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ÍNDICE

Prólogo (Moisés Santos //AW) Nana (Antonio //AW)

pág 5 pág 7

Black & White (Mario a.k.a. Irvin / Darío Gardía) Compatibles (JPelirrojo / AW) Cortocircuito (Laura Velasco / Keiahnzo) Al otro lado del espejo (Marina Mena / Andrés Jiménez) Otra vez (Moisés Santos / Darío García) Receta de Iquelo (Andrés Jiménez) He ain’t going (Anónimo / Cora P. Maart) Tras la cortina (Guillermo Granados / Soda Puff) Podrido (Pablo González / Chico KF) La tierra muere (Mario Tárrega / AW) Lullaby for Birdland (Ismael Gil / AW) El Sueño Cromático (Pablo Romero / AW) Traición en los bajos fondos (Carlos Prats / Fabián Andino) El hijo bastardo de Morfeo (Andrés Jiménez / Adrián Moreno) Velada (Raquel de Andrés / Claudia Mardonés) Campo de amapolas (Andrés Jiménez / Eider Agüero) Bela Lugosi’s Dead (Antonio Gamboa / Medusas & Cerebros) Colindante (Manuel Cárdenas / Claudia Valdés)

pág 12 pág 14 pág 16 pág 18 pág 20 pág 23 pág 24 pág 26 pág 28 pág 30 pág 32 pág 34 pág 36 pág 38 pág 40 pág 42 pág 44 pág 46

Autores /Dream Warriors Epílogo (Pablo Romero)

pág 47 pág 71

Agradecimientos (Antonio Gamboa)

pág 73


PRÓLOGO de Art Warriors

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Soñamos   tanto   despiertos   como   dormidos.   La   diferencia   es   que   unos   son   considerados  deseos  y  otros  son   escritos  por  el   loco  guionista  de  nuestro   subconsciente.   Son  polos  opuestos,  por  un  lado  el  “¿Cuál  es  tu  sueño?”  frente  al  “¿Qué  has  soñado?”. Ante  ti   tienes  un   buffet   de  sueños  de  todos  los  sabores.   Los  hay   tristes,   extraños,   soeces,  divertidos,   curiosos,   sangrientos  y   también  entrañables.   Cada  cabecita  loca  actúa   de  forma  diferente  y   la  prueba  de  ello  está  aquí.  Además,   para  tu   deleite  visual,   se  han   ilustrado  los  textos  gracias  a  un  elenco  de  artistas  amigos.   Es  lógico  pensar   que  el   futbolista  sueñe  con   un   partido   o   chutando   un   balón,   un   músico  con  las  cuerdas  de  su  guitarra  y  un  sepultador  con  un  cementerio.  Sin  embargo,  el   subconsciente  no  entiende  de  lógica  ni   de  ley  alguna.   Cualquier  detalle  de  nuestro  día  a   día,   por  minúsculo  que  sea,  se  nos  clava  en  el   imposible  puzzle  de  nuestro  cerebro  y  es   capaz  de  disparar  el   gatillo  del   surrealismo  más  absoluto  proyectado  en  esa  sala  de  cine   tan  personal  e  íntima  que  levanta  su  telón  cuando  nosotros  cerramos  los  ojos.  A  la  mañana   siguiente,   si   nuestra   memoria  no   ha  decidido   hacer   limpieza,   puede  que  recordemos  la   película.   Los  colaboradores  aquí  presentes  sí  han  sido  capaces  de  recordar  ese  filme  onírico   de  autor  y,  en  una  labor  creativa  autobiopsicológica,  han  plasmado  sus  sueños  más  íntimos   en  palabras  para  que  te  entretengas  un  rato. Sin  más,  te  invito  a  que  pases  a  hojear  este  álbum  de  historias  que  se  fabricaron  en   nuestro  hipotálamo  una  noche  cualquiera,  quedaron  en  nuestra  memoria,  fueron  tecleadas   y   ahora   están   en   la   pantalla   de   tu   ordenador.     No   les   busques   un   razonamiento,   ni   moraleja,  ni  un  desenlace  final  porque  como  todos  sabemos:  los  sueños,  sueños  son.

Moisés Santos

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NANA de Art Warriors

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Hace tiempo que los cuentos no empiezan con un “Érase una vez en” y por mucho que nos empeñemos, nadie canta ya nanas. Pero hay algo que sigue siendo tan cierto como misterioso. Todos, sin excepción, soñamos. Alguno os dirá que no sueña, miente. Otros te dirán que “han tenido un sueño” ¿dicen la verdad? Puede ser. Pasado el verano soñé que me moría. Mi abuelo Miguel estaba conmigo al lado de mi habitación en la casa de mis padres y me ofrecía jovialmente unas pastillas, me decía que no tenía sentido alargar la espera. Ni se inmutaba ante mi desesperación; ¿Y mis padres? ¿Mis hermanos? ¿Belén? Hay mucha gente a la que quiero, y no suelo expresarles lo que siento ni quedar con ellos. Tengo que despedirme... La pesadilla terminó y me dejó con mal cuerpo el resto del día, y mi último pensamiento antes de despertar fue ¿Y quién se va a ocupar de AW? ¿Quién va a saber qué es qué y dónde está? ¿Qué va a pasar con los relatos? A escasos días de publicar el e-book tengo la certeza de que podré dormir tranquilo. Pero quiero que sepáis que no ha sido fácil sacar el proyecto adelante. Mucha gente se ha vuelto a quedar por el camino y no ha habido una mejora notable en el resultado aunque he contado con más ayuda. Así que decidme; ¿Me creéis si os digo que tengo un sueño y se llama AW? ¿O me tengo que contentar con lo que hay y sacar el píe de las mantas y pisar el frío suelo? Mientras lo sopesáis, disfrutad oh criaturas de la noche...

Antonio Gamboa

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Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. Edgar Allan Poe

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SUEテ前 DESPIERTO con The Art Warriors

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BLACK AND WHITE por Mario a.k.a. Irvin

Ahora estoy soñando. Sí, soñando en blanco y negro. Estoy adentrándome en un pandemónium onírico del que no sé cuándo saldré ni cuánto durará. No me gusta lo que veo, pero sigo escribiendo; sigo avanzando. Mucho ruido silencioso a mi alrededor, demasiadas ideas chocando entre ellas. Se oyen los gritos y súplicas de la inspiración intentando hacerse un hueco en el palco del talento, pero sólo unas cuantas de ellas verán la luz verdadera. Arremeter contra la puta mierda es fácil, pero tratar de controlar un sueño, no. Es algo muy distinto. Me encuentro en el umbral de la autoridad de mi psique. Mi mundo interior gira en su propia órbita y marea mis sentidos. Acabo vomitando conciencia y el descontrol es palpable en este río de palabras psicotrópicas vacío de rencor. Hay una espiral a la cual me acerco para respirar calma. El lugar donde estoy ahora me es familiar, de hecho es mi paraíso personal y legítimo. Resuenan las campanas y despierto confuso pero con la satisfacción del que mata al dragón. He vencido al murmullo, al tedio, a la rutina y también al sueño. Sí, porque escribir es eso; soñar en blanco y negro.


