Issuu on Google+


¿Cuál es.... El día más bello? Hoy. La cosa más fácil? Equivocarse. El obstáculo más grande? El miedo. El error mayor? Abandonarse. La raíz de todos los males? El egoísmo. La distracción más bella? El trabajo. La peor derrota? El desaliento. Los mejores profesores? Los niños. La primera necesidad? Comunicarse. Lo que más hace feliz? Ser útil a los demás. El misterio más grande? La muerte. El peor defecto? El mal humor. La persona más peligrosa? La mentirosa. El sentimiento más ruin? El rencor. El regalo más bello? El perdón. Lo más imprescindible? El hogar. La ruta más rápida? El camino correcto. La sensación más grata? La paz interior. El resguardo más eficaz? La sonrisa. El mejor remedio? El optimismo. La mayor satisfacción? El deber cumplido. La fuerza más potente del mundo? La fe. Las personas más necesarias? Los padres. La cosa más bella de todas? El amor.

Madre Teresa de Calcuta


"DECÁLOGO PARA CRECER EN EN PAZ"

1. Eres alguien muy importante, quiérete. 2. Valora a tus amigos. amigos. Les darás seguridad. seguridad. 3. Si tratas bien a los demás tendrás más amigos. 4. Respeta las opiniones; así contribuirás al diálogo.

5. Aprende a escuchar, comprenderás mejor a los demás. 6. Esfuérzate por terminar bien tus tareas. Disfrutarás con el resultado. 7. Cumple con tus responsabilidades, te sentirás satisfecho. 8. Trabaja en grupo. Nadie sabe más que todos juntos.

9. Ser generoso con los demás te hará más feliz.

10. Si pones Paz dentro de ti, tu alrededor irá cambiando. ¡¡¡¡ LA PAZ EMPIEZA CON CON UNA SONRISA!!!


MANIFIESTO POR UNA CULTURA DE PAZ Y NOVIOLENCIA RESPETAR TODAS LAS VIDAS Respetar la vida y la dignidad de cada persona, sin discriminación ni prejuicios. RECHAZAR LA VIOLENCIA Practicar la no-violencia activa, rechazando la violencia en todas sus formas: física, sexual, psicológica, económica y social, en particular hacia los más débiles y vulnerables, como los niños y adolescentes. LIBERAR MI GENEROSIDAD Compartir mi tiempo y mis recursos materiales cultivando la generosidad a fin de terminar con la exclusión, la injusticia y la opresión política y económica. ESCUCHAR PARA COMPRENDER Defender la libertad de expresión y la diversidad cultural privilegiando siempre la escucha y el diálogo, sin ceder al fanatismo, ni a la maledicencia y el rechazo del prójimo. PRESERVAR EL PLANETA Promover un consumo responsable y un modo de desarrollo que tenga en cuenta la importancia de todas las formas de vida y el equilibrio de todos los recursos naturales del planeta. REINVENTAR LA SOLIDARIDAD Contribuir al desarrollo, de mi comunidad, propiciando la plena participación de las mujeres y el respeto de los principios democráticos, con el fin de crear juntos nuevas formas de solidaridad.


LA CUCARACHA PEGONA: Una cucaracha del cucarachar con un saltamontes quería pelear. Yo no quiero guerra, Sólo quiero paz. Mas la cucaracha Le empezó a pegar. • •

• •

Qué me dejes, digo! Me voy a enfadar! Eres un cobarde. No vales “pa ná” Yo cobarde dices? Ahora lo verás.

Le dio un puñetazo Y un ojo le hinchó. • •

Ay, la cucaracha! Ay, cómo lloró!

Una moraleja Tú debes sacar: que hay que ser amigos y nunca pegar.


EL ROCK DE LA PAZ ¿No sabes qué ha pasado? Yo te lo diré: ¡que la PAZ por el mundo va vamos a extender. Con el rock, rock, rock de la PAZ Con el rock, rock, rock de la AMISTAD Con el rock, rock, rock de la PAZ ¡Vamos todos a bailar! aunque sea sólo hoy vamos a olvidar que la guerra existe y que sólo ¡hay PAZ! Olvidemos las fronteras y los tonos de la piel y gritemos todos juntos ¡Que sin guerra estamos bien!


