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ARMANDO RODRÍGUEZ BALLESTEROS


INVISIBLE Una vez por semana dice que en esa casa se hará únicamente su voluntad. Dos veces cada semana zahiere a la silente que pese a todo permanece con él. Tres veces despide con furia a alguno de sus hijos. Cuatro siente nostalgia. Cinco exige que le lleven la comida a la cama. Seis dice que es una porquería y que allí alguien trata de envenenarlo. Siete veces por semana regresa de misa. Ocho se mira en el espejo y augura larga vida a su corpulencia. Nueve declama que si las órdenes no se cumplen la milicia se acaba. Diez veces sale de paseo. Entonces se le pierde la pista porque fuera de su casa nadie lo mira nadie lo conoce nadie lo saluda invisible se refunde entre la turbamulta seguramente triste como corresponde a la medida de su insignificancia.


ORACIĂ“N Para la siembra posea yo las palabras y la constancia acaso vientos serenos traigan lluvias oportunas entonces yo hortelano pueda recoger la cosecha y en gesto antiguo hacer ofrenda al sabio universo con las palabras frutecidas para llamar sobre mĂ­ su mirada insondable y nacer al fin en algĂşn lugar de su misterio.


LA IRA Pobre de la ira animal prisionero dentro de mí son sus cerrojos mi diplomacia tendenciosa y mi cobardía. La ira habla mientras duerme en la mazmorra de mi pecho por eso sé que sufre y que clama por mi muerte. Porque ese día caerá mi absurda tiranía y la ira saldrá desbocada a recobrar el tiempo no sin antes propinarme la merecida dentellada.


EPITAFIO PARA EL DUEÑO DEL ASERRÍO Apenas minutos le bastaban para segar la vida a siglos de savia y raíz ignoró siempre al ave sin cuna y al dolor que causaba a la tierra que pudo al fin librarse de él la tarde en que fieles criados lo plantaron lívido y compuesto en su ataúd de caoba aquí donde antes creció un frondoso arrayán.


RÍO Languideces vejado en tu longitud por la soberbia de los hombres. Tarde habremos de llegar hechos brasas de sed a buscar alivio en tus largos kilómetros de olvido.


EL POETA EN TIEMPOS DIFÍCILES En tiempos difíciles le llegan los días cargados de viento pertinaz. Cada hora le trae un fragor inquietante de la ciudad y se le antojan siniestras las siluetas de concreto. En tiempos duros le resulta imposible ver el sol entre tanta nube sucia fugaz una mirada apacible entre tanta prisa. Ahí es cuando escasean el pan y las visitas y recobran importancia su perro y su gabán antiguo. Pero aún en malos tiempos el maltrecho es capaz de echar mano de su fuego. Cuando el poema lo asiste. No es raro verlo caminando con su botella y sus papeles. Cantando como si nada. Anunciando que el viento está ebrio y que por eso suena su violín desafinado. A Rafael del Castillo


EL ESPERANTISTA Hay luz y música en lo alto de la torre es que de nuevo el brujo que allí habita enciende la hoguera ritual de su alegría ¿Qué será lo que festeja ese ebrio enamorado de la alegría? Acaso su victoria sobre Babel o una venturanza que hoy leyó en las curvas descritas por los astros tal vez recibe la visita de una estrella verde en el pecho o quizás simplemente celebra las alas que lo hacen ciudadano del mundo y navegante del tiempo.


ESTATUARIA Las estatuas del país tienen como motivos guerreros, prelados y políticos. Las gentes del país pasan simplemente sin mirarlas. En cambio los pájaros del país asisten puntuales a defecar sobre los volúmenes soberbios. Dejando constancia de su opinión sobre tanta gloria.


PARLAMENTARIOS Vedlos ahí bajo estrictas normas de etiqueta. Por la cara que exhiben parecen deliberar sobre lo probo pero en verdad comercian en el acto: urden, aplazan, pactan y conspiran. Son los comensales del gran banquete en el salón elíptico. La conciencia es el plato que devoran.


DEL EXILIO Estas calles de Centroamérica acogen el pasar de ese que voy con papeles bajo el brazo pinceles en el bolsillo y el overol untado de pintura. Presumo que sólo ven en mí (como quien mira llover antes de un gran bostezo) un hombre solo. El satélite pone a la orden del día noticias luctuosas de mi país. Entonces mi patria se dibuja en este cielo rojo de la tarde que se esparce sobre los techos de San Antonio de Belén, Heredia. Ya no soy joven, nadie aquí me conoce por eso abrazo con fuerza este antiguo oficio de palabras, buscando que la distancia se venga a menos y se me antoje verosímil que puedo conversar con los que amo. Me arrogo las palabras que nunca pudieron arrancarme para afirmar en este territorio que aún respiro y aguardo O B S T I N A D A M E N T E. Costa Rica, marzo de 2001


PEQUEテ前 MILAGRO Muchacha de menta pasas y la maテアana se detiene a contemplarte. Nos unimos a ese feliz asueto dejando por un momento palustres y cemento. Ahora nos sentimos mテ。s cテウmodos en el andamio. Hasta nos parece que amamos nuestro oficio.


