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Cristian Donoso Christie

INCร“GNITO CHILE Patagonia & Antรกrtica en kayak

Editorial Kactus


Patagonia Inc贸gnita

Un atajo en la gran frontera


Seno Pulpo Istmo de Ofqui


Archipiélago Guayaneco Lago Témpano


Meseta Caupolicรกn Lago Greve


Fiordo Lamero Seno Barros Luco


Isla Surania Lago Presidente RĂ­os


Seno Almirantazgo Glaciar Marinelli


Canal Beagle Fiordo PĂ­a


Isla Navarino ArchipiĂŠlago Wollaston


Ant谩rtica Inc贸gnita


ArchipiĂŠlago Palmer Costa de Danco


BahĂ­a Charcot / Charcot Bay


Punta Metchnicoff, Isla Brabante, ArchipiĂŠlago Palmer Metchnicoff Point, Brabant Island, Palmer Archipelago


Meseta Herbert Glaciar Bleriot


Uniendo los fragmentos de un famoso naufragio

Piecing together the fragments of a famous shipwreck

Nos preparábamos para nuestro quinto viaje al archipiélago Guayaneco en busca del sitio exacto donde naufragó la fragata británica HMS Wager en 1741, accidente que dio origen a una de las más asombrosas sagas de la historia de la navegación, y que tuvo entre sus sobrevivientes a John Byron, un guardiamarina de diecinueve años que luego sería el comandante de la decimoquinta circunnavegación del planeta, el ocupante inglés de las islas Malvinas, y el abuelo del poeta Lord Byron.

We were getting ready for our fifth trip to the archipelago of Guayaneco, to search for the exact site where the British frigate HMS Wager shipwrecked in 1741, misfortune that gave birth to one of the most astonishing sagas in the history of navigation, and that between its survivors was John Byron, a 19-year-old midshipman that would soon become commander of the 15th circumnavigation of the planet, and grandfather of the famous poet, Lord Byron.

En 2006 ya habíamos buceado hasta el último rincón de las rompientes del noroeste de la isla Wager, una de las mayores de ese archipiélago, sin encontrar ni un ínfimo rastro del buque. Aquella prospección submarina terminó dramáticamente con un furioso temporal, que nos arrebató uno de nuestros kayaks con toda su carga, incluyendo nuestro campamento y un valioso detector de metales. Pero nuevos antecedentes pesquisados en archivos de Sevilla, Madrid y Londres, más la conversación con unos ancianos indígenas de Puerto Edén, que nos hablaron sobre dos cañones que habían visto cuando navegaban en canoa por el área del naufragio, hace más de medio siglo, nos impulsaron a continuar con aquella búsqueda en esas desoladas costas de Patagonia occidental.

In 2006 we had already dived down to the last corner of the breakers of the Northeast of Wager Island, one of the largest islands of the archipelago, finding no sign of the ship. This submarine exploration ended dramatically with a furious storm that seized one of our kayaks with everything in it, including our camp and a valuable metal detector. But new clues from files in Seville, Madrid, and London, and a conversation with some indigenous men from Puerto Edén that spoke to us about two cannons that they had seen while they where canoeing in the area of the wreck more than half a century ago, drove us to retake the search on those desolate coasts of West Patagonia.

Desde Santiago de Chile viajamos con Juan Pablo Ortega más de 2500 kilómetros hasta la desembocadura del río Baker, que llega al mar abriéndose paso entre los dos campos de hielos continentales más grandes de Patagonia, sólo superados en tamaño por los de Antártica y Groenlandia. Viajando por una peligrosa carretera de ripio y lodo que serpentea entre montañas brumosas y selváticas, finalmente llegamos al delta del Baker, donde está caleta Tortel, una villa de 400 habitantes, impregnada de las fragancias del ciprés y que cuelga de un peñón donde no hay lugar para calles, sino sólo para pasarelas peatonales. Ahí daríamos comienzo a nuestra travesía. Pero antes tendríamos que pasar algunos días lidiando con la burocracia naval, que no quería autorizarnos a zarpar en nuestros kayaks y a navegar en forma autosuficiente. Salvado este primer escollo, que por momentos parecía un peligro mayor que la peor tormenta, nos lanzamos ansiosos, a todo remo, en busca de las rompientes oceánicas donde sucumbió la fragata Wager. Nuestra ruta hacia el océano era un extenso y angosto pasaje de canales laberínticos, con poderosas corrientes de marea y un marco grandioso de precipicios y cascadas que se hundían en la selva fría. A medio camino nos esperaba el canal Messier, un gran abismo que corre de norte a sur, dividiendo estos archipiélagos en dos secciones con climas bien diversos, siendo notoriamente más hostil hacia el poniente. El mar de agua dulce por el que navegábamos, teñido del turquesa de los dos ríos más caudalosos y disputados de Chile, el Baker y el Pascua, se iba diluyendo conforme nos acercábamos a las aguas salobres y abismales del Messier. El furioso semblante de la entrada norte de este canal, que en otras ocasiones nos había obligado a esperar varios días para cruzarlo, ahora se presentaba sospechosamente apacible. Desconfiados, nos lanzamos sin perder tiempo, delirando a veces con el recuerdo de los cambios repentinos que nos sorprendieron en otros cruces extensos. Tal como temíamos, hacia el final del cruce se levantó un poderoso viento de proa, que nos obligó a dar vigorosas remadas para ganar metro a metro. Dejando atrás el Messier, nos metimos por un pasadizo angosto, la “carrera fina”, como la llamaban los antiguos cazadores de lobos, donde izamos velas y nos fuimos medio surfeando medio volando sobre las olas, a una velocidad impresionante, afirmándonos en el remo y empapados en adrenalina, hasta topar con la decena de islotes fantasmagóricos que anuncian la entrada del canal Fallos, último país de los últimos canoeros del fin del mundo, y nuestra puerta de salida al océano Pacífico. Hacia el final del día quedamos en una playa de arenas blancas justo al frente de la isla Alacrán, donde hace

From Santiago, Chile, we traveled with Juan Pablo Ortega more than 2500 km (1553mi) down to the mouth of the Baker River, which reaches the ocean by opening its path between the two largest continental ice fields in Patagonia, surpassed in size only by those in Antarctica and Greenland. Traveling on a dangerous highway of rubble and mud that serpents its way between wild and hazy mountains, we finally arrived at the Baker’s delta, where Caleta Tortel is located, a village of 400 inhabitants impregnated with the fragrance of cypresses and that hangs from a crag where no room is left for streets, only for pedestrian crossways. That is where our journey would begin. But first, we would have to spend some days dealing with the naval bureaucracy that did not want to authorize us to set sail in our kayaks and to navigate in a self-sufficient manner. Having taken care of this first obstacle, that at times seemed to be more troublesome than the worst storm; we rushed anxiously paddling with all our strength in search of the oceanic breakers where the Wager had succumbed. Our course to the ocean was an extensive and narrow passage of labyrinthine channels with powerful tidal currents and a grand setting of daring precipices full of waterfalls and proud forests attached to the slope. Midway, awaited the Messier channel, a great abyss that runs from north to south, dividing these archipelagos into two sections with very diverse climates, being it noticeably more hostile towards the west. The sea of freshwater where we were navigating, dyed turquoise from the two rivers with the largest average discharge in Chile, the Baker and Pascua, diluted as we approached the brackish and abysmal waters of the Messier. The furious appearance of the north entrance of this channel, that on other occasions had forced us to wait several days to cross it, now presented itself suspiciously kind. Distrustful, we entered without losing any time, raving with the memory of the drastic changes that had surprised us before on other extensive crossings, and with the vertical kilometer that separated us from the sea bed and its mysterious predators. Just as we had feared, towards the end of the crossing rose a powerful front wind, forcing us to paddle vigorously to advance meter by meter. Leaving the Messier behind, we entered a narrow passageway, where we raised our sails and went half surfing half flying over the waves at an impressive speed, holding on to our paddles and soaked in adrenaline, until we struck upon the tens of ghostly islets that announced the entrance to the Fallos channel, last country of the last canoers of the end of the world, and our gate out to the Pacific Ocean. Towards the end of the day, we stayed on a beach


medio siglo encontró la muerte el que sería el último líder de los habitantes ancestrales de estas comarcas, un grupo de nómadas canoeros que fueron considerados por largo tiempo como los humanos más primitivos del planeta.

of white sands just in front of Alacrán Island, where half a century ago died the man who would later become the last leader of the ancestral inhabitants of these regions, a group of canoeist nomads that were for a long time were considered to be the most primitive humans on the planet.