Un mundo nuevo Un mundo nuevo queremos soñar en el que las armas dejen de matar donde las gentes convivan en paz y los niños jueguen con felicidad. Con un mundo en paz hoy queremos soñar y que ese sueño se haga realidad. Coge mi mano con fuerza y verás que nada hay tan bello como la amistad. Todos unidos podemos lograr que a nuestro planeta vuelva la bondad. Con un mundo en paz hoy queremos soñar y que ese sueño se haga realidad. En este día vamos a cantar para que el colegio se llene de paz.


Y un día empezó la paz

Los fusiles se negaron a disparar. Los tanques no quisieron moverse. Los aviones dijeron que no deseaban transportar más bombas. - Estamos hartos de matar hombres. - Estamos cansados de las guerras. Y de pronto el ruido de las balas y de las bombas cesó y se pudo oír el trino de los pájaros y las voces de los niños. Los campos de batalla se convirtieron en enormes parques infantiles. Los tanques pintados de mil colores diferentes se transformaron en toboganes y de los grandes cañones colgaban columpios. Los aviones fueron escuelas, bibliotecas, cines… A los fusiles, de no usarlos, les nacieron hermosas rosas en sus cañones; los cascos sirvieron para tiestos que adornaban todos los balcones.


Y los hombres tacharon de los libros y diccionarios las palabras guerra, enemigo, odio… En las escuelas se enseñaba que siempre se escribe con mayúsculas

PAZ, AMIGO, AMOR…


LAS LÁGRIMAS DEL DRAGÓN Lejos, muy lejos, en la profunda caverna de un país extraño, vivía un dragón cuyos ojos centelleaban como tizones ardientes. Las gentes del entorno estaban asustadas y todos esperaban que alguien fuera capaz de matarlo. Las madres temblaban cuando oían hablar de él, y los niños lloraban en silencio por miedo a que el dragón les oyese. Pero había un niño que no tenía miedo: - Taró, ¿a quién debo invitar a la fiesta de tu cumpleaños? - Mamá, quiero que invites al dragón. - ¿Bromeas?, - dijo la madre. - No, quiero que invites al dragón, - repitió el niño. La madre movió la cabeza desolada. ¡Qué ideas tan extrañas tenía su niño! ¡No era posible! Pero el día de su cumpleaños, Taró desapareció de casa. Caminó por los montes, atravesando torrentes y bosques, hasta que llegó a la montaña donde vivía el dragón. - ¡Señor dragón! ¡Señor dragón!, -gritó con voz vibrante. - ¿Qué pasa? ¿Quién me llama?, - pensó el dragón, sacando la cabeza fuera de su enorme caverna. - Hoy es mi cumpleaños y mi madre preparará un montón de dulces, -gritaba el niño-. He venido para invitarte. El dragón no podía creerse lo que oía y miraba al niño gruñendo con voz cavernosa. Pero Taró no tenía miedo y continuaba gritando: - ¡Señor dragón! ¿Vienes a mi fiesta de cumpleaños? Cuando el dragón entendió que el niño hablaba en serio, se conmovió y empezó a pensar: - Todos me odian y me temen. Nadie me ha invitado nunca a una fiesta de cumpleaños. Nadie me quiere. ¡Qué bueno es este niño!


Y mientras pensaba esto, las lágrimas comenzaron a descolgarse de sus ojos. Primero unas pocas, después tantas y tantas que se convirtieron en un río que descendía por el valle. - Ven, móntate en mi grupa - dijo el dragón sollozando- te llevaré a tu casa. El niño vio salir al dragón de la madriguera. Era un reptil bonito, con sutiles escamas coloradas, sinuoso como una serpiente, pero con patas muy robustas. Taró montó sobre la espalda del feroz animal y el dragón comenzó a nadar en el río de sus lágrimas. Y mientras nadaba, por una extraña magia, el cuerpo del animal cambio de forma y medida y el niño llegó felizmente a su casa, conduciendo una barca con adornos muy bonitos y forma de dragón.

