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El Antejard铆n

Fanzine No 10 - Marzo de 2012 - Distribuci贸n Gratuita


El Antejardín. Fanzine Dirección · Diagramación Juan David Jaramillo Flórez.

Comité editorial Marcela Ceballos • Miguel Arango • Juan Jaramillo

Edición y corrección de textos Juana Manuela Montoya

Colaboradores Diana Lucia Rodriguez • Carlos Mario Cano

Fotografía Diana Lucia Rodriguez • Juan David Jaramillo

Portada e ilustración Sara Ramírez Distribución gratuita y de libre circulación Marzo de 2012 Medellín • Colombia

www.antejardinoficina.com


“…los procesos a través de los cuales los objetos se hacen propios, están dados por las apropiaciones que sufren mientras transcurre la fase de uso y las cuales son posibles en la medida que la relación que se tenga con ellos lleve al usuario a alterar su estructura, modificándola, no para agregar funciones (como en las reformaciones), sino para reflejar sus gustos y su personalidad sobre su forma, cargándolos con esto de sentidos y significados más personales e individuales, sin que por esto dejen de reflejar patrones de gusto colectivo y presentes en gran parte de la sociedad”. Juan Diego Sanín. Estéticas del consumo (2008)

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La personalización. Un asunto único y compartido. Miguel Arango Marín Ilustraciones: Sara Ramírez Considero que constantemente personalizamos los objetos que usamos, haciéndolos propios a través de huellas, registros, marcaciones o intervenciones. Estos modos de marcación no son únicos, ya que nuestros gustos personales son, en gran medida, determinados por la cultura de la que hacemos parte y más concretamente por la sociedad de mercado contemporánea. Esto los hace necesariamente comunes y compartidos, lo que pone en evidencia cómo lo que creíamos tan nuestro, tan único, tan personal también lo es para muchos otros. La manera en que personalizamos las cosas siempre será compartida. Por extraños y especiales que nos consideremos, siempre habrá personas que piensen como nosotros, que se vistan de manera similar, que usen los objetos más o menos del mismo modo y que hagan marcaciones sobre ellos y sobre sus espacios de una forma bastante parecida.

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No quiero que se entienda que un objeto propio y demarcado como tal por una persona significa lo mismo para otra, pues si partimos de la idea de la absoluta singularidad del sujeto (Mandoki, 2006), es claro que los lazos afectivos que este tiende hacia sus objetos serán únicos e irrepetibles. Prueba de ello es que nos resulte dolorosa la pérdida de algunos objetos, que a pesar de ser ofrecidos por


millares en el mercado, con las mismas características, los mismos materiales y las mismas funciones, los consideramos como algo irremplazable. En este punto quisiera agregar que las demarcaciones mediante las que personalizamos los objetos van más allá de las intervenciones intencionales que hagamos en ellos. De esta manera, el uso crea también marcas y huellas materiales involuntarias, gastamos nuestras cosas, las rasgamos, las rayamos, las despintamos, las ensuciamos, las cortamos, las pintamos, las manchamos; así como también las cuidamos, las reparamos, las limpiamos, las protegemos, las vestimos, las brillamos, en fin, las usamos. Estas maneras de utilizar nuestros objetos, en algunos casos planeadas y en otros no tanto, ponen en evidencia algunos rasgos de nuestra personalidad, de nuestra manera de ser y nuestra actitud frente a la vida.

el uso crea también marcas y huellas materiales involuntarias, gastamos nuestras cosas, las rasgamos, las rayamos, las despintamos, las ensuciamos, las cortamos, las pintamos, las manchamos; así como también las cuidamos, las reparamos, las limpiamos, las protegemos, las vestimos, las brillamos, en fin, las usamos. Considero que somos en los objetos, compartimos lo que somos a través de ellos, los cargamos de sentido, creamos vínculos afectivos con los demás, con nuestra vida, con nuestras experiencias, con nuestros recuerdos. Los objetos que usamos y a que partir del uso personalizamos, son en definitiva el soporte material de nuestros vínculos, nuestros gustos y nuestra personalidad colectiva e individual.

