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V EXALTACION A LA SAETA

TERTULIA FLAMENCA “TOMAS EL NITRI”

EL PUERTO DE SANTA MARIA Semana Santa de 2015

POR

ANTONIO JOSE ROPA MAÑAS


2


3


Y

a es primavera y El Puerto de Santa María, como Andalucía y España entera, se prepara para vivir una vez más su

Semana Santa, su Semana Mayor, repleta de tradición, sentimiento y devoción, y yo tengo el honor y la suerte de haber sido elegido para hablaros en su víspera y desde este balcón, que tanto sabe de grandes cantaores y oradores, de algo tan nuestro, tan jondo, tan flamenco y majestuoso

como

convertida

en

plegaria

es

arte,

solemne,

la el

Saeta; arte

la

oración

convertido

acompasada,

en

sentida,

penetrante, hiriente en los sentimientos, emotiva en su decir y capaz de enamorarnos con su belleza...

La

que

atraviesa

el

alma

de

los

penitentes y hace manar lágrimas del corazón más endurecido; la que quiebra la noche y abre 4


los cielos cuajados de negros nubarrones; la que enmudece timbales, cornetas y tambores; la que rompe el silencio que ella misma provoca para colmarlo

de

flamencos;

sensaciones,

la

armonía

que hace revivir

y

quejios

en nuestros

corazones la pasión, la muerte y la resurrección del

Redentor

de

todos

los

hombres

y

el

sufrimiento de su Santísima Madre. SAETA: Sentimiento, Amor, Esperanza, Ternura, Arrepentimiento ¡Esto es para mí la Saeta! -oBuenas

noches

entrañable

querido

tertulia

Presidente

flamenca,

D.

de

esta

Bartolomé

Brao, Ilustrísimo Sr. Alcalde de esta bella ciudad, D. Alfonso Candón, Sr. Delegado de Cultura y Fiestas, D. Millán Alegre, resto de autoridades; 5


buenas noches también, cómo no, a los saeteros y

magníficos cantaores,

Rubio

D. Antonio Gómez

y D. José Alconchel García, verdaderos

protagonistas de esta exaltación; a mi amigo y presentador, Juan de Dios Frías, Presidente de la Asociación

Cultural

Extremeña

El

Castúo;

señores socios de esta Tertulia, amigos del Puerto y de Madrid, y en especial a mi esposa Emilia y a mi familia; bienvenidos a todos y muchas gracias por vuestra presencia.

Te debo mi agradecimiento Juan de Dios por tus palabras de presentación, cargadas de cariño y amistad. Ha sido un privilegio tenerte como presentador, tanto por tu elocuencia como por tu categoría

como

persona

y

amigo.

Desde

el

momento que conocí que tu ibas a ser quien realizaría la introducción a esta exaltación sentí una gran ilusión por poder compartir contigo 6


esta bonita experiencia, gracias, Juan, muchas gracias; y a ti, querido Tolo, por proporcionarme esta gran oportunidad de poder dirigirme a tantos amigos, socios y aficionados al flamenco aquí presentes, con motivo de la V Exaltación a la Saeta que hoy celebramos en este querido Puerto de la Madre de Dios, de Santa María. Puerto

de

maravillosos

pasos

procesionales;

Puerto de grandes saeteros y saeteras, Puerto de incienso,

faroles

y

candelabros,

con

solera

flamenca tan antigua como sus vinos. Puerto de entrada y acogimiento universal, Puerto de grandes tradiciones, de arte, de tronío y de gente admirable y cordial.

-o-

7


A un saetero jienense oí un día cantar:

“Cristo que vas con la Cruz, no te puedo contemplar, mis ojos no tienen luz y no paro de llorar por lo que sufriste tu”

Yo también puedo y debo considerarme de alguna forma el ciego de la saeta; no soy saetista, pero mi corazón sigue sintiendo la punta afilada de su flecha y mi alma se estremece cada vez que de mis sentidos queda presa. Por este motivo comienzo mi exposición advirtiendo que no soy ningún erudito de este maravilloso tema que aquí se va a tratar, pudiendo adolecer de la técnica requerida, por lo que lejos está de mi intención sentar cátedra de todo cuanto más adelante voy a decir, pero sí os puedo asegurar que esta carencia voy a intentar compensarla 8


con creces con el cariño que, como andaluz, siento por el flamenco en todas y cada una de sus expresiones y por la devoción a todo lo que la Semana Santa en mi representa y que mis padres me infundieron desde muy pequeño. - o–

Viene siendo costumbre en la exaltación de la Saeta hacer de ella historia sublime, majestuosa, con detallada descripción de sus nacimientos, de sus estilos, de los que pudieran haber sido sus creadores, de los que le pusieron voz, melodía, compás y afinación a sus penetrantes letras; intérpretes de todas las épocas y, en general, de todo aquello que de alguna forma u otra ha influido en su evolución y engrandecimiento a lo largo de los tiempos; desde la saeta antigua o primitiva hasta llegar a nuestros días, en los que la saeta flamenca se ha impuesto como estilo 9


dominante entre los saeteros y saeteras más ilustres y entre aquellos que no siéndolo aún tanto, luchan día a día por llegar a serlo.

