camioneta en mucho tiempo, y mi cuerpo me está recordando la razón exacta del por qué. Pero era dormir algo o arriesgarme a volver en las carreteras resbaladizas. Elegí dormir en mi auto. El auto de Sabrina se pasa una luz amarilla y luego da vuelta a la izquierda. Para cuando la alcanzo, se detiene en el estacionamiento de empleados de una oficina de correos del sur de Boston. Un segundo después, baja del asiento del conductor con un uniforme de trabajo, su largo cabello atado en una cola de caballo. Una sonrisa se curva en mi rostro. ¿Ardiente, brillante como el sol, y una trabajadora dura? Maldita sea. A mi madre le encantaría esta chica. *

38


Vuelvo a Hastings con una sonrisa estúpida en mi rostro y me tiro en mi cama para dormir durante tres miserables horas. Luego subo a la camioneta y conduzco al campus para reunirme con mi grupo de estudio, porque mañana tendremos una gran prueba de marketing. Aunque no estoy seguro de que esta sesión a las nueve de la mañana vaya a ayudar mucho en mi estado atontado. Dos tazas de café logran despertarme un poco, y me siento mucho más alerta cuando la sesión se termina alrededor de las once. En vez de ir a casa inmediatamente, tomo un tercer café y saco mi teléfono. Es hora de hacer un poco de investigación, y prefiero hacerlo en la cafetería que en casa, donde mis compañeros de habitación pueden hacer preguntas. Sé que Sabrina tiene clases con Dean, pero Dean no es exactamente confiable cuando se trata de ella, así que busco a la única otra estudiante de ciencias políticas que conozco, Sheena Drake. Ella es una ex, pero sigue siendo una buena amiga mía. En realidad, no puedo pensar en una sola ex de la que no sea amigo. Yo: ¿Qué sabes de Sabrina James? Sheena responde de inmediato, lo que me dice que, o no salió de fiesta anoche, o festejó tanto que nunca llegó a acostarse. Ella: Ugh. La odio. Frunzo el ceño a la pantalla. Yo: ¿Por qué? Ella: xq es más ardiente que yo. Perra. Mi bufido llama la atención del trío de estudiantes en la mesa vecina. Otro mensaje de Sheena aparece. Ella: Pero es más caliente que TODAS. ¿Así que supongo que no puedo estar enojada? ¿Por qué estás preguntando por ella? Yo: Me topé con ella anoche. Parecía genial. Ella: No lo sabría. Tengo 2 clases con ella, pero no habla demasiado. Es súper inteligente. El rumor es que solamente sale con atletas. Bebo mi café mientras reflexiono sobre eso. Supongo que tiene sentido, ya que nos enrollamos anoche. Mi teléfono vibra con otro mensaje de Sheena. ¿T gusta?

39


Teniendo en cuenta que tuve mi lengua, boca, dedos y polla en ella anoche, creo que podría gustarme mucho. Pero sólo escribo Tal vez. Ella: ¡¡¡Lo estás!!! ¡¡¡Dímelo todo!!! Yo: No hay nada k dcr. T veré en Eco mñn? Ella: Síp. Yo: Bn. Grcs, nena. Ella: <3 Me desplazo a través de mi lista de contactos buscando a alguien que pueda conocer a Sabrina, pero sólo un nombre aparece. Diablos, probablemente sea la persona con la que debería haber hablado primero. Me trago el resto de mi café, luego me dirijo hacia la puerta. Le envió un rápido texto, pero no hay respuesta instantánea, así que en vez de esperar envío otro mensaje, esta vez a Ollie Jankowitz, el compañero de habitación del tipo al que estoy tratando de localizar. Yo: ¿Ests con Beau? Él: Negativo. Yo: Sabes dónde está? Él: Gimnasio. Bueno, eso fue fácil. Dejo mi camioneta en el estacionamiento de estudiantes y decido caminar, ya que el estadio de fútbol está a un corto paseo desde la cafetería. Mi ID8 de jugador de hockey en Briar no me da acceso a la instalación de entrenamiento, pero por suerte llego a la puerta al mismo tiempo que un liniero de segundo año, que me deja entrar. Encuentro a Beau Maxwell en la sala de pesas, trabajando en su pecho y brazos. Beau es el querido mariscal de campo de Briar y, hasta donde sé, el último tipo que tuvo el interés de Sabrina por un período de tiempo significativo. Es un amigo mío, más cercano a Dean que cualquiera de nosotros, pero seguimos siendo amigos y prefiero que oiga que estoy persiguiendo a Sabrina de mí que del molino de chismes. Los atletas pasan tanto tiempo como cualquier persona hablando de conexiones, novias, y futuros ligues.

8

ID: Identificación.

40


—Maxwell. —Lo llamo mientras cruzo la habitación, que huele a sudor y a suministros industriales de limpieza—. ¿Tienes un minuto? Beau no se aleja del espejo. —Por supuesto. Voy a hacer prensas de banco en un segundo. Puedes verme. —Suena como un plan. —Me siento en el banco al lado de él y mentalmente cuento sus repeticiones mientras las hace. A las diez, suelta la pesa de cincuenta libras y se vuelve hacia mí. —Estoy levantando peso ligero, dobles repeticiones —explica, sintiendo la necesidad de justificar el peso de dos-cincuenta en la barra. —¿Deberías incluso levantar algo? —No sé mucho sobre la posición de mariscal de campo, pero me parece que cualquier músculo extra podría afectar su brazo de lanzamiento. —Sólo pesas ligeras —reitera. Cuando se reclina y lo toma, me muevo a la cabecera del banco. Con estos pesos, dudo que pueda hacerse daño, así que la posición de observador es innecesaria. Pero me da algo que hacer mientras hablamos. —Escuché que te enrollaste con Sabrina James este otoño. —Comienzo torpemente—. ¿Todavía te gusta? Beau inclina la cabeza hacia atrás para poder mirarme fijamente. Tiene vivos ojos azules en los que estoy seguro de que la mitad de las chicas de Briar se han perdido. O han soñado con perderse. —Naah, para aprovechar eso?

nada

—responde

finalmente—. ¿Por

qué? ¿Quieres

Ya lo hice, amigo. Pero repito lo que le dije a Sheena. —Tal vez. —Entiendo. Bueno, si buscas más que una conexión, no es tu chica. —¿Sí? —Oh sí. En serio, Tuck, es más cerrada que una almeja. No tiene tiempo. —Beau arruga su frente—. Tiene como cuatro o cinco empleos, y tienes que ajustarte a su horario. Como un médico de guardia. —Es bueno saberlo. Él termina sus repeticiones en silencio. Cuando ha terminado, se levanta, y le arrojo una botella de agua que encuentro junto al banco. —¿Necesitas más ayuda? —pregunto.

41


—Naah, lo tengo. —Te veo por ahí entonces. —Doy un paso, luego lo miro de nuevo—. ¿Me haces un favor y conservas esta conversación entre nosotros? Asiente. —Claro. Estoy en la puerta de salida cuando Beau me llama. —Oye, ¿y si dijera que todavía estoy interesado? Me doy la vuelta para encontrarme con su mirada. —Eso sería demasiado malo. Beau se ríe entre dientes. —Ya me lo imaginaba. Bueno, más poder para ti, amigo, pero te estoy advirtiendo... hay mujeres más fáciles que Sabrina. —¿Por qué querría algo fácil? —Le doy una sonrisa—. Eso no suena divertido.

42


Traducido por Carilo y Mariela Corregido por Anna

Sabrina Estoy teniendo uno de esos días. El tipo de día en el que vivo en un dibujo animado y soy el corre caminos, apresurándome de un lugar a otro sin una sola oportunidad de sentarme o respirar. Bueno, técnicamente duro bastante tiempo sentada en mis muchas sesiones de clases en la mañana, pero no es relajante en absoluto, porque estamos preparando nuestros ensayos de Ley Constitucional los cuales componen la totalidad de mi grado, y estúpidamente elegí uno de los temas más difíciles, las diferentes normas jurídicas aplicadas para examinar la constitucionalidad de las leyes. El desayuno consiste en un croissant de queso que devoro en el camino hacia Teoría Política Avanzada para los Medios de Comunicación y Gubernamentales. Y ni siquiera llego a terminarlo, porque en mi prisa voy por el camino de adoquines que se extiende por el campus y término dejando caer el croissant en un charco de lodo. Mi estómago gruñe enojado durante la conferencia de medios de comunicación, luego se vuelve más fuerte y más enojado cuando me reúno con mi asesor para hablar de mis finanzas. No encontré ninguna carta de aceptación en mi buzón de correo electrónico esta mañana, pero debo creer que al menos logré entrar en uno de los programas a los que aplique. Incluso las escuelas de segundo nivel costarán un dineral, lo que significa que necesito una beca. Si no entro en una de las mejores escuelas de derecho, no habrá una oferta de trabajo de alguna gran firma con su cheque de pago de seis cifras, y eso significa aplastantes, desmoralizar e interminables deudas. Después de la reunión, tengo una tutoría de una hora para mi clase de Teoría de Juegos. Está dirigido por el AP, un tipo delgado con el cabello de Albert Einstein y con el molesto y pretencioso hábito de incorporar PALABRAS REALMENTE GRANDES en cada frase que pronuncie. Soy una persona inteligente, pero cada vez que estoy cerca de este tipo, estoy secretamente buscando palabras en la aplicación del diccionario de mi teléfono bajo la mesa. Realmente no hay razón para que una persona use la

43


palabra parsimoniosa cuando puede decir sobrio, a menos que sea un idiota total, por supuesto. Pero Steve piensa en sí mismo como un pez gordo. Aunque el rumor dice, que sigue siendo un AP porque ha fracasado -dos veces- en defender su tesis y no puede conseguir ser un profesor asociado en ninguna parte. Una vez que la reunión termina, meto mi portátil y cuaderno en mi bolsa de mensajero y voy directo a la puerta. Tengo tanta hambre que me siento mareada. Afortunadamente, hay un lugar de sándwich en el vestíbulo del edificio. Vuelo por la puerta, sólo para detenerme cuando una cara familiar me saluda. Mi corazón late tan fuerte que es embarazoso. He pasado el último día y medio obligándome a no pensar en este tipo, y ahora está parado aquí, en carne y hueso. Lo devoro con mi mirada ansiosamente. Está llevando su chaqueta de hockey nuevamente. Su cabello castaño rojizo, las mejillas sonrojadas como si acabara de salir del frío. Vaqueros desteñidos envuelven sus increíblemente largas piernas, y tiene las manos enganchadas ligeramente en la parte superior de sus bolsillos. —Tucker —chillo. Sus labios se elevan. —Sabrina. —¿Q-qué haces aquí? —Oh, Dios mío. Estoy tartamudeando. ¿Qué pasa conmigo? Alguien me empuja desde atrás. Me apresuro a apartarme de la puerta para dejar salir a los otros estudiantes. No sé qué decir, pero sé lo que quiero hacer. Quiero arrojarme sobre este tipo, envolver mis brazos alrededor de su cuello, mis piernas alrededor de su cintura, y atacarlo con mi boca. Pero no lo hago. —Estás ignorando mis textos —dice con franqueza. La culpa hace cosquillas en mi garganta. No estoy ignorando sus textos, no los he recibido. Porque bloqueé su número. Sin embargo, mi corazón hace otra tonta voltereta al saber que ha estado enviando mensajes de texto. De repente, deseo saber lo que ha dicho, pero no voy a preguntarle. Eso sólo sería buscar problemas. Por alguna estúpida razón, sin embargo, me encuentro confesando. —Te bloqueé.

44


En lugar de parecer ofendido, se ríe entre dientes. —Sí. Pensé que podrías haberlo hecho. Por eso te busqué. Estrecho mis ojos. —¿Y cómo lo hiciste, exactamente? ¿Cómo sabías que estaría aquí? —Le pregunté a mi asesor por tu horario. Mi mandíbula se abre. —¿Y te lo dio? —En realidad sí. Y sí, estaba feliz de hacerlo. La incredulidad y la indignación se mezclan en mi sangre. ¿Qué demonios? La facultad no puede entregar los horarios de los estudiantes a quien los pida, ¿verdad? Eso es una violación de la privacidad. Aprieto los dientes y decido que en el momento en que pase la escuela de abogados, mi primera orden de asuntos legales será demandar a esta estúpida universidad. —¿Te dio mi expediente también? —murmuro. —No. Y no te preocupes, estoy seguro de que tu horario no va a ser transmitido en forma de volante alrededor del campus. Sólo me lo dio porque juego hockey. —¿Se supone que eso me haga sentir mejor? ¿El recordatorio de que eres un idiota privilegiado que recibe un trato especial porque patinas en el hielo y ganas trofeos? Me alejo, mi ritmo es enérgico, pero él es lo suficientemente grande como para que sus pasos se coman el suelo y está a mi lado en un instante. —Lo siento. —Suena genuinamente arrepentido—. Si ayuda, normalmente no juego la carta del atleta para obtener favores. Demonios, podría haberle pedido a Dean tu horario, pero pensé que te gustaría menos. Tiene razón al respecto. El pensamiento de Tucker hablando con Dean Di Laurentis acerca de mí hace que se me ponga la piel de gallina. —Magnifico. Bueno, me has rastreado. ¿Qué quieres, Tucker? —Camino más rápido. —¿Cuál es la prisa, cariño? —Mi vida —murmuro. —¿Qué? —Siempre tengo prisa. —Aclaro—. Tengo veinte minutos para poner algo de comida en mí antes de mi próxima clase.

45


Llegamos al vestíbulo, donde al instante me pongo en la fila del puesto de sandwich, escaneando el menú en la pared. El estudiante delante de nosotros sale del mostrador antes de que Tucker pueda hablar. Me apresuro a dar un paso adelante para hacer mi pedido. Cuando alcanzo mi monedero en mi cartera, la mano de Tucker cae sobre la mía. —Lo tengo —dice, ya sacando un billete de veinte dólares de su cartera de cuero marrón. No sé por qué, pero eso me molesta aún más. —¿Primero las bebidas en Malone, y ahora el almuerzo? ¿Qué estás tratando de mostrar? ¿Asegurándote que sepa que tienes dinero de sobra? Dolor destella en sus profundos ojos marrones. Mierda. No sé por qué lo estoy antagonizando. Es sólo que... él apareció aquí, admitiendo que pidió algunos favores para encontrarme, pagando por mi almuerzo... Se suponía que era una cosa de una sola vez, y ahora él está frente a mí y no me gusta. No, eso no es verdad. Me encanta tener su cara cerca de la mía. Es tan sexy, y huele tan bien, como sándalo y cítricos. Quiero enterrar mi nariz en la firme columna de su cuello e inhalarlo hasta que consiga drogarme con el contacto. Pero no hay tiempo para eso. El tiempo es un concepto que no existe en mi vida, y John Tucker es una distracción demasiado grande. —Estoy pagando por tu almuerzo porque así es como mi mamá me crió — dice en voz baja—. Llámame anticuado si quieres, pero así es como me muevo. Me trago otra oleada de culpa. —Lo siento. —Mi voz se estremece ligeramente—. Gracias por el almuerzo. Lo aprecio. Bordeamos el otro extremo del mostrador, esperando en silencio mientras una niña de pelo rizado prepara mi sándwich suizo y jamón. Ella lo envuelve para mí, y lo meto debajo de mi brazo mientras destapo la soda dietética que había pedido. Entonces estamos de nuevo en movimiento. Tucker me sigue por la puerta, viendo con diversión como trato de hacer malabares con mi bebida, bolsa de mensajero y desenrollar mi sándwich al mismo tiempo. —Déjame sostener eso por ti. —Él toma la botella de mi mano. Hay una dulzura en su rostro mientras me observa hincarle el diente a mi pan de centeno ligeramente tostado.

46


Apenas mastico antes de que esté tomando el segundo bocado, lo cual lo hace reír. —¿Hambre? —bromea. —Famélica. —Admito, y ni siquiera me importa si estoy siendo grosera por hablar con la boca llena. Desciendo rápidamente los anchos escalones. Una vez más se mantiene junto a mí. —No deberías comer mientras caminas. —Aconseja. —No hay tiempo. Mi próxima clase es hasta el otro lado del campus, así que… ¡oye! —exclamo cuando me toma del brazo y me saca del camino—. ¿Qué estás haciendo? Ignorando mis protestas, me dirige a una de las bancas de hierro forjado en el césped. Todavía no había nevado este invierno, pero el pasto estaba cubierto de una capa plateada de hielo. Tucker me obliga a sentarme, luego se deja caer junto a mí y pone una mano sobre mi rodilla, como si tuviera miedo de que pudiera huir. Lo cual estaba considerando hacer por completo antes de que esa gran mano hiciera contacto conmigo. El calor de la misma cauteriza a través de mis medias y calienta mi núcleo. —Come —dice suavemente—. Se te permite darte dos minutos para recargar, cariño. Me encuentro obedeciendo, de la misma manera que obedecí la otra noche cuando me dijo que montara su cara, cuando me ordenó que me viniera. Un escalofrío sube recorriendo mi espina dorsal. Dios, ¿por qué no puedo sacar a este tipo de mi cabeza? —¿Qué decía el mensaje de texto que me enviaste? —suelto. Él me da una sonrisa misteriosa. —Supongo que nunca lo sabrás. A pesar de mí misma, le devuelvo la sonrisa. —Era algo sexy, ¿no? Silba inocentemente. —¡Lo era! —Lo acuso, y luego experimento una sacudida de recriminación auto dirigida, porque, maldita sea, apuesto que era sucio, delicioso y maravilloso. —Escucha, no te voy a quitar mucho de tu tiempo —dice—. Sé que estás ocupada. Sé de tu viaje diario a Boston. Sé que tienes algunos trabajos… —Dos. —Lo corrijo. Mi cabeza se alza en desafío—. ¿Y cómo sabes eso? Se encoge de hombros. —He estado preguntando alrededor.

47


¿Lo ha estado haciendo? Mierda. Tan favorecido como es, estoy medio asustada de saber qué ha estado preguntando y lo que le abran dicho. Aparte de Hope y Carin, no paso mucho tiempo con mis compañeros. Sé que soy un poco distante a veces… Bien, perra. Distante es sólo una palabra agradable para perra. Y aunque no estoy encantada de que mis compañeros piensen que lo soy, no hay mucho que pueda hacer sobre eso. No tengo el tiempo ni la energía para tener una pequeña charla, o para tomarme un café después de clases, o pretender que tengo nada en común con los niños ricos y elitistas que componen la mayor parte de esta universidad. —El punto —termina—, es que lo entiendo ¿está bien? Estás inundada, y yo no te estoy pidiendo que uses mi chaqueta, ni mi anillo de clase, ni que seas mi chica constante. Tengo que reír a la imagen de Villa-agradable que él dibujó. —¿Entonces qué me estás pidiendo? —Una cita —dice simplemente—. Una cita. Tal vez termine con nosotros follando nuevamente… Mi cuerpo canta de alegría. —…o tal vez no. De cualquier manera, quiero verte de nuevo. Miro mientras pasa una mano por su cabello rojizo. Maldita sea, ¿quién habría pensado que ese pelirrojo podría ser tan caliente? —No me importa cuando. Quieres tomar alguna comida tardía en la noche, bien. Temprano en la mañana, genial, mientras que yo no tenga práctica. Estoy dispuesto a jugar con tus reglas, adaptarme a tu horario. Placer y sospecha luchan dentro de mí, pero esta última gana. —¿Por qué? Quiero decir, sé que sacudimos el mundo del otro, pero ¿por qué eres tan insistente en verme otra vez? Trago saliva cuando me fija con su intensa mirada constante. Luego me asusta aún más al preguntarme—: ¿Crees en el amor a primera vista? Oh mi jodido Dios. Comienzo a levantarme. Tira de mí de nuevo a la banca con una risa profunda. —Relájate Sabrina. No estoy diciendo que estoy enamorado de ti. ¡Es mejor que no lo esté! Tomando una respiración calmante, pongo mi sándwich a medio comer en mi regazo y trato de reunir un tono que no

48


transmita la sensación de miedo corriendo a través de mí. —¿Entonces qué estás diciendo? —Te había visto por el campus antes de la noche en Malone’s —admite él—. Y sí, pensé que eras caliente, pero no es como que estuviera desesperado por averiguar quién eras. —Caramba, gracias. —Decídete, cariño. ¿Quieres que esté enamorado de ti, o quieres que no me importes una mierda? ¡Ambos! Quiero ambos, y ese es el problema, maldición. —De cualquier forma, te había visto antes. Pero la noche en el bar, ¿cuándo hicimos contacto visual a través de la habitación? Algo mágico sucedió —dice sin rodeos—. Sé que lo sentiste también. Levanté mi sándwich y le di una pequeña mordida, masticando extra despacio esperando retrasar el tener que responder. Él me está asustando nuevamente con su mirada confiada y la certeza en su tono voz. Nunca había conocido a un chico que pudiera lanzar frases como ―amor a primera vista‖ y ―algo mágico sucedió‖ sin al menos tener la decencia de sonrojarse o verse mortificado. Finalmente, me fuerzo a contestarle. —La única cosa mágica que sucedió fue que nos gustó lo que vimos. Feromonas, Tucker. Nada más. —Eso fue parte de ello. —Concuerda—. Pero había algo más que eso, y lo sabes. Hubo una conexión en el momento en que nos vimos él uno al otro. Levanto mi soda dietética a mis labios y bebo casi la mitad de ella. —Quiero explorarlo. Pienso que sería estúpido no hacerlo. —Y yo pienso… —Fuerzo a mis palabras—. Creo… Creo que eres el hombre más fascinante que he conocido. Creo que eres increíble en la cama y quiero follarte de nuevo. Pienso que si fuera capaz de tener el corazón roto, tú tendrías el poder de romperlo. —Creo que fui clara esa noche —terminé—. No estoy en el mercado para una relación, ni siquiera para un amigo con derechos. Quería sexo. Me lo diste. Eso fue todo. No me pierdo la desilusión que flota en sus ojos. Me da una punzada de pesar y hace que mi estómago se retuerza dolorosamente, pero ya he

49


establecido este rumbo y ahora tengo que llevarlo a cabo. Soy muy buena manteniendo el curso. —Sé que los atletas son tercos como el demonio y que no se dan por vencidos cuando quieren algo, pero… —Tomo una respiración—. Te estoy pidiendo que te des por vencido. Su mandíbula se tensa. —Sabrina… —Por favor. —Me estremezco ante el tono de desesperación en mi voz—. Sólo ríndete, ¿de acuerdo? No quiero empezar nada. No quiero ir a una cita. Quiero… —Me levanto con las piernas temblorosas—. Quiero llegar a clase, eso es todo. Después de un interminable gran silencio, él también se pone de pie. — Claro cariño. Si eso es lo que quieres. No es un insulto, ni contiene ni una pizca de promesa, como un “claro, cariño” voy a renunciar, por ahora. Pero espera a que te siga persiguiendo hasta tenerte debajo. No, hay una finalidad en sus palabras que me entristece. John Tucker es claramente un hombre de palabra, y mientras tanto yo debería contemplar que me he convertido de repente en una hipócrita, porque ahora yo soy la que se siente desilusionada. —Nos vemos por ahí —dice con voz ronca. Y luego se va sin decir otra palabra, dejándome mirándolo con desaliento. Hice lo correcto, sé que lo hice. Incluso si tuviera montones de tiempo libre para perseguir algo con él, no hay lugar en mi vida para alguien como Tucker. Él es dulce, sincero y claramente tiene dinero, mientras yo soy una perra, estresada y vivo en la cuneta. Él puede hablar todo lo que quiera sobre las conexiones a primera vista, pero eso no cambia la realidad de esto. No soy la chica para John Tucker, y nunca lo seré.

50


Traducido por Dee y SOS por Carilo Corregido por Anna

Tucker La práctica es una mierda. El equipo sólo no hace clic esta temporada, y el entrenador Jensen nos está montando sin piedad ahora que tenemos algunas pérdidas que están empañando nuestro récord. La derrota de ayer nos dejó muy nerviosos, nos enfrentamos a un equipo de la División II que no debería haber limpiado nuestros traseros así por todo el hielo. El nuevo entrenador defensivo, Frank O'Shea, sólo está empeorando las cosas. He estado agradeciéndole a mis estrellas de la suerte el no ser defensa. O'Shea parece tener una venganza contra Dean, constantemente llamándolo e insistiendo sobre sus errores. Las mejillas de Dean se vuelven más rojas que las manzanas cada vez que O'Shea abre la boca. De acuerdo con Logan, el hombre solía ser el entrenador en la preparatoria de Dean. Obviamente tienen un pasado, pero sea lo que sea, Dean no piensa compartirlo. Pero tampoco está feliz. No sólo los defensas reciben órdenes constantemente de quedarse hasta tarde, pero aparentemente Dean se ve obligado a entrenar al equipo de niños en la escuela primaria de la ciudad. Patino ala banca después de mi turno y me lanzo sobre el muro, luego arrojo un poco de agua en mi boca y veo el lanzamiento de Garrett volar a través de la línea azul. La línea de ataque de hoy del marcador está en cero hasta ahora. En serio, sí que apestamos. Ni siquiera podemos anotar entre nosotros durante la práctica, y no es porque nuestros goleadores estén en la mejor forma, ninguno de los delanteros puede juntar su mierda, yo incluido. Suena un silbido. El entrenador comienza a gritarle a uno de nuestros defensas de tercero por desviar el disco. —¡Qué demonios fue eso, Kelvin! ¡Tuviste cuatro oportunidades para pasar y decidiste desviar la maldita cosa! —El entrenador parece listo para arrancarle el pelo. No lo culpo.

51


—Podría haber hecho ese pase si estuviera ahí—refunfuña Dean a mi lado. Le echo un vistazo con simpatía. Una de las primeras órdenes de O'Shea había sido reorganizar las líneas. Emparejó a Dean con Brodowski, y a Logan con Kelvin, cuando todos sabemos que Logan y Dean son imparables juntos. —Estoy seguro de que O'Shea se dará cuenta pronto de su error. —Sí claro. Esto es un castigo. El hijo de puta me odia. Mi curiosidad es una vez más despertada. —¿Por qué es eso? La expresión de Dean se vuelve más confusa. —No te preocupes por eso. —No estoy seguro si sabes esto —le digo amablemente—, pero los secretos matan amistades. Eso lo hace reír. —¿De verdad quieres hablarme de secretos? ¿Dónde mierda estuviste todo el fin de semana? Instantáneamente, cierro mi expresión. Soy indiferente al confía con mis amigos sobre mi vida amorosa, pero no quiero hablar de Sabrina con Dean, sobre todo cuando sé su opinión de ella. Además, ¿qué diablos hay para hablar de todos modos? Ella me rechazó. Le pedí salir y me dijo que no, que nunca iba a suceder. Si pensara que había la menor posibilidad de que ella quisiera que la persiguiera, tal vez no hubiera aceptado un no por respuesta. Tal vez me hubiera presentado después de sus clases un par de veces más, le habría comprado un par de sándwiches más, cortejado con mi encanto y usado el acento sureño cuando la sintiera alejarse. Pero vi la mirada en sus ojos. Ella quiso decir lo que dijo, no quiere volver a verme. Y aunque no tengo ningún problema en ser el perseguidor, no voy a perseguir a alguien que no está interesado. Aún así, jodidamente apesta. Cuando estábamos sentados en ese banco el otro día, no quería nada más que tirarla sobre mi regazo y follarla justo allí, y al diablo con cualquiera que pasara por ahí. El propio decano podría haber estado de pie allí golpeando su reloj y aun así no me habría detenido. Tomó toda mi fuerza de voluntad suprimir los impulsos primario, pero hombre, algo sobre esa chica... No es sólo su belleza, aunque eso no duele en absoluto. Es... es... maldita sea, ni siquiera puedo ponerlo en palabras. Ella tiene este exterior duro, pero por dentro es tan suave como la mantequilla. Veo destellos de vulnerabilidad en sus inescrutables ojos oscuros y sólo quiero... cuidar de ella.

52


Los chicos se reirían si supieran lo que estaba pensando ahora mismo. O maldición, tal vez no lo harían. Ellos ya se burlaban de mí diariamente en casa por mi lado ―educado‖. Soy nuestro cocinero residente, hago la mayor parte de la limpieza, me aseguro de que la mierda alrededor de la casa está en buen estado. Así es como mi madre me crió, sin embargo. No tuve un padre. Murió cuando yo tenía tres años y apenas lo recuerdo. Pero mamá compensó de más que él no estuviera allí, y la figura paterna que me faltaba vino en forma de mis entrenadores de hockey. Texas es un estado de fútbol. Probablemente habría ido por esa ruta si no fuera por unas vacaciones que tomamos en Wisconsin cuando tenía cinco años. Una vez al año, mamá y yo visitaríamos a la hermana de mi padre en Green Bay. O al menos lo intentábamos. A veces el dinero no lo permitía, pero hicimos nuestro mejor esfuerzo. Durante esa visita, tía Nancy me abrigó y me llevó a patinar. Es malditamente frío en Green Bay, creo que es la peor pesadilla de la gente, pero amé el frío en mis mejillas, el aire helado que silbaba por mis oídos mientras patinaba en ese estanque al aire libre. Unos cuantos niños mayores tenían un juego de hockey y me emocioné al verlos zumbando por el estanque. Parecía muy divertido. Cuando mamá y yo regresamos a Texas la semana siguiente, anuncié que quería jugar al hockey. Ella se rió indulgentemente, pero me siguió la corriente, llevándome a una pista durante todo el año a una hora de casa. Creo que ella pensó que se me pasaría. En cambio, mi amor por él creció aún más. Ahora estoy aquí, en una universidad de la Ivy League en la Costa Este, jugando hockey para un equipo que ganó tres campeonatos nacionales consecutivamente. Pero tengo la sensación de que no habrá un cuarto, no con la forma en que estamos jugando últimamente. —¿Qué?, ¿olvidaste cómo hablar? Echo un vistazo y descubro a Dean observándome con una expresión cautelosa. ¿Qué? Oh, cierto, quiere saber lo que estuve haciendo este fin de semana. —Sólo salí con algunos amigos —digo vagamente. —¿Qué amigos? Todos tus amigos están aquí... —Él agita una mano alrededor de la pista—. Y sé que no estabas con ninguno de ellos. Me encojo de hombros. —No conoces a estos amigos. —Luego muevo mi mirada de vuelta hacia el hielo mientras Dean gruñe a mi lado.

53


—Joder, eres peor que Antoine y Marie-Thérèse. Mi cabeza gira de nuevo.—¿Disculpa? —Olvídalo —murmura. ¿Quién diablos son Antoine y Marie-Thérèse? Al igual que Dean conoce a todos mis amigos, yo conozco todos los suyos, y estoy bastante seguro de que no conocemos a nadie con esos nombres. Pero lo que sea. No quiero que me presione para obtener respuestas, así que no voy a presionarlo. —¡Joder sí! —grita una voz desde el otro extremo del banco. Me vuelvo a enfocar en el hielo justo a tiempo para ver a Garrett lanzarle una bala a Patrick, nuestro portero de último año. Es la primera y única anotación de la práctica, y todos los chicos en el banquillo golpean sus guantes contra la pared en celebración. El entrenador sopla su silbato y nos despide, así que terminamos la práctica en una buena nota. Algo así. A los defensa se les pide que se queden como siempre, y no me pierdo la frustración en los ojos de Dean y Logan. O'Shea tendrá que relajarse si quiere ganar el respeto de este equipo. En el vestuario, me despojo de mi camiseta sudorosa y rodilleras, dejo caer mis pantalones de hockey sobre el suelo reluciente. Tenemos una instalación de vanguardia aquí. La habitación es enorme, los armarios son de cuero acolchado, y el sistema de ventilación es de primera categoría. Sólo huele ligeramente como calcetines viejos aquí. Garrett aparece a mi lado y se quita el casco. Su cabello oscuro está húmedo de sudor y se pega a su frente. Cuando lo alcanza para alejarlo, miro las geniales llamas tatuadas en sus bíceps. Siempre me hacen pensar que quiero tatuarme, pero luego recuerdo la parodia en la pierna de Hollis que consiguió después de nuestra primera victoria de Frozen Four. Tres años después, y todavía lleva medias largas para cubrirlo la mayor parte del tiempo. —¿Crees que alguna vez recordaremos cómo jugar hockey de nuevo? — dice con ironía. Yo resoplo. —La temporada acaba de empezar. Estaremos bien. No parece convencido. Ni tampoco Hunter Davenport, que se asoma con una mirada agria. —Seguimos empeorando —grita el estudiante de primer año, y luego, al estilo de alguien de dieciocho años de edad, arroja un guante contra la pared.

54


Rápidamente miro a alrededor y suspiro de alivio cuando no veo al entrenador. El hombre cagaría un ladrillo si ve a uno de nosotros teniendo una rabieta en el vestuario. —Relájate, chico. —Mike Hollis, uno de los de primer año, le dice a Hunter. Tiene el pecho desnudo y está en proceso de sacarse los pantalones—. ¿A quién le importa si perdemos un partido de práctica? —No se trata de la práctica —dice Hunter bruscamente—. Es que apestamos. Hollis inclina la cabeza. —Tú conseguiste acostarte anoche, ¿verdad? El estudiante de cabello oscuro surca su frente. —¿Qué tiene eso que ver con esto? —Todo. Nos avergonzamos en ese juego, nos patearon el trasero, y todavía tenías chicas alineadas en tú mando. No importa si ganamos o perdemos, todavía somos jugadores de hockey. Nosotros gobernamos esta escuela, amigo. —Hablan como un hombre sin ambición —dice Garrett, sus labios tiemblan. Hollis se encoge de hombros. —Oye, no todos tenemos una erección por los profesionales como tú. Algunos de nosotros estamos contentos haciendo esto por un coño. Un fuerte suspiro suena desde el extremo del largo banco que abarca nuestros armarios. Colin "Fitzy" Fitzgerald, uno de los de primer año enorme con el cabello desaliñado y más tatuajes que un motorista, se pasea y golpea a Hollis en el culo. —¿Alguna vez no hablas de coño? —pregunta Fitzy. —¿Por qué hablaría de otra cosa? Los coños son geniales. Tiene razón al respecto. Por desgracia, no voy a probar algún otro gran coño por al menos... oh, ¿un mes? ¿Dos? No estoy seguro de cuánto tardará mi polla en olvidar a Sabrina James. Si me enganchara con alguien más en este momento, sólo estaría comparándola con Sabrina, y eso no es justo para ninguno de los involucrados. —Oh, oye —dice Hollis de repente—. Hablando de coño... Garrett pone los ojos en blanco. Con fuerza. —Voy a Boston este fin de semana —continúa Hollis—. Me quedaré en casa de mi hermano. ¿Ustedes quieren venir con? Ir de bar en bar, unos cuantos clubes, chicas calientes. Será un buen momento.

55


Nuestro capitán del equipo frunce el ceño. —Tenemos un partido el sábado. Hollis agita una mano. —Volveremos a tiempo. —Será mejor que lo hagas. —Garrett se encoge de hombros—. Pero no puedo ir de todos modos. Tengo planes con mi chica este fin de semana. —Su rostro toma una expresión lejana, una mezcla de asombro y pura felicidad, antes de que se pasee hacia el área de la ducha. Contengo la envidia que se eleva por mi garganta. Garrett ha estado con Hannah durante un año, y no parece que el nuevo amor se vaya a desgastar. Está tan enamorado de su novia que es casi asqueroso. Igual con Logan, que recientemente se volvió con su novia Grace y profesó su amor por ella en la radio. Se siente un poco... mal, supongo, que los dos jugadores más grandes que conozco se han establecido. De todos nosotros, soy el tipo que está de acuerdo con toda la cosa del compromiso. Cuando llegué por primera vez a Briar, pensé que conocería a la mujer de mis sueños –la única– durante la orientación de los estudiantes de primer año, que saldría con ella durante los próximos cuatro años, y me le propondría después de la graduación. Pero no resultó de esa manera en absoluto. He salido con un montón de chicas, dormido con un montón de ellas también, pero ninguna de ellas era la única. Mientras tanto, Garrett y Logan lo encontraron cuando ni siquiera lo estaban buscando, esos bastardos afortunados. —¿Tuck? —insiste Hollis—. ¿Bostón? ¿Fin de semana? ¿Te unes? Mi primera inclinación es decir que no, pero mi mente viaja sobre la palabra Boston. Sé que Sabrina dijo que no quería volver a verme, pero... ¿realmente me diría que me pierda si nos encontramos en la ciudad? Quiero decir, ella vive allí, y por casualidad sé su dirección, así que... quién sabe, ¿verdad? Quizás una crítica estelar de Yelp9 nos llevará a los chicos ya mí a algún bar increíble en su vecindario. Tal vez nos encontremos. Tal vez… ¿Tal vez te estás convirtiendo en un acosador? Asfixio un suspiro. Bien, ¡mi mente definitivamente está pisando territorio extraño y peligroso! Pero incluso sabiendo eso, no puedo evitar decir: —Claro, estoy dentro. No me importaría ver un juego de los Bruins en un bar de deportes o algo así.

9

Yelp:Plataforma para encontrar los mejores lugares o negocios en un barrio o una ciudad.

56


—Yo también —decide Fitzy—. Quiero ir a esta tienda de juegos en la ciudad. Tienen un juego de rol que no encuentro en línea. Voy a tener que joderme y gastar algo de dinero real. La mirada horrorizada de Hollis viaja de mí a Fitz. —¿Un juego de los Bruins? ¿Una tienda de juegos? ¿Cómo soy amigo de ustedes dos? Arqueo una ceja. —¿Prefieres que no vayamos? —No —dice con un suspiro—. Pero al menos trata de fingir que estás dentro por los coños. Me río y palmeo su hombro. —Si eso te hace sentir mejor, entonces seguro. Fitzy y yo estamos... Miro a Fitz, incitándolo con mi mano. —…dentro por el coño. —Terminamos al unísono.

57


Traducido SOS por Carilo, lili-ana y Gisenid Corregido por Anna

Sabrina Me estoy arrastrando para el momento en que llego a casa desde Briar. No puedo decidir lo que más odio: los fines de semana, cuando estoy en el club hasta las dos o tres de la mañana y luego tengo que ordenar el correo y los paquetes de cuatro a once. O los días de la semana, cuando o bien tengo clases por la mañana y la oficina de correos después¸ o un infernal día comenzando desde la oficina de correos seguido de clases. Y hoy era ese último, así que estoy tan cansada que dejo caer mi mochila en el suelo del pasillo. Incluso si quisiera estar con Tucker de nuevo (y la mayoría de las partes de mi cuerpo están a favor de una reunión) estoy demasiado agotada para hacer cualquier cosa, excepto acostarme sobre mi espalda. Aunque... tampoco sería tan malo. Él podría frotarme¸ follarme lento, y yo podría simplemente descansar y disfrutar. Me doy una bofetada mental. Tucker y su gran polla es lo último que debería estar en mi mente. En la cocina, Nana está revolviendo una olla en la estufa, vestida con vaqueros apretados, una camiseta de lycra que está perdiendo su elasticidad, y sus siempre presentes pantuflas rosadas y esponjosas. —Eso huele muy bien —le digo. La salsa roja a fuego lento está llenando la cocina con el olor más celestial. Mi estómago gruñe y me recuerda que no he tenido nada de comer desde el bagel que tomé para el desayuno antes del trabajo. —Chica, pareces estar a punto de desmayarte. Ve y siéntate. La cena estará lista en un segundo. No necesito que lo repita dos veces, pero cuando veo la mesa vacía, hago un desvío para tomar platos y cubiertos. A través de la puerta, veo la parte

58


superior de la cabeza de Ray mientras mira fijamente la televisión. Probablemente se acaricia. Me estremezco al sacar los platos del gabinete. —¿Quieres leche o agua? —pregunto mientras empiezo a poner la mesa. —Agua, nena. Me siento hinchada. ¿Sabías que Anne Hathaway es intolerante a la lactosa? Ella no come ningún lácteo. Tal vez deberías pensar en cortar lácteos de tu dieta. —Nana, eso significa que no hay queso o helado. A menos que un médico me diga que los lácteos van a matarme, estoy en los lácteos. —Todo lo que estoy diciendo es que, los productos lácteos podría ser el porqué estás cansada todo el tiempo. —Ella sacude la cuchara hacia mí. —No, estoy segura de que es porque estoy trabajando en dos empleos y tomando un curso completo —contesto secamente. —¿Si deja de comer productos lácteos, será menos una pequeña perra? — pregunta Ray mientras se pasea en la cocina. Lleva el mismo pantalón de chándal que siempre. La tela está tan desgastada alrededor de su entrepierna que juro que puedo ver un ligero toque de piel rosada. Casi vómito, me giro antes de que arruine mi apetito. —Ray, no empieces. —Se queja Nana—. Bebe, ¿me traes el colador? Mi padrastro me empuja mientras paso. —Ella está hablando contigo. —Mierda no. Lo hace porque sabe que hablar contigo es como hablar con su sofá. Obtiene los mismos resultados. Puse el vaso de agua junto al plato de Nana y luego me dirijo al fregadero para sacar el colador. Nana vierte la salsa en un tazón mientras cuido los fideos. Ray, mientras tanto, se apoya en la nevera como un sapo perezoso, observando el alboroto alrededor de la cocina. Odio a este hombre con todo mi corazón. Desde el primer momento que mi mamá lo trajo a casa para conocerme cuando tenía ocho años, supe que era un problema. Se lo dije a mamá, pero escuchar a su hija nunca fue algo en lo que fuera muy buena. Al parecer, tampoco tenía pensado quedarse. Mamá huyó con otro baboso cuando tenía dieciséis años, y no la hemos visto desde entonces. Llama unas cuantas veces al año para ―revisarme‖, pero por lo que puedo decir, ella no tiene planeado regresar a Boston. Ni siquiera sé dónde está viviendo en estos días. Lo que sí sé es que no hay razón para que Ray viva aquí. No es mi padre, ese título está reservado

59


para el pedazo de mierda que abandonó a mamá después de golpearla, y definitivamente no es parte de la familia. Creo que la única razón por la que Nana lo mantiene alrededor es porque sus cheques de indemnización pagan un tercio de nuestro alquiler. Supongo que ella lo folla por la misma razón. Porque es conveniente. Pero, Dios, es tan inútil, creo que incluso a los gusanos se les voltearían las narices. Si los gusanos tuvieran narices. Sólo cuando la mesa está completamente preparada y la pasta humeante está lista para servir, Ray toma asiento. —¿Dónde está el pan? —pregunta. Nana se levanta de su silla. —Oh demonios. Está en el horno. —Lo tengo —le digo—. Toma asiento. —Nana podría hacer comentarios hiriente a veces, pero aun así la mujer me crió, me vistió y me alimentó mientras Ray se sentaba sobre su gordo trasero, fumaba hierba y se masturbaba con los eventos deportivos. Le echo una mirada a su espalda y noto, por primera vez, un sobre blanco metido en sus pantalones. Probablemente sea una factura. La última vez que nos ocultó una (porque había visto una docena de pornos de pago por ver) teníamos un retraso de tres meses en la cuenta. Nuestro presupuesto sólo funciona si no tenemos sorpresas inesperadas como esa. Agarro los bollos del horno, los saco en una canasta y los llevo sobre la mesa. Mientras me inclino, saco el sobre de la parte de atrás de los pantalones de Ray. —¿Qué es esto? —exijo, agitándolo en el aire—. ¿Alguna factura? —No son esos espectáculos sucios otra vez, ¿verdad, Ray? —Los lados de los finos labios de Nana bajan. Se ruboriza. —Por supuesto que no. Te dije que ya no miro esa mierda. — Él se mueve en su silla para darme una sonrisa zalamera—. Es para ti. —Él saca el sobre de mi agarre y lo arrastra debajo de su nariz—. Huele a puta estúpida. Un destello de carmesí en el borde hace que mi corazón lata más rápido. Me tiro hacia el sobre, pero Ray sostiene su brazo en lo alto y lejos de mí, haciéndome presionar contra él. Dios, lo odio. —Dale la carta —reprende Nana—. La comida se está enfriando. —Sólo estaba bromeando —dice, dejando caer el sobre por mi plato. Mis ojos se quedan fijos sobre el escudo carmesí en la esquina superior izquierda.

60


—Ábrelo. —Pide Nana. Hay un toque de anhelo en su tono. Ella puede burlarse de mi educación sin valor y sueños ridículos, pero creo que en el fondo está muy emocionada. Por lo menos ella tendrá esto para presumirles a las otras señoras en el salón de peluquería cuyas nietas están teniendo bebés en vez de conseguir ir a Harvard. Excepto que... el sobre es delgado. Todas mis cartas de aceptación de la universidad estaban en sobres gigantes llenos de bonitos folletos y catálogos. —Está asustada. Probablemente no entró. —Las palabras de Ray están llenas de desdén y suenan con alegría. Tomo la carta y la abro con el cuchillo de Ray. Una sola pieza de papel se cae. Tiene varios párrafos, ninguno de los cuales leo completamente mientras busco las palabras importantes. ¡Felicitaciones por su admisión a la Escuela de Derecho de Harvard! Espero que se una a nosotros en Cambridge como parte de la clase de... —¿Y bien? —pregunta Nana. La sonrisa más grande conocida por la humanidad se extiende a través de mi rostro. Mi hambre, mi agotamiento, mi irritación con Ray, todo se ha borrado. —Yo... entré. —Las palabras salen en un chirrido de aliento. Me repito, y esta vez estoy gritando—. ¡Entré! ¡Oh Dios mío! ¡Entré! Agito la carta en el aire mientras bailo salvajemente alrededor de la cocina. Normalmente no me permito dejar caer mi guardia delante de Ray, pero el bastardo ni siquiera existe para mí ahora mismo. Emoción pulsa en mi sangre, junto con una sensación de alivio tan grande que no puedo permanecer de pie por mucho más tiempo. Me caigo sobre los hombros de Nana y le doy un enorme abrazo. —Supongo que ahora vas a ser muy extravagante. —Se queja, y ni siquiera me importa. —Naah, esto no la hace especial ni nada —dice Ray—. Tiene dos agujeros como cualquier otra perra. Tres si cuentas la boca. Espero que Nana me defienda, pero aparentemente los celos están ganando sobre el orgullo en este momento. Ella se ríe de su repugnante comentario, y así como así, he terminado de celebrar con esta gente. No puedo esperar para salir de esta casa.

61


Sin embargo, me niego a dejar que cualquier cosa afecte mi felicidad ahora mismo. Giro sobre mis tacones y camino por el pasillo para llamar a mis chicas. —¿Qué hay de la cena? —Me grita Nana. La ignoro y sigo caminando. En mi dormitorio, me lanzo en la cama y le envió un mensaje a mis amigas. Entré. Hope supera a Carin por un milisegundo. ¡OMD! ¡Felicidades!!!!!! Caris responde, ¡Foto! ¡Foto! ¡Foto! Tomo una foto de la carta de aceptación y la envió. Mientras espero sus respuestas, corro por el pasillo, lleno mi plato con pasta, relleno mi boca con un bollo, y corro de regreso a mi dormitorio. Nana y Ray dicen algo, pero nada de eso se procesa. Sólo el puro deleite llena mis oídos. Hay una docena de respuestas cuando regreso. Hope: <3 Carin: ¡Cielo! ¡Cielo! ¡Cielo! ¡Eres tan impresionante! Hope: Estoy tan orgullosa de ti. Vas a hacer la mejor abogada DE TODAS. Por favor di que me representaras si me demandan por negligencia. Carin: ¡ÉSTA ES LA COSA MÁS HERMOSA! Hope:¿Cuándo vamos a salir? Y “no”, “nunca” y “no va a pasar”, son respuestas inaceptables. Mastico mi rollo mientras texteo de nuevo. Yo: A) Ambas obtienen servicios legales gratis de por vida. B) Celebraremos mañana. Prometo pedir suficiente para hacer que tu tarjeta de crédito llore. Hope: ¡No es posible! Voy a haciendo reservaciones para Santino´s. Carin: ¿Ese lugar necesita reservaciones? Hope: ¡No sé! Sentido figurado. Pero podríamos ir a Molone´s de nuevo si quieres sexo de celebración. Yo: Todavía tengo el número del chico del sábado pasado. ¿Qué hay de ti? ¿Tu jardín de dama consiguió un tour privado anoche?

62


Las dos habían salido sin mí a una fiesta en la casa de Beau Maxwell. Me pregunto si Tucker estaba allí. Y si es así, me pregunto a quién llevó en su camioneta esta vez. La idea de él pasando sus enormes manos callosas sobre los pechos de otra chica me hace apretar los dientes con envidia, pero no tengo derecho a sentirme celosa. Bloqueé su número, después de todo. Le dije en términos inequívocos que no estaba interesada en salir con él. ¿Así que porque lo desbloqueaste, hmmm? La voz burlona en mi cabeza me tiene mordiendo mi labio. Bien, así que desbloqueé su número. Pero eso no fue porque quisiera salir con él ni nada. Pensé que sería útil tenerlo en caso de… una emergencia. Dios, soy tan patética. Mi teléfono suena, sacándome de mis pensamientos. Carin: No. Yo fui un ángel Hope: ¡Mientes! OMD, que mentirosa. Ella bajo las escaleras con el cabello de sexo más grande que Cher. Envíale una foto de tu pecho. Ahora o lo haré yo. Carin: Bien. Te odio. Algunas veces desearía haber vivido con ellas. Trago más pasta mientras espero la foto de Carin. Cuando la imagen llega, casi me ahogo con un fideo. Yo: ¿Lo hiciste con un lobo adolescente anoche? Carin: No. Brad Allen. Busco en mis banco de memoria y doy con un tipo de seis pies y cuatro pulgadas con cara dulce y redonda. Yo: ¿Línea defensiva? ¡Él parece un querubín! Carin: Síp. Resulta que tiene un fetiche con la succión. Lo bueno es que hace frío porque las camisetas de tirantes están fuera de cuestión. Yo: Aparte de él tratando de realmente chupar la sangre de tus glándulas mamarias, ¿lo disfrutaste? Carin: No estuvo mal. Él sabía cómo usar su equipo. Yo: ¡HA! ¡Mi teoría de los atletas se está sosteniendo cada vez más! Hope: Entre Tucker y Brad Allen, parece que la hipótesis de B es exacta.

63


Carin: Ambas saben que no es así como funciona el método científica, ¿verdad? Yo: Síp, pero no nos importa. Hope: ¿Eso significa que Tucker está va a conseguir una repetición? Yo: Dudoso. Él es bueno, pero ¿cuándo tengo tiempo? Nos enviamos mensajes por unos minutos más. Pero mi golpe de adrenalina se está desgastando. Coloco mi plato parcialmente terminado en mi mesa de noche y abrazo la carta de Harvard a mi pecho. Todo está ocurriendo. Todas las cosas buenas por las que he trabajado tan duro están dando sus frutos. Nada puede detenerme ahora. Me duermo con una enorme, sonrisa feliz en mi cara. * Postergado, colgada, le envío un mensaje a mis chicas al siguiente día, después del mensaje de Hope para preguntar si quiero almorzar con ellas. Hope: Aw, ¿por qué? Yo: La profesora Fromm me invitó a una visita al campus. Estoy regresando a Boston, saltando mi última clase. PSI10, soy oficialmente demasiado buena para ti. Hope: ¡Besos! Envía mensaje para saber cómo fue. ¡No puedo esperar hasta el próximo año y estaremos en Boston como estudiantes graduadas! Carin está en clase, pero sé que recibiré un mensaje de ella tan pronto como salga. Tomo la línea roja a Harvard Square. Juro que la estación del metro hule bien aquí, a diferencia de cualquier otra parada en la línea, que huele a basura, orina rancia, y mal olor. Y el campus es precioso. Quiero balancear mis brazos y girar en un círculo ridículamente feliz. Según el mapa, los dieciocho edificios que componen la facultad de leyes están al otro lado del campus. No hay prisa, sin embargo, así que me tomo el tiempo para caminar lentamente, admirando todos los enormes edificios de ladrillo, las docenas y docenas de árboles que todavía se aferran a la última de sus hojas, y los acres de césped, algunos de los cuales todavía son verde en algunos lugares. Es como Briar con esteroides, incluso los estudiantes parecen más inteligentes, más ricos, más importantes.

10

PSI: Para su información.

64


La mayoría de ellos llevan lo que me gusta llamar el uniforme de niña rica: Sperry topsiders11, pantalones Rag&Bone, y sudadera Joie, del tipo que parece como que vino de la parte inferior de un bote de basura, pero que en realidad cuesta un par de cientos de dólares. Sé esto sólo por el armario de Hope. Pero sólo porque mi falda negra y mi top blanco vinieron de una tienda de descuento no significa que no pertenezco aquí, podría no tener tanto dinero como cualquier persona aquí, pero compararía mi cerebro contra cualquiera de estos estudiantes. Abro las puertas de Everett, el edifico donde está la oficina de la profesora Fromm. En el escritorio de la recepcionista, me presentó. Ella me hace escribir mi nombre en un libro de registro y luego hace un gesto para que tome asiento. No estoy allí por más de un minuto cuando un joven vistiendo una camisa azul y blanco y una corbata azul oscuro se pasea por un pasillo lateral que no noté cuando llegué. —Hola. Soy Kale Delacroix. —Ofrece su mano. La agito automáticamente, sin saber por qué está aquí y al mismo tiempo me pregunto por qué alguien nombraría a su hijo Kale. —Soy Sabrina James. —Genial. Bienvenida a la Asistencia Jurídica de Harvard. Aquí está nuestro formulario de admisión. Si necesita ayuda, hazme saber. Él empuja un portapapeles hacia mí. Escaneo el documento, no entiendo por qué necesito llenar un formulario para ver a la Profesora Fromm. Saco la pluma de debajo del clip y comienzo a escribir mi nombre. Luego me detengo. Aunque no soy fanática de parecer estúpida, creo que es mejor preguntar qué diablos sucede. —¿Esto es Asistencia Jurídica? Porque no soy… Él me corta. —No te preocupes. Para eso sirve la Asistencia Jurídica. Para los indigentes. —La última palabra gotea de condescendencia. Los cabellos del cuello se erizan. —Sé que… —¿No lees Inglés? ¿Hablo español?12 —Saca el portapapeles de mis manos, voltea el papel, y luego lo empuja de nuevo hacia mí. El formulario ahora está en español. —Hablo inglés—gruño entre dientes. —Oh, está bien. Puedo llenar su formulario si no puedes leer o escribir. Hay mucha gente aquí con tu misma clase de problema. ¿Es un problema

11 12

Sperry Topsiders: Marca de zapatos. En español en el texto original.

65


doméstico? ¿Propietario/inquilino? Aquí no manejamos los delitos. —De nuevo, me da una sonrisa condescendiente. —Soy estudiante—le digo—. Quiero decir, que seré una estudiante. Nos miramos fijamente el uno al otro por un momento, mientras espero a que mis palabras sean registradas. Veo el momento en el que lo hacen, porque el tipo blanco pálido, se vuelve aún más pálido.—¿Lo eres? Cristo, pensé… Sé lo que pensó. Dio un vistazo a mi abrigo deshilachado, y me catalogó como una persona pobre con necesidad de servicios legales gratuitos. Y la parte más humillante de todo esto, es que él no está equivocado. Si necesitara un abogado, no estaría en condiciones de pagar uno. —¿Hay algún problema aquí? —Interrumpe una nueva voz. Una mujer muy alta aparece detrás de Kale, sus manos entrelazadas detrás de su espalda. —No, no hay problema, Profesora Stein. —Kale me da una sonrisa forzada, pero sus ojos parpadean una advertencia, como si dijera que no jodiera esto para él. La sonrisa que le doy a cambio está llena de dientes. —Aquí Dale pensó que era una clienta, pero en realidad estoy aquí para ver a la Profesora Fromm. La profesora me estudia, evaluando rápidamente la situación. Mientras ella me quita el portapapeles, señala con la cabeza hacia las escaleras. —Segundo piso, primera puerta a la izquierda. —Le tiende el portapapeles a Kale. —Es Kale—sisea él, mientras rígidamente se marcha. La profesora sacude su cabeza. —Estudiantes nuevos—dice ella en una disculpa endeble, antes de caminar en la dirección opuesta. Mientras Kale desaparece por el pasillo, escucho una voz aguda saludándolo. —Oh Dios mío, eso fue tan gracioso. ¿En serio confundiste a esa chica con un inmigrante hispanohablante? Debería moverme, pero mis pies están clavados en el sitio. La recepcionista me da una mirada de pesar. —¿Viste lo que estaba vistiendo? —protesta Kale desde el corredor—. Parecía una marginada de violencia doméstica de la campaña de recolección de ropa que tenemos cada año. Una nueva voz interviene. —¿De qué se están riendo chicos? —Kale confundió a una estudiante, que viene a visitar a la Profesora Fromm, con una persona sin hogar.

66


Con las mejillas encendidas, me encuentro con los ojos de la recepcionista. —Tiene que hacer algo con respecto a la acústica. Se encoge de hombros. —Si piensas que esa es la peor cosa que oigo todos los días, estás dolorosamente equivocada. Que pensamiento tan alegre. La idea de permanecer aquí ya no es tan atractiva, así que subo los escalones de dos en dos. La puerta de la Profesora Fromm está en la parte superior de las escaleras. Está hablando por teléfono, pero me nota de inmediato. —Entra, Sabrina. —Colocando una mano sobre el auricular, me gesticula que entre—. Solo será un minuto. —A la persona en el teléfono, le dice—: Tengo que irme. Una estudiante acaba de entrar. No olvides recoger la tintorería. La oficina está llena de libros, la mayoría de ellos publicaciones legales, diferenciadas por la cubierta verde oliva, y el lomo con las palabras, North Eastern Reporter13, en letras doradas. Tomo asiento en la silla de cuero negro delante del escritorio, y me preguntó cómo sería sentarse del otro lado. Significaría que, cuando llegara, nadie nunca más, me confundiría con un beneficiario de asistencia legal. —Así que… ¡Felicidades! —Me sonríe—. Quise decírtelo la otra noche, pero no quería arruinar la sorpresa. —Gracias. No puedo decirle lo emocionada que estoy. —Tus credenciales son impecables, pero… —Hace una pausa, y mi corazón empieza a latir salvajemente. No puede quitarme la aceptación, ¿o sí? Una vez que es mía, no puede ser revocada, ¿cierto? —Kelly mencionó que tienes, ¿dos trabajos? —continua ella. —Sí, sirvo mesas y organizo el correo. —La Profesora Gibson sabe exactamente dónde sirvo mesas, pero me dijo que no era necesario para Harvard saber eso, así que lo mantengo en secreto—. Pero antes de que las clases comiencen este otoño, planeo renunciar a ambos trabajos.

13

North Eastern Reporter: es una serie de libros publicados por el Sistema Nacional del Reporteros (Nacional Reporter System) que contiene todas las opiniones y decisiones sobre los casos publicados desde 1936 hasta la fecha, de los tribunales estatales de Illinois, Massachusetts, Ohio, Indina y Nueva York.

67


Eso hace feliz a Fromm. —Dios. Estaba esperando que dijeras eso. Con el antiguo Trámite de Búsqueda de Informacióndiciendo que si están mirando de un lado a otro, uno de ustedes no estaría aquí el próximo año, aunque ese ya no es el caso, tenemos algunos estudiantes que abandonan sus estudios después del primer año. No quiero que seas uno de ellos. Este otoño que viene, tu atención necesita estar en tus estudios. Se espera que absorbas más información en una noche que la mayoría de los estudiantes en un semestre. Saca dos libros de una pila en el suelo y los empuja a través del escritorio. De acuerdo con los títulos, uno es sobre Derecho Administrativo y el otro es sobre el Arte de Escribir. —Cuando tengas tiempo, y sugiero que lo hagas, practica tu escritura. Aquí la pluma es tu arma más fuerte. Si puedes escribir bien, irás lejos. Lo otro es sobre Derecho de Publicidad y Propaganda. Mucha gente se queda atrapada entre la práctica regular y el Derecho Corporativo y responsabilidad civil. Es bueno estar un paso adelante. —Le da a los libros otro empujoncito hacia mí. —Gracias —digo con gratitud, recogiendo los libros y colocándolos en mi regazo. —De nada. Cuando regreses a Briar, dale mis saludos a Kelly. Está bien, entonces. Claramente estoy despedida. —Gracias —repito embarazosamente, y luego tomo los libros y me levanto. Falté a clase, subí al metro, y soporte un encuentro humillante con un idiota llamado Kale, ¿y para qué? ¿Una conversación de cinco minutos y dos recomendaciones de libros? Cuando alcanzo la puerta, la Profesora Fromm me llama de nuevo. —Y Sabrina, permíteme darte un concejo. Gasta un poco del dinero del préstamo en un nuevo guardarropa. Te ayudará a sentirte como en casa, y la igualdad de condiciones no parecerá tan desigual. Te vistes para el trabajo que quieres, no para el que tienes. Asiento, esperando que mis mejillas no estén completamente rojas. Y yo que pensaba que la hora de Humillar a Sabrina había terminado. En la caminata a través del campus, todo se ve un poco aburrido. Esta vez me doy cuenta que en realidad, la mayoría de las largas parcelas de césped son marrones y que los árboles están sin hojas. Los estudiantes tienen una ineludible semejanza entre ellos; ricos y privilegiados. Cuando llego a casa, tiro los libros en mi tocador y me acuesto en la cama. Hay una esquina cerca de mi ventana donde el yeso esta amarillento y agrietado. El agua ha estado filtrándose desde que puedo recordar, pero una

68


vez, después de mencionárselo a Nana, y recibir a cambio una mirada en blanco, no lo he vuelto a señalar otra vez. Ruedo sobre mi espalda y miro fijamente al techo. También hay grietas en el yeso ahí, junto con manchas marrones, sobre las que siempre me he cuestionado. ¿Quizás hay una fuga en el techo? Un ataque de vergüenza se desliza sobre mí, pero no estoy segura de qué me siento avergonzada. ¿Mi vieja y decadente casa? ¿Mi ropa barata? ¿Yo en general? Compadécete de ti misma más tarde. Es hora de pagar las cuentas Dios. La última cosa que quiero hacer justo ahora, es salir de un lugar de vergüenza para ir a otro, pero no tengo opción. Mi turno en Boots&Chutes comienza en una hora. Me obligo a levantarme y agarrar los pantalones cortos y el sujetador que sirven como mi uniforme. Sólo tendré que hacer esto por diez meses más, me recuerdo a mí misma mientras me pongo mi atuendo, y luego aplico mi maquillaje. Me deslizo en mis zapatos de plataforma de stripper de seis pulgadas, me pongo mi abrigo de lana andrajoso, y me dirijo hacia el club de striptease. Por desgracia, es el único lugar en donde realmente encajo. Soy vulgar. Vivo con gente vulgar. Pertenezco a un lugar vulgar. La pregunta es, ¿alguna vez seré capaz de lavar el hedor de mi pasado para pertenecer a Harvard? Pensé que podría. Pero esta noche, honestamente, no lo sé.

69


Traducido SOS por Carilo y Gisenid Corregido por Anna

Tucker —Apestamos. —Se queja Hollis. —No somos geniales —reconozco. La práctica de hoy fue otro desastre, lo que no es un buen presagio para el partido de mañana contra Yale. Esperaba que el viaje a Boston nos distrajera de lo mal que estamos jugando, pero hemos estado sentados en este bar por casi una hora, y hasta ahora todo lo que hemos hablado es de hockey. El juego de los Bruins parpadeando en múltiples pantallas a nuestro alrededor no ayuda a las cosas, ver a un gran equipo jugar un buen partido de hockey es sólo la guinda del pastel de mierda. Miro mi botella de cerveza vacía y luego la agito en el aire para llamar la atención de la camarera. Voy a necesitar alrededor de cinco más de éstas si quiero salir de este humor amargo. Hollis todavía está murmurando a mi lado. —Si no empezamos a jugar un poco de defensa, podemos despedirnos de nuestras oportunidades de ir al Frozen Four. —Es una temporada larga. No vamos a tirar la toalla todavía —dice Fitzy del otro lado de la cabina. Está bebiendo una Coca—Cola porque es nuestro conductor designado esta noche. —¿Van a hablar hockey toda la noche? —Se queja Brody, el hermano de Hollis. Tiene veinticinco años, pero se ve más joven con su cara afeitada y su gorra volteada hacia atrás de los Medias Rojas. —¿De qué más vamos a hablar? Este lugar es un festival de salchichas. — Hollis le lanza una servilleta a su hermano. No está equivocado. Sólo hay dos mujeres en este bar. Están alrededor de nuestra edad, calientes como la mierda, y también sucede que están haciéndolo en la cabina de la esquina. El noventa y cinco por ciento de los hombres aquí –incluido yo– ya han echado un vistazo a las chicas besuqueándose. El otro cinco por ciento están ocupados besándose.

70


—Bien, perdedores. —Brody suelta un exagerado suspiro—. ¿No les gusta este lugar? Vámonos. —¿Adónde? —pregunta su hermano pequeño. —Donde hay chicas. —Dicho y hecho. Tres minutos después, subimos al auto de Fitzy y seguimos el Audi de Brody por la ciudad. —Buenas ruedas. —Observo, señalando el brillante coche plateado que nos precedía. —Lo alquila. —Me informa Hollis—. Le gusta actuar como un pez gordo, pero en realidad no lo es. —¡Vaya!—dice Fitzy desde el asiento del conductor—. ¿Suena como alguien que conoces? Eso le consigue un dedo medio a nuestro compañero de equipo. —Amigo. Soy más grande que tu culo marica. Ni siquiera te echaste un polvo en tu cumpleaños esta semana. —No estaba buscando tener sexo. Confía en mí, si así fuera, no me habrías visto en absoluto esa noche. —¡Apenas te vimos, de todos modos! ¡Te fuiste a casa temprano para jugar con tus videojuegos! —Para el demo del juego que diseñé. —Corrige el otro chico—. No veo que hagas algo productivo con tu tiempo. —En realidad, usar mi pene es muy productivo, muchas gracias. Escondo una sonrisa. Siempre me asombra la idea de cómo estos dos pueden ser amigos tan cercanos. Hollis es un chico de boca ruidosa con sólo una cosa en el cerebro –chicas– mientras que Fitzy es serio e intenso con sólo una cosa en su cerebro –juegos. O tal vez dos cosas, ya que le encanta tatuarse. De alguna manera hacen que la amistad funcione, aunque parece que es mayormente a través de disputas y molestarse unos a otros. Nos paramos en una calzada de grava y estacionamos en el lugar al lado de Brody. Su Audi no parece fuera de lugar con el resto de los autos, pero tampoco encaja en el bar. Un letrero de neón sobre el edificio indescriptible flamea con las palabras ―Boots & Chutes‖, el cual se posiciona debajo de una chica semi—desnuda montando un toro.

71


Hollis se queda boquiabierto ante la señal. —¿En serio? ¿Un bar de tetas ambientado con temática del oeste en Boston? Esto va a apestar. —Él luce como si quisiera golpear a su hermano. —¿No eres Miss Mary Sunshine?14—Brody lanza un brazo alrededor de Hollis y hace señas para que nos adelantemos—. Ustedes bebés querían coño, bueno, aquí están. —¿Esto es lo que sucede después de que sales de la universidad? ¿Tienes que pagar por un coño? —Hollis deja caer su cabeza—. Nunca dejaré Briar, hermano. Nunca. Me río. —Oye, piensa en todas las grupies de hockey sobrantes a las que tendrás acceso cuando Garrett o Logan empiecen a jugar para los profesionales. Eso inmediatamente lo anima. —Buen punto. Y mira... —Señala el letrero—, ahora tampoco tienes que dejar Boston. ¿Quién necesita regresar a Texas cuando tienes vaqueras aquí para ti? —Tentador —digo secamente—, pero creo que me voy a apegar a mi plan original. A menos que mi madre de repente adquiera un gusto por la costa este, voy a regresar a Patterson después de graduarme. No estoy seguro de que nuestra pequeña ciudad sea un buen lugar para comenzar un negocio, pero siempre podría tratar de abrir algo en Dallas y volver a casa los fines de semana. Mamá sacrificó un montón de cosas para llevarme a donde estoy ahora, y no la dejaré sola. El club de estríper huele a sudor, humo y desesperación. En el frente de nuestro grupo, el hermano de Hollis estampa algo en las manos del gorila, y tienen una conversación corta. —No tocar. Los bailes privados empiezan con cinco billetes. —Él llama a una camarera con un gesto—. Primera fila, lado derecho del escenario —le dice a ella. Todo el mundo empieza a moverse. Todos menos yo. —¿Tienes un problema? La voz aguda del gorila me mueve. —Nop. —Le digo con facilidad.

14

Miss Mary Sunshine: Musical que parodia a las anticuadas operas.

72


Pero lo tengo. Tengo un gran problema, de hecho. Un maldito enorme problema. Porque bajo el pesado delineador de ojos y el gran cabello, reconozco a la camarera. Diablos, he tenido mis manos y boca por toda esa piel expuesta. La mirada sorprendida de Sabrina se fija con la mía. Veo todo el color escurrirse de su cara, lo que dice mucho porque ella no fue modesta con el rubor cuando aplicó su maquillaje. —Por aquí —murmura. Ella se gira con un chasquido de cabello oscuro, pero no antes de que vea el destello de advertencia en sus ojos. Lo entiendo. No quiere que les diga a los chicos que nos conocemos. No la culpo. Esto es probablemente incómodo como la mierda para ella. —¿Qué tipo de mujeres trabajan en este antro? —dice Hollis mientras arrastra una mirada lasciva por la increíble parte trasera de Sabrina, que apenas está cubierta por los diminutos pantalones cortos que lleva puesto. —De las más calientes —responde Fitzy con sequedad. Eso es un eufemismo. Las chicas aquí son más que caliente. Son espectaculares. Fuente: mis ojos. Altas, bajas, con curvas. Claras, oscuras, y todo en el medio. Pero mi mirada continúa volviendo a Sabrina, como si estuviera unida a una cuerda invisible controlada por su perfecto culo. —Retiro todo lo grosero que dije sobre las vaqueras en el estacionamiento. Cualquiera de estas chicas puede montarme. Calor se cuaja en mi intestino. No me gusta la idea de Hollis, o cualquiera de los tipos en este lugar, siendo montado por Sabrina. Ella es mía. —¿Estás bien? —pregunta Fitzy—. Te ves molesto. Tomo un respiro. —Sí, lo siento. Estaba pensando en el equipo. Él cree eso. —Eso es suficiente para enojar a alguien. Vamos. Tomemos un trago y olvidemos el hockey. Asiento ausentemente, demasiado hipnotizado por el centro de la espalda de Sabrina. Está completamente desnudo, excepto por una mísera cuerda que parece que se puede arrancar si soplas contra el nudo. Mi mirada cae más abajo, fijándose en la elegante hendidura de su columna vertebral, todo el camino hasta la parte superior de sus pantalones cortos de satén negro.

73


En el momento en que llegamos al escenario, estoy blandiendo una semierección, lo que es jodidamente vergonzoso. Lograr endurecerme con la mera vista del culo de una chica no es algo que me haya sucedido desde la escuela secundaria. Obligo a mis ojos a subir justo a tiempo para evitar una mesa llena de chicos de fraternidad. Uno de ellos se estira para golpear el culo de Sabrina mientras ella pasa. Una sacudida de rabia se eleva por mi espina dorsal. Me lanzo hacia adelante, pero un gorila sentado en la base del escenario alcanza al idiota antes de que yo lo haga. —No te toques, imbécil. —Levanta al chico de la camiseta polo hasta sus pies—. Vámonos. —Oye, lo siento—protesta el idiota—. Fue un reflejo. Pero el gorila no lo escucha, y el tipo es arrastrado de todos modos. Sus amigos sólo lo miran ir. Hollis sonríe. —Aquí están los hijos de puta. —Necesitamos a ese tipo de nuestro equipo. —Observa Fizzy. —No es mentira. Sabrina extiende la mano. —¿Hay algo que pueda conseguir para ustedes muchachos? —Su voz apenas se oye por encima del fuerte ritmo de baile que cruza el club. —Lo que tengas en la carta. —Mantengo los ojos fijos por encima de su barbilla, lo que es un jodido milagro. No me pierdo la miseria plasmada en su cara. No se necesita a un científico de cohetes para adivinar que está avergonzada, y no sé cómo decirle que en donde sea que trabaje no me importa una mierda, ni hace una diferencia para mí. Brody se desparrama en la silla junto a la mía. Apoya los antebrazos sobre la mesa y se inclina hacia delante para ver a la mujer medio desnuda bailando a cinco pies de distancia de nosotros. La pelirroja alta está en proceso de sacudirse fuera de su hilo, dejándola con nada más que una pistolera de cuero alrededor de su cintura y dos armas falsas. —¿Y para tí? El hermano de Hollis arranca su mirada de la vaquera desnuda y mira a Sabrina. —Whisky, solo.