Finalmente salimos al Pacífico por una angostura entre dos islas, surcando al instante olas largas y montañosas, muy intimidantes, que nos ocultaban el horizonte cuando nos sumergíamos en sus surcos, y que nos hacían sentir como unos pequeños puntos arrogantes cuando nos encumbrábamos sobre sus lomos. Al atardecer, en el desembarco, una ola nos atrapó con su remolino hasta expulsarnos fuera de sus dominios.

We finally got out to the Pacific past a narrowing between two islands, crossing long and mountainous waves that hid the horizon as we submerged in their grooves. This experience was quite intimidating and made us feel like a pair of arrogant dots as we peaked on their backs. At dawn, as we were disembarking, a wave caught us in its eddy and pushed us out of its domains.

Estábamos sobre el istmo suroeste de la isla Byron. Ahí establecimos un campamento base y nos lanzamos por selvas y turbas a cruzar la isla hasta una playa ubicada en su extremo opuesto, frente a la isla Médora, sitio al que concurrieron por milenios los antiguos canoeros a buscar las piritas que usaban para encender el fuego, percutiéndolas con los cuarzos que abundan en todos los canales de Patagonia. Esta era la mítica isla del fuego, un pequeño peñón severamente acantilado y ubicado en uno de los puntos más extremos y expuestos de los archipiélagos. Frente a Médora, al final de una playa, estaba el lugar de los cañones señalado por los ancianos de Puerto Edén. El relato indicaba que el tiempo los había pegado a unas rocas, de las cuales ya parecían formar parte, y que sólo eran visibles con marea baja. Después de una breve búsqueda, regresamos sin éxito a nuestro campamento. En el camino encontramos una foca leopardo, solitaria, que nos enseñó cuan lejos podía alejarse de su hogar antártico, y cuál excelente dentadura le permitía ocupar el sitial de uno de los más feroces depredadores del mar.

We were over the southeast isthmus of Byron Island. There, we established our base camp and rushed through the jungle and mud to cross the island to its opposite end, in front of Medora Island, site that past canoers had frequently attended for millenniums in search of pyrite to start their fire, as they stroke it against the quartz so abundant in all the channels of Patagonia. This was the mythic island of fire, a tiny crag severely sloped and located in one of the most extreme and exposed zones of the archipelagos. In front of Medora, at the end of the beach, was the place of the cannons where we had been led to by the people of Puerto Edén. The story indicated that time had stuck the cannons to rocks to which they seemed a part of, and that they were only visible during low tide. After a brief search, we returned unsuccessful to our camp. On our way we found a leopard seal, alone, that showed us how far it could swim from its Antarctic home, and what an excellent set of teeth let it occupy the place of one of the most ferocious predators of the sea.

Al día siguiente zarpamos de aquella playa, cortando como una lanza las olas que se sucedían y que nos elevaban sobre sus muros de agua. De regreso al laberinto, nos fuimos a explorar la costa oriental de la isla Byron, en busca de indicios de los antiguos canoeros, los mismos que rescataron al guardiamarina Byron y lo llevaron a la isla de Chiloé, la más austral de las posesiones europeas del siglo XVIII.

On the next day we set sail from that beach, cutting the waves that followed and elevated us over their walls of water, like a knife. Back at the labyrinth, we decided to explore the east coast of Byron Island, in search of clues of past canoers, the same ones that had rescued Byron and had taken him to the island of Chiloé, the southernmost of European possessions of the 18th century.

Hacia la tarde nos topamos con un hallazgo sorprendente. Al costado de la desembocadura de un río, y sobre una playa de lodo, encontramos las ruinas de un corral de piedra, que probablemente había sido construido por la misma etnia rescatista de los náufragos de la Wager. El mismo John Byron nos había dejado algunas pistas sobre el uso que pudieron haber dado a esa construcción al escribir que entre los métodos que emplean (los antiguos canoeros) para coger el pescado, uno consistía en hacer que los perros, convenientemente amaestrados, acorralaran los peces en el rincón de una posa o laguna, de donde los salvajes los sacaban con toda facilidad.

Towards the afternoon, we came across a surprising find. Next to the mouth of a river, on top of a beach of peat, we found the ruins of a stone corral that had probably been built by the same rescuers of the Wager’s castaways. John Byron himself had given us some clues about the use this could have had by writing that one of the methods employed by past canoers to catch fish consisted in having their dogs, conveniently trained, hem in the fish at the corner of a pond or lagoon, where the savages would them remove them with no difficulty.

Desde esa antigua construcción, y quizás tal como lo hizo la antigua tribu patagónica que rescató a Byron, cruzamos al sur de la isla Wager y la costeamos hacia el norte bajo el alero de su selva desbordante, en busca de los restos del casco de un buque de madera encontrado algunos meses antes por la Scientific Exploration Society in Dover. El pecio estaba situado en la cuenca de un pequeño río, a unos 30 metros de la costa, y en él se apreciaban parte de las cuadernas y del forro exterior de un buque de madera. Aunque el posterior análisis de muestras ha concluido que fueron construidos con encino inglés, una especie endémica del norte de Europa, y que datarían del siglo XVIII, para nosotros su identificación con el HMS Wager no resultaba concluyente, en razón de los numerosos naufragios de naves del viejo mundo ocurridos por entonces en esas aguas tormentosas. Nuestro objetivo, por tanto, eran los cañones y el lastre de fierro, prueba irrefutable de la identidad de las ruinas y del sitio exacto donde ocurrió el naufragio. Para encontrarlos nos zambullimos en la costa inmediata al hallazgo inglés, haciendo un minucioso barrido del fondo marino, que concluyó sin éxito después de una larga prospección que nos dejó extenuados y entumidos. Sobre la costa tuvimos mejor suerte, encontrando otras cuadernas, una vieja polea de madera, clavos forjados y una vara de ciprés labrada y enterrada. Dando término a esa búsqueda, pero con el ánimo de retomarla en el futuro, nos fuimos hacia el sur, terminando de circunnavegar la isla Wager y volviendo a nuestro ritmo de navegación de larga distancia, ahora con un objetivo exploratorio muy distinto.

From that ancient construction, and maybe just like the old Patagonian tribe that rescued Byron had done centuries ago, we crossed to the south of Wager Island coasting it to the north under the wing of its overflowing jungle, in search of what remained of the hull of a wooden ship found a few months before by the Scientific Exploration Society in Dover. The fragment was located in the basin of a small river, some 30m (98ft) from the shore, and in it could be appreciated part of the ribs and the skin of a wooden ship. Even though a posterior sample analysis had concluded that they were built with evergreen oak, an endemic species from the north of Europe that dated back to the 18th century, for us its identification as the HMS Wager was not conclusive, given the numerous shipwrecks at that time in those stormy waters. Our goal, therefore, was to find the cannons and the iron ballast, irrefutable proof of the identity of the ruins and the exact site where the shipwreck occurred. To find them, we dived in the coast immediate to the English find, doing a careful sweeping of the seabed that concluded with no success after a long exploration that left us cold and extenuated. We had better luck on the coast, finding other ribs, an old wooden pulley, forged iron nails, and a carved and buried cypress rod. Putting and end to this search, but with the intention of retaking it in the future, we paddled south, finishing the circumnavigation of Wager Island and returning to our rhythm of long distance navigation, now with a very different exploratory objective.


