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BALDÍOS Antonio Rubio Reyes

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Al hijo desaparecido La persona que amas puede desaparecer. “Los dinosaurios”, Charly García. No tiene sentido cerrar los ojos después de muerto

como lluvia caen las flores que vestían al poeta que lanzaba versos desde olvido y exilio

ahora no escribe más libros y su nombre carga cierto estigma

me he dedicado a marcar banquetas y los muros del baño público en busca de la salvación de tu memoria

¿acaso lloverán también nubes y ocasos en las nubes durante el resto del año?

¿y si tu mano se soltara de mi mano para sostener la gota nube de una flor?

¿y si tu cuerpo que es mi cuerpo diera la espalda al mundo?

quizá no tenga sentido cerrar los ojos después de muerto

la muerte separa solo a muertos de otros muertos extraños de otros extraños

esa relación que tengo con tu muerte 2


es más estrecha y suave que la que tuve con la vida

todos me piden que ame la vida afirman que será olvido la vida

desconocen que estoy enamorado de tu muerte tan mía

por eso pido que me entierren contigo para que compartamos nuestra muerte si me vas a querer después de la muerte guárdame un espacio cerca de ti poco importa que tu tumba sea país entero

y cuando seamos polvo y seamos uno puesto que no existe manera de distinguir al polvo del polvo al fin tendrá sentido cerrar los ojos

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Para rasguñar los muros Dónde estarán los besos que dediqué a tus pasos

cada mañana aventurar el mismo trayecto solemnemente solitario

atrapar una vez más a la última mariposa el acto de introducir los dedos en la jaula

qué rezaré ante la monstruosa eficacia de las fauces urbanas

así como dediqué responsos al dios de tu ausencia ya que has cruzado ese linde entre las palabras y lo divino así he edificado mi regreso encontrando mi rostro en el jardín de las miradas

los sonidos me son ahora indiferentes si no me remiten al silencio de tu voz y he aprendido la técnica perfecta para soñar contigo sin soñar nada

aquí está el pilar donde colecciono nuestras cosas objetos que me recuerdan que te me has ido borrando igual que el gis del avioncito en la geografía de los parques

temo despertar sin el sueño de tu rostro sin tus formas definidas como una sombra clavada en el costado derecho

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y no sangrar porque estoy hecho de tu sangre

aquí la cama apestando a ciudad que nos ha olvidado y la ciudad apestando al sonido de unos pies saltando el muro

y los muros apestan no a pies ni a delirio de ciudades sino al discreto humor que solo puede compararse a la solemne calma en la habitación de un suicida

¿debería mañana regresar donde otra vez mis labios besarán el despojo de tus huellas?

¿saltaré?

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Resurrección Golpes como los del odio de Dios. “Los heraldos negros”, César Vallejo. Estas manos que acariciaron tantos rostros que exprimieron una mirada hasta germinar lágrimas de cristal

al reventarlas surgió una promesa de luz

golpes que abrazaron también música de un cuerpo desnudo hasta los huesos hechos de melodía por venir

el odio que saboreó cada descomposición como quien teme ser consumido en labios que inabarcables desaparecen igual que un sable cubierto de saliva

tantos besos en el rescoldo imposible de una espalda como montaña como pan y en la harina y en el viento surcó esa terrible imagen del beso en el ojo del vacío

mi boca que ya no es boca y permanece con una telúrica sonrisa sobre la boca del abismo

otros cuerpos vendrán a confundirse con el mío igual que en el cielo se confunde el cadáver de la estrella con su propio destello 6


poco importa si en esta muerte también me encuentro con la noche esta permanencia de lo invisible quizá será consumida por el aire

automóvil que bogas por una avenida de semáforos cabizbajos sin que nadie te mire estrellarte con este resplandor

así quisiera que bebieras de mí luna como racimo de peces

el silencio entonces tendrá voz propia

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Campos de algodón I. Toda materia del aire y el aire una extensión de nuestra materia

escalofrío respirar este que fue en otros tiempos un rostro cuyo rostro es todo ausencia

ella antes despojada y enterrada hacia las afueras del valle

espacio invisible presente siempre

II. Mujer que floreces en nosotros que en todos fluyes con dulzura yaces hoy desnuda en la carne de arena diosa de tierra fruto de sangre que tragas y escupes tiempo y olvido

ya el viento te acoge y libera

III. Nos azota una tolvanera

el vestigio cubre la ciudad nuevamente

Juárez recibe castigos de tierra y somos un reflejo del polvo

el retorno de los días eterno

IV. Debería darnos miedo respirar 8


En la border*1 La muchacha en un tren rumbo al norte imagina la sinuosa ciudad con el dedo sobre el polvo de los vagones