En este caso, no seré menos yo y también haré un breve recorrido sobre estos aspectos por el gran respeto que la historia siempre me merece y porque el reconocimiento, la exaltación de algo o de alguien no sería completa ni justa si no se hiciera referencia a su pasado y a su génesis. -o-

El gran poeta de Jerez, José Luis Zarzana Palma, en su libro Getsemani, editado en el año 1980, incluye un precioso poema referido al origen de la saeta y de la que hace una maravillosa alabanza de bello contenido y que, con permiso del autor, anhelo compartir con todos vosotros:

10


Saeta ¿de dónde vienes? ¿Quién te dio tu nacimiento? ¿Quién te lanzó por los aires estremeciendo los pechos?

¿Quién en luna conmovida te fue acunando en los tiempos y velaba por las noches la placidez de tus sueños? ¿Quién te dio eco de bronce? y quién tanto sentimiento que dejó sobre tus letras sangre cuajada en lamento. ¿Por qué vas cortando el aire? Por qué llevas tan adentro de tu corazón sonora agonía y sufrimiento?

11


Agonía traspasada que va creciendo en tus tercios. Agonía que contigo se encarama por el viento. ¿Quién eres tú? - di saeta. ¿Por qué pregonas el duelo? ¿Por qué le cambias los pulsos al que te escucha en silencio? ¿Quién te parió? dime quién. ¿Quién se llegó hasta tu lecho y te recogió dormida para cantarte en el pueblo? Porque si digo saeta digo tanto sentimiento que se llena la boca del amargor de tus versos.

12


Porque yo digo saeta y trasminan a los cielos olor a clavo y canela, a fragancias de romero, a viña recién podada y a bodegas en silencio.

Por eso eres saeta el lamento de mi pueblo, que se llega hasta la Cruz y se enreda en el madero y acaricias a María abrazándote a su pecho.

Por eso para cantarte hay que amar a Dios primero y hay que tener en la voz eco de duendes toreros.

13


Después

de

leer

esta

magnífica,

bonita,

entrañable y profunda poesía sobre la saeta, cualquier expresar

manifestación sobre

la

que

misma

me será,

atreva con

a

toda

seguridad, remota aspirante a ensalzarla todo lo que ella se merece, como aquí se hace. -0-

Es conocida la incertidumbre sobre el origen de la saeta antigua y parece ser, según la mayoría de teorías y publicaciones existentes, que, con mucha probabilidad, se conformase sobre las base de cantos primitivos, principalmente de cánticos litúrgicos-religiosos, como es el Romancero de la Pasión y Muerte del Señor

Existen muchos estudiosos y escritores que sitúan su origen en las oraciones cantadas que los franciscanos extendieron por Andalucía durante 14


la Edad Media en su labor de cristianización, especialmente en las procesiones de penitencia propias de aquella época, los vía crucis.

A finales del siglo XVII y principios del XVIII, los franciscanos empiezan a llamarles Saetas, concretamente “saetas penetrantes” o “de pecado mortal”, a las letras de estas canciones. Fray Isidoro

de

Sevilla

decía

que

las

"Saetas

Penetrantes" hacían conmover los corazones más duros, como se puede ver en estos versos de Fray Diego de Cadiz:

Tú eres mi amparo y mi guía, mi dueño y mi creador, mi consuelo y mi alegría, mi Padre, mi Redentor y única esperanza mía. Con trompetas y pregones por la calle de la Amargura 15


os llevaron los sayones eclipsada tu hermosura. En medio de dos ladrones al calvario caminaste, para ganar la victoria y así en la Cruz expiraste. Otras fuentes versan sobre su derivación de los cantos y rezos que los almuédanos realizaban invitando

a

la

oración

en

las

mezquitas,

asegurando que "el origen de la música y del

metro de estos sentimentales cantares hay que buscarlo en los almuédanos de las mezquitas de Córdoba, Granada y Málaga, que a sus pregones convocando a la oración, ya expresados con estilo,

añadieron

oraciones

y

lamentaciones

versificadas…” Existen

también

algunas

referencias

a

la

influencia ejercida por composiciones con raíces reminiscencias judeo-hebráicas. 16


Eran estos, sin duda, cantos litúrgicos muy monótonos pueblo,

y

con

fácilmente un

entendibles

objetivo

por

el

especialmente

catequizador.

A mediados del siglo XIX (1840), la saeta se populariza y deja de ser una exclusiva de actos piadosos y de predicadores. Es el pueblo llano quien la canta para expresar su sentir religioso en los pasos procesionales de Semana Santa y en los templos a través de la modalidad de “canto llano recitado” o salmodiado.

Así, la saeta primitiva se fue transformando fruto de las distintas modificaciones que sobre ella hicieron en cada lugar, añadiéndole en su caso adornos y notas musicales, quedando de esta forma identificadas con la localidad de origen y como cantos propios y autóctonos.