La desaparición de un lago en los dominios del huemul

The disappearance of a lake in the domains of the “huemul”

Desde la violenta costa oceánica de Guayaneco retornamos al lado oriental del canal Messier, navegando sin tregua por ese laberinto de fiordos y canales en dirección al suroeste, con destino a la sede de la mayor colonia de huemules descubierta hasta ahora. El huemul es un ciervo endémico del cono sur de América, declarado en peligro de extinción, y los valles continentales al oriente de estos archipiélagos australes son uno de sus últimos refugios.

From the violent oceanic coast of Guayaneco, we took the East side of the Messier Channel, navigating relentless on that labyrinth in direction to the southwest, with our destination the home of the largest colony of “huemul” (Hippocamelus bisulus) that has been discovered. The “huemul” is a deer endemic to the south cone of South America, declared an endangered species, and the continental valleys to the east of these southern archipelagos are one its last shelters.

Pero esa zona además tenía otra particularidad que nos interesaba. En ella había ocurrido la súbita desaparición de un gran lago algunos meses antes, hecho que había concitado la atención de la prensa mundial. Deseábamos explorar la zona norte de esa cuenca vaciada, que anteriormente sólo había sido observada desde el aire.

But that zone had another characteristic that brought our interest upon it. In it a great lake had suddenly disappeared some months before, drawing the attention of the press worldwide. We wanted to explore the north area of this empty basin that until then had only been observed from the air.

Siguiendo una compleja red de canales acantilados, en los que tuvimos serios problemas para encontrar sitios donde instalar nuestros campamentos, alcanzamos finalmente el sobrecogedor frente del glaciar Bernardo, uno de los 16 que visitaríamos durante la expedición.

Following a complex network of channels, where we had some serious problems setting up our camps, we finally reached the overwhelming front of glacier Bernardo, one of the 16 that we would visit during the expedition.

No terminábamos de alcanzar el fondo del fiordo Bernardo cuando ya divisamos desde los kayaks unos puntos beige que se movían sobre la costa. Al aproximarnos comenzamos a distinguir nítidamente que se trataba de huemules, en gran número.

Before even reaching the bottom the Bernardo fiord we saw some beige dots moving along the coast. As we approached them we began to see clearly that they were “huemul”, and in large numbers. After disembarking and now very close to them, we realized something else. They were not afraid of us. On the contrary, we were able to get almost close enough to touch them. Being in between these beautiful animals, docile and wild, in a setting of snowy mountains colored in red by the last light of dusk, and with the magnificent Bernardo glacier dominating in the background, was a sublime experience. Something about it made us recall Eden, or perhaps the last fragment of a perfect world that seems to be extinguishing irreversibly.

Después de desembarcar y ya muy cerca de ellos pudimos constatar algo más. No nos temían. Por el contrario, pudimos acercarnos hasta una distancia que casi nos permitía tocarlos. Estar entre esos hermosos animales, dóciles y silvestres, en un escenario de montañas de nieves enrojecidas por las últimas luces del atardecer, y con el magnífico glaciar Bernardo dominando en el fondo, fue una experiencia sublime. Algo en ello nos evocaba el Edén, o el último fragmento de un mundo perfecto que parece extinguirse irreversiblemente. Más allá del glaciar estaba el lago desaparecido. Después de una breve inspección del área nos pareció más factible intentar el acceso por otro fiordo, el Témpano, ubicado más al sur. Entonces vinieron dos días de navegación con un furioso vendaval, con nevadas, granizo y una ola corta de proa que hacía muy lento y fatigoso nuestro avance. Al final del segundo día logramos alcanzar el frente del glaciar Témpano, después de una larga navegación nocturna y casi 15 horas de remado continuo. Desde ahí emprendimos una excursión que nos llevó por bosques, pantanos y montañas, donde también había huemules. Hacia el final del camino subimos una morrena y de golpe apareció ante nosotros una inmensa cuenca lacustre vacía, con enormes témpanos esparcidos como naves varadas en seco, que nos dejó perplejos. Ciertamente, otro sitio que parecía irreal, como sacado de otro mundo. Por los acantilados que flanqueaban esa gigantesca tinaja de hielos encontramos una ruta muy expedita que nos condujo hacia la zona norte del lago extinto, un área que nunca antes había sido visitada. En el lugar descubrimos un extenso valle que conectaba con el fiordo Bernardo, constatando así la factibilidad de que las poblaciones de huemules de Témpano y Bernardo formen en realidad una misma colonia. Dejando atrás el lago desaparecido y el fiordo Témpano, seguimos camino al sur por el canal Messier, y ayudándonos con nuestras velas y un poderoso viento norte, que al final se transformaría en un terrible temporal, alcanzamos el pequeño poblado indígena de Puerto Edén, donde viven los descendientes de los últimos canoeros de Patagonia occidental. Ahí nos esperaba Mario Sepúlveda, con quién llevaríamos nuestra expedición a las cumbres de hielo de los Andes patagónicos. En 23 días habíamos recorrido cerca de 700 kilómetros. Pero, como se verá, eso era sólo el comienzo.

Farther away from the glacier was the lake that had disappeared. After a brief inspection of the area we saw that it was easier to access it through another fiord, the Témpano, located more to the south. Then came two days of navigation through a furious gale, with snowfalls, hail, and a short bow wave that made or advancing slow and exhausting. At the end of the second day we made it to the front of the Témpano glacier, after a long nocturnal navigation and 15 hours of nonstop paddling. From there, we began an exploration that took us through forests, swamps, and mountains, where there were also “huemul”. Towards the end of the way, we climbed up a moraine and suddenly stumbled upon an immense empty basin with enormous ice floes spread out like stranded ships. It left us appalled, certainly another site that seemed surreal, like taken from another world. Through the cliffs that flanked that gigantic ice container, we found a very fast route that took us to the north side of the extinct lake, an area never visited before. In that place we found a large valley that connected with the Bernardo fiord, thus stating the possibility of the communities of “huemul” in Témpano and Bernardo forming actually one large community. Leaving behind the lost lake and the Témpano fiord, we went south on the Messier channel, and with the help of our sails and a powerful north wind that would soon turn into a terrible storm, we reached the tiny indigenous village of Puerto Edén, where the descendents of the last canoers of West Patagonia live. There, Mario Sepúlveda was waiting for us. With him we would take on an expedition to the Patagonian ice peaks. In 23 days we had covered more than 600km. But, as you will see, this was just the beginning.


El mundo inexplorado tras un dique de hielo

The unexplored world behind a dike of ice

El lago Greve y su entorno se mantenían como uno de los últimos grandes sectores inexplorados de la América meridional. Contenido en una cuenca amurallada por paredes de granito, bordeado por una selva fría en ocasiones más densa que lo más denso del Amazonas, y con siete lenguas glaciares vertiéndose sobre sus aguas, entre ellas la del glaciar más grande de Sudamérica, el Lago Greve aparecía en la imaginación como un universo inaccesible.

Lake Greve and its surroundings had been kept as one of the last great unexplored areas of South America. Contained in a walled granite basin, bordered by a cool jungle on occasions denser than the densest area in the Amazons, and with seven glacial tongues pouring over its waters, between them the largest glacier in South America, Lake Greve seemed for the imagination an inaccessible universe.

Nuestra expedición perseguía no sólo alcanzar sus aguas vírgenes, sino que cruzarlo entre sus puntos extremos, separados por más de 50 kilómetros, algo que para muchos se planteaba como un desafío imposible a causa de su densa capa de témpanos, que habitualmente forma una banquisa muy consolidada, ya sea por saturación, por congelamiento de las aguas intermedias, o principalmente, por el empuje del viento. A estas dificultades había que agregar la tan renombrada adversidad climática de la región.