74


—En camino. —Gracias nena. Con una sonrisa forzada, Sabrina desaparece, y de alguna manera logro no saltar a través de la mesa sobre Brody. Sabrina no es su nena. Si él la llama así una vez más, no estoy seguro de que pueda evitar sacar la mierda viva de él. —Me parece familiar —grita Hollis en mi oído—. La mesera. ¿No? Me encojo de hombros. —No lo sé. Fitzy vuelve a estudiarla mientras ella se inclina hacia adelante a tomar pedidos en una mesa cercana. —¿Supongo que luce un poco como Olivia Munn? —De ninguna manera. Es un millón de veces más caliente que ella — declara Hollis. Y luego, se encoge de hombros—. Lo que sea, tal vez no la conozco. Su hermano gruñe: —Le preguntaré después porque luce familiar. Ya sabes, cuando esté sobre sus rodillas frente a mí. Aprieto los puños sobre mis muslos. Tengo que hacerlo, o voy a hacer picadillo al hermano de Hollis, y luego Hollis se enojará. Me agrada Hollis. Por suerte, Brody decide dejar de ser un imbécil, como si en algún nivel subconsciente, descubriera que estaba muy cerca del camino de asesinarlo. Se vuelve hacia mí y dice: —Mikey mencionó qué vas a comenzar tu propio negocio. Asiento. —Ese es el plan. —¿Tienes algo en mente? —Le estoy dando vueltas a algunas ideas, pero no me he decidido por nada todavía. He estado enfocado en el hockey. —Sí, te entiendo. —Pero una vez que termine la escuela, evaluaré mis opciones. —Déjame saber si necesitas ayuda. Tengo un par de referencias con algunas nuevas oportunidades. En realidad son cosas de bajo nivel. No estoy seguro de cuánto dinero conseguirás, pero estas oportunidades de inversión no están abiertas al público. Un día entras con un par de cientos de grandes, y tres años después, eres un billonario cuando Facebook compre tu parte. — Chasqueó sus dedos como si fuera así de fácil.

75


—Suena interesante. Quizás te llame cuando esté listo para tomar algunas decisiones. —Asintiendo de nuevo, pero en realidad, no tengo planeado llamar a Brody Hollis para asesoramiento de inversiones. Preferiría no llegar a enrollarme en algún esquema de pirámide, muchas gracias. Sabrina regresa con una bandeja en su mano, y toda mi atención al instante le pertenece a ella. De pie a la derecha de mi hombro, ella coloca nuestras bebidas. Me imagino que es porque soy el menos propenso a jugar a agarrarle el trasero, y no porque desea frotar sus tetas por mi mejilla. —Volveré en unos momentos para comprobarlos —murmura antes de salir disparada. Jesús. La miro fijamente con admiración, deseando poder correr detrás de ella y darle un abrazo. Servirle a un grupo de chicos de Briar, sin mencionar con el que se acostó, no puede ser cómodo para ella. Pudo haberle pedido a su jefe ser cambiada a otra sección, pero no lo hizo. Continúa haciendo su trabajo como si nuestra presencia no la afectara en lo absoluto. Por la próxima media hora, los chicos y yo vemos las estríper hacer sus cosas. Bueno, los chicos observan. Yo, estoy totalmente centrado en Sabrina. La miro a hurtadillas cada dos segundos, apenas prestando atención a lo que está pasando alrededor de mí. Vagamente registro risas y silbidos, y fragmentos de conversación, pero mi mundo entero ha sido reducido a Sabrina James. El sensual balanceo de sus caderas mientras camina. Los tacones altos que hacen que sus piernas largas se vean imposiblemente más largas. Cada vez que pasa junto a nuestra mesa, lucho contra el impulso de arrastrarla hacia mi regazo y besarla sin sentido. —¿Cuánto cuesta una chica como tú? —Masculla una voz alta detrás de mí. —No soy una bailarina. Mis hombros se ponen rígidos cuando reconozco la voz de Sabrina. La mujer sobre el escenario acababa de terminar, y el volumen de la música disminuye unos cuantos niveles mientras la siguiente chica se prepara para seguir adelante. Cuando me giro en mi silla, encuentro que los desagradables chicos de fraternidad están en eso de nuevo. —Pero podrías serlo si el precio fuera el correcto —dijo uno de los imbéciles arrastrando las palabras. —No. Yo solo sirvo tragos. —Desde donde estoy, puedo ver la tensión en sus hombros esbeltos. —¿Y si quiero más que una bebida? —Se mofa el imbécil.

76


—Confía en mí, no quieres desperdiciar tu dinero en mí. Soy una terrible bailarina. —Su tono es ligero en la superficie, pero acerado en el fondo—. ¿Necesitas algo más? —Cariño, no estoy pidiendo un show de Broadway. Sólo quiero que agites tus tetas y culo en mi cara. Quizás frotarte contra mí un poco.. Eso es todo. He tenido suficiente. No me pierdo la mirada de confusión de Fitzy mientras me levanto de mi silla y marcho hacia la mesa del idiota. —Ella dijo no —gruño. El idiota principal me sonríe. —Ellas es una jodida estríper, amigo. Cruzo los brazos sobre mi pecho. —Ella dijo que no —repito. Desde la esquina de mi ojo, veo a Sabrina alejarse lentamente. —¿De dónde saliste? —demanda el gilipollas—. Metete en tus propios asuntos o te… Detrás de mí, las patas de la silla raspan contra el piso, y el gilipollas se encoge en su asiento mientras cerca de seiscientas libras de jugadores de hockey enojados lo miran fijamente desde lo alto. Fitzy es particularmente amenazante con sus dos tatuajes de manga completa y el corte sobre su ceja que obtuvo durante nuestro último juego. —¿Tú vas a qué? —pregunto, levantando una ceja. —Nada —dice hoscamente el chico de fraternidad. —Eso es lo que pensé. —Descubro mis dientes a los imbéciles antes que los chicos y yo nos instalemos de nuevo en nuestras sillas. Me toma un segundo darme cuenta que Sabrina está a mitad de camino al otro lado de la habitación. Se da la vuelta, brevemente, para mirar a nuestra mesa. Cuando nuestras miradas se encuentran, hay un inconfundible dolor en ella. Antes de que pueda detenerme, saco mi teléfono y le mando un rápido mensaje de texto. No sé si todavía me tiene bloqueado, pero no pierdo nada con probar. Lamento eso. No espero una respuesta, así que cuando mi teléfono vibra tres minutos después, estoy verdaderamente sorprendido. Pero entonces me enojo, porque me responde:

77


¿Me seguiste aquí? Me toma un minuto reagruparme. Bebo un sorbo de mi cerveza, tomo una respiración, y luego le contesto con un: ¿nos vemos en los baños? Esta vez responde en seguida. En 5 minutos. En los próximos cuatro minutos, tengo que esforzarme para no mirar fijamente mi teléfono. O establecer un cronometro. Impaciencia burbujea en mis entrañas, intensificándose con cada segundo que pasa. Para el momento en que me pongo de pie, estoy tenso como la mierda. —Voy al baño —murmuro, pero los chicos no me prestan atención. Hollis y Brody están muy ocupados metiendo billetes en el tanga de una estríper, mientras que Fitzy los observa con una expresión aburrida. Me abro paso entre la multitud, principalmente de hombres, hacia la entrada en el otro lado de la oscura habitación. Boots & Chutes se ha pasado de la raya con el estilo del oeste, las puertas que separan los cuartos de baño de la habitación principal, y en los letreros de madera en los baños se lee Pistoleros y Potras. Detrás de la puerta de las Potras, escucho sonidos amortiguados de gemidos femeninos entremezclados con los gruñidos masculinos. Elegante. —Entonces, ¿lo hiciste? Me giro hacia la voz de Sabrina. Ella da zancadas hacia mí, sus brazos cruzados fuertemente sobre su pecho de una manera que hace que su escote se desborde del sujetador. —¿Te refieres a seguirte aquí? —Aplano mis labios—. No, cariño, no lo hice. Me estudia por varios segundos antes de asentir. —Está bien. Te creo. — Luego se da la vuelta para irse. Oh diablos, no. —Sabrina —digo en voz baja. Ella se detiene. —¿Q-Qué? Algo dentro de mí se derrite al escuchar el tartamudeo en su voz. Ella se mantiene de espaldas a mí, su columna tan recta como una barra de metal. En el momento en que la alcanzo, cualquier indignación que sentía sobre su injusta admisión, se desvanece. Gentilmente toco su hombro para girarla, por lo que estamos uno frente al otro.

78


—¿Sabrina? —Mantengo mi voz suave y segura. Ella traga visiblemente. —Aquí es donde trabajo. Le doy un lento asentimiento. —Aquí es donde trabajas. —¿Eso es todo?¿No tienes nada más que decir acerca de eso? Acaricio su hombro desnudo con la yema de mi pulgar, satisfecho al sentir su estremecimiento. —Este es tu lugar de trabajo. Te pagan por trabajar aquí. Yo asumo, que utilizas esos cheques para pagar tus cuentas. ¿Qué más quieres qué diga? Pero sé lo que esperaba de mí. Juicio. Desprecio. Tal vez uno o dos comentarios lascivo. Sin embargo, no soy ese tipo de hombre. Ella continúa observándome, hasta que por fin una pequeña sonrisa se instala en sus hermosos labios. —Estoy esperando la parte donde me dices que nunca vienes a estos lugares, que tus amigos sólo te arrastraron aquí contra tu voluntad, bla, bla… —Estaría mintiendo si te dijera que nunca he estado en un club de estrípers. Pero más o menoslogré ser arrastrado aquí esta noche, voté por el bar deportivo. Y la única razón por la que vine a Boston fue porque… —Me fui apagando, porque la última cosa que quería hacer era asustarla de nuevo. —¿Porque qué? A la mierda. Me encojo de hombros y lo digo: —Tenía la esperanza de quizás encontrarme contigo. Sabrina se ríe. —Boston es un lugar grande, ¿de verdad esperabas toparte conmigo por casualidad? —Esperar, no. ¿Esperanzado? Absoluta y jodidamente. Eso me consigue otra risa. Nos miramos fijamente por un momento. Mi voz se vuelve grave mientras murmuro: —Desbloqueaste mi número. —Desbloqueé tu número. —Concuerda. Entonces ella se humedece el labio inferior con la punta de la lengua, y me trago un gruñido. Mierda, quiero besarla. —Debería…volver al trabajo.

79


Solo había la más pequeña pisca de resistencia en sus palabras, pero una pisca es todo lo que necesito. —¿Cuando sales? —A las dos. —¿Quieres pasar el rato cuando hayas terminado? No contesta de inmediato. Me quedo ahí, conteniendo la respiración, esperando que la cruda y abrumadora lujuria que siento por ella no se muestre en mi rostro, orando que diga… —Sí.

80


Traducido SOS por Mariela, LittleCatNorth y Carilo Corregido por Anna

Tucker Espero por Sabrina en el estacionamiento. Casi todos los autos se han ido, excepto por media docena que probablemente pertenecen a los empleados. Los chicos se fueron de regreso al apartamento de Brody hace un par de horas, donde lo más probable es que se queden bebiendo toda la noche. Les dije que me iba a encontrar con una chica para una comida tardía, con lo cual obtuve un ―dame-cinco‖ de parte de Hollis, aunque refunfuñó que yo era una persona de mierda por no asegurarme de que ella tuviera una amiga. Después de que me dejaron en una cafetería abierta las veinticuatro horas a una cuantas cuadras del club, el sitio donde se supone la encontraría, maté cerca de una hora comiendo una hamburguesa y bebiendo algo de café así no caería dormido a cinco minutos de ver a Sabrina. Luego caminé hasta Boots & Chutes, y ahora estoy recargado contra el lado del conductor del Honda de Sabrina, monitoreando la entrada principal con anticipación. Cuando ella aparece, mi emoción explota. Está vistiendo un abrigo de lana que cae hasta sus rodillas. Debajo de eso sus piernas están desnudas. Mi polla se agita mientras me pregunto si estará usando todavía esos pantalones cortos. Entonces me reprendo a mí mismo, porque puedo decir cuán avergonzada estaba anteriormente por la pequeña vestimenta. —Hola —dice mientras me alcanza. —Hola. Quiero besarla, pero no está enviando ninguna señal de estoy aquí, grandote. Sin embargo, necesito tocarla, así que doy un paso más cerca y pongo un mechón de cabello detrás de su oído. Dudando, ella muerde su labio. —¿A dónde vamos? —¿A dónde quieres ir? —Le dejo la decisión enteramente a ella. —¿Tienes hambre? —Nop. Acabo de comer. ¿Y tú?

81


—Comí una barra energética durante mi último descanso. Le doy guiño. —¿Crees que necesitas energía, eh? ¿Por qué es eso? Sus mejillas se tornan de un lindo rosa. La veo luchar contra una sonrisa, y cuando sale, mentalmente lanzo un puno al aire. Es tan hermosa cuando sonríe. Realmente desearía que lo hiciera más a menudo. Ella mira alrededor. —Tu camioneta no está aquí. —Sí, está en Hastings. Llegamos en el auto de Fitzy. Ella asiente y mordisquea nuevamente su labio. —Yo… bueno… ¿qué debemos hacer entonces? —Sin presiones. —Me muevo más cerca, descansando una mano en su cadera mientras la otra traza la línea de su mandíbula. Mi pulso se acelera cuando ella no hace ningún intento por alejarse de mi toque—. Podemos caminar por aquí. Sólo quedarnos en el coche y hablar. Lo que quieras. Sabrina suelta un suspiro que deja una nube blanca en el aire frío de la noche. —No me siento como para caminar. Está demasiado frío y mis pies duelen por estar de pie toda la noche. Y mi auto es de alguna forma muy pequeño para ti. Estarás incómodo en cinco segundos. —¿Quieres regresar a tu casa? Ella se tensa. —En realidad no. —Otra respiración sale—. No quiero que tú… —¿Qué yo qué? —No quiero que veas donde vivo. —Ella suena a la defensiva—. Es una mierda, ¿está bien? Mi corazón se oprime un poco. No respondo, porque no estoy seguro qué decir. —Bueno, no mi habitación. —Se ablanda—. Esa no una mierda. Sabrina se silencia, como si estuviera luchando una batalla interna. —Quise decir lo que dije antes —digo con voz suave—. Sin presiones. Pero si estás preocupada de que vaya a juzgar en donde vives, detente ahora. No me importa si vives en una mansión o una choza. Sólo quiero pasar tiempo contigo, sea donde sea. Cuando roso sus labios con mi pulgar, la tensión fluye de sus hombros. — Está bien —susurra finalmente—. Vayamos a mi casa.

82


Busco su rostro. —¿Estás segura? —Sí, está bien. Prefiero estar en un lugar cálido y acogedor en este momento. No es que mi casa sea cálida y acogedora, pero definitivamente es más caliente que aquí afuera. Habiendo tomado su decisión, ella desbloquea la puerta del conductor y se desliza detrás del volante. Yo me meto en el asiento del pasajero. Y ella no está equivocada, mis piernas no caven en este vehículo. Incluso si hago hacia atrás el asiento lo más que se pueda, todavía no hay lugar para extenderlas. Ella enciende el auto y lo saca del estacionamiento. —No vivo muy lejos de aquí. Después de eso, no dice mucho por el resto del viaje. No sé si está nerviosa o si se arrepiente de acceder a estar conmigo, pero espero como el infierno que no sea lo último. No la presiono para hablar, porque sé cuán asustadiza puede ser. Paciencia es el nombre del juego aquí, y la paciencia con Sabrina James llega con recompensa. Ella tiene tanta pasión que con el simple hecho de ayudarla a alcanzar un nivel de comodidad le permitirá dejarse ir. Cuando giramos en su calle, pretendo que es la primera vez que he estado aquí. Que no reconozco la angosta hilera de casas destartaladas. Que no dormí en mi auto justo por ese borde irregular la noche que la seguí hasta su casa para asegurarme de que llegara a salvo. Sabrina gira en una entrada al lado de la casa, dirigiéndose hacia la pequeña cochera en la parte trasera. Apaga el motor y sale del auto en silencio. —Por aquí —murmura cuando rodeo el vehículo. Ella no toma mi mano, pero se cerciora de que la estoy siguiendo mientras sube los tres escalones bajos de la pequeña entrada posterior. Sus llaves suenan suavemente en la tranquila noche mientras desbloquea la puerta. Un momento después, entramos a la cocina. Tiene un feo papel tapiz con patrones en amarillo y rosa, y en el centro se asienta una mesa cuadrada de madera rodeada por cuatro sillas. Los electrodomésticos se ven antiguos, pero claramente funcionan muy bien porque ollas y sartenes sucias están esparcidas encima de los quemadores de estufa. Sabrina limpia el desorden. —Mi abuela siempre olvida limpiar después — dice sin encontrarse con mi mirada.

83


Echo un vistazo alrededor del espacio estrecho. —¿Son sólo ustedes dos aquí? —No. Mi padrastro también vive aquí. —No da más explicaciones, y yo no pido detalles—. Sin embargo no te preocupes. El viernes es noche de póquer, por lo general se queda fuera y luego llega tambaleándose a la casa alrededor del mediodía del día siguiente. Y Nana toma un Ambien cada noche antes de acostarse. Duerme como los muertos. Yo no estaba preocupado, pero tengo la sensación de que ella no estaba tratando de tranquilizarme a mí, sino a ella misma. —Mi cuarto es por acá. —Se va por el pasillo antes de que pueda decir una palabra. La sigo, notando cuán angosto es el pasillo, cuán sucia está la alfombra, cómo no hay fotos familiares colgando de la pared. Mi corazón comienza a doler, porque los hombros caídos de Sabrina me dicen cuán avergonzada está de este lugar. Mierda. Odio que se vea tan derrotada. Quiero contarle sobre la pintura descarapelada en nuestro hogar en Texas, sobre cómo dormí toda la escuela secundaria en la habitación más pequeña de la casa para que mi mamá pudiera utilizar el dormitorio más grande como su salón de belleza-en-casa, el cual complementaba los ingresos de su trabajo de peluquería en la ciudad. Pero me callo. Estoy siguiendo su ejemplo. Su habitación es pequeña, ordenada y claramente su fuente de refugio. La cama doble está perfectamente tendida con un edredón azul pálido. Su escritorio está inmaculado, sobrecargado de libros de texto cuidadosamente apilados. Huele a limpio y fresco aquí, como pino, limón y algo adictivamente femenino. Sabrina desabotona su abrigo, se lo quita, y lo pone sobre la silla del escritorio. Mi boca se hace agua. Ella se pone una playera sobre el diminuto sujetador que constituye el ―uniforme‖ de trabajo, pero todavía conserva esos pequeños pantaloncillos. Y los tacones altos. Jodido Jesús, esos tacones. —Entonces —comienza ella. Desabrocho mi chaqueta. —Entonces —repito lo que dijo. Sus ojos oscuros siguen el movimiento de mis manos mientras tiro la chaqueta a un lado. Entonces sacude la cabeza bruscamente, como si intentara dejar de… mirarme, ¿supongo? Escondo una sonrisa.

84


—Lo dije en serio cuando dije que no quería involucrarme —dice. —Sé que lo hiciste. Es por eso que no he llamado. —Voy al escritorio, escaneando los títulos de los libros de texto, un gran número de ellos. Hay una pequeña tablilla de notas de corcho sobre la pared, con fotos clavadas con tachuelas en ella. Sonrío a una toma de Sabrina apretada entre otras dos chicas. La que está a la izquierda tiene brillante cabello rojo y está sacando su lengua mientras aprieta el trasero de Sabrina de una manera exagerada. La de la derecha tiene trenzas largas y delgadas, y está aplastando un beso sobre la mejilla de Sabrina. Ellas obviamente la adoran, y siento una chispa de aprobación al saber que hay al menos dos personas allí afuera que cuidan su espalda. —Mis chicas —explica Sabrina, apareciendo a mi lado. Apunta hacia la de la derecha—. Esa es Hope. —Señala hacia la de la izquierda—. Y Carin. Son mis ángeles enviados desde el Paraíso. En serio. —Parecen agradables. —Mi mirada viaja sobre las otras imágenes antes de aterrizar sobre un pedazo de papel blanco con el emblema de Harvard en la esquina—. Santa mierda —suspiro—. ¿Eso es lo que creo que es? Su rostro entero se ilumina. —Síp. Voy a ir a la Facultad de Leyes de Harvard. —¡Mierda, sí! —La alcanzo y la jalo hacia mí para abrazarla—. Felicidades, cariño. Estoy orgulloso de ti. —Estoy orgullosa de mí también. —Su voz es amortiguada contra el lado de mi cuello. Oh chico. Este abrazo fue una mala idea. Ahora todo en lo que me puedo concentrar es en la manera en que sus redondas y llenas tetas están presionadas contra mi pecho. Juro que sus pezones están duros también. La respiración se Sabrina se atasca en el momento en que siente el cambio en mi cuerpo. —Lo siento —digo con arrepentimiento, acomodando mis caderas hacia atrás—. Mi polla se confundió. Una risa explota fuera de su boca. Ella inclina su cabeza para mirar hacia mí con humor. Y calor. Definitivamente veo una chispa de calor allí. —Pobre chico —murmura—. ¿Necesito explicarle la diferencia entre un abrazar y follar? Je-sús. Esta chica no tiene permitido decir la palabra follar. Suena mucho más como una promesa cuando está deja esos labios en pucherito.

85


—Creo que eso es sabio —contesto solemnemente—. Aunque él no es el tipo más inteligente; quizás necesitarías darle un tutorial manual. Ella levanta una ceja. —¿Qué pasó con ―sin presión‖? —Ah, sólo estoy jugando. No hay presión en lo absoluto, nena. —Excepto por la presión detrás de mi cremallera, quiero decir. Se queda en silencio por un momento. Ya no estamos abrazándonos, pero aún estamos de pie a sólo unas pulgadas de distancia. —¿Te soy sincera? —dice—. Suelo funcionar mejor bajo presión. Algunas veces necesito... un pequeño empujón. Escucho la pregunta no dicha, pero aunque mi polla está poniéndose más dura, me obligo a mí mismo a mostrarme controlado. —No quiero empujarte. No a menos que esté cien por ciento seguro de que es algo que tú quieras. — Estudio su expresión—. ¿Es lo que quieres? Humedece ligeramente sus labios. —Lo... es. —No es lo suficientemente bueno. Dime exactamente lo que quieres. —A ti. Te quiero a ti. —Sé más específica. —Joder, soy un masoquista. Pero esta chica me ha rechazado dos veces desde que dormimos juntos. Necesito asegurarme de que estamos en la misma página. —Te quiero a ti. Quiero esto. —Su palma cubre mi paquete, y mi erección está cerca de rasgar mis pantalones. —¿Dónde lo quieres? —Mi voz es grava pura. —En mi boca. Adiós, restricciones. Sabrina James literalmente las derribó con una bola demoledora con esas tres palabras empapadas de deseo. Estoy besándola antes de que cualquiera de nosotros pueda parpadear. Y es la clase de beso que va de cero a sesenta en un caliente segundo. Mi lengua se desliza a través de sus labios entreabiertos en una codiciosa estocada. Ella jadea con deleite y me besa de regreso, su lengua enredándose con la mía por varios segundos funde-mentes antes de besar su camino hacia mi cuello. Sus pechos se elevan mientras inhala profundamente, y el suave gemido que da va directo a mis bolas.

86


—Hueles tan bien —suspira, y entonces sus labios están sobre mí por completo. Viajando a lo largo de los tendones de mi cuello, acariciando mi clavícula, haciendo cosquillas en mi barbilla. Volviéndome demasiado loco. Ella desliza su mano entre nosotros y me frota sobre mis pantalones. No abre la cremallera. No busca dentro. No sé si es porque está bromeando o esperando el empujón que supuestamente necesita. Ya que no tengo paciencia para lo primero, tomo lo último. —Saca mi polla —digo rudamente. Sus labios se curvan burlonamente. —¿Por qué haría eso? —Dijiste que me querías en tu boca. —Aprieto mis puños a mis lados—. Así que ponme en tu boca. Ella hace un pequeño y dulce sonido, una mezcla entre un lloriqueo, un gemido y un suspiro. Siento sus dedos temblar mientras abre el botón de mis vaqueros, pero sé que no son nervios, debido a que su expresión está nublada con excitación. —Quería hacer esto esa noche en tu camioneta —confiesa ella—. Pero estaba demasiado impaciente por sentirte en mi interior. Delicadamente arrastra mi duro eje fuera de mis bóxers y curva sus dedos alrededor de él. Pateo mis botas para sacarlas, luego jalo mis vaqueros y ropa interior hacia abajo. Los pateo lejos también. —Camiseta —ordena, sonando entretenida—. Quiero ver tu pecho. Esta chica va a matarme. Me saco la camiseta y entonces estoy de pie allí, desnudo frente a ella. Aún está completamente vestida, si puedes llamar a esos pantalones cortos y camiseta delgada-como-un-suspiro vestir. Mientras su caliente mirada me come, envío un rápido gracias a los dioses del hockey por inventar un deporte tan abrumador. El hockey es un juego rudo y peligroso, que requiere horas de entrenamiento. Me ha dado músculos en lugares que ni siquiera sabía que tenían músculos. Y ahora, todo ese duro trabajo está pagándome de regreso el doble por poner esa hambrienta mirada en el rostro de Sabrina. —Tu cuerpo es increíble —dice. Sonrío. —El caldero le dice a la olla —respondo antes de ahuecar sus tetas sobre su camiseta. Aleja mis manos. —¡No me distraigas! Tengo un trabajo que hacer.

87


Le destello una mirada de desafío. —Pensé que eras buena con las multitareas. Considerando que siempre estás tan ocupada. —Oh, puedo hacer múltiples tareas como una profesional. Sólo que no quiero ahora mismo. Quiero saborear esto. —exclama la seductora promesa mientras lentamente baja hasta sus rodillas. Su cabello cae sobre uno de sus hombros mientras echa un vistazo hacia mí. Cristo, nunca vi nada más caliente. Me inclino y froto su boca con mi pulgar. Quiero ver esos labios envueltos a mí alrededor. Quiero ver su garganta trabajando para tomarme dentro. —Chúpame —rujo cuando ella continúa arrodillada allí sin tocarme. Escucha la nota torturada en mi voz y toma compasión de mí, inclinándose al frente para besar la punta de mi polla. Me da la más pequeña lamida de su lengua, pero sólo eso es suficiente para enviar una corriente eléctrica por mi columna. Oh, hombre, no voy a durar demasiado en lo absoluto. Ahueco la parte trasera de su cabeza y la empujo más cerca. Obedeciendo, ella abre su boca y la mitad de mi longitud se desliza dentro. Cálida humedad me rodea, haciéndome gruñir. Es jodidamente increíble, y eso es antes de que comience a trabajar en mí con su lengua. —Ah, joder —digo ahogadamente cuando lame la sensible parte inferior. Sabrina ríe, y el sonido viaja a través de mi eje y pulsa en mis bolas. Me atormenta con lentos empujes perezosos de su mano. Profundos y húmedos empujones de su boca. Dulces y amables lametazos de su lengua. Y todo el tiempo, hace los ruidos más calientes que nunca he oído. Pequeños gimoteos excitados y gemidos en suspiros que confirman que está tan cerca de perderse como yo lo estoy. Acaricio su cabello. Es tan malditamente suave y sedoso mientras se mueve entre mis dedos. Balanceo mis caderas, lentamente, porque quiero que esto dure. Pero cuando su boca de repente se desliza hasta que sus labios están envueltos apretadamente alrededor de mi base, no hay forma de detener el orgasmo. Enterrado en su garganta, me vengo como un petardo. Pasa tan rápido que ni siquiera tengo tiempo de avisarle. —Sabrina —grazno, tratando de alejarme. Ella sólo gime y aumenta la succión, tomando todo lo que tengo para darle.

88


El placer es tan intenso que casi me derriba. Mis rodillas se golpean juntas. Mi cerebro dejó de producir pensamientos coherentes desde que ella puso su boca sobre mí. Eventualmente registro la suave caricia de sus manos sobre mis muslos, las cosquillas de sus dedos a lo largo de mi eje mientras le da una caricia final antes de ponerse de pie. —Eso fue divertido. —Me dice. Farfullo con una risa. ¿Divertido? Hablando de malentendidos. —Eso fue jodidamente increíble. —La corrijo, jalándola hacia mí. La beso hasta que no tiene aliento. Mis piernas aún están temblando pero mis manos ya están calmadas y firmes mientras metódicamente saco su camiseta y luego lucho contra el cordel que mantiene su sujetador estilo bikini en su sitio. Nuestras bocas aún están unidas, la conduzco hacia la cama, avanzando con ella hasta que no tiene otra opción más que caer sobre sus codos y extenderse sobre su espalda. Le saco los tacones, uno por uno, tomando el tiempo para besar cada uno de sus tobillos bien formados. Luego me deshago de sus pantalones demasiado cortos, los lanzo a través de la habitación, y tomando los tacones de nuevo. Sabrina alza una ceja. —¿Me los vas a volver a poner? —Claro que sí. No tienes ni idea de lo bien que te ves en estos tacones. Acoplo un pequeño pie, luego el otro. Cuando termino, la miro por un largo¸ largo rato y me pregunto cómo he tenido esta suerte. Ella es toda largas extremidades, dulces curvas y suave piel oliva. Su cabello oscuro se extiende detrás de su cabeza, sus labios rojos son brillantes y están separados. Y esos tacones... Cristo. Es el máximo sueño húmedo. Me pongo de rodillas y me arrastro más cerca. Mi polla se está despertando de nuevo, pero la ignoro. Puede esperar cinco minutos mientras juego un poco. —No puedo superar lo hermosa que eres —dio con voz ronca, llevando mi mano entre sus piernas. Cuando froto la yema de mi pulgar sobre su clítoris, sus caderas se sacuden fuera de la cama en respuesta. Sonrío. Apenas un toque y ya está caliente por mí. O tal vez se calentó cuando me estaba dando una mamada que pertenece a los libros de historia.

89


Arrastro mi dedo por su hendidura hasta su abertura, gimiendo cuando descubro que está empapada. —¿Hice esto? —murmuro. Travesura bailan en sus ojos. —Lo siento, pero no. Estaba fingiendo que eras Tom Hardy todo el tiempo que te estuve chupando. —Pura. Mierda. —Empujo un dedo en su interior y chilla con fuerza—. Sabías exactamente cuál polla estaba en tu boca. Sabrina se retuerce contra mi dedo. Añado otro, curvándolos a ambos, y acaricio su canal interior mientras mi pulgar rodea su clítoris burlonamente. —Bien, lo sabía —jadea—. ¿Quién necesita imaginar a una estrella de cine cuando ya eres una fantasía viviente? Maldición si a mi ego no le gustaba oír eso. Y a mi polla definitivamente le gusta la forma en que su coño se aprieta alrededor de mis dedos. Recuerdo lo apretada que estaba la última vez, lo bien que se sentía, y una vez más olvido que estoy tratando de ser paciente. Gruñendo, separo sus muslos con mi mano libre y me inclino para enterrar mi cara donde mi polla quiere estar. Cuando mi lengua la toca, gime lo suficientemente fuerte para despertar a los muertos. Esperemos que la píldora que su abuela tomó esté haciendo su trabajo, de lo contrario tendremos una interrupción torpe y poderosa. La beso, lamo, chupo y juego hasta que mi cuerpo no puede soportarlo más. Hasta que mi mente se apaga de nuevo, vacía, salvo por un pensamiento: necesito estar dentro de ella. Arrancar mi boca resulta en el gruñido de decepción de Sabrina. Mi barba ha dejado manchas rosadas en sus muslos, pero parece que no le importa. Ella se retuerce y roza sus piernas, con una mirada hambrienta en su rostro. —Tucker —ruega. —Espera, cariño. —Me inclino sobre el borde de la cama para agarrar mis pantalones, luego saco el condón en mi cartera. Ella me mira prepararme. Su mirada ya no está nublada por la frustración. Está en llamas, ardiendo de anticipación. —Entra en mí —ordena. —Sí, señora. Con una sonrisa, me arrastro hacia ella, con un puño agarro mi polla para guiarla dentro de ella. Ambos gemimos cuando voy más profundo. Pero al parecer no es lo suficientemente profundo. Sus piernas, largas, sedosas e

90


increíbles, se enrollan instantáneamente alrededor de mi cintura. Hunde los talones en mi culo y levanta sus caderas para profundizar el contacto, y es la mejor sensación de mierda en el mundo. Me dejo caer hasta que mis codos están descansando a cada lado de su cabeza. —Hermosa —murmuro, mirando fijamente su rostro enrojecido. Bajo mi cabeza y la beso de nuevo, mientras mi polla pulsa en el apretado calor de su cuerpo. Trato de mantenerlo lento. Intento jodidamente fuerte. Pero Sabrina tiene otras ideas. Ella mete su mano en mi pelo y tira hasta que nuestras bocas se separan. —Necesito más. —Suena tan desesperada como me siento. —Dime qué necesitas. —Esto. —Agarra mi mano y la empuja hacia donde estamos unidos. Sus dedos cubren mis nudillos mientras me impulsa a acariciar su clítoris—. Y esto. —Ella sube y empieza a follarse a mí misma. Y ese es la jugada, damas y caballeros. Mi ritmo lento y medido explota en polvo. En su lugar, resultó puro jodido animal. La penetro con todo lo que tengo. El talón de mi mano permanece pegado a su clítoris hinchado, frotándose al mismo tiempo que cada empuje frenético. En cuestión de segundos estamos ambos sudorosos y sin aliento. Los resortes del colchón crujen por la fuerza de nuestra fuerte follada. La cabecera golpea contra la pared con un rítmico bam-bam-bamque coincide con el golpe salvaje de mi corazón. Ella se viene antes que yo, agarrándome los hombros mientras se estremece debajo de mí. La mamada me había llevado al borde, de manera que ahora podía durar más. Demonios, más de lo que quiero, porque me muero por venirme. Cada músculo de mi cuerpo está enrollado en espiral, gritando para la liberación que todavía está fuera del alcance. —Vamos —murmura Sabrina. Y luego sus dedos cavan en las mejillas de mi culo, uno de ellos se arrastra a lo largo del pliegue, y… Esa es la jugada. Suelto un grito ronco. Olvido mi nombre. Probablemente me desmayo por un minuto. Me siento mareado y maravilloso, y mis bolas todavía están hormigueando, pero creo que podría estar aplastándola, así que fuerzo mi débil cuerpo fuera de ella y colapso sobre mi espalda.

91


—Mierda —murmuro, mirando al techo—. Eso fue… Un golpe en la puerta me interrumpe. —¿Divirtiéndose allí? —pregunta una voz masculina—. Porque con seguridad suena así. Sabrina se congela como un venado en medio de una carretera. El resplandor sexual que había estado luciendo desaparece al instante. Su rostro se vuelve ceniciento, y sus dedos se encrespan en la colcha. —Vete —dice hacia la puerta. —¿Qué? ¿No me vas a presentar a tu amigo? No seas tan grosera, Rina. —Vete, Ray. Pero el hijo de puta no va a ninguna parte. Empieza a golpear de nuevo la puerta, la risa borracha resonando en el vestíbulo. —¡Déjame conocer a tu amigo! Vamos, seré agradable. Sabrina salta de la cama y comienza a recoger piezas de ropa. Rápidamente hago lo mismo, porque es obvio que recostarse desnudos no está en las cartas. Ella toma rápidamente una camiseta y un par de pantalones cortos de algodón, luego se acerca a la puerta y la abre. —Quítate de mi puerta, Ray. Lo digo en serio. El hombre de la puerta pasa a través de ella, estirando el cuello para mirarme bien. Cuando nuestras miradas se cierran, él se ríe de nuevo. —¡Ah, tienes un pequeño amigo! ¡Echa un vistazo a los músculos de éste! —Su cabello graso cae sobre su frente mientras mueve su cabeza hacia Sabrina—. Te gustan los músculos, ¿eh? Sí, definitivamente te gustan. Te oí gritar como una perra en celo desde el salón. —Vete —gruñe Sabrina. —Suenas caliente cuando te vienes… A la mierda. La furia hierve en mi interior mientras me lanzo hacia adelante. No me importa una mierda que este hombre sea el padrastro de Sabrina. A la mierda enferma no se le permite hablarle a ella así. —Es suficiente —digo en voz baja—. Ella le pidió que se vaya. Sus cejas se elevan. —¿Quién diablos eres tú para darme órdenes? Esta es mi casa, muchacho.

92


—Y esta es su habitación —replico. —Tucker —comienza ella, pero Ray la interrumpe. —Rina, dile a tu deportista que cierre la boca. De lo contrario la cerraré por él. Sí claro. Podría noquear a este cabrón con un puñetazo. Está tan borracho que se balancea sobre sus pies. —Ray. —La voz de Sabrina es engañosamente calmada—. Quiero que te vayas, por favor. El silencio cuelga entre los tres. Finalmente, Ray gira sus ojos de una manera dramática y se dirige de nuevo hacia la puerta. —Cielos, ¿realmente eres una perra engreída? Sólo estaba jugando. —Juega en otro lugar. —Le digo fríamente. —Cállate, chico. —Pero no se queda. Oímos sus pasos inestables en el pasillo. Un momento después, una puerta cierra. Lentamente, me vuelvo hacia Sabrina. Mi estómago se retuerce con preocupación. Y hay una punzada de miedo también, porque odio la idea de que el idiota duerma sólo dos puertas abajo de ella. Antes de que pueda hablar, ella mete su cabello detrás de las dos orejas y dice: —Estoy muy cansada. Probablemente deberías irte ahora. Mi mirada se dirige hacia el pasillo. —No me molestará —susurra, como si estuviera leyendo mi mente—. Cierro mi puerta por la noche. No estoy seguro de que una puerta cerrada mantenga a ese idiota fuera. Ray no es tan alto o voluminoso como yo, pero tampoco es insignificante. Fofo, sí, pero no insignificante... —Estaré bien —insiste, y la mirada en su rostro me dice que está tan ansiosa de que me vaya como yo lo estoy por quedarme. —¿Estás segura de que estarás bien? —pregunto finalmente. Ella asiente. —Bueno. Yo... supongo que me iré entonces. —Saco el teléfono de mi bolsillo y abro la aplicación de Uber. Luego me tomo un tiempo innecesariamente largo en ello, con la esperanza de que cambie de opinión.

93


No lo hace. Espera en silencio mientras rastreo un auto, luego me conduce a la cocina, abre la puerta y murmura con voz suave: â&#x20AC;&#x201D;Buenas noches. No me da un beso de despedida.

94


Traducido SOS por Carilo Corregido por Anna

Sabrina No estoy seguro de si me has bloqueado de nuevo. En la remota posibilidad que no lo hicieras, eres jodidamente espectacular en la cama. Tú cuerpo caliente casi eclipsa ese cerebro sexy que tienes. Casi. Quiero verte de nuevo. En la cama, fuera de ella. De cualquier forma. Me gusta fingir que soy indiferente a cosas ordinarias como sentimientos. Que mi enfoque es tan preciso como un láser, que nada me puede empujar fuera del camino que me fijé en el sexto grado. Pero cuando miro a través del patio a una chica que se frota contra Tucker, los pensamientos sobre Harvard, las calificaciones perfectas, y los pinchazos de todos los que odio son apartados por una oleada verdes de celos Quiero marchar hasta allí, sacar mi teléfono y meter una captura de pantalla de sus mensajes sexuales delante de su cara. Gruñir mira, es mío y luego arrastrarlo. O tal vez lo echaría abajo y lo montaría delante de todo el campus de Briar. —B, pareces que no sabes si quieres matar a Amber Pivalis o follar a Tucker. Cualquiera de los dos es ilegal en los terrenos de la escuela. —Hope se ríe en mi oído. ¿Amber? Su nombre va en mi libro hoguera.15 —No tengo tiempo para esto —murmuro, cambiando mis libros más arriba en mis brazos. No estoy segura si estoy hablando conmigo misma o con Hope en este momento. Las dos, tal vez. —¿Cómo definimos ―esto‖? ¿Tu súbita obsesión por Tucker o tu desenfrenada negativa a permitirte realmente disfrutar de la vida? —Si tu ceja sube más arriba en tu frente, será oficialmente parte de tu línea de cabello. —Es mi no-respuesta.

Libro Hoguera:En ingles burn book, y hace referencia al libro de la película Mean Girlso Chicas Pesadas, donde las protagonistas escriben cosas malas sobre otras personas. 15

95


—Estar cerca de ti causa estos extraños tics. —Hope menea ambas cejas. —¿Haces esas caras en la cama con D’André? ¿Es un extraño fetiche suyo? —Sabes cuál es el fetiche de D’Andre y no son mis cejas. —Oh Dios. Cierto. Lo siento, lo olvide. —La preferencia de D’Andre por los traseros no ha pasado desapercibido para ninguno de los amigos de Hope, pero no es algo sobre lo que me quiera detener, ni siquiera como una distracción de Amber. La señorita engreída está caminando con los dedos por el brazo de Tucker mientras él escucha atentamente todas las cosas estúpidas que salen de su estúpida boca. Quiero decir, ella podría estar hablando de las teorías de Nietzsche16 sobre el nihilismo, pero aun así sería estúpido porque Tucker está embelesado. —¿Vamos a estar aquí todo el día y ver el espectáculo de Amber/Tucker, o vamos a comer? Sus nombres ni siquiera suenan bien juntos. Su apodo de celebridad sería Tamber o Aucker, y ambas opciones son tontas. El nombre de la celebridad mío y Tucker sería Sucker17,lo que podría referirse al sexo oral o a la forma en que me siento ahora, como una idiota. ¿Por qué diablos está coqueteando con alguna otra chica después de enviarme ese mensaje sexual? —Comer. —Me quejo, pero mis piernas me están propulsando hacia el oeste, que no es la dirección del comedor. —Sabes que Carver está a nuestra izquierda, ¿verdad? —Hope suena como si estuviera tratando de no estropearme el estómago. Me detengo, pero ya es demasiado tarde. La cabeza de Tucker se levanta y me ve. Puedo sentir el calor de su sonrisa desde aquí. Oh mierda, esto fue un error. Hace tres noches fue un error. Hace una semana fue un error. Pisotear a través del patio como una novia celosa es definitivamente un error.

16

Nietzsche: Friedrich Wilhelm Nietzsche fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes del siglo XIX 17

Juego de palabras, sucker se refiere al verbo o la acción de chupar o succionar, al igual que se puede utiliza como un término despectivo para alguien o algo que es desagradable, o que simplemente está o se siente mal. De allí las dos referencias de Sabrina.

96


Agarro el brazo de Hope y camino muy rápidamente en la dirección opuesta. —Estoy hambrienta. Vamos a comer. —Te das cuenta de que correr es algo que sólo hago en la caminadora mientras uso mis zapatillas de deporte y mi equipo de correr, ¿no? —Trota a mi lado, tratando de mantener en pie con esas caras botas de gamuza con un tacón tan alto como mi mano. Camino aún más rápido. —No puedo oírte. La vergüenza está haciendo cortocircuito en mi sistema nervioso. —Si la vergüenza está causando tu mal funcionamiento ahora, me encantaría saber qué fue lo que te hizo correr a través del patio. Como si no lo supiera. Sin embargo, antes de que pueda responder, Tucker aparece a mi derecha. —¿Dónde está el fuego? —dice. Hope se detiene bruscamente. —Gracias a Dios que nos alcanzaste. —Se pasa una mano por la frente con un movimiento exagerado—. No estoy hecha para ejercicios al aire libre. —Ahórratelo —siseo desde uno de los lados de mi boca. Ella sonríe sin arrepentirse. —Voy a entrar para apartarnos un asiento. Cuando hayas terminado, ven a encontrarme. —Ella llega más allá de mí para darle al bíceps de Tucker un apretón—. Eres bienvenido a unirte a nosotras, guapo. Alguien gruñe. Espero que todo el mundo piense que es mi estómago, pero por la amplia sonrisa de Hope y la sonrisa de Tucker, sé que fui atrapada. Por lo menos Tucker tiene la decencia de esperar hasta que Hope está fuera del alcance del oído antes de abrir la boca. —¿Ignorando mis textos otra vez? —Fue un texto, y sólo han pasado tres días. —Miro con obstinación hacia delante y no hacia su bello rostro ni sus profundos ojos marrones. —Pero, ¿quién está contando, verdad? Ni siquiera necesito mirarlo para saber que está sonriendo. Se nota en cada una de sus palabras. Nos quedamos allí un momento, ninguno de nosotros habla. Supongo que me está mirando mientras yo miro todo excepto a él. Finalmente, encuentro mis ovarios y me giro para encararlo.

97


La sonrisa ha desaparecido. Ahora lleva un gesto fruncido, como si decidiera que soy un rompecabezas que está tratando de resolver. Una docena de preguntas giran alrededor de mi cabeza, y tomo un momento para ordenarlas y llegar a lo que me molesta más, la horrible escena con Ray antes de que Tucker saliera de mi casa el viernes por la noche. —Fui a Harvard el otro día —comienzo torpemente—. Me senté en el vestíbulo y un estudiante me confundió con una persona pobre con necesidad de asistencia legal. —Mierda. Me opongo a la simpatía. —Después de que le dijera que en realidad iba a asistir a Harvard con él el próximo otoño, fui a ver a la profesora que es buena amiga de mi consejera y me dijo que comprara ropa nueva. Hasta este fin de semana, ese fue probablemente uno de los eventos más humillantes de mi vida. Bueno, si no cuentas el día en la secundaria cuando inesperadamente conseguí mi período durante la clase de gimnasia. Mientras subía una cuerda. Él se ríe entre dientes. —Ouch. —Pero... ¿tú escuchando toda esa mierda que mi padrastro dijo? —Me detengo para estremecerme—. Esa es una escena que me gustaría borrar. —Sabrina… Lo interrumpo. —Mi vida es como un horrible episodio tras otro de Las Verdaderas Amas de Casa de South Boston: Edición del Barrio 18. Y si no consigo obtener calificaciones perfectas, si no puedo competir... —Mi voz se agrieta ligeramente y tengo que parar. Tucker no dice nada. Me está observando con una expresión indescifrable. Aclaro mi garganta. —Si no puedo competir, entonces no puedo salir de ahí, lo que, francamente, es inaceptable para mí. Así que aunque el sexo contigo es malditamente increíble, también es una distracción. Tú eres una distracción —confieso. Él deja escapar una respiración lenta y constante. —Bebé. ¿Crees que eres la única con un familiar embarazoso? Mi tío Jim es literalmente uno de esos tipos espeluznantes que le dan vida a los estereotipos de tío. Siempre está tocando a los miembros de su familia de maneras extrañas. Ninguna de mis primas quiere estar a su lado. Si te llevara a una reunión familiar, estaría haciendo una declaración grosera y tratando de agarrarte el culo. No creo que lo sostengas en mi contra, ¿verdad?

18

Las Verdaderas Amas de Casa de South Boston: Edicion del Barrio: Reality Show Estadounidense.

98


—No, pero... —Empiezo a decir que no es lo mismo, pero ambos sabemos que eso no es cierto. Es lo mismo. Ray no es mi padre. Es un idiota con quien mi madre se casó y dejó atrás como una pieza de equipaje no deseada. Como yo. —Y a pesar de lo que piensas, no tengo dinero. Estoy aquí por una beca de hockey completa. Si Briar no hubiera ofrecido eso, estaría en una escuela estatal en Texas. —Se encoge de hombros—. Tengo algunos ahorros y pienso usarlos para impulsar mi vida post-universitaria, pero no soy el idiota que crees que soy. —No creo que seas un idiota —murmuro, pero no niego que soy recelosa de chicos con dinero. Me estudia un momento. —Déjame preguntarte esto. El fondo fiduciario de Dean gana más interés en un trimestre que lo que vale toda mi herencia. ¿Eso hizo que su polla se sintiera diferente cuando estabas con él? Me encojo por un momento, porque mi encuentro borracho con Dean Di Laurentis no es algo en lo que me guste pensar. Al mismo tiempo, la idea de que el dinero de Dean haga que su pene se sienta diferente es tan tonta, no puedo evitar que un resoplido salga. —No lo recuerdo. Estaba borracha y él también. —¿Te sentiste como un millón de dólares al día siguiente? —Dios no. —Así que el dinero no importa una vez que llegas a él. No importa lo delgada o gruesa que sea la cartera de nadie. Todos sufrimos. Todos amamos. Somos lo mismo. Y tu pasado, con quién vives, de donde viniste, no tiene que importar. Estás creando tu propio futuro, y quiero ver hacia donde te lleva el camino. —Tucker desliza un dedo debajo de la correa de mi bolso de mensajero—. Deberíamos conseguir algo de comida para ti. ¿Qué tal si llevo esto mientras te acompaño al comedor? Aparentemente la clase de filosofía ha terminado, lo cual me alegra porque no estoy preparada para responder a lo que acaba de decir. En su lugar, lo dejo llevar la bolsa. Caminamos en silencio por unos cuantos pasos antes de que me vea obligado a preguntar: —¿Nada te hace flaquear? Asiente solemnemente mientras se acerca la bolsa a su hombro. Cualquier otra persona se vería un poco ridícula con una mochila atada a la espalda y una bolsa de mensajero colgando de su hombro, pero de alguna manera, probablemente debido a su pecho y altura masiva, le queda.

99


—Sí, todo tipo de cosas, pero trato de no dejar que me depriman. Es una pérdida de energía. —Sólo nombra uno. —Le suplico—. Una cosa embarazosa. Un defecto. Una cosa que te moleste. —Que no me llames de vuelta me molesta. —Eso es ser modesto, no es embarazoso. —Me has rechazado. Dos veces. —Me recuerda—. ¿Cómo admitir que me molesta es humilde? —Debido a que tuvimos un buen sexo, así que sabes que dormiría contigo de nuevo bajo diferentes circunstancias —argumento. En alguna parte en el fondo de mi mente, reconozco que esta conversación está llegando a niveles ridículos. Estoy discutiendo con un tipo con el que dormí sobre cómo no puedo dormir con él de nuevo porque es demasiado bueno en la cama. Mi vida es oficialmente una farsa. —¿Qué es una circunstancia normal para ti? —pregunta con curiosidad, igualando su largo paso con el mío más corto. —No lo sé. No puedo ver eso tan lejos. Se detiene justo antes de la entrada de Carver Hall. —Mientes. —¿Qué? —Mientes. Sabes exactamente dónde quieres estar en probablemente cincuenta años, no sólo los próximos cinco. Mis mejillas se calientan, porque tiene razón. —Escucha. —Tucker se extiende y agarra un mechón de mi cabello, frotándolo entre sus dedos antes de meterlo detrás de mí oreja—. Me gustó dormir contigo. Disfruté escuchando esos pequeños gemidos sensuales que hiciste cuando chupé tu clítoris, y me gustó sentirte sacudir como una hoja cuando te viniste debajo de mí. —Sus palabras sucias están en marcado contraste con su tono firme y la manera en que me mira fijamente a los ojos—. Pero no me gustó la forma en que tu papá... —Padrastro —corrijo. —... Padrastro te trató. En realidad lo odié. Odio que vivas con eso y me alegro de que estés trabajando para salir de allí, porque eso es lo que estás haciendo, ¿verdad? Te estás matando para obtener calificaciones perfectas,

100


altas puntuaciones, admisión a las mejores escuelas, todo para que poder escapar. Su pulgar roza a lo largo del pómulo de mi mejilla. —No quiero ser una distracción, pero te quiero a ti. Creo que hay algo aquí, pero soy un tipo paciente y tomaré lo que tienes ahora mismo. No estoy aquí para añadirle presión o hacer las cosas más difíciles. Quiero aliviar tu carga. Mi corazón late fuerte en el espacio entre nosotros, el espacio que él cierra con un paso. —Mi papá murió cuando tenía tres años —dice bruscamente—. Fue un accidente automovilístico. Casi no tengo recuerdos de él. Sin embargo, recuerdo haberme despertado escuchando a mi madre llorar por la noche. Recuerdo haber visto su rostro cuando no podía conseguirme un nuevo par de patines o un nuevo videojuego. Recuerdo cómo se enfadó conmigo cuando estaba jugando en la sala una vez y metí una lámpara en la televisión. Me castigó por eso. —Su expresión es más triste que enfadada—. Ella trabajó en dos lugares para asegurarse de que yo pudiera jugar al hockey, y cuando me gradúe esta primavera voy a llevarla lejos de todo ese trabajo duro. Pero también sé que quiero a alguien que comparta la vida conmigo. Mi madre está sola. No quiero eso para mí. Y tampoco quiero eso para ti. Cuando me besa, no es nada parecido a nuestros encuentros anteriores. Eran ásperos, calientes y sexualmente cargados. Este beso es un pétalo suave y dulce como el jarabe en sus palabras. Se siente como si estuviera derramando ternura sobre mi cabeza por galones. Con cada presión de sus labios contra los míos, está repitiendo su promesa de no darme nada más que lo que pido. Y es este beso. Este beso dulce, tierno y pensativo me asusta más que cualquier cosa que he sentido nunca.

101


Traducido SOS por Carilo y Gisenid Corregido por Anna

Tucker Un par de días después de mi charla con Sabrina en el patio, me levanto del sofá de Fitzy y me preparo para una práctica brutalmente temprano en la mañana. No planeé quedarme en su casa la noche pasada, pero nuestra sesión de videojuegos duró hasta las dos de la mañana y no tenía sentido conducir a casa cuando teníamos que despertar a las cinco y media para la práctica de las seis. Fitzy vive solo en un apartamento del tamaño de una caja de zapatos en Hastings. Su ―dormitorio‖ está separado de la sala de estar por una cortina que colgó del techo. Llegar al pequeño cuarto de baño casi me obliga a subir por encima de su cama. El gran jugador de hockey tatuado está tumbado sobre su estómago, durmiendo como los muertos, así que golpeo su culo mientras me dirijo al baño. —Despierta, amigo. Práctica —gruño. Murmura algo incoherente y rueda. Encuentro un cepillo de dientes de repuesto en un cajón al lado del lavabo y lo abro. Mientras me cepillo los dientes, me desplazo a través de mi teléfono para ver si Sabrina me envió un mensaje cuando mi teléfono estaba en silencio anoche. No lo hizo. Maldita sea. Esperaba que con mi discurso, y ese increíble beso de mierda, pudiera haber cambiado su opinión acerca de salir conmigo, pero supongo que no. Sin embargo, encuentro la conversación más sorprendente en el chat en grupo que tengo con mis compañeros de cuarto. Todos los mensajes son de anoche, y son extraños como la mierda. Garrett: ¡¿Qué demonios D?! Dean: ¡¡No es lo que piensas!!

102


Logan: ¡Es difícil confundir tu baño romántico con esa cosa rosada gigante! ¡En tu culo! Dean: ¡No estaba en mi culo! Garrett: Ni siquiera voy a preguntar dónde estaba Dean: ¡Tenía una chica! Garrett: Seguuuuuuuuuro Logan: Seguuuuuuuuuro Dean: Los odio chicos Garrett:<3 Logan:<3 Enjuago mi boca, escupo, y dejo caer el cepillo de dientes en la taza pequeña en el lavabo. Luego rápidamente escribo un texto. Yo: Espera... ¿qué me perdí? Ya que tenemos práctica en veinte minutos, los chicos están despiertos y claramente en sus teléfonos. Dos fotos aparecen simultáneamente. Garrett y Logan me envían fotos de consoladores rosados. Ahora estoy más confundido. Dean escribe inmediatamente:¿Por qué tienen fotos de consolador a mano? Logan: ALINIMB Dean: ?? Yo: ?? Garrett: Al menos no está en mi trasero. Me bufo a mí mismo, porque estoy empezando a juntar las piezas. Logan: ¡Bien, G! ¡Lo tienes en el primer intento! Garrett: Pasamos mucho tiempo juntos. Yo: POR FAVOR díganme que atraparon a D jugando con consoladores. Logan: Claro que sí. Dean se apresura a objetar de nuevo. ¡TENÍA UNA CHICA ENCIMA!

103


Los chicos y yo lo molestamos por un par de minutos más, pero tengo que parar cuando Fitzy tropieza en el baño y me empuja a un lado. Está despeinado y desnudo. —Tengo que orinar —murmura. —Buenos días, solecito —digo alegremente—. ¿Quieres que te prepare un poco de café? —Dios. Sí. Por favor. Riendo, salgo del baño y camino por el cuatro o tan sólo pasos a su cocina. Cuando finalmente emerge, le doy una taza de café en la mano, sorbo el mío y digo: —Dean se metió un consolador en el culo anoche. Fitzy asiente. —Tiene sentido. Me río en medio sorbo. El café se derrama sobre el borde de mi taza. — Cierto, ¿verdad? Él da otro asentimiento y sorbe el resto de su café. Ya estoy vestido y listo para salir, así que termino tranquilamente mi bebida mientras Fitzy corre por el apartamento en busca de ropa. Cinco minutos más tarde, salimos a la fría mañana y nos dirigimos a nuestros respectivos autos. Afortunadamente tengo mi equipo en la parte de atrás, así que no tengo que parar en casa primero. Y aunque es estúpido como la mierda, Fitz y yo aceleramos hasta el campus como un par de adictos a la velocidad. Él gana, porque mi camioneta es vieja y más lenta que la melaza. Llegamos a la arena con diez minutos de sobra, lo cual es bueno porque mi teléfono elige ese momento para timbrar. Mi pulso se acelera al pensar que podría ser Sabrina. No es. Estoy un poco decepcionado cuando veo el número de mamá y luego me siento mal por eso porque amo a mi mamá. —Te veré allí —le grito a Fitzy, que salta de su coche. Él asiente y se aleja, mientras yo respondo la llamada—. Hola mamá. La práctica está por comenzar, así que no tengo mucho tiempo. —Ah, entonces no te retendré. Sólo llamaba para ver cómo estabas y saludarte. Su voz familiar hace que algo dentro de mí se suavice. Lo juro, mamá siempre tiene ese efecto en mí. Podría estar tenso como la mierda, y una palabra de ella afloja todos mis músculos. Supongo que soy un chico de mamá, pero no es como si pudiera ser cualquier otra cosa, ya que no tengo un padre.

104


—Te levantaste temprano. —Observo. Son sólo las cinco de la mañana en Texas, que es temprano incluso para ella. —No podía dormir —admite—. Estoy diseñando una fiesta nupcial entera esta mañana. Estoy nerviosa. —Ah, no hay nada de qué preocuparse. Eres una encantadora de pelo, ¿recuerdas? Mamá se ríe. —Lo soy. Pero con el maquillaje, no tanto. Los cursos que tomé el verano pasado ayudaron, pero cielos, chico, ¡estoy en pánico aquí! ¿Cómo podría vivir conmigo misma si fuera la mujer que arruinó el gran día de una novia pintando su rostro como un payaso? —Lo harás muy bien. —Le aseguro—. Lo garantizo. —Oooh, ¿una garantía? ¿Ni siquiera una simple promesa? Tienes mucha confianza en tu mamá, John. —Por supuesto que sí. Porque mi madre es una estrella de rock. —Realmente he criado a un encanto, ¿eh? —Síp. —Sonrío mientras sostengo el teléfono con mi hombro y salgo de la camioneta. —Muy bien, dame un rápido resumen de lo que has estado haciendo. — Ordena. Camino hacia los masivos escalones delanteros de la instalación de hockey de Briar. —No mucho —confieso—. Hockey, escuela, amigos, lo habitual. —¿Todavía no hay novia? —Hay una nota de burla en su voz. —No. —Dudo—. Sin embargo, conocí a alguien. —¡Oooh! ¡Dímelo todo! Riendo, meto la mano en mi bolsillo para sacar mi identificación de estudiante que desbloquea las puertas delanteras. La seguridad es rigurosa aquí. —Nada que decir todavía. Pero cuando tenga más detalles, serás la primero en saberlo. De todos modos, me tengo que ir. Estoy entrando en la pista. —Muy bien, llámame cuando tengas más tiempo para charlar. Te amo, cariño. —También te amo.

105


Cuelgo y deslizo mi identificación en el teclado, luego entro al elegante vestíbulo con aire acondicionado donde cuelgan camisetas enmarcadas en las paredes y banderines de campeonatos multicolores que caen del techo. Ojalá hubiera tenido más tiempo para hablar con mamá, pero cuando se trata de hockey en Briar, no hay tal cosa como holgazanear. El entrenador Jensen dirige un programa de primera categoría que se enorgullece de la excelencia y el trabajo duro. Sólo porque estamos succionando pelotas en estos días no significa que los fundamentos se han perdido. En un paso rápido, me dirijo a los vestuarios. Todavía tengo mi teléfono en la mano, y después de un momento de vacilación, le envió un texto rápido a Sabrina. Yo: Buen día, cariño. ¿Pensaste sobre lo que hablamos? Tengo una primera oferta de cita aquí con tu nombre escrito por todas partes... Luego guardo mi teléfono y voy a practicar. *

Sabrina Ya llego tarde para encontrarme con las chicas, pero cuando salgo volando después de mi noche de tutoría, al instante sé que estoy a punto de llegar aún más tarde. Beau Maxwell y algunos de sus amigos están congregados en la parte inferior de las escaleras, rodeados por una media docena de fanáticas del futbol. Desde donde estoy parada, es obvio que los chicos están disfrutando la atención. A pesar de que Briar es una universidad principalmente de hockey, también los jugadores de futbol reciben un montón de atención por aquí. —¡S! Beau se separa del grupo cuando me ve en las escaleras. Sus ojos azules se iluminan, lo cual pone un feo ceño fruncido en las caras de las chicas alrededor de él. Claramente no aprecian mi caza por su mariscal de campo, y potencial encuentro para la noche, pero no me interesa en particular. No he hablado con Beau en semanas, y no puedo negar que estoy feliz de verlo. Desciendo las escaleras mientras él las asciende, y nos encontramos a mitad de camino por un abrazo. Fuertes y musculosos brazos se envuelven alrededor de mí y me balancea fuera de mis pies. Me rio, ignorando a las fanáticas que están asesinándome con la mirada.

106


—Hey —digo cuando me pone de regreso sobre mis pies—. ¿Cómo has estado? —No muy bien, en realidad. Nada bien en lo absoluto. Mi cama está fría y sola sin ti en ella. Puedo decir que está bromeando porque su puchero es exagerado. E incluso esa expresión tonta no lo hace menos apuesto. Con su cabello oscuro y rasgos cincelados, Beau es sexy como el infierno. Nos conocimos en una fiesta la primavera pasada donde, en cuestión de segundos, me atrapó con su sonrisa de hoyuelos y su fácil encanto. Creo que caímos juntos en la cama diez minutos después de eso, y él es uno de los raros tipos con lo que me he permitido ver más de una vez. E incluso ahora, de pie cara a cara, no está produciendo nada en mí. Sin estremecimientos. No calor. Sin quiero tener eso de nuevo. Tan hermoso como es Beau, no es con el que quiero estar desnuda en estos días. Ese honor recae en John Tucker. TCC19 el chico más dulce, más caliente y más paciente del planeta. TCC el chico que me pidió salir esta mañana vía mensaje y a quien aún no le he respondido. —En serio, nena, ¿qué he hecho para merecer tal castigo? —Toca su corazón con fingido dolor, y el ceño fruncido y enojado de las fanáticas, se vuelve más fruncido y más enojado. —Aja. Estoy segura que tu cama ha estado miserablemente vacía desde que la dejé. Apuesto que estás viviendo la sola y triste vida de un monje. —No exactamente. —Me da un guiñó—. Pero podrías al menos tratar de actuar como si extrañaras follar con todo esto. —Se pasa una mano de la cabeza a los pies. Y sí, ―todo esto‖ es poderosamente atractivo. Estoy hablando de un pecho ancho, brazos esculpidos, largas piernas, y músculos de sobra. Pero Tucker también tiene todas esas cosas. —Veo que tu ego sigue siendo tan grande como siempre —digo alegremente. Beau asiente fervientemente. —Lo es. No tan grande como mi polla, por supuesto… —Por supuesto. —Pero no me quejo. 19

TCC: También Conocido Como.

107


—Aparte de tu gran polla y ego, ¿cómo te va? ¿Cómo está Joanna? — Había conocido a la hermana mayor de Beau, Joanna, en una de sus fiestas, y observarlos a los dos discutir, había sido muy entretenido. —Ella está bien. Aún haciendo ese show en Broadway y matándolo. — Suspira—. Me pregunta por ti todo el tiempo. —¿Lo hace? —Oh sí. Piensa que soy un idiota por no hacerte mi novia. —¿Hacerme? —repito con sequedad. —Traté de decirle que soy demasiado hombre para ti, pero Jo insiste que tú eres demasiada mujer para mí. Obviamente, ella está equivocada. Mis labios se contraen con humor. —Obviamente. ¿Qué más? ¿Cómo va la temporada? Su expresión relajada vacila un poco. —El equipo perdió dos partidos esta temporada. Simpatía tira de mi pecho. Sé lo importante que es el futbol para él. —Estoy segura de que todavía puedes cambiar las cosas. —Le aseguro, aunque no tengo idea si eso es verdad. Aparentemente no lo es. —Naah, estamos jodidos —dice con tristeza—. Dos derrotas casi garantizan que no llegaremos a los playoff. Ah, mierda. Y también es su último año en Briar. —Oye, pero al menos llevaste al equipo a un campeonato durante tu tiempo aquí. —Le recuerdo—. Eso cuenta para algo, ¿cierto? —Seguro. —Pero no suena convencido de eso. Se aclara la garganta y me ofrece una sonrisa que carece del brillo de antes—. De todos modos, estoy contento de haberme encontrado contigo. Prometí no decir nada sobre esto, pero me imagino que es genial traerlo a colación para ti ya que eres la otra parte. Arrugo mi frente. —¿La otra parte de qué? Él sonríe ampliamente, y esta vez sí llega sus ojos. —La épica persecución de Tuck. Oh Dios. —¿De qué estás hablando? —chillo.

108


—Ja. No te hagas la tonta, nena. Hace como una semana él me localizó en el gimnasio, y conozco al chico, no hay forma de que él dejara pasar una semana sin rastrearte. La ansiedad aprieta mi vientre. Beau y yo podríamos haber terminado las cosas en términos fantásticos, pero eso no significa que me sienta cómoda hablando de otros chicos con él. Como si sintiera eso, el suaviza su tono. —Todo está bien, S. No tienes que darme detalles si no quieres hacerlo. —Se encoge de hombros—. Solo quería asegurarme de que supieras que él es un tipo decente. Espera, ¿qué? —Espera, ¿qué? —digo en voz alta. Beau se ríe. —Tucker. —Aclara, como si no supiera de quién estamos hablando—. Sé que tienes esta venganza contra los jugadores de hockey… —¡No la tengo! —protesto. —¡Tú jodidamente la tienes! —Ahora se está riendo más fuerte—. ¿Quieres que te enumere todas las veces que tuve que sentarme ahí y escucharte despedazar a Di Laurentis? En realidad, ni siquiera sería capaz de enumerarlas. Esa es la frecuencia con que lo hiciste. —Puede haber sucedido un par de ocasiones —admito con un gruñido. —Un par, cientos, lo mismo, ¿cierto? Pero sí, ni siquiera trataré de defender a Dean, quien es jodidamente increíble, por cierto. Sé que no cambiaras de parecer acerca de él. Pero Tucker es legítimamente genial. Es uno de los mejores tipos que he conocido. Lo mismo, pienso con ironía. Pregunto en voz alta. —¿Por qué me estás diciendo esto? —Porque te conozco. —Extiende la mano y mete un mechón de mi cabello. Detrás de nosotros, suena un jadeo indignado de las fanáticas—. Probablemente ya has pensado un millón de razones para no darle a Tuck una oportunidad. Y si una de esas razones es que en realidad no estás interesada, entonces grandioso, no salgas con él entonces. Pero si estás interesada en él, no dejes que ese gran cerebro tuyo —Golpea suavemente mi cabeza—… hable por ti, ¿de acuerdo? —Probablemente deberías dejar de tocarme. Tus fans se están molestando. Él resopla. —¿En realidad piensas que tocarte va a detener a una o dos de ellas de chuparme la polla esta noche?

109


Palidecí. —Asqueroso, Beau. —Es verdad, Sabrina. —Agita sus pestañas—. Soy un dios por aquí. No puedo hacer nada mal. Huh. Debe ser lindo vivir en un mundo donde todo te es entregado en bandeja de plata, donde tus errores no significan nada. Mantengo mis pensamientos cínicos para mí misma. —Entonces, ¿qué te dijo Tucker exactamente? —Que está interesado en ti. —Beau da otro encogimiento de hombros—. Quería saber si nuestra historia iba a plantear un problema para él. Le dije que no. Mi mandíbula se abre. —¿Así que prácticamente te pidió permiso para salir conmigo? —¿Permiso? —Beau resopla lo suficientemente alto para hacer que todos sus amigos nos miren—. Sí, claro. Más como anunciar que te quería, y que si tenía un problema con eso, que lástima. Lucho contra la sonrisa que está tratando de salir a la superficie. Por todas sus dulces palabras y oh, tan maliciosas sonrisas, Tucker es en realidad un cabrón alfa. No sé por qué eso me emociona tanto, pero lo hace. —De todos modos, no seas tonta acerca de esto —dice Beau con severidad—. Alguien como Tuck podría ser bueno para ti. Él puede evitar que estudies hasta la muerte. —¡Oh! —exclamo—. Antes que lo olvide… ¡Entré a Harvard! —¿De verdad? —En su cara aparece la más grande y amplia sonrisa—. ¡Jodidas felicitaciones! Y entonces me arrastra a sus brazos de nuevo para un abrazo de oso, mientras sus hermosas fanáticas me fulminan con la mirada.

110


Traducido SOS por Carilo y Vivi Corregido por Anna

Sabrina El Beemer de Hope me está esperando en el estacionamiento. Cuando subo al asiento trasero, encuentro a Hope y a Carin cantando junto a una canción pop horrible, y ya no me siento culpable por hacerlas esperar. Claramente han estado pasando un buen rato. —Entonces, ¿cuál es este nuevo lugar al que vamos? —Le pregunto una vez que la canción termina. —Ya verás —grita Hope desde el asiento del conductor. Mis amigas intercambian miradas divertidas, lo que inmediatamente levanta mis sospechas. —Si es el extraño bar hippie al que me llevaste en Boston que servían chupitos de hierba de trigo, estoy fuera ahora mismo. No estoy bromeando. —Te gustará este lugar. —Me asegura—. Tiene todo lo que te gusta. No necesito ver sus rostros para saber que ambas están sonriendo. —Voy a confiar en ustedes. —Advierto—. No rompan el código de amistad. Carin se da la vuelta. —Olvida el código de amistad. ¿De qué estabas hablando con Beau? Inclinándome hacia adelante, las informo de la conversación que acabo de tener con el mariscal de campo estrella de Briar. —Mierda, este chico es serio —exclama Hope. —¿Beau o Tucker? —Tucker. Duh. ¿Habló con uno de tus ex y declaró sus intenciones? Chica, este hombre está dentro. —Eso es extraño, ¿verdad? Quiero decir, me está persiguiendo activamente. Es extraño. —Dirijo esto principalmente hacia Carin. Hope es una romántica. Cree que todo el mundo en The Bachelor está realmente allí para

111


encontrar el amor cuando el resto del público sabe que todo se trata de desconocidos buscando fama. Pero Carin me decepciona. —No es raro, es impresionante. Quiero decir, he tenido conexiones. Encontrar la mirada de un chico a través de la habitación o entablar una conversación, pero nunca he tenido a alguien que me persiga. —Lo mismo —dice Hope, lanzando una mirada hacia mí por el espejo retrovisor—. D'Andre me pidió salir mientras yo estaba caminando en la cinta. Dijo que nunca había visto a una chica más linda que yo. —Suspira soñadora— . Le dije que sí inmediatamente. Si hubo alguna persecución en absoluto, fue de cinco minutos. La acabé en la segunda cita, ¿recuerdan? —¿Cómo se siente? —Carin me mira como si fuera un nuevo descubrimiento fascinante que acaba de manchar en una diapositiva de microscopio. —¿Cuándo Hope lo acaba? Bueno, ella es una buena besadora, pero el resto de su técnica necesita trabajo. —La broma es débil, pero no estoy lista para reconocer que me siento como una chica vertiginosa por la firme y decidida persecución de Tucker. Hope sostiene su dedo medio. —Soy un polvo impresionante. Mi técnica es perfecta. Si estuviera mejor, D'André no podría levantarse de la cama. Tal como está, tengo que echarlo. —Es cierto —confirma Carin—. D'André siempre ruega como un niño triste cuando tiene que salir por la mañana. —¿Es así como es con Tucker? —Hope se burla. —¿De verdad quieres saber cómo me siento al respecto? —Exhalo un largo y pesado aliento, decidiendo ser honesta con mis amigas y conmigo misma—. Me siento tonta y débil, y no me gusta. Debería ser inmune a esto. Es sólo un tipo. He dormido con muchos chicos antes y estoy segura de que habrá muchos en el futuro. Entonces, ¿por qué estoy tan débil y flotando alrededor de éste? —¿Por qué sentir algo por alguien es una debilidad? —Me regaña Hope—. Sé que no crees que soy débil. —Dios no. Pero tú eres… Eres rica, hermosa e inteligente, y yo tengo que trabajar mi culo para todo. Frustrada, hundo el nudillo de mi pulgar en mi sien. —Están más unidas que yo. Siempre siento que estoy a un día del desastre. La otra noche soñé que la profesora Fromm entraba en Boots & Chutes mientras yo estaba en el

112


escenario usando nada más que brillo y una tanga. Me desperté en pánico porque estaba convencida de que habría un correo electrónico en mi computadora informándome que mi admisión en Harvard estaba siendo revocada. Frente a mí, Hope sacude sus trenzas. —Cariño, lo dijiste tú misma. Tu horario es terrible. La razón por la que estás tan estresada es porque sólo te das una o dos horas a la semana para relajarte. —Ella tiene razón —dice Carin—. Y mira, creo que es increíble que te encuentres con nosotras una vez por semana, pero a este ritmo, te vas a fundir antes de llegar a Harvard. Eso es lo que tu sueño te está diciendo. —Briar está lleno de súper estudiantes. La facultad de derecho no va a ser más competitiva de lo que ya has enfrentado. —Hope me fijamente con una mirada severa por el espejo—. Reduce la velocidad, B. O al menos reduce la velocidad mientras puedas. —No tienes que casarte con el tipo —dice Carin—. Ir a una cita o tener gran sexo no es un compromiso. Es un estudiante también, lo que significa que tiene que estudiar. Juega al hockey, lo que quiere decir que tiene prácticas y juegos. Si fueras a salir con alguien, debería ser alguien que tenga su propia vida ocupada, ¿no? Hope levanta una ceja. —Tiene un juego esta noche... Me quedo boquiabierta. —¿Lo estás acosando? ¿Cómo sabes que tiene un juego? —Busqué el calendario del equipo en el sitio web de Briar. Carin asiente con entusiasmo. —¿Quiénes son ustedes y dónde están mis amigas? —Exijo—. Ni siquiera te gusta el hockey. —Me gusta —protesta Carin—. ¡Mi papá lanza una fiesta de la Copa Stanley cada año! Me vuelvo hacia Hope, quien se encoge de hombros. —No me gusta ni me disgusta. Y no tengo nada en contra de ir a un partido si significa mirar a mi amiga finalmente divertirse. —Vamos —insiste Carin—. No tenemos que quedarnos por todo el rato. Vamos a ver un poco del juego, y tal vez después de que tú puedas ir hasta Tucker y decirle lo increíble que jugó y lo sexy que se ve en su uniforme. De hecho... —Ella agita una mano por la ventana—. Aquí estamos.