17


Estas nuevas versiones de la saeta primitiva o antigua se siguen cantando y siguen formando parte del acervo religioso-cultural en muchas localidades andaluzas. Parece oportuno, por su relevancia,

hacer

un

pequeño

recorrido

recordando las más importantes, como las de Marchena,

en

su

modalidad

“Molederas

de

Marchena” y las carceleras, entre otras; la saeta vieja, la antigua y la popular , de Córdoba, con su gran saetera Maria Zamorano Ruiz “La Talegona” (1901-1991); la saeta popular estilo

alcantarilla borrachunas,

y

perrilleja, en

Lucena;

la la

de

santería

o

cuartelera

y

cuartelera del Apostolado , la saeta de la ribera baja

y

la

vieja

de

Puente

Genil;

o

las

samaritanas, las de rigor y la de Vía Crucis de Castro del Río, todas ellas de los más variados estilos

existentes

y,

como

hemos

denominaciones muy peculiares.

18

visto,

con


Además de los lugares citados, sin duda los más representativos, existen otros más en Andalucía donde también se siguen cantando este tipo de saetas y que merece la pena citar como Moguer, Alosno y Ayamonte, en Huelva; Baños de la Encina, Jabalquinto, Villanueva de la Reina

y

Arjonilla, de Jaén, en los que cada Semana Santa se cantan los pregones a dúo en los templos y cofradías y las coplas de pasión; en pueblos de Granada, como Loja con sus “Sátiras”, ejecutadas por los portadores de incienso; en Cádiz, sobre todo en Arcos de la Frontera, con Vieja

de

Arcos”

que

es

reminiscencias

gregorianas,

rudimentarios

instrumentos

un

su “Saeta canto

acompañado de

con por

viento;

sin

olvidarnos de Mairena de Alcor, con su Saeta de Marín, de Arahal ni de Utrera, donde las saetas antiguas

las

interpretan

las

Monjas

de

Consolación, todas estas últimas en la provincia de Sevilla o en Alhaurin el Grande en Málaga. 19


Estas saetas antiguas ya adaptadas, a pesar de que en la actualidad son objeto de consideración y

forman

parte,

como

ya

he

dicho,

del

patrimonio cultural de numerosos pueblos y ciudades, no llegaron a ser aceptadas en sus primeros

momentos

en

toda

la

sociedad

andaluza. Allá, en la segunda mitad del siglo XIX, se empiezan a divulgar y parece ser que éstas eran menospreciadas y no bien acogidas porque eran interpretadas, en muchos casos, por personas

marginadas

procedencia

y

provinciana,

consideradas de

tal

forma

de que

entraron en decadencia y llegaron incluso a estar

prohibidas,

concretamente

en

Sevilla,

durante algunos años de finales del siglo XIX.

Largas y devotas jaculatorias perseveran de Cristo el perdón, presos y lacayos en sus letanías finos puñales clavan en el corazón. 20


Lamentos, suspiros y gritos desgarran sus gargantas viendo pasar a Jesucristo con el rostro ensangrentado y a María afligida por el hijo amado.

Pasado un tiempo, en el primer cuarto del siglo XX,

regresaron

flamencas,

ya

adaptadas

principalmente

por

por

voces

cantaores

profesionales de Cádiz, Jerez y Sevilla. Nacía un nuevo palo del flamenco, un estilo diferente de saeta, de cuatro o cinco versos de ocho sílabas, más

adornada,

melismática,

con

mucha

alargamiento

de

más los

carga

tercios

y

amplitud melódica, y en las que el lucimiento del ejecutante y su espectacularidad, parece ser que, en

muchos

casos,

era

principales.

21

uno

de

los

objetivos


Esta nueva versión de la saeta no significó la desaparición

de

protagonism0

la

y

antigua,

la

a

importancia

pesar

del

que

fue

adquiriendo y como prueba indiscutible es que aún persiste la tradición de la antigua saeta en muchos

pueblos

comentado.

andaluces,

Son

dos

como

estilos

ya

hemos

diferentes,

dos

maneras de hablar con Dios. El último es hijo del primero, el último nace a la vera del cante jondo, en plena expansión y consolidación del flamenco en nuestra tierra andaluza que, acertadamente, incorpora la saeta como un palo muy especial, un palo sin compás preestablecido y sin que lleve acompañamiento instrumental, enriqueciendo de esta forma el arte flamenco y elevando aún más, si

cabe,

su

dificultad

interpretativa

y

su

grandeza. Nace, además, en un contexto de exaltación

de

las

grandiosas

procesiones

e

impresionantes Pasos de la Semana Santa en Andalucía, con la finalidad de magnificar estas 22


manifestaciones religioso-populares. No fue sino una adaptación a las tendencias y modas de la época, siendo digna de consideración, y así personalmente lo quisiera subrayar, la actual coexistencia de ambos estilos.

Yo desearía que mi exaltación fuese ecuánime y creo que hay que reconocer a ambas saetas como valedoras de la fe y la devoción que muchos corazones necesitan proclamar a sus Pasos y a lo que cada una de sus imágenes representa. La antigua, porque tiene un gran mérito tradicional y es, sin duda alguna, la precursora de la flamenca, que no existiría sin aquélla y a ésta, porque encierra en sí misma el arte y la profundidad de nuestra manifestación artística más arraigada en Andalucía, el flamenco.

Con fervor la saeta suena y los sentidos arrebata; 23


en el aire talla la pena que fugaz del alma brota y transforma la garganta, solemne plegaria, en copla.

Revive cada primavera entre martinetes, seguiriyas, y aromas de incienso y cera. Vestida de compas y melodía, trae aires de pasión y tristeza, de ternura y sublime poesía.