COMPATIBLES por JPelirrojo Quería pegarle. La habría amenazado con matar a su hermano si hubiese tenido. Le pregunté si querría ver morir a su padre, el cual le agarraba la mano fuertemente mientras ella lloraba. Yo solo quería hacerle todo el daño que pudiese, intentar ponerla a mi nivel, que sintiese mi dolor, que conociese el sufrimiento como yo lo estaba conociendo. Ella lloraba desconsoladamente, dando siempre la misma respuesta. — No puedo, lo siento pero no puedo —decía la niña entre sollozos. Yo estaba desgarrándome la voz, gritándole. Estaba haciendo llorar a una niña de trece años y no me importaba en absoluto. De verdad que le hubiese pegado si su padre no hubiese estado delante. De hecho me faltaba poco para hacerlo aun en su presencia. El padre la protegía abrazándola con el brazo que le quedaba libre. Me miraba sin saber muy bien qué hacer. Yo estaba gritando histérico a su hija, su hija no podía parar de llorar y él se sentía impotente, sin saber de qué lado ponerse. No le gustaba ver a su hija llorar, pero a fin de cuentas tampoco le gustaba verme a mí, su sobrino, pasando por ese mal trago. Él también se debatía entre sus propios sentimientos, como padre, como tío. Quería ponerse de mi lado pero no podía ver a su hija así. Finalmente derramó una lágrima mientras giraba el cuerpo de la niña para que me diese la espalda, me pidió perdón y se fueron caminando mientras la pequeña no paraba de llorar. Les maldije. Les llamé de todo. Grite y lloré como nunca lo había hecho. Mis palabras resonaron por todo el hospital pero en cuanto vi a un vigilante acercarse, me intenté controlar un poco. No podía permitir que me echasen, necesitaba verle una vez más. Subí un par de plantas hasta que llegué al sexto piso de aquel centro lúgubre con olor a viejos y medicinas. Era un hospital con un diseño muy moderno, pero se adivinaba la presencia de la muerte en cada esquina. Recorrí prácticamente todo el pasillo hasta que llegué a la penúltima puerta. La abrí. Allí estaba él, enchufado a mil tubos y máquinas pero con su sonrisa de siempre, como si no pasase nada. —¿Al final la prima es compatible? ¿Podrá hacer de donante? —me preguntó con el mismo tono que cualquiera usaría para preguntar por lo que echaban en la tele. —Es compatible —le contesté como pude—, pero no lo hará. Le han hablado del dolor, ha visto una operación y dice que no puede, que no podría pasar por eso, que lo siente. —Ah —dijo mientras la sonrisa se le borraba de la cara y fijó la vista en el infinito. Tres segundos después volvió a recuperarla—. Bueno, no sé si yo me hubiese atrevido si hubiese sido al revés. No la puedo culpar. Después de todo, tampoco es que nos hayamos visto más de tres veces en toda su vida. Y yo también he visto ese tipo de operaciones… No te preocupes, después de todo incluso siendo compatible lo más probable es que mi cuerpo lo hubiese rechazado. De todos modos, gracias por llamarles e intentarlo. No supe qué decir. Nunca entendí como podía sonreír dada sus circunstancias. Yo nunca fui así. Yo seguía con ganas de pegar a mi prima con tal de que entrase en razón, me sentía desesperado, e impotente. Esa noche me quedé dormido agarrando la mano de mi hermano, sentado al lado de su cama. Él nunca despertó y yo, de la manera más egoísta posible, quise haberme cambiado por él.

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CORTOCIRCUITO por Laura Velasco

   

La verdad es que nunca nos hemos llevado bien, pero parece que eso ahora está cambiando y

por eso ella tiene el cuaderno en el que me abro como no lo hago con nadie y en el que escribo todo lo que se me ocurre. Y por eso cuando me lo devuelve me sorprendo al leer anotaciones en los pocos márgenes que respeté —¡cómo se atreve la muy zorra!—, pero me enternezco con comentarios como «me encanta tu mundo interior» o «qué poema tan bonito». Así que yo le correspondo haciendo lo propio y me dedico a mirar y (ad)mirar todas las fotografías que hace, y pronto establecemos una especie de relación lésbico-artística.

Entonces hay un flash repentino y viajo en el coche de una amiga con su padre, no sé si la realidad es monocroma o está tan oscuro que me lo estoy imaginando; la cosa es que me dejan en mitad del campo en el que está a punto de proyectarse una película de autocine improvisado. Pero la gente que me rodea no me agrada en absoluto y quiero largarme, he perdido todos los autobuses, no sé exactamente en qué pueblo estoy, y la echo de menos.

Retorno al sueño anterior tras la interrupción y quiero verla a ella, pero como nos es imposible quedar, chateamos por Internet. Incluso eso me alegra. Hasta que descubro que no nos hablamos por ordenador sino que somos los propios ordenadores, gigantes pantallas planas con disco duro y todo eso integrado. Nos situamos frente a frente para comunicarnos. Aceptar esta idea me da asco, a mí que siempre le tuve tanto pánico a las tecnologías, y en mi cabeza —ya incorpórea—, se extiende como una fiebre la idea de que esto sólo nos ha pasado a nosotras pero pronto le ocurrirá lo mismo a toda la humanidad. Al fin y al cabo por mucho que lo haya aceptado no siento aún ningún cambio significativo, excepto porque he perdido mi puta libertad de movimiento, pero bueno, sé que será oficial cuando haya hordas de personas robotizadas poblando la tierra, así que haciendo uso de los últimos intentos de fuerza física que me quedan, yo, en forma de mi propia alma, consigo escapar del ordenador que soy y me alejo flotando intentando desechar todas estas transformaciones horribles.

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AL OTRO LADO DEL ESPEJO por Marina Mena Ella no sabía que existía. Todos los días la miraba —se miraba— pero no sabía que estaba allí. Por eso a veces, cuando creía que había pasado una mala noche y se miraba al espejo, se veía guapa. Por eso a veces, cuando todo el mundo insistía en que estaba preciosa, sólo veía sus imperfecciones. Porque no se estaba mirando. La persona que veía al otro lado del espejo no era su reflejo. Era ella. Era una simple espectadora. No podía ser más que eso. Cuando no tenía que imitarla, simplemente la observaba. La observaba la mayor parte del tiempo. Piensa con cuántas superficies reflectantes te tropiezas al día. Espejos. Los espejos son el ejemplo más claro. En el cuarto de baño. En el dormitorio. En el coche. En los bares. Cristales. Superficies metálicas. Mármol. Agua. En todas ellas, si te acercas lo suficiente, puedes apreciar tu reflejo, de una forma más o menos difusa. Algunas veces, cuando asomas tu mirada a alguna de estas superficies, te parece ver algo que no está ahí, una mueca que no has hecho. Eso es porque, a veces, no se esfuerzan en gesticular lo suficiente. Lo curioso es que casi nadie siente inquietud al mirar a un espejo. Es una realidad tan asumida que, precisamente, lo que ves no es real. Es sólo una imitación, algo muerto. Algo muerto… ¿De verdad? La ha visto crecer, ha tenido que amoldar su forma a la de ella conforme su edad iba avanzando. Ha tenido que modelarse a su imagen. Y la conoce. Mejor de lo que la conoce nadie. Ha estado allí durante las pesadillas, las lágrimas, las confesiones. En los momentos más íntimos. Hay cosas que sabe de ella de las que ella misma no es consciente. Por eso tiene que intentar llegar al otro lado. Porque hay cosas que ella desconoce. Está en su dormitorio. Tiene un enorme espejo de cuerpo entero, las puertas del armario abierta y ropa encima de la cama. Tiene puesto unos vaqueros, un jersey ceñido y un gorro negro de lana sobre su cabello rubio que le dan un aspecto adorable. Se acerca al espejo con el pintalabios en la mano. Abre la boca para poder extender el carmín uniformemente. En ese momento, duda. Tiene que hacérselo saber de alguna forma. Pero la duda puede, y abre la boca, y se extiende el carmín con la mano derecha igual que ella. También se pinta las pestañas de un tono demasiado oscuro para su color de cabello. Y en ese momento, llaman a la puerta. Ella le da la espalda, y, recogiendo apresuradamente la ropa de la cama, la mete en el armario de un puñado. Acto seguido, mete su cartera en el bolso. Ella la observa ansiosamente. Él llega. Es más alto que ella, de cabello castaño, a media melena. Es atractivo, y tiene una sonrisa enloquecedora. Ella lo besa, coge el bolso y lo agarra de la cintura con una sonrisa. Él se inclina hacia ella y pasa la lengua por sus labios, roza lentamente su cuello. Al otro lado, ella golpea desesperadamente la barrera que las separa. Golpea cada vez más fuerte, más rápido. El cristal tiembla, pero ella no la oye. Sigue sonriendo, y sin apartar las manos del cuerpo de él, se da media vuelta. Ella sigue golpeando, y grita. Las lágrimas caen por la piel de sus mejillas, y aúlla tan fuerte que se hace daño en los oídos. Las manos le duelen, los nudillos le sangran. Grita, y grita, y grita en vano durante unos segundos que parecen una eternidad. La puerta se cierra. El cristal no se rompe. 18


OTRA VEZ por Moisés Santos

Sueño con amigos de la infancia que he vuelto a ver en Facebook casi veinte años después. Unas fotos son suficientes para que el subconsciente haga una versión del universo paralelo en el que no me voy de Canarias y crezco junto a ellos. El primer beso, el primer trago de una copa en un botellón, el primer de todo que nunca será con ellos. Sueño con mujeres semidesnudas cuya cara no consigo ver bien. Sueño con la piel de un cuerpo iluminado por una luz tenue que me invita a tocarlo sin pudor ni vergüenza. Sueño con salas de cine en las que los patios de butacas son más altos que las gradas de un estadio de fútbol y en las que sirven comidas copiosas. El bullicio de los comensales y el ir y venir de los camareros no permite escuchar la película al resto de espectadores. Sueño que veo sufrir a mi padre y sufro yo también porque no sé qué le causa ese dolor. No puedo tocarle y siento que cada vez está más cerca el día que no le tenga junto a mí. Sueño que puedo escapar de alguien dando patadas al aire, como si estuviera nadando, y me impulso hacia el cielo despacio y con mucho vértigo. Consigo volar. Dejo de mover las piernas y vuelvo lentamente al suelo. Sueño con recetas deliciosas de combinaciones imposibles de recordar al despertar. Con chistes desternillantes nunca contados antes y que tampoco recuerdo. Sueño que veo a mi abuelo caminar lentamente por el pasillo con las manos a la espalda e inclinado ligeramente hacia delante. Salto de alegría al verle y voy en busca de mi padre para contarle que nos habíamos equivocado, que el abuelo no había muerto. Y me despierto con una sonrisa a punto de llorar por volver a haberle visto, otra vez, en otro de mis sueños.