113


—¿Aquí es donde vamosa comer la cena? —Miro a la instalación de hockey de millones de dólares de Briar y todos los estudiantes que fluyen por dentro. Carin sonríe. —Síp. Me encanta un buen perro caliente, ¿verdad? —D'Andre nos encontrará dentro —añade Hope. Suspiro. —¿Así que él también estaba en este diabólico plan? —Por supuesto. Es mi compañero del crimen. —Hope apaga el motor, y ella y Carin desabrochan su cinturón de seguridad—. Muy bien, hagamos esta mierda. Sin perder el tiempo, B. Vuelvo a mirar la arena, sintiéndome extrañamente nerviosa. —No lo sé. —Vamos, vamos —dice Carin—. Este lugar está lleno de tus cosas favoritas: atletas. Saco la lengua hacia ella, pero simplemente se ríe. —Oye, si no quieres a Tuck, entonces veré si puedo tachar la barba de mi lista de citas. —Parpadea inocentemente—. Quiero decir, si realmente no estás interesada en este tipo caliente y fornido que te dio el mejor sexo de tu vida, entonces debes estar totalmente a de acuerdo conmigo y Tuck conectando. La imagen del pequeño cuerpo de Carin debajo del gran cuerpo de Tucker hace retorcer mi estómago. —Es Tucker. No Tuck. —Enrojezco cuando escucho la rigidez en mi propia voz. Hope se disuelve en un ataque de risitas.—Dios, si pudieras ver la mirada de enojo en tu cara ahora mismo... —Carin ríe—. Cariño, lo tienes mal. Hope saca un frasco de su bolso. —Si el juego es terrible, sólo conseguiremos emborracharnos mientras observamos a un grupo de chicos blancos patinar con cuchillos en los pies. Su descripción de lo que ella piensa que es el hockey hace que Carin y yo estallemos en risa. Y mientras mis amigas salen del auto, me encuentro saliendo y siguiéndolas a la entrada de la arena. Tienen razón en muchas cosas. Necesito un descanso, y tal vez, sólo tal vez, necesito a Tucker. * No veo muchos deportes. No porque no me gusten, sino porque nunca he tenido tiempo de entrar en uno. Sé un poco sobre el fútbol por Beau. Y un poco de béisbol porque eso es todo lo que Ray ve en primavera.

114


Hockey, no tanto. Pero debo admitir que ver el juego del equipo de Briar es más emocionante de lo que pensé que sería. Estoy aplastada entre Hope y Carin, con D'Andre sentado al otro lado de Hope. No sé si tenemos buenos asientos o no. Carin dice que sí, pero hubiera preferido estar sentada detrás del banco de la casa para poder mirar a Tucker toda la noche. En vez de eso, tengo que contentarme observándolo en el hielo. Hope me dijo que su número de jersey es el 46. Supongo que encontró eso en el sitio web de la escuela también. Así que adhiero mis ojos a la camiseta de color negro y plata que dice #46, maravillándome por la forma en que maneja con confianza su palo. No creo que si quiera podría sostener un palo de hockey mientras llevara esos voluminosos guantes de boxeo. Cuando le menciono esto a mis amigos, D'Andre se ríe hasta el culo. — Esos son guantes de hockey, chica. No guantes de boxeo. —Oh. —Me siento estúpido ahora. En mi defensa, nunca he estado en un partido de hockey antes, así que ¿por qué debería saber cómo se llama el tipo de equipo? Sé que hay palos y discos y redes. Sé que algunos jugadores son delanteros, porque eso es lo que Tucker me dijo que era. Y sé que otros jugadores son defensas, porque eso es lo que Beau me dijo que era Dean. Aparte de eso, soy completamente ignorante acerca de este juego. No hubo ninguna razón para estudiarlo nunca, ya que los jugadores de hockey han estado en mi lista de demonios, no. Así como tener novios, como si importara. Argh. No puedo creer que dejé que mis amigas me metieran en esto. No tengo tiempo para un novio. Y aunque lo hiciera, Tucker no es el tipo. Es demasiado simpático. Y dulce. Y asombroso. Ese hilito de vergüenza que sentí cuando Ray nos interrumpió teniendo sexo todavía vibra a través de mí cada vez que pienso en ello. Fue muy humillante. Y aunque Tucker me aseguró que no lo hizo pensar menos de mí, una parte de mí piensa menos de mí. Odio de dónde vengo. Odio a Ray. A veces incluso odio a mi propia madre. Sé que se supone que la quiera porque me dio a luz, pero la mujer me abandonó. Sólo se fue. —¡Tienen esto, chicos! —grita un fanático entusiasta, sacudiéndome de mis sombríos pensamientos.

115


Echo un vistazo al hielo para ver a Tucker patinando de nuevo. La noche que nos conocimos, había admitido que era lento debido a una vieja lesión en la rodilla, pero santo infierno, no parece lento. Es un borrón de movimiento, pasando de un extremo a otro del hielo antes de que pueda parpadear. Sus compañeros de equipo son igualmente rápidos, y apenas puedo mantener el ritmo con el disco. Pensé que Tucker lo tenía, pero entonces la gente ruge con decepción y giro mi cabeza para ver el disco negro rebotar en uno de los postes de la red. Supongo que alguien más lo tenía, pero Tucker recoge el rebote. Lo pasa a uno de sus compañeros de equipo. Cuando el chico lo golpea de vuelta a Tuck, me encuentro poniéndome de pie para poder tener una mejor vista de él tomando un tiro. Lo pierde. Gimo de frustración. Carin se ríe mientras vuelvo a caer en mi asiento, pero no se burla de mí por mi estallido repentino de fanática. El juego permanece sin puntajes hasta el tercer periodo. No puedo creer que ya hemos visto treinta minutos de hockey y nadie ha anotado aún. Había pensado que me resultaría aburrido, pero estoy al borde de mi asiento, preguntándome qué equipo conseguirá la primera anotación. Es Briar. A medida que se enciende la lámpara sobre la red, un himno de rock explota sobre el sistema de alto-parlantes y la multitud grita en celebración. El locutor anuncia la anotación para alguien llamado Mike Hollis y la asistencia para... John Tucker. Me pongo de pie de nuevo, gritando en voz alta. Esta vez, mis amigos dicen algo. —Lo tiene mal —comenta D'Andre. —Te lo dije —le dice Hope a su novio. —¿Qué? —murmuro defensivamente—. Fue una maniobra de anotación muy buena. Carin se dobla. —¿Maniobra de anotación? —repite entre risitas—. Vaya, B, consigue el programa. Se llama una meta. —Tú lo llamas una meta —replico infantilmente. D'Andre se ríe. —Una buena. Me siento y veo el juego de ritmo acelerado con aliento vacilante. Para mi alivio, Briar mantiene al otro equipo fuera, y ganamos 1 -0 cuando la pitido final se apaga. Todo el mundo está de buen humor cuando se alejan de la arena, yo incluida.

116


Estoy feliz de haber venido esta noche. Y tan insegura como estoy sobre si involucrarme con Tucker, no puedo negar que estoy ansiosa por verlo, darle un abrazo y decirle que gran partido jugó. Me abrazará de regreso. Agradecerá. Tal vez sugiera que entremos en esa camioneta de él para algún tiempo sexi de celebración... Si hace eso, honestamente no creo que diría que no esta vez. —Al parecer, todos las conejitas pasan el rato fuera de los vestuarios —Me susurra Carin cuando entramos en el vestíbulo principal—. Así que esperémoslo afuera. Estará menos lleno. —¿Las conejitas? —Conejitas Puck. Las grupees del hockey. Como sea que quieras llamarlas. —Se encoge de hombros—. Sabes, las chicas que buscan ser sucias con un jugador de hockey. —Ah. —Me encogí de hombros, no tengo nada contra las chicas que quieren eso. Después de todo, mi propio requisito para citas es sólo atletas. Pero cuando el atleta que estoy esperando finalmente sale del edificio, no está solo. Mi columna se endurece mientras veo a Tucker detenerse en los escalones con el brazo alrededor de una rubia. Está levando con su chaqueta de hockey y ella está envuelta en un anorak rojo brillante, por la forma en que mi estómago se retuerce con celos, pensarías que estaban desnudos y descaradamente follando en las escaleras. —Vamos —siseo a mis amigos. Una firme mano rodea mi muñeca. —Sólo están hablando—dice Hope en voz baja. Mis mejillas se ahuecan mientras aprieto los dientes. —Tiene su brazo alrededor de ella. No hare una tonto de mí por algún jugador de hockey, especialmente uno que dice cuánto quiere salir conmigo y luego sale celebrando después del partido con su brazo alrededor de otra chica. Le doy otra mirada. Síp. El brazo todavía está a su alrededor. Y se está riendo de lo que dísela Rubia. Mis muelas se están haciendo polvo, pero parece que no puedo desviar la vista. La Rubia envuelve ambos brazos alrededor de la cintura de Tucker y le da un fuerte abrazo. Inclina la cabeza hacia él. Él le sonríe.

117


Y entonces mi corazรณn se destroza en pedazos, porque la cabeza de Tucker estรก buscando en la suya. Su boca baja mรกs y mรกs y mรกs, hasta que finalmente la besa...

118


Traducido por rihano Corregido por Anna

Sabrina …en la frente. Tucker besa a la Rubia en la frente. Y luego alborota su pelo como si ella fuera un niño pequeño. —Maldita sea. ¿Ella consiguió el beso en la frente? —murmura D'Andre—. Eso es duro. Lo que sea. ¡Todavía era un beso! Y ya no quiero ni saber quién es esta chica. Me siento estúpida por venir esta noche. Tucker es el Sr. Popular, con su enjambre de admiradoras, modales impecables y ese pelo rojizo que lo hace parecer como si perteneciera a alguna vieja comedia familiar donde la vida es perfecta, perfecta, perfecta. Y yo a una de superación, soy la perra que estudia mucho y trabaja cada segundo de cada día para tratar de salir de la cuneta en que nació, así puede estar al lado de todos estos niños de Briar sin sentirse inferior. —Vamos —repito. Mis amigos deben darse cuenta de lo seria que soy, porque todos dan un paso adelante. Estamos casi a medio metro de la base de la escalera cuando escucho mi nombre. —¡Sabrina! Mierda. Me vio. —Espera. —Su voz suena más cerca ahora. Me vuelvo hacia Carin con una súplica silenciosa por ayuda, pero ella simplemente sonríe. Cuando me giro hacia Hope y D'Andre,ellos pretenden estar estudiando su teléfono. Traidores. Suspirando, giro y encuentro a Tucker a mitad de camino.

119


Está visiblemente emocionado de verme, sus ojos brillan y su atractiva boca se curva en una sonrisa. —¿Qué estás haciendo aquí? Digo la primera cosa que me viene a la mente. —Estaba en el vecindario. —Lo estabas, ¿en serio? —Su sonrisa se ensancha—. ¿Y sucede viste algo del juego mientras estaba en el vecindario? —Todo de éste, en realidad. Esa fue una buena asistencia. —Pensé que no sabías nada sobre el hockey. — No lo sé. Sólo estoy repitiendo lo que dijo el locutor en el alto parlante. —¡Tuck! —dice alguien del grupo de jugadores—. ¿Vienes? Él se gira para gritar en respuesta. —¡Los encontraré allí! —Entonces está sonriendo de nuevo—. ¿Quieres regresar a mi casa para celebrar la victoria con nosotros? Niego con la cabeza. —Tengo que llegar a casa. Trabajo mañana. Además —No lo digas…—… no me siento particularmente como para —¡No lo digas, maldición, Sabrina!—…ser la tercera rueda. —Termino, y quiero golpearme por eso. Sus cejas castaño oscuro se disparan hacia arriba. —¿De qué estás hablando? Aprieto los dientes. —Cariño —pide. —La pequeña caperucita roja por allá —murmuro, señalando con la cabeza hacia la Rubia, que ahora está conversando con uno de los amigos de Tucker—. Ustedes dos parecían que estaban en una cita. —¿Una cita? Um, no. —Él comienza a reír—.Esa es Sheena, una amiga mía. Hace una pausa—. Bueno, una ex. Salto sobre eso. —¡Ves! —¿Ver qué? Ella es una ex, pero también es una amiga. Soy amigo de un montón de mis ex. Claro que lo es. Ninguna chica en este maldito planeta le haría lo de Carrie Underwood a este tipo y robaría su camioneta o la dañaría con un bate de béisbol. Él es jodidamente agradable. Es imposible odiarlo. —Estás celosa —bromea.

120


—No —miento. —Lo estás por completo. —Delicia baila en su rostro—. Te gusto. —No —miento de nuevo—. Te lo dije, estaba en el vecindario. Pensé que podría decir hola. —Eres mejor que esto, nena. ¿Por qué no nos sacas de nuestra miseria y dices que sí? —¿Sí a qué? —Una cita. Sólo di que sí. Mi boca se abre para formar palabras. O, más bien, una palabra. Sí. Quiero decirla, de verdad, de verdad quiero, pero no me gusta ser puesta en el foco de atención. Puedo sentir las miradas divertidas de mis amigos sobre nosotros, y ahora algunos de sus amigos están mirando hacia acá también. Y Tucker es demasiado bueno y dulce, y yo soy basura fría, y mi padrastro es un completo problema, y todo es jodidamente abrumador en este momento. Así que cuando finalmente contesto, no es con la palabra que él quiere oír. — Tus amigos te están esperando —murmuro, y luego me vuelvo rápidamente hacia mis compañeros antes de que pueda oponerse. Carin le echa un vistazo a mi cara y me dirige hacia el estacionamiento donde D'Andre aparcó su auto. —¡Ugh! —gimo cuando estamos fuera de la vista de Tucker—. ¡Soy tan malditamente estúpida! —No eres estúpida —objeta Hope. —En todo caso, eres demasiado inteligente —dice Carin—. Tu cerebro es tu mayor enemigo. —¿Que se supone que significa eso? —Significa que piensas demasiado. Todos vimos tu cara hace rato, te gusta este tipo. Realmente te gusta. —Él me asusta —suelto. Tres pares de ojos parpadean con sorpresa. —Es demasiado perfecto, chicos. —Me quejo de nuevo—. Y yo soy un desastre total la mayor parte del tiempo. Tengo miedo de que si llega a conocerme mejor, él verá eso. —Y, ¿qué si lo hace? —responde Hope.

121


Mis dientes se clavan en mi labio inferior. Carin toca mi brazo. —Necesitas salir con él. En serio, Sabrina, lo lamentarás si no lo haces. Y la única cosa que sé que odias son los arrepentimientos. Tiene razón. Siempre me pateo a mí misma después de dejar que una oportunidad se me pase. —Te diré que —dice ella cuando vacilo durante demasiado tiempo—. Vamos a hacerlo una cita doble. —¿Una cita doble? —repito débilmente. —Oooh, un trío. —Hope menea sus cejas—. Pervertida. —Calma tus tetas, Hopeless —ordena Carin—. Estoy hablando de una normal y sana cita doble. Pienso en ello. Eso lequita una gran cantidad de presión. —Está bien… puedo hacer eso. Carin sonríe. —Bien. Ahora escríbele antes de que cambies de opinión. Ah, y con quien sea me emparejes mejor que sea sexy. Y asegúrate de que sabe cómo utilizar su lengua. —Estoy de pie aquí, sabes. —D'Andre mueve una mano carnosa en el aire—. ¿Qué tal si tú, pervertida, dejas de objetivar a mi clan de hombres? Hope suelta unas risitas. —¿Quién está objetivando? —responde Carin—. Sólo estoy diciendo que quiero a un tipo que sea bueno con su lengua. Ese debe ser el requisito previo para cada miembro de tu ―clan de hombres‖, D. Al igual que en la escuela secundaria, deben aprender a leer, escribir, y tener un muy buen movimiento de lengua. —Chica, creo que puedes lograr ser encerrada por esos pensamientos — advierte él. Hope continúa riéndose sin control durante otro minuto antes de ganar la suficiente compostura para llegar a mí y apretar mi brazo. —Esto va a ser bueno para ti. —Si esto se convierte en un desastre, ¿voy a poder decir que se los dije? —Voy a escribirlo sobre mi frente con marcador mágico negro por ti — promete ella.

122


Mientras mis amigos se dirigen hacia el auto de Hope, reúno todo el valor que puedo encontrar y le escribo a Tucker antes de arrepentirme de esto. Si digo que sí, eso no significa nada. Su respuesta es inmediata. Él: Significa que sí. Yo: Pero no estoy comprometiéndome a nada más allá de esta única cita. Él: Un poco presuntuoso, ¿no? Sólo pedí una cita. Fijo la mirada en mi teléfono. ¿Había leído todo esto de forma incorrecta? El chico habló de amor a primera vista, con ganas de casarse y tener hijos, y ¿sólo quiere verme una vez más y follarme? Él: Es broma, cariño. Estoy guardando la propuesta de matrimonio hasta la tercera cita. ¿Cuándo? Yo: Voy a llevar a mi amiga Carin y tú necesitas llevar al chico más caliente que conozcas. Él: Soy el individuo más caliente que conozco. Buscaré al segundo chico más caliente en el campus. ¿Ella tiene alguna preferencia? Yo: Alguien que sepa cómo utilizar su lengua. Él: Una vez más, ese sería yo. No estoy seguro de cómo voy a averiguar lo bien que los otros chicos son con sus equipos. No es un tema que aparece mucho. Yo: Ese es el precio de mi tiempo. Él: Estoy en ello. Hay un pequeño retraso, y luego otro mensaje aparece. Él: No te arrepentirás de esto. * Tengo la idea para una cita perfecta, me escribe Carin una hora más tarde. Son las once y me estoy preparando para ir a la cama porque tengo que estar levantada a las cuatro para clasificar el correo. El texto es seguido por una imagen ligeramente borrosa. La selecciono y acercó hasta que me las arreglo para entender unas cuantas palabras.

123


Yo: ¿Salida nocturna para pintar? No tengo habilidades artísticas. Incluso mis figuras de palo se ven terribles. Sabes eso. Te burlaste de mi ahorcado una vez. Ella: Eso NO era un ahorcado. Era… quiero decir, los brazos deben salir desde el costado del cuerpo, no del cuello. De todas formas esto es fácil. Es como una cosa de pintar por números. Bebemos/pintamos/lo pasamos bien. Si la cita es horrible entonces tú y yo podemos beber hasta el olvido. Yo: Está bien. ¿Cuándo es? Sólo estoy disponible el Dom, Lu, Mie, Juev. Ella: Lo sé. Es por eso que elegí esto, tontita. Es cada domingo, como mañana en la noche. ¿Cómo lo sabría? La imagen que me envió es pequeña y borrosa, y podría decir que es una reunión de grupo de la iglesia el sábado por la mañana. Yo: Voy a ver si T está disponible. Ella: Te apuesto a que lo está. No voy a tomar esa apuesta. En su lugar le escribo a Tucker. Yo: ¿Estás de acuerdo con algo de pintura por números? Mi teléfono suena con la alerta de mensaje mientras me estoy poniendo mi camisa de dormir y boxers. Él: ¿Eso es como Twister desnudo? Yo: No tengo ni idea. Le envío la imagen. Tal vez él pueda sacar algún sentido de esto, porque estoy segura de que yo no puedo. Él: ¿Tomaron esa foto con una cámara real o hecha por diminutos duendes? Yo: Carin es una científica, no un artista. Por cierto, ¿encontraste a alguien? Él: Sí. Mi amigo Fitz va a venir y por lo que preguntaste, no tengo ni idea del asunto: sus habilidades orales. Pero él es muy inteligente, tiene un significativo pene, y nunca he oído ninguna queja. Tomo una captura de pantalla de ese texto y se lo envío a Carin. Yo: ¿Está bien? Ella: ¿Puedo tener una foto?

124


Le escribo a Tuck:¿Ella puede tener una foto? Él: ¿De qué? Querido Dios. Este es un ridículo juego de teléfono real. Yo: Tucker dice: ¿de qué? Ella: Rostro, abdominales, culo. Sin pene Tomo otra captura de pantalla y le envío esa a Tucker. Mientras que él considera la solicitud, lavo mi cara y cepillo mis dientes. Para el momento en que me meto en la cama, hay un mensaje esperando por mí. Una imagen de un magnífico hombre de pelo oscuro empujando a Tucker llena mi pantalla. Guau. Es increíble lo caliente que son estos jugadores de hockey de Briar. ¿Ese es un requisito para formar parte del equipo? ¿Ser capaz de golpear el disco a ciento sesenta kilómetros por hora y también ser una estrella de calendario? Reenvío la imagen a Carin, quien me envía un emoji de pulgares arriba a cambio. Entonces le escribo a Tucker de nuevo. Yo: Estamos bien para ir. Él: ¿Hora/lugar? En serio no puedo leer esta cosa. Yo: Mañana. 8 p.m. Carin dice que hay alcohol. Él: Está bien Estoy a punto de alejar mi teléfono cuando aparecen tres puntos. Y luego desaparecen. Y luego vuelven a aparecer de nuevo. Por último, el mensaje llega. Él: ¿Las fotos de penes son tan malas? Ahogo una risita. ¿Esa es su pregunta? Yo: ¿Por qué? ¿Vas a enviarme una? Él: Siento como que puede ser una pregunta con trampa. ¿Quieres una? Yo: Depende del contexto. Fotos al azar de penes = no. ¿De otra manera? No sé. No he tenido una que realmente me haya gustado. ¿Has enviado una? ¿O varias? Él: Mis pulgares están cansados. Espera. El teléfono vibra en mi mano un segundo después.

125


—Hola —respondo. —Hola. —Hace una pausa—. Entonces, ¿qué te hizo cambiar de opinión acerca de la cita? —Mis amigos me dijeron que sería bueno para mí —admito. —Tus amigos están en lo correcto. —Puedo oír la sonrisa en su voz—. De todos modos, siento que esta es una conversación que debemos tener en persona para que pueda ver tu rostro. Los emoji de berenjena no tienen suficiente matiz. Esto me hace reír. —Cierto. —Pero estás en Boston y yo estoy en Hastings, así que nos conformaremos con la llamada telefónica. Puede que haya enviado una foto una vez, pero fue solicitada. Ella me envió una primero. —¿De Verdad? No soy una fan de eso. Demasiadas fotografías de venganza en línea. —Además, nunca me quedé alrededor a un chico el tiempo suficiente para querer enviar una imagen, pero no comparto eso con Tucker—. ¿Así que hay fotos del poderoso pene de Tucker en la Internet? —No he sido etiquetado en Instagram todavía, así que tengo la esperanza de que no están ahí fuera. Pero gracias por llamar a mi pene poderoso. Nosotros apreciamos eso. —La diversión colorea sus palabras. —¿Nosotros? ¿Como tu pene y tú? —Sí —dice alegremente. Me acurruco más profundo debajo de las sábanas. —¿Tienes un nombre para tu pene? —¿No lo tiene todo el mundo? Los chicos le ponen un nombre a todo lo que es importante para ellos: autos, penes. Uno de mis compañeros del equipo de liga menor de hockey nombró a su bastón, lo que fue tonto porque los bastones se rompen todo el tiempo. Había pasado por doce de ellos para el final de la temporada. —¿Cuáles eran los nombres? —Esa es la cosa. Él solo siguió añadiendo un número al final, como iPhone 6, iPhone 7, excepto que en su caso era Henrietta 1, Henrietta 2, etcétera. Suelto una risita. —Debería haber usado la convención de nombres de huracanes.

126


—Cariño, él no era lo suficientemente inteligente para llegar a dos nombres, mucho menos a doce. Cariño. Mi corazón se dispara ente el tierno apodo. Cuando lo usó antes, parecía como por descarte. ¿Pero ahora? ¿Después de que acababa de decir que los chicos nombran las cosas que son importantes para ellos? Sofoco mis interpretaciones fantásticas antes de que me lleven a un extremo peligroso. Estamos coqueteando. Mantén el tono ligero. —¿Cuál es el nombre de tu pene? —Ah-ah —regaña—. Ese es el conocimiento de una esposa. No puedo decírtelo hasta la luna de miel. Espero la inevitable sensación de incomodidad comenzando a cosquillear en mi cuello, pero no llega. Al parecer, los chistes improvisados sobre el matrimonio ya no me molestan. —Entonces, ¿qué hace buena a una foto de pene? —pregunta él—.No es que te vaya a enviar una. —¿Eso también es conocimiento de esposa? —bromeo. —Lo consideraría una cosa de estar comprometidos. Pongo a un lado ese pensamiento y considero su pregunta. —Totalmente gráfica no funciona para mí. Necesito contexto, como dije antes. Tu puño alrededor sería caliente. Tienes buenas manos. Hay un sonido de crujido, pasos, y luego el pestillo de una puerta hace clic cerrándose. Se fue a un lugar privado, y ese conocimiento hace que ciertas partes de mi cuerpo pulsen con excitación. —Tenía que salir de la sala de estar. Tenemos gente por ahí, y tú pensando en mi pene es malditamente caliente. Estoy demasiado duro para estar en público. Mis pechos se sienten tan pesados que estoy encontrando difícil respirar. Mientras me muevo por debajo de las mantas, escucho su aliento contenerse. —¿Qué estás pensando? —murmura. Succiono un poco de aire para llenar mis pulmones de repente agotados. Yo sé a dónde va esto. Si me quedo en el teléfono, vamos a terminar excitándonos el uno al otro hasta el punto de que voy a tener que masturbarme una vez que haya terminado. Tucker permanece en silencio, dejándome la decisión a mí. Meto mi mano entre mis piernas como si la presión podría hacer que el dolor desapareciera, pero el contacto sólo intensifica mi deseo.

127


Mi voz es ronca cuando comienzo a hablar. —Estoy imaginándote sosteniendo tu pene. Sólo que ahora estás moviendo la mano, acariciándote a ti mismo. Cuando no hay respuesta inmediata, me sonrojo, pensando que he ido demasiado lejos para él. Pero sus siguientes palabras me dicen que está bien conmigo. —Me estás matando. Me muerdo el labio y froto con más fuerza. —Me estoy masturbando también. —Eso no ayuda, porque ahora te estoy imaginando toda sonrojada, y necesitada. ¿Estás húmeda, Sabrina? Mis dedos se deslizan a través de mi coño. —Mucho. —Mierda. ¿Qué estaría haciendo yo si estuviera allí? —Lamiéndome —digo al instante. Él tiene una gran lengua. En su extremo, hay más sonidos de roce y luego su voz ronca. — ¿Necesitas un juguete? —Sí, dame un segundo. —Busco a tientas en mi cajón de la mesa y encuentro la caja de tampones donde escondo cosas de Ray, algo de dinero enrollado en un cartucho vacío de tampones y mi vibrador. Tomo este último y lo enciendo. —Listo. —Le digo mientras coloco el juguete vibrando contra mi clítoris. Mis caderas se arquean hacia arriba y un pequeño grito se me escapa. —Maldita sea. —Se queja—. Deslízalo dentro, lento y constante. Es mi mano en ese vibrador y mi lengua está sobre tu clítoris. Mientras emite sus órdenes y pinta una representación erótica, yo trabajo el juguete dentro y fuera. Es un alivio no tener que pensar, entregarme por completo a él. No digo nada más. No puedo, de verdad. Estoy demasiado centrada en escuchar, dejando que su acento sureño se vierta sobre mí como jarabe caliente, atendiendo las roncas y sucias instrucciones diciéndome que bombee el vibrador más duro, imaginándolo lamiendo mi coño, diciéndome lo hermosa y sexy que soy, y como nunca ha estado más duro en su vida. Me vengo mientras los sonidos de él trabajando su propia carne se mezclan con mis jadeos de placer. Su voz llena mi mundo. —Buenas noches, cariño —dice cuando mi respiración se ralentiza.

128


â&#x20AC;&#x201D;Buenas noches. â&#x20AC;&#x201D;Me las arreglo para decirlo. Y luego me quedo profunda y considerablemente dormida, completamente satisfecha.

129


Traducido por Carilo Corregido por Anna

Sabrina —¿Pintura al desnuda? —La sospecha flota a través de mí mientras abro la puerta de Wine and Brush. La señal descaradamente muestra un par de muñecas de arte dispuestas en un sórdido abrazo. Conveniente para un bar de vinos de la ciudad universitaria, supongo—. Tomaste esa imagen borrosa a propósito —acuso a mi amiga. —Por supuesto que lo hice —dice Carin con suficiencia—. No quería que tuvieras una excusa para decir que no. —Ella entra y luego se detiene a unos dos pasos del umbral, su mirada pegada a la barra a través de la habitación—. Lindo —susurra en voz baja—. Lo hiciste bien, B. Sonrío. —Tomaré felizmente el crédito aunque no tenga idea sobre qué. Cada una agarra una copa de vino de una bandeja por la mesa antes de avanzar. Nuestras citas se apoyan en la barra hablando entre sí. Incluso encorvados, son al menos una cabeza más altos que casi cualquier otra persona en la habitación. Noto a otras chicas observando sus citas y luego echando miradas codiciosas hacia Tucker y Fitzy. Son esas miradas las que me impulsan a cruzar la habitación y ponerme sobre la puntas de mis pies para darle un beso en los labios a Tucker. Las comisuras de su sexy boca se curvan como si supiera exactamente lo que estoy haciendo. —Es bueno verte, cariño. ¿Dormiste bien anoche? —Sí. ¿Tú? —Como un bebé. Carin no se pierde nada. —¿Dormiste en Boston anoche? —bromea. Él niega con la cabeza. —Sólo escuché una buena historia. Utilizo la copa de vino para ahogar una sonrisa mientras Tucker presenta a nuestros amigos. —Carin, éste es Colin, pero todo el mundo lo llama Fitzy.

130


—Me gusta más eso —anuncia ella—. Carin y Colin suenan demasiado cursi juntos. El hombre de seis pies y medio sonríe tímidamente y toma la mano de Carin en la suya, sacudiéndola con cuidado como si tuviera miedo de lastimarla. Sin embargo, no tiene que preocuparse por eso. Ella es pequeña, pero dura. —¿Son compañeros de cuarto? —pregunta Carin, y ella no disimula en lo absoluto mientras lo admira de la cabeza a los pies. No puedo negar que estoy haciendo lo mismo. Fitzy es increíblemente atractivo. Tiene el cabello oscuro y desordenado por el que sólo quieres correr tus dedos. Y esos tatuajes... Delicioso. Lleva una camiseta que revela dos mangas llenas de intrincados diseños y un montón de pintura de fantasía. Veo varios dragones y al menos una espada. Y hay tinta asomándose desde el cuello de su camisa también. Carin no suele estar con tipos tatuados, pero sus ojos están pegados a éste. —No. Vivo solo —le dice Fitzy—. Tuck vive con los muchachos gloriosos. —¿Los chicos gloriosos? —repito, pero sospecho que sé la respuesta. La expresión de Tucker es divertida. —Garrett y Logan son las estrellas. Ambos chicos van a los profesionales. Y conoces a Dean. Arrugo mi nariz con la mención de su nombre. —No la hagas empezar —advierte Carin. Fitzy da una sonrisa torcida. —¿Una chica que no ama a Dean? No sabía que existían. —¡Él consiguió una A porque estaba durmiendo con la AP! —Me quejo. Carin pone su mano sobre mi boca. —Te lo advertí. Vamos, Fitzy. —Deja caer su mano y dobla el dedo hacia el gran jugador de hockey—. Vamos a encontrar un lugar para sentarnos. He oído esta historia antes y no es una buena. —Tararea unos cuantos compases de Frozen mientras lo lleva lejos. Hago un sonido frustrado en la parte posterior de mi garganta, pero como la mitad de mi audiencia se ha ido, me vuelvo hacia la única persona que queda. —¿Me vas a decir que lo deje ir también? —Naah, te puedes aferras a eso todo el tiempo que quieras. No es mi lugar dictar qué te hace enojar. —Él cubre la parte de atrás de mi cuello con una gran palma y se inclina hacia abajo para susurrar en mi oído—. Pero estaré feliz de decirte qué hacer más tarde esta noche.

131


Mi cuerpo se contrae inmediatamente. El sexo con Tucker es lo menos estresante y lo más agradable en mi vida, y cuando me inclino en su firme agarre, me doy cuenta de que ya no estoy interesada en luchar contra la atracción entre nosotros. Mis amigos tienen razón: necesito esto. No sólo el sexo, sino la compañía. Salir con un tipo inteligente y lindo que no quiere nada más que estar conmigo de cualquier manera que pueda. Creo que sólo voy a seguir la corriente con esto y ver qué pasa —Es un trato. Él guiña un ojo. —Ahora tengo ideas. —Como si no los tuvieras antes. —Me burlo. —Tengo más ideas. Eres muy inspiradora. Su mirada caliente me hace avanzar y levantar mi mano a su pecho, su muy marcado, delicioso y hermoso pecho. Bajo mi palma, sus músculos se flexionan y su corazón late rápidamente. Me levanto de puntillas para… Una fuerte tos detrás de mí me hace caer. —¿Sí? —Le pregunta Tucker a Fitzy sin quitar los ojos de los míos. —Es posible que deseen tomar un asiento. Todo el mundo los espera. Me muevo para ver que la mayor parte de la habitación está girada en sus sillas, ya sea esperando a que nos sentamos o esperando que comencemos algo frente a ellos. Las largas mesas están colocadas en forma de C, y hay un pequeño escenario en el centro donde supongo que el modelo se mantendrá. Cada uno de nosotros tiene nuestro propio caballete, lienzo, y una serie de pinceles y pinturas acrílicas. Es bastante genial. —A menos que se vayan a desnudar y sirvan como modelos, vengan y siéntense —ordena Carin. La mano de Tucker baja, arreglándoselas para poner un millón de piel gallina en el camino hacia mi mano. La aprieto y lo llevo a las sillas junto a Carin. —Se supone que debes esperar hasta después de la cita para saltar sobre él —susurra mientras me siento. Dejo la copa de vino a un lado y tomo un pincel. —Las reglas son para perdedores y gente aburrida, Cuidado. Ella corre un pincel sobre mi nariz con fingido disgusto, pero entonces la instructora comienza a hablar y nos callamos por costumbre.

132


—¡Hola a todos! ¡Soy Aria y seré su instructora esta noche! ¡Estoy tan emocionada por el resultado! Oh chico. Nuestra maestra es una gran bola de energía, rebotando sobre sus pies mientras se dirige a la habitación. En su cabeza está un remolino loco de rastas como Medusa, parece que oscilan alrededor como serpientes mientras ella salta-habla. —¡Lo primero que voy a hacer es presentar a nuestro modelo! Este es Spector… ¿Spector? Tucker se sacude en su silla, y me vuelvo para encontrarlo luchando con oleadas de risa. Coloco una mano en su rodilla para calmarlo. —Sé bueno —siseo. —Lo intento. —Se ríe mientras murmura ―Spector‖ para sí mismo. Un individuo alto en un albornoz blanco da un paso adelante y saluda al grupo. Su cabello negro es más largo que el mío, y tiene esos ojos entrecerrados de James Franco que lo hacen parecer perpetuamente apretado. —Hola. —Es todo lo que dice. Luego se quita la túnica. Me ahogo con un jadeo, porque oh Dios mío, su pene está ahí. Y es impresionante. Junto a mí, Carin también se apresura a examinar los bienes. —¡De eso es lo que estoy hablando! ¡Bueno, hola, Manaconda20! —Le dice ella al modelo antes de barrer su mirada sobre las otras mujeres presentes—. Damas, creo que Spector merece un lento aplauso en este momento, ¿no? Ahora soy yo quien ríe, porque maldita sea si las damas no saltan todas a un lento, lento aplauso que conduce a un estallido de aplausos seguido de silbidos y chillidos. La sombra de la cara del pobre Spector es tan roja como la paleta de color frente a mí. Tucker ríe en voz alta en la silla junto a la mía, mientras Fitzy se inclina alrededor de Carin y me pregunta: —¿Siempre es así? —Por lo general es peor —digo alegremente. No parece desanimado por eso. Nuestra instructora, mientras tanto, está comenzando a ponerse molesta. Manaconda: Juego de palabras entre Man (hombre) y Anaconda.

20

133


—¡Chicos! —Ella aplaude sus manos—. ¡Atención! ¡Hay un arte hermoso que hacer! —Su severa expresión se agrieta, sustituida por una sonrisa—. Lo cual, por supuesto, incluirá absolutamente el equipo de Spector. Esta es la jodida cita más rara en la que he estado. Aria nos da un resumen de cómo funciona todo. No es muy complicado. Bebemos vino y pintamos el pene de Spector. Sorprendentemente, Tuck, Fitz y los otros hombres en la habitación están instantáneamente a bordo. Se abren los tubos de pintura, se levantan los pinceles, y entonces estamos haciendo arte hermoso. O algo por el estilo. Arrastro torpemente mi pincel sobre el lienzo. Traté de mezclar amarillo, blanco y marrón para crear un tono de piel de color rosa para mi Spector en el lienzo, pero parece que tiene un horrible bronceado de spray. Tucker corre uno de sus pinceles secos a través de un nudillo que tiene un moretón. —Puedo pensar en una docena de buenos usos para uno de estos. Podría llevarlo a casa. Ruedo los ojos. —Los pinceles no son juguetes sexuales. —¿Quién dice? Trabajamos constantemente durante la siguiente hora. Carin es impresionante en esto. Al igual que Fitzy, quien, según Tuck, diseña sus propios videojuegos. Tucker es sorprendentemente decente, aunque parece estar evitando la región del pene en su lienzo. —Vas a tener que pintar su paquete con el tiempo —insisto. Él guiña un ojo. —Estoy guardando lo mejor para el final. En la otra sección de las mesas, un tipo con su lacio cabello rubio y una camiseta de los Medias Rojas levanta su mano. —¡Profesora, no puedo hacer los bellos púbicos! ¡Parecen pequeñas hormigas! Una ráfaga de risa ruge por la habitación. Creo que Medias Rojas está en una cita doble también, porque él y su pareja están sentados junto a otra pareja, que se ríe histéricamente. —En serio, Spec —dice el amigo de Medias Rojas—. ¿No podrías haber hecho un poco de depilación masculina antes de venir aquí esta noche? —No puedo —responde Spector desde su posición, sonando aburrido—. Mi contrato no lo permite.

134


¿Tiene un contrato? ¿Para posar desnudo en un bar nocturno de pintura en la ciudad universitaria? —El vello púbico añade textura a la pintura —explica Aria al grupo—. Pero el arte es interpretativo, ¿recuerdan? Pinten lo que ven aquí... —Palmea una mano sobre su corazón—, no lo que ven aquí... —Señala sus ojos. —¿Qué diablos significa eso? —Le susurro a Tucker, cuya cara entera está sonrojada de tanto reír. —¡Así! —Aria declara repentinamente—. ¡Esto es interpretación! Echo un vistazo para encontrarla sacando el lienzo de Fitzy de su caballete. El chico gruñe en protesta, pero ella lo ignora y sostiene la pintura con un gran florecimiento. Mi mandíbula se cae cuando veo lo que el amigo de Tucker ha pintado. Es Spector, pero una versión ruda de él en un casco y blandiendo un escudo. En lugar del muy mencionado pene, Fitzy pintó una espada de aspecto elaborado que sobresalía de la entrepierna del tipo. Como, una espada digna de Game of Thrones. —Amigo —exclama Tucker, adecuadamente impresionado. —¡Es increíble! —exclama Carin con los ojos abiertos. Él se encoge de hombros. —Todo está bien. Su modestia me hace sonreír. Sonrío incluso más cuando Aria le devuelve el lienzo y luego le ruega que lo deje con ella en lugar de llevárselo a casa con él. Reanudamos nuestra pintura, bromeando y bebiendo nuestro vino. De vez en cuando, Tucker se inclina hacia el anciano caballero a su lado y ayuda al pobre tipo. —Naw, hombre, usted quiere sombrear debajo de aquí —Le aconseja—. Imagine que la luz le está dando en el brazo desde allí. Así que la sombra estaría aquí. El anciano masculla ruidosamente. —Todo esto es una pérdida de tiempo. —¡Hiram! —grita su esposa. —¿Qué? Es verdad —dice con una voz malhumorada, luego nos da a Tucker ya mí una mirada malhumorada—. Esta fue su idea. —Porque pensé que lo disfrutarías —protesta la mujer de cabello gris—. Siempre me has dicho lo mucho que envidias mis habilidades artísticas.

135


Parece que la pareja está a finales de los años sesenta. O infierno, tal vez a finales de los setenta. Nunca he sido buena juzgando la edad. Además, los ancianos se ven tan jóvenes estos días. Nana podría pasar por mi hermana mayor. —¡Oh, lo siento, Doris, pero nunca aprendí a dibujar gente desnuda cuando me disparaban en Vietnam! Doris golpea su cepillo sobre la mesa. —¡Hemos hablado de esto! El Dr. Phillips dijo que no se te permitía hablar más sobre Vietnam. Es destructivo para nuestra relación. —Fue la época más dura de mi vida —dice con obstinación. —¿Y crees que fue fácil para mí? —Devuelve ella—. ¿Quedarme en casa y criar a dos niños en pañales mientras estabas fuera cazando a Charlie? Él grita con indignación. —¡Estabas limpiando los fondos! ¡Yo estaba matando seres humanos! Muerdo mi labio para dejar de reír, aunque esta no es una conversación particularmente divertida. Quizás el vino se fue a mi cabeza. —Ahora, ahora —dice Tucker—. Hiram, mi hombre, tu esposa es hermosa y obviamente devota a ti. Y Doris, Hiram aquí luchó por su país para mantenerlos a usted y a sus hijos a salvo. Piense en cuánto debe amarla para que él haya hecho eso. Así que no peleen, ¿eh? ¿Por qué no nos centramos en pintar a ese buen tipo por allá y hacerle justicia a su equipo? Fitzy resopla desde el otro lado de Carin. Hiram también, cuya voz se vuelve brusca cuando se dirige a su esposa. — Lo siento, Dorrie. Tienes razón, esta fue una idea encantadora. —Y tú fuiste muy valiente en la guerra —dice magnánimamente. Hiram se inclina y palmea a Tucker en el hombro. —Todo bien. Muéstrame ese truco de la sombra. Mi corazón se derrite mientras veo a Tucker ayudar al anciano. Doris, por su parte, se ruboriza, probablemente pensando en cómo la llamó preciosa antes. —Me agradas, chico —dice Hiram a mi cita. Sí. Él también me gusta. *

136


Tucker Todos nos sentimos estúpidos y mareados cuando salimos del bar con nuestros lienzos envueltos debajo de nuestros brazos. Bueno, a excepción de Fitzy, nuestra instructora le hizo abandonar su obra maestra para que pudiera enseñársela a futuras clases. Afuera, el aire es frío, pero eso no impide que Hiram diga: —Vi una heladería en el camino. Vamos a comprobar si todavía está abierta. Y síp, nuestra cita doble se ha convertido en una cita triple, y de repente vamos por helado con un viejo veterano de guerra y su esposa dulce como la melaza. Sostengo la mano de Sabrina mientras caminamos por la acera. Sinceramente, no esperaba divertirme tanto esta noche. Quiero decir, ¿una clase de pintura? Hay un millón de cosas más sucias que habría hecho, pero esto no fue malo en absoluto. Incluso Fitzy ha reído más veces esta noche de lo que lo he cuchado en el pasado. La heladería está cerrando cuando llegamos, pero el chico que está a punto de cerrar la puerta tiene lástima de nosotros y abre la caja registradora. Agradeciéndole profusamente, pedimos conos de galleta y luego regresamos al estacionamiento del bar. Ahora que ya no se pelean, Hiram y Doris nos regalan historias sobre sus cuarenta y seis años juntos. Han vivido momentos muy angustiosos, pero estoy más interesado en los buenos recuerdos que describen. Cuarenta y seis años. Es jodidamente surrealista pensar en estar con alguien por tanto tiempo. ¿Estoy totalmente loco por querer eso? Sabrina parece igualmente hipnotizada por sus cuentos, y cuando la pareja de ancianos sube a su pequeño auto y se va, parece genuinamente decepcionada al verlos ir. —Vamos a terminar nuestro helado en mi auto —anuncia Carin, y no hay nada furtivo sobre la forma en que lo dice. Con una sonrisa maliciosa, tira de la mano de Fitzy y lo arrastra hacia el auto azul estacionado al otro lado del estacionamiento. Él mira por encima de su hombro y me sonríe. —Definitivamente van a conectar —dice Sabrina.

137


—Síp. La arrastro hacia mi propio vehículo. Una vez que estamos instalados en el asiento delantero, giro el encendido y presiono la calefacción. El helado fue probablemente una mala idea, Sabrina está visiblemente temblando mientras esperamos que la camioneta se caliente. —Entonces —digo. —Entonces. —Eso fue entretenido. —¿Qué parte? ¿Cuando el tipo de los Medias Rojas pintó hormigas por bellos púbicos? ¿O cuando Hiram y Doris describieron lo que era vivir a través de la manía del trabajo de los implantes de senos en los años ochenta? —Santa mierda. ¿Cuándo dijo que había considerado en ―hacerle el pecho‖? —Oh Dios mío. ¡He muerto! —Sabrina está a riendo a mi lado, el sonido de sus risitas agudas trae una corriente de calor a mi pecho. Maldita sea. Realmente me gusta esta chica. Ella es… increíble. No es la reina del hielo que Dean insiste que es, ni en lo más mínimo. Es inteligente, divertida, y cuidadosa, y… Y podría estar enamorándome de ella. Mi risa muere. —¿Qué pasa? —pregunta inmediatamente Sabrina. —Nada —miento. Es eso o decirle lo que estoy pensando, y estoy bastante seguro de que ella no quiere oírlo. Ni siquiera quiero imaginar cuál sería su respuesta si admitiera que me estoy enamorando de ella. Hemos follado dos veces y hemos ido a una cita. Es demasiado temprano para traer la palabra con A a la conversación. —¿Estás seguro? —Parece preocupada—. Tienes un pliegue muy profundo aquí... —Pasa dos dedos sobre mi frente. —Naah, estoy bien. —Me muevo en mi asiento y me acerco más a ella—. Me lo estoy pasando genial. —Yo también. —Su labio inferior se sacude un poco—. Desearía… —¿Qué deseas?

138


Ella suspira. —Ojalá pudiéramos volver a mi casa, pero tengo que estar levantada a las cuatro de la mañana. Esta no es una buena noche para que me duerma tarde. —Igual. Tengo práctica a las siete. —Así que no hay sexo —dice tristemente. —No, a menos que quieras volver a hacerlo en la camioneta. Interés parpadea en sus oscuros ojos antes de desvanecerse con resignación. —Tentador, pero me sentiría extraña tener sexo cuando Carin está a tres metros de distancia. —Estoy bastante seguro de que Carin no nos está prestando atención en este momento. Sabrina sacude la cabeza. —Confía en mí, no estarán allí por mucho tiempo. Ella tiene una regla estricta de no-sexo-en-la-primera-cita. Fitzy sólo va a tener una sesión de besuqueo. —Se ríe—. Y probablemente bolas azules. —¿Qué hay de mí? ¿Mis bolas me van a odiar cuando llegue a casa? —No lo sé. Tú dime. —Luego se desliza sobre la consola y me besa. Cuando su lengua gira seductoramente sobre la mía, envía un rayo de lujuria a mis bolas. Gimo contra sus suaves labios. —Sí —gruño—. Definitivamente estaré congelando a los chicos esta noche. —Aw. Pobre bebé —susurra, luego procede a torturarme con besos hambrientos y el deslizamiento perezoso de su palma sobre mi entrepierna. No rosamos por un rato, ninguno de nosotros ansioso por seguir adelante. Pero todavía es caliente como el infierno. Las ventanas de mi camioneta se empañan, y estoy duro como un poste de meta para el momento en que nos separamos. —Debería llegar a casa —dice con pesar. Asiento, ofreciendo una sonrisa irónica. —¿Piedra, papel o tijeras para decidir quién golpea en su ventana? Resulta que no fue necesario, porque de repente hay un golpe en mi ventana. Bajo el vidrio para encontrar el rostro ruborizado de Carin que miraba hacia mí. Sus labios están hinchados, su cabello es un enredo de rizos rojos. —Lo siento —dice con un encogimiento de hombros—. Pero B dijo que necesitaba salir a las diez y media. Ya pasada esa hora.

139


Muy, muy a regañadientes, salgo de la camioneta y luego me dirijo a la puerta de Sabrina para abrirla para ella. Su expresión es tan reacia como la mía. Un Fitzy con cabello alborotado está apoyado en el costado de mi camioneta, y Carin golpea su culo mientras regresa a su coche. —¿Lo haremos otra vez? —Le murmuro a Sabrina. —¿Noche de pintura nudista? No lo sé. Una vez podría ser suficiente. —Otra cita. —Me corregí—. ¿Me llamarás cuando tengas tiempo libre? Casi espero una discusión, pero ella simplemente se levanta sobre la punta de sus pies, me besa en los labios, y retrocede para decir: —Absolutamente.

140


Traducido por Mariela Corregido por Anna

Tucker Diciembre Yo: Te extraño Ella: Yo también te extraño Yo: ¿Hay alguna oportunidad encontrándonos? Llevaría mi polla…

de

que

podamos

cambiar

eso

Ella: LMAO21¿Eso no es un tipo de don? Ustedes dos son todo un paquete. Yo: Paquete es la palabra correcta. Un paquete realmente grande ;) Bien, así que me estoy poniendo bastante grueso, pero demonios, extraño a esta chica. No la he visto en una semana, lo que son como, oh, siete días demasiados largos. Desde nuestra doble cita el mes pasado, hemos tratado de vernos al menos dos o tres noches durante la semana. Con nuestra frenética agenda, es un milagro que nos la hayamos arreglado para encontrar el tiempo, así que dependiendo delo que ocurriera en nuestros horarios podríamos encontrarnos. Estas últimas dos semanas, hemos estado ocupados con la escuela, yo he tenido algunas prácticas brutales y partidos, luego Acción de Gracias rodó cerca y ya me había comprometido a pasar el día festivo con Hollis y su familia. Estuve tentado a fugarme y ver a Sabrina en su lugar, pero ella estaba trabajando y admitió que prefería que no anduviera alrededor del club de estrípers mientras servía mesas. Aparentemente Boots & Chutes es la Central Bummer durante las fiestas. Estoy muriendo por verla, así que cuando leo su siguiente mensaje, alzo el puño mentalmente.

21

LMAO: “Laughing My Ass Off”,quiere decir que se está riendo mucho.

141


Ella: Si no te importa manejar, ¿ven a Boston por esta noche? Estoy trabajando en mi ensayo de Ley Const pero puedo tener un pequeño descanso si quieres hacerme compañía. Ni siquiera dudo. Yo: Voy en camino. Ya me había bañado y cambiado anticipando la posibilidad de verla esta noche. Me apresuro a la planta baja, con la esperanza de salir de la casa pasando desapercibido. —¡Tuck, ven aquí! Necesitamos una opinión adulta. Maldición. Tan cerca. Seguí la voz de Garrett a la sala de estar, donde los encuentro a él y a Hanna en el sillón. Ella está en su regazo, él tiene sus brazos alrededor de ella, y se ven tan felices y en paz que siento una punzada de envidia. Sin embargo, no están solos. Logan, Fitzy y el amigo de Logan, Morris, están en el sofá con controles de videojuegos en sus manos. El juego de disparos en primera persona que están jugando está pausado en la pantalla plana. —¿Qué hay? —Trato de esconder mi impaciencia—. Voy de salida. Desde el sofá, Logan alza una ceja. —Has estado saliendo un montón muy últimamente. Me encojo de hombros. —Lugares a donde ir, gente a quién ver. —¿Alguna vez nos vas a decir su nombre? —pregunta Hannah con una voz alegre. —No sé de qué estás hablando —contesto inocentemente. Garret mueve una mano. —No me importa la chica misteriosa de Tuck justo ahora. Necesito alguien que me respalde… pronto. Sonrió. —¿Respaldarte en qué? —Dean y Allie. Ah. Me estaba preguntando cuándo tendríamos esta conversación. Todos regresamos de nuestros variados viajes del Día de Acción de Gracias para descubrir que Dean y Allie eran oficialmente una pareja. No estaba sorprendido de escucharlo, porque ya sospechaba que habían conectado, pero estoy un poco sorprendido de que realmente estén saliendo. Dean no ha tenido una novia desde que lo conozco.

142


—Aparentemente, soy el único que piensa que esto es jodidamente la peor idea desde la de los caballos —dice Garret irritado. —¿Caballos? —Logan y Fitzy hacen eco al unísono. —Como, ¿caballos en general? —pregunta Morris confundido. —Como dentro, domesticarlos —refunfuña—. Ellos pertenecen a lo salvaje. Fin de la historia. —Bebé. —Hannah lo cubre—, ¿sólo lo estás diciendo porque te asustan los caballos? Su mandíbula cae. —No me asustan los caballos. Ella ignora la negación. —Oh Dios mío, ahora todo tiene sentido. Ese es el porqué no quisiste ir al Día de Acción de Gracias en la feria en Philly. —Ella nos mira al resto—. Mis tíos querían llevarnos al festival con todas esa cabinas geniales y un zoológico de mascotas… y equitación. Él dijo que le dolía el estómago. Garret aprieta visiblemente los dientes. —Me dolía el estómago. Comí demasiado puto pavo, Wellsy. De todos modos, no me gusta esto. Voy a estar muy enojado cuando aparezcan. —Ellos podrían no romper —señala ella. Frunzo el ceño. —¿Y cómo es que eso si quiera te afecta? Ya que no estoy viendo su lógica, él lo dice lentamente para mí. —Lados, amigo. La gente rompe y sus amigos toman lados. Dean es mi amigo, así que obviamente el código de hermanos dice que tengo que tomar su lado. Pero ésta… —Señala con el pulgar a Hannah—, es mi novia. La novia supera al amigo. Wellsy elegirá el lado de Allie, y voy a tener que tomar el lado de Wellsy, cara a cara, estoy tomando el lado de Allie. —No creo que estés usando el cara a cara de la forma correcta —dice Morris. —Sí, creo que la palabra que estás buscando es por consiguiente. —Los labios de Logan se contraen violentamente. —No espero que tomes el lado de Allie en mi nombre —protesta Hannah— . Y estás siendo un idiota con esto. Somos adultos. Si ellos rompen, todavía podremos ser capaces de co-existir pacíficamente. —Ross y Rachel co-existen —concuerda Logan. Fitz bufa.

143


Garret está muy ocupado mirando con molestia a Hannah. —No puedo creer que estés bien con esto. Ella es tu mejor amiga. Él va a echar a perder esto… lo sabes. Su novia se encoge de hombros. —Todo lo que sé es que Allie está feliz. Y si Allie es feliz, yo soy feliz. —¿Tuck? —pide Garrett. Dudo. Por un lado, Dean parece genuinamente comprometido con Allie, al menos a partir de las limitadas interacciones entre ellos de las cuales he sido testigo. Por el otro lado, el chico no tiene ni un hueso de seriedad en su cuerpo. Allie es una buena chica. No quiero verla salir lastimada. De cualquier forma, no es de mi incumbencia. —Wellsy tiene razón. Ellos son adultos. Si quieren estar juntos, entonces ¿a quién le importa? Él me mira con el ceño fruncido. —Traidor. —Amigo, esa chica lo noqueó ayer —dice Logan con una sonrisa—. Sabes cuán grande es el ego de él, si puede tomar ese tipo de golpe y aún quiere estar con ella, entonces es un asunto real. A pesar de mí, comienzo a reírme. Mierda. Deseé que los chicos hubieran estado aquí la otra noche para ver todo el caos. Después de que el equipo llegó del juego de Scranton, Dean y yo fuimos acasa y encontramos todo a oscuras, Allie y la hermana de Dean estaban viendo películas de terror. Las chicas enloquecieron y Allie accidentalmente golpeó a Dean con un pisapapeles, y ahora estoy equipado con suficiente munición para torturarlo por el resto de su vida. —Oh oye, hablando de anoche —dice Hannah—. Llegó bien la hermana de Dean a Brown? Quería conocerla. —Créeme —murmura Fitzy desde el sillón—. Eres afortunada de no hacerlo. Logan se ríe. —Pobrecito… una rubia caliente se arrojó sobre ti. ¡Cómo se atreve! El otro chico se ruboriza. —Ella pidió ver mi polla! —¿Y eso es un problema porqué…? Tanto Morris como Garrett comenzaron a reírse, Fitzy sólo se encogió de hombros. —Las chicas agresivas no son lo mío. Me gusta ir a mi propio ritmo, ¿está bien?

144


Estoy tentado a decir que es mentira, porque no pareció importarle cuando Carin, la amiga de Sabrina, lo arrastró hasta su auto para conectar. Pero Fitz y yo no hemos hablado de esa noche, así que me quedo callado. Además, si menciono la cita doble, todo el mundo exigirá saber con quién estaba yo. La última vez que nos vimos, Sabrina bromeó sobre el hecho de que no le estoy diciendo a las personas sobre nosotros porque estoy avergonzado de ella. Lo cual no es el caso. Mis amigos tienen el mal hábito de pegar sus narices en la vida amorosa de los otros, para muestra, la obsesión de Garrett con Dean y Allie. Así que, sí, preferiría que mi relación con Sabrina no fuera diseccionada por todos, no cuando aún es tan nueva. Y de cualquier forma, Sé que ella secretamente está aliviada de que estemos en DL 22. La única vez que usé la palabra relación para describirnos, se puso rara e inquieta conmigo. —De acuerdo, tengo que irme. —Le digo a la habitación en general—. ¿Hay algún otro asunto de adultos que necesiten discutir, o puedo irme? —Vete. —Se queja Garrett, haciendo un movimiento brusco con su mano— . De todos modos no ayudaste. *

Sabrina La lengua de Tucker está en mi boca antes de que incluso pueda cerrar la puerta frontal. A pesar de las ondas de calor que asaltan mi cuerpo, me obligo a alejarme del beso. Nana está en la cocina, y no necesito que salga y presencie esto. —Mi abuela está en casa —murmuro. Esperaba desilusión, pero él simplemente asiente. ―Genial. ¿Quieres presentarme? La única cosa que he aprendido de salir con Tucker este último mes es que nada molesta a este chico en lo absoluto. Él recibe todo lo que se le aparece, se ajusta y adaptado según lo necesitado. Ni siquiera sé cómo se ve cuando está molesto. —Debo advertirte… Nana es un poco… franca. —Esa es mi manera de decir con tacto que es una perra ruda. Mientras nos dirigimos a la cocina, rezo para que mi abuela no sea una idiota con Tucker. 22

DL:“Down Low”, significa estar encubierto, escondido, o algo secreto. Cuando quieres mantener algo entre sólo dos personas.

145


Ella está en la mesa cuando entramos, repasando un artículo del US Weekly. —¿Ray olvidó de nuevo su llave? —pregunta Nana sin levantar la vista. —Um. No. —Me muevo torpemente—. Nana, este es Tucker. Su cabeza vuela hacia arriba. Interés llena su mirada inmediatamente. Estudia a Tucker de la cabeza a los pies, tan flagrante en su repaso que siento mis mejillas calentarse. —Nana —reprendo. Ella se sobresalta. —Es muy agradable conocerte Tucker. —Enfatiza la palabra muy. Estupendo. Mi abuela está coqueteándole a mi… bueno, no estoy segura de lo que sea. Pero el tono seductor de mi Nana aún no es genial. —Soy Joy, la abuela de Sabrina. —Es un placer conocerla, señora. —Él extiende su mano para saludarla, y ella lo sostiene por un poco demasiado. Lo suficiente como para que él se vea incomodo cuando retrocede. —Sabrina no mencionó que tiene un novio. —Sólo somos amigos —respondo. Los hombros de Tucker se tensan. Aw, mierda. No estaba tratando de herir sus sentimientos. Simplemente no quiero que Nana se ponga toda curiosa y preguntona sobre cuando es la boda o alguna mierda. —Pensé que estabas muy ocupada para amigos. —Ella levanta una ceja burlona. Rechino mis dientes. —No estoy muy ocupada para amigos. Salgo con Hope y Carin, ¿o no? En lugar de contestar, se voltea de nuevo hacia Tucker. —Entonces, ¿qué van a hacer los amigos esta noche? Hablo antes de que él pueda. —Vamos a pasar el rato en mi habitación por un tiempo. Tal vez ver una película o algo así. Una sonrisa de satisfacción curva sus labios. —De acuerdo entonces. Traten de bajar el volumen, ¿eh? Y todos sabemos que no está hablando del volumen de la televisión.

146


Con mis mejillas ardiendo, saco a Tucker de la cocina. —Lo siento —digo cuando llegamos al pasillo—. Puede ser inapropiada. Su mirada se encuentra con la mía. —¿Por qué sería inapropiado que ella pregunte qué somos el uno del otro? Aparto los ojos. Me tiene ahí. La verdad es, la razón por la que no quiero a Nana haciendo preguntas es porque no tengo respuestas. No sé qué somos Tucker y yo para el otro. Todo lo que sé es que lo extraño cuando no está alrededor. Que cada vez que un mensaje de texto de él llega a mi teléfono, mi corazón se eleva como un racimo de globos de helio. Que cuando me mira con esos pesados ojos marrones, olvido mi nombre. Vamos a mi habitación, donde él se sienta en la orilla de la cama mientras cierro y pongo seguro a la puerta. Un par de segundos pasan. Luego palmea su regazo y dice: —Ven aquí, cariño. Estoy sobre él en un abrir y cerrar de ojos, mis piernas envueltas alrededor de su cintura y mis dedos en su cabello. —De verdad te extrañé —susurro presionando mis labios contra los suyos. Besar a Tucker es como hundirse en un baño caliente. Hace que mi piel se entremezcla y vuelve temblosos mis muslos, rodeándome de una tibia esencia a coco de la que nunca quiero emerger. Su lengua traza mi labio inferior antes de introducirse en mi boca con facilidad. Sus manos son cálidas y solidas a medida que las desliza bajo mi camiseta sin mangas y mientras acaricia mis caderas desnudas. Antes de que lo sepa, estamos enredados juntos en la cama, arañando la ropa del otro, incluso mientras nuestras bocas permanecen juntas. Una vez que estamos desnudos, mi cuerpo se contrae contra él, doliendo por la liberación. Tucker es tan frenético. No hay preliminares, ni palabras intercambiadas. Agarro un condón de mi mesa de noche, se lo arrojo y se lo pone sin demora. Es el sexo más silencioso que alguna vez he tenido. Tiene que serlo, porque Nana está justo al final del pasillo. Y hay algo tan caliente y sucio sobre la forma silenciosa en que follamos. Él me llena completamente, deslizándose dentro y fuera de mi pulsante centro en un lento y dulce ritmo que me vuelve salvaje. —Me voy a venir pronto —susurra en mi oído. Abro los ojos para encontrar sus hermosos rasgos tensos, sus dientes cavando en su labio inferior mientras lucha para mantener la calma.

147


La magnífica vista logra fracturar la tensión que se forma dentro de mí. Cuando el orgasmo se estrella contra la superficie, jadeo y me aferro a sus anchos hombros y los mantengo apretados mientras él se estremece encima de mí. Después se da la vuelta y me tira con él. Pasa sus dedos por mi cabello mientras doblo una pierna por su parte inferior. Nos acurrucamos sin palabras por un tiempo, hasta que Tuck finalmente rompe el silencio diciéndome lo que ha estado haciendo últimamente. Nos mandamos mensajes de texto regularmente, así que ya sé casi la mayoría de las historias, pero la voz de este chico es tan sexy que lo escucharía recitar un menú de restaurante si eso significa escuchar su acento sureño en mi oído. Ahogo una risa con el dorso de mi mano cuando me dice cómo la novia de Dean; me imaginé eso, golpeó a Dean con un pisapapeles anoche y lo dejó inconsciente. Le beso el hombro cuando confiesa cuanto ansía ver a su mamá en las próximas vacaciones. Y cuando admito cuán estresada estoy con los finales, él acaricia mi espalda y me asegura que voy a patear culos. Eventualmente nos ponemos la ropa y pongo una película, pero él es el único que la ve. Abro un libro de texto y comienzo a resaltar pasajes que quiero que aparezcan en mi ensayo. Tuck ríe entre dientes ante la comedia atrevida en mi pequeña televisión montada en la pared de mi cuarto. De vez en cuando se inclina y besa mi sien, frota mi mejilla, agarra mi pezón. De vez en cuando me inclino y succiono su cuello, le acaricio la barba, pellizco su culo. Es la noche más perfecta que jamás hubiera imaginado. Y en el fondo de mi mente, una pequeña voz sigue susurrando, podría acostumbrarme a esto…

148


Traducido SOS por Juliette y Gisenid Corregido por Anna

Tucker Después de bajar del avión en Dallas, mamá está esperando en la parte inferior de la escalera mecánica con tres globos. Pensarías que estaba volviendo a casa desde el campo de batalla en lugar de una elegante universidad en el Este. —¡Mírate! —grita. La levanto y la hago girar antes de ponerla de nuevo en pie. Se inclina hacia adelante, el familiar olor de laca para el cabello y el amoníaco flotando. —¿Qué debería estar mirando? —bromeo. Me da una sonrisa de ―mamá sonriente‖ antes de envolver un delgado brazo alrededor de mi cintura y apretar. —Cuan guapo eres. Te ves maravilloso. Me encojo de hombros mientras comenzamos a caminar hacia la salida. — Me siento muy bien. —Gracias a Dios, pensé que estarías deprimido por cómo va tu temporada. —Nuestros juegos no se televisan a menudo, pero ella sigue los resultados en línea. —¿Para eso son los globos? —¿Pensante que los globos eran para ti?, porque no lo son. —¿Es por eso que el plateado dice: ―Bienvenido a casa, hijo‖? —Tenía descuento, yo habría comprado el de ―Soy la mejor mamá del mundo‖, pero costaba cinco dólares más. —Hombre, ¿el patriarcado está arruinando las ventas de globos? Empujando con fuerza las cuerda sondeando hacia mí, se ríe. —Es un mundo terrible, por eso necesitamos globos.

149


—Esto se siente sospechosamente similar al incidente del delantal —dije con broma, pero tomo los globos de todos modos y me inclino para presionar un beso en la parte superior de su cabeza. Tomando en cuenta el delantal rosa que me dieron mis compañeros de cuarto, llevar unos cuantos globos a través del aeropuerto no va dañar mi ego. —Si fuera tú, le hubiera dado a todos algo rosa a cambio. Pienso en el dildo rosa con el que Dean le gusta bañarse. —Esa no es una mala idea. Conseguiré una par de regalos antes de volver. Me aseguraré de que todo lo que compre sea rosa o esté lleno de brillos. Ambos, si es posible. —Garret y Logan morirían de la risa con la idea de regalarle a Dean un dildo rosa y lleno de brillos. —¿No registraste una maleta? —pregunta mientras pasamos los carruseles de equipaje. —No, señora. —No necesito mirar su rostro para saber que está decepcionada—. Sabes que tengo que volver para las prácticas. Incluso si la temporada es un asco, aún estoy obligado a estar allí. Ese es el precio de mi beca. Mi ocupado horario durante las vacaciones ha sido siempre una fuente de consternación para mi madre, quien adora celebrar cosas. Vive para la Navidad, razón por la cual hice el viaje a casa, aunque muchos de los chicos se quedaron en Briar. —Pensé que ya que este es tu último año y no les estaba yendo bien, te permitirían pasar todo el receso conmigo. —No funciona de esa manera. Además, pronto estaré bajo tu nariz tanto tiempo que me pedirás que me vaya —le advierto. Pero incluso mientras lo digo, mi mente vuelve a cerrarse a Sabrina. Ella va a estar en Boston por los próximos tres años. Me pregunto cómo vamos a hacer que funcione. Me pregunto si incluso quiere hacer que funcione. Sería mucho más fácil si nos hubiéramos conocido el año pasado. O infierno, incluso el semestre pasado, pero sólo tenemos unos meses más donde estaremos en el mismo código postal, y por razones que no estoy totalmente preparado para examinar, especialmente con mamá a mi lado, la distancia que pronto estará entre nosotros me molesta como la mierda. Lucho contra la urgencia de volver al avión y regresar a Boston. Pero tendré que conformarme con mensajes de texto, llamadas telefónicas, y tal vez

150


si tengo suerte, un pequeña video llamadas. Me gustaría ver cómo usa su juguete cuando no estoy cerca. Casi corro a la SUV de mamá, perdido en mis pensamientos sobre Sabrina y su vibrador. Me aclaro la garganta. —¿Te importa si conduzco? Me lanza las llaves. —Nunca me quejaría de que estuvieras aquí demasiado tiempo. Sabes que me encantaría que volvieras y vivieras conmigo. —Sí, eso no va a suceder. Ninguna mujer viva quiere salir con un tipo que vive con su mamá —digo, manteniendo la puerta abierta para ella. Ella se sube con el ceño fruncido. —¿Qué hay de malo en vivir con tu madre? —Todo, y tú lo sabes. —Entonces me inclino hacia adelante y presiono otro beso en su frente para quitarle el ceño fruncido. Durante el viaje a casa de cuatro horas desde Dallas, ella me pone al día con los chismes locales en Patterson. —La hija de María Solis volvió a casa desde UT23. Ella se corta el pelo en Austin ahora, pero todavía tiene los mejores modales. Pasó el otro día sólo para saludarme. Asiento distraídamente, preguntándome que si fuera invitado a Sabrina a venir a casa conmigo para las vacaciones ella hubiera dicho que sí. Pensé que la invitación no sería bienvenida, no sólo porque lo vería como una señal de que nos movíamos demasiado rápido, sino porque ella necesita el dinero del trabajo. Antes de irme, estaba casi abrazándose con felicidad por el tiempo y medio que iba a hacer. —Deberías invitarla a salir. —La voz de mamá penetra mis sueños de nuevo. —¿A quién? —pregunto. —La hija de María Solis —responde impaciente. Despego mis ojos de la carretera para darle una mirada incrédula. — ¿Quieres que salga con Daniela Solis? —¿Por qué no? Es hermosa e inteligente. —Mamá se recuesta en su asiento y cruza los brazos. —También es gay. Su boca se abre. —¿Dani Solis es gay?

23

UT: Universidad de Tennessee

151


—Supongo que el término apropiado es lesbiana —digo, recordando mi curso de estudios de género. —No —protesta mi madre—. Es demasiado hermosa. —Mamá, las chicas hermosas pueden ser lesbianas. —¿Estás seguro? Tal vez es bisexual. Sé que dicen que los chicos experimentan en la universidad. —¡Ella llevó a Cassie Carter al baile de graduación! Les arreglaste el cabello. —Creí que eran amigas. —Tuvieron que ir como amigas porque la gente del baile no las dejaba asistir como pareja. La pequeña ciudad del oeste de Texas en la que crecí está un poco en el lado conservador. Dani y Cassie eran amigas, de las que se besaban y manoseaban en el pasillo. Y hacían volar la amorosa mente de cada chico al alcance de la vista. Había pasado muchas noches de adolescente fantaseando con las cosas que esas dos chicas hacían en privado. Probablemente era inapropiado, pero la mayoría de mis pensamientos, de entre diez y diecisiete años, caían en la categoría de inapropiados. Mama se desplomó en su asiento. Obviamente había trazado un elaborado plan en su mente para lograr juntarnos a Dani y a mí. —¿Recuerdas cuando te dije que conocí a una chica? —dije lentamente, decidiendo que era mejor sacar esto ahora antes que comenzara a tratar de emparejarme con cada chica soltera en Patterson. —¿Oh? —Su voz es reservada—. ¿Pensé que no era importante? —Lo es ahora. Mira, te gustará ella. Tiene calificaciones perfectas, dos trabajos, y acaba de ser aceptada en la Facultad de Derecho en Harvard. —¿Harvard? ¿No es eso en Boston? La preocupación es intensa en su voz. Lo entiendo. Le preocupa que si me enamoro de una chica en Boston, no me mudaré de nuevo a casa, lo cual es el porqué me soltó la cosa de Dani Solis antes de incluso de terminar de conducir a casa. —Sí. Cambridge. —No puedo siquiera darle garantías, porque en este punto, no sé qué haré en Boston, Patterson, o ninguna de ellas. De lo único que estoy seguro es que quiero estar con Sabrina.