Our expedition pursued not only to reach its virgin waters, but to cross it from its opposite sides, separated by more than 50km (31mi), something that many thought would be an impossible challenge due to its dense layer of icebergs that formed a very well consolidated ice field, either for its saturation, freezing of intermediate waters, or mainly, from the drive from the wind. To these difficulties must be added the infamous climatic adversity of the region.

Deseábamos realizar esta travesía de forma absolutamente autosuficiente, sin depósitos previos o el apoyo de una embarcación externa. También se planteaba el objetivo esencial de no intervenir el paisaje, abandonando equipos o dejando otro tipo de rastro.

Our intention was to carry out the traverse in a completely self-sufficient manner, without any previous deposits of food or gear, or the support of an external vessel. The essential objective was not to intervene with the landscape, by not abandoning equipment nor leaving any kind of trace behind.

Así zarpamos de Puerto Edén con Mario Sepúlveda, y después de navegar cerca de 110 kilómetros por el borde del promontorio Exmouth -en cuyo cabo estuvimos detenidos varios días esperando el fin de un temporal-, remontamos nuestro cuarto de tonelada de equipos hasta la Meseta Caupolicán o del Capitán, en Campos de Hielo Sur, una inmensa llanura helada que se elevaba sobre los 1400 metros de altura de la costa donde desembarcamos, en el interior del fiordo Exmouth, y que era la gran barrera que teníamos que superar antes de alcanzar el lago Greve, nuestro principal objetivo exploratorio.

We set sail from Puerto Edén with Mario Sepúlveda, and after navigating near 110km (68mi) on the border of the Exmouth promontory, where we were stuck many days waiting for the end of a storm, we remounted our quarter of a ton of gear up to the Caupolicán or Capitán Plateau, in Campos de Hielo Sur (South Ice Fields), an enormous cold plain that elevated over 1400m (4593ft) of altitude from the coast where we had disembarked, in the interior of the Exmouth fiord, and that was the great barrier that we had to overcome in order to reach lake Greve, our main objective of exploration.

Para remontar la meseta desde el mar tuvimos que atravesar selvas pantanosas, y ayudados de cuerdas y anclajes, izar nuestros kayaks por una escarpada ladera de turbas y paredes escalonadas, siempre bajo el feroz azote de la lluvia o la ventisca.

In order to be able to remount the plateau from the ocean, we had to go across marshy jungles, and help ourselves with ropes and anchorages, lift our kayaks on a very steep slope of peat and staggered walls, always under the ferocious scourge of the rain or the wind.

Una vez en la meseta de hielo avanzamos cerca de 40 kilómetros hacia el norte, por un área no exenta del peligro de grietas ocultas, enfrentando una poderosa cellisca y ventisca del noroeste, y arrastrando los kayaks como pulkas.

One time, on the ice plateau, we advanced nearly 40km (25mi) to the north, on an area not extent of danger and hidden crevices, facing a powerful blizzard from the northeast that dragged our kayaks like sleds.

Nos movíamos por una bruma muy espesa, que se confundía con el blanco de la nieve, y que nos hacía sentir de viaje por un lugar abstracto y homogéneo, sin espacio ni tiempo. Resultaba difícil mantener el rumbo, pero guiados por el GPS pudimos llegar hasta el final de la meseta, donde se levantaba la imponente cadena de montañas que nos separaba del lago Greve, cadena que hasta ese momento se mantenía libre de toda incursión humana. Aquí comenzaba propiamente nuestra exploración.

We moved through a very dense mist, that confused itself with the white snow, and that made us feel we were traveling in an abstract and homogeneous place, where there was no time or space. It was difficult to keep our direction walking inside that ping pong ball, but guided with our GPS we were able to get to the end of the plateau, where rose the imposing chain of mountains that separated us from Lake Greve, chain that until then had kept free of all human incursion. Here is where our exploration began.

Nos internamos en esas montañas hasta un portezuelo, por el que luego descendimos entre las grietas de un glaciar colgante, con una visibilidad que no superaba los 20 metros. Cruzando un filo y realizando la primera ascensión de una montaña innominada, nos descolgamos por una pared de granito cubierta de nieve, de 600 metros de desnivel, muy expuesta a avalanchas.

We entered those mountains to a plateau between two peaks, through which we later descended between the cracks of a hanging glacier, with a visibility of less than 20m (66ft). Crossing a ridge and having made the first ascent of a mountain with no name, we hung down a wall of granite covered in snow, of 600m (1969ft) from the surface, very exposed to avalanches.

En la bajada íbamos construyendo sucesivas terrazas con nuestras palas, donde anclábamos y descolgábamos los kayak. En el último tramo nos alcanzó una noche absolutamente oscura, con nevadas y ventarrones, en la que no lográbamos ver con claridad hacia donde nos dirigíamos, y las operaciones, que no admitían errores, se hicieron especialmente difíciles de ejecutar.

On the descent we successively built terraces with our shovels, where we would secure ourselves and then the kayaks. On the last stretch, an absolutely dark night fell upon us, with snowfalls and very strong winds, in which we were not able to see clearly the direction in which we were heading, and the operations, that did not allow for any mistakes, became particularly difficult to execute.


En la base de la pared quedamos a 500 metros sobre el nivel del Lago Greve, dentro de la selva fría y en el borde de una laguna semicongelada, donde la capa de hielo no era suficientemente gruesa como para caminar, ni tan delgada como para navegar. Cruzar esa laguna de 700 metros de largo por su ribera de grandes rocas y caos de ramas, nos tomó casi 8 horas de intenso trabajo, que incluyeron varias zambullidas involuntarias, nada de agradables.

On the base of the wall we were 500m (1640ft) over Lake Greve, in the cold jungle and on the border of a semi-frozen lagoon, where the ice layer was not thick enough to walk on it, nor thin enough to navigate it. Crossing the bank of that 700m (2296ft) long lagoon with its large rocks and chaos of branches took us almost eight hours of hard work that concluded in various involuntary dives, not at all pleasant.

El último tramo para llegar al lago fue una ladera escalonada con paredes de granito, cubierta de una selva muy compacta, por la que tuvimos que descolgarnos, pasando los kayak entre enormes robles que se aferraban al granito vertical enredando sus raíces unos con otros hasta formar una sólida red comunitaria, que los sostenía a todos en pie.

The last stretch to get to the lake consisted on a staggered slope of granite walls, covered in a very compact jungle, on which we had to hang down, passing the kayaks between gigantic oaks that were attached to the vertical granite tangling their roots with the others forming a solid community network of roots that held them all in place.

Pasando por el costado de uno de los brazos del Glaciar Brüggen, finalmente volvíamos a navegar, pero esta vez hundiendo nuestros remos en aguas absolutamente vírgenes. En un gesto espontáneo de victoria, elevamos nuestros remos hacia el cielo. Éramos los primeros humanos en alcanzar este mundo oculto entre los Andes patagónicos.

Passing on the side of one of the arms of the Brüggen Glacier, we finally went back to navigating, but this time sinking our paddles in completely virgin waters. In a spontaneous gesture of victory, we raised our paddles to the sky. We were the first humans to reach this hidden world in the Patagonian Andes.

Entonces nos pusimos a remar por las gélidas aguas del Greve, lanzándonos a cruzar los 50 kilómetros que nos separaban de las impresionantes cataratas que lo desaguan. La fortuna nos permitió contar con dos días prácticamente sin viento, lo que facilitó mucho la navegación. Sin embargo, en algunas zonas tuvimos que superar sendas banquisas, que nos obligaron a montarnos ocasionalmente sobre los témpanos.

We began paddling on Greve’s icy waters, pushing ourselves to cross the 50 km (31ft) that separated us from the impressive waterfalls that drain it. Luck allowed us to count on two days with practically no wind, which made navigation much easier. Nevertheless, in some zones, we had to overcome the icy path having to occasionally mount the icebergs.