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HE AIN’T GOING Anónimo

Él no tiene ojos para ti. No ves las caras de nadie nunca, pero sientes quiénes son. Son un boceto de tu subconsciente. Siempre estáis rodeados de gente, en lugares conocidos, en lugares donde siempre hay alguien que no pertenece ahí. Quizá para darte un aviso de que no está ocurriendo, pero para ti es real. Siempre empieza con una discusión, siempre. Da igual el dónde, el porqué, si tienes razón o no. Los gritos y las acusaciones no las oyes, sólo sientes. Sientes rabia y tristeza. Y el monstruo que escondes por el día se despereza por la noche. Ese es su sitio. Y el de su monstruo también. Lo que temes que piense, que suceda algún día, está ahí presente. A ti no te oyes, pero lo que dice él te sacude. Sus palabras son como el agua que se te escapa entre los dedos, son tantas que no puedes pararlas, sujetarlas, retenerlas. Son cascada. Y cuando te han empapado, te enmudecen. Sólo hay silencio en ese lugar, el resto desaparece y ahí estáis los dos con una pared entre medias. Y de repente sientes que es el final, que la cuerda se ha roto de tanto estirarla, que ya no queda más que decir o sentir, es una caída al vacío y tu imaginación tiende al infinito en este vacío. Lo que siempre ocurre después es que intentas alcanzarle para no caer pero él se aleja y no mira hacia atrás, él se ha liberado de ti. Él es feliz. Y tú intentas hablar pero emites ningún sonido, está todo perdido. Y como una bocanada de aire cuando estás a punto de morir ahogado, te despiertas. Y ahí está tu sueño compartiendo cama contigo; o yo o él. No cabemos los dos en este espacio pequeño, así que le empujo al suelo, no puedo soportar que exista cuando estoy despierta. Me doy la vuelta y sigo durmiendo.

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TRAS LA CORTINA por Guillermo Granados

Observo sentado desde la cornisa de un muro cómo ante mí se alza una inmensa puerta de un intenso color púrpura y detalles que no logro alcanzar a ver. Mientras admiro embelesado la puerta, ésta comienza a abrirse de manera elegante, lenta y silenciosa. En cuanto la anchura de la apertura lo permite, comienza un peculiar desfile: parejas de personas con tableros de ajedrez bajo el brazo marchan al unísono con un ritmo impecable. Movido por mi curiosidad, voy hacia ellos. Una vez allí, para mi sorpresa, reconozco a un amigo mío. Se encuentra sólo, sentado frente a su tablero de ajedrez con las piezas dispuestas para comenzar una partida. Alegremente me acerco y disfrutamos de un cara a cara. Como estoy concentrado en el juego, tardo en hacer caso a los alaridos que se pueden escuchar. Alarmado, miro a mi alrededor y veo cómo aparecen de la puerta púrpura personas sin piel, con los músculos al aire, totalmente deformes y mirada aterradora, en la que los ojos fuera de sus órbitas poseen un único punto que se mueve a pasmosa y desagradable velocidad. Aterrado, intento huir del lugar pero no puedo levantarme. Comprendo que el único modo de poder escapar es ganando la partida. Nervioso, intento darme prisa pensando frenéticamente en la manera más rápida de conseguir el jaque, pero los gritos y el ruido de los desmembramientos dificultan la tarea. Mi amigo, el muy cabrón, se toma su tiempo para decidir. Justo en el momento en el que mi compañero se equivoca en su movimiento cruzo una mirada con uno de los seres, mirada que sus órbitas responden fijándose en mí, obligando al monstruo a correr hacia nosotros. Al borde de la histeria lanzo mi caballo contra su rey, liberándome de las invisibles cadenas. Agarro a mi amigo y huimos presa del pánico a través de mutilados, piezas de ajedrez y restos indeterminados sangrantes. Escucho los gritos del ser deforme, con el que crucé mi mirada, cada vez más cerca de nosotros. A pesar de correr más allá de mis límites, no aguanto más y comienzo a llorar conocedor del destino que me espera. En ese momento encuentro una bañera en nuestro camino, pulcra, blanca, me inspira seguridad. Sin pensarlo nos lanzamos dentro y rápidamente corro la cortina de la ducha. No oigo nada en el exterior, pero siento al horror esperándo a que salgamos al otro lado de la cortina. Cierro los ojos en un absurdo intento de desaparecer de ese lugar y desvanecerme. No me lo puedo creer, ¡funciona! Cada vez siento más lejano aquel abyecto lugar. Momentos antes de dejar de existir, entreabro los ojos para despedirme de mi amigo y descubro cómo éste, en su curiosidad, se encuentra corriendo la cortina de la bañera que nos separa de la más que segura muerte. Grito estúpidamente para evitarlo pero ya no es posible. El monstruo nos mira y comienza a reírse histéricamente, su mirada taladra mi cabeza y siento cómo mi corazón se desboca. La criatura alza sus brazos hacia mí y yo, esperanzado, confío en morir de miedo antes de ser despedazado. 26


PODRIDO por Pablo González

Intenté abrir los ojos, aturdido; sentí un tremendo dolor de cabeza. Parecía que llevaba siglos sin despertar. Me froté los ojos con mis manos una y otra vez, todo lo veía borroso. Desconocía qué coño pasaba, el aire estaba como suspendido, me oprimía, no podía respirar. Joder, un nauseabundo olor a podrido lo envolvía todo. En mi despertar, sentía una tensa quietud, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo; instintivamente vino a mí una sensación de estar en peligro. A mí alrededor todo era familiar; desorientado, recordé dónde estaba: era mi maldita habitación, estaba en casa. El ambiente era oscuro, tétrico… Como pude me levanté del suelo, me pesaba una tonelada el cuerpo; entonces, repentinamente, escuché un crujido. En ese mismo momento, luché desesperado por no perder el conocimiento, pero mi cuerpo se tambaleaba y la vista se me nubló. De milagro me mantuve en pie agarrándome de las paredes, el escritorio… Luché por llegar al quicio de la puerta, así conseguí asomarme al pasillo. Fue ahí cuando vi una sombra, joder, ¿qué era eso? Instintivamente mi cuerpo se tiró rápido sobre la puerta del pasillo, no sé, parecía que intentaba ganar tiempo mientras mi mente asimilaba la situación. Recordé en ese instante, que guardaba un cuchillo en el cuarto. Me di la vuelta de improviso, mala idea, mi equilibrio falló y caí al suelo. No quedaba otra que arrastrarse hasta la habitación. Como un loco revolví el cajón, ¿¡qué coño!? ¡Me iba la puta vida en encontrar el cuchillo! De repente, en un sólo segundo, la cabeza se inundó de preguntas: ¿Dónde estaba mi familia? ¿Por qué no había nadie? Todo estaba sucio, desordenado. Todo parecía como si llevara abandonado mucho tiempo… Aún temblaban mis manos, el corazón no me permitía escuchar nada a mi alrededor con la fuerza de sus bombeos en mis oídos. Abrí la puerta y entré al salón con el cuchillo por delante sin saber a qué me enfrentaba. Ya no había nadie. Escuche pasos por las escaleras y no lo pensé, seguí a ese hijo de puta. Sin darme cuenta, me encontré bajando por las escaleras mirando en cada esquina, los nervios crispaban mis movimientos y amenazaban la poca cordura que aún podía quedar en mí. Por fin me encontré en el portal; una vez seguro que no había nadie fuera, salí. Solo di dos pasos cuando vi a alguien tumbado boca abajo en mitad de la calle. Había mucha sangre, demasiada, jamás vi nada como eso, me quede inmóvil. No tuve tiempo para pensar nada más, el sonido de los disparos me sacaron de mí, me agaché entre los coches por instinto. Disparaban de todas partes, contra el suelo, contra los coches… todo volaba por los aires. Se hizo el silencio, no sé cómo cojones lo hice, pero reaccioné y corrí hasta el portal. Me sentía aterrado, no sabía qué hacer. En plena ira golpeé las paredes, me golpeé la cara, nada importaba, sólo quería despertar de esa pesadilla. Así que decidí ir hacia el parking, quizás ahí estaba la última esperanza de salvarme. Me dirigí hacia la valla, lancé el cuchillo al otro lado y salté. Directo fui a la esquina, y me asomé. Había alguien de espaldas y me escondí de nuevo. Pude sentir un suave hormigueo en los dedos de las manos, «ésta es la tuya», pensé. Me fui hacia él y, mientras le tapaba la boca con todas mis fuerzas y le cortaba el cuello con violencia y saña, noté cómo sus dientes crujían, su pobre respiración no acertaba a adivinar qué cojones estaba pasando. Cayó a mis pies. Aun vi cómo se arrastraba, se ahogó en su sangre. Sentía la jodida garganta como una lija, tragué saliva y cogí sin pensarlo su pistola. En ese momento no tenía ni puta idea de qué hacer, pero volví a mi calle. Necesitaba volver a ver ese primer muerto. Mientras corría empecé a escuchar voces, su eco rebotaba por toda la calle. Me paré y busqué de dónde venían las voces… pero no había nadie. Bruscamente un terror indescriptible hizo que mi cuerpo temblara como una triste hoja, me tembló todo el alma, me tembló la mano. La pistola cayó al suelo. Me acerqué lentamente al muerto, sentí de nuevo ese hedor, se coló por mi nariz y se incrustó en mi cabeza. Hinqué las rodillas. Dudé, lo reconozco, pero mis manos se movían solas como en las últimas páginas, entonces, al darle la vuelta al cuerpo, vi que el muerto era yo. Todo tiene sentido ahora.