Es la saeta piropo y ternura, oración hecha guirnalda de amor del pueblo llano que, con fe pura, invoca honda amargura y dolor a Dios Padre allá en las alturas, por Cristo, su hijo Redentor. 24


Plegaria que el flamenco hizo suya en esta tierra de grandes cantaores. Andalucía es su madre y fue su cuna; aquí nació y la forjaron los amores, y la fe de su gente, que, por fortuna, exalta así a Dios en sus oraciones.

Ensalzar la saeta, y sobre todo la flamenca, olvidándonos de sus principales intérpretes y fundamentalmente de sus creadores, sería de todo punto incomprensible. Esta saeta es lo que es no sólo por su historia, por sus orígenes o por lo que transmite en sí misma, que ya es muy importante, sino también por la aportación que grandes cantaores de flamenco hicieron a su modernización,

transformando

esos

cantos

monótonos y cadenciosos en verdaderas obras de arte musical, acoplándola a estilos ya existentes como la seguiriya, el martinete o la toná e 25


imprimiéndole a la nueva saeta un carácter muy singular y muy personal. Es el propio saetero el que

debe

vencer

la

dificultad

de

no

ir

acompañado en su cante y de no tener referencia alguna

que

le

permita

orientarse

para

su

entonación y ejecución. El y sólo él, debe elegir la interpretación, la potencia y la afinación de su voz. La única inspiración es su arte y, sobre todo, sus vivencias y la imagen del Nazareno o la de su Madre Dolorosa, a las que dirige su plegaria nacida desde lo más profundo de su corazón.

La saeta toma una dimensión especial en esta tierra, nuestra Andalucía, en el momento que los flamencos necesitan hablar con Dios, cuando hacen suya la plegaria antigua y transforman la tradición en arte, cuando la sangre que corre por sus venas siente sed de expresar el fervor y el sentir del pueblo que les vio nacer. Es entonces y 26


no en otro momento que la oración se vuelve martinete y seguiriya, se

desdobla en estilos y

marca escuela de cante que rima la pena con el sentimiento, el dolor con el quejío y la angustia con la esperanza; cambia el escenario de la interpretación, se improvisa la ejecución y se vuelve

espontánea,

y

la

creatividad

y

la

inspiración de poetas y cantaores cobra un gran protagonismo… y así:

Entre fragancias de azahar e incienso, la garganta quebrada de un viejo saetero desgaja de sus entrañas, con amor y sentimiento, una copla sin par, que volada al viento el alma desgarra

27


y, convertida en lamento, se ha hecho inmortal.

Me imagino al gran cantaor gaditano Enrique “El Mellizo” y a su familia o al también insigne saetero Silverio Franconetti, por aquellos años de finales del siglo XIX, interpretando las primeras adaptaciones de lo que, con el tiempo, llegarían a ser

lo

que

hoy

es

nuestra

saeta

flamenca.

Seguramente no faltarían quienes cuestionasen la innovación de la que estaban siendo testigos, pero

yo

creo

que

muchas

gargantas

enmudecerían ante el quejío profundo y solemne que,

con

penitentes

voz y

grave, entre

sembraban

muchos

entre

los

aficionados

al

flamenco de aquella época, sin que ninguno de ellos pudiera llegar a vislumbrar la importancia que este nuevo estilo de saeta tendría en el futuro.

28


Al Mellizo le siguieron otros muchos y buenos cantaores; la saeta se iba aflamencando con el transcurrir del tiempo y Jerez no podía ser ajena a esta nueva sensación y manera de rezarle a Dios. La música y la literatura de la nueva saeta se adaptaron con el sello propio e inconfundible de esta majestuosa tierra del flamenco. Manuel Torres, La serrana, Manuel Centeno, La Niña los Peines, Antonio Chacón, el Gloria, entre otros, fueron los precursores y pregoneros de la saeta en su nueva versión aflamencada y agitanada en las primeras décadas del siglo XX.

Las primeras grabaciones discográficas de las que se tienen noticias se realizaron en los inicios del siglo pasado por Antonio Pozo “El Mochuelo”. Eran saetas por seguiriyas, llanas y sin adornos flamencos. Simultáneamente, en 1909, aparece otra grabación realizada por La Serrana y Manuel Torres, en disco de pizarra, donde se 29


interpreta la saeta por seguiriyas de manera muy distinta; se muestra con rasgos totalmente flamencos que caracterizan un cante más jondo y en el que, Manuel Torres, al parecer, añade un último tercio a la saeta, el tercero, definiendo así la dimensión

melódica

de

la saeta

por

seguiriyas. Este fue el texto de su grabación:

Por no tener na que hacerle lo escupen y lo abofetean y lo coronan de espinas y la sangre le chorrea por su carita divina y la sangre le chorrea por su carita divina.

Desde entonces, la saeta ha ido enriqueciéndose y atesorando estilos, conformando uno de los palos más grandiosos del flamenco.

30


Sin nombre nací y esclava de aquél momento. Entre lágrimas y suspiros crecí, bañada en gemíos y lamentos, para pecadores consuelo fui y amparo de su arrepentimiento.