Análisis y comprensión del texto - ¿Cómo vivía la gente? - ¿Por qué creéis que la gente no hacía nada? - ¿Qué hizo Taró? ¿Por qué lo hizo? - ¿Y el dragón? - ¿Cuál fue la magia que convirtió al dragón en una barca? - ¿Creéis que en vuestro entorno se dan situaciones parecidas a la que narra la fábula? Si es así ¿quién es el dragón? ¿qué se podría hacer para convertirlo en barca?


LA PALOMA Y EL TANQUE La paloma iba andando tranquila, entre las margaritas y los montecitos del campo, picoteando granitos de trigo sueltos ... Cuando se le echó encima, como un gigante monstruoso, el tanque, que apareció en un alto y bajo echando chispas hasta la verde llanura. El tanque era negro, feo, muy grande, hacía mucho ruido. La paloma blanca, guapa, pequeña, silenciosa. La paloma sufrió un trastazo y se salvó de milagro. La paloma se asusta, se echó a llorara y se echó a volar. La paloma volaba muy mal, coja de pata y manca de ala, no se podía posar en ningún lugar del mundo. Y seguía volando, volando. No termino de curarme, me voy a caer,- decía la paloma -volaré bajito para que el golpe sea menos fuerte. Por fin en el patio del colegio. ¡Ahí va! ¡Una paloma! - dijeron los niños. •

• • •

Una paloma herida - dijeron las niñas y la cogieron con cuidado. Cómo tiembla! ¡Pobrecita! Tiene sangre en las patas. No, es que son así. En mi pueblo hay palomas de pata roja y cerdos de pata negra. venga, déjate de historias, hay que curarla, rápido.


POL Y PEPA SON AMIGOS Todos los días, al salir del colegio, Pepa sabe que su madre la espera en la puerta del jardín. Corre hacia ella, la abraza y le cuenta todo lo que ha hecho en clase. Pero una tarde, cuando Pepa sale del colegio, corre más rápido que nunca hasta su madre. Tiene algo muy importante que decirle. - ¡Mamá!- dice Pepa muy nerviosa- en mi clase hay niños de color de golosina. - ¿Qué dices?- ríe la mamá. - Sí, de verdad. La seño dice que Pol, mi mejor amigo, tiene la piel de color de bombón de chocolate, y que Lin-Kao, la niña del flequillo, la tiene de color de sorbete de limón. - Bueno- ríe de nuevo la madre. Lo que la seño quiere decir es que hay niños de diferentes razas y países. - Tu me entiendes, ¿verdad, mamá? - Claro- y la madre da un beso a Pepa. - La seño- sigue explicando Pepa- nos ha dicho que haremos una fiesta y nos disfrazaremos como más nos guste. Al día siguiente, Pepa pregunta a Pol cuál será su disfraz. Pol se queda un rato pensando y dice después:


- ¡De robot! Me haré un disfraz de robot con luces y aparatos raros. Los dos amigos se ríen pensando cómo será ese disfraz. - ¿Y tú?- le pregunta Pol a Pepa- ¿De qué te vas a disfrazar? - No te lo digo- se ríe Pepa y pone cara de mala. - Eso no vale- protesta Pol. Y así pasan un tiempo discutiendo. Por fin el día de la fiesta. Los papás van entrando con sus hijos. Marcelo se ha disfrazado de bombero, Evelina de gallina, Mª Elena de muñeca... Pepa está muy salada de mosca, seguro que va a ganar. Hay también un niño que va disfrazado de oso, pero nadie sabe quién es; lleva un disfraz... ¡tan bien hecho!... José Carlos, que es un chinchoso, se ríe de pepa: - ¡Qué mosca tan rara...! Pepa se enfada. - ¡Pues si tú te vieras...!- responde pepa. José Carlos dice: - Y además tu amigo Pol no quiere entrar porque no tiene disfraz. Pepa mira a la puerta y ve a su amigo muy triste, está llorando... Pepa corre hacia él. - ¿Qué té pasa? ¿Es porque no tienes disfraz?. Pol dice que sí con la cabeza. Entonces Pepa se quita su maravilloso disfraz de mosca, se pinta la cara de marrón y se pone el enorme anorak de Pol. Pol se pinta la cara de blanco y se