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LA TIERRA MUERE por Mario Tárrega

Desperté en aquella habitación de paredes blancas, en aquella pequeña y lúgubre habitación que en mi vida había pisado y que más bien parecía un escobero. No había ni una maldita ventana en aquel agujero por la que se pudiera escapar. La claustrofobia empezaba a recrearse en mi cabeza. En tan poco espacio sólo había un sofá, una máquina de café, un cuadro y mi persona. Allí me encontraba sin entender nada, sentado en una silla con el semanal de un periódico sobre la ideología nazi en las manos, una taza de café encima de la mesa y un cigarro que recreaba con su humo la ilusión de cuerpos de mujeres. Entonces una puerta que salió de la nada se abrió y alguien con una bata azul me cogió del brazo con fuerza, sacándome de allí, como si de un peso pluma me tratara. — ¡Vamos, octor! Tenemos una urgencia, ¡vuele! —Salí disparado detrás de aquella señora, supuse que era una enfermera por la bata y el estetoscopio en el cuello. Pero, ¿doctor yo? Si soy un simple estudiante que se prepara para sus oposiciones. Salí de aquella habitación sin tiempo para preguntar y entré en un arcoíris con forma de túnel. Aquello estaba lleno de camillas donde la gente volaba encima de ellas hacia sus habitaciones, que había por doquier. Podía ver enfermeras haciendo malabares, médicos disfrazados de payaso y pacientes riendo. Todo el mundo reía, aquello era surrealista, quería escapar de allí, volar o correr lejos de aquel lugar. Una puerta se abrió a nuestro paso, como se abren las puertas del mundo a los ojos de un recién nacido. Entramos en una sala, la mujer me soltó y le eché un vistazo al lugar. Me di cuenta de que aquello era un paritorio al ver la típica camilla de película y al ver, a través de un cristal, cunas llenas de recién nacidos. Aquella mujer tenía que ser una comadrona. No me dio tiempo para asimilar mucho más porque me gritó que hiciera algo, pero no sabía bien qué tenía que hacer. Mejor dicho, no sabía nada. Los niños, de repente, empezaron a llorar y conforme lo hacían, sus cabezas comenzaban a hincharse. — ¡Haga algo! —me repetía una y otra vez entre gritos, pero sólo podía pestañear al ver aquello. Sus cabezas explotaron como globos de feria. La enfermera se cayó y le pregunté atónito qué demonios había pasado. — Doctor, los niños necesitan reír, no deben llorar porque sino abandonan esta vida. Porque en este mundo no puede haber un sólo niño más sin una sonrisa dibujada en su cara. —me dijo con el estupor en sus palabras—. Es el precio que hemos de pagar por nuestros errores, el mundo necesita de esa felicidad para poder seguir funcionando, y cada vez está siendo más difícil conseguirlo…Me desperté en mi habitación, estaba empapado de sudor y tenía en la cabeza la imagen de aquellas comadronas repitiéndome «¡Les explota la cabeza, no nos abandone doctor!». Me senté al borde de la cama y bebí de una botella que tenía en la mesita. Me sequé el sudor con una toalla y me rasqué la barba de tres semanas. Fui a la nevera buscando algo de comer, sólo para encontrar olor a carne podrida. Volví a tumbarme para intentar dormir, sólo por volver a aquel lugar por trigésima vez, tan sólo por intentar conseguir salvar la vida de aquellos niños y de nuestros sueños.

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LULLABY FOR BIRDLAND por Ismael Gil Rondaba un Noviembre en una cruel Alemania por el año 1940. Los nazis se habían apoderado de bastantes territorios y la cosa no paraba. Uno de esos lugares era aquel pueblo que más de dos veces había maldecido, pero como un perrito faldero, volvía siempre que podía para visitar mi muerte y razón de existencia. Una vez más, en un tira y afloja con mi suerte, allí estaba; pensaba «La casa con la siempre he tenido pesadillas» y, probablemente, ese sería el problema. Como un amargado, no tenía ni sueños ni metas, como un soldado raso alemán cualquiera. Yo sólo tenía pesadillas noche tras día con atardeceres incluidos. Poco a poco llegaba a la puerta de mi muerte y a medida que esto pasaba, los pasos se me debilitaban, mis fantasmas se alteraban dentro de mi cabeza, unos bailaban vals cutres mientras que los demás pedían otra ronda y las sombras de los soldados revivían en los campos del pueblo a una velocidad alarmante. Sombras de soldados rusos, alemanes… Ya habían tomado forma y sacaban sus fusiles cargados y sin seguro. «Mierda, tendré que entrar». —¡¡Abre!! —grité aporreando la puerta— ¡Rápido! Y por fin de vuelta, estábamos dentro, como un reencuentro desesperado con la mala bebida. Todo el tiempo que había pasado desde la última vez había sido una de las peores resacas, día tras día. —Mi querido Enrique Patolsky… ¿Quieres jerez? Creo que de esto no lo tenéis por Polonia —dijo ella. —Dame una copa. Era una mujer única donde las hubiese. Venía de una familia católica alemana demasiado rica para mi gusto. Su madre era una pretenciosa y su padre un golfo, por no mencionar la cantidad de soldados que tenía bajo su tutela y la de cadáveres sobre sus hombros. Pero mi querida aria renegada, con su larga cabellera rubia, no. Ella era la rebelde de la familia y la propietaria de todos mis deseos subidos de tono, regidos tan sólo por su ninfomanía que, de una manera demasiado injusta, insultaban tanto sus hermanos. Otra panda de imbéciles mimados que escupían sobre mi familia. —¿Cómo está tu madre? —preguntó mientras ponía la pequeña copa de jerez sobre la mesa y sus ojos verdes me miraban, poniendo mis nervios a flor de piel. —Echa de menos que bendigas la mesa —le dije, irónico. Las balas ennegrecidas de las sombras de los soldados muertos surcaban los cielos, símbolo de un terror presente en las pieles de sus víctimas. Hasta la ausencia de sollozos ponía los pelos de punta. Me acabé los dos tragos que me quedaban y me acerqué a ella, que en ese momento me daba la espalda, apoyada en el fregadero silbando una pegadiza melodía, seguramente de alguna big band de los años 20. La parte de arriba de la ropa no tarda demasiado en caer al suelo, la duración de dos palabras y media como mucho. Entonces vino uno de mis momentos favoritos, cuando el silencio se rompía con el clack del sujetador y el crack” de mi vergüenza. A partir de ahí creo que todo iría a mejor; los soldados se quedarían bajo la almohada y serían sólo malos recuerdos, se hundirían en el whisky que tomaríamos después de unos cuantos años cuando las cosas estuvieran calmadas, en cualquier garito de jazz de la calle 52 de Harlem, viendo a Sarah Vaughan cantar Lullaby of Birdland con la supervisión de la Fitzgerald desde la barra, tomando un par de tragos con Louis, hablando sobre Sonny Rollins y su Saxophone Colossus. Al fin y al cabo, el futuro no se asomaba tan feo como nos estábamos imaginando. Seguía en mis Onces y me perdía de mis Treces. 32


EL SUEÑO CROMÁTICO Por Pablo Romero

Recuerdo estar en una sala minimalista, similar a un dojo japonés, aunque yo sabía y daba por hecho que estábamos flotando por el espacio. Sentado como un samurai y rodeado de niños, me encontraba bebiendo leche en un tazón, cuando de repente entró una mujer con un séquito de 3 ó 4 hombres fornidos que se sentaron a mi alrededor esperando la lección.  

