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El Antejardín

Fanzine No 15 - Marzo • Junio de 2013 - Distribución Gratuita ISSN 2256-4071


El Antejardín. Fanzine Dirección · Diagramación Juan David Jaramillo.

Comité editorial Marcela Ceballos • Miguel Arango • Juan Jaramillo • Juana Manuela Montoya

Edición y corrección de textos Juana Manuela Montoya • Lina Mondragón

Colaboradores Felipe Medina Escobar

Ilustraciones Marcela Ceballos • Sara Ramírez

Portada y contraportada Sara Ramírez Distribución gratuita y de libre circulación Marzo - Junio de 2013 Medellín • Colombia

www.antejardinoficina.com


Contenido Editorial Marcela Ceballos González

Fragmentos comentados de un viaje que está de moda Miguel Arango Marín

Las ventanas Juan David Jaramillo Flórez

La noche de la iguana Felipe Medina Escobar

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“Ese dibujo libre en particular era entonces un pequeño último adiós al período vacacional, pues lo que se dibujaba generalmente era algo relacionado con ese tiempo: recuerdos de lugares visitados, de actividades realizadas o de regalos recibidos” Marcela Ceballos González 3


Editorial Marcela Ceballos González

El tema de marzo-junio recuerda los inicios de año escolar de la infancia. Sentados en los puestos del salón, algunos con una extraordinaria alegría y otros con una resignación anhelante de las que parecían unas ya lejanas vacaciones, los estudiantes narraban cada vez, uno por uno, lo que se había hecho en ese dulce tiempo de merecido descanso. Seguido a esto, era muy común oír la voz de la profesora hablando a través del bullicio: “saquen una hoja y hagan un dibujo libre”, decía. Ese dibujo libre en particular era entonces un pequeño último adiós al período vacacional, pues lo que se dibujaba generalmente era algo relacionado con ese tiempo: recuerdos de lugares visitados, de actividades realizadas o de regalos recibidos. Probablemente porque conocían de ciertas nostalgias que las vacaciones provocan, o por no empezar abruptamente a hablar de la célula o del sistema digestivo, ese primer

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dibujo libre del año era una estrategia de los profesores para crear un puente entre el esparcimiento decembrino y el regreso a clases, una forma suavizada de darle inicio al período de estudio colegial. Y es que, como dice una amiga de El Antejardín, todo debe tener un inicio y un cierre, y nuestro cierre del año pasado estuvo cargado de muchas satisfacciones, y también de muchísimo trabajo. Por eso, luego de un buen descanso, quisimos empezar el año de El Antejardín con nuestro propio dibujo libre, volviendo a los pocos ejemplares autofinanciados que regularmente imprimimos, reflexionando un poco sobre ese momento de las vacaciones, haciendo nuestra propia transición en este fanzine y dando entonces inicio al año 2013, el segundo año de El Antejardín. Esperamos muy sinceramente que lo disfruten y que nos acompañen también en este nuevo período.

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Fragmentos comentados de un viaje que está de moda

Miguel Arango Marín Fotografías: Miguel Arango Marín

Ilustración: Sara Ramírez Marcela Cebalos

Realizaré un dibujo libre sobre un viaje que hice en mis vacaciones. Lo haré a partir de ocho fotografías comentadas que fueron tomadas en diversos lugares del Perú. Con estas imágenes no pretendo dar cuenta de los múltiples paisajes que visité, ni mucho menos presentar la complejidad cultural y la riqueza identitaria en la que estuve inmerso por poco más de veinte días. Lo que sí quiero es compartir unos fragmentos del viaje que para mí fueron cruciales en este breve recorrido por el país de los incas.