pone el abriguito rosa de Pepa, que casi no le cabe. Luego salen los dos juntos de la mano. Están rarísimos y muy divertidos. Todos los demás, al verlos, empiezan a aplaudir. La señorita pide silencio: - Cha, tatachan, el primer premio..., una bolsa de globos... para Pol y Pepa, que van disfrazados de pepa y Pol. Plas, plas, plas- aplauden todos. - El segundo premio..., un cesto de caramelos..., para ese niño vestido de oso que come tanto y que no sabemos quien es. El niño se acerca, coge los caramelos y dice: - gron, gron... Luego sale corriendo hacia el bosque. ¡Qué raro! ¡Quién será!.


Los indios sueñan con un arco iris Esta es una gran historia de indios, indios que estuvieron durante miles de años haciendo el indio hasta que descubrieron que la amistad y la hermandad enriquecerían sus misteriosos poblados. Hace mucho, mucho tiempo que en un gran valle vivían dos poblados indios. Cada poblado vivía en un enorme hoyo. El poblado de los indios rojos vivía en Hoyo Salzoso y el poblado de los indios naranjas vivía en Hoyo Masayo. Los dos hoyos estaban divididos por dos montañas, una grande, grande y otra un poco más pequeña. La grande se llamaba Mazo Grande y la pequeña Mazo Chico . Entre las dos montañas y por aquellos parajes vivía un pequeño duende, Trastolín, que desde tanta altura observaba día a día lo que ocurría en los dos poblados, en Hoyo Salzoso y en Hoyo Masayo . Los indios rojos tenían una gran suerte, sus días estaban siempre iluminados por el gran astro Sol que sólo dejaba de brillar cuando se oscurecía y llegaba la noche. Pero ellos estaban un poco tristes porque nunca jamás llovía, sus campos estaban secos y el agua que bebían lo tenían que sacar de las profundas tierras. Los niños indios de Hoyo Salzoso jamás habían visto un relámpago ni


habían oído un trueno. No podían imaginarse cómo era aquel espectáculo. Los indios naranjas por el contrario no tenían problemas con el agua, sus campos siempre estaban verdes. El agua saltaba juguetona en los ríos. Pero los indios naranjas estaban enfadados porque en su hoyo no dejaba de llover, unas veces mucho, otras veces poco, pero siempre, siempre llovía. Sólo dejaba de llover cuando llegaba la noche. Mientras tanto Trastolín cuando quería aprovechar el sol, se asomaba hacia Hoyo Salzoso y cuando quería refrescarse y ver relámpagos se asomaba hacia Hoyo Masayo. Pero a Trastolín lo que más le gustaba era ver el arco iris que aparecía siempre sobre las montañas, porque a un lado siempre llovía y a otro siempre hacia sol. Sus colores iluminaban siempre a Mazo Grande y a Mazo Chico. ¡Lo que se pierden los indios! - pensaba Trastolín. Ya llevaban los indios muchísimos años enfadados entre sí. El gran jefe de los indios rojos no quería dejarle el sol al gran jefe de los indios naranjas porque este tampoco quería darles nada, nada de su lluvia. Lo que no sabían ellos era que podía aparecer un maravilloso arco iris si llovía y hacia sol a la vez. Pensando, pensando, un día Trastolín, que tenia dotes mágicos, cogió un trozo de sol a los indios rojos y se lo llevo a los indios naranjas. También cogió unas pocas nubes con agua de los indios naranjas y se las llevo a los rojos. Aquel día tanto en Hoyo


Salzoso como en Hoyo Masayo brillaba un hermoso arco iris porque en los dos lugares hacía sol y lluvia al mismo tiempo. Sus colores se reflejaban en la tierra y hacían brillar las grandes y bonitas plumas de

los

indios.