152


—¿Cuánto tiempo es la escuela de Leyes? —Tres años. —También conocidos como demasiado tiempo para estar separados. —Tu plan es todavía venir a casa y comprar un negocio, ¿cierto? Estaba hablando con Stewart Randolph el otro día. ¿Te acuerdas de él? Posee en su totalidad el negocio de bienes raíces de Pleasant. Está pensando en retirarse, y ese chico suyo no quiere mudarse de Austin. Suena como si Randy estaría interesado en ofertas de entretenimiento. Agarro el volante un poco más fuerte. Sabrina me preguntó si había algo que me afectara. Bueno, hacer a mi mamá infeliz es lo primero de esa lista. Pero la idea de comprarle a Stewart Randolph su negocio de bienes raíces, estaría en un cercano segundo lugar. De hecho, la idea de sentarse en la oficina de Randolph, vistiendo una corbata todos los días, hace que mi piel pique. He tenido algunas ideas sobre lo que voy a hacer cuando me gradué, y ser un agente de bienes raíces no es una de ellas, en particular en Patterson, población de 10,000. —Hablaré con él. —Me oigo decir. —Bien. —Al menos alguien está satisfecho—. Oh, por cierto, los Solis vienen a cenar esta noche. —Jesucristo, mamá. —John, no maldigas. Inhalo profundamente y rezo por paciencia, preguntándome cuando voy a ser capaz de mandarle un mensaje a Sabrina. * —Mi mama oficialmente te ha apodado un ―buen partido‖ —Dani toma asiento junto a mí, sobre los escalones de atrás de la pequeña casa de dos pisos donde he vivido toda mi vida. Choco mi vaso de sangría contra el de ella. —Es bueno. Voy a poner eso en mi perfil de Tinder. —Ella siempre dice que tienes una caja fuerte de dinero secreta que derramarás sobre mí cuando te proporcione el requerido primogénito. —La sonrisa de Dani se extiende de oreja a oreja. Ella claramente está disfrutando esto. —Mi madre me dijo que eras hermosa e inteligente. —Reprimí un suspiro, pensando en otra chica hermosa e inteligente a quien no he logrado mandarle un mensaje desde que le dije aterricé hace horas.

153


Su respuesta de Genial! Me alegra oírlo no me provee con mi ingesta diaria necesaria de Sabrina. Supongo que la ausencia hace al corazón encariñarse, porque la extraño como la mierda. —¿Y tú qué dijiste? Atraje mi atención de vuelta a mi amiga. —Que pensaba que eras lesbiana y mamá contesto que quizás eras bisexual. Eso hace estallar a Dani. Se dobla por la mitad, riendo tan fuerte que la sangría se derrama todo por el borde. Tomo el vaso de su mano, así no consigo bañarme con la bebida, y la pongo al otro lado de mí. Le toma un rato a Danire componerse, así que termino mi bebida y luego el resto de la suya. —Tuck, lo siento —jadea, frotando una mano bañada por el vino a través de su rostro—. La idea de Mamá Tucker con la esperanza de que sea bisexual, de modo que podamos emparejarnos, es simplemente demasiado divertido. —Lo bueno es que estoy seguro de mí atractivo —digo secamente—. O todo ese cacareo podría haber hecho que mis bolas se arrugaran. Dani inmediatamente se desembriagó. —Oh demonios, ¿te ofendí? ¿Tú… tienes sentimientos por mí? —No, y no estoy diciendo que no seas una belleza, porque lo eres, pero en cierta manera te conozco desde que estábamos en la secundaria. —Sí, siempre te he conocido. —Ella muerde su labio—. ¿Estaba molesta tu mamá? —Ella no piensa menos de ti, si eso es lo que estás preguntando. Solo está decepcionada. Dani me da un asentimiento pensativo. —Patterson es tan estrecho de vista, ¿sabes? Estoy bien con una visita, pero nunca podría vivir aquí. —Ella puntualiza su declaración con un estremecimiento de desagrado—. Me sorprende que regreses. —¿Por qué es eso? —Tuck, juegas hockey —dice la última palabra como su tuviera un significado adicional, pero soy un tonto, así que tengo que pedirle una explicación. —Hay un equipo de hockey en Dallas. —Le recuerdo—. Eso no es tan inusual.

154


—Sí lo es. Este es un estado de futbol, pero no, tú, un chico de Texas, que ama el frío y el hielo. Me sorprende que no te estés quedando en Boston. Extiendo mis piernas y levanto la mirada hacia el cielo oscuro. Patterson es una de esas ciudades reliquias, alguna vez fueron auto-sustentables, pero casi todos de los pequeños negocios fueron aplastados por tiendas regionales que ofrecieron precios más bajos y más opciones. La mayoría de la gente aquí vive en granjas o trabajan en la planta de tractores a dos pueblos de distancia. Vivir en Boston es algo sobre lo que he pensado, pero cada vez que le he sacado el tema a mi madre en los últimos cuatro años, ella rechaza la idea. —A Mamá le encanta aquí. Esta es la casa de mi papá, la que compraron cuando se casaron. —Acaricio los escalones—. Ella no quiere dejarla. —¿Así que no conociste a nadie en Briar? ¿Pasaste cuatro años allí y sólo vas a regresar a casa para instalarte y ser el agente de bienes y raíces número uno de Patterson? —Ella levanta su dedo índice y profundiza su voz. Tengo que admitirlo, eso no suena bien. —¿Tú también sabías sobre esos planes? —Sí, ese fue parte del discurso de ventas. Junto con tu enorme cuenta de banco, serías capaz de mantenerme en el lujo por el resto de nuestras vidas vendiendo casas en este lugar. La buena noticia para tu mamá es que cada chica soltera en Patterson daría su teta izquierda para ser la mujer de John Tucker. Solamente hay una chica a la que le estamparía esa etiqueta, y no estoy completamente seguro de que ella la quiera. —Tengo una chica en Briar —confieso. Hablar sobre Sabrina la hace sentirse un poco más cerca. Hombre, me he vuelto sensiblero. Supongo que no me importa que lo sea, porque saco mi teléfono—. ¿Quieres ver? Dani asiente ansiosamente. Toco con el pulgar una foto que tomé de Sabrina en un bar donde tomamos la cena la última vez que fui a verla. Su cabello oscuro estaba suelto y cayendo en cascada sobre sus hombros, y sus ojos brillaban con picardía porque acababa de abofetear mi culo mientras nos íbamos. —Jesús, ¡es caliente! —Dani agarra mi teléfono para hacer zoom, primero en la cara de Sabrina y luego el resto de su cuerpo—. ¿Estás seguro que no es bisexual? Porque es un crimen que tenga que sufrir por vivir con un hombre. —Hey, soy bueno con la lengua.

155


Dani me da una mirada un tanto desdeñosa. —Ningún hombre jamás es tan bueno en el sexo oral como una lesbiana. Es un hecho científico. —¿Sí? Entonces divulga tus secretos, Solis. Si no es por mí, entonces por la pobre Sabrina. Los labios de Dani se curvan en una sonrisa sexy. —¿Sabes qué? Lo haré. Y entonces procede a darme una lección muy grafica sobre qué hace bueno a un oral.

156


Traducido por Mariela Corregido por Anna

Sabrina Me topé con una vieja amiga de la secundaria. Ella es una perdedora. Me dijo que ningún hombre puede entregar lo que una mujer puede. Se emborrachó con sangría y la obligué a revelar sus secretos. Prepárate. Voy a arruinarte. El mensaje de texto de Tucker aparece durante mi descaso en el club. Me quité mis tacones altos de seis pulgadas, le contesto: Promesas. Promesas. Cuando no hay una respuesta inmediata, pongo mi teléfono lejos e intento no estar decepcionada. Supongo que está ocupado con su mamá y sus viejos antiguos. La roca que se asentó en mi estómago cuando se fue hoy crece un poco más. Lo extraño. Y si soy honesta conmigo misma, creo que me estoy enamorando de él. John Tucker se ha deslizado hábilmente en mi vida, llenando espacios que no me había dado cuenta que existían. Y él no es la distracción que pensé sería. Cuando necesito tranquilidad, me la da. Cuando necesito diversión, él está ahí con una sonrisa lista. Y cuando me duele todo el cuerpo, no tiene problema en follarme hasta que sea un desorden sin huesos. Le gusta estar conmigo. Y me gusta estar con él. Aprieto mi nuca. ¿Ya estoy muy profundo? ¿Debería salirme ahora? ¿Puedo continuar con esto sin que ninguno de los dos salga herido? Tucker había adivinado que tenía toda mi vida planeada, y así era. La visión que yo tenía de cuatro años de universidad seguido por la facultad de leyes seguido por una pasantía de verano bien pagada que precede al trabajo perfecto en una importante bufete de abogados terminando con la jubilación en algún lugar soleado en la playa… ese es un plan que nunca incluyó un hombre. No sé por qué. Simplemente no lo hizo.

157


Los hombres son para… sexo. Y son fáciles de conseguir y fáciles de dejar. O al menos era fácil dejarlo ir. Ahora, no tanto, porque la idea de no tener a Tucker hace que la roca en mi estómago se sienta como un peñasco. En realidad, la roca me está haciendo sentir mareada. Tomo algunas respiraciones profundas y trato de recordar la última vez que comí algo. —¿Estás bien, dulzura? —pregunta Kitty Thompson con preocupación. Kitty es una de las dueñas de Boots&Chutes. Ella y otras tres formadoras de estripers manejan el club, y es uno de los mejores lugares en los cuales he trabajado. Froto mi sien antes de contestar. —Sólo desgastada. —Sólo un par de horas más —dice ella con simpatía—. Y está es una noche tranquila. Probablemente te dejaré ir temprano. Ambas tenemos un puñado de mesas ocupadas. Con un asentimiento decisivo, ella dice: —Sí, es mejor que te vayas. No ganarás mucho más que veinte dólares. Vete a casa y descansa un poco. No necesito que me lo diga dos veces. Tener un par de horas más de sueño antes de que necesite estar en la oficina postal para clasificar la correspondencia suena como un sueño. Así que me apresuro a casa y entonces caigo en mi cama sin revisar nuevamente mi teléfono. Estará ahí por la mañana. A las tres cuarenta mi alarma se apaga. Cuando me siento, casi me desmayo por el mareo. El contenido de la cena de anoche en el club amenaza con reaparecer. Cierro los ojos y respiro varias veces. Una vez que siento que puedo soportar sin vomitar todo encima de mis pies, me agacho para agarrar mi teléfono. Lo cual es un enorme error. Mi estómago se revuelve. El vómito está en mi boca antes de que pueda llegar al baño, y ya lo estoy echando antes de que pueda llegar a levantar la tapa del inodoro. Caigo de rodillas mientras todo lo que parece que comí durante la última semana sale y cae dentro del cuenco de porcelana. Oh Dios. Me siento terrible. Lo hago hasta que no hay nada más que liquido pálido de la bilis. Todavía de rodillas, alcanzo una toalla y me limpio la cara. Me doy cuenta que estoy sudando. Temblando, sudando, y enferma como un perro. Débilmente, descargo el inodoro dos veces antes de levantarme.

158


En el lavabo, salpico mi boca con agua y luego miro fijamente mi reflejo pálido. Tengo que ir a trabajar. Durante cada temporada de fiestas, hay una escasez de trabajadores y los empleados de tiempo completo reciben medio tiempo. No puedo permitirme quedarme en casa. Vuelvo a la habitación sólo para detenerme en mi puerta. Oh-oh. El agua que tragué no está bien asentada. El sudor brota de mi frente, obligándome a volver al baño. Mientras descargo el lio, llego a la conclusión. Voy a tener que llamar para reportarme enferma. No hay manera en que pueda ir. El reloj junto a mi cama dice las cuatro con cinco minutos. Ya estoy retrasada. Levanto el teléfono y marco. Mi supervisor, Kam, contesta. —Kam, soy Sabrina. He estado vomitando… —¿Tienes una receta médica? —demanda. —No, pero… —Lo siento Sabrina, necesitas venir. Están todas las manos cubiertas. Tú pediste este cambio. —Lo sé, pero… —No hay peros. Lo siento. —He estado vomitando todo… —Mira, tengo que irme, pero como favor marcaré tu tarjeta de entrada por lo que no serás atrapada o estarás en el escritorio por llegar tarde. Pero tienes que venir. Tenemos muchas jodidas cajas por ordenar, no puedo ni ver el otro lado de la habitación. ¿Ya nadie hace compras en el centro comercial? Es una pregunta retórica, aparentemente, porque cuelga inmediatamente después. Miro mi teléfono y luego me pongo de pie. Supongo que voy a trabajar. —Te ves terrible —comenta una de las trabajadoras temporales cuando me tambaleo dentro veinte minutos después—. No te pongas cerca de mí. No quiero enfermarme. Le echo un vistazo con ojos entrecerrados y estoy tentada en vomitar por todo su uniforme almidonado. —Yo tampoco —le digo brevemente.

159


Kam llega con el ceño fruncido y su iPad. —Ve a la bahía cuatro y comienza a ordenar. Estamos tan locamente retrasados que ni siquiera es gracioso. Resisto la urgencia de saludar. Estoy de acuerdo con él, sin embargo, no hay nada gracioso en la situación. Me siento terrible. Toda la mañana avanza. Me siento cubierta de alquitrán, cada movimiento de mi cuerpo requiere demasiado esfuerzo. Debo haberme contagiado de gripe. Estoy agotada, justo como Hope me había advertido, debido a los dos trabajos, a la carga completa, a la preocupación por Harvard. Me presioné demasiado este semestre y ahora estoy pagando por ello. Cuando el turno termina, apenas tengo energía para meterme en mi auto y manejar fuera del estacionamiento. Logro llegar a mi casa, pero en el momento en que entro a la cocina, otra ola de nauseas me golpea, estrello mi mano contra mi boca y corro al baño. —¿Qué está mal con ustedes dos? —gruñe Ray, quien está de pie en la puerta abierta. Está usando una playera blanca manchada metida dentro de sus pantalones de chándal grises. En una mano hay una cerveza. Tú. Tú eres lo que está mal con nosotras. Entonces el significado de sus palabras se hunde. —¿Qué quieres decir con ustedes dos? ¿Nana está enferma? —Eso dice ella. No terminó de hacerme mi desayuno. Se enfermó y tuvo que irse a dormir a la habitación. —Él mueve su cabeza hacia la habitación de Nana. Me levanto y me tambaleo hacia su cuarto. —¿Nana estás enferma? — pregunto. La habitación está oscura y ella yace en su cama con un antifaz 24en su rostro. —Sí. Creo que me resfrié. —Mierda. También lo tengo. —Te escuché vomitar esta mañana. —Lo siento. Ella le da palmaditas a su cama. —Ven aquí y acuéstate junto a mí, bebé. ¿Terminaste de trabajar?

24

Antifaz: Mascara que se usa para cubrir únicamente los ojos.

160


Asiento aunque ella no pueda verme. —Sí, estoy libre hasta mañana en la mañana. No voy al club esta noche. —Eso es bueno. Trabajas muy duro. Me subo en el espacio que ella hizo para mí. Cuando era pequeña, solía dormir con Nana. Me asustaba y ella me encontraba acurrucada bajo mis mantas, llorando en mi almohada. Mi mamá por lo general estaba fuera con Ray o con uno de los muchos hombres que tenía antes de Ray. Nana me llevaba a su cuarto y me decía que los monstruos no iban a llegar a mí mientras nos abrazábamos. Encuentro la mano de mi abuela entrelazo mis dedos entre los suyos. — Sólo por unos meses más. —No te mates antes de entonces. —No lo haré. Ella aprieta mis dedos. —Siento lo que dije. —¿Sobre qué? —Que eres engreída. Que tu mamá pensó en deshacerse de ti. Me alegro de que no lo hiciera. Te amo bebé. Las lágrimas pinchan mis ojos. —Yo también te amo. —Siento no ser una mejor madre para ti. —Has hecho un buen trabajo —protesto—. Voy a Harvard, ¿recuerdas? —Sí, Harvard. —La palabra está llena de incredulidad y asombro. —¿Qué hay sobre mí? —gime Ray desde el umbral—. Nunca terminaste de cocinarme el desayuno y ahora ya es la jodida hora del almuerzo. Junto a mí, puedo sentir a Nana temblar ligeramente y no sé si es de ira o por la enfermedad. Me obligo a sentarme. —Quédate aquí, Nana. Yo lo haré. Ella gira la cabeza lejos de la puerta, lejos de Ray, pero también lejos de mí. Supongo que en secreto, quería que ella le dijera a Ray que se fuera a la mierda. Él gruñe mientras lo paso en mi camino a la cocina. —¿Qué quieres? —Abro el refrigerador y lo encuentro sorprendentemente vacío. Me pregunto si Nana se ha estado sintiendo enferma por un tiempo y ella no lo había notado.

161


—Queso asado y sopa de tomate —dice él. Y saca una silla de la mesa de la cocina y deja caer su flaco culo en ella. —Ve a ver la televisión. —Le digo mientras saco un bloque de queso cheddar, mantequilla y leche. —Nah, me gusta ver tu culo en la cocina. Es tan bueno como cualquier programa. —Pone sus brazos detrás de su cabeza y se reclina. Puedo sentir sus ojos siguiendo cada uno de mis movimientos lentamente. El pan parece sorprendentemente atractivo y arranco un pedazo pequeño, masticándolo lentamente para ver si puedo mantenerlo dentro. Cuando mi estómago no lo devuelve inmediatamente, como otro pequeño pedazo. Después de unos momentos, los mareos y las náuseas disminuyen. El sartén de hierro fundido ya está en la estufa, y tengo el sándwich listo para dorar en cualquier momento. —No olvides la sopa, señorita. Me froto el lado de mi cuello con mi dedo medio antes de cruzar la habitación para tomar la lata de sopa de la alacena. —¿Por qué eres tan imbécil? —pregunto conversadoramente mientras hurgo en la encimera buscando el abre latas—. ¿Es porque eres un saco inútil de mierda y no puedes mirarte en el espejo? ¿O es porque la única mujer que puedes meter en tu cama estos días es un miembro con plan de retiro? —Tengo un montón de coños, no te preocupes por mí. Algún día te vas a caer de tu alto caballo y vas a venir arrastrándote ante mí. —Él hace un fuerte sonido de beso—. Y tal vez acepte follarte, o tal vez sólo te dejaré chupármela cuando se me apetezca. Preferiría suicidarme. No, corrijo, lo asesinaría primero. Mientras manejo el abre latas, fantaseo con la tapa afilada saliendo y volando a través de la habitación y cortando la polla de Ray. Entonces el ácido del tomate golpea mi nariz y una abrumadora urgencia por vomitar me inunda. Dejo caer todo y corro al baño, donde vomito por tercera vez hoy.

162


Traducido por Annette-Marie y Gerald Corregido por Anna

Tucker Víspera de Año Nuevo A las dos y cuarto, Sabrina aparece en la entrada del club. Su cabello castaño está sostenido hacia arriba en una cola de caballo alta y se ha puesto un abrigo largo sobre su escaso uniforme de camarera. Una señora mayor sale detrás de ella. Las dos intercambian palabras, haciendo una pausa bajo la entrada débilmente iluminada. Mi corazón comienza a latir erráticamente. No pude besarla a medianoche para iniciar el Año Nuevo, pero planeo besarla toda la noche para compensar eso. La extrañé con locura en Texas, y aunque mi madre me hizo trabajar como a un perro, Sabrina no estuvo lejos de mi mente. Fijé la barandilla en el porche, ayudé a mamá a rellenar algunas de las plantas de perennes que guardaba en el garaje, cambié cinco bombillas, las baterías de todos los detectores de humo, limpié su horno y cumplí recados desde el momento en que me levanté hasta el momento que me fui a acostar. También me reuní con el Sr. Agente de Bienes Raíces #1 e hice todos los ruidos adecuados, pero tan duro como traté de imaginar a Sabrina en Patterson, la imagen nunca entró en foco. —Hola, guapo. —Me saluda—. No sabía que ibas a venir aquí. Pensé que nos encontraríamos mañana. —No podía esperar —digo sinceramente—. Feliz Año Nuevo, cariño. —Feliz Año Nuevo, Tuck. La atraigo hacia mí y entierro mi cara en su cuello expuesto. Ella tiembla en respuesta a la ligera caricia, y la polla semi-dura en mis pantalones se eleva hasta convertirse en un mástil completo. A regañadientes, la dejo a un lado y abro la puerta del auto. —Será mejor que nos pongamos en marcha o todas mis buenas intenciones se irán a la mierda.

163


—Pensé que tus buenas intenciones eran follarme esta mañana. —Se burla, refiriéndose a uno de los textos que logré enviarle entre las tareas que mi madre pensó para mí. Casi tacleo a Sabrina al suelo, pero a pesar de sus ligeras palabras, puedo ver el agotamiento en cada línea de su hermoso rostro. En cambio, asiento hacia las demás personas caminando hacia sus autos. —¿Por qué darle a estas personas un espectáculo gratuito? —Buen punto. —Ella gira el llavero alrededor de su dedo—. Pequeño problema. Mi padrastro está en casa y no sé si queremos repetir la última escena. No puedo imaginar por qué. El maldito bastardo pervertido necesita un puño en la cara y una patada en el culo, pero no quiero traerlo a la ecuación. Tengo toda una serie de eventos planeados y no incluyen pasar un segundo con ese idiota. —No me importa una mierda tu padrastro —admito—, pero pensé que ya que son las fiestas y no te hice un regalo, podríamos hacer algo diferente. ¿Por qué no entras? Ella vuelve a balancear sus llaves y luego las lanza hacia mí. —Tú manejas. Estoy cansada. Las atrapo fácilmente y desbloqueo las puertas. Al entrar, empujo el respaldo del asiento de modo que no me encuentro conduciendo con las rodillas alrededor de mi cuello. Sabrina sube al asiento del pasajero. —¿A dónde vamos? —Al centro de la ciudad. —Oooh, suena misterioso. Me gustan los misterios. Y a mí me gustaría comerte. Me quedo mirando su boca durante demasiado tiempo antes de darme una bofetada mental y poner el auto en marcha. —¿Cómo estuvo todo? ¿Te sientes mejor? —Estoy bien. Va y viene. Nana está mejor, creo, así que supongo que sólo necesito sudar unos cuantos días más y habré eliminado el bicho de mi sistema. Estiro mi brazo por el auto y deslizo mi mano detrás de su cabeza. Ha pasado mucho tiempo desde que la toqué, y necesito esta pequeña conexión.

164


—¿Quieres que te lleve al médico? —Me ofrezco. —¿Me veo tan terrible? —No, eres preciosa, pero dijiste que estabas enferma. —Y te sientes frágil, como vidrio quebradizo bajo mi mano—. Y quiero cuidarte. —No, no quiero ir al médico. —¿Es por el dinero? Porque si no quieres que lo cubra, podríamos ir a Hastings a la clínica del campus. Ella sacude la cabeza, un movimiento lento hacia un lado y hacia el otro en mi palma. Deslizo mi agarre más abajo para masajear su cuello, y ella gime. El sonido va directo a mi polla descuidada. —Tengo un seguro. Sólo necesito descansar —insiste—. Y mañana es domingo, lo que significa que puedo pasar todo el día dando vueltas y sin hacer nada. Decido no empujar el asunto. —Qué casualidad. Ese es mi plan. Esta vez cuando nuestros ojos se encuentran, su mirada es tan caliente como la mía. Aprieto el acelerador un poco más fuerte de lo planeado. —¿Un hotel? —grita cuando me detengo frente al Fairmont diez minutos más tarde. Sonrío. —Feliz Navidad atrasada. El empleado llega a su lado y abre la puerta. Salto y rodeo el parachoques delantero, agradeciéndole mientras le tiro las llaves. Todo esto me está costando un bonito centavo, pero no me importa. Tampoco me importa que el portero esté sonriendo ante el vestuario de Sabrina y nuestro auto. Él probablemente piensa que seré robado al traer a una prostituta a mi habitación. —Tu regalo está en mi casa —dice tristemente mientras me uno a ella en la acera. Con un brazo alrededor de su espalda, la empujo suavemente hacia adelante. —Puedes dármelo mañana durante nuestro tiempo holgazaneando. —Trato hecho. La conduzco directamente a los ascensores y luego miro la pantalla digital para evitar atacarla en el vestíbulo de este ostentoso hotel. —Estoy bastante segura de que todo el mundo aquí piensa que soy una prostituta —dice secamente.

165


—Si lo hacen, es porque es la única manera de que alguien tan caliente como tú me esté permitiendo poner mis sucias manos sobre todo tu cuerpo. —Pura mierda, pero ese es un buen cumplido. —Te besaría en este momento, pero ya que no te he visto en diez días, probablemente perdería el control y trataría de follarte en el vestíbulo. —Puedo esperar. —Ella mira fijamente al bulto en mis vaqueros—. Aunque, a partir del esquema de tu monstruo, mi conjetura es que nadie se sorprendería. El tintineo de las puertas del ascensor cubre mi gruñido, pero a juzgar por la sonrisa que se extiende por el rostro de Sabrina, puedo decir que lo oye. Bajamos en el cuarto piso. Apenas logramos entrar en la habitación antes de que la tenga presionada contra la puerta, mi lengua dentro de su boca, mis manos abriendo su abrigo para probar sus tetas. Ella gime, pero no es un grito de pasión. Al instante, dejo caer mis manos. —¿Te lastimé? —No. —Rápidamente me atrae de nuevo—. Mis pechos están muy sensibles por alguna razón. Corro mis manos por sus costados. —Entonces seré extra tierno esta noche. —Le permito que me atraiga hacia otro beso antes de retroceder. Alcanzando mi parte baja, me ajusto—. Dame un minuto, cariño. No planeaba atacarte al momento de verte, pero, diablos, sabes que me vuelves loco. —Igualmente. —Se pasa la palma por la frente, y su mano luce temblorosa para mí. Me pregunto si parte de eso es por hambre. —¿Por qué no te sientas? — Hago un gesto hacia el pequeño sofá contra la pared. Sabrina asiente y camina más lejos dentro de la habitación. Mientras tanto, presiono el tacón de mi mano contra mi polla y me ordeno a actuar como si hubiera tenido sexo antes. —¿Cuánto costó esto? —Ella se derrumba en el sillón y mira alrededor con consternación. —No es nada. —Le aseguro—. El tipo que posee esta membrecía es un alumno de Briar. Nos da una tarifa especial. No se lo digas a la ―NCAA‖25.

NCAA: Son las siglas para “National Collegiate Athletic Association” o Asociación Nacional Atlética Universitaria. Es una asociación que se compone de 1281 instituciones, conferencias, organizaciones 25

166


—¿Es eso si quiera una violación? —No lo sé. Estoy operando bajo la política del ―no preguntar, no decir‖. —Lo entiendo. —Se quita los zapatos y pone el abrigo sobre el brazo del sofá, quedándose sólo con sus diminutos pantalones cortos y el sostén. Dios, es la cosa más caliente del planeta. —¿Qué es eso? —pregunta, con la mirada fija en la caja envuelta en papel de regalo que está asentada en el centro de la cama. —Tu regalo. —Me había registrado más temprano y fui a dejar el regalo en la habitación. Alcanzándolo, saco el paquete de la colcha y me encuentro con ella en el sofá—. Felices fiestas. Su rostro se ilumina mientras toma la caja de mí. Me inclino hacia atrás y observo. No puedo esperar a ver su rostro cuando la abra. —¿Qué es esto? —pregunta con cautela—. Se siente caro. Me rio. —¿Puedes decir si es caro o no basado en cuánto pesa? —Por supuesto. Cuanto más pesado es, más cuesta. —Muerde su labio—. Espero que no hayas gastado una fortuna en mí. —Te prometo que no lo hice. —Estoy mintiendo. Definitivamente es más dinero del que he gastado en una chica antes, pero no me pude resistir. Una de las clientes de Mamá hace artículos de cuero por encargo y los vende en línea, y ella me dejó comprar el regalo de Sabrina en descuento porque había un defecto en el cuero. El desperfecto está en el interior, pero aparentemente por los precios que cobra, incluso eso requiere un descuento. Estaba encantado de comprarlo. ¿Mi mamá? No tanto. Ella sentía que era demasiado caro para comprárselo a una chica que apenas conocía, pero éste tenía Sabrina estampado en todas partes. Junto a mí, ella abre el papel y luego levanta la tapa. Cuando el rico aroma a cuero sube, su boca forma un círculo perfecto de sorpresa. —¿Qué conseguiste? —pregunta ella, pero no es una pregunta a la que deba responder. Sus manos arrancan el papel de seda para revelar el cuero bruñido y las hebillas de latón de un maletín. —¡Oh, Dios mío, es tan hermoso!

e individuos que organizan la mayoría de los programas deportivos universitarios en los Estados Unidos.

167


No tengo que preguntar si le gusta Lo demuestra con cada jadeo y amorosa caricia de la piel. Oh sí, lo logré. —¿Lo hice bien? —Sonrío mientras la observo levantar cada solapa y abrir cada cremallera. Lo examina, lo voltea una y otra vez. Incluso se levanta para posar con él. —Lo hiciste increíble. —Finalmente pone la bolsa a un lado y se lanza hacia mí—. Increíble —repite, puntuando esa palabra con un beso—. Ahora es mi turno de darte un regalo. Lamiendo sus labios, procede a bajar por mi cuerpo y desabrochar mis vaqueros. Mi polla salta como si fuera un resorte. Ella me rodea con su mano y luego me da la más sucia y diabólica sonrisa antes de tragarme hasta la parte posterior de su garganta. Santa mierda, eso es bueno. Acuno su cabeza mientras ella me trabaja con su boca, admirando la forma en que su culo se levanta en el aire mientras ella se inclina hacia adelante para tomar más de mí en su boca. Me acerco y deslizo mi mano por debajo del satén de sus pantalones cortos hasta que mis dedos se encuentran con su empapado coño. Y de repente su boca en mi polla no es suficiente. Tengo que estar dentro de ella. La levanto y en tres pasos la tengo sobre la cama. Se tira de mi ropa. Yo rasgo la suya. Estamos apresurados, de alguna manera descoordinados y llenos de necesidad. Tomo el condón de mis vaqueros y estoy dentro de ella en el siguiente aliento. Ella se viene tres empujes más tarde. —Ha pasado un tiempo —jadea. El sudor gotea en mi frente mientras disminuyo la velocidad, tratando de prolongar el placer tanto como sea humanamente posible. Pero como de costumbre, Sabrina tiene otras ideas. —Vamos, Tuck. Fóllame duro. Clava sus uñas en mi culo y me estoy acabado. Golpeo en ella lo suficientemente duro para arrastrarla hasta el otro lado de la cama. Se viene de nuevo y finalmente me dejo ir.

168


Amo a esta chica. La amo hasta la muerte. Las palabras están en la punta de mi lengua y apenas logro contenerlas. Ella todavía no está segura de mí. Tengo que esperar mi momento, pero mientras esté en el juego, no estoy preocupado por el resultado. —Voy a encargarme del condón —murmuro, y ella asiente con sueño. Cuando salgo del baño, está metida bajo las mantas, profundamente dormida. Sonriendo, me arrastro a su lado, apoyándome en un codo para mirar su hermoso rostro. Sus gruesas pestañas caen sobre sus mejillas, y hay una sonrisa satisfecha en sus labios. Para el mundo exterior, Sabrina James hace un buen espectáculo al ser dura e impenetrable, ante todo, pero en realidad, es vulnerable, dulce y preciosa. Deslizo un brazo bajo su cuello, e incluso en profundamente dormida se vuelve hacia mí, sus piernas entrelazándose con las mías. Dormimos envueltos el uno en el otro. Dos mitades de un todo más grande y mejor. * El sonido de vómito me despierta. Alguien está vomitando sus intestinos en el baño. Echo un vistazo al reloj, ni siquiera son las seis. Me tambaleo fuera de la cama, desnudo y todavía no completamente despierto. En el baño, encuentro a Sabrina sobre sus rodillas, inclinada y jadeando en el retrete. Estoy instantáneamente alerta. Tomo una toalla del estante y la envuelvo alrededor de sus hombros. —¿Qué necesitas? —pregunto con voz amable. Sacude su cabeza sin decir una palabra y luego se desploma contra mis piernas. Me estiro para mover su cabello lejos de su rostro, preocupación pinchandoen mi sangre. ¿Qué carajos debo hacer? Sin moverla, me estiro detrás de mí y lleno un vaso con agua, luego me dejo caer sobre mis piernas y le ofrezco el vaso. —Gracias. —Acepta el vaso con una mano temblorosa. Acaricio su espalda mientras toma un tímido sorbo. —Tómate tu tiempo. En mi cabeza, ya estoy llamando a los médicos y llevándola a la sala de emergencias, pero tengo que hacerlo bien o sé que va a protestar. Antes de que pueda abordar el tema con ella, se lanza hacia adelante y vomita el agua que acaba de beber.

169


Espero a que se tranquilice de nuevo antes de levantarla en mis brazos y llevarla de vuelta a la cama. —Te llevaré al médico —anuncio. —No. —Agarra mi muñeca, pero su agarre es flojo—. Estaré bien en unas cuantas horas. Sólo exageré esta semana. —Lágrimas manchan su rostro—. Dios, eso fue grosero. Lo siento. —Joder, bebé, ¿a quién le importa? —La sostengo contra mi pecho mientras muevo las sábanas para ella. Una vez que la tengo acomodada dentro, voy a buscar un paño y otro vaso de agua. En mi camino de vuelta a la cama, tomo el bote de basura y lo coloco en el suelo al lado de ella. Odio cuán miserable luce, y mi lado de protector entra al juego cuando coloco el paño sobre su frente. —¿Has estado vomitando así todos los días por cuánto tiempo? —No lo sé. Un tiempo. Me contagié con algún bicho. Nana lo tuvo primero y finalmente se alivió. Sólo necesito esperar que pase. Me sentiré mejor en unas pocas horas. —¿Tienes fiebre? ¿Debo traerte una aspirina? —Presiono el dorso de mi mano contra su rostro. No se siente caliente. —No hay fiebre —murmura—. Sólo estoy mareada y cansada. Una campana de alarma suena en mi cabeza. Mordiendo el interior de mi mejilla, paso a través de sus síntomas. La enfermedad en la mañana, disminuyendo por las tardes, los pechos realmente sensibles, su sensación de fatiga. Sin signos de fiebre. El hecho que nunca haya tenido su período, o al menos mencionado, en los dos últimos meses que hemos estado acostándonos. —¿Estás embarazada? —suelto. Sus párpados se abren. —¿Qué? —Embarazada. —Marco sus síntomas en cada uno de mis dedos, terminando con la falta de periodo. —No. No lo estoy. Acabo de tener mi período... —Hace una pausa y piensa. Su rostro se pone blanco—. Hace cerca de tres meses —susurra—. Pero... siempre he tenido períodos ligeros, incluso con la píldora. Y he estado manchado el último par de meses. Pensé que…

170


Me pongo de pie y busco mi ropa. —¿A dónde vas? —gime. —A comprar una prueba de embarazo. —O cinco. Saco un paquete de galletas del minibar y lo lanzo hacia ella—. Intenta comer, ¿de acuerdo? Regresaré enseguida. Ella sigue protestando mientras salgo de la habitación. Hay una farmacia de veinticuatro horas a ocho calles de distancia. Corro hacia ella como si estuviera tratando de calificar para los Juegos Olímpicos, sin preocuparme que olvidara por completo mi abrigo en el hotel. Dentro de la farmacia, encuentro tres pruebas diferentes. Las compro todas. El empleado me da una mirada de simpatía y abre su boca para decir algo estúpido. La mirada de muerte en mi rostro hace que apriete sus labios. Cuando vuelvo, Sabrina está sentada en el borde de la cama comiéndose las galletas. Siento que las pruebas son innecesarias en este punto. Ella podría estar en un comercial para mujeres embarazadas. Estoy sorprendentemente tranquilo mientras abro cada caja. —Aquí tienes. Tres diferentes. —Hemos estado cuidándonos —dice ella, su tono lejano como si estuviera hablando consigo misma en lugar de conmigo—. Estoy tomando la píldora. —Excepto esa primera vez. Ella hace una mueca. —Fue sólo la punta. Una risa involuntaria sale. —Entonces hacer pipí en las varitas sólo nos da paz mental, ¿cierto? Se termina su galleta en silencio. No sé si sentarme junto a ella o en el sofá. Opto por el sofá para darle espacio. A veces Sabrina puede ser difícil de leer. En este momento, no tengo ni idea de lo que pasa por su cabeza. Lentamente, se levanta y se acerca a las pequeñas cajas de cartón apiladas sobre el escritorio como si contuvieran serpientes venenosas. Pero eventualmente llega allí, toma las cajas en sus brazos, y desaparece dentro del baño. No estoy parado en la puerta con una taza contra la pared, a pesar de que estoy tentado como la mierda para hacerlo. En cambio, enciendo la televisión y

171


veo a un par de damas tratando de venderme un chándal de terciopelo en varios tipos de estampados de animales, a sólo $69.99. Miro esta exhibición nubla-mentes durante diez eternos minutos antes que la puerta del baño se abra. El rostro de Sabrina es casi del mismo tono de blanco que la bata de hotel que lleva puesta. —¿Positivo? —pregunto innecesariamente. Levanta una caja vacía. —Tienes que ir a comprar diez más de estas. Palmeo el cojín del sofá a mi lado. —No voy a comprar más. Ven y siéntate. Como un niño beligerante, ella pisotea. Luego se deja caer junto a mí y cubre su rostro con sus manos. —No puedo tener un bebé, Tucker. No puedo. Un enfermo sentimiento se cuela en mi estómago. Es una extraña mezcla de alivio y decepción. Las palabras te amo, las que quería decir antes, cuando estaba enterrado dentro de ella, están atoradas en mi garganta. No puedo decirlas ahora. —Haz lo que necesites hacer —susurro en su cabello—. Te apoyaré. Es todo lo que siento que puedo decir en este momento, y sé que no es suficiente.

172


Traducido SOS por Mariela y Carilo Corregido por Anna

Tucker Siempre pensé que si embarazaba a alguien, sería capaz de hablar con mis amigos sobre ello. Pero he sabido por una semana que mi novia está embarazada, y no le he dicho una sola palabra sobre ello a nadie. En realidad, nadie sabe que tengo una novia. De hecho, ni yo lo sabía. Desde que Sabrina orinó en tres palitos y obtuvo tres resultados positivos, ha evitado verme en persona. Le he mandado mensajes de texto cada día, pero insiste en que está muy ocupada para encontrarnos porque quiere tener un tramo ya avanzado en el nuevo semestre. He estado intentando darle el espacio que claramente necesita, pero mi paciencia se está agotando. Necesitamos sentarnos a discutir esto. Quiero decir, hemos estado hablando del posible bebé. Un bebé. Jesús. Estoy enloqueciendo aquí. Soy el chico imperturbable, el chico que puede tomar cualquier paliza y seguir adelante, pero la única cosa siendo pateada ahora mismo es mi corazón, en el doble tiempo. No sé cómo demonios manejar esto. Sabrina dijo que no podía tener un hijo, y planeo apoyar lo que ella decida, pero quiero que me incluya, maldita sea. Me desgarra pensar en ella pasando por esto sola. Ella me necesita. —¿Vas a hacer algo para comer o simplemente miras la estufa por diversión? La voz de Garrett me saca de mi miseria. Mi compañero de cuarto entra en la cocina con Logan detrás. Ambos chicos hacen una línea recta a la nevera. —En serio. —Se queja Logan mientras mira dentro de la nevera—. Aliméntanos, Tuck. Aquí no hay nada comestible. Sí, no he comprado comida toda la semana. Y cuando vives en una casa llena de jugadores de hockey, saltarse las compras es una mala noticia.

173


Miro la olla vacía que había puesto en el quemador. No tenía un menú en mente cuando entré en la cocina, y con la triste variedad de ingredientes que tenemos a mano, no hay mucho con lo que pueda trabajar. —Supongo que haré pasta —digo tristemente. Los carbohidratos a esta hora no son la idea más inteligente, pero los mendigos no pueden ser selectivos. —Gracias mamá. Me encogí ante esa palabra. Mamá. Podría haber dicho papá. Ya que, podría ser un jodido padre. Dejo salir una respiración calmante y lleno la olla con agua. Logan me mira. —No olvides ponerte el delantal. Le doy el dedo medio en mi camino a la despensa. —Uno de ustedes, perezoso, sea útil y piquen unas cebollas —murmuro. —En ello —dice Garrett. Logan descansa en la mesa de la cocina y nos mira como un imbécil mientras preparamos una cena tardía. —Preparen suficiente para cinco. —Nos dice—. Dean está trabajando uno a uno con Hunter esta noche. El chico debe regresar con él. Garrett me mira con diversión. —Naah, creo que sólo haremos lo suficiente para cuatro, ¿verdad, Tuck? Si Hunter está aquí, puede tomar el lugar de Logan. —Increíble idea. Nuestro compañero de cuarto rueda sus ojos. —Le diré al entrenador que están tratando de matarme de hambre. —Has eso —dice Garrett amablemente. Puse la olla en el quemador. Mientras espero a que el agua hierva, recorro la gaveta por cualquier cosa verde. Encuentro un pimiento y dos zanahorias. Lo que sea. Podría cortarlos y echarlos en la salsa. Hablamos sobre nada en particular mientras preparamos la cena. O mejor dicho, ellos hablan. Estoy muy ocupado enloqueciendo sobre Sabrina. Supongo que eso es un testamento a mis habilidades de actuación, porque mis compañeros de cuarto no parecen notar que algo está fuera de lo común. Estoy a punto de tirar dos paquetes de pasta en el agua hirviendo cuando suena el teléfono de Garrett.

174


—Es el entrenador —dice, sonando ligeramente confundido. Pongo la pasta en el mostrador en lugar de en la olla y veo como Garrett toma la llamada. No sé por qué, pero hay una sensación nerviosa arrastrándose por mi columna vertebral. El entrenador Jensen normalmente no nos llama fuera de horas sin ninguna razón. El capitán del equipo es Garrett, pero no es como si estuviera recibiendo llamadas de la noche del hombre. —Hola, entrenador. ¿Qué pasa? —Garrett escucha por un momento. Sus cejas oscuras se fruncen y luego vuelve a hablar. Cautelosamente—. No entiendo. ¿Por qué Pat le pidió que me llamara? Escucha de nuevo. Por mucho más tiempo, esta vez. Lo que el entrenador Jensen le está diciendo, está volviendo la complexión de Garrett engrudo. Para cuando cuelga, es blanco como las paredes. —¿Qué pasa? —pregunta Logan. No se pierde tampoco el cambio de comportamiento de Garrett. Garrett sacude la cabeza, pareciendo aturdido. —Beau Maxwell murió. ¿Qué? Logan se congela. Dejo caer la espátula que estoy sosteniendo. Se agita en el suelo, y en el silencio de la cocina, suena como la explosión de una película de guerra. Todos nos estremecemos ante el ruido. No recojo la espátula. Sólo miro fijamente a Garrett, estúpidamente preguntando: —¿Qué? —Beau Maxwell murió. —Él continúa sacudiendo la cabeza, una y otra vez, como si no pueda entender las palabras que salen de su propia boca. —¿Qué quieres decir con que murió? —gruñe Logan indignado—. ¿Es una broma enferma? Nuestro capitán de equipo apoya ambas manos en el mostrador. En realidad está temblando. No creo que haya visto nunca a Garrett perder su serenidad así. —El entrenador acaba de colgar el teléfono con Pat Deluca. El entrenador de Beau. Pat dijo que Beau había muerto. Sin decir una palabra, apago la estufa y tropiezo con la mesa de la cocina. Me hundo en la primera silla en la que me coloco y froto mis puños sobre mi frente. Esto no está sucediendo.

175


—¿Cómo? —responde Logan—. ¿Cuándo? Suena enojado, pero puedo decir que es toda la sorpresa. Logan y Beau son cercanos. No tan cercanos como Dean y Beau, pero... oh Jesús. Dean. Alguien tiene que decirle a Dean. —Anoche. —La voz de Garrett apenas se acerca a un susurro—. Accidente automovilístico. Estaba en Wisconsin para el cumpleaños de su abuela. El entrenador dijo que las carreteras estaban heladas. El papá de Beau conducía el auto y se desvió para evitar golpear a un ciervo. El auto se volteó y voló fuera de la carretera y... —Sus palabras son ahogadas ahora—. Beau se rompió el cuello y murió. Oh dulce Jesús. El horror revuelve mis entrañas como veneno. Frente a mí, Logan está parpadeando las lágrimas. Todos estamos sentados allí. En silencio. Conmocionados. Nunca... nunca antes tuve un amigo que fuera muerto. Tampoco parientes. Mi papá falleció cuando era demasiado joven para realmente sentir pena por él. Ese también fue un accidente de auto. Dios. ¿Por qué carajo usamos autos? En el fondo de mi mente, hay un pensamiento persistente de que debería estar haciendo algo. Deslizo una mano sobre mis ojos pulsando y me obligo a concentrarme. Sabrina. Mierda, eso es lo que tengo que hacer. Necesito llamar a Sabrina y contarle las noticias. Ella solía salir con Beau. Se preocupa por él. Antes de que pueda moverme de mi silla, la puerta principal se abre. Los tres nos tensamos. Dean está en casa. —Mierda —susurra Logan. —Yo le diré —dice Garrett con voz ronca. La cabeza rubia de Dean está inclinada hacia abajo cuando se tambalea en la cocina. Está absorto con su teléfono, sus dedos escribiendo un mensaje de texto, probablemente para Allie. No se da cuenta de nosotros al principio, pero incluso cuando lo hace, no creo que esté registrando nuestras expresiones. —¿Qué pasa? —pregunta con un tono distraído.

176


Cuando ninguno de nosotros dice una palabra, Dean frunce el ceño y deja el teléfono. Su mirada aterriza en Logan, y se tensa cuando ve las lágrimas de nuestro amigo. —¿Qué está pasando? —pregunta. Logan se seca los ojos. Presiono mis labios juntos. —En serio, si alguien no me dice lo que está pasando justo en este jodido segundo... —El entrenador llamó. —Lo interrumpe Garrett en voz baja—. Acaba de hablar con Patrick Deluca, y, eh... Dean parece confundido. Garrett sigue hablando, aunque me gustaría que no lo hiciera. Ojalá no tuviéramos que decirle a Dean sobre Beau. Ojalá ni siquiera supiéramos sobre Beau. Deseo... muchas cosas. Pero ahora mismo, los deseos significan una mierda. —Supongo que Deluca lo llamó porque sabe que somos amigos de Beau... —¿Esto es sobre Maxwell? ¿Qué pasa con él? Logan y yo miramos nuestras manos. Garrett tiene más valor que nosotros, porque no se aleja de la mirada ansiosa de Dean. —Él... ah... murió Justo así, Dean cae en un trance. Es doloroso de ver, y no tengo ni idea de cómo sacarlo de él. Garrett repite lo que nos dijo a Logan ya mí, pero es obvio que nuestro compañero de equipo no está escuchando. Los ojos verdes de Dean están vidriosos, su boca se separa ligeramente mientras toma respiraciones irregulares. Es sólo cuando Garrett dice que Beau murió por el impacto que Dean parpadea de nuevo a la realidad. —¿Puedes decírmelo de nuevo? —dice con voz rasposa—. Quiero decir, lo que pasó. —¿Por qué mierdas? —Porque necesito oírlo de nuevo. —Dean es inflexible.

177


Observamos como él marcha hacia los armarios y saca una botella de whisky de la parte superior. Toma un largo trago de la botella antes de tambalearse para sentarse a mi lado. Garrett comienza a hablar de nuevo. Cristo. No sé si puedo oír esta horrible historia otra vez. Dean me pasa el whisky y tomo un pequeño sorbo antes de pasárselo a Logan. No puedo perderme ahora mismo. Planeo conducir esta noche. Una vez que Garrett ha terminado, Dean empuja su silla hacia atrás y se levanta. Agarra la botella de Jack Daniel con ambas manos como si fuera una manta de seguridad. —Voy arriba —murmura. —Dean… —Empiezo, pero nuestro compañero de equipo ya se ha ido. Oímos pasos subiendo las escaleras. Un golpe. Una puerta cerrándose. El silencio cae sobre la cocina. —Tengo que irme —murmuro a Garrett y a Logan, levantándome inestablemente. Ninguno de ellos me pregunta a dónde voy. *

Sabrina Miro a Tucker, incapaz de comprender lo que está diciendo. Cuando envió un mensaje de texto para decir que venía a Boston para verme esta noche, esperaba una seria discusión sobre nuestro embarazo no planeado. Entré en pánico y le dije que estaba estudiando, y él dijo todo con excepción de pura mierda. Creo que su mensaje exacto fue: Voy en camino. Vamos a hablar. Durante toda la hora que lo esperé, me di a mí mismo una charla tras otra. Me ordené ponerme mis bragas de niña grande y lidiar con este embarazo de la manera en que trato con todo lo demás en mi vida; con la cabeza. Me recordé a mí misma que Tuck había dicho que me apoyaría, que respaldaría todo lo que decidiera hacer. Pero nada de eso había conseguido librarme del miedo aferrado a mi garganta. Ahora el miedo es aún peor, por otra razón. —¿Beau está muerto? —Mi corazón late peligrosamente rápido. Tengo miedo de lo que eso me pueda a ocasionar.

178


Tengo miedo de la pena que veo en los ojos de Tucker. —Sí. Se ha ido, cariño. No lo entiendo. Nopuedo. Beau es el mariscal de campo titular de Briar. Beau es mi amigo. Los hoyuelos de Beau siempre aparecen cuando está mostrando una sonrisa particularmente traviesa. Beau está... Muerto. Al parecer, un accidente automovilístico. Su padre sobrevivió, pero Beau murió. Las lágrimas con las que he estado luchando se derraman y fluyen por mis mejillas en riachuelos salados. Trato de respirar entre sollozos, pero es difícil, y eventualmente estoy hiperventilando. Ahí es cuando Tucker me envuelve en un cálido y apretado abrazo. —Respira —susurra en mi cabello. Lo intento, realmente lo hago, pero el oxígeno no entra. —Respira —dice, esta vez con más firmeza, y sus manos se mueven arriba y abajo de mi espalda en reconfortantes caricias. Consigo tomar un respiro, y luego otro, y otro, hasta que no me siento tan mareada. Sin embargo las lágrimas siguen cayendo. Y mi pecho se siente como si alguien lo hubiera abierto y lo estuviera picando con una cuchara caliente. —Él es... —Trago—…era. Era un buen tipo, Tuck. —Lo sé. —Era bueno y joven y no debería estar muerto —le digo con ferocidad. —Lo sé. —No es justo. —Lo sé. Tucker me sostiene más fuerte. Me acurruco contra él hasta que no hay ningún lugar a donde ir. Su fuerte y sólido cuerpo es el ancla que necesito ahora mismo. Eso me permite llorar, maldecir y gritar al mundo, porque sé que Tuck está aquí, escuchándome, sosteniéndome y recordándome que respire. Un sonoro golpe hace que ambos saltemos.

179


—Baja la voz ahí dentro. —dice la horrible voz de Ray—. No puedo ver el juego si te oigo gritar desde el salón ¿Estás con el periodo o algo? Un sollozo ahogado sale de mi boca. Oh Dios. Nada como una interrupción de Ray para resaltar el desastre emocional que soy, un desastre emocional que no está teniendo su período. Porque está malditamente embarazada. Mi respiración se vuelve más profunda. Tucker me acaricia la espalda mientras responde a mi padrastro. —Si no puedes oír el televisor, sube el volumen —dice con fuerza. Hay un latido, entonces. —¿Eres tú?¿El chico jinete? No sabía que Rina tenía compañía. —Pasamos por delante de él cuando me dejaste entrar —me dice Tucker. Sí, lo hicimos. Pero Ray está más borracho que de costumbre esta noche. Pasó el día entero en un bar deportivo con sus amigos, se emborrachó mientras veían los partidos de fútbol de la tarde. —Apenas podía caminar en línea recta cuando llegó a casa esta noche — murmuro. Ray grita de nuevo, vociferando como un loco. —¡No debes ser demasiado bueno en la cama si estás haciendo llorar a la perra! Agarro el brazo de Tucker antes de que él pueda levantarse. —Ignóralo — susurro. Entonces levanto mi voz y me dirijo a Ray—. Ve a ver tu juego. Nos mantendremos en silencio. Después de otro golpe, sus pasos se alejaron. Las lágrimas manchan mi cara mientras me acurruco contra Tucker otra vez. —¿Q-quieres...? —Aclaro mi dolorida garganta—. ¿Quieres quedarte conmigo esta noche? —Ni siquiera debes preguntar —murmura antes de dejar caer un suave beso en mi frente—. Estoy aquí todo el tiempo que me necesites, nena.

180


Traducido por Carilo Corregido por Anna

Tucker El estadio es un mar de negro y plata. Miles de personas están presentes, y un buen número de ellos llevan camisetas de fútbol de Briar debajo de sus abrigos desabrochados. Los que no llevan los colores de la escuela. En el campo, se ha elevado un gran escenario, donde los compañeros de equipo y la familia de Beau se sientan. Alumnos volaron desde todo el país para honrar a nuestro mariscal de campo caído. Los chicos que ni siquiera conocen a Beau están aquí. Las caras son sombrías y el humor es moderado. Es jodidamente horrible. Estoy sentado en las gradas detrás del banco de casa, con Garrett a mi izquierda. Hannah está a su lado, luego Logan y Grace, luego Allie, que está sola. Dean ha sido un desastre total esta semana. Está en una espiral destructiva, saltándose las prácticas y encerrándose en su habitación, emborrachándose hasta perder la conciencia la mayor parte del tiempo. La otra noche se puso tan borracho que se desmayó en el sofá de la sala, la mitad de su cuerpo en los cojines, la otra se tendió en el suelo. Logan lo llevó arriba, mientras Allie los seguía, cerca de las lágrimas. Sigo queriendo tranquilizar a Allie diciéndole que Dean superará esto, pero honestamente, mi mente ha estado por todas partes esta semana. La razón de mi angustia está sentada a mi otro lado. No creo que Garrett y los demás se den cuenta de que Sabrina está aquí, sus miradas están fijas en el campo, donde una enorme pantalla de proyección muestra los aspectos destacados de los cuatro años de Beau en la Universidad de Briar. En realidad, hace cinco años. Beau reprobó su primer año, así que esto es técnicamente su quinto año. Era su quinto año. Señor, es difícil recordar que se ha ido. Hace frío, así que la manga de mi abrigo abultado disfraza que agarro la mano de Sabrina. Quiero poner mi brazo alrededor de ella, besarla en la mejilla, abrazarla, pero no creo que el memorial de Beau sea el momento de

181


anunciar nuestra relación al mundo. Es irreal para mí, sin embargo, que la chica a mi lado está embarazada de mi hijo y nadie tiene idea. No hemos hablado del bebé en absoluto. No sé si Sabrina planea programar un procedimiento. Diablos, por lo que sé, ya podría haber pasado por ello. Me gustaría pensar que ella me incluiría si y/o cuando llegue el momento, pero ha estado tan distante esta semana. La muerte de Beau la golpeó con fuerza. Y atestiguar lo que le ha hecho a Dean me hace aún incluso más reacio a empujar a Sabrina para hablar, no cuando está lidiando con la pérdida de un amigo. Un tranquilo sollozo suena desde unos cuantos asientos. Es Hannah. El ruido ahogado me alerta de que la presentación de la vida de Beau ha terminado. Su hermana mayor, Joanna, se levanta de su asiento. Me tenso, porque sé que las cosas están a punto de ser aún más desgarradoras. Joanna es una mujer hermosa, con una mandíbula definida y ojos azules como Beau. Esos ojos están tan apagados ahora. Su rostro está atormentado. Lo mismo ocurre con los rostros de sus padres. Con su sencillo vestido negro, se hunde en el banco de un piano de cola negra al otro lado del escenario. Me preguntaba sobre el piano, y ahora tengo mi respuesta. Joanna Maxwell era una compositora importante cuando salió de Briar, consiguiendo un trabajo en Broadway justo después de la graduación. Hannah dice que es una cantante increíble. Me estremezco cuando la retroalimentación del micrófono chilla a través del estadio. —Lo siento —murmura Joanna, luego ajusta el micrófono y se inclina más cerca—. No creo que muchos de ustedes lo sepan, pero mi hermano era realmente un buen cantante. No se atrevería a cantar en público, sin embargo. Tenía una reputación de chico malo que mantener, después de todo. Las ondulaciones de risa recorrieron las gradas. Que se combina espantosamente con la ola de dolor que cuelga sobre nosotros. —De todos modos, Beau era un gran aficionado a la música. Cuando éramos pequeños, nos metíamos a escondidas en la guarida de nuestro padre y jugábamos con su tocadiscos. —Ella mira tímidamente a su padre—. Lo siento, por enterarte de eso hasta ahora papá. Pero juro que no nos metimos en el gabinete de licores. Al menos no hasta que fuimos mayores. El señor Maxwell sacude la cabeza tristemente. Otra oleada de risas se filtra por las gradas.

182


—Nos encantaba escuchar a los Beatles. —Ella ajusta el micrófono de nuevo y coloca sus dedos sobre las teclas de marfil—. Esta era la canción favorita de Beau, así que... —Su voz se agrieta—. Pensé en cantarla hoy para él. Mi corazón duele cuando los primeros tonos de ―Let It Be‖ llenan el estadio. Sabrina agarra mi mano más fuerte. Sus dedos son como hielo. Los aprieto, con la esperanza de calentarla, pero sé que los míos están igualmente fríos. Cuando Joanna termina de cantar, no hay ni un par de ojos secos en las gradas. Rápidamente parpadeo las lágrimas, pero al final me doy por vencido y las dejo caer por mis mejillas sin limpiarlas. Después, Joanna se levanta graciosamente del banco del piano y se reúne con sus padres. Luego vienen los discursos, y las lágrimas sólo caen con más fuerza. El entrenador Deluca se sube al podio y habla del talentoso jugador que era Beau, su dedicación, su carácter fuerte. Algunos de sus compañeros hablan, haciéndonos reír nuevamente con historias sobre las travesuras de Beau en el vestuario. La mamá de Beau agradece a todos por venir, por apoyar a su hijo, por amarlo. Me siento destrozado cuando finalmente el memorial llega a su conclusión. El dolor llena el aire a medida que la gente se aleja de sus asientos y desciende por los pasillos. Sabrina suelta mi mano y camina delante de mí. Hope y Carin la emparedan entre ellas como dos mama-gallinas, cada una envolviendo un brazo alrededor de sus hombros mientras el trío desciende los escalones. En el rellano, subo detrás de ella y me inclino para murmurar en su oído. — ¿Quieres que vaya a Boston esta noche? Ella da un ligero movimiento de cabeza, y la decepción y la frustración inundan mi estómago. Debe verlo en mis ojos, porque se muerde el labio y susurra: —Vamos a hablar pronto, ¿de acuerdo? —Está bien —susurro de nuevo. Con el corazón en la garganta, la miro alejarse. —¿Qué fue eso? —Garrett aparece a mi lado, centrándose en la espalda de Sabrina. —Sólo ofrezco mis condolencias —miento—. Esa es Sabrina James, solía salir con Beau. —Oh. —Él frunce el ceño—. ¿La Sabrina de Dean? Mi Sabrina.

183


Ahogo otra oleada de frustración y ofrezco un encogimiento de hombros despreocupado. —Supongo. Estoy harto de esto. Tan jodidamente enfermo de eso. Quiero contarles a mis amigos sobre Sabrina. Quiero contarles sobre el bebé y tener sus consejos, pero ella me hizo prometer que no diría ni una palabra hasta que hubiéramos tomado una decisión. Entonces, si esa decisión da lugar a ningún bebé, no tendría ningún sentido decírselo de todos. ¿Qué diría siquiera? ¿Embaracé a alguien, pero ella tuvo un aborto, así que no hay nada de qué hablar? Trago, mi boca está repentinamente seca. No tengo ni idea de cómo llegué a este lugar. Mis amigos me hacen bromas sobre ser un Boy Scout, y sinceramente pensé que tenía la cosa de "siempre listo" controlada. Pero un error descuidado y ahora podría ser un padre. Tengo veintidós años, por el amor de Dios. No sé si puedo hacer esto. El pánico burbujea en mi garganta. Soy un tipo paciente. Una sólida roca. Con una buena cabeza sobre mis hombros. Quiero tener una familia algún día. Quiero niños, una esposa, un perro, y una maldita cerca. Quiero todo eso... algún día. Hoy no. No en nueve meses. No… Tal vez no tengas opción. Cristo. —Vamos —dice Garrett, empujándome suavemente hacia adelante—. Volvamos a la casa. Tragando mi pánico, dejo que mis amigos me guíen fuera del estadio y en el estacionamiento. Fui al campus con Garrett y Hannah, así que subo al asiento trasero del Jeep de Garrett. Allie se desliza a mi lado. Ninguno de los cuatro dice ni una sola palabra durante todo el camino a casa. En el momento en que entramos por la puerta principal, Allie corre hacia la habitación de Dean. Todavía no puedo creer que se faltó al memorial de Beau, pero tengo la sensación de que Dean no ha experimentado muchas pérdidas en su vida. No creo que sepa cómo manejarlo, y me encuentro rezando para que Allie pueda llegar hasta él. El resto de nosotros cuelga los abrigos, botas y entramos en la sala de estar. Hannah y Grace hacen café, y nos sentamos en silencio por un tiempo.

184


Es como si todos tuviéramos TEPT26o algo así. Hemos perdido a un amigo y no podemos darle sentido. Eventualmente, Garrett afloja su corbata y luego tira de ella, dejándola caer en el brazo del sofá. Con un suspiro cansado, dice: —La graduación es dentro de unos meses. Todos asienten, aunque no estoy seguro si están de acuerdo o simplemente es una forma de reconocimiento. Él mira alrededor de la sala de estar, su expresión se vuelve triste. —Voy a extrañar esta casa. Sí, yo también. Y todavía no tengo ni idea de dónde estaré en mayo. El plan era regresar a Texas, pero no hay manera de hacerlo cuando hay tanta incertidumbre entre Sabrina y yo. Está decidido, para mayo ya tendré una respuesta sobre el bebé. Lo busqué en línea, así que sé que si Sabrina decide tener un aborto, su oportunidad se acabará a principios de marzo. Me trago un gemido estrangulado. Dios. Odio no saber dónde estoy parado. Donde estamos. —Estoy emocionada por ir a buscar apartamentos —dice Hannah, pero a pesar de sus palabras, no hay ni un rastro de emoción en su voz. —Encontraremos algo genial. —Le asegura Garrett. Ella mira a Grace. —¿Todavía están buscando algo a medio camino entre Hastings y Providence? Grace asiente y se acurruca más cerca de Logan, quien está pasando los dedos por su largo cabello. La envidia se agita a través de mí. No tienen idea de lo afortunados que son de que realmente pueden hacer planes para su futuro. El agente de Garrett está en negociaciones con los Bruins, lo que significa que Garrett y Wellsy vivirán en Boston una vez que firme con el equipo. Grace todavía tiene dos años más en Briar, pero Logan ya ha firmado con el equipo de los Bruins, así que estará jugando en Providence hasta que sea llamado para los profesionales. ¿Y yo? Quién mierda lo sabe. —¿Vas a regresar a Texas justo después de la graduación o te quedas para el verano?

26

TEPT: Trastorno de Estrés Post Traumático.

185


La pregunta de Logan trae un nudo de incomodidad a mi pecho. —Todavía no estoy seguro. Todo depende de qué tipo de oportunidades de negocio hay. No, todo depende de si mi novia va a tener a mi bebé. Pero la otra cosa también es verdad, supongo. —Aún creo que deberías abrir un restaurante. —Se burla Hannah—. Podrías inventar nombres divertidos relacionados con Tucker para todos tus platos. Me encojo de hombros. —Naah. No quiero ser chef. Y no quiero el estrés de ser dueño de un negocio de alta presión. Los restaurantes cierran constantemente, es un riesgo demasiado grande. Planeo ser cuidadoso con el dinero del seguro de mi papá. Lo he guardado durante años y no estoy seguro de querer apostarlo todo en un restaurante. Pero tampoco es como si tuviera otras ideas. Sin embargo, será mejor que surja algo... y rápido. La graduación se aproxima. La vida real está llamando. Mi chica está embarazada. Hay un millón de decisiones que se deben tomar, pero por el momento, estoy en el limbo. No puedo tomar ni una sola decisión. No hasta que Sabrina haga la más importante de todas.

186


Traducido por rihano Corregido por lili—ana

Sabrina Febrero Hay un intenso frío en el aire mientras camino por el sendero bordeado de nieve en Boston Common. Mis manos enguantadas están enterradas en los bolsillos de mi abrigo y mi sombrero de punto rojo está empujado tan abajo sobre mi frente que casi cubre mis ojos. Está tan frío afuera hoy. De repente me arrepiento de sugerir que Tucker y yo nos encontremos en el parque. Quería reunirse en mi casa, pero ambos, Nana y Ray están en casa, y no puedo arriesgarme a que nos espíen y descubran sobre el embarazo. No les he dicho todavía. No le he dicho a nadie. Asumo que Tucker va a sacar el tema del bebé desde el primer momento, pero cuando llego a Brewer Fountain cinco minutos más tarde, lo primero que me dice es: —Odio las fuentes. —Um. Está bien. ¿Alguna razón en particular de por qué? —No tienen mucho propósito. —Entonces me jala hacia sus brazos para un largo abrazo, y me encuentro a mí misma hundiéndome contra él, aferrándome a su cuerpo cálido y sólido. No lo he visto desde el servicio conmemorativo de Beau. Eso fue hace dos semanas. Dos semanas. Lo juro, John Tucker tiene el tipo de paciencia que sólo puedo soñar con tener. No me ha apurado para reunirnos. No me ha empujado para hablar de nuestra situación. No ha hecho otra cosa que esperar y seguir mi ejemplo. —Pero son bastante lindas —murmuro en respuesta a su observación. Sus labios rozan los míos en un breve beso. —No tan bonitas como tú. —Y entonces me abraza más apretado y me esfuerzo para no estallar en lágrimas.

187


Soy un desastre hormonal últimamente. Constantemente al borde del llanto, y no sé si es el embarazo o porque extraño a Tuck. Lo extraño tan jodidamente tanto que rompe mi corazón, pero no sé qué decir cuando estoy con él. Ni se malditamente qué hacer. El abrazo finalmente se rompe, y los dos retrocedemos con torpeza. Una docena de preguntas parpadean en su expresión, pero no expresa ni una sola. En cambio, dice: —Vamos a caminar. Si nos quedamos en movimiento, tal vez no vamos a morir de frío. Riendo de nuevo, le permito colgar su brazo alrededor mío, y bajamos por el camino, nuestras botas crujiendo sobre la fina capa de nieve por debajo de ellos. —¿Cómo van las clases? —pregunta con voz ronca. —Están bien, supongo. —Estoy mintiendo. No está bien en absoluto. Estoy encontrando imposible concentrarme en otra cosa que los cambios sutiles en mi cuerpo—. ¿Y tú? Se encoge de hombros. —No tan bien. Ha sido duro enfocarme desde que…—Se calla. —¿Desde esto? —Hago un gesto hacia mi estómago. —Sí. Y lo de Beau también. Dean no está pasándolo muy bien, y hay un montón de tensión en la casa. —Lo siento. —Se pondrá mejor —es todo lo que dice. Dios, me gustaría tener su fe. Y su capacidad de recuperación. Y su valor. Me faltan todas esas cosas en este momento. Sólo la idea de abrir la boca y sacar a relucir al bebé elefante de color rosa o azul en nuestra vecindad me hace querer vomitar. O tal vez esas son las náuseas matutinas. Pero como de costumbre, Tucker no fuerza el tema. Simplemente lo cambia. —¿Venías aquí mucho cuando estabas creciendo? —Hace un gesto a la hermosa muestra de naturaleza rodeándonos. —Cuando era pequeña —admito—. Antes, cuando éramos sólo mi madre, yo y Nana, vendríamos aquí cada fin de semana. Aprendí como patinar en Frog Pond.

188


Me da una mirada de soslayo. —No hablas mucho acerca de tu madre. —No hay nada de qué hablar. —El resentimiento se arrastra hasta mi garganta. —. Ella no estaba mucho alrededor. Quiero decir, solía hacer un esfuerzo cuando yo era muy joven, hasta que tuve seis años, tal vez. Pero entonces los hombres de su vida se volvieron más importantes que yo. La mano enguantada de Tucker aprieta mi hombro. —Lo siento, cariño. —Es lo que es. —Le echo un vistazo—. Tú eres cercano a tu madre, ¿verdad? Asiente con la cabeza. —E es la mejor mujer que conozco. La emoción obstruye mi garganta. Tucker podría haber perdido a su padre a una edad temprana, pero es evidente que su madre hizo todo lo que pudo para compensar eso. Por lo que me ha dicho, trabajó muchísimo para que su hijo pudiera tener una buena vida. Mi propia madre podría aprender algunas lecciones de la señora Tucker. También podría hacerlo Nana. —Nuestras infancias fueron tan diferentes —me encuentro diciendo. —Y sin embargo, ambos crecimos para ser personas impresionantes. Él, tal vez. Yo, no me siento tan impresionante en este momento. Pero mantengo el pensamiento para mí misma. —¿Tu madre quiere que te mudes de regreso a Texas después de la universidad? —Sí. —Se detiene en el medio del camino, liberando un suspiro que suena cansado. —¿Quieres volver? —pregunto, entonces contengo la respiración mientras espero su respuesta. —No lo sé. Arrastra una mano a través de su cabello castaño rojizo, y yo sigo el movimiento de su mano. Su cabello se ve tan suave al tacto. Es suave al tacto, sé esto porque he pasado mis dedos a través de este en muchas ocasiones. Quiero hacerlo de nuevo ahora, pero tengo miedo de que si lo toco, no voy a ser capaz de detenerme.

189


—Mi plan siempre fue volver después de la graduación. Quiero estar cerca de mi madre, cuidar de ella, ¿sabes? Pero cuando estuve allí para las vacaciones…—gime suavemente— no hay oportunidades en Patterson. Ninguna. Es una pequeña ciudad que no ha crecido en absoluto en cien años. Y ni siquiera sería capaz de cambiarme a Dallas porque es un viaje de cuatro horas. Al principio pensaba que viviría en Dallas durante la semana y me quedaría en Patterson los fines de semana, pero eso suena agotador cuanto más pienso en ello. —¿Entonces qué vas a hacer? —No tengo ni idea. Espero que dirija el tema hacia mí, me pregunte qué voy a hacer con este bebé, pero no lo hace. —¿Quieres ir a ver a los patinadores un rato? —sugiere. —Seguro. Empezamos a caminar de nuevo. Su brazo está todavía a mi alrededor. Su familiar olor flota hacia mi nariz y me hace ansiar. Quiero besarlo. No, quiero arrastrarlo de regreso a donde quiera que aparcara su camioneta y manosearlo. Quiero sentir sus labios sobre los míos y sus manos en mis pechos y su pene moviéndose dentro de mí. Los chillidos felices de los niños nos saludan antes incluso de llegar a la laguna. Una agridulce sensación pasa sobre mí a medida que nos acercamos a la barandilla. Decenas de personas pasan a toda velocidad por delante de nosotros en la superficie brillante de la pista. Los niños arropados con abrigos y bufandas y guantes coloridos. Las familias patinando juntas. Las parejas deslizándose mano en mano. Tucker alcanza mi mano y enlaza nuestros dedos enguantados juntos, y estamos parados allí viendo la pista por un tiempo. El corazón salta, porque se siente como que somos una pareja real. Sólo dos personas felices de pasar la tarde en el parque, disfrutando de la compañía del otro. —¿Oh, mierda, ves a ese hombre por ahí? —dice de repente Tucker. Sigo su mirada hacia un hombre alto, de cabello gris en una parka azul y patines negros. —Sí… ¿Lo conoces? Entrecierra los ojos. —No. Por un segundo pensé que sí, pero es sólo un parecido.

190


—¿Con quién? —pregunto con curiosidad. —El entrenador Death. Casi me ahogo con mi lengua. —Bueno. Vamos a repasar esto. ¿Dijiste entrenador muerte27? Su resonante risa hace cosquillas en el lado de mi cara. —Sí. Ni siquiera es broma, cariño. Mi primer entrenador de hockey se llamaba Paul Death. Al parecer es un antiguo nombre británico. ¿O tal vez galés? No puedo recordar ahora. Me muevo alrededor, así mi espalda está hacia la barandilla. —¿Era tan malo como su nombre sugiere? —El tipo más agradable que jamás haya conocido —declara Tucker. —¿En serio? —Oh, sí. Fue la primera persona que me dijo que tenía potencial. Yo tenía cinco años en el momento. Le rogué a mi madre para ir a las clases de hockey, así que me llevaba a este campo a una hora de distancia, porque Patterson no tiene una pista. El entrenador Death se puso en posición de cuclillas, me dio la mano, y dijo: ―Síp - síp, lo veo, chico. Tienes potencial‖. —Se ríe Tucker—. Esa era su frase preferida, síp - síp. Empecé a decirla en la casa y esto volvía loca a mamá. Me río. —¿Así que el entrenador Death era tu ídolo al crecer? —Más o menos. —Inclina la cabeza—. ¿Que hay contigo? ¿Quién era tu ídolo? —Tenía cinco. —Sonrío hacia él—. Ellos se llamaban NSYNC. Su mandíbula cae. —Oh, no, cariño, di que no es así. ¿Estabas en lo de las bandas de chicos? —Gustarme ni siquiera es gracioso. Nana me llevó a un concierto de NSYNC cuando tenía doce años. Juro que tuve mi primer orgasmo esa noche. Lanza su cabeza hacia atrás y grita.

