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II JORNADAS DE FORMACIÓN Semana Santa y Juventud Auditorio de La Lonja de Orihuela, 27 de noviembre de 2011

Compromiso de los jóvenes cristianos en la sociedad y en la Iglesia Antonio R. Aniorte Guerrero

Mi saludo y gratitud a todos los que hoy habéis reservado parte de vuestro valioso tiempo para escuchar estas humildes palabras que pronuncio todavía abrumado por los ecos de tan acertados ponentes que me han precedido en estas Jornadas y en esta mesa. Me alegra profundamente el poder dirigirme a todos vosotros, jóvenes cofrades oriolanos y de distintos puntos de nuestra Iglesia Diocesana, en esta acertada iniciativa de formación auspiciada por la Junta Mayor de Cofradías, Hermandades y Mayordomías de Orihuela, a través de la inquietud permanente de vuestro consiliario, D. José Antonio Moya Grau, a quien agradezco la invitación y, por supuesto, la confianza depositada en mí para participar en estas Jornadas. Y me satisface más si cabe el hecho de volver a este auditorio de La Lonja de Orihuela, donde hace ya más de tres años me gradué felizmente, como se ha dicho, en la licenciatura de Ciencias Políticas y de la Administración. Una carrera que estudié frente a Santa Justa y Rufina, acompañado por el sonido de las campanas, que jubilosas repicaban cada vez que Nuestro Padre Jesús, el Señor de Orihuela, se encontraba ante el fervor de su pueblo en este querido Templo. Estoy especialmente contento porque hoy me invitan a que compartamos una charla sobre un tema muy especial para mí, como es la Semana Santa y además, desde nuestra visión, desde la de los jóvenes. Pero no jóvenes según la fecha de nacimiento que recoge nuestro DNI, sino en la acepción mucho más amplia de juventud, que es la que atesora nuestro espíritu. Os adelanto ya que lo que os tengo que contar es recomendable para todos los públicos y no tiene caducidad por edad. Hoy me piden una reflexión sobre el compromiso social y en la Iglesia de nosotros, los cofrades más jóvenes. Pese a lo complejo que pueda parecer el título que le han dado a esta intervención, el planteamiento de partida es mucho más sencillo. Antes de hablar del compromiso propiamente dicho, es necesario aclarar algo: me refiero a cómo nos llamamos, a cómo nos presentamos ante la sociedad. Y aquí, mis queridos amigos, sí que son importantes los términos. Particularmente opino que nuestra denominación, la de todos los que sentimos pasión por la Pasión, debería ser la de COFRADES CRISTIANOS. Ser cristiano es un apellido inseparable del ser cofrade. Tal vez alguien se pregunte por qué “Cristiano” apellido y “Cofrade”, el nombre. ¿No sería más lógico al revés? Pienso honestamente que no: sin apellido perdemos la vinculación con nuestros

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padres y podemos fácilmente olvidar de dónde venimos y por qué estamos aquí. Por ello, ese apellido – Cristiano – nos recordará permanentemente que estamos aquí por Cristo, con Él y en Él. Ir en segundo lugar no significa que el apellido sea menos importante que el nombre. Todo lo contrario: antes de tener nombre, ya tenemos apellidos, los de nuestros padres. Ellos son quienes nos preceden y a quienes sentimos algo maravilloso cada vez que un paso recorre nuestras calles nos pasa lo mismo: era necesario Cristo previamente, para que nosotros podamos hoy llamarnos “Cofrades”. Dicho esto, la siguiente pregunta surge sola: ¿y dónde se puede ser cofrade? Aquí sólo cabe una respuesta: en la Iglesia. Cualquiera que diga llamarse “Cofrade” debe tener claro que no es posible pertenecer a una cofradía o hermandad, sin antes ser parte de la Iglesia de Cristo. Quien dice no necesitar a la Iglesia para ser cofrade se equivoca plenamente, de la misma manera que, por ejemplo, no se puede vivir sin el oxigeno que precisa nuestro organismo. Es imprescindible hacer uso de ese apellido “Cristiano” del ser “Cofrade”, para tener siempre bien presente que al margen de la Iglesia se puede ser comparsista, festero o charamitero, pero nunca, cofrade. Si lo pensamos detenidamente, nos damos cuenta de que ser cofrade es una tarea que la propia Iglesia nos encomienda. Es una responsabilidad que se nos confía para que seamos los nuevos apóstoles, los nuevos encargados de propagar el mensaje de vida del Evangelio. Puede resultar demasiado obvio, pero no podemos olvidar que la Iglesia no son sólo los curas y las monjas. No pensemos en la Iglesia como una larga fila de sotanas, albas, estolas y mitras. Tampoco en un edificio físico. Iglesia somos todos y cada uno de nosotros y sin todos nosotros, los bautizados, la Iglesia no existiría. Esto, que parece tan simple y sencillo, tenemos que empezar a creérnoslo y darle el gran valor que tiene. Mejor lo explicó el pasado mes de agosto Benedicto XVI, que nos decía a casi dos millones de jóvenes de todo el mundo durante la Misa de Clausura de la Jornada Mundial de la Juventud lo siguiente: “No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (…) Seguir a Jesús en la Fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia”. Benedicto XVI Homilía de la Misa de Clausura de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid (Aeródromo de Cuatro Vientos) 21 de agosto de 2011