Imagen 1. El acantilado limeño visto desde la parte baja del barrio Barranco, en la vía que baja al mar, a unos 200 metros de “el puente de los suspiros”. Lima, como toda megaciudad latinoamericana, tiene un crecimiento urbanístico difícil de controlar, que encuentra un límite infranqueable en este accidente topográfico. Este malecón

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natural que se enfrenta al pacífico le brinda a turistas y locales un mirador único hacia la inmensidad oceánica. Este privilegio de contar con espacios acondicionados para disfrutar del paisaje se restringe a los barrios prestantes de la ciudad, aunque existen proyectos de ampliación para que más limeños puedan disfrutar de la geografía de su ciudad.


Imagen 2. Estatua del Inca en la plaza de armas de la ciudad de Cusco. Llamó mi atención que en la plaza principal de esta ciudad andina, en vez de encontrar una estatua de un libertador de principios del siglo XlX se erigiera la representación del Inca, del rey sol, de uno y todos los reyes del imperio incaico exterminado por los conquistadores españoles. Fue entonces una grata sorpresa para mí encontrarme con esta escultura dorada, que corona la fuente central de la plaza, pues da cuenta de la presencia de un pueblo indígena que

no niega sus raíces, que se reconoce a sí mismo y que, en buena medida, construye su realidad a partir de una historia arrebatada. Lo anterior se refuerza al leer una placa conmemorativa de los quinientos años del descubrimiento de América, que se encuentra en la misma plaza y que dice: “A los quinientos años gloria y honor a las víctimas anónimas de la invasión y a los héroes de la resistencia andina… Y no podrán matarnos. Qosqo 12 de octubre de 1992”.

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Imagen 3. Ruinas arqueológicas de Machu Picchu. El magnetismo turístico que tiene este antiguo pueblo de los incas no es fácil de describir, pues resulta impactante ver a centenares de personas de todas las nacionalidades llenando cada rincón de esta mítica ciudad. Para quienes vimos Diarios de motocicleta, del director brasilero Walter Salles, y nos formamos una imagen de Machu Picchu

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como un lugar apacible y único para la contemplación y la reflexión, es extraño darse cuenta de que la realidad es otra, de que estas ruinas, al ser una importante fuente de ingresos para el país al que pertenecen, siempre estarán pobladas por oleadas de turistas que, al igual que uno, buscan encontrar allí algo único que quede atesorado en su memoria.


Imagen 4. Concierto de música popular para despedir el 2012 en la plaza de armas del Cusco. Más por el azar que por haberlo planeado terminé pasando la noche del 31 de diciembre en una de las fiestas de fin de año más apetecidas en el Perú. El recibimiento del nuevo año que se hace en el Cusco reúne en su plaza principal a muchos cusqueños, pero también a gran cantidad de extranjeros de Latinoamérica, Europa, Asia y Estados Unidos. De esa noche recordaré, más que la euforia colectiva y la gran cantidad de pólvora que estallaba a mi alrededor, el discurso que hizo el alcalde de la ciudad para recibir el

2013; y no lo digo por el contenido de sus palabras, pues no entendí nada de lo que dijo, sino por su decisión de comenzar deseando en español un feliz año nuevo y de continuar sus palabras en quechua, para dirigirse a su gente y no a quienes iban de paso. Esto me puso a pensar que si Medellín contara con un evento con esa abundante presencia de extranjeros, muy posiblemente el alcalde de turno desearía el feliz año en inglés. Más si se tiene en cuenta que esta ciudad ha sido reconocida recientemente como “The most innovative city in the world”.

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Imagen 5. Toritos de Pucará retratados en el pueblo de Ollantaytambo. En toda la zona andina del Perú existe una tradición que embellece los techos de los pueblos y de algunas ciudades como el Cusco. Esta consiste en pegar con cemento una pareja de toritos hechos en cerámica, para la seguridad y la protección de las familias. Estos toritos originarios de la localidad de Pucará, cercana a la ciudad

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de Puno, son una manifestación de las creencias populares andinas y se los considera guardianes de las viviendas; por esta razón es que en algunos casos se los acompaña de la santa cruz, de la bandera peruana y de otros objetos con valoraciones simbólicas que aportan al bienestar y la prosperidad de sus residentes.


