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¿VUELVE LA SUPERSTICIÓN? Texto Antonio Ortín

Mañana día 13 es buen día para preguntarse si nos estamos volviendo supersticiosos. Muchos indicios apuntan en esta dirección, aunque antropólogos y sociólogos hablan de un cambio más profundo: cada vez tenemos más necesidad de creer en algo Es posible que la actual crisis esconda alguna oportunidad de mejorar. El problema es que, cuando no salta a la vista, muchas personas tienden a invocar a las fuerzas del más allá para que este deseo se convierta en realidad. Sólo así se explica que cerca de 360.000 españoles hayan invertido alrededor de 35 euros en la pulsera Power Balance para restaurar su “equilibrio electromagnético”, que el tarot viva una época dorada, que proliferen las cadenas de la suerte por internet, que los libros de autoayuda sean best sellers o que las últimas encuestas realizadas concluyan que la astrología, los chacras, los fluidos energéticos, el feng shui, la intuición y otras creencias no basadas en la experiencia empírica gocen de una salud estupenda. Umberto Eco dibujó este escenario en A paso de cangrejo (2007), un libro donde, entre otras cosas, venía a decir que estamos estamos volviendo a creencias de tipo supersticioso y que ciertos rasgos de la nueva sociedad tecnológica parecen preludiar una nueva edad oscura. De hecho, este es precisamente el argumento de la última película que Woody Allen presentó en mayo en el Festival de Cannes: You will meet a tall dark stranger. En el film, el único personaje que roza la felicidad es una mujer adicta a los espiritistas pero que, al menos, cree en algo. “La vida no tiene ningún sentido. La gente está desesperada por encontrar algo mágico en lo que creer. Ustedes podrían deducir que el mensaje es que la única forma de ser feliz es creer en el más allá. Y no se equivocarían. Creo firmemente que la vida es algo terrorífico e inestable para el resto de los mortales. La única manera de sobrevivir es en-

gañándose a uno mismo”, ha declarado Allen sobre su último apocalipsis existencial. Es posible que Woody esté en lo cierto. Algunos antropólogos y sociólogos consideran que, efectivamente, el pensamiento racional está perdiendo posiciones y que la actual crisis económica está acentuando la falta de referencias institucionales, religiosas y políticas. “La vuelta a la superstición es evidente. Cuando las cosas reales no van bien se vuelve la mirada a lo mágico”, apunta Manuel Mandianes, antropólogo del CSIC. “La crisis económica –añade– ha creado incertidumbre en muchísimas personas que antes creían tener un cierto control sobre su situación por el mero hecho de disponer de poder adquisitivo y que ahora se sienten en el aire. Pero, en realidad, la incertidumbre siempre ha estado ahí, aunque permaneciera oculta tras la bonanza económica”. En opinión de este antropólogo, el telón de fondo es que muchas mujeres y hombres buscan adueñarse de su destino y “de lo que les sucederá mañana, valiéndose de ciertos rituales que desafían el sentido común con los que pretenden cambiar el trascurso de los acontecimientos”. Por ejemplo, con la pulsera Power Balance...

A CAUSA DE LA CRISIS ECONÓMICA, CONFIAMOS EN RITUALES COTIDIANOS

La pulsera se ha hecho un sitio en la muñeca de Cristiano Ronaldo, de profesionales liberales y de conocidísimos empresarios con la promesa de mejorar el estrés, los problemas

musculares, la concentración, la resistencia, el equilibrio cuerpo-mente y “la flexibilidad y amplitud de movimiento” (sic). Patxi López, Belén Esteban, Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, la infanta Elena y el periodista Antonio Lobato llevan la pulsera de silicona. También los 15.000 corredores que participaron en el último Maratón Popular de Madrid recibieron el 23 de abril un correo electrónico de la organización donde se esgrimía que la pulsera holográfica Power Balance, “incrementaba la fuerza”. Tras este episodio y otros similares, el Ministerio de Sanidad se ha visto en la obligación de alertar que ni esta ni otras pulseras similares tienen efectos terapeúticos. Entonces... ¿por qué muchas personas sostienen que estas pulseras producen realmente efecto? Siraj Bechich, especialista en Medicina Interna de la Clínica CIMA de Barcelona, aventura una respuesta: “La única explicación plausible es que hay una voluntad no racional de creer en algo, lo que lleva a algunas personas a autosugestionarse”, dice. “Bajo el punto de vista de la medicina convencional, la pulsera Power Balance puede considerarse un placebo, por lo que su efecto está relacionado con la fe que tenga la persona que la lleve en su eficacia”, declara este prestigioso especialista. “Si una persona cree en este tipo de productos, puede que la pulsera le produzca una reacción o puede que no. En cambio, una persona que de entrada ya no crea en ella, no sentirá absolutamente nada. Por eso es un placebo, porque si funcionara en todas las personas se vendería en las farmacias”, concluye. Las œ


