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La poesía que siempre hemos conocido es una señora metidita en carnes, metidita en años, con la permanente a flor de cabellera y pulseras doradas a juego con zarcillos de perlas. Se sienta en una silla acolchada, se dedica a atusarse el pelo, a mostrar sus suaves encantos mientras l.os demás miramos con cara de medio párpado, suspirando por no sabemos muy bien qué. La poesía de Carmen Camacho es una niña canija e irreverente. Se sube en la mesa, enseña el tanga fucsia y mueve su cabeza de un lado a otro elevando su cabellera roja por encima de su cuello balnco. Uñas y labios pintados, coño arregladito, cara dura. Se monta encima de la señora, se ríe de su bisutería. Le grita al oído, le tira de las orejas. No le importa perder, se la suda ganar, muere porque la inviten a un chupito de aire fresco, los viajes los hace sentada, nunca para de recitar.


Esta publicación originariamente consta de 144 páginas y mide 14 X 19 cm. Está impreso a dos tintas sobre papel ofsset de 100 gamos, con portada de 350 gramos y solapa de 11 cm. Aquí mostramos gratuitamente las primeras 50 páginas. Si desea adquirir el libro puede hacerlo en librerías de toda España o a través de www.libropoesia.com, librería on-line especializada en poesía. También pude dirigirse a la editorial cangrejopistolero@yahoo.es Disfrute de su lectura.


Arrojada Ilustraciones de Blanca Orozco


Nº de Registro: 07/31450 Depósito Legal: SE-2156-07 ISBN: 978-84-611-6657-2 Coordinadores del Proyecto: Nuria Mezquita, Antonio García Villarán. Diseño y maquetación: Antonio García Villarán. conductordenubes@hotmail.com Fotografía: Retoque fotográfico: Nuria Mezquita. nuria_mez@yahoo.es Ilustraciones: Blanca Orozco Sambucety www.blancaorozco.com Textos: Carmen Camacho www.carmencamacho.net Edita: Cangrejo Pistolero Ediciones. cangrejopistolero@gmail.com www.cangrejopistoleroediciones.com cangrejopistolero.blogspot.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación, por cualquier procedimiento o medio, sin para ello contar con la autorización previa, expresa y por escrito del autor o autores. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la Ley del derecho de autor.


Es vida la poesía…

Eso les repito a mis alumnos de literatura inglesa cuando, dejándose llevar por el acomodamiento materialista de la cultura de la ‘play’ me piden teorías infalibles o guías de lectura que desvirguen lo que ellos deberían devorar con la avidez y el asombro del primer encuentro. Yo les pido con toda la fuerza de mi lado más auténtico y visceral que sientan los poemas como fragmentos de vida, que los contaminen con las suyas. Un día de estos yo no voy a presentarles a Keats o a Donne como ejemplo de lo que es vivir con intensidad a través de la palabra. Les citaré a Carmen Camacho, porque en sus versos se palpa, se mastica y se siente la expresión inocente (vergüenza para tantas teorías ‘a propósito’, perdidas en la erudición fría de las palabras deshumanizadas) de lo que es vivir a través de la poesía.

Hace falta mucha poesía para poder avanzar por los pasillos de la era de las telecomunicaciones sin perder algo por el camino o sin que nos salpiquen de salsas rosas que manchen nuestro blanco impredecible, ilimitado. Hacen falta muchas válvulas de escape, como la que Carmen Camacho nos entrega con garra, con desgarro, con vitalidad y con rebeldía suavizada por


una dulzura de naturaleza única: confío ciegamente en acertar con estos descriptores, porque emanan de mis primeras impresiones.

Hace unas cuantas tardes la dejé jugando en el azul de patios lejanos. Hoy me la devuelve el destino convertida en poeta salvavidas. Poeta salvavidas…Pasen y lean. Pasen y devoren la palabra sanadora, remedio mágico contra el amargor punzante de esas ‘aristas pobres de la rutina’ de quien ve en la poesía lo que no se dice y se dice en “Todo lo contrario”. Escrito en unos meses o quizá en unos años, Arrojada es la historia de una vida tan joven como intensamente vivida, explotada y devorada en todo lo bueno y sublimada en sus canalladas desde la sensibilidad y la valentía de quien sabe hasta embellecer lo más rastrero. Es esta caja mágica de sentimientos muestra de lo que significa ser HUMANA en la expresión más pura y descarnada de esa palabra. No nos aburrirá con el detalle autobiográfico inaplicable a lo que somos y a lo que sentimos los otros: la humanidad que nos toca y nos abraza, con la que nos identificamos escandalosamente, rebosa de unos márgenes y unos versos que no pueden contener su intensidad. Carmen se desboca, consigue el milagro y nos lega con entrega literatura performativa de la buena: leerte es sentir. Leerte no puede ser otra cosa que quererte por humana. ¡Cómo te siento en las casas recién desamuebladas!