27

En ingles Death

191


—Te lo dije, no es divertido —me quejo—. Estaba obsesionada. Solía garabatear Sabrina Timberlake en todos mis cuadernos de la escuela. —Honestamente, no puedo imaginar eso. —¿Por qué no? —Porque eres tan seria todo el tiempo. Cuando te imagino como una niña, te veo leyendo libros de texto por diversión y estudiando para los SATs con cuatro años de antelación. Una sonrisa irónica tira de mi boca. —Sí, hice todo eso también. Pero siempre hice tiempo para Justin. Tomaría descansos en el estudio y besaría su imagen. Con lengua. Tucker grita:—Jesús, Sabrina. No sé si puedo estar más contigo. Justo así, mi buen humor se desvanece. No por lo que dijo, sé que está bromeando, sino porque… por el elefante rosa o azul, maldición. Tucker y yo sólo habíamos estado saliendo durante unos meses antes de esta bomba bebé. ¿Podríamos incluso haber tenido un futuro? Me encanta estar con él. Es fácil estar con él, más fácil de lo que nunca ha sido con nadie. Estaba empezando a ver un futuro para nosotros, pero ¿qué acerca de él? ¿Qué si llega a cansarse de mí y quiere dejarme? Si conservamos a este bebé, entonces el futuro se acomoda. Vamos a ser una parte de la vida del otro, si queremos o no. Ya sea que él lo quiera o no. —¿Qué pasa? —pregunta con preocupación. Trago a través del nudo en mi garganta. —Yo… —Mi rostro se arruga—. No he tomado una decisión todavía. Su voz se vuelve ronca. —Lo sé. —Estoy… asustada. —Miro hacia abajo a mis botas—. Estoy muy asustada, Tuck. —Lo sé —dice de nuevo. Luego se frota el rostro—. Yo también. Mi mirada vuela hacia la suya. —¿Lo estás?

192


—¿Me estás tomando el cabello? Estoy malditamente aterrado. —Suelta un gemido—. Estoy tratando de ser fuerte aquí por ti, Sabrina. Estoy en verdad jodidamente tratando. Parpadeo conteniendo las lágrimas. —Normalmente soy la fuerte. Pero en este momento no me siento fuerte en absoluto. Me atrae hacia sus brazos y de repente estamos aferrados el uno al otro de nuevo. Estoy bastante segura de que todos en el hielo nos están mirando, preguntándose por qué estamos abrazándonos fuerte como un par de maníacos, pero no me importa. Estoy en sobrecarga emocional, y tal vez eso es lo que me impulsa a decir:—Yo no creo que quiera conservarlo. Tucker se aparta un poco hacia atrás. Su expresión es sombría. —¿Estás segura? —No. —Entonces necesitas tomar un poco más de tiempo para pensar en ello — dice en voz baja—. ¿De acuerdo? —Está bien —murmuro. Después de un largo momento, alcanza mi mano de nuevo. —Vamos, vamos a seguir caminando. Te voy a decir más sobre el entrenador Death y puedes decirme todo acerca de cómo besabas tus carteles de Timberlake al estilo francés. Suelto una risa ronca. Dios. Este tipo… simplemente… este tipo. Quiero darle las gracias. Besarlo. Decirle lo increíble que es. Pero todo lo que hago es entrelazar mis dedos a través de los suyos y dejarlo guiarme de vuelta al camino.

193


Traducido SOS por Juliette Corregido por lili-ana

Sabrina El teléfono se siente como un ladrillo en mis manos. Tengo que programar el aborto pronto o estaré fuera de mi ventana. Debería haberlo hecho hace un mes, maldita sea. Es casi el final de febrero y estoy de quince semanas. No sé por qué lo he dejado ir tanto tiempo. Bueno, sí sé por qué. Porque no puedo decidirme. La mitad del tiempo, creo que estaré mejor sin un niño. El resto del tiempo, no puedo sacar la imagen del ataúd de Beau de mi cabeza. La humedad gotea por mis mejillas y deslizo las molestas lágrimas con mano. Genial. Estoy llorando en público. Habrías pensado que lloré todas mis lágrimas en el funeral de Beau. Eso fue horriblemente brutal. Sabía que era una mala idea estudiar en Starbucks hoy, teniendo en cuenta lo hormonal que he estado últimamente, pero no quería estar en casa en caso de que finalmente tuviera el valor suficiente para llamar a la clínica. Aún no le he contado a Nana sobre el embarazo y no quería que fuera accidentalmente a propósito. Por primera vez en mi vida, siento que estoy completamente sin dirección. No he visto a Tucker desde nuestro día en el parque, y dejé de contestar sus textos hace una semana. En estos días, no puedo concentrarme en otra cosa que en la decisión inminente que está colgando de mi cabeza. Y no es sólo Tucker a quien he estado esquivando. Sólo he estado en un almuerzo semanal con Hope y Carin desde la muerte de Beau. He echado la culpa a un aumento de las horas de trabajo, pero no creo que lo estén comprando. —¿Sabrina? Mi cabeza se sacude. Joanna Maxwell está de pie delante de mi mesa. Tiene una taza de café en una mano y un elegante bolso blanco en la otra. Envuelta en un abrigo de lana color azul real, se ve cada centímetro de la estrella de Broadway que va a ser.

194


—Joanna. —Salto a mis pies y le doy un abrazo—. ¿Cómo estás? —Sus huesos se sienten tan resistentes como ramitas en mi abrazo. Le doy otro apretón antes de dejarla ir. Sonríe lentamente. —Muy bien. —¿Qué haces en Boston? ¿Tu espectáculo está viajando? —No, todavía está en Manhattan. —Un rubor lento sube por su cuello—. Yo... ah... lo dejé. Shock me silencia un segundo. —¿Lo dejaste? —Sí. Tuve la oportunidad de hacer otra cosa y la tomé. —Sus palabras son una mezcla de desafío y vergüenza, como si estuviera cansada de tener que justificar sus decisiones, que ciertamente no tiene que ver conmigo. —Bueno, bien por ti. —Pero estoy confundida, porque cuando salí con Beau, dijo que Broadway era el sueño de Joanna. —¿Verdad? Soy joven, así que si alguna vez hay tiempo para que pruebe cosas nuevas, es justo ahora. Intentar cosas nuevas me aterra, pero asiento de todos modos porque no soy la chica que perdió a su amado hermano. Sólo soy la chica que está preñada. —Absolutamente. ¿Qué estás haciendo? —Estoy grabando un demo —admite. No soy parte de la multitud de artes Briar, así que no tengo idea de lo que está hablando. —Oh. Genial. El desconcierto se debe mostrar en mi rostro, porque Joanna agrega: —Es más o menos una muestra que puedo enviar a varias personas de A&R en la industria. Lo escuchan y, con suerte, alguien me firma y obtengo un contrato discográfico. Si eso no funciona, voy a cantar covers y publicarlos en YouTube, tal vez tratar de ganar visibilidad de esa manera. Todo está en el aire. —Eso es genial —le digo, pero en mi cabeza, no entiendo.

195


¿Por qué rayos alguien dejaría un concierto de canto pagado por algo que parece arriesgado como el infierno? Si tuviera un buen trabajo ahora mismo, tal vez mantendría a este bebé. Creo que si me hubiera quedado embarazada al final de la escuela de leyes en vez del principio, vería las cosas de otra manera. —En realidad, es aterrador. Tuve que conseguir un trabajo de mesera, que nunca había hecho antes. Pero no hay otra manera de pagar mis cuentas. Y al dejar Broadway ahora, podría nunca ser capaz de volver. —Yo, ah, yo… —tartamudeo. El potencial de perder todo lo que planeé para toda mi vida debido a este embarazo me ha paralizado. Joanna suena como si saltara deliberadamente de un acantilado sin red de seguridad—. Espero que sigas tu sueño —termino de mala gana. —Eso es exactamente lo que estoy haciendo. —Suspira—. Y a pesar de lo que mis padres creen, no estoy teniendo una crisis existencial porque Beau murió. De hecho, él estaría totalmente a bordo con esto, ¿no crees? Beau amaba a su hermana, así que sí, si esto la hacía feliz, entonces la habría apoyado. —Quería que fueras feliz. —Estoy de acuerdo. Joanna se muerde el labio inferior. —¿Sabías que Beau no quería ser profesional? Quiero decir, el equipo fue pésimo el año pasado y tenía ofertas para ir a otras escuelas, tal vez ganar otro campeonato. Eso lo habría puesto en una mejor posición para ser reclutado, pero amaba a su equipo y no estaba interesado en jugar al siguiente nivel. Beau era todo acerca de ser feliz. —Comienza a ahogarse, y rezo a Dios que esas lágrimas no se derramen, porque si llora, voy a empezar a llorar también. El embarazo me ha convertido en una llorona, perra emo. —Entonces debes hacer esto —digo con firmeza. —Lo sé. Se limpia el rostro con la manga mientras busco en mi bolso para ver si puedo encontrar un pañuelo. Hay uno arrugado en la esquina, pero está limpio, y Joanna lo acepta con gratitud. —Realmente le gustabas dice con voz suave. Ustedes podrían haber hecho una gran pareja, pero tal vez sea mejor que no te hayas enamorado de él. —Su rostro se derrumba cuando la pena que ha estado manteniendo a raya la mata—. Entonces no serías un desastre como yo. Sin decir una palabra, la guío hasta la mesa, arrastro una silla vacía junto a la mía, y luego me siento a su lado mientras llora. Algunos de los otros clientes

196


nos dan miradas extrañas. Les devuelvo la curiosidad con una mirada de muerte. Afortunadamente, Joanna se compone en poco tiempo. Pronto está sonando su nariz y lanzándome una mirada despreocupada desde debajo del velo de su cabello. —Mierda. No había llorado todo el día —murmura—. Fue un nuevo record. —Si yo fuera tú, ni siquiera me levantaría de la cama. —Lo hice durante las dos primeras semanas, y luego me desperté y pensé, Beau me patearía el culo si me viera cagando mi vida, así que aquí estoy, probando algo estúpido y nuevo. —No suena tan estúpido para mí. —Y no lo hace. Joanna es joven. Si perseguir una carrera diferente en la música es su sueño, mejor perseguirlo ahora que más tarde. —¿De verdad crees eso? —Por supuesto que sí. Se pone el pañuelo en el bolsillo del abrigo. —Beau siempre decía que eras tan motivada, pensé que este era el tipo de cosas que despreciarías. Fruncí el ceño. —Me haces sonar como un idiota insensible. —No. No era mi intención que sea así. Era un cumplido —Hace una pausa—. Yo era de la misma manera, tenía todo planeado, tendría un título en artes escénicas, obtendría un papel fantástico en una obra de Broadway y montaría mi estrella a la cima de la marquesina. Entonces Beau murió y todo eso solo parece poco importante ahora, ¿sabes a qué me refiero? Creo que podría. —De todos modos, mejor me voy. —Se inclina hacia delante y me abraza de nuevo. Esta vez su agarre es sorprendentemente feroz—. Cuídate, Sabrina. Espero que vivas tu vida haciéndote feliz. Sí. Si sólo supiera cuál camino requería. *

197


Al día siguiente, me encuentro frente a la oficina de mi asesora. La profesora Gibson tiene la cabeza inclinada sobre su escritorio, calificando papeles. Llamo suavemente para no asustarla. —Sabrina, entra. —Agita la mano hacia adelante con una sonrisa de bienvenida—. ¿Cómo va tu último semestre? —Fácil. Ahora sé hacer una prueba. —¿O te has entrenado para pensar más críticamente y ser capaz de analizar a través de la información para encontrar los principios simples que sustentan todas las teorías? —O eso. —Me río mientras tomo asiento —¿Estás emocionada con Harvard este otoño o con ganas de vacaciones de verano? —Harvard, definitivamente. Voy a extrañar este lugar. —Tomo la oficina acogedora de la profesora Gibson con su silla de peluche de gran tamaño que se recupera cada cuatro años, y la imponente pila de libros que amenazan con caer en cualquier momento, pero nunca lo hacen. Tiene cuadros por todas partes, con sus estudiantes, con su marido. Y me golpea. La razón por la que nunca he pensado en tener hijos es porque desde el momento en que conocí a la profesora Gibson, quería ser ella. Es inteligente, exitosa, bondadosa y muy respetada. Por todas partes, las personas la miran. Y para una chica como yo, de los barrios pobres del sur de Boston, ese tipo de admiración era un sueño… uno que he perseguido implacablemente aquí en Briar. No conozco a ninguna mujer con un hijo tan exitosa como la profesora Gibson. Lo sé, intelectualmente, es equivocado, porque hay miles de madres que son doctoras, abogados, banqueras y científicas. Incluso Hope y Carin hablan de la maternidad, algún día. Pero que algún día está en el futuro nebuloso para ellas, mientras que ahora está bien jodido en mi vientre. —¿Desea haber tenido hijos? —suelto mientras observo la imagen de ella y de su marido de pie frente a algún antiguo castillo. La profesora Gibson estrecha los ojos, y de alguna manera, lo sabe. Puedo verlo en su rostro. —Oh, Sabrina. —Hay una pregunta implícita en su suspiro. Asiento. Cierra los ojos, y cuando los abre, todos los rastros de juicio se han ido. Pero vi ese parpadeo inicial de la decepción, y pica.

198


—A veces —dice en respuesta a mi pregunta—. A veces lo hago, y a veces me alegra no tenerlos. He sido la tía especial de los tres hijos de mi hermano, y eso ha llenado la mayoría de mis instintos maternales. Tengo a mis estudiantes, y eso es tremendamente satisfactorio, pero no voy a mentir y decir que no me he preguntado cómo sería tener un hijo mío. —¿Cree que puedo hacerlo? ¿Tener un niño y lograr atravesar Harvard? Hace un pequeño y triste sonido en la parte posterior de su garganta. —No lo sé. Tu primer año es largo y abrumador, pero eres muy inteligente, Sabrina. Si hubiera alguien que pudiera hacer esto, serías tú. Pero puede significar sacrificios. Tal vez no te gradúes summa cum laude… Me estremezco, porque ser de las mejores de mi clase en la facultad de derecho es sin duda uno de mis objetivos. —O Law Review28 Trago un gemido de consternación. —Pero seguirás siendo una graduada de Harvard. No tengo ninguna duda al respecto. ¿Qué dice el padre? —Depende de mí. Me apoya de cualquier manera. La sonrisa que se extiende es genuina. —Ah, entonces tienes uno bueno. Lo hago. Tucker ha sido muy bueno conmigo, y eso es parte del problema. Si mantengo a este bebé, estoy afectando su vida de mil formas diferentes, y no todas son buenas. —Estoy segura de que tomarás la decisión correcta, sea lo que sea. —Gracias. —Me empujo sobre mis pies—. Sé que esto es extraño, acudir a usted, pero mi mamá... —termino. —Me alegro de que hayas venido a mí —dice la profesora Gibson firmemente. Le agradezco de nuevo y salgo de la oficina. Sé que debería hablar con mis chicas, pero dirán lo mismo que la profesora Gibson. De hecho, la razón por la que fui a ella fue porque pensé que seguramente me diría que abortara. 28

Es una revista académica que se enfoca en asuntos legales. En los Estados Unidos Law Rewiews, revisiones de leyes, son normalmente publicadas por una organización de estudiantes en la Facultad de Derecho o por una asociación de Abogados. Fuera de América del Norte, las revisiones de leyes suelen ser editadas por académicos / profesores de nivel superior.

199


Cinco minutos más tarde, me siento en mi auto, mirando sin ver el tablero. Echo de menos a mi mamá ahora mismo. Casi nunca estuvo cerca y no éramos cercanas, pero sigue siendo mi madre y me gustaría que estuviera aquí. Quiero saber por qué me mantuvo cuando claramente no me quería en su vida. Cuando llego a casa, saco una hoja de papel y comienzo enumerando los pros y los contras. A medio camino de los contras, rompo la hoja por la mitad y la tiro. Mi respuesta ha estado allí todo el tiempo. No necesitaba ver a Joanna, ni a la profesora Gibson, ni a la comuna con mi madre ausente. El hecho es que no he programado el aborto porque no quiero uno. Podría ser la mejor opción, pero he pasado toda mi vida sintiéndome indeseada. Coloco una mano protectora sobre mi estómago todavía plano. Una chica más inteligente haría el procedimiento, pero no soy esa chica inteligente. Hoy no. Hoy, me lo estoy quedando.

200


Traducido por Annette-Marie y Juliette Corregido por lili-ana

Sabrina Me recuesto esperando a las once en punto fuera de la clase de Tucker. En lugar de preguntarle cuándo podíamos encontrarnos, lo espié en línea y encontré un post en el Briar YikYak 29 que tiene el horario de todos los jugadores. Eso no es espeluznante. A medida que los estudiantes salen del edifico cubierto de hiedra, reconozco quizás a uno de cada treinta, si acaso. Mi tiempo en Briar está llegando a su fin, y sé que no he logrado gran cosa. Algunos chicos se gradúan con una balsa de amigos que llevan a su vida de postgrado. ¿Yo? Tengo mi título, Carin, y Hope. Y ahora un bebé. Supongo que el bebé supera a toda una hermandad de la sociedad. Tucker sale con Garrett Graham. Ambos son hermosos, pero Tucker es quien atrae mi atención. No es que Graham no sea atractivo, pero Tucker es todo lo que veo. Se afeitó la barba. No sé cómo me siento al respecto, me gustaba la barba, pero no puedo negar que su rostro afeitado es igualmente atractivo. Tiene un hoyuelo en la barbilla que estaba oculto por todo el vello facial. Dios, quiero explorar ese hoyuelo con mi lengua. El resto es igualmente tentador. Lleva una camisa apretada, de manga larga y tejida, con una esquina plegada en el lado de sus vaqueros. Un par de gafas de sol se alzan en la parte superior de su cabeza, que tira hacia atrás mientras se ríe de algo que Graham está murmurando por la comisura de su boca. Detrás de ellos se arrastra una línea de chicas hambrientas que desesperadamente quieren la atención de estos chicos. Pero ambos están más interesados en intercambiar bromas que en escanear a las mujeres. Un torrente de alivio se apodera de mí. Desde la noche en el hotel, no hemos dormido juntos. Ahí estaba el descubrimiento del embarazo y después la muerte de Beau, y la conmemoración para Beau y luego...nada realmente. Mi cabeza no ha estado en un buen lugar desde Año Nuevo. 29

YikYak: Es una aplicación móvil mediante la cual los estudiantes pueden hablar, hacer publicaciones y conseguir votos de otras personas que pertenecen a la misma área geográfica en un radio de 1.5 millas, sin la necesidad de tener un usuario registrado y por consiguiente, de forma completamente anónima.

201


Me muerdo el labio. No quería arrastrarlo conmigo, pero eso es exactamente lo que estoy haciendo. Corta la media sonrisa cuando sus ojos se posan en mí. Sus labios se mueven, diciendo algo como: «Nos vemos luego, hombre. Tengo algo de lo que ocuparme.» La mirada de Garrett se gira hacia mí, y probablemente dice: «Va a chuparte el alma. Mantente alejado.» Los labios de Tucker se curvan. O está respondiendo que puede manejarme o le gusta la manera en que chupo, o tal vez incluso: «Demasiado tarde». Mientras se acerca hacia mí, el resplandor de Garrett se mueve de la espalda de Tucker a mi rostro. Sonrío ampliamente, mostrando un poco los dientes. —Me estás evitando —murmura Tucker cuando me alcanza. Cambio mi atención hacia él, desintonizándome de Garrett, las chicas adoradoras, y el resto de nuestros compañeros de clase. Son una distracción y le debo a Tucker estar concentrada. —He tenido mucho en mi mente —admito. —Sí. Yo también. Cuando arquea una ceja, inclino la cabeza hacia la multitud. —¿Tienes un momento? —Para ti, siempre. Mi corazón se aprieta. He estado AUSENTE durante semanas y todavía encuentra la manera de mirarme como si fuera la única chica en su órbita. Jodidamente no lo merezco. Me toma del codo y lo sigo hacia una hilera de bancos a lo largo del patio. —¿Estás viendo a alguien? —le pregunto con la voz más casual que puedo reunir. Se detiene tan bruscamente que casi me doy un cabezazo contra los adoquines. Tira de mí verticalmente, plantando ambas manos en mis hombros para orientarme de modo que quedo frente a él. —¿Estás bromeando con eso? —Dejaste de enviarme mensajes. —Odio la incertidumbre en mi voz.

202


Su expresión se suaviza. —Te he estado dando tu espacio. Fuerzo un encogimiento de hombros. —Estaría bien si lo estuvieras. Un músculo en su mandíbula salta, y el agarre en torno a mis hombros se vuelve incómodamente apretado. Está bien. Estaba equivocada. Finalmente, suspira y tira de sus gafas de sol para ponérselas. —No, no estoy viendo a nadie. —Sobre su respiración, lo escucho murmurar—. Aparentemente, ni siquiera a ti. —Lo siento —me explico—. No pretendía ser un insulto. Sólo quería que supieras que esto… —Agito los dedos en círculo alrededor de mi vientre—no debería estar reteniéndote. Sus facciones se tensan nuevamente. —Necesito algo de comida antes de continuar con esta conversación. Vamos. —¿A dónde vamos? —A un lugar privado. —No rompe el paso incluso cuando nos re-direcciona desde la sala de conferencias hacia el estacionamiento detrás del edificio. Un número de personas le saludan mientras pasamos, pero no se detiene por ninguna de ellas, ni me habla. Cuando llegamos a su camioneta, me empuja hacia el asiento del pasajero y luego me mira expectante. —¿Qué? —murmuro. —Cinturón de seguridad. —Lo haré cuando subas a la camioneta. —Ahora. —¿Esto es porque te pregunté si estabas viendo a alguien? El músculo en su mandíbula se mueve otra vez. —No. Es porque estás embarazada. —Una ceja se arrastra por encima del borde de sus gafas de sol—. Todavía lo estás, ¿verdad? Enrojezco. Pero supongo que lo merezco. —Sí. No haría nada sin decírtelo primero.

203


—Bien. Abrocha tu cinturón de seguridad. Hago lo que ordena porque es obvio que no nos moveremos ni una pulgada hasta que escuche el clic. Entonces sostengo mis manos y digo: — ¿De acuerdo? Asiente con la cabeza y cierra la puerta. No decimos ni una palabra mientras enciende la camioneta y deja el estacionamiento. Nos conduce a unas tres millas de distancia, donde nos detenemos frente a una pequeña pista al aire libre. El hielo se derrite, y en lugar de patinadores, la pista está llena de mesas de picnic. Sólo unas cuantas personas, ninguna de ellas estudiantes, ocupan las mesas. —¿Por qué no tomas asiento? —dice Tucker mientras me ayuda a salir del auto. —¿Quieres algo de comer? ¿Beber? —Tomaré agua. Se dirige al puesto de concesionado mientras reclamo una mesa en el rincón más lejano, situándome para poder ver a Tucker avanzar a través del pavimento. Si tuviera que elegir al padre de mi hijo, no podría haberlo hecho mejor que con John Tucker. Es guapo, alto, atlético e inteligente. Pero por sobretodo, es decente. No importa lo que suceda en el futuro, nunca se alejará de su hijo. Nunca hará que él o ella se sientan indeseados. Nunca amenazará su vida de ninguna manera. No importa lo que pase, incluso si lo arruino, y sé que lo haré, Tucker estará ahí para limpiar mi desorden. Es porque él es tan bueno y decente que esta decisión de mantener al bebé fue tan jodidamente difícil. Si hubiera conseguido el aborto, creo que se habría afligido, pero ahora que lo estoy manteniendo, su vida cambiará para siempre. Y será por mi culpa. Sigo teniendo que recordarme eso. No puedo confiar demasiado en él ni pedirle demasiado, porque me daría todo sin quejarse. Pero no soy alguien que sólo toma, y no soy un usuario. Sería tan fácil enamorarse de Tucker y permitirle encargarse de todo. Sería fácil. Pero no justo. Un minuto después, se instala en su asiento y empuja una botella de agua a través de la mesa. Se compró un perrito caliente y un café, y ninguno de nosotros habla mientras aspira rápidamente su comida. Una vez que ha terminado, hace una bolita con la servilleta y la mete en el vacío contenedor donde venía su perrito caliente. Atora las gafas de sol en la línea del cuello de

204


su camisa, curva sus grandes y capaces manos en torno a la taza de café, y entonces espera. Es mi turno. Me lamo los labios una vez, y luego sólo voy a por ello. —Estoy manteniendo al bebé. Sus ojos se cierran, escondiendo cualquier emoción que se apodere de él. ¿Alivio? ¿Miedo? ¿Infelicidad? Cuando levanta los párpados, su mirada es clara e inexpresiva. —¿Cómo puedo ayudar? Una sonrisa reacia aparece en su rostro. Sólo algo que Tucker puede decir. Lo que refuerza mi determinación de asegurarme de que no sufre casi ninguna carga y que es libre de encontrar a quien quiera o lo que quiera en el futuro. En el momento que quiera irse, no voy a luchar. —Estoy bien por ahora. En realidad tengo seguro a través de mi trabajo postal. He estado trabajando ahí desde que me gradué de la escuela secundaria. Solía quejarme sobre mi excelente salud desde que nunca lo utilicé, pero ahora me viene bien. —Muy bien. Así que el seguro médico se hará cargo. ¿Qué pasa después de que tengas al bebé? ¿Todavía irás a la escuela de abogados? —Sí, absolutamente. —La idea de dejarlo ni siquiera se me había ocurrido. —Es como la universidad. Tienes tres o cuatro horas de clase al día. El resto del tiempo, estaré en casa estudiando. Su boca se diluye en el primer signo de cualquier tipo de emoción. —¿Con tu padrastro? Es difícil no ruborizarse de vergüenza. —Es un idiota, pero nunca me ha tocado. —Eso no es mucho como prueba. Llevo la botella de agua de un lado a otro entre mis manos unas cuantas veces. Tucker me espera. Tiene más paciencia que un santo. —Tuve que dejar mi trabajo en el club —digo en voz baja—. Estaba depositando ese dinero para ayudar con la matrícula de la escuela de abogados. No puedo permitirme vivir en ningún otro sitio que en donde estoy ahora. Además, espero que Nana cuide al bebé cuando esté en la escuela. —¿Qué hay de mí? ¿Confías en mí?

205


Mi cabeza se alza para encontrar su expresión ligeramente frustrada. —Por supuesto. —Entonces, ¿por qué no cuido al bebé mientras estás en clase? —Porque tienes que conseguir un trabajo, ¿cierto? Nana no trabaja. Ella vive del dinero de la seguridad social. Tucker se pasa la mano por la frente, como si la enormidad de la tarea que estamos por emprender finalmente está asentándose. —Tienes razón. Necesito encontrar un trabajo. —¿No has encontrado un negocio todavía? —Hay docenas de ellos, pero si hay algo que aprendí acerca de la administración de negocios, es que si no amas lo que estás haciendo estás destinado a ser un fracaso. —Toma un sorbo de su café—. Firmaré con un equipo de construcción para el verano. Lo he hecho en el pasado y es un buen dinero. Durante mi tiempo libre, seguiré buscando diferentes oportunidades hasta que encuentre la correcta. —Así que hasta ese momento, tiene sentido que Nana ayude. Lo piensa, pero no puede encontrar una solución mejor. —Por ahora. Hasta que podamos encontrar algo mejor. Tengo que decírselo a mi madre. Y mis compañeros. La agitación que se inicia en mi vientre no tiene nada que ver con el embarazo y todo que ver con la vergüenza. Lo que desencadena una sacudida de molestia auto-dirigida, porque quedar embarazada no es algo horrible, vergonzoso. Soy un adulto. Voy a tener un bebé. Eso no es gran cosa. —¿Quieres esperar un poco más? Quiero decir, estoy bien con que le digas a tu madre, pero ¿puedes guardar silencio con tus amigos por ahora? — dudo, luego confieso—, no se lo he dicho a nadie. —¿Nadie? —dice, incrédulo. Asiento miserablemente. —No eres la única persona que he estado evitando. Apenas he visto a Carin o a Hope. —Así que admites que me estás evitando. No puedo mirarlo a los ojos. En su lugar, pretendo mirar fijamente el grano de madera de las mesas de picnic. Quiero decirle lo mucho que lo he echado

206


de menos. Porque lo hago. Echo de menos besarlo y bromear con él y escucharlo llamarme "cariño" en su acento sureño. He sido una persona en gran parte solitaria toda mi vida, evitando a Nana y Ray cuando pude. En Briar, hice amistad con Carin y Hope, pero no sentí la necesidad de un círculo más grande y extenso. Así que la soledad aguda provocada por no ver Tucker me tomó por sorpresa. Pero, ¿cómo puedo estar con él sabiendo que soy quien ha vuelto todo su mundo al revés? El peso de la culpa me aplastará más que el peso de la soledad. Tomo una respiración profunda, empujando hacia fuera las palabras que no quiero decir. —Si quieres ver a otras personas... puedes. Yo no voy a hacerlo. No tengo tiempo para eso, pero si tú quieres, no me importa. El silencio cae entre nosotros. Un largo dedo encuentra su camino bajo mi barbilla y la levanta hasta que tengo que cerrar los ojos o mirar a Tucker. Elijo esta última, pero es imposible leer su expresión. Me da una mirada larga y contemplativa antes de decir: —¿Qué tal esto? Te diré si he encontrado a alguien nuevo. Y tú y yo, podemos ser sólo amigos. —Suaviza su tono—. Si decides que quieres más, podemos hablar de ello entonces. —¿Amigos? —Repito débilmente—. Tomaré amigos —Y luego, porque es tan decente, me explico—: Nunca he tenido un novio. Sólo sé cómo conectar y cómo meter la pata. —Cariño. Escuchar esas tres suaves sílabas sólo aumenta mi pánico. —No puedo creer que voy a ser madre. Dios, Tuck, sólo he pensado en una cosa toda mi vida, arrastrarme fuera de mi agujero infernal. Y ahora tengo que arrastrar a alguien conmigo y no sé si puedo hacerlo. Las lágrimas que he estado manteniendo a raya durante semanas se derraman. Tucker me acaricia la mejilla con una cálida mano y me mira fijamente a los ojos. —No estás sola —dice, feroz y bajo—. Y no estás arrastrando a nadie. Estoy aquí contigo, Sabrina. A cada paso del camino. Eso es lo que me da miedo.

207


*

Tucker En el hockey, casi todo el mundo juega con un compañero. La línea delantera de la ofensiva se compone de un ala izquierda, un centro, y un ala derecha. La defensa patina en parejas. Sólo el portero está solo y siempre un raro. Siempre. Kenny Simms, que se graduó el año pasado, era uno de los mejores porteros de Briar y probablemente la razón por la que ganamos tres Frozen Fours seguidos, pero ese tipo tenía los más jodidos extraños hábitos. Hablaba consigo mismo más de lo que hablaba con otra persona, se sentaba en la parte de atrás del autobús, prefería comer solo. En la rara ocasión en que saliera con nosotros, discutía todo el tiempo. Una vez me metí con él sobre si había demasiada tecnología disponible para los niños. Discutimos sobre ese tema durante las tres horas que estuvimos derribando cervezas en el bar. Sabrina me recuerda a Simms. No es extraña, pero es cerrada como él. Piensa que está sola. Básicamente, nunca ha tenido a nadie patinar a su lado, ni siquiera a sus amigas, Carin y Hope.Lo entiendo. Los chicos fuera de mi equipo de hockey con los que he sido cercano son decentes, pero no he sangrado, llorado, ganado con ellos. No sé si tendrán mi espalda, porque nunca hemos estado en una posición donde esa lealtad haya sido probada. Sabrina no sabe lo que es tener a alguien a su lado, y mucho menos detrás de ella. Y es por eso que no me rindo ante el impulso de sacudirla como una piñata por decir mierdas como que soy libre de ver a otras mujeres. El miedo en sus ojos es palpable, y me recuerdo que la paciencia es la clave aquí. —¿Quieres que te siga a casa? —Ofrezco mientras avanzamos hacia el estacionamiento del campus donde dejó su automóvil—. Podemos pasar un rato, ¿hacer algunos planes? Niega con la cabeza. Por supuesto que no. La niña no ha sido capaz de mirarme desde que se echó a llorar. Odia llorar delante de mí. Demonios, probablemente odia llorar en general. Para Sabrina, las lágrimas son un signo de debilidad, y no soporta ser vista como algo menos que amazónico. Asfixio un suspiro y salgo dela camioneta. La llevo a su auto y luego arrastro su cuerpo rígido contra el mío. Es como abrazar un tronco congelado. —Quiero ir a la próxima visita del médico contigo —le digo.

208


—Está bien. —No te emociones demasiado con todo esto. Despertarás al bebé —digo secamente. Muestra una sonrisa dolorosa. —Eso es extraño, ¿verdad? ¿Decir que vamos a tener un bebé? —Hay cosas más raras. Simmsy, nuestro viejo portero, solía comer cacahuetes de circo antes de cada juego. Eso es bastante extraño. Una mujer teniendo un bebé parece caer en la categoría bastante ordinaria. Sus orejas se sonrosan. —Quiero decir, nosotros. —Mueve su dedo índice entre nosotros—. Nosotros teniendo un bebé es extraño. —No. No pienses que eso es raro tampoco. Eres joven, y súper fértil, aparentemente, y no puedo apartar mis manos de ti. —Me inclino y doy un duro beso en su boca sorprendida—. Vete a casa y toma una siesta o algo así. Envíame un mensaje cuando sepas cuándo será la próxima cita. Te veré más tarde. Y luego me voy antes de que tenga la oportunidad de discutir conmigo. ¿Raro? No es raro. Es aterrador e impresionante al mismo tiempo, pero no es raro. Cuando llego a casa, la casa está vacía, lo cual es algo bueno. Si mis compañeros de cuarto estuvieran cerca, podría terminar derramando los frijoles, y tengo que respetar los deseos de Sabrina. Ahora somos un equipo, le guste o no. Está completamente asustada, llena de culpa, y abrumada con lo que va a suceder a continuación. Me imagino que en este punto todo lo que puedo hacer es estar ahí para ella. Cuando tienes un nuevo compañero de equipo, no siempre confían en ti de inmediato. Jugarán a pasar el disco porque esa es la forma en que están acostumbrados a anotar, para lograr el éxito. Criar un niño es un deporte de equipo. Sabrina necesita aprender a confiar en mí. Pero mientras, no le diré a mis compañeros de cuarto hasta que esté lista, hay alguien que necesita saberlo. Así que me dirijo arriba, me siento en el borde de mi cama, y escribo a mi mamá. Yo: ¿Tienes un minuto? Ella: ¡En 20, cariño! Acabando un color para la señora Nelson.

209


Me paso los próximos veinte minutos de mierda googleando sobre bebés. No me había permitido hacer eso antes. No sabía si Sabrina iba a quedarse con el bebé, y si había decidido pasar por el aborto, no quería sentirme apegado y luego terminar con el corazón roto. Ahora, soy libre de lanzarme a la paternidad. A diferencia de Sabrina, ya no me siento aterrado. Siempre me he imaginado teniendo una familia. Por supuesto, no pensé que iba a pasar por un tiempo, al menos no hasta que terminara con la universidad, tuviera un buen negocio, y estuviera haciendo un dinero decente. Pero la vida siempre está cambiando y sólo tienes que adaptarte. No sé si puedo comprar una casa en Boston y rápidamente me doy cuenta de que no puedo permitirme comprar un negocio y una casa con los fondos que me dejó mi papá. Una casa es ridículamente cara en Boston. Supongo que tendré que alquilar un tiempo. Vale. Así que voy a necesitar un lugar para vivir, un trabajo, y tengo que averiguar lo que voy a hacer con mi puta vida más allá de la universidad. He estado midiendo la búsqueda de negocios porque no había ninguna urgencia, pero con un niño en camino y Sabrina viviendo en la mierda en la que está actualmente, tengo que poner todos mis patos en orden. Estoy pidiendo un par de libros en Amazon sobre el embarazo y los padres cuando mi madre llama. —¡Querido! ¿Cómo va todo? ¡Sólo un par de meses más y volverás a casa! —canta en mi oído. Mi estómago se desploma. Si hay una persona que odio decepcionar, es mi mamá, y no volver a Texas va a aplastarla. Pero si soy sincero, he estado en la valla sobre Texas desde hace un tiempo. De alguna manera, el bebé me está salvando de eso. Hago una nota mental para decirle a Sabrina esto, porque sé, en su cabeza, está pensando que arruinó mi vida. —En realidad, sobre eso. Mi… —dudo, porque no sé lo que somos después de nuestra pequeña charla esta mañana—. Novia —termino, por falta de un mejor término. Nuestra relación es demasiado complicada para profundizar con mamá en este momento. Además, no puedo envenenar ese pozo particular, porque mamá ya se va a molestar. —¿Recuerdas que te dije que en Navidad conocí a una chica? —Sí... —Suena cautelosa. Quito la bandita.

210


—Está embarazada. —¿El bebé es tuyo? —pregunta de inmediato. Hay una nota de esperanza en su voz, que rápidamente lo aplasto. —Sí, mamá, por eso te estoy llamando. Hay un largo y largo momento de silencio. Tanto tiempo que casi me pregunto si me ha colgado. Finalmente, dice—: ¿Se lo quedará? —Sí. Está de como dieciséis semanas. —Ya he hecho las matemáticas. La fecha de la concepción es probablemente la primera vez que tuvimos sexo, cuando tenía tanta prisa por estar dentro de su apretado coño que me olvidé del condón. Sabrina James me hace perder la cabeza, en más de una forma. —¡Dieciséis semanas! —grita mamá—. ¿Sabías en Navidad y no dijiste nada? —No claro que no. No lo averigüé hasta más tarde. —Oh, John. ¿Qué vas a hacer? Dejo escapar un lento y constante aliento. —Lo que sea necesario.

211


Traducido SOS por Mariela Corregido por lili-ana

Sabrina Tres semanas después Cuando llegamos a Della´s, la cabina de la esquina está vacía. Eso es una buena señal. Jalo el lado de mi abrigo sobre mi vientre. Se está poniendo caliente para mi gran chaqueta, pero esto comenzando a mostrarse. Gracias a los dioses por los pantalones de yoga. No sé cuánto tiempo más podré seguir usando mi ropa normal. He estado investigando todo lo que puedo sobre el embarazo, y uno de los hechos tristes que averigüé es que la experiencia de nadie es la misma. Por cada mujer que gana sólo el peso exacto del bebé más unas pocas libras extras, hay cinco que juran que han tragado un sembradío completo de sandías. Muchas admitieron que en el mismo punto tuvieron que dejar de conducir porque el volante presionaba su estómago, sin mencionar que los cinturones de seguridad no están hechos para mujeres embarazadas. Puedo testificar sobre eso. Todo está cambiando para mí y estoy asustada hasta la mierda. Todavía no le he dicho a Nana o a mis amigas. Tucker todavía no le ha dicho a sus amigos, porque le he ordenado que no lo haga. Sé que es irracional, pero es como si una parte de mi creyese que si no decimos nada, entonces la vida no tiene que cambiar. Cuando le dije a Tucker eso por el teléfono la otra noche, me respondió con una amable risa y dijo: «Ya cambió, cariño.» Y luego me levanté esta mañana y no pude subirme mis vaqueros, y la realidad vino a estrellarse en mí como el martillo de Thor. Ya no puedo esconder este embarazo. Esta mierda es real. Así que hoy es el día de dejar caer la bomba de la noticia del bebé. Espero ser capaz de una vez por todas dejar de esconderme, poder reclamar el control de mi vida y comenzar a dirigir mi navío nuevamente. Tal vez entonces seré capaz de dormir una noche completa sin despertarme sudando frío. —¿Quieres esperar a tus amigas, o debería traerte algo? —pregunta Hannah mientras me deslizo dentro de la cabina.

212


Mi mirada involuntariamente cae a su esbelta cintura, y una punzada de envidia me golpea. Me pregunto si la mía volverá alguna vez a ser la misma. Mi cuerpo se está comenzando a sentir alienígena. El bulto duro en mi estómago que pueda quitar con dieta. Hay un ser humano ahí. Y ese montículo sólo va a crecer. —Leche —digo, aunque a regañadientes. La soda está en la lista que es malo para mi sistema, junto con todo lo demás que es bueno y maravilloso en este mundo. Mientras Hannah trota fuera, Hope aparece. —¿Cómo estás? Tu mensaje de texto sonó tan siniestro. —Encogiéndose de hombros se quita su gabardina y se sienta frente a mi—. Todo sigue en pie sobre Harvard, ¿cierto? —Esperemos hasta que Carin venga. Frunce el entrecejo profundamente. —¿Estás bien? Nana no está enferma, ¿lo está? —No ella está bien. Y Harvard sigue en pie. —Miro con atención hacia la puerta, esperando que Carin llegue. Hope continua viéndome con atención. —¿Ray cayó de un acantilado? No, eso serían buenas noticias. Oh, Dios, se rompió una pierna y tienes literalmente que esperar a darle la mano y el pie. —Cierra la boca. Ni siquiera queremos tentar al destino con sugerencias como esa. —Ah, ella todavía puede bromear. El mundo no se está acabando. —le hace señas Hope a Hannah antes de fijar su mirada en mí—. Está bien, si no es tu abuela, Harvard sigue en pie y Ray sigue siendo el mismo idiota de siempre, ¿qué es? No te hemos visto en semanas. —Te diré cuando Carin llegue. Lanza sus brazos al aire en frustración. —¡Carin siempre llega tarde! —¡Y tú siempre eres tan impaciente! —¿Me pregunto cómo será mi niño? ¿Tardado, impaciente, impulsivo, tranquilo? Espero que sea tranquilo. Yo siempre estoy tan ansiosa. Deseo que Tucker me hubiera disparado con algo de su paciencia en lugar de su esperma. Tristemente, no funciona de esa manera.

213


—Cierto. —Se mueve en su asiento—. ¿Cómo está Tucker? ¿Ustedes chicos son una cosa formal? —Somos algo —murmuro. —¿Qué se supone que significa eso? Se han estado viendo desde finales de octubre. Eso es más de cuatro meses. En la tierra de Sabrina, deberías estar comprometida. En realidad, dieciocho semanas y tres días, ¿pero quién está contando además de mí y mi obsesión? Antes de que Hope me pueda presionar más, Carin entra con un: —Lo siento, llego tarde —Y un abrazo para cada una. Hannah aparece, llevando mi leche y dos menús más antes de desaparecer para atender la siguiente mesa. Hope agarra a Carin por su cintura y la arrastra dentro de la cabina. —Te perdonamos —le dice. Luego se voltea hacia mí con mirada preocupada—. Escúpelo. —Carin ni siquiera se ha quitado su abrigo —protesto, aunque no sé porque estoy retrasando lo inevitable. Estoy apenada de que no sé cómo usar anticonceptivos correctamente, pero tener un bebé es normal. Al menos, ese es mi mantra recurrente. —Qué se joda Carin y su abrigo. Ella está aquí. Comienza a hablar. Tomo una respiración profunda, y porque no hay una forma sencilla de decirlo, sólo lo dejo salir. —Estoy embarazada. Carin se congela con su abrigo a medio camino por sus brazos. La boca de Hope se abre. Con uno de sus brazos atrapados, Carin codea a Hope. —¿Es en abril el día de los inocentes? —pregunta, sin quitar sus ojos de mí. Incluso cuando le responde a Carin, Hope también mantiene su mirada fija en mi cara. —No lo creo, pero estoy teniendo mis dudas.

214


—No es una broma. —Le doy un trago a mi leche—. Casi tengo cinco meses. —¿Cinco meses? —grita Hope tan fuerte que cada cabeza en el comedor se gira hacia nosotras. Inclinándose sobre la mesa, repite las palabras, esta vez en un susurro—. ¿Cinco meses? Asiento con mi cabeza, pero antes de que pueda agregar algo más, Hannah llega para tomar nuestras órdenes. El apetito de Carin y de Hope aparentemente estar arruinado con mi noticia, pero yo estoy hambrienta, así que ordeno un emparedado de pavo. —¿Se te nota? —Todavía Hope se ve aturdida. —Un poco. Todavía puedo usar pantalones que se estiran. No mis vaqueros apretados, sin embargo. —¿Has ido con el doctor? —pregunta. A su lado Carin permanece en silencio. —Sí. Tengo seguro por el trabajo. Todo se ve bien. —¿Estabas planeando decírnoslo después de tener al bebé? —deja salir Carin, dolor coloreando sus palabras. —No estaba incluso segura si iba a quedármelo —admito—. Y una vez que lo decidí, estaba… avergonzada. No sabía cómo decírselo a ustedes chicas. —Sabes, no es demasiado tarde —dice Hope con una sonrisa esperanzadora. Carin brilla ante la idea. —Cierto. Igual, todavía puedes obtener un A en cualquier momento hasta el tercer trimestre. Su falta de apoyo pica, pero de alguna manera me hace aún más resuelta. Toda mi vida ha sido acerca de mostrar a los que dudan que puedo tener éxito. —No —le digo con firmeza—. Esto es lo que quiero. —¿Qué hay de Harvard? —pregunta Hope. —Todavía voy. Nada ha cambiado. Mis amigas intercambian una mirada que dice que no tengo esperanza y que una de ellas me va a dar la noticia. Supongo que la esperanza gana, porque ella dice—: ¿Realmente crees que nada va a cambiar? Vas a tener un bebé.

215


—Lo sé. Pero hay millones de mujeres que tienen bebés todos los días y todavía se las arreglan para ser adultos que funcionan. —Va a ser muy difícil para ti. ¿Quién va a cuidar al bebé mientras estás en clase? ¿Cómo vas a estudiar? —Se extiende través de la mesa para apretar mi mano floja—. Simplemente no quiero que sientas que estás cometiendo un error. Mi rostro se endurece. —Todavía voy a ir a Harvard. No sé si es mi tono o mi expresión que las convence de que mi mente está resuelta, pero de cualquier manera reciben el mensaje. A pesar del persistente escepticismo en sus rostros, siguen adelante. —¿Es un niño o una niña? —pregunta Carin—. Espera… Tucker es el papá, ¿verdad? —Por supuesto Tucker es el papá, y no lo sé. Aún no hemos tenido el ultrasonido. —¿Qué dijo cuándo se lo dijiste? —interviene Hope. Que no estoy sola. —Está bien con eso. No se echó a llorar ni gritó de rabia. No volteó sobre una mesa ni se enfureció por la injusticia. Me abrazó y me dijo que no estaba sola. Creo que está un poco asustado, pero va a estar conmigo en cada paso del camino. —Trago el nudo en mi garganta—. Y por mucho que quiera protegerlo, voy a aferrarme a su mano durante el mayor tiempo posible. Es tan egoísta de mi parte, pero ahora mismo la idea de afrontar el futuro sola me mantiene despierta por la noche. —Eso es bueno, al menos —dice Carin amablemente. —Él es asombroso. Yo no lo merezco. —Dios, si mis mejores amigas están luchando con esto, no puedo ni siquiera imaginar lo que está pasando en la cabeza de Tucker. Hope frunce el ceño. —¿Qué te hace decir eso? No es que te hayas quedado embarazada sola. —Él no tuvo elección. —Mierda. Cada vez que tienes sexo, hay un riesgo. Ninguna forma de anticoncepción es cien por ciento efectiva, ni siquiera una vasectomía. Tienes que pagar el precio.

216


—Es un precio muy alto. Ella agita su mano. —Lo cual estás pagando también. —¿Podemos dejar de ser tan deprimentes? –dice Carin—. Hablemos de las cosas importantes. ¿Cuándo tendrás el ultrasonido? Quiero empezar a comprar cosas para bebés. Abro la boca para decir que no sé cuándo nos interrumpió el teléfono de Carin. —Mierda. —Lo saca y se desliza fuera del asiento—. Es mi consejero. Tengo que tomar esto. Mientras desaparece hacia el baño, Hope vuelve su preocupada mirada hacia mí. —Maldita sea, B. Realmente espero que sepas lo que estás haciendo. —Yo también. —Sé que me quiere y por eso está tan preocupada, pero igual que Carin, no quiero pensar en lo negativo. Mi mente está hecha y todo este segundo adivinar sólo va a hacerme sentir mal. —Sólo quiero que seas feliz —dice suavemente. —Lo sé. —Esta vez es mi turno de cruzar la mesa—. Tengo miedo, pero esto es lo que quiero. Lo prometo. Me agarra la mano con fuerza. —Bueno. Estoy aquí para ti. Lo que sea que necesites. Carin vuelve y empuja a Hope. —Voy a aprender a tejer —anuncia. —¿Tejer? —repito con ironía. —Sí, botines de bebé. ¿Tienes cinco meses? Eso me da alrededor de cuatro meses para aprender a tejer, así que prepárate para ser sorprendido y asombrado por mi nueva habilidad. Finalmente rompo en una sonrisa. —Considéreme preparada. En más de una forma, pero oye, tengo a mis amigas y tengo a Tucker, que es más de lo que pensé que tendría y más de lo que probablemente merezco.

217


Pero lo aceptarĂŠ.

218


Traducido por Carilo y Mariela Corregido por lili-ana

Tucker La cocina está tan silenciosa, me siento como si estuviera en la iglesia. No es que haya ido a la iglesia a menudo. Mamá me arrastró a unos cuantos sermones dominicales cuando era un niño, hasta que finalmente admitió que prefería dormir los fines de semana. Yo estaba totalmente a bordo con ese plan. Pero en este momento, no es Dios y el Pastor Dave juzgándome, son mis mejores amigos. —¿Por qué diablos no nos lo dijiste antes? —Garrett. —¿Estás manteniendo en serio a este niño? —Logan. —¿Sabrina jodida James? —Dean. Aprieto mi agarre alrededor de la botella de cerveza y frunzo el ceño hacia Dean. Lo culpo por este pequeño powwow30. Dos segundos después de que le dije a él y a Allie las noticias, envió un SOS a Garrett y Logan ordenándoles que llevaran sus culos a casa. Habían estado en los dormitorios con sus novias, y ahora me siento como un idiota por echar a perder sus noches. —Chicos, ¿por qué no lo dejan hablar en lugar de gritarle preguntas? — habla Allie con un tono cauteloso. Puedo decir que no quiere estar aquí para esto, pero Dean la arrastró a la cocina con nosotros, con la mano en la suya, y no le ha dejado ir desde entonces. No entiendo por qué está tan cabreado por esto. No es que él sea el que está a punto de ser padre. Y de hecho sé que no quiere a Sabrina, porque mira a Allie como si estuviera colgada de la maldita luna. Ambos pasaron por dificultades después de la muerte de Beau, pero los dos últimos meses han sido asquerosamente enamorados. —¿Tuck? —pregunta Allie, recogiendo su cabello rubio detrás de la oreja. 30

Asamblea o reunión familiar.

219


Tomo un trago de mi cerveza. —No tengo mucho más que decir. Sabrina y yo vamos a tener un hijo. Fin de la historia. —¿Cuánto hace que la ves? —pregunta Logan. —Un rato. —Sus fruncidos ceños me dicen que no les gusta mi respuesta, así que agrego—. A principios de noviembre. Logan parece asustado. Garrett no lo hace, lo que me hace estrechar los ojos hacia él en cuestión. —Lo sospeché —admite. Los otros chicos giran sus cabezas hacia él en acusación. —¿Qué quieres decir, lo sospechaste? —responde Logan. —Significa que sospeche. —Me mira Garret a través de la mesa. —Te sosteniendo su mano en el memorial de Beau. Cuando un relámpago de culpa pasa a través de los ojos de Dean, sé que está pensando en cómo se emborrachó en su habitación en lugar de asistir al servicio conmemorativo de uno de sus mejores amigos. Logan se vuelve hacia mí. —¿Entonces es serio entre ustedes dos? La risa salpica. —Vamos a tener un bebé. Por supuesto que es serio. O por lo menos estoy planeando que lo sea. Sabrina todavía necesita tiempo, sin embargo. Es hora de conseguir control completo sobre este embarazo. Es tiempo para que baje su guardia y darse cuenta de que puede confiar en mí. Bajar la guardia incluso más y darse cuenta que me ama. Porque sé que lo hace.Solo está demasiado asustada para admitirlo o reconocerlo, para mí y para sí misma. —¿Por qué no abortó? La pregunta de Dean suscita un jadeo de Allie, ceño fruncido de los chicos, y un fruncido enojo de mí. —Porque decidimos mantenerlo —digo con dureza. Todo el mundo se estremece. Estoy bastante seguro de que nunca me han oído hablar de alguien antes. Por lo general no lo hago, pero Dean está

220


pisando peligrosamente cerca del territorio de golpearlo—hasta—dejarlo—sin sentido. Entiendo que no le gusta Sabrina, pero demonios él bien podría mostrar su respeto, incluso cuando ella no está en la habitación. —Oye. Vamos a relajarnos, ¿de acuerdo? —Demuestra Garrett por qué es nuestro capitán de equipo al hablar en una voz tranquila y pacificadora. Aunque, me doy cuenta, ya no es el capitán de Dean, porque Dean fue expulsado del equipo en enero. Creo que el fracaso de esa prueba de drogas fue uno de los catalizadores para arrastrarse de vuelta a la tierra de los sobrios. Eso, y Allie. —Esta es la vida de Tuck —continúa Garrett—. No tenemos derecho a juzgar sus decisiones. Si esto es lo que quiere, entonces vamos a apoyarlo. ¿De acuerdo? Después de un latido, Logan asiente. —De acuerdo. La mandíbula de Dean se tensa. —Esto va a arruinar tu vida, hombre. Se está haciendo cada vez más difícil controlar la ira en mi estómago. —Bueno, es mi vida a la ruina —digo fríamente—. No puedes decir nada. —¿Qué hay de Harvard? —insiste él—.¿Aún va a ir? —Sí. Niega con la cabeza. —¿Ella se da cuenta de cuánto tiempo consume la facultad de derecho? —Por supuesto. Otro movimiento de cabeza. —¿Entonces está echando todas las responsabilidades sobre ti? Al instante salgo a la defensa de Sabrina. —No, estamos compartiendo las responsabilidades. Más movimiento de cabeza. Juro por Dios, si no deja de hacer eso, le arrancaré su cabeza rubia del cuello. —Dean —advierte Allie.

221


—Lo siento, pero creo que esto es una locura —anuncia. —Esa chica es más fría que el hielo. Lo juzga todo. Es... —La madre de mi hijo —gruño. Dean gruñe. —Está bien, lo que sea. Adelante y destruye tu vida. ¿Qué me importa? Mi boca se abre cuando sale de la cocina. ¿En serio? Hay un largo silencio, y entonces Allie se levanta también. —Iré a hablar con él —dice con un suspiro. —Ignóralo, Tuck. Sólo está siendo un idiota. No contesto. Estoy demasiado cabreado para hablar. —Por si sirve de algo, tienes mi apoyo. Creo que vas a hacer un gran papá. —Su mano descansa levemente en mi hombro antes de que se dirija a la puerta. Una vez que se ha ido, miro a mis amigos restantes. —¿Quieres decir lo que dijiste? ¿Tengo su apoyo en esto? Ambos asienten. Sin embargo, los labios de Logan tiemblan, como si estuviera tratando de no reír. —¿Qué es tan gracioso? —pregunto con cautela. —Amigo. ¿Te das cuenta de todas las cosas asquerosas yendo hacia ti? Parpadeo en confusión. —Ve a buscar videos de parto en YouTube —aconseja. —Tuvimos que ver algunos para la clase de estudios de mujeres que tomé el primer año. Son horribles. —Se estremece Logan—. ¿Sabías que el ochenta por ciento de las chicas cagaban sobre la mesa? Garrett ríe. —Estás inventando esa estadística. —De acuerdo, tal vez no el ochenta por ciento. Pero la mierda sucede, y es asqueroso. Oh, ¿y la placenta? ¿Un enorme saco sangriento que acaba de caer en el suelo después de que el niño sale? Después de ver eso, te garantizo que nunca querrás pegar tu polla allí de nuevo. —De repente me siento muy triste por Grace —comenta Garrett.

222


—Voy a presionar para una Cirugía programada —dice Logan con altivez, pero el brillo en su ojo me dice que sólo está bromeando. Siempre puedes contar con Logan para aligerar el estado de ánimo. —Miren —digo—. Sé que esto es una gran sorpresa. Y confíen en mí, todavía no he envuelto mi cabeza alrededor de ello tampoco. Pero am… me preocupo por Sabrina. —Me corrijo antes de que la palabra con A salga de mi boca. De ninguna manera lo estoy diciendo a mis amigos antes de que se lo diga a ella—. Dean está equivocado con ella. Es impulsiva, sí, pero no es fría o juiciosa. Tiene el corazón más grande de alguien que he conocido. Es... increíble. Un bulto obstruye mi garganta. Maldición. Ojalá Sabrina pudiera verse a través de mis ojos. Piensa que me está arrastrando a la cuneta con ella, pero está equivocada. Me está dando lo único que siempre he querido: una familia. Claro, está sucediendo antes de lo planeado, pero la vida no siempre sigue un calendario. —Así que realmente estás haciendo esto, ¿no? —suena Garret un poquito asombrado. —Síp. —¿Puedo ser el padrino? —¡Ni mierda! —objeta Logan—. Me está eligiendo. Obviamente. —Mentira. Soy claramente la mejor opción. —Eres claramente el egomaníaco más grande, eso es lo que eres. Me burlo. —Sigan así y no elijo a ninguna. Pero es bueno saber que ambos están ansiosos por el trabajo. Creo que voy a llegar a algún tipo de competencia, hacer que ambos tengan una contienda. —Yo ganaré —dice Garrett inmediatamente. —¡Ni mierda! Todavía están argumentando mientras me asomo fuera de la cocina. Dean podría haber sido un imbécil con mi gran noticia, pero es un alivio saber que al menos tengo el apoyo de G y de Logan. Estoy seguro que voy a necesitarlo. * Estoy aquí. ¿Dónde estás tú?

223


El mensaje de texto de Fitzy aparece mientras me estaciono en el estacionamiento en frente de Malone´s. Conduje directamente desde la casa, porque diciéndoles a mis compañeros sobre el bebé no es el único asunto en la agenda de esta noche. Todavía necesito encontrar un lugar para vivir, y realmente estoy esperando que Fitz pueda ayudar con eso. Rápidamente tecleo una respuesta. Yo: Acabo de llegar. Entrando ahora. Él:La cabina en la parte de atrás. Guardando el teléfono, cierro la camioneta y me dirijo dentro del bar. Fitzy está bebiendo una cerveza cuando me deslizo en el asiento frente a él. Ordenó una para mí también, lo que agradecidamente acepto. —Hola. Gracias por reunirte conmigo. Se encoge de hombros. —No hay problema. De cualquier forma me estaba volviendo loco. Mi apartamento es jodidamente demasiado pequeño. Huh. No esperé entrar en el tema así de pronto en la conversación, pero maldita sea si voy a pasar esto por alto. —Eso es en realidad de lo que quería hablar contigo. Fitzy arquea una ceja. —¿Mi pequeño apartamento? —Algo así. —Trazo con mi dedo la orilla de la etiqueta de mi cerveza—. Dijiste que tu contrato se está terminando en mayo, ¿cierto? —Sí. ¿Por qué? —¿Has pensado que vas a hacer sobre ello? ¿Estás firmando otro contrato? ¿Mudándote a otro lugar? Una sonrisa tira de una de las esquinas de su boca. —¿Qué hay con las Veinte Preguntas? —Sólo estoy intentando averiguar dónde está tu cabeza en esto. —Tomo otro trago—. No voy a regresar a Texas después de la graduación. Me mira por encima del cuello de su botella. —¿Desde cuándo?

224


—Desde que voy a tener un hijo en agosto. Fuertes ruidos de atragantamiento salen de su lado de la cabina. Probablemente no debí haberle lanzado eso mientras estaba a la mitad del sorbo. Me siento mal por verlo toser violentamente. —T… tú… —Tose nuevamente. Se aclara la garganta—. ¿Estás teniendo un hijo? —Sí. Sabrina está embarazada. —Oh. —Un tatuado brazo se alza así puede sobar su sien—. Mierda. Bueno. Felicidades, ¿supongo? Una inesperada sonrisa toca mis labios. —Gracias. Me estudia cuidadosamente. —Pareces estar tranquilo sobre esto. —Eso es porque lo estoy —digo simplemente—. Pero sí, definitivamente necesito encontrar un lugar en Boston. Y recordé que mencionaste que no estarías en contra de vivir en la ciudad, así que… —Me encojo de hombros—. Me imaginé que no haría daño preguntar si estás en el mercado para un compañero de cuarto. —Ah. —Pesar fluctúa en su expresión—. Decidí no hacer eso. Pensé que iba a estar bien con el viaje, pero lo hablé con Hollis y me recordó lo que es una friega conducir de Boston a Hastings en invierno, así que voy a quedarme aquí para mi último año. Trago mi decepción. —Oh, bien. Eso tiene sentido. —Pregunta estúpida, pero… ¿por qué no te estás mudando con Sabrina? Pregunta estúpida, no. ¿Buena pregunta? Diablos sí. —No estamos ahí todavía —contesto, porque la alternativa es jodidamente vergonzosa. Porque ella no quiere estar conmigo. —Bien. Bueno. Si estas siendo serio sobre vivir en Boston, de hecho conozco a alguien que necesita un compañero de cuarto. Me alegro. —¿Quién?

225


—No te va a gustar —advierte. —¿Quién? —presiono. —el hermano de Hollis. Su rentero subió la renta y él no está seguro de poder mantener el lugar por sí solo. Oh, mierda. Brody Hollis, ¿el rey de los idiotas? ¿El hombre que pone el bro en Brody?Preferiría… no. No hay un preferiría. No estoy exactamente nadando en opciones en este momento. Brody podría ser… franco, pero su apartamento era grande, limpio y tenía dos habitaciones. Y está a sólo cinco minutos en auto de la casa de Sabrina. Por mucho que odio la idea, no puedo negar que es una buena y conveniente opción. Tomo otro largo trago de cerveza. Entonces digo: —¿Puedo tener su número?

226


Traducido por Mariela Corregido por lili-na

Sabrina —Estoy nerviosa —susurro las palabras en el oído de Tucker así las otras mamás expectantes en la sala de espera no pueden escucharme. Todas tienen este brillo de felicidad excitante en sus rostros, y no quiero arruinarlo para ellas. Sólo porque soy un manojo de nervios no quiere decir que enloquezca a nadie más. Pero estoy enloqueciendo. Esta es la primera cita que Tuck viene conmigo, y es donde van a revelar el sexo del bebé, si podemos llegar a un acuerdo sobre esto. Yo quiero saber. Él quiere que ser sorprendido. Y esto es la ilustración perfecta del tipo de personas que somos. Soy de las que les gusta estar en control. Si sabes el sexo del bebé, puedes planear sobre ello. Comprar pequeñas cosas lindas de niña o de niño. Buscar nombres. Tucker es un chico de ir-con-la-corriente. Piensa que podemos comprar solamente ropa amarilla y tenerlo resuelto. —No hay nada sobre lo cual estar nerviosa. —Me aprieta mi mano y se inclina para darme un beso en la mejilla. Me estremezco ligeramente. Sus labios son suaves y cálidos y los quiero sentir contra mi boca, no contra mi mejilla. Quiero besarlo en el cuello y chupar hasta que él gima. Quiero deslizar mi mano dentro de sus pantalones, agarrar su pollay acariciarlo hasta que se corra completamente en mi mano. ¿He mencionado que estoy caliente hasta la mierda? No sé si es todo el incremento de sensibilidad o los tres meses más o menos de inactividad sexual, pero santo infierno necesito tener sexo. Incluso el roce accidental de mi propia mano contra mi pecho me tiene caliente y molesta. Leí que las mujeres están normalmente súper excitadas durante el primer trimestre, pero mi impulso por el sexo no me llegó hasta el segundo trimestre. Cada vez que veo a Tucker, quiero rasgarle la ropa. Y él lo sabe.

227


—¿Ya estás lista para que seamos más que amigos? —murmura. Lo miro. —Te estoy diciendo que estoy nerviosa y tú ¿estás pensando en sexo? —No, tú estás pensando en sexo. —Se ríe—. Tus ojos me están rogando que te folle. Miro precipitadamente alrededor para asegurarme que nadie escucho eso, pero las otras embarazadas están también hablando con sus parejas o tiene sus cabezas enterradas en revistas de maternidad. —Nop —miento—. Mis ojos están muy ocupados preocupándose por lo que van a ver en el ultrasonido. Leí que podríamos ser capaces de ver el rostro del bebé, y los dedos y los pies. —Pánico se agita nuevamente en mi vientre—. ¿Qué si sólo tiene tres dedos, Tuck? ¿Qué si no tiene nariz? —Mi respiración se vuelve laboriosa—. Oh, Dios mío, ¿qué si tengo un bebé mutante? Tucker se encorva y empieza a temblar. Me toma un segundo comprender que se estremece con silenciosa e histérica risa. Maravilloso. El padre de mi hijo se está riendo de mí. —Oh demonios. Maldita sea cariño. —Está sibilando mientras levanta la cabeza—. Sabía que no debería haberte dejado ver The Hills Have Eyes anoche. —No había nada más —protesto. Y no quería que te fueras. Soy tan patética. La semana pasada, he estado encontrando razones para tener a Tucker. Como, «necesitamos buscar clases de respiración», y «mi espalda me está matando, ¿te sientes como para venir a frotarla?» y, «tal vez debería tener un nacimiento de agua». Él me instó a reconsiderar ese último, pero en realidad no lo tomé en serio. La idea de mi culo embarazado sumergido en una bañera llena de agua y fluidos de parto me hace querer vomitar. Pero porque él es Tucker, ha conducido a Boston cada vez que he llamado. En el fondo de mi mente, estoy asustado de estarme aprovechando, pero él continúa asegurándome que esto es a lo que se inscribió. —No vamos a tener un bebé mutante. —Sus risitas se han calmado, y está sosteniendo mi mano de nuevo—. Él o ella va a ser perfecto. Lo prometo. Asiento débilmente. —¿Sabrina James? —llama una voz desde la puerta.

228


—Soy yo. —Me levanto tan rápido que me tambaleo por un momento. Tucker me estabiliza poniendo un brazo musculoso alrededor de mis hombros. —Somos nosotros —corrige. Seguimos a la enfermera de rosado, usando un amplia y bien iluminado pasillo. Nos guía a una sala de examen y me ordena sentarme sobre la mesa. La máquina de ultrasonidos ya está instalada junto a ella, y mi corazón hace una pequeña y emocionada vuelta. —Realmente quiero saber —digo una vez que la enfermera sale de la habitación. Tucker pone mala cara. —Pero piensa en lo emocionante que será cuando el doctor grite «¡Es un niño! O ¡Es una niña!» Este es su argumento. Pero francamente, no necesito más emoción en mi vida ahora. Mi situación en casa ya es demasiado cargada, lo que con Nana me está enseñando a diario sobre cómo quedarme embarazada, castigarme por quedarme con el bebé, y constantemente me recuerda que ella no está distribuyendo cuidado de niños gratis sólo porque soy su nieta. Y por supuesto, también está Ray, con sus comentarios sarcásticos sobre mi promiscuidad, mi gordo estómago y mi estupidez por no saber cómo usar un condón. Ray, me importa una mierda. Nana... bueno, estoy seguro de que vendrá una vez que tenga a su bisnieta o bisnieto en sus brazos. Ella siempre se vuelve estúpida por los bebés. —Quiero saber ahora —me quejo, sin importarme que suene como un niño de cinco años lanzando una rabieta. —¿Qué tal esto? Juguemos piedra, papel o tijera. Sí, vamos a hacer grandes padres, de acuerdo. —Bien. —Me trueno los nudillos, lo que le hace reír—. ¿Listo? —Listo. Contamos al unísono. En tres, revelamos nuestras manos. Hizo papel. Yo hice piedra. —Yo gano —dice con presunción. —Lo siento, bebé, pero pierdes. —¡El papel cubre a la piedra!

229


Sonrío —La piedra pisa el papel para que no pueda volar. Lo atrapa. Un fuerte suspiro llena la habitación. —No voy a ganar en esto, ¿verdad? —No. —Pero se ve tan lindo ahora que ofrezco un acuerdo—. ¿Qué tal esto? Puedes salir de la habitación mientras el doctor me lo dice, y te juro que no lo diré. Ocultaré todas las compras de mi bebé en mi armario así no puedes ver lo que estoy comprando. —Trato. Somos interrumpidos por la llegada del técnico, que me saluda calurosamente y luego me ordena que tire de mi camisa suelta para que ella pueda poner un gel frío por todo mi vientre. —¿Está llena la vejiga? —pregunta. —Mi vejiga está siempre llena —respondo con sequedad. Eso me consigue una risa. —No te preocupes. Esto no tomará mucho tiempo. Pronto serás capaz de orinar el contenido de tu corazón. —Increíble. Viviendo el sueño. Ya he tenido un ultrasonido, así que no estoy preocupada cuando la tecnología se cierra una vez que vamos. De vez en cuando señala algocomo,cómo la forma en que la columna vertebral del bebé se asemeja a una pequeña cadena de perlas o cómo, gracias al Señor, tenemos diez dedos en las manos y diez dedos en los pies. Tucker permanece allí en silencio asombrado, observando las imágenes granuladas en la pantalla. En un momento se dobla y me besa la frente, y se despliegan lazos de calor dentro de mi cuerpo. Me alegro de que esté aquí. Realmente lo estoy. —Bueno. Terminamos. —Después de limpiar el gel de mi vientre, la técnica presiona un botón y la máquina hace un sonido de zumbido mientras escupe una imagen del ultrasonido. No lo entrega, sin embargo, en su lugar dice—: El médico vendrá en poco tiempo para hablar con ustedes. Si necesitas vaciar la vejiga, el baño está a dos puertas, a tu izquierda. Tucker se ríe entre dientes mientras instantáneamente me levanto de la mesa.

230


—Volveré enseguida —le digo, saliendo de la habitación. Hago mi negocio, lavo las manos, y cuando regreso a la sala de exámenes, la doctora Laura ya está allí, charlando con Tuck. Cuando la conocí, no estaba segura de qué pensar. Llamar a un médico por su nombre es extraño para mí. Supongo que tal vez pensé que era un signo de falta de profesionalismo o algo así, pero la mujer parece conocer sus cosas. Está a mediados de los años treinta y habla de una manera no-absurdo que yo aprecio. —Así que aquí papa dice que has estado discutiendo sobre si debes descubrir el sexo del bebé —bromea cuando entro. —Papá aquí está siendo terco —me quejo. La mandíbula de Tucker cae. —Nuh-uh. Mamá es la obstinada que no le gustan las sorpresas. Mando una mano sobre el vientre sobresaliente que ha crecido de alguna manera más grande en el último mes. —¿Esto no fue lo suficiente sorpresa para ti? —pregunto por primera vez. La doctora Laura ríe antes de echar un vistazo a la carpeta en su mano. —Bueno, tenemos una imagen muy clara de la ecografía. Como Sabrina es mi paciente y tú no, John, voy a decirle el sexo del bebé si eso es lo que quiere. —Traidora —dice con una mirada burlona. —Quiero saber —le digo a la doctora antes de inclinar la cabeza hacia Tucker—. Puedes salir de la habitación ahora, papá. —Naah. He cambiado de opinión. Quiero saber. Lo miro con ansiedad. —¿Estás seguro? Responde con un honesto cabeceo. —De acuerdo entonces. Asómbranos —le digo a la doctora. Sus ojos brillan. —Felicitaciones. Van a tener una niña. Jadeo, todo el oxígeno succionando en mis pulmones y luego quedando atrapado. Mi pulso se acelera, y es como si mis alrededores, mi mundo entero, tuvieran un enfoque más nítido. Los colores parecen más brillantes y el aire se

231


siente más ligero y toda esta experiencia, esta vida que crece dentro de mí, de repente se siente real. —Vamos a tener una niña —Respiro, volviéndome hacia Tucker. Su mirada es casi reverente. —Vamos a tener una niña —susurra. La doctora Laura nos deja maravillarnos en silencio durante unos segundos antes de aclarar su garganta. —De cualquier manera, todo se ve genial. La bebé está sana, el latido del corazón es fuerte y constante. Sigue tomando tus vitaminas prenatales, trata de no esforzarte demasiado y te veré de nuevo en cuatro semanas. En la puerta, hace una pausa y guiña a Tucker por encima de su hombro. —En cuanto al otro asunto que estabas preguntando, todos los sistemas son un ir. Después de que se haya ido, le frunzo el ceño. —¿Qué otra cosa? Se encoge de hombros, el epítome del misterio. —Sólo una pregunta de papá. —Coge mi mano—. Vamos, vámonos. Quiero enseñarte algo antes de dejarte en casa. Mi frente se arruga. —¿Mostrarme qué? —Es una sorpresa. —¿No acabamos de establecer que no me gustan las sorpresas? Se ríe entre dientes. —Confía en mí, esta te gustará.

232


Traducido por Juliette Corregido por lili-na

Sabrina —¿Qué estamos haciendo aquí? —pregunto quince minutos después, examinando la calle en la que Tucker acababa de entrar. Este barrio es de aspecto dudoso. Quiero decir, está a sólo cinco minutos en auto de mi casa, así que por supuesto es dudoso. —Paciencia —reprende, estacionándose en la acera frente a un edificio de ladrillo de diez pisos. Subiré un poco de esa paciencia y espero a que abra mi puerta. Este tipo se niega a dejarme abrir las puertas. Es como si no entendiera que tengo manos. Cuando mis zapatos planos aterrizan en el pavimento, Tucker toma mi mano y me lleva a la entrada del edificio. Lucho contra un millón de preguntas, porque sé que no las contestará y obedientemente lo sigo a un pequeño vestíbulo con un ascensor aún más pequeño. Hacemos todo el camino hasta el piso diez, caminamos por un corto pasillo, y nos detenemos al frente del apartamento 10C. Tucker saca un llavero de su bolsillo y abre la puerta. —¿Quién vive aquí? —exijo. —Yo. —¿Qué? ¿Desde cuándo? —Hace tres días —admite—. Bueno, técnicamente no me mudo hasta el final de la semana, pero hace tres días fue cuando llegamos a un acuerdo. —¿Llegamos? —Brody Hollis y yo, el hermano de un compañero del equipo. —Oh. —Estoy tan confundida, porque en esta semana entera no mencionó ni una vez mudarse a Boston—. ¿Qué hay de tu casa en Hastings?