asombrados,

Los

jamás

indios

estaban

habían

podido

contemplar algo semejante. Pero aquel evento solo duró un día. Cuando amaneció, al día siguiente, los indios rojos tenían su histórico sol y los indios naranjas su histórica lluvia. Pero ahora todos sabían que había algo nuevo por lo que podían soñar. Después de tal acontecimiento y sin dejar pasar muchos días el gran jefe indio rojo convoco una asamblea general en Hoyo Salzoso a la que acudió todo el poblado. Algunos indios rojos decían que lucharían con los indios naranjas para quitarles la lluvia. Otros opinaban que era mejor pedir prestado un trozo de lluvia y a cambio ellos darían a los indios naranjas un trozo de sol. Discutieron hasta que se fue la luz del día y llegaron a la conclusión que una guerra no sería buena para nadie. Iba a ser mejor ceder un trozo de sol a cambio de un trozo de lluvia así tanto unos como otros podrían disfrutar de un arco iris y aprovecharían la ocasión para firmar la paz y para dejar de estar


enfadados por que ya muchos ni si quiera sabían porque estaban enfadados. Mientras en Hoyo Masayo también hubo una reunión, y ocurrió algo muy semejante a lo acontecido en Hoyo Salzoso. Trastolín ayudo a los dos poblados a firmar la paz. El fue quien entrego para siempre a gran jefe indio rojo una nube y a gran jefe naranja un sol. Ese mismo día en Hoyo Salzoso y en Hoyo Masayo brillaban los arco iris . Todos los niños indios subieron a Mazo Chico y desde allí, mirasen para donde mirasen, siempre contemplaban un arco iris. Los niños además de poder admirar el arco iris ahora pueden jugar a indios con sus nuevos amigos los del otro poblado a los que antes nunca podían ver. Y colorín colorado esta gran historia de indios ha terminado.


LA ESPADA PACIFISTA Había una vez una espada preciosa. Pertenecía a un gran rey, y desde siempre había estado en palacio, participando en sus entrenamientos y exhibiciones, enormemente orgullosa. Hasta que un día, una gran discusión entre su majestad y el rey del país vecino, terminó con ambos reinos declarándose la guerra. La espada estaba emocionada con su primera participación en una batalla de verdad. Demostraría a todos lo valiente y especial que era, y ganaría una gran fama. Así estuvo imaginándose vencedora de muchos combates mientras iban de camino al frente. Pero cuando llegaron, ya había habido una primera batalla, y la espada pudo ver el resultado de la guerra. Aquello no tenía nada que ver con lo que había imaginado: nada de caballeros limpios, elegantes y triunfadores con sus armas relucientes; allí sólo había armas rotas y melladas, y muchísima gente sufriendo hambre y sed; casi no había comida y todo estaba lleno de suciedad envuelta en el olor más repugnante; muchos estaban medio muertos y tirados por el suelo y todos sangraban por múltiples heridas... Entonces la espada se dio cuenta de que no le gustaban las guerras ni las batallas. Ella prefería estar en paz y dedicarse a participar en torneos y concursos. Así que durante aquella noche previa a la gran batalla final, la espada buscaba la forma de


impedirla. Finalmente, empezó a vibrar. Al principio emitía un pequeño zumbido, pero el sonido fue creciendo, hasta convertirse en un molesto sonido metálico. Las espadas y armaduras del resto de soldados preguntaron a la espada del rey qué estaba haciendo, y ésta les dijo: - "No quiero que haya batalla mañana, no me gusta la guerra". - "A ninguno nos gusta, pero ¿qué podemos hacer?". - "Vibrad como yo lo hago. Si hacemos suficiente ruido nadie podrá dormir". Entonces las armas empezaron a vibrar, y el ruido fue creciendo hasta hacerse ensordecedor, y se hizo tan grande que llegó hasta el campamento de los enemigos, cuyas armas, hartas también de la guerra, se unieron a la gran protesta. A la mañana siguiente, cuando debía comenzar la batalla, ningún soldado estaba preparado. Nadie había conseguido dormir ni un poquito, ni siquiera los reyes y los generales, así que todos pasaron el día entero durmiendo. Cuando comenzaron a despertar al atardecer, decidieron dejar la batalla para el día siguiente. Pero las armas, lideradas por la espada del rey, volvieron a pasar la noche entonando su canto de paz, y nuevamente ningún soldado pudo descansar, teniendo que aplazar de nuevo la batalla, y lo mismo se repitió durante los siguientes siete días. Al atardecer del séptimo día, los reyes de los dos bandos se reunieron para ver qué podían hacer en aquella situación. Ambos estaban muy