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Hábitos, habitantes y habitaciones Juan David Jaramillo

Para comprender cómo el diseño se entremezcla con la vida diaria y la cotidianidad, me gustaría continuar exponiendo las experiencias que rodean mi nuevo espacio vital, mi nuevo centro del universo: mi casa. Esta vez no quisiera enfocarme en las cualidades y características del espacio, sino en las condiciones y dimensiones que mi persona(lidad) quiere esparcir sobre el lugar en el que estoy viviendo. Estar en un nuevo lugar implica necesariamente construir hábitos, dejar pedazos de uno por todo el lugar, esperar que esas nuevas construcciones germinen y que la personalidad reflejada en mi casa comience a determinar unas características que ninguna otra podrá tener. La personalidad que se trepa por las paredes, que se cuelga de la fachada o se enreda entre la cocina y el baño convierte esta casa en una personalización a justa medida de lo que soy, lo que pienso y lo que quiero que vean de mí. Por estar asociado o agolpado en un gremio como el de los creativos (entiéndase arquitectos, diseñadores, publicistas) he tenido la oportunidad de escuchar muchas reflexiones alrededor de lo que puede ser la personalización, asociadas en su mayoría con las posibilidades que un usuario tiene para modificar parcialmente un producto que se comercializa, por lo que podría entenderse como una estrategia de mercadeo. Sin embargo, el hecho de poder escuchar otras posturas desde la antropología, la filosofía y la historia, por ejemplo, me ha permitido ampliar esta concepción y acercarme a una postura en la que el sujeto, determinado culturalmente, al establecer diferentes formas de poner en

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práctica al objeto lo está haciendo suyo, le vuelca su forma de entender el mundo, es decir, lo personaliza. Después de este pequeño enfoque sobre cómo voy a abordar la personalización, voy a tratar de explicar a partir de algunos objetos y prácticas de mi nuevo espacio habitable cómo se puede ilustrar de una manera más clara lo que expresé en los primeros párrafos de este aporte. Procederé describiendo algunas prácticas particulares que pueden caracterizarme, intentando dejar en evidencia el reguero de intenciones que dejamos cuando estamos estableciendo nuestro lugar en el mundo. Luego, haciendo énfasis en los objetos que me representan y que hacen parte fundamental de lo que mi personalidad ha llevado a diferentes partes de mi casa, espero mostrar cómo las materialidades en tanto llegan a nuestras manos se convierten en objetos vividos, practicados, personalizados. Hace algunos años comencé a interesarme por el cuidado de las plantas, y si bien no soy un experto en nombres o técnicas de cuidado, es una actividad que trato de aprender continuamente. En la fachada de mi casa pueden verse siete materas colgantes con ocho especies de plantas diferentes; en el interior se encuentran dieciocho materas


con quince especies, entre cactus, plantas ornamentales, hongos y plantas aromáticas. Las matas y las materas no representan objetos en sí mismas, sino que se han convertido en una práctica, en un hábito que además de hacerme feliz les muestra a mis vecinos algo de lo que soy y de lo que pienso del mundo.

Las materas colgantes: hasta ahora tengo ocho entre la fachada y el interior de mi casa y me gusta saber que vienen trepando las paredes y que han llegado a convertirse en una parte importante de mi práctica del jardín interior.

Las materas de Reforma: en total son tres materas que hemos desarrollado en el laboratorio del cual hago parte y que tienen un valor muy alto por ser resultado de un proceso lleno de mucha dedicación y múltiples esfuerzos.

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Materas tradicionales: la mayoría de las materas que tengo en mi casa fueron regalos de mi padre o de algunos de mis amigos; en total son ocho materas donde tengo en este momento algunos muy preciados regalos que me han llegado. Un cactus del cual no conozco el nombre, una antorcha, una albahaca morada, una cebolla de rama son algunas de las matas más evocadoras que tengo. Entre los objetos que determinan esta práctica se encuentran además una regadera (jarra cerámica de El Carmen de Viboral), unas botellas de vino que sirven de matera para un mangle que irresponsablemente traje de un viaje a la costa y algunas herramientas de jardinería que no dejan de ser muy especiales.