Largo tiempo ha pasado. En el espejo de tu cara me miro y no me reconozco, tal vez todo ha sido un sueño, mi canto, largo y tendencioso, le acaricia ahora duende flamenco. -o-

La mejor exaltación que se puede hacer de la Saeta es gritarle al mundo entero y decirle que con ella el pueblo andaluz habla con Dios, decirle 31


que las palabras y la oración se convierten en apología de amor en esos momentos de pena y diálogo, porque ella es:

Copla del sentir andaluz, oración del pueblo llano al Cristo que va en la Cruz, a su Madre que va penando.

Plegaria que rompe en llanto corazones tristes y afligíos, clamando a los cuatro vientos largas tonás y sentios quejíos.

Flecha que estremece el alma, diálogo íntimo con Dios, que al arrepentimiento llama con su triste canto al pecador.

32


Eres tú saeta reflejo de tinieblas y suspiros en la noche nazarena, lágrimas que humedecen las penas de quien es aroma, clavel y azucena, ¡Cómo

me

momentos

hubiera donde

la

gustado

vivir

saeta

flamenca

aquellos cobra

protagonismo en el sentir de los cofrades y penitentes de nuestros pueblos andaluces¡ -o-

Es cierto que la tradición y antigüedad de las Cofradías y Hermandades en el Puerto se pierde en los anales de su historia y con ellas, como parte inequívoca de su fervor religioso y sus raíces flamencas, también la de los saeteros porteños

que

intervinieron

como

testigos

y

partícipes de la transformación de la saeta y, sin

33


lugar a dudas, propagadores de la moderna saeta aflamencada.

Cantaores portuenses de finales del siglo XIX y principios del XX como nuestro Tomás El Nitri , Teresa Mazantini, Ana Losa, Antonia La Obispa

y Diego el Gurrino, entre otros, fueron artífices de consideración junto a gaditanos, jerezanos y sevillanos de la evolución de la saeta flamenca, dotando así a El Puerto de un justo, merecido y compartido

derecho

paternal

sobre

ella,

sin

olvidarnos de que también ha sido testigo de los orígenes y transformación de la saeta antigua o primitiva que cantada era por sus plazas y calles por franciscanos y órdenes misioneras.

Les siguieron otros muchos a lo largo del pasado siglo XX: El Caneco,

Pellicer, Paco “El Azotea”,

Gatica, Juan Arjona, Matiola y otros muchos más,

todos

ellos

excelentes 34

cantaores

que


aportaron su arte

y llenaron de

melismas,

jondura y jipíos los Pasos Procesionales, sin olvidarnos de nuestras actuales y excelentes saeteras portuenses, Nazaret y Aroa Cala, entre otros, que mantienen vivo y en un altísimo nivel este apasionante palo del flamenco. -o-

Saeta y Semana Santa son inseparables en esta mi querida Andalucía, en este, mi entrañable Puerto, repleto de historia y gallardía, donde la Semana de Pasión se viste de púrpura y se impregna de aromas de incienso y cera, donde cada barrio y cada cofradía es un clamor de devoción, donde el cofrade vive cada uno de los Pasos con sentida y profunda emoción, donde el efluvio de las soleras de sus bodegas, la placidez de su río y el colorido de sus barcos, realzan la arrogancia de su bella bahía,

configurando un

escenario incomparable que transforma la saeta 35


en requiebro, sin dejar de ser plegaria, para atravesar con toda su fuerza los corazones de tantas almas porteñas.

Dentro de muy pocos días, la Semana Santa se manifestará en nuestras calles; las Hermandades y Cofradías desfilarán mostrando su Religiosidad Popular; las saetas esculpirán su melodía en el aire difuminándose entre los aromas de las flores del naranjo y el resplandor de cirios y faroles. Despertarán

los

contemplaremos

sentidos hechizados

y,

un de

año

más,

emoción

la

majestuosidad de nuestras imágenes que, repletas de belleza, de luz, del perfume de lirios y claveles y del incienso y la ardiente cera que les rodea, harán su recorrido en procesión al compás de las cadencias de bandas, cornetas y tambores, y …

36


Brotará la saeta espontánea, como rojo clavel, del corazón; nacerá, escondida en el alma, de sus labios, poesía de pasión. Arte y sentimiento derramará, destellos de ternura y de emoción, y sin querer se irá haciendo nana y seguiriya, en su cuna de amor.

Oiremos la resonancia del “llamador” que con precisión golpea el capataz para que la “levantá” sea

precisa

y

los

costaleros

eleven

las

trabajaderas a la voz “ al cielo con ella” , sintiendo en lo más profundo de su ser y henchidos de amor, la devoción por su Virgen de los Dolores, de la Amargura o de la

Soledad, o

por su Cristo de la Vera Cruz, por su Cristo Nazareno, o por su Cristo Cautivo, que cada uno

37


de ellos lleva innata; mientras en el rumor del aire resuena el eco del último tercio de una saeta:

“No hay dolor como el tuyo ni pena como tu pena que tiña de tonos oscuros tu carita de azucena”

Veremos a devotos penitentes que enfilan largas procesiones de farol y cera, que vierten sobre sus pasos el aceite perfumado de sus velas, dejando sobre las piedras grabada la huella de su pena. Y surgirán plegarias hechas verso para los que son en la tierra sus pies, para los que mecen sus palios resplandecientes que rebosan de lirios, rosas y clavel.