enfadados por su anterior discusión, pero al poco de estar juntos, comenzaron a comentar las noches sin sueño que habían tenido, la extrañeza de sus soldados, el desconcierto del día y la noche y las divertidas situaciones que había creado, y poco después

ambos

reían

amistosamente

con

todas

aquellas

historietas. Afortunadamente, olvidaron sus antiguas disputas y pusieron fin a la guerra, volviendo cada uno a su país con la alegría de no haber tenido que luchar y de haber recuperado un amigo. Y de cuando en cuando los reyes se reunían para comentar sus aventuras como reyes, comprendiendo que eran muchas más las cosas que los unían que las que los separaban.


EL MEJOR GUERRERO DEL MUNDO Caucasum

era

un

joven

valiente,

experto

espadachín, que soñaba con convertirse en el mejor guerrero del mundo. En todo el ejército no había quien le venciera en combate, y soñaba con convertirse en el gran general, sucediendo al anciano cobardón que ocupaba el puesto. El rey le apreciaba mucho, pero el día que le contó su sueño de llegar a ser general, le miró con cierto asombro y le dijo: - Tu deseo es sincero, pero no podrá ser. Aún tienes mucho que aprender. Aquello fue lo peor que le podía pasar a Caucasum, que se enfureció tanto que abandonó el palacio, decidido a aprender todas las técnicas de lucha existentes. Pasó por todo tipo de gimnasios y escuelas, mejorando su técnica y su fuerza, pero sin aprender nuevos secretos, hasta que un día fue a parar a una escuela muy especial, una gris fortaleza en lo alto una gran montaña. Según le habían contado, era la mejor escuela de guerreros del mundo, y sólo admitían unos pocos alumnos. Por el camino se enteró de que el viejo general había estudiado allí y


marchó decidido a ser aceptado y aprender los grandes secretos de la guerra. Antes de entrar en la fortaleza le obligaron a abandonar todas sus armas. "No las necesitarás más. Aquí recibirás otras

mejores". Caucasum, ilusionado, se desprendió de sus armas, que fueron arrojadas inmediatamente a un foso por un hombrecillo gris. Uno de los instructores, un anciano serio y poco hablador, acompañó al guerrero a su habitación, y se despidió diciendo "en

100 días comenzará el entrenamiento". ¡100 días! Al principio pensó que era una broma, pero pudo comprobar que no era así. Los primeros días estaba histérico y nervioso, e hizo toda clase de tonterías para conseguir adelantar el entrenamiento. Pero no lo consiguió, y terminó esperando pacientemente, disfrutando de cada uno de los días. El día 101 tuvieron la primera sesión. "Ya has aprendido a

manejar tu primera arma: la Paciencia", comenzó el viejo maestro. Caucasum no se lo podía creer, y soltó una breve risa. Pero el anciano le hizo recordar todas las estupideces que había llegado a hacer mientras estaba poseido por la impaciencia, y tuvo que darle la razón. "Ahora toca aprender a triunfar cada

batalla". Aquello le sonó muy bien a Caucasum, hasta que se encontró atado a una silla de pies y manos, subido en un pequeño pedestal, con decenas de aldeanos trepando para tratar de darle una paliza. Tenía poco tiempo para actuar, pero las cuerdas


estaban bien atadas y no pudo zafarse. Cuando le alcanzaron, le apalearon. El mismo ejercicio se repitió durante días, y Caucasum se convenció de que debía intentar cosas nuevas. Siguió fallando muchas veces, hasta que cayó en la cuenta de que la única forma de frenar el ataque era acabar con la ira de los aldeanos. Los días siguientes no dejó de hablarles, hasta que consiguió convencerles de que no era ninguna amenaza, sino un amigo. Finalmente, fue tan persuasivo, que ellos mismos le libraron de sus ataduras, y trabaron tal amistad que se ofrecieron para vengar sus palizas contra el maestro. Era el día 202. -"Ya controlas el arma más poderosa, la Palabra, pues lo que no pudieron conseguir ni tu fuerza ni tu espada, lo consiguió tu lengua". Caucasum estuvo de acuerdo, y se preparó para seguir su entrenamiento.