Como pueden ver en este segundo aporte que gira en torno a mi casa y mis reflexiones frente al espacio que habitamos, la dimensión que puede tener el simple hecho de pasarse de casa va mucho más allá de tener que reacomodar objetos, implica también reconstruir hábitos, resignificar habitaciones para lograr ser un habitante, un ser puesto en el mundo. Es hora de dejarme libre, de no hablar más de mi casa y enfrentarme a otras realidades que son igual de interesantes y que espero poder entregar en futuros números de esta publicación.

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La identidad y la moda Diana Lucía Gomez

“…la moda es un instrumento democrático que pretende lograr el consenso social, un medio, por otro lado dudoso, pues bajo la apariencia de una gran pluralidad y liberalidad genera una indiscutible homogeneidad.” Adolfo Vásquez Rocca. La moda en la Postmodernidad. Deconstrucción del Fenómeno Fashion.

La moda se construye a partir de historias: cada temporada se narran nuevos cuentos por medio de colores, textiles, estampados, texturas. Nos cuentan estas historias con cada propuesta de tendencias y nosotros vivimos la narración al comprar la prenda, al combinar los zapatos, al encontrar “el look perfecto”. Pero cuando termina la temporada, estas ficciones que la moda ha tejido para nosotros deben mutar y convertirse en algo nuevo o corren el riesgo de desaparecer. Lo que era romántico y femenino hace algunos meses ahora parece anticuado y obsoleto, ¿por qué? El fenómeno de la moda es un ciclo de obsolescencia controlada, de primicias e instantáneas donde lo narrado a través de las prendas cambia periódicamente y se espera que cambie nuestra mirada también. En este sistema de novedades imperativas, en esta regulación de decisiones estéticas, ¿tenemos elección? En estos efímeros consensos del gusto colectivo, ¿hay espacio para crear narraciones personalizadas, para el criterio del individuo?

La moda como código moral La consideración inicial es si el vestuario puede pensarse como escenario de representación donde se manifiesta la identidad del sujeto. Si pensamos el vestuario como un lenguaje que a través de la silueta, el color, la materia prima, el tacto, permite que existan puentes de comunicación entre nosotros, tendríamos que reflexionar sobre los posibles significados del mensaje que transmitimos al vestirnos a diario. Reflexionar también sobre lo que significa estar “bien vestido” en el espacio que habitamos, en la sociedad que construimos y nos construye. Además de ciertos códigos morales que existen en la vestimenta para el “correcto funcionamiento social” y la identificación de roles (los delantales médicos, los uniformes de policía, la formalidad en las oficinas, por ejemplo), existe otro elemento, que si bien es menos preciso, ejerce una presión sobre la indumentaria. Hablo dela moda como un determinante que nos informa sobre la llegada de una nueva inspiración,

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diseñada para enamorarnos, solo si nos comprometemos a desechar la inspiración anterior. Es evidente que la razón detrás de estas transformaciones a la norma estética es la de acelerar los procesos de consumo, renovar la oferta y convencernos de que existe la demanda para cada innovación. La moda masiva apela a la ingenuidad de las masas, a su deseo de ser definidas por medio de lo que consume, a su interés por fabricar una apariencia que equivalga a los valores en alza (prestigio, dinero, poder, seducción, juventud). Presiones sobre la obediencia a lo que dicta la moda se encuentran en varios frentes. Según los contextos, podemos ser acusados de ser demasiado frívolos al atarnos a los caprichos de las tendencias o ser acusados de faltos de “buen gusto” al no reconocer cuál es el color que se lleva en verano, al lucir una silueta que dejó de usarse desde el año pasado. El sentido de sucumbir a estas presiones no es más que el de ser aceptados y validados por los grupos sociales, a costa tal vez de nuestro propio criterio y nuestro propio deseo de vestir de cierta manera. El trauma del joven profesional con el traje y la corbata, imposición laboral; la forzada elegancia para los niños cuando se recibe visita en la casa; la ansiedad de seguir la etiqueta dictada por una invitación de matrimonio:cierta reflexión individual es necesaria si se busca autenticidad en estos momentos. Lo mismo para separar el propio gusto por las camisas frescas de la imposición