Me aproximé a una pared y ésta a modo de persiana se desplegó dejando ver el espacio, nos quedamos contemplándolo hasta que la nave estornudó, a pocos segundos comenzamos a ver como aparecían una serie de seres alienígenas en formación, de modo similar a una manta marina, los cuales comenzaban a explotar cuando trataban de aproximarse a nosotros, era como un espectáculo de fuegos artificiales. En aquel momento pensé en cuadros abstractos y cuando me giré para hablar de arte a mis invitados, observé que me encontraba frente a la hoja cuadriculada de un cuaderno, dispuesta para que dibujase sobre ella. Comenzaron a aparecer manchones de tinta negra según los deseaba, recuerdo que al final el lienzo quedó totalmente oscuro y de él surgió un castillo en el que me introduje, de nuevo aparecieron unos niños esta vez sin tazones de leche, menos pálidos que los primeros y con una expresión más humana. Estaban jugando a la comba en el interior del castillo, cuyo aspecto semejaba al de una enorme mazmorra, me uní a ellos y comencé a saltar, mientras lo hacía me percate de que la cuerda de la comba estaba afilada, pero debido a la inercia me era imposible parar así que estuve saltando hasta que el agotamiento físico me hizo fallar, en ese momento… desperté.


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TRAICIÓN EN LOS BAJOS FONDOS por Carlos Prats

Estoy en un hospital, sala de maternidad, te veo nacer entre espasmos de dolor, veo tu futuro y desde entonces tu vida no ha hecho más que mejorar. Ahora me veo a mí, nací del placer, sí, pero veo perfectamente que todo irá a peor.Saltos en el tiempo, el futuro de mi existencia se resume en un tortuoso camino por un mundo húmedo, lúgubre y asfixiante. Una procesión lenta y turbulenta cuya meta era la muerte. Joder, en sueños pienso que tuve la suerte de pasar toda mi vida rodeado de los míos. Perfecto, porque ahora mismo también pienso que soy gilipollas. Alzo la vista. Una extensa familia que está compuesta por auténtica mierda. Seres apocopados que van por ahí, sin dirección, hacinados en un zulo del que no podrán salir. Los imagino naciendo en un váter, alegres espasmos nocturnos al verles dar vueltas mientras sus grandes cabezas sangraban por los golpes en un río hacia la muerte. Hemos sido eyaculados por placer. Y lo malo es que la fría dentellada de la traición me llegó en ese momento, cuando una cuchillada abría mi cárcel de látex y la sorpresa de mi Padre no pudo evitar mi destino. Elegido entre millares, todo un honor, pero con la misión mesiánica de joderle la vida a mi Creador. La realidad vibra, abro los ojos, la estancia más grande que he visto desde la Fuente de mi Padre será la elegida para mi muerte, lo sé nada más verla. Una alfombra roja me conduce hacia el patíbulo. Mis hermanos hacen pasillo a los lados, son mi «guardia de honor», los muy imbéciles parecen orgullosos, ¿no es genial? Renegar del destino sólo tiene sentido si puedes evitarlo, y un imponente cadalso me recuerda que eso es imposible. Avanzo mirando a los lados, sólo hay sonrisas desencajadas y ojos estrábicos. Por un instante están frente a mí. Se tocan la entrepierna con lascivia mientras imaginan como perdiendo la cabeza. Cuando los veo de nuevo, mato a un par, son prescindibles y mi meta está ya cerca. Perdóname Padre, no pude evitarlo, fui traicionado por un trozo de látex.

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EL HIJO BASTARDO DE MORFEO por Andrés Jiménez

No puedo cerrar los ojos. Ni siquiera un parpadeo. Me cuesta mirar el reloj de la fatiga y por fin consigo ver que son las 5:53 de la mañana, y entonces me doy cuenta de que he pasado otra noche más despierto. Por fin señales de razonamiento. El cielo va aclarando un reino de silencio en el que sólo se escuchan mis pensamientos, y entre ellos preguntas sin respuesta. ¿Cuánto tiempo llevo despierto? He olvidado cómo es el descanso… Irrumpen los primeros ruidos del día y todos bostezan de pereza. Se encienden luces en las ventanas, se huele el aroma a café en el ambiente y se escuchan niños quejándose antes de ir al colegio. Cómo los envidio a todos ellos. Dudo que aprecien tanto como yo sus desvelos. El placer de levantarse despejado con la sensación de haber viajado desafiando espacio y tiempo. ¿Cómo recuperar ese privilegio? Hace tanto que no sueño… Por fin subo las persianas y me apoyo en el alféizar Permanezco atento al mundo, pendiente del resto. Como un hombre sin vida. Como un hombre sin sueños. Sin cerrar los ojos. Ni siquiera un parpadeo. Como un hijo bastardo de Morfeo.

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VELADA por Raquel Andrés

Agarré con fuerza el vaso redondo, de cristal frío y rígido y lo bebí de un trago. Noté la dureza de su contenido circulando con agresividad por mi garganta. Me recordó aquel día en que tomé en compañía esa copa de Citadelle en la terraza de un estudio con vistas al mar. Pero ahora era agua y yo, insípida, me disponía a seguir con la decisión más importante que había tomado jamás.  Me fascinaba el poder de mi mente, por las mañanas se escondía pensando bajo un

monótono flequillo en una calmada oficina de ciudad. Por las noches, se convertía en una exitosa guionista de la más pura y excitante fantasía. Era una experta en el género dramático, aunque tengo que confesar que, a veces, se marcaba comedias de imprevisto final feliz. La acción tenía los mejores efectos especiales y me hacía vivir el terror de tal forma que llegaba a temblar, sudar e incluso llorar. Hasta que llegó el día en que me desperté atónita, había concebido mi obra maestra, era la mejor creación onírica que podía hacer, había palpado la felicidad plena y yo lo sabía. Ya nada, nunca jamás, estaría al mismo nivel de lo vivido en aquel sueño. Lo sentí, y para mí eso lo era todo. En cuanto ese agua traspasó mi boca, me percaté de cómo el hidrógeno se enlazaba con el oxígeno y allí, en esa fatal coincidencia, mi billete de ida se había diluido con descaro. Fue justo en ese preciso e insignificante instante cuando se sumergió en mí mi más temida pesadilla, la substancia que hizo que jamás volviese a soñar.

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CAMPO DE AMAPOLAS por Andrés Jiménez

Conozco cada una de las flores que crecen en estos campos de amapolas que bañan el Erebo. Aquí donde el manto de mi abuela, la Noche, cubre siempre el cielo. Y las lechuzas, los búhos y los mochuelos acompañan siempre nuestro silencioso vuelo. Nuestro hogar es la eterna oscuridad que desemboca en los sueños. Dulces sueños. Tan suaves como la muerte, pero sin ser amargos. Sólo mi hermano Iquelo los convierte en un horror para el ser humano. Pobre Iquelo. Aun estando orgulloso de su cometido sé que no lo envidio; pero sí que siento lástima porque deba vivir las pesadillas de los hombres. A ellos nos debemos yo y mil hermanos. Sobrevolamos sus pensamientos mientras duermen, y les rociamos los ojos con polvo de amapola para convertirlos en sueños. Que vean lo incierto. Al despertar sólo quedan en sus lagrimales los restos y nosotros ya muy lejos, de vuelta a nuestra cueva, donde los campos de amapolas siguen creciendo y yo les doy forma pétalo a pétalo, como a los recuerdos de los hombres en su lecho. Por eso mi padre quiso llamarme «el que da forma a los sueños». Por eso se me conoce como Morfeo.

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BELA LUGOSI’S DEAD por Antonio Gamboa