"Esta es la parte más importante de todas. Aquí te enfrentarás a los demás alumnos". El maestro le acompaño a una sala donde esperaban otros 7 guerreros. Todos parecían fuertes, valientes y fieros, como el propio Caucasum, pero en todos ellos se distinguía también la sabiduría de las dos primeras lecciones.

"Aquí lucharéis todos contra todos, triunfará quien pueda terminar en pie". Y así, cada mañana se enfrentaban los 7 guerreros. Todos desarmados, todos sabios, llamaban al grupo de


fieles aldeanos que conquistaron en sus segundas pruebas, y trataban de influir sobre el resto, principalmente con la palabra y haciendo un gran uso de la paciencia. Todos urdían engaños para atacar a los demás cuando menos lo esperasen, y sin llegar ellos mismos a lanzar un golpe, dirigían una feroz batalla... Pero los días pasaban, y Caucasum se daba cuenta de que sus fuerzas se debilitaban, y sus aldeanos también. Entonces cambió de estrategia. Con su habilidad de palabra, renunció a la lucha, y se propuso utilizar sus aldeanos y sus fuerzas en ayudar a los demás a reponerse. Los demás agradecieron perder un enemigo que además se brindaba a ayudarles, y recrudecieron sus combates. Mientras, cada vez más aldeanos se unían al grupo de Caucasum, hasta que finalmente, uno de los 7, llamado Tronor, consiguió triunfar sobre el resto. Tan sólo habían resistido unos pocos aldeanos junto a él. Cuando terminó y se disponía a salir triunfante, el maestro se lo impidió diciendo: "no, sólo uno puede

quedar en pie". Tronor se dirigió con gesto amenazante hacia Caucasum, pero éste, adelantándose, dijo: - ¿De veras quieres luchar?. ¿No ves que somos 50 veces más numerosos? Estos hombres lo entregarán todo por mí, les he permitido vivir libres y en paz, no tienes ninguna opción. Cuando dijo esto, los pocos que quedaban junto a Tronor se pusieron del lado de Caucasum. ¡Había vencido!


El maestro entró entonces con una sonrisa de oreja a oreja: "de

todas las grandes armas, la Paz es la que más me gusta. Todos se ponen de su lado tarde o temprano". El joven guerrero sonrió. Verdaderamente, en aquella escuela había conocido armas mucho más

poderosas

que

todas

las

anteriores.

Días después se despidió dando las gracias a su maestro, y volvió a palacio, dispuesto a disculparse ante el rey por su osadía. Cuando este le vio acercarse tranquilamente, sin escudos ni armas, sonriendo sabia y confiadamente, le saludó: - ¿que hay de nuevo, General?


LA PIEDRA DE SOPA

En un pequeño pueblo, una mujer se llevó una gran sorpresa al ver que había llamado a su puerta un extraño, correctamente vestido, que le pedía algo de comer.” Lo siento”, dijo ella, “pero ahora mismo no tengo nada en casa”. “No se preocupe”, dijo amablemente el extraño.”Tengo una piedra de sopa en mi cartera; si usted me permitiera echarla en un puchero de agua hirviendo, yo haría la más exquisita sopa del mundo. Un puchero muy grande, por favor. A la mujer le picó la curiosidad, puso el puchero al fuego y fue a contar el secreto de la piedra de sopa a sus vecinas. Cuando el agua rompió a hervir, todo el vecindario se había reunido allí para ver a aquel extraño y su piedra de sopa. El extraño dejó caer la piedra en el agua, luego probó una cucharada con verdadera delectación y exclamó: “! Deliciosa! Lo único que necesita es unas cuantas patatas!.” “!Yo tengo patatas en mi cocina!”, gritó una mujer. Y en pocos minutos estaba de regreso con una gran fuente de patatas peladas que fueron derechas

al

puchero.