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de la moda veraniega de prendas vaporosas. ¿Perderemos nuestro deseo de una camisa en algodón delgado en el instante en el que la moda le niegue su favor? Tal vez parecen asuntos que no merecen tiempo para ser meditados, tal vez se comprometen valores más profundos del sujeto en estas elecciones superficiales de uso y consumo. Más allá de retomar las críticas sobre la trivialidad de la moda, podríamos pensar en la obstinación de una mentalidad que no admita la trascendencia de este escenario en la construcción social humana.


El consumo y el ser ideal El valor de la personalización como forma de potenciar la individualidad se vuelve relevante en este tiempo. Hoy en día moldeamos perfiles virtuales, que más allá de lo que somos revelan lo que queremos ser. Fotografías editadas y cortadas para mostrar los mejores ángulos de nuestra persona, intereses, tutoriales, blogs y videos. Se comparte lo bello de nuestra vida, no se publican fotos de cuando tenemos gripa ni se cuentan las deudas, no se narra la angustia de la aparición de la calvicie ni de los juanetes ni del sobrepeso. Hay una búsqueda por exaltar lo mejor del sujeto, incluso alterando un poco la verdad. En este sentido los discursos de la moda nos plantean soluciones: “estas siluetas te harán ver más alta”, “¡el negro adelgaza!”, “este estampado crea una ilusión de cintura”, “con este color te verás más bronceado”. Aparece la ilusión para acercar el cuerpo a “la perfección”, aparecen los juegos del disfraz para que al vestir el cuerpo el carácter mute también hacia el ideal. El problema no es encontrar belleza en la seducción periódica de la moda. El problema es cuando se pierde la definición del sujeto y se limita el deleite estético a lo que ordene una conciencia superior. El problema es cuando se cierran los ojos a las nuevas historias que traza la moda por miedo a reconocer en ellas un gusto que nos exponga

al ridículo de la esfera intelectual. El vestuario, como la interacción con los espacios, como el uso de los objetos, no es un asunto banal, la banalidad está en dejar que terceros piensen por nosotros, en perder la perspectiva frente a un mensaje saturado, en ser consumidores antes de ser personas.

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Sobre la personalización de los objetos o de cómo hacemos un pliegue sobre nosotros mismos. Carlos Mario Cano

El mundo de los conceptos siempre se nos presenta como un espacio de laberintos cuando nos vemos en la imperiosa necesidad de entrar a definir aquellos términos que solemos usar de forma laxa en nuestra cotidianidad, la cual no nos demanda ser escrupulosos en nuestra intención comunicativa. Pero, cuando se nos exige dar una aproximación certera a cualquier palabra de nuestro universo narrativo, entramos a seguirle las huellas a un animal fugaz, que nos lleva la delantera y que solo conocemos por su huella y no por su presencia. Esto mismo me pasó cuando se me preguntó qué implica la personalización de los objetos yqué es un objeto fetiche. Por fortuna, como Dédalo cuando le da las alas a su hijo Ícaro para escapar del laberinto, existe la etimología, que nos ofrece vías esclarecedoras a la hora de entrar a darle una respuesta a estas preguntas para nada sencillas.

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Los interrogantes que se generan cuando queremos entender el proceso de la personalización de los objetos necesariamente demandan entrar a definir etimológicamente los términos objeto, personalización y fetiche.

Por fortuna, como Dédalo cuando le da las alas a su hijo Ícaro para escapar del laberinto, existe la etimología, que nos ofrece vías esclarecedoras a la hora de entrar a darle una respuesta a estas preguntas para nada sencillas.


Al igual que los sueños y las bestias, los objetos se sitúan en los márgenes de nuestra existencia. Estas tres quimeras (sueños, bestias y objetos) se enfrentan a nosotros con un molesto sentido de parentesco hacia lo que somos...