Te he visto en la Eva que muerde las esquinas del bonometro y he querido abrazarte y gritarte que nunca quisiera verte transmutada en felina egipcia: tu vulnerabilidad, niña, es un tesoro. Te movió la mano para versificar el amor sin omitir ni un matiz, ni los de la gama más dolorosa.

Ya verán los ojos futuros que te lean cómo transmutas en arte tus miedos: por no dañar con una explicación torpe y apresurada este misterio, no pienso dedicar ni una sola línea a hablar de ello. O sí, porque callarme no puedo: ¡Ay Carmen, ese ajedrez de risas con que te libras del pánico! Nos regalas rarezas profundas, versos incomprensibles, benditos porque son misterios, y momentos aptos para todos los públicos. Pero ahora, de mujer a mujer, cuéntame otra vez la maravillosa historia del flautista y el jardinero. Sensualidad de la buena. Abran, ábranse, desnúdense y lean…El aroma a mujermujer revienta la grafía estática y se escapa de “Espuma versus viento”.

Déjame que meta un poco la pata con mi vena de analista filológica. No voy a hablar de cómo usas las imágenes o las metáforas: cuando piensen a tu madre en el mercadillo y vean el manto cósmico que le pones encima, sobrarán las explicaciones. Sí tengo la obligación moral de hablar del tempo, del ritmo de Arrojada. Les diré a tus lectores que comienza con unos


pasitos tímidos de chiquitina por los callejones oscuros que llevaban al bar de la esquina. Pero como por aquel entonces ya te movías con el coraje desafiante de saber que nadie podría besarte por vez primera donde ya otro te había puesto los labios, avanzaste con garra y mucha fantasía hasta escapar de los ‘cortocircuitos cotidianos’, de los microcosmos asfixiantes donde se ceban las ‘ratas con brillantes hojas de servicio’. Estaría escrito: el poemario cumple con la función más noble y milenaria de la literatura. Eres entrega: nos desvelas el método de tu escape y compartes el secreto con humana pasión. Carmen, give us the words.

Yolanda Caballero Aceituno Alcaudete (Jaén), abril de 2007


Este libro es de quienes agrandan este lado mío, que hoy todo lo ocupa. De los que me recomiendan que ciento volando y que me dé a la vida y que agradezca el regalo de la poesía, cuando me viene. Por eso. Este libro es de Aurelio del Portillo, mi maestro. De Yolanda Caballero, porque de chica jamás partió conmigo su pan con aceite para darme la mitad, directamente me lo ofrecía en sus manos para que mordiera lo que quisiera, y eso no se olvida. De Rosario Pérez, otra que tal baila. De Benito del Pliego, mi ayuda, trasatlante. De los ojos de Antonio García Villarán. De Nuria Mezquita, por mucho. Del entusiasmo de ambos. De Blanca Orozco, por mis palabras en su trazo. Es de Gonzalo Escarpa, primormano, porque él siempre tiene la culpa de casi todo. A veces me pide que le ordeñe las hormigas. De Javier Cánaves, esposo lírico, risa, equilibrio para mi mundo. Es de Celia Gómez desde el día en que me metió una libre libreta en mi bolso. Es de Enrique González, asturiano en el sur, amigo mío. Para la primera persona del plural, Pepe Calvo. A la abuela Carmen. A Luisa. 10 11 -


LIFE POETRY UNDER YOUR EYES

Poeta Salvavidas situada debajo de la parte posterior de su aliento.


NOTA SOBRE LA IMPOSTURA* [ABLUCIONES]

(A todos los asistentes se les obsequiará con un escapulario de la ménade y un refresquito en el patio central de la Consejería de la Presidencia.)