Permitidme que os ponga un ejemplo sencillo y algo más mundano que las palabras del Papa: yo soy del Barça y con los dedos de una mano cuento los partidos de fútbol que he visto en los casi 27 años de mi vida (y aun podría cortarme algún dedo porque me sobra). Mi pregunta es la siguiente: ¿se puede ser un buen culé sin ver un sólo partido, sin alegrarme ni entristecerme con cada victoria o derrota, Pág. 2


respectivamente? Sencillamente NO. ¿Y se puede ser cofrade y no vivir la vida cristiana? Evidentemente, tampoco. Por eso, si somos cofrades, es decir, si como se dice en las bodas, nos hemos comprometido “libre y voluntariamente” en esta tarea propuesta por la Iglesia, debemos procurar ser personas que participemos de los Sacramentos, y en particular, de la Eucaristía. La Santa Misa es ese oxigeno que citaba antes y que nuestra vida cofrade necesita para no morir, porque no olvidemos que acompañar procesionalmente a Cristo no es únicamente revestirnos con la vesta y salir a la calle. Acompañar procesionalmente a Cristo nos convierte también en sus testigos en medio de una sociedad en la que ser cristiano es poco menos que ser un extraterrestre. Aquí también apelo a la tarea pastoral de los sacerdotes, a quienes invito a recibir y aprovechar como un auténtico don de Dios el potencial humano del colectivo cofrade. Que valoren nuestra presencia y la tarea que la propia Iglesia nos encomienda. Que sintamos claramente que los curas están de nuestro lado, que respaldan y promueven esta manifestación popular de la Fe y que se sienten contentos de poder contar con tantos cofrades que tenemos sed de Dios. Queridos sacerdotes: vuestro es el reto de que quedemos saciados. Vuelvo a nosotros. Es cierto que somos jóvenes y que vivimos en una sociedad en la que hay muchas cosas que nos cuesta entender del seno de la Iglesia como institución. Cuando os surjan dudas, os invito a repasar el Evangelio. Ahí tenemos el mejor manual de vida cristiana. Y para los que tengan poco tiempo, lo más importante de nuestro compromiso como Cofrades Cristianos se resume en una frase que nos cabría incluso en nuestro estado de Facebook o como Tweet en nuestro perfil de Twitter: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado” (Jn. 13, 34). La frase es corta, pero su significado, infinito. Tengamos siempre presente que ese amor de Dios es la gran fuerza que mueve al mundo, desde lo más extraordinario, hasta el gesto más insignificante. Y si además la alimentamos con el Pan de la Eucaristía, esa fuerza es imparable y todo lo puede. Mejor nos irían las cosas a todos, si en nuestras vidas hubiera más amor. Ya lo decía San Pablo al pueblo de Corinto: “Si no tengo amor, no soy nada”. Y junto a la Iglesia, el mejor ambiente para ser cofrade se encuentra en la Familia, mejor dicho, en la familia cristiana, en esa Iglesia Doméstica que es y en la que se inculcarán los valores cofrades. Permitidme que os cuente algo muy personal: si yo hoy estoy aquí, es porque en los años 80 mis padres se conocieron mientras que en Torrevieja se recuperaban los desfiles procesionales de Semana Santa y se fundaba la Junta Mayor de Cofradías. Posiblemente, si no hubiera existido esta manifestación pública de la Fe que son las procesiones, yo no hubiera nacido nunca. Fijaos si es importante la familia. Por eso quiero subrayar el papel de la tradición cofrade en las familias. Muchos de los que aquí estamos sentimos nuestra primera llamada para participar en la Semana Santa desde bien pequeños. Recibimos la primera catequesis, no en un salón