No sé cuánto tiempo llevo caminando. A ambos lados del pasillo sucio y oscuro hay interminables filas de celdas que parecen repetirse una y otra vez aunque me da miedo mirarlas porque sé que lo que encierran no es bueno. Escucho susurros y palabras que confirman mis sospechas, prefiero mantener la vista fija en el frente, aunque con dificultad. En un momento dado veo un recodo y bajo unas escaleras de caracol. Odio las escaleras de caracol, me ponen en tensión. Soy demasiado alto para ésta y me cuesta moverme, además me empieza a costar respirar y la pared en la que me apoyo está húmeda y fría, lo cual me pone aún más tenso. Por fin, salgo de la trampa cilíndrica y me encuentro en un pasillo con una sola celda al fondo. Hay un guardia en la puerta que me dice que va comer y que volverá más tarde. Me deja solo en la celda. Las paredes son de un color mostaza muy sucio, el suelo es de madera oscura y todo parece tener tres o cuatro capas de pura mugre. Miro a la estrecha cama donde él está sentado con las manos entrelazadas y la cara hacia el suelo, me da la impresión de que está nervioso. Con el pie patalea constantemente hasta que levanta la vista y me clava la mirada. Bela parece Max Schreck. Tiene muchas ojeras, la piel macilenta, le queda poco pelo y parece haber envejecido bastante desde que le ví en Plan 9. Los ojos hundidos, los labios marchitos la cara es un paño arrugado. No me habla, sólo me mira con las cejas muy levantadas y parece estar conteniéndose las ganas de gritarme. Creo que está envenenado pero no sé por qué. El caballete está preparado aunque no lo vi al entrar. Empiezo a pintar muy callado, parece que con cada pincelada vaya llenando el blanco con la imagen final. Termino al poco de empezar, miro a Bela y le digo que voy a firmar como Chagall pero pinto la cabeza del Baphomet de Lévi, le enseño el lienzo con un poco de miedo. Aunque el retrato parece realzar su aire degradado, asiente despacio con la cabeza como aprobando la pieza. Y entonces digo «Solve Coagula» sin saber por qué y Bela monta en cólera. Me arranca el lienzo de las manos y lo rompe en dos. Salgo de la celda y empiezo a correr, pero él es Bela Lugosi, no necesita correr, sólo abrir la capa y dejar un rastro de humo negro a su paso. Mi máxima preocupación es la puta escalera de caracol, ahí me va a atrapar. Lo sé. Subo los escalones de dos en dos y escucho cada vez más fuerte la sirena, debe haber motín, él les ha ordenado que se amotinen y me encierren con ellos. Sigo subiendo notando a Bela cada vez más cerca de mí al igual que la sirena y en cuando alcanzo el último peldaño soy consciente. La app que uso de despertador ha vuelto a hacer de las suyas y me ha colado la sirena de submarino. Ahora sí que la elimino para siempre. Lo hago mientras de refilón veo al muñeco de Bela que me regaló Bels. Está de pie delante del libro de Drácula que me compró Manu, Barbas, Meduso. No sé por qué pero me parece que el resto de figuras de vinilo, una suerte de belén tétrico, se ha alejado de la figura negra y celeste de gran cabeza. Me meto en la ducha hirviendo y pienso que como cada mañana las pesadillas desaparecerán en el espejo empañado, pero ésta no se va a ir tan fácilmente. Los ecos de Bauhaus resuenen en mi cabeza enjabonada; undead, undead, undead…


COLINDANTE por Manuel Cárdenas

Apuraba el dictado aprisa mientras sonaba el timbre, daba comienzo el rechinar del mobiliario de la clase y la voz de la profesora, aunque subida de tono, no se distinguía entre el barullo. Tras esquivar a las madres amontonadas en la puerta, estaba dispuesto a batir mi marca caminando sobre el bordillo, tenía estudiada la ruta más tranquila y esta vez no pensaba caerme en todo el trayecto. Bajé la cuesta que se sucedía tras el portón y cuando me encontré en la llana acera empecé a extraer al penoso funámbulo que habitaba en mí, mis piernas no reaccionaron tan mal como de costumbre consiguiendo un ritmo decente que me permitía no balancearme en demasía. Llevaba un buen trecho, había perdido de vista a los pocos que huyeron antes que yo, a ellos y al ruido sus mochilas rodantes, hace un buen rato, así que pensé en acelerar un poco el paso, y así lo hice. No sé si los relojes se pusieron en consonancia con mi ritmo, o sencillamente perdí la noción del tiempo, pero casualmente comenzó a oscurecer, apresuradamente mi cabeza dejó a un lado la plusmarca para imaginar cuál sería el castigo que me esperaba al cruzar la puerta. Quién me mandaría a mí abandonar el borde, que para mi sorpresa no se hallaba ya bajo mis pies, o más bien yo no me encontraba allí, sino ejerciendo de equilibrista en el canto de una azotea. En cuanto mi cuerpo se dio cuenta del sobresalto, me hizo brincar por acto reflejo, con la fortuna de caer hacia el interior. Allí me encontraba, en un edificio que no era el mío y que aunque lo fuese no me servía de nada, ya que la puerta de las escaleras estaba cerrada, como todo inmueble seguro. Mi vértigo no me dejaba mirar hacia abajo más que de reojo, permitiéndome ver únicamente algo de bruma que ocultaba considerablemente el asfalto. Mi fobia a las alturas no me permitía pensar con claridad, ni siquiera averiguar si donde llegaría tarde era a casa o al colegio. Solo conocía dos formas de salir de allí y una no era factible pues no tenía ganas de mear. Soñado entre 1998 y 1999.

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AUTORES Dream Warriors

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Adrián Moreno Bernal Ha ilustrado “El hijo bastardo de Morfeo”  Rastudo-perrolatiko, no rastafari que se dedica a vivir la vida y alegrar la existencia

a todos los que están a su alrededor. Amante de todo el buen arte pictórico en todas sus expresiones, ya sea en papel, piel o muro, y cuyo único combustible esencial son horas de música, un buen libro y kilómetros de transporte público en la jungla de Madrid, ciudad en la que vive desde su nacimiento y donde ha ampliado sus conocimientos del dibujo y la ilustración en la escuela privada ESDIP. Poco más que contar de este vagabundo callejero cuya aspiración mas pequeña es subir a lo más alto. Lugar de contacto: adri_skalari@hotmail.com

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Andrés Jiménez Crespo Ha escrito «El hijo bastardo de Morfeo», «Campo de amapolas» y «Receta de Iquelo». Además ha ilustrado «Al otro lado del espejo» y «Receta de Iquelo». Joven soñador apasionado del cine, adicto al lápiz y aficionado a la escritura. Nacido en Madrid y criado en Málaga, ciudades entre las que salta habitualmente. Aunque el se define como malagueño, y si le apuran perchelero, actualmente se encuentra viviendo en la sierra de Madrid. Allí entró en la escuela privada ESDIP donde aprendió técnicas de ilustración y decidió continuar su carrera como dibujante. Se decanta por el cómic y la ilustración infantil, y aunque intenta variar de estilo y campo su intención es la de narrar. Ya sea por palabras, una imagen o varias.

Lugares de encuentro: www.andresjimenez-art.blogspot.com aj.art@telefonica.net

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Antonio Gamboa Ha soñado «Bela Lugosi’s Dead». Además ha ilustrado «La tierra muere», «Lullaby for Birdland», «Compatibles», y «El sueño cromático». Es el culpable de esta nueva compilación. ! Algunos me llaman Tony Rocky Horror, otros Lord Horror y la mayoría Art Warriors porque soy el creador y el Warrior de más alto rango. Soy licenciado en Publicidad, con un máster en Creatividad y trabajando como director de arte me gano la vida, cuando puedo ilustro y me quito las penas. Entre mis intereses se cuentan la literatura, el cine, el arte urbano y la música. Si me sigues en Twitter sabes que me encantan Poe, Hablando en Plata y las referencias oscuras; si me sigues en Instagram que no paso un día sin hacer una foto y que me gustan los tatuajes.. Si estás leyendo esto por segunda vez en busca de cambios es que algo hemos mejorado, así que gracias. Sigue al conejo blanco en: http://about.me/artwarriors

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Carlos Prats Ha escrito «Traición en los bajos fondos». Creatividad, ven a mí. Te invoco, reclamo tus poderes. ¡Legítimo derecho a crear, a emocionar, a transformar la realidad bajo mi voluntad, atiende la voz de tu amo! Acude a mi encuentro y revela a mi mente su verdadera capacidad. ¡Cumple tu palabra y haz valer el juramento de sangre que hace tiempo hiciste! Llegas e inhalo un humo exhalado directamente de tu alma. Respiro estimulantes que excitan mi cerebro hasta perturbar cada neurona de su letargo. Siento cómo todas las células que habitan mi cuerpo quieren transpirarse y salir al mundo, formar parte de la cadena creativa. Todavía recuerdo levantarme cada mañana y hacer lo mismo todos los días, tener una vida anodina e insípida sin poder recordar el pasado con exactitud por la similitud de cada día. Pero el tiempo en el que mi capacidad y mi potencial estaban entumecidos quedó atrás. Cambié de religión, abracé la publicidad, adoré a un nuevo dios. Ahora soy su avatar, su encarnación, su representante en la tierra. Me llamo Carlos Prats; y ya han pasado seis años desde que conocí la Fe. Terminé mis estudios hace dos años, entonces Él se fijó en mí. Mis manos son apéndices de su voluntad; mi verbo, su palabra; mi gloria es suya. Vivo en Madrid, donde cumplo su misión con piadosa diligencia. Si quieres contactarme te recomiendo visitar La Guarida del Búho o mandarme un email a carlos.prats@hotmail.es.

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Claudia Valdés Ha ilustrado «Colindante».