233


—El contrato de alquiler termina en junio. De todos modos habría tenido que mudarme. —Se encoge de hombros—. Tenía más sentido encontrar un lugar aquí en Boston. De esa manera puedo estar cerca de ti y la bebé. — Extiende la mano—. ¿Quieres el gran tour? —Um. Claro. —Todavía estoy un poco aturdida. Tucker entrelaza sus dedos con los míos y me guía por el apartamento. Mientras que el exterior del edificio es un poco cutre, el interior es sorprendentemente agradable. El apartamento tiene una mucha luz exterior, pisos de pino, y un cómodo diseño. En el pasillo hay tres puertas que conducen al baño y dos dormitorios. —Todavía no he traído nada de mi mierda —dice. Caminamos a un dormitorio grande y vacío con una enorme ventana que deja entrar tanta luz solar que desearía tener mis gafas de sol conmigo. —¿No, en serio? —pregunto, paseando por la habitación desnuda. Me acerco a la ventana y observo—. Oh, bien. Tu habitación tiene la escalera de incendios. —E incluso más agradable, conduce hasta un patio de la azotea. Sólo los apartamentos de la décima planta tienen acceso a ella. Allí hay una barbacoa y muchos muebles de patio. —Oooh, eso es increíble. Nos dirigimos a la cocina, donde Tucker abre la nevera para examinar el contenido. —¿Quieres algo de beber? Hay jugo, leche y agua. Y una tonelada de cerveza, pero no puedes beber eso. —Tomaré agua. —A medida que saca una jarra y me sirve un vaso, corro una mano sobre las impecables encimeras—. Está muy limpio aquí. —Sip. Una de las cualidades redentoras de Brody es que le gustan las cosas limpias. Ya sabes, porque las pollitas se apagan por la ropa en el suelo. —No está equivocado. —Todo el árbol de decisiones del hombre consiste en «¿esto me hará follar?» Sonrío. —La previsibilidad puede ser agradable. —¿Te importa si tomo una cerveza?

234


—Hazlo. ¿Dónde está, de todos modos? ¿En el trabajo? —Sip. Trabaja de nueve a cinco en Morgan Stanley. Está en la planificación financiera, que, de todo lo que puedo entender, es básicamente la venta de anualidades a los ancianos. Tomo un sorbo de mi agua, mientras Tucker abre una cerveza para él. En el mostrador cerca del microondas hay un montón de folletos coloridos apilados en la parte superior de carpetas de una pulgada de espesor. —¿Qué son estos? —Trazo mis dedos sobre la parte superior que dice «Adecuado. Tu tiempo. Su Tiempo. En cualquier momento.» —Más prospectos. ¿O es prospectii? Escogí este material el otro día durante una expedición de investigación de negocios. —Pasa la mano a través de la pila, sacudiendo una hacia mí—. Esto es para un negocio de encerado y tratamiento con láser para mujeres. Hollis dijo que es como ser un ginecólogo sin tener que pasar por la escuela de medicina. Coño por días. Mis labios se contraen. —Sabe que sólo porque está encerando las partes íntimas de una chica no significa que llegue a tocarlas de nuevo, ¿verdad? —No, estoy bastante seguro de que piensa que le da un pase libre para follarlas. —Encantador. Hojeo un par de imágenes brillantes de largas piernas sin cabello junto al texto en negrita que declara que este láser en particular es la mejor cosa. Hmmm. Si Tucker compra un salón de depilación láser, tal vez me ofrezca los servicios de forma gratuita. Ya, mi vientre creciente está comenzando a hacer las tareas simples difíciles. Tengo que sentarme para afeitarme porque tengo miedo de caerme haciéndolo en una pierna, la danza flamenco de aseo en la ducha. Tucker voltea sobre otro folleto. —Éste es para vender palas. Puerta a puerta. Hago una mueca. —Eso suena horrible. ¿Hay dinero en eso? —Según los documentos de la franquicia, sí, pero tengo mis dudas. —¿Qué más tienes?

235


—Juguetes sexuales, lavandería, clubes de fitness, un millón de opciones de comida. Rápido y casual está de moda. —Suenas un gran cero entusiasmado por todos ellos. —Lo sé. —Recoge los panfletos en una pila y los lanza en una papelera de reciclaje—. Tal vez una franquicia no es para mí. Mordisqueo mi labio inferior, dudando por un momento. —¿Qué harías si no fuera por esto? —Enrolo mi mano alrededor de mi vientre. —Colgando de mi corbata —dice—. Mamá quería que comprara el negocio del agente inmobiliario local... Me muerdo el labio con más fuerza. —…pero prefiero encerar el culo de algún tipo que vender casas en Patterson, para que puedas quitarte esa mirada de ansiedad. Su mirada vuelve a mi vientre. Desde el ultrasonido, no puede dejar de mirarla fijamente. No estoy mucho mejor. Siempre tengo mi mano sobre la curva o debajo de ella, y ahora se siente aún más especial porque sé que mi niña está justo debajo de mi palma. Subo al taburete y gesticulo para que se acerque. —¿Quieres tocar? —Siempre. —Se balancea alrededor del mostrador para agacharse frente a mí, sus manos enmarcando la barriga a cada lado—. Hola preciosa. Papá está aquí. —Me mira, el cabello castaño rojizo, los ojos color castaño claro llenos de afecto—. ¿Ha estado pateando? —Algo —digo, tirando de su mano hacia el lado donde el bebé a menudo intenta salir de mi útero—. Prueba aquí. Esperamos, reteniendo la respiración. La mano de Tuck se presiona firmemente contra mí, y el calor de su palma se hunde en mi piel, extendiéndose hasta que todas mis terminaciones nerviosas comienzan a hormiguear. ¡Inapropiado! Está hablando con su hija, no tratando de acariciarte. Excepto... se siente tan bien. Tucker y yo no hemos dormido juntos en meses. Y últimamente, follarlo es todo en lo que puedo pensar. Claro, eso es lo que me metió en esta condición en primer lugar, pero por la noche, cuando el bebé me mantiene despierta, recuerdo cómo se sentía él

236


entre mis piernas. Sus muslos cobijados por el vello arañando contra mi piel mientras se zambullía en mi interior. Recuerdo el grosor de su polla y la forma deliciosa en que me estiraba cuando entraba. Recuerdo sus dientes en mi pecho, raspando hacia abajo hasta que cogía un pezón en su boca. Lo recuerdo todo y hace que mi respiración se corte y mi piel tan sensible. Los dedos en mi estómago se aprietan. —Sabrina —dice bruscamente—. ¿Qué estás pensando, cariño? Mi mirada desenfocada se cierra en su rostro. Mientras me lamo los labios, recuerdo el peso de su eje en mi lengua. —Tú. Su respiración se engancha. —¿Yo como tu amigo o yo como algo más? —Algo más —susurro. Lentamente arrastra sus manos por mi estómago hasta la parte superior de mis muslos. Mis piernas se separan involuntariamente, y sus pulgares rozan la cintura de mis pantalones de yoga. —Sé específica —susurra de regreso. De repente soy transportada a la primera noche que pasamos juntos, cuando él se relajó como un sultán en su camioneta diciéndome; no, ordenándome, que tomara lo que quiero. —Estoy pensando en tu polla en mi boca. Sus dedos se clavan en mis muslos. —¿De verdad? Porque pienso en lo mucho que quiero bajarte los pantalones y lamer tu coño hasta que toda esa preocupación salga de tu cabeza. Dijo coño apretado a sus palabras. —Estoy... maldita sea, estoy gorda ahora. —No. Eres perfecta. —Entonces se levanta, alzándome contra él. —Espera. —Me retuerzo en sus manos—. Soy demasiado pesada. —Estás llena de tonterías —replica y se dirige a la sala de estar. Sin soltarme, me acuesta en el sofá de cuero negro. Gruño en protesta.

237


—¡Este es el sofá de tu nuevo compañero de cuarto! —Lo que mi nuevo compañero de cuarto no sabe no le hará daño. Ahora desnúdate. Tengo hambre, mujer. Toda la sangre de mi cuerpo pulsa bajo su mirada caliente. Nos miramos el uno al otro por un momento, y luego nos apresuramos a salir de nuestra ropa. Su camisa sale y es lanzada a través de la habitación. Mi camisa y mis pantalones le siguen. Sus pantalones vaqueros y calzoncillos boxer son los siguientes. Cuando me quito el sostén, él maldice. —Santa mierda. —Hay una nota de admiración en su voz mientras se adelanta para unirse a mí en el sofá. Su polla dura se sacude con cada paso que toma. —Lo sé. Han crecido. Se arrodilla entre mis piernas, alcanzándome para cubrir mis pesados senos. —Son jodidamente increíbles. Me estremezco cuando sus pulgares se frotan con mis pezones erectos. —Y muy sensibles —jadeo. Un destello maligno enciende sus ojos. —¿Piensas que puedes venirte si los chupo? —No lo sé. —Arrastro una mano por su cabello—. Vamos a averiguarlo. Sin demora, su boca se engancha a un pecho mientras su mano aprieta el otro. El duro tirón de su boca me hace arquearme en los cojines. Oh Dios. Es como si hubiera una línea directa entre su lengua y mi coño. Cuando él gime, lo siento por todas partes. Mis caderas se alejan del sofá, buscando presión para aliviar el dolor, pero no encontrando nada. —Fóllame —le ruego. Cae sobre su culo y me tira sobre él, de alguna manera nunca perdiendo el contacto con mis pechos. Me acerco a él y trato de frotar mi núcleo húmedo contra su polla, pero mi estúpido vientre se interpone en el camino y un gemido de frustración escapa. Su respuesta es deslizar una mano entre nosotros. Empujando mis bragas a un lado, sus dedos encuentran mi piel resbaladiza y comienzan a frotar. Dos dedos se deslizan a lo largo de mi coño mientras que su pulgar rasguea mi clítoris como una cuerda de guitarra. Y de repente es casi demasiado. Me

238


vengo en una racha de placer sin sentido, gimiendo su nombre, e incluso cuando floto hacia abajo de la bienaventurada altura, todavía no es suficiente. Me acerco y le doy a su polla un golpe desesperado. —Esto —jadeo—. Quiero esto. —Sí, señora. Con una brillante, hambrienta mirada, desgarra mis bragas y me pone sobre mi espalda. Luego agarra su eje y lo guía a mi entrada. Aspiro un suspiro al primer empujón de su ancha cabeza extendiéndome. Se detiene abruptamente en medio del deslizamiento. —¿Estás bien? Puedo ver sus brazos tensándose mientras su lujuria empuja fuertemente contra su autocontrol. Sin embargo, quiero ser tomada con fuerza. Quiero que me recuerde que soy hermosa, que soy digna de lujuria, que todavía estoy balanceando su mundo. Curvo mis piernas alrededor de sus caderas e intento tirar de él más profundo. —Estoy más que bien. Necesito que me folles. Por favor. La feroz mirada que pasa por su rostro es impresionante. Se engancha profundo, duro y caliente, llenándome con su polla hasta que eso es todo lo que sé. No lo he sentido tan cerca de mí de esta manera en tanto tiempo. Se siente como... un regreso a casa. Su boca encuentra mi cuello, la tierna piel detrás de mí oreja. Traza besos húmedos a lo largo de mi hombro y clavícula. Chupa mi pezón de nuevo, y las estrellas parpadean delante de mis párpados cerrados. Una mano se desliza debajo de mi culo, me sostiene ligeramente del sofá, y sus caderas se mueven, golpeando, golpeando, golpeando hasta que golpea ese punto que me tiene gritando otra vez. Es implacable, hundiéndose dentro de mí una y otra vez. La cabeza de su eje se frota contra ese suave paquete de nervios dentro de mí hasta que soy un jadeante y retorcido desorden. —Te extrañé. —Se ahoga—. Tan jodidamente mucho. No lo digo porque he olvidado cómo hablar. El placer es demasiado intenso, empañando mi cerebro. Él continúa haciendo estragos en mis pechos, uno y luego el otro. Y entonces se sienta, se apodera de mis caderas y empuja más y más duro que antes.

239


El cuero debajo de mis hombros me irrita la piel. Mi cabello está pegado a mi rostro y me cuesta trabajo cada respiración, pero nada de eso importa, ya que estoy perdida en el torbellino de sensaciones. Todo lo que registro, lo único que sé, es él. Qué bien se siente, cuánto mi cuerpo lo anhela, cuánto late mi corazón por él. Cómo estoy profundamente enamorada de él. —Vente para mí —gruñe—. Vente en mi polla, Sabrina. El placer se acumula dentro de mí hasta que finalmente detona, rompiendo mi compostura, derritiendo mi cuerpo. Tucker inclina la cabeza hacia atrás y gime su propia liberación, mientras estoy acostada un desastre arruinado debajo suyo. Cómo encuentra la fuerza para levantarse y caminar a la cocina, no lo sé. Estoy demasiado fuera de ello para hacer cualquier cosa, más que murmurar un gracias cuando vuelve con algunas toallas de papel húmedas y limpia suavemente la humedad que gotea por mi muslo. Antes de que pueda protestar, se une a mí en el sofá y arroja una manta sobre nuestros cuerpos desnudos. Empuja un brazo bajo mi cabeza y me envuelve en su calor, mientras rezo para que este no sea el día en que Brody Hollis decida regresar a casa temprano del trabajo. Mientras Tucker me acaricia el cabello, las palabras de amor que se sientan como plomo en mi garganta luchan por salir, pero las trago de vuelta. Fue sólo sexo. Ambos necesitábamos esa liberación, eso es todo. No puedo leer nada más, y ni siquiera puedo confiar en mis propios sentimientos en estos días, no con todas las hormonas del embarazo corriendo desenfrenadamente en mi sangre. Me acurruco en su cuerpo humedecido por el sudor. Esto es suficiente para mí. Lo que me pueda dar es suficiente. No pediré más. —¿De qué estaban hablando tú y el médico antes? —pregunto finalmente. Se ríe entre dientes. —Esto. —¿Esto? —Sí, esto. —Llega debajo de la manta y pellizca uno de mis pezones—. Le pregunté si se nos permitía tener sexo. Mi mandíbula cae. —¿Has pedido permiso a nuestro obstetra para follarme?

240


—Quería asegurarme de que no le hiciera daño al bebé —protesta—. Por Dios. Perdón por ser un padre preocupado. No puedo evitar sonreír. Los dos nos quejamos de disgusto cuando un teléfono suena. Es el suyo, y se inclina a regañadientes por el lado del sofá en busca de sus pantalones. Saca el teléfono y luego se acurrucó junto a mí otra vez, pasando un dedo por la pantalla. Sintiéndome curiosa; bien, entrometida, echo un vistazo a la pantalla. Y suelto un grito horrorizado. Saliendo disparada a una posición sentada, arranco el teléfono de la mano de Tucker. —¡Oh Dios mío! —grito—. ¿Qué es eso?

241


Traducido por Annette-Marie y Juliette Corregido por lili-na

Tucker Sé que no debería reírme. La madre de mi hijo está molesta. Lo último que debo hacer es reírme de ella, pero la horrorizada expresión en su rostro no tiene precio. —¡Tucker! —Me golpea el hombro—. Deja de reírte y dime qué diablos es eso. Observo la imagen y lo pierdo de nuevo. —Es reconfortar —gruño. Sabrina me golpea de nuevo. —Logan —me ahogo—. Hizo esto para el bebé. Es la prueba reconfortar. —Lo juro por Dios, Tuck, si no empiezas a darle sentido, voy a enviar esta fotografía a la policía y decirles que soy víctima de un crimen de odio. Hipeo incontrolablemente. —¡Tucker! Jadeando, logro sentarme. Toso durante un minuto completo para sacar el humor de mi sistema. Entonces miro a la cosa rellena en la pantalla. Creo se supone debe ser un oso de peluche, pero en algún lugar durante el proceso, la mierda terminó horriblemente mal. La costura es algo sacado de una película de Tim Burton. Uno de los ojos es un botón mientras que el otro tiene un estilo de asesino serial en X cosido con hilo negro. Hay un pedazo de pelaje que falta al lado de su cabeza, y los brazos y piernas son todos de diferentes tamaños. Debajo de la fotografía, Logan escribió: Grace piensa que esto asustará al BB. Está equivocada, ¿verdad? Ella no está equivocada.

242


—¿Por qué Logan nos hizo esto? —pregunta Sabrina. Resoplo. —Está compitiendo por ser el padrino. —¡Comienza a tener sentido! Tragándome otro rugido de risa, aclaro apresuradamente. —Tanto él como Garrett quieren ser el padrino de nuestro bebé. Sin pensar hice esta estúpida broma sobre cómo voy a hacerlos competir por el título, y ellos decidieron que era una gran idea. Así que ahora están compitiendo. Sabrina arquea una ceja. —¿Y alguna vez pensaste que tal vez no quiero que ninguno de ellos sea el padrino del bebé? —Por supuesto. Pensé que hablaríamos de ello en algún momento, pero honestamente, creo que Garrett y Hannah serían excelentes padrinos. —Van a tener que pelear por ello con Hope y Carin. ¿Pero ya estás eliminando a Logan? Mi mirada vuelve al teléfono. —Um. Sí. Finalmente ella se quiebra en una sonrisa. —Está bien. Entonces, ¿cómo funciona esta competencia? Suspiro. —Es complicado. Estúpidamente complicado. —Eso no me sorprende ni en lo más mínimo —dice alegremente. —Hay cinco, no sé, categorías, supongo. Cada una está diseñada para mostrar una habilidad necesaria para los padres. —Jesús. No puedo creer que esté diciendo esto ahora mismo. Ya había tenido que pasar a través de la ridícula explicación de Logan. Siento que estoy respaldando al loco repitiéndolo. Sabrina, sin embargo, luce fascinada. —¿Cuáles son las categorías? Escaneo mi cerebro.

243


—Reconfortar. Saber estar bajo presión. Sistema de apoyo sólido. Mmm...finanzas. Y...mierda, no puedo recordar la última. —¿Cómo comprar un animal de peluche es un signo de comodidad? —¿Comprar? Cariño, esa criatura es casera. Ellos tienen estos kits de costura para crear-tu-propio-animal. Su mandíbula cae. —Oh Dios mío. Eso es...dedicación. —Son jugadores de hockey. La dedicación está en nuestro ADN. —¿Cómo saben quién gana? ¿Se les otorgan puntos? —Se supone que debo elegir un ganador en cada categoría. —Porque mis amigos me odian, aparentemente. —¿Te mostraron copias de sus declaraciones de impuestos para determinar quién gana en el departamento de finanzas? —pregunta secamente. —Naah. Pero ese es un empate porque ambos estarán jugando para los profesionales. Lo mismo ocurre con el sistema de apoyo, no había manera de elegir entre Hannah y Grace. Me gustan mis pelotas donde están. Ella ríe. —Entonces, ¿quién gana en ―reconfortar‖? —A menos que Garrett cosa algo incluso más de pesadilla que eso... — Señalo con un pulgar a mi teléfono—. Estoy bastante seguro de que él ganará esta ronda. —Tus amigos son jodidamente extraños, Tucker. Lo sabes, ¿verdad? —Soy bien consciente de ello. —Dudo un instante—. Oye, ¿estás trabajando en la oficina de correos mañana por la tarde? —No. ¿Por qué? —Esperaba que pudieras venir a casa y ayudarme a empacar algunas cosas. Los chicos estarán ahí. Y Hannah, Grace, tal vez Allie. Alquilé un UHaul31 así que todo el mundo me está ayudando a cargar los muebles que 31

U-Haul: Es una compañía que posee vehículos grandes como camionetas o camiones de carga que las personas pueden rentar para transportar muebles y otras posesiones mientras se muda de casa. Todo lo anterior sin necesidad de contratar empleados que hagan los movimientos por ti, el trabajo lo hace uno mismo.

244


estoy llevándome. —Me apresuro a añadir—. Obviamente no voy a dejar que levantes nada pesado, pero pensé que podrías ayudar con las cosas ligeras, como la ropa. Pediremos unas pizzas, así que habrá comida... —Dejo que la palabra comida cuelgue seductoramente, porque sé cuán voraz ha sido su apetito últimamente. Pero la frente de Sabrina se arruga con reticencia. —¿Estás seguro de que no les importará que esté ahí? —Por supuesto que no. Realmente quieren conocerte. Wellsy estaba diciendo el otro día cuán aburrida está porque nunca vienes. —¿Wellsy? —dice inexpresivamente. —Hannah. Su apellido es Wells, así que Garrett la llamó Wellsy. —Y de repente me preocupa que haya estado con Sabrina desde el invierno y casi no sabe nada sobre mis mejores amigos. —No lo sé, Tuck... —¿Por favor? —Le lanzo mi mejor sonrisa—. Significaría mucho para mí. —Oh. —Su expresión se derrite como la mantequilla en el sol—. Está bien. Iré. * Sabrina se mantiene fiel a su palabra y se presenta en mi casa alrededor de las dos del siguiente día. Cuando llega, casi choca de refilón contra el colchón que Logan y Fitzy están llevando al camión de mudanzas. Es un caos. La saco de su camino y planto un beso justo en sus labios. —Hola, cariño. Gracias por venir. Un rubor se eleva en sus mejillas cuando se da cuenta de que Hannah y Grace están de pie detrás de mí y han presenciado el beso. Yo, por otro lado, no me importa si nos presencian follando contra la maldita pared. Sabrina se ve tan jodidamente hermosa en su vestido de verano color azul estampado de flores, y con el oscuro cabello recogido en una coleta baja. Estos dos últimos meses sus mejillas han estado permanentemente rosadas, dando crédito a toda esa cosa del resplandor del embarazo. —Oye —dice, su tono extrañamente tímido. Le presento a las chicas. La saludan con calidez, y Sabrina se contagia rápidamente también. Al parecer, ya conoce a Hannah de la cafetería, y Grace

245


tiene un lindo hábito de balbucear cuando está nerviosa, por lo que está hablándole al oído a Sabrina antes de que las presentaciones hayan terminado. —¿Quieres algo de beber? —Le ofrezco, guiándola a la cocina mientras Hannah y Grace nos siguen. —No, está bien. Sólo ponme a trabajar. —De todos modos, íbamos a tomar un descanso. Fitzy se presentó antes de lo planeado y tiene que irse en una hora, así que ya hemos sacado todos los muebles de mi habitación. Todo lo que queda es vaciar mi armario y cajones. —La empujo hacia una silla—. Siéntate. ¿Agua está bien? —Por supuesto. Cuando Hannah y Grace se unen a ella en la mesa, no me pierdo la forma en que ambas miran fijamente hacia el estómago de Sabrina. Está claramente embarazada, pero no lo bastante para parecer una sandía-gigante todavía. ¿Tal vez un balón de fútbol? De cualquier manera, mi hija está ahí, y cada vez que pienso eso, el orgullo llena mi pecho. Mi hija. Cristo. La vida es extraña e impredecible, y locamente increíble. —¿Cómo te sientes? —le pregunta Hannah a Sabrina—. ¿Sigues con los malestares matutinos? —No, eso se detuvo hacer un par de meses. Estos días sólo estoy agotada, hambrienta, y tengo que ir al baño cada dos minutos. Oh, y es cada vez más y más difícil ver mis pies. Lo cual es probablemente una buena cosa porque creo que están hinchados al doble de su tamaño. —Ah, eso apesta —dice Grace con simpatía—. Pero por lo menos tienes un adorable milagro de mejillas-regordetas, por todo tu dolor y sufrimiento. Es una compensación decente, ¿verdad? —¡Ja! —sonríe Sabrina—. Qué tal si te llamo a las tres de la mañana cuando mi milagro de mejillas-regordetas esté gritando con todos sus pulmones y entonces puedes decirme si es una compensación decente. Hannah ríe. —Ella te tiene, Grace. Entrego a Sabrina un vaso de agua y luego me inclino contra el mostrador, sonriendo mientras las chicas continúan bromeando sobre todas las cosas ―maravillosas‖ que Sabrina y yo podemos esperar: no dormir, cambiar pañales, cólicos, dentición.

246


Sinceramente, nada de eso me asusta. Si no tienes que trabajar duro por algo, entonces ¿cómo puede ser verdaderamente gratificante? Pasos se acercan a la cocina. Garrett entra y se seca el sudor de la frente. Cuando advierte a Sabrina, se ilumina. —Oh bueno. Estás aquí. Espera, tienes que agarrar algo. Ella se vuelve hacia mí como diciendo: ¿Me está hablando a mí? Él ya se ha ido, sin embargo, sus pasos golpetean al subir las escaleras. En la mesa, Hannah pasa una mano por su cabello y me da una mirada suplicante. —Sólo recuerda que es tu mejor amigo, ¿de acuerdo? Eso no suena amenazador. Cuando Garrett vuelve, está sosteniendo un bloc de notas y un bolígrafo, que pone sobre la mesa mientras se sienta frente a Sabrina. —Tuck —dice—. Siéntate. Esto es importante. Estoy tan desconcertado en este momento. La expresión resignada de Hannah no ayuda a disminuir la confusión. Una vez que estoy sentado junto a Sabrina, Garrett abre el bloc de notas, todo negocios. —Bueno. Vamos a repasar los nombres. Sabrina levanta una ceja hacia mí. Me encojo de hombros, porque legítimamente no sé de qué diablos está hablando. —He preparado una sólida lista. Realmente creo que les gustarán estos. — Pero cuando baja la vista hacia la página, su rostro cae—. Ah, mierda. No podemos usar ninguno de los nombres de niños. —Espera. —Sostiene Sabrina una mano arriba, su frente fruncida—. ¿Estás eligiendo nombres para nuestro bebé? Él asiente, ocupado, moviendo la página. La mamá de mi bebé me mira. Me encojo de hombros otra vez.

247


—Sólo por curiosidad, ¿cuáles eran los nombres de niños? —Se esconde Grace, claramente luchando con una sonrisa. Él se anima otra vez. —Bueno, el principal candidato era Garrett. Me río lo suficientemente fuerte como para sacudir el vaso de agua de Sabrina. —Uh-huh —digo, jugando—. ¿Y cuál era el subcampeón? —Graham. Hannah suspira. —Pero está bien. Tengo algunos nombres de niña que son estupendos también. —Golpea su pluma en la almohadilla, se encuentra con nuestros ojos, y emite dos sílabas—. Gigi. Mi mandíbula cae. —¿Me estás tomando el pelo? No voy a nombrar a mi hija Gigi. Sabrina está desconcertada. —¿Por qué Gigi? —pregunta lentamente. Hannah suspira nuevamente. El nombre hace clic en mi cabeza. Oh, por el amor de Dios. —G.G. —murmuro a Sabrina. Como en Garrett Graham. Ella está en silencio por un tiempo. Luego se echa a reír, provocando risas de Grace y eventualmente Hannah, que sigue sacudiendo la cabeza a su novio. —¿Qué? —pregunta Garrett a la defensiva—. El padrino debería tener voz en el nombre. Está en el libro de reglas. —¿Qué libro de reglas? —exclama Hannah—. ¡Haces las reglas a medida que avanzas! —¿Y qué? —Además, aún no has sido coronado padrino —respondo con una sonrisa, justo cuando Fitzy y Logan entran en la cocina. Doy un puñetazo hacia Logan—. Este idiota todavía está en la carrera. —En realidad... —Garrett nos emite—. Logan está fuera de carrera.

248


Me tuerzo en mi silla para mirar a nuestro compañero de equipo. —¿Desde cuándo? La expresión de Logan desaparece instantáneamente. —Decidí rendirme —murmura—. Es una gran responsabilidad. Un fuerte resoplido suena desde Garrett. —¿Decidiste retirarte? ¿Es así como lo llamamos? Logan lo mira furioso. —Es como lo llamamos porque es verdad. —¿Sí? —Garrett se levanta de un salto—. Vuelvo enseguida. Sabrina y yo intercambiamos miradas perplejas cuando sale de la cocina. Lo oigo moverse por la sala. Un momento después, vuelve a aparecer y alza las manos frente al rostro de Logan. —Entonces, ¿cómo explicas esto? Sabrina aúlla horrorizada. Yo, estoy muy curioso de saber por qué Garrett sostiene una muñeca recién nacida. Que le falta su cabeza, por cierto. —¿Te la has llevado a casa? —Logan suena indignado. —Claro que lo hice. ¿Qué uso iban a tener allí? No tiene cabeza, hermano. —¿Dónde es 'allí'? —pregunto con cuidado, aunque no estoy seguro de querer saber la respuesta. —RCP neonatal —explica Garrett—. Hicimos un curso en el centro de salud del campus esta mañana. —¿RCP neonatal? —Sabrina niega con la cabeza, aturdida. —Era la prueba saber estar bajo presión. —Sonríe Garrett con satisfacción—. La cual él falló. Yo, por supuesto, pasé con gran éxito. —¿Es culpa mía no conocer mi propia fuerza? —protesta Logan. —¡Sí! —dice Garrett en un arranque de risa—. Eso es totalmente tu culpa. —Sostiene la muñeca y la agita en tono burlón—. Muéstrame en la muñeca donde está tu cerebro. Oh, claro, no puedes. Porque la has decapitado.

249


Sabrina se vuelve hacia mí. —¿Podemos subir y empacar ahora? —Ustedes están asustando a Sabrina —gruñe Hannah ante los idiotas—. Amor, guarda esa muñeca. Y Logan, recuérdame que nunca te deje cuidar a mis futuros hijos. —Con eso, vuelve a centrar su atención en Sabrina—. Bien, suponiendo que estamos poniendo un alfiler en Gigi, ¿en qué otros nombres están pensando? Sabrina y yo intercambiamos otra mirada. —Ni siquiera hemos hablado de ello —admite. —¿Hay nombres que les gusten en general? Sabrina lo reflexiona. —Me gusta el nombre Charlotte. —¡Oh, me encanta! —exclama Grace—. Charlotte Tucker. Tiene un buen anillo. —Charlotte James —corrige Sabrina. La miro. —Su apellido va a ser Tucker. —No, no es. Va a ser James. —-¿Qué pasa con Tucker-James? —grita Fitzy mientras toma una cerveza de la nevera. —No —decimos al unísono. No porque estemos en contra de guiones, sino porque ambos somos idiotas. No me di cuenta de que me sentía tan fuertemente acerca de mi hija teniendo mi apellido, pero lo hago.Demonios, si fuera por mí, Sabrina también tendría mi apellido. Pero eso nos obligaría a casarnos, lo que me obligaría a pedírselo, y estoy bastante seguro de que ella huiría a otro continente si lo hiciera. Podríamos estar durmiendo juntos de nuevo, pero puedo decir que todavía está luchando contra la idea de que estamos en una relación real. Por alguna razón, la tonta chica piensa que tiene que hacer todo sola. —Está bien. —Sonríe Hannah—. ¿Qué tal si presentamos la discusión del primer nombre hasta que hayan solucionado el dilema del apellido?

250


Eso suena como una buena idea. Lo último que quiero hacer es discutir con Sabrina delante de todos mis amigos. —Vamos arriba y empaquemos un poco —le digo a Sabrina. Asintiendo, me permite ayudarla a salir de su silla. Desde su posición en el mostrador, la expresión de Garrett se vuelve triste. —No puedo creer que te mudes. Pongo los ojos en blanco. —Ustedes se están mudando también. —Sí, pero no en dos semanas más. Me doy cuenta de que Logan se ve igualmente deprimido ante la perspectiva de mi partida hoy. Querían hacerme una fiesta de despedida, pero dije que no, porque técnicamente esto no es un adiós. Sólo me estoy mudando a Boston, que es donde ambos estarán en unos meses de todos modos. Sin embargo, Dean se dirige a Nueva York. Él está abandonando la facultad de derecho y consiguió un trabajo de enseñanza en una escuela preparatoria. Allie consiguió un papel en un programa de televisión que está filmando en Manhattan, así que supongo se mudaran juntos. Sinceramente, estoy en partes iguales triste y aliviado de que Dean viva en otro estado. No ha apoyado exactamente mi paternidad inminente, pero sigue siendo uno de mis mejores amigos, maldita sea. —¿Han decidido quién tiene el dormitorio principal? Garrett está hablando con Fitzy ahora, que encoge sus tatuados hombros. —Yo. Obviamente. —No lo sé —advierte Logan—. Hollis y el estudiante de primer año van a intentar pelear contigo por ello. Fitzy alza una ceja y luego flexiona sus grandes bíceps. —Déjalos. Ahogo una risa. Sí, Hollis y Hunter no tienen ninguna oportunidad contra Colin Fitzgerald. Sin embargo, teniendo en cuenta lo persona privada que es, todavía estoy sorprendido de que accediera a hacerse cargo de nuestro contrato de arrendamiento con ellos. Me imaginé que buscaría otro sitio por su cuenta, pero supongo que Hollis le torció el brazo.

251


Sabrina y yo nos dirigimos arriba, donde deslizo la mirada sobre mi habitación vacía. La cama se ha ido y no hay sitio donde sentarse. Me doy cuenta de que Sabrina se frota la parte baja de la espalda, así que hago una nota mental para no dejarla permanecer de pie durante demasiado tiempo. —Está bien —dice con una voz decisiva mientras abre la puerta del armario—. ¿Debemos doblar todo bien? ¿O simplemente tirarlo en las cajas en cualquier manera? —¿Qué cajas? —Deslizo un contenedor de cartón de bolsas para basura— . La ropa va aquí. —Oh Dios mío. Estas siendo muy masculino. —¿Lo soy? —Sonriendo, paso una mano por mis abdominales y luego agarro mi paquete por encima de mis vaqueros—. ¿Quieres inspeccionar la mercancía para asegurarte? —¿Me has pedido que viniera a empacar o a follar? —¿Ambos? Agita una mano alrededor de la habitación. —No hay cama. —¿Quién necesita una cama? —Mi pobre gordo cuerpo embarazado lo hace —responde Sabrina con una sonrisa de autodesprecio. —¿Qué te parece esto? —Contrarresto—. Empaquemos lo más rápido que podamos, y luego te seguiré de regreso a Boston y podremos follar una tormenta en tu gran cama cómoda. Se pone de puntillas y me besa en los labios. —Trato. *

Sabrina Estaba un poco nerviosa acerca de pasar tiempo con los amigos de Tucker, pero en realidad no tenía nada de qué preocuparme, porque son bastante impresionantes. Hannah y Grace son tan fáciles de hablar. Garrett y Logan son histéricos, y mucho más relajados de lo que esperaba. Quiero decir,

252


son excelentes jugadores de hockey. ¿No deberían ser todos tan soberbios como ... —Necesitamos hablar. Como este tipo. Me pongo rígida cuando Dean Di Laurentis aparece en la puerta. Tucker solo salió para decir adiós a Fitzy, dejándome para vaciar el último cajón de la cómoda por mi cuenta, pero dejo de hacer lo que estoy haciendo cuando Dean entra y cierra la puerta tras de sí. La mera visión de él me irrita. No es justo que alguien tan estúpido sea tan ridículamente atractivo. Objetivamente, Dean es probablemente el tipo más guapo que he visto fuera de una pantalla de cine. Tiene cabello rubio, rasgos de modelo masculino cincelado, un cuerpo espectacular. Y es encantador como el infierno, así es como me metió en la cama en primer lugar. Bueno, eso y los tres daiquiris que bebí. Podría incluso haberlo visto de nuevo, si no hubiera sabido que él estaba durmiendo con nuestra TA a cambio de buenas calificaciones. —Lo hacemos, ¿eh? —arrastro—. ¿Y de qué tenemos que hablar, Richie? Se estremece, como siempre hace cuando uso el apodo burlón. Lo llamé Richie Rich después de descubrir que usa su dinero y busca adelantarse. —Sabes exactamente de qué tenemos que hablar. Arrugo la frente. —Si te refieres a esto… —gesticulo a mi estómago—, entonces no hay nada que discutir. Mi bebé y yo no somos de tu incumbencia. —Tucker es asunto mío —dice fríamente, cruzando los brazos sobre su musculoso pecho—. Quiero decir, maldita sea, Sabrina, siempre supe que eras una perra ambiciosa, pero no creía que eras egoísta. La ira sube por mi garganta. —Guau. Beau siempre trató de convencerme de que eras un tipo decente, pero estaba tan claramente equivocado. Dean suelta un suspiro. —Deja a Beau fuera de esto. Estamos hablando sobre Tucker y tú. —¿Realmente quieres pelear con una chica embarazada ahora mismo? Porque te estoy advirtiendo... mis hormonas están por todas partes. Podría arrancarte los ojos.

253


Parece imperturbable. —Estás jodiendo la vida de mi chico. ¿Realmente piensas que voy a quedarme de pie y dejarte hacer eso? Apretando los dientes, cierro el cajón de la cómoda e imito su pose, colocando mis brazos apretados sobre mis hinchados pechos. —Tucker es un adulto. También pasa a ser el padre de este bebé. Si quiere tener una mano en su crianza, no puedo exactamente detenerlo. La frustración nubla su expresión. —Esto arruinará toda su vida. ¿No entiendes eso? Está renunciando a todo lo que ha trabajado por una chica que ni siquiera lo ama. Mi mandíbula casi golpea el piso. ¿Dónde mierda sale él diciéndome esta mierda? —¿Qué te hace pensar que no lo amo? —replico desafiante. —Porque si lo hicieras, entonces ya tendrías un anillo en tu dedo. Tuck no hace las cosas a medias. Te ama, estás teniendo a su hijo... si pensara por un momento que lo amabas de regreso, estarías casándote en el Ayuntamiento antes de que este chico nazca. En su lugar, se quedará en Boston cuando todo lo que ha hablado desde primer año es regresar a Texas… La culpa me pica en la garganta. Duro. —Y ahora va a tomar el primer trabajo que encuentre, en lugar de abrir un negocio que en realidad se tomó el tiempo para investigar y pensar. —Niega con la cabeza Dean—. ¿No lo ves? Vacilo. Él tiene razón. Tucker no hace las cosas a medias. Y sin embargo, aquí está él, mudándose con un tipo que apenas le agrada, pensando en comprar franquicias de mierda que no le apasionan, y todo porque yo estaba tan dominada por la lujuria una noche que me olvidé de que "sólo la punta" es tan efectivo para golpearte como tener a un chico eyaculando dentro de ti. Está cambiando su vida entera por mí. Cambiando sus metas, sus planes y su estilo de vida para dar cabida a este bebé. Y yo fui quien le hizo hacer eso. A pesar de mi amenaza de arrancar los ojos de Dean, ya no me siento salvaje en absoluto. Me siento... destrozada. Tan destrozada, que soy incapaz de detener las lágrimas. Tan devastada, que caigo en pedazos justo en frente de Dean puto Di Laurentis.

254


Me hundo en el suelo y entierro mi rostro en mis manos, llorando tan fuerte que ni siquiera puedo respirar. Grito por aire mientras las lágrimas calientes deslizan por mis mejillas y empapan mis palmas. Soy un lío trémulo, patético, embarazoso, y no es hasta que una mano firme abraza mi hombro que me doy cuenta que Dean está sentado en el suelo a mi lado. —Mierda —murmura, sonando tan impotente como me siento—. No quise hacerte llorar. —Me merezco llorar —Me ahogo entre sollozos. —Sabrina... —Me toca el hombro otra vez. —¡No! —Me arranco de su agarre y lo miro fijamente con ojos llenos de lágrimas—. Tienes razón, ¿de acuerdo? ¡Estoy arruinando su vida! ¿Crees que estoy feliz por eso? ¡Porque no lo soy! —Trago rápidamente, tratando de recordar cómo respirar—. ¡Él es bueno y dulce y tan malditamente increíble y no merece tener su mundo al revés de esta manera! Debería estar haciendo todos estos planes ahora mismo y estar emocionado por graduarse de la universidad y comenzar un nuevo capítulo en su vida, y en su lugar esto es final de la maldita historia. ¡El mejor tipo de todo este planeta está atascado conmigo, para siempre, todo debido a lo que se suponía que sería una sola noche! Termino en un apuro jadeo, brutalmente limpiándome las lágrimas. A mi lado, Dean se ve totalmente atónito. —Ah, infierno —dice finalmente—. Lo amas. Cuelgo la cabeza. —Sí. —Pero no se lo has dicho. —No. —¿Porque diablos no? —Porque... —Mi rostro se derrumba de nuevo—. Porque estoy tratando de hacer esto lo más fácil que pueda para él. El amor complica las cosas, y la mierda es bastante complicada ahora mismo. Y… —¿Y qué? —pregunta Dean. Y no sé si también me ama. A veces pienso que lo hace, pero en el fondo de mi mente siempre hay una pequeña pepita de duda. Sinceramente, no estoy segura si Tucker quiere estar

255


conmigo porque me ama, o porque piensa que deberíamos estar juntos por el bien de nuestro bebé. —No importa —digo con voz ronca—. Tienes razón. Este bebé está arruinando sus planes. —Me limpio el rostro de nuevo—. Lo menos que puedo hacer es asegurarme de que no arruine más de lo que tiene que hacerlo. Asumiré la mayor parte de la responsabilidad. Eso liberará mucho de su tiempo para que pueda abrir un negocio que ame. Dean vacila. —¿Qué hay de Harvard? —Todavía voy. —La amargura se une a la tristeza que se aferra a mi garganta—. No te preocupes, tendrás tres años más para odiarme y llamarme perra. —De hecho, no estaré allí —confiesa. Arrugo la frente. —¿Desde cuándo? —Acepté un trabajo como maestro en una escuela privada en Manhattan. —Se encoge de hombros—. Me di cuenta de que la facultad de derecho no es donde quiero estar. —Oh. —Me pregunto por qué Tucker no mencionó eso, pero supongo que no me sorprende. Ya ha admitido que Dean no ha sido exactamente el Sr. Apoyo acerca del bebé. —Después de que Beau murió… —Comienza Dean, pero su voz se agrieta y se detiene para aclararse la garganta—, después de que murió, me volví un poco loco por un tiempo. Pero luego me arrastré fuera del agujero que cavé para mí y realmente hice balance de mi vida, ¿sabes? Asiento despacio. Joanna Maxwell había hecho lo mismo. La muerte de Beau también me hizo darme cuenta de lo importante que es la vida, de lo corta que puede ser. Me pregunto si perder a Beau fue un cambio de juego para todos los que lo conocían y se preocupaban por él. —También cambió cosas para mí —confieso. Es el turno de Dean para asentir. —Puedo decirlo. —Hace una pausa con tristeza—. A veces no puedo creer que tú y yo nos hayamos acostado. Parece que fue hace un millón de años. Manejo una risa.

256


—Sip. —Realmente amas a Tuck, ¿eh? —Sí. Deja escapar un fuerte suspiro. —Deberías decírselo. —No. —Trago—. Y tú tampoco vas a decírselo. —Necesita saber... —No —repito, más firme esta vez—. Lo digo en serio, Dean. No le digas nada. Me lo debes. El humor parpadea en sus ojos. —¿De dónde sacas? Levanto la barbilla. —No merecías esa A en Estadísticas de segundo año. —Ah. ¿Así que mantener la boca cerrada es mi castigo por la nota inmerecida? —¡Así que admites que fue inmerecida! —Por supuesto que lo fue. —Su tono se torna doloroso—. Confía en mí, hice todo lo que pude para tratar de que el profesor me reprobara. —Mierda. —Es verdad. Después de sacar una A en ese proyecto que hicimos juntos y que tú conseguiste solamente una B, me di cuenta de que la TA estaba jodiendo con mis notas. Le pedí al profesor que revisara todas mis pruebas y papeles, y resulta que se suponía que yo estaba reprobando. —Oh Dios mío. Lo sabía. —Aunque no me siento tan presumida como lo pensé que lo haría. Mi problema con Dean de repente se siente increíblemente sin importancia. Y, como dijo, como si sucedió hace un millón de años. —Bueno, yo no —dice francamente—. Sé que piensas que estaba deshuesando a la TA por las notas… —Parpadea una sonrisa—, pero la deshice porque ella tenía un gran estante y el culo más dulce. Pretendo amordazar antes de ir en serio. —¿Por qué no me dijiste nada de esto?

257


Él sonríe. —Porque no somos amigos. Sonrío de regreso. —Cierto. —Reflexiono sobre ello—. Pero tal vez deberíamos llamar al alto al fuego. —Jesús. ¿Se ha congelado el infierno? La vergüenza me hace cosquillas en el vientre. —Eres uno de los mejores amigos de Tucker. Estoy a punto de tener a su hijo. Tiene sentido que intentemos coexistir. —Tiene sentido —está de acuerdo. Dean salta del suelo y extiende una mano. Dudo un segundo antes de permitirle que me ayude a ponerme en pie. —Gracias. Un silencio incómodo se extiende entre nosotros, que no trato de llenar hablando, todavía no estoy convencida de que Dean no sea un playboy superficial, y estoy segura de que una parte de él todavía piensa que soy una perra. Pero la hostilidad se ha ido, y aunque nunca vamos a ser los mejores amigos, sé que Tucker apreciará si hago un esfuerzo para llevarme bien con Dean. Es lo menos que puedo hacer, considerando lo mucho que Tucker ya sacrificó por mí.

258


Traducido por LittleCatNorth y lili-ana Corregido por lili-ana y Anna

Sabrina Junio. —Santa mierda, los bebés necesitan un montón de mierda.—Se tambalea Carin dentro de mi habitación cargada con tres bolsas—. Creo que tu niñita hermosa sin llegar tiene más cosas que Hope. —No es posible —dice el novio de Hope, a quien acorralamos para que recogiera una cuna que encontré en una venta de garage en Dunham. Él y Tucker meten las piezasy miran alrededor del pequeño espacio. —¿Vas a acomodar todo aquí dentro?— pregunta D'Andre dudosamente. Froto una mano sobre mi barriga. Nada parece caber. No mi ropa. No mis zapatos. Y ahora, no la cuna. Mi dormitorio es lo suficiente grande para un escritorio y una cama pero no un escritorio, una cama y una cuna. Suspiro. —Supongo que el escritorio va a tener que irse. Tucker mantiene su boca cerrada, pero veo la frustración resplandecer brevemente en sus ojos. Hemos hablado sobre esto antes. Él quiere que me mude, pero me niego a hacerlo. Nos hemos establecido en una agradable rutina este último mes, en la que yo he estado haciendo exactamente lo que le dije a Dean que haría: tratar de hacer la vida tan fácil como sea posible para Tuck. No le pido nada. No lo dejo pagar o incluso dividir el costo de todas las cosas del bebé que estoy comprando. No lo llamo en medio de la noche cuando el bebé me patea hasta despertarme y mi espalda está palpitando. Y definitivamente no voy a comprometerme a un apartamento con él. Nunca seré capaz de permitirme algo decente y necesito pagar mi camino o esto nunca va a funcionar.

259


Aun así, pedirle a John Tucker que no ayude es como pedirle al sol que no salga. Viene a mis citas con el doctor, frota mi espalda y pies cada vez que estamos en el sillón juntos, lee tantos libros de bebé como podamos conseguir sobre nuestras manos, y siempre está buscándome pequeños bocadillo: medio litro de helado de galleta, una bolsa de Oreos con doble relleno, un frasco de olivas. Comencé a mantener mis antojos aleatorios para mí misma, porque si incluso daba un indicio de que algo sonaba tentador, Tucker entra en la camioneta en dirección a la tienda de abarrotes. —¿A dónde vas a estudiar?—pregunta Carin alarmada. D'Andre gruñe y trata de reajustar su agarre sobre la cuna. —Afuera, en la cocina— respondo. Apuntando hacia la puerta del armario, le pido a los chicos que bajen las piezas—. Allí encima, y entonces supongo que pondré este escritorio fuera, sobre la cuneta y esperaré que alguien lo recoja. Mientras los dos hombres maniobran las partes de la cuna dentro de la habitación, comienzo a limpiar los cajones del escritorio, lanzando papeles sobre la cama. Carin salta para ayudar. —Buena idea sobre Dunham —le digo a Tucker. Fue su idea ir hacia esa elegante ciudad veinte minutos fuera de Boston. Se encoge de hombros como si no fuera la gran cosa. —Miraba una propiedad por allí y el lugar más barato estaba a seis cifras. Noté que habría algunas cosas buenas para nosotros. —¿Qué estabas haciendo en Dunham?— pregunta D'Andre. —Buscando por algún negocio en venta. Estoy comprando uno con el dinero del seguro de mi papá.—Se agacha Tucker junto a mí y comienza a manosear a través de las piezas de la cuna. —¿Encontraste algo interesante? —Muchas franquicias, pero nada se siente correcto. No puedo verme haciendo sándwiches por el resto de mi vida, incluso si el estado de impuestos y ganancias son buenos. Podría comprar un par de alquileres pequeños. Buen dinero fluye con eso. D'Andre asiente. —Sí. Tú serías capaz de hacer la mayoría del mantenimiento también. ¿Qué más hay allí?

260


—¿En mi rango de precio? Mayormente negocios pequeños. Hay un par de gimnasios, muchos lugares de comida, y varias otras cosas que creo que son un gran drenaje de dinero. —Tienes que encontrar algo que te guste. —Tú lo sabes.—Salta Tucker sobre sus pies—. Voy a conseguir el resto de la mierda de mi camioneta. Le doy un distraído asentimiento mientras se va. En cuestión de segundos, tenemos el escritorio limpio. Hope y yo comenzamos a moverlo, pero D'Andre se precipita y me aleja. —¿Estás jodidamente bromeando conmigo? Ve allí y siéntate.—Niega con la cabeza—. Chica tonta. Del tamaño de una casa y aún está pretendiendo que no está embarazada —murmura, pero es lo suficiente fuerte para que todos en la habitación lo escuchen. Reprendida, Me dirijo a la cama para comenzar a clasificar cosas. Voy a tener que limpiar mi armario y los cajones del vestidor porque, como Carin dijo, los bebés requieren un montón de mierda. Los pañales están ya listos apilados en el rincón del armario, fueron un regalo de Hope. No puedo imaginar usar todos ellos, incluso si los libros dicen que cambias un pañal de seis a diez veces en un día. El libro que recogí en la tienda de libros usados era viejo, así que supongo que alguna de las informaciones están desactualizadas. Porque, ¿de seis a diez veces en un día? ¿Quién tiene tiempo para eso? Tucker tiene algunos libros más nuevos, así que puedo comparar notas con él más tarde. Hope se une a mí sobre la cama. —Con más posibilidad de ser una abogada, 8vo grado.—Hace una mueca—. Eras un barril de risas cuando eras niña, ¿verdad? Le arrebato el estúpido certificado fuera de su mano. —Apestaba en ciencia pero no me importaba decirle a la gente exactamente lo que pensaba de ellos, así que doctora estaba fuera y abogada estaba dentro. —Creo que eso habla de anfitriona de programa, no abogada.—Se estira para deslizar su mano a través de mi estómago—. ¿Cómo está nuestro bebé hoy? —Durmiendo. —Quiero sentirla patear. Despiértala.

261


Hope tiene la fiebre del bebé. Cada vez que la veo, quiere frotar mi barriga como si yo fuera la estatua del Buda de la suerte en un restaurante chino. Desafortunadamente para Hope, el bebé y yo no estamos en el mismo horario. Cuando yo estoy moviéndome, ella está durmiendo. En el momento en que entro a la cama, ella decide despertar. La doctora Laura me dijo que era porque mi movimiento arrulla al bebé para dormir. Todo eso es genial y bueno, pero no me ayudaba a conseguir una buena noche de sueño, ¿cierto? —¿Cómo se supone que haga eso? ¿Con saltos de tijera? —¿Eso haría al bebé caer fuera? Como si estuvieras cerca de tu fecha de parto, ¿podrías sacudir, sacudir, sacudirlo fuera?—Retuerce Carin sus brazos como si fuera un miembro del equipo de baile de Taylor Swift. La miro. —Por favor dime que cualquiera que sea el campo científico que termines estudiando en la escuela de posgrado, no será importante. Carin me enseña el dedo y se menea en su camino a través de la habitación antes de inclinarse a recoger una de las valijas que llenamos en Goodwill. La bota sobre el suelo y comienza a ordenar los blancos de los colores. Acordamos en la tienda que todo tenía que ser lavado en el agua más caliente posible para darle el aroma de alguno de los artículos. —¿Sabías que cuando el bebé comienza a moverse eso es llamado el avivamiento?—dice Hope. Rio disimuladamente. —Así que, ¿ella va a emerger fuera de mi estómago con una espada declarando que allí puede haber sólo uno? —Posiblemente. Mujeres han muerto en el parto, ¿correcto? El bebé es esencialmente un parásito. Vive sacando tus nutrientes, debilitando tu energía.—Golpea la parte inferior de una percha contra su labio—. Así que sí, creo que la consigna del Highlander podría encajar. Carin y yo la miramos con horror. —Hopeless, puedes cerrar tu boca en cualquier momento de ahora — ordena Carin. —Sólo estaba diciendo, desde el punto de vista médico, eso es una posible teoría. No aquí, pero quizás en otras naciones menos desarrolladas.—Se estira y frota mi barriga—. No te preocupes. Estás a salvo. Deberías tener más ropa de maternidad —dice, cambiando de tema mientras aún estoy digiriendo que mi bebé es un parásito.

262


Niego con la cabeza. —No. Esa cosa era horrible. Ya luzco como un bote. No necesito lucir como uno feo. —Creo que si yo estuviera embarazada, usaría muumuus o batas como Lucille Ball—reflexiona Carin. —¿Esos incluso son una cosa?—pregunta Hope. —Deberían serlo. Asiento en acuerdo porque, demonios, sí, yo usaría algo como eso sobre los feos vaqueros y cosas de polyester y sus morrales blancas con cintura expandible. Sé que voy a apreciar esos en varias semanas, pero ahora mismo no estoy mirando de cerca para volverme más grande. —Traté de inclinarme y tocar las puntas de mis pies esta mañana —le digo a las chicas—. Me caí, golpeé mi cabeza contra el escritorio, y entonces tuve que llamar a Nana para levantarme. Soy literalmente del tamaño de un Oompa Loompa. —Eres la más hermosa Oompa Loompa en el mundo —declara Hope. —Porque no es naranja. —¿Los Ooompa Loompas eran naranjas?—Trato de conjurar una imagen mental de ellos pero sólo puedo recordar sus overoles blancos. Carin arruga sus labios. —¿Se supone que eran dulces? ¿Cómo rodajas de naranja? ¿O quizás maíz dulce? —Eran ardillas —nos informa Hope. —De ninguna forma —ambas decimos a la vez. —Así es. Lo leí sobre la parte de atrás de un Laffy Taffy cuando tenía como diez. Era una pregunta de trivia y yo acababa de ver la película. Estuve aterrorizada de las ardillas por años después de eso. —Mierda. Aprendo algo nuevo cada día.—Empujo mi cuerpo para levantarme, —No te creo —dice Carin a Hope—. La película es sobre dulces. Se llama Willy Wonka y la fábrica de chocolate. ¿Desde cuándo las ardillas son dulces? Puedo comprar un conejo porque, ya sabes, los conejos de chocolate de pascua, pero no una ardilla.

263


—Investígalo, con cuidado. Tengo razón. —Estás arruinando mi infancia.—Voltea Carin hacia mí—. No le hagas esto a tu hija. —¿Hacerla creer que los Oompa Loompas son ardillas? —Sí. Hope ríe. —Aquí está mi teoría sobre la paternidad. Vamos a arruinarlo. Muy mal. Muchas, muchas veces. Y nuestros niños van a necesitar terapia. La meta es reducir la cantidad de terapia que necesitarán. —Ese es una oscura perspectiva de la paternidad —le remarco—. ¿Cómo esas cosas van juntas? ¿Perdimos algo?—Hay dos piezas que finalmente encajan, pero el resto de las tablas sobre el suelo son como un Lego sin instrucciones. Carin se encoge de hombros. —Soy una científica. Puedo estimar el volumen y la masa de las piezas, pero no voy a lastimarme tratando de ensamblar eso. D'Andre aparece en la entrada, sudor brillando sobre sus oscura piel. Las tres volteamos hacia él con ojos suplicantes. —¿Por qué todas están mirándome así?—pregunta sospechosamente. —¿Puedes volver a armar esta cuna?—pregunto con esperanzas. —Y si lo haces, ¿podrías por favor quitarte tu camiseta?—ruega Carin. D'Andre frunce el ceño. —Tienen que dejar de tratarme como un pedazo de carne tengo sentimientos. Pero él se quita la camiseta de todas formas y todas nos tomamos un momento para alabar a Dios por crear un espécimen como D'Andre, del cual su pecho luce como si hubiese sido esculpido en mármol. Él sonríe. —¿Tienen suficiente? —No, no realmente.—Apuntala Carin su barbilla sobre una mano—. ¿Por qué no te sacas esos pantalones cortos también?

264


Admito que estoy curiosa. D'Andre es un gran hombre. No me opongo a ver su equipo. Hope lanza una palma arriba en el aire. —No, no estriptis. Estamos aquí para ayudar a armar la cuna. Cariño, ¿puedes hacerlo? —Soy un estudiante de contabilidad —le recuerda él—. ¿Recuerdas? Soy bueno con números y revocaciones. Tucker la armará. Él está allí afuera hablando con algún extraño para que se lleve el escritorio.—Me dirige una mirada intencionada a mi barriga—. Así que esperaremos por tu hombre. —Ella no necesita un hombre —dice Hope—. Nos tiene a nosotras. —Entonces, ¿por qué estoy yo aquí? —Porque me amas y no quieres dormir en el sofá —dice Hope dulcemente. —Eso no es un sofá, Hope. Es una pieza de madera con algo de gomaespuma. Rio entre dientes. El nuevo lugar de Hope en Boston está lleno de cosas del ático de su abuela, que contiene suficientes muebles para llenar tres casas más. —Es un Saarinen original. —Sin embargo no lo hace un sofá —insiste él. —Te sientas. Tiene tres cojines. Por lo tanto, es un sofá —resuella. La conversación termina—. Necesitamos un amigo ingeniero.—Apunta un dedo hacia Carin—. Regresa a Briar y empieza a salir con un estudiante de ingeniería. —De acuerdo, pero necesitaré realmente tener sexo con él de antemano, así no regresaría hasta —pretende revisar el tiempo—, las diez o más —Todos somos universitarios graduados —proclamo—. Podemos armar esto por nuestra cuenta. Palmeando mis manos, les pido a todos que vayan sobre el suelo conmigo. Después de tres intentos de tratar de bajar por mí misma al suelo y hacer a Hope y Carin casi orinarse en sus pantalones riendo en el proceso, D'Andre tiene piedad de todas nosotras y me ayuda a bajar sobre mis rodillas. Y es donde Tucker nos encuentra.

265


—¿Es esto algún nuevo ritual de fertilidad?—Arrastra las palabras desde la entrada, un hombro apoyado contra el marco—. Porque ya está embarazada, saben. —Trae tu trasero aquí, chico blanco, y arma esta cosa — espeta D'Andre— . Esto es ridículo. —¿Qué es ridículo?—Se detiene Tucker junto a mí, y tomo la oportunidad de inclinarme contra sus piernas. Incluso de rodillas es difícil cuando cargas alrededor unas treinta libras extra—. Nosotros la separamos. ¿Cómo no saben volver a armarla? D'Andre repite su excusa de antes. —Soy un estudiante de contabilidad. Tucker pone los ojos en blanco. —¿Tienes una llave Allen? —¿Estás burlándote de nosotros ahora?—gruño—. No tengo ninguna llave, mucho menos unas con nombre. Él sonríe. —Déjame esto a mí, cariño. Voy a repararlo. —Quiero ayudar—Se ofrece Hope—, esto es como una cirugía, excepto que es con madera y no con personas. —El Señor nos ayude—murmura D'Andre. —Vamos.—Carin tira de mi brazo—. Comencemos a lavar algunas de estas cosas que compramos. Con un empujón de Tucker sobre mi trasero, me levanto y camino como pato tras Carin. —¿Cómo se siente no estar esperando mesas?— pregunta ella mientras nos dirigimos hacia el cuarto de lavado. —Raro. Es difícil encontrar un trabajo por tres meses que no requiera algún trabajo manual pesado. Fui a una agencia de empleado eventual para ver si tenía algo para mí, pero ellos no fueron optimistas. Aparentemente, las mujeres embarazadas no están en la cima de la lista de candidatos. —Así que, ¿Tucker realmente no va a regresar a Texas? —Nop. Quiere permanecer cerca del bebé. —Hago una mueca—. Pero su mamá...él es tan cercana a ella. Creo que hay problemas allí.

266


—Oh Señor. No quieres tener problemas con un niño sureño de mamá sureño —advierte Carin—. He oído interminables quejas sobre agallas por Hope. Lo hice también. Aun así, ¿cuáles son mis opciones? —Así que, ¿debería dejar Harvard y mudarme a Texas? —No. Sólo come tus agallas. Cuando sea que ella te las ofrezca. No importa cuán enferma te hagan. —Eso es macabro. —¿Has pensado sobre qué vas a hacer con el bebé cuando estés en clase?— pregunta mientras cargamos la lavadora. —No lo sé aún. Harvard no ofrece guardería. Trataré de encontrar un proveedor de cuidados en casa, supongo. Pensar sobre todos estos asuntos está estresándome, pero no quiero quejarme sobre eso demasiado. Carin y Hope ya se sienten culpable por no ser capaz de ayudarme más, pero joder, tienen sus propias vidas por las que preocuparse. —¿Qué me dices sobre tu abuela? —Dios. Deberías haber visto su rostro cuando le pregunté. Me dijo que ya había criado a un niño… —Apunto un pulgar hacia mi pecho—, que no le pertenecía, y que no criará otro. —Severo. Nos movemos hacia la cocina y comenzamos con los biberones. —Severo pero cierto. No puedo verter esta carga sobre ella. —¿Qué me dices de Tucker?—Carin sacude una botella limpia y la pone en el escurre plato. —¿Qué sobre él? —Es el papá. Tiene que ayudar. Puedes llevarlo a la corte y obligarlo a pagar la manutención del niño. Mi mandíbula cae. —No voy a hacer eso. Y él va a ayudar.—Me detengo—. Tanto como lo deje hacerlo. Carin hace un sonido de disgusto.

267


—Eres tan terca. No tienes que hacerlo todo por ti misma, B. Lo haces sonar como si él sólo está acompañando en el camino. ¿Qué está pasando con ustedes dos? Recojo una de las botellas limpias y retuerzo la tetina, tratando de imaginarme sosteniendo al bebé y alimentarlo con uno de estos. —Nunca planeó permanecer aquí. Sólo está aquí por mí y el bebé, y siento que estoy arruinando su vida. Se burla. —Él fue parte de esto también. No eres la Virgen María. No fue una inmaculada concepción. —Lo sé. Pero aun así pude haber conseguido un aborto.—Honestamente, ese es un pensamiento que pesa sobre mí cada minuto que paso tratando de descubrir cómo voy a hacer funcionar todo esto. —Pero no lo hiciste, así que deja de mirar atrás. —Lo sé —digo nuevamente. —Tienes sentimientos por él. Me mantengo ocupada encontrando un lugar para los biberones limpios y otras cosas de bebé. —Me gusta. —Puedes decir la otra palabra con A. No te matará. Enojada, miro hacia Carin. —Como si tú fueras mejor, Señorita Fóbica-al-compromiso. ¿Desde cuándo corres por ahí diciéndole a los sujetos con los que te acostaste que los amas? —Nunca, pero no estoy asustada de eso como tú lo estás. —No estoy asustada de eso.—¿Lo estoy? Pone los ojos en blanco. —Como sea. Es irrelevante, de todas formas. Tucker está dentro de esto porque está enamorado del bebé eso es lo suficientemente bueno para mí. Carin abre su boca para reprocharme, pero Tucker se acerca dentro de la cocina antes de que ella pueda soltar una palabra. —¿Lista?— me pregunta.

268


Doy una rápida mirada hacia el reloj del microondas. Mierda. Dice que tenemos más de veinte minutos antes de que la clase comience. —Sip. Ustedes chicos van a tener que irse —le digo a Carin—. Tuck y yo vamos a ir a una clase de respiración. Ella levanta sus cejas. —¿Para qué? —Para ayudarla cuando esté en labor —explica Hope mientras entra a la cocina con D'Andre sobre sus talones. Ella se acerca y me da un beso sobre la mejilla. —Llámanos más tarde, ¿de acuerdo? —Lo haré. Y gracias por ayudarnos hoy. A todos. —No es necesario agradecer —dice Hope, y Carin y D'Andre asienten en acuerdo—. Estamos aquí para ti, B. Ahora y siempre. Emoción brota en mi garganta. No tengo idea como voy a alterarme con tan increíbles amigos, pero estoy segura como el demonio que no me estoy quejando. * —No pareces muy emocionada con esto —comenta Tucker veinte minutos después. Detiene la puerta abierta del centro comunitario para mí. —¿Y tú? —Un decorado cartel con globos nos saluda—. ¿Este proceso es tan difícil que tengo que aprender a respirar? Eso no es normal. —¿Ves alguno de esos videos de YouTube? —Dios no. No quería dañarme psicológicamente. ¿Lo hiciste? —Algunos. —¿Y? Me da un pulgar hacia abajo.—No los recomiendo. Me pregunto porque usamos bolas de hierro para describir a alguien que es realmente fuerte, porque después del segundo video, mis bolas intentaron subir por mi cuerpo. Además, mi historia de YouTube esta oficialmente jodida. —Ja. Exactamente por qué no vi ninguno. —Le meneo un dedo como advertencia—. Quédate junto a mi cabeza durante el parto o nunca más querrás tener sexo conmigo.

269


—Naah, puedo separarlos. —Arrastra su mano por mi columna vertebral para descansar en mi trasero, que, como mis pechos, está aumentando de tamaño—. Este culo está hecho para manosear. —¿Así que anal es lo único que voy a conseguir después del parto? Sonríe ampliamente.—¿Por qué no ambos? Antes de que pueda responder, una anciana de cabello rizado usando una falda de arco iris se adelanta para saludarnos.—¡Bienvenidos al taller de Labor de Amor! ¡Soy Stacy! —John Tucker y Sabrina James. —Nos presenta Tuck a ambos. Stacy no le estrecha la mano. En su lugar, hace un gesto de oración.—Por favor encuentren un tapete en el piso. —Esto va a ser muy hippie loco para mí —murmuro mientras nos dirigimos a las tres filas de tapetes de yoga esparcidas en el suelo. La habitación está casi llena, pero encontramos un tapete vacío en la parte de atrás. —Ésta es una lección sobre respiración. Creo que esa es la definición de hippie loco. —Me ayuda a sentarme—. ¿Quieres que practique dándote inyecciones en su lugar? —¿Tal vez? —Sólo estoy bromeando. Leí que existen complicaciones con los medicamentos, y no he decidido si voy a optar por la epidural. Las luces se atenúan y Stacy se adentra más en la habitación, con las manos dobladas en oración. —Creo que ella sabe algo que nosotros no —murmura Tucker en mi oído— . Por eso está rezando todo el tiempo. —Ella sabe que ninguna cantidad de meditación va a hacer que el parto sea libre de dolor. El hombre al lado de nosotros se aclara la garganta. Tucker se ríe entre dientes, pero los dos nos callamos. En la parte delantera de la habitación, Stacy enciende un proyector. Las palabras ―Bienvenido a la Labor de Amor‖. Y luego procede a leer la diapositiva. —Estamos aquí para ayudarlos a atravesar el trabajo de parto. Los principales medios de comunicación y las organizaciones de salud los alimentan con un suministro interminable de miedo y paranoia, pero la verdad es que el parto no tiene que ser una experiencia dolorosa. Hoy comenzaremos nuestro viaje hacia una labor alegre y placentera. Estas tres clases los

270


ayudarán a reenfocar sus sentimientos negativos, extrayendo serenidad y eliminando el miedo. —¿Estamos en una clase de respiración o inscritos en un culto? —susurra Tucker. Culto. Definitivamente culto. —Parejas, asistentes, muévanse en posición detrás de mamá. —Ya odio a esta mujer —siseo mientras él se agacha detrás de mí. —¿Por qué te llamó mamá o por qué dice que no es una experiencia dolorosa? Un hombre a unos cuantos tapetes levanta la mano.—¿Dónde deberías colocar las manos? —Excelente pregunta, Mark. Oh Dios, recuerda todos nuestros nombres. —Durante la labor de parto, la posición apropiada será la parte más baja de la espalda, pero para hoy, vamos a concentrarnos en la relajación, así que coloca las manos en los hombros de tu pareja. Junto a mí, una madre expectante está tomado notas, como si Stacy en la falda de campesina fuera el oráculo del parto, y estuviera describiendo los diez mandamientos del parto. —Si dice: ―No hay nada que temer más que al miedo por si mismo‖, salimos de aquí —digo un poco demasiado fuerte. El tirador y su compañera igualmente seria se vuelven para mirarme. Una burbuja de risa amenaza con escapar. ¿Podemos ser arrestados por molestar la paz en una clase de respiración? Stacy agita la mano hacia la pantalla de proyección.—Primero veremos un corto video del patrón de respiración apropiado, y luego practicaremos. El video consiste en cinco minutos de una mujer jadeando, sus labios formando diferentes formas mientras su pareja cuenta. —¿Crees que realmente tiene un bebé allí o es una de esas cosas de espuma? —pregunta Tucker, sus manos ligeramente apretando mis hombros. —Espuma —digo al instante—. Ella ni siquiera está sudando. Yo sudo sólo tratando de ponerme los zapatos.

271


Después que el video finaliza, Stacy va alrededor de la habitación a supervisar todas nuestras posiciones de respiración.—Respiraciones más profundas, Sabrina. John, por favor frota un poco más fuerte. Colocatus dedos más cerca de su cuello. Su cuello necesita más atención. Sus dedos comienzan a frotar a lo largo del camino por el costado de mi cuello, extrayendo un gemido bajo. Mierda, eso se siente bien. Supongo que Stacy tiene razón. Necesitaba más atención en mi cuello. —Buen trabajo, John —tose Stacy. Se endereza y se dirige a la clase—. Ahora, me gustaría que todos visualizaran un recuerdo favorito. Algo muy bueno en su vida. Cierren los ojos y traigan ese recuerdo al primer plano. Clávenlo en la pared del ojo de su mente. —Estoy imaginando que uno de nosotros es un Ciclope. —El aliento de Tucker hace costillas en mi oreja y comienzo a sentir algo completamente inapropiado en la parte inferior. —Tal vez el ojo es tu polla —contrarresto. La pareja junto a nosotros jadea en voz alta. Ambos los ignoramos esta vez. —Todo este shh me recuerda a la biblioteca. —Sus labios rozan mi lóbulo de la oreja—. En realidad, es peor que la biblioteca porque no hay mesas para ocultar mi mano arrastrándose dentro de tu falda. Me retuerzo.—Cállate. —Ella me dijo que fuera a mi recuerdo favorito. La mayoría de esos involucran mi enorme cabeza o pequeña cabeza entre tus piernas. —Lo importante —dice Stacy con una elevada voz y una mirada aguda en nuestra dirección—, es encontrar la paz, ahora cierren los ojos e imaginen su lugar feliz. Tucker canturrea. Tengo que admitir, mis recientes buenos tiempos todos involucran a Tucker también, pero éste definitivamente no es el momento o lugar para ponerse caliente. Así que levanto el escudo carmesí y trato de canalizar la euforia de las noticias de mi admisión en la facultad de derecho. Ese también fue un buen recuerdo. —Parejas, mientras su mamá está respirando, por favor denle un buen masaje alrededor del cuello y hombros. Muchas mamás mantienen su tensión allí. No sean demasiado suaves. Sus mamás son pilares de fuerza. El siguiente video que veremos es el propio nacimiento.

272


Stacy tecleo algo en el portátil conectado al proyector. Una imagen de una par de pinzas gigantes de cocina aparece en la pantalla. De acuerdo, tal vez no son pinzas de cocina, pero se parecen mucho a ellas. La cámara se apaga y vemos que las pinzas son sujetadas por un cirujano enmascarado. A medida que la escena se despliega, un jadeo llena la habitación. Aparecen las piernas extendidas de una mujer y no es bonito. Me cubro los ojos. Las manos de Tucker se aprietan alrededor de mi cuello. La alegre voz de Stacy narra la escena. —Recuerden su lugar feliz mientras miramos estos próximos videos. El instrumento que se utiliza no es un dispositivo de tortura, sino más bien un fórceps. Si no eres capaz de pujar con suficiente fuerza, su médico se verá obligado a usar estos para extraer al bebé de su útero, lo cual puede afectar la forma de la cabeza de su hijo y, posiblemente, conducir a daño cerebral. Continúen respirando mamás. Compañeros, sigan dando masaje, esto es lo que sucederá si no pueden vencer su dolor. Recuerden que su mene controla el resultado. Hay otra entrada colectiva de respiración mientras la pantalla muestra un escalpelo cortando la carne de una mujer. El agarre de Tucker se hace más apretado. —Estas asfixiándome —murmuro. No me libera. En todo caso, la constricción se vuelve más apretada. —Y aquí tenemos la cesárea. El infante se asustará de la luz cuando el estómago sea abierto. El médico tiene que meter la mano y arrastrar al bebé fuera de tu estómago. De nuevo, si no pueden cumplir con su deber como madres y expulsar a su bebé por el conducto vaginal, su médico se verá obligado a cortar para sacar al bebé. Jalo los dedos de Tucker. —Me estás asfixiando —repito. Stacy teclea otra escena. Un chorro de líquido y sangre y, ¿es eso mierda? Se derrama de la mujer sobre la mesa. —Esta es la cosa más natural en el universo como lo demuestran los nacimientos en la naturaleza —dice en voz de ensueño. Sigue un montaje de las sangrientas escenas del nacimiento de diferentes mamíferos. Agarro el dedo medio de Tucker y lo tuerzo tan fuerte como puedo. —¿Qué pasa? —pregunta, alejándose de inmediato. —¡Me estás asfixiando! —chasqueo.