38


Paso a paso te llevan tus costaleros, Virgen, Madre mía, de la Soledad y el Desconsuelo; saeta soy en labios de mi saetero y enjugar tus lágrimas yo quiero con mis plegarias al cielo.

No arrastres tus pies costalero que detenerlos yo no puedo, que una garganta rota y afligida de un cofrade y buen saetero me está cantando, a mi saeta, para tu Dios Nazareno.

Y el atardecer nos traerá la fresca brisa de nuestra bahía gaditana, pregonando el relente de la noche. Noche que, atrevida y emocionada, quiere formar parte, con su oscuridad y su 39


silencio,

del

madrugada

misticismo del

Viernes

majestuoso Santo;

de

quiere

la ser

cómplice del resplandor de los cirios que van vertiendo sus lágrimas de cera sobre las calles empedradas de nuestra ciudad penitente. Quiere ser

testigo

de

como

la

saeta,

emotiva

y

suplicante, rasgará las volutas del humo de los inciensos, se abrirá paso entre el bullicio de la gente y tornará la quietud de los penitentes para hacernos escuchar y sentir lo que las plegarias por sí solas no serían capaces de definir.

¡Que callen cornetas y tambores, que no hagan ruido los nazarenos, que se detengan los costaleros, que paren su latido los corazones¡ que una saeta con tino certero, que con jondura canta un saetero, quiebra la noche y necesita silencio. 40


Una vez más, la saeta, grandiosa y rebosante de solemnidad, emprenderá su vuelo impregnada de amor y ternura en sus tercios; se transformará para convertirse en plegaria personal, única, majestuosa y a la vez universal, tan universal como almas atraviesa con su punta afilada; tan sublime como la esperanza de la gente humilde, sencilla y fiel a sus creencias, que año tras año revive emocionada la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo.

Cada uno de nosotros guardamos en lo más profundo del alma una saeta a Jesús, una saeta a su Santísima Madre, que hace que nuestro corazón palpite al compás del repicar de los tambores, que nuestros gritos se ahoguen con el eco de las cornetas, ocultando la emoción tras las mantillas de encaje negro y las blancas túnicas y

capirotes,

para

simular 41

las

lágrimas


incontenidas que brotan de lo más profundo de nuestro ser.

¡Cuántas saetas se mezclan con el fervor de la gente y suben al cielo buscando a su Cristo, a su Virgen Dolorosa, suplicantes de amor y ternura! Todos somos en el fondo saeteros de esperanza y pasión. Todos guardamos en el corazón nuestra propia Semana Santa, Semana Santa que la saeta hace reverdecer cada primavera en lo más profundo de nuestra alma, evocando los pasajes más emotivos y dolorosos del sufrimiento de Cristo. Cante que hiere, duele y estremece, cante que a la plegaria ennoblece, cante que el firmamento embellece, que desata devociones y sentimientos, que cubre las faldas de sus aires flamencos 42


con esmeraldas de quejíos y lamentos. Cante que dribla el pensamiento, que derrama dolor e invita al recogimiento.

Poesía nacida para vestirse de oración, poesía nacida para elevarse al cielo, poesía nacida para ser grito y silencio, poesía nacida para cantar el duelo que aferrado duerme en el lecho de tantos corazones que sufren en la oscuridad de su tormento.

Copla que traspasa voluntades, copla que nubla el conocimiento, copla que al oído se hace eco de amor,

43


copla que rasga el alma y sacude con fuerza el pulso de hombres buenos, que hablar quieren con Dios. -o-

Es tanta

la

grandeza

de la

saeta

que

no

sorprende conocer la variedad de matices con los que puede ser interpretada, tanto en su forma como en su melodía, no ya sólo porque se haga por seguiriya, martinete o toná, sino por la introducción o no de floreos, doble llano, doble floreado, “ayes” redoblaos, seguiriya con remate en martinete, en carcelera o en toná, y otras muchas, que cada cantaor imprime a su cantar, haciendo más rica, bella y competitiva la saeta flamenca y poniendo de manifiesto las excelentes facultades

que

son

necesarias

para

su

interpretación y que muchos y buenos cantaores poseen. 44


Es opinión de la mayoría de los saeteros que, además de la técnica, hay un aspecto muy importante en la interpretación de una saeta: el sentimiento, sentimiento que se genera sin lugar a dudas por la creencia en lo que se dice y en a quien va dirigida. Un creyente canta con el corazón

y

con

su

fe

y

esto

hace

que

la

transmisión sea más emotiva y llegue con más fuerza y con mucha más profundidad a los oyentes;

les

hace

partícipes

convirtiéndose en el dardo

de

su

hiriente que les

atraviesa y les inunda de emoción.

Dime que sientes cuando a Cristo cantas. Saber de ti yo quiero si palpita tu alma, si tiembla tu cuerpo entero, si la emoción te embarga. 45

fervor,


¡Dímelo saetero! que yo saberlo quiero.

Dime que sientes cuando la mirá levantas hacia ese Jesús del Madero. ¿Cómo la emoción que aguantas hace de tu cante compás sereno y no ahoga tu garganta? ¡Dímelo saetero! que yo saberlo quiero.