Claudia ha estudiado arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid y un año Erasmus en la Universidad Técnica de Delft, Holanda. Ha trabajado en varios estudios y en una revista de arquitectura en España y en el extranjero. Actualmente realiza un máster de predoctorado en Madrid. Es una apasionada de la arquitectura y el dibujo. Se relaja liberando estrés sobre el papel, esbozando a desconocidos ignorantes de su nuevo retrato. Se prohíbe a sí misma acercarse a menos de 10 metros de una noria. No se cierra a nuevas oportunidades profesionales. c.valdestellez@gmail.com

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Claudia Mardonés Ha ilustrado “Velada”. ! Mi nombre es Claudia. Soy de Santander. Estudié Publicidad y aún así me sigue apasionando. Estoy siempre conectada a todo lo que rodea el mundo interactivo, busco diseños novedosos o cualquier curiosidad imposible en la red. Practico la creatividad en la vida cotidiana. Me gusta cocinar y hacer diseños apetitosos con todo tipo de manjar. Como las patatas onduladas en el sentido de las rayitas. Todos mis dibujos llevan una dedicatoria por detrás, aunque sólo una persona lo ha descubierto sin que yo se lo diga. Mail: cmardonesbartolome@gmail.com

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Cora P. Maart a.K.a. Maart Ha ilustrado “He won’t go” Cartógrafa retirada, esta española de origen franco-alemán ha decidido, a su provecta edad laboral, dedicarse a la traducción gráfica de novelas, cuentos, relatos, silogismos, frases o cualquier tipo de combinación de letras que se constituya en texto creativo. Ya se ha enfrentado a retos como: “Juan y Eva”; “El folclore en el s. XXII”; “ Qué llevarse a la Edad Media” o “El aplauso más largo del mundo recibe una ovación” (Ed. Ediciones provisionales). Contacto: cora.p.maart@gmail.com

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Darío García a.k.a. Deforme-D Ha ilustrado «Black and white» y «Otra vez». Hola me llamo Darío García y crear es mi vida. El cine, el cómic, mis vivencias personales y las diferentes atmósferas de la realidad es lo que define mi estilo. Puedes ver mis ilustraciones y otros trabajos en mi Facebook: Darío Artwork O en mi blog: http://darioartwork.blogspot.com/

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Eider Agüero Ha ilustrado «Campo de amapolas». Me llamo Eider Agüero, soy licenciada en Bellas Artes y creativa ilustradora. Y me encanta jugar con lápices, rotus, bolis y pintura; y ver como el trazo llama a la mancha, la mancha pide trazo y entre ellos fluyen y se complementan. Lo que no me gusta (nada) es borrar. eider-aguerocondieresis.blogspot.com eider.aguerocondieresis@gmail.com

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Guillermo Granados Ha escrito “Tras la cortina” Nacido en Huesca en 1988 y más pronto que tarde criado en Zaragoza, tras el instituto comencé mis estudios de psicología por la UNED, siendo atraído en forma de autodidacta al mundo de la publicidad por culpa de las tertulias nocturnas con amigos del sector, la asistencia clandestina a charlas de diferentes universidades y eventos, teorías sobre el sentimiento, cultura del diseño y peleas por la intromisión e importancia de la psicología en el campo de la publicidad. Enviado a la batalla laboral en Madrid, lucho por el buen hacer en mi trabajo actual, el seguir adelante con mis proyectos personales y experimentar nuevas fórmulas publicitarias a cada cual más aberrante e interesante. Hablamos cuando quieras en: e-mail: guillermogranadosmail@gmail.com twitter: https://twitter.com/Buhogranados

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Fabián Andino a.k.a. SubComandante Ha ilustrado «Traición en los bajos fondos». !

Nací en Rosario (Argentina) en 1970 y vivo en Barcelona desde 2002.

Diseñador gráfico, diseñador de objetos, decorador autodidacta, art director y artista independiente. Llevo trabajando en estudios propios y agencias desde 1988, y en todo este tiempo he ganado varios concursos y premios de diseño, y realizado unas cuantas exposiciones. Actualmente dirijo junto a mi mujer Cecilia, también diseñadora, ESPAIBUENROLLO Associació Cooltural, un ambicioso proyecto en el cual nos dedicamos a aplicar nuestros conocimientos al mundo del reciclaje y la sostenibilidad. fb.andino@gmail.com // rollontoys@gmail.com http://be.net/SubComandante http://espaibuenrollo.blogspot.com/ http://www.rollontoys.blogspot.com/ http://www.behance.net/proanatomica FaceBook: Subcomandante Toy Twitter: ROLL_ON_TOYS Skype: hello_subcomandante 58


.4IPMVVSNS Ha escrito «Compatibles». Soy JPelirrojo, tengo 25 años y me gano la vida como actor en Madrid (España). Aparte, ya desde pequeñito, he cultivado muchas otras facetas como dibujar, escribir, locutar radio o hacer música, algunas con resultados más destacables que otras. Todo lo que hago hoy por hoy se puede encontrar en mi web: http://www.jpelirrojo.com.

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Ismael Gil Ha escrito «Lullaby on Birdland». Ismael Enrique Gil Candal. 17 años. Escritor novel de A Coruña. Criado entre los vinilos de la tienda de discos Portobello. Contacto: oncepollos@gmail.com @Onceonces http://cronicasdeonce.blogspot.com/

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Keianhzo Ha ilustrado «Cortocircuito». Mi nick es keianhzo. Vivo y trabajo en Bilbao. Disfruto dibujando aunque me duele la espalda después de dos horas y eso hace que los dibujos siempre acaben teniendo un toque gore y perturbador. Nunca duermo más de dos noches seguidas sobre el mismo costado y en la ducha siempre aplico primero el champú y después el jabón, siempre. Alcanzado este grado de intimidad ya podríamos ser familia.

http://twitter.com/keianhzo

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Laura Velasco Ha escrito «Cortocircuito».

Laura Velasco tiene 17 años y se dedica a escribir lo que se le pasa por la cabeza. A decir verdad está terminando el bachiller en Málaga, pero le apasionan más otras cosas como la literatura, el teatro, bailar, fotografiar, hacer algún dibujillo, modelar barro de vez en cuando o trazar líneas supuestas acerca del futuro, aunque mejor ocuparse del presente. Si quieres que te cuente algo más puedes decírselo en: mssmadness@hotmail.com

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Manuel Cárdenas Ha escrito «Colindante». Mi nombre es Manuel Cárdenas, fatídico estudiante de 22 años nacido y residente en Huelva. Cinéfilo implacable, ávido lector, amante de lo poco que sabe sobre pintura y música, que aunque no sabe filmar, escribir, pintar, ni tocar instrumento alguno, ha aprendido a conformarse con poder andar. Gracias a The Art Warriors por hacer el camino más entretenido. Contacto: binarymanu@gmail.com o twitter.com/thermiteclicbum

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Manuel Martínez Soler Ha ilustrado «Bela Lugosi’s Dead». Fue mi mentor en la primera “agencia” en la que curré, hicimos juntos nuestro primer graffiti, volvió a ser mi mentor en la primera agencia en la que aterricé y siempre ha luchado por que dibujara a mano. Sin duda, uno de mis artistas preferidos, y una persona de las que llevas en el corazón. Manu nació en Madrid en 1984. Estudió Publicidad y Comunicación Audiovisual, ha trabajado como creativo (director de arte) durante tres años en Ignition K (Grupo Publicís), realizando más de una decena de campañas de y spots para Orange, y ganando algunos premios publicitarios como entrar en shortlist en Cannes 2011, Sol de plata en San Sebastián 2010 y el Ojo de Iberoamérica en 2010. Como ilustrador ha trabajado para marcas como Aron Denim realizando dos colecciones de vaqueros, Rock4Japan Barcelona, Hero u Orange. También ha estado haciendo animaciones web para Tiger Stores desde 2008. Autor del exitoso blog Bloger de Niro donde combina ilustración y humor, el resto de su trabajo es bajo el pseudónimo de Medusas & Cerebros. Ahora está trabajando como freelance y estudiando un curso de ilustración vectorial en la Escuela de Diseño y Arte de EINA, en Barcelona. manuelmarsol@gmail.com medusasycerebros@gmail.com http://medusasycerebros.blogspot.com/ 64


Mario a.k.a. Irvin Soy Mario, también conocido como Irvin. Tengo 20 años y vivo en Alicante pero nací en Dénia, un pueblo costero. Me dedico a estudiar la carrera de Filología Inglesa y también a rapear y escribir tanto prosa como poesía. He participado en numerosos trabajos y concursos relacionados con la música, la literatura e incluso la poesía y me apasionan el deporte y el cine.  En la red, se me puede encontrar en los siguientes sitios: E-mail: irvin79@hotmail.com Myspace: www.myspace.com/irvin28rd Fotolog: www.fotolog.com/irvin_rap

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Mario Tárrega a.k.a. Darethinkbig Mario Tárrega Agraz a.k.a darethinkinbig, es uno de los chicos del colectivo de AMG, forma parte tras los platos y producción musical del grupo Mugaritz junto a Vitto. Natal de Valencia, sólo sabe de samples, vinilos… y samples. Además de su dedicación al mundo de la música, le gusta escribir para complacerse y ha ganado varios premios literarios pero sin importancia, aunque le gustaría llegar a escribir algún libro, retirarse a vivir a una casa en la playa y morir escuchando El Mar de George Benson. Actualmente estudia para ser profesor de Educación Vial, coloquialmente profesor de autoescuela y de verdad que espera algún día encontrar su sitio en este mundo. Si queréis escuchar más sobre la filosofía de vida de Mugaritz http:// www.almagama.com Si además, queréis soñar con él, podéis hacerlo por Twitter a través de @darethinkinbig Mugaritz está en el roble, en el límite y así nos va sin esperar que nadie nos salve.