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Pero todavía hay algo peor: cuando alguien entra en esta dinámica, se mete en un círculo vicioso. “Si una persona tiene miedo, por ejemplo, a hablar en público y un día que va vestida de rojo siente que ha estado más tranquila, se vestirá siempre así. Pero su problema no depende del color del vestido, sino de centrar su atención en lo que va a decir. Por eso yo siempre aconsejo a las personas que tienen problemas de este tipo que intenten desmontar estas creencias pensando que son tonterías y no con conductas repetitivas que terminan generando ansiedad”, recomienda Antonio Cano Vindel.

MUERAN LAS CADENAS En los últimos meses están aumentando las cadenas de la suerte, falsos mensajes que se trasmiten en internet donde se exhorta a los destinatarios a reenviar el texto a cinco o diez conocidos. El texto es parecido: “envíe este mensaje a cinco personas. José Pérez no lo hizo y ese mismo año quebró su empresa”. En cambio, cuando se siguen las intrucciones, el internauta es bendecido por la fortuna. Los estudiosos de los hoaxes (un anglicismo que significa “broma” o “engaño”), recuerdan que el objetivo final es conseguir direcciones de mail y congestionar a los servidores. Los expertos creen que hay que romper

las cadenas. “El problema –señala Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés– es que si se hace una vez, se termina haciendo muchas más, lo que acaba produciendo ansiedad”. Estos rituales tranquilizadores, como les llaman los expertos, se parecen a los virus informáticos porque “pueden acabar infectando las conductas de muchas personas”, advierte Cano. Así que si usted recibe una cadena de la suerte que le promete aumentar su fortuna, valore también la posibilidad de acabar convirtiéndose en cliente de un psicólogo que agrave su situación económica.

POR SI LAS MOSCAS... El día 13 de cada mes se solía reunir en Londres un club de excéntricos que se divertía en desafiar toda clase de supersticiones: abrían paraguas en el interior de la sala, derramaban sal, caminaban bajo escaleras de mano y bebían en vasos rotos. Sin embargo, son muchos más los británicos y españoles (un 86% y un 70%, respectivamente, reconoce tener ideas supersticiosas) que confían en rituales como los siguientes: > Dejar la puerta del ropero abierta aleja el dinero. > No hay que silbar por

la noche porque puede responder el diablo. > Quien escribe sobre la tierra acaba perdiendo la memoria. > Derramar aceite o leche trae mala suerte; verter vino, en cambio, predice alegría. > Cuando una persona se pone al revés una prenda es porque le aguarda una sorpresa. > Echar sal por encima del hombro sirve para aplacar a los malos espíritus que rondan detrás nuestro. > Cuando una mariposa blanca revolotea alrededor de una persona le anuncia suerte; si es negra, desgracia.

palabras de Bechich concuerdan con un estudio publicado en la revista médica The Lancet. Según el mismo, cuanto más se ilusiona una persona con un supuesto remedio, tanto mayor es la respuesta positiva que se genera en su organismo. Otra investigación publicada en Journal of Neuroscience apunta otro dato: el efecto placebo no sólo tiene un efecto psicológico, sino físico. Es decir, tan sólo con pensar que un fármaco aliviará el dolor es suficiente para que el cerebro libere endorfinas. œ