brebaje.”!Excelente!”,

El

dijo;

extraño y

añadió

volvió

a

probar

pensativamente:

el “Si

tuviéramos un poco de carne , haríamos un cocido de lo más apetitoso….! ”Otra ama de casa salió zumbando y regresó con un


pedazo de carne que el extraño, tras aceptarlo cortésmente, introdujo en el puchero. Cuando volvió a probar el caldo, puso los ojos en blanco y dijo: ”!Ah, que sabroso! Si tuviéramos unas cuantas verduras, sería perfecto, absolutamente perfecto…”Una de las vecinas fue corriendo hasta su casa y volvió con una cesta llenan de cebollas y zanahorias. Después de introducir las verduras en el puchero, el extraño probó nuevamente el guiso y, con tono autoritario, dijo: “La sal”.”Aquí la tiene”, le dijo la dueña de la casa. A continuación dio orden: “Platos para todo el mundo”. La gente se apresuró a ir a sus casas en busca de platos. Algunos regresaron trayendo incluso pan y frutas. Luego se sentaron a disfrutar de la espléndida comida, mientras el extraño repartía abundantes raciones de su increíble sopa .Todos se sentían extrañamente felices y mientras reían, charlaban y compartían por primera vez su comida. En medio del alborozo, el extraño se escabulló silenciosamente, dejando tras de sí la milagrosa piedra de sopa, que ellos podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.


EL PAÍS SIN PUNTA Juanito Pierdedía era un gran viajero. Viaja que te viaja, llegó una vez a un pueblo en que las esquinas de las casas eran redondas y los techos no terminaban en punta, sino en una suave curva. A lo largo de la calle corría un seto de rosas, y a Juanito se le ocurrió ponerse una en el ojal. Mientras cortaba la rosa estaba muy atento para no pincharse con las espinas, pero en seguida se dio cuenta de que las espinas no pinchaban; no tenían punta y parecían de goma, y hacían cosquillas en la mano. -Vaya, vaya -dijo Juanito en voz alta. De detrás del seto apareció sonriente un guardia municipal. -¿No sabe que está prohibido cortar rosas?Lo siento, no había pensado en ello. - Entonces pagará sólo media multa - dijo el guardia, que con aquella sonrisa bien habría podido ser el hombrecillo de mantequilla que condujo a Pinocho al País de losTontos. Juanito observó que el guardia escribía la multa con un lápiz sin punta, y le dijo sin querer:


- Disculpe, ¿me deja ver su espada?¡Cómo no! -dijo el guardia. Y, naturalmente, tampoco la espada tenía punta. - ¿Pero qué clase de país es éste? - preguntó Juanito.Es el País sin punta - respondió el guardia, con tanta amabilidad que sus palabras deberían escribirse todas en letra mayúscula.¿Y cómo hacen los clavos?- Los suprimimos hace tiempo; sólo utilizamos goma de pegar. Y ahora, por favor, déme dos bofetadas. Juanito abrió la boca asombrado, como si hubiera tenido que tragarse un pastel entero. - Por favor, no quiero terminar en la cárcel por ultraje a la autoridad. Si acaso, las dos bofetadas tendría que recibirlas yo, no darlas. - Pero aquí se hace de esta manera - le explicó amablemente el guardia-. Por una multa entera, cuatro bofetadas, por media multa, sólo dos. - ¿Al guardia? - Al guardia. - Pero esto no es justo; es terrible.


- Claro que no es justo, claro que es terrible - dijo el guardia -. Es algo tan odioso que la gente, para no verse obligada a abofetear a unos pobrecillos inocentes, se mira muy mucho antes de hacer algo contra la ley. Vamos, déme las dos bofetadas, y otra vez vaya con más cuidado. - Pero yo no le quiero dar ni siquiera un soplido en la mejilla; en lugar de las bofetadas le haré una caricia. - Siendo así - concluyó el guardia-, tendré que acompañarle hasta la frontera. Y Juanito, humilladísimo fue obligado a abandonar el País sin punta. Pero todavía hoy sueña con poder regresar allí algún día, para vivir del modo más cortés, en una bonita casa con un techo sin punta. Fuente: RODARI, Gianni. Cuentos por teléfono.


LECTURAS HACIA LA PAZ