Prólogo para farsantes. Mejor dicho, prospecto: los aspirantes a dios Pan que no den la talla, antes de leer estos versos, deben cumplimentar la solicitud, detallando -siempre que sea posibleel sexo (grande o pequeño) y marcar en la casilla correspondiente -es imprescindiblesi a su llegada tienen previsto matar uno, a La Poeta o dos, al presidente de los Estados Unidos. Seguidamente, dos fulanas en período de prácticas se encargarán de los cacheos rutinarios. 12 13 -


A continuación -no se alarmen, es sólo un trámiteel Imán de la Giralda tirará de una patada la impostura cristiana del campanario y el Giraldillo y desde arriba os llamará a la oración, entonces los yunteros os traerán hasta la plaza, bufantes de baba y calor, empañados, y os darán varazos en la cara hasta que os postréis. Por razones de seguridad rogamos mantengan la lengua fuera. Sólo en ese momento sonriente, indecisa, modesta, ocultando su timidez entre las páginas del volumen uno y dos del diccionario de la Real Academia Española -vigésima segunda ediciónhará entrada por la Puerta del Perdón, La Poeta -observen que no pronuncia bien las eses-.


El acto concluye con sus palabras sanadoras. Está escrito: el sol y la luna se eclipsarán temblarán los elementos, cuando ella, la que esté de guardia ese martes, en su terribleza os diga: CARIÑOS, SOIS UN ASCO.

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“Para obtener la lluvia se vierte agua sobre una muchacha desnuda (paganismo germánico).” Carlos Edmundo de Ory


EVA UNDERGROUND

Entre juncos y sin biquini come manzanas verdes mientras se rasca y mira un azul huérfano de nube …………………………. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? …………………………… Entonces la mano temblona alza la taza busca en el bolso no encuentra los veinte que faltan pita la puerta son cero noventa Cochina manía que tengo de morderle las esquinas al bonometro Eva entra en la tierra removida caliente es el aliento de los trenes se pierde entre la mole de mortales 18 19 -


Al fondo del Para铆so retumba la voz de un Dios nihilista y machac贸n MIND THE GAP MIND THE GAP.


A MENUDO

A menudo trato de escribirte, flautista, pero claro, me olvido de que a ti sólo se te pueden mandar palabras del revés y me atranco en una coma, que se me hace un muro. A menudo quiero verte, flautista. A menudo quiero que me veas. (Madrid. Cualquier día, abril, inicio de milenio. En el autobús, dentro de mi espina dorsal.)

A menudo tengo sueño, duermo poco y me estirazo mejor que los gatos (pese a ello, el análisis de mis átomos no ofrece ninguna garantía de que yo sea la reencarnación de una felina egipcia).

A menudo son las cinco de la tarde, o me subo en un autobús 20 21 -


atestado de un no sé qué que me ralentiza y me pasea por una carretera nueva (como en muchas fotos seguidas). Frecuentemente me levanto una vez que ya estoy acostada, enciendo la luz y compruebo que continúo conmigo. (Siempre pongo una excusa, como mirar la hora, o beber agua. O agarrar un muñeco. Todo menos reconocer que temo abandonarme cualquier día).

De un tiempo a esta parte ando recorriendo la esfera de Plutón mientras el tiempo pasa (o yo de él, aún no se sabe).

En el supermercado suelo dejarlo todo sin comprar y la comida caliente, ay, la comida caliente...,


de poco comerla comienza a darme gases (el amor, esporádico y en desuso, me da agujetas).

Últimamente recuerdo todo lo que sueño, (pesadillas incluidas), últimamente -decíame llaman antiguos amores y nuevas adquisiciones amatorias (conforme van llegando los voy metiendo, uno a uno, entre paréntesis).

De un tiempo a esta parte discuto aún menos de lo que ya os tenía acostumbrados y mi tranquilidad viene conmigo (o yo con ella, aún no se sabe).

Pero en este abril hay algo fundamental: 22 23 -


me paralizan la palabra dos criaturas, el jardinero, el flautista.

A menudo, el jardinero llama a la puerta, entra rápido de abrazos de esos de los que no se huye. Mi ofrenda floral queda siempre en el arca. El jardinero se va a sembrar otros vientos, dejando sobre los manteles una sensación: que soy Tierra ("Tierra tan sólo, Tierra").

A menudo, el flautista deja de llamarme al móvil, pero lo hace con su música, "jazz brasileiro, Carmentxu", me mira -como seriodesde las fotos y cuando me piensa lo hace tan fuerte


que me acaba doliendo la cabeza. (...todo el mundo debería conocer al flautista; todas las mujeres tenemos el derecho de verle la sonrisa al menos una vez en la vida, como el que va a la Meca).

De un tiempo a esta parte, ningún señor educado de veintipocos -que es un niñato al cabo-, llama a la puerta, "joder, otra vez, qué pesaíto" y me anda endulzando la incoherencia y otras partes impúdicas con nata y piruletas. (Con la venia de Manrique, a menudo me alegro de que ese tiempo haya pasado).