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Marina Mena Ha escrito «Al otro lado del espejo». Además a colaborado como correctora y ha revisado la ortotipografía, gracias a ella esto es más legible. Soy Marina Mena Guardabrazo y tengo 23 años. Nací en Málaga, pero estudié y vivo en Madrid. Me he dedicado a esto de la escritura desde que aprendí a escribir: mi primer relato lo presenté a concurso con 7 años. No gané, cosas que pasan. Actualmente, estudio un máster de literatura y pretendo orientar mi doctorado al cómic, al que soy muy aficionada. Asimismo, trabajo profesionalmente para editoriales como traductora y correctora de textos. Espero que algún día sea mi manuscrito el que llegue a una editorial para que alguien lo traduzca o corrija. Info: Blog: www.ideasalacalle.blogspot.com (Artikostas) Blog: http://periploseditoriales.wordpress.com About me: about.me/menagua Email: marina.mena@gmail.com

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Moisés Santos a.k.a. Moe Ha escrito «Otra vez» y se ha ocupado de dar el OK, supervisar y corregir cada relato, si vuestro sueño aparece aquí en parte es gracias a él. Moisés es licenciado en Publicidad y RRPP por la Universidad San Pablo CEU. Allí conoció a Antonio Gamboa, Marcos Pérez, Belén Moya y Pablo Romeu. También ha trabajado como cuentas online en la agencia de publicidad OgilvyOne y actualmente es redactor corresponsal en la guía del ocio Kallejeo.com. En breve comenzará un máster en creatividad publicitaria para poder trabajar como copywriter creativo. Contacto: @moisesmoe en Twitter o moedaman@gmail.com

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Pablo González Ha escrito «Podrido». Mi nombre es Pablo González Bravo, vivo en Rincón de la Victoria, Málaga. Tengo 26 años. Soy estudiante de Ingeniería Técnica en diseño industrial. Aunque en estos momentos ya me encuentro en el final, realizando mi proyecto fin de carrera. E-mail: resist_17@hotmail.com o pbogonzalez@gmail.com

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Pablo Romero a.k.a. Sphynex Pablo es nuestro hombre en la sombra y como Vincent Vega, fue nuestro hombre en Ámsterdam. Dj, productor, supervisor, recomendador… un Warrior fundamental. Además ha escrito «El Sueño Cromático».

Nombre: Pablo Romero Mateu Edad: 23 Estudios: Comunicación Audiovisual email: Sphynex@gmail.com Miembro desde los inicios de Art Warriors. Se ha encargado de supervisar tanto ilustraciones como relatos en esta compilación. Y ha hecho que Toni tenga un poco menos de estrés con esto…

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Raquel Andrés Ha escrito «Velada». ¡Hola! Soy Raquel, aunque cada persona me llama como quiere. Me gusta tener muchos nombres. Soy extrovertidamente tímida y me apasiona viajar. Odio los etcéteras y me aburren las costumbres. Canalizo mis nervios mascando chicles. Anhelo mi propia banda sonora pero sospecho que es pronto para componerla. Soy imprevisible y tengo mucho que escribir. Que no te sorprenda encontrarme por Barcelona trabajando de redactora publicitaria. Blog: poramoralcopy.tumblr.com Email: raquel.andres.bach@gmail.com

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Javier Castillo Ha ilustrado «Podrido». Me llamo Javier Castillo,también conocido como "Chiko KF". Soy un ilustrador y creativo,nacido en 1984 ,en Córdoba (España). Comenzé mi vida profesional en 2004,en la industria de la animación en "Animacor",desempeñando las labores de intercalador y asistente en el largometraje animado "Dragonhill 2: El Cubo Mágico" y como diseñador de personajes,artista de storyboard en el cortometraje "Zacarías Zombie" además de co-creador (idea original) y co-guionista. Actualmente,trabajo como freelance especializado en ilustración publicitaria,storyboard y diseño de personajes. Mis trabajos han sido publicados en Belio Magazine,Andalocio,Agenda Joven Diputación de Córdoba o HobbyConsolas,y para clientes como Festival Internacional de Animación "Animacor",Málaga C.F,Ministerio de Agricultura y Pesca o London Breakin Convention. CONTACTO: Portfolio: http://www.domestika.org/portfolios/chikokf LinkedIn: http://www.linkedin.com/in/javiercastillokf Blog: http://www.javiercastilloischikokf.blogspot.com/

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EPĂ?LOGO Despierta con Pablo Romero


Es difícil reencontrarse con los sueños. En la mayoría de ocasiones apenas nos acordamos y en otras se nos olvidan a medida que tratamos de recordarlos al despertarnos. Pero hay unos pocos de los que conservaremos siempre ese intrigante instante que nos acompañará el resto de nuestra vida, un rostro, un lugar, una visión en la mente. Pero la pregunta es, ¿qué ocurre con el resto del sueño? ¿Acaso queda oculto en una recóndita ala de nuestro laberíntico subconsciente? Quizá tan solo podamos acceder a él en otro placido sueño, en uno de esos que al despertarnos lo único que recordamos es lo cansado que nos acostamos y lo bien que nos hemos despertado. Quizás los sueños sean visiones premonitorias de nuestro futuro escrito, quizá cuando acontecen en la vida real al no saber resolver el puzzle tan solo decimos con expresión atónita deja vù.

¿Saben ustedes que hasta los fetos sueñan? Los Warriors no íbamos a ser menos, así que dejamos la cafeína unos días y nos adentramos con la nórdica de fiel compañero al reino de Morfeo para ver si nos dejaba fotografiar algunas de sus más excitantes galerías. El resultado esta en tus manos querido lector, el revelado final de dichas fotos se ha realizado mediante relatos e ilustraciones totalmente variados, en los que se dan la mano la abstracción con la subjetividad más personal e intimista de nuestros autores. Y es que, al igual que los sueños, este volumen está repleto de momentos ilógicos, terroríficos y bellos.

Espero que lo hayáis disfrutado tanto como nosotros haciéndolo.

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AGRADECIMIENTOS Antonio Gamboa

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Me gustaría volver a dar las gracias a todos los que han colaborado de forma activa y pasiva para hacer esto posible. Agradecerles a Dios y al Demonio que me tengan aquí dando guerra. A mis padres, Francisco de Asís y Maria José que me dieran la mejor educación que supieron y me hicieran leer desde pequeño. A mis hermanos por estar siempre ahí. A mi tía Curra, siempre dándome cosas para leer y siempre cuidando de que no me falte nada. A mi primo Karl, que insufló energía, amor y pasión al proyecto cuando le faltaba un empujón.A mi novia, Bels, mi Valkiria. A mis otros hermanos, Sage y Daniel Atienza, que de nuevo no han podido colaborar esta vez pero que como buenos Warriors están presentes siempre. A Moe, que ya es parte activa de la familia AW, ha corregido, aprobado, rechazado y en definitiva ayudado en todo, y ha escrito un gran prólogo. A Sphynex, que nos ha tenido a todos con el corazón bailando un tango esperando su sueño. Gracias a Marina por encargarse de revisar todo este tostón de forma desinteresada y a contrarreloj como siempre, sin ella habríamos repetido muchos errores. A Darío, que un año más le hemos hecho el lío, ya en Londres, y ha tenido que hacer malabares. Me gustaría darle especialmente las gracias a Manu, de Medusas & Cerebros, estoy orgulloso de tener tres visiones diferentes de mi pesadilla, y es un pedazo de artista y amigo. Muchas gracias a todos, de verdad. Sois los mejores. También darle las gracias a todos los que han querido participar y por uno u otro motivo no han estado aquí; Clara la Lady, Emilio, Tuchi, Jimmy a.k.a. Demakre,Vinilo y los demás. Gracias al creciente Art Warriors Street Team, a los nuevos y a los viejos followers y a los que aprecian nuestros esfuerzos por hacer lo que amamos. Y por último deciros que de nuevo hemos tenido problemas derivados de delegar en terceros, así que una vez más gracias a todos los que habéis esperado con o sin paciencia y a los que ahora estáis leyendo esto. Gracias.

Antonio Gamboa Art Warriors

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Sueño Despierto con The Art Warriors 2  

"Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar. Antonio Machado" Segunda recopilación de relatos cortos ilu...

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