Dime que sientes cuando a la Virgen rezas, cuando tu copla al cielo de fervor repleta llega, y derramando consuelo hace temblar a las estrellas. 46


¡Dímelo saetero! que yo saberlo quiero.

Dime que sientes cuando estás delante de ella. ¿díme que corre por tus venas? ¿que vendavales te azotan? ¿que agonías y que penas de tu entrañas brotan? ¡Dímelo saetero! que yo saberlo quiero. -o-

La saeta es en sí misma exaltación, es la proclamación de la fe y el amor del penitente en Cristo y en su Madre; es la que hace que esos Pasos Procesionales que cautivan el alma se detengan en el tiempo para oír cantar a uno de 47


los mejores saeteros de nuestra tierra, Antonio Gómez Rubio, “Ruiseñor de Paterna”

¡Arranca saetero con tu toná de tu corazón los sentimientos! Funde tu alma en la madrugá con la copla que surca el viento, nacida de tu garganta y cantá entre efluvios de cera e incienso.

- INTERVIENE EL PRIMER SAETERO –

Las saetas, como decía el poeta Federico Garcia Lorca, “son como

corazón”

flechas que atraviesan el

En mi caso, después de oír a nuestro

saetero, me siento herido como las saetas que me atravesaron por primera vez cuando apenas cumplía seis ó siete años de edad. Por eso, comentaba al inicio de mi intervención que 48


además del honor tenía la suerte de poder hablaros de mi sentir sobre la saeta, porque yo llamo suerte a tener la ocasión, aunque hayan transcurrido más de cincuenta años, de poder hablar de algo que evoca con nostalgia mis vivencias de tan corta imaginé

podría

edad

llegar

y que nunca a

manifestar

públicamente.

Permitidme

que

exprese

esas

mis

primeras

sensaciones vividas con la saeta en el pueblo andaluz donde nací y que no olvidaré; son experiencias que quedan grabadas en el corazón y que han hecho que hoy sea un día muy especial para mí.

De muy pequeño ya vestía de nazareno

con

túnica prestada, tal que su largura, valiéndose

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del cíngulo, había que ajustarla; siempre iba a las procesiones con mi padre: - ¡levántate Antonio! -le oía decir- que ya es la

hora, - ¡dile a tu madre que te vista la túnica y te ajuste el cucurucho! - ¡que son las cuatro de la mañana y vamos apuraos de tiempo! Y soñoliento, aterido de frio en algunas ocasiones y siempre de la mano de mi padre apretábamos el paso entre las oscurecidas callejuelas que conducían a la parroquia de Nuestra Señora de Consolación. Mi ilusión se desbordaba cuando escuchaba cantar saetas dirigidas a Nuestro Padre Jesús Nazareno, ese Jesús de espinas coronado y manto de púrpura ensangrentado; se me encogía el corazón, me empinaba sobre la punta de los pies estirando el cuello para poder ver a la saetera o saetero cantar desde el balcón. 50


Iban vestidos de negro, pañuelo del mismo color al cuello, cara sería y preocupada, el balcón rebosando de amigos y familiares y en algunas ocasiones solos ellos allí estaban. No recuerdo si las cantaban por martinetes o seguiriyas; me sobrecogían las largas tonás y lastimeros quejios, el compás y los tiempos de su cantar, las letras tristes, dolorosas y estremecedoras…. En mi pueblo, señores, no se aplaudía a los saeteros con las palmas de las manos, se les aplaudía con el corazón y la emoción contenida de muchos hombres y mujeres a los que con su cante les hacía revivir con pena la pasión de Cristo y el sufrimiento de su Madre, viéndole colgado en la Cruz. Eran otros tiempos, estoy hablando de los años de mitad del siglo pasado y nunca me olvidaré de esos amaneceres donde la aurora perfilaba la imagen del Nazareno con su Cruz a cuestas, portado por sufridos penitentes que ni siquiera el relente de la mañana enjugaba el 51


sudor de sus frentes y que en mis retinas persistirá grabada para siempre.

Eran voces anónimas que del pueblo brotaban; rezar a Dios querían con el alma y su garganta, y sus corazones al compas latían entre el silencio, la pena y la esperanza….

¿Cómo no me voy a emocionar cuando oigo una saeta? ¿Cómo no voy a sentirla como parte de mi vida? Porque… ¿Qué tendrá esta tierra mía? ¿Qué tendrá mi querida Andalucía? ¿Qué tendrá mi Puerto de Santa María? 52


Para llevar tanta devoción dentro, para querer tanto a sus Cristos, para regalarnos tanto arte y talento, para rezar y amar a sus Vírgenes con tanta locura, pasión y desvelo.

