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DANDYS - EXTRAFINOS

abstracto John Wayne para hacerse un elegantizado posmoderno Clint Eastwood. La explotación de los medios y la autopublicidad son parte integrante de la obra de Koons, como escribiría Meg Cox en el Wall Street Journal: “Hace cinco años, Jeff Koons era un broker, vendiendo oro y mercancías por teléfono. Era un vendedor buenísimo, pero su primer amor era el arte. Así que cambió los productos y ahora mercadea con Jeff Koons, gran artista”. La cuestión de la diferenciación entre la alta y la baja cultura, una obsesión del pasado siglo, se desdibuja en Koons y la ubicuidad de la información visual transforma el mismo concepto de artista y su misma funcionalidad estructural. No sé si nos enfrentamos a la muerte definitiva del artista, a un cambio de signo del mismo, a una frivolización generalmente aceptada o a una lección para artistas venideros. Lo que pudo leerse como transgresión en la actitud de Dalí o de Warhol, de epatante dentro todavía de la autonomía moderna, llega con Koons a un callejón sin salida. El artista como mercader de sí mismo ya sabe demasiado bien que no transgrede nada, sabe que se integra, de modo más o menos cínico o complaciente, en el seno de la sociedad que lo produce convirtiéndose en otra estrella de otro rock&roll. Elaine Sciolino es muy gráfica al presentar la muestra de Koons en Versailles: “América ha invadido las doradas cámaras y los jardines esculpidos del Palacio de Versailles en forma

Dandys Extrafinos por Gloria G. Durán  

Una edición de Papel de Fumar.