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ANTONIO AVILÉS RODRÍGUEZ

EL PARQUE DE LAS GOLONDRINAS (HAIKUS Y OTROS POEMAS) HELLÍN 2008

Esta obra está bajo licencia de Creative Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported (CC BY-NC-SA 3.0)


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1 Hechas de aire las golondrinas rasgan la luz del cielo.

Equilibristas, en el viento temblando sus vidas quedan.

Negras cuchillas, sus afiladas curvas en la noche cierran.

Hechas deseo los ma単anas nuevos rezando esperan.


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2 Mal herido va el chamariz que vuela, su sangre canta.

Sangra la rosa. En sus albores blancos rocĂ­o grana.

Triste el loto, en las aguas yace su alma rota.

Me hiere el viento, luto rojo sus alas. Llorando quedo

RuiseĂąor, calla. Tu silencio es blanco: viento, loto y rosa.


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3 Primavera. Naces; ya la vida persigue el sol perdido

Soles del alma, en mis versos retallan cinco lĂĄgrimas.

Cinco turquesas de cristalino vuelo riegan mi huerto

Ojos de lluvia. Los sentidos ocultos de nuevo sueĂąan.

Violeta pura, con azul amanecer, voy en tu busca.


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4 Explosión De luz. Tus ojos iluminan azules noches.

Vida naciente. Cada sonrisa tuya un mundo nuevo.

Niña del alba, en eternos mañanas vivirán tus sueños.

Sedas y tules: jazmines de brisa peinarán tu pelo.


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5 Flores de almendros La primavera llena los campos rosa.

Los pĂŠtalos nuevos cuajando en las ramas nieve rosada.

Libre de miedos, tu espĂ­ritu habla con boca cerrada.


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6 Ocre otoño. Los juguetes del viento el campo tapan.

Frágil alfombra, el sueño de las hojas cubre la tierra.

Crujen, se quejan, mis dos pies despertando la calma seca.

Pardo tesoro de la naturaleza. Hojas de otoño, mi alma también seca triste se queda.


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7 Sonámbulo gorrión tras la mariposa nocturna, yertas sus alas, cayó muerto.

Mariposa nocturna del gorrión huyendo, en la embustera luz de la farola se quemó tu cuerpo.

Negra noche de gorrión y mariposa, el uno por amarla tanto... la otra por no creerlo.


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8

Vacías están las manos de los obreros: su negro sino.

Cae el invierno, hielo lloran sus ojos, escarcha manan.

Sufren silencios; sueñan los mañanas, olvidan noches... días reclaman.

Alma obrera el pan hecho de sangre nadie lo quiera.


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9 Tu soliloquio mata silencios, nadie soñando.

De palabras ciegas la noche enturbia nuestros poemas

¡Callados verbos! ¿dónde las palabras...? Los versos muertos.

Poeta ¡Despierta! los palabras que callas se hacen piedra.

¡Levita! ¡vuela! Fecunda la noche tatuando estrellas.


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10 Plomizo velo, de nubes grises se viste el cielo. Llueve, la primavera lava la cara a los laureles.

¡Bendita agua que bendice el suelo!

Tres tulipanes rojos se están abriendo, tres labios grana las lágrimas de Dios se están bebiendo.

Agua de marzo para mi huerto, con mil flores de nácar se viste el cerezo. En un mar de olas blancas sueñan mis sueños.

Sueños de nácar, blancos en marzo, rojos de sangre serán en junio.

En mayo florecen las añoranzas... el hoy ya es pasado... no existe el mañana, el ayer... siempre queda la memoria lo guarda...


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11 ¡Amaneceres! se rompe el luto marino de la noche. Todos los colores el sol despierta con la volátil caricia de sus pinceles

¡Amaneceres! tras la flor del granado guardo los recuerdos de mis ayeres; los días que pasé llorando. los días de felicidad breve.

¡Amaneceres! carne, huesos, piel, placeres; entre las flores de ababol reverdecer quieren.


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12 Orlas de aire tapizan tu pelo. Trigal herido por la nevada.

Los aĂąos cayendo volĂĄtiles blancas espigas plantan.

Madurez... Margaritas secas en la ventana, un frĂ­o viento ya besa mi alma.


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13 Ecos de fuentes manantiales heridos la alondra bebe

Lacia melena verdes trigales nuevos el viento peina

azul y blanco las nubes en el cielo volando juegan

Trigales de oro madurez plena por la senda el segador... con su pan sue単a.

Hambre del segador sangre y siega el trigo esperando plegarias reza.


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14 Higuera seca esqueleto de perro lazo al cuello

Higos de huesos rompen la piel herida las moscas cantan

Higuera perdida en el campo tu fruto de maldad habla.

Sopla el viento heridos van sus aĂ­res aullidos lanzan

Hojas caĂ­das al esqueleto tapan parda mortaja

Cruel humano crucificando canes a Dios no bendigas cuando comas sus panes


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15 El viento despertĂł al sol y sus colores, de tinte rojo se pintan mis ojos; la noche se hace jirones.

El aire se carga de olores, lo saturan con mil matices; en el campo revientan las flores.

En la brisa galopan los trinos, los susurros inundan mis oĂ­dos, el ruiseĂąor regresa a su nido.

Amanecer de mayo... las lĂĄgrimas de abril cuajan tu prado.


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16 La Luna llena me anilla el pelo, el aire me lo peina por el sendero. Aire .Aire que en la plaza del pueblo comienza el baile.

Clarines líquidos los arroyos llevan, las melodías del agua rodando llegan.

Agua, agua: los jazmines se duermen, ¡ya llega el alba!

La rama de los olivos acarician el cielo el viento las mece con lento vuelo

Viento, viento, las claras del día me dan aliento.


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17 Pinta la luna carámbanos de hielo la noche tiembla

Inviernos caen gélida oscuridad escarcha riegan

Días sin soles sueñan las amapolas sed de primaveras

Senderos mudos los pastores no cantan en las majadas.

Juegan las aguas cuelgan en los tejados lanzas de plata.


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18

Una avecilla. la primavera trae lágrimas nuevas.

Soñarán solas noches de luna llena, nácar blanco.

El aíre besa, pétalo a pétalo. labios de seda.

Nunca te pares, la lluvia redimirá tu savia yerta.

Día naciente. Y cada color tuyo una sonrisa.


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19 Se ha secado la fuente, madre, la que regaba las huertas; ya se nos acabó la suerte, ya quedan las simientes bajo la tierra muertas. Se ha secado la fuente, padre, la del agua tan fresca, la que nos saciaba la sed a la hora de la siesta; la que daba de beber al ganado en la alberca. Se ha secado la fuente, madre, ya no jugaré con ella trazando ríos sin nombres a los que se tragaba la tierra. Se ha secado la fuente, padre, a la que los pájaros vestían de fiesta; ya se irán las perdices, verderones y vencejos, ya se irán jabalíes, liebres y conejos; y se irán con ellos todos los sueños.

Y nosotros nos iremos... y se quedarán nuestros ecos, solos, como el suelo, secos.


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20 Un velo gris el horizonte tapa. Los tejados de ocre triste sus colores lava Lloran los goterones hacia el suelo sus lágrimas.

Una morera nueva sus grandes y verdes hojas con la fina lluvia empapa, aliviándose del calor de otros días, del polvo que la asfixiaba.

En el suelo los guijarros brillan con brillo de plata, y una tardía rosa blanca abre sus pétalos de nácar.

Días de “orvallo “manchego. ¡Necesidad tan esperada! El trigo está sediento, sedienta también la cebada. El labrador está contento Hoy tenemos agua; ¡Dios dirá mañana!


El parque delas