Durante esta navegación contemplamos extasiados los siete glaciares que se vierten sobre este inmenso depósito de hielos de 240 kilómetros cuadrados de extensión, viendo algunos témpanos de tamaños colosales, nada de habituales en Patagonia. También encontramos bosques semisumergidos y una población desconocida de huemules. Todo eso convertía a este mundo inalcanzado en uno de los sitios más bellos que había visitado en mi vida.

During this navigation we contemplated with ecstasy the seven glaciers that empty out over this immense 240km (149mi) squared ice deposit, seeing some colossal icebergs not at all usual of Patagonia. We also found semi-submerged forests and an unknown population of “huemul”. All of which made of this unreached place one of the most beautiful I had ever seen in my life.

Pero el trabajo no terminaba aquí. Por el contrario, adelante nos quedaba aún lo más difícil, que era cruzar el valle Kawashkar hasta el nacimiento del río por el que retornaríamos al mar. Ese cruce nos dejaría muy en claro porqué el Greve se mantenía inexplorado. Lo que vino entonces fue un durísimo porteo por los valles y montañas vecinas, sometidos a una lluvia infatigable, en el que avanzábamos en promedio menos de un kilómetro al día, moviéndonos a través de un denso entramado de vegetación, a veces tan denso que nos cerraba el camino como un muro, y que a menudo nos obligaba caminar a varios metros sobre el suelo, equilibrándonos sobre un caos de troncos tumbados, cubiertos de musgos y helechos que hacían invisibles los hoyos entre ellos.

But the hard work did not end here. On the contrary, we still had the most difficult part ahead, which was to cross the Kawashkar valley up to the birth of the river on which we would return to the ocean. That crossing would leave us very clear why the Greve had been kept unexplored. What came next was an extremely hard portaging through the valleys and neighboring mountains, submitted to a tireless rain, through which we advanced on average less than 1km (0.6mi) each day, moving in between a dense and tangled vegetation, sometimes so dense that it would block our way like a wall, and often made us walk various meters over the ground, trying to stabilize ourselves on a chaos of knocked down logs, covered in moss and ferns that made the holes between them invisible.

También tuvimos que desplazarnos por pantanos y por unas paredes de un granito muy resbaloso, en cuyas bases nos aguardaban unos pozos mortales.

We also had to shift through swamps and on very slippery granite walls, in which’s bases awaited some deadly pools.

Superando esa formidable barrera llegamos a una laguna formada recientemente por el retroceso del Glaciar Guacolda. La laguna era alimentada por las aguas del lago Greve, que llegaban por debajo de este glaciar en forma de río subterráneo. Después de navegar su laberinto de témpanos nos lanzamos hasta el Fiordo Témpano por el Río Kawashkar, siguiendo con cautela sus rápidos incógnitos. Una vez en el mar, el ansiado mar, navegamos por la Angostura Inglesa con viento y marea en contra, para retornar así al pequeño muelle de madera de Puerto Edén donde habíamos zarpado 43 días antes.

Having overcome this formidable barrier, we reached a lagoon that had recently formed by the retreat of the Guacolda Glacier. The lagoon was fed by the waters of Lake Greve that reached here through under this glacier in the shape of an underground river. After sailing its labyrinth of icebergs we rushed to the Témpano Fiord on the Kawashkar River, following carefully its hidden rapids. Once in the ocean, we sailed Angostura Inglesa (English Narrowing) against the wind and tide, to return to the tiny wooden dock in Puerto Edén from where we had set sail 43 days earlier.


Resistiendo en las tinieblas del Golfo de Penas

Withstanding the darkness of the Gulf of Penas

Cupquelán era el nombre indígena del fiordo donde nos encontrábamos, ajustando los últimos detalles para zarpar. Como todos los nombres indios en la toponimia de esta región, nadie sabe qué significan. Los Chonos, habitantes primitivos de estas comarcas, desaparecieron hace más de dos centurias, y con ellos su lengua. Hacía un mes que habíamos terminado nuestra travesía anterior, y ahora regresábamos a Patagonia luego de pasar las fiestas de fin de año junto a nuestros seres amados. Hasta este punto habíamos llegado desde puerto Aysén, embarcados en la lancha de la empresa salmonera más autral de esa región, que nos dejó en el muelle de su base en Cupquelán.

Cupquelán was the native name given to the fiord where we were at, taking care of the last details to set sail. Like all other indigenous names in the toponymy of this region, no one knows what it means. The Chonos, primitive inhabitants of these regions, disappeared more than two centuries ago, and with them also did their tongue. A month had passed since we had finished the second part of the expedition, and now returned to Patagonia after spending the end of the year’s holidays with our loved ones. We arrived here from Puerto Aysén embarking on a boat that left us at the dock of one of the many salmon fisheries of the region.

Desde aquel punto salimos con Juan Pablo Ortega, mi viejo compañero de travesías, con quién había viajado a isla Wager algunos meses antes, y con la intrépida Ana Bartley, una menuda pero poderosa exploradora entrenada en las lejanas tierras de Alaska. Con una alta presión que nos libraba de todas las habituales rigurosidades del clima Patagónico, navegamos veloces hasta la laguna San Rafael, en cuyo margen oriente agoniza el glaciar más próximo a la línea del ecuador que alcanza el nivel del mar.

From Cupquelán we left with Juan Pablo Ortega, mi old expeditionary partner, with whom I had traveled before to Wager Island some months earlier, and with the bold Ana Bartley, a slight but powerful explorer trained in the faraway lands of Alaska. With a high pressure that freed us of the usually grueling Patagonian climate, we paddled to the San Rafael Lagoon, in which’s east margin agonizes the glacier nearest to the Equator that reaches sea level.

Desde la laguna cruzamos por tierra hasta el río Negro, siguiendo una antigua senda indígena, en la que aún es posible apreciar las varas de ciprés puestas en paralelo para arrastrar canoas y botes. Bajando los ríos Negro y San Tadeo hasta su desembocadura de bosques muertos y semisumergidos, y cruzando la gran bahía de San Quintín, llegamos a un istmo de algo más de 100 metros de ancho donde establecimos un campamento base para emprender desde ahí nuestras exploraciones al área norte del Golfo de Penas. Hacia el norte de ese istmo estaban las tranquilas aguas por las que habíamos llegado desde San Rafael, y hacia el sur, bajando una costa acantilada, las violentas y desafiantes rompientes de caleta Sonora, que reventaban como las sucesivas cargas de un ejército. Después de varios intentos, y con nuestras proas penetrando como flechas esos muros de agua, a veces montándolos y ganando nosotros, o a veces zozobrando, aplastados por la rompiente, finalmente alcanzamos los dominios de altamar y el camino a las cavernas que se ocultan en los acantilados de la península Forelius, y que esperaban ser exploradas desde que el arqueólogo francés Joseph Emperaire sugiriera hace más de medio siglo que ahí podían existir rastros de los antiguos canoeros. Saliendo y entrando al mar montados en las rompientes, fuimos escrutando una a una las cavernas de Forelius, sin encontrar ninguna señal de antiguos moradores. Completando esa búsqueda, pusimos proa al sur, hacia la isla Purcell y sus pequeñas islas satélites, que a la distancia se destacaban como un bastión solitario sobre la inmensidad del margen norte del Golfo de Penas. Cruzando el mar oceánico llegamos a su costa flanqueada por un hervidero de rompientes espumosas y corrientes arremolinadas. Metiéndonos entre el islote Redondo y Purcell, pasamos por debajo de la colonia de cormoranes imperiales más grande que hayamos visto nunca, reunida sobre unos abismos inabordables. Más adelante, después de una lobería, apareció la isla Surania, la más austral de este grupo, al tiempo que varios pingüinos pasaron dando saltos junto a nosotros, en dirección a un promontorio rocoso que en seguida abordamos, montados como jinetes sobre una ola, y desembarcando rápido antes de que una segunda ola nos tragara de vuelta. Ya en lo alto del promontorio, mientras porteábamos los kayak a lugar seguro, vimos como un grupo de pingüinos desaparecía atemorizado en la espesura del bosque de Surania. Con la cabeza gacha, y con un habilidad notable, se perdían veloces entre los troncos y ramas. Premunidos de videograbadora y máquina de fotos, nos metimos sigilosos en ese bosque misterioso. Avanzando con dificultad entre la maraña de troncos musgosos, de golpe nos encontramos con las miradas curiosas de unos pingüinos que apenas asomaban sus cabezas desde unas pequeñas cuevas cavadas entre las raíces. La escena parecía sacada de algún cuento de duendes y bosques encantados. Nos movíamos despacio. No queríamos perturbarlos. Al poco tiempo se acostumbraron a nosotros y entonces pudimos filmarlos y fotografiarlos muy de cerca. Más adentro en el bosque fueron apareciendo otros ejemplares, agrupados en mayor número. Nuestra fascinación y deseos de continuar explorando aumentaban conforme íbamos penetrando la isla, pero ya se hacía tarde y era imperioso regresar a nuestro campamento en Forelius. La última toma, una última foto, y salimos de regreso a las rocas donde habíamos desembarcado.