deseo de aprender el arte de cruzar fronteras saltar muros naufragar puentes barrer ese oro en el crepúsculo de sus dioses

durante la travesía enferma y el polvo dentro de los ojos anuncia una condena que otra forma del vacío conquista

apenas piso el desierto mi entierro tendrá lugar aquí

antes de morir la joven comenta algo sobre una nueva casa padres muy viejos complejas formas de un sueño

sueño

quién era nadie lo supo ni cuál su patria en el vasto mundo latinoamericano

mejor así pues mientras ella yace muerta bajo piedras y arena en la noche inmensa siempre la aguardarán viva sus padres

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Este poema y el siguiente son versiones de dos poemas de Konstantinos Kavafis: “En el puerto” y “Súplica”.

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Responso de la madre Su madre encendía frente a la Virgen una veladora

para que regreses pronto de la maquila y no tengas frío si el viento arrecia y se mete por las ventanas y hoyos del camión

las cosas en el barrio no alteraban su orden y los niños en el parque regresaban antes del toque de queda y los candados resguardaban con sigilo puertas y portones y todas las luces se apagaban antes de anochecer

mientras mamá recuerda con la oración el rostro amado la diosa solemne y aterrada escucha como quien oye de las arañas una melancolía humana o de la luna una tristeza de olvidadas diosas

entonces el helado aire abrasa la luz contenida y la Virgen sabe que no regresará la hija a quien las palabras del fuego reclamaban

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Jardines de Roma Para Mariana Aquí entra el sol como la transparencia al agua

hoy rasgos de un cráneo florecido

sombras que nunca regresaron a mirar por estas ventanas

la luz soplaba sobre estos cadáveres abrazados

después oscuridad y su puñetazo de navajas

como un rayo que se parte en dos de madrugada

alguien grita

y las paredes guardan en la sonrisa el rostro de los ausentes

esperan quizá otra forma de calor

y ahora el frío sale y repta por cada puerta igual que serpientes cuando devoran su piel

hambrientas

casi depredando como las piedras 11


y sus cascabeles engullen los pedazos del grito

el cielo parece alumbrar este silencio lo despedaza con su paleta de blancos y rojos

en los parques cada columpio sigue los pasos suaves del aire

todas ellas acumulando luz y polvo y el rayo partiĂŠndose en dos siempre de madrugada

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Palacio de la novia Todos mis vestidos de polvo bailando para esta soledad del cuerpo

y los corazones en el escaparate que dibujabas para mí temblando siempre

la lluvia que olvidaba borrarlos pese a las furiosas olas de los camiones

y nuestra ciudad derramándose como la luna

y cada vez que respiro me lleno de oscuras nubes

pero no llueve dentro de mí

el desierto es lo único que florece en mi cuerpo

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Soliloquio Todos los días condenada a soñar aquí

estos familiares rostros del desprecio cercan tu reposo y las palabras nunca concedidas a tu tiempo

hipócritas desde siempre cómo los odiaste

aventuran los niños otro juego afuera del sepelio abrazados por el grito del tráfico y una música de bares aquí donde la vida sigue su cotidiano progreso

no comprenden (tú tampoco) por qué se ha exigido el silencio por qué afuera una pareja hunde en sangrantes ojos tus dedos que guardan la belleza derramada del agua estancada

como maquillada estás también sangre y entrañas remplazadas por aire y algodón y esta máscara que finge los rasgos de un pasado perdido ya en la respiración de tu memoria

y desde aquí el sueño

árboles de luz anuncian el regreso de la noche y todo sigue fluyendo en el encierro de nuestros días

nadie en la Poniente Sur sabrá de tu muerte cuando la bestia desprenda los vómitos negros a la transparencia inhalada por caminantes y pasajeros enlutados y niños y señoras que regañan 14


todos menos tú

pero yo sé que en esta despedida líquida soñamos que sueñas que estás viva

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cuando empiece a chispear en mis manos seré algodón entre tus uñas todo lo que respira aprende luego a ser aire