273


—¡Pensé que dijiste que estaba bromeando! No míranos uno al otro, llenos de horror e hilaridad. —La comunicación es siempre la clave —dice Stacy desde el frente. La risa gana. Tucker y yo nos derrumbamos uno contra el otro. No podemos dejar de reír, y después de unos segundos de llamar nuestros nombres y aplaudir por atención, Stacy finalmente nos pide que nos vayamos.

274


Traducido por Juliette y Gisenid Corregido por lili-ana

Tucker Cuatro de Julio —En una escala de uno a estoy-listo-para-saltar-de-este-camión, ¿dónde estás en la escala de pánico? Sabrina sacude su cabeza lejos de la ventana del coche. Ha estado mirando el paisaje de Boston como si nunca lo hubiera visto antes, no importa que haya vivido aquí toda su vida. —¿Puedes ver que estoy ansiosa? —Hace una mueca, sus labios carnosos aplastándose hacia fuera. —Tus dedos están blancos, o estás sufriendo de una condición seria que necesite atención médica inmediata,o estás drenando la sangre de ellos intencionalmente. Por el rabillo del ojo, la veo lentamente desenroscar sus dedos hasta que están rectos y rosados otra vez. —Nunca he conocido a los padres de un chico antes —admite, jugando con la estación de radio. —Lo bueno es que solo hay uno —bromeo. Entonces sus palabras se hunden—. Espera, ¿nunca? Recuerdo que me dijo que nunca había tenido un novio antes, pero tomé eso para referirme a la universidad. Sabrina es preciosa. Si la viera en la escuela secundaria, me habría puesto frente a su casillero todos los días hasta que aceptara salir conmigo. Ahora todo tiene sentido, por qué ha estado tan nerviosa desde que le dije que mi mamá venía a conocerla. Al principio, tratamos de hacer un plan para que Sabrina y yo voláramos a Texas, pero el costo de dos boletos de avión y un auto de alquiler no tenía sentido, a pesar de que significaba mamá reprogramando algunas citas. Además, resulta que muchas aerolíneas se

275


resisten a embarazadas volando. Supongo que no están realmente interesados en los partos ocurriendo a bordo. El bono de quedarme en la ciudad, es que soy capaz de trabajar este fin de semana de vacaciones y obtener algo de esa bonificación del cincuenta por ciento que Sabrina siempre esa fanfarroneando. He estado trabajando a tiempo parcial en un equipo de construcción en la ciudad y ganando dinero decente, lo cual es impresionante porque estoy tratando de no meterme en mis ahorros a menos que tenga que hacerlo. —Ya te lo dije —murmura Sabrina desde el lado del pasajero—. Sin novios. Abandonando la radio, se sienta con un suspiro. Su estómago es lo suficientemente grande como para que ni siquiera pueda cruzar los brazos a menos que los apoye encima de la barriga. Que no es una estantería, me ha recordado más de una vez. —Pensé que te referías a la universidad. ¿Los muchachos de tu escuela eran sordos, mudos y ciegos? —No. Me persiguieron, pero no tenía tiempo para ellos. —Distraídamente se agacha y frota la curva de su estómago. Cada vez que la miro, me siento de nuevo impresionado por el hecho de que mi niña está dentro de su cuerpo. También me vuelve jodidamente caliente como el infierno. Gracias a Cristo estamos teniendo sexo regular otra vez. —Siempre estaba buscando dinero para becas —prosigue—. Trabajando casi a tiempo completo en la oficina de correos desde que tenía dieciséis años. En los veranos era mesera por la noche y trabajaba en la oficina de correos durante el día. Los chicos eran... innecesarios. Aparte de, ya sabes —Agita vagamente hacia su entrepierna—. Además, no sabían qué hacer con su equipo en la escuela secundaria. Mejor me cuidaba a mí misma en casa. Mi polla se contrae contra mi cremallera. La idea de ella jugando consigo misma me pone mareado, y tengo que esperar un momento hasta que parte de la sangre vuelve a mi cerebro. —¿Que pasa contigo? ¿Saliste mucho en la escuela secundaria? ¿Fuiste el rey del baile? —bromea. —No. Salí con tres chicas. Y los reyes del baile en Texas son siempre jugadores de fútbol. —¿No has jugado al fútbol?

276


—No después del noveno grado. Jugué hockey como un año. La pista del entrenador Death estaba a una hora al norte y yo manejaría allí casi todos los días. —Así que cuéntame de estas tres chicas. —¿Estás tan desesperada por una distracción? —Sí —dice con ansiedad. Golpeteo mis dedos contra el volante, levantando mis polvorientos recuerdos. —Salí con Emma Hopkins en séptimo grado hasta un niño noveno grado le pidió que fuera al baile de bienvenida con él. Después de eso, sólo estaba interesada en hombres mayores. —Esto es fascinante. Dime más. Sonrío. Puedo sufrir un poco de vergüenza personal si esto le impide preocuparse por conocer a mamá. —June Anderson fue mi enamoramiento en noveno grado. Teníamos casi todas las clases juntos, pero el factor decisivo fue que podía atar un tallo de cerezo en un nudo con su lengua. En el noveno grado, eso estaba ahí arriba con una cuerda floja cruzando el Gran Cañón. Sabrina se ríe. —Creo que para algunos chicos sigue siendo uno de los mayores logros de la humanidad. Apuesto a que Brody lo cataloga como un requisito para conectar con él. Su tono de desprecio no pasa desapercibido. La primera vez que Sabrina y Brody se conocieron no salió bien. Comenzó con él sugiriendo que su coño sería destruido por el parto y terminó con ella diciéndole que independientemente del estado de su jardín de dama, todavía nunca sería invitado a verlo. —Ese tipo es un idiota —se queja—. ¿Es terrible vivir con él? Síp. —He tenido mejores compañeros de habitación. —Tristemente, pienso en el tiempo maravilloso que tuve en la universidad con Dean, Logan y Garrett. Mi problema con Brody no es que él es un perro cachondo que persigue faldas desde el momento en que se levanta hasta que se desmaya por la noche. Quiero decir, mis viejos compañeros de cuarto dormían por ahí

277


regularmente. Demonios, incluso tuve mi parte de travesuras, incluyendo un cuarteto embebido de alcohol en una loca víspera de Año Nuevo. Es difícil no ir un poco loco cuando estás jugando al hockey en el nivel que estábamos jugando. Había un flujo sin parar de chicas en la casa. Y sin embargo, incluso después de haber experimentado tres pares de tetas frotando contra mí y tres lenguas en mi polla, todavía escogería a Sabrina sobre una orgía borracha cualquier día. Eso no es algo que pueda decirle a una chica, sin embargo. Ni siquiera Hallmark puede hacer una tarjeta de felicitación que transmita el mensaje de que una vez follaste a tres chicas al mismo tiempo, pero ninguna es tan buena como ella. El problema de Brody es que no tiene respeto por el sexo opuesto. —¿Realmente se niega a tomarse fotos con una chica, o estaba inventando eso conmigo? —pregunta Sabrina. —No, eso es real para él. Piensa que cualquier fotografía de él junto a una chica ahuyentara a otros ligues potenciales. Las selfies son una muestra de compromiso. —Con cierto detalle se había explicado al respecto después de ordenarme mantener mi cuenta de Tinder activa y no decirle a nadie que iba a tener un bebé. —Ugh. Es tan asqueroso. —Me suscribí a Instagram con una cuenta falsa para así poder provocarlo. Cuando postee algo, esperaré un día o dos y luego pondré un comentario sobre lo genial que es que mi abuelo y él estén balanceándose en la misma camisa. Ya lo he hecho dos veces, y cada vez, lo vi tirando la camisa en el triturador de basura del apartamento. Sabrina lleva la cabeza hacia atrás y se ríe. —No lo hiciste. —Oye, todos tenemos nuestras diversiones en alguna parte, ¿cierto? Las mías son minimizar la confianza de Brody en Instagram y asfixiar a la mamá de mi bebé en las clases de respiración. Se ríe aún más; su vientre rebotando arriba y abajo. Estiro el brazo y acaricio la curva yo mismo. Es bueno verla reírse de nuevo. —Mamá te va a amar —le aseguro—. Ya verás. * Mamá la odia.

278


O al menos, está haciendo un buen trabajo al esconder su amor. La presentación inicial no fue tan mala. Recogimos a mamá en el Holiday Inn y condujimos de regreso al apartamento, que afortunadamente en este momento, está libre de Brody. Él y Hollis están celebrando el cuatro de julio con sus familias en New Hampshire. En el camino, Sabrina y mamá charlaron con torpeza, pero la tensión había sido manejable. Ahora, esa tensión está cerca de sofocarme. —¿Dónde vives Sabrina? —pregunta mamá, mientras inspecciona mi apartamento de dos habitaciones. —Con mi nana y mi padrastro. —Hmmm. Sabrina parpadea ante su obvia falta de aprobación. Le lanzo una mirada irritada a mamá. —Sabrina está ahorrando dinero, así que cuando salga de la Facultad de Derecho, la deuda no será demasiado grande. Mamá levanta una ceja. —¿Y esa deuda de cuánto va a ser? —Bastante —bromea Sabrina. —Ojala no esperes que John la pague por ti. —Por supuesto que no —exclama Sabrina. —¡Mamá! —digo al mismo tiempo. —¿Qué? Estoy cuidándote, bebé. Justo como tendrás la tarea de cuidar de tu hija. —Señala con la cabeza hacia el vientre de Sabrina. Sabrina sonríe severamente y decide cambiar el tema. —Desearíamos haber ido a Patterson. Apuesto a que es un lugar increíble para criar niños. Sin duda hizo un gran trabajo con Tucker. Sinceridad derramándose en cada palabra e incluso mi madre puede oírla. Afortunadamente, se ablanda un poco. —Sí, es un lugar maravilloso. Y tienen un picnic del cuatro de julio delicioso. Este año, Emma Hopkins fue la organizadora.

279


—Tu antigua novia, Tuck —Se burla Sabrina de camino hacia el refrigerador—. Debimos haber tratado de ir allá con más ahínco. —La aerolínea no nos permitiría. Además, aquí podemos emborracharnos y disparar fuegos artificiales, y sería como si estuviéramos ahí —digo con sequedad—. Hablando de beber, mamá, ¿quieres una copa de vino? —Rojo, por favor —dice, sentándose en un taburete del mostrador. Sabrina saca las empanadas de carne que con tanto cuidado había elaborado hoy. Soy más que capaz de cocinar, pero no me permitió levantar un dedo. Todo, desde la ensalada de papas hasta los frijoles horneados, fue preparado por ella. Nos arreglamos para atravesar la mitad de la cena sin ninguna hostilidad, mientras Sabrina le hace un montón de preguntas a mamá acerca de Patterson, su negocio de salón, e incluso de papá. En realidad, son las cosas sobre mi padre que la hacen hablar. —Dijo que su vehículo se descompuso, pero no le creí —declara entre mordidas de su hamburguesa. Los ojos de Sabrina se agrandan. —¿Piensa que él lo fingió para así poder quedarse ahí y llegar a conocerla? Mi madre sonríe. —No lo creo. Lo sé. He escuchado la historia mil veces, pero esta vez es más entretenido que nunca. En realidad, más aún, porque esta vez la audiencia es Sabrina, y ella no cree en el amor. Pero la devoción de mamá por mi padre es obvia. —John Padre, el papa de Tucker, lo admitió cuando quedé embarazada de Tucker. Dijo que tuvo la idea de sacar la bujía del vehículo al ver The Sound of Music junto a su madre. Incluso le pregunté a Bill, es el mecánico local, quien confirmo que lo único malo con el automóvil de John era una bujía perdida. —Esa es la historia más romántica que he escuchado. No se me escapa la forma en que Sabrina empuja la ensalada en su plato. En su mayoría, hace un buen trabajo al esconder su persistente nerviosismo, pero su falta de apetito es una señal reveladora de muerte. Hago una nota mental de servirle un plato después de encargarme de los platos. —Siento su perdida —agrega Sabrina, su tono suavizado con simpatía.

280


—Gracias, cariño. Sonrío para mis adentros. Definitivamente, mamá se ha relajado. Sabrina se gira hacia mí. —¿Cuántos años tenías cuando tu papá murió? ¿Eran tres o cuatro? —Tres —confirmo, masticando un trozo de papa en mi boca. —Tan joven. —De forma ausente pasa una mano sobre su estómago. —¿No lo sabías? —interviene mamá, la frialdad de vuelta en su voz. —No, lo sabía —balbucea Sabrina—. Solo olvidé la edad exacta. —¿Han hablado los dos de algo importante, o es simplemente una cosa física? Porque ciertamente, no puedes criar a un niño solo con lujuria. —Mamá —digo con aspereza—. Hemos hablado de cosas importantes. —¿Van a vivir juntos? ¿Cómo compartirán las finanzas? ¿Quién cuidará de tu niño cuando estés en clases? Sabrina tiene una mirada asustada. —Yo… yo… Mi nana está echándonos una mano. —John dice que está reticente. No estoy segura de que una cuidadora poco dispuesta sea buena. Sabrina me dirige una mirada de traición. —Dije que no sabía qué clase de ayuda nos ofrecería. —Suelto mi tenedor—. Todo saldrá bien. —Esto va dirigido a las dos, pero ninguna lo toma bien. —No puedes criar a un hijo siguiendo tu instinto, John. Sé que quieres hacer lo correcto. Siempre lo haces, pero en este caso, si ustedes no pueden encargarse de eso, deberían pensar en otras opciones. ¿Han considerado la adopción? El rostro de Sabrina se torna ceniciento ante el insulto implícito de que no está en condiciones de ser madre. La alcanzo. —Sabrina, vamos a solucionarlo… Pero ya está lanzándose fuera de la cocina, un sollozo atrapado de su garganta mientras murmura algo que suena como baño y lo siento. Sus pies

281


golpean el piso de madera mientras se mueve más rápido de lo que debería hacerlo una mujer embarazada de ocho meses. Salto de mi silla. —Sabrina… —Dale algo de tiempo —dice mamá detrás de mí. Una puerta se cierra de golpe, y me estremezco con el brusco sonido. Comienzo a moverme hacia la puerta, y entonces, me detengo en medio de la cocina y me giro. —Sabrina es una buena persona —digo bruscamente—. Y va a ser una buena madre. Y aunque fuera la peor, todavía tendrás que aceptarla porque ese niño en su estómago es una parte de mí. Esta vez el rostro de mi madre se pone pálido. —¿Es esa una amenaza? —Su voz tiembla. Paso una mano agitada sobre mi cabello. —No. Pero no hay necesidad de que estemos en lados opuestos del hielo. Todos estamos en el mismo equipo. Mamá eleva su barbilla de forma desafiante. —Eso está por verse. Niego con la cabeza en decepción antes de dirigirme hacia el pasillo para ver si Sabrina todavía me dirige la palabra. Sus ojos están rojos cuando abre la puerta del baño. —Siento haber salido corriendo de esa manera. —Está bien, cariño. —La empujo dentro y cierro la puerta detrás de mí. Me deja acercarme, o tan cerca cómo podemos con una bola de boliche entre nosotros—. Vas a ser una mamá estupenda. Creo en ti. A pesar del peso que ha ganado, su cuerpo se siente ligero. —No te enojes con tu madre —susurra contra mi pecho—. Está cuidando de ti. Quiere lo mejor para ti. Lo sé. —Entrará en razón. —Sin embargo, sueno muchísimo más confiado de lo que me siento.

282


Traducido por Carilo Corregido por lili-ana

Tucker Agosto —¡Oh Dios mío! ¡Oh Dios mío! ¡Brody! ¡Sí! ¡Sí, sí, Dioooossss mío!

sí! ¡Allí, bebé! ¡Oh

Ni siquiera el volumen completo de la TV puede ahogar los ruidos sexuales que salen del dormitorio de Brody. Si tuviera un par de alicates, me rompería las orejas para no tener que escuchar esto más. Desafortunadamente, Brody ni siquiera posee una caja de herramientas: descubrí que cuando me mudé por primera vez y busqué herramientas para arreglar el grifo de la cocina. Brody se encogió de hombros y dijo: «La mierda se escapa, hombre. La vida no siempre te da herramientas.» Yo quería señalar que sí, la vida te da herramientas, por eso tenemos Home Depot. Pero discutir con la lógica de Brody es un ejercicio de futilidad. No sé cuánto tiempo más puedo aguantar esto. Es imposible vivir con el hermano de Hollis. Tiene una chica diferente cada noche, y son estrellas porno o apenas muy buenas en articular que les gusta, aman, y realmente aman en la cama. Él deja toallas mojadas en el suelo del baño. Su idea de cocinar es tirar una pizza congelada en el horno, anunciando que no lo llenó, y luego pedir una pizza real. —¡Oh, Dios mío, sí! ¡Más fuerte, bebé! —¿Así duro? —¡Más fuerte! —¡Oh, sí, chica sucia! Jesús. Cristo. Odio este apartamento con el fuego de mil soles. Me levanto del sofá y me dirijo hacia la puerta, escribiendo a Sabrina mientras me meto en un par de flip-flops.

283


Yo: Hey bb, ¿quieres que vaya y te de un masaje? Debe tener su teléfono a mano, porque regresa el texto de inmediato. Ella: No esta noche. Ray tiene sus amigos de póquer alrededor y todos están un poco borrachos. Frunzo el ceño a la pantalla. Maldita sea, no puedo soportar que ella todavía este viviendo en esa casa con ese asqueroso. Pero cada vez que planteo la idea de encontrar un lugar juntos, Sabrina lo hace a un lado. Y ha estado un poco distante desde que mamá regresó a Texas. Amo a mi madre hasta la muerte, pero estoy enojado con ella, si estoy siendo honesto. Entiendo que está preocupada por mí y piensa que tener un bebé a mi edad es una idea terrible, pero no me gustó la forma en que interrogó a Sabrina. No sólo en ese primer día, tampoco. Toda la visita estuvo plagada de comentarios agresivos pasivos y críticas veladas. Creo que Sabrina se sintió derrotada en el momento en que mamá se fue, y no estoy seguro de que la culpe. Envío otro texto. Yo: ¿Honestamente? No me gusta la idea de que estés con tipos borrachos. La fecha de término es en 4 días. Necesitas estar alrededor de adultos responsables. Ella: No te preocupes. Nana está sobria como juez. Ella no bebe, ¿recuerdas? Al menos eso es algo. Sin embargo, odio no estar allí con ella. —¡Oooooooh! ¡Me vennnnnnnnnnnngo! Muy bien. Suficiente. No puedo quedarme aquí un segundo más escuchando a Brody Hollis sacarle la tuerca. Empujando mi teléfono y mi billetera en el bolsillo, salgo del apartamento y tomo el ascensor hasta el vestíbulo. Son pasadas las nueve, así que el sol de agosto ya se ha puesto y una agradable brisa hace cosquillas en mi rostro cuando salgo. Camino por la acera sin ningún destino en mente, aparte de no mi apartamento. Con los trabajos de construcción a tiempo parcial, la visita de mamá, y la conducción de ida y vuelta de Sabrina, no he tenido la oportunidad de explorar completamente mi nuevo barrio todavía. Ahora me tomo el tiempo para hacerlo, y descubrir que no es tan incompleto como pensaba originalmente.

284


Paso varios cafés con pintorescos patios al aire libre, algunos edificios de oficinas de poca altura, un puñado de salones de uñas y una peluquería que hago una nota mental para visitar uno de estos días. Finalmente me encuentro frente a un bar en la esquina, admirando la fachada de ladrillo rojo, el pequeño patio cortado por una barandilla de hierro forjado y el toldo verde sobre la puerta. El cartel es viejo y anticuado y ligeramente torcido. Se lee "Paddy's Dive", y cuando paso por la puerta de madera chirriante, encuentro un bar de mala muerte, perfecto. El bar es más grande de lo que parece desde fuera, pero todo aquí parece que fue construido, comprado y operado en los años setenta. Aparte de un borracho al final del largo mostrador, el lugar está vacío. En un viernes por la noche. En Boston. Nunca he estado en un bar, en cualquier lugar, que no ha estado repleto en un viernes por la noche. —¿Qué te puedo conseguir? —pregunta el hombre detrás del mostrador. Está a en los finales de los sesenta y principios de los setenta, con un mechón de cabello blanco, curtida y arrugada piel y cansancio en los ojos. —Voy a tener un... —Me detengo, dándome cuenta de que no estoy de humor para alcohol—. Café —finalizo. Él guiña un ojo. —Vivir en el borde, ¿verdad, hijo? Riéndome, me siento en uno de los altos taburetes de vinilo y doblo mis manos en el mostrador. Vale, espera, mala idea tocar este mostrador. La madera está tan desgastada que estoy bastante seguro de que tengo una astilla. Distraídamente recojo la astilla de madera de mi pulgar mientras espero al camarero para que haga mi bebida. Cuando coloca una taza de café delante de mí, la acepto con gratitud y miro alrededor de la habitación. —¿Noche lenta? —pregunto. Sonríe con ironía. —Una década lenta. —Oh. Siento oír eso. Puedo ver por qué es, sin embargo. Todo en este bar es anticuado. La máquina de discos es el tipo que todavía requiere monedas de 25 centavos…¿Quién incluso utiliza monedas? Las dianas están perforadas con agujeros tan grandes que no creo que un dardo podría incrustarse en el

285


tablero. Las cabinas están hechas jirones. Las mesas están torcidas. El piso parece que podría caer en cualquier momento. Y no hay televisores. ¿Qué tipo de bar no tiene televisión? Sin embargo, a pesar de todos sus obvios defectos y desventajas, veo potencial en el lugar. La ubicación es increíble, y por dentro son techos altos con vigas expuestas y preciosos paneles de madera en las paredes. Un poco de renovaciones y alguna modernización, y el propietario podría totalmente dar vuelta este lugar. Tomo un sorbo de café, estudiando al barman sobre el borde de mi copa. —¿Eres el dueño? —Estoy seguro. La vacilación me hace callar por un segundo. Entonces dejé mi taza y pregunto: —¿Has pensado alguna vez en vender? —En realidad, yo... Mi teléfono suena antes de que pueda terminar. —Lo siento —digo apresuradamente, metiendo la mano en mi bolsillo. Cuando veo el nombre de Sabrina, instantáneamente estoy en alerta—. Necesito atender esto. Es mi chica. El hombre mayor sonríe a sabiendas y retrocede. —Lo entiendo. Presiono HABLAR y meto el teléfono en la oreja. —Oye, cariño. ¿Todo bien? —¡No! ¡No está bien! Su grito casi destroza mis tímpanos. La angustia hace que mi pulso aumente a pánico. —¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien? ¿Acaso ese hijo de puta Ray te tocó? —No —gime, y luego hay un jadeo de dolor—. No estoy bien. ¡Acabo de romper aguas!

286


Traducido SOS por Juliette Corregido por lili-ana

Tucker No hay peor sentimiento en este mundo que ver a la mujer que amas en dolor y no poder hacer una maldita cosa al respecto. Durante las últimas ocho horas, he sido tan útil como un pez fuera del agua. O un pez en el agua, ¿porque realmente qué mierda ofrece un pez a la sociedad? Cada vez que intento animar a Sabrina a hacer su respiración, me mira como si hubiera matado a su preciada mascota familiar. Cuando le ofrezco algunas virutas de hielo para masticar, me dice que me las ponga en el culo. La única vez que eché un vistazo sobre el hombro de la doctora Laura hacia las partes de mujer de Sabrina, me dijo que si lo hacía una vez más, rompería mi palo de hockey y me apuñalaría. La madre de mi hija, amigos. —Cuatro centímetros de dilatación —informa la doctora Laura durante su último registro—. Todavía tenemos un camino por recorrer, pero las cosas están progresando muy bien. —¿Por qué tarda tanto? —pregunto preocupado—. Su agua se rompió hace horas. —Ocho horas y seis minutos, para ser exactos. —Algunas mujeres dan a luz a pocas horas de la ruptura de la fuente. Algunas no comienzan a tener contracciones tan tarde como cuarenta y ocho horas después de ello. Cada parto es diferente. —Me golpea el hombro—. No te preocupes. Llegaremos allí. Sabrina, deja que la enfermera sepa si el dolor se vuelve demasiado para ti, y nosotros administraremos esa epidural. Pero no esperes demasiado. Si el bebé está demasiado lejos en el canal del parto, no servirá de nada. Regresaré en un momento para ver cómo estás. —Gracias, Doc. —El tono de Sabrina es tan dulce como el azúcar, probablemente porque la doctora Laura es la que controla las drogas. Y sí, al segundo que la doctora se ha ido, la sonrisa de mi mujer se desvanece y me fija con un ceño fruncido.

287


—Tú me hiciste esto —gruñe—. ¡Tú! Lucho una risa. —Se necesitan dos para concebir, cariño. Al menos según la ciencia. —¡No te atrevas a introducir ciencia en esto! ¿Aún te importa lo que le está pasando a mi cuerpo ahora mismo? Yo... —Un gemido se rasga de su garganta—. ¡Noooooo! Oh, Tuck, otra contracción. Me presto a la acción, frotando la parte inferior de su espalda al igual que Hippie Stacy me instruyó. Le ordeno que respire y cuente cada respiración, mientras compruebo con diligencia el monitor al que está conectada, que está midiendo y sincronizando sus contracciones. Pasa rápidamente, y la siguiente no viene por un tiempo, lo que me desanima. Leí sobre el trabajo de parto, y parece que Sabrina todavía está en las primeras etapas. Aún no ha alcanzado parto activo, y le pido a Dios que este bebé no tome días para salir. —Duele —gime después de que otra contracción termine. Hay un brillo de sudor en su rostro y sus labios están tan secos que se vuelven blancos. Foto un trozo de hielo sobre su boca y me inclino para besar su sien. —Lo sé, cariño. Pero todo terminará pronto. Estoy mintiendo. Cuatro horas más pasan antes de que se dilate a cinco centímetros, y luego otras tres antes de llegue a seis. Eso trae la cuenta a quince horas, y puedo ver la energía de Sabrina comenzando a drenar. Además, el dolor empeora. Su última contracción la tiene apretando mi mano tan fuerte que siento que los huesos moverse. Cuando termina, se desploma contra la cama en un lío sudoroso y anuncia: —Quiero la epidural. Joder, incluso tomaré los fatales fórceps. ¡Saca a este bebé de mi cuerpo! —Está bien —Le corro el cabello húmedo de la frente—. Le diremos a la doctora Laura cuando vuelva a… —¡Ahora! —grita Sabrina—. Ve a decirle ahora. —Ella llegará en cualquier momento, cariño. Y las contracciones son de tres minutos de diferencia. Todavía tenemos tiempo antes de la siguiente… Antes de que pueda terminar, hay una pequeña letal mano en mi camisa. Sabrina sisea como un gato de la selva acorralado y me asesina con sus ojos.

288


—Juro por Dios, Tucker, si no vas a encontrarla ahora mismo, te arrancaré tu estúpida cabeza de tu estúpido cuello y ¡LA USARÉ PARA ALIMENTAR AL BEBÉ! Asintiendo tranquilamente, le arranco los dedos de mi cuello y le dejo un beso en la frente. Entonces salgo y busco a la doctora. * La cuenta se mantiene acumulando. Tiempo en trabajo de parto: 19 horas. Tiempo entre contracciones: 60 segundos. Número de veces que Sabrina ha amenazado con matarme: 38. Número de huesos rotos en mi mano: quién sabe. Lo bueno es que, por fin estamos en la línea de meta. A pesar de recibir la epidural, Sabrina sigue sufriendo. Su rostro está ruborizado de un carmesí profundo y ha estado llorando desde que la doctora Laura le ordenó que empezara a empujar. Ella no es una gritona, sin embargo. ¿En la cama? Sí. En el parto, nop. Los únicos sonidos que hace son angustiosos gemidos y gruñidos bajos. Mi mujer es un soldado. Hace unas horas pude salir de la habitación para ir al baño y escribir a mi madre y mis amigos, pero desde que la parte difícil comenzó, Sabrina no me ha dejado salir de su lado. Eso está bien, porque no voy a ninguna parte hasta que nuestra niña esté sana y salva en nuestros brazos. —De acuerdo, Sabrina, un empujón más —ordena la doctora Laura, entre las piernas de Sabrina—. Puedo ver la cabeza. Un empujón más y podrás conocer a tu hija. —No puedo —gime Sabrina. —Sí, tú puedes —le digo suavemente, recogiendo su cabello detrás de sus orejas—. Tienes esto. Un empujón más, eso es todo. Puedes hacerlo. Cuando vuelve a llorar, le acaricio la barbilla y me encuentro con sus borrosos ojos. —Tienes esto —repito—. Eres la persona más fuerte que he conocido. Hiciste tu camino a través de la universidad, trabajaste tu trasero para llegar a la facultad de derecho, y ahora vas a trabajar un poco más duro y traer a este bebé. ¿Bien?

289


Toma aliento, la fortaleza endurece sus rasgos. —Bien. Y luego, después de casi veinte horas de inhalar, jadear y soplar la casa, Sabrina trae una niña sana. Después de que la diminuta y viscosa niña cae en las manos de la doctora Laura, hay un par de segundos de silencio, y luego un gemido agudo llena la sala de partos. —Bueno, los pulmones parecen sanos —comenta la doctora con una sonrisa. Se vuelve hacia mí—. ¿Quieres cortar el cordón, papá? —Mierda. Sí. —No digas malas palabras —responde Sabrina, mientras la doctora Laura se ríe. Mi corazón está en mi garganta mientras corto el cordón que está atando a mi hija a su madre. Puedo ver una fugaz vislumbre de una cosa roja pegajosa, pero una enfermera la saca de la vista tan rápido que protesto. Pero sólo la están pesando, y mientras lo hacen, la doctora hace unas discretas costuras entre las piernas de Sabrina. Me duele por todo lo que ha pasado, pero Sabrina se ve más serena de lo que jamás había visto. —Siete libras, tres onzas —anuncia la enfermera mientras coloca suavemente al bebé en los brazos de Sabrina. Mi corazón se expande hasta triplicar su tamaño. —Oh, Dios mío —susurra Sabrina, mirando a nuestra hija—. Ella es perfecta. Lo es. Es tan jodidamente perfecta que estoy a punto de llorar. No puedo quitar mis ojos de su diminuto rostro y el mechón de cabello castaño en su diminuta cabeza. Ya no está llorando, y tiene grandes ojos azules que nos miran fijamente, curiosos y sin pestañear.Sus labios rojos y mejillas rosadas. Y sus dedos son tan pequeños. —Lo hiciste bien, cariño. —Mi voz es ronca cuando me acerco a acariciar el cabello de Sabrina. Ella me mira con una sonrisa maravillosa. —Nosotros lo hicimos bien. *

290


Horas más tarde, ambos estamos acostados en la cama de hospital de Sabrina, maravillados por la pequeña criatura que trajimos al mundo. Han pasado unas veinticuatro horas desde que Sabrina me llamó para decirme que estaba en parto. Se supone que debe quedarse aquí dos noches para que los médicos puedan controlarla y al bebé, pero ambas parecen estar sanas. Una experta en lactancia se detuvo hace una hora para enseñar a Sabrina las técnicas apropiadas para amamantar, y nuestra hija ya ha demostrado que es mejor que todos los demás bebés vivos, porque se enganchó enseguida y mamó alegremente en el pecho de su mamá mientras ambos mirábamos puramente maravillados. Ahora está llena y soñolienta y acostada mitad en brazos de Sabrina, mitad en los míos. Nunca en mi vida me he sentido más en paz que en este mismo momento. —Te amo —susurro. Sabrina se contrae ligeramente. No responde. De repente me doy cuenta de que probablemente piensa que estoy hablando con el bebé. Así que agrego—: A las dos. —Tucker… —Hay una nota de advertencia en su voz. Instantáneamente lamento abrir mi boca. Y puesto que no quiero escucharla decir que no me ama o hacer excusas de por qué no puede decirlo, me pego una sonrisa alegre y cambio de tema. —Realmente necesitamos escoger un nombre. Sabrina se muerde el labio. —Lo sé. Tiernamente corro mi pulgar sobre la pequeña boca perfecta de nuestra hija. Ella hace un ruido de resoplido y se agita en nuestros brazos. —¿Hay que luchar contra el primer nombre o el apellido? Espero que escoja el primero. Ni siquiera hemos hablado de los nombres porque hemos estado demasiado ocupados discutiendo sobre el dilema de James-Tucker. Sabrina me sorprende diciendo—: Sabes... Supongo que James-Tucker no es una idea terrible. Mi respiración se engancha. —James Tucker.

291


—Eso es lo que dije. —No, quiero decir, ese debería ser su nombre, James Tucker. —¿Estás loco? ¿Quieres nombrarla James? —Sí —le digo lentamente—. ¿Por qué no? Podemos llamarla Jamie. Pero el acta de nacimiento dirá James Tucker. De esa manera es partes iguales de ambos, sin el guion que ambos parecemos odiar. Ella se ríe y se inclina para besar la mejilla perfecta de nuestro bebé. —Jamie... me gusta. Y eso es todo.

292


Traducido SOS por Juliette Corregido por lili-ana

Sabrina La pequeña James está en la parte trasera de la camioneta. La enfermera nos saluda desde el interior del vestíbulo. Tengo una bolsa llena de mierda gratis descansando a mis pies. Las manos de Tucker están en el volante. Pero no nos estamos moviendo. —¿Por qué no nos estamos moviendo? Tucker mueve sus ojos inyectados de sangre hacia el asiento trasero. —Tenemos un bebé en esta camioneta, Sabrina. —Lo sé. Traga con fuerza. —Esto está jodido. No deberían permitirnos dejar el hospital con un bebé. Nunca he tenido una mascota antes. No debería reírme de la miseria de Tucker. De hecho, duele hacer cualquier cosa menos sentarme en una posición ligeramente reclinada. Pero su expresión frustrada, un poco aterrorizada es tan distinta a él que no puedo evitar que una risita escape. Cubro mi boca para amortiguar el sonido, habiendo aprendido rápidamente en las cuarenta y ocho horas desde el parto que el sueño es una mercancía preciosa y demasiado escasa para los nuevos padres. —Me encanta que seas tú el que se está volviendo loco. Arranca el auto, Tuck. La familia detrás de nosotros quiere irse. Se retuerce para mirar a través del parabrisas trasero. —Ya tienen dos hijos. Vamos a seguirlos a casa. —No lo hagamos. Con cuidado, me acerco al asiento del coche de Jamie y tiro de la manta hacia abajo, porque a pesar de que el bebé Jamie está durmiendo y yo

293


definitivamente no debo molestarla, no puedo dejar de mirar a su hermoso y arrugado rostro de nuevo. Su pequeña boca de bebé está ligeramente separada y sus pequeños puños de bebé están apretados a su lado. —Vamos a casa —digo con firmeza—. Quiero abrazarla. Mis brazos se sienten vacíos. Sí, Tuck y yo tenemos sólo veintidós años. Ninguno de nosotros tiene un trabajo estable. Estoy viviendo en casa con mi enojona nana y mi estúpido padrastro. Tucker está viviendo con un tipo cuyo sueño es ser un extra en el set de Entourage. Y ahora tenemos una hija juntos. Pero al mirar el dulce rostro de Jamie, todo lo que puedo pensar es cuánto la amo... y a Tucker. Regreso a mi asiento y miro mientras Tucker pone la camioneta en marcha y sale lentamente. Podría caminar más rápido de lo que está moviendo la camioneta, pero al menos nos estamos yendo. Sin embargo, nos lleva casi cuarenta y cinco minutos el viaje a casa porque Tucker mantiene una velocidad constante de cinco millas abajo del límite de velocidad. —Me sorprende que incluso ese policía de Boston sacándote el dedo y tocándote la bocina no te hiciera conducir más rápido. —Ese idiota debería estar escribiendo —replica—. Quédate aquí y te ayudaré. He aprendido en estos últimos diez meses que Tucker realmente me ayuda a salir de la camioneta y no voy a mentir, me estoy acostumbrando. Tiene esos modales cortesanos de la vieja escuela. Al igual que, siempre mantener las puertas abiertas. Tengo que caminar en el interior de la acera en caso de que haya un tiroteo. Incluso sostiene mi abrigo. Mamá Tucker lo crió bien. Podría aprender mucho de ella. Y ya que estamos unidos por esta niña, por su hijo, he decidido que nos vamos a llevar bien. No importa cuántas flechas que ella arroje en mi camino, voy a tomarlas y probarle que soy lo suficientemente buena para ser la madre de su nieta. —Me pregunto si debo conseguir una de esas señales de bebé a bordo. De esa manera los idiotas detrás de mí pueden aprender un poco de paciencia en vez de ponerse en el cuerno como si estuviéramos todos en alguna jodida emergencia —refunfuña Tucker mientras me ayuda. —¿Qué va a pasar cuando uno de esos hijos de puta venga a tu puerta queriendo llevar a Jamie a una cita? Tucker se detiene abruptamente, haciéndome chocar con su espalda rígida.

294


—Ella irá a una escuela sólo de niñas. —Bien, ¿qué pasa si uno de esos hijos de puta es una mujer que quiere llevar a Jamie a una cita? —Nada de esto sería un problema —acusa—, si nos hubiéramos quedado en el hospital como sugerí. Me rio y paso a su lado para poder llegar a mi chica. —Todavía está durmiendo. Su sólido cuerpo se aprieta en mi espalda mientras él se inclina para mirar dentro. —Es tan hermosa. No puedo creer que la hayamos hecho —dice en voz baja contra mi oído—. Estoy comprando un cinturón de castidad. —No creo que necesite uno todavía. —Estoy pensando en el futuro. —Suavemente me mueve a un lado para sacar el cargador fuera de la base. Arqueo una ceja. —Escuche que una vez tuviste un trío. Casi se tropieza en una grieta inexistente en la acera. Una tos leve precede a su pregunta. —¿Un trío? ¿De quién lo escuchaste? ¡Ja! No lo niega. Divertida, lo paso por la puerta principal. —Carin lo oyó. Dijo que eran siempre los más callados. —No hay tríos para Jamie —declara—. Quizá deberíamos educarla en casa hasta los treinta años. —Nos estamos convirtiendo en hipócritas. Tucker asiente con la cabeza con entusiasmo. —Yup, y no hay culpa aquí. —Justo antes de meterse en la casa, murmura—: Por cierto, fue un cuarteto. Jadeo. —¿Dos chicos y dos chicas? Él sonríe.

295


—Tres chicas y yo. —Guau. —Estoy más impresionada que enfadada—. Bien por ti, perra. Riendo, se empuja en el pasillo delantero y se saca sus flip-flops. En el interior, la casa está sorprendentemente tranquila. Ray todavía debe estar en la cama, porque la televisión está encendida, pero el volumen es bajo, y en lugar de ESPN, hay un programa de juegos. —¿Esa eres tú, Sabrina? —pregunta Nana desde la cocina. —Llevaré al bebé al dormitorio —dice Tucker, tratando de mantenerse lo más silencioso posible. Me dirijo a la cocina. —Oye, Nana. Yo, ah, sobreviví. —Levanto mis manos en una postura de victoria coja. Se limpia las manos en una toalla. Detrás de ella, el tocino está chisporroteando en una sartén y el olor a huevos y vainilla llenan el aire. Mi estómago retumba agradecido. La comida del hospital es terrible. —¿El bebé está durmiendo? —Sí. —Abro la puerta del horno. Las rebanadas gruesas de pan francés de doradas reposan en un jarabe de jugo de melocotón. Mi boca se hace agua—. Esto se ve muy bien. —Deberías comer y luego ir a acostarte. Estas primeras semanas no son fáciles. —Me empuja hacia la mesa, su tono y su toque sorprendentemente amoroso. —¿Quieres ver a Jamie? —pregunto, tratando de no sonar demasiado esperanzada. Carin y Hope habían ido de visita ayer, mientras que Nana se había quedado. Definitivamente hiere mis sentimientos, pero como Nana es mi cuidadora, no quiero ser una idiota por esto. —Ella está durmiendo —dice Nana despectivamente—. Habrá tiempo suficiente para sostenerla cuando la pequeña cosa se despierte. Los bebés nunca duermen por mucho tiempo; hay que aprovecharlo mientras puedas. ¿Tu chico está aquí? —Justo aquí, Sra. James. ¿En qué puedo ayudar? —Entra Tucker con propósito, llenando la pequeña habitación con su estructura alta y amplios hombros. Cualquier temor que tuvo al salir del hospital parece haber desaparecido.

296


—Tú también te sientas. Vamos a desayunar. Tostadas francesas y tocino. —Ojalá pudiera quedarme, pero tengo que irme. Mi jefe llamó y uno de los miembros de la tripulación cayó de una escalera en un trabajo. Dijo que me pagaría más si llego con poca antelación. —El dinero extra es bueno —dice Nana con un movimiento de cabeza. Tucker se inclina para besar mi mejilla. —¿Me acompañas a la salida? Me levanto sin dudar y lo sigo afuera hacia la camioneta. Ahora que no tengo un bulto de bebé entre nosotros, las cosas se sienten incómodas. Me ha visto en mi peor, sin embargo, y todavía está alrededor. —Gracias por todo. —No he hecho mucho. —Estuviste allí conmigo. Eso es mucho. Corre el pulgar a lo largo de mi mandíbula. —Estabas fuera de ello en el hospital. ¿Recuerdas mucho? ¿Cómo cuando dijiste que me amabas? —No recuerdo mucho —miento—. Yo estaba operando con puro agotamiento. Su rostro se contrae con decepción. —Está bien. Si quieres jugar así, lo dejaré ir por ahora. —Abre la puerta del conductor—. Te veré después del trabajo. Llámame si necesitas algo. Quiero decirle que lo necesito para decirme que me ama cuando no estoy gritando mi cabeza de dolor o cuando no estoy llorando por lo asustada que estoy de la maternidad. Una docena de emociones se deslizan y pulsan bajo la delgada membrana de mi autocontrol. Sintiéndome vulnerable, retrocedo. —Estaremos bien. Ven cuando puedas. Por la forma en que su mandíbula se endurece como el granito, sé que no es la respuesta que él quiere. Con un pequeño saludo, me apresuro adentro, sin esperar a verlo marcharse. En la sala de estar, encuentro a Nana sosteniendo a Jamie.

297


—Estaba llorando —dice Nana defensivamente. —Está bien —le digo, luchando con una sonrisa—. ¿Te importa si tomo una ducha? Me siento asquerosa. —Ve. —Su mirada está pegada al rostro de Jamie—. Esta pequeña ama a su abuela, ¿no? ¿No es así? Con un corazón aligerado, entro en la ducha. Nana ya está completamente enamorada de Jamie. ¿Quién no lo estaría, sin embargo? Ella es lo más asombroso del mundo. Tomo una buena ducha larga y caliente, que no me permitieron en el hospital debido a la epidural. A pesar del dolor, se siente bien estar fuera de esa cama de hospital. Después de secarme, me pongo un par deviejos pantalones y una camiseta y luego examino mi reflejo en el espejo. Mi cuerpo todavía se siente extraño y no el mío. Los capilares en mis ojos estallaron durante el trabajo de parto, así que me veo demoníaca, todos los ojos rojos y el cabello salvaje. Podría darle a Helena Bonham Carter una carrera por su dinero extraño y loco. Mi barriga sigue siendo grande y redonda, sólo que ahora es blanda y suave. Mis pechos han crecido hasta tamaños enormes y cómicos. Es bueno que no pueda tener relaciones sexuales durante seis semanas. Ni siquiera puedo mirar mi forma postparto sin vacilar, y mucho menos quiero que Tucker la mire. —¿Todavía estás haciendo la lactancia? Siempre usé fórmula, y tanto tú como tu mamá resultaron bien. —Me mira Nana expectante mientras me uno a ella en la sala de estar. —Han dicho que es lo mejor. —Hmmmph. Puedo haber leído algo así en People. Bueno, probablemente deberías alimentar a la pobre chiquilla entonces. Me entrega al bebé y cuidadosamente pongo a Jamie contra mi pecho y la llevo a mi dormitorio. Sentada en el borde de la cama, levanto un lado de mi camisa, sosteniéndola contra mi pecho con mi barbilla, y luego levanto a Jamie hasta mi seno. Se engancha como un pequeño animal hasta que encuentra el pezón. Afortunadamente, se prende. Suspiro de alivio y me tiro hacia atrás en el colchón hasta que mis hombros golpean la pared. La consultora de lactancia me advirtió que la lactancia materna es dura como la mierda, bueno, no usó esas palabras exactamente, pero esa era la esencia, así que estoy agradecida de que esto esté bien por ahora.

298


Recogiendo mi teléfono, escribo con una mano. Yo: Estoy en casa. Hope: ¿Cuándo puedo ir? Carin: NO!!!!!! Aún no terminé los botines. ¡Vuelve al hospital! Yo: Suenas como Tucker. Él no quería que nos fuéramos tampoco. Carin: Escucha al papá de tu bebé. Hope: No está regresando al hospital por una urgencia de no terminar tu tejido. Los hospitales sólo te tienen 2 días por un parto. ¿Cómo te sientes? Yo: Cansada. Asustada. Tucker dijo que me amaba en el hospital. Hope: OMG. Carin: OMG. Hope: Qué dijiste? Carin: Dijo que no cree en el amor, ¿verdad? Le saco la lengua a mi celular. Yo: Pretendí que no lo escuché. Hope: OMG. Carin:¡Ves! Hope: Eso es lo peor. ¿Lo es, sin embargo? ¿Lo es en verdad? Yo: Fue un momento emocional. No lo sostendría en ello. Hope: Eres una estúpida. Estoy terminando mi amistad contigo. Carin: Ella está siendo generosa. YO: Gracias, C. Hope: Sigues siendo una estúpida. Yo: No estúpida. Mamá me odia. T fue forzado a vivir en Boston. No quiero atarlo. T debería estar allá afuera, en bares, golpeando culos. Carin: Retiro lo dicho. Eres una estúpida. Hope: ¡Viste!

299


Carin: Matarías a cualquier chica que lo mirara dos veces. Una imagen de Tucker con otra mujer, con otro bebé, además de Jamie, se forma en mi cabeza, y un dolor sordo brota en mi pecho. Carin no está equivocada en lo absoluto. No estoy preparada para que Tucker siga adelante, no importa cuán indiferente e insensible trato de ser. Jamie lanza un grito agudo y bajo la vista para ver su preciosa boca de bebé rebuscando alrededor el pezón de nuevo. Yo: Tengo que irme. Bebé llorando. Hope: Buena suerte. Carin: No le desees buena suerte. No es un evento deportivo. Hope: ¿Cuál es la peor respuesta a un te amo? Carin: Silencio, y entonces «desearía sentir lo mismo». Hope: Estoy pensando «¿Por qué?» Carin: Que tal «eso es lindo». Hope: Brutal. Yo: No tengo nada que hacer aquí. Jamie abre la boca, y el volumen que sale de sus pulmones me sorprende. Es como si hubiera un amplificador en su garganta. —Shhhh. Shhhh. —Doy vueltas y saco la manta de su asiento. Toma unos cuantos intentos antes de tenerla arropada como un burrito. Al mismo tiempo, la hago callar. Una tonelada de personas en línea jura por un sistema llamado las Cinco S donde callas, envuelves, oscilas, pones de lado y... maldición, no puedo recordar el otro. A Jamie no le gusta que lo haya olvidado. Su rostro se contorsiona en un lío arrugado, infeliz mientras suelta su opinión de mis habilidades maternas. —¿Callar, envolver, oscilar, poner de lado, cantar? —tarareo. Jamie se lamenta. —Jesucristo, ¿qué demonios está pasando ahí? —Se levanta Ray y golpea mi puerta. —Vamos, pequeña Jamie. Para de llorar. Mamá está aquí. A la pequeña Jamie no le importa una mierda. Grita aún más fuerte.

300


—¡Chupar! —grito en triunfo—. ¡Chupar es el otro! Me arrojo al aparador en la esquina, donde se guardé toda la parafernalia de Jamie. La puerta se abre bruscamente y Nana entra apresurada. —¿Qué le estás haciendo a esa niña? —grita sobre el bebé. —Te dije que ella iba a joderlo. —Esta Ray justo detrás de ella y no puede esperar para ofrecer sus dos centavos no deseados. —Ray, ya basta. Ve a comer tu tostada francesa. —Me empuja Nana a un lado—. ¿Qué estás buscando? —Chupete. —Busco a tientas a través de pequeños bodies, mantas y paños de eructar hasta que encuentro un chupete. —Pensé que estabas amamantando —comenta Nana mientras trato de meter el chupete en la boca de Jamie. Su lengua es más fuerte que la novia de noveno grado de Tucker. Me doy por vencida después de que lo escupe por quinta vez. —¿Qué hago? —pregunto a Nana con desesperación. —Quiere el pecho —dice Ray desde la puerta. ¿Tiene razón? En pánico, levanto mi camisa, sin importarme siquiera que Ray pueda ver mi pecho desnudo. Jamie se engancha casi inmediatamente, todo su cuerpo temblando por el llanto. Pequeños hipos interrumpen su succión, pero al menos el llanto se ha detenido. Me agacho en la cama en alivio. En el centro de la habitación, Nana niega con la cabeza. —No deberías haberla enganchado nunca con el pecho. Ahora eso es todo lo que querrá. —Me gusta. —Me da Ray un pulgar hacia arriba—. Buenas tetas, Rina. —Sal —rompo, soltando mi top. Jamie da un grito cuando la tela cae sobre su rostro—. En serio, sólo sal. Nana, por favor. —Deberías haber usado una botella —reprende Nana. —Deberías quitarte la camisa. —Es la útil sugerencia de Ray. Aprieto los dientes. —Necesito un poco de privacidad. Por favor. —¿Cómo vas a alimentarla mientras estás en clase? —pregunta Nana.

301


Jamie vuelve a llorar. Levanto la camisa a pesar de que Ray me está mirando. Mando otra mirada suplicante a Nana, que finalmente se acerca a la puerta. —Ahora ve, Ray. Tu desayuno se va a enfriar. —Esto no va a funcionar, Joy —murmura—. Esa niña no puede estar apegada a los pechos de Rina todo el día. —Déjalas en paz. —Le lanza Nana una mirada sucia antes de dirigirse a mí—. Los bebés lloran. Incluso antes de que la puerta se cierre, me quito la camisa. Jamie se calma mientras dirijo mi pezón a su boca. Cuando vuelve a cerrarse, la tensión comienza a salir de mí. Mierda. No sé si puedo sobrevivir a esto. Su cabeza pequeña es empequeñecida por mi teta gigante, pero cuando sus ojos se abren y su mano comienza a amasarme, tanto amor inunda a través de mi sistema que me debilito. Todo el proceso de alimentación toma menos de quince minutos. Son los únicos quince minutos de paz que tengo por las siguientes dos horas. No puedo dejarla. Cada vez que lo intento, empieza a llorar, lo cual desencadena un grito entre Ray, Nana y yo. Así que termino llevándola alrededor, aprendiendo a comer con una mano, cambiando su pañal usando tres porque arranco las cintas de los dos primeros. En el momento en Tucker llama al mediodía, soy un desastre agotado. —Tu papá está llamando —le digo a Jamie mientras me mira fijamente a través de los ojos partidos. Me he derrumbado en el suelo, sosteniendo su paquete en mis brazos. —¿Cómo te va? —pregunta cuando contesto el teléfono. —He tenido días mejores. —Tomo a Jamie un poco más alto en mi hombro. Su rostro se me clava en el cuello—. Pero creo que tienes razón. No deberíamos haber salido del hospital. —No hay vuelta atrás ahora. —No tienes idea. —Cuéntame sobre tu mañana. Y estoy tan agradecida de oír su voz tranquila, casi estallo en lágrimas. De alguna manera logro mantenerme, diciéndole acerca de cómo Jamie va a

302


ganar medallas olímpicas en levantamiento de pesas porque ya es fuerte como la mierda o que podría ser un mago, porque es capaz de sacudirse de cada manta que he tratado de envolver en ella. Tucker se ríe y me anima, y para cuando suelto el teléfono, estoy convencida de que puedo hacer esto.

303


Traducido por Carilo Corregido por lili-ana

Sabrina Septiembre La maternidad es dura. Más difícil de lo que jamás imaginé que pudiera ser. Es más difícil que estudiar para mis SAT. Mi LSAT. Más desafiante que el papel que tuve que escribir para el curso de Estudios de la Mujer en mi primer año que regreso mí pareciendo que dos plumas rojos habían participado en un asesinato / suicidio en todas mis palabras mecanografiadas. Más agotador que trabajar dos trabajos y tomar una carga completa de clases durante cuatro años. Mi respeto por Nana pasa través del techo. Si tuviera que criar a un niño después del otro, también estaría un poco irritable. Pero con su ayuda y Tucker, he caído en una rutina que parece funcionar, y para el momento en que la segunda semana de clases se lanza, estoy convencida de que tengo esto. Después de todo, sólo estoy en clase tres horas, como mucho, un día. Y no estoy trabajando dos trabajos. Esto es fácil. Fácil. Hasta que tropiezo en mi última clase el viernes de esa segunda semana, cargada con mis botellas, tubos, cinco libras de libros y mi computadora con una asignación de clase de más de mil páginas de lectura para el fin de semana. Siguen amontonándose. Cuando el profesor Malcolm anunció que tendríamos que leer todo el capítulo sobre la culpabilidad y la intención, esperé a que alguien, cualquiera, objetara. Pero nadie lo hizo. Después de la clase, ninguno de mis compañeros parece estar afectado por el hecho de que estamos bastante obligados a leer lo que parece un valor de un semestre entero de cursos en dos días. En su lugar, tres chicos en mi fila deciden llevar a cabo una intensa discusión sobre el sistema de clasificación de Harvard, que ya deberían haber conocido antes de que incluso se inscribieran.

304


Espero con impaciencia que terminen la conversación para que todos podamos salir de la clase. Necesito empezar a leer, pero lo más importante es que mis pechos sienten que están a punto de estallar. No he alimentado a Jamie por casi tres horas y si no llego a la sala de lactancia de la biblioteca, acabaré chorreando por toda mi maldita camisa. —No me gusta esto, ninguna carta de calificaciones. ¿Honores, Pase, Pase bajo y Falla? —Gruñe el chico rubio de nariz afilada a mi lado. —Escuché que los LPs están realmente desalentados. Es Honores o Pase. Realmente tienes que cagarla para obtener un Fracaso —dice la chica a su lado. Sus pómulos son tan feroz que podrían cortar todo mi libro de texto. Hago un gran espectáculo de reunir toda mi mierda y meterla en mi bolso de mensajero, pero nadie se está moviendo. En su lugar, otra chica, con una falda campesina que desencadena malos recuerdos de Hippie Stacy, entra en escena. —Mi primo se graduó de aquí hace un año y dijo que los importantes bufete de abogados calculan sus propias calificaciones basadas en su H, Ps y LPs, así que funciona igual. H es un A, y así sucesivamente. —Mi gran queja es que sólo una persona llega a ser summa cum laude. En cualquier otra escuela de derecho, si obtienes las calificaciones, obtienes la designación. Tener uno solo es una mierda —declara pómulos. La falda campesina la tranquiliza. —Pero puedes conseguir el DS. —Aun así, sólo un par de personas obtienen el reconocimiento Dean, sin embargo. —Son tan tacaños con sus honores —añade el tipo. Me aclaro la garganta. Ellos siguen ignorándome. —Pero es Harvard, así que los grandes te van a mirar de todos modos — dice pómulos con la indiferencia de alguien que está seguro en sus perspectivas de posgrado—. ¿Cuándo puedes comenzar a hacer una oferta PET? —¿Programa de entrevista temprana? —responde la campesina. — Cálmate, artillero. Segundo año solamente. Aprende a escribir una nota primero. Ella comparte una mirada de burla con el chico mientras Pómulos se sonroja levemente. No es divertido ser el punto de las bromas, lo que me impulsa a saltar imprudentemente.

305


—No estoy tan preocupada por las calificaciones como lo estoy por la cantidad de lectura que vamos a tener que hacer. Me gustaría tener una ventaja en esta tarde. —Sugerencia. Insinuación. Muevan el culo, gente. Pómulos levanta la barbilla, feliz de ser el insulto en lugar del insultado. —Eso no es difícil. Difícil es elegir el tema correcto del artículo de revisión de la ley. Leer y digerir algunos casos es un paseo. Se vuelve con un despreocupado tintineo de cabello, recoge sus libros y me deja con la boca abierta detrás de ella. Los otros dos estudiantes siguen. El chico susurra a falda campesina: —Oye, he oído que hay un grupo de estudio solo para aplicaciones. Estoy interesado. ¿Cómo puedo entrar? Ella resopla. —Si tienes que preguntar, no perteneces. Encantador. Al menos nos estamos moviendo. Mis pechos duelen como si mi cuerpo se está preparando para dejar toda la leche salir. Apresurándome, me muevo hacia la puerta, pasando dos compañeros de clase que se han detenido para charlar con otro estudiante. ¿No tienen estos chicos algo mejor que hacer lo que quieren y tirar la mierda? Afuera, un estudiante está distribuyendo folletos. Me agarro uno y paro en mi camino. Es una invitación para asistir a un curso informativo sobre cómo trabajar en Law Review. La reunión es en quince minutos. Mi pecho palpita. —Tu camisa ha producido una fuga —dice una divertida voz masculina. Dejo caer la barbilla para ver de lo que está hablando y blanqueo al ver dos manchas húmedas alrededor de mis áreas de pezón. —No sé lo que está pasando, pero tal vez debería consultar a un médico por esa infección. Eso es asqueroso. Lo reconozco de inmediato. Kale algo, el idiota de la clínica legal. Su cabello de muñeco-Ken limpio, pegado al lado de su rostro. Todo en él grita caro y privilegiado. Le da un codazo al chico que está a su lado, que parece completamente asqueado. Golpeo el folleto contra su pecho. —Estoy amamantando, idiota. Juro que oigo un sonido de mugido detrás de mí, pero cuando me doy la vuelta, ambos chicos se están alejando.

306


Me lleva quince minutos recorrer el campus. Con cada paso, goteo más. Mis emociones son un cruce entre la vergüenza, la ira y la frustración. Me avergüenza de que estoy goteando por todas partes. Ira que ni siquiera me importa lo que piense esa mierda. Y la frustración de que toda mi preciosa leche materna está llenando las copas de mi sostén y manchando mi camisa. Cruzar mis brazos sobre mi pecho no sirve para nada. La presión hace que la leche salga más rápido. Cuando llego a la biblioteca, soy un desastre. El oficinista que tiene las llaves de la sala de lactancia usa las manos cuidadosamente, con cuidado de no hacer ningún contacto con mi carne. Una mujer está saliendo cuando llego. —Todo tuyo —dice alegremente. —Gracias —es mi respuesta severa. Ella coge la puerta cuando empiezo a entrar. —Mal día, ¿eh? Su voz es tan amable y comprensiva, que casi me rompo. —No tienes idea —le respondo, pero luego me doy cuenta de que ella, de todas las personas, probablemente tiene una idea—. O tal vez lo hagas. Pero sí, ha sido un día de mierda. —Espera un segundo. —Cava en su bolsa—. Aquí —Me entrega un pequeño paquete de plástico—. De verdad tengo un segundo juego y nunca los he usado. —¿Qué es esto? —Giro el paquete, examinando las almohadillas de silicón en forma de pétalo. —Se pegan en sus pezones y detienen la fuga. —¿En serio? —Me quedo boquiabierta. —Sí. No son perfectos, y si esperas demasiado, la leche acabará con la adherencia, pero funcionan. Aprieto el paquete con fuerza en mi puño, lleno de abrumador alivio. Tengo que luchar contra las lágrimas de nuevo. —Te abrazaría en este momento si no estuviera tan asquerosa. Pero gracias por todo. —Miro un distintivo libro rojo con letras negras y doradas en la espina dorsal que sobresale de su bolso—. ¿1L? —pregunto.

307


—Tercer año, en realidad. Tenía la esperanza de esperar hasta que terminara con la escuela antes de que todo esto sucediera. —Agita su mano en la bolsa de comida que lleva. Su leche debe estar allí—. ¿Qué hay de ti? —1L. Hace una mueca. —Buena suerte cariño. Sólo recuerda, cada año se hace más fácil después del primero. Y el primero es realmente sólo una guerra de arrepentimiento. — Me da palmaditas en la espalda—. Estarás bien. Me deslizo dentro y me adhiero a la bomba de grado médico. Es un viaje para llegar a la Biblioteca Widener de la facultad de derecho, pero el motor de la bomba está aquí, lo que significa que sólo tengo que llevar mis botellas, cuernos y tubos, y no tuve en la primavera para el costo de una costosa máquina de bombeo portátil. Mi cuenta de cheques ya está llorando por los estragos que mis libros de texto le hicieron. Deshago mi botón de seda y saco mi sujetador. Debo estar asquerosa, pero estoy demasiado cansada. Estoy mayormente vagamente irritada dado que se tarda veinte minutos la estúpida máquina para sacar dos onzas de comida de mis tetas que Jamie ni siquiera quiere comer. Oscilando en la silla, saco mi teléfono para leer mis mensajes. Hope y Carin me enviaron mensajes, pero los omito y toco el nombre de Tucker. Tucker: Fui a ver a J durante el almuerzo. Debajo del mensaje está una foto de Jamie durmiendo en el hueco de su brazo. Mi corazón se aprieta, y el lugar entre mis piernas, que yo imaginaba estaba muerto de labor, pulsa salvajemente. No hay nada más sexy que un amoroso papá. Tucker hace que todas mis hormonas hagan una vertiginosa danza. Yo: Es un ángel. Tucker: Odio dejarla. Yo: Derramé leche materna por toda mi camisa. Fue horriblemente embarazoso. Tucker: Awww. Pobre bebé. Vendré más tarde y frotaré tu espalda. Yo: Tengo 1000 páginas para leer y eso no es ni siquiera una exageración. Tucker: Yo me encargaré del cuidado de J. Tu estudia. Yo: Voy a tomar eso.

308


Tucker: Bien. Nunca me dejas hacer lo suficiente. Porque no quiero alejarte. Por supuesto, no escribo eso. Yo: Eres el mejor papá que jamás podría pedir. Tucker: Tienes estándares bajos, nena, pero me gusta. Yo:  Yo: Voy a tomar una siesta ahora mientras toda maldita vida es aspirada de mí. Parezco que soy parte de la Matrix, conectada a una máquina. Tucker: ¿Tomaste la píldora roja o la azul? Yo: ¿Cuál hace que Jamie se vaya a dormir? Esa es la que voy a tomar. Tucker: Voy a comprar un prescripción de Ambien.32 Yo: Lástima que no se me permita tomar eso. Tucker: Mi mamá dijo que su mamá solía frotar brandy en sus encías para que ella se fuera a dormir. Yo: Esperemos que el DHS ¿Funcionó?

33

no esté espiando estos mensajes.

Tucker: No sé. Dejaré una botella de brandy al lado del Ambien. Yo: Ves. El mejor papá. Tucker: LOL. Vete a dormir, cariño. * Hope y Carin me compraron un libro llamado "Vete a la mierda a dormir". Lo he leído a Jamie cien veces. No funciona. Esa cosa es basura. Durante el fin de semana Jamie decide que es alérgica a dormir. La única vez que incluso cierra los ojos es cuando me estoy moviendo. Mientras que puedo leer y caminar al mismo tiempo, dormir y caminar simultáneamente está más allá de mis habilidades, por lo que comienzo mi tercera semana de la escuela de derecho ochocientas páginas atrás. Me arrastro aclase, sin haber leído ni siquiera una palabra para mi clase de contratos. Lo hice a través del derecho penal, pero eso fue todo.

32 33

Es un sedante y utilizado por corto tiempo en el tratamiento del insomnio. Seguridad Nacional

309


Espero que el profesor Clive hoy llame a alguien más aparte de mí. —La semana pasada, repasamos los dos primeros elementos que forman un contrato. Sr. Bagliano, comparta con la clase esos dos elementos y la celebración del caso Carlill de 1898. El señor Bagliano, que parece tan italiano como obedientemente recita los dos principios que aprendimos antes.

su

apellido,

—Oferta y aceptación. El caso Carlill de 1898 discutió sin importar un anuncio podía interpretarse como una oferta. El caso fue decidido por el Tribunal de Apelaciones inglés, quien sostuvo que sí, que era una oferta unilateral vinculante que podría ser aceptada por cualquier persona que respondiera al anuncio. —Excelente, Sr. Bagliano. —Consulta el Profesor Clive su hoja de papel que presumo tiene todos nuestros nombres. Cierro los ojos y rezo para que mi nombre desaparezca mágicamente. —Sra. James, diganos el tercer elemento de un contrato y la celebración del caso Borden. Cuando mi corazón se desploma en mi estómago, desesperadamente escaneo la habitación como si de alguna manera pudiera leer la respuesta a los ojos de uno de mis compañeros de clase. Ninguna bombilla aparece sobre la cabeza de nadie, menos aún la mía. Junto a mí, un tipo cuyo nombre no he hecho el esfuerzo de aprender murmura algo por el lado de su boca. Suena como confederación. Eso no parece correcto. Tose de nuevo "confederación" en su mano. La risa nerviosa se extiende por la habitación mientras mis mejillas se iluminan como llamas gemelas. Abajo en la parte delantera podio de conferencias, los delgados labios del profesor Clive. —El señor Gavriel está diciendo la consideración, Sra. James. —Cambia su mirada al pobre tipo a mi lado—. Señor. Gavriel, ya que sabe la respuesta, ¿quizás pueda compartir la celebración del caso? El señor Gavriel me lanza una mirada comprensiva antes de sacar sus notas perfectamente construidas y proceder a discutir la reciprocidad y las promesas ilusorias y otras mierdas de las que no tengo la primera pista. Casualmente arrastro un cuaderno sobre mi propio rasguño de pollo donde la tinta está manchada y sangrando a través de la página desde donde me

310


hundí cuando me quedé dormida, junto con una dosis saludable de leche materna y baba de bebé. Es difícil escuchar lo último de la conferencia con vergüenza rugiendo en mis tímpanos, pero tomo copiosas notas con la esperanza de que cuando revise esta mierda más tarde, todo tendrá sentido. Después de que la clase ha terminado, el profesor Clive gesticula para que me unan a él en el frente de la habitación. Clava sus dedos debajo de la barbilla. —Señora James, la profesora Fromm compartió conmigo su circunstancia en casa, y aunque puedo apreciar lo difícil que debe ser, las normas en clase no se modifican debido a la maternidad. Rígidamente, le respondo: —No pensé que lo fueran. Me disculpo hoy y prometo que no habrá lapsos en el futuro. —Ciertamente espero que no, pero de nuevo, clasificamos en una curva y alguien tiene que estar en el fondo. Levanto la mano para rascarme el cuello, no porque me pique, sino por la abrumadora necesidad de sacudirlo. —No seré yo —le aseguro. Me mira durante un largo e incómodo momento antes de despedirme con un ligero asentimiento. —Ya veremos.

311


Traducido por Mariela Corregido por lili-ana

Tucker Sabrina se aparece en mi apartamento el viernes en la tarde acarreando las cosas suficientes para llenar completamente una tienda de bebés. Incluso desde que Jamie nació, he aprendido que no puedo irme de la casa con solamente mi cartera, teléfono y llaves. Nop. Sólo llevar a Jamie a un paseo corto requiere una pañalera inundada de todo desde toallitas húmedas para bebés hasta chupones, hasta la pequeña cosita de patito que la hace gritar como de muerte sangrienta si se lo quitas. Además de la carriola, la gorra, ropa extra en caso de que se moje. Y con todo ese equipo a mano, la mitad de las veces termino usando más que un pañal y un biberón, el resto de las cosas resultando ser inútiles. No me importa, sin embargo. Amo ser papá. Deseo poder llegar a ver a Sabrina y al bebé todos los días, todo el día, pero justo ahora sólo obtengo unos pocos días completos a la semana y mi visita nocturna a la casa de Sabrina. Cada vez que estoy ahí, me ofrezco para pasar la noche y ella niega con su cabeza gentilmente. Creo que se siente incómoda teniéndome alrededor de su sombrío, padrastro y mientras más llego a conocer a Ray, más lo odio. El bastardo es grosero, crudo y obsceno. No es un buen tipo. Sip, Dr. Seuss podría escribir una serie de libros de rimas para adultos sobre ese cretino. —Hola. —Empuja Sabrina la carriola a través de la angosta puerta delantera, y no me pierdo sus oscuras ojeras bajo sus ojos. Cuando hablamos más temprano esta mañana, dijo que no pudo pestañar ni un poco porque Jamie se despertó cada hora. Nuestra hija tiene un apetito voraz, y sé por el hecho de que ella ama tanto las tetas de Sabrina como yo lo hago, porque siempre que tratas de alimentarla con leche materna en el biberón, toma el doble de tiempo que cuando lo hace del pecho. —Hola. ¿Cómo está mi chica hoy? —pregunto con una sonrisa.

312


—Sorprendentemente alegre considerado que ella me mantuvo despierta toda la noche. —Hablo de ti, cariño. —Pongo los ojos en blanco, me inclino para besarla. Ella está usando algún brillo labial con sabor a frutas… fresa, creo. Y es tan delicioso que entierro mi boca por otra probada. Paso mi lengua por su labio inferior y gime suavemente. Mierda, quiero quedarme aquí de pie y besarla por siempre. O incluso mejor, rasgar sus ropas y perderme en su cuerpo por una semana continua. Pero nuestras seis semanas no se han cumplido, e incluso si lo estuvieran, no estoy seguro de que Sabrina siquiera quisiera sexo. Está tan cansada todo el tiempo, bueno, en camino de convertirse en zombie. No sé cómo se las está arreglando para asistir a clases, cumplir con sus lecturas, escribir papeles, y aun así estar ahí para nuestra hija. Es un testamento de su fuerza y determinación. Supongo, aunque deseo que ella me permitiera hacer más para facilitar su estrés. Infierno, incluso pedirle que viniera hoy, donde puede estudiar en silencio mientras cuido a la bebé, requirió treinta minutos de debatir antes de que ella finalmente viniera. Está teniendo dificultades estudiando en casa, con su abuela constantemente cotilleando en su oído sobre en lo que están las Kardashians, mientras Ray se tambalea dentro y fuera de la cocina para agarrar una cerveza. Aquí, tengo un compañero quien trabaja durante el día, así que es agradable y silencioso. Además, no he tenido mucho trabajo de construcción últimamente aunado a los recientes torrenciales, así que esta semana he estado en casa, gorroneando alrededor y buscando varias empresas de negocios. Cuando un chillido descontento sale de la carriola, me río entre dientes. —A la pequeña princesa no le gusta ser ignorada, ¿eh? —Me agacho frente a la carriola y desabrocho cuidadosamente los diversos broches y hebillas que mantienen a Jamie segura. Entonces la levanto en mis brazos, una mano acariciando su minúsculo culito, la otra apoyada su cuello mientras la sostengo frente a mí. Como siempre, su mirada me quita el aliento. Es el más bello bebé en el mundo. Incluso mi mamá lo dice. Le mando imágenes cada día y constantemente se maravilla sobre la perfección que es James Tucker. Mi mamá está muriendo por conocer a Jamie en persona, pero no puede escaparse hasta después de las fiestas, lo cual es todavía dentro de un par de meses. Por ahora, las fotografías diarias parecen calmarla. —¿Cómo está el ángel de papá esta mañana?

313


Jamie gorgojea y me dispara una sonrisa desdentada. Y sí, es totalmente una sonrisa. Sabrina se mantiene insistiendo que es gas, pero pienso que sé cuándo mi propia hija está sonriéndome, muchas gracias. Beso su mejilla imposiblemente suave y ella me acaricia con su dulce rostro contra mi pectoral. Una punzada aguda sacude inmediatamente a través de mi pezón. Grito mientras su ansiosa boca trata de adherirse. Mierda, olvidé que no llevaba playera. A Broady no le gusta encender el aire acondicionado si no es necesario, así que la mayoría del tiempo dejamos las ventanas abiertas. Me he mantenido caminando alrededor en pantalones cortos de baloncesto y nada más. —Tranquila, cariño —reprendo, alejando su rostro. Su boca se abre y cierra rápidamente mientras trata de succionar aire, lo cual derrite mi corazón. Levanto la mirada para compartir una sonrisa con Sabrina, sólo para encontrar que sus ojos oscuros están vidriosos y su boca cae abierta. Arrugo la frente. —¿Qué? Le toma un segundo responder. Cuando lo hace su voz es un poco ronca. —Me acabas de proporcionar cientos de horas que azotan el banco de placer. Me ahogo de la risa. —Jesús, Sabrina. ¿Te estás desatendiendo de nuestra hija tratando de cuidarme? —No, consigo zafarme de eso. —Gesticula hacia nosotros. Todavía no lo entiendo. —¿Un magnífico hombre con el torso desnudo sosteniendo a un niño pequeño? —apuntala—. Es la cosa más caliente que he visto en mi vida. Maldición si mi polla no se pone rígida debajo de mis pantalones cortos. —¿Sí? —digo lentamente. —Oh, sí. —Suspira—. Maldita sea, Tuck. Ahora nunca podré concentrarme en los contratos de hoy. —Me pondré una camisa —le ofrezco amablemente.