Imagen 6. Exhibición de productos artesanales en Ollantaytambo. En todo el Perú, los productos artesanales son quizá las mercancías más vendidas a los extranjeros, pero también a los locales. Son objetos utilitarios y decorativos. Principalmente se ofrecen productos tejidos: desde sacos y gorros simples, hasta sofisticados chales hechos con lana de “alpaca baby”. También es

posible encontrar correas, mochilas, billeteras y demás productos de uso cotidiano; además de los diversos objetos decorativos, que van desde representaciones de alpacas hechas en tela, hasta miniaturas de iglesias hechas en cerámica. Los productos artesanales en este país son, para aquellos a quienes les llama la atención el discurso artesanal, realmente atractivos.

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Imagen 7. Visita a los uros (islas flotantes), en el lago Titicaca. Aunque navegar por este gigantesco lago resulta una experiencia gratificante e inolvidable, la visita a los uros fue un evento que me disgustó sobremanera y que se encontraba dentro del itinerario que ofrecían todas las agencias de turismo para visitar esta famosa laguna. Los uros son unas islas flotantes construidas por comunidades que se suponen indígenas, a partir de los cañaverales que crecen en las zonas bajas del lago. Como atracción turística, se hacen visitas a estas islas para conocer a las personas que las construyen. Lo que me molestó de todo

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esto no fue la forzada pantomima del guía y de los indígenas por parecer auténticos —esto es un truco turístico que vale para ellos—, sino el hecho de que se mostrara a las personas que habitaban en ellas como a seres primitivos que merecen ser exhibidos haciendo gracias para nosotros, los extranjeros “civilizados”. Esta situación posiblemente se deba al afán de llamar la atención de los turistas, pero veo en ella un problema preocupante, pues en ese montaje a estas comunidades se las está mostrando como a un otro extraño, como a unos seres poco desarrollados que no son más que un espectáculo.


Imagen 8. Un grupo de brasileros conociendo la nieve en la Patapampa. En un viaje de regreso del Cañón del Colca a la ciudad de Arequipa, hecho en una Van cargada de franceses, ingleses, estadunidenses, brasileros y dos colombianos, hicimos una parada en el Alto de la Patapampa, ubicado a más de 4000 metros de altura. Allí, los extranjeros no latinos se bajaron a divisar el paisaje y a conversar entre ellos. Los brasileros y nosotros, los colombianos, al darnos cuenta de que las manchas blancas que habíamos visto durante el recorrido no eran otra cosa que pequeñas formaciones de nieve, corrimos emocionados hacia un

pequeño montículo de ese maravilloso fenómeno que hasta ese momento solo habíamos visto en las películas. Fue así que, durante al menos diez minutos, siete adultos latinos estuvimos jugando con ese pequeño montículo de nieve, tocándolo, haciendo figuras en él, parándonos y haciendo bolas de nieve para tirarlas y ver, con gran emoción, cómo se deshacían al chocar contra el piso. Mientras todo esto pasaba, los demás turistas se quedaron hablando; muchos ya estaban dentro de la Van, esperando continuar el recorrido. Creo que nunca sabrán de lo que se perdieron.