Estas y otras investigaciones han llevado al Parlamento británico este mismo año a dictaminar que la homeopatía carece de consistencia médica y que su único efecto en los pacientes es el placebo (“su efectividad no se sustenta en evidencias”), por lo que se ha conminado al Gobierno a suspender los 4,5 millones de euros que la sanidad pública dedica a esta corriente de la medicina alternativa. Un dato que confirma que no sólo en España cuecen habas... A juicio de Antonio Cano Vindel, catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, la actual crisis económica y de valores está generando ansiedad en amplias capas de la población y llevando a algunas personas a buscar relaciones causa-efecto entre cosas sin ningún tipo de vinculación. “Hay muchos jóvenes”, declara este psicólogo, “que acuden a que les tiren las cartas para ver si su relación llegará a buen puerto. También cualquiera que pasee por el Retiro puede observar la presencia de videntes que adivinan el futuro. La pregunta que yo me hago es: si realmente son capaces de adivinar el número de la lotería que tocará... ¿cómo es que dependen del dinero de sus clientes? Si tuvieran una limusina esperándoles en la puerta del parque lo entendería, pero normalmente no es así”, ironiza. Para este psicólogo, a veces las supersticiones son una manera de echarle la culpa a algo ajeno. Es decir, si una una persona invierte en Bolsa y pierde, puede sentir la tentación de pensar que en realidad no se trató de una decisión equivocada, sino que el error fue dejar el bolso en el suelo (algo que, según parece, da mala suerte) mientras hablaba con el empleado de la sucursal bancaria donde formalizó la operación.

Sin embargo, hay varias cosas importantes que debe saber el lector que haya llegado hasta aquí. La primera es que si usted piensa que las creencias irracionales no tienen cabida en su vida, tal vez se lleve una sorpresa. En menor o mayor grado, la irracionalidad es consustancial al ser humano, aún cuando algunas personas posean un cierto control psicológico sobre el tema. En un experimento, Bruce Hood, profesor de Psicología del Desarrollo en la Universidad de Bristol (Reino Unido) se valió de una argucia para demostrar que el cerebro humano funciona de manera irracional. Para probar su teoría, el profesor Hood preguntó al público que asistía a un congreso científico si había alguien dispuesto a probarse una chaqueta azul a cambio de 10 libras. Después de que tres cuartas partes de la sala levantaran la mano, Hood confesó que la chaqueta había pertenecido a Fred West, un asesino múltiple. Al escuchar esto, la mayoría de los voluntarios bajaron la mano al considerar que les traería mal agüero. En realidad, la chaqueta no había pertenecido al tipo que asesinó a 12 mujeres jóvenes entre 1967 y 1987 (entre ellas a su propia hija), pero el público


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nentemente prácticas: si un romance irá a más, si tendremos suerte en un negocio, si un talismán nos protegerá cuando viajemos en avión...

reaccionó de la misma manera que si a una persona muy racional le propusieran cambiar su anillo de bodas por una réplica exactamente idéntica. Según el profesor Hood, la diferencia entre conceder importancia sentimental a los objetos y creer en la religión, la magia o lo paranormal, es sólo de grado. Es más, para el profesor Hood, como los humanos operamos intuitivamente, instar a las personas a abandonar sus creencias básicas y primarias nunca tendrá éxito, ya que ese componente irracional opera a un nivel tan fundamental, que ninguna cantidad de evidencias racionales puede erradicarlo, de igual modo que es imposible suprimir el instinto. Otro aspecto que han detectado los expertos es que las creencias no racionales ya no son patrimonio de las clases bajas (como prueba la Power Balance) y de las personas de mayor edad. Al contrario, los jóvenes son ahora mismo el mayor caladero. Andrés Canteras, doctor en Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, puede dar fe de ello tras haber dirigido el estudio “Sentido, valores y creencias”, una rigurosa investigación de la que se desprende que la principal fábrica de creencias ya no está en la Iglesia, sino en uno mismo. “Es posible que la razón se haya impuesto a la fe, pero no ha eclipsado al misterio. Por mucho que la ciencia rija nuestras vidas, seguimos teniendo una gran necesidad de creer en algo”, avisa. ¿Y en qué creen los adolescentes de ahora? El 72% de los jóvenes de entre 15 y 29 años siente la necesidad de creer en cualquier cosa que le proporcione bienestar espiritual, aunque un 70% le conceda poca o ninguna importancia a la religión. Otro dato a destacar es que el 55% de los jóvenes no está dispuesto a creer en nada que no le solucione problemas concretos, mientras que un 65% confía más en la intuición que en su racionalidad. Enlazando con la película de Woody Allen que comentábamos al principio, y cuya traducción literal sería algo así como “Conocerás a un hombre alto y moreno” (una broma del cineasta para referirse a la muerte...), todo parece indicar que en el Primer Mundo cada vez son menos las personas que creen en el más allá, y más las que confían en el más acá. Tal vez esto explique la aparición de “dioses de las pequeñas cosas”, que resuelven cuestiones emi-