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parroquial, sino con los pasos desfilando por las calles, mientras bombardeábamos a preguntas a nuestros padres para que nos contasen el por qué había un hombre con sangre colgado de una cruz, por qué le pegaban los malos… Ese legado que recibimos un día de nuestros padres no es algo que nos pertenezca. Llegará un momento, más pronto o más tarde, en el que la mirada inocente de nuestros hijos nos interrogará para tratar de entender por qué llora una mujer que lleva corona y un “toldo” por encima. Entonces recordaremos esa primera lección de Historia Sagrada, que no la plateó una catequista, sino que fueron nuestros propios padres quienes nos la explicaron a pie de calle. Nos daremos cuenta de nuestro papel como anunciadores del Evangelio y nos sentiremos felices al evocar a quienes, por amor, un día nos trajeron al mundo: nuestros padres. Cumpliremos así con nuestra misión e impartiremos contentos esa primera catequesis. Avanzamos un poco más. Como personas vinculadas a cofradías, debemos además ser capaces de descubrir el rostro de Cristo en el de nuestros hermanos, en el del ser humano. Ahí es donde veremos a tantos hombres y mujeres que sufren a causa de la pésima situación económica que atravesamos, víctimas del desempleo o la marginación social, de una inmigración sin garantías que permita la digna condición de cualquier ser humano. En la mirada del Señor se reflejan todos aquellos que no tienen para comer, que carecen del sustento más básico y elemental. Aquellos que sufren a causa de la enfermedad, los que son esclavos de la droga, el alcohol, la ludopatía… En el rostro del Señor están todos aquellos que sufren y nuestra tarea pasa por ser sus Cirineos, por ayudarles a cargar con sus cruces. Es el fin social que deben tener las cofradías y hermandades. Ahí también estamos llamados a participar, porque forma parte de nuestro compromiso como “Cofrades Cristianos”. Es una nueva invitación para cumplir la Palabra de Dios: “en verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt. 25, 40). No podemos contentarnos con salir en procesión una vez al año. Durante los 365 días somos Cofrades Cristianos con una responsabilidad adquirida. Trabajemos activamente en los proyectos sociales de las cofradías y las Juntas Mayores. Llegados a este punto, quiero reivindicar aquí el uso de un término que en ocasiones puede tener consideraciones peyorativas, pero nosotros vamos a enmendarlo. Hoy quiero invitaros también a que sintamos el “Orgullo Cofrade”. Mis queridos amigos, en los tiempos en los que vivimos ya no sorprende nada. Todo está bien visto y no se escandaliza nadie, incluso cuando son aspectos ética y moralmente reprochables o que van incluso contra natura. En este contexto, defender nuestra Fe no nos tiene que avergonzar. No podemos ser Cofrades Cristianos entre las paredes de los Templos. Precisamente por ser Cofrades, nuestra tarea está en la calle, en nuestro entorno, entre nuestros amigos, en la Universidad, en nuestros puestos de trabajo, en las asociaciones en las que participamos, y en definitiva, alzando nuestra voz en la vida política y social de cada día. No hacemos nada malo, sino todo lo contrario. Nuestro mensaje no defiende la violencia ni la muerte, no siembra el terror ni el odio, no castiga ni aparta.