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Ventanas Juan David Jaramillo Flórez Fotografías: Juan David Jaramillo Mi gato y yo disfrutamos de mirar pájaros, él evidentemente con una intención animal o alimenticia, si se quiere, y yo movido más por un interés contemplativo. En el corto tiempo en el que le he dado rienda a esta afición, y a pesar de haber hecho algunas excursiones a los alrededores de la ciudad, con resultados más que satisfactorios, el mejor lugar que he encontrado para esta manía es la ventana de mi casa. Ya lo hacía evidente promediando la década de los setenta mi primer héroe latinoamericano, el Chapulín Colorado, cuando dijo (y me permito parafrasear), la mejor manera de traspasar una pared es la ventana. Ahora que lo recuerdo y que me siento a ver a través de este hueco en la pared, puedo comprender y darme cuenta de lo cómodo que es poder ver el mundo sin arriesgarse al tenebroso exterior. Antes de continuar con este elogio a la ventana, quiero aclarar que cuando hablo de lo tenebroso lo hago para reforzar una idea de tranquilidad y explicar, a partir de esta exageración, el enigma que ha representado para mí el acto de “ventaniar”, y no por ser una persona agorafóbica. Aclarado este punto, es reconfortante seguir

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haciendo este dibujo libre desde mi

me he aprendido detalles menores de

ventana, ya que así recuerdo una de

la vivienda: he detallado los desniveles

las actividades más recurrentes de mis

del techo y un grupo de tejas olvidadas

vacaciones.

allí desde la última reparación; he memorizado los hábitos de la señora de

Justo en frente de mi ventana, al cruzar

la casa en cuanto al cuidado del jardín,

la calle, hay una casa vieja envigadeña,

la limpieza de los extensos corredores

de esas donde quiero vivir en mis años

y la alimentación de los animales que

grises, llena de árboles, gallinas y

viven en el lugar o que se acercan a él.

perros; donde llegan cientos de pájaros y algunas ardillas que sobreviven a la

Como se puede dar cuenta el lector, de

colonización de las grandes empresas

los pájaros he pasado a los humanos, y

constructoras. A través de la ventana,

es que viviendo en esta calle de tránsito

y tal vez por la proximidad de la casa,

mediano se ha avivado en mí un interés

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por los acontecimientos de mis coterráneos. Soy un chismoso, debo reconocerlo, a tal punto que trato de llenar los actos vistos desde mi ventana con palabras e historias, probablemente alejadas de la realidad de quienes las viven. Es el caso, por ejemplo, de un señor que vive cerca de la casa mencionada y que permanece en el antejardín largos periodos del día. Este hombre, a quien puse por nombre Don Mario, porque eso dice su cara, trabaja con caballos; varias veces en el día llegan jóvenes montados en elegantes bestias para presentarlas al susodicho Don Mario. Pues bien, que de ahí he armado una historia que no vale la pena contar aquí, por no ser el momento; basta saber que hace cada vez más entretenidas mis salidas a la ventana. Y es que eso es salir por la ventana: ver pedazos del mundo, imaginarlos y completarlos para hacerse a una idea (uno cree que completa) de dónde vive y con quién está, así solo esté con mi gato, mirando por este hueco en la pared.

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LA NOCHE DE LA

IGUANA Felipe Medina Escobar

felipemedina1905@gmail.com

Disgustado por los juicios de la caza de brujas que tuvo lugar durante el macartismo, John Huston salió de Estados Unidos para rodar La reina de África (en 1951), y solo volvería a dirigir allá diez años después. La propuesta de hacer un film en África, donde podría cazar elefantes (algo que siempre anheló hacer) y conocer lugares salvajes, fue una motivación importante, pero también lo fue el alejarse de un país al que empezó a mirar con desprecio. Además de la persecución política que padecían varios de sus amigos, su más reciente película, una potencial obra maestra, había sido mutilada sin consideración por sus productores para exhibir un producto más comercial. Varios años después volvería a irse; esta vez para rodar otra película en México, en un lugar llamado Puerto Vallarta, ubicado en la mitad de una selva costera, que visitaba con frecuencia cuando necesitaba escapar por un momento de los ritmos de la industria hollywoodense. La noche de la iguana, una adaptación de una obra del dramaturgo estadounidense Tennessee Williams, cuenta la historia de Shannon, un reverendo que se ve obligado a dejar su sacerdocio, en parte por su expulsión tras protagonizar un escándalo sexual con una menor, pero también por lo hastiado que está de los señalamientos de la comunidad de su iglesia. Sin embargo, este personaje sigue amarrado de alguna forma a su vocación sacerdotal: aun cuando trabaja en México como guía turístico