En aras de la claridad, vamos a iniciar con la palabra objeto, no sin antes recordar la advertencia que en su momento nos hizo el poeta Ralph Waldo Emerson, para quien los sueños y las bestias son dos claves a través de las cuales hemos de descubrir los secretos de nuestra naturaleza; son como la anatomía comparada. Al igual que los sueños y las bestias, los objetos se sitúan en los márgenes de nuestra existencia. Estas tres quimeras (sueños, bestias y objetos) se enfrentan a nosotros con un molesto sentido de parentesco hacia lo que somos, ya que es a partir de ellas que definimos nuestra Realidad, pensada en términos de la Modernidad, la cual consideraba que a nuestro alrededor hay elementos de diversos tipos, que aparecen enfrente de nosotros, como algo distinto a nuestro ser.

Estar “enfrente” se dice en latín objacere, verbo del que se deriva objicere, cuyo participio es ob-jetum. A todas las realidades que están enfrente del hombre y pueden ser analizadas por este sin comprometer su propio ser los filósofos modernos las llamaron objetos. Este concepto de objeto comprende tres aspectos: el aspecto de resistencia al sujeto, el carácter material del objeto y la idea de permanencia, ligada a la de inercia (necesitar de otro, externo al ser, para moverse). Son realidades objetivadas las que pueden ser medidas, pesadas, agarradas con la mano, situadas en el espacio, dominadas y manejadas. Desde otra arista de nuestro laberinto narrativo, podemos entrar a definir la palabra personalización, la cual devela su origen en las palabras personaje o persona, que vienendel término latinoper sonae, el cual tiene una herencia del teatro griego, y significa “aquello a través de lo cual llega el sonido”; o dicho de otra manera,la máscara de un actor. Máscara en griego está formada por pros: delante; y opos: cara; prospora:delante de la cara, es decir, la máscara. De allí también surge la palabra prosopopeya, que designauna forma estilística de

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retratar a un personaje describiendo sus facciones. Luego este término pasó al idioma etrusco como phersu, que más adelante en el latín se cambió porpersona, haciendo referencia a las máscaras de los actores. Como podemos notar, esta es la raíz de personalidad. Esta derivación trae consigo implicaciones en la medida en que identificamos a alguien por su rostro público, distinto de su esencia o esencias más profundas. Por último, definiremos el término fetichismo, que es importado de la voz francesa fetiche, la cual a su vez había sido adoptada del portugués fetiço. Los navegantes portugueses la idearon para designar los objetos de culto fabricados por los pueblos primitivos. La creencia cristiana nos llevo a pensar que estos objetos eran artificiales, por esto los nombramos desde la voz latina

Los navegantes portugueses la idearon para designar los objetos de culto fabricados por los pueblos primitivos. La creencia cristiana nos llevo a pensar que estos objetos eran artificiales...

facticius (artificial, inventado), asociada al verbo facere (hacer). Ahora bien, el lugar común de los términosobjeto, personalización y fetiche permite que confluya una dinámica que implica que nosotros terminemos autorreferenciándonos. Personalizar un objeto o construir un fetiche demanda que exista un pliegue sobre nosotros mismos. Es esto lo que se nos presenta tan fascinante en este proceso de construcción objetual, y es la capacidad que tiene ese personaje que habita dentro de nosotros, que dice nuestro parlamento, que caracteriza lo que padecemos y se deleita y sufre con nuestros actos, de crear una dimensión inmediata de sí mismo en el objeto que toma como extensión de sí. Todo un proceso redundante que nos define como banda de Moebius o como una superficie que se pliega sobre sí misma..


El Antejardín es una publicación que recopila periódicamente reflexiones, ilustraciones, fotografías y otras expresiones que buscan mostrarle al lector múltiples puntos de vista cercanos a la disciplina del diseño. En cada número se reúnen pensamientos y opiniones que aportan a la construcción de una mirada ampliada de este quehacer creativo.

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Fanzine No. 10  

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