From the lagoon, we crossed by land to Río Negro (Black River), following an old native path, in which it is still possible to appreciate cypress logs placed in parallel to drag canoes and boats. Navigating the rivers Negro and San Tadeo down to their mouths of dead semi-submerged forests, and crossing the great bay of San Quintín, we reached an isthmus more than 100m (328ft) wide where we set up our base camp to undertake from there our explorations to the north area of the Gulf of Penas (Gulf of Sorrows). To the north of that isthmus were the calm waters through which we had made it from San Rafael, and to the south, descending a sloped coast, the violent and challenging breakers of Caleta Sonora that broke in like the successive attack of an army. After many attempts, and with our bows penetrating those walls of water like spears, sometimes mounting them and wining the fight ourselves, and sometimes being crushed by the breaker, we finally reached the domains of the open sea and the path to the caves that are hidden in the cliffs of the Forelius peninsula that awaited to be explored ever since the French archeologist, Joseph Emperarire suggested more than half a century ago that traces of the past canoers could possibly be found there. Getting out and entering the sea mounted on the breakers, we examined the caves of Forelius one by one, without finding any sign of past inhabitants. Having completed this search, we set our bows south, to the island of Purcell and its tiny satellite islands that from far away seemed like a solitary fortress over the immensity of the north margin of the Gulf of Penas. Crossing the open sea we arrived to its coast flanked by a swarm of foamy breakers and twister-like currents. Entering the islets of Redondo and Purcell, we went under one of the largest colonies of Imperial Cormorants that we had ever seen, gathered over some inaccessible abysses. Later, passing next to a colony of sea lions, appeared the island of Surania, the southernmost of this group, at the same time that various penguins passed jumping next to us, heading to a rocky headland that we instantly boarded, raising ourselves on it mounted like horsemen over the wave, and quickly disembarking before a second wave swallowed us back. Once at the top of the headland, while we portaged the kayaks to a safe place, we saw how a group of penguins disappeared frightened among the thickness of the Surania forest. With their heads bent down, and with remarkable skill, they quickly got lost between the trunks and branches. Prepared with a film and photo camera, we silently entered into this mysterious forest. Moving with difficulty between a thicket of mossy logs, we suddenly found ourselves with the curious looks of some of the penguins that barely peeped their heads out from their tiny caves carved between the roots. The scene looked like it had been taken out from a story of fairies and enchanted forests. We moved slowly. We didn’t want to disturb them. After not too long they got used to our presence and we were then able to film and photograph them up close. Deeper in the forest we were able to see more individuals grouped in larger numbers. Our fascination and desire to continue exploring increased as we penetrated the island, but it was getting late and it was crucial that we returned to our camp in Forelius. We did one last take and took one last picture and we went back to the rocks to where we had disembarked.


Viaje al centro de los glaciares de mármol

Journey to the center of the marble glaciers

Después de recuperar rápidamente algunos kilos en el cuerpo, al tiempo que cargábamos los kayak con el equipamiento necesario para el siguiente desafío, zarpamos de Puerto Edén hacia los archipiélagos de más al sur, esta vez acompañados por el espeleólogo catalán Roger Rovira.

After quickly recovering some of our lost bodyweight, by the time that we were loading the kayaks with the necessary gear for the next challenge, we set

sail from Puerto Edén, heading to the southern archipelagos, this time with the company of the Catalonian Speleologist Roger Rovira.

Luego de nuestra incursión en Guayaneco, que ahora nos parecía tan lejana, nuevamente alcanzaríamos la costa oceánica, pero esta vez sería en uno de los sitios más tempestuosos del planeta, la costa occidental de la isla Madre de Dios, ubicada sobre los 50° de latitud sur, conocido como “los 50 aullantes” en la jerga marina, por los poderosos vientos que suelen presentarse en el área, a menudo sobre los 90 nudos.

After our incursion in Guayaneco, that now seemed so distant, we would again reach the oceanic coast, only now we would go to one of the most stormy places in the planet, the west coast of the island of Madre de Dios, located over the 50˚ latitude south, known as the “wailing 50s” in nautical slang, for the powerful winds that show up in the area, often over 90 knots.

Nuestro primer objetivo consistía en alcanzar la boca de entrada del seno Barros Luco, que desde el interior de la isla Madre de Dios se abre precisamente hacia el océano. Sabíamos que no sería fácil. Un par de años antes el Centre-Terre había hecho siete intentos fallidos por ingresar a ese seno desde el océano, usando grandes botes neumáticos con poderosos motores fuera de borda.

Our first goal was to reach the mouth of the entrance of the Barros Luco fiord, which opens from the inside of the island of Madre de Dios to the ocean. We knew this would be no easy task. A couple of years before, the Centre-Terre had made seven unsuccessful attempts to enter that fiord from the ocean, using large pneumatic boats with powerful outboard motors.

Nuestra estrategia sería alcanzar aquel seno siguiendo una ruta distinta, que conjeturábamos podía ser la misma que usaban los antiguos canoeros para acceder a esa peligrosa costa oceánica. El acceso de los indígenas a esa costa había sido probado por aquellos expedicionarios franceses cuando descubrieron una caverna con pinturas rupestres en un cabo de Madre de Dios que mira al Pacífico, dejando abierta la interrogante de cómo pudo alcanzarse semejante sitio en una embarcación tan frágil como la canoa kawashkar.

Our strategy would be to reach that fiord following a different route, which we guessed might have been the same that was used by past canoers to access that dangerous oceanic coast. The access of the canoers to that coast had been tested by a French expedition when they discovered a cave with stony paintings in a cape of Madre de Dios that looks to the Pacific, leaving the question open as to how could that site have been reached by such a fragile water-craft as the kawashkar canoe.

Junto a este objetivo también nos proponíamos remontar el karst ubicado inmediatamente al norte del seno Barros Luco, en un área que nunca antes había recibido la incursión de expedición alguna. Esperábamos descubrir cavernas, topografiarlas, y pesquisar estalagmitas que sirvieran para apoyar un estudio sobre los climas antiguos de Patagonia.

Along with that objective we also intended to remount the karst located immediately to the north of the Barros Luco fiord, in an area that had never before received the incursion of any expedition. We hoped to discover caves, photograph them, and survey stalagmites to be used to support the study of past climates in Patagonia.

Así, desde Puerto Edén fuimos pasando progresivamente de canales más estrechos y seguros, a otros más abiertos y expuestos. Al final nos esperaba el famoso canal Trinidad, que pensábamos sería nuestra mayor dificultad. Estábamos en lo correcto, pero tendríamos que esperar hasta nuestro retorno para conocer su furia implacable. En la ida no nos presentó mayores dificultades. Fuimos siguiendo la línea de su costa sur, y a la altura del fiordo Lamero, comenzamos a penetrar los dominios del mármol hacia el corazón de Madre de Dios, cruzando un complejo laberinto de fiordos, en ocasiones tan angostos que formaban corrientes de marea imposibles de remontar a remo, lo que nos obligaba a desembarcar y tirar los kayak desde la orilla. Al final de ese pasaje de canales y fiordos estrechísimos encontramos una pequeña cascada. Más allá se ubicaba un lago que no figuraba en las cartas náuticas y topográficas, al haberse interpretado erróneamente por los cartógrafos que se trataba de la continuación del fiordo.

