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Ser Laica Misionera de la Consolata Vivimos en un mundo, en una sociedad, que siente la orfandad como uno de sus graves problemas. Faltan puntos de referencia en nuestro camino personal y colectivo. De ahí que una las tareas del trabajo evangelizador y misionero sea ayudar a redescubrir a nuestros hermanos a un Dios que es Padre y Madre. No un padre impositivo ni una madre superprotectora. Hablamos de un Dios que quiere y promueve la libertad de sus hijos. Diana Lucía Benítez Ávila

odo esto nació de un deseo por entregar mi vida a Dios, desde la realidad de mi vida cotidiana y a través del servicio a mis hermanos. Conocí a los misioneros de la Consolata quienes me invitaron para que hiciera parte del equipo y comencé mi proceso de formación. Fue una bendición, ya que en ese entonces mi vida estaba completamente alejada del mundo espiritual. Iniciando este nuevo capítulo, entendí el propósito que la vida y Dios tenían para mí. Empecé el trabajo misionero como agente de pastoral afro-americana, ¡toda una odisea!, ya que entrar en la cosmovisión de este pueblo en particular, fue el entender que desde la riqueza cultural también se puede agradar a Cristo, que el ser afro no es una cuestión de piel, si no del alma que se vive y trasmite con gran fuerza de generación en generación. Como agente de Pastoral estuve visitando las comunidades menos favorecidas de mi ciudad y posteriormente en comunidades rurales de Caldono, Jambaló, Toribio, del Departamento del Cauca, sitios a donde a la gente le daba miedo ir por la inseguri-

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dad y los hechos de violencia que se presentaban en ese entonces con los grupos armados. Por otra parte, convivir en medio de las poblaciones afro también me ayudó a comprender la promoción humana y la evangelización, dando pasos en la sociedad de transformación, cambio, haciéndole frente a la estigmatización y discriminación que aún continúa en el día a día. Experiencias por compartir son muchas, quizás lo más gratificante es ver como las personas vuelven a Dios, a encontrarse con esa paz y ese amor. Ver a familias volverse a unir después de muchos años de ausencia, a niños sonreír al tener pan en sus hogares, a madres reconfortadas en espíritu sobrellevando duelos de sus seres queridos, a escuchar y ser escuchado; ver lágrimas en los rostros de gozo y alegría por encontrar lo que más necesitaban. Comencé a entrar en el área de las comunicaciones integrando el semillero. Tuve la oportunidad de hacer prácticas con el equipo de comunicaciones de la Arquidiócesis de Cali donde me enriquecí y crecí profesionalmente, dándome herramientas que fortalecieron mi labor en los

SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2017

Septiembre octubre 2017  
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