ALEGNA Y EL POETA (II) No fue tierna, ni condescendiente, ni novia, ni detallista, ni descomplicada, ni prometedora, ni fiel, ni confidente, ni veraz, ni delicada, ni amiga, ni solidaria, ni afecta a la lectura, ni amante, ni confiable, ni sobria, ni sensible, ni compañía para un cine, ni noble, ni agradecida, ni emprendedora, ni tolerante, ni sincera, ni camarada, ni prudente, ni afinada, ni paciente, ni puntual, ni aplomada, ni firme en el empeño. No dijo nunca los motivos de su habitual desafecto y menos explicó las razones de su adiós. Él se quedó amándola en silencio y sin mesura hasta que la envidia de la muerte hizo lo suyo. Lo encontraron aún tibio, con una sonrisa final dedicada a ella y a todas sus virtudes.


DE LOS ADIOSES Parece lugar común que caiga tanta lluvia a la hora en que ella prepara sus valijas. Produce miedo esa minuciosa aplicación con que dobla la ropa y empaca los objetos personales. Causa despecho la tonadilla que tararea en su oficio. El armario va siendo una puerta sin fondo donde espía burlona la soledad. Los adioses son las casas del hombre.


NEMOTECNIA Pese a tanto adjetivo te recuerdo en la ardilla. Ă gil, inalcanzable. Con una cola abundante y hermosa. Como la tuya.


A RAS DE TIERRA Envidio de la tortuga mĂĄs que su longevo transcurrir por el mundo y su mĂ­tica victoria sobre la liebre la habilidad que tiene para tomarlo todo con calma y la frecuencia con que escucha el tamborileo de la lluvia sobre el tejado.


METAMORFOSIS Primero ornamentaron con hierro la ventana después una gran malla aisló la calle en que vivimos. Más tarde han talado los setos para sembrar barrotes alrededor del patio de los niños. El miedo enjaula a las gentes de la ciudad es común ver a los hombres santiguarse cuando en la mañana dejan la casa y se lanzan cada uno a su jornada de temores por eso en la ciudad el horizonte ocupa apenas un rincón de la memoria por eso cierro la puerta con doble pestillo y un poco más tranquilo dispongo la mesa para mi cena con fantasmas.


SISMO Se dicen entre otras cosas dueños de la tierra hijos de Dios amos del pensamiento depositarios del alma. En ese orden de ideas mueven montañas manipulan los átomos elevan torres inverosímiles horadan la llanura en pos del aceite y otras extravagancias propias de seres superiores. Pero bastan seis grados en la escala de Richter para que caigan de rodillas se arrastren corran se apretujen atasquen pisoteen y terminen huyendo cual ratas en naufragio. A la hora mágica del sismo hallan acoquinados su verdadera identidad y son entonces vulnerables falibles frágiles y moribles mientras las moscas describen indiferentes dueñas de sí figuras caprichosas en el aire.


Armando Rodríguez Ballesteros. Nació en Bogotá en 1956. Poeta, ensayista, editor, profesor universitario. Ha publicado Presagios y Migraciones (Ulrika Editores, 1986); Lubros (Ulrika Editores, 1988); Postal de fin de siglo, antología de poesía colombiana (Kolibro Editores, 1995); Ojos de Ritual (Kolibro Editores, 1997); Pasos de Gato (Ediciones Perro Azul, San José, Costa Rica, 2002); Lunada Poética -Poesía costarricense actual-, Vol I (Ediciones Andrómeda, San José, 2005) y Lunada Poética -Poesía costarricense actual, Vol II (Ediciones Andrómeda, San José, 2006). Ha sido incluido en las antologías Poesía Colombiana Actual (Kolibro Editores, 1991); Antología de la poesía colombiana (Biblioteca Familiar Presidencia de la República, Bogotá, 1996); Tambor en la sombra, Poesía colombiana del siglo XX (Ediciones Verdehalago, México, 1996); Antología de la poesía colombiana (Ministerio de Cultura, El Áncora Editores, 1997); Quién es quién en la poesía colombiana (Banco de la República,/ Biblioteca Luis Angel Arango, 1998); Poetas Bogotanos (Editorial Panamericana, Bogotá, 2000) y Conjuro Capital (Común Presencia Editores, 2009) entre otras. Director de la colección Mono a Cuadros / Cuadernos de poesía. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, portugués y esperanto.


Sobre el autor "Me complace saludar en Armando Rodríguez Ballesteros a un genuino talento y a un inquieto temperamento poético, fruto sin duda de sólidas lecturas. Presagios y Migraciones, si algo presagia, es la irrupción de una nueva forma de visión –con toda la dinámica de lo citadino- en las letras colombianas. En este libro se inicia un estallido de símbolos, no meramente imaginarios, sino extraídos de la palpitante realidad, que mañana podrían señalar el surgimiento de una nueva mitología literaria: la de las barriadas, la de los rascacielos, las de los individuos que fundan la multitud, o la del hombre-masa que empieza a no existir en la medida en que adhiere a la existencia colectiva". Germán Espinosa. Tomado del prólogo a Presagios y Migraciones ( Ulrika, editores, 1986). "Siguiendo esa intuición que me suministra el hecho de compartir un punto de vista común con el autor, he leído el poemario Ojos de ritual, de Armando Rodríguez Ballesteros. Es decir, desde una perspectiva que me hace encontrar en su poesía, salvando las distancias, un impulso irreverente, crítico y testimonial parecido al que, tras abandonar las cómodas posiciones de la vanguardia formal, llevó a los poetas de los años 60 a enfrentarse de golpe y porrazo a las trampas de la ciudad y a los espejismos del poder". Calzadilla, Juan. Tomado del prólogo a Ojos de ritual (Ulrika editores, 1995).

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