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Estamos a favor de la vida, del respeto, de la pacífica convivencia, del perdón y de la ayuda a quienes nos necesitan. Como ejemplo, ahí esta, queridos amigos, la gran labor de la Iglesia, a través de Cáritas y de muchas de nuestras cofradías con quienes lo están pasando francamente mal en estos momentos de tantísima dificultad económica. ¿Acaso debemos avergonzarnos de esto? Todo lo contrario. Levantad bien alta la cabeza, porque de verdad podemos sentir ese “Orgullo Cofrade”. Sin embargo, la hipocresía de la sociedad actual sí que puede en ocasiones retarnos y someternos a la burla por hacernos llamar “Cofrades Cristianos”. En esos momentos pensad que conocer la grandeza de Dios es un regalo que nosotros sí hemos tenido la suerte de recibir. Recemos por quienes mantienen cerrados sus corazones a esta gran dicha y recordemos que nuestro Calvario hoy no es una montaña inhóspita ni empinada: el Gólgota de nuestros días está en la incomprensión de tantos que no tienen la suerte de conocerle; que se burlan de nosotros por seguirle; por decir que ha vencido a la muerte; por afirmar que en Él creemos y confiamos. No podemos ir más “de tapadillo”. La Fe no se vive a escondidas. No se puede ser cristianos a tiempo parcial, porque Cristo nos necesita a jornada completa. No seríamos buenos cristianos si sólo ejercemos, en el mejor de los casos, una hora a la semana. Tenemos que hacer gala de nuestra Fe en todos los ámbitos en los que nos movemos y perder la vergüenza para ser capaces de hablar de Dios no sólo en entre los hermanos de la cofradía, sino allá donde estemos. No nos sintamos como bichos raros. Puede que ser “Cofrades Cristianos” no esté precisamente de moda, pero todavía está reciente en nuestras mentes la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Benedicto XVI. Que me digan qué líder político, social, encuentro deportivo o musical consigue congregar esa marea de dos millones de jóvenes que sólo buscábamos encontrarnos espiritualmente con personas con las que compartimos una misma Fe. ¿Sabéis lo que os digo? Que si es así, me alegro de ser uno de esos bichos raros. Quiero aprovechar esta oportunidad para hacer otro llamamiento importante, en este caso, dirigido a los responsables de las cofradías y hermandades. Ha llegado el momento de confiar en nosotros, en los jóvenes. Pido que se nos abran las puertas para asumir responsabilidades, para dirigir y coordinar, para que nuestras opiniones sean tenidas en cuenta. Queremos y sentimos esta honda manifestación pasional. Tenemos nuevas ideas, que no merman la tradición, sino que la fortalecen. Tenemos ganas de trabajar y no estamos quemados por el tiempo. Os pido que, por favor, “nos deis cancha”. Nuestra Semana Santa no es patrimonio de nadie y, a la vez, nos pertenece a todos. Integradnos y dejad paso, como un día lo hicieron con vosotros. Nuestro compromiso es firme y estamos preparados. Afronto ya los últimos minutos de esta intervención y una sola conclusión: sin Cristo y su Iglesia no tiene sentido la Semana Santa. Él es el sujeto de nuestra frase, el entrenador de nuestro equipo, el protagonista, no sólo de nuestras

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procesiones, sino también de nuestras vidas. Sintámonos orgullosos de haber descubierto la grandeza de su mensaje y sepamos transmitirlo en medio de nuestra sociedad. Una sociedad a la que nos tenemos que dirigir sin complejos y apoyando a quienes más lo necesitan. Es un gran reto y nuestro compromiso. Con la ayuda del Señor lo conseguiremos. Cofrades: la obra de Jesús de Nazaret es una historia que sigue viva y aquí la estamos recordando de nuevo dos milenios después con la misma vigencia, con la misma fuerza, con la misma Fe. Miremos también con cariño a la Virgen. Ella, siendo joven, asumió el reto más valiente que se ha conocido: albergó en sus entrañas purísimas y dio a luz a Cristo Salvador. Encomendémonos a María y en Ella encontraremos la fuerza y el ejemplo que necesitamos. Lo dijo el Papa en la Vigilia de Cuatro Vientos: “Que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. (…) No os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo”. Benedicto XVI Mensaje en la Vigilia de Oración de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid (Aeródromo de Cuatro Vientos) 20 de agosto de 2011

Casi nada. Y ahora viene lo más difícil. Replanteémonos nuestro compromiso y nuestra tarea evangelizadora. Salgamos a la calle y sintamos en medio de la sociedad ese orgullo, humilde y responsable, por ser auténticos y genuinos COFRADES CRISTIANOS. Muchas gracias. Audio de la intervención http://goo.gl/KIxCkP

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Compromiso de los jóvenes cristianos en la sociedad y en la Iglesia  

Clausura de las II Jornadas de Formación sobre Semana Santa y Juventud de Orihuela

Compromiso de los jóvenes cristianos en la sociedad y en la Iglesia  

Clausura de las II Jornadas de Formación sobre Semana Santa y Juventud de Orihuela

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