A menudo vivo, míster Aquiles, 24 25 -


señor Sansón, con el flautista, el jardinero, el sueño y los sueños, (eso, y los sueños) por algún rincón de tu cuerpo. (¿El talón? ... ¿el cabello?).


Acostumbra Saturno, cuando devora a sus hijos, tomarse luego una cucharadita de Primperรกn.

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TRÍPTICO DEL VIEJO

“¡Hija del Verbo Querido!” Luis Camacho (cuando me abraza).

I

MAURITANIA

Mi padre me ha contado que en Mauritania se juntan Desierto y Selva. En Mauritania y en otras mujeres por el estilo.


II

IBNA AL-QABDAQ

“hay un manantial en el centro de todo lo creado”. Jorge Riechmann

Soy de Al-Qabdaq, la Ciudad de los Manantiales, hija subálvea bajo la sierra géiser ratos a y si a tu vara invoco, amor mío, mi querido zahorí.

Ibna al-Qabdaq: significa Hija de la Ciudad de los Manantiales. Así, alQabdaq nombraron los árabes a Alcaudete, Jaén (s.VIII al s. XIV), por su abundancia de agua y fuentes. 1

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III

Lo primero que hizo mi padre al verme recién nacida fue besarme ampliamente en el sexo, para que tú sólo pudieras aspirar, como máximo, a un modesto segundo puesto. De mi viejo dicen que aprendió el Dios que dio vida a Eva mordiéndole en la entrepierna. (A estas alturas ya todo el mundo sabe: lo de Caín, lo de la costilla, el diluvio, las plagas, en fin, todo eso del Antiguo Testamento es una sarta de estrategias de marketing para promocionar la segunda parte).


DOLÍALE A LA COMARCA UN VALLE

(Cuentan que desde que murió el Viejo Windy no volvió a descargar ni una tormenta en aquella sierra).

El viejo Windy tenía los ojos del color de las guías, y sin ser hombre de letras y ni siquiera de palabras, con él aprendimos que los cuentos hay que contarlos en su brujo momento. En las tardes de tormenta venía a refugiarse arrecido a la yesera, se sentaba en el escabel, echaba las espaldas sobre la puerta del horno, sin abrir la boca ni para beber vino. El humo. Y el vaho. El humo y el vaho anuncian las mejores historias. Cuando de la chaqueta del viejo Windy comenzaba a salir vapor, sacaba de un bolsillo un cigarro mojado que a duras penas tiraba, y desde la nube, la fumarada y el silencio que precede al trueno, el viejo Windy, el de las venas de anea, de súbito, hablaba. 30 31 -


Yo he visto una campana sin badajo. La ta単en por fuera.


XAUEN ENERO

Las tumbas de los รกrabes es decir las camas/ los maceteros la silueta/ el bebedero. La florida sombra del inhumado. Celeste sedoso es el sonido del tiempo.

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Con suerte y un poco de pesticida, nuestra mirada servirĂĄ algĂşn dĂ­a de abono a los melocotoneros.


ATEOLOGÍA

Ver abrirse cada vez más, veloz, la grieta; después, meter los dedos en la yaga de lo que no hay. Y ahí, Dios.

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CONFESIONES DE UNA MÉNADE PRIMERIZA

Esto es ancho. Un mengue es mi dios. Alabado sea. Mírame a la cara y léemelo en la risa.


Observando a mi madre comprar en el mercadillo concluyo: que si por ella fuera le daba la vuelta a los bajos del universo con tal de verle las costuras a las estrellas (esos fruncidos).

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LUISA

(haiku andaluz)

Llueve si sale a la calle la hija del zahorĂ­.

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CON - CIENCIA

Mi abuela sabe mรกs que yo del fresco.


ESPUMAS VERSUS VIENTO “Es algo tan sencillo como cruzar un puente.” Javier Cánaves

Ya he probado con todos los detergentes pero ninguno saca las miradas más difíciles el invierno incrustado las palmadas en la espalda Lo sé todo sobre cremas testadas en escamas imprecisas repairwear de turgencias efecto hastío siéntase como una bruja Ni una evita estos molestos puños contra el rostro los repentinos cauces de la lágrima los estigmas siempre en esta mano Nada destacado que arrancara la sílquepil merece desmontar ese aserto que clama donde hay pelo hay alegría Siempre tuve la lengua triste/ Y las ingles 40 41 -


Qu茅 decir de los champ煤s -esos dictadorespelo limpio liso infame tono extreme mis hombres ya no se atreven a agarrarme del rizo los acondicionadores saben que no, que ya no los espero de puntas abiertas Nada que me levante que remueva que me tumbe nada queda que pueda con esta angustia que moja que deja los peines pringando gomina (S贸lo el puente venci贸 a dos horquillas).


