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Melamed – Merkaz LaMejanej HaDatí

Educación Una definición etimológica de la palabra “educación”, indica su origen en el verbo latino “e-ducere”, que significa sacar afuera desde el interior. También hay quienes aseguran su origen en el verbo “e-ducare”, que implica cuidar, nutrir, instruir. En realidad, estas dos definiciones se complementan entre sí: el verbo e-ducere, implica despertar virtudes interiors (potenciales) del ser humano para llevarlas a su plenitud. El verbo e-ducare, subraya los estímulos, ayudas y complementos externos para lograr ese desarrollo. La educación tiene dos niveles fundamentales: el trabajo y la ayuda del educador, la “heteroeducación” y el esfuerzo del propio educando, la “autoeducación”. Una educación es exitosa, cuando logra conjugar estos dos niveles en bien del educando. Un proceso educativo es exitoso cuando logra generar un cambio, un proceso positivo que se desarrolla en el propio ser humano para potenciarlo, no para destruirlo, ni desnaturalizarlo o anularlo. La educación es una tarea esencialmente personal, que está hecha por personas, dirigida a personas. Es por ello que todo proceso educativo debe basarse en una concepción integral del hombre. La educación parte del ser humano que es imperfecto, pero que es perfectible y pretende desarrollar sus mejores capacidades. Durante su vida, el ser humano tiene muchas oportunidades de superarse, de perfeccionarse… por lo tanto la educación permanente es un ideal contemporáneo. A diferencia de los procesos biológicos, el proceso educativo debe ser dirigido intencionalmente, es decir, ser conocido y aceptado tanto por el educador como por el educando. El niño crece espontáneamente, pero tiene que aprender en forma adquirida por la gestión de sus padres, educadores o por su propia voluntad de descubrir el mundo.

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Se puden definir cuatro etapas secuenciales en el planeamiento del trabajo educativo: 1) Reconocimiento: conocer al educando (saber quién es y lo que es). 2) Fijar objetivos: en base al reconocimiento, definir los resultados esperados al final del proceso (lo que debe ser y lo que puede llegar a ser). 3) Definir los medios: estrategia global, pasos y técnicas operativas a implementarse durante el proceso educativo. 4) Evaluaciones: de los educadores y educandos, durante y después del proceso educativo.

Estudiar y enseñar El pueblo judío es conocido como el “pueblo del Libro”. Este título le fue conferido por haber ofrecido a la humanidad el Libro de los Libros (la Biblia), pero también por su apego al estudio. “Estudiar y enseñar” son valores básicos del judaísmo como forma de vida particular, comunitaria y nacional, a lo largo de toda su historia. Uno de los preceptos de la religión judía, le exige al individuo que dedique durante cada día de su vida un tiempo específico al estudio de las fuentes tradicionales. Asimismo, el estudio no debe ser un objetivo en sí mismo o un mero ejercicio intelectual, sino una etapa anterior y necesaria para la aplicación concreta de conductas y acciones en la vida cotidiana. El Talmud en el Tratado de Shabat, cita una discusión entre los sabios respecto a la pregunta: ¿Qué es más importante, el estudio o la acción, el comportamiento? La conclusión del debate talmúdico es: “Grande es el estudio que conduce a la acción”. Es interesante destacar que la única vez que figura en la Torá en forma explícita una palabra con raíz etimológica relacionada con el término “Jinuj” (educación), es justamente en uno de los relatos sobre Abraham, el primer patriarca.

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Está escrito en el libro de Bereshit que cuando Abraham se preparó para salir a luchar contra los cinco reyes que habían tomado prisionero a su sobrino Lot, “Vaiarek et janijav” o sea “alistó a sus discípulos (educandos)” (Génesis 14,14). Abraham era por sobre todas las cosas un educador (“Mejanej”). Está escrito en el versículo de Bereshit 12,5 que describe la partida de Abraham y sus seguidores desde Harán rumbo a la tierra de Canáan: “Tomó Abram a Sarai su mujer y a Lot -hijo de su hermano- y todos sus bienes que adquirieron, y las almas que hicieron en Harán para dirigirse a la tierra de Canáan y llegaron a la tierra de Canáan.” El Midrash explica el texto “Las almas que hicieron en Canáan” de la siguiente manera: Abram enseñaba personalmente a los hombres las bases del monoteísmo y los convertía al judaísmo y Sarai hacía lo mismo con las mujeres. Posteriormente encontramos en el relato bíblico el mayor desafío educativo y de continuidad ideológica: el acto conocido como “Akedat Itzjak” (el sacrificio de Itzjak), cuando el padre Abraham caminaba junto a su único hijo Itzjak rumbo a lo que iba a ser el supremo acto de acatar la voluntad de D’s por parte de Abraham. Es importante analizar el texto y subrayar la actitud del padre y del hijo que frente a esta situación límite, demostraron una extrordinaria rectitud intelectual y firmeza de espíritu. El texto dice: “...y fueron los dos juntos” (Abraham e Itzjak) aún después que Itzjak comprendiera que iba a ser sacrificado por su padre, de acuerdo a la exigencia divina. La transmisión de valores de padre a hijo, la educación familiar, aprobaron con éxito la mayor de las pruebas a las que fueron sometidos los patriarcas del pueblo judío. No es casual que en hebreo, la inauguración de una nueva casa se denomina “Janucat Habait”. Así vemos que la festividad que conmemora la reinauguración del Templo de Jerusalem (Bet Hamikdash) se denomina Janucá, cuya raíz etimológica es la palabra “Jinuj” - educación. Ya que la esencia de la casa judía a través de todas las generaciones, es la educación. El secreto de la supervivencia del pueblo de Israel, se encuentra en cada uno de los hogares judíos, con el cumplimiento del precepto de estudiar y educar a los hijos en el marco de la tradición y cultura milenarias.

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Asimismo, muchas leyes y costumbres de las festividades están orientadas a asegurar la transmisión de valores tradicionales de una generación a su sucesora. El caso más significativo, es el tradicional “Seder de Pesaj” cuyo orden responde al objetivo central de estimular la curiosidad de los jóvenes para que pregunten a los mayores y así sus padres les contesten sobre el proceso de la salida de los judíos de la esclavitud en Egipto. El concepto judío del estudio incluye la enseñanza, o sea la transmisión de los conocimientos hacia el semejante. Esta idea tiene un importante mensaje educativo y moral: al estudiar la persona se enriquece y es por ello que debe compartir esta riqueza con su prójimo. Un precepto muy especial, es la obligación de los padres de educar a sus hijos y enseñarles personalmente textos, leyes y tradiciones judías. Esta obligación es continua y rige para todo judío, en cualquier parte del mundo y en toda época. Nuestra obligación como educadores es convertir a Am Israel en Beit Israel, al pueblo de Israel en la Casa de Israel, un hogar donde cada judío se encuentre a gusto y a salvo entre sus hermanos.

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