¿Qué tendrá esta tierra mía? ¿Qué tendrá mi querida Andalucía? ¿Qué tendrá mi Puerto de Santa María? Que a sus imágenes derrocha tanto amor, que sus rezos lisonjas y piropos son para María, la Madre de Dios, que convierte sus plegarias y oraciones en seguiriyas y martinetes flamencos. ¡Qué tendrá esta tierra mía! …Señor. 53


Y en esta bendita tierra y en un pueblo de nuestro

Cádiz

nace

en

Arcos

de

la

Frontera, José Alconchel García, “Pepe Alconchel”,

que

desde

muy

pequeño

saboreó la maestría de la tierra de las bulerías

y

cultivando

de

las

saetas

en

su

arte

agitanadas, las

mejores

expresiones de este grandioso palo del flamenco. ¡Qué envidia te tengo saetero! porque en Jerez forjaste tu arte y rezar como tú… yo no puedo. ¡Despierta del flamenco su duende y por lo que de ti siempre espero canta lo que tu corazón siente viendo a Jesús pender del Madero! 54


- INTERVIENE EL SEGUNDO SAETERO -oEsta noche, estoy volviendo a sentirme niño oyendo a estos grandes cantaores, me vuelvo a poner de puntillas para poder seguir con todos mis sentidos la melodía y el quejío que con tanto arte y pasión emana de sus gargantas y que invaden esta

sala

impregnada

con

aromas

penetrantes de flamenco puro y grande. Al

oíros,

saeteros,

la

propia

saeta,

embargada de emoción, me susurra al oído que quiere cantaros con estos versos que brotan de su corazón:

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Gracias saetero por mimarme como me mimas, por poner en mí: poesía, amor y sentimiento. Gracias por llevarme tan dentro, por acariciarme en tu pecho, por prestarme tu garganta para elevarme al cielo. Sin ti nada yo sería, para ti, mi amor eterno. ¡Arriba saetero, álzame en vuelo, préndeme de su Madero, clávame en sus hierros, que morir con Cristo quiero! 56


- INTERVIENEN LOS DOS SAETEROS -

Juan de la Plata, periodista, poeta y flamencรณlogo jerezano, en su

libro La

Saeta, escribe estas bonitas palabras:

"Entre aroma de azahar y cera, la saeta eleva su vuelo triste para irse clavando como un dardo sentencioso, en el pecho de los que van tras el Nazareno o la Virgen Dolorosa. Las voces

anรณnimas,

brotando

como

amapolas ensangrentadas en campo de trigo

rumoroso,

levantan

su

grito

terrible de sangre por encima de las cabezas y los corazones, hasta hacer temblar a las propias estrellas".

57


Y eso, señores, ha ocurrido aquí esta noche oyendo las saetas con las que nos acaban de deleitar estos dos magníficos cantaores, Antonio Gómez y José Alconchel. Sus plegarias, hechas arte,

se

han

emocionado,

elevado

cargadas

de

en

vuelo

pasión

y

triste

y

jondura,

clavándose en nuestros sentidos y haciéndonos vibrar en cada uno de sus tercios. Han brotado de sus gargantas y del fondo de sus almas como amapolas ensangrentadas, hasta hacer temblar a las propias estrellas, por lo que les doy mi más sincera enhorabuena y pido para ellos un gran aplauso. -oPor último, es bueno y conveniente recordar que la saeta es instrumento de fe pública, forma parte de la manifestación religiosa del pueblo, ayuda a mantener viva en muchos sectores de la sociedad la devoción y la fe. Esta cargada de 58


historia, es antigua pero no

por eso vieja,

evoluciona con sus intérpretes y con los tiempos; es querida, a la saeta se le ama, se le mima.

Nunca sabremos con certeza como nació, pero si sabemos que nunca morirá. Exaltaciones como la que hoy estamos celebrando, escuelas de saetas, certámenes y concursos, colaboran a mantener viva la tradición y la solemnidad de la saeta. La dedicación y voluntad de muchos cantaores y cantaoras de flamenco ha sido y sigue siendo la base fundamental para la conservación de este estilo y para su transmisión de generación en generación,

esforzándose

día

tras

día

en

enriquecer esta maravillosa plegaria y diálogo con Dios, haciendo de la saeta con su melodía y sentir parte integrante del fervor del pueblo, involucrándonos en la emoción y la belleza con la que es interpretada.

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Pero

también

es

arte,

un

arte

magistral

consagrado en nuestra tierra, que recuerda cada año que existe sin necesidad de anunciarse; ya tiene a la primavera como embajadora de tanta grandeza y como pregonera de su pertenencia, por

flamenca

Patrimonio

y

por

Cultural

derecho

propio,

Inmaterial

de

al la

Humanidad.

Tenemos que agradecer que Instituciones como esta Tertulia, Ayuntamientos y Cofradías estén realizando una labor encomiable de salvaguarda de este soberbio palo del flamenco. No en todas partes de España existe el apoyo institucional como en los pueblos de la baja Andalucía, volcados

en

mantener

esta

gran

tradición

cultural y religiosa. La saeta forma parte de ella y el día que no conservemos la tradición habrá muerto la historia y la memoria de los pueblos. -o60


Por todo lo aquí dicho y proclamado,

En cada momento de la noche y el día, siento que una saeta abrirá mi herida …y me emocionaré, derramaré mis lágrimas contenidas y rezaré al cielo por ese saetero, que con voz sentida eleva su plegaria rogando a Dios y a su Madre querida, …en este maravilloso Puerto de Santa María.

Y haciendo estas palabras mías, de un paisano oídas, os digo:

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Disfrutad esta Semana Santa de los cantes y su grandeza, sean de alegrĂ­a o pena, que nunca falte una saeta.

He dicho

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V exaltacion a la saeta - El Puerto de Santa María