That way, from Puerto Edén we passed progressively from more stretch and secure channels to ones more open and exposed. Towards the end awaited the famous Trinidad Channel, which we thought would be our greatest difficulty. We were right, but we would have to wait until our return to know its implacable fury. At first, it did not present any major challenge. We followed the south coast, and near the Lamero Fiord, we began to penetrate the marble domains to the heart of Madre de Dios, crossing a complex labyrinth of fiords, on occasions so narrow that they formed tidal currents impossible to paddle, which forced us to disembark and drag the kayaks on the shore. At the end of that passage of very stretch channels and fiords we found a small waterfall. Farther was a lake that was not included in the nautical charts or topographies, having been misinterpreted by cartographers as the continuation of the fiord.

Hacia el final del lago, y después de portear los kayak por un trecho de 200 metros, alcanzamos las profundidades del Seno Barros Luco, hecho que venía a confirmar nuestra hipótesis sobre la factibilidad de esa ruta para alcanzar aquella área. Al día siguiente cruzábamos triunfales el formidable pórtico de mármol formado por los picos Abril y Vertical, alcanzando así la costa occidental de Madre de Dios.

Towards the end of the lake, after dragging our kayaks along a 200m stretch, we reached the depths of Barros Luco. This confirmed our hypothesis about the feasibility of using this route to reach that area. On the next day, we crossed victorious the formidable marble portico formed by the peaks April and Vertical, reaching the west coast of Madre de Dios.

Retornando al interior del seno y levantando un campamento base, iniciamos una difícil ascensión hacia lo alto del karst. La selva compacta en las partes bajas y protegidas, y el viento huracanado con lluvia o granizo en las partes altas y abiertas, ponían nuevamente a prueba nuestra fortaleza física y moral. Realizando la primera ascensión de una cumbre al final de un cresta montañosa, bajamos entre turbas y bosques hasta la virginidad cárstica, donde levantamos nuestro campamento alto. Desde aquí dirigiríamos nuestras exploraciones hacia distintas zonas del interior de la isla. Haciendo otros dos viajes al campamento bajo, remontamos todo el equipamiento necesario, como cuerdas, spits y material topográfico. En los días siguientes nuestra

On our return to the inside of the fiord and leaving our base camp, we initiated a difficult ascent to the top of the karst. The compact jungle where it was low and protected, and the strong wind with rain or hail where it was high and open, again put our physical strength and character to the test. Having concreted the first ascent of a peak, we descended through peat and forests down to the karstic virginity, where we set up our high camp. From here, we directed all our explorations to different areas inland. On two trips to the low camp, we carried all the necessary gear, like ropes, spits, and topographic material. During the next days, our intense exploration began to show results. First it was a sump that got lost in a chaos of blocks into the depths of a


intensa exploración comenzó a arrojar resultados. Primero fue un sumidero que se perdía en un caos de bloques hacia las profundidades de una enorme bóveda. Luego vino una magnífica depresión en forma de embudo, una sima o caverna vertical con una gran cascada que descendimos con cuerdas, pero que no pudimos explorar en su totalidad por no contar con material suficiente. De regreso a nuestro campamento alto nos topamos con un coipo, que seguimos hasta su madriguera, sin lograr fotografiarlo. El camino era un bosque compactísimo, lleno de pozos de mármol ocultos por la vegetación. Las piedras que arrojábamos en ellos parecían no encontrar fin. Las paredes y precipicios aparecían súbitamente, porque los enormes robles nos ocultaban el horizonte, permitiéndonos ver sólo algunos metros delante de nosotros. Ya estábamos próximos a regresar al mar, satisfechos con nuestros hallazgos, cuando casualmente observamos un pequeño riachuelo que pasaba cerca de nuestra tienda y que desaparecía en una caverna oculta por la vegetación y distante a no más de 50 metros de nuestro campamento. Muchas veces habíamos pasado por su lado sin advertirla. Al descubrirla nos pareció algo irrelevante, porque se trataba de una entrada pequeña como otras que habíamos visto antes, y que acababan a poco avanzar hacia adentro. En efecto, avanzamos algunos metros hacia su interior, hasta un punto donde parecía acabar. La curiosidad nos llevó a rebuscar en el fondo, descubriendo una grieta por la que casi era imposible avanzar, a causa de su estrechez. Pero como no distinguíamos claramente su fondo, nos introdujimos reptando, con la cabeza mirando hacia el lado, ya que era imposible ponerla de frente porque no cabía. Hacia el final de la grieta apareció un pozo, igualmente estrecho. Bajándolo con alguna dificultad, dimos con una galería por la que sólo se podía avanzar gateando. Pero para nuestra sorpresa, conforme íbamos metiéndonos en ella, sus dimensiones crecían, al punto de alcanzar un tamaño del orden de los 20 metros de altura por 20 de ancho. Finalmente nos internamos más de 700 metros tierra adentro. La caverna finalizaba en un sifón, siendo una de las más extensas descubiertas en la Patagonia. En ella además encontramos varias estalagmitas, una de ellas especialmente idónea para la reconstrucción de la historia climática de la región, por su tamaño y regularidad en su formación. Este formidable hallazgo nos obligó a retrasar nuestra salida de Madre de Dios. Deseábamos topografiar a lo menos su galería principal. Y así lo hicimos. Nuestra retirada fue una verdadera evacuación, porque vino a presentarse un terrible temporal, que complicó seriamente nuestra navegación por el seno Barros Luco, expuesto a un oleaje oceánico muy vertical, sobre el que teníamos que surfear. Luego vino un momento especialmente difícil, cuando cruzábamos el canal Trinidad. Hallándonos en la mitad del cruce fuimos sorprendidos por violentos chubascos del oeste, que nos obligaron a luchar tenazmente con un mar de reventazones. En los días siguientes nos vimos obligados a remar extensas jornadas hasta el límite de nuestras fuerzas, porque se levantó un viento norte que no nos daba tregua. Adheridos a la costa acantilada, intentábamos servirnos de la menor saliente, cabo o roca para protegernos en algo de las rachas de viento que nos frenaban, o peor aún, que nos arrastraban hacia atrás si aflojábamos la potencia en nuestras remadas. En una ocasión nos fue imposible superar un cabo en el Paso del Abismo, donde el viento se encajonaba y aceleraba de manera que era imposible avanzar un metro siquiera, aún cuando aplicáramos nuestras mayores energías. Eso nos obligó a detener nuestra navegación hasta el día siguiente. Así, después de seis días de haber dejado el seno Barros Luco, alcanzamos por fin la villa de Puerto Edén. Llevábamos más de tres meses de travesía ininterrumpidos y más de 1700 kilómetros recorridos. Ahora vendría un mes de descanso, para arremeter con la última etapa de la expedición, en la que acontecerían varios de los descubrimientos más asombrosos.