de excursiones, niega su excomulgación al presentarse como el Reverendo Shannon. También sigue siendo acosado por esa congregación hipócrita de la que huyó, y que conforma la clientela más habitual de la empresa de turismo para la que trabaja. El detonante de la historia se da precisamente cuando él, en un ataque de nervios provocado por los reproches y las amenazas de sus clientas, debido a su galanteo con la más joven de ellas, se las lleva para Puerto Vallarta, al hotel de su vieja amiga Maxine, violando el itinerario del viaje. La joven precoz, interpretada nada menos que por Sue Lyon (protagonista de Lolita en la adaptación cinematográfica de la novela), encarna esa culpa que aún lo persigue.

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Shannon es un escapista asiduo: no solo llega al trabajo de guía vacacional tras huir de su iglesia o se fuga hacia el hotel de su amiga, sino que constantemente amenaza con lanzarse al mar y nadar hasta el otro lado del Océano Pacífico, si su situación empeora. Ignora que es como esa iguana atada que espera el trágico final de ser engullida por los ayudantes de Maxine: está amarrado a su pasado tormentoso y, mientras no lo enfrente, seguirá llevándolo a donde vaya. Los otros personajes también. De alguna forma, todos son un poco como esa iguana. Todos cargan con el peso de culpas o penas pasadas y, sin importar a dónde vayan (como Hannah y su abuelo, que recorren el mundo, y como las hermanas excursionistas) o si están en un lugar paradisíaco alejado de todo (Maxine), no consiguen la liberación definitiva. Y es que de eso trata esta película: de unos personajes que están llenos de ataduras psicológicas de las que buscan escapar, pero que no lo consiguen así lleguen hasta los lugares más remotos. Sin embargo, su encuentro en el hotel es lo que abre esa posibilidad esperada.

Tennessee Williams: inseguro, nervioso, atormentado, Huston, por el contrario, apodado el Hemingway del cine, cazador y ex boxeador, es de carácter áspero y sereno, frío y calculador en el momento de encarar sus problemas. De no ser así, la película habría sido todo un fracaso. El elenco de actores estaba compuesto por personalidades explosivas y caprichosas que, además, atraían a una gran masa de periodistas que se encontraban a la espera de cualquier primicia, lo que hizo de la producción una verdadera bomba de tiempo, que habría acabado con los nervios de cualquier director; pero no de los de Huston. Su cabeza fría le permitió cumplir con el rodaje y entregó una de las películas más esperadas de ese año. Y aunque pueda parecer que, como ocurre con Shannon, su primera salida de Estados Unidos respondía al hostil ambiente político de la época, lo que la motivó fue más el sentimiento de desengaño por la putridez de sus instituciones. Este sentimiento lo llevó, finalmente, a cortar los lazos legales que lo ataban a ese país al renunciar a su nacionalidad en 1964, año en que fue estrenada La noche de la iguana.

Resulta tentador especular sobre el posible carácter autobiográfico de la película, o asegurar que Huston escogió la historia por el momento que atravesaba en su vida personal y profesional. Pero su personalidad, opuesta a la de Shannon, obliga a descartar esa posibilidad. Shannon es más parecido a

“Para encontrar esta cualidad en edificios y ciudades, señala, todo lugar adquiere su carácter de ciertos patrones de acontecimientos que allí ocurren. ”

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El Antejardín es una publicación que recopila periódicamente reflexiones, ilustraciones, fotografías y otras expresiones que buscan mostrarle al lector múltiples puntos de vista cercanos a la disciplina del diseño. En cada número se reúnen pensamientos y opiniones que aportan a la construcción de una mirada ampliada de este quehacer creativo.

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El Antejardín. Fanzine No. 15  

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