314


—Hazlo. —coloca Sabrina la bolsa de pañales, pero se aferra a la bolsa de mensajero colgando de su otro hombro. Se acerca a la mesa de la sala, deja caer la bolsa y empieza a sacar sus libros. Silbo bajo mi respiración. Hombre, ¿ha estado arrastrando esa pesada bolsa de pañales en una mano y todos esos libros de texto en la otra? Ella es el maldito Hulk. —¿Cómo estuvo la clase esta mañana? —Larga. —Echa un vistazo por encima del hombro—. ¿Debo estudiar aquí o en tu habitación? —Podría quedarte aquí afuera. —Cambié a Jamie al otro brazo, amando el pequeño peso de ella y la pequeña mejilla presionada contra mi hombro desnudo—. Estaba pensando en llevar a la princesa a pasear por la cuadra. Sabrina asiente. —De acuerdo, pero asegúrate de mantenerla fuera del sol. Asiento de nuevo. Ambos hemos leído los mismos libros, así que sé que la luz directa del sol es perjudicial para los bebés. Siempre que llevo a Jamie, me aseguro de que esté usando su sombrero y escondida bajo la pantalla de sombra del cochecito. Casi la trato como si fuera una vampira. —¿Te importaría sostener a esta preciosa carga mientras me pongo una camisa? Sabrina abre los brazos y deposito a Jamie en ellos. Mi pecho se vuelve caliente mientras veo a Sabrina agacharse para dar pequeños besos en las mejillas y la frente de Jamie. En respuesta, Jamie se mueve alrededor como un gusano y bombea sus puños en el aire. No ha aprendido a reír todavía, al menos no con sus cuerdas vocales, pero he descubierto que su cuerpo retorciéndose es una señal de que está divirtiéndose. Me meto en mi habitación y me pongo una camiseta sin mangas, luego un par de calcetines atléticos y meto mi cartera y el teléfono en mi bolsillo trasero. En el vestíbulo, me calzo mis zapatillas de deporte antes de recoger a Jamie y a su montaña de cosas. Una vez que se acomoda en el cochecito, lo hago girar hacia la puerta, mientras Sabrina nos da un pequeño saludo. —Estudia duro, mami —bromeo. —Diviértete —responde distraídamente. Ya está escribiendo algo en un bloc de notas amarillo, su mirada se centra en uno de sus libros de leyes. Se necesita un poco de maniobra estratégica para empujar el cochecito en el estrecho ascensor. Pocos minutos después, Jamie y yo caminamos por la

315


acera. El sol ha decidido esconderse detrás de una gruesa nube gris, dejando el cielo cubierto, así que levanto pantalla de sombra de Jamie un par de pulgadas para que pueda disfrutar del paisaje. Y no es la única que lo disfruta. ¿Otra cosa que he aprendido desde que tuve un hijo? Las mujeres se vuelven locas cuando me ven con el bebé. Cada vez que estoy empujando el cochecito por la calle, me encuentro con decenas de groupies. Chicas me detendrán de la nada para acariciar y arrullar a Jamie. Casi siempre recorren mi mano para comprobar un anillo de bodas y luego asentir con satisfacción cuando no ven uno. Las más atrevidas tienen cero problemas de plano de preguntar si la mamá del ángel todavía está en la imagen. Siempre están muy decepcionadas cuando les informo que la madre está muy en la imagen. Entonces haré una sonrisa educada, les ofreceré un buen día y seguiré caminando. La única vez que Logan se unió a mí para uno de estos paseos, sacudió la cabeza con asombro, señalando que era una lástima que ninguno de nosotros estuviera soltero, porque Jamie es un imán para las chicas. Mis amigos la adoran. Sé que desean poder verla más a menudo, pero todos tenemos nuestras propias vidas ocupadas para dirigir. Desde que la temporada de hockey comenzó, Garrett ha estado practicando duro y está constantemente en camino para los partidos. El entrenamiento de Logan es igualmente duro con el equipo de desarrollo, y él y Grace todavía están instalándose en su nuevo apartamento. A pesar de eso, todos salen a ver a Jamie en cualquier momento que tienen libre. Hannah, especialmente, que sólo está trabajando a tiempo parcial por el momento y escribir canciones en el lado. —Oye, mira eso, pequeña querida —le digo a mi hija cuando nos detenemos en el cruce de peatones. Es un perrito. Dicho perrito trata de oler el cochecito mientras él y su dueña se acercan a nosotros. Y maldita sea, debería haber mantenido la boca cerrada, porque ahora he atraído la atención de la dueña. —¡Oh mí! ¡Mira este precioso ángel! Se agacha y comienza a palmear a Jamie, que me hace erizar. ¿Esto es normal? ¿Extraños constantemente tratando de tocar a tu bebé? Porque sucede demasiado a menudo para mi gusto. La mujer presiona un beso a los dedos minúsculos de Jamie, y hago una nota mental para limpiarlos en el segundo que estemos fuera de vista. Demonios, la desinfectaría si no pensara que le haría daño. No quiero todos estos gérmenes por todo mi hija.

316


—¿Cuál es su nombre? —pregunta la mujer. —Jamie. —Miro fijamente la señal para cruzar, esperando que el pequeño hombre verde aparezca antes de que la chica empiece a coquetear. —¿Y cuál es el nombre de su papá? Demasiado tarde. —Tucker, pero mi esposa me llama Tuck. Eso la cierra rápidamente. Normalmente no soy tan grosero durante estas recolecciones callejeras aleatorias, pero realmente no me gusta la forma en que tocó a mi hija sin permiso. A la mierda. Una vez que la luz se convierte en verde, empujo rápidamente el cochecito hacia adelante, murmurando adiós a la mujer y su perro. —Bueno, al menos el perrito era lindo, ¿verdad, cariño? Ella no contesta, pero no importa. Me ha llevado a mantener conversaciones enteras con esta chica. Lo encuentro un poco calmante. —¿Ves eso ahí? Eso son unos columpios —le informo mientras caminamos por un pequeño parque—. Cuando seas un poco mayor, papá te llevará allí y te empujará en el columpio. Camino dos cuadras más, acelerando cuando nos acercamos a una tienda de juguetes para adultos. —Y ese es un lugar en el que nunca entrarás —digo alegremente—. Porque nunca vas a tener relaciones sexuales, ¿verdad, princesa? Hay un fuerte bufido. Miro por encima del hombro para ver a una pareja de ancianos caminando detrás de mí. Me recuerdan un poco a Hiram y Doris. Hombre, me pregunto qué están haciendo esos dos. Me gustaría que hubiéramos recibido su información de contacto después de esa idiotez de cita de pintura al desnudo. —Buena suerte con eso —dice el hombre con una sonrisa torcida. —Cuatro hijas —confirma la mujer—. El pobre Freddie aquí no pudo convencer a ninguna de permanecer vírgenes. Le regreso la sonrisa. —Obviamente no se esforzó lo suficiente. ¿Pensaste en comprar una escopeta?

317


La pareja ruge de risa. Jamie y yo seguimos paseando por unos minutos mรกs, hasta que de repente llego a una parada en un rincรณn familiar. No he estado en Paddy's Dive desde la noche en que Sabrina entrรณ en trabajo de parto, pero de alguna manera he encontrado el camino de regreso ahora. Y hay un letrero EN VENTA en la ventana.

318


Traducido por Carilo Corregido por lili-ana

Sabrina —Siento llegar tarde —Me disculpo mientras me deslizo en una silla de Della's. Carin y Hope ya tienen sus bebidas, y por la piscina de condensación sobre la mesa, estoy más tarde de lo que me di cuenta. O era más temprano. Desde que nació Jamie, me cuesta trabajo llegar a tiempo. —¿Dónde está la bebé? —pregunta Carin, rechazando mi tardanza con una airosa onda de su mano. —Está con Nana. —Agarro el menú, y hago una búsqueda rápida por la más jugosa cosa, más carnosa que puedo encontrar. Ambas chicas malhumoradas. —¡Queríamos ver a la bebé! —grita Hope. —Sí. Todo el punto es que traigas a Jamie para que podamos embobarnos con ella. Ya casi termino con los botines. —Saca Carinun lío de hilo que no se parece en nada a un zapato o incluso un calcetín. —¿Qué es esa cosa? —Dejo el menú para obtener una mejor vista del objeto que está sosteniendo. Es como el equivalente en lana del horrible oso de peluche de Logan. —Es un calcetín. ¿Es demasiado grande o demasiado pequeño? —Lo extiende y veo algo vagamente como un barco en el lío. —¿Es...estás segura de que es un calcetín? Hope se ríe tras su menú. Carin frunce el ceño. —¿Alguna vez has tratado de tejer? Es difícil como mierda, muchas gracias. —Con un resoplido, mete el desorden moteado en su bolso.

319


—Además de tejer, que lo aprecio, ¿cómo está el MIT? Hope se ilumina. —Carin saco la barba de su lista de deseos. —Agradable. —Le doy un pulgar hacia arriba. —Cuéntame sobre eso. —Nah, no es nada. —Levanta Carin el menú para ocultar su rostro. —Señor barba es el TA de Carin —explica Hope—. Piensa que estarás enojada. —Él no es mi TA —Carin objeta. —Está bien, está bien —Se apresura Hope—. Es TA en otra clase, que Carin probablemente tomará el próximo año. —Eh. Estoy bien con eso. —Recojo mi menú otra vez y estudio mis opciones. Estoy dividida entre la hamburguesa con queso azul y el sandwich de bistec Philly. ¿Puedo incluso comer queso azul? Bajo el menú para preguntar a Hope, solo para encontrar a mis amigas mirándome. —¿Qué? —Mis ojos caen al pecho en un pánico—. ¿Estoy goteando? — No, mi camisa está seca, gracias a Dios. Esos pequeños cojines de pezón de silicón están funcionando muy bien. —Pensamos que estarías molesta por esto debido a lo de Dean —explica Carin. —Dean y yo lo compensamos. —Si yo rompiéndome y Dean dándome palmaditas torpes en la espalda cuenta como compensación. Lo que, en mi libro, lo hace. Además, por lo que sé, él no ha dicho una palabra a Tucker sobre el hecho de que estoy locamente enamorada del tipo. —Bueno, eso es bueno. La camarera aparece y todas ordenamos. Hope consigue una ensalada, Carin ordena sopa y ensalada, y yo pido el cheesesteak Philly y a un lado papas fritas porque estoy tan hambrienta. —¿Cómo está la Facultad de Medicina? —le pregunto a Hope. —Todo va bien. La carga del curso es aplastante. —Te escucho.

320


—La Facultad de medicina está minando toda mi energía hasta el punto de que no tengo tiempo para D'André. Él sigue hablando de esquí de sol a sol durante las vacaciones de Navidad, y todo lo que quiero hacer es estar en frente de la chimenea en la cabaña y dormir. No sé cómo lo haces. —No sería capaz de hacerlo sin Tucker. Siempre está ahí. Bueno, la mayoría de las veces —corrijo. Porque últimamente, ha estado muy ocupado y he estado entrando en pánico. Hope frunce el ceño. —Oh no. ¿Hay problemas en el paraíso? —No en realidad no. Está haciendo más de lo que nunca soñé, en realidad. Me hace sentir culpable. —Oh a la mierda eso —dice Carin—Este es su hijo también. ¿Está holgazaneando? Porque voy a patear su trasero de aquí al puerto para ti. —No, en absoluto. Es... —Me detengo, vacilante para dar a mi miedo una voz, como si decir las palabras las haga verdad. Pero estas dos son mis mejores amigas, así que me doy por vencida—. Creo que ha encontrado a alguien más. —No. —Hope lo niega de inmediato—. ¿Cuándo tendría tiempo? Dijiste que viene casi todas las noches y también lo ves los fines de semana. —Precisamente por eso. Antes, estaba todo el tiempo, pero en las últimas dos semanas ha estado muy ocupado. —Tal vez hay un montón de constructores tratando de hacer proyectos antes de que llegue la nieve —sugiere Carin—. Y así todos están trabajando en turnos dobles o algo así. —Quizá. —Suspiro—. No es sólo que él no está alrededor tanto. Está distraído y callado, más que de costumbre. Siento que quiere decirme algo, pero tiene miedo de cómo lo voy a tomar. —Solo salgan y dile que lo amas —ordena Hope, sacudiéndome el tenedor—. De hecho, estoy sorprendida de que no hayas metido la pata y ya lo hayas hecho. Incluso en los textos y cosas así. —Es más que difícil —admito—. El otro día estaba buscando un vaso de agua y su camisa se deslizó hacia arriba y casi me caí de rodillas con lujuria. ¿Y cuando está con Jamie? Se vuelve casi imposible. Estaba sentado en el sofá la otra noche, alimentándola. Y empecé a decirle te amo y me frene, pero no antes de que tuviera las dos primeras palabras fuera. Terminé diciendo que me encantan tus calcetines.

321


—¿Me encantan tus calcetines? —exclama Carin. —Es más que ridículo. Lo sé. —¿Por qué no se lo dices? —Porque si le digo, entonces se sentirá obligado a mí. Es tan honorable y tan decente que ni siquiera mira a otra mujer. —Solo salgan y preguntarle si está viendo a alguien. Si dice que no, entonces dile que lo quieres todo para ti —aconseja Carin—. Si dice que sí, al menos ya lo sabes. Es mejor saberlo que volverte loca preguntándote. —La certeza es la mejor —acuerda Hope. Les doy una sonrisa apretada y cambio el tema preguntando a Carin más sobre el TA caliente, barbudo que está golpeando actualmente. Ella felizmente obligada, aunque toda la charla de sexo me recuerda lo poco que he tenido últimamente. Era difícil encontrar una posición que fuera cómoda antes de que tuviera al bebé, y ahora que se ha levantado la prohibición de seis semanas, no estoy segura de querer que Tucker vea mi cuerpo. Está acostumbrado a chicas calientes, universitarias con cero grasas corporales y abdominales de acero. Soy más como abdominales de Jell-O en este momento. Nuestra comida finalmente llega. Encuentro el pretexto de que me estoy muriendo de hambre, pero sobre todo me estoy escondiendo de mis amigas porque no estoy de acuerdo con sus consejos. Saber que Tucker ama a alguien me romperá. Prefiero pasar toda mi vida en el limbo que hacer que me diga que se ha enamorado de una mujer que no soy yo. * Cuando llego a casa, Nana está durmiendo con Jamie, lo que me permite obtener unas cuantas horas de estudio antes de la cena. Ray está en el sofá, la televisión retumbando, lo que significa que no puedo leer en la cocina. Me estoy cansando de estar encerrada en mi estrecho dormitorio con la cuna, mi cama gemela, y mil y cinco artículos para bebés, pero no tengo muchas opciones. Metiendo un par de tapones para los oídos, me las arreglo para leer a través de todo, la ley criminal y agravios antes de que escuche el gemido fino de mi niña hambrienta. —¿Estás en casa, Sabrina? —llama Nana por la puerta. Me levanto y la saludo. —Sip. Regresé hace un par de horas. Ustedes dos estaban durmiendo. — Estiro la mano y le arranco a Jamie de sus brazos. Mi bebé muñeca gimotea y

322


se enraíza alrededor, su boca sobre mi camisa—. Será mejor que la dé de comer. —Mientras haces eso. Voy a correr a la tienda por unas cuantas cosas. Casi no tenemos leche ni queso. —Bueno. —Empiezo a cerrar la puerta, pero Nana me detiene. —Deberías salir de ahí —dice, mirando por encima de mi hombro hacia el espacio confinado—. Te volverás loca. —Está bien —le respondo, aunque tiene razón. La habitación se siente cada día más pequeña. Ella se encoge de hombros, su lenguaje corporal me dice que es mi entierro. Antes de que cierre la puerta, la oigo gritarle a Ray. «Esa televisión es demasiado fuerte, Ray. Le dolerá al orejas del bebé». Él murmura algo indistinguible. Estoy segura de que es una variación de «Que se joda el bebé». Tres años más. Tres años más y luego aterrizaré ese trabajo de Gran buffet y saldré de este lugar. Nana y Ray intercambian algunas palabras más concisas, su voz es aguda y la suya está enojada,. La energía de esta casa es tan negativa. Abrazo a Jamie más cerca de mí. —Pronto saldremos de este lugar. Ella grita, un sonido lamentable y hambriento. Desabrocho mi camisa y la tiro a un lado, rebotando en mis brazos cuando lo hago. Pero sigue llorando. Un momento después, Ray golpea mi puerta. —Calla al puto bebé. Mi juego está encendido. Cierro los ojos y oro por la paciencia. Jamie grita su molestia y miro hacia abajo para descubrir que la almohadilla de pezón de silicón está obstaculizando sus esfuerzos para alimentarse. Lo arranco y lo tiro en la cómoda. Ray golpea de nuevo. —¡Estoy hablando contigo, Rina! Abro la puerta con llave, Jamie se agarró a mi pecho y me enfrentó al idiota.

323


—Es un bebé, no una máquina. No la enciendo a voluntad, ¿de acuerdo? Y no es como si me gusta escucharla llorar, idiota. Estoy haciendo todo lo posible por hacerla feliz. —No parece que seas buena en nada, pero ser un juguete de succión — gruñe. Su aliento de cerveza caliente se lava sobre mí. La ira se quema en mi intestino. Cierro la puerta, pero rebota de regreso mientras él golpea su mano contra ella. —Sal —ordeno. No quiero que este hombre se encuentre cerca de mi hija, y no me importa si tengo que patearlo en las pelotas para dejarlo claro. Ray no es mucho más alto que yo y es flaco como un carril, pero logra sacar la puerta de mi mano y avanzar. Retrocedo, con las piernas golpeando el colchón. —Vete —repito. Mi corazón empieza a latir rápidamente. Ray nunca ha sido violento, nunca me levantó una mano, pero en este momento, la mirada en sus ojos hace que todos los vellos de mi cuerpo se pongan de punta. Pongo a Jamie más cerca de mí. Ella lloriquea y me obligo a aflojar el agarre. —Tus tetas son enormes. —Su lengua sale de entre sus labios. Arrastro un lado de mi camisa cerrada. Pero el otro aún tiene a Jamie enganchado. —¿Qué sabor tiene esa leche? Un escalofrío corre por mi columna vertebral. Mi leche es dulce, pero el miedo sabe cómo el cobre contra mi lengua. —Tienes que irte ahora —gruño. —Tienes dos tetas y sólo una boca en ellas. —Se acerca hacia mí, lenta y espeluznantemente. Me arrastro hacia atrás, manteniendo un control protector sobre mi hija. —Aléjate de nosotras, Ray. Lo digo en serio. Acércate y te juro que te arrancaré los ojos. —¿Por qué no me das un gusto? He estado pensando en lo jugoso que debe ser. Y he tenido a tu mamá y a tu abuela. ¿Por qué no la más joven? Será mi truco de Ray Donaghy.

324


Me estiro detrás de mí en busca de un arma, pero la necesidad nunca se materializa. En su lugar, hay un rugido en la puerta, y luego un torpedo de seis pies y tres pulgadas se lanza a Ray y lo gira alrededor. Tucker conduce un puño al rostro de Ray antes de que el bastardo se da cuenta de que hay otra persona en la habitación con nosotros. Me acurrucó en la esquina, arrastrando una manta sobre mi pecho como para cubrir los ojos de Jamie de la escena frente a ella. Tucker lanza a Ray contra la pared, levantando el culo flaco de mi padrastro con una mano fuerte contra su garganta. —Estás jodidamente enfermo. Tienes suerte de que mi hija y mi mujer estén en este cuarto ahora mismo o te acabaré. Su apretón aumenta, y tanto como pienso que Ray merece que el moco se ahogue de él, no quiero que Jamie visite a su papá en una prisión estatal de Massachusetts durante los próximos veinte años. —Deberás esperar hasta que termine con la Facultad de Leyes para matar a Ray, —le digo a Tucker, débil de alivio. Aprieta la garganta de Ray una vez más antes de dejar que el asqueroso caiga al suelo. —Vamos —ladra Tucker, volviéndose hacia mí. Sus pupilas están dilatadas y sus fosas nasales brillan mientras lucha por recomponer su compostura—. Estamos fuera de aquí. No discuto. * —¿Cuánto tiempo lleva eso? —pregunta Tucker mientras sale de la calzada. Apartó el rostro gorgoreante y feliz de Jamie y encuentro su sombría expresión. —¿Ray siendo un idiota? Desde el principio de los tiempos. ¿Intentando sentirme mientras alimentaba a Jamie? Esa es la primera. A pesar de ser espeluznante debe haber estado siempre en el fondo de mi mente o de lo contrario no me habría sentido obligada a ocultarme en mi dormitorio todo el tiempo. —No puedes quedarte allí —dice Tucker. Llevo una mano temblorosa sobre mi rostro.

325


—No tengo otra opción en este momento. Los bebés son caros y mi cuenta bancaria está sangrando. Hope me dio este pastel de pañales y tenía como doscientos cincuenta pañales, me reí cuando los conté. —Bueno, los usé en las primeras tres semanas. Y vives con Brody, que finge que su dormitorio es una prueba de Cirque de Solei, con la banda sonora que lo acompaña. —Lo sé. —Muerde Tucker su labio—. No estaba listo para hacer esto porque quería esperar el momento adecuado, pero voy a tener que hacerlo. Mordisqueo nerviosamente el interior de mi mejilla. —¿El momento adecuado para qué? ¿Está rompiendo conmigo? Oh Dios. Lucho contra el impulso de vomitar por todo el interior de la limpia camioneta de Tucker. —Para esto. —Detiene la camioneta delante de un bar de la esquina. Es clásico de Boston con su exterior de ladrillo rojo, toldo verde y un patio de tamaño de estampilla en la parte trasera. —No puedo beber mientras estoy amamantando —le recuerdo. —Sí, guarda ese pensamiento —dice, y luego se desliza fuera dela camioneta. Mientras saca a Jamie de su portador, bajo y lo encuentro en la acera. —No podemos traer a un bebé al bar. —No lo hacemos. —Coloca su mano en mi espalda baja y me guía hacia el lado del pequeño edificio. Hay unas escaleras que conducen al segundo piso— . Vamos —dice cuando dudo. —¿Alquilaste un apartamento? —Trato de mantener la preocupación fuera de mi voz. Es su dinero y debe hacer lo que quiera con él, pero alquilar un lugar por sí mismo porque estoy teniendo problemas en casa parece una pérdida de dinero—. Porque Ray habla y no hace nada. —Correcto. Como si te atacara en tu habitación fue todo un montón de palabras. —Estaba borracho. —Por Dios. ¿Por qué estoy inventando excusas para ese psicópata? Tucker me da otro empujón.

326


—¿Vas a arrastrar tu culo arriba o tengo que llevar a las dos? —Voy. —Cedo. El pomo de la puerta gira bajo mi mano y noto un teclado electrónico recién instalado. —Funciona a través de comunicaciones de campo cercano —me informa Tucker. —En inglés por favor. —Se desbloquea cuando un dispositivo emparejado está cerca. De esa manera si tienes las manos llenas, todavía puedes entrar. —Genial —digo débilmente. Y esa es sólo la primera de muchas sorpresas. Arriba, encuentro un enorme apartamento de dos dormitorios. La cocina es pequeña y los electrodomésticos son viejos, pero hay ventanas por todas partes. La sala de estar está llena de polvo y ladrillo expuesto. —He estado derribando el muro de yeso.—Gesticula Tucker hacia las paredes —. No he tocado el dormitorio porque pensé que querrías decir algo, pero las cosas de aquí estaban podridas. Ven. Esta vez toma la delantera. En el pasillo hay dos dormitorios. Empuja la puerta del primero, deja caer el portador dentro de la puerta y luego se arrodilla para sacar a Jamie.La pequeña píldora siempre se queda dormida en el auto. Me arrastra hacia la puerta como si hubiera un asesino en serie detrás de él. Pero lo único que encuentro es una habitación bellamente decorado. —Oh, Dios mío —Inhalo. Está pintado de un rosa pálido. Cortinas blancas cuelgan sobre las grandes ventanas. Una cuna blanquecina colocada contra una pared, y un aparador con una mesa cambiante contra la otra. Entre ellos está un mullido planeador, uno por el que suspiraba y publiqué en mi cuenta de Instagram. Doy una mirada de asombro a Tucker, pero está demasiado ocupado amando a Jamie. Dios, él es demasiado maravilloso para las palabras. Su bíceps es más grande que su cabeza, pero es tan gentil como un cordero con ella. Sin embargo, ese cuadro completo es Tucker. Fuerte, constante, con exactamente el tacto correcto para hacer que las chicas se derritan. Sé que lo hago yo. Quiero apartar mi mirada de su cabeza inclinada para no lanzarme a su pobre desprevenid estructura. A mi derecha, al final de la habitación, una

327


puerta se encuentra entreabierta. Me dirijo a investigar y encontrar un cuarto de baño. Es demasiado. —¿Que está pasando? ¿Has ganado la lotería? Me da una sonrisa torcida. —No. Compré un bar. Esto vino con eso. —¿Esto? —Ondeo la mano por la habitación—¡La habitación rosa, la cuna, la entrada del teclado electrónico! —De acuerdo, el edificio vino con un apartamento. No he terminado con las renovaciones. Va a tomar un tiempo. Esperaba sorprenderte en noviembre cuando abriera el bar. Sintiéndome débil, me inclino contra la pared. —No sé qué decir. Camina a través de la habitación y pone una mano bajo mi barbilla. —Di que esto es el hogar. Para ti, Jamie y yo. Cierro los ojos para que no pueda ver la emoción en ellos: el alivio, la gratitud, el abrumador amor que tengo por él. No lo merezco. Ni un poco, pero por alguna razón él me quiere en su vida. Pongo mi rostro en su palma y presiono mis labios contra la cálida piel. —Me encanta este lugar. Es asombroso. Tú eres increíble. —Y como no puedo evitarlo, me levanto de puntillas y levanto los brazos alrededor de su cuello—. Gracias. Un musculoso brazo me agarra mientras el otro mantiene a nuestro bebé cerca. —Esto va a funcionar —murmura—. Ya verás. Eso espero. Dios, espero que sí.

328


Traducido por Gerald y LittleCatNorth Corregido por lili-ana

Tucker Noviembre —¡Santa mierda! Este lugar es enfermo. Me sonrojo con orgullo ante la exclamación de Logan. Semanas de arduo trabajo han llevado a este momento, pero mis extenuantes esfuerzos valen toda la pena cuando atestiguo las reacciones de mis amigos. Y estoy tan jodidamente conmovido porque todos aparecieron para estar aquí para mí esta noche. Dean y Allie vinieron en el tren desde Nueva York, y el entrenador Jensen canceló una práctica nocturna para que todos mis antiguos compañeros de equipo en Briar pudieran asistir a mi gran apertura. Pero las invitadas más importantes son mis dos chicas. Jamie está atada a mi pecho en un BabyBjorn, llevando un traje de una pieza rosado hecho por encargo que dice ―Tucker´s Bar‖ en brillos dorados. Sabrina está junto a mí, vestida un poco menos sofisticada en descoloridos pantalones vaqueros y un ajustado suéter verde. Sus tetas llenas casi están derramándose fuera del profundo escote en V, y cada vez que la miro mi polla se convierte en granito. Casi desearía que todavía estuviera gimiendo por el peso del bebé que lleva y negándose a dejarme tocarla, porque a pesar de que no tiene su cuerpo antes de bebé de vuelta, estoy caliente veinticuatro / siete. —Voy al baño —dice Logan—. Vuelvo enseguida. Mientras desaparece entre la multitud, Garrett barre su mirada sobre el bar lleno. —No puedo creer lo bien que quedaron las renovaciones. —Se maravilla. Miro alrededor, tratando de ver la habitación a través de sus ojos. Después de restaurar completamente los paneles de madera y las vigas expuestas, fui a la caza de recuerdos deportivos para colgar en las relucientes paredes. Técnicamente no es un bar deportivo, pero bueno, soy un jugador de hockey. No puedo no tener fotos enmarcadas de atletas en mi bar.

329


Y ayuda tener amigos en lugares altos. Garrett me consiguió camisetas firmadas de varios de sus nuevos compañeros de equipo, muchos de los cuales están aquí esta noche. Una de las chicas cerca de la mesa de billar no desperdició el tiempo anunciándolo en las redes sociales, y dentro de una hora de abrir mis puertas, tenía gente haciendo cola para entrar, esperando conseguir un autógrafo o charlar con jugadores de hockey profesional. Las groupies, sin embargo, han sido sorprendentemente discretas, dejando que los compañeros de equipo de Garrett beban en paz, sin acosarlos demasiado. Agradezco eso, porque el ambiente que estoy buscando es de "bar de vecindario." Un lugar donde la gente puede venir después del trabajo (o práctica de hockey) y simplemente relajarse. Algún lugar que no sea demasiado llamativo, ni demasiado ruidoso. Hasta ahora, es exactamente lo que quería que fuera. —Gracias por toda tu ayuda —le digo a Garrett, quien se encoge de hombros ante mi gratitud. Se lo merece, sin embargo. Renunció a demasiados días libres para venir aquí y ayudarme a restregar el suelo y arreglar los baños. —Tú también —le digo a Fitzy, que conducía a Boston cada fin de semana después que comprara el bar, dormía en el suelo de la habitación de Jamie y despertaba a horas impías para ayudarme. Contraté a gente para hacer los trabajos que mis amigos y yo no podíamos hacer por nosotros mismos. También al personal del lugar, dado que no tengo interés en atender el bar a menos que tenga que hacerlo; la gestión es más lo mío. Samira y Zeke, los dos bármanes que trabajan esta noche, son impresionantes. Ya discuten como una vieja pareja casada y ésta es sólo su primera noche trabajando aquí. —Fue divertido —gruñe Fitzy antes de tomar un sorbo de su Coors. —Amigo —dice Dean, acercándose para darle una palmada a Fitz en el hombro—. Fue un gran partido el fin de semana pasado. Aplastaron a Yale. Fitzy frunce el ceño. —¿Lo viste en Nueva York? No me di cuenta que fuera televisado. —Naah, alguien lo estaba transmitiendo en vivo por Twitter. Estuve siguiendo sus mensajes. Yo también, de hecho. Había querido conducir hasta Briar para verlo en vivo, pero Jamie había estado muy quisquillosa la noche anterior, y Sabrina y yo estábamos exhaustos. Sin embargo, el equipo está pateando culos esta temporada. El récord de mierda del año pasado está casi olvidado ahora que Briar está en una racha de cinco victorias consecutivas.

330


—Hunter anotó una belleza total en el tercero —dice Hollis desde su taburete—. Casi me vine en mis pantalones. —No seas bruto delante del bebé —digo inmediatamente. —Bro, trajiste a un bebé a un bar. Ve a tirar piedras de cristal en tu propia casa. —Cuando todos se ríen, Hollis está visiblemente confundido—. ¿Qué? —Esa no es la frase —dice Hannah amablemente. —Claro que lo es. —Realmente no lo es. Hollis agita una mano. —No sabes nada, Jon Snow. Ella suspira y vaga hacia la cabina donde Allie, Hope, Carin y Grace están sentadas. —¿Vienes? —le pregunta a Sabrina por encima de su hombro. —Sí. —Mi mujer me mira—. ¿Quieres que me la lleve? —De ninguna manera —dice Dean instantáneamente—. ¡No puedes apartarla de nosotros! ¡Casi no pasa tiempo con sus tíos! —Saca a Jamie del BabyBjorn y la acurruca contra su pecho—. Dale un beso a tu tío Dean, princesa. Sabrina pone los ojos en blanco mientras Dean presiona la boca de nuestra hija contra su mejilla y procede a hacer ruidos de beso como si realmente le estuviera dando uno bueno. —Estaré allí con la gente normal —dice Sabrina secamente, luego se dirige hacia la cabina de las chicas. Mis amigos pasan a Jamie entre ellos hasta que finalmente termina en los brazos de Fitzy. Dado que lleva una camiseta, sus tatuajes son totalmente visibles, y por alguna razón fascinan al bebé. Cada vez que él la sostiene, ella mira fijamente con sus ojos muy abiertos hacia los tatuajes y forma una O con su boca roja rosada. —Jesús, es una linda chica —dice Garrett, sacudiendo su cabeza. Logan regresa del cuarto de baño para escuchar el comentario de Garrett. —¿Verdad? Juro que estaba tan jodidamente preocupado que terminara con un bebé feo y luego tendría que fingir. El día antes de que conocerla,

331


estuve practicando mis «¡Awwwwww! ¡Es tan linda!» durante una hora en el espejo. Le enseño mi dedo medio. —Es cierto, pregúntale a Gracie. Y relájate, hombre. No tuve que mentir, ¿verdad? Es jodidamente preciosa. —Tuck tiene esperma mágico —concuerda Dean. Hollis ríe. —No, Tuck tiene una atractiva mamá caliente. Los genes, bro. —Hablando de la mamá... —Arquea Dean una ceja hacia mí. Frunzo el ceño. —¿Qué hay de ella? —¿Están oficialmente juntos o qué? —Vivimos juntos. —Es todo lo que puedo pensar en decir. —Está bien. Pero eso no responde mi pregunta. Mi mirada se pierde por la habitación. Sabrina ríe histéricamente de algo que Hope acaba de decir. Con sus inescrutables ojos y su impecable rostro, es la mujer más atractiva de este bar. Estoy adoloridopor ella. Y sí, la amo. Tanto que duele. Pero maldita sea si voy a decirlo de nuevo después que lo menospreció totalmente, la noche que nació Jamie. —Estamos juntos —digo finalmente—. ¿Es serio? —Me encojo de hombros—. Quiero que lo sea. Pero estoy siguiendosu iniciativa. Dean lleva una expresión preocupada, pero no dice nada más sobre el tema. En lugar de eso, lo cambia por completo, volviéndose sonriente hacia Fitzy. —Oye, sigo olvidando enviarte un mensaje, pero probablemente debería darte un adelanto acerca de algo. —¿Un adelanto sobre qué? —¿Recuerdas a Summer? —¿Qué hay en verano? Dean se ríe.

332


—No en verano. Es una ella. Mi hermana Summer. Oculto una sonrisa cuando veo a Fitzy entrecerrar sus ojos. No es ningún secreto que la visita de Summer Di Laurentis el invierno pasado lo asustó. No estuve allí para presenciarlo, pero aparentemente la increíble atrevida hermana de Dean se había arrojado hacia el gran chico. —¿Qué hay de ella? —Se transferirá a Briar el próximo semestre. El rostro de Fitzy se vuelve blanco como la baba de Jamie. Que se está acumulando en la manga de su camiseta. Él todavía no lo ha notado, y espero que alguien lo señale para que no tenga que hacerlo yo. —¿Por qué? —Claramente Fitzy está hablando a través de sus apretados dientes. Dean suspira. —Fue expulsada oficialmente de Brown. O más bien, educadamente le pidieron que se fuera, como le gusta decirlo a ella. Pero sí, mi padre es amigo del jefe de admisiones de Briar, así que pidió un favor. Summer estará allí a partir de enero. —¿Todavía quiere ver la polla de Fitzy? —dice Hollis. El dueño de dicha polla me regresa a mi bebé, después coge su botella de cerveza y se toma la cosa entera. Mi sonrisa emerge. Pobre tipo. Las mujeres enloquecen por Colin Fitzgerald, pero en todos los años que lo conozco, ha sido increíblemente selectivo acerca de con quién sale. Creo que en el fondo es tan anticuado como yo. —¡Tuck! —llama Zeke desde detrás del mostrador—. ¡Tengo una pregunta rápida para ti sobre este menú de bebidas! Deslizo a Jamie de nuevo dentro del Bjorn y hago señas a mis amigos de que regreso en un minuto. Luego me desvío para atender mi negocio. Mi negocio. * —Hola —dice Sabrina horas después, sonriéndome mientras me tambaleo dentro de nuestro dormitorio. Está acostada en la mitad de la cama con un libro de texto en su regazo, un espectáculo que no me sorprende. Sabrina lleva sus estudios de cualquier

333


manera que pueda conseguirlo, y los mejores momentos para que lo haga son cuando Jamie está dormida. La mayoría de las noches, su nariz estará enterrada en un libro mucho después que yo me haya dormido. Lo bueno es que, ahora que las renovaciones del bar están hechas y oficialmente abrimos el negocio, podré ocuparme de Jamie durante el día mientras Sabrina está en clase, y luego nos intercambiaremos, ella estará a cargo del bebé mientras yo voy abajo a trabajar. No tenemos los horarios más fáciles, pero estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo. Y la mierda ha sido mucho más fácil desde que se mudó conmigo. Bueno, más fácil y más difícil. Aún no estoy seguro en donde estamos parados. No hemos tenido sexo en tres meses a pesar de dormir en la misma cama. Uno de nosotros está normalmente paseando en el cuarto del bebé con Jamie mientras el otro consigue un muy necesitado sueño,ella no me dice que me quiere, mucho menos que me ama. Algunas veces creo que lo hace, pero otras veces se siente como si fuéramos sólo dos personas quienes pasan a criar un niño juntos. Pero lo que sé sobre Sabrina: empujándola consigues el resultado opuesto al que esperas. Lo entiendo, sin embargo. Ha estado por su cuenta toda su vida. Su papá se largó antes de que ella incluso naciera. Su mamá la abandonó. Su abuela, por mucho que diga que la ama, siempre actúa como si le hubiese hecho un gran favor a Sabrina por cuidarla. Sabrina James no estaba acostumbrada a las personas amándola. Algunas veces, me pregunto si ella incluso sabe cómo amar a alguien de regreso, pero entonces la veo con nuestra hija, la manera en que su rostro se suavizaba con amor y adoración cada vez que observa a Jamie, y sé que ella es capaz de sentir profundamente Sólo deseo que se sintiera profundamente por mí. —¿Por qué luces tan serio?—bromea, colocando a un lado de su libro de texto—. Lo hiciste genial esta noche. Deberías estar sonriendo de oreja a oreja. Bajo mis pantalones vaqueros y los dejo caer al suelo. —Estoy sonriendo en el interior.—Arremeto con mi camisa a cuadros a continuación—. Estoy demasiado exhausto para mover mis músculos faciales. —¿En serio? Eso es una maldita pena, porque no estoy cansada del todo. El travieso tono en su voz hace mi cuerpo rugir a la vida. Oh joder. Por favor, por favor, por favor dime que está diciendo lo que creo que está diciendo. —Jamie se durmió rápido en la otra habitación—añade, ondeando el monitor del bebé de manera atractiva—. Como mucho ella puede permanecer

334


así por dos horas completas antes de que comience a gritar con la fuerza de sus pulmones. Dos horas. Mi polla salta y trata de hacer un túnel para salir de mis boxers cortos. Sabrina no se pierde la respuesta de mi cuerpo. Lamiendo sus labios, ella alcanza el dobladillo de su suéter y lo jala hacia arriba sobre su cabeza. —Cariño —comienzo ahogadamente. —¿Hmmm? —Si esto es alguna broma enferma y no estás planeando follarme ahora mismo, necesito que me lo digas. Mi polla no será capaz de manejar la decepción. Se escapa riendo, entonces azota su mano sobre su boca para reprimir el sonido. Afortunadamente, el monitor del bebé permanece en silencio. —No es una broma —Me asegura. Entonces desengancha su sostén, y santo infierno, sus tetas son gloriosas—. He querido saltar sobre ti toda la noche. Acecho más cerca de ella como un depredador. —¿Sí? —Mmm-hmmm. He estado pensando sobre esto todo el día. Y anoche, el pensamiento se volvió obsesión. Tú no tienes idea cuan caliente eres cuando das vueltas ordenando a tu personal.—Ya está contoneándose fuera de sus pantalones de yoga y su bikini. Mi respiración se para cuándo poso mis ojos sobre su coño. Está completamente desnudo. Oh sí, esto no es una cosa por impulso. Está totalmente preparada para esto. Estoy sobre ella antes de que pueda parpadear, mi boca estrellándose sobre la suya en un beso que nos deja a ambos sin respiración. Pero tanto como amo su boca, eso no es lo que quiero estar besando ahora mismo. Tres meses. Han sido tres condenados torturadores meses desde que tuve mi lengua en el paraíso. Desprendo mi boca y me deslizo hacia abajo por la cama hasta que mi rostro está al nivel de su coño. Su muy húmedo, muy maravilloso coño. —Mantente abierta, nena. No he comido en un muy largo tiempo y estoy hambriento como la mierda.

335


Las manos de Sabrina bajan y extienden sus labios. Me zambullo y arrastro mi lengua una vez desde el frente hasta atrás, cubriendo mis papilas gustativas con ella. Mi ya dolorosa polla palpita con necesidad. Dios, he extrañado esto. La he extrañado. —Tucker, por favor —ruega. Mi polla está tan dura que podría romperse a la mitad, pero no me importa porque mi rostro está enterrado entre las piernas de mi mujer. Sus talones se entierran en mis hombros, alentándome. Sobre mí, ella da vueltas, haciendo el sonido más sexy. Vamos, nena. Córrete para mí. —Sí, ah, sí. Justo allí.—Lloriquea y entonces azota una mano sobre su boca de nuevo. Ambos nos congelamos, esperando por un pío de la puerta de junto. Cuando nada pasa, suelto un suspiro de alivio, alcanzo una almohada y la lanzo hacia ella. Sonrío diabólicamente. —Por mucho que tus sexys sonidos me vuelven loco, es probablemente mejor qué grites contra la almohada. Ella deja caer su cabeza hacia atrás, lanza la almohada sobre su rostro y me da un pulgar arriba. Riendo, me redirijo hacia la increíble tarea manual, pero tan pronto como mi boca está de regreso sobre ella, mi risa rápidamente muere. Cada probada de ella me hace más famélico. Sus muslos se tensan bajo mis palmas y su coño vibra contra mi lengua, señalando que está cerca. Chupo más duro. Lamo más rápido. La muerdo, beso y lamo hasta que grita en la almohada y se corre absolutamente sobre mi rostro. Es jodidamente glorioso. Sentándome, paso una mano sobre mi boca. —¿Condón?— pregunto. Empuja la almohada a un lado. —Estoy con la píldora. Conseguí la prescripción en la última revisión. Agarro mi polla y corro la punta a lo largo de su húmedo núcleo. Su respiración sisea cuando la ancha cabeza quebranta su entrada. Ha sido un largo tiempo desde que estuve dentro de ella, y a pesar del hecho de que

336


empujó una bola de boliche fuera de su vagina, aún está tan apretada como la mierda. El cuerpo femenino es una cosa mágica. Mientras me deslizo dentro, no puedo evitar mi propio gemido escapando. Se siente tan condenadamente bueno. Cuando estoy completamente dentro, me detengo. Sus músculos internos pulsan a mi alrededor. —Joder, desearía haber eliminado uno antes de que el bar abriera — rechino—. Voy a disparar mi carga en menos de diez segundos. —Por favor no lo hagas. Esto se siente tan bien.—Su tono es ligeramente sorprendido. —¿Pensarías que esto apestaría?—Jalo sus piernas arriba, alrededor de mis hombros así puedo perforar más profundo. —Tuve un bebé. —Tu cuerpo es perfecto. —Beso un hermoso tobillo—. Un poco más perfecto y estaría muerto. Aún estás apretada como el infierno, húmeda como el paraíso. Se ríe entre dientes. —¿El Paraíso es húmedo? Roto las caderas y ambos gemimos. —Mi paraíso es húmedo y caliente y pertenece a esta nena llamada Sabrina. Sonriendo, aprieta alrededor de mi polla. —Detén eso.—Jadeo—. ¿Quieres venirte de nuevo, o quieres que me avergüence a mí mismo? Responde estrujándome incluso más apretado. Aseguro mis ojos cerrados y busco por una onza de control. Una vez que la urgencia de venirme dentro de ella pasa, comienzo a moverme con un paso lento y calmado. Su mirada se pega a la mía y telegrafeo cada sentimiento, todo lo que no puedo decirle, todo lo que está en mi corazón para ella. Eres la única para mí. Mi sol se pone y se esconde en tu sonrisa. Mi corazón late porque el tuyo lo hace.

337


Sus caderas se inclinan hacia arriba, dándole la bienvenida a cada embestida. —Sostente de mí, cariño.—El sudor gotea sobre mi frente mientras entierro una rodilla en el colchón para conducirme dentro de ella más duro, más profundo. Me jala hacia abajo hasta que sus tetas se frotan contra mi pecho con cada zambullida hacia adelante. —Estoy cerca —susurra—. Bésame. Quiero tu lengua en mi boca cuando me corra. Jodido infierno. Estrello mi boca contra la suya. Nuestras lenguas vorazmente se enredan juntas. Esto es todo lo que siempre voy a querer. Su cuerpo debajo del mío. Su sabor sobre mis labios. Su esencia en mis pulmones. Lloriquea contra mi boca mientras se viene. Trago su llanto de éxtasis y entonces permito que mi propio orgasmo rompa a través de mí, azotando dentro de ella tan duro que probablemente voy a dejar moretones. Después de que el placer finalmente se apaga, colapso junto a ella, apenas manejándome para lanzar mi cuerpo a un lado así no la aplasto. —Dame al menos diez minutos y estaré bien para ir de nuevo —murmuro contra el colchón. Una suave mano traza su camino hacia abajo por mi columna, y ahueca mi trasero, enviando temblores a través de mi figura. Mi polla se sacude con interés. —Son cinco. Se ríe. Volteo sobre mi espalda y doblo un brazo bajo sus hombros para jalarla contra mí. —Me has matado, Sabrina. Estoy muerto. Corre un dedo a lo largo de la parte interna de mi muslo. Predecible, mi polla se endurece. —Si este eres tú muerto, estoy un poco asustada sobre cuanto durará nuestra próxima ronda. —Podrías querer conseguir un sandwich. Voy a mantenerte en la cama por un largo tiempo.

338


Sus piernas se enroscan entre las mías como si no pudiera soportar tener ni siquiera una pulgada de ella separada. Lo que está totalmente bien conmigo. —Todo parece estar funcionando —murmura, sus labios moviéndose contra el lado de mi pecho. Suena sorprendida de nuevo. —¿Por qué no lo haría? Ambos queremos que esto funcione, ¿no es así? Sostengo mi respiración mientras espero su respuesta. Es tan duro como la he empujado últimamente y medio espero que salte para levantarse y corra hacia la puerta. En su lugar, inhala profundamente. —Sí, lo hacemos. —¿Eso significa que puedo detenerme de buscar una mujer diferente? —Eso significa que tienes que detenerte —declara. Sus delicados dedos se arrastran posesivamente contra mi piel, y gruño con placer. —Bien. Ya les dije a varias mujeres de aquí que estoy casado. —¿Por qué? —Jamie es un imán de chicas. Nunca tuve tantas mujeres coqueteándome. Y entonces, como si la hubiera convocado, mi teléfono chirrea para anunciar que Jamie está llorando en la otra habitación. —¿Qué es eso?—Se sienta Sabrina, cepillando su cabello fuera de su rostro. —Fitzy lo instaló. Hay monitores en la cuna que envían una alerta a mi teléfono para avisarnos si ella deja de moverse o si está llorando. Instalaré la aplicación en tu teléfono más tarde.—Me balanceo fuera de la cama—. Permanece aquí—le digo mientras gatea sobre sus rodillas—. Traeré a Jamie. Cuando alcanzo la puerta, miro hacia atrás. Sabrína se posiciona contra la cabecera acolchonada, arreglando las almohadas a su alrededor mientras se prepara para alimentar a nuestro bebé. Levanta su cabeza y sonríe, luciendo como un jodido ángel. No es así como planeé que fuera mi vida, al menos no así de pronto, pero no voy a rendirme ni por todo el oro del mundo. Con el corazón en mi garganta, y sintiéndome más feliz de lo que cualquier hombre tiene el derecho de sentirse, voy por nuestra pequeña niña.

339


Traducido SOS por Juliette Corregido por lili-ana

Sabrina Diciembre Cojeo en el apartamento después de mi grupo de estudio, una hora más tarde y sintiéndome culpable por ello. Convoco una disculpa a Tucker mientras me muevo dentro, mis brazos llenos de libros y una pequeña bolsa de comestibles, que contiene sólo la mitad de los artículos que debía traer a casa hace una hora. —Lo siento mucho. Tenía mi teléfono apagado y… El resto de mi excusa muere en mi garganta cuando encuentro a la madre de Tucker en mi cocina. Ella vuelve una mirada de muerte en mi dirección y habla desde su lugar detrás del mostrador. —John fue a recoger algunas cosas de la tienda. Trató de enviarte un mensaje de texto para ver si recogías los artículos en tu camino a casa, pero nunca respondiste. Sus palabras son más frías que los vientos de invierno de la bahía. Me estremezco bajo mi abrigo. —Pensé que no llegaría hasta el viernes —tartamudeo. —La boda que se suponía tenía que estilizar fue pospuesta, así que decidí aprovechar y venir antes. Así puedo pasar más tiempo con mi nieta. —Oh. Genial. Eso es…genial. Me he convertido en una idiota. Sin embargo, no puedo evitarlo. La madre de Tucker es tan intimidante. No la he visto desde aquella desastrosa visita durante el verano, y aunque Tucker habla con ella todos los días y hace arreglos para chats de video entre ella y Jamie, no ha pedido ni una vez hablar conmigo.

340


—¿Por qué llegas tarde? —Es una acusación y ambas lo sabemos. Trago. —Estaba en un grupo de estudio. Los finales están llegando. Asiente hacia la sala de estar. —Supongo que por eso el lugar no está tan limpio como te gustaría. Sigo su mirada con una profunda consternación. Esta semana se había alejado de mí, y el apartamento muestra cada trozo de mi distracción. Los armarios de la cocina están vergonzosamente desnudos. Los platos, al menos limpios, se apilan en el mostrador. Iba a guardarlos esta noche después de que Jamie fuera alimentada. En la sala de estar, libros de texto, esquemas y guías de estudio suplementario ocupan todas las superficies disponibles. El cuarto de baño de Jamie, el que la señora Tucker usará, parece un huracán. Todo es terrible porque pensé que tenía dos días más para arreglarlo. Que es lo que le digo. —Planeaba ordenar antes de que usted llegara. Su arqueada ceja transmite que mi excusa es vergonzosa. —Estás haciendo todo lo posible, ¿verdad? La daga golpea profundamente. Mi todo lo posible no es lo suficientemente bueno a los ojos de la señora Tucker. Con la respiración apretada en el pecho, me saco lentamente las botas y hago la corta caminata a través de la sala de concepto abierto hacia la cocina, arrastrando mis pies con calcetines a cada paso. El apartamento es más grande que mi casa de la infancia, y en la mayoría de los días estoy aturdida por el espacio, pero la señora Tucker tiene una manera de aspirar todo el aire en la habitación. En silencio, guardo la leche, los huevos y la mantequilla. La tienda de conveniencia era cara, pero estaba cerca y me sentía un poco desesperada. ¿Ahora? Me siento pequeña e incompetente. —¿Jamie está con Tucker? —le pregunto. El apartamento está tan tranquilo como un cubículo de estudio en Harvard. —Está en su cuna durmiendo —dice la señora Tucker escuetamente, sin levantar la vista de las cebollas que está cortando. Intento sonreír. —¿Le gustó verla en persona por primera vez?

341


—¿Qué clase de pregunta es esa? Por supuesto. Es mi única nieta. Mi tímida sonrisa se desvanece. Trago de nuevo. Dios mío, esta visita va a ser brutal. —Voy a correr y ver como está. —Meto una caja de zumo en la nevera antes de huir de la cocina. En el cuarto de niños, la cama sin hacer que Tucker y Fitzy acarrearon aquí el fin de semana pasado se burla de mí. Las sábanas apiladas en un extremo sólo sirven para resaltar mi ineptitud como madre y ama de casa. Si esos son rasgos que la señora Tucker valora en una nuera, entonces estoy fallando miserablemente. Jamie duerme felizmente en su cuna, envuelta en su manta. Resisto el impulso de recogerla, a pesar de saber que sostener su dulce cuerpo, sin prejuicios me haría sentir mucho mejor. Pero ella necesita dormir y tengo mierda que hacer. Tan silenciosamente como me es posible, hago la cama y luego escapo para unirme a la señora Tucker en la cocina. —¿Puedo darle algo de beber? —Tiene ella las cebollas en una sartén, y el apartamento se está llenando con el olor fragante de hierbas aromáticas y ajo picante. —No. Estoy bien. —¿Puedo ayudarle a hacer su... —Muevo la mano hacia la estufa. —¿Chili? —concuerda—. No Muy bien entonces. Lamo mis labios y considero mis opciones. Mi primera preferencia es esconderme en el dormitorio hasta que Tucker llegue a casa, pero cuando mi mirada cae sobre el montículo de platos, decido que ordenar debe ser lo primero. Incluso si tengo que conversar con alguien que claramente piensa que soy tan lenta como una babosa. —¿Tucker ya le ha mostrado el bar? —pregunto, apilando los cuencos primero—. Ha hecho un gran trabajo y ya está haciendo dinero decente. —El bar de Tucker ha estado lleno desde que abrió sus puertas. —Todavía es temprano. La mayoría de bares fallan después de un par de años. No es lo que habría querido en que gastara el dinero del seguro de su padre. —Sus labios pellizcan—. Le hubiera dicho eso si me hubiera preguntado. Lo bueno es que no lo hizo. Tucker está claramente enamorado de su bar. Ya está hablando de comprar otro, desde que su flujo de caja estimado desde

342


el primer año le permitiría obtener ganancias suficientes para invertir en otro negocio. Es un hombre de negocios, no un camarero, como cualquiera que lo escucha durante cinco minutos puede dar fe. Habla de aprovechar el riesgo, los beneficios de las inversiones, los márgenes de ganancia y las oportunidades ocultas. —Creo que va a ser un gran éxito —declaro con confianza. —Se podría pensar eso. —Resopla—. Tucker podría haber comprado el negocio inmobiliario en casa. Debe estar en una oficina, no trabajando en un bar. Dice bar como otra persona podría decir prostíbulo. —Y ahora está viviendo encima de uno —suelta otro enorme suspiro, decepcionada—. Esto no es lo que su papá habría querido. No sé cómo responder, así que vuelvo la conversación a Jamie porque seguramente ella no podría ser crítica con Jamie. —¿Estaba Jamie despierta cuando llegó a casa? Es muy inteligente. Le hemos estado leyendo todos los días. Encontré un artículo que dice que si lees a tu bebé al menos dos horas al día, será un lector avanzado. Por Dios. Estoy empezando a sonar como Nana, chorreando pseudohechos que se presentan en los artículos de carnada como si fueran el evangelio. La madre de Tucker ignora mis comentarios. —Tuck dice que estás amamantando y que ella está sólo en el quinto percentil de peso. Eso suena peligrosamente bajo peso. En mis días, todos usábamos fórmula. Llenaba los estómagos y los ayudaba a crecer. Me resigno al hecho de que no hay nada asociado conmigo que la señora Tucker no encuentre culposo. Agarrando los hilos de mi desgarradora paciencia, digo: —La mayoría de los médicos realmente presionan para amamantar estos días. La leche de la madre está calibrada para satisfacer las necesidades del bebé, y hay estudios… —Hay estudios que demuestran nada —dice con desdén. Ella pasa la hornilla a baja y se mueve hacia el fregadero, donde comienza a lavarse las manos vigorosamente—. Escuché que hubo un estudio que decía que los niños que están alrededor del alcohol tienden a crecer para tener muchos problemas. Espero que no sea así con Jamie.

343


Coloco un pie sobre el otro y pisoteo hacia abajo, esperando que el dolor sirva como una distracción ya que apretar mis molares no está haciendo el truco. Me recuerdo que la señora Tucker ama a su hijo y que todas sus críticas, algunas de ellas fundadas, provienen de un lugar de amor. No para mí, sino para su hijo. Debería respetar eso. —No vamos a vivir aquí para siempre —digo con falsa alegría. Termino con los platos y luego me meto en la sala de estar. Tal vez la distancia me impida decir algo estúpido por la ira. Eso sólo causaría más daño a la ya difícil relación que tengo con la mamá de Tucker. Si me voy a quedar con Tucker, necesito hacer que esta cosa con ella funcione. —La facultad de derecho va bien. Me metí con un genial grupo de estudio. Son muy importantes porque nos ayudamos mutuamente a ver el panorama más amplio. Cuando empecé, pensé que no iba a hacer amigos, pero era un día muy nervioso para todos nosotros. —Estoy divagando mientras ordeno las tareas de mis cursos—. Hay un tipo en mi grupo, Simon, que es un genio. Tiene una memoria fotográfica además de esta gran habilidad para reducir realmente en las cuestiones importantes. Me quedo atascada en los detalles demasiado. —¿Simon? ¿Estudias con otros hombres? Me incorporo en seco ante su tono sospechoso. —Sí, hay hombres en mi clase —respondo con atención. —¿Sabe John esto? —Cruza sus brazos sobre su pecho, mirándome como si yo hubiera confesado deshuesar a otro estudiante delante de su hijo. —Sí. Ha conocido a Simon. Hemos estudiado aquí. —Bueno, en realidad en el bar. A mi grupo de estudio le encanta venir aquí. Niega con la cabeza, las hebras de oro rojo resaltadas por la luz de la cocina detrás de ella. —Esto es... —Otra sacudida de cabeza—. Exactamente lo que esperaba —concluye. Un ceño frunce mi boca. —¿Qué quiere decir? —Quiero decir que te aprovechas de mi hijo y lo has estado haciendo desde el día que se conocieron.

344


Aspiro una respiración. —¿Q-qué? —¿Cuánto tiempo después de enterarte de su herencia decidiste atraparlo, Sabrina? —Su expresión es más fría que el hielo—. Es muy conveniente cómo él paga todo mientras vas estudiando con otro hombre. Me. Estás. Condenadamente. Bromeando. Me enderezo completamente, la indignación se inyecta en mi torrente sanguíneo. Es una cosa que critique mi limpieza. Soy muy mala en ella. Puedo manejar su objeción a la lactancia materna. Estoy preocupada por el peso de Jamie también, a pesar de que el médico me asegura que es perfectamente normal que los bebés amamantados tengan bajo peso. No me importa si se burla de mi crianza, la limpieza o las habilidades de maternidad de un lado de Boston o el otro. Pero no lo soportaré, jodidamente no soportaré, sus sospechas horribles e infundadas en el oído de Tucker. Puedo sobrevivir por mi cuenta. No necesito a Tucker, lo quiero. Lo quiero tanto que lo daría todo por tenerlo a él ya Jamie. Con toda la dignidad que tengo, me enfrento a la señora Tucker. —Tengo mucho respeto por usted. Sólo he estado haciendo las co…cosas de maternidad durante cuatro meses y la he jodido probablemente mil veces. Es difícil, y tengo a Tucker, su increíble hijo, ayudándome cada centímetro del camino. No puedo imaginar cómo usted lo hizo por su cuenta. Pero no voy a permitir que insulte todo lo que hago en este lugar. Esta es mi casa. Sí, no soy perfecta, pero lo estoy intentando. Amo a Jamie y amo a Tucker y si, en cualquier momento, Harvard o el trabajo o cualquier cosa amenaza su felicidad en cualquier forma, lo daría todo en un minuto. Sus ojos marrones se ensanchan. Pero no he terminado. —Él y Jamie son las cosas más importantes en mi vida —le digo con ferocidad—. Y todo lo que estoy haciendo ahora es para asegurarme de mantenerlos en mi vida, para asegurarme de poder contribuir a nuestra familia y darle a Jamie una infancia mejor que la que tuve que tratar, aunque eso signifique estudiar con un hombre. Quien, al respecto, está felizmente casado y tiene dos niños.

345


Hay un susurro detrás de la señora Tucker, y la mancha detrás de su cabeza lentamente se pone de manifiesto. Toma un segundo para que me dé cuenta de que es Tucker. Está parado en la puerta principal. Él apoya un brazo en el marco de la puerta, una sonrisa inclinada sobre su rostro. —Me amas, ¿eh?

346


Traducido SOS por Juliette Corregido por lili-ana

Tucker Sabrina parece que quiere arrastrarse bajo una roca. O tal vez saltar una de las muchas ventanas de nuestro apartamento. Sé que no le gusta que la pongan en aprietos, y probablemente ni siquiera la culparía si decidiera huir. Pero lo que mi madre le dijo antes de que yo llegará a casa, y tengo la intención de averiguar cada palabra que se ha hablado, ha dado claramente a Sabrina una dosis de valor. Ella frunce el ceño brevemente a mi madre, luego se vuelve hacia mí y encuentra mi mirada. —Te amo —confirma. Doy un paso más cerca. —¿Desde cuándo? —Desde malditamente siempre. —Cuando mi mamá se estremece, Sabrina le da una mirada tímida—. Lo siento. Tuck y yo estamos pasando por una transición lingüística. No siempre recordamos decir ―dulce de azúcar‖ y ―azúcar‖, ¿de acuerdo? —Levanta una ceja—. ¿Me va a dar una conferencia sobre eso también? Los labios de mamá se contraen como si estuviera tratando de no reír. —No —dice débilmente—. No lo estoy. De hecho… —Hace un gran espectáculo en resbalar dentro de sus botas de invierno y abrigo—. Creo que daré un paseo por la cuadra. Me encanta mirar toda la nieve. —Mentira—Toso en mis manos. Mi madre desprecia el invierno y ambos lo sabemos. Me mira en su camino a la puerta. —Por favor, aceleren esta transición lingüística, John. —Y luego desaparece, y Sabrina y yo intercambiamos sonrisas. El humor no dura mucho tiempo, sin embargo.

347


—Lo siento —me dice Sabrina. —¿Por qué? —Salto la distancia entre nosotros y planto ambas manos en sus delgadas caderas. —No quise ser grosera con tu madre. Es sólo... dijo algunas... cosas dañinas. —Levanta su mano cuando ve mi expresión oscura—. No vale la pena repetirlas, y tengo la sensación de que ya no va a decir ese tipo de cosas. Asiento lentamente. —¿Quieres decir ahora que sabe que me amas? —Sí. Busco su bello rostro por un momento antes de sonreír de nuevo. —Desde malditamente siempre, ¿eh? —Bueno, tal vez no siempre —concede—. No mentiré, Tuck. ¿Esa conexión de la que hablabas cuando nos conocimos? ¿Sobre nuestros ojos encontrándose a través de la habitación y cómo sentiste algo en ese momento? —Suspira Sabrina—. Todo lo que sentí fue lujuria aquella noche. —Lo sé. —Pero ya no es sólo lujuria. No lo ha sido por largo tiempo. —¿Cuándo? —No puedo evitar burlarme—. ¿Cuándo supiste que estás locamente enamorada de mí? —No lo sé. ¿Tal vez en esa ridícula cita doble? ¿Quizá cuando me cuidabas cuando pensabas que estaba enferma? ¿Cuándo me trajiste el maletín? ¿Cuando golpeaste a Ray en mi honor? —Cada palabra está llena de asombro—. No sé exactamente cuándo, Tuck, pero sé que te amo. Un nudo se eleva en mi garganta. —¿Por qué no dijiste nada antes? —Porque estaba asustada. Y porque no estaba segura de si en realidad me amabas también… —¿Me estás tomando el pelo? Perdí la cabeza por ti el segundo que nos conocimos. Tú lo sabes. Tercamente resalta su la barbilla. —Pensé que estabas pensando con tu polla. Los chicos hacen eso. Le daré eso. Pero nunca he sido uno de esos tipos.

348


—Y luego me quedé embarazada, y estaba preocupada de que estuvieras confundiendo tus sentimientos por el bebé con tus sentimientos por mí. —Pasa una mano a través de su sedoso cabello oscuro—. Pero lo más importante es... era... que yo... yo... Le acaricio las caderas. —¿Tu qué? Las lágrimas se aferran a sus largas pestañas. —No puedo ser la persona que arruina tu vida. Ya te convertí en padre antes de lo que querías ser uno. No quería que el amor lo complicara todo. No quería... —Parpadea rápidamente—. No quería que despertaras un día y me odiaras. Gruño. —¿Odiarte? Jesús, mujer. —Empujándola contra mí, entierro el rostro en su cuello—. Todavía no lo entiendes, ¿verdad? —¿Entender qué? —pregunta en voz baja. —Tú. Yo. Nosotros. Esto. —Escupo las palabras que me salen de mi cabeza—. Tú eres la única, Sabrina. No hay nadie más para mí en este mundo, nadie más que tú. ¿Si estuviera conduciendo y te viera en el lado de la carretera? Es mejor que creyeras que arrancaría una bujía o dos si eso significaba llegar a pasar incluso cinco segundos en tu presencia. Eres la jodida única. Su aliento se atasca. —Incluso si no me hubieras dado a Jamie, que es el mejor regalo del mundo, por cierto, todavía querría estar contigo. Incluso si no hubieras dicho que me amabas, tomaría los restos que quisieras darme mientras pudiera estar contigo. Me importa una mierda si eso me hace patético... —No eres patético. —Su expresión es feroz ahora—. Nunca podrías ser patético. —No me importaría si pensabas que lo era. —Acuno su rostro en mis manos y limpio sus lágrimas con mis pulgares—. Eres lo mejor que me ha pasado, Sabrina James. —No. —Sonríe—. Tú eres lo mejor que me ha pasado a mí. Antes de que pueda inclinarme para besarla, un llanto copioso se lamenta por el apartamento.

349


—Y eso —murmuro—, es lo mejor que le ha pasado a cualquiera de los dos. Una lágrima se libera de sus pestañas y se desliza por su mejilla. —Sí. Eso es. Jamie suelta otro chillido horrible y ambos nos apresuramos hacia el pasillo que conduce a los dormitorios. Sin embargo, justo afuera de la puerta de la habitación de niños, detengo a Sabrina tomando su mano. —Ella puede llorar por cinco segundos más —decido—. Estamos tratando lo de auto-consuelo de todos modos, ¿recuerdas? Sus labios tiemblan con humor. —Pensé que estabas en contra. —Profundiza su voz y le da un tono de voz para imitarme—. No vo' a dejar que mi princesa sufra, cariño. ¿Qué clase de padre hace eso? Mi mandíbula cae en indignación. —No dije no vo'. —Puede que lo hayas hecho. Poniendo los ojos en blanco, la arrastro hacia mí y a su labio inferior entre mis dientes. Sabrina gime en respuesta, lo que despierta mi polla. —Quería un beso —Me quejo contra su boca—. No ruidos sexuales. —Es una pena. Tienes ambos. —Procede a meter su lengua en mi boca y besar la mierda fuera hasta que ambos estamos haciendo ruidos sexuales. Cuando nos separamos, ambos estamos riendo y respirando con dificultad, y Jamie sigue gritando su disgusto a cualquiera que escuche. —Vamo´, vamos no hagamos esperar a la princesa —dice Sabrina con una sonrisa. Le da a mi trasero un golpe juguetón, y luego entramos en la habitación de niños, mano a mano, para ver a nuestra hija.

350


Traducido SOS por Juliette Corregido por Ana

Sabrina Un año después Tucker camina delante de mí en la caja privada de TD Garden 34. Él está sosteniendo a una Jamie, quien se retuerce en sus brazos, pero sus esfuerzos de sacudirse fuera de su apretón son inútiles, porque su papá es fuerte como la mierda. Desde que comenzó a caminar, está exigiendo ir a todas partes con sus propios pies pequeños. Y es jodidamente rápida. Lo juro, volteo la cabeza y la chica ya se ha ido. Últimamente he estado repensando mi opinión sobre los padres que le ponen correas a sus hijos. —Lamentamos llegar tarde —dice Tucker a la habitación. Varias cabezas giran en nuestra dirección. No reconozco a la mitad de la gente en esta suite ejecutiva, pero las que reconozco traen una sonrisa feliz a mis labios. —¡Están aquí! —Grace salta de su asiento y corre hacia nosotros—. Logan va a estar tan emocionado que lo lograste. —Casi no lo hicimos —dice Tucker tristemente. Alborota el cabello castaño rojizo de nuestra hija—. La pequeña princesa no podía decidir qué jersey de los tíos quería usar. —Ja —digo con un resoplido—. ¿Ella no podía decidir? —Le doy un cálido abrazo a Grace y luego me giro para hacer lo mismo con Hannah, quien ha salido a saludar—. Tuck es el que gemía y se quejaba al respecto. —Y sin embargo no escogiste ninguno —señala Hannah, sonriendo ante la camiseta de hockey rosa de Jamie, que tiene las palabras ―La chica de papi‖ bordado en la espalda.

TD Garden: es un pabellón deportivo localizado en el barrio North End de Boston, Massachusetts. 34

351


Por encargo, por supuesto. A Tucker le gusta hacer cosas a medida. Probablemente porque la mierda ridícula que aparece en su cabeza no está disponible para los consumidores normales. —Ella comenzará a alternar —promete Tucker—. Un juego llevará el jersey de G, al siguiente usará el de Logan. Hola, Jean. Es bueno verte. —Se adelanta para abrazar a la madre de Logan, que está radiante de orgullo. No la culpo. Su hijo está a punto de hacer su debut en los profesionales, después de pasar un año jugando para algo que Tuck llama "el equipo de la granja." Aún no me he molestado en estudiar el hockey. Estoy demasiado ocupada trabajando mi trasero en mi segundo año en Harvard. De alguna manera, me las arreglé para atravesar mi primer año sin tener un colapso nervioso. Incluso hice Revisión de Leyes, mucho para la consternación de la Cabeza de Lechuga –alias Kale. Tucker también lo está haciendo bien. El bar se convirtió en un gran beneficio en su primer año de lo que cualquiera de nosotros había esperado. Parte del dinero se destinó a un fondo universitario para Jamie, pero planea invertir el resto en un segundo lugar. En el centro de la ciudad, esta vez, lo cualpuede ser un enorme fracaso o un gran éxito. Tengo fe en mi hombre, así que voy con el segundo. —Azúcar —maldiceTucker, su mirada cambia a la enorme ventana que domina el campo—. ¿El juego ya empezó? —Sólo dos minutos del el primer período —le asegura Hannah—. Logan ni siquiera ha jugado un turno todavía. —Puede que no juegue en absoluto —dice Grace con tristeza—. Me advirtió que podrían no le darle tiempo en el hielo. —Por supuesto que lo harán —declara Jean—. Es una superestrella. Escondo una sonrisa detrás de mi mano. Sí. Sé lo que es ser una madre orgullosa. Jamie dijo su primera palabra la semana pasada: ―Boo‖, y sí, es unajodida palabra, y yo casi grité desde los tejados. La grabé diciéndolo tres veces y luego le envié el video a la mamá de Tucker, quien inmediatamente me llamó y pasamos treinta minutos delirando sobre lo inteligente que es. Mamá Tucker y yo nos hemos llevado muy bien desde que aceptó que amo a su hijo y que no voy a ir a ninguna parte. No estoy segura de si seguirá siendo el caso cuando se mude a Boston la próxima primavera. Estoy un poco nerviosa por tenerla cerca, pero después del primer cumpleaños de Jamie, para el que la Sra. Tucker no estaba, la madre de Tuck decidió que no podía estar tan lejos de su preciosa nieta. Ella va a ahorrar algo de dinero

352


primero, y luego se mudará hacia el Este para abrir su propia peluquería. Tucker, por supuesto, insiste en proveerle el capital para eso. Mi futuro esposo es un santo. Cuando me lo propuso después de la pequeña fiesta de cumpleaños que lanzamos para Jamie, casi dije que no. A veces me asusta lo increíble que es este hombre. Estoy aterrorizada de que de alguna manera voy a estropear esto, pero Tucker constantemente me recuerda que esto es todo. Él y yo lo somos. Por siempre. —¿Dónde está Dean? —pregunto, buscando en la habitación su cabeza rubia. —No podría haber llegado a tiempo —explica Hannah—. Él entrena el equipo de hockey de las chicas en su escuela, y practican martes y jueves por la noche. Asiento. Tuve que pagar la fianza de una sesión de estudio para poder asistir a este juego del martes por la noche. Pero es más difícil para Dean y Allie dejarlo todo cuando viven en Manhattan. Sin embargo llegaron a la fiesta de Jamie. Dean le compró un unicornio relleno que ella lleva por todas partes. Hannah, Carin, Hope, Grace y yo nos reunimos una vez al mes, no importa qué, para compadecernos por la escuela, la vida y el amor. Carin se trasladó de su TA y está locamente enamorada de un conferenciante invitado de Londres. Dice que todo es más sexy con un acento británico. No puedo estar en desacuerdo. Me encanta acento sureño de Tucker y espero que nunca lo pierda. Hope me dijo que ella y D'Andre están hablando de matrimonio y una familia. Están celosos de Jamie y hablan de cómo quieren ser padres jóvenes. En conjunto, somos un grupo feliz. A veces me preocupa que seamos demasiado felices, pero luego una visita a la casa de Nana pone las cosas en foco. Somos felices porque queremos serlo, porque estamos vertiendo nuestra energía y emoción entre nosotros de la mejor manera posible. Mi meta, una vez, fue tener éxito. No me di cuenta de que el éxito no eran las calificaciones, o las becas, o logros, sino la gente que tuve la suerte de tener en mi vida. Mientras miro alrededor de la habitación, quiero darles a todos un abrazo y un agradecimiento. Un abrazo para expresar cuánto los amo y un agradecimiento por amarme de regreso. Porque el amor es la meta final. No es por lo que había luchado, pero tuve la suerte, tan maldita suerte, de conseguirlo.

353


354


Una autora súper ventas del New York Times, USA Today y Wall Street Journal, Elle Kennedy creció en los suburbios de Toronto, Ontario, y tiene una licenciatura en Inglés de la Universidad de York. Desde muy temprana edad, supo que quería ser escritor, y activamente comenzó a perseguir ese sueño cuando era una adolescente. Elle actualmente escribe para varias editoriales. A ella le encantan las heroínas fuertes y sexys héroes alfa, ¡Y suficiente calor y peligro para mantener las cosas interesantes!

355


356

#kiss me 4 the goal  
#kiss me 4 the goal  
Advertisement