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LA NOCHE DEL CENTENARIO

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Última ciudad invisible Quizá las estrellas construyan sus edificios astrales a partir del trazado de estas luces

quizá los muertos desesperen el reposo y erijan tumbas para la rutina de los vivos

esta muerte será entonces una reproducción de vida y el sueño latirá bajo cada línea de cemento bajo cada edificio de manos anónimas bajo las casas donde se habita con la memoria

y nadie olvidará a los muertos

un hálito de smog surgirá desde las entrañas y poco importará porque ya conoceremos la estrategia para hacer nuestro el infierno

y sabremos darle espacio

esa ciudad será el reflejo de un sonido abrumando a las estatuas que descansan cómplice reposo de la inmovilidad

ciudad erigida en vestigio de dos mundos

escapará de la palabra ciudad de la palabra territorio de país

y por supuesto estará sobre todos los muros 18


de los dedos huye un repertorio de ficciones y me muerdo la piel para despertar a los pájaros quienes me enseñarán todos los secretos que las palabras esconden

y entonces traduciré a esta ciudad de otra manera y la bautizaré como los árboles en mitad de la madrugada como si surgiera en medio de dos espejos como habitada sin la ficción de nosotros

soy la luz entre ambos espejos poderoso Kublai Kan y me veo dictándole el final de tu imperio a un hombre que muere cuando esa ciudad de mis sueños tiembla y se derrumba

solo porque yo la sueño

sus ruinas son estas que nos dictan estrellas y muertos y ellos deletrean también las palabras subrayadas en los libros

¿no será acaso que esta ciudad nos sueña?

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Panorama de la mujer en tu balcón Para Diego Ella contempla la paraselene de hoy y arroja las plumas de tu almohada

telarañas blancas tejen el viento de su noche

fue el día siguiente

y las niñas saldrán a la calle a jugar con la nieve

esculturas de brizne y ángeles en el concreto otra ciudad esculpida por sus manos

algunas harán alas y se arrojarán a las alcantarillas para compartir el milagro con las ratas

triste como un cristal empañado en tu balcón ella ofrece una sonrisa

nadie mira

ayer pensaban las niñas en una estatua repleta de telarañas

y se preguntaban si la viuda negra habita aún la boca o el pecho

sin plumas en la almohada sin insectos en la voz 20


la mujer se pone a cantar

y cierra la ventana en silencio y para siempre

después sueña con la viuda devorando las bocas y los pechos de las niñas que jugaban en la seda la araña que enreda entre sus patas la frágil arquitectura de una ciudad —porque a estas ciudades de los ángeles siempre las derriba la brisa de los sueños— cuando un extraño sueña con una mujer que se arroja desde el balcón con tu almohada entre sus brazos

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La noche del centenario I. Yo nací un día que Dios estuvo borracho

recorrí entonces las vías del tren vértebras de la ciudad entregada a mis pasos

era la noche del centenario quien abría su boca al vértigo orbe de una danza iluminada

tan intensamente sentí la melancolía de los que beben con ojos cerrados los que aquí nunca se miran el rostro

mi sombra sostiene las hormigas de mi mano sé que ya la he perdido y en la otra aprieto con deseo la espalda de ese hombre y otras manos repletas de hormigas como fuego

entretuve el hastío enumerando lugares que no existen más cicatrices de abandonada medianoche allí el callejón sucre allá el virginia’s sobre todos los techos el incendio que consume a la brisa donde hundieron mi cabeza en una bendición durante mis primeros años

yo nacía en cada sorbo

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era una noche que nunca terminaba su promesa

II. No será la calle que conozco sino una repetición como lo es todo lugar que por desconocido recuerda la familiaridad del primer vecindario

una sala con radio encendida esta casa que no alcanzo a ver sino por medio del sueño

en el suelo oigo palpitar de pasos risas de la madrugada una invitación a orinar en la banqueta

las horas que se antojan fuera de las horas las horas estáticas y eléctricas

igual a un fantasma que sostiene las huellas de los que han sorteado trampas en este sitio escucho los gemidos de una mujer y pienso que es complejo imaginar a los amigos en el sexo

pero en la esquina dos hombres luchan con navajas todo está tan en silencio que la muerte ha perdido su dominio y de las heridas no brota la sangre sino aullidos

III. Ya camino bajo las olas verdes del parque amaneciendo

abrir la puerta del hogar con una angustia por arropar al sol luego de dormir en la calle

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entre oscuridad reconozco el poema nunca escrito

mi baño reposa solemnemente y la habitación tiene las luces encendidas como si guardara un homicidio

mis piernas albergan al parásito de la tierra que goza de mí como no lo hiciera el hombre de la noche del centenario

e imagino el calor de esa espalda que seduje con mis dedos el consuelo de una boca repleta de hormigas como fuego

después el desmembramiento carnal y despiadado y tierno y las luces encendidas y el homicidio y el punto final después del verso

pero en el amor me iré quedando solo hasta que la soledad ceda su lugar a otra forma más intensa

y naceré en la brisa un día que Dios esté borracho y grave

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Baldíos  

Poemas de la primera juventud

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