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La Plaza es una familia Cuando muchos estamos descansando, ya otros se preparan para iniciar labores en la oscuridad de la ciudad. A las 3:00 am la Plaza Minorista José María Villa, ubicada en el centro de Medellin abre sus puertas a vehículos de carga y comerciantes que llegan a vender y surtir sus productos en la plaza, todo muy ordenado y con las medidas de seguridad necesarias se prepara la plaza para un día más de trabajo. A las 4:00 am se abren las puertas al público, comienza el movimiento de un lado a otro, los coteros con sus bultos al hombro, canastos llenos de frutas, granos y verduras se desplazan surtiendo los negocios con productos frescos para todo el público. A las 4 de la mañana Gustavo Villa llega a abrir su puesto de trabajo, en medio del frío de la madrugada, se pone su delantal y comienza a organizar canasta por canasta en los estantes de su negocio, exhibir la fruta y la verdura fresca para los madrugadores que llegan a mercar. “En que le puedo ayudar”, “Pase, bien pueda”, “Que necesita mi señora”, son las constantes frases de Gustavo para llamar la atención de sus clientes. Claro está que el orden que caracteriza su puesto de trabajo, habla por sí solo. Los tomates frescos, la lechuga lavada, la papá organizada en sus bultos, el olor de fruta y verdura, es el ambientador que llama a la gente. Mientras se toma un tinto, nos cuenta que lleva 16 años en su puesto, que la plaza es como el segundo hogar, pasa más tiempo allí que en su propia casa, además que comparte con su familia. “Mi esposa después de que hace los oficios de la casa, viene a ayudarme en el puesto y los niños cuando salen del colegio también vienen a acompañarme, entonces con mi familia no pierdo tiempo”. “La plaza, es una ciudad pequeña” así la califica Gustavo mirando los puestos vecinos. Su puesto está ubicado en el sector de frutas y verduras, pero la plaza se divide en 17 sectores que la constituyen, carnes, pescados, granos, panela, desechables, frutas y verduras, hierbas, ropa usada, electrodomésticos, entre otros.


La cotidianidad de la plaza es como una familia, todos comparten, todos hablan, todos se colaboran, hay diversidad de personas, pero todos son como una familia, argumenta Marta Oquendo, recepcionista en la plaza. Marta lleva 7 años trabajando en La Minorista, su función es contestar teléfonos, manejar bases de datos y estar encargada del altavoz. Su voz suave y delicada informa constantemente al usuario sobre lo que acontece en la plaza. Muy extrovertida y muy elegante ella, nos cuenta que ama su trabajo, mientras se retoca el maquillaje y el peinado, habla de que hace su trabajo con mucho cariño y felicidad. Los coteros tampoco se quedan atrás, con su camisa rota, su espalda descubierta, su olor a sudor, trabajo y sacrificio, corren simpáticos, entre chistes y risas, por los pasillos de la plaza, surtiendo los camiones y los negocios con la mercancía más fresca que llega. El jefe de Marta, llega al puesto de información, como unas amigas de toda la vida, Marta nos presenta: “Mucho gusto, Luis Guillermo Alvarez”, “Mi lindo jefe” interviene Marta. Luis Guillermo es el encargado del área ambiental de la Plaza Minorista, debe velar por que las instalaciones estén aseadas, los puestos estén organizados y desechen la basura en el lugar correcto. “Muy amable don Luis”, les respondemos entre risas a su propuesta de hacer un recorrido por la plaza. Mientras caminamos, nos cuenta que llegó a la plaza como comerciante con un local de cafetería, desde su fundación, el 15 de agosto de 1984, allí trabajó hasta el año 2003, formó parte de los órganos de dirección y control de la cooperativa COOMERCA, quienes administran la plaza de mercado, desde su creación en el año 1995, desde eso es socio de la cooperativa. Nos cuenta que la plaza ha cambiado en todos los sentidos, rescata el trabajo que han hecho todos los empleados de la cooperativa, para sacarla adelante, además del apoyo que han recibido de todos los comerciantes. “Los robos, las peleas, el aseo y el orden han mejorado notablemente, se busca siempre el bienestar de toda la comunidad”. Cuentan con 36 cámaras ubicadas estratégicamente al interior y exterior de la plaza, tienen 56 guardas de seguridad, cuentan con puesto de policía interno y CAI en la periferia, así como con varias sucursales de diferentes bancos, distribuidas en los 17 sectores de la plaza.


Camina como en su casa, sus amigos y recuerdos están en la plaza, por donde pasan los saludan, le ofrecen café o alguna frutica, todos son como una gran familia. Luis se dirige a su oficina a recoger su indumentaria para jugar un partido de fútbol con los amigos de la plaza, para nuestra sorpresa, al interior de la plaza también hay cancha de fútbol. Nos deja en el sótano, en el sector de carnes, nos indica la salida y se despide muy afectuoso, deseándonos suerte en el resto del día. Caminando de vuelta hacia el puesto de Marta, nos encontramos con un grupo de jóvenes, que trabajan en la Minorista como carretilleros. No sólo trabajan sino que además estudian. Muchos están terminando el bachillerato, otros están haciendo cursos de primeros auxilios y manipulación de alimentos, sus ingresos se basan en lo que se ganen diariamente cargando mercados y mercancía en la plaza. Samuel Vélez, carretillero, padre de 2 hijos, llega a las 6 de la mañana, para buscar su sustento. Su carreta “engallada”, muy organizada, es su herramienta de trabajo; con ella se pasea en el sector de Frutas a la espera de cualquier usuario que le regale “la liga” como el lo llama, por cargar un mercado. Entre sus amigos se queda charlando, mientras nosotras continuamos el camino. Llegadas al puesto de información, Marta insiste que después de todo lo que se vivía en la Minorista, ahora es un paraíso, ella no lo cambia por nada del mundo. Don Hernán Montoya, empleado en Industrias Extra, casado hace 15 años, no cambia mercar en la Minorista por nada. “Hace 15 años que me casé vengo a mercar aquí, me siento más cómodo, es más barato que el Éxito y me siento más en confianza” “No importa como venga vestido, nadie lo va a mirar como si fuera a robarse algo, los vendedores son muy amables, después de tanto años, ya he conseguido varios amigos” termina diciendo Hernán, con una sonrisa. Infinidad de personajes con muchas anécdotas y buenas historias, muchos recuerdos, risas, corre corre, amabilidad y tolerancia al sabor de un buen café, es el ambiente que se respira en “La Gran Familia de la Plaza”. Por: Ana María Morales Restrepo y Mitzy Laith Movil Gnecco.


Plaza Minorista de Medellin