En opinión del sociólogo Andrés Canteras, no hay que darle más vueltas al asunto: en los últimos años hemos vivido una época de cambios acelerados que nos ha dejado sin referencias. “La gente ahora no cree menos, sino de forma diferente. Necesitamos más sobreprotección, tenemos más necesidad de combatir el miedo a la muerte, a la soledad, a la pobreza. Pero, lejos de eso, la sociedad actual se muestra insegura y, si algo provoca, es incertidumbre”. “En realidad –añade– todo está más interconectado de lo que parece: lo racional y lo irracional, lo que sucede puertas afuera y lo que uno piensa para sus adentros. Es más, gran parte de científicos, entre ellos muchos Nobel, se plantean los límites de la ciencia y reconocen que no es posible explicar la organización del universo como si fuera un mecano, sino como un cúmulo de contingencias”. Como resultado, está surgiendo un nuevo tipo de conocimiento más inductivo y menos deductivo, muy en la línea de lo que propone Eduard Punset en su programa “Redes”. De hecho, Punset se ha convertido en un icono para muchos jóvenes y sus libros encabezan los ránkings de ventas, tal vez por su habilidad para relacionar los últimos descubrimientos científicos con las emociones, la empatía, la intuición y otras cualidades del ser humano que el pensamiento racional tiende a menospreciar. En este inicio del siglo XXI todo parece ser relativo y contradictorio. Umberto Eco incluso se atreve a insinuar que el propio pensamiento racional y tecnológico sea otra forma de superstición. Tal vez no haga falta llegar tan lejos, pero sí, al menos, admitir que las cosas, guste o no, están cambiando. s

mismo tema de Keith Jarret para desesperación de mi familia”. ¿Algún otro ritual? “Dejo dobladas, y siempre de la misma manera, las gafas y las zapatillas antes de ir a la cama. Cuando me levanto y las encuentro en el sitio, es como si empezara mejor el día”, desvela.

SUPERSTICIONES DE TRES PERSONAS MUY RACIONALES Kilian Jornet Kilian Jornet es tal vez el hombre mas resistente del mundo. Ganador del Ultra Trail del Montblanc en 2008 y 2009 (una carrera en la que hay que recorrer 166 km), y campeón del mundo de skyrunning en 2007, 2008 y 2009, corre tanto con la cabeza como con las piernas. “No me creo supersticioso, pero me gusta correr con ropa que me ha traído suerte. Sigo usando una camiseta térmica de esquí de montaña (su otra gran especialidad) desde hace 8 años. A veces me descubro comprando el mismo modelo de calcetín que me fue bien en una carrera”, dice. “¿Otras manías? Tal vez mimar antes de la prueba a los dorsales. También cuando compito hablo en voz alta al material que uso y le digo: ‘ahora vamos a atacar’”. Pero no lleva amuletos porque dan mala suerte... Jordi sevilla Diputado tres veces y ex ministro, Jordi Sevilla acaba de publicar ¿Mercado o estado?, un libro que parte del convencimiento de que “nadie tiene toda la verdad cogida por el rabo”. No piensa en la Última Cena cuando estampa el 13 en un documento, pero tiene sus supersticiones. “Tengo una corbata de la suerte que me ha acompañado en tres campañas electorales”, admite. “También me levanto casi de noche, pues creo que las ideas se me ocurren de 6 a 7 de la mañana”. Pero lo peor es cuando escribe un discurso importante: “Busco la inspiración oyendo muchas veces la misma canción. Me funciona. Me paso tres horas oyendo el

Juan eslava galán Este jienense de 61 años no ha tenido que encomendarse a los dioses para ganar el Planeta, entre otros. “Pese a que ahora mismo hay una crisis de identidad que está dando lugar a comportamientos supersticiosos, no es mi caso. Tal vez se deba al tiempo que viví en Gran Bretaña, donde aprendí que la clave para escribir una novela no es tanto saber atraer a los dioses, sino trabajar”, explica. “Lo más que puedo decir –concede– es que cuando escribo siempre coloco el material que me sirve de documentación sobre tres baldas de mi estudio. Cuando acabo el libro, me queda un vacío interior, por lo que ese mismo día despejo ese espacio y lo lleno con el material que utilizaré en el siguiente libro. Pero no es una superstición, sino, simplemente, procurar que mi trabajo tenga continuidad”.

LA GENTE HOY CREE, PERO CREE DE FORMA DISTINTA A ANTES


¿Vuelve la superstición?  

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