UN DÍA COMO OTRO

Era un día como otro cualquiera. Sin afueras dignas de mención, propenso a la firma de varios pedidos, adecuado para la habitual ensalada variada del café Mallorca y al paseo luego por la acera izquierda. Un día estéticamente idéntico a los demás, nada que declarar. En cambio, lo vivió como uno de los más dolientes de los últimos meses: de pronto veía con agudeza las aristas pobres de sus rutinas. Se supo invisible, impermeable (a nadie le mostraba el páncreas, no quería aburrir). Entonces se quejó de su puta buena suerte como, 42 43 -


digo yo, se tendrá que lamentar a solas y entre dientes la niña que regresa al Sáhara tras un verano en Ponferrada. De nuevo lloró por la nariz, que es la forma en que la arquitectura de su cuerpo disimula un alma con goteras. Porque no está bien visto llorar rímel presupuestos abajo. Recordó a Don Quijote: “Fuego soy, y espada puesta lejos.” Y se resignó al silencio. Dan las menos veinte. Otra vez ha pasado un ángel. Era un ángel caído. (A pesar de todo siempre lo disculpa: no debe de ser fácil exterminar sin gafas).


Comencé a entender que todo iba mal el día que dejó de llamarme “chiquitina”, para rebajarme a la condición de “princesa”.

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EL DOS

Pocas veces cobró tanta importancia el número dos. La gente no valora esas cosas. Tienen doses por ahí tirados, revueltos en el cesto de las cifras sucias, en la cuenta del supermercado, sobre la mesilla de noche, en los frutales y plateados centros de mesa. He escuchado el dos de barítono de Fernando el del bar: que dos, que dos cervezas. Yo he visto con mis propias manos a los bañistas manchar el dos de agua y straciatella; he llorado por una mala réplica de un dos cualquiera. Dicen que todo se debe a un trauma infantil, a un enredo de hemisferios. Escribía con la izquierda el patito del revés antes de sacarlo a bailar El Lago de los Cisnes en mis libretas. Más que por dislexia era por la melancolía de comprobar cómo, desde ya, aquel número le daba la espalda al futuro. Como terapia tuve una camiseta con el dos remallado por detrás. Y como en casa siempre decían que yo era una chusma, obviamente concluí que no era por ser ambidiestra para enhebrar la aguja y sacarme los mocos, sino por aquel obsceno número colgándome atrás. Y contaba, con los deditos:


uno, chusma, tres... Pero ahora es más grave: uno y tú. Y el dos, tan común, es sólo una sospecha. - Precisamente ahora, que aprendí a hacerte el amor con ambas manos-.

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TEOREMA TRISTE, APLASTANTE E INSERVIBLE

Que un hombre ahitado de pasión pase, pongamos por caso en un volkswagen gris claro por el barrio de la loca de su tormento - Triana para más datos Trianay no la llame al móvil ni entréme donde no supe, dice -y tanto- : de la voluntad del tipo, de su destino, da pistas de su dirección asistida, aporta pruebas sobre la aceleración de cero a cien del pálpito y el coche, ayuda a recobrar la fe en la ciencia y a perderla por completo en las diosas. Hace casi resistible a una mujer. No cuenta absolutamente nada del amor.


Tendrás que conformarte con la transcripción poética de la chanel pour homme -egoiste-; con la transverberación del grial, del pan,

arial cursiva en

del vino,

cuerpo once sangría a la izquierda.

Las calles lo corroboran insisten, perseveran, me pasean las piernas dolidas del verbo transitorio, irregular, copulativo, desesperan conmigo, y otra vez me dicen: aprovecha este colmo de vacío para dar con el poema, mientras te toca en suerte un encuentro lacónico, un beso si acaso, prófugo y pródigo por supuesto, en el descansillo de cualquier planta seis, escalera izquierda.

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MATERIAL DE OFICINA

Es imposible que se pierda, - se dijo, cogiéndose otra vez en un despiste-. Carmen tiene que estar. La dejé entre los papeles.

Arrojada, de Carmen Camacho  
Arrojada, de Carmen Camacho  

Arrojada, de Carmen Camacho. Ilustraciones de Blanca orozco. Cangrejo Pistolero Ediciones 2007.

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