giant dome; then, a magnificent depression in the shape of a funnel, a chasm or vertical cavern with a great waterfall which we descended with our ropes, but couldn’t explore it entirely due to the fact that we did not have the necessary equipment. Back at our camp we bumped into a “coipo” (Myocastor coypus, a rodent with similar looks to that of a beaver), which we followed to its burrow but could not photograph. The path was a very dense forest, full of marble wells hidden by the vegetation. The stones that we threw in them seemed to never reach an end. The walls and precipices appeared suddenly, and the gigantic oaks hid the horizon from us allowing us to see only a few meters ahead. We were now very close to returning to the sea, satisfied with our findings, when we incidentally saw a small stream that passed near our tent and disappear between the vegetation at a distance of no more than 50m from our camp. Many times we had gone right by it without having noticing it. At first, we saw it as something irrelevant because it came down to a small entrance, like others that we had seen before, that ended a few steps to the inside. In fact, we proceeded a few meters to its interior, to a point where it seemed to end. Our curiosity led us to look again in the bottom, finding a crack through which it was almost impossible to pass, due to its narrowness. But since we could not distinguish its bottom clearly, we introduced ourselves by creeping with our heads looking to the side, since it was impossible to face to the front because they did not fit. Descending with some difficulty we got to a gallery in which we could only advance by crawling. To our surprise, as we got further inside, the cavern grew larger to the point of reaching 20m (66ft) of height and 20m (66ft) wide. We finally went 700m (2296ft) inbound. The cavern ended in a siphon, being one of the most extensive ever to be discovered in Patagonia. In it we also found stalagmites, one of them ideal for the reconstruction of the climatic history of the region, due to its size and regularity of formation. This formidable find forced us to delay our departure from Madre de Dios. We wished to topograph at least its main gallery, and we did. Our departure was a true evacuation. A terrible storm came in and seriously complicated our navigation on the Barros Luco fiord, exposed to very vertical waves which we had to surf. Then came a particularly difficult moment, as we crossed the Trinidad Channel; finding ourselves in the middle of the crossing we were surprised by a violent rainstorm that came from the west and forced us to battle with all our strength with a bursting ocean. During the following days we were forced to paddle for long hours to the limit of our strength, due of a relentless north wind. Adhered to the sloped coast, we tried to use any ledge, cape or rock to protect ourselves from the gusts of wind that stopped us, or worse, dragged us back if we loosened our rhythm. On one occasion it became impossible to overcome a cape at Paso del Abismo (Pass of the Abyss), where the wind closed in and accelerated in such a way that it was impossible to move forward a meter, even if we used all our strength; that made us stop our navigation until the following day. That way, after six days from leaving the Barros Luco fiord, we finally reached the village of Puerto Edén. I had spent more than three months on an uninterrupted journey and had covered more than 1700km. I would now rest for a month, to then finish the last stage of the expedition, where many of the most astonishing discoveries would befall.


Si antes había sido casi una hazaña recalar, ahora un aumento en la violencia de la rompiente y la formación de un terrible hoyo durante la resaca, hacían totalmente imposible nuestro retorno al mar por ese mismo lugar. Entonces tuvimos que tomar los kayak y portearlos a través de la isla hasta la costa opuesta, algo más protegida. Lanzándonos al mar acostados sobre las cubiertas, tal como lo haría un surfista, nos separamos a nado del acantilado y la rompiente, tan rápido como fue posible, y desde ahí nos pusimos a remar a toda máquina hacia la península Forelius. La llegada intempestiva de un poderoso viento de sotavento, que nos apartaba de la costa hacia la que navegábamos, sumado al porteo en Surania, trajo como consecuencia que nos retrasáramos y no alcanzáramos a contar con luz suficiente para desembarcar con seguridad entre los peligrosos escollos, rompientes y acantilados de la costa donde estaba nuestro campamento base. Mientras intentábamos distinguir alguna salida, la oscuridad se hizo total.

If setting sail had been a challenge before, now an increase in the violence of the breaker and the formation of a terrible hole during the backwash, made our return to the sea on that same place absolutely impossible. We had to take our kayaks and portage them on the island to the opposite coast, somewhat more protected. Throwing ourselves to the sea lying on top of our decks like a surfer would, we left the bluff swimming away from it and the breaker, as quickly as possible, and from there we paddled with all our strength back to Forelius Peninsula. The untimely arrival of a powerful leeward wind that threw us away from the coast to which we were headed, added to the portaging in Surania, brought upon as a consequence our delay and not being able to count on enough light to disembark safely between the dangerous rocks, breakers and cliffs of the coast where our base camp was. While we tried to find a way out, darkness fell upon us.

Evaluando los peligros de distintas estrategias para alcanzar la costa a oscuras, finalmente decidimos permanecer en el mar hasta el amanecer. Uniendo los kayak con un mosquetón, y con los antebrazos apoyados con firmeza sobre los remos cruzados sobre las cubiertas, dimos forma a una estructura bastante rígida, una especie de catamarán que nos mantenía en segura flotación sobre un mar de olas entrecruzadas, con una ola pequeña y vertical que venía del norte, y otra muy larga, de entre 5 y 10 metros de altura, que era un mar de fondo que venía del lejano oeste.

Evaluating the dangers of different strategies to reach the coast in the dark, we finally decided to remain in the sea until dawn. Putting our kayaks together with a carabiner and with our forearms leaned firmly on the paddles crossed over the decks, we gave form to a quite rigid structure, a species of catamaran that kept us under sure flotation over an ocean of intercrossed waves with a small vertical wave that came from the north, and another very long, between five (16) and 10m (32ft) high, that came from the west.

Para combatir el frío, así mojados he inmóviles como estábamos, nos envolvimos con el techo de nuestra carpa. Como el viento nos apartaba de la costa, para conservar nuestra posición y nos ser arrastrados al océano, cada cierto rato debíamos separar los kayak y navegar hacia el norte.

To fight the cold, wet and immobile as we were, we rapped ourselves with the roof of our tent. Since the wind blew us away from the coast, to keep our position and not be dragged into the ocean every now and then we had to separate the kayaks and paddle north.

Al no poder distinguirnos más allá de 5 metros, debíamos ir tocando nuestros silbatos para mantenernos unidos, remando muy cerca uno tras del otro. Mientras navegábamos así era necesario mantener la estabilidad a ciegas, porque no teníamos la posibilidad de ver las olas que nos embestían, en ocasiones muy verticales, lo que puso a prueba toda nuestra habilidad marinera. Para orientarnos mirábamos el perfil de las montañas más altas de Forelius, pero de reojo, porque de lo contrario quedaban en el área ciega de nuestras retinas, volviéndose invisibles. Por increíble que parezca, no faltaron los momentos en que nos quedamos dormidos. Así, mientras los sueños se confundían con la realidad, comenzó a disiparse la penumbra y esa larga noche empezó a llegar a su fin. Entonces pudimos ponderar en toda su magnitud la inmensa marejada sobre la que estábamos, la más grande que hallamos navegado nunca, y que reventaba con una furia implacable sobre la playa de caleta Sonora, cerca del campamento donde Ana todavía dormía placidamente. Metiéndonos detrás de un islote que cortaba el oleaje, superando un poderoso remolino que se formaba tras de él, y surfeando sobre la ola remanente, finalmente pusimos pie en tierra, extenuados, pero ilesos y con todo el equipo indemne. Unas horas mas tarde yacíamos tibios y secos en nuestros confortables sacos de dormir, de los que no saldríamos hasta el día siguiente.

Not being able to see further than 5m (16ft), we kept blowing our whistles to remain near, paddling very closely one behind the other. As we navigated this way it was necessary to keep our stability blindly, since we did not have the possibility to see the waves that attacked us, on occasions very vertical, and put to test all our seaman skills. For orientation we would look at the profile of the highest mountains of Forelius, but only a glance, otherwise they would stay at the blind spot of our retinas, becoming invisible. As unbelievable as this may seem, there were moments in which we fell asleep. Confusing dreams with reality, darkness began to dissipate and that long night began to reach its end. Only then were we able to ponder upon the magnitude of the immense waves that we were riding, the largest that we had ever navigated, and that burst with an implacable fury on the beach of Caleta Sonora, near the camp where Ana was still placidly sleeping. Getting behind an islet that cut the waves, overcoming a powerful twister that formed behind it, and surfing over the remaining wave, we finally set foot on land, extenuated, but unharmed and with all of our gear unscathed. A few hours later, we were lying down warm and dry in our comfortable sleeping bags, from which we would not come out until the next day.

Incógnito Chile  

Patagonia y Antártica en kayak. Expediciones de Cristian Donoso